La nueva forma de organización militante

Carlos Kautsky
Las expresiones teóricas del oportunismo en la II Internacional no se limitaron en realidad al revisionismo de Bernstein. En Kautsky, Plejanov, Labriola y en general en los grandes popes teóricos de la II Internacional tendrá un reflejo, aunque siempre ambiguo y escurridizo, bajo la forma de una sobre-valoración del papel de la dirección del partido y sus élites parlamentarias en el proceso de constitución en clase.

El proletariado llega a ser la clase más numerosa y en el estado y también en el ejército, sobre el cual reposa el poder del estado. En un estado tan industrial como Alemania o Inglaterra, el proletariado tendría desde hoy la fuerza para conquistar el poder y las condiciones económicas le permitirían, desde luego, servirse de él para sustituir la producción capitalista por la producción social.

Pero lo que falta al proletariado es la conciencia de su fuerza. Alguna categoría de proletarios la poseen; falta al conjunto del proletariado. El partido socialista hace lo posible para inculcársela. Esto siempre por la propaganda teórica, pero no solamente por ella. Para hacer que el proletariado adquiera conciencia de su fuerza, la acción será siempre superior a cualquier teoría. Por los éxitos que cosigue en la lucha ontra el adversario, el partido socialista muestra más claramente al proletariado la fuerza de que él dispone y es el modo más eficaz para aumentar en él el sentimiento de esa fuerza.

Carlos Kautsky. El camino del poder, 1909

No solo es llamativo que en 1909 Kautsky parezca haber olvidado la principal lección de la Comuna de París -que el estado proletario no puede ser el estado burgués con una nueva dirección- sino que nos viene a decir que el partido tiene la teoría -que elaboran sus dirigentes- y sin ella la clase no puede ser consciente de su fuerza. Pero que son, sobre todo las victorias del «políticas» del partido -los «triunfos» parlamentarios- las que cumplen esta función. Es decir coloca a la clase en una situación de dependencia respecto al partido y el parlamentarismo en su propio proceso de constitución, y al partido como un elemento externo a este proceso. Aparece nebulosamente la idea de que el partido mismo y su teoría -más allá del crecimiento numérico- no es tampoco producto y reflejo de la lucha de clases. Según no pocos autores y manuales «leninistas» ésta manifestación de oportunismo sería el origen de la teoría de la «exterioridad de la conciencia» tal e impregnaría el «¿Qué hacer?» de Lenin.

Escena de «La Huelga» de Eisenstein.
«Todos están de acuerdo» con que es preciso desarrollar la conciencia política de la clase obrera. Pero, ¿cómo hacerlo y qué es necesario para hacerlo? La lucha económica «hace pensar» a los obreros sólo en las cuestiones concernientes a la actitud del gobierno ante la clase obrera; por eso, por más que nos esforcemos en «dar a la lucha económica misma un carácter político», jamás podremos, en los límites de esta tarea, desarrollar la conciencia política de los obreros (hasta el grado de conciencia política socialdemócrata), pues los propios límites son estrechos.

Al obrero se le puede dotar de conciencia política de clase sólo desde fuera, es decir, desde fuera de la lucha económica, desde fuera del campo de las relaciones entre obreros y patronos. La única esfera de que se pueden extraer esos conocimientos es la esfera de las relaciones de todas las clases y sectores sociales con el Estado y el gobierno, la esfera de las relaciones de todas las clases entre sí. Por eso, a la pregunta de qué hacen para dotar de conocimientos políticos a los obreros, no se puede dar únicamente la respuesta con que se contentan, en la mayoría de los casos, los militantes dedicados a la labor práctica, sin hablar ya de quienes, entre ellos, son propensos al «economicismo», a saber: «Hay que ir a los obreros». Para aportar a los obreros conocimientos políticos, los socialdemócratas deben ir a todas las clases de la población, deben enviar a todas partes destacamentos de su ejército. (…)

Hemos dicho que los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser traída desde fuera. La historia de todos los países demuestra que la clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc. En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas elaboradas por intelectuales, por hombres instruidos de las clases poseedoras. Por su posición social, los propios fundadores del socialismo científico moderno, Marx y Engels, pertenecían a la intelectualidad burguesa. De igual modo, la doctrina teórica de la socialdemocracia ha surgido en Rusia independiente por completo del crecimiento espontáneo del movimiento obrero, ha surgido como resultado natural e ineludible del desarrollo del pensamiento entre los intelectuales revolucionarios socialistas.

