Las jornadas de julio

Idealización real-socialista de la presentación de las Tesis de abril por Lenin ante el Soviet de Petrogrado.
Al ganar la batalla contra los «viejos bolcheviques», Lenin y sus seguidores habían «rearmado» con éxito al Partido bolchevique. El Partido tenía ahora un nuevo programa que correspondía al cambio real producido por la Revolución de febrero. Hasta qué punto significó un paso adelante para los bolcheviques puede verse en el hecho de que el número de miembros del partido se multiplicó y que el apoyo al Partido en las organizaciones obreras de Petersbugo alcanzara, según casi todas las estimaciones, el 30% en mayo. Esto era en sí mismo un problema dado que los bolcheviques eran ahora la única fuerza organizada que llamaba a la extensión de la revolución y se oponía a cualquier cooperación con los ministros burgueses del gobierno provisional. Muchos trabajadores jóvenes que estaban impacientes por entrar en acción, se unieron a las filas del Partido, especialmente a su Organización de militares y a su club de soldados, el «Club Pravda». Estos nuevos elementos comprendían que los bolcheviques defendieran «todo el poder a los soviets» y «abajo el gobierno provisional». Lo que no entendían del todo es que no fueran consignas inmediatas.

El gobierno debe ser derrocado, pero no todos interpretan esto acertadamente. Mientras el poder del gobierno provisional se apoye en el Soviet de diputados obreros, no se puede «sencillamente» derribarlo. Se lo puede y se le debe derribar conquistando la mayoría en los Soviets.

Lenin. Conferencia de la ciudad de Petrogrado del POSD(b)R, 15 de abril

Este consejo llegaba tras las manifestaciones espontáneas contra la nota de Miliukov. Muchos bolcheviques, con el comité de Petrogrado a la cabeza y el apoyo de los marineros de Krosntadt, habían deseado convertir esas manifestaciones en una insurrección armada. Argumentaban que las masas ya habían hecho suyas las consignas contra el gobierno provisional de Lenin. Muchos bolcheviques, de hecho, se unieron a las manifestaciones. Pocos días después en la séptima Conferencia Panrusa del Partido, Lenin subrayó el mensaje de que era demasiado pronto para actuar:

Al gobierno le convendría que el primer paso irreflexivo hacia la acción lo diéramos nosotros; eso le convendría.(…) Para un partido proletario no hay error más peligroso que basar su táctica en deseos subjetivos allí donde lo que hace falta es organización. No podemos decir que la mayoría está con nosotros; en este caso es necesario desconfiar, desconfiar y desconfiar. Basar sobre los deseos la táctica proetaria significa matarla.

Lenin. Informe sobre el momento actual, 24 de abril

Lenin paso entonces a criticar a aquellos bolcheviques que habían apoyado el que los trabajadores usaran la consigna de «Abajo el gobierno provisional!» contra la insistencia del Comité Central en que solo la consigna de «¡Viva el Soviet de diputados de Trabajadores y Soldados» estaba justificada en aquel momento. Lenin lo condenó -«consideramos eso como el mayor de los crímenes, como un crimen de desorganización»- llegando a la conclusión de que:

El aparato de organización no ha demostrado ser lo bastante fuerte: no todos ponen en práctica nuestras resoluciones.

Lenin. Discurso de resumen de la discusión del informe sobre el momento actual, 24 de abril.

Escena de «la Huelga» de Eisenstein.
Pero éstas eran debilidades propias de un partido proletario que reflejaban los desniveles de conciencia en el seno del mismo proletariado.

Conforme avanzaba 1917, el hecho de que los bolcheviques eran la única fuerza que representaba genuinamente a la clase trabajadora se volvió más claro cada día. El gobierno provisional había nacido como resultado de la Revolución de febrero, producto del colapso de la economía rusa tras 1915. En febrero los salarios realis habían caído a un tercio de los de antes de la guerra y, a pesar de las grandes subidas en términos nominales para algunos trabajadores, la situación no era mejor en julio debido a la inflación masiva.

