El nacimiento del PCE

Mikhail Borodin, Wang Jingwei y Zhang Tailei en 1925
Cuando el 9 de diciembre de 1919 el PSOE llega a su congreso tiene una fracción «tercerista» bien organizada a lo largo del anterior y que llega hasta su Comité Nacional. Son terceristas en ese momento dirigentes muy conocidos como Daniel Anguiano, Núñez de Arenas, Virginia Gonzalez o Torralba Beci. Pero la verdad es que una cosa era ser «tercerista», es decir partidario de la entrada del partido en la III Internacional, y otra muy distinta estar en las coordenadas ideológicas y organizativas del comunismo tras toda una vida en el pablismo. Con todo en éste, el primero de los tres congresos extraordinarios que celebrará el PSOE para decidir si entraba en la III Internacional o seguía en la II, el resultado final fue de 14.010 votos a favor de la II Internacional y 12.498 por la III. Pero no se produjo ruptura. Era duro romper el partido y no perdían la esperanza de forzar un segundo congreso en el que ganar la mayoría. Y así pasó, un nuevo congreso extraordinario fue convocado finalmente para el 20 de junio de 1920.

En enero tienen lugar los primeros contactos con la IC. Tres representantes de la Internacional -Borodin, Roy y Ramírez- llegan a Madrid desde Méjico camino de Moscú. Borodin, que como Roy pasará a la historia por su papel en la revolución china, acabará asesinado en una purga estalinista; Ramírez -alias del norteamericano Charles Phillips- venía con Borodin de fundar el Partido en EEUU, en los siguientes años será el organizador de la CGT mexicana y llevará una vida novelesca como organizador de la IC hasta 1930 cuando deje el movimiento asqueado ante las purgas y la represión estalinista.

Borodin causó muy fuerte impresión en los socialistas españoles con quienes habló. Fueron estos, en particular, Anguiano, García Cortés, Virginia González y Núñez de Arenas, de la izquierda del partido y Merino Gracia, Ugarte, Rito Esteban y Andrade, de las Juventudes. Borodin abordó en sus entrevistas el tema de la creación del Partido Comunista en España. Los socialistas partidarios de la Tercera Internacional aspiraban a alcanzar en él la mayoría y llevar el Partido en bloque a la nueva organización mundial de los trabajadores. Borodin debió de llegar a la conclusión de que aquellos hombres vacilarían demasiado a la hora de adoptar una decisión que, de cualquier manera, implicaría la división de su partido. Sin duda, esperaba más de los jóvenes, que, por su edad, todavía no habían echado raíces profundas en el Partido. Al marchar dejó en Madrid a Ramírez para que prosiguiese el trabajo solo iniciado. A partir de aquel momento los jóvenes del Comité Nacional, de la Federación y Ramírez trabajaron en estrecho acuerdo preparando la constitución del Partido Comunista.

Luís Portela. El nacimiento y primeros pasos del movimiento comunista en España, 1980

El resultado fue la aparición del primer partido comunista español antes del segundo congreso extraordinario del PSOE.

Entre estos dos congresos se había producido un hecho político y orgánico importante: la constitución el 15 de abril de 1920 del Partido Comunista Español. El Comité Nacional de la Federación de Juventudes Socialistas, que se encontraba ya en estado de ruptura completa con la dirección del partido, había entrado en contacto a primeros de 19220 con Borodin y Roy, que representaban a la III Internacional y que, camino de Rusia, procedentes de Estados Unidos, tenían la misión de proponer la constitución de un partido comunista en España. La idea fue acepttada fácil e inmediatamente por el Comité Nacional de las JJSS, tanto más porque coincidía con su propósito, que sólo retrasaba el temor a las dificultades económicas para mantener un órgano propio y la propaganda. Ante la promesa de una ayuda financiera, la decisión fue aceptada sin vacilación. (…)

Fue lo que pudiéramos llamar un verdadero golpe de estado del Comité Nacional de las Juventudes, con el asentimiento, claro está, de la mayoría de los militantes. Puestos de acuerdo todos los integrantes del CN menos dos, a los que se eliminaba de las reuniones, y la totalidad del comité de la organización de Madrid, se acoptó la resolución secreta de transformar la Federación de JJSS en Partido Comunista Españal. El CN comunicó esta decisión a todas las secciones por medio de una «carta cerrada», que solo debían abrir en una fecha determinada, que se les comunicaba en una circular adjunta, para «conocer y discutir una proposición del Comité Nacional». La fecha señalada era la del 15 de abril de aquel año 1920.