Lenin. ¿Qué hacer?, 1902

Portada original del «¿Qué hacer?» de Lenin (1902)
Es un texto que resulta extraño, que contradice toda la teoría habitual sobre la constitución de clase como proceso dentro de la propia clase. Además ¿no puede empezar sino desde fuera o no puede existir más que como una inyección permanente desde fuera? ¿La labor de la organización de revolucionarios es la una chispa («Iskra», chispa, era el órgano socialdemócrata en la emigración) o como un bombeo constante?. La organización pone en marcha el proceso de constitución en clase política o la constitución en clase no es otra cosa que el crecimiento de la organización? Y sobre todo: ¿Cómo puede casar esto con la idea de clase universal?

La cuestión se cambia radicalmente cuando levantamos un poco el vuelo y analizamos el contexto:

  1. Rusia es el último gran país europeo que ha comenzado su industrialización. Esta ha sido tan tardía que ha tenido marxistas antes que concentraciones obreras. En 1902 tiene todavía un estado feudal en el que el crecimiento de la burguesía -y con ella de proletariado- está generando contracciones cada vez más agudas que apuntan a una revolución democrática en los años siguientes (llegará antes de tres años).
  2. Los «economicistas» se quedan en la letra de la descripción del proceso tal cuál fue en los países centrales del capitalismo en las revoluciones del 48: primero constitución en clase para el capital, luego constitución en clase política. Defienden pues que el desarrollo de las luchas obreras por el salario y las condiciones de vida, llevarán por sí mismas a la elevación de la clase en clase política en la arena rusa.
  3. Lenin, por contra, defiende que, en ese marco, el partido tiene que dar cauce al descontento de amplias masas populares -no es una revolución obrera sino democrático-burguesa lo que viene- para lo que propone crear un gran periódico nacional que agite recogiendo las quejas de las clases trabajadoras (campesinado, artesanos, etc.) sin importarle que no sean ni siquiera mayoritariamente obreras.
  4. Los «economicistas» rechazan la idea porque haría perder al partido el foco de la construcción de un gran movimiento obrero sobre la organización de base de los trabajadores, comenzando por los sindicatos.

En nuestros días podrá convertirse en vanguardia de las fuerzas revolucionarias sólo el partido que organice campañas de denuncias de verdad ante todo el pueblo. Las palabras «todo el pueblo» encierran un gran contenido. La inmensa mayoría de los denunciadores que no pertenecen a la clase obrera (y para ser vanguardia es necesario precisamente atraer a todas las clases) son políticos realistas y hombres serenos y prácticos. Saben muy bien que si es peligroso «quejarse» incluso de un modesto funcionario, lo es todavía más quejarse del «todopoderoso» gobierno ruso. Y se quejarán a nosotros sólo cuando vean que sus quejas pueden surtir efecto, que somos una fuerza política. Para lograr que las personas ajenas nos consideren una fuerza política debemos trabajar mucho y con tenacidad a fin de elevar nuestro grado de conciencia, nuestra iniciativa y nuestra energía, pues no basta con pegar el marbete de «vanguardia» a una teoría y una práctica de retaguardia.

Pero los admiradores demasiado celosos del «estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria» nos preguntarán, y nos preguntan ya, si debemos encargarnos de organizar denuncias verdaderamente ante todo el pueblo sobre los abusos cometidos por el gobierno, ¿en qué se manifestará entonces el carácter de clase de nuestro movimiento? ¡Pues, precisamente, en que seremos nosotros, los socialdemó – cratas, quienes organizaremos esas campañas de denuncias ante todo el pueblo; en que todos los problemas planteados en nuestra agitación serán esclarecidos desde un punto de vista socialdemócrata firme, sin ninguna indulgencia para las deformaciones, intencionadas o no, del marxismo; en que esta polifacética agitación política será realizada por un partido que une en un todo indivisible la ofensiva contra el gobierno en nombre del pueblo entero, la educación revolucionaria del proletariado —salvaguardando al mismo tiempo su independencia política—, la dirección de la lucha económica de la clase obrera y la utilización de sus conflictos espontáneos con sus explotadores, conflictos que ponen en pie y atraen sin cesar a nuestro campo a nuevos sectores proletarios!

