Acumulación, mercados y crisis

Volviendo al comienzo de la argumentación, la economía mercantil se desarrolla en tres fases a cuyo conjunto llamamos circulación del capital:

  1. Inversión: Conversión del dinero en mercancías para la producción y fuerza de trabajo.
  2. Producción: el consumo de la fuerza de trabajo transforma las mercancías en otras incorporando valor.
  3. Realización: los productos se venden de nuevo en el mercado, volviendo a las manos del capitalista
    el capital inicial más una plusvalía en forma monetaria.

La plusvalía resultante puede ser consumida en su totalidad por el capitalista o reincorporada de nuevo al ciclo. Si esto último ocurre hablaríamos de reproducción simple, en realidad un modelo meramente teórico, porque históricamente lo que se produjo fue una «acumulación primitiva» de capital, una pura expropiación de recursos que creó al «trabajador libre» en tanto que sujeto que, desposeído de todo lo demás -acceso a tierras comunales, etc.-, solo poseía una mercancía en el mercado, su fuerza de trabajo. A partir de ahí, toda la reproducción es reproducción progresiva o ampliada del capital.

Marx culmina el libro I de «El Capital» estudiando las formas históricas de la acumulación y adelantando las tendencias al desarrollo creciente de la tasa de plusvalor y la productividad del trabajo, la relación entre acumulación e infraestructuras y la magnitud del capital anticipado.

Al tiempo que trabajaba en acabar el I libro, Marx avanzaba en el III. En él sintetiza un modelo económico estilizado donde solo existen trabajadores y capitalitas para profundizar su conocimiento en las leyes de la acumulación. Llegará entonces a la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, es decir a derivar de las fórmulas del valor y de la definición misma de «tasa de ganancia» una tendencia histórica decreciente que el capital debe compensar con un aumento de la «masa de producto», modificándose las condiciones mismas de la acumulación en cada ciclo.

Tasa de Ganancia = plusvalor / (capital fijo adelantado + capital variable adelantado)
G’ = p / ( ca + va)

Un concepto importante relacionado con la tasa de ganancia es la composición orgánica del capital, la relación entre capital fijo y variable adelantados por el capitalista.

Composición orgánica del capital = ca / va

Como ya vimos, en el desarrollo de la competencia, el capitalista se ve empujado bien a reducir salarios por hora bien a invertir en nuevas máquinas, para aumentar la tasa de plusvalía. Suponiendo que el ataque directo a la jornada de trabajo no sea posible, la evolución de los mercados será la de un desarrollo tecnológico permanente. En ese caso, la tasa de ganancia tiende a reducirse, aumentando la composición orgánica del capital, es decir la inversión en capital fijo en relación a los salarios. Aunque la ganancia bruta aumente, el valor creado en cada ciclo tenderá a crecer menos que el invertido. Para mantener sus ganancias absolutas -o aumentarlas- el capital aumentará la producción total -la masa de producto- y las unidades de producto serán cada vez más baratas. El resultado es una tendencia al trabajo cada vez más productivo -con mayor tasa de plusvalor es decir, más explotado- con unos capitales cada vez más concentrados y con tasas de ganancia menores.

Dicho a lo bruto: para mejorar su ganancia el capitalista necesita invertir en tecnologías que aumenten su productividad. Al hacerlo aumentará la composición orgánica de su capital (aumentará el peso de lo que adelanta en máquinas sobre lo que adelanta en salarios). El resultado inevitable es que su tasa de ganancia (el plusvalor por unidad de inversión) será más baja. ¿Cómo compensará eso? Produciendo más cantidad de producto para que la ganancia absoluta, el plusvalor total obtenido, sea mayor. Si hay mercado para la masa de productos más baratos, irá acompañado de un aumento del número de trabajadores y por tanto de la escala total de la empresa.

El desenvolvimiento de la producción y acumulación capitalistas condiciona procesos laborales en una escala cada vez mayor, y por ende de dimensiones constantemente crecientes y los adelantos de capital correspondientemente en aumento para cada establecimiento en particular. Por ello, una creciente concentración de los capitales (acompañada al mismo tiempo, aunque en menor medida, de un creciente número de capitalistas) es tanto una de sus condiciones materiales como uno de los resultados producidos por ella misma. Al mismo tiempo y en interacción con esto, avanza una progresiva expropiación de los productores más o menos directos. Se entiende así que los diversos capitalistas individuales comanden ejércitos obreros de creciente magnitud (aunque también para ellos disminuya el capital variable en relación con el capital constante), que aumente la masa del plusvalor, y por consiguiente de la ganancia, de la cual se apropian, simultáneamente con la baja de la tasa de ganancia y a pesar de ella. Pues las mismas causas que concentran las masas de ejércitos obreros bajo el mando de diversos capitalistas individuales, son precisamente las que hacen que la masa del capital fijo empleado, así como la de las materias primas y auxiliares, aumente en proporción creciente con respecto a la masa del trabajo vivo empleado.

