La IVa Internacional en Peligro

La IVa Internacional en PeligroCarta al Secretariado Internacional del Grupo Español en México (1 de septiembre de 1944)Carta al Secretariado del Grupo Español en México (junio de 1944)Carta de Natalia Sedova (23 de septiembre de 1944)Carta de Natalia Sedova (6 de noviembre de 1944)Carta del Grupo Español en México dirigida al SI (17 de abril de 1946)«¡Cuidado!» por Benjamin Péret y Grandizo Munis (3 de abril de 1947)«La Cuarta Internacional en peligro» de Natalia Sedova, G. Munis y Benjamin Péret (27 de junio de 1947)El criterio de los tres grandes La mayoría como vara de medirTabla 1Tabla 2aTabla 2bTabla 3aTabla 3bEl estrangulamiento de las minoríasPor un Congreso Mundial GenuinoCarta abierta al Partido Comunista Internacional, sección francesa de la IVª Internacional, de Natalia Sedova, Benjamin Péret y G. Munis (junio de 1947)La lucha contra la guerra imperialistaLos movimientos de resistencia nacional bajo la ocupación hitlerianaDefensa incondicional de la URSSLos stalinistas, los gobiernos reformistas y los frentes únicos con el stalinismo. Las nacionalizaciones»Índice de mi deslealtad», de G. Munis (agosto de 1947)«Haz lo que digo, no lo que hago», de G. Munis y Benjamin Péret (22 de agosto de 1947)

Carta al Secretariado Internacional del Grupo Español en México (1 de septiembre de 1944)

Camaradas:

En diciembre de 1941, la posición de los miembros españoles de la IVª Internacional en México fue anunciada públicamente entre la emigración española de este país a través de la revista «19 de Julio». Con anterioridad a esa fecha, debido a la presencia de los cuartainternacionalistas en este país, se llevaron a cabo una serie de tareas preparatorias destinadas a influir políticamente en los refugiados españoles. Debido a la falta de recursos económicos, la vida de la citada revista «19 de Julio» se limitó a dos números.

Durante 1942, sin que ningún órgano de expresión política apareciera regularmente, el trabajo del Grupo se limitó al desarrollo de las tareas que se podían llevar a cabo en el entorno de la emigración. La amplitud de nuestro trabajo estuvo condicionada por el reducido número de nuestros miembros en la emigración y, por otro lado, por el limitado tiempo que éstos podían dedicar a tareas políticas, dada la necesidad de dedicar la mayor parte de su actividad a ganarse la vida.

A pesar de las condiciones desfavorables antes mencionadas, como consecuencia del trabajo de acendramiento, propaganda y penetración, se logró una cierta estabilidad, y el fortalecimiento numérico que resultó de la llegada de algunos camaradas de Europa colocó al Grupo en condiciones de iniciar, a partir de febrero de 1943, el trabajo político y la propaganda normal. Es en febrero de 1943 cuando aparece el primer número del órgano mensual del Grupo Español en México de la IVª Internacional, «Contra la Corriente», una revista mimeografiada que hasta la fecha ha seguido apareciendo regularmente, ya habiendo publicado su número 14.

Junto con la campaña de propaganda y orientación desarrollada, la revista ha servido para llevar a gran parte de la emigración española la situación política de la IVª Internacional sobre la mayoría de los problemas contemporáneos de interés nacional e internacional. En la actualidad no hay ningún acontecimiento de importancia política para el interés revolucionario que se manifiesta sin que el punto de vista de la IVª Internacional se escuche entre los emigrantes en México. Además, el trabajo de penetración de nuestros compañeros entre miembros de otras organizaciones ha producido, como resultado, movimientos de opinión que favorecen nuestra tendencia y le permiten asimilar progresivamente núcleos más grandes. Concretamente, este trabajo se lleva a cabo entre los socialistas, anarquistas y afiliados de las federaciones sindicales españolas UGT y CNT.

Lo anterior no tiene otro objeto que informar brevemente al Secretariado de nuestra existencia como Grupo Español de la IVª Internacional en México, organizado desde principios de 1941. Sabemos que usted está informado de todo esto a través del camarada G.

Y es en nuestro carácter de Grupo español en México de la IVª Internacional que nos dirigimos al Secretariado Internacional, ejerciendo el derecho que nos confiere la práctica del centralismo democrático, base del funcionamiento de nuestra organización, para presentar nuestra opinión sobre los problemas internos de la organización que tratamos a continuación:

Carácter e importancia de estos hechos.

El carácter e importancia de estos hechos exigen -en opinión del Grupo español en México- el máximo esfuerzo para corregirlos; evitando así que la persistencia y el desarrollo de estos males funcionales paralice a nuestra organización para cualquier acción internacional efectiva.

En todo movimiento revolucionario, cualquier falta de organización tiene consecuencias políticas inevitables. Los métodos organizativos y la línea política son interdependientes. En el movimiento obrero internacional abundan las pruebas concluyentes (de ésto).

La IVª Internacional ha reconocido claramente el centralismo democrático como norma y práctica de su funcionamiento interno, basándose precisamente en la experiencia. El ejercicio efectivo de esto liquidaría los vicios mencionados y evitaría las consecuencias que de ellos se derivan.

¿Cuál es la realidad interna de la IVª Internacional como organización? No hay centralismo porque el organismo internacional directivo, con su carácter fantasmal, no coordina las secciones entre sí, pierde el control de las mismas y no unifica la política a desarrollar frente a los acontecimientos de trascendencia mundial que se presentan. No hay democracia porque sin las relaciones normales de la Secretaría con las secciones no puede someter ningún problema a discusión interna y cuando, al recordar una de sus funciones como Secretaría, trata de establecer el punto de vista de la IVª Internacional por sí sola y por sí sola, sin tener en cuenta el punto de vista de las secciones.

La experiencia ilustra bien que el centralismo democrático puede existir en realidad en la medida en que la democracia y el centralismo se ponen plenamente en práctica; en el caso contrario, ambos sufren. El centralismo sin democracia se convierte en una autocracia que, al carecer de una base democrática sólida, sólo puede hacerse efectiva de forma burocrática y dictatorial. A su vez, la democracia sin centralismo se transforma fácilmente en una ruptura anarquista que termina fatalmente en impotencia desde el punto de vista de los intereses del internacionalismo revolucionario.A más democracia, mayor centralismo y viceversa: no hay otra solución al funcionamiento organizativo de una Internacional revolucionaria.

El Grupo Español en México de la IVª Internacional considera que es su deber inaplazable hacer la presente crítica al Secretariado, haciendo uso de su derecho como parte integrante de la organización internacional y, además, con plena conciencia de la responsabilidad que recae sobre la IVª Internacional en este período histórico en relación con el mejor futuro de la humanidad.

No hay duda de que las perspectivas revolucionarias previstas por la IVª Internacional comienzan a tener realidad inmediata, particularmente en Europa. El desarrollo de los acontecimientos internacionales ha demostrado la corrección de la teoría marxista en general y de la trotskista en particular en el momento actual. Pero, si, como sabemos, ninguna revolución es posible sin teoría revolucionaria, tampoco podemos ignorar que sin una organización revolucionaria internacional no es posible afrontar con éxito la tarea histórica de la revolución mundial. La IVª Internacional, con la garantía de su tradición y vigorosa ideología, ha planteado el problema fundamental que es, en última instancia, su problema organizativo, cuya solución favorable o desfavorable tendrá su inevitable repercusión en el movimiento revolucionario proletario internacional. Si bien es cierto que la IVª Internacional ha sufrido las consecuencias directas del declive del movimiento revolucionario, lo que explica su crisis organizativa desde su fundación hasta el presente, hay que reconocer que el movimiento revolucionario está ahora en ascenso y que nuestra organización debe intentar en el menor tiempo posible ponerse a la altura de este ritmo acelerado, resolviendo en primer lugar su problema orgánico. El problema orgánico de nuestra organización podría explicarse, en consecuencia, en años pasados cuando la tarea revolucionaria era fundamentalmente la defensa de la teoría revolucionaria, pero de ninguna manera puede justificarse hoy cuando el problema revolucionario fundamental es la preparación para la acción revolucionaria internacional del proletariado. El Secretariado en particular y las secciones de la Cuarta Internacional en general deben actuar, teniendo en cuenta esta oportunidad evidente y entrar plenamente en la solución práctica del problema persistente, agudo y trascendental del funcionamiento orgánico interno que es la sangre vital que revitalizará a la organización internacional. No hay tiempo que perder: con la solución del problema organizativo de la IVª Internacional va el futuro de la revolución mundial.