Lenin. ¿Qué hacer?, 1902

Lenin y Martov (sentado a su izquierda) en 1897.
La particularidad de la «cuestión rusa» no se entiende si no aceptamos todo el significado de que el proletariado es la clase universal y por tanto no tiene que repetir el mismo proceso «país por país, fábrica por fábrica». Las primeras expresiones políticas de la clase fueron origen del nacimiento del socialismo científico, de la primera organización global de militantes y de la primera experiencia de toma del poder. Todo ello antes de que hubiera una burguesía y un proletariado moderno en Rusia. Por lo que en Rusia la organización revolucionaria de militantes de la clase precede a la constitución de la clase como clase económica, como clase frente al capital, estadio primario y «espontáneo» de la constitución del proletariado.

A la socialdemocracia rusa le ha correspondido una tarea peculiar, sin precedentes en la historia del socialismo: la de crear una táctica socialdemócrata, ajustada a la lucha proletaria de clase, en un Estado absoluto. (…) La dificultad principal de la lucha socialdemócrata en Rusia es el encubrimiento del dominio burgués de clase bajo la dominación brutal del absolutismo que, por necesidad, tiene que imponer un carácter propagandístico abstracto a la teoría socialista de la lucha de clases, así como un aspecto democrático-revolucionario a la agitación política inmediata.

En Rusia se ha de realizar el experimento inverso, esto es, la creación de una socialdemocracia en condiciones de inexistencia del dominio político inmediato de la burguesía. Esto supone la necesidad de plantear de modo peculiar no solamente el problema del trasplante de la teoría socialista a suelo ruso o el de la agitación, sino, también, el de la organización.

A diferencia de los intentos primitivos y utópicos del socialismo, el movimiento socialdemócrata no considera la cuestión de la organización como un resultado artificial de la propaganda, sino como un producto histórico de la lucha de clases al que la socialdemocracia se limita a aportar la conciencia política.

En circunstancias normales, es decir, allí donde el desarrollo del poder político de clase de la burguesía precede al movimiento socialdemócrata, el primer movimiento de fusión del proletariado viene procurado por la propia burguesía. «En esta etapa -dice el Manifiesto Comunista- si los obreros forman en masas compactas, esta acción no es todavía la consecuencia de su propia unidad sino de la unidad de la burguesía».

En Rusia ha correspondido a la socialdemocracia la tarea de sustituir un período del proceso histórico por una actividad consciente para extraer al proletariado del estado de atomización -que es la base del régimen absoluto- y dirigirlo, como clase consciente y luchadora, hasta la forma más elevada de organización. Así pues, la cuestión de la organización es especialmente difícil para la socialdemocracia rusa y no solamente porque tiene que resolverla sin la cobertura formal de la democracia burguesa, sino porque, hasta cierto punto, tiene que hacer como el buen Dios, crear una organización «de la nada», en el vacío y sin la materia prima que, en otros casos, viene preparada por la sociedad burguesa.

Rosa Luxemburgo. Problemas de organización en la socialdemocracia rusa, 1904

El oportunismo es siempre el camino más fácil, el menos comprometido en términos históricos, el que menos esfuerzo de autoconfianza y disciplina exige a la clase y sus militantes. Por eso, Lenin identifica correctamente al economismo como la versión local, en aquel momento, del oportunismo. Como, a diferencia de lo que estaba sucediendo en Alemania, el debate se dará desde el principio en un plano organizativo y no solo teórico, el resultado permitirá la traducción de la lucha contra el oportunismo en escisión orgánica que tomará la forma de lucha sobre el concepto de «centralismo».

No se trata, como en los sesenta intentarán muchos grupos anarquistas y nacionalistas de una oposición entre la lógica federativa, localista de Rosa Luxemburgo y un Lenin que «inventa» el «centralismo democrático».