Carlos Marx. El Capital. Libro III, capítulo XIII, 1867

¿Por qué es necesaria esa «expropiación de los trabajadores más o menos directos»? En el modelo general de la acumulación ampliada, tal y como aparece en el libro II, estamos dando por hecho que el capitalista puede vender todo el producto. Pero la plusvalía no es todavía el beneficio. Para que la plusvalía pueda realizarse como beneficio, el capitalista ha de poder vender el producto en el mercado y acabar el ciclo. A fin de cuentas, el capitalismo es un sistema de creación de plusvalor, pero el plusvalor en sí no vale nada para el capitalista si no puede realizarlo, convertirlo en beneficio.

El producto del proceso de producción capitalista no es ni un mero producto (valor de uso), ni una mera mercancía, es decir un producto que tiene valor de cambio; su producto específico es la plusvalía. Su producto son mercancías que poseen más valor de cambio, esto es, que representan más trabajo que el que para su producción ha sido adelantado bajo la forma de dinero o mercancías. En el proceso capitalista de producción el proceso de trabajo sólo se presenta como medio, el proceso de valorización o la producción de plusvalía como fin. En cuanto el economista reflexiona sobre ello, el capital es proclamado como riqueza que se transforma en la producción para obtener «beneficio»

Carlos Marx. El Capital, Libro I, capítulo VI (inédito).

Pero en el modelo de una acumulación que se produce en un mundo donde solo hay capitalistas y obreros esto es sencillamente imposible: por definición el valor de cambio de los salarios no puede comprar la totalidad del plusvalor producido. Es una idea que Marx ha dejado bien claro en sus estudios sobre el capital y la acumulación ya en los Grundisse, cuadernos que, por desgracia, no se publicaran por primera vez hasta los años cincuenta y por tanto no estuvieron al alcance de las generaciones siguientes (Kautsky primero, Lenin, Rosa Luxemburgo, Bujarin, etc. después), dando pie a un largo debate de consecuencias políticas profundas, que estudiaremos en los siguientes capítulos de este curso.

  1. La existencia misma de un beneficio sobre una mercancía cualquiera presupone una demanda exterior a la del trabajador que la produjo.
  2. Demanda del propio obrero nunca puede ser una demanda adecuada.

Carlos Marx. Grundisse, volumen I, cuaderno IV, Del proceso de producción al proceso de circulación, 1858

La acumulación ampliada implica por tanto la posibilidad de un mercado ampliado entre ciclo y ciclo. En términos históricos esta ampliación se produce de modo ilusorio mediante el crédito mientras se amplían de forma efectiva los mercados, colocándose el excedente irrealizable en el mercado interno en mercados extracapitalistas. Pero, ¿no puede el consumo de la propia clase capitalista absorber este plusvalor excedentario? En ese caso estaríamos en una mera reproducción simple del capital, un caso teórico que de haber existido realmente hubiera mostrado una burguesía incapaz de acumular, incapaz de obtener ganancias mayores.

En la necesidad de conquistar continuamente nuevos mercados acabamos de encontrar la fuerza implacable que llevaba a la expansión del sistema vívidamente relatada en el Manifiesto. La misma fuerza que produce irremediablemente crisis de sobreproducción cuando no encuentra mercados externos en los que realizar la plusvalía acumulada.

Adelantándose a los defensores del «capitalismo en un solo país», que intentarán reducir la crisis a un «desequilibrio entre sectores», subsanable mediante la planificación o mediante la posibilidad de que la burguesía -o el estado- autoconsuman el excedente de valor irrealizable, Marx escribe un largo argumentario en lo que luego será el capítulo XV del libro III. Nos vamos a permitir una larga cita porque muestra, sin género de dudas, hasta que punto Marx incluía la «cuestión de los mercados» y las necesidades expansivas del capitalismo en su concepción global de la crisis capitalista o, visto desde la perspectiva inversa, las tendencias inmanentes a la baja de la tasa de ganancia en la dinámica de expansión mundial del capitalismo. Marx veía sin duda, unos límites objetivos al desarrollo progresivo del capitalismo.

