Fronteras de clase, organización y alianzas

Fronteras de clase, organización y alianzasFronteras de claseOrganizaciones de clase

Fronteras de clase

Desde 1834 las primeras expresiones políticas de la clase obrera -los Comunistas Icarianos y la Liga de los Justos- elaborarán los primeros balbuceos de un programa de clase. Las limitaciones son abrumadoras: los primeros comunistas están todavía a caballo entre el artesanado y el proletariado, sus concepciones intentan levantarse sobre un magma de tradiciones republicanas y democráticas, conspirativas y cristianas, heredadas de las alas izquierdas de las primeras revoluciones burguesas; tradiciones que, en realidad, les son ajenas y adversas. A pesar de todo, los logros son gigantescos. En 1845, en la portada de la tercera edición del Viaje a Icaria, novela utópica y declaración programática a la vez, aparece por primera vez el lema De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades que Marx reivindicará treinta años más tarde como definición científica del comunismo. El joven movimiento quema etapas rápidamente. La Liga de Weitling no abraza el pacifismo icariano y, en Londres, entra en contacto con el movimiento fabril. En la primavera de 1847 se unen Marx y Engels, que aportan una perspectiva nueva, materialista e histórica, a la discusión del programa.

Durante el verano de aquel año, la Liga, se saca de encima la rémora conspirativa, incluida la nomenclatura heredada de la época de las sociedades secretas. La organización se rebautiza como Liga Comunista. Es solo el comienzo, después del congreso, por encargo del comité comarcal de París, Engels recoge los acendramientos que están preparando el segundo congreso que se celebrará finalmente, en noviembre. Los titula Principios de Comunismo. Escrito al modo de un FAQ de 25 preguntas, era en realidad, una declaración de principios y un programa comunista para la revolución burguesa que estaba madurando en toda Europa.

La pregunta 24 -¿En qué se diferencias los comunistas de los socialistas?- deja claro que junto con el campo comunista, expresión de los intereses históricos y por tanto de la consciencia de clase de los trabajadores, existe un campo de tendencias que se llaman a sí mismas socialistas y que en realidad expresan los intereses de otras clases sociales:

El texto servirá de base a Marx y Engels para la redacción del manifiesto que les encargará el IIº Congreso y que ha de marcar la primera expresión materialista elaborada de la consciencia de clase en forma de programa argumentado. El marco es todavía la inminencia de la liberación nacional de media Europa: las revoluciones del 48, bautizadas por la pequeña burguesía continental como La primavera de los pueblos.

Ahora la separación entre socialistas y comunistas, es decir, a la separación entre movimientos políticos que reclaman el apoyo del proletariado ofreciendo ciertas medidas socializantes, va un paso más allá. Se trata de dejar atrás los sistemas que sirvieron a las primeras expresiones políticas de la clase, convertidos ya en un lastre a las puertas de una revolución burguesa en que los trabajadores se preparan para aparecer, por primera vez, como una clase independiente. A la lista de tendencias que expresan engañosamente críticas y aspiraciones de otras clases, se agrega ahora un criterio general que opera dentro del propio campo proletario definiéndolo:

Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto.

Destacar y hacer valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad es internacionalismo; representar siempre los intereses del movimiento en su conjunto, centralismo.

En el momento, ese centralismo no se enfrentará tanto a las divisiones impuestas y reproducidas por la sociedad burguesa y sus discriminaciones constantes, como a las diferencias producidas por el distinto grado de desarrollo económico y político de los capitales que crean y explotan en ese momento a cada destacamento de la clase. En cualquier caso, los resultados son siempre similares: facciones de la pequeña burguesía tironeando hacia sí de perfiles específicos dentro de la clase, afirmando para ellos intereses particulares que abrirían la puerta hacia el interclasismo.

En la práctica, puede interpretarse toda la historia política de la clase obrera como una lucha por afirmar estos dos principios: la famosa Comunicación de Marx al CC de la Liga sobre la revolución alemana en 1850; las luchas en el seno de la Iª Internacional contra las tendencias nacionalistas -de Mazzini a la dirección de los sindicatos británicos- y sobre todo el ataque directo al centralismo de la Alianza de Bakunin; los congresos de Gotha y Erfurt en el nacimiento del SPD; la lucha de los socialistas polacos -con Rosa Luxemburgo a la cabeza- y los bolcheviques rusos -con Lenin- por afirmar ambos principios en la organización de la socialdemocracia rusa frente a los que querían autonomía para grupos nacionales en el partido; la afirmación del derrotismo revolucionario ante la traición y explosión de la IIª Internacional al estallar la primera guerra imperialista mundial, etc. etc.

