La dualidad de poderes

Nadie había pensado antes, ni podía haberlo hecho, en una dualidad de poderes.

La locomotora finesa que llevó a Lenin en su último trayecto antes de Petrogrado aun se conserva.
El tres de abril de 1917 Lenin volvió a Rusia desde su exilio político en Suiza. El «levantamiento popular», como le llamó el Consejo de Estado zarista, había llevado a la abdicación y arresto de Nicolás y otros miembros de la dinastía Romanov. La monarquía semifeudal que había oprimido al pueblo ruso durante siglos había sido derrocada. Los terratenientes y capitalistas que habían blandían el poder económico habían pensado en cortar de raíz la marea revolucionaria con una monarquía constitucional pero ahora ponían su confianza en que el «Gobierno Provisional» designado por un comité de la Duma, con el objetivo de:

  1. Preparar las Cortes Constituyentes
  2. Gobernar el país hasta que las Cortes se reunieran

Pero a pesar de que este comité auto-designado del antiguo régimen había tomado sobre sus hombros la responsabilidad de gobernar la nueva «Rusia Liberada», el poder real del que depende cualquier gobierno estaba en otro lado: con los trabajadores y soldados hastiados de la guerra que habían hecho la Revolución de Febrero, y que estaban recreando los órganos de democracia popular, los soviets, que habían florecido en Rusia durante la insurrección revolucionaria de 1905. En el mismo edificio, el mismo día que la Duma formaba su comité en el Palacio Tauride, un Comité Ejecutivo Provisional del Soviet de de diputados obreros (compuesto sobre todo de mencheviques) anunciaba la convocatoria del primer Soviet desde 1905. Esa tarde los delegados abarrotaron el palacio donde, dijo Sujanov (elegido en el CE del Soviet, después menchevique internacionacionalista)

Fue entonces, en ese lugar, donde se aprobó entre estruendosos aplausos, fundir el ejército revolucionario y el proletariado de la capital para crear una organización que se llamaría, a partir de ese momento «Consejo de delegados de los trabajadores y los soldados»

El Palacio Tauride, sede de las Cortes estatales rusas (Gos-Duma).
En esta misma sesión los delegados eligieron una Comisión Ejecutiva, compuesta fundamentalmente de mencheviques, que fue ampliada al día siguiente para incluir representates de todos los partidos de izquierda. Era ahí, en el órgano dinámico de democracia popular creado por los los trabajadores armados y los soldados, donde descansaba el poder real. No hay evidencia más impresionante de esto que la «Orden número 1 a la guarnición del distrito militar de Petrogrado» que el soviet dio el primero de marzo. Esta orden convocaba elecciones al soviet entre la base del ejército haciendo notar significativamente:

  1. En todas las acciones políticas, las unidades de tropa están subordinadas al Consejo de Delegados de los trabajadores y soldados y de los comités surgidos de él.
  2. Las órdenes de la la Comisión Militar del Parlamento estatal deben ser obedecidas, excepción hecha de esas instancias en que contradigan las órdenes del Consejo de delegados de trabajadores y soldados.

Claramente era el Soviet y no el gobierno provisional del Parlamento, quien controlaba el fundamento del poder armado del estado. Y de hecho, el poder del Soviet se amplió mucho más allá de la emisión de decretos. Basado en el principio de electibilidad y revocabilidad de los delegados elegidos de forma directa, era el corazón del proceso revolucionario y tenía la confianza de las masas. En Petesburgo el transporte, la distribución de alimentos y toda la administración municipal eran organizados por el Soviet. Los guardias revolucionarios eran enviados a ocupar insituciones como el banco nacional, el tesoro público, la casa de la moneda y la imprenta estatal con su boletín oficial. A mediados de marzo, Guchkov, otrora presidente del Comité de industrias bélicas zarista, ahora ministro del ejército y la marina del Gobierno provisional, se quejaba a uno de sus generales:

En gobierno provisional no tiene un poder real y sus órdenes son ejecutadas solo y en la medida en que el Soviet de trabajadores y soldados lo permite. El Soviet tiene en sus manos los elementos más importantes del poder real como tropas, ferrocarriles y los servicios telegráficos y postales. Se podría decir directamente que el gobierno provisional existe solo mientras lo permite el soviet.