El Grupo Español en México de la IVª Internacional comprende perfectamente las dificultades de orden técnico que hay que superar para resolver la crisis orgánica de la IVª Internacional; no ignora que el Secretariado se enfrenta a los problemas más difíciles, pero, lejos de ignorar, por el contrario, afirma y evalúa su trascendental responsabilidad histórica. Teniendo en cuenta estas consideraciones, nuestra crítica es enérgica y nuestras primeras peticiones a la Secretaría, que sirven de conclusiones a nuestra crítica, son precisas:

  1. Que el Secretariado plantee como tarea urgente la necesidad de celebrar en el menor tiempo posible, fijando una fecha, una Conferencia Internacional de la IVª Internacional.
  2. Que el Secretariado inicie la publicación de un boletín interno de la IVª Internacional en el que deberá figurar el material específico que sirva de base para las discusiones preparatorias de la Conferencia; en él se incluirá el documento que ahora enviamos al Secretariado.
  3. Que el Secretariado comience a elaborar, recoger y distribuir todo el material necesario para la preparación de la Conferencia, procurando que llegue a todas las secciones y grupos de la IVª Internacional.

El Grupo Español en México de la IVª Internacional entiende que el Secretariado en particular y las demás secciones y grupos de la organización en general, sabrán apreciar en nuestro mensaje el profundo sentido revolucionario que posee ya que señalamos con franqueza los defectos de nuestra organización -aunque sean involuntarios- con el único fin de que sean corregidos; no buscamos una división dentro de la IVª Internacional, sino la unificación teórica y la existencia real, viva y dinámica de la organización internacional; de ninguna manera tratamos de ignorar ni negar la importancia de la IVª Internacional en la actualidad. Muy al contrario, convencidos de su fuerza potencial y de su acción decisiva en el futuro, nos esforzamos y esperamos que la IVª Internacional se encuentre en la cúspide de su responsabilidad histórica. La Cuarta Internacional. debe responder con actos ante la historia de cien años de marxismo, de una sola manera: con la revolución mundial.

El Grupo Español en México de la IVª Internacional, al mismo tiempo que seguirá intensificando su trabajo práctico, se propone a partir de ahora enviar al Secretariado materiales para la discusión política, solicitando que sea presentada a nivel internacional. El Grupo Español en México de la IVª Internacional espera recibir una rápida respuesta del Secretariado al presente mensaje y confía en que establezca una relación política y fraterna; espera también que estas relaciones adquieran el mejor y mayor de los contenidos para los intereses de la revolución mundial y del proletariado español en particular.

Con nuestros saludos proletarios.

Carta al Secretariado del Grupo Español en México (junio de 1944)

Queridos camaradas:

En el número del 13 de mayo de The Militant aparece un artículo editorial titulado «El trotskismo y la revolución europea» sobre el que consideramos indispensable hacer las siguientes observaciones:

  1. Desde que comenzó la guerra, e incluso antes, no ha existido ningún contacto internacional real. Los grupos, partidos y secciones nacionales se han desarrollado y han actuado todo lo bien que han podido sin ningún tipo de contactos ideológicos o ayuda externa. Por lo que la homogeneidad táctica del movimiento tenía que resentirse necesariamente e incluso tenía que resentirse la homogeneidad ideológica ante las cuestiones más difíciles.
  2. Ante esta situación de hecho, creemos que ante todos los grupos que surgen en Europa o en cualquier parte del mundo defendiendo el programa de la IVª Internacional, debe tenerse una actitud a la vez crítica y amistosa que nos permita llegar a una verdadera homogeneidad ideológica y organizativa con ellos. No puede caer del cielo; debe ser el resultado de un trabajo colectivo de discusión y acción. Después de más de cinco años sin discusión y acción colectiva en nuestras filas internacionales, es absurdo, desorganizador y peligroso para el futuro de nuestro movimiento lanzar ciegamente excomuniones de grupos que no coinciden completamente con la valoración que el propio S.W.P. hace de la política cuartainternacionalista. La prudencia más elemental, la actitud experimental, que constituyen la base de toda posición materialista, aconseja criticar tanto como se crea conveniente, pero al mismo tiempo establecer los medios para llegar a un acuerdo completo y al entendimiento organizativo.
  1. El editorial mencionado anteriormente hace exactamente lo contrario. Sin previo aviso, después de haber sido bien tratados en números anteriores de The Militant, los camaradas italianos son denunciados como impostores, imbéciles o cabezas de chorlito. Nos parece la forma más eficaz de echarlos a los brazos del Worker's Party1. Con este método, todos los grupos que surjan en Europa tropezarán inmediatamente y se perderán para la Cuarta Internacional, al menos momentáneamente.

  2. El tratamiento como impostores e imbéciles se basa sólo en la posición del grupo de Nápoles con respecto a la URSS, la cuestión más espinosa de nuestro movimiento, sobre la que sólo la experiencia decidirá quién tiene razón y de la que la Cuarta Internacional no ha hecho una pregunta sine qua non para la adhesión en los últimos años. Si el «impostor, imbécil o cabeza de chorlito» Shachtman no está ya en el S.W.P., es porque no quiso; los autores del editorial lo saben. Como hemos dicho en otros lugares, la cuestión de la defensa de la URSS pasa cada vez más al plano de la lucha interna contra el stalinismo y la lucha revolucionaria internacional.

    La definición de la U.R.S.S. como un estado obrero, considerada inadecuada por el propio Viejo2, no ayuda en absoluto en el momento actual en el problema de nuestra actitud hacia la U.R.S.S. Lo fundamental es el proceso que opera en su interior. Teniendo esto en cuenta, la definición de estado obrero es cada vez más estática y falsa. Después de esta guerra, suponiendo que todas las revoluciones fracasen, resulta inconcebible que el «estado obrero degenerado» continúe. Necesariamente se transformará en un nuevo estado burgués. La totalidad de las características políticas del «estado obrero degenerado» coinciden con las de un estado burgués; las características económicas están en el camino de la identidad. ¿Pretenden los editores de The Militant que es más importante para el futuro de la revolución rusa y mundial definir a la Unión Soviética como un estado obrero y hablar de su defensa incondicional que llevar a cabo una política proletaria e internacionalista en cada país? Sería un formalismo ciego. Que nuestros camaradas italianos sean realmente intransigentes en la lucha por la dictadura del proletariado y en el internacionalismo ayudará a los trabajadores rusos más contra el stalinismo que el defensismo ligeramente patriótico del S.W.P.

  3. El editorial contiene una referencia al P.O.U.M. sacada fuera de contexto. Prácticamente, el P.O.U.M. ha estado más cerca del defensismo de la U.R.S.S. llevado a cabo por la S.W.P. que el que se habla en Nápoles. Sin embargo, creemos que los documentos italianos contienen conceptos erróneos con respecto a la política interna que podrían dar lugar a actitudes y concepciones centristas. Nos parecería mucho más importante y justificado si el editorial hubiera tratado estos aspectos, insuficientemente aclarados por los compañeros italianos. Pero no deben por ello ser tratados como impostores. Sobre todo es necesario establecer contacto con ellos y agotar todas las posibilidades de comprensión. Pero no podemos dejar de decir que nos parece alarmante que la cuestión soviética provoque un trueno, mientras que las cuestiones que pueden prestarse a desviaciones centristas se pasan por alto sin ser vistas. Esto nos obliga a afirmar inequívocamente que consideramos las críticas y las opiniones del S.W.P. exclusivamente suyas, no representativas en modo alguno de la organización internacional.