Los precios de los alimentos se duplicaban aproximádamente una vez al mes durante 1917 y el el hecho de que el gobierno provisional fuera aun peor a la hora de resolver los problemas de transporte que el zarismo, significó que las raciones de pan se redujeran de una libra diaria a tres cuartos en abril. Lo peor estaba por venir pues el número de vagones con comida que llegaban a Petrogrado diariamente pasó de 351 en abril de 1916 a 230 un año después. Solo un tercio de la demanda de carbón llegaba a la ciudad y en mayo los trabajos de fábricas como Putilov tuvieron que parase hasta agosto en unos casos y septiembre en otros. Además de estos cierres temporales, 568 fábricas quebraron, aumentando el desempleo. No es sorprendente si cada vez más obreros tomaban parte en huelgas: se pasó de 35.000 en abril a 1.200.000 en octobre.

Las huelgas eran una experiencia de politización para los que tomaban parte en ellas; veían con sus propios ojos cómo los empleadores hacían huelga de capitales y organizaban paros patronales, (…) cómo el gobierno se aliaba con los patronos, doblegando a los comités de fábrica y enviando tropas a sofocar los desórdenes (…) Las huelgas eran importantes (…) porque hacían atractivas las políticas del Partido bolchevique a los trabajadores que tomaban parte en ellas.

S.A. Smith Red Petrograd p.118

Cartel del partido Socialista Revolucionario, también conocido como «eserita» o «populista».
Además, el gobierno provisional no podía resolver los otros dos problemas desesperantes en la Rusia de 1917, el de la distribución de la tierra y el de la guerra. Incluso la llegada al gobierno del partido que supuestamente representaba a los campesinos, el Socialista Revolucionario, hizo poco por poner en cuestión a los latifundistas en el gobierno provisional. Esto se debía a que los eseritas eran rigurosamente patrióticos e intentaban que los campesinos abandonaran las tomas de tierras hasta «después de la guerra».

Los campesinos hacían oídos sordos y seguían con su propia reforma agraria espontánea, ocupando tierras y, donde encontraban resistencia, atacando a los terratenientes. Con tan escasa base social el gobierno provisional -que nunca había sido elegido sino elegido por aquellos elegidos en las últimas Cortes zaristas) se vio forzado a apoyarse en los soviets, que en aquel momento estaban dominados por los mencheviques y los eseritas. Bajo su influencia los soviets habían ejecutado lo que Lenin calificó como «una cesión voluntaria del poder estatal a la burguesía y su gobierno provisional». Su bancarrota política mostró pronto a los trabajadores rusos que solo había un partido con un programa que defendía sus intereses contra el patriotismo y el «marxismo» abstracto de los mencheviques y los eseritas.

Esta división llegó su clímax en junio de 1917 en el primer Congreso Panruso de los Soviets, cuando el ministro menchevique Tsereteli anunció que:

En el momento presente no hay partido político que pueda decier «dejad el poder en nuestras manos, iros, tomaremos vuestro lugar». No hay un partido así en Rusia.

Imagen de la manifestación del 18 de junio.
Lenin respondió sin levantarse siquiera de donde estaba. El resto de la Conferenca fue un forcejeo permanente de los bolcheviques para intentar que los otros partidos votaran por el poder soviético y el derrocamiento del gobierno provisional. Habiendo fracasado a la hora de conseguir que los otros partidos votaran a favor de su declaración de guerra al gobierno, los bolcheviques decidieron llevarlo a las masas convocando una manifestación el 10 de junio. El Ejecutivo de los soviets la denunció y forzó a que se abandonara, causando que Lenin fuera severamente criticado por sus vacilaciones en el interior del partido. En cualquier caso, Tsereteli se extralimitó cuando pensó que llamando a una manifestación masiva en apoyo de los soviets la semana siguiente, podría dejar en evidencia la debilidad de los bolcheviques. Resultó que su juicio del ánimo de los obreros de Petrogrado había sido un tremendo error. Cuando la manifestación tuvo lugar el 18 de junio, solo unas pocas pancartas expresaban confianza en el gobierno provisional -e implícitamente en el apoyo que el Soviet le daba- mientras, de acuerdo con el menchevique Sujanov, las consignas que trascendieron fueron en un 90% bolcheviques. Este éxito, sin embargo, llevaría al Partido bolchevique a la prueba más dura de 1917: las «jornadas de julio».

