El comunismo

Una de las cosas que la dialéctica nos enseña es que hay un límite en el alcance de nuestras predicciones. Por eso, a pesar del tamaño de su obra, Marx y Engels no dedicaron demasiados textos a describir las características del comunismo. No pretendían vender utopías ni planes geniales, pretendían hacer un análisis científico de las posibilidades reales de transformación del capitalismo. Tenían claro, eso sí, que el comunismo es una sociedad de abundancia. No hay comunismo sin desmercantilización total: el trabajo, los alimentos, el conocimiento, los objetos cotidianos, las casas, la información y todo lo demás dejarán de ser mercancía. Sí, dicho a lo bruto: en una sociedad comunista no es necesario el dinero, no existe el trabajo forzado por la necesidad; hay de todo, todo está disponible para todos y todo es «gratis», si es que la palabra tiene algún sentido en ese contexto.

Resulta obvio que una sociedad así vendrá precedida de una verdadera liberación de las fuerzas productivas, un incremento de la productividad brutal durante las últimas fases del capitalismo y la transición abierta por la revolución. Marx pone el acento en lo que hoy llamaríamos «robotización» e «Inteligencia Artificial». Imagina el desarrollo de las «máquinas» mucho más allá de lo que era evidente en su época. Piensa en su fusión con sistemas de información automatizados y el cambio que eso significa en la propia definición de máquina y se maravilla ante ese capitalismo por venir que es el nuestro:

Son órganos del cerebro humano creados por la mano humana; fuerza objetivada del conocimiento. El desarrollo del capital revela hasta qué punto el conocimiento social general se ha convertido en fuerza productiva inmediata, y, por lo tanto, hasta qué punto las condiciones del proceso de la vida social misma han entrado bajo los controles del intelecto general y remodeladas conforme al mismo. Hasta qué punto las fuerzas productivas sociales son producidas no sólo en la forma del conocimiento, sino como órganos inmediatos de la práctica social, del proceso vital real.

Carlos Marx. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse), 1857-1858

Marx no se engaña. Un desarrollo de las fuerzas productivas así, bajo el capitalismo, supone una exacerbación radical de sus contradicciones. El capitalismo necesita reducir la cantidad de trabajo humano necesario, pero no por interés en la humanidad sino como forma de mantener la reproducción del capital en marcha. Crea esas fuerzas inmensas para después intentar encajar sin éxito sus resultados en la mezquindad de sus objetivos. Genera tecnologías prodigiosas capaces de llevar hasta el límite de la desmercantilización la producción de algunas cosas… para acto seguido intentar retrotraer la sociedad y las leyes a una situación anterior con tal de obtener beneficio y remunerar el capital. Cada vez más sectores se acercan a una situación en la que producir más no supone en la práctica incorporar nuevas cantidades significativas de trabajo y recursos. ¿No hemos visto ya acaso algo así en Internet con tantos y tantos bienes informacionales -libros, discos, planos, periódicos, etc.- en los que el coste de producir millones de copias extra es nulo o prácticamente nulo?

El capitalismo por un lado despierta a la vida todos los poderes de la Ciencia y de la Naturaleza, así como de la cooperación y del intercambio sociales, para hacer que la creación de la riqueza sea (relativamente) independiente del tiempo de trabajo empleado en ella. Por el otro lado se propone medir con el tiempo de trabajo esas gigantescas fuerzas sociales así creadas y reducirlas a los límites requeridos para que el valor ya creado se conserve como valor. Las fuerzas productivas y las relaciones sociales -unas y otras aspectos diversos del desarrollo del individuo social- se le aparecen al capital únicamente como medios, y no son para él más que medios para producir fundándose en su mezquina base. Pero de hecho, constituyen las condiciones materiales para hacer saltar a esa base por los aires. Como dice Charles Wentworth Dilke «una nación es verdaderamente rica cuando en vez de 12 horas se trabajan 6. Riqueza no es disposición de tiempo de plustrabajo , «sino tiempo disponible, aparte del usado en la producción inmediata, para cada individuo y toda la sociedad».

Carlos Marx. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse), 1857-1858

Es esta socialización de la producción a través del conocimiento, que se esboza de forma inevitablemente problemática en el capitalismo que vivimos, la que hace posible la desaparición de la división del trabajo.

La división del trabajo nos brinda ya el primer ejemplo de cómo, mientras los hombres viven en una sociedad primitiva, mientras se da, por tanto, una separación entre el interés particular y el interés común, mientras las actividades, por consiguiente, no aparecen divididas voluntariamente, sino por modo natural, los actos propios del hombre se erigen ante él en un poder ajeno y hostil, que lo sojuzga, en vez de ser él quien los domine. En efecto, a partir del momento en que comienza a dividirse el trabajo, cada cual se mueve en un determinado círculo exclusivo de actividades, que le es impuesto y del que no puede salirse; el hombre es cazador, pescador, pastor o crítico, y no tiene más remedio que seguir siéndolo, si no quiere verse privado de los medios de vida; en el comunismo en cambio, cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos.