  4. En consecuencia, y anticipándonos a la próxima discusión y conferencia internacional, proponemos a la Secretaría:

    1. que ningún grupo o partido sea condenado por mantener una posición con respecto a la URSS diferente a la establecida en el programa de la Cuarta Internacional.
    2. Que con respecto a los grupos que surjan se aplique una actitud crítica fundamentalmente dirigida a su posición en el ámbito nacional y con respecto al internacionalismo proletario.
    3. Que no se rompa con ningún grupo de antemano, es decir, antes de haber podido discutir seriamente con él, excepto en casos de oportunismo manifiesto.
    4. que se lleve a cabo el debate internacional ya propuesto y los preparativos prácticos para la próxima conferencia mundial.

Suyos y de la Cuarta Internacional,

El Grupo Español en Mexico

Carta de Natalia Sedova (23 de septiembre de 1944)

Querido amigo:

De su respuesta deduzco que mi carta fue escrita de manera demasiado general. Intentaré concretarlo.

No propongo que eliminemos el eslogan «defensa de la URSS», pero creo que debe rebajarse de nuevo a un segundo o tercer rango. Es necesario dejar claro esto incansablemente:

La consigna de la defensa de la URSS tenía un doble objetivo:

  1. la lucha con el enemigo interno - el régimen de Stalin; y
  2. la lucha contra la intervención extranjera.

El objetivo final de la defensa de la URSS es la revolución mundial.

Considero que la fuente principal de los peligros para la URSS en la actual situación internacional es Stalin y la oligarquía que encabeza. La lucha contra ellos a los ojos de la opinión pública está indivisiblemente conectada para mí con la defensa de la URSS.

(Artículo de L.D.'s'3sobre Stalin después de la experiencia finlandesa).

La defensa incondicional de la URSS fue siempre para nosotros un factor de lucha despiadada contra la burocracia bonapartista hasta su derrocamiento y el restablecimiento de la democracia soviética.

Los triunfos militares han fortalecido la posición de la burocracia soviética (el enemigo interno); la reacción va en aumento, de ahí la necesidad de sacar conclusiones respecto a la consigna de la defensa de la URSS. Usted escribe que es necesario tomar como punto de partida lo que es; basarnos en hechos. Absolutamente correcto. Después de todo, esto significa que la consigna de la defensa militar de la URSS se retirará a un segundo plano ante los nuevos acontecimientos.

El país de los soviets está en el umbral de la revolución o contrarrevolución. Llevar a cabo la contrarrevolución bajo las condiciones de cerco del fermento revolucionario en Europa es tan difícil como afianzar las conquistas básicas de la revolución de octubre en el cerco reaccionario del régimen stalinista. Cuando usted subraya en su carta el significado de lo que es y los hechos en los que uno debe basarse en sus juicios aparentemente tiene en mente el sector nacionalizado de la propiedad y la economía planificada, aún sin liquidar. Pero después de todo es inadmisible analizar el hecho importantísimo fuera de las condiciones generales actuales de la Unión Soviética, que no podían dejar de encontrar su reflejo también en él. La nacionalización que se llevó a cabo en la época de la revolución tenía como meta la igualdad y la elevación del nivel de vida de las masas. Bajo el avance de la reacción y en manos de la burocracia bonapartista se ha mantenido, pero se ha alejado de su tarea inicial (al igual que el Ejército Rojo). La burocracia bonapartista ha utilizado las mayores conquistas de la revolución para sus propios intereses personales. Además de los hechos es necesario tener en cuenta la tendencia del desarrollo de tal o cual fenómeno político. Sin tal contabilidad es imposible dirigir, preparar o llevar a cabo propaganda, bosquejar perspectivas, etc., etc., etc. En la época anterior a octubre, los mencheviques, basándose en hechos, predijeron el aplastamiento de la revolución de octubre, asignándole un período de dos semanas de existencia. Los bolcheviques, basándose en los hechos, llevaron a cabo una agitación confiada para el derrocamiento. ¿Cómo es entonces? La evolución de las tendencias de los acontecimientos políticos debe tener en cuenta, analizar, discutir desde diferentes puntos de vista hasta polémicas agudas, hasta diferencias de opinión -en esto consiste el trabajo creativo vivo de la organización, su preparación para los acontecimientos inminentes; de lo contrario está condenada a la inacción.

La burocracia soviética, la más reaccionaria del mundo, está empujando la economía planificada no hacia el socialismo sino hacia el capitalismo. Con el fin de la guerra, la cuestión de la economía planificada se planteará con toda su agudeza. Está madurando un choque entre la economía planificada y la burocracia bonapartista que ha fortalecido sus posiciones con las victorias militares. Las contradicciones pueden llegar a ser insoportables y la ruptura con la economía planificada puede confrontar a la burocracia como una necesidad vital. ¿Socialismo o la restauración del capitalismo? El problema más importante de la URSS debe ser puesto en el centro de nuestra atención. Un peligro mortal amenaza al país de los soviets, y la fuente de este peligro es la burocracia soviética (el enemigo interno). La guerra no ha terminado: el enemigo externo sigue existiendo. Pero al principio de la guerra la veíamos como la más peligrosa y la lucha contra el régimen burocrático cedió su lugar a la lucha militar; en la actualidad las cosas deben ser puestas al revés. Es necesario explicar esto a los trabajadores soviéticos así como a los trabajadores de todo el mundo; debemos advertirles con toda la claridad necesaria sobre el peligro amenazador para el primer estado obrero.

Las victorias militares del Ejército Rojo no pueden asegurar el derrocamiento de la burocracia stalinista; la defensa militar no conduce a la lucha revolucionaria contra el régimen stalinista. La defensa militar de la URSS en la actual situación mundial se ha transformado en el problema de la lucha contra el stalinismo.

Unas palabras sobre la literatura soviética. En su opinión, no refleja la realidad soviética -esto es correcto, pero no del todo, no del todo, sino sólo hasta cierto punto. Y este cierto grado debe ser tenido en cuenta. La propaganda de la guerra no podía dejar de tener su efecto en las masas soviéticas. La guerra, lo vivido -no sólo los sufrimientos sino también la experiencia- ha enseñado mucho a los ciudadanos soviéticos. Se sienten más seguros de sí mismos, más independientes, más exigentes y esto ya ha encontrado su expresión en la correspondencia local en Izvestia y Pravda a pesar de la supervisión burocrática y el «mando». Pero esto no es todo. En los mismos documentos también se refleja la vigilancia y la alarma de la burocracia en este sentido y ya está emitiendo llamamientos para el restablecimiento del orden.

Carta de Natalia Sedova (6 de noviembre de 1944)

Queridos amigos,

No me detendré en la sección de vuestra carta que contiene información, limitándome a un reconocimiento agradecido. Sin embargo, debo deciros que no me aportó casi nada nuevo. El trabajo incansable de nuestros amigos y sus éxitos son una garantía de su viabilidad y tenemos todos los motivos para una revisión valiente de nuestras consignas. Debo defender a aquellos amigos a quienes condenáis en relación con las diferencias de opinión, porque habéis modificado el carácter de las relaciones mutuas (personales), tiñéndolas de aspereza, hostilidad y malos modos. Esto es bastante humano, estamos unidos por la unidad de ideas, cada vez que ésta se interrumpe, las relaciones internas entre unos y otros, y con ellas, sus formas externas, se alteran.

