La sublevación de Kornílov

Guardias rojos.
Como vimos durante las jornadas de julio, los bolcheviques pudieron sobrevivir a la represión porque estaban firmemente enraizados en la clase trabajadora. Sin embargo hay llamar la atención a aquellos que hoy buscan lecciones simplonas: hemos de recordar que esto hubiera servido de poco o nada sin la fuerza acumulada por los trabajadores de Petrogrado en los lugares donde se concentraba, los barrios obreros de Viborg y Petrogradki. Fue esta relativa fortaleza la que convirtió a estas zonas de la capital en fortalezas proletarias en las que el estado no podía entrar tan fácilmente.

A esto hay que añadir la debilidad crónica de la burguesía rusa que había fracasado en todos sus intentos de derrocar al zarismo. Después de la Revolución de febrero, estaba intentando construir un estado que dependía completamente del capricho de la clase trabajadora para seguir existiendo. Solo eran capaces de aparentar que mantenían el poder mientras los trabajadores no se dieran cuenta de que sus propios intereses de clase, es decir mientras los mencheviques y los eseristas pudieran sostener una mayoría, cada vez más ficticia, en el Soviet de Petrogrado. Para la burguesía rusa la caída del zar solo había significado apartar el mayor obstáculo para ganar la guerra a la burguesía alemana. Así que el proletariado tuvo que encarar privaciones continuas a lo largo de 1917 y solo pudo apoyarse en el único partido que se había opuesto a la guerra desde el principio. A principios de agosto, cuando el voto en el parlamento de la ciudad mostró un incremento del 14% para los bolcheviques respecto a mayo, parecía claro que las jornadas de julio solo habían supuesto un pequeño alto para las esperanzas bolcheviques. Y conforme el proletariado ruso se unía cada vez más tras el Partido bolchevique, las grietas en la burguesía estallaban abiertamente.

Alejandro Kerenski
La aparente derrota de los bolcheviques en julio renovó la confianza de la burguesía. Se introdujeron severas medidas disciplinarias en el ejército, incluida la reinstauración de la pena de muerte, en un intento por restaurar la disciplina. El Príncipe Lvov cedio a los Socialistas Revolucionarios haciendo a Kerenski primer ministro, pues se pensaba que solo él tenía el apoyo de la mayoría del Soviet y el deseo de destruir a los bolcheviques. Sin embargo, cuando poco después se hizo evidente que que solo estaba preparado para perseguir a los bolcheviques pero no para revertir el ascendente que habían ganado en los soviets desde febrero, la vieja clase dominante comenzó inmediatamente a buscar una verdadera figura napoleónica. Impulsado por los embajadores británico y francés, que continuamente promovieron la causa del General Kornílov, el partido de la burguesía rusa, los «Demócratas Constitucionales» -conocidos como «kadetes»- ponía ahora todo su peso al servicio de la instauración de una dictadura militar. Los capitalistas formaron una «Sociedad para la Recuperación Económica de Rusia» con el objetivo de financiar los planes de los kadetes y, por si todavía hiciera falta subrayar el cambio de táctica de la burguesía, los kadetes abrieron sus puertas a antiguos miembros de las «Centurias Negras», famosos por sus pogromos antisemitas y antiobreros bajo Nicolas II.

Al mismo tiempo, el desastre de la ofensiva de junio forzó al general Brusilov a dimitir, y Kerenski, bajo presión de la Unión de Oficiales y los embajadores de los aliados, fue forzado a nombrar a Kornílov como comandante en jefe del ejército. Este había llamado la atención de los británicos porque había sido el primero en llamar a un fin de la ofensiva para que se pudieran tomar medidas que devolvieran el pleno control del ejército a los oficiales. Ya había puesto en marcha esta política en su parte del frente disolviendo unidades que rechazaban luchar, desarmando a más de 7000 soldados, disparando sobre los desertores y disolviendo por la fuerza los mítines de los soldados. Kerenski llegó a la conclusión de que podía salvar el esfuerzo de guerra y congelar la revolución en el punto al que ya había llegado, así que anuncio que:

Kornílov, cuyos puntos de vista son similares a los del gobierno provisional es el hombre que ha de salvar la situación.

