El imperialismo en Lenin

El presidente McKinley tras la guerra de Cuba hace de sastre a un tío Sam cada vez más gordo (las nuevas conquistas y adquisiciones en las rayas de su pantalón) que rechaza la medicina anti-expansionista que le ofrece el presidente del gobierno español Sagasta.
El análisis de Rosa Luxemburgo en realidad solo era discutido por los fabricantes de ideología, desde la economía universitaria a Kautsky, porque necesitaban poder refutar que el capitalismo estaba acercándose al momento en que iba a pasar a ser reaccionario en términos históricos.

Sin embargo, cuando John A. Hobson, un liberal inglés partidario de la «little Britain», escribe en 1902 su famoso «Estudio sobre el imperialismo», el primer «best seller» sobre el tema, y pone en boca de los defensores del imperialismo sus argumentos, que considera justos, dice en términos burgueses y subjetivos casi exactamente lo que el modelo marxista de la circulación preveía.

Necesitamos ineludiblemente mercados para nuestra creciente producción industrial, necesitamos nuevas salidas para invertir nuestros sobrante de capital (…) Nuestros rivales se estaban apropiando y anexionando territorios con la misma finalidad y, cuando se los hablan anexionado, los cerraban a nuestros productos.

Tuvieron que emplearse la diplomacia y las armas de Gran Bretaña para obligar a los propietarios de los nuevos mercados a comerciar con nosotros. La experiencia mostro que la manera mas segura de afianzar y desarrollar dichos mercados era la creacion de protectorados o la anexión. El valor de dichos mercados en 1905 no debe considerarse como prueba definitiva de la eficacia de la citada política, el proceso de creación de necesidades civilizadas que Gran Bretaña pueda satisfacer es necesariamente un proceso gradual, y el coste de ese tipo de imperialismo ha de considerarse como un desembolso de capital, cuyos frutos recogerán las futuras generaciones. Los nuevos mercados puede que no fueran grandes, pero brindaban útil salida al superavit de nuestras grandes industrias textiles y metalúrgicas, y cuando se llegó a entrar en contacto con las poblaciones del interior de Asia y Africa, lo normal era que se produjera una rapida expansion del comercio.

Mucho mayor y mas importante es la urgencia que tiene el capital de encontrar en el extranjero negocios en los que invertir. Ademas, mientras el fabricante y el comerciante se contentan con comerciar con las naciones extranjeras el inversor tiene una decidida tendencia a procurar la anexión política de los países en los que radican sus inversiones más especulativas. Esta fuera de toda duda que los capitalistas presionan.en este sentido. Se ha acumulado un gran volumen de ahorro que no puede invertirse lucrativamente en Inglaterra y tiene que encontrar salida en otros lugares. Naturalmente, redunda en beneficio de la nacion que ese ahorro se utilice hasta donde sea posible, en tierras en las que pueda servir para abrir nuevos mercados al comercio británico y crear empleo’para la iniciativa privada.

Por costosa que sea, y por llena de peligros que este, la expansión imperial es necesaria para que nuestra nación continue existiendo y progresando. Si renunciamos a ella, dejaremos la dirección del desarrollo del mundo en manos de otras naciones, que entorpecerán nuestro comercio e incluso pondran en peligro los suministros de alimentos y materias primas que precisamos para la supervivencia de nuestra población. El imperialismo resulta por tanto no una preferencia sino una necesidad.

John A. Hobson, «Estudio sobre el imperialismo», 1902.

Tras 1898 la prensa norteamericana interpretaba la conquista de Filipinas a España como «solo un puente» para poder vender excedentes en China. En la caricatura el tío Sam, con un pie en el archipiélago se acerca, cargado de excedentes y con un libro (con el lema «Educación| Religion») en la mano, a una China con los brazos abiertos y el territorio plagado de carteles que demandan todo tipo de productos.
Ante este discurso, que considera fundado porque, a fin de cuentas es compartido por la mayoría de los capitalistas británicos de la época, Hobson se rebela… ¡¡porque en la práctica las colonias apenas tienen poder de compra para absorber el excedente!! Pero es consciente de que se trata de un fenómeno global. Hobson, que es una mezcla de ingenuidad liberal pequeñoburguesa y confianza ciega el la «raza britática» y sus mercaderes, se da cuenta de una dimensión importantísima del imperialismo: la captura masiva de rentas del estado por el gran capital. Su denuncia del imperialismo se reduce al final al escándalo del asalto de las cuentas públicas por los grandes capitales para financiar una «inversión» que es cada vez más difícil rentabilizar porque los famosos mercados extracapitalistas se agotan o están ya controlados por otras potencias. Se da cuenta de que aunque es obvio que el militarismo y la conquista es negocio para unos cuantos a costa de los impuestos de todos, incluso la joven y democrática república americana se ve abocada a seguir una política expansionista por la presión de los grandes grupos de capital.

Esta súbita necesidad de mercados extranjeros para las manufacturas y las inversiones norteamericanas fue claramente la causa de que se adoptara el imperialismo como línea política y como practica por el partido republicano, al que pertenecían los grandes jefes de la industria y las finanzas norteamericanas, y que, a su vez, era un partido que les pertenecía a ellos. El intrépido entusiasmo del presidente Theodore Roosevelt y sus planteamientos sobre el «destino manifiesto» y la «misión civilizadora» no deben engañarnos. Fueron las Compañías Rockefeller, Pierpont Morgan y sus asociadas las que necesitaban el imperialismo y lo cargaron a hombros del gran pals norteamericano. Necesitaban el imperialismo porque deseaban utilizar los fondos públicos de su patria para encontrar inversiones lucrativas a su capital privado que, de otro modo, permanecería inactivo.

John A. Hobson, «Estudio sobre el imperialismo», 1902.

Debate antitrust en el senado de EEUU. Al fondo los grandes monopolistas bajo el lema «Un senado de los monopolistas, por los monopolistas y para los monopolistas»
Siguiendo por esa línea, Hobson se da cuenta de que existe una relación entre concentración de capital e imperialismo. Uno alimenta al otro.

Lo importante es que esta concentración de la industria en trusts, cartels, etc. ocasiona de inmediato una limitación de la cantidad de capital que puede utilizarse de manera eficiente y una elevación del nivel de beneficios que, a su vez, dará lugar a mas ahorro y mas capitalización. Como es evidente, el trust, resultado de la competencia a muerte causada por el exceso de capital, no podra, por lo general encontrar empleo dentro de las empresas del grupo para aquella parte de los beneficios que los que han creado el trust desearían ahorrar e invertir. Puede que las innovaciones tecnológicas u otras mejoras realizadas dentro de las empresas del ramo en la producción o la distribución, absorban parte del nuevo capital; pero esta absorción esta rígidamente limitada. El gran capitalista del petroleo o del azúcar ha de buscar otras inversiones para sus ahorros. Si aplica pronto los principios de la fusion de empresas a su negocio, dedicará naturalmente el superavit de su capital a crear trusts parecidos en otras industrias, con lo que economizará todavía mas capital, y hará cada vez mas difícil para las personas corrientes que tienen ahorros el encontrar inversiones adecuadas para ellos.

John A. Hobson, «Estudio sobre el imperialismo», 1902.

Hoy recordamos a Hobson porque es el primer autor al que cita Lenin en «El imperialismo fase superior del capitalismo» (1916), casi el único texto que sigue circulando de los muchos que el marxista ruso dedicó a sus investigaciones sobre el tema. Esta falta de fuentes accesibles ha hecho común pensar que Lenin desconocía o no compartía el modelo de la acumulación. Nada menos cierto. Lenin ve perfectamente la necesidad de nuevos mercados como motor original del imperialismo, comparte la posición de la izquierda alemana en los congresos de la Internacional, forma parte del agrupamiento de los internacionalistas alrededor suyo… pero desde muy pronto apunta que el énfasis de estos en las consecuencias «hacia fuera» de la sobre-acumulación resta visibilidad a los cambios en la organización del capital «hacia dentro» en los países centrales. Esta preocupación de Lenin por no perder de vista las consecuencias «hacia dentro» del imperialismo va a verse ya en la discusión sobre el militarismo en el seno de la II Internacional.

Las premisas de principio para resolver con tino este problema fueron establecidas hace mucho con toda firmeza y no suscitan discrepancias. El militarismo moderno es resultado del capitalismo. Es, en sus dos formas, una «manifestación vital» del capitalismo: como fuerza militar utilizada por los Estados capitalistas en sus choques externos («Militarismus nach aussen», según dicen los alemanes) y como instrumento en manos de las clases dominantes para aplastar todo genero de movimientos (economics y politicos) del proletariado («Militarismus nach innen»). Diversos congresos internacionales (el de Paris de 1889, el de Bruselas de 1891, el de Zurich de 1893 y, por ultimo, el de Stuttgart de 1907) dieron en sus resoluciones una expresión acabada de este punto de vista 247 . A pesar de que el Congreso de Stuttgart, en consonancia con su orden del dia (Los conflictos internacionales), dedico mas atención al aspecto del militarismo que los alemanes denominan «Militarismus nach aussen» («externo»), su resolución es la que muestra de modo mas detallado esta conexión del militarismo y el capitalismo. He aqui el pasaje correspondiente de dicha resolución:

Las guerras entre los Estados capitalistas son por lo común consecuencia de su competencia en el mercado mundial, ya que cada Estado trata no solo de asegurarse una zona de venta, sino de conquistar nuevas zonas, desempeñando en ello el papel principal el sojuzgamiento de pueblos y países ajenos. Estas guerras son originadas, ademas, por los constantes armamentos bélicos a que da lugar el militarismo, instrumento principal de la dominación de clase de la burguesia y del sometimiento politico de la clase obrera.

Lenin. El militarismo belicoso y la táctica antimilitarista de la socialdemocracia, 1908

La publicación de «El capital financiero» de Hilferding en 1910, subtitulado «un estudio sobre el desarrollo reciente del capitalismo», supone un nuevo punto de arranque en la profundización del imperialismo para Lenin. Hilferding, el protegido de Kautsky, está lejos del ánimo revolucionario de Rosa Luxemburgo o Lenin. Hilferding parece ver en el capital financiero una solución capitalista a las contradicciones fundamentales del capitalismo. Su propia teoría del dinero, que relata en el primer capítulo del libro, le permite llegar a la conclusión de que la formación del capital financiero elimina las contradicciones en la producción para situarlas en la distribución, es decir en el consumo. De ese modo la solución del conflicto de clases podría ser exclusivamente política y el objetivo del socialismo simplemente redistributivo… que era lo que el reformismo y el centrismo, en su defensa de un parlamentarismo adocenado y cada vez más patriota, querían escuchar en la época.

Caricatura de «Puck» denunciando cómo el capital financiero dictó las regulaciones federales americanas para eliminar la competencia independiente.
Todavía puede plantearse la cuestión de dónde se da realmente el límite de la cartelización. Y esta pregunta tiene que contestarse diciendo que no existe ningún límite absoluto para la cartelización. Más bien existe una tendencia a la extensión continua de la cartelización. Como ya hemos visto, las industrias independientes caen, cada vez maś, bajo la dependencia de las cartelizadas para, al fin, ser absorbidas por ellas. Como resultado del proceso se daría entonces un «cartel» general. Toda la producción capitalista es regulada por una instancia que determina el volumen de la producción en todas sus esferas. Entonces la estipulación de precios es puramente nominal y no significa más que la distribución del producto total entre los magnates dell cartel de un lado y entre la masa de los demás miembros de la sociedad de otro. De ahí que el precio no sea el resultado de una relación objetiva, contraída por los hombres, sino un modo simplemente aritmético de la distribución de cosas por personas a las personas. El dinero no juega entonces ningún papel. Puede desaparecer por completo, pues ser trata de distribución de cosas y no de valores. Con la anarquía de la producción desaparece la apariencia objetiva, desaparece la objetividad valorativa de la mercancía, esto es, el dinero. El cartel distribuye el producto. Los elementos de producción objetivos se han vuelto a producir y se transforman en nueva producción. De la nueva producción se distribuye una parte a la clase obrera y a los intelectuales, la otra reae sobre el cartel para el empleo que guste. Es la sociedad regulada conscientemente en forma antagónica. Pero este antagonismo es antagonismo de la distribución. La distribución misma está regulada conscientemente y, con ello, se supera la necesidad del dinero. En su perfección, el capital financiero está separado del foco de donde ha nacido. La circulación del dinero se ha hecho inncesaria, la incansable circulación del dinero ha alcanzado su meta, la sociedad regulada y el perpetuum mobile de la circulación encuentra su descanso. (…)

El capital bancario se convierte cada vez más en la simple forma -forma de dinero- del capital realmente activo, esto es, del capital industrial. Al mismo tiempo, la independencia del capital comercial se elimina cada vez más, mientras que la separaciónn del capital bancario y del productivo se elimina en el el capital financiero. Dentro del mismo capital industrial se suprimen los límites de los sectores individuales mediante la asociación progresiva de ramas de la producción antes separadas e independientes, se reduce continuamente la división social del trabajo- es decir, la división en los distintos sectores de la producción, que sólo están unidos por la acción de cambio como partes de todo el organismo social- mientras que, por otro lado, se acentúa cada vez más la división técnica del trabajo dentro de las empresas unidas.

Así se extingue en el capital financiero el carácter específico del capital. El capital aparece como poder unitario que domina soberanao el proceso vital de la sociedad, como poder que nace directamente de la propiedad den los medios de producción, los tesoros naturales y todo eltrabajo pasado acumulado, y la disposición del trabajo vivo aparece como directamente nacida de las relaciones de propiedad. Al mismo tiempo, se presenta la propiedad concentrada y centralizada en manos de algunas grandes asociaciones de capital, contrapuesta directamente a la enorme masa de los desposeídos. La cuestión de las relaciones de propiedad recibe así su expresión más clara, inequívoca y agudizada, mientras que la cuestión de la organización de la economía social se soluciona cada vez mejor con el desarrollo del mismo capital financiero.

Rudolph Hilferding. El capital financiero, 1910.

J.P. Morgan, fundador de la banca Morgan y líder de la primera generación de banqueros que fueron ya «financieros», es decir, parte activa en la concentración y monopolización de la industria.
¿Qué es lo que podía atraer a Lenin de un planteamiento así? Lenin se quedará con la idea de que el capital financiero centraliza la economía entera y al introducir la planificación prepara la estructura económica del capitalismo para su toma por el proletariado. La concentración, llegada a un punto es la expresión de una la industria está madura para su expropiación. La transformación de la competencia en monopolio, la «cara B» de la ausencia de mercados para realizar la plusvalía, sería el barómetro de la posibilidad y necesidad de la revolución en cada país.

Esta transformación de la competencia en monopolio constituye uno de los fenómenos mś importantes, -por no decir el más importante- de la economía del capitalismo en los últimos tiempos. (…)

El resumen de la historia de los monopolios es el siguiente:

  1. Décadas del 60 y 70, punto culminante de desarrollo de la libre competencia. Los monopolios no constituyen más que gérmenes apenas preceptibles.
  2. Después dde la crisis de 1873, largo período de desarrollo de los cárteles, los cuales sólo constituyen todavía una excepción, no son aun sólidos, aun representan un fenómeno pasajero.
  3. Auge de fines del siglo XIX y crisis de 1900 a 1903: los cárteles se convierten en una de las bases de toda la vida económica. El capitalismo se ha transformado en imperialismo

(…)La competencia se convierte en monopolio. De ahí resta un gigantesco progreso de socialización de la producción. Se socializa también, en particular, el proceso de los inventos y perfeccionamientos técnicos.

Esto no tiene nada que ver con la antigua libre competencia de patronos dispersos, que no se conocían y que producían para un mercado ignorado. La concentración ha llegado a tal punto que se puede hacer un inventario aproximado de todas las fuentes de materias primas (por ejemplo, yacimientos de minerales de hierro) de un país, y aun, como veremos, de varios países y de todo el mundo. No solo se realiza este cálculo, sino que asociaciones monopolistas gigantescas se apoderan de dichas fuentes. Se efectúa el cálculo aproximado de la capacidad del mercado, que las asociaciones mencionadas se «reparten» por contrato. Se monopoliza la mano de obra capacitada, se contratan los mejores ingenieros, y las vías y los medios de comunicación -las líneas férreas de América y las compañías navieras en Europa y América- van a parar a manos de monopolistas. El capitalismo en su fase imperialista, conduce de lleno a la socialización de la producción en sus más variados aspectos; arrastra, por decirlo así, a los capitalistas, en contra de su voluntad y su conciencia, a cierto régimen social nuevo, de transición de la absoluta libertad de competencia a la socialización completa.

Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo, 1916

Caricatura de los famosos «robber barons», bandidos convertidos en capitanes de industria, que serían la base de la superconcentración de la industria y las finanzas americanas.
Cuando descubre cómo las empresas sobre-escaladas privan de materias primas, trabajadores, transporte, etc. a los capitalistas independientes para obligarles a someterse a su planificación industrial vertical, es inevitable pensar que está pensando en que los propios medios creados por la burguesía servirán al proletariado en el poder para conducir a la burguesía.

Nos hallamos en presencia, no ya de la lucha competitiva entre grandes y pequeñas empresas, entre establecimientos atrasados y establecimientos adelantados en el aspecto técnico. Nos hallamos ante la estrangulación por los monopolistas de todos los que no se someten al monopolio, a su yugo, a su arbitrariedad.

Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo, 1916

Porque aun siguiendo el guión de Hilferding, Lenin no se hace ninguna ilusión, ni sobre que el sistema monopolista pueda conducir a otra cosa que a la explotación intensificada de la plusvalía, ni sobre que pueda o deba ser revertido, ni aun menos sobre que sea una solución a las contracciones que conducen a las crisis:

Caricatura de 1901: el pequeño inversor se ahoga en los remolinos especulativos creados por los trusts en Wall Street.
El desarrollo del capitalismo ha llegado a un punto tal que, aunque la producción mercantil sigue «reinando» como antes y es considerada base de toda la economía, en realidad se halla ya quebrantada y las ganancias principales van a parar a los «genios» de las maquinaciones financieras. Estas maquinaciones y estos chanchullos tienen su asiento en la socialización de la producción; pero el inmenso progreso de la humanidad, que ha llegado a esa socialización, beneficia… a los especuladores. Más adelante veremos cómo, «basándose en esto», la crítica pequeñoburguesa y reaccionaria del imperialismo capitalista sueña con volver atrás, a la competencia «libre», «pacífica» y «honrada». (…)

La supresión de las crisis por los cárteles es una fábula de los economistas burgueses, los cuales ponen todo su empeño en embellecer el capitalismo. Al contrario, el monopolio que se crea en varias ramas de la industria aumenta y agrava el caos propio de toda la producción capitalista en su conjunto.

Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo, 1916

Pero sobre todo Lenin entiende que el aparato hilferdiniano, una vez despojado de su teoría del dinero, le da las claves para un análisis concreto de la concentración del capital y sus consecuencias para el estado y las alianzas entre clases. Su primer foco estará pues en la concentración bancaria y en el nuevo papel de los banqueros, directores de economías enteras.

Los capitalistas dispersos vienen a formar un capitalista colectivo. Al llevar una cuenta corriente para varios capitalistas, el banco realiza, aparentemente, una operación puramente técnica, únicamente auxiliar. Pero cuando esta operación crece hasta alcanzar proporciones gigantescas, resulta que un puñado de monopolistas subordina las operaciones comerciales e industriales de toda la sociedad capitalistas, colocándose en condiciones -por medio de sus relaciones bancarias, de las cuentas corrientes y otras operaciones financieras- primero, de conocer con exactitud, la situación de los distintos capitalistas, después, controlarlos, ejercer influencia sobre ellos mediante la ampliación o la restricción del crédito facilitándolo o dificultándolo, finalmente decidir enteramente su destino, determinar su rentabilidad, privarles de capital o permitirles acrecentarlo rápidamente y en proporciones inmensas, etc.

Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo, 1916

El mundo que está describiendo y que se despliega por primera vez hace un siglo, un mundo de colusiones y participaciones está a años luz del capitalismo de libre competencia que había operado durante la era progresiva del capitalismo. Es nuestro mundo, un mundo de monopolios, rentas y capturas del estado.

Mapa de participaciones cruzadas entre las 15 mayores empresas industriales españolas y los bancos en 2011.
Paralelamente se desarrolla, por decirlo así, la unión personal de los bancos con las más grandes empresas industriales y comerciales, la fusión de los unos y de las otras mediante la posesión de las acciones, mediante la entrada de los directores de los bancos en los consejos de supervisión (o directivas) de las empresas industriales y comerciales, y viceversa.(…)

La «unión personal» de los bancos y la industria se completa con la «unión personal» de unas y otras sociedades con el gobierno. «Los puestos en los consejos de supervisión -escribe Jeidels- son confiados voluntariamente a personalidades de renombre, así como a antiguos funcionarios del Estado, los cuales pueden facilitar en grado considerable (!!) las relaciones con las autoridades». (…)

Resulta, de una parte, una fusión cada día mayor, o según la acertada expresión de N.I. Bujarin, el engarce de los capitales bancario e industrial y, de otra, la transformación de los bancos en instituciones de un verdadero «carácter universal». (…)

En los medios comerciales e industriales se oyen con frecuencia lamentaciones contra el «terrorismo» de los bancos (…) En el fondo, se trata de las mismas lamentaciones del pequeño capital con respecto del yugo del grande, solo que en este caso la categoría de «pequeño» capital corresponde a ¡todo un consorcio! La vieja lucha entre el pequeño y el gran capital se reproduce en un grado de desarrollo nuevo e inconmensurablemente más elevado.(…)

Concentración de la producción; monopolios que se derivan de la misma; fusión o engarce de los bancos con la industria: tal es la historia de la aparición del capital financiero y lo que dicho concepto encierra. (…)
La gestión de los monopolios capitalistas se convierte indefectiblemente, en las condiciones generales de la producción mercantil y de la propiedad privada, en la dominación de la oligarquía financiera (…) [Mientras] los apologistas del imperialismo y del capital financiero no ponen al descubierto sino que disimulan y embellecen el mecanismo» de la formación de las oligarquías, sus procedimientos, la cuantía de sus ingresos «lícitos e ilícitos», sus relaciones con los parlamentos etc., etc.

Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo, 1916

Bien construidas las repercusiones internas del imperialismo, Lenin comienza a trabajar las «externas»: cómo el imperialismo modifica la relación de cada estado capitalista con los demás. Su fórmula se hará famosa:

Lo que caracterizaba al viejo capitalismo, en el cual dominaba por completo la libre competencia, era la exportación de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que impera el monopolio, es la exportación de capitales.

Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo, 1916

El naval de EEUU comienza a competir con los astilleros británicos que hasta entonces hacían sus barcos.
No nos engañemos, no está en contradicción con el modelo de la acumulación de Marx y Luxemburgo: en el capitalismo pre-imperialista, de libre mercado, cada crisis se resolvía recurriendo a nuevos mercados extracapitalistas -dentro y fuera de las fronteras nacionales- en los que realizar la plusvalía que no podía ser realizada en el mercado «interno». Conforme la escala de la producción capitalista y la plusvalía absoluta crecen, estos mercados se van agotando tanto en términos relativos como absolutos, al integrarse el agro europeo a las formas de producción capitalista.

Pero mientras hay abundancia de mercados extracapitalistas en el mundo, cada crisis puede ser superada con relativa facilidad con un nuevo empellón a favor del «libre comercio» seguido de una marea de exportaciones hacia los nuevos mercados. Gran Bretaña de hecho prohíbe abrir fábricas de hilado en la India. Se trata de exportar paños de Mánchester, no de que la industria británica compita consigo misma. Durante un tiempo la maquinaria del capital en los países capitalistas, especialmente en Gran Bretaña, se siente relativamente cómoda con esa división y no presiona al gobierno para que le permita hacer inversiones y abrir nuevas empresas en la gigantesca colonia ultramarina.

Cuando la escasez de mercados llega a hacerse acuciante al final de cada ciclo, la exportación de capitales empieza a tomar protagonismo también. Lógico: si las empresas establecidas tienen problemas para encontrar mercado y la competencia interna crece, el riesgo inversor en ellas aumenta. Y así, cuando se abren nuevos mercados, no basta con celebrar el libre comercio, no basta con exportar y esperar el efecto en la industria nacional. Hay que llevarse parte del capital al nuevo mercado para mantener viva su reproducción. Las fábricas textiles de Bélgica, los ferrocarriles y las bodegas de Portugal y España y sobre todo las minas y transportes de Sudamérica serán los primeros destinos de la fiebre de exportación de capitales británicos. Con todo la burguesía inglesa será contraria a la expansión colonial y mantendrá su esperanza en el libre comercio. Esta política tendrá de hecho su momento álgido entre 1840 y 1860.

Zinoviev y otros dirigentes de la Internacional dan un mitin desde lo alto de un alminar en el Congreso de los Pueblos de Oriente organizado por la IC en 1920 en Bakú.
Sin embargo hay un problema. Cuando hablamos en el capítulo exterior de la primera gran crisis financiera británica, eco de la primera oleada de exportaciones masivas de capital en la década de 1820 hacia Sudamérica, estamos hablando de un fenómeno exclusivamente británico. No todos los estados capitalistas agotaron tan pronto sus reservas de valor no capitalistas. Y aunque es cierto que los volúmenes de capital exportado fueron suficientes para producir una crisis financiera en 1825 (y otra en 1836) Lenin no pensaba que el imperialismo, como fase capitalista global, había comenzado tan pronto. Otros capitales nacionales llegarán más tarde a la exportación de capitales -Japón por ejemplo- y otros como Turquía no tendrán necesidad hasta ya bien metidos en el siglo XX.

Este es la verdadera diferencia entre las concepciones del imperialismo en Rosa Luxemburgo y Lenin: al caracterizar el imperialismo por la exportación de capitales, el imperialismo pasa a ser una fase en la vida de cada capital nacional primero, y solo después, una fase del capitalismo como sistema.

Se deriva del enfoque de Lenin, que existe una cierta ventana, un periodo entre que los grandes estados son imperialistas y que todo estado es imperialista… si es que los demás le dejan llegar a serlo, porque Lenin se da cuenta perfectamente de que el mapa del mundo se está «cerrando» porque el desarrollo colonial empujado por el imperialismo no ha dejado en todo el planeta un solo territorio sin estado que lo administre.

El rasgo característico del periodo que nos ocupa es el reparto definitivo del planeta, definitivo no en el sentido de que sea imposible repartirlo de nuevo -al contrario, nuevos repartos son posibles e inevitables-, sino en el de que la política colonial de los países capitalistas ha terminado ya la conquista de todas las tierras no ocupadas que había en nuestro planeta. Por vez primera, el mundo se encuentra ya repartido, de modo que lo que en adelante pueden efectuar se es nuevos repartos, es decir, el paso de territorios de un «propietario» a otro, y no el de un territorio sin propietario a un «dueño». (…)

Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo, 1916

La perspectiva del desarrollo nacional del capital, lleva a Lenin a hacer múltiples distinciones. Distingue entre «países imperialistas» y «países no imperialistas». Y entre estos diferencia entre países pequeños países que son protectorados de facto (Portugal), dependientes financieramente (Argentina), semicolonias y colonias. Incluso dentro de los grandes países imperialistas hace tres grupos.

Por vigorosa que haya sido durante los últimos decenios la nivelación del mundo, la igualación de las condiciones económicas y de vida de los distintos países bajo la presión de la gran industria, del cambio y del capital financiero, la diferencia sigue siendo, sin embargo, respetable, y entre los seis países mencionados encontramos, por una parte países capitalistas jóvenes, que han progresado con una rapidez extraordinaria (Norteamérica, Alemania y el Japón); por otra parte, hay países capitalistas viejos que durante los últimos años han progresado con mucha mayor lentitud que los anteriores (Francia e Inglaterra); en tercer lugar figura un país, el más atrasado desde el punto de vista económico (Rusia), en el que el imperialismo capitalista moderno se halla envuelto, por así decirlo, en una red particularmente densa de relaciones precapitalistas.

Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo, 1916

El imperio británico tras la primera guerra mundial, con sus colonias en rojo.
En en análisis de Lenin prima lo nacional porque para él el capitalismo es, ante todo, la emergencia de los monopolios y estos nacen como monopolios nacionales y se expanden globalmente gracias a su captura previa del estado nacional. Sus movimientos quedan registrados entonces como exportaciones de capital. Es pues un fenómeno propio de los estados capitalistas independientes con capitalismos desarrollados.

Se trataba de una línea de argumentación en la que era plausible que, que vencido el yugo colonial, las burguesías nacionales de la perifería pudieran tener un desarrollo capitalista propio, independiente de las grandes potencias y, al menos durante un tiempo, no monopolista, no brutalmente concentrado. Esto significaba que para Lenin la burguesía podía ser progresista localmente aun cuando el capitalismo como sistema global fuera reaccionario.

Por el contrario, en el análisis de Rosa Luxemburgo es el capitalismo en su conjunto el que ha dado el salto al imperialismo y lo determinante no es lo que cada capital nacional haga efectivamente -que, lleva razón Lenin, en buena medida va a depender de la correlación de fuerzas con otros estados-, sino las condiciones que globalmente le son impuestas históricamente a todas y cada una de las burguesías nacionales por el sistema de reproducción del capital en su conjunto.

Kemal Pasha (Ataturk) en una viñeta turca de 1922.
En la década siguiente sin embargo, fenómenos como el nacionalismo de Kemal Ataturk en Turquía -que tendría pronto sus equivalentes afgano y persa- que construían un estado burgués conjugando la más brutal política antiproletaria y la creación de monopolios desde el estado, mostrarían a los bolcheviques, involucrados entonces en la enmarañada política asiática, que bajo las nuevas condiciones del imperialismo las nuevas naciones pasaban directamente a la fase monopolista del capitalismo nacional sin pasar por una etapa de competencia entre pequeños productores en mercados libres. Un modelo que se convertiría en norma evidente tras la descolonización que siguió a la segunda guerra mundial como demostrarían todos los «socialismos» tercermundistas: Nehru, Sukarno, Burguiba, Gadafi, Nasser, Mobutu…

Al seguir a Hilferding y centrarse en las manifestaciones del imperialismo para explicarlo, para Lenin son las partes (los monopolios nacionales) las que crean el todo (imperialismo). El problema es que al no tratar las causas últimas del imperialismo, relacionándolo directamente con la teoría marxista del valor -como hace Luxemburgo- lo que podría haber sido el cierre de una teoría marxista sobre el imperialismo se trunca, porque se le hace invisible la consecuencia dialéctica de la primera proposición: la nueva totalidad (el imperialismo) conforma a su vez las partes (burguesías y nuevos estados nacionales) de una forma nueva.

Pero, en cualquier caso, su aporte sobre el imperialismo y su funcionamiento en tanto que sistema nacional, estatal y monopolista, es impecable y en su dimensión nacional llega más lejos que el de Rosa Luxemburgo.

Conviene dar una definición del imperialismo que contenga sus cinco rasgos fundamentales, a saber:

  1. la concentración de la producción y del capital llega hasta un grado tan elevado desarrollo que crea los monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica;
  2. la fusión del capital bancario con el industrial y la creación en el terreno de este «capital financiero» de la oligarquía financiera.
  3. la exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particularmente grande.
  4. se forman asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo y
  5. ha terminado el reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes.

Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo, 1916

Y aunque su forma de ligar el imperialismo con el paso a un nuevo estadio histórico, es lógicamente mucho más débil, no deja de ser fundamentalmente cierta:

Como hemos visto, el imperialismo es, por su esencia económica, el capitalismo monopolista. Esto determina ya el lugar histórico del imperialismo., pues el monopolio, que nace única y precisamente de la libre competencia, es el tránsito del capitalismo a una estructura económica y social más elevada. (…)

Es notorio hasta qué punto el capitalismo monopolista ha exaerbado todas las contradicciones del capitalismo. Basta indicar la carestía de la vida y el yugo de los cárteles. Esta exacerbación de las contradicciones ees la fuerza motriz más potente del período histórico de transición iniciado con la victoria definitiva del capital financiero mundial.

Los monopolios, la oligarquía, la tendencia a la dominación en vez de de la tendencia a la libertad, la explotación de un número cada vez mayor de naciones pequeñas o débiles por un puñado de naciones riquísimas o muy fuertes: todo esto ha originado los rasgos distintitvos del imperialismo que obligan a calificarlo de capitalismo parasitario o en estado de descomposición.

Lenin. El imperialismo fase superior del capitalismo, 1916