Después de la exposición que contiene la sección informativa de vuestra carta, pasáis a la controvertida cuestión de la defensa de la URSS con una declaración de vuestro completo acuerdo conmigo en la evaluación de la burocracia soviética. Nunca tuve la menor duda al respecto. Esto ha quedado firmemente establecido a través de la experiencias a lo largo de muchos años; esta ha sido y sigue siendo la base de nuestras sucesivas conclusiones. Vuestra declaración, así como, por cierto, la exposición en la sección informativa (de vuestra carta) fue necesaria para facilitaros el camino de la discusión posterior. Pero, después de todo, la crítica a la burocracia rusa no deriva de sí misma ni tiene existencia en sí misma, al igual que la consigna de la defensa de la URSS. No se debe repetir incesantemente la condena de la burocracia rusa, sin sacar de ella las conclusiones correspondientes. La crítica puede sufrir cambios durante este o aquel periodo de tiempo, periodos que se corresponden con los cambios en la conducta de la propia burocracia; criticamos con mayor fuerza ahora una, ahora otra de sus vertientes. Es inadmisible limitarse a un ajuste absoluto una vez y para siempre. Una crítica de este tipo se transforma en una baratija sin valor y sin vida que sirve para adormecerse y cerrar los ojos ante los cambios que se producen. Con vuestra declaración -buscando calmar los ánimos- os liberáis de hacer cualquier crítica viva y genuina de la situación que se ha creado.

«Sí, sí, estamos de acuerdo con la crítica a la burocracia soviética» os decís a vosotros mismos, y con ese lamento, os liberáis del análisis de los acontecimientos actuales, hechos actuales que están ligados a las consecuciones de la burocracia.

Os comportáis de manera similar con el lema de la defensa de la URSS. Ignoráis los profundos cambios en la situación interna y externa del territorio soviético. Para vosotros la consigna de la defensa militar de la URSS está fijada de una vez por todas, no reparáis en los cambios que se han introducido en el concepto de defensa por el contexto general circundante; que la necesidad directa de la misma ha desaparecido y que en vista de las condiciones modificadas ahora sale a la palestra con toda su fuerza no la defensa militar de la URSS sino su defensa contra el enemigo interno, el más poderoso y peligroso.

Olvidáis la esencia de la consigna de la defensa de la URSS, que incluye a la vez la defensa militar contra la intervención extranjera y la defensa interna contra la burocracia usurpadora -la segunda condiciona a la primera. No propongo como ya he escrito -ni una sola vez- retirar la consigna de la defensa de la URSS. Pero en vista de los cambios en la situación general, propuse poner la defensa militar en un segundo plano en vista de su inutilidad en las condiciones actuales y poner a la vanguardia, con toda la fuerza, aquello lo que se basa la defensa militar: la lucha contra el régimen stalinista. Una vez más, la consigna de defensa tiene un doble significado y, dependiendo de las circunstancias de la situación política general, su centro de gravedad se desplaza ahora hacia un lado y hacia el otro. Sois vosotros y no yo quienes reducís a cero el significado de la consigna de la defensa en su conjunto, cuando lo repetís incesantemente en una situación en la que la primera parte de la consigna no encuentra aplicación; lo digo en su conjunto, porque la situación real con toda su fuerza exige poner el acento en la segunda parte. Al continuar en condiciones que no corresponden con el avance de la consigna de la defensa militar, anuláis totalmente la consigna de la defensa. Mientras que yo propongo conservarla trasladando su primera parte a un tercer plano, salvando así su terreno más importante (la segunda parte).

«¿Dónde está la URSS?» Esta cuestión debe estar en el centro de nuestra atención, de nuestra propaganda, de nuestra agitación. Es inadmisible alegar falta de conocimiento sobre lo que está ocurriendo en Rusia, alegar la falta de información, la censura rusa, etcétera. En cuanto a la información, las condiciones actuales son mucho más favorables que hace unos años, lo que no impidió (en su momento) analizar la situación interna de la URSS, determinar el carácter del primer estado obrero en tal o cual período de tiempo, analizar las tendencias de su desarrollo, y sacar conclusiones y esbozar perspectivas. Recordemos los numerosos artículos de LD sobre este tema; -artículos- esclarecedores, persuasivos, y que esbozan posibles perspectivas. El escenario de la revolución en la URSS que derrotaría a la burocracia, despejando el camino para la defensa de la Unión Soviética contra la embestida del ambiente capitalista, movilizando al proletariado internacional en su ayuda. Y el escenario alternativo: los éxitos militares de la burocracia, su fortalecimiento temporal, el fuerte afianzamiento de su posición, pero su inevitable caída, a pesar de todo. Ustedes recuerdan la cautela con la que LD analizó cada vez la condición política del estado obrero para determinar su evolución posterior, absolutamente correcta. Pero la precaución le servía para un objetivo definido: realizar el análisis sobre la base de un material cuidadosamente seleccionado. Precaución en sí misma, así como la crítica a la burocracia soviética en sí misma, así como el eslogan de la defensa en sí misma, se transforma en todo lo contrario, algo dañino, e imprudente (es al menos imprudente en las condiciones dadas por no tratar cuestiones candentes) en un miedo de emprender seriamente el análisis de la cuestión rusa más importante. Esta precaución «dañina» le incita a aducir argumentos tales como la falta de información sobre la URSS, la ausencia de materiales para hacer valoraciones, y así sucesivamente. Y el resultado es que nosotros, con excesiva falta de precaución hemos guardado silencio sobre la cuestión rusa en el transcurso de cuatro años. En vuestra carta, tomáis nota con toda razón de esta omisión tan onerosa. La precaución injustificada obstruye el camino hacia una revisión (un análisis) de la consigna de la defensa de la URSS. También nos hemos retrasado mucho con ella.

Escribís que «el proletariado ruso aún no ha dicho su última palabra». ¿A quién se dirige esta afirmación? Precisamente porque el proletariado ruso no ha dicho su última palabra, propuse revisar la cuestión de la defensa militar transfiriendo el centro de gravedad a la lucha interna contra los más peligrosos y, en el momento actual, el único enemigo del proletariado ruso ~la burocracia soviética- convocando (al proletariado ruso) a diario y en cada momento a «decir su última palabra».

En The Militant, Nº 34, apareció un muy buen artículo sobre las acciones del Ejército Rojo (la burocracia soviética) en Polonia, con la excepción de que, en mi opinión, es incorrecto considerar a las unidades partisanas como revolucionarias. Tanto en su origen como en su composición tienen un carácter puramente nacionalista. Si se tiene en cuenta el punto de vista expresado en vuestra carta, es posible concluir que vuestra actitud hacia el artículo es negativa. ¿Es ese el caso? En este sentido, puedo citar una cita del Boletín de la Oposición Rusa Nº 72, 1938:

Aquellos que bajo el pretexto del peligro de guerra recomiendan el cese de la guerra contra el stalinismo (el Kremlin) están desertando de las tareas revolucionarias, cubriéndose con frases fuertes sobre una catástrofe mundial. No tenemos nada en común con este punto de vista totalmente falso.

Planteáis las siguientes cuestiones:

  1. ¿Cuál es el grado de degeneración alcanzado por el estado obrero?
  2. ¿Cuánto tiempo puede durar el período de degeneración?
  3. ¿Qué forma puede adoptar?

(Las dos primeras preguntas son de carácter escolástico).

En la primera pregunta sería posible introducir mayor precisión; ¿se ha profundizado el desarrollo de las tendencias del estado obrero al lado del capitalismo en los últimos cuatro años? Los plazos de su degeneración difícilmente pueden ser indicados con precisión, y esencialmente no es lo importante. La tercera pregunta está determinada por la primera: la degeneración completa sólo puede conducir al capitalismo. La regeneración es posible a través de una revolución que derrote la burocracia y conduzca al socialismo. Las preguntas planteadas por vosotros deben combinarse en una sola: «¿Hacia el socialismo o de vuelta al capitalismo?» Y se deberían escribir varios artículos sobre este tema. También es necesario plantear la cuestión del Ejército Rojo; debe entrar en la cuestión unificada antes mencionada, pero hay que tratarla con mayor detalle en un artículo o panfleto especial. Porque se producen entre nosotros los mayores errores en este sentido. Esto es lo que se publicó ya en mayo-junio de 1938 en el Boletín de la Oposición Rusa Nº 66-67:

La transición de un ejército de cuarteles a un ejército de milicias se preparó sistemáticamente durante más de una década, pero desde el momento en que la burocracia aplastó completamente todas las manifestaciones de independencia de la clase obrera, procedió abiertamente a transformar el ejército en un instrumento de su dominio. El sistema de la milicia fue completamente dejado de lado, una casta de generales y mariscales ha sido restablecida. De un instrumento de defensa socialista el ejército se ha convertido en el instrumento para la defensa de los privilegios de la burocracia.