El General Kornílov en 1917
Una vez que Kornílov fue nombrado, el esquema contrarrevolucionario echó a andar. Riga fue cedido deliberadamente a los alemanes para que Petrogrado se convirtiera en parte del frente y por tanto estuviera bajo gobierno militar. Esto señaló el comienzo de la crisis. Dejaremos a los historiadores burgueses la tarea de analizar el grado de complicidad de Kerenski en los primeros movimientos del golpe de Kornílov. Nuestra tarea es mirar al cambio de drástico que se produjo en la conciencia del proletariado como consecuencia de las acciones de Kornílov.

Para ilustrar la diferencia citemos con generosidad al único historiador de Europa Occidental que ha tenido acceso a los archivos rusos.

En crisis anteriores, en abril, junio y julio, las iniciativas espontáneas de los soldados bolcheviques y anarquistas habían dado pie a manifestaciones callejeras. Los elementos dirigentes del Partido bolchevique se habían visto obligados, al final, a asumir la responsabilidad de un movimiento puesto en marcha por los jóvenes de la organización militar. Como muestran las películas del momento había considerablemente menos trabajadores que soldados y marineros.

Durante la sublevación de Kornílov, cuando la acción era defensiva, ocurrió lo contrario. Los barrios proletarios fueron los primeros en movilizarse, reclutando 40.000 hombres y armando a 25.000 desde las fábricas a través de sus comités o con armas dejadas por los marineros de Kronstadt durante las jornadas de julio.

Una diferencia más importante fue que al desaparecer los anarquistas como fuerza motriz, la base militante y los miembros más altos de la estructura bolchevique se aproximaron. Recordaban los efectos de la falta de disciplina en julio y eran prudentes sobre la acción que pudiera provar una reacción hostil; la autoridad del liderazgo del partido, que había sido perspicaz en julio, era ahora mayor. Como el partido solicitaba, no tuvo lugar ninguna manifestación el 27 de agosto. Sin embargo, los militantes de base estaban listos para la acción; respondieron al instante al llamamiento de la organización contra el golpe de estado porque, a diferencia de Lenin, que estaba preocupado por cuestiones de estrategia global, no iban a «ser tomados desprevenidos» por lo que fuera a pasar, porque analizaban las cosas de otra manera. De este modo fue posible para el comité del barrio de Petrogradski organizar la defensa el 23 de agosto, cuatro días antes de los llamamientos de Kerenski, Chernov, el soviet y el Partido bolchevique. Bajo el liderazgo del bolchevique Skorojodov, este comité coordinó sus acciones con los otros comitésde la capital, planificando cómo organizar coches para mantener las comunicaciones, proteger fábricas, sostener reuniones de puesta al día a horas determinadas y demás…

La gente estaba mentalmente preparada, y los medios de defensa se habían puesto a disposición, de modo que cuando las organizaciones recibieron el llamamiento, cada ciudadano, árbol, casa y piedra estaban preparados para oponerse al avance de Kornílov, cuyos telegramas no consiguieron llegar y cuyas locomotoras no tuvieron agua. El suelo se movía bajo sus pies.

Marc Ferro, The Bolshevik Revolution - A Social History, 1980, p. 56

Unidad de guardias rojos durante el golpe de Kornílov.
Este pasaje refleja un nuevo paso adelante en la conciencia y organización de la clase trabajadora. Ya no estamos ante acciones a la carrera propuestas por marineros impetuosos, sino acciones cuidadosamente consideradas de grandes masas de trabajadores. La resistencia a Kornílov también deja ver cómo se armó la clase trabajadora a gran escala por primera vez. Fue en ese momento cuando los guardias rojos se entretejieron con los soldados de la guarnición de Petrogrado por primera vez y también cuando la tolerancia hacia las bufonadas de Kerenski, los mencheviques y los eseristas en el Soviet fue reemplazada por la suspicacia.