Se suele argumentar en las historias burguesas sobre la Revolución de octubre que las jornadas de julio fueron un golpe bolchevique que salió mal, a diferencia de octubre que, según arguyen, fue un golpe de estado del mismo tipo pero con éxito. Es uno de los elementos principales del argumentario que defiende que lo que había en Rusia en 1917 era un vacío de poder en el que una banda de gangsters pudo introducirse y alzarse con el poder.

Soldados y obreros se manifiestan en apoyo de las tesis bolcheviques.
Sin embargo, durante los últimos diez años se han publicado nuevas pruebas, incluso por historiadores burgueses (en particular A. Rabinowitch en su «Prelude to Revolution») que demuestran que no era el caso. El origen de las jornadas de julio fue la revuelta espontánea del Primer Regimiento de Ametralladoras de Petrogrado contra una orden que les enviaba al frente para participar en la ofensiva de junio organizada por el gobierno. En vez de intentar prevenir un estallido prematuro por la acción de un único regimiento, parece que la Organización de Militares Bolcheviques, contra toda disciplina de partido, fue arrastrada por el movimiento. Su periódico, la «Soldatskaia Gazeta» llamó a derrocar el gobierno provisional y ayudaron a llevar la noticia de la insurrección del regimiento de ametralladoras a los distritos obreros de Viborg y a la base naval de Kronstadt.

Los representantes bolcheviques, Raskolnikov y Roshal, ya habían sido aconsejados por una llamada de teléfono de Kamenev de intentar enfriar el movimiento. Sin embargo no tuvieron éxito y solo pudieron retrasar durante unas horas la participación de los marinos en una manifestación armada. Cuando miles de trabajadores llegaron en manifestación al cuartel general bolchevique de Petrogrado la noche del 3 de julio, tanto la Organización de Militares Bolcheviques como el Comité de Petrogrado aceptaron dar apoyo a la manifestación y ponerse a su cabeza en la calle.

Al día siguiente los marineros de Kronstadt llegaron, armados, al cuartel general bolchevique. Ellos y con ellos, miles de trabajadores y soldados más, solicitaban que Lenin les hablara. Lenin estaba fuera de la capital cuando tuvo noticias de la nueva movilización. Solo había vuelto poco antes. Al principio era reacio a hablar a los manifestantes pero finalmente accedió ha hacerlo, gruñendo a Podvoiski, líder de la Organización de Militares, «habría que mandarte a la mierda por esto».

La gran manifestación se dirige al cuartel general de los bolcheviques.
Su discurso fue una decepción para las masas ya que solo convocó a una manifestación pacífica, apuntando que obtendrían la victoria «un día por venir». A los trabajadores armados, listos para acabar con el enemigo de clase allí y en ese mismo momento, resultó incomprensible.

Lenin fue criticado por los elementos más impacientes del Partido tanto en aquel momento como después por su «carencia de liderazgo». Sin embargo, para entender su posición debemos ver la realidad de la situación en 1917. Sin duda, si los bolcheviques hubieran convertido la manifestación en un ataque directo al gobierno provisional el 4 de julio, le hubiera llevado al colapso. Pero si los bolcheviques hubieran derrocado al gobierno provisional, ¿qué hubiera ocurrido entonces? No podían entregar el poder a los soviets dado que estos estaban todavía dominados por la política menchevique y eserita de apoyo a la burguesía. Un marinero de Kronstadt dio rienda suelta a la frustración que los trabajadores sentían ante esta política cuando, en mitad de una intervención del líder eserita Chernov le gritó: «¡¡Estúpido, toma el poder cuando te lo sirven en bandeja!!». Y los bolcheviques no podían mantenerse en el poder por sí mismos dado que no tenían un apoyo suficiente, ni siquiera en las ciudades, como para sacar adelante su programa. Como Lenin había declarado en muchas oportunidades antes y durante la crisis

No se puede pasar por encima del pueblo. Solo los soñadores o los conspiradores creían que la minoría puede imponer su voluntad a la mayoría. Así pensaba el revolucionario francés Blanqui y estaba equivocado. Cuando la mayoría del pueblo no quiere tomar el poder en sus manos, porque aun no lo comprende, la minoría, por revolucionaria e inteligente que sea, no puede imponer sus deseos a la mayoría del pueblo.

