Guerra y Revolución mundial

Portada del «Vorwarts», diario oficial de la socialdemocracia alemana, apoyando la participación de Alemania en la guerra.
El estallido de la guerra mundial en agosto de 1914 marcó un punto de no retorno en el desarrollo imperialista.

El imperialismo ha enterrado completamente el viejo programa democrático burgués; la expansión más allá de las fronteras nacionales (cualesquiera que fuesen las condiciones nacionales de los países anexionados) se convirtió en la plataforma de la burguesía de todos los países. Si el término «nacional» permaneció, su contenido real y su función se han convertido en su contrario; actúa sólo como mísera tapadera de las aspiraciones imperialistas y como grito de batalla de sus rivalidades, como único y último medio ideológico para lograr la adhesión de las masas populares y desempeñar su papel de carne de cañón en las guerras imperialistas.

Rosa Luxemburgo. La crisis de la socialdemocracia, 1916

Los estados europeos mandan uno tras otro a sus propios trabajadores a morir y matar en masa a otros trabajadores en una guerra de exterminio que expresa a qué punto se ha llegado en la sobre-acumulación y hasta qué punto los mercados nacionales y coloniales son ya insuficientes para todos y cada uno de los grandes capitalismos mundiales. La guerra es mundial porque el capitalismo ya no «cabe» en el mercado nacional, porque el capital ha entrado en contradicción aguda con el estado nacional.

La guerra precipita la ruptura entre la izquierda y el oportunismo en el seno de la Internacional. Con una excusa u otra -la guerra para Francia tendría solo un carácter defensivo, para Alemania el objetivo sería acabar con el régimen feudal zarista, etc.- prácticamente todos los grandes partidos socialistas cierran filas en torno al esfuerzo de guerra de sus burguesías. El grupo parlamentario del SPD vota en bloque aprobar los créditos de guerra. Solo Carlos Liebknecht vota en contra y se le impide leer su argumentación, incorporarla al orden de sesiones y publicarla en cualquier periódico.

Carlos Liebknecht, hijo del fundador de la socialdemocracia alemana, Guillermo Liebknecht, abogado, diputado en el Reichstag por el SPD, internacionalista y fundador de la Liga Espartaquista.
Mi voto contra el proyecto de Ley de Créditos de Guerra del día de hoy se basa en las siguientes consideraciones: Esta guerra, deseada por ninguno de los pueblos involucrados, no ha estallado para favorecer el bienestar del pueblo alemán ni de ningún otro. Es una guerra imperialista, una guerra por el reparto de importantes territorios de explotación para capitalistas y financieros. Desde el punto de vista de la rivalidad armamentística, es una guerra provocada conjuntamente por los partidos alemanes y austríacos partidarios de la guerra, en la oscuridad del semifeudalismo y de la diplomacia secreta, para obtener ventajas sobre sus oponentes. Al mismo tiempo la guerra es un esfuerzo bonapartista por desorganizar y escindir el creciente movimiento de la clase trabajadora.

Carlos Liebknecht. Voto contra los créditos de guerra, 1914

Cuando Lenin, en Zurich, lee el Vorwarts, el periódico oficial de la socialdemocracia alemana, apoyando la guerra y los créditos, piensa que el ejemplar que tiene entre sus manos es una falsificación creada por la inteligencia alemana. El colapso de la Internacional es total y es hora de darla por muerta.

La traición al socialismo cometida por la mayoría de los jefes de la II Internacional (1889-1914) significa la bancarrota política e ideológica de esta Internacional. La causa principal de dicha bancarrota está en el predominio efectivo en ella del oportunismo pequeñoburgués, cuyo carácter burgués y cuyo peligro vienen señalando desde hace largo tiempo los mejores representantes del proletariado revolucionario de todos los países. Los oportunistas venían preparando hace ya tiempo la bancarrota de la II Internacional, al negar la revolución socialista y sustituirla con el reformismo burgués; al negar la lucha de las clases y su indispensable transformación, en determinados momentos, en guerra civil, y al propugnar la colaboración en tre las clases; al preconizar el chovinismo burgués con los nombres de patriotismo y defensa de la patria y al omitir o negar la verdad fundamental del socialismo, expuesta ya en el Manifiesto Comunista, de que los obreros no tienen patria; al limitarse en la lucha contra el militarismo al punto de vista sentimental pequeñoburgués en lugar de reconocer la necesidad de la guerra j de los proletarios de todos los países contra la burguesía de todos los países; al convertir la utilización ineludible del parlamentarismo burgués y de la legalidad burguesa en un fertichismo de esta legalidad y en el olvido de que, en épocas de crisis, son obligadas las formas clandestinas de organización y de agitación.

Lenin. Tareas de la socialdemocracia revolucionaria en la guerra europea, 1914

Enero 1919. Liebknecht se dirige a la multitud en un mitin espartaquista en Berlín.
La socialdemocracia revolucionaria, la izquierda de la Segunda Internacional, se pone en marcha bajo un nivel de represión general desconocido hasta entonces. Son pocos, poquísimos, luchan contra un ambiente belicista histérico promovido machaconamente por los medios de comunicación y resguardado por la censura más estricta.

La absurda consigna «aguantemos» ha tocado fondo. Sólo nos lleva más y más hondo dentro del vórtice del genocidio. La lucha de clases del proletariado internacional contra el genocidio imperialista internacional es el mandato socialista de la hora.

¡El enemigo principal de cada uno de los pueblos está en su propio país!

El enemigo principal del pueblo alemán está en Alemania. El imperialismo alemán, el partido alemán de la guerra, la diplomacia secreta alemana. Este enemigo que está en casa debe ser combatido por el pueblo alemán en una lucha política, cooperando con el proletariado de los demás países cuya lucha es contra sus propios imperialistas.

Carlos Liebknecht, El enemigo principal está en casa, 1915

Volver las armas contra el verdadero enemigo, transformar la guerra en revolución. Suena irreal en medio del ambiente opresivo del hooliganismo patriótico. Cuando Lenin elabora el primer programa bolchevique para la nueva situación, sigue pensando en el marco de una revolución democrática.

Lenin en Zurich
En la actualidad deben ser consignas de la socialdemocracia:

  1. Hacer amplia propaganda, extendiéndola tanto a las tropas como al teatro de operaciones militares, de la revolución socialista y de la necesidad de dirigir las armas no contra nuestros hermanos, los esclavos asalariados de otros países, sino contra los gobiernos y partidos reaccionarios y burgueses de todos los países.
    Organizar obligatoriamente células y grupos clandestinos entre las tropas de todas las naciones para relizar esa propaganda en todas las lenguas. Combatir implacablemente el chovinismo y el «patriotismo» de los pequeños burgueses y burgueses de todos los países sin excepción. Contra los cabecillas de la Internacional actual, que han traicionado el socialismo, apelar obligatoriamente a la conciencia revolucionaria de las masas obreras, las cuales soportan sobre sus espaldas todo el peso de la guerra y, en la mayoría de los casos, son enemigas del oportunismo y el chovinismo.
  2. Hacer propaganda, como una de las consignas inmediatas, de la república alemana, polaca, rusa, etc.,
    a la par con la transformación de todos los estados de Europa en los Estados Unidos republicanos de Europa.
  3. Luchar especialmente contra la monarquía zarista y contra el chovinismo ruso, paneslavo, y propugnar la revolución en Rusia, así como la liberación y la autodeterminación de los pueblos oprimidos por Rusia, con las consignas inmediatas de república democrática, confiscación de las tierras de los terratenientes y jornada de ocho horas.

Lenin. Tareas de la socialdemocracia revolucionaria en la guerra europea, 1914

Foto de grupo de participantes y público, en su mayoría socialistas suizos, en la conferencia de Zimmerwald.
La matanza se despliega sin aparente oposición en las masas populares. Las bajas, que se contabilizan ya en cientos de miles, pasarán a ser millones en breve. Los socialistas que no han caído en el nacionalismo son pocos, los que mantienen posiciones revolucionarias aun menos. En 1915 el partido italiano, el suizo y el búlgaro, los únicos que no han caído en bloque en la orgía patriótica, convocan una conferencia internacional contra la guerra.

[Grimm, el encargado de la organización,] había elegido para la reunión un lugar situado a diez kilómetros de Berna, un pueblecillo llamado Zimmerwald, en lo alto de las montañas. Nos acomodamos como pudimos en cuatro coches y tomamos el camino de la sierra. La gente se quedaba mirando, con gesto de curiosidad, para esta extraña caravana. A nosotros no dejaba de hacernos tampoco gracia que, a los cincuenta años de haberse fudado la Primera Internacional, todos los internacionalistas del mundo pudieran caber en cuatro coches. Pero en aquella broma no había el menor escepticismo. El hilo histórico se rompe con harta frecuencia. Cuando tal ocurre, no hay sino anudarlo de nuevo. Esto precisamente era lo que íbamos a hacer a Zimmerwald.

León Trotski. Mi vida, 1929

Una de los cientos de manifestaciones obreras en la Perspectiva Nevsky tras la revolución de febrero.
La conferencia se abre con un mensaje enviado por Liebknecht desde prisión que concluye con una consigna que marca la posición de la izquierda: «¡No a la paz civil! ¡Sí a la guerra civil!». Sin embargo, la minoría revolucionaria quedará en una exigua docena entre los 38 representantes en el congreso. Su boceto de resolución será derrotado por 18 votos a 12.

Y a pesar de todo, la «izquierda de Zimmerwald» resulta fundamental para entender lo que vino después. A finales de 1916 los motines se multiplican en el ejército francés. En Rusia el descontento es cada vez mayor y con él aparecen los primeros episodios de confraternización entre soldados de ejércitos contrarios. En Rusia movimiento culminará en febrero con la formación de soviets de soldados que se unen a los de los obreros sublevados en las capitales de todo el Imperio Ruso, desde Bakú hasta Finlandia.

Cuando, a principios de abril, Lenin vuelve desde Finlandia, aporta dos ideas que serán clave en el curso de la revolución. La primera, que esos soviets que acababan de derribar al zarismo con solo organizarse y estaban entregando su poder a una burguesía renuente, pensando que «a Rusia le espera una revolución burguesa», eran ya un estado obrero en embrionario. Es decir, que la forma contemporánea de la Comuna y el «Estado-Comuna», como le llama Lenin, es el consejo obrero, el soviet. El consejo obrero, con su democracia directa y ejecutiva, con su centralización de poderes, con su funcionamiento antiburocrático, con la participación directa de miles de obreros… es «la forma al fin encontrada» de la dictadura del proletariado.

Lenin por Isaak Brodsky
En la medida en que los soviets existen, en la medida en que son un poder, existe un Estado del tipo de la Comuna de París. Subrayo «en la medida», pues solo se trata de un poder en estado embrionario.

Lenin. La dualidad de poderes, abril 1917

Así que los soviets son mucho más que organizaciones para la insurrección: son el estado obrero.

Sesión del soviet de Petrogrado, 1917.
Los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., son incomprendidos no solo en el sentido de que la mayoría no ve con claridad su significación de clase ni su papel en la revolución rusa; son incomprendidos también en el sentido de que representan una nueva forma, o mas exactamente, un nuevo tipo de Estado.

El tipo mas perfecto, mas avanzado de Estado burgués es la república democrática parlamentaria. El poder pertenece al Parlamento; la maquina del Estado, el aparato y los órganos de gobierno son los usuales: ejercito permanente, policia y una burocracia prácticamente inamovible, privilegiada y situada por encima del pueblo.

Pero desde finales del siglo XIX, las épocas revolucionarias hacen surgir un tipo superior de Estado democrático; un Estado que, en ciertos aspectos, deja ya de ser, según la expresión de Engels, un Estado. «no es ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra». Nos referimos al Estado del tipo de la Comuna de Paris, que sustituye el ejercito y la policia, separados del pueblo, con el armamento directo e inmediato del pueblo. En esto reside la esencia de la Comuna, calumniada por los escritores burgueses, y a la que, entre otras cosas, atribuían erróneamente la intención de «implantar» en el acto el socialismo.

La revolución rusa comenzó a crear, primero en 1905, y luego en 1917, un Estado precisamente de ese tipo. La República de los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., congregados en la Asamblea Constituyente de los representantes del pueblo de toda Rusia, o en el Consejo de los Soviets, etc.: he ahí lo que esta encarnando ya en la vida de nuestro país, ahora, en este momento, por iniciativa de un pueblo de millones y millones de hombres, que crea la democracia, sin previa autorización, a su manera, sin esperar a que los señores profesores demócratas-constitucionalistas escriban sus proyectos de ley para crear una república parlamentaria burguesa, y sin esperar tampoco a que los pedantes y rutinarios de la «socialdemocracia» pequeñoburguesa, como los señores Plejanov o Kautsky, renuncien a sus tergiversaciones de la teoria marxista del Estado. (…)

La república parlamentaria burguesa dificulta y ahoga la vida política independiente de las masas, su participación directa en la edificación democrática de todo el Estado, de abajo arriba. Los Soviets de diputados obreros y soldados hacen lo contrario.

Los Soviets reproducen el tipo de Estado que iba formando la Comuna de Paris y que Marx califico de «la forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipation económica del trabajo».

Lenin. Las tareas del proletariado en nuestra revolución.

Lenin inaugura el primer monumento a Marx y Engels en Rusia. 1918.
Por eso la consigna de octubre, «¡Todo el poder a los soviets!», resume y limita exactamente en qué consiste una revolución socialista en la era actual.

Claro que, esta idea no habría tenido sustento sin otra igualmente fundamental y rompedora. En el Imperio Ruso, el proletariado acaba de destruir el estado feudal. Pero, a pesar de contar con una de las regiones más industrializadas de Europa, Rusia tomada en su conjunto es un país atrasado, con una transformación democrática necesaria y todavía pendiente. Es evidente a los ojos de muchos, que esas transformaciones democráticas han de ser lideradas por el proletariado, que la burguesía no es capaz ya de liderar al conjunto de la sociedad. Pero ¿hasta dónde puede llegar? ¿Es posible para el proletariado ruso darle un carácter socialista a la revolución?

Esta es la segunda idea clave. En los países en los que la revolución democrático-burguesa no ha triunfado en el momento ascendente del capitalismo, como Rusia, el proletariado puede darle a la revolución democrática un carácter socialista e incluso puede triunfar temporalmente, en espera de la revolución mundial, si es capaz de establecer una alianza con ese sector masivo de la pequeña-burguesía que es el campesinado.

Con la benévola colaboración de los señores Plejanov, Breshkovskaya, Tsereteli, Chernov y Cia., los capitalistas y terratenientes han hecho todo lo posible para envilecer la republica democratica, para prostituirla sirviendo a los ricos. Hasta el punto de que el pueblo cae en la apatia y la indiferencia y todo le da igual, pues el hambriento no puede distinguir la república de la monarquia, y el soldado que tirita de frio, descalzo y martirizado, que se ve lanzado a la muerte para defender intereses ajenos, no puede sentir cariño por la república.

Pero cuando el ultimo peon, cualquier parado forzoso, cada cocinera y cada campesino arruinado vean -y no por los periódicos, sino por sus propios ojos- que el poder proletario no se humilla ante la riqueza, sino que ayuda a los pobres; cuando vean que este poder no vacila en adoptar medidas revolucionarias, que despoja a los parasitos de los productos sobrantes para entregárselos a los que tienen hambre, que instala por la fuerza en las viviendas de los ricos a quienes carecen de techo, que obliga a los ricos a pagar la leche, sin darles una gota de ella mientras no tengan cuanta necesiten los ninos de todas las familias pobres; cuando vean que la tierra pasa a manos de los trabajadores, que las fabricas y los bancos son puestos bajo el control de los obreros y que se castiga inmediatamente y con severidad a los millonarios que ocultan sus riquezas; cuando la poblacion pobre vea y sienta todo eso, ninguna fuerza de los capitalistas ni de los kulaks, ninguna fuerza del capital fmanciero mundial, que maneja miles de millones, podrá derrotar a la revolución popular; sera esta la que triunfe en el mundo entero, pues la revolución socialista madura en todos los países.

Nuestra revolución será invencible, si no tiene miedo de si misma y pone todo el poder en manos del proletariado. Porque detrás de nosotros estan las fuerzas incomparablemente mayores, mas desarrolladas, y mejor organizadas del proletariado mundial, agobiadas de momento por la guerra, pero no aniquiladas, sino, al reves, multiplicadas por ella.

Lenin. ¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder?, octubre de 1917

Cartel de promoción de «Bandera Roja», órgano de la Liga Espartaquista. 1918
Y de forma obvia, esta segunda idea, condición de posibilidad de una revolución proletaria triunfante en Rusia, solo tiene sentido si la superación del capitalismo es una necesidad histórica inmediata, si aceptamos que el mundo ha entrado en una era de guerras y revoluciones mundiales. Y eso supone aceptar que la guerra mundial marca una frontera en la historia del capitalismo.

Ahora, camaradas, alcanzamos el punto donde podemos decir: nos hemos reencontrado de nuevo con Marx, volvimos de nuevo bajo su bandera. Hoy día, declaramos en nuestro programa: el proletariado no tiene otra tarea inmediata -en pocas palabras- que hacer del socialismo una verdad y un hecho y destruir el capitalismo por completo; retornamos así sobre el terreno que ocupaban Marx y Engels en 1848 y que ellos básicamente nunca han dejado. (…)

Setenta años de desarrollo del gran capitalismo han bastado para poder pensar seriamente en hacer desaparecer el capitalismo de la superficie terrestre de una vez por todas. Y más aún: no solamente estamos hoy día en condiciones de solucionar esta tarea, no solamente es nuestro deber para con el proletariado, sino nuestra solución es hoy día la única salida posible para que sobreviva la sociedad humana y escape de la destrucción.

Rosa Luxemburgo. Discurso en la fundación de la Liga Espartaquista, 1 de enero de 1919.

Evidentemente, más allá de estas tres ideas clave, cada una de las cuales merece ser estudiada por sí misma, la Revolución fue un océano de práctica sobre las formas, límites, fortalezas y debilidades de la constitución en clase del proletariado en la época imperialista y decadente del capitalismo. Sin embargo, estudiar todos los giros y experiencias de la primera oleada revolucionaria mundial del proletariado excede los objetivos de un curso básico de marxismo.

Consideraciones finales

Programa del Partido Comunista de Rusia (bolchevique) en 1919
Más adelante dedicaremos cursos y seminarios específicos a estudiar el proceso revolucionario, los primeros años de gobierno de los soviets y las formas concretas de la contrarrevolución. A los que no puedan esperar y quieran introducirse leyendo una única referencia les recomendamos «El año I de la Revolución rusa» de Victor Serge, un libro que todo marxista ha de leer en cualquier caso.

Si has seguido este curso desde el principio, ahora te recomendamos que lo vuelvas a leer, atando los cabos, el «hilo rojo» que cose la historia del proletariado y el marxismo desde que Marx y Engels se unen en 1847 a la Liga de los Comunistas, hace 170 años, hasta la toma del poder por los consejos obreros y campesinos en Rusia en 1917, hace ahora 100 años. Seguramente, una segunda lectura de los textos te permita entender y consolidar muchas más cosas. En la biblioteca podrás encontrar, organizados en los bloques del curso, la versión completa de prácticamente todos los textos citados.

Y para acabar te animamos a participar en nuestro foro y a plantear ideas, críticas, dudas y relacionar con nosotros la actualidad con lo que has aprendido hasta ahora. Porque la idea más importante de todo este curso es que el marxismo no es doctrina, sino una guía para la acción.