No hay duda de que en toda la socialdemocracia se da un espíritu centralista pronunciado. Por haber crecido en el suelo económico del capitalismo, que es centralista por tendencia, y por estar obligada a presentar su batalla en el marco político del gran Estado centralizado burgués, la socialdemocracia es, ya de nacimiento, una enemiga decidida de todo particularismo y todo federalismo. Como quiera que la socialdemocracia tiene que defender los intereses generales del proletariado en cuanto clase en el marco de un Estado concreto, frente a los intereses parciales y de grupo del proletariado, manifiesta la tendencia lógica de fusionar en un solo partido unitario a todos los grupos nacionales, religiosos y profesionales de la clase obrera.

Rosa Luxemburgo. Problemas de organización en la socialdemocracia rusa, 1904

«Iskra» (Chispa), periódico del POSDR en la emigración. Primer número (1900)
Se trata por el contrario de una discusión sobre las formas del centralismo y su relación con la conciencia de clase y el tipo de organización que se pretende crear: un partido y movimiento de masas que agrupa desde sindicatos a asociaciones culturales, como en el caso alemán -entonces modélico- o, lo que entonces empieza a entreverse gracias al trabajo de Lenin, una organización de propagandistas.

Las particulares condiciones rusas serán aquí una ventaja y un lastre al mismo tiempo. Una ventaja porque nacerá ya como organización volcada en la educación y toma de conciencia de la clase, es decir en su constitución, sin el peso de asumir -como en España o Italia- la construcción y animación de todas las estructuras locales específicas (sindicatos, grupos culturales, etc.). Pero será también un lastre porque la socialdemocracia rusa es un caso único de organización de clase formada antes de que la clase existiera localmente, incluso como clase económica y esa idea de que el partido, los militantes, pueden suplir la ausencia de la clase, aunque sea en periodos específicos, llevará a invisibilizar algunos problemas fundamentales de la revolución y la guerra civil años más tarde.

Ya volveremos sobre esto al final de este curso. De momento, escuchemos a Lenin contarnos cómo era y funcionaba la organización socialdemócrata en 1902

En nuestras condiciones, los periódicos locales resultan en la mayoría de los casos vacilantes en los principios y faltos de importancia política; en cuanto al consumo de energías revolucionarias, resultan demasiado costosos, e insatisfactorios por completo, desde el punto de vista técnico (me refiero, claro está, no a la técnica tipográfica, sino a la frecuencia y regularidad de la publicación).

Y todos los defectos indicados no son obra de la casualidad, sino consecuencia inevitable del fraccionamiento que, por una parte, explica el predominio de los periódicos locales en el período que examinamos, y, por otra parte, encuentra un apoyo en ese predominio. Una organización local, por sí sola, no está realmente en condiciones de asegurar la firmeza de principios de su periódico ni de colocarlo a la altura de órgano político; no está en condiciones de reunir y utilizar datos suficientes para escribir de toda nuestra vida política. (…)

Para denunciar los abusos que se cometen en las fábricas locales, hemos tenido siempre, y debemos seguir teniendo siempre, las hojas volantes; pero el periódico hay que elevarlo, y no rebajarlo al nivel de hojas volantes de fábrica. Para un «periódico» necesitamos denuncias no tanto de «pequeñeces», como de los grandes defectos típicos de la vida fabril, denuncias hechas con ejemplos de singular realce y, por lo mismo, capaces de interesar a todos los obreros y a todos los dirigentes del movimiento, capaces de enriquecer efectivamente sus conocimientos, ensanchar su horizonte, dar comienzo al despertar de un distrito más, de un nuevo sector profesional de obreros.(…)

El predomino de la prensa local sobre la central es síntoma de penuria o de lujo. De penuria, cuando el movimiento no ha cobrado todavía fuerzas para un trabajo a gran escala, cuando aún vegeta en medio del primitivismo y casi se ahoga «en las pequeñeces de la vida fabril». De lujo, cuando el movimiento ha podido ya plenamente con la tarea de las denuncias en todos los sentidos y de la agitación en todos los sentidos, de modo que, además del órgano central, se hacen necesarios numerosos órganos locales.