Marx y Engels. La ideología alemana, 1845

Una sociedad sin división del trabajo y sin división de clases, «el verdadero comienzo de la historia humana», supone el fin de la alienación social. Marx se da cuenta muy pronto, en 1844, cuando está preparando las notas que servirán de base al núcleo de su trabajo.

El comunismo como superación positiva de la propiedad privada en cuanto autoextrañamiento del hombre, y por ello como apropiación real de la esencia humana por y para el hombre; por ello como retorno del hombre para sí en cuanto hombre social, es decir, humano; retorno pleno, consciente y efectuado dentro de toda la riqueza de la evolución humana hasta el presente. Este comunismo es, como completo naturalismo = humanismo, como completo humanismo = naturalismo; es la verdadera solución del conflicto entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, la solución definitiva del litigio entre existencia y esencia, entre objetivación y autoafirmación, entre libertad y necesidad, entre individuo y género [humano]. Es el enigma resuelto de la historia y sabe que es la solución.

Carlos Marx. Manuscritos económicos y filosóficos, 1844

No es solo una concesión del «Marx humanista» o el «Marx joven». El tema volverá una y otra vez a lo largo de su obra. La experiencia humana, lo que vivimos, se transformará y desarrollará necesariamente. La experiencia humana en una sociedad de la abundancia será, en cierta medida, una experiencia artística.

La concentración exclusiva del talento artístico en individuos únicos y la consiguiente supresión de estas dotes en la gran masa es una consecuencia de la división del trabajo (…) en todo caso, en una organización comunista de la sociedad desaparece la inclusión del artista en la limitación local y nacional, que responde pura y únicamente a la división del trabajo, y la inclusión del individuo en este determinado arte, de tal modo que sólo haya exclusivamente pintores, escultores, etc. y ya el nombre mismo expresa con bastante elocuencia la limitación de su desarrollo profesional y su supeditación a la división del trabajo. En una sociedad comunista, no habrá pintores, sino, a lo sumo, hombres que, entre otras cosas, se ocupan también de pintar.

Marx y Engels. La ideología alemana, 1845

Marx desarrollará esta idea en «El capital», apuntando que el desarrollo de la productividad que genera el capitalismo «contribuye a crear tiempo social disponible para el esparcimiento de todos y cada uno», aunque sea mediante el paro forzoso. El camino hacia el comunismo pasa por «apropiarse» progresivamente de los incrementos de productividad, hasta reducir el trabajo «forzado por la necesidad».

El tiempo de trabajo necesario se alineará por una parte con las necesidades del individuo social, mientras que por otro lado asistiremos a un crecimiento tal de las fuerzas productivas que el ocio aumentará para cada uno, mientras la producción será calculada en función de la riqueza de todos. Y por ser la verdadera riqueza, la plena potencia productiva de todos los individuos, el patrón de medida será entonces no el tiempo de trabajo sino el tiempo disponible

Carlos Marx. El Capital, 1857

En el mismo libro volverá a esta idea de la sociedad de la abundancia como una sociedad hiperproductiva en la que las capacidades humanas son tales que no tiene sentido mantener una vida divida entre entre ocio y trabajo.

En resumen, cae en el sentido que el tiempo de trabajo inmediato no podrá estar siempre opuesto al tiempo libre, como es el caso en el sistema económico burgués. (…) El tiempo libre -que es a la vez ocio y actividad superior- transformará naturalmente a su poseedor en un sujeto diferente, y en tanto que sujeto nuevo entrará en el proceso de la producción inmediata.

Carlos Marx. El Capital, 1857

No son fantasías mesiánicas ni delirios juveniles, no es el «elemento de fe» del marxismo. Si la abundancia se plantea como problema bajo el capitalismo -y la plantean hasta sus propios apologetas como Keynes- es porque «las condiciones materiales para resolverlo existen o se encuentran en estado de existir». Por eso hasta el final de su vida Marx insistirá en retratar la sociedad comunista como un estadio de desarrollo socio-económico producto del crecimiento sostenido de la productividad en el que:

Habrá desaparecido la avasalladora sujeción de los individuos a la división del trabajo, y con ella también la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, el trabajo no será ya sólo medio de vida, sino que incluso se habrá convertido en la primera necesidad vital, (y) con el desarrollo multifacético de los individuos habrán crecido también sus capacidades productivas y todos los manantiales de la riqueza colectiva fluirán con plenitud

Carlos Marx. Crítica del programa de Gotha, 1875.

La perspectiva del comunismo como una sociedad de abundancia, que no es sino la solución de lo que la economía vulgar llama «el problema económico», es lo que define al «comunismo» como movimiento y perspectiva de la acción política de los trabajadores. Evidentemente es lo más negado por la maquinaria mediática, cultural y educativa capitalista y la base de mil descalificaciones del marxismo como «religión» o «mesianismo». No es así por casualidad. Entender que el comunismo, la abundancia, está ya entre nosotros como posibilidad, es el núcleo de toda la acción política del marxismo. Si en la más modesta expresión de la lucha de clases no podemos ver la abundancia abriéndose paso, nada realmente revolucionario podrá ser construido.

El comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual.

Marx y Engels. La Ideología alemana, 1846