La clase universal

Aterrizando el modelo general a nuestra realidad, el capitalismo, Marx y Engels llegan pronto a la perspectiva de que las principales fuerzas productivas creadas por el capitalismo (capital -es decir, fundamentalmente dinero y máquinas- y trabajo -el proletariado) verán su desarrollo limitado, coartado, por las mismas relaciones e instituciones del capitalismo que las habían creado.

En el desarrollo de las fuerzas productivas se llega a una fase en la que surgen fuerzas productivas y medios de comunicación e intercambio que, bajo las relaciones existentes, solo pueden ser fuentes de males, que no son ya tales fuerzas productivas sino más bien fuerzas destructivas (maquinaria y dinero); y, a la vez, surge una clase condenada a soportar todos los inconvenientes de la sociedad sin gozar de sus ventajas, que se ve expulsada de la sociedad y obligada a colocarse en la más resuelta contradicción con todas las demás clases; una clase que se formaría de todos los miembros de la sociedad y de la que nace la conciencia de que es necesaria una revolución radical, la conciencia comunista

Marx y Engels. La Ideología alemana, 1846

La idea de que todas esas fuerzas productivas, potencialmente creadoras de riqueza, habrían de tornarse destructivas porque el capitalismo llegaría a un momento en el que ya no podría darles curso, era chocante en 1845, en plena expansión del capitalismo en Europa. Hoy convivimos con masas gigantescas de capital ocioso que intentan sobrevivir creando burbujas especulativas, burbujas que destruyen a su paso países enteros y reducen la producción (recesión) durante años; los robots y las máquinas que permiten producir más con menos trabajo, en vez de generar riqueza, alimentan la crisis industrial, el paro estructural y la exclusión de millones. Pero el capital solo es una de las fuerzas productivas características del sistema. La mayor fuerza productiva de la sociedad capitalista es el trabajo. Y el trabajo se materializa en el proletariado.

El proletariado es la clase de la sociedad que saca su subsistencia de la venta de su trabajo exclusivamente y no del interés de un capital cualquiera; cuyas condiciones de existencia y su existencia misma dependen de la demanda de trabajo y, por consecuencia, de la sucesión de los períodos de crisis y de prosperidad industrial, de las oscilaciones de una concurrencia sin freno. El proletariado, o la clase de los obreros, es, en una palabra, la clase trabajadora de la época actual.

Engels. Principios de Comunismo, 1847

Marx y Engels remarcan la novedad histórica del proletariado desde sus primeros textos. No es una clase laboriosa más. En primer lugar porque por primera vez en la historia, una clase trabajadora es universal, porque el sistema que la ha creado es él mismo global y se articula a través de una estructura que en aquel momento se está abriendo paso hasta el último rincón de la Tierra: el mercado mundial. El mercado mundial no es algo abstracto, sino una estructura bien concreta que afecta a todos y cada uno de los trabajadores, produciendo una experiencia común que es por tanto universal e histórica -producto de la sociedad humana- al mismo tiempo.

La masa de los simples trabajadores (…) y por tanto, la pérdida no puramente temporal de ese mismo trabajo como fuente segura de vida, presupone, a través de la competencia, el mercado mundial. Por tanto el proletariado solo puede existir en el plano histórico-mundial, lo mismo que el comunismo, su acción, sólo puede llegar a cobrar realidad como existencia histórico-universal. Existencia histórico-universal de los individuos, es decir, existencia de los individuos directamente vinculada a la historia universal.

Marx y Engels. La Ideología alemana, 1846

El movimiento del capitalismo hacia la globalización desde sus orígenes, globaliza y «sincroniza» a su vez, a través del mercado mundial -y sus crisis- el movimiento de los trabajadores modernos… y su horizonte: el comunismo.

El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción «coincidente» o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado

Marx y Engels. La Ideología alemana, 1846

Pero el proletariado es «clase universal» en un sentido aun más profundo que el geográfico. Es «universal» en la medida en que sus intereses últimos pasan por la destrucción de todo sistema de explotación y de toda forma de opresión.

Si los autores socialistas atribuyen al proletariado ese papel mundial, no es debido, como la crítica afecta creerlo, porque consideren a los proletarios como a dioses. Es más bien lo contrario.

En el proletariado plenamente desarrollado se hace abstracción de toda humanidad, hasta de la apariencia de la humanidad; en las condiciones de existencia del proletariado se condensan, en su forma más inhumana, todas las condiciones de existencia de la sociedad actual; el hombre se ha perdido a sí mismo, pero, al mismo tiempo, no sólo ha adquirido conciencia teórica de esa pérdida, sino que se ha visto constreñido directamente, por la miseria en adelante ineluctable, imposible de paliar, absolutamente imperiosa -por la expresión práctica de la necesidad-, a rebelarse contra esa inhumanidad; y es por todo esto que el proletariado puede libertarse a sí mismo.

Pero no puede él libertarse sin suprimir sus propias condiciones de existencia. No puede suprimir sus propias condiciones de existencia sin suprimir todas las condiciones de existencia inhumanas de la sociedad actual que se condensan en su situación. No en vano pasa por la escuela ruda, pero fortificante, del trabajo.

Marx y Engels. La Sagrada Familia, 1844

Ese carácter universal de los intereses de clase del proletariado se manifiesta en todo su recorrido histórico, desde la reivindicación más «inmediata» hasta sus expresiones políticas más complejas. ¿Dónde ven eso? En las reivindicaciones salariales más básicas. Porque espontáneamente y desde los orígenes del movimiento obrero, los trabajadores no luchan en tanto que clase por nuevos privilegios o medidas que apunten a explotar a otros, sino por necesidades humanas genéricas, compartidas por todo el género humano: bienestar, alojamiento, tiempo para vivir más allá de la producción, acceso al conocimiento, etc. Por eso el «comunismo», la forma social que ha de nacer del colapso del capitalismo, no es una «utopía», una idea a imponer a la realidad, sino una tendencia que está ya presente desde el primer momento del capitalismo a través del proletariado.

El comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual.

Marx y Engels. La Ideología alemana, 1846

Es decir, en el proletariado no hay una oposición, una contradicción entre el «objetivo inmediato» y el «objetivo final». Todas sus manifestaciones políticas, desde la huelga más pequeña a la revolución, están unidas por un hilo visible a quien quiera descubrirlo: la afirmación de las necesidades humanas sobre la lógica del capital, última forma posible de explotación. El comunismo no es una organización alternativa de la división del trabajo, es el fin de la división del trabajo; no es el intento de sustituir una clase dominante por otra, es el fin de las clases sociales; no es una mera reorganización del trabajo, sino el fin del trabajo esclavo de la necesidad; no es la sustitución de las viejas identidades nacidas de las necesidades de una sociedad escindida -como la nación, el género, la raza o la profesión- sino su disolución en una única identidad humana genérica.

Todas las anteriores revoluciones dejaban intacto el modo de actividad y sólo trataban de lograr otra distribución de ésta, una nueva distribución del trabajo entre otras personas, al paso que la revolución comunista va dirigida contra el carácter anterior de actividad, elimina el trabajo y suprime la combinación de todas las clases, al acabar con las clases mismas, ya que esta revolución es llevada a cabo por la clase a la que la sociedad no considera como tal, no reconoce como clase y expresa ya de por sí la disolución de todas las clases, nacionalidades, etc., dentro de la actual sociedad

Marx y Engels. La Ideología alemana, 1846