De aquí surge precisamente nuestro modo de actuar.

Nosotros, los bolcheviques, debemos explicar a los obreros y campesinos nuestros puntos de vista, paciente, pero insistentemente. Cada uno de nosotros debe olvidar como concebía antes nuestra labor; sin esperar la llegada del agitador, del propagandista o del camarada que tiene más conocimientos y puede explicarlo todo, cada uno debe multiplicarse, ser agitador, propagandista y organizador de nuestro Partido.

Solo así lograremos que el pueblo comprenda nuestra doctrina, pueda analizar sus propias experiencias y tome realmente el poder en sus manos.

Lenin. Informe en la reunión de la organización de Petrogrado, 8 de mayo de 1917

Esto es lo que muchos en el Partido bolchevique pasaron por alto. Ardiendo en deseos de librarse del enemigo de clase, no vieron que un deseo subjetivo no era condición suficiente para la victoria de la clase trabajadora.

Sin embargo, aunque Lenin era crítico con los golpitas y blanquistas dentro del Partido, también reconoció el 4 de julio que el partido de clase tenía que permanecer con la clase. Esto lo expresó también Raskolnikov en sus memorias de lo que había pasado en Kronstadt. A pesar de los argumentos bolcheviques contra el levantamiento,

…para nuestro Partido haber roto con el movimiento espontáneo de las masas de Kronstadt hubiera sido un golpe irreparable a su autoridad. Por otro lado, un levantamiento armado nos habría condenado a una derrota segura. Podríamos haber tomado el poder con relativa facilidad pero no estábamos en posición de conservarlo.

Raskolnikov. «Kronstadt and Petrograd», p.150

Como el propio Lenin apuntaba casi dos años después de la crisis:

Cuando las masas luchan, los errores en la lucha son inevitables. Y los comunistas, que ven esos errores se los explican a las masas y se esfuerzan por que los corrijan, los que defienden la conciencia sobre la espontaneidad, siguen con las masas. Vale más estar con las masas combatientes, que en el curso de la lucha se libran paulatinamente de los errores, que con los intelectualillos, filisteos y kautskianos, que esperan la «victoria completa» desde su retiro.

Lenin. Los prohombres de la Internacional de Berna, 28 de mayo de 1919

Regimiento cosaco marcha camino de reprimir los barios obreros tras las jornadas de julio.
Este es seguramente el epitafio que mejor cierra el episodio. Las jornadas de julio mostraron que incluso contra una burguesía que es débil, que está fragmentada y quebrada políticamente como la de Rusia en 1917, la clase trabajadora no puede aspirar a derrocarla sin unir todas sus fuerzas mediante un instrumento político que dirija su lucha, el Partido.

Los soviets, aunque son la expresión del movimiento del conjunto de la clase trabajadora no son el intrumento del asalto al poder del estado burgués dado que, como muestra la experiencia de julio, contienen elementos que apoyan a ése poder. No fue el gobierno provisional el que llamó a las tropas que reprimienron a los trabajadores que tomaron parte en las jornadas de julio, sino el ejecutivo menchevique-eserita del Soviet de Petrogrado. A pesar de haber sido un tremendo revés en el corto plazo para los bolcheviques, las jornadas de julio también subrayaron la naturaleza proletaria del bolchevismo frente a los partidos de la mayoría en el soviet.

Esto fue aun más claro en los días que siguieron a las jornadas de julio. Haciendo circular la calumnia de que Lenin era un espía alemán y que los bolcheviques estaban pagados por los alemanes para perturbar al ejército ruso, el gobierno persuadió a muchas unidades de Petrogrado a volver a los cuarteles. Al mismo tiempo el gobierno provisional no tardó en usar el apoyo del Comité Ejecutivo del Soviet para traer del frente tropas leales al esfuerzo de guerra. Cuando el 5 de julio Pravda anunció el fin de las manifestaciones, la represión ya había comenzado. Las oficinas del Pravda fueron tomadas y sus rotativas destruidas. Lenin las abandonó poco antes de que llegara el destacamento envidado por el gobierno provisional, pero detención, la de Kamenev y la Zinoviev ya se habían ordenado y cientos de bolcheviques fueron arrestados y muchos de ellos linchados. Reaccionarios de todo tipo salían ahora de sus madrigueras para participar en la caza del bolchevique. La delantera la tomaron los líderes mencheviques del gobierno provisional, Tsereteli y Dan, que incluso ¡¡ordenaron el cierre de un periódico menchevique («Novaia Zhizn») dirigido por Gorki!!