Juan Andrade. Apuntes para la historia del PCE, 1981

Es decir, llegamos a la constitución del primer grupo comunista español tres años después de la Revolución Rusa y más de un año después de que la socialdemocracia alemana ahogue en sangre la revolución alemana.

Habíamos decidido constituirnos en Partido Comunista, sin aguardar más, porque estábamos convencidos de que el ala izquierda del Partido, que tras la visita de Borodin a España había creado un Comité por la Tercera Internacional que coordinaba su acción, estaba perdiendo un tiempo precioso por sus vacilaciones y por la esperanza, que no llegó a ser un hecho, de llevar al Partido Socialista en bloque a la nueva Internacional. Ya el paso que dimos era tardío. En 1920 la ola revolucionaria iniciada en Rusia en 1917 había perdido empuje, y la clase obrera comenzaba a batirse en retirada. La socialdemocracia había dejado solo al proletariado ruso y en Alemania había contribuido a ahogar en sangre las tentativas revolucionarias de los espartaquistas. En nuestro país la represión era cada vez más fuerte y el proletariado se replegaba tras las grandes batallas sostenidas a lo largo del año anterior. Todo permitía prever que cuanto más esperase, peor sería la situación.

Luís Portela. El nacimiento y primeros pasos del movimiento comunista en España, 1980

Pero en el desarrollo de la conciencia, las prisas se pagan. Solo había habido un debate -aunque insuficiente- en Madrid y allí casi toda la agrupación local, 200 personas, se unió al partido. En conjunto el nuevo partido arrancaba con 2.000 miembros, la mitad de la JJSS. Pero mirado más de cerca, los resultados territoriales informaban de la soledad madrileña: prácticamente nadie se unió desde Asturias, donde el diputado local Saborit, pura vieja escuela pablista, pertenecía a JJSS. En otros lugares Vizcaya, donde sí hubo un desplazamiento significativo de militancia, el grupo adherido no tenía ningún sustento ideológico. También se unieron a primera hora algunos militantes cenetistas relevantes como el alicantino Hilario Arlandis, funerario y director de «Acción Sindicalista», que en el futuro ejemplificaría -con Maurín- las dificultades de los sindicalistas revolucionarios frente al nacionalismo.

Otra consecuencia desoladora de la insuficiente decantación fue que militantes destacados del momento como el mismo Merino Gracia, primer secretario del partido, tras sufrir prisión, acabarían pasando con armas y bagajes a la reacción católica. Como se vería pronto, en el núcleo directivo original solo unos cuantos habían interiorizado la militancia comunista como algo diferente a una socialdemocracia más activista.

Sin embargo, de aquel primer comité fundador destacarían en la historia del comunismo español los dos responsables políticos principales del nuevo partido: Juan Andrade, que sería alternativamente director y redactor jefe de la publicación oficial del partido hasta 1926, y Luís Portela -secretario adjunto- que seguiría en la dirección hasta 1930 cuando fundó la «Agrupación Comunista Madrileña» alineada entonces con Bujarin.

El partido comunista español se formó en medio de circunstancias particularísimas del movimiento obrero general; circunstancias que determinaron el retraso de su formación y las crisis posteriores. Por una parte, en el seno del viejo partido socialista no había existido ni la más mínima tradición teórica; por otro lado, nos encontrábamos con que cuando el sindicalismo revolucionario había fracasado en sus pruebas en todos los países, en España se hallaba, por una contradicción histórica, en su pleno esplendor. Estos dos hechos daban lugar a dos consecuencias; a una lentitud de la educación marxistta del partido y a una gran dificultad para atraer hacia el partido a las masas obreras, demasiado ilusionadas con los éxitos esporádicos y relumbrantes del anarcosindicalismo.

