La clase obrera contra la guerra imperialista

Portada del «Vorwarts», diario oficial de la socialdemocracia alemana, apoyando la participación de Alemania en la guerra.
En julio de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial y al mismo tiempo comenzó una nueva época en la Historia. Hasta 1914, los trabajadores de Europa se habían ligado a los partidos socialdemócratas que componían la Segunda Internacional. Aunque unos pocos de sus miembros revolucionarios supieron ver que estaban plagados de oportunismo, ninguno de ellos anticipó la gran traición de agosto de 1914. Cuando llegó a Lenin en Austria la noticia de que los partidos socialdemócratas, comenzando por el partido alemán, habían votado a favor de los créditos de gerra y dado por tanto apoyo a sus propias clases dirigentes en la guerra imperialista, creyó que la copia del Vorwarts -el periódico del SPD- que estaba leyendo era una falsificación hecha por la inteligencia militar alemana. Más cercana a los hechos, Rosa Luxemburgo quedó paralizada y se dijo que había contemplado el suicidio.

El no es sorprendente cuando recordamos que Luxemburgo y Lenin, junto a Martov, habían propuesto con éxito una moción en el congreso de 1907 de la II Internacional que exigía que, en caso de guerra, los socialistas:

Harán todo lo que esté en su poder para utilizar la crisis política y económica causada por la guerra para levantar a los pueblos y de este modo adelantar la abolición del gobierno de la clase capitalista.

Esta resolución se reafirmó después un muchas otras ocasiones. Todavía en una fecha tan tardía como julio de 1914, la ejecutiva del Partido Socialdemócrata Alemán insistía en que:

Ni una gota de sangre de un soldado alemán debe sacrificarse por… los intereses del beneficio imperialista

Cartel de reclutamiento alemán.
Esta «tragedia», como la llamó Bujarin, no solo revelaba la naturaleza contrarrevolucionaria de los movimientos socialdemócratas y laboristas de Europa sino que hizo de la clase obrera rusa la vanguardia de la lucha contra la guerra que solo ganaba impulso lentamente en el resto de Europa.

El Partido bolchevique, nacido formalmente en 1912, era el resultado directo del rechazo de la idea de un partido de masas según el modelo socialdemócrata al uso. Las luchas con los mencheviques sobre la definición exacta de lo que era un miembro del partido no habían sido un mero debate semántico, sino habían sido el núcleo definitorio de un partido que se orientaba ante todo a la revolución. Mientras los partidos de Europa occidental crecían grandes y gordos, dando por hecho confortablemente que podrían ser elegidos para ejercer el poder, los bolcheviques tuvieron que operar largo tiempo en la ilegalidad, así que nunca amasaron el patrimonio que la socialdemocracia alemana y sus sindicatos amasaron, un patrimonio que les hizo incapaces incluso de contemplar la idea de una vuelta la existencia fuera de la ley. 1914 probó categoricamente que no hay un área de confort posible para los revolucionarios dentro de la sociedad capitalista y que el futuro no pertenece a los partidos electorales de masas sino a partidos del tipo bolchevique.

Lenin en el II Congreso del POSDR
Pero el bolchevismo hizo una contribución aun más valiosa, no solo en su oposición a la guerra, sino sobre todo en la forma en que se opuso a la guerra. Mientras había muchos pacifistas en esa época que llamaban a una paz «justa» (como el laborista británico Ramsey Macdonald o las Juventudes Socialistas españolas), los bolcheviques permanecieron fieles a la resolución de Stuttgart e intentaro transformar la I Guerra Mundial de guerra entre naciones a guerra entre clases. La posición de Lenin es bien conocida, pero merece la pena enfatizar aquí las bases teóricas de su posición. El derrotismo revolucionario se basaba en la idea de que:

La guerra europea significa una grandiosa crisis histórica, el comienzo de una nueva época.

Lenin. Chovinismo muerto y socialismo vivo. Tomo 26 de las Obras Completas, página 105.

Y como declaró en «El imperialismo, fase superior del capitalismo», esta era la época del imperialismo, «de la descomposición del capitalismo», el «periodo final del capitalismo» (OOCC, tomo 27). Y para subrayar que no era una perspectiva pasajera sino la base de una nueva plataforma política:

¡En alto la bandera de la guerra civil! El imperialismo ha apostado a una carta los destinos de la cultura europea: a esta guerra, si no hay una serie de revoluciones victoriosas, no tardarán en seguir otras guerras; la fábula de la «última guerra» es una ficción vana y perniciosa, un «mito» filisteo. La bandera proletaria de la guerra civil, si no hoy, mañana -si no en esta guerra después de ella-, si no en esta guerra , en la próxima que siga, agrupará alrededor de ella no solo a cientos de miles de obreros conscientes, sino a millones de semiproletarios y pequeños burgueses embaucados por el chovinismo, a quienes los horrores de la guerra no solo les han de intimidar y aturdir sino que les han de instruir, enseñar, despertar, organizar, templar y preparar para la guerra contra la burguesía, tanto de «su propio» país como de los países «ajenos».

La II Internacionall ha muerto, vencida por el oportunismo. ¡Abajo el oportunismo y viva la III Internacional!

Lenin. La situación y las tareas de la Internacional Socialista. 1 de noviembre de 1914. OOCC T26, pp 441 y 42.

Escena de «La Huelga» de Eisenstein.
El derrotismo revolucionario no era una mera táctica momentánea sino una perspectiva a largo plazo fundamentada en la idea fundamental de que el imperialismo, la fase superior del capitalismo en la que el capitalismo había entrado, era una época completamente nueva de su curso histórico, la era de la decadencia del capitalismo, la época de la guerra imperialista. Este aspecto de su pensamiento no puede subrayarse lo suficiente dado que fue la base para su ruptura con la socialdemocracia en el periodo 1914-1921 (es decir, el periodo de avance revolucionario). Es también el aspecto de las ideas de Lenin que es omitido o diluido por los autodenominados leninistas, las escuelas trotskistas, estalinistas y maoistas, que basándose en el retorno de la Tercera Internacional a la socialdemocracia en los años veinte, buscan resucitar alguna de las formas de programa mínimo socialdemócrata entre la clase trabajadora. En otras palabras, son los portardores de las ideas contrarrevolucionarias en la clase obrera de hoy.

Lenin en Zurich
Los historiadores burgueses aceptarán que, al adoptar el derrotismo revolucionario, Lenin fue, por supuesto, un genio de la táctica, lo que para ellos significa un oportunista, negando con naturalidad o no comprendiendo el método marxista bajo su táctica. Así refuerzan su «teoría del gran hombre tras la Historia». Son numerosas las referencias a cómo Lenin «aguantó en solitario» en las conferencias socialistas contra la guerra mantenidas en Suiza en 1915 (Kienthal en abril y Zimmerwald en septiembre). Nos cuentan que solo ocho delegados en Zimmerwald y solo doce en Kienthal apoyaron el derrotismo revolucionario mientras la mayoría apoyaba una declaración pacifista que perseguía reformar la II Internacional. Lo que por supuesto esta imagen deja fuera es el lhecho de que Lenin no era un profeta en el desierto sino parte de un vivo movimiento que, aunque activo en más lugares, tuvo sus raíces materiales más firmes en las luchas contra la guerra del proletariado ruso.

La I Guerra Mundial estalló en un momento en el que la lucha de clases se hacía más y más intensa por toda Europa. Las huelgas de masas de 1904-1905 en Rusia, Polonia y Bélgica tuvieron su réplica en todos los países europeos. La oleada de lucha de clases fue de hecho mundial: en 1907 la huelga del salitre en Chile es la primera gran huelga de masas americana. Otro ejemplo interesante entre los países menos desarrollados fue España y entre los capitalismos más poderosos, Gran Bretaña, donde desde 1910 hasta el estadillo de la guerra se desarrolló

la mayor ola de luchas obreras… desde el cartismo

The War After the War, Socialist Reproductions, p. iv

No hubo una sola clase dirigente en Europa que no fuera consciente de los beneficios que la guerra imperialista podría traerles en términos de paz social. El dos de agosto de 1914, el Zar dio un ejemplo típicio en su «Manifiesto Imperial» cuando pedía que «en estas horas de peligro amenazante, el conflicto interno se olvide». Y ciertamente había conflicto interno de sobra del que preocuparse. En 1910 el número de trabajadores participando en huelgas políticas había caído a 4.000, pero en 1912 en las huelgas de la cuenca aurífera del Lena, en la que cientos de trabajadores murieron tiroteados por la policía, fue la señal para una nueva oleada de luchas, como muestra la siguiente tabla:

Año Número de trabajadores
1912 550.000
1913 502.000
1914 1.054.000 (enero a junio)

Incluso durante las tres primeras semanas de julio comenzaron 42 huelgas en las que participaron 200.000 trabajadores, pero…

…el estallido de la guerra en agosto 1914 difuminó el ánimo insurreccional… una ola de apoyo patriótico a la guerra combinada con represión de las autoridades llevó a la virtual desaparición de huelgas hasta julio de 1915.

Red Petrograd, S.A. Smith, p. 49

Manifestación obrera en febrero de 1917
En ese mes hubo 29 huelgas -frente a una media de cinco en el año anterior- y unas 200 más en el último trimestre del año. En otras palabras, la guerra solo había dado al capitalismo ruso un respiro para tomar aliento y, como Lenin había previsto, la crisis económica creada por la guerra solo podía llevar a una a una lucha aun más intensa después.

¿Cómo lidiaron los bolcheviques con esta situación? Se argumenta a menudo que el Partido bolchevique dentro de Rusia no reflejó la intransigencia de Lenin sobre la cuestión de la guerra. La prueba que se cita habitualmente es la débil actuación de los diputados bolcheviques en la Duma -el Parlamento- cuando fueron juzgados en febrero de 1915 y el rechazo por Kamenev de las posiciones de Lenin sobre la base de que no habían sido adoptadas formalmente por el Comité Central.

En cualquier caso, tales fallos a la hora de «mostrar la suficiente firmeza», como Lenin los definió tibiamente, fueron pocos y no se extendieron a las bases del Partido. A pesar de que muchos de los comités locales no estaban seguros del significado último de la posición de Lenin, y a menudo carecían de información, tuvieron a muy pocos que fueran socialpatriotas. Muchos comités locales, de forma independiente, agitaron contra la guerra antes de oir de los órganos centrales. El comité de Petrogrado, en fecha tan temprana como julio de 1914 -incluso antes del voto de la Duma sobre la guerra- publicó su primer folleto internacionalista y contra la guerra; lanzaba las consignas:

¡Abajo la guerra! ¡Guerra a la guerra! deben difundirse con fuerza a lo largo y ancho de Rusia. Los trabajadores deben recordar que no tienen enemigos al otro lado de la frontera; en todos lados la clase trabajadora está oprimida por los ricos y el poder de los propietarios… ¡¡Viva la solidaridad mundial del trabajo!!

Citado en «On the Eve of 1917» por Alejandro Shliapnikov, pp. 20-1

Shliapnikov y Zetkin en el primer congreso de la IC.
Shliapnikov que fue el principal organizador bolchevique en Petrogrado durante la mayor parte de la guerra, se quejaba de que en ese momento muchos intelectuales desertaban de las luchas de la clase trabajadora, a menudo para tomar trabajos en el esfuerzo de guerra, y que esto hacía más difícil la elaboración de propaganda. Además, la Ojrana -la policía política zarista- trataba continuamente de decapitar al partido bolchevique. No solo detuvieron a los diputados bolcheviques en la Duma en noviembre de 1914, sino que el comité de Petrogrado fue arrestado en julio de 1914 y mayo de 1916. Y por encima de todo estaba la detención de cientos de los trabajadores más activos y una gran escasez de fondos. En cualquier caso, la organización del partido nunca fue aplastada gracias a la creciente capacidad de los comités locales que no solo aprendieron a hacerlo sin los intelectuales, sino que en realida fueron la columna vertebral del bolchevismo.

Casi en todos lados las organizaciones obreras se encontraban sin intelectuales pero esto no paralizó su actividad como en el periodo previo de reacción antibélica. Las organizaciones obreras habían elevado a sus propios líderes puramente proletarios…

op. cit., p. 91.

De ese modo el Partido bolchevique fue capaz de funcionar durante la mayor parte de la guerra sin el Buro Ruso (los representantes del Comité Central en el interior de Rusia) sin quedar paralizado. Esto se consiguió porque el Comité de Petrogrado fue capaz de tomar su papel de coordinación y liderazgo. Y cuando fue arrestado la tarea pasó al comité del distrito de Viborg en Petrogrado. Y fueron estos comités locales los que dieron vida a las posiciones defendidas por Lenin en el escenario internacional. Como Shliapnikov nos dice una vez más:

…el punto central del trabajo ideológico de las células clandestinas de nuestro partido, esparcidas por todos los centros industriales de Rusia fue la actitud frente a la guerra, la lucha contra el chovinismo y la explotación «patrótica»… Las pruebas del activo trabajo de las organizaciones obreras en la guerra es el exilio de miles de trabajadores organizados, las detenciones y el envío de huelguistas a las primeras líneas del frente.

Las memorias de Shliapnikov están llenas de textos de propaganda contra la guerra publicados por los bolchevique en cada ocasión imaginable, hasta alcanzar una media de un panfleto a la semana durante la guerra. En cada huelga siempre intentaban lanzar la consigna «¡Abajo la guerra!» incluida entre las demandas económicas, del mismo modo que intentaban aprobar resoluciones contra la guerra en cada fábrica.

Un ejemplo típico de esto fue la resolución de septiembre de 1916 «adoptada en asambleas generales en muchas de las mayores empresas» propuesta por el Comité de Petrogrado del Partido bolchevique.

¡Abajo la guerra!

Nosotros trabajadores de … …., habiendo discutido la cuestión del agravamiento de la crisis de alimentos, nos damos cuenta de que:

  1. La crisis de alimentos observable en todos los países es una consecuencia inevitable de la guerra actual que ha adquirido ampliamente el carácter de una guerra de desgaste;
  2. la continuidad de la guerra conllevará una profundización de la crisis de alimentos, hambruna, pobreza y degeneración de las masas populares;
  3. En Rusia la crisis de alimentos se complica por el domino sostenido de la monarquía zarista que coloca a la economía del país entero en un estado de desorganización, rindiéndose al capricho del capital rapaz y suprimiendo despiadadamente cualquier iniciativa de las masas populares;
  4. Todos los medios fragmentarios de lucha contra la crisis de alimentos (cooperativas, aumentos de salarios, cantinas, etc.) solo pueden mitigar marginalmente los efectos de la crisis y no eliminar las causas;
  5. El único medio efectivo de lucha contra la crisis es la lucha contra las causas que la producen. Esto es una lucha contra la guerra y las clases dirigentes que la tramaron; tomando esto en cuenta, llamamos a la clase obrera de Rusia y a todos los demócratas a tomar el camino de la lucha revolucionaria contra la monarquía zarista y las clases dirigentes bajo la consigna «¡Abajo la guerra!»

Vladimir Kozlinski: «Entonces y ahora», cartel alegórico del triunfo de la revolución de febrero.
En tanto que único partido con una organización extendida por toda Rusia, los bolcheviques estaban ya mejor preparados para los sucesos de febrero que ninguna otra organización obrera, pero estaban sobre todo políticamente armados y activos en el seno de la clase trabajadora. Ambas cosas se iban a demostrar activos inestimables durante la Revolución de febrero y sus consecuencias.

Como hemos visto, el movimiento huelguístico contra los efectos económicos de la guerra comenzó a tomar cuerpo en agosto de 1916, un mes que «fue testigo de más huelgas económicas que ningún otro durante la guerra» (Red Petrograd, p. 51). Llegados a este punto los trabajadores consiguieron por primera vez subidas salariales significativas conforme «se desarrollaba un profundo ánimo contra la guerra» (op.cit.). Pero, a pesar de la masiva ola de solidaridad, estas luchas eran aplastadas físicamente a finales de marzo. Esto solo sirvió para asegurar una militancia aun mayor cuando la ola de huelgas se renovó a sí misma durante el otoño. Por el momento la escasez de comida y las subidas de precios de los alimentos habían llevado a los trabajadores de Petrogrado hasta el límite. Ahora incluso el rumor de que el Partido bolchevique iba a lanzar un folleto bastaba para poner en marcha una huelga. Desde septiembre de 1916 en adelante, cada huelga tenía un sentido más abiertamente político, llamando al derrocamiento del zarismo y haciendo suya la consigna bolchevique de «¡Abajo la guerra!».

Es en este momento cuando Shliapnikov escribe a Lenin desde Jarkov que:

…algunos camaradas toman la posición de que estamos viviendo una era de revolución social.

op. cit., pp. 189-90

Esta no era la posición de los líderes bolcheviques en Petrogrado, aunque Lenin estaba diciendo a los socialistas suizos algo muy similar por aquellas fechas.

Pese a que mantuvieron el liderazgo en las huelgas de la fábrica Putilov (la mayor de Europa en la época) que comenzaron el 18 de febrero de 1917, advirtieron a las mujeres que intentaban convertir la manifestación del Día Internacional de la Mujer Obrera del 23 de febrero en una protesta de la máxima amplitud contra la escasez de comida. La manifestación y las revueltas reclamando alimentos que la acompañaron fueron la chispa de la Revolución de febrero. No solo fueron acompañadas de una huelga general sino que llevó también a los primeros y decisivos motines generalizados contra el régimen. El 25 de febrero no quedaban tropas fiables en las que el gobierno pudiera llamar. En este torbellino espontáneo:

Los militantes bolcheviques no estaban inactivos… seguían de cerca los hechos y tomaban parte en ellos. Pero eran incapaces de tomar la dirección del movimiento o colocarlo tras un programa claro de acción…

Leninism under Lenin, M. Leibman, p. 117

Escenas de represión durante la revolución de febrero.
Por ejemplo, Shliapnikov rechazó dos veces distribuir armas a los obreros que lo pedían (aunque más tarde se justificaría argumentando que unas pocas armas eran insignificantes cuando la tarea real era ganar a los obreros en uniforme) y algunos bolcheviques hablaron incluso de poner fin a este movimiento «prematuro». Fue solo el 25 de febrero, cuando más de 200.000 trabajadores llevaban dos días movilizados, que los bolcheviques distribuyeron un panfleto llamando a la huelga general.

Su precaución no es difícil de entender. Después de años de paciente construcción de la organización estaban comenzando a obtener un prometedor crecimiento y a recobrar mucho del terreno perdido por la represión que siguió a la Revolución de 1905. Una revuelta parcial fallida podría haber destruido todas esas conquistas cuando era evidente que un levantamiento general no podía estar demasiado lejos. Básicamente: no esperaban que las tropas se pusieran del lado de las masas tan pronto (aunque desde septiembre de 1915 hubiera células bolcheviques activas en el ejército). Como el propio Lenin destacó más tarde:

La historia en general, y la de las revoluciones en particular, es siempre más rica de contenido, más variada de formas y aspectos, más viva y más «astuta» de lo que imaginan los mejores partidos, las vanguardias más conscientes de las clases más avanzadas…

La cuestión es cómo esos partidos respondieron la situación. A veces se aduce que la pobre representación de los bolcheviques en el soviet de Petrogrado en marzo de 1917 se debió a la falta de preparación cuando estalló la revolución. Es patente que esto no es cierto. Los bolcheviques, a lo largo de la guerra, habían sido el único partido en ligar la lucha por demandas económicas a la necesidad de derrocar el gobierno y poner fin a la guerra. En febrero, a pesar de todas sus dudas, permanecieron enraizados dentro de la lucha de clases. Como asegura Marc Ferro, el 25 de febrero

los bolcheviques eran los principales organizadores de huelgas y manifestaciones.

Marc Ferro. «February 1917», p. 37

Sesión del soviet de Petrogrado, 1917.
También destaca que fueron los primeros en plantear revivificar el soviet de 1905 (habían propuesto esto ya en septiembre de 1915 en respuesta a las elecciones para el comité zarista de industrias de guerra). El hecho de que el soviet llegara a finalmente a ser creado por mencheviques liderados por Gvozdev, el líder belicista del grupo del comité de industrias de guerra, evidencia por sí solo que el ánimo real de revivir el soviet era recuperar la lucha de los trabajadores para los objetivos imperialistas de la burguesía rusa.

Esto se evidenciaba en la forma de elección de los representantes: uno por cada 1.000 trabajadores industriales y un delegado por regimiento. Muchas fábricas pequeñas, en las que los mencheviques predominaban, enviaron un delegado con independencia de su tamaño. Muchos regimientos fueron representados por sus oficiales y, como el componente militar era dos tercios del soviet, se puede ver que el componente revolucionario (que en cualquier caso, todavía seguía luchando en la calle contra la policía el 28 de febrero, día de las elecciones al soviet) fue tremendamente subrepresentado.

Manifestación del día de la mujer obrera (23 de febrero según el viejo calendario juliano) que dio el pistoletazo final a la revolución.
Esto significó que los bolcheviques estuvieran subrepresentados en los primeros días del soviet de Petrogrado. Pero conforme los soviets locales comenzaron a brotar en los barrios obreros, los bolcheviques a menudo ganaron la mayoría gracias a su papel previo en las luchas contra la guerra. Fue sobre esta base que los bolcheviques fueron capaces de construir sus apoyos y mas adelante de convertir al soviet de Petrogrado en un cuerpo capaz de emprender una transformación revolucionaria en septiembre de 1917.

Los bolcheviques consiguieron la victoria porque solo ellos rechazaron dejarse arrastrar tras el esfuerzo nacional de guerra una vez la república había sido proclamada. Transformar la guerra imperialista en una guerra civil no era una mera consigna táctica sino que se fundamentaba en las raíces mismas del programa político bolchevique. Este programa solo se perfiló completamente en abril de 1917 cuando Lenin ganó la batalla interna y el partido se libró de sus últimos vestigios socialdemócratas.