¿Qué son? ¿Qué significan estos dos principios? Son la expresión organizativa de las dos dimensiones del proletariado como clase universal:

Es decir, la historia del movimiento revolucionario es la historia de la defensa y afirmación del proletariado como clase universal: una única clase en cada una de sus luchas y expresiones en cualquier lugar del mundo.

Organizaciones de clase

Fuera de la lucha, el proletariado es solo fuerza de trabajo atomizada y machacada rutinariamente para reproducir el capital, sólo un conglomerado amorfo de personas que se las arreglan lo mejor que pueden para sobrevivir en una sociedad insoportable, reproduciendo el ambiente de competencia y enemistad, el espíritu insano del capitalismo. A veces, sin embargo, la clase se constituye, se afirma en la lucha contra la explotación y -más o menos conscientemente- afirma un futuro para la especie entera: el comunismo. Entre ambos polos...

... hay individuos que son revolucionarios independientemente del estado momentáneo en el que se encuentre la clase en su conjunto, sólo su número varía según la situación social. Son revolucionarios porque son conscientes de que su objetivo y el de la clase en su conjunto es el comunismo.

Estos individuos revolucionarios tienden a organizarse por afinidad de ideas, ideas que no caen del cielo sino que provienen de una interpretación particular de la historia de la lucha de clases. De cada confrontación entre el capital y el proletariado se aprenden lecciones, de las cuales nace la teoría revolucionaria y lo que la hace evolucionar.

Ni toda interpretación de la lucha de clases es comunista ni las interpretaciones revolucionarias de la propia experiencia de clase caen del cielo. Como parte de ese mismo devenir de las luchas, su síntesis programática no existe en el vacío. El programa de clase, la expresión más aguda de su consciencia, no es un alma sin cuerpo. Existe y se desarrolla en las organizaciones políticas de la clase.

Marx, Engels, Bebel, Rosa Luxemburgo, Lenin, Trotski o Munis no fueron profetas solitarios e iluminados, tampoco académicos investigadores. El famoso sr. Dühring lo era, ellos no. Eran militantes que aportaron al programa y a la consciencia de clase como pocos en el seno de uno o varios intentos de construir una Internacional, en el marco de unas organizaciones políticas, de cuyos debates y afanes participaban. Nunca se desarrolló la teoría revolucionaria fuera de la clase y sus organizaciones.

Lo que permitía definirlas como organizaciones proletarias no era su composición sociológica, que en cualquier caso era abrumadoramente obrera, sino no haber violado nunca las fronteras de clase. Desde luego no eran monolíticas, ni siquiera las corrientes dentro de ellas. En la izquierda de la IIª Internacional, las diferencias entre los revolucionarios eran evidentes. En 1902, en el momento definitorio en la organización del socialismo ruso, Rosa Luxemburgo, Lenin y Trotski no consiguieron avanzar juntos y cada uno saldrá del congreso del POSDR en una organización distinta. La lucha de clases les volvería a unir sin embargo, primero en la defensa contracorriente del derrotismo revolucionario durante la guerra mundial, luego en la revolución.

Pero detengámonos en la guerra. Llamar al reclutamiento, votar los créditos de guerra, empujar a los trabajadores de cada país a colocarse bajo las banderas de su burguesía y participar en la barbarie guerrera muriendo y matando en pos del interés del capital nacional contra otros capitales nacionales, es una evidente violación del internacionalismo.

En 1870, al estallar la guerra franco-prusiana, el primer partido marxista alemán había levantado la bandera del derrotismo contra la guerra. Sus líderes, Wilhem Liebknecht y August Bebel, lo pagaron, tras un sonado juicio, con cinco años de cárcel. La solidaridad y el efecto creado en grupos crecientes de trabajadores darán sin embargo el impulso político del que nacerá el SPD. ¿Qué había pasado en menos de veinte años con el partido que era la referencia mundial del movimiento obrero? ¿Qué había pasado con la Internacional prácticamente entera?