Lenin. ¿Qué hacer?. 1902

Lenin en el II Congreso del POSDR
El debate siguió hasta el II Congreso del partido y acabó en escisión. Por un lado, alrededor de las posiciones de Lenin los «mayoritarios» («bolcheviki» en ruso) y por otro los minoritarios («mencheviki») que incluían a las «grandes figuras» del partido como Plejanov -el Kautsky ruso-, a Martov, a Trotski -que abandonaría el grupo más adelante- o a Vera Zazulich autora de un famoso intercambio electoral con Marx cuando era joven.

Lenin haría el relato de la ruptura -como no podía ser menos, áspera y correosa en muchos aspectos- en «Un paso adelante, dos atrás» (1904). Recibiría la crítica más duradera ese mismo año, de mano de Rosa Luxemburgo desde las páginas de «Iskra», el hasta entonces órgano oficial que había quedado bajo dirección menchevique.

La concepción que se manifiesta en esta obra del modo más penetrante y exhaustivo es la de un centralismo sin contemplaciones. Su principio vital es, por un lado, poner claramente de manifiesto la separación entre los destacamentos organizados de revolucionarios decididos y activos y el medio que los rodea, desorganizado pero activo revolucionariamente; por otro lado, la disciplina férrea y la injerencia directa, decisiva y determinante de las autoridades centrales en todas las manifestaciones de las organizaciones locales del partido. Bastará con señalar que, según esta concepción el comité central, por ejemplo, tiene atribuciones para organizar todos los comités inferiores del partido, para determinar la composición personal de cada organización local rusa desde Ginebra a Lüttich, de Tomsk a lrkutsk, para dar a cada una un estatuto local ya redactado, disolverla por entero y crearla de nuevo por medio de una sentencia y finalmente, del mismo modo e indirectamente, capacidad de influir en la instancia superior del partido, el congreso. Según todo esto, el comité central resulta ser el núcleo realmente activo del partido, mientras que las demás organizaciones se limitan a ser instrumentos de ejecución de sus designios.(…)

El movimiento socialdemócrata es el primero en la historia de las sociedades de clase que, en cada uno de sus estadios y, en el conjunto de su desarrollo, depende de la organización y de la acción directa autónoma de las masas. Por este motivo, la socialdemocracia origina una forma de organización completamente distinta a la de los movimientos socialistas anteriores, por ejemplo, los de carácter jacobino-blanquista.

Lenin parece subestimar esta cuestión al sostener en su libro que el revolucionario socialdemócrata no es otra cosa que un «jacobino inseparablemente unido a la organización del proletariado con conciencia de clase». Lenin considera que la organización y la conciencia de clase del proletariado constituyen los escalones diferenciadores principales entre la socialdemocracia y el blanquismo, partidario de la conjura de una minoría. Olvida con ello Lenin que esto implica una valoración absolutamente distinta de los conceptos de organización, un contenido completamente nuevo para el concepto del centralismo y una concepción también absolutamente nueva de la relación mutua entre la organización y la lucha.

Rosa Luxemburgo. Problemas de organización en la socialdemocracia rusa, 1904

Rosa Luxemburgo le critica en un texto brillante, que tal ultra-centralismo, más propio del blanquismo que de la socialdemocracia, no corresponde a las necesidades de la constitución en clase, y lleva razón… cuando el punto de partida es una clase, que como en Francia o Alemania, ya se ha descubierto clase política, y si además el objetivo, la forma a la que se pretende tender, es a un gran movimiento de organización de masas como la socialdemocracia alemana.

Pero los bolcheviques parten, como hemos visto, de otro lugar y están creando algo nuevo: una organización capaz por primera vez de llevar un único mensaje, igual y coherente, de punta a punta de Rusia; un mensaje igual en cada fábrica y cada capital, un guión, un armazón coherente sobre el que el proletariado pueda constituirse como clase política al tiempo que lidera a buena parte de las clases trabajadoras todavía no proletarizadas.

En ese momento, con ese contexto, la ultracentralización es la única manera de poder conseguirlo. Rosa Luxemburgo le reprocha que la centralización favorece las tendencias conservadoras y oportunistas que observa en la dirección socialdemócrata alemana. Darle poderes extraordinarios a aquel órgano que se sabe más débil es peligroso. Pero la dirección socialdemócrata alemana cae en el oportunismo atraída por el grupo parlamentario, algo que está todavía muy lejos de las posibilidades que ofrece el absolutismo ruso. Para Lenin, por el contrario, la batalla por la centralización es el punto en el que el oportunismo se hace visible daddas las condiciones rusas.

