¿Eran feministas Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin?

No. Rosa Luxemburgo no era feminista. Muy al contrario. Incluso se burla en una carta a Luisa Kautsky cuando su amiga y militante Clara Zetkin les invita por primera vez a un congreso de mujeres socialistas «¿Es que acaso ahora somos feministas»?

Era en realidad solo una broma. Mientras el feminismo considera a «las mujeres» un sujeto político propio e independiente -y por tanto a veces contradictorio- con la clase trabajadora, para los socialistas de la II Internacional, incluidas Zetkin y Luxemburgo es una mera entelequia dividida por intereses de clase cuya aceptación entre las trabajadoras llevaría solo a la fractura de la clase y la pérdida de su autonomía.

Las defensoras de los derechos de las mujeres burguesas desean adquirir derechos políticos para participar en la vida política. Las mujeres proletarias solo pueden seguir el camino de las luchas obreras, lo opuesto de poner un pie en el poder real por medio de estatutos básicamente jurídicos.

Rosa Luxemburgo

Clara Zetkin dando un meeting durante la Revolución
Rosa Luxemburgo tenía clara la naturaleza de clase del feminismo y por eso lucho durante años en la prensa socialdemócrata y en los congresos socialista de todo tipo para evitar un «frente común de organizaciones de mujeres» con las feministas.

Si Clara Zetkin organizaba grupos de mujeres socialistas era por lo mismo que la II Internacional creaba grupos de jóvenes: para llegar con su programa al conjunto de la clase trabajadora y no solo a los trabajadores de grandes concentraciones obreras en sus centros de trabajo. Aunque en la Alemania de la época había muchas mujeres en las fábricas, la mayoría de las mujeres obreras se dedicaban a trabajos no industriales, a la crianza de sus propios hijos y a industrias basadas en trabajo doméstico.

No hay más que un sólo movimiento, una sola organización de mujeres comunistas -antes socialistas- en el seno del partido comunista junto a los hombres comunistas. Los fines de los hombres comunistas son nuestros fines, nuestras tareas

Clara Zetkin

Cartel del SPD convocando al día de fraternidad entre hombres y mujeres trabajadoras / Frauentag.
Pero entonces, ¿qué sentido tenía el 8 de marzo creado a iniciativa de Zetkin?

La posición oficial de la II Internacional fue, desde el Congreso de Stuttgart, reivindicar en todos los países el sufragio universal tanto para hombres como para mujeres como parte de la lucha de los trabajadores por afianzarse como sujeto político organizado. Y sin embargo, Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo batallarán fieramente durante años contra la propuesta de las feministas a nivel internacional de hacer un frente único de organizaciones de mujeres por el sufragio femenino. En vez de entrar en el juego posibilista, remarcarán el carácter socialista y obrero del movimiento por el sufragio realmente universal, es decir, incluyendo la consecución del voto por las mujeres. Parte de la estrategia para conseguirlo fue la propuesta, que haría Zetkin, de convertir el 8 de marzo en «Día de Solidaridad Internacional entre las mujeres proletarias» en 1910.

La fecha y la denominación son importantes: se conmemoraba un infame y cruel asesinato patronal de obreras en huelga, lo que no podía sino incomodar a unas feministas que eran en su mayoría esposas e hijas de la burguesía industrial. Las manifestaciones y huelgas del 8 de marzo no eran «de mujeres», sino una manifestación de la capacidad de la clase trabajadora para poner en cuestión el orden establecido y la continuidad de la producción.

En otras palabras, es difícil imaginar una festividad más específicamente diseñada para poner en evidencia al feminismo de la época. No sería exagerado decir que el 8 de marzo era, en realidad, una manifestación contra el feminismo.

Cuando en 1914 estalla la Primera Guerra Mundial los miedos del ala izquierda de la socialdemocracia se confirman: la tendencia «reformista» se alinea en cada país con los gobiernos y llaman a los trabajadores a alistarse y matarse unos a otros en masa. La tecnología y la lógica de la producción industrial a gran escala se usará por primera vez para destruir y masacrar. Morirán a lo largo de la guerra más de 30 millones de personas, en su mayoría jóvenes trabajadores; quedarán también millones de heridos. La conclusión de los marxistas es obvia: un sistema que dedica sus capacidades a la destrucción de sus principales fuerzas productivas -capital y trabajo- ya no puede ser progresivo, ha de ser abolido cuanto antes.

En el momento más duro de persecución Zetkin organizará una conferencia internacional contra la guerra… aunque en su título fuera «de mujeres» el objetivo no tendrá nada de específicamente femenino sino:

Conducir a los proletarios a liberarse del nacionalismo y a los partidos socialistas a recuperar su entera libertad para la lucha de clases. El fin de la guerra no puede ser alcanzado más que por la voluntad clara e inquebrantable de las masas populares de los países beligerantes. En favor de una acción, la Conferencia hace un llamamiento a las mujeres socialistas y a los partidos socialistas de todos los países: ¡Guerra a la guerra!

Las feministas británicas -las sufragistas- mientras tanto, han «exigido» ser parte del «esfuerzo de guerra» y tener un papel apoyando a sus gobiernos y ejércitos en la carnicería bélica. Nada podía haber dado más la razón a las antiguas diatribas de Zetkin y Luxemburg contra ellas.