Todo eso solo podía dar alas al ataque contra los trabajadores en general, así que pronto los mismos mencheviques y eseritas estaban bajo el ataque de los antisemitas de las «Centurias Negras» que habían sido instrumentos del terror anti-obrero durante la época zarista. Esta reacción desvergonzada solo sirvió para subrayar a la clase trabajadora la naturaleza proletaria del Partido bolchevique.

De hecho, aunque los bolcheviques pasaron por una crisis temporal de confianza entre algunos de sus seguidores en las fábricas, que se distanciaron durante un tiempo del Comité Central, e incluso se pusieron bajo el control del Comité Ejecutivo del Soviet, en apenas quince días lo peor había pasado. Dadas las intenciones asesinas de la burguesía y su creencia en que «los bolcheviques habían sido destruidos» en esta ocasión, lo destacable es que fueran capaces de sobrevivir.

Fotografia de Lenin para el pasaporte falso con el que huyó a Finlandia -todavía parte de Rusia- inmediatamente después de las jornadas de julio.
La principal razón fue su apoyo entre las masas, que nunca se rompió a pesar los titubeos durante los momentos álgidos de la represión. Los bolcheviques habían hecho causa durante demasiado tiempo de los intereses proletarios, especialmente de la lucha contra la guerra, para que las masas los abandonaran ahora. El gobierno culpó a de las jornadas de julio solo a los bolcheviques, pero en los centros de la clase obrera en Petrogrado su supresión por un gobierno reaccionario por permanecer junto a las masas, al final consagró su apoyo entre la clase trabajadora. Por eso la mayoría de los 32.000 bolcheviques de Petrogrado pudieron encontrar refugio en Viborg y otros barrios obreros donde las fuerzas del gobierno no se atrevían a entrar. Aunque muchas fábricas fueron registradas en busca de armas, pocas fueron encontradas y Kerenski -que se convirtió en primer ministro el siete de julio- sabía que se arriegaba a una guerra civil a escala nacional si intentaba ir más allá. Además, los líderes del Soviet tuvieron buen cuidado de dar una pausa a la represión ya que su naturaleza reaccionaria estaba ayudando al proletariado a ver aun más claramente que los bolcheviques eran la única fuerza genuinamente proletaria en la Rusia del momento.

La debilidad de la represión contra los bolcheviques puede calibrarse por el hecho de que solo uno de los miembros del Comité Central fue encarcelado -Kamenev- y a pesar de que Lenin y Zinoviev permanecieron ocultos hasta octubre, pudieron tomar parte en los debates del Partido. En fecha tan temprana como el siete de julio, el Comité de Petrogrado pudo lanzar folletos de nuevo y sus miembros no solo no cayeron sino sino que tomaron protagonismo una vez más tan pronto como la espina dorsal del aparato del Partido se reorganizó. El 26 de julio arrancó «en una amplia sala de asambleas en el corazón del distrito de Viborg» el Sexto Congreso del Partido bolchevique, y continuó sus trabajos, sin percances, durante los cinco días que duraron los debates sobre el nuevo curso del Partido. El Partido ya había aprendido la necesidad de una mayor centralización en sus propias filas y la Organización de Militares había sido puesta bajo estrecha supervisión por el partido. El Comité Central tomo para sí sus responsabilidades en el Pravda y sus líderes fueron criticados por su aventurerismo durante las jornadas de julio.