Carmichael. A Short History of the Russian Revolution, p. 69

Asamblea en la fábrica Putilov.
Pero si el soviet tenía el apoyo de las masas, ¿de dónde provenía la autoridad del gobierno provisional que era reconocido como el gobierno «oficial» de Rusia? La respuesta está en el Soviet mismo, que, el dos de marzo cedió voluntariamente su propio poder al dar su apoyo al gobierno provisional

Para los mencheviques que disfrutaban del apoyo de la gran mayoría de los delegados del soviet en las primeras fases de la revolución, así era como tenía que ser. De acuerdo con su «marxismo» mecánico, la revolución que estaba avanzando podría ser solo una revolución democrático-burguesa clásica, cuyas tareas eran destruir los restos del feudalismo en Rusia y abrir el camino al desarrollo del capitalismo ruso, el cual, en el curso del tiempo, crearía las condiciones para una revolución proletaria socialista. Dado que la revolución era capitalista, correspondía a a la clase capitalista ejercer el poder del estado. Para los supuestamente socialistas mencheviques el gobierno provisional era la fuente natural de autoridad. El único papel posible de los soviets podía ser el de una especie de supervisor de la burguesía para asegurarse de que no renunciaba a sus tareas democráticas.

Una de las primeras instantáneas de Lenin tras su vuelta del exilio.
Aunque el partido bolchevique no quería ver el papel de las masas trabajadoras reducido al de mero espectador o supervisor de la revolución capitalista, la actividad del partido estuvo también constreñida por la teoría de la revolución democrática. Despues de la revolución de 1905, que había revelado la debilidad y el carácter invertebrado de la burguesía rusa, Lenin había trazado la táctica de un partido socialista en la revolución por venir en Rusia. Lenin argumentaba que, lejos de abstenerse de tomar el poder político, el proletariado ruso debía aliarse con el campesinado para establecer una «dictadura democrático-revolucionaria» y completar así la revolución burguesa. A su momento, esto se convertiría en el preludio de una revolución proletaria socialista. Aunque esta era una perspectiva infinitamente más dinámica que la de los mencheviques y que tenía en cuenta el hecho de que la lucha de clases entre trabajadores y capitalistas ya existía en Rusia a pesar del que la población rural fuera predominante, todavía ponía en la cabeza del orden del día las tareas de la revolución democrática.

Cuando estalló la revolución de febrero, el programa del Partido bolchevique todavía se basaba en la idea de que la primera tarea era completar la revolución democrática y en consecuencia, las actividades de las distintas organizaciones del partido en Petesburgo, sin importar su fortaleza política, lo reflejaron. Así, el manifiesto bolchevique lanzado en febrero por la mesa del Comité Central en Rusia (Shlipnikov, Molotov y Zalutski), aunque continuaban con la política de oposición revolucionaria a la guerra, llamaban al Soviet a convocar unas Cortes constituyentes para establecer una «república democrática».

El comité del distrito de Viborg, que trabajaba en un enclave obrero clave de Petrogrado en la que había jugado un papel de liderazgo durante las acciones revolucionarias, entrevió un papel mucho más significativo para los soviets. El 5 de marzo propuso al comité de Petrogrado que:

La tarea del momento es la fundación de un gobierno revolucionario provisional a partir de la unificación de los Consejos de delegados locales de Trabajadores, Campesinos y Soldados en el conjunto de Rusia.

La propuesta proseguía defendiendo el fortalecimiento de los soviets en preparación de una…

toma completa del poder central [y reconocimiento limitado del gobierno provisional] solo hasta la formación de un gobierno revolucionario de los Consejos de delegados de Trabajadores, Campesinos y Soldados y solo en la medida en que sus acciones sean coherentes con los intereses del proletariado y de las más amplias masas democráticas.

Primera Conferencia Pan-Rusa de los Soviets.
Pero los líderes del comité de Petrogrado se estaban mucho menos dados a disociar al proletariado del gobierno provisional. Incluso antes de que Kamenev, Muranov y Stalin volvieran del exilio siberiano a la redacción del Pravda, el comité aceptó al gobierno provisional como el agente de la revolución democrática y rechazó adoptar la propuesta del comité de Viborg. En su lugar aprobó no oponerse al gobierno provisional en tanto que:

sus acciones coincidieran con los intereses del proletariado y de las amplias masas democráticas del pueblo.