En segundo lugar muestra una vez más a los bolcheviques cayendo desprevenidos ante un cambio brusco en la situación. Sin embargo, como en ocasiones anteriores, los bolcheviques en Petrogrado respondieron rápida y decisivamente dejando claro en sus declaraciones en la prensa que estaban oponiéndose a Kornílov sin ofrecer apoyo a Kerenski. Esto era significativo dado que significaba que los bolcheviques estaban de facto fuera de la clandestinidad de nuevo, y lo que es más importante, que podrían ocupar tres de los ocho asientos del nuevo «Comité de Lucha contra la Contrarrevolución» que había montado el Soviet. El hecho era que el Soviet necesitaba a los bolcheviques más que a la inversa. El menchevique-internacionalista Sujanov daba testimonio de ésto:

El comité, haciendo preparativos defensivos, tenía que movilizar a las masas de trabajadores-soldados. Pero las masas, en la medida en que estaban organizadas, lo estaban por los bolcheviques, a los cuales seguían. En ese momento la única organización amplia, soldada por una disciplina elemental y ligada a los sectores democráticos de clases inferiores de la capital, era suya. Sin ella el comité era impotente.

The Russian Revolution 1917, p. 505.

Lenin, que todavía estaba escondido en Finlandia, fue soprendido por las circunstancias en mayor medida que los demás líderes bolcheviques. Esto se debía a que reconoció que el fracaso de julio había dado a la burguesía la oportunidad de hacer retroceder a la revolución hacia una dictadura militar. Sin embargo, asumía que la burguesía había encontrado su dictador en Kerenski y que, aunque fuera solo una caricatura de Bonaparte, probablemente sobreviviría algún tiempo. Era claro sin embargo afirmando que Kerenski no perviviría

El bonapartismo ruso de 1917 se direferencia del comienzo del bonapartismo francés en 1799 y 1849 en una serie de condiciones, por ejemplo, en que no se ha resuelto ni un solo problema cardinal de la revolución

Lenin. El comienzo del bonapartismo, 29 de julio de 1917

Campesinos rusos en 1917
Al frente de estas tareas estaba tomar posición sobre las cuestiones de la tierra y la guerra. Incluso a pesar de que Chernov, el líder de los eseristas, el supuesto partido campesino, era ministro de Agricultura, las tomas de tierras por los campesinos encontraron resistencia armada porque el gobierno provisional y sus aliados del Soviet no deseaban romper con la burguesía y los terratenientes. Estos les demostraron su gratitud buscando un general para arrasar los Soviets. Es por esto que suicidaron políticamente al optar por la aventura korniloviana. Fue esto lo que cogió a Lenin por sorpresa. Una vez que vió lo que había pasado, no dudó en apoyar las acciones de los bolcheviques de Petrogrado.

De hecho este episodio socava en buena medida el relato de los historiadores burgueses, estalinistas y trotskistas al estilo de Tony Cliff, según el cual sin Lenin el partido bolchevique era incapaz de actuar. En este caso, el aporte de Lenin fue enmarcar la respuesta proletaria en el dilema en el que todo hecho como el golpe de Kornílov coloca al proletariado. En una carta «Al Comité Central del POSDR-b» escribe:

La sublevación de Kornílov representa un viraje de los acontecimientos en extremo inesperado (inesperado por el momento y por la forma) e increíblemente brusco.

Como todo viraje bursco, exige una revisión y un cambio de táctica. Y como con toda revisión, con ésta hay que ser extraordinariamente pruedente para no caer en una falta de principios.