Líderes de la Organización Militar Bolchevique.
El tema principal en el orden del día del Sexto Congreso fue, en cualquier caso, el siguiente paso de la clase trabajadora. Los seguidores de Lenin habían circulado un texto, «Sobre las consignas», cuya principal idea era que las jornadas de julio habían demostrado que ya no era posible un desarrollo pacífico de la revolución. No podían ponerse esperanzas en que el Soviet simplemente reemplazaran al gobierno provisional mientras los líderes eseritas y mencheviques de los soviets se mantuvieran comprometidos con la burguesía. Este argumento se había demostrado por su apoyo a la represión de Kerenski contra la clase obrera e vez de tomar el poder que los manifestantes de julio le habían colocado en bandeja. De todo esto Lenin concluía que no tenía sentido llamar a «Todo el poder para los Soviets» mientras estuviera claro que el Soviet era, de hecho, el mayor obstáculo.

Para todo tipo de liberales, progres, reaccionarios y formalistas el deseo de Lenin de abandonar la consigna basta para confirmarles en su creencia que que los bolcheviques no creían realmente en los soviets como forma de democracia proletaria.

Sin embargo, se puede llegar a esta conclusión solo si se ignora el marco de la argumentación de Lenin y la naturaleza del debate en las semanas que siguieron. Lenin, antes de nada, dejó claro que hubiera preferido que los Soviets tomaran el poder con independencia de quién tuviera en ellos la mayoría.

El desarrollo pacífico habría podido realizarse entonces también en el sentido de que la lucha de las clases y de los los partidos dentro de los Soviets, si éstos hubieran sumido oportunamente todo el poder del Estado, habría transcurrido del modo más pacífico y menos doloroso.

Lenin. A propósito de las consignas, mediados de julio de 1917

Pero el tema clave que el partido de clase debe considerar en primer lugar es como aplastar los últimos vestigios del estado burgués antes de que las condiciones para la democracia proletaria puedan emerger. Con la dirección de los soviets atrincherada en su apoyo al gobierno provisional, y con los bolcheviques con un apoyo mucho más amplio en las fábricas que en el Soviet -algunos mencheviques admitían ya que el apoyo bolchevique no se veía representando en la composición del Soviet- Lenin llegaba a la conclusión de que el Soviet, al menos en el futuro inmediato, no tenía ninguna utilidad revolucionaria al proletariado. Pero no estaba contra el principio del Soviet:

En esta nueva revolución podrán y deberán surgir los Soviiets, pero no serán los Soviets actuales,
no serán órganos de conciliación con la burguesía, sino órganos de lucha revolucionaria contra ella. Cierto que también entonces propugnaremos la organización de todo el Estado según el tipo de los Soviets. No se trata de los Soviets en general, sino de la lucha frente a la contrarrevolución actual y frente a la traición de los Soviets actuales.

Lenin. A propósito de las consignas, mediados de julio de 1917

Dirigentes del VI Congreso, Volodarski es el quinto de la primera fila.
Los oponentes de Lenin, como Volodarski dejaron muy claro que aceptaban el análisis de Lelin sobre la naturaleza política del Soviet, pero que no aceptaban que ese fuera a seguir siendo siempre el caso. Estando en Petrogrado -y no en la clandestinidad en Finlandia- podían ver que para finales de julio el apoyo bolchevique en los Soviets de distrito estaba creciendo rápidamente. Además, más y más mencheviques desertaban de su partido y su colaboracionismo de clases para unirse a los bolcheviques.

En cualquier caso se acordó que se establecería un comité para estudiar la cuestión de las consignas del Partido. Aunque esto significó que los bolcheviques pasaron un mes sin llamar a «¡Todo el poder para los soviets!». El objetivo del debate sobre las consignas fue poner en guardia al Partido entero sobre la inminencia creciente de la cuestión de la insurrección. En este debate Lenin apuntó que:

… el poder está en manos de una panndilla de militares a lo Cavaignac (en manos de Kerenski, de ciertos generales, oficiales, etc.), apoyados por la burguesía como clase, con el partido de los Demócratas Constitucionalistas [kadetes] a la cabeza y con todos los monárquicos, que actúan a través de toda la prensa ultrarreacionaria

Lenin. A propósito de las consignas, mediados de julio de 1917

Cavaignac fue el general que había dirigido la carnicería de los trabajadores parisinos en Junio de 1848. La burguesía rusa pensó que habían encontrado su propio Cavaignac un mes después en la persona del General Kornilov. Su intento de golpe supondría la tercera gran prueba de los bolcheviques en 1917.

 

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