Cuando Kamenev fue incluso más lejos en las páginas de Pravda y socavó toda la política bolchevique sobre la guerra llamando sin pudor al «defensismo nacional», afirmando que un pueblo libre solo puede «responder bala contra bala, escudo contra escudo», hubo un clamor entre la base obrera del Partido. Según Shliapnikov:

La indignación de los miembros del Partido fue enorme y cuando los proletarios descubrieron que Pravda había sido tomado por tres antiguos editores llegados desde Siberia solicitaron su expulsión del Partido.

Las protestas de comités locales como estas de Viborg (que se publicó en Pravda) hizo que los nuevos editores no publicaran más artículos abiertamente a favor del gobierno provisional y su política de defensa nacional. Pero la confusión se mantuvo. Al final, la línea del partido en relación con el gobierno provisional, propuesta por Stalin y aparentemente adoptada por la Conferencia del Partido en marzo para la Primera Conferencia Panrusa de los Soviets de finales de marzo, era difícilmente distinguible de la de la mayoría menchevique. La Conferencia del Partido no consiguió aprobar una resolución sobre la guerra, pero en la Conferencia de los soviets los bolcheviques votaron a favor de la «Resolución de apoyo al gobierno provisional» que reconocía…

…la necesidad de ganar gradualmente control político e influencia sobre el gobierno provisional y sus órganos locales así como de persuadirlos para conducir la más enérgica lucha contra las fuerzas contrarrevolucionarias, dar los pasos más decididos hacia una completa democratización de todas las facetas de la vida rusa, y hacer los preparativos de una paz universal sin anexiones ni indemnizaciones basada en la autodeterminación de las naciones.

Idealización del recibimiento de Lenin en la Estación de Finlandia.
No es de extrañar que muchas de las secciones del Partido pensaran que la unificación con los mencheviques era ahora posible. Dada la confusión dentro del Partido bolchevique, sería erróneo explicar la cesión del poder por los soviets a los capitalistas como algo debido simplemente a un bajo nivel de conciencia como el reflejado por la minoría bolchevique en los soviets. La Revolución de febrero fue la primera de la época imperialista. Ningún partido tenía, ni podía haber tenido, una estrategia completamente trabajada sobre cómo el proletariado debía conducir la lucha como una parte de la revolución socialista mundial. Los trabajadores y soldados tenía que aprender por sí mismos cómo luchar por el poder total para los consejos. El Partido bolchevique representaba tanto la altura como las limitaciones de la conciencia de clases. El hecho de que aquellas secciones de la clase obrera preparadas para luchar por el poder soviético en fecha tan temprana como febrero, fueran también baluartes bolcheviques, da testimonio de esto.

Así, incluso en lugares como Viborg, donde los bolcheviques eran mayoría en el soviet local desde el día uno, los trabajadores altamente conscientes se encontraron en la posición contradictoria de llamar por un lado a los soviets a prepararse para tomar el poder de forma completa y al mismo tiempo dar apoyo al gobierno provisional. Mientras se pensara que «el problema fundamental es el establecimiento de una república democrática», como había dicho el número uno del Pravda, las demandas de poder de los consejos -poder para los órganos del incipiente estado obrero sobre las líneas trazadas por la Comuna de París- y los llamamientos a los trabajadores a convertir la guerra imperialista en guerra civil -lucha de clases revolucionaria- serían inconsistentes. La democracia parlamentaria, basada en el «voto ciudadano» y «el pueblo» -explotados y explotadores juntos- cada cierto número de años, es la forma más elevada de democracia burguesa. Bero es irreconciliable con el poder de los consejos que solo puede tener significado cuando la clase trabajadora ha derrocado a la maquinaria del estado capitalista. De modo similar, los intereses de «la nación», hasta en la más democrática y parlamentaria de las repúblicas, exigirá la participación de toda la población en sus guerras de «defensa nacional» contra otras potencias capitalistas.

Proclamación del Consejo de delegados de Trabajadores y Soldados de Petrogrado en el Palacio Tauride.
Para principios de abril el intento del Partido bolchevique de no separarse de su programa democrático-revolucionario, de reconciliar lo irreconciliable, había llevado a la confusión en la cuestión de la guerra y se movía hacia la conciliación con el gobierno provisional. Antes de que el Partido pudiera guiar firmemente de nuevo a la clase trabajadora rusa por el camino del internacionalismo proletario y la independencia política de la clase capitalista, el viejo marco tenía que ser abandonado y otro nuevo tomar su lugar.