A mi juicio incurren en una flata de principios quienes (como Volodarski) descienden hasta las posiciones del defensismo o (a modo de otros bolcheviques) hasta el bloque con los eseristas, hasta el apoyo del gobierno provisional. Esto es archiequivocado, es una falta de principios. (…)

Nosotros no debemos apoyar al gobierno de Kerenski ni siquiera ahora. Es una falta de principios. Preguntarán: ¿es posible que no haya que luchar contra Kornílov? ¡Por cierto que sí! Pero no es lo mismo; hay un límite; y ese límite lo transponen algunos bolcheviques cayendo en una «posición conciliadora», dejándose arrastrar por la corriente de los acontecimientos.

Vamos a combatir y combatimos a Kornílov , como lo hacen las tropas de Kerenski, pero nosotros no apoyamos a Kerenski, sino que desenmascaramos su debilidad, esa es la diferencia. Es una diferencia bastante sutil, pero archiesencial y no se la puede olvidar.

¿En qué consiste el cambio de nuestra táctica después de la sublevación de Kornílov?

En que cambiamos la forma de nuestra lucha contra Kerenski. Sin debilitar un ápice nuesra hostilidad contra él, sin retirar una sola palabra dicha en su contra, sin renunciar al objetivo de derribar a Kerenski decimos: hay que tomar en cuenta el momento; no vamos a derrocar a Kerenski en seguida; ahora encararemos de otra manera la tarea de luchar contra él, a saber: explicando al pueblo (que lucha contra Kornílov) la debilidad y las vacilaciones de Kerenski. También antes se hacía esto. Pero ahora pasa a ser lo fundamental; en esto consiste el cambio. (…)

Sería incorrecto pennsar que nos hemos alejado del objetivo de la conquista del poder por el proletariado. No. Nos hemos acercado extraordinariamente a él, pero no en forma directa, sino de costado. Y hay que hacer gitación en este mismo instante, no tanto directamente contra Kerenski como indirectamente, pero también contra él, esto es: exigiendo una guerra activa, muy activa, auténticamente revolucionaria contra Kornílov. Solo el desarrollo de esta guerra puede conducirnos a nosotros al poder, pero en la propaganda hay que hablar poco de eso (recordando firmemente que mañana mismo los acontecimientos nos pueden colocar en el poder y entonces nosotros no lo dejaremos escapar). Me parece que debería comunicarse, esto en una carta a los agitadores (no en la prensa), a las comisiones de agitación y propaganda y, en general, a los miembros del Partido. Hay que luchar despiadadamente contra las frases acerca de la defensa del país, del frente único de la democracia revolucionaria, del apoyo al gobierno provisional, etc., etc., demostrando que que no son sino frases. Ahora, hay que decirles, es el momento de obrar: ustedes, señores eseristas, y mencheviques, hace tiepo que han gastado estas frases. Ahora es el momento de obrar. La guerra contra Kornílov hay que hacerla de manera revolucionaria, atrayenndo a las masas, levantándolas, inflamándolas (y Kerenski teme a las masas, teme al pueblo).

Lenin. Al Comité Central del POSDR, 30 de agosto 1917

Cabaña en la que Lenin estuvo escondido en Finlandia desde julio.
Lenin rápidamente añadió una nota felicitando a los bolcheviques en Petrogrado por haber conducido ya la política que había defendido. Sin embargo, la postura tomada por los bolcheviques necesita ser discutida con cierto detenimiento si queremos explicar su significado real. La táctica adoptada por los bolcheviques durante la sublevación de Kornílov, ha sido a menudo citada como precursora del «frente único» de 1921 o las consignas antifascistas de 1930. Sin embarto, como Lenin -y Marx- a menudo apuntaron, la clave para cualquier comprensión de la acción política es colocarla en su contexto histórico específico. Si hacemos esto la equivalencia se desmorona y nos quedarán por un lado dos expresiones de la derrota de la clase y por otro, una táctica correcta respondiendo a una situación completamente diferente.