Por otra parte, la baja de la tasa de ganancia, vinculada con la acumulación, provoca necesariamente una lucha competitiva. La compensación de la mengua de la tasa de ganancia mediante el incremento de la masa de la ganancia sólo tiene validez para el capital global de la sociedad y para los grandes capitalistas, sólidamente instalados.

El nuevo capital adicional, que funciona en forma autónoma, no se encuentra con ninguna de esta clase de condiciones supletorias, debe luchar por conquistarlas, y de este modo la baja en la tasa de ganancia suscita la lucha de competencia entre los capitales, y no a la inversa. Sin embargo, esta lucha competitiva se halla acompañada por un transitorio aumento salarial y una temporaria disminución de la tasa de ganancia, mengua que deriva de ese aumento. Otro tanto se manifiesta en la sobreproducción de mercancías, en el abarrotamiento de los mercados. Puesto que el fin del capital no es la satisfacción de las necesidades, sino la producción de ganancias, y puesto que sólo logra esta finalidad en virtud de métodos que regulan el volumen de la producción con arreglo a la escala de la producción, y no a la inversa, debe producirse constantemente una escisión entre las restringidas dimensiones del consumo sobre bases capitalistas y una producción que tiende constantemente a superar esa barrera que le es inmanente. Por lo demás, el capital se compone de mercancías, y por ello la sobreproducción de capital implica la sobreproducción de mercancías. De ahí el curioso fenómeno de que los mismos economistas que niegan la sobreproducción de mercancías, admitan la de capital. Si se dice que dentro de los diversos ramos de la producción no se da una sobreproducción general, sino una desproporción, ello no significa sino que, dentro de la producción capitalista, la proporcionalidad entre los diversos ramos de la producción se establece como un proceso constante a partir de la despro­porcionalidad, al imponérsele aquí la relación de la producción global, como una ley ciega, a los agentes de la producción, y no sometiéndose a su control colectivo como una ley del proceso de producción captada por su intelecto asociado, y de ese modo dominada. Además, de esa manera se exige que países en los cuales el modo capitalista de producción no está desarrollado, hayan de consumir y producir en un grado adecuado a los países del modo capitalista de producción. Si se dice que la sobreproducción es sólo relativa, ello es totalmente correcto; pero ocurre que todo el modo capitalista de producción es sólo un modo de producción relativo, cuyos límites no son absolutos, pero que sí lo son para él, sobre su base. ¿Cómo, de otro modo, podría faltar la demanda de las mismas mercancías de que carece la masa del pueblo, y cómo sería posible tener que buscar esa demanda en el extranjero, en mercados más distantes, para poder pagar a los obreros del propio país el promedio de los medios de subsistencia imprescindibles? Porque sólo en este contexto específico, capitalista, el producto excedentario adquiere una forma en la cual su poseedor sólo puede ponerlo a disposición del consumo en tanto se reconvierta para él en capital. Por último, si se dice que, en última instancia, los capitalistas sólo tienen que intercambiar entre sí sus mercancías y comérselas, se olvida todo el carácter de la producción capitalista, y se olvida asimismo que se trata de la valorización del capital, y no de su consumo. En suma, todos los reparos contra las manifestaciones palpables de la sobreproducción (manifestaciones éstas que no se preocupan por tales reparos) apuntan a señalar que los límites de la producción capitalista no son limitaciones de la producción en general, y por ello tampoco lo son de este modo específico de producción, el capitalista. Pero la contradicción de este modo capitalista de producción consiste precisamente en su tendencia hacia el desarrollo absoluto de las fuerzas productivas, la cual entra permanentemente en conflicto con las condiciones específicas de producción dentro de las cuales se mueve el capital, y que son las únicas dentro de las cuales puede moverse.

No se producen demasiados medios de subsistencia en proporción a la población existente; por el contrario. Se producen demasiado pocos como para satisfacer decente y humanamente al grueso de la población.

No se producen demasiados medios de producción para ocupar a la parte de la población capaz de trabajar; por el contrario. En primer lugar, se produce una parte demasiado grande de la población que de hecho no es capaz de trabajar, que por sus circunstancias se ve reducida a la explotación del trabajo ajeno o a ejecutar trabajos que sólo pueden considerarse tales dentro de un modo miserable de producción. En segundo lugar no se producen suficientes medios de producción como para que toda la población capaz de trabajar pueda hacerlo bajo las condiciones más productivas, es decir como para que su tiempo absoluto de trabajo resulte abreviado por la masa y la eficacia del capital constante empleado durante el tiempo de trabajo. Pero periódicamente se producen demasiados medios de trabajo y de subsistencia como para hacerlos actuar en calidad de medios de explotación de los obreros a determinada tasa de ganancia. Se producen demasiadas mercancías para poder realizar el valor y el plusvalor contenidos o encerrados en ellas, bajo las condiciones de distribución y consumo dadas por la producción capitalista y reconvertirlo en nuevo capital, es decir para llevar a cabo este proceso sin explosiones constantemente recurrentes.