Los partidos socialdemócratas y en especial el alemán, no llegaron ahí de la noche a la mañana. Un largo camino de oportunismo1 y consignas centristas2acompañaron la consolidación de los cuadros sindicales en la dirección de los partidos, cuadros cada vez más implicados en la colaboración con el estado y al tiempo cuidadosos de no despertar al ala izquierda o soliviantar a las bases. Si una organización o tendencia llega al punto de cruzar las fronteras de clase, no lo hace sin haber torcido antes su perspectiva al punto de poder acomodar sus resultados a las necesidades del capital. Por eso no hay posibilidad de vuelta atrás para una tendencia que traiciona el internacionalismo, sin desmontar todo el edificio teórico y moral que la sostiene, es decir, sin dejar de ser ella misma programática, táctica y organizativamente. Por eso no hay posibilidad de recuperación... y tampoco de que surjan del árbol seco sanos retoños críticos sobre posiciones de clase.

Las tendencias y organizaciones que cruzan las fronteras de clase al punto de llevar a los trabajadores a la masacre en defensa del capital nacional, no tienen arreglo, corrección ni renacimiento posible.

Por eso la lucha por salvar las organizaciones políticas destiladas por el proletariado y la historia de su denuncia cuando cruzan las fronteras de clase, es la historia del movimiento comunista mismo. A la denuncia de la IIª Internacional seguirá una década más tarde la de la IIIª ante la supeditación de la Revolución mundial a las necesidades del estado ruso3 que se materializará como forma global de la contrarrevolución con las alianzas antiimperialistas y los frentes populares que entregarán al proletariado a la burguesía nacionalista en China (1926-27) y reimpondrán a sangre y fuego la república contra la revolución obrera en España (1936-38).

Nos acomodamos como pudimos en cuatro coches y tomamos el camino de la sierra. La gente se quedaba mirando, con gesto de curiosidad, para esta extraña caravana. A nosotros no dejaba de hacernos tampoco gracia que, a los cincuenta años de haberse fundado la Primera Internacional, todos los internacionalistas del mundo pudieran caber en cuatro coches. Pero en aquella broma no había el menor escepticismo. El hilo histórico se rompe con harta frecuencia. Cuando tal ocurre, no hay sino anudarlo de nuevo. Esto precisamente era lo que íbamos a hacer a Zimmerwald.

Trotski, «Mi vida»

Continuará


1 Oportunismo es un deslizamiento dentro del campo político de clase hacia posiciones que, aunque en su formulación y literalidad no ponen en cuestión el programa comunista, en la práctica lo debilitan en nombre de las necesidades u oportunidades del corto plazo, de la oportunidades tácticas, de la dificultad del programa para ser entendido o de potenciales avances contingentes. Como escribe Lenin: «El oportunista no traiciona a su partido, no le es desleal, no se retira de él. Sigue sirviéndolo, sincera y celosamente. Pero su rasgo típico y característico es que cede al estado de ánimo de momento, es su incapacidad de oponerse a lo que está en boga, es su miopía y abulia políticas. Oportunismo significa sacrificar los intereses prolongados y esenciales del Partido en aras de sus intereses momentáneos, transitorios y secundarios».
2 Posición política impecable en su literalidad que se enuncia de manera conscientemente ambigua, permitiendo un deslizamiento en la práctica hacia posiciones que, sin requerir un nuevo enunciado, quedan sin embargo fuera de las fronteras de clase (internacionalismo, centralismo).
3 Eso es lo que significaba la Teoría del socialismo en un solo país, doctrina y práctica política nacida como bandera de la contrarrevolución en Rusia que afirmaba que una Revolución Mundial no era necesaria para «construir» el socialismo y que la defensa del estado ruso, recalificado como «patria socialista», era la principal conquista del proletariado universal. En consecuencia, las relaciones internacionales del capitalismo de estado ruso debían primar sobre el desarrollo de la Revolución Mundial; y la Internacional y sus distintos partidos nacionales supeditarse incondicionalmente a la defensa de la «patria socialista». En la práctica su adopción afirmó los intereses de la burocracia rusa por encima de la Revolución mundial. Al impornerse en los partidos nacionales desde la Komintern, éstos cruzaron la frontera de clase del internacionalismo, llevando a derrotas cada vez más sangrientas al proletariado (Gran Bretaña, China, Alemania) hasta encabezar la represión de la revolución en España en 1936-37, abriendo el paso a una nueva guerra imperialista mundial en la que llamarían al encuadramiento con las potencias imperialistas aliadas.