En agosto y septiembre las masas de Petrogrado estaban avanzando solidamente, como la cita anterior de Ferro atestigua. En este contexto era posible para los bolcheviques luchar junto a los mencheviques y los eseristas sin comprometer su independencia política. No haber actuado así habría significado dar la espalda a una oportunidad de demostrar su capacidad y resolución en la práctica.

En 1921 y en los 30 la táctica del frente único y la de la alianza antifascista era completamente diferente porque tenía lugar en una situación en la que la clase obrera estaba en retirada. El resultado neto estas políticas fue legitimar las fuerzas socialdemócratas como proletarias y asociar la defensa de los intereses de los trabajadores con la defensa de la democracia capitalista.

«Lenin en Razliv» de Arkadi Plastov.
Por el contrario, el resultado de la táctica bolchevique frente a la Korniloviada fue arrastrar a esas fuerzas hacia la revolución más de allá de lo que hubiesen querido. Durante la sublevación de Kornílov, la defensa de Petrogrado tuvo lugar bajo la égida de los órganos propios de los trabajadores: los Soviets. Así que no había peligro de que los defensores de la democracia capitalista se fortaleciera con ella. A decir verdad, la lógica del la sublevación de Kornílov desde el punto de vista de los Soviets llevaba a derrocar al gobierno provisional inmediatamente para prevenir que llegara más lejos cualquier trama de Kerenski y la derecha.

No era un paso que los líderes mencheviques o eseristas pudieran dar. Tras seis meses de apoyo a la coalición con la burguesía no estaban preparados para abandonarla por desleales que fuesen sus antiguos aliados. Y sin embargo, una fábrica tras otra estaba estaba dándose cuenta de que solo podía confiar los Soviets para defender la revolución. Al día siguiente de la derrota de Kornílov, los trabajadores del taller mecánico del la fábrica de tuberías de Petrogrado declaraban que:

Todo el poder debe ser transferido al Soviet de delegados de trabajadores, soldados y campesinos.

Fin de la sublevación de Kornílov, los soldados golpistas entregan las armas a los guardias rojos y los soldados fieles al soviet.
Mientras los 8.000 trabajadores de la fabrica Metallist aprobaron una voto de censura a los socialistas que cooperaban con el gobierno provisional. Estas declaraciones eran seguidas en todas las grandes fábricas de Petrogrado y tuvieron pronto eco en las guarniciones, incluso entre aquellos regimientos que habían participado en la represión de las jornadas de julio. Tres dís después de la derrota de Kornílov el Soviet de Petrogrado apoyó una resolución a propuesta de Kamenev, que afirmaba que el gobierno debía reemplazarse por otro compuesto de verdaderos representates de los trabajadores. Era la primera vez que una propuesta de resolución bolchevique ganaba la mayoría en el Soviet. Lo que resultaba evidente es que el golpe de Kornílov había llevado a un enorme salto adelante en la conciencia de clase.

Los soviets, que habían cambiado radicalmente de actitud, emergieron de la crisis con su popularidad inmensamente realzada. La Rusia revolucionaria estaba más saturada que nunca de organizaciones de base y comités revolucionarios compitiendo entre sí. Los trabajadores se habían hecho más militantes y estaban mejor organizados, y números significativos de ellos se habían hecho con armas. Al mismo tiempo, habían reverdecido los comités democráticos en el ejército, gracias a su papel dirigente organizando soldados contra el movimiento de Kornílov. En la guarnición de Petrogrado el control de muchos comités de regimiento pasó de los elementos más moderados a manos de los bolcheviques.

The Bolsheviks Come to Power, p. 166

Llegados a este punto, Lenin volvió a plantear la posibilidad de que todavía pudiera haber un desarrollo pacífico de la revolución si los mencheviques y los eseristas permitían a los soviets tomar el poder.