(Mi énfasis.)

Esto fue escrito, como ya he dicho, en 1938. Pero, ¿qué ha ocurrido desde entonces? Estáis familiarizados con éso. El ejemplo de Bulgaria que citáis en vuestra carta, indudablemente indica el espíritu revolucionario de las masas búlgaras que buscan la Bandera Roja. Pero no el espíritu revolucionario del Ejército Rojo.

Podéis encontrar respuestas a todas vuestras preguntas en el Boletín de la Oposición Rusa4. Conservan totalmente su actualidad. Las tendencias antirrevolucionarias de la URSS, esbozadas en ellas, se han profundizado y se profundizan año tras año; se han profundizado catastróficamente en los últimos años de la guerra. Cito otra cita de la misma fuente:

La evolución del estado soviético, por lo tanto, procede en total contradicción con los principios del programa bolchevique. La razón es que la sociedad, como ya se ha dicho, está evolucionando no hacia el socialismo, sino hacia las contradicciones sociales. Si en el futuro el proceso continúa por este mismo camino (y está avanzando por este camino -N.), llevará inevitablemente a la regeneración de las clases, a la liquidación de la economía planificada y a la restauración de la propiedad capitalista. En ese caso, el régimen estatal se volverá inevitablemente fascista.

Permitidme otra cita más:

Así, si bien es inadmisible rechazar de antemano en casos rígidamente específicos la posibilidad de un «frente único» con la sección termidoriana de la burguesía contra la abierta ofensiva de la contrarrevolución capitalista, la principal tarea política de la URSS sigue siendo la misma: el derrocamiento de la burocracia termidoriana, (Esto aparece en negrita -N.) Cada día adicional de su gobierno sacude los elementos socialistas de la economía y aumenta las posibilidades de restauración capitalista.

Los artículos del Boletín de la Oposición Rusa sobre este tema podrían ser muy instructivos ahora. Es incomprensible por qué no se han utilizado en el curso de cuatro años. No sólo no fueron leídos en su totalidad, sino que nunca fueron citados ni referidos -esto es muy indicativo. Sólo nuestros amigos españoles se han ocupado de esta cuestión. Mientras se escriben los artículos sobre el tema tratado por nosotros -«¿Dónde está la URSS?»- propondría que una serie de artículos del Boletín de la Oposición Rusa sean traducidos tanto para la revista como para el periódico; y que se haga en un número tras otro. Se podría empezar por ejemplo, con el artículo «¿Sigue el gobierno soviético los principios adoptados hace 20 años?» (Boletín de la Oposición Rusa, Nº. 66-67). El Boletín debe ser estudiado y todo lo necesario sacado de él.

Finalmente, unas palabras más sobre las masas rusas. No puede haber ninguna duda de que las masas rusas están insatisfechas: que existen elementos de oposición y organizaciones clandestinas en la URSS. El amo de la tierra soviética no puede pasar al capitalismo sin una contrarrevolución, de lo contrario no podrá arrancar a los campesinos la tierra por la que lucharon durante siglos. Es aún más difícil realizar esta operación en el agotamiento, cuando Europa está tomada por un movimiento revolucionario.

No puede haber ninguna razón para dudar de que la inmensa mayoría de los comunistas, así como de la población, no quieren volver al capitalismo, especialmente ahora que el capitalismo ha sumido a la humanidad en una nueva guerra.

Boletín de la Oposición Rusa, Nº, 82-83

De ahí la necesidad vital de intensificar la propaganda sobre el tema descrito. Advirtamos contra el peligro mortal que amenaza al proletariado ruso, expliquémosle las causas, convocémoslo a una lucha contra los usurpadores y sepultureros de la gran revolución apoyándonos en el movimiento revolucionario europeo.

Un comentario adicional: el artículo «¿Sigue el gobierno soviético los principios adoptados hace 20 años?» debería complementarse con notas detalladas, señalando el camino avanzado por la degeneración entre 1938 y1944, y corroborarse con los correspondientes (enormes) materiales que tenemos a nuestra disposición; y esto debería hacerse lo antes posible,

Con saludos amistosos,

Natalia

Carta del Grupo Español en México dirigida al SI (17 de abril de 1946)

Camaradas:

Hemos recibido varias comunicaciones sobre la Pre-Conferencia Internacional que se acaba de celebrar en Bélgica. En primer lugar, nos vemos obligados a plantear la protesta más enérgica contra la forma en que se celebró esta Preconferencia. Observamos de paso que se convirtió, en la primera línea del comunicado de prensa de abril de 1946, en una «Conferencia» de la Cuarta Internacional. ¿Por qué? ¿Quién autorizó que se transformara en una Conferencia?

Los métodos empleados por el nuevo SI5 que surgieron de la Pre-Conferencia son los métodos militares de un gran Estado Mayor que prepara las operaciones y da órdenes que deben ser ejecutadas al pie de la letra, y que no tienen nada que ver con el centralismo democrático proclamado por la IVª Internacional ni con las necesidades de nuestro movimiento internacional después de siete años de aislamiento. Se exige disciplina cuartelaria a las secciones en un momento en que éstas no han sido invitadas a explicar las razones de esta disciplina. Esta es la mejor manera de llevarlas a la rebelión. Este concepto de Estado Mayor secreto se revela de nuevo en la manera ridícula en que se aborda la propaganda sobre la Pre-Conferencia. Todas las secciones publicarán el día D (¿por qué no a la hora H?) un comunicado de prensa idéntico que no dice nada de interés sobre la Pre-Conferencia misma. ¿No hubiera sido mejor, en lugar de este comunicado de prensa homogeneizado, proporcionar inmediatamente a cada sección un informe sobre los trabajos de la Preconferencia y el texto íntegro del Manifiesto que se aprobó y, sobre esa base pedirles que dieran la mayor publicidad posible a los debates y resoluciones de la reunión? En lugar de esto, un trivial comunicado de prensa trivial hurta a la sección todo interés en difundir propaganda en la Pre-Conferencia.

Lo que es peor, no hubo discusión preliminar, pues el único documento (de diciembre de 1945) que parecía tener que ver con la preparación de esta Pre-Conferencia nos llegó en el mismo momento en que se estaban celebrando las sesiones, si es que se celebraron en marzo, como indica su comunicación del 20 de marzo («Tuvo lugar una Pre-Conferencia de la Cuarta Internacional»), y fue tan oportuno que fue imposible responderle («Una Conferencia de la Cuarta Internacional» tuvo lugar a principios de abril). ¿Cuál era la agenda de esta Pre-Conferencia, quién la determinó? Nadie lo sabe, excepto el grupo de conspiradores que participaron en él. ¿Y desean que todas las secciones acepten las conclusiones de la Conferencia con los ojos cerrados? En ese caso no estaremos entre ellos, y nos reservamos nuestra opinión sobre esta Pre-Conferencia hasta que conozcamos un informe de las discusiones y el Manifiesto que fue adoptado. Nadie sabía dónde o cuándo se celebraba esta Pre-Conferencia (¡excepto la policía!), ni siquiera los miembros en funciones del CE6; nadie sabía qué secciones estaban representadas allí, y por qué estas secciones en lugar de otras. Sin duda, nos dimos cuenta de que el comunicado de prensa habla de la presencia de delegados de «varios otros países del Hemisferio Occidental», entre los que México, por ejemplo, no figura. ¿Por qué? ¿A qué secciones se hace referencia?