Principales grupos que emergieron en el II Congreso del POSDR
Cuando se habla de lucha contra el oportunismo, no hay que olvidar nunca un rasgo característico de todo el oportunismo contemporáneo en todos los terrenos: su carácter in definido, difuso, inaprehensible. El oportunista, por su misma naturaleza, esquiva siempre plantear los problemas de un modo preciso y definido, busca la resultante, se arrastra como una culebra entre puntos de vista que se excluyen mutuamente, esforzándose por «estar de acuerdo» con uno y otro, reduciendo sus discrepancias a pequeñas enmiendas, a dudas, a buenos deseos inocentes, etc., etc.

El camarada E. Bernstein, oportunista en cuestiones programáticas, «está de acuerdo» con el programa revolucionario del Partido, y aunque, probablemente, desearía una «reforma cardinal» del mismo, considera que esta reforma no es oportuna ni conveniente, ni tan importante como la aclaración de los «principios generales» de «crítica» (que consisten, principalmente, en aceptar sin crítica alguna los principios y los terminajos de la democracia burguesa).

El camarada von-Vollmar, oportunista en problemas de táctica, está también de acuerdo con la vieja táctica de la socialdemocracia revolucionaria y más bien se limita igualmente a declamaciones, a ligeras enmiendas e ironías, no proponiendo nunca ninguna táctica «ministerialista» determinada.

Los camaradas Mártov y Axelrod, oportunistas en problemas de organización, tampoco han dado hasta ahora tesis determinadas de principio que puedan ser «fijadas en unos estatutos», a pesar de que se les ha llamado directamente a hacerlo; también ellos desearían, indudablemente que la desearían, una «reforma cardinal» de los estatutos de nuestra organización; pero con preferencia hubieran empezado por ocuparse de «problemas generales de organización» (porque una reforma efectivamente cardinal de nuestros estatutos que, a pesar del artículo primero, tienen un carácter centralista, si se hiciera en el espíritu de la nueva Iskra, conduciría inevitablemente al autonomismo, y el camarada Mártov, claro está, no quiere reconocer ni aun ante sí mismo su tendencia en principio al autonomismo). De aquí que su posición «en principio», en cuanto al problema de organización, tenga todos los colores del arco iris: predominan inocentes y patéticas declamaciones sobre la autocracia y el burocratismo, sobre la obediencia ciega, sobre tornillos y ruedecitas, declamaciones tan inocentes, que en ellas es aún sumamente difícil distinguir lo que son efectivamente principios de lo que es en realidad cooptación.

Pero cuanto más se adentra uno en el bosque tanta más leña se encuentra: los intentos de analizar y definir exactamente el odioso «burocratismo» conducen inevitablemente al autonomismo; los intentos de «profundizar» y fundamentar, llevan indefectiblemente a justificar el atraso, llevan al seguidismo, a la fraseología girondina. Por último, como único principio efectivamente definido, y que por ello mismo se manifiesta con peculiar claridad en la práctica (la práctica precede siempre a la teoría), aparece el principio del anarquismo. Ridiculización de la disciplina – autonomismo – anarquismo: he ahí la escalera por la que ora baja ora sube nuestro oportunismo en materia de organización, saltando de peldaño en peldaño y evitando hábilmente toda formulación precisa de sus principios. Exactamente la misma gradación presenta el oportunismo en cuanto al programa y a la táctica: burla de la «ortodoxia», de la estrechez y de la inflexibilidad -«crítica» revisionista y ministerialismo – democracia burguesa.

Lenin. Un paso adelante, dos atrás, 1904

Con todo, la idea, habitualmente repetida sin contraste alguno, de que Lenin defendía un «partido de revolucionarios profesionales» es explícitamente negada tanto en el congreso como en «Un paso adelante, dos pasos atrás». En las condiciones de debilidad y atomización del proletariado ruso y su vanguardia, Lenin quiere construir una maquinaria centralizada de agitación y elaboración política colectiva -el partido propiamente dicho- y sabe que si lo consiguen surgirán alrededor todo tipo de organizaciones obreras que son características de la época. Pero si no se hace, será la dispersión, no la centralización excesiva, la que ahoguen al movimiento, lo mantengan desarticulado, débil, abierto a mil formas de oportunismo localista y lo tornen así, inútil para la clase en su proceso de constitución.