Si los Soviets asumieran todo el poder, podrían asegurar ya hoy -y, probablemente esta sea su última oportunidad- el desarrollo pacífico de la revolución, la elección pacífica delos deputados por el pueblo, la lucha pacífica de los partidos dentro de los Soviets

Lenin. Las tareas de la Revolución, primera quincena de septiembre de 1917

Lenin también explicó en detalle por qué el poder soviético sería esencialmente diferente de los demás gobiernos que habían aparecido en 1917:

Pero la consigna de «El poder a los Soviets» se entiende muy a menudo, si no casi siempre, de una manera completamente equivocada: en el sentido de «un ministerio formado con llos partidos mayoritarios de los Soviets»; y esta opinión, profundamente equivocada, es la que desearíamos examinar con más detalle.(…)

«El poder a los Soviets» significa transformar por completo y de manera radical la vieja máquina del Estado, un aparato burocrático que frena todo lo democrático; significa suprimir dicho aparato y reemplazarlo por otro nuevo, popular, o sea, auténticamente democrático, el de los Soviets, el de la mayoría organizada y armada del pueblo: obreros, soldados y campesinos; significa ofrecer la iniciativa y la independencia a la mayoría del pueblo no solo en la elección de los diputados, sino también en la administración del Estado y en la realización de reformas y transformaciones.

Lenin. Un problema central de la Revolución, 27 de septiembre de 1917

Recreación de un Soviet obrero de barrio en la película «Reds», biografía del John Reed.
El pasaje anterior no solo deja de mentirosos a quienes siguen citando el «Qué hacer» para mostrar que Lenin solo veía a las masas como algo a manipular, sino que al formular claramente lo que significaba el poder soviético, pone en evidencia a los autodenominados demócratas: mencheviques y eseristas. No podían abandonar al gobierno provisional porque, como Kerenski, temían las acciones de las masas. Como todavía no se separaban de Kerenski, éste intentaba bajar la ola de agitación lanzando decretos que ordenaban disolver todos los comités revolucionarios creados ad hoc, incluido el «Comité para la Lucha contra la Contrarrevolución». El hecho de que los bolcheviques furan el único partido que apoyaba coherentemente el poder de los soviets se volvía ahora en su favor. A principios de septiembre los bolcheviques habían ganado el control del Soviet de Petrogrado con 4 de 7 de los asientos de la Presidencia. Trotski se convirtió de nuevo en el líder del Soviet de Petrogrado, posición que ya había tenido en 1905. Seis días más tarde Moscú fue para los bolcheviques, y después vinieron Kiev, Kazan, Bakú y muchos otros centros industriales. Y algo muy parecido pasó en el ejército donde en unidades como la guarnición de Moscú, de una mayoría del 70% a favor de eseristas y mencheviques, se pasó a un 90% de votos para los bolcheviques en septiembre. Cabría añadir el relato del avance bolchevique en ayuntamientos y parlamentos locales -solo en Moscú, su representación pasó de 11 a 475 representantes- en sindicatos e incluso en mutualidades de salud. Todo ello, como apunta Ferro:

Daba prueba de un movimiento, a escala gigantesca, que venía desde las profundidades de la sociedad

op. cit. p.58

¿Dictadura del Proletariado o dictadura de la burguesía?
Al mismo tiempo la fata de deseo revolucionario por parte de mencheviques y eseristas llevó al estallido de sus organizaciones. Mientras la escisión de los eseristas dio lugar a la formación de los eseristas de izquierda, que generalmente actuaron junto a los bolcheviques, los mencheviques se convirtieron en residuales a medida que muchos de sus delegados abandonaban el partido para inundar las filas bolcheviques. Sin embargo, esto no significaba automáticamente una victoria para el proletariado.

El poder de los soviets no iba a cambiar de manos haciendo discursos o aprobando resoluciones. Antes el viejo orden tenía que ser apartado y para esto el proletariado tenía que encontrar su instrumento. Lo encontró en el Partido bolchevique.