No se produce demasiada riqueza. Pero periódicamente se produce demasiada riqueza en sus formas capitalistas, antagónicas.

La limitación del modo capitalista de producción se manifiesta:

  1. En el hecho de que el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo genera, en el caso de la baja de la tasa de ganancia, una ley que en cierto punto se opone con la mayor hostilidad al propio desarrollo de esa fuerza productiva, por lo cual hay que superarla constantemente por medio de crisis.
  2. En el hecho de que la apropiación de trabajo impago y la proporción entre ese trabajo impago y el trabajo objetivado en general o, expresado en términos capitalistas, que la ganancia y la proporción entre esa ganancia y el capital empleado — es decir, determinado nivel de la tasa de ganancia— decidan acerca de si se debe expandir o restringir la producción, en lugar de ser lo decisivo a este respecto la relación entre la producción y las necesidades sociales, las necesidades de los seres humanos socialmente desarrollados. Por ello surgen limitaciones para la pro­ducción, ya en un punto de expansión de la misma que, a la inversa, bajo el otro supuesto aparecería como sumamente insuficiente. La producción se detiene no allí donde esa detención se impone en virtud de la satisfacción de las necesidades, sino donde lo ordena la producción y realización de ganancias

Carlos Marx. El Capital, libro III, capítulo XV, 1867

El expansionismo británico, caricatura de 1882
El propio Engels nos cuenta en el prólogo de 1886 a «El Capital» cómo los problemas de la acumulación van asociados a un «problema de los mercados», una contradicción entre las fuerzas productivas desarrolladas y las capacidades expansivas del propio capitalismo en un mundo de población y territorios finitos.

La marcha del sistema industrial de Inglaterra, imposible sin una expansión constante y rápida de la producción y por ende de los mercados, tiende a paralizarse. El librecambio ha agotado ya sus arbitrios; hasta Manchester pone en duda a ese su añejo evangelio económico. La industria extranjera, en rápido desarrollo, por todas partes mira con gesto de desafío a la producción inglesa, y no sólo en las zonas protegidas por aranceles aduaneros, sido también en los mercados neutrales y hasta de este lado del Canal. Mientras que la fuerza productiva crece en progresión geométrica, la expansión de los mercados avanza, en el mejor de los casos, conforme a una progresión aritmética.

Federico Engels. Prólogo a «El Capital», 5 de noviembre de 1886.

Resumiendo el modelo de acumulación y la lógica de expansión y crisis del capitalismo tal y como lo descubrimos en Marx en «El Capital»:

  1. La reproducción del capital implica que siempre y de forma necesaria el resultado del proceso está «desequilibrado»: en la esencia misma del plusvalor está producir una carencia de demanda efectiva para realizarlo en el mercado, pues la «demanda del propio obrero nunca puede ser una demanda adecuada».
  2. El mecanismo del crédito -en el que no nos hemos sumergido en este curso introductorio- compra tiempo permitiendo que el ciclo de acumulación se repita pero no modifica el proceso de acumulación ni genera per se una demanda efectiva solvente.
  3. La acumulación, en ausencia de nuevos mercados, acaba necesariamente en la «sobreproducción de mercancías, en el abarrotamiento de los mercados». La crisis, por efecto de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, se manifestará pareja a una sobre-acumulación de capital. El fenómeno en su conjunto tomará probablemente la forma de una crisis financiera, una crisis de solvencia e impagos, dado que la forma de esquivar la falta de demanda durante el proceso fue la huida hacia el crédito.
  4. La «salida» progresiva de la crisis no es otra que la expansión del mercado capitalista a mercados que previamente no lo son, mercados extracapitalistas internos -restos de producción precapitalista fuera del ciclo del capital- y externos -colonias, apertura forzada de mercados como hizo EEUU con Japón en 1853, etc.
  5. Cada ciclo largo de acumulación implica pues la expansión geográfica y social del capitalismo y el comienzo de un nuevo ciclo a mayor escala y con mayores escalas productivas.

La cuestión obvia es ¿qué pasa cuando esos mercados extracapitalistas ya no existen en cantidad suficiente para suplir la carencia endémica de demanda interna? ¿En qué se transforma el capitalismo? ¿Cómo afecta eso al proceso de constitución en clase?