Todo lo anterior revela una total falta de preparación real para la Pre-Conferencia, y peligrosos métodos burocráticos a los que nos oponemos con todas nuestras fuerzas.

Creemos también que la Pre-Conferencia no ha sido un paso adelante para la Cuarta Internacional, como resultado, por un lado, y sobre todo, de su falta de preparación, y también porque, a juzgar por el documento de la CE, ninguno de los problemas del momento actual se discutió realmente allí. Así, el comunicado de prensa al que debemos dar amplia publicidad dice:

En este Manifiesto la Conferencia traza el balance de la segunda guerra mundial imperialista y demuestra que el mundo capitalista, que no ha resuelto ninguna de sus contradicciones fundamentales a través de la guerra, se mueve de nuevo -a través de un período de grandes dificultades económicas y políticas, dominado por el antagonismo fundamental de la URSS y el imperialismo angloamericano....[etc.]

No se especifica la naturaleza de este antagonismo. ¿Se trata, como creemos, de un antagonismo como el que se produce entre dos bandas de gángsters que llegan a las manos cuando llega la hora de repartir el botín? En ese caso, el uso de una terminología equívoca no permite entender lo que significan los editores del comunicado de prensa. Pero creemos más bien que se aferran a la desgastada fórmula de un antagonismo entre el sistema de propiedad del mundo capitalista y el del «estado obrero degenerado» de la URSS, cuando todo demuestra que la URSS no es más que una cáscara hueca, vacía de todo el contenido revolucionario de octubre7.

El comunicado de prensa también dice:

El Manifiesto de la Conferencia termina con un llamamiento a las masas explotadas de Europa y del mundo para que luchen bajo la bandera de la Cuarta Internacional.

En la situación actual, esto constituye, en el mejor de los casos, una frase vacía, y en el peor, una demostración de ultimatismo absolutamente inviable. Habría sido más honesto y sensato llamar a las masas a crear con nosotros una auténtica dirección revolucionaria, porque recordemos con L.T. que «la crisis de la humanidad es la crisis de la dirección revolucionaria». Ahora bien, si nosotros ya fuéramos esta dirección, la crisis estaría resuelta, lo cual es obviamente inexacto. Esta dirección revolucionaria, para todos los marxistas que se niegan a conformarse con las palabras, está por crearse. ¿Se puede afirmar que la IVª Internacional constituye una dirección revolucionaria, excepto potencialmente, cuando su falta de medios materiales no le permitió alzar la voz durante toda la guerra, cuando ni siquiera fue capaz, debido a la falta de los contactos necesarios, de asegurar el funcionamiento rutinario del SI, cuando el nuevo SI mismo nos habla desde las profundidades de la tierra donde está escondido? No, esta dirección revolucionaria aún no existe. Todo lo que existe es la voluntad de crearla. Pero este deseo debe permanecer impotente mientras se continúe satisfecho con las palabras y viviendo cómodamente en posiciones tomadas hace diez años o antes.

Creemos que el primer deber de la Pre-Conferencia fue abrir una amplia discusión sobre todos los problemas de la revolución socialista en nuestra época para hacer una preparación genuina del el próximo Congreso Mundial. Ahora bien, si se tiene que juzgar por las dos frases del comunicado de prensa citado anteriormente, parece que la Pre-Conferencia está usando sus gafas de preguerra y está diciendo que la Cuarta Internacional no se equivocó en nada y que no tiene nada que añadir o quitar a su programa, imitando así la práctica habitual del stalinismo. ¿Se ha analizado sin prejuicios la experiencia de estos últimos años? No lo parece en el comunicado de prensa; y sin embargo, si esta experiencia se hubiera estudiado sin prejuicios, habría llevado a la Internacional a revisar nuestra estimación de la naturaleza del Estado ruso y, en consecuencia, nuestra táctica hacia él y hacia el stalinismo. En cambio, la posición que parece haber tomado la Preconferencia -según su comunicado de prensa- transforma a la IVª Internacional en un ala izquierda del stalinismo en el mismo momento en que los trabajadores de numerosos países ya no pueden tener nada más que odio y desprecio por el stalinismo. Esta posición, si no se revisa en un corto período de tiempo, puede privar a la IVª Internacional de toda su eficacia y amenazar gravemente su propia existencia.

Por lo tanto, pedimos que se prepare inmediatamente un Congreso Mundial de la IVª Internacional, que tenga los poderes plenos que no tenía la Pre-Conferencia, y que se celebre en el plazo máximo de un año. Con este fin, les enviaremos en breve un documento sobre lo que entendemos por la preparación de este Congreso.

Pero aquí y ahora decimos que el Congreso no tendrá sentido si no se discuten en él todas las cuestiones sobre el Estado ruso, el stalinismo, el gobierno socialista-stalinista, las nacionalizaciones, la organización, las políticas seguidas por las diferentes secciones durante la guerra, etc. Es necesaria la más amplia discusión preliminar para que todos los puntos de nuestro programa puedan ser sometidos a una crítica despiadada y clarividente que elimine de él todo lo anticuado que aún contiene. Bajo estas condiciones, el Congreso marcará un paso decisivo en la vida de la Internacional, y la Internacional se convertirá en una auténtica dirección revolucionaria de las masas, capaz de conducirlas al asalto al régimen capitalista y a la toma del poder.

Para resumir:

  1. Protestamos contra la forma antidemocrática, totalmente injustificada por las circunstancias, en las que se celebró la Pre-Conferencia.
  2. Para lanzar un comunicado de prensa, esperaremos hasta que tengamos información sobre las discusiones y las resoluciones de la Pre-Conferencia.
  3. Señalamos que la tarea de la Secretaría no es la de una dirección ultra secreta, sino la de coordinar y animar con sus sugerencias un amplio debate mundial.
  4. Sólo en la medida en que el SI entienda cómo animar el debate y conseguir la participación de todas las secciones, incluso las que no son oficiales, el próximo Congreso Mundial será un paso positivo hacia la construcción de la IVª Internacional.

México, D.F., 17 de abril de 1946

Por el Grupo Español de la Cuarta Internacional en México. - B.P.

«¡Cuidado!» por Benjamin Péret y Grandizo Munis (3 de abril de 1947)

En su informe a la sesión de octubre del CEI8, el Secretariado Internacional se ocupa de la preparación del Congreso Mundial de la IVª Internacional (Internal Bulletin, diciembre de 1946). Debemos decir desde el principio que este documento no nos satisface en absoluto porque no aporta ni la más mínima sustancia a la discusión que debería preceder al Congreso -más bien al contrario- y en ausencia de esta discusión, el Congreso, en lugar de conducir a la constitución de un verdadero partido mundial de la revolución socialista, será la introducción a su descomposición orgánica9.

En este documento se siente una timidez que contrasta con el alcance de las tareas que se nos encomiendan. A diferencia de Jean Sarment (»Soy demasiado grande para mí mismo»), los camaradas del SI y del CEI se repiten a sí mismos: «Soy demasiado pequeño para mí mismo», durante todo el día. En efecto, se nos dice que el Congreso «debe ser ante todo un Congreso de las organizaciones que han respetado la disciplina internacional y que han mantenido relaciones normales con los órganos de dirección». Se trata de encubrir con la palabra «disciplina» los golpes infligidos a los principios mismos, al programa escrito de la Internacional por, por ejemplo, la sección canadiense. A los ojos de los camaradas de la dirección, ¿no es esa lealtad a los principios revolucionarios que constituye nuestra razón de ser, mil veces más importante que la observancia de la disciplina y las «relaciones normales con los órganos directivos», aunque se podría decir mucho sobre las relaciones normales en lo que respecta a la sección canadiense? Sin embargo, acusamos a este partido de haber violado subrepticiamente los principios de la Internacional sobre la cuestión de la guerra, y de haber tenido una actitud oportunista hacia ella durante el último conflicto imperialista («no apoyo» en lugar de una oposición activa y consistente). Además, ¿qué es una disciplina que se aferra a las formas de organización externas (relaciones normales) para violar mejor los principios sobre los que se apoyan? En realidad, si la disciplina se cumpliera en el pleno sentido de la palabra, el CEI estaría obligado a prohibir a la sección canadiense, y sin duda a otras secciones, la admisión al Congreso por haber violado la disciplina ideológica, que ciertamente es más importante que la disciplina formal de la que aquí se trata.

¿Qué entiende exactamente el SI por «relaciones normales»? ¿La posición adoptada con respecto a los grandes problemas revolucionarios, o las cartas de cortesía que se intercambian con ella? Para una dirección revolucionaria, tendría que ser la posición adoptada con respecto a los grandes problemas revolucionarios y, en ese caso, nos veríamos obligados a oponernos, al menos, a la participación en el Congreso de la sección canadiense y -¿quién sabe?- del Secretariado Internacional. En cuanto a la primera, podemos afirmar que tuvo una posición oportunista durante la guerra; en cuanto al segundo, su inercia en la investigación de este asunto nos permite asumir una complicidad ideológica con la primera. Entre el Congreso Fundador de la IVª Internacional y el Congreso que se está planificando se encuentran todos los años de guerra, durante los cuales la IS estuvo aislada de todo contacto con la mayor parte de nuestras secciones en Europa y Asia, y durante este tiempo fue incapaz de desempeñar el papel protagonista para el que fue designado. Como consecuencia, la mayoría de las secciones no pudieron mantener las «relaciones normales» en cuestión con la dirección. ¿Van a ser excluidos del Congreso? En realidad, lo que se insinúa aquí bajo las «relaciones normales» es la aceptación sin un murmullo de nuestro particular programa sobre guerra particular en su totalidad. Tan cierto es que en el párrafo siguiente el informe de la SI declara que las organizaciones «que establecen condiciones para su pertenencia a la Internacional» no pueden participar en el Congreso. ¿Qué condiciones están implicadas? No se nos dice, y este mismo silencio revela su naturaleza. Todo lo que puede involucrar son demandas relacionadas con la reconsideración de tal o cual punto del programa. Estas exigencias las apoyamos sin reservas, aunque se refieran a ciertos puntos del programa que seguimos considerando válidos. No se pierde nada discutiéndolos; al contrario, saldremos ganando si los clarificamos para toda la Internacional.

De hecho, toda la actitud del SI sobre la discusión preparatoria del Congreso Mundial revela que su interés primordial es salvaguardar el prestigio de la dirección. Desprestigio que sufre la Internacional hasta el punto de ser incapaz de desempeñar el papel revolucionario que debería tener en las luchas que ahora se anuncian. No somos los únicos que decimos esto; se están levantando otras voces en la Internacional para alertar a las distintas secciones contra las maniobras que se están preparando entre bastidores. La minoría de la sección canadiense ya habla de los métodos stalinistas de la dirección canadiense, mostrando las consecuencias capituladoras de la política seguida por la actual dirección de la Internacional, cuyo procedimiento «traiciona sus propósitos burocráticos». Hoy es la sección mexicana la que tiene la obligación de protestar contra el Camarada Smith quien, en nombre del IS, insiste en que el Camarada Red, expulsado después de haber renunciado a la organización, sea puesto de nuevo en la posición de líder que antes ocupaba en la sección mexicana. ¿Por qué? Porque -aunque la carta del camarada Smith no dice nada al respecto- el camarada Red apoya incondicionalmente la política de la dirección de la Internacional. Además, el Camarada Munis se enfrenta a amenazas veladas de expulsión por parte de la dirección elegida por la pre-conferencia con la única misión de preparar la discusión prevista del Congreso Mundial, aunque no tiene el derecho de expulsar a nadie, debido a su autoridad restringida. Podríamos también hablar largo y tendido sobre la circular del pasado 22 de febrero, dirigida por el SI a todas las secciones de América Latina, que revela claramente el mismo espíritu de maniobra. Todas estas indicaciones y hechos muestran que en las cumbres de la Internacional prevalece un ambiente insalubre. Debe ser disipado inmediatamente si queremos que el próximo Congreso esté en condiciones de definir realmente la política revolucionaria que nos incumbe en el período actual. En lugar de emplear todo tipo de subterfugios con el propósito de evadir o restringir la discusión que es la condición misma para la eficacia del Congreso, y con el fin de preservar el prestigio de los líderes a quienes estas mismas precauciones revelan como conscientes de su culpabilidad, la dirección debe organizar la discusión lealmente, y extenderla para que no se descuide ninguno de los principales problemas del movimiento obrero. El SI y el CEI deben intervenir en la discusión para plantearla y organizarla y no para restringirla.

Es indispensable elaborar un balance sincero, preciso y detallado, para examinar a fondo cuál fue la actitud de las distintas secciones durante la guerra imperialista. El SI de ninguna manera motiva su negativa a poner en la agenda la cuestión de la posición de las secciones hacia la guerra imperialista y los movimientos nacionales. Por lo tanto, reconoce que todas las secciones tenían una posición correcta hacia este problema, y quiere que esta tesis sea reconocida por la Internacional. Aunque todas las secciones hubieran seguido una política revolucionaria intransigente, este examen sería necesario. Sin embargo, no es así, y sería demasiado difícil demostrar que esto ocurrió debido a la juventud de nuestro movimiento, debido a los complejos problemas que se presentaron en el curso de la guerra, como el de la ocupación de Europa por el imperialismo nazi y por el imperialismo angloamericano y ruso. Por lo tanto, esta cuestión de la posición de nuestras secciones durante la guerra merece ser debatida en detalle. Hay que denunciar los errores y adoptar una resolución sobre esta cuestión. Consideramos que la decisión del SI de dedicar una parte de su informe a este problema no permite la discusión amplia que es necesaria, y revela claramente el deseo de encubrir errores que la Internacional en su conjunto debe conocer para estar en condiciones de evitarlos en un caso similar, y si se quiere que prevalezca un régimen saludable en la Internacional. Mientras tanto nadie sabe cuál fue la actitud de la sección francesa durante la guerra. ¿Qué posición tenía esta sección hacia el «movimiento de liberación nacional», la guerrilla, etc.? Nadie lo sabe en detalle, excepto los círculos bien informados en las alturas. La base de toda la Internacional no sólo tiene derecho a conocerla, sino que debe conocerla para poder extraer las lecciones indispensables de ella.

Todas estas restricciones que el SI quiere imponer a la discusión adquieren su pleno sentido si consideramos las limitaciones que el SI, en su circular del 22 de febrero, establece para la participación en el Congreso de las secciones y grupos de América Latina.

Si el SI tiene razones para promover la unificación de los diversos grupos existentes en los diferentes países, hasta el punto de que no haya diferencias políticas serias que los separen, no es una razón por la cual los grupos que no han logrado la unidad deban ser expulsados del Congreso. En cuanto a la condición impuesta de aceptar de antemano la disciplina de la mayoría del Congreso, es única en los anales del movimiento obrero, y los camaradas de la minoría de la sección canadiense tienen toda la razón al juzgar que es «poco inteligente y falsa». ¡Es lo menos que se puede decir al respecto! Consideramos absurda esta exigencia porque se impone claramente para impedir que un militante o un grupo de militantes se levante contra tal o cual decisión tomada por la mayoría una vez que han sido expulsados a causa de su desacuerdo. Además, esta condición traiciona el miedo a las facciones, cuya legitimidad, sin embargo, es reconocida, e impulsa la constitución de un punto de vista monolítico. Protestamos contra esta demanda y pedimos al SI que reconsidere la decisión que ha tomado sobre este punto.

Si el SI no ve la necesidad de confiar al Congreso Mundial plenipotenciario la discusión de las condiciones en las que pueden coexistir varias tendencias en la Internacional, es porque sus tendencias burocráticas lo hacen propenso a decidir todos los problemas mediante la aplicación de una disciplina formal, lo que puede tener un buen efecto sobre los ojos inexpertos, pero que lleva en sí un germen de degeneración cuyos efectos no tardarán en hacerse sentir en toda la Internacional, impidiendo todo progreso de las secciones, arruinando toda posibilidad de renovación ideológica de la Internacional, condenándola a la esterilidad y la impotencia ante los acontecimientos revolucionarios que se están preparando. Eso es casi inevitable si el SI logra maniobrar el Congreso como lo ha hecho hasta ahora.

Finalmente, pedimos que todos los grupos y partidos que se adhieran a las ideas de la IVª Internacional sean invitados a participar en el Congreso con todos los derechos. No tenemos nada que temer -al contrario- y con ello la IVª Internacional dará un ejemplo de democracia revolucionaria que tendrá el efecto de ayudar a disipar la acusación de sectarismo que tan a menudo se nos lanza.

En resumen, exigimos:

  1. Que se pongan en discusión los documentos que nos permitan juzgar la actitud de los principales sectores hacia la guerra imperialista y hacia los movimientos de «resistencia nacional», así como los relativos a la cuestión de la guerra chino-japonesa. Este debe ser el primer punto del orden del día.
  2. Que el programa de transición sea reexaminado y actualizado. Todo lo que el SI quiere es una discusión sobre los medios para aplicar el programa. Sin embargo, varios puntos de este programa han quedado obsoletos (nos referimos sobre todo a las consignas por un gobierno del Partido Socialista y el Partido Comunista, el frente único con el stalinismo, las nacionalizaciones, etc.) y deben ser reemplazados por otros. ¿Qué razones pueden aducirse para negarse a debatir estas cuestiones?
  3. Que todos los grupos que adhieren a las ideas de la IVª Internacional sean invitados a participar en el Congreso con todos los derechos y sin condiciones.
  4. Que el SI lance la discusión sin poner obstáculos en su camino.

México, D.F. 3 de abril de 1947

«La Cuarta Internacional en peligro» de Natalia Sedova, G. Munis y Benjamin Péret (27 de junio de 1947)

En el Pleno celebrado a finales de marzo de 1947, el CEI adoptó normas relativas a la celebración del Congreso Mundial de la IVª Internacional, cuyo carácter burocrático, inspirado en viejas maniobras stalinistas, representa un síntoma alarmante. La CEI, en efecto, ha dividido el mundo en tres categorías: países de gran, moderada y ligera importancia, ¿Cuál es el criterio que inspiró una división tan escandalosamente arbitraria? Nadie se ha dignado a compartirlo con nadie en la Internacional.

Nos imaginamos que el CEI nos dirá que se guió por el ejemplo del Primer Congreso de la difunta Internacional Comunista. Pero, ¿estamos en la misma situación que en 1919, o somos una verdadera imitación del Primer Congreso de la IC? En el momento del Primer Congreso acababa de triunfar la Revolución Rusa, el Partido Bolchevique contaba con cientos de miles de miembros, aunque en el resto del mundo los Partidos Comunistas eran todavía sólo pequeños grupos, en su mayor parte comparables a los nuestros hoy en día; hasta el punto de que los bolcheviques fueron conducidos a disminuir el peso de su partido en la joven internacional para evitar que ésta se convirtiera automáticamente en una mayoría contra el resto del mundo, imponiéndole su voluntad incontestada. Se trataba de permitir que el mundo entero se expresara incluso contra el partido ruso, es decir, de asegurar el funcionamiento de una democracia lo más eficaz posible en la Internacional. ¿Es este el mismo fin que la CEI busca hoy en día? Afirmamos categóricamente que no lo es, y vamos a demostrar que el SI y el CEI con su división del mundo en tres categorías tienen en mente fines completamente opuestos, mientras que la IC apuntaba al debilitamiento de los partidos fuertes y al fortalecimiento de los partidos débiles para asegurar un máximo de democracia, nuestra CEI apunta al fortalecimiento de los partidos fuertes y al debilitamiento de los partidos débiles para mantenerse en el poder.

El criterio de los tres grandes

Preguntémosle una vez más: ¿Qué criterio se utilizó para hacer esta división del mundo? ¿La importancia numérica de las secciones? No, obviamente, ya que Alemania, donde se acaba de reconstituir la sección, figura en la primera categoría, aunque necesariamente muy débil debido a su reciente formación, mientras que Italia, cuya sección cuenta con casi el mismo número de miembros que Francia, se sitúa en la segunda. Podemos decir lo mismo de la sección rusa -que obviamente debe ser insignificante- cuando se la compara con cualquier otra sección en países de «importancia moderada». No es, pues, un criterio numérico el que rige las divisiones; además, veremos más adelante que la consideración de las cifras se tuvo en cuenta y no por razones democráticas. Además, aunque lo fuera, este criterio sería falaz. Supongamos que la sección boliviana cuenta con 200 miembros y que el país tiene 3.000.000 de habitantes, admitamos también que la sección norteamericana al declarar 1.600 miembros en un país de 150.000.000 no exagera y que esta cifra es la expresión exacta de la verdad. Es evidente que los 200 camaradas bolivianos tienen mucha más importancia en la vida política de su país atrasado que los 1.600 camaradas norteamericanos en la suya. Para que la relación de fuerzas sea aparentemente la misma, la sección americana tendría que tener 10.000 miembros. Además, esta relación de fuerzas sólo sería superficialmente igual, ya que 200 camaradas en Bolivia, un país atrasado, juegan un papel infinitamente mayor -lo han demostrado- que 10.000 miembros de la sección estadounidense podrían jugar en Estados Unidos, un país avanzado y el principal país imperialista del mundo entero.

Tampoco es la importancia revolucionaria de los países alineados en la arena de la lucha de clase mundial lo que ha motivado esta división, ya que parece que ni Estados Unidos ni Inglaterra serán llamados a desempeñar un papel decisivo en la ola revolucionaria que se está manifestando, mientras que España, Italia, Austria, Bélgica, Holanda, Grecia, Indochina, África del Norte, Indonesia, Polonia, Hungría, etc., todos ellos excluidos de la primera categoría, están obviamente destinados a desempeñar un papel revolucionario importante en el futuro inmediato.

Dejando de lado estas razones, sólo queda el criterio de los Tres Grandes, que sin duda ha inspirado la división del mundo. De hecho, sólo la importancia en el escenario mundial capitalista ha guiado a la CEI en su elección.

La mayoría como vara de medir

Pero contentarse con esta declaración sería considerar sólo un lado de la cuestión, sus aspectos externos; además, la adopción de tal criterio muestra una sumisión inconsciente a la influencia imperialista y a la contrarrevolución rusa, que debe ser combatida incesantemente.

Se sabe que las cuestiones que se discutirán en el Congreso Mundial, tanto si el CEI como el SI lo desean o no, se refieren a la política de nuestras secciones durante la guerra imperialista y en relación con los movimientos de resistencia nacionalista, el problema de la contrarrevolución rusa y el stalinismo mundial, la táctica de la IVª Internacional con respecto al stalinismo y el reformismo (frente único), Pero, como por casualidad, un buen número de secciones en «países de gran importancia», algunas sometidas a una dirección burocrática, otras mal informadas, o no informadas en absoluto, sobre los problemas a discutir, hasta ahora, a través de sus mayorías, se han puesto a favor de la posición conservadora del SI y del CEI.

La resolución del CEI decide en las partes 5 y 6 del párrafo 3:

Dar tres delegados a cada organización de entre uno y 150 miembros si pertenecen a la Categoría A, dos delegados si pertenecen a la Categoría B, un delegado si pertenecen a la Categoría C, 3

De 150 a 500 miembros, y con un mínimo aproximado de 300 miembros- un delegado adicional, de 500 a 1.000 miembros, y con un mínimo aproximado de 750 miembros -otro delegado, y así sucesivamente.

Insertemos aquí una pieza de figuración que, a pesar de ser necesariamente aproximada, será sin embargo edificante. Estudiemos las siguientes tablas:

Tabla 1

Países de primera importanciaMáximo estimado de miembrