Dictadura, aventurerismo y desarticulación del comunismo español

Joaquín Maurín
Paralelamente, surge en el seno de CNT una corriente de opinión que poco a poco se va orientando hacia el comunismo. No se trata ya del inicial entusiasmo por la Revolución de octubre que llevó al acuerdo adoptado en el Congreso del teatro de la Comedia de adherirse a la Tercera Internacional. Esa corriente de opinión, más consciente y que va más lejos, supone la ruptura con las concepciones y las prácticas anarquistas que han venido prevaleciendo en la organización confederal. Primero en «Acción Socialista», de Valencia, dirigía Hilario Arlandis, y en «Lucha Social», de Lérida, dirigida por Maurín, al que prestó valiosa colaboración Pedro Bonet, recientemente fallecido en París, y después en «La Batalla», que aparecía en Barcelona la tendencia sindicalista-comunista expone sus concepciones cada día con mayor claridad. Andrés Nin, que milita en esa tendencia, es nombrado secretario del Comité Nacional de la CNT. Esta está en aquellos momentos en una situación crítica, desangrada por los atentados de las bandas de los sindicatos libres y por la aplicación de la llamada ley de fugas.

Maurín representa en el Comité Nacional de la CNT a la Confederación Regional de Cataluña y, más tarde, durante algún tiempo, asume las funciones de secretario de la Confederación Nacional del Trabajo. En una reunión celebrada en Lérida, en la clandestinidad, en abril de 1921, los delegados de los comités regionales deciden enviar una delegación a Moscú para participar en el congreso constitutivo de la Internacional Sindical Roja (ISR). Son elegidos Maurín, Nin, Arlandis y Jesús Ibañez, a los que se agrega, como representante de los grupos anarquistas, el francés Gaston Leval. Terminado el congreso, Nin, activamente buscado y reclamado por la Policía, es detenido en Berlín, si bien puesto a poco en libertad, y retorna a Moscú donde ejercería durante varios años importantes funciones en la nueva organización sindical internacional. Cuando aun no han regresado a España todos los delegados que han asistido al Congreso de la Internacional Sindical Roja, el sector anarquista de la CNT consigue, en una reunión celebrada en Zaragoza en junio de 1922, dejar en suspenso el acuerdo adoptado en el Congreso del teatro de la Comedia de Madrid, sobre la adhesión de la organización confederal a la Internacional Comunista, hasta que un congreso se pronuncie sobre el tema, pero de hecho la ruptura con los comunistas es desde entonces definitiva.

Luís Portela. El nacimiento y primeros pasos del movimiento comunista en España, 1980

Los «comunistas», «sovietistas» les llamaban en la época, en realidad no eran tales sino sindicalistas-revolucionarios «terceristas», partidarios de ligarse a la III Internacional y la Profintern. Esa posición a caballo de dos mundos hará que pronto el grupo de Maurín se reorganice como una fracción externa de la CNT, dedicada, ante todo a luchar contra la decisión del plenario de Zaragoza desde el exterior.

En junio, habiendo cambiado la situación política, con una actuación legal posible del movimiento obrero, la CNT celebró una Conferencia en Zaragoza, en la que se tomó el acuerdo de separarse de la Internacional Comunista.

Una minoría -la influenciada por «Lucha Social», de Lérida- no acepto la decisión de la Conferencia de Zaragoza por dos razones principales: primera, la adhesión de la CNT a la Internacional Comunista había sido acordada en un Congreso, y solo un Congreso estaba facultado para rectificar el acuerdo; segunda, la ruptura con la Internacional Sindical Roja era el sector anarquista de la CNT la que la imponía, y el sector sindicalista no debía dejarse dominar por los anarquistas.

Este punto de vista, sostenido por Maurín, Nin, Arlandis e Ibañez, contaba con muchos partidarios, sobre todo en Cataluña, Asturias y Valencia.

Los sindicalistas partidarios de la Internacional Sindical Roja se organizaron en Comités Sindicalistas Revolucionarios, en una conferencia nacional que se celebró en Bilbao a fines de 1922. En diciembre de ese mismo año, empezó a publicarse en Barcelona el semanario «La Batalla», portavoz de los Comités Sindicalistas Revolucionarios.

En los meses que siguieron, los Comités Sindicalistas Revolucionarios -parecidos a la organización del mismo nombre, en Francia, cuyo órgano era «La Vie Ouvrière» dirigida por Pierre Monatte- hicieron grandes progresos. En Barcelona, por ejemplo, las direcciones de los tres sindicatos más importantes -Transporte, Metalurgia y Textil- estaban en manos de partidarios suyos.

Joaquín Maurín. Sobre el comunismo en España, 1964

Pero al mismo tiempo que actuaban como fracción externa de CNT, intentado reconducir esta hacia la Internacional Sindical Roja, actuaban también como fracción externa del PCE intentando empujar a este hacia postulados sindicalistas-revolucionarios, lo que implicaba oponerse activamente a la dirección formada por antiguos miembros del Partido Comunista español y del PCOE. Sin llegar a adherir todavía formalmente, se hacían sentir en el partido como una fuerza de oposición. Años después, Maurín escribe con cierto desprecio:

Durante los dos años escasos en que el Partido Comunista de España pudo actuar legalmente -desde su fundación, en el otoño de 1921, hasta el golpe de estado del general Primo de Rivera, en septiembre de 1923- ayudado económicamente por el Comintern, aunque en proporciones muy reducidas- no solo no hizo progresos, sino que fue perdiendo posiciones. Su núcleo más importante, el de Vizcaya, imitó el terrorismo expropiador de los anarquistas, y se desprestigió.

Joaquín Maurín. Sobre el comunismo en España, 1964

No será el deseo de relanzar el comunismo español lo que oriente a Maurín y el grupo «La Batalla» a ingresar formalmente en el partido, sino el agotamiento de la estrategia fraccional en CNT.

En el verano de 1924 se celebró en Moscú el nuevo Congreso de la Internacional Sindical Roja. Para participar en él fue invitada la organización de los Comités Sindicalistas Revolucionarios, que se agrupaba en torno a «La Batalla». La delegación la formaban, junto a Maurín, Desiderio Trilles, y José Grau, de la dirección del Sindicato de Transporte de Barcelona, José Jover y José Valls, de la dirección del Sindicato Metalúrgio de Barcelona.

En 1924 el clima político y moral era en Moscú muy distinto del que prevalecía en 1921, y la impresión general produjo un gran desagrado en la delegación. Ninguno de los cuatro obreros que la integraban se sintió atraído por el comunismo. A su regreso a España, unos antes, otros después, se orientaron en dirección opuesta.

Joaquín Maurín. Sobre el comunismo en España, 1964

Y es que tras el congreso de la Internacional Sindical Roja, se ha celebrado el IV Congreso de la Internacional Comunista, el primero sin Lenin, que pasó a la historia por ser también el primero en ruso y el de la «bolchevización» y «proletarización» zinovietista… que encontró fuertes resistencias en muchos partidos, incluido el español.

Se impuso a los partidos la «bolchevización». Surgieron también reparos sobre todo porque bajo el imperio de Zinoviev se establecía un porcentaje de obreros e intelectuales en las direcciones de los partidos. Estimábamos algunos que, después del ingreso en el PC con las condiciones que se imponían para ser miembro en él, no se podía establecer ninguna discriminación entre los militantes. Una vez en el interior del partido, un ingeniero tenía los mismos derechos que un obrero metarlúrgico, y no se le podía considerar como un militante disminuido.

Y, cuando se estableció la organización por células, se manisfestaron prevenciones porque, si bien se aceptaban como medios de trabajo directo entre los obreros y para la ilegalidad, considerábamos que las asambleas generales de militantes eran la suprema expresión de la democracia interna, donde las opiniones debían manifestarse y en las que se podía reconocer a los camaradas de más valor político. La práctica ha demostrado después que, tal y como se aplica, el régimen de células es el mejor mecanismo para ahogar toda crítica y establecer sólidamente el dominio del aparato dirigente.

Juan Andrade. Apuntes para la historia del PCE, 1981

Y es en este PCE seriamente tocado por la represión, con su capacidad formativa y de debate bajo mínimos, forzado a tomar las bases organizativas que luego servirán de base para la estalinización… en el que el grupo «La Batalla» pedirá finalmente la integración formal, constituyéndose como Federación Catalano-Balear del PCE en ese mismo verano.

¿Qué podía ver Maurín de interesante en un Partido que había despreciado hasta entonces y que desagradaba a los dirigentes sindicales que había ganado con tanto esfuerzo y llevado a Moscú en vano? Con la CNT disuelta, el trabajo de fracción sindical externa carecía de sentido: los CSR, en realidad agrupamientos de dirigentes que simpatizaban con la Revolución rusa, sin CNT ni sindicatos activos, no podían tener impacto en los trabajadores ni representar nada para la IC. La forma más sensata de seguir en relación con la Internacional era integrarse en su brazo en España, por maltrecho que estuviere. Además, los CSR agrupaban a casi un centenar de militantes catalanes y baleares, mientras que el PCE apenas tenía una treintena en ese mismo territorio. Es decir, el grupo de «La Batalla» se cubre bajo el manto del PCE y de la Internacional, pero no se disuelve en una organización mayor, recibe en realidad una franquicia local.

Aceptarlos en esas condiciones y sin bases comunes en lo ideológico, lo organizativo e incluso lo ético, fue fatal para una dirección y un partido que, a pesar de estar cayendo continuamente en prisión, había conseguido mantener «La Antorcha» con una tirada de 12.000 ejemplares, porque en la práctica supuso dar una herramienta definitiva para hacerse con el poder a los dos grupos aventureristas que dirigían el partido en Vizcaya y Barcelona. El aventurerismo de la dirección zinovietista de la IC que veía al magullado PC Español como un mero instrumento para legitimar la política del PC Francés de exaltación de Abdelkrim como «líder de las masas oprimidas árabes», fue la gota que colmó el vaso.

Jacques Doriot en 1927
La represión de la dictadura mantenía en prisión a todos los militantes más activos, que apenas permanecíamos algunos días en libertad cuando ya éramos encarcelados de nuevo durante meses como «gubernativos» [=preventivos]. «La Antorcha» se hacía en la cárcel, recurriendo a toda clase de habilidades para sacar el original y recibir información y documentación de la calle.

Pero en 1924 brotó una nueva crisis en el partido, en apariencia por razonamientos casi geográficos pero, en el fondo, profundamente políticos porque ya se sometía a discusión la táctica de la Internacional en España, a lo que se agregaban ambiciones personales bien definidas. Se habían constituido dos grupos de oposición al Comité Central: uno en Bilbao y otro en Barcelona que, aunque en desacuerdo en sus posiciones políticas, coincidían en su hostilidad al Comité Central nombrado en el Congreso. Según ellos, el Comité Central, por motivos tanto de orden geográfico como político, se encontraba en Madrid; el órgano central del partido por las mismas razones se publicaba en la capital; el núcleo más capacitado del partido militaba también en Madrid. En cambio los elementos más destacados de la oposición residían en provincias, es decir, en centros más específicamente industriales que Madrid. Sobre la residencia de la dirección del partido se constituyeron los dos grupos de oposición, el de Bilbao, que pedía que la dirección estuviera allí y el de Barcelona que lo demandaba para su ciudad.

Jacques Doriot era en aquella época el delegado de la IC en España, en nombre de Zinoviev. Doriot, el de tan nefasto fin1, pedía al partido la realización de un plan de trabajo inmediato sobre la guerra de Marruecos («¡Viva Abdelkrim!» era el lema), plan imposible de llevar a cabo porque no estaba en proporción con la importancia numérica y organizativa de la sección española. El CC fue unánime al reconocer lo disparatado de la propuesta y convocó a una conferencia nacional del partido para exponer ante ella su actitud, creyendo que ésta suscribiría su conducta. Pero la conferencia les cayó como llovida del cielo a los dos grupos de la oposición; por adhesión a la Internacional, la mayoría de los delegados a la conferencia aceptaron la política que ésta preconizaba a través de Doriot, que no se llevó nunca a cabo porque superaba las fuerzas del partido. El CC presentó la dimisión, pasó a residir en Bilbao (por pocos días porque en seguida fueron detenidos todos sus miembros) y después en Barcelona, donde ocurrió lo mismo.

A principios de 1925 el partido estaba desarticulado, no había posibilidad de establecer una dirección y de reorganizarlo. El contacto entre camaradas se limitaba a la correspondencia que se mantenía entre nosotros de prisión a prisión. Fue entonces cuando, como último recurso, creo recordar que por iniciativa de los que se encontraban presos en Barcelona, pero respondiendo a una necesidad que todos sentíamos, se acordó que la Internacional designase una dirección en París puesto que allí se encontraban emigrados camaradas de valía. Andrés Nin fue nombrado por el CE de la Internacional para organizarlo, tarea que no pudo cumplir porque al poco de llegar a París fue detenido, condenado a un mes de prisión y expulsado de Francia. Pero el nuevo CC quedó constituido en 1925, bajo la dirección de José Bullejos, que asumió los plenos poderes y que así llegó al pináculo de sus ambiciones.

Bullejos
No quiero extenderme sobre las luchas intestinas que se produjeron en París hasta que Bullejos logró eliminar a todos los discrepantes, ni sobre la política sectaria desarrollada, consistente en querer imponer a las docenas de militantes que había en España tareas que superaban sus fuerzas y posibilidades. Desde París se era muy activo y muy rígido en la disciplina.

En realidad, la mayor actividad de este comité consistía en sus informes a la IC, valorizando la importancia del partido y adjudicándose toda oposición que comenzaba a manifestarse en España. A título anecdótico, citaré dos ejemplos: el número de un periódico clandestino que no llegó siquiera a circular llevaba el número 5, y no habían aparecido los otros cuatro. La prensa comunista internacional publicó una fotografía de «una gran manifestación comunista», que se decía celebrada en Madrid, facilitada por el Comité de París, que no era más que la salida de los espectadores de la Plaza de Toros de Madrid.

Es posible que estos informes influyeran sinceramente en el CE de la IC, si, tal como creía, a la caída de la dictadura primorriverista, e PC español estaba en condiciones de formar los soviets y tomar el poder. Esto explicaría, aunque es dudoso, que Moscú ipusiera una política ultrademagógica, y como tal negativa, cuando comenzaron a recobrarse las libertades.

Puede decirse que, prácticamente, durante los cuatro últimos años de la dictuadura militar no existía PCE en España. La represión y la política sectaria de su dirección, de hecho lo habían liquidado.

En realidad, la mayor actividad de este comité consistía en sus informes a la IC, valorizando la importancia del partido y adjudicándose toda oposición que comenzaba a manifestarse en España. A título anecdótico, citaré dos ejemplos: el número de un periódico clandestino que no llegó siquiera a circular llevaba el número 5, y no habían aparecido los otros cuatro. La prensa comunista internacional publicó una fotografía de «una gran manifestación comunista», que se decía celebrada en Madrid, facilitada por el Comité de París, que no era más que la salida de los espectadores de la Plaza de Toros de Madrid.

Es posible que estos informes influyeran sinceramente en el CE de la IC, si, tal como creía, a la caída de la dictadura primorriverista, e PC español estaba en condiciones de formar los soviets y tomar el poder. Esto explicaría, aunque es dudoso, que Moscú ipusiera una política ultrademagógica, y como tal negativa, cuando comenzaron a recobrarse las libertades.

Puede decirse que, prácticamente, durante los cuatro últimos años de la dictuadura militar no existía PCE en España. La represión y la política sectaria de su dirección, de hecho lo habían liquidado.

Juan Andrade. Apuntes para la historia del PCE, 1981



1. Expulsado del PCF por proponer el frente popular dos años antes de que fuera política oficial, se convirtió en un troll que flotaba alrededor del PCF, creando un partido político «nacional y popular» que, falto de hueco ante el nacionalismo creciente del PCF y buscando socavar la base de éste, evolucionará hacia el fascismo. Se convierte en colaboracionista durante la ocupación y finalmente se integra en las SS, muriendo en Alemania en 1944.[Volver]