No debe pensarse que las organizaciones del Partido habrán de constar sólo de revolucionarios profesionales. Necesitamos las organizaciones más variadas, de todos los tipos, categorías y matices, comenzando por organizaciones extraordinariamente reducidas y conspirativas y concluyendo por organizaciones muy amplias, libres, «lose Organisationen». (…)

El proletariado no dispone, en su lucha por el Poder, de más arma que la organización. El proletariado, desunido por el imperio de la anárquica concurrencia dentro del mundo burgués, aplastado por los trabajos forzados al servicio del capital, lanzado constantemente «al abismo» de la miseria más completa, del embrutecimiento y de la degeneración, sólo puede hacerse y se hará inevitablemente invencible, siempre y cuando que su unión ideológica por medio de los principios del marxismo se afiance mediante la unidad material de la organización, que cohesiona a los millones de trabajadores en el ejército de la clase obrera.

Ante este ejército no prevalecerán ni el Poder senil de la autocracia rusa ni el Poder caduco del capitalismo internacional. Cada vez se estrecharán más las filas de este ejército, a pesar de todos los zig-zags y pasos atrás, a pesar de las frases oportunistas de los girondinos de la socialdemocracia contemporánea, a pesar de los fatuos elogios del atrasado espíritu de círculos, a pesar de los oropeles y el alboroto del anarquismo propio de intelectuales.

Lenin. Un paso adelante, dos atrás, 1904

Y efectivamente, haber realizado una separación organizativa pronta del oportunismo, iba a demostrarse clave en el curso de las revoluciones por venir. Sin embargo, la organización de un gran movimiento socialista en todas sus dimensiones -sindical, electoral, cultural, etc.- al estilo del alemán, en torno al partido, no se llegó a dar hasta después de octubre.

No podía ser de otra manera. Bajo las nuevas condiciones del imperialismo, la organización general de la clase y la organización de los revolucionarios iban a tomar nuevas formas porque las formas de la lucha y auto-organización obreras iban a cambiar también, desplazándose desde el sindicato a un nuevo tipo de órganos nacidos de las nuevas condiciones, que además eran ya órganos de poder de clase: los consejos obreros, en ruso «soviets».


Haciendo un balance de este tema:

  1. Las particularísimas condiciones de Rusia, el único de los grandes países europeos donde hay marxistas antes que experiencias políticas del proletariado y organizaciones huelguísticas, llevan al nacimiento de un tipo de organización diferente al de las socialdemocracias occidentales.
  2. El principal objetivo de los revolucionarios en ella será adelantar el proceso de constitución en clase de cara a la revolución burguesa por venir; llevando una mirada general de los intereses del movimiento democrático «desde el exterior» que fuera más allá de la «conciencia tradeunionista» que la clase podía alcanzar en ese estadio.
  3. Siendo la atomización localista dominante, las tendencias al oportunismo se muestran «girondinas», federalizantes, autonomistas. Por contra, la tendencia revolucionaria, liderada por Lenin, defenderá una centralización jacobina, única forma posible con la que construir y llevar un mensaje único y coherente en el que la clase pudiera apoyarse para descubrirse más allá de su experiencia fabril inmediata en relación con las otras clases y el estado feudal.
  4. El resultado será un modelo de partido centralista, enfocado a la agitación más que a la organización de grupos de base amplia -a diferencia del modelo canónico de la II Internacional.
  5. Si la fracción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, fue la única organización de la II Internacional en reaccionar en bloque y ágilmente primero en 1905 y luego en 1914 y 1917, se debió en buena parte a:
    • La temprana separación del oportunismo;
    • la ausencia de una burocracia sindical y un grupo parlamentario influyentes en la dirección del partido; y
    • disfrutar una centralización a rajatabla testada durante los años de clandestinidad y con grupos activos en todo el territorio ruso.