Juan Andrade. La crisis del partido español como consecuencia de la crisis de la IC, publicado en la revista «Comunismo» nº2, 1931

Gracias sobre todo a Andrade, el nuevo partido contó pronto con una gran velocidad de respuesta y una cierta capacidad teórica. Inmediatamente después de la constitución prepararon el último número de «Renovación», que en adelante se llamaría «El Comunista», con el titular «La Federación de Juventudes se transforma en el Partido Comunista español». La distribución de aquel número de transición comenzó por la Agrupación Socialista Madrileña, donde se había convocado una asamblea general para discutir la expulsión del hasta entonces secretario general de las Juventudes en represalia por las críticas de estas a la dirección socialista. El número incluía el Manifiesto de constitución del partido.

Los cuatro años de guerra y la revolución rusa han modificado mucho la ideología , el punto de vista, la táctica y los fines del proletariado en la lucha social. La II Internacional ha fracasado (…) Los socialistas rusos, acérrimos enemigos de la guerra imperialista y ardientes marxistas, han roto en la teoría y en la práctica con los socialistas europeos traidores de la II Internacional y han fundado la Internacional Comunista (…) Hemos llegado a un momento en que seríamos cómplices de tal estado de cosas si titubeásemos en dar el paso que hoy damos constituyendo el Partido Comunista español.

PC español. Manifiesto de constitución, 1920.

Daniel Anguiano prisionero en Cartagena en 1918 como parte del comité de la huelga general.
El «partido de los 100 niños», como lo llamaban despectivamente en el PSOE, era mayoritariamente obrero y pronto tuvo una activa presencia sindical. Si interpretamos los votos a favor del ingreso de la UGT en la Internacional Sindical Roja como producto de su influencia, casi un 15% de los representantes en su congreso de 1920 pertenecían o simpatizaban con el PC. Los influyentes sindicatos de la madera de UGT se unieron en un sindicato de industria bajo el liderazgo de Chicharro, Arroyo y otros jóvenes del partido; la dirección de los sindicatos de dependientes de comercio, pintores, sastres, colchoneros, etc. fue pronto a parar a las manos de unos jóvenes militantes entre lo que nunca hubo ningún «liberado» ni existieron las marrullerías y disputas internas típicas del PSOE que solo reaparecerían en 1922 de la mano del grupo vizcaíno del partido unificado. Pero aun faltaba para eso. Al poco tiempo de la constitución del PC, en junio, se celebraba el segundo congreso extraordinario del PSOE.

En el segundo Congreso extraordinario, reunido para tratar la misma cuestión, la división de los votos cambió bastante fundamentalmente: 8.268 votos a favor de la III Internacional, 5.016 contra y 1.615 abstenciones. Ante este resultado, los dirigentes reformistas del partido lograron hacer prosperar una maniobra para demorar la aplicación del acuerdo: enviar a Moscú una delegación para que se informase directamente de la situación, delegación integrada por Fernández de los Ríos y Daniel Anguiano o sea, un representante de la derecha y otro de la izquierda. Esta delegación debía someter al Comité Ejecutivo de la III Internacional tres condiciones para la adhesión del partido español:

  1. el PSOE pedía una plena autonomía para determinar la táctica a adoptar en España;
  2. derecho para el PSOE de revisar en sus Congresos los acuerdos que se adoptasen por la III en los suyos;
  3. que en el PSOE existía la tendencia a unificar a todos los partidos como lo hacía el Partido Socialista Francés y el Partido Socialista Independiente Alemán. Lo que quería decir conformidad con la Internacional de Viena, a la que se denominaba entonces Internacional Segunda y Media, lo cual era una trampa para evitar la adhesión a la III Internacional sin solidarizarse totalmente, de manera pública, con la II Internacional, que estaba demasiado desacreditada entre los trabajadores.

    Como puede comprenderse fácilmente, estas condiciones ultimatistas hacían inaceptable la adhesión, pero permitíana los reformistas aplazar el acuerdo y maniobrar todavía más para el próximo congreso del partido, que debía adoptar la decisión definitiva.

Juan Andrade. Apuntes para la historia del PCE, 1981

Pero lo sorprendente no es el manejo burocrático y dilatorio de la dirección sino que la fracción tercerista jugara en el mismo plano y no fundamentara la ruptura en un programa más amplio y profundo. Llegaron a abril de 1921, fecha del tercer y definitivo congreso socialista sobre la III Internacional, en medio de un claro retroceso del movimiento obrero dentro y fuera de España, sin haber hecho un esfuerzo teórico para entender la situación mundial. Por lo que, aunque lo hubieran intentado, tampoco hubieran podido discutir y trabajar con las bases del PSOE más allá de la apelación sentimental.

En abril de 1921 se celebró el tercer congreso extraordinario del PSOE para oir el informe sus delegados a Moscú y decidir sobre la adhesión a la III Internacional. Fernández de los Ríos, naturalmente, hizo un informe violentamente en contra. Explotó de mala fe la expresión con que le había respondido Lenin al preguntarle el profesor español: «¿Y la libertad?», contestándole: «¿Libertad para qué?», lo que, por otra parte, toda la prensa reaccionaria española explotó para explicar «el carácter antidemocrático de la revolución bolchevique». El profesor docto en marxismo no había comprendido el sentido de la frase, no sabía que, para el marxismo, libertad genérica sin libertad económica no es nada. Pero Fernández de los Ríos fue toda su vida ajeno al socialismo, aunque militó en el partido.

Daniel Anguiano, según su costumbre, hizo un informe lleno de sentimentalismo, haciendo reparos a la adhesión, pero aconsejándola. Lo que más le acongojaba era que las 21 condiciones llevaban implícitamente otra haciendo incompatible la militancia comunista con pertenecer a la masonería. Y él era, ante todo, masón. Su intervención y el carácter dubitativo de su propuesta, restó bastantes votos a la adhesión a la III Internacional.

Como resultado, fue rechazada la adhesión a la III Internacional en el congreso socialista, por 8.858 votos contra 6.094. Durante un año los dirigentes socialistas habían maniobrado bien el partido. Al conocerse el resultado, los delegados partidarios de la III Internacional hicieron una declaración (…) Se agregaba que a partir de ese momento se constituían en el Partido Comunista Obrero Español, para distinguirse así del primero. Desde entonces existieron dos partidos comunistas en España, y dos órganos de prensa distintos: «El Comunista» y «Guerra Social».

No ofrecía duda que era absolutamente diferente la mentalidad de los dirigentes de los dos partidos y la manera de enfocar los problemas. A pesar de su juventud, los del primero tenían una formación teórica más seria, como reconocían los delegados de la Internacional.

Juan Andrade. Apuntes para la historia del PCE, 1981

G.J. Geers en 1927
En esa época Andrade estaba traduciendo «El Estado y la Revolución» de Lenin con ayuda de Geers. Gerardus Johannes Geers era un joven comunista holandés que había llegado a Madrid en abril de 1918. Ambos se habían conocido en el Ateneo. Se puede decir que Geers fue la ventana a través de la que el marxismo revolucionario llegó de nuevo a España. Hasta 1920 en vivo y después mediante correspondencia les puso al día de las tendencias en la Internacional y les hizo de contacto con Pannekoek, Henriette Roland Holst y Herman Gorter, cuyos artículos tradujo para «El Comunista». Gracias a Geers, se cartearon con Rutgers, Wijnkoop, Van Overstraeten y Bordiga, es decir, con los dirigentes de las tendencias de la Izquierda Comunista entonces nacientes en Alemania, Holanda, Bélgica e Italia.

A principios de mayo de 1920, mientras «El Comunista» dedica unos cuantos artículos a defender la táctica anti-parlamentarista de Bordiga ligándola a la historia y el posicionamiento mayoritario del proletariado español, Lenin arranca su luego famosa campaña contra «el izquierdismo». Además de su famoso folleto sobre la «enfermedad infantil», el Buró de Amsterdam de la IC es «desafiliado».

Las declaraciones de Lenin son completamente oportunistas y las del Com. Ejec. de Moscú no reflejan tampoco un criterio muy acertado. Como nosotros mantenemos una posición de izquierda, no podemos solidarizarnos con eso.

Carta de Andrade a Geers, 3 de julio de 1920.

Henriette Roland Holst en 1920. Una de las teóricas de la izquierda comunista más influyentes en el primer PCE.
A punto estuvo Andrade de publicar un artículo sobre el oportunismo de la campaña anti-izquierda de Lenin, pero la presión de la Internacional, que empujaba hacia una fusión con el PCO, llevó a que el comité le desaconsejara hacerlo. La Internacional se está centralizando, reclamando la capacidad de imponer la táctica a cada uno de sus miembros en cada momento. Y como se percibe una fase de repliegue y debilidad de la oleada revolucionaria en Occidente, lo que trata de imponer es una vuelta «con principios revolucionarios» a los viejos puntales tácticos de la socialdemocracia: parlamentarismo y sindicalismo. Para la izquierda no es una cuestión de «prisas» ni de si el curso histórico ha cambiado o no, sino que siguiendo la estela de la fallecida Rosa Luxemburgo, entiende que las formas de lucha en un capitalismo decadente han mutado necesariamente.

En cualquier caso la joven dirección, bajo una represión creciente y en batalla con el PCO, deciden acatar a la línea de la Internacional, primando la batalla contra el centrismo que denunciaban en el PCOE e intentando a toda costa evitar la fusión primero y finalmente, cuando la IC intervino para forzarla enviando a Antonio Graziadei -un «independiente» a la derecha de la derecha Gramsciana del Partido italiano- asegurar el liderazgo orgánico en el resultado.

La existencia de los dos partidos comunistas se manifestó inmediatamente por un combate violento, llevado a cabo especialmente por el PCE que era el reconocido por la III Internacional, contra el PCOE. Se denunciaba el él a los viajeros reformistas -inasimilables, decíamos- que habían sido y eran los dirigentes del PCOE, y su inadaptación a la nueva orientación revolucionaria del movimiento obrero. Declarábamos nuestra incompatibilidad total con ellos.

Pocos meses después, el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista resolvió intervenir en la situación española para lograr la fusión de los dos partidos. Del 7 al 14 de noviembre de 1921, se celebraron en Madrid las reuniones para la unificación. (…) El I Congreso del Partido unificado, llamado desde entonces Partido Comunista de España, se celebró en marzo de 1922. Al hacerse la fusión, según los informes de los delegados de la IC, el PCE tenía 20.50 afiliados y el PCOE 4.500. (…) Pero muy pronto volvió a abrirse una nueva crisis en el partido fusionado. De los nueve miembros del Comité Ejecutivo procedentes de las Juventudes Socialistas, cinco conenzaron a identificarse casi totalmente con los dirigentes del PCOE. Los otros cuatro, ante nuestra imposibiliad de influenciar positivamente la orientación del partido, decidimos la constitución de un grupo en el interior partido llamado «Oposición Comunista de España».

Juan Andrade. Apuntes para la historia del PCE, 1981

La Antorcha, órgano oficial del Partido Comunista, 1 de mayo de 1922
Los cuatro «oposicionistas» fueron temporalmente excluidos. Pero el ambiente de discusión era sano y franco. Las tendencias antiparlamentarias se discutieron abiertamente en «El Comunista» durante algún tiempo más y cuando el cuarto congreso de la IC (diciembre 1922) lanzó las tesis del frente único, obtuvo resistencia y crítica.

Pero el verdadero problema del partido seguía estando en el atraso y aislamiento intelectual de muchas provincias. Los comunistas vizcaínos, dirigidos por Bullejos, mostraban una propensión al matonismo y el pistolerismo que pronto se haría célebre. No solo andaban a tiros en las huelgas con los pistoleros patronales y la policía, sino que ensayaban una guerra civil particular con los socialistas. La práctica de la violencia del grupo vizcaíno acabó costando al partido la expulsión de sus sindicatos de la UGT en 1922, cuando un militante vasco, en una de las frecuentes broncas del congreso, disparó y mató a un delegado obrero socialista.

Durante los años 22 y 23, hasta la proclamación de la dictadura de Primo de Rivera en septiembre, la izquierda -aunque separada de la izquierda comunista internacional- seguía creciendo. Cuando se celebró el segundo congreso, en julio del 23, tenía ya la mayoría. Aunque el delegado de la Internacional, el suizo antiguo pastor protestante, Humbert Drotz, se asegurase de darle el control del congreso a los centristas ex-PCOE, casi todos los excluidos fueron reincorporados a la dirección y por fin las heridas de la fusión parecieron haber sanado definitivamente.

Pero a pesar de todo, el balance histórico, siendo meritorio, no da para echar las campanas al vuelo: el PCE no era, ni podía ser ya, un partido de masas como los de la II Internacional por mucho que se empeñara la IC, pero tampoco había sabido convertirse en un partido de vanguardia y menos aun servir de guía a la clase en su acción política.

Los partidos comunistas se han formado en todos los países a través de las minorías de oposición revolucionaria que existieron antes, durante y después de la guerra en el seno de los partidos socialdemócratas. Estas minorías mantenían ya dentro de los partidos, de manera más o menos acertada, los principios del marxismo revolucionario. Constituían núcleos de afinidad marxista revolucionaria dentro de la socialmemocracia. Batallaban diariamente contra la oligarquía reformista y se esforzaban por dar una interpretación coherente marxista a la política del partido. Cuando surgieron los partidos comunistas, es decir, cuando surgió la escisión dentro de los partidos socialdemócratas, los nuevos partidos comunistas que surquieron de esta separación se encontraron con un estado mayor teóricamente capacitado a consecuencia de las luchas desarrolladas en el seno del viejo partido. La constitución en estos países del partido comunista fue la derivación lógica de toda una actuación contra el reformismo oficial.

No puede de ninguna manera decirse que éste fuera el caso de España. País de menos tradición marxista, incluso en el sentido equívoco que los socialdemócratas daban a la palabra, no ha existido en Europa. El «pablismo», única definición específica que puede darse a lo que en España ha pasado por socialismo, era una mezcla de obrerismo reformista a secas y de democratismo pequeñoburgués. La divulgación de los trabajos de Lafargue realizada por los viejos socialistas era en el fondo solo la necesidad de dar un barniz teórico a su política. Los grandes problemas planteados en la socialdemocracia europea no encontraban eco en las filas del socialismo español. Este se hallaba políticamente aislado del mundo.

En medio de esta especie de socialismo doméstico, de este obrerismo sin contenido teórico, no surgieron los grupos marxistas revolucionarios que en otros píses libraban batalla contra la política oficial en el seno de los partidos. Solo durante la guerra se dibujó algo esta tendencia en el movimiento pacifista, pero no internacionalista, del cual era intérprete la Juventud Socialista de Madrid, partidaria de la conferencia Zimmerwald. Pero la escasez de fundamento teórico de esta tendencia hacía que su posición fuera el eco de un sentimiento humanitario de sus adheridos y no la consecuencia lógica de una comprensión clasista del problema. Indica esto la misma derivación política que los grupos zimmerwaldianos tuvieron en otros países y la que tuvieron aquí. En los demás países fueron el núcleo director de los partidos comunistas; en España se disolvieron como azucarillos en el vaso de agua y no fueron capaces de encauzar la corriente partiddaria de la Tercera Internacional.

Faltos de este desenvolvimiento preliminar en el seno del viejo partido, los integrantes del partido comunista se encontraron sin esa experiencia teórica y práctica que a modo de bagaje revolucionario llevaron los militantes de otros países al seno de los nuevos partidos. La interpretación revolucionaria del marxismo que la IC representaba fue como la aparición ante sus ojos de un nuevo mundo. De aquí surgió aquel horror fatal hacia las veintiuna condiciones, que solo en último caso se aceptaron por un movimiento sentimental de fervor a la revolución rusa. No podía formarse del día a la mañana una nueva concepción revolucionaria; pesaba mucho el pasado y, además, era una grave cuestión improvisarlo todo. Este núcleo, es decir, el procedente del partido socialista, después de varios años de permanencia en él y de no haberse librado del lastre de la educación «pablista», fue el grupo director de mas personalidad dentro del partido comunista.

A este núcleo fundamental vinieron a unirse otros dos en el seno de la sección española de la IC. Uno, el de los que se habían iniciado en la actividad política después de la revolución rusa y que habían degluutido apresuradamente la interpretación leninista del marxismo, sin la menor experiencia política ni organizativa; otro, el de los procedentes del anarcosindicalismo, que traían al partido los prejuicios libertarios. El primero de estos dos últimos grupos estaba representado por los que fundamos el partido comunista español. Gente joven, sin experiencia ni sindical ni política, tendíamos a doogmatizar y hacia el sectarismo. Nuestra palabra no hallaba eco más que en camaradas de nuestra misma condición.

De estos elementos tan dispares nació el partido comunista español unificado, en el mes de septiembre de 1921. Hay que advertir que, al localizar el análisis en España, no olvidamos que de elementos de procedencias similares se an nutrido todas las secciones de la IC. Pero la diferencia esencial que trato de establecer consiste en que, mientas en los demás países se encontraban con un núcleo director (el procedente del viejo partido), en España no sucedió lo mismo. Esto contribuyó en gran parte a las crisis que ha atravesado el partido desde 1924.

Otro factor vino a agregarse, factor que hemos insinuado en las primeras líneas de este artículo. Cuando en todos los países se había evidenciado a la luz de los acontecimientos la insuficiencia política del sindicalismo revolucionario en España éste se encontraba en pleno delirio de triunfos, consecuencia del retraso con que el movimiento capitalista y proletario se han desenvuelto en nuestro país siempre. La demagogia apolítica del anarcosindicalismo había prendido en las masas españolas. Cuando después de la guerra el papel predominante de los partidos comunistas se había evidenciado en toda su necesidad, los dirigentes anarcosindicalistas españoles pregonaban a los cuatro vientos como suprema panacea la organización sindical con carácter «apolítico». El primer partido comunista español surgió en pleno apogeo del anarcosindicalismo, el cual dejaba sentir su influencia hasta en el propio seno del partido. Se tropezaba con la inmensa dificultad de hacer comprender a las masa, influenciadas por el cretinismo «apolítico», la importancia y necesidad del partido disciplinado del proletariado. Debido a esto en gran parte, el desarrollo del partido ha sido lento hasta estos últimos tiempos, en que ya se ha hecho la experiencia sindicalista y se ha visto su insuficiencia.

Formado en estas circunstancias y con individuos de tan diferente educación política, era natural que en el interior del partido se exteriorizasen estas contradicciones. De una manera más o menos práctica, constantemente, hasta el año 1924 la sección española vivió en permanente crisis. Pero entendámonos bien; al referirme a crisis me refiero a las naturales en el proceso normal del desenvolvimiento de un partido, a las platadas en el terreno de la honradez política y no en el campo de Agramante de la concupiscencia, del arribismo y del aventurerismo. Dos de estos grupos directores, el procedente del viejo partido y el de los nuevos militantes, se enfrentaban principalmente en Madrid y en el seno del Comité Central. El grupo de procedencia sindicalista, actuando unas veces como fracción del partido y otras desde fuera, pero queriendo influe nciar y ganar su dirección desarrollaba su actividad frente a estas dos tendencias manifestadas en Madrid y en el Comité Central, A este grupo se agregaba, por necesidades de estrategia circunstancial, el núcleo bullejista de Bilbao, que reaccionaba así contra los ataques que a su política aventurerista dirigían las dos fracciones del Comité Central, compenetradas en reconocer la necesidad de acabar con la mala política llevada a cabo en Bilbao.

Juan Andrade. La crisis del partido español como consecuencia de la crisis de la IC, publicado en la revista «Comunismo» nº2, 1931

En las siguientes entregas de este curso estudiaremos el origen y peso de la corriente sindicalista en el movimiento comunista español y el aventurerista grupo vizcaíno de Bullejos en cuyo comité despuntaba ya una joven Dolores Ibarruri.