Esta era la tarea que Lenin ya había comenzado en sus «Cartas desde lejos», solo uno de las cuales había sido publicada (y con cortes significativos) por Pravda. Al llegar a Rusia mejoraba su posición para hacerlo.

Como es bien sabido, aquellos que escucharon su primer discurso en la estación de Finlandia, quedaron atónitos. El contraste entre lo que decía y la dirección del liderazgo que el partido había tomado a lo largo del mes de marzo era realmente asombrosa.

Nos cuenta Sujanov que en respuesta al discurso oficial de bienvenida de Chkeidze (el presidente menchevique del soviet de Petrogrado) en el que hacía votos porque Lenin evitara el sectarismo y persiguiera el supuesto objetivo común de «cerrar filas democráticas» para «defender la revolución», Lenin anunció:

Queridos camaradas, soldados, marineros y obreros, me siento orgulloso de saludar en vosotros a la victoriosa revolución rusa, de saludaros en tanto destacamento de vanguardia del ejército proletario mundial. La guerra de rapiña imperialista es el comienzo de la guerra civil en toda Europa. No está lejos el día en que los pueblos, siguiendo la llamada de nuestro camarada Karl Liebknecht, volverán sus armas contra sus explotadores capitalistas. El alba de la revolución socialista mundial resplandece. En Alemania, todo está en ebullición. Cualquier día a partir de ahora todo el capitalismo Europeo puede caer. La revolución que habéis hecho ha marcado el comienzo y ha puesto los cimientos de una nueva época. ¡Viva la revolución socialista mundial!

Lenin recibido por los delegados en el soviet de Petrogrado a su llegada del exilio.
Para los mencheviques y los viejos bolcheviques atrapados en los estériles límites de la revolución democrática, el retrato que hacía Lenin de la Revolución rusa como el comienzo de la revolución socialista internacional, parecían «los desvaríos de un loco» o de alguien que hubiera permanecido demasiado tiempo alejado de la realidad política rusa. Para los miles de trabajadores normales y soldados movilizados por el Comité de Petrogrado -muchos de ellos del distrito de Viborg- el discurso debe haber sido un soplo de aire fresco. Pero las palabras de Lenin no eran retórica oportunista. Eran consistentes con las contribuciones teóricas que él y Bujarin habían hecho al análisis del imperialismo; se alineaban con la política derrotista revolucionaria que Lenin había perfilado para el Partido y la izquierdad de Zimmerwald sobre la guerra. De lo que tenía que convencer ahora al partido era de que el marco para determinar la política del Partido no era ya simplemente el de la economía y la sociedad rusas, sino la situación del capital internacional, cuya guerra imperialista había creado una devastación sin prececentes y estaba generando una situación revolucionaria internacional. En breve, tendría que probar que la realidad misma había ido más allá del programa democrático-burgués, que:

Esta fórmula ha caducado ya. La vida la ha trasladado del reino de las fórmulas al reino de la realidad, haciéndola de carne y hueso, concretándola y con ello, transformándola

Lenin. Cartas sobre táctica, abril de 1917

Reunión del dos de marxo del soviet de Petrogrado.
No se trataba de una disputa académica. Para los marxitas «la teoría no es un dogma sino una guía para la acción» y las tesis de «Las tareas del Proletariado en nuestra revolución» pretendía mostrar una vía práctica por la que avanzar al Partido proletario. Partido que estaba en peligro de perder a las secciones más avanzadas de la clase por su apego dogmático a un programa desfasado. Al principio estuvo casi totalmente aislado entre los líderes del partido. El 4 de abril presentó sus tesis en dos mítines: uno de delegados bolcheviques a la Conferencia del Partido y otro, que incluía delegados bolcheviques y mencheviques a la Conferencia del soviet que acababa de terminar. Solo Kollontai, una nueva conversa al bolchevismo, habló para secundarle. Las tesis se publicaron en Pravda como posición personal de Lenin con una advertencia de los editores que declaraba:

En lo que respecta al esquema general del camarada Lenin, nos parece inaceptable que comience dando por hecho que la revolución democrático-burguesa ha finalizado, y contar con ello para la inmediata transformación de la esta revolución en revolución socialista.

Idealización sorprendentemente nocturna de la llegada de Lenin a la estación de Finlandia.
Pero este aislamiento no le detuvo. Estaba preparado para dimitir del Comité Central y argumentar su caso como un miembro de la base antes que cambiar sus perspectivas. Así que paso el resto de abril repitiendo los argumentos de sus tesis y desarrollando los puntos esenciales para la Conferencia del Partido que iba a realizarse. Podemos resumirlas como sigue:

  • Da igual la existencia de un nuevo gobierno en Rusia, la gerra todavía es una guerra imperialista en la que se lucha por los intereses del capitalismo. Dado que amplias secciones de las masas están siendo engañadas por la burguesía para que piensen que la guerra puede darse ahora como una guerra defensiva revolucionaria, la tarea es explicar pacientemente «la inseparable conexión existente entre el capital y la guerra imperialista y probar que sin derrocar al capital es imposible dar fin a la guerra y establecer una paz autenticamente democrática».

    El partido debe exponer las contradicciones entre las palabras del gobierno provisional sobre la «paz sin anexiones» y sus acciones. Esta campaña debería se llevada a cabo también en el frente junto a llamamientos a la confraternización. Esto último de be animar a «elevar la confraternización desde el nivel de una repulsa instintiva ontra la guerra a una clara comprensión política de como salir de ella».

  • La Revolución rusa está ahora pasando de su primera a su segunda fase. El anterior, careciendo de «insuficiente conciencia de clase y organización del proletariado», puso el poder en las manos de la burguesía.
    La siguiente fase «debe entregar el poder a las manos del proletariado y los grupos más pobres del campo».
  • Ningún apoyo para el gobierno provisional. No alimentar ilusiones de que un gobierno de capitalistas puede dejar de ser un gobierno imperialista.
  • Mientras los bolcheviques estén en minoría en los soviets, la tarea del Partido es explicar los errores de otros partidos que oscilan frente a las masas (mencheviques, socialistas revolucionarios) al tiempo que predican la «necesidad de transferir todo el poder del estado a los Soviets de delegados de los trabajadores»
  • No a una república parlamentaria
  • El mayor énfasis del programa agrario ha de cambiar hacia los soviets de delegados de los trabajadores agrarios
  • Soviets propios para los capesinos pobres. Confiscación de toda la propiedad de los terratenientes y puesta a disposición de los Soviets de trabajadores agrarios «para el servicio público»
  • Necesidad de convocar un Congreso del Partido para cambiar el programa sobre el imperialismo y la guerra; la naturaleza del estado proletario; el caduco programa mínimo; y cambiar el nombre del Partido a Partido Comunista.
  • La necesidad de tomar la iniciativa creando una nueva internacional revolucionaria.

Las tesis, que arrancaban de la realidad de la guerra imperialista y de la existencia de soviets, dieron estrategia y táctica a un partido que aspiraba a liderar a las masas trabajadoras en una revolución socialista.

Formemos un partido comunista proletario; los mejores militantes del bolchevismo han creado ya los elementos de ese partido; unámonos estrechamente en la labor proletaria clasista y veremos cómo vienen a nosotros, en masas, cada vez mayores, los proletarios y los campesinos pobres.

Lenin. La dualidad de poderes, 9 de abril 1917

En el curso de un mes, la actitud en el Partido hacia las tesis cambió de la hostilidad y la mofa hacia su amplia aceptación como bases para las resoluciones en la Conferencia de abril. Sería demasiado fácil y simplemente falso explicarlo por el liderazgo carismático de Lenin. A pesar de su importancia en el partido, que nadie cuestiona, sus posiciones al volver del exilio habían sido despachadas como carentes de realismo por el Comité Central. Fue la realidad misma la que forzó a la dirección a aceptar en bloque la perspectiva de Lenin.

De hecho las tesis ya reflejaban los sentimientos de los miembros de la base del partido en distritos como Viborg y Kronstadt donde no hubo problemas para persuadir a los trabajadores y marineros revolucionarios de la necesidad de oponerse al gobierno provisional y establecer el poder de los consejos. En otras palabras, Lenin estaba mucho más unnido a la clase obrera revolucionaria que muchos de los demás líderes bolcheviques.

Pero cuanto más duraba el doble poder, más disparatado se hacía presionar al gobierno provisional y esperar que actuara en interés de las masas. Mientras los ministros vacilaban y tartamudeaban cuando tocaba hablar del destino de los latifundios, los campesinos tomaban ya las tierras.

El problema de los alimentos no había sido resuelto; amenazaba hambruna y el precio del pan seguía subiendo. Sobre todo, la guerra seguía. La paz parecía tan lejos como siempre. La política del gobierno provisional de arrastrar a las masas, a través de los soviets, a compartir la responsabilidad por la guerra bajo la divisa de defender la revolución tropezó cuando Miliukov -Ministro de Asuntos Exteriores- telegrafió una nota a los aliados asegurándoles que la declaración de paz sin anexiones no incluía…

…ningún relajamiento por parte de Rusia en la lucha común de los aliados. Por el contrario, las aspiraciones de toda la nación de llevar la guerra mundial a una victoria decisiva han crecido con más fuerza.

De inmediato hubo manifestaciones masivas contra Miliukov y la guerra por toda Rusia. El 21 de abril 100.000 trabajadores y soldados se manifestaron por la paz en Petrogrado. El soviet de Petrogrado recibió resoluciones protestando contra la nota de Miliukov de soviets de toda Rusia.

Durante esta crisis de abril, tres días antes de la Conferencia del Partido, algunos comités del Partido (Kronstadt, Petesburgo, Helsingfors) interpretaron la consigna «Vivan los soviets» como un llamamiento al derrocamiento inmediato del gobierno provisional. El comité de Kronstadt condujo soldados y marineros armados a las manifestaciones por la paz llevando la consigna «Abajo el gobierno provisional». Incluso antes de que el partido adoptara formalmente las propuestas de Lenin y la consigna «Todo el poder para los soviets» como consigna del momento, el partido bolchevique se enfrentó a un problema que reaparecería en los meses siguientes: la sobrevaloración por parte de las secciones militantes de la madurez política del momento y el peligro de caer en la trampa de un intento insurreccional prematuro. Pero estos eran los problemas de un Partido determinado a crear las mejores condiciones posibles para asaltar el poder con éxito. En las postrimerías de la crisis de abril y la conferencia del Partido la cuestión que se planteaba el Partido bolchevique a si mismo no era si los consejos debían tomar el poder del estado, sino «cómo» y «cuándo».

La burguesía resolvió su crisis política negando que la nota de Miliukov significara lo que decía y deshaciéndose de su autor. El Comité Ejecutivo del Soviet salió al quite aceptando entrar en un gobierno de coalición. Seis ministros, autodenominados «socialistas», fueron propuestos por el Comité (eseritas y mencheviques). El cinco de mayor una moción bolchevique en el Soviet de Petrogrado, oponiéndose a los «ministros socialistas» recibió solo cien votos. A pesar de la creciente influencia del Partido bolchevique, quedaba todavía un largo camino para determinar la política de los consejos como un todo. A comienzos de mayo, los capitalistas rusos y sus aliados todavía tenían la esperanza de revivir los frentes colapsados y ganar de nuevo apoyo popular para una nueva ofensiva militar. Eso era lo que esperaban conseguir involucrando a los soviets en su gobierno.

Cartel homenaje a la «flota roja» de Kronstadt.
Kerenski, que se había declarado a sí mismo portavoz de los Soviets en el anterior gobierno provisional, se convirtió ahora en Ministro de Guerra y Marina en un nuevo intento de embaucar a las masas con discusiones sobre fortalecer el control de los soviets sobre el gobierno. De este modo las masas no fueron todavía lo suficientemente conscientes para darse cuenta de que el poder de los soviets era incompatible con un gobierno de ese tipo, es decir, que es imposible imponer una política de paz con agentes del imperialismo.

Como Trotski dijo, la sensación era que si un Kerenski en el gobierno era algo bueno, seis kerenskis serían incluso mejor.

Pero mientras Kerenski en persona informaba a Buchanan, embajador del imperialismo británico, que «los soviets morirán de muerte natural», los verdaderos socialistas y revolucionarios, los bolcheviques, respondían a la retórica pequeño-burguesa sobre la democracia revolucionaria con lo que ahora era una política claramente definida. Explicaban pacientemente la «necesidad de que todo el poder del estado pase al proletariado y el semiproletariado». El Partido como un todo aceptaba ahora que su tarea era «aumentar el número de soviets, reforzarlos y consolidar la unidad de nuestro partido» en la preparación de la victoria sobre los capitalistas. Victoria que no podía conseguirse «en unos pocos días por un simple estallido de ira popular» ni por actos de prematuro aventurerismo, sino que requería organización y, por encima de todo, conciencia de clase. Esto es, la emancipación del proletariado de la influencia de la la pequeña burguesía.