¿El capitalismo puede ser eterno?

El capitalismo es un sistema productivo que se asienta sobre la posibilidad de disponer de trabajo impago. Eso hace que los trabajadores nunca puedan comprar el total de lo que se produce con lo que cobran. El capitalismo intenta salvar eso entrampándonos en el crédito y expandiendo el mercado para venderle a otros lo que no podemos comprar con lo que nos paga. Juntas, ambas cosas producen los famosos ciclos de acumulación de capital que acaban siempre en una crisis.

Durante todo el siglo XIX esas crisis se salvaron con una nueva expansión del mercado mundial. Pero cuando el mercado no capitalista empezó a quedarse corto para la cantidad de capital que había que hacer rentable, entramos en una nueva fase: el imperialismo que modificó el capitalismo no solo hacia fuera, orientándolo hacia la guerra y la lucha violenta por los mercados y oportunidades de inversión, sino hacia dentro, eliminando la competencia entre pequeñas empresas independientes y convirtiéndolo en un juego trucado de grandes monopolios y concentraciones empresariales alrededor del estado.

El titán proletario libera al mundo de las cadenas del imperialismo. Este dibujo, reproducido en los documentos del I Congreso la III Internacional se convirtió en el símbolo del movimiento revolucionario mundial.
Cuando el mercado mundial no capitalista finalmente se agotó para la cantidad de capital acumulado globalmente, esas tendencias imperialistas se materializaron con la máxima violencia. Entramos en una era de Guerras Mundiales. La revolución, necesaria para llevar a la especie humana a un nuevo sistema desmercantilizado y basado en la satisfacción de las necesidades humanas, se convirtió en una necesidad histórica. La I Guerra Mundial fue interrumpida por la primera gran oleada revolucionaria de los trabajadores. Pero cuando esta fue derrotada el camino quedó expedito a una nueva guerra mundial.

Tras la II Guerra Mundial la cantidad de capital, de infraestructuras y capacidades productivas destruidas fue tal que el sistema pudo vivir sus famosos «30 gloriosos» reconstruyendo lo que él mismo había destruido. Y cuando la reconstrucción acabó, en algún momento entre el final de los 60 y mediados de los 70, el ciclo de las crisis reapareció con cada vez más fuerza apuntando a un nuevo curso histórico en el que la alternativa entre guerra y revolución se vuelven cada vez más las alternativas inmediatas de la Humanidad.

En el horizonte, más que nunca, está la alternativa entre guerra y revolución. Y esta vez, puede que si es la guerra la que se impone, ni siquiera haya oportunidad de una reconstrucción posterior.

En cualquier caso, el capitalismo no tiene ya un futuro que ofrecer a la Humanidad. Como apuntó ya Marx la perspectiva histórica no es otra que el triunfo de la clase revolucionaria… o el hundimiento de las clases en conflicto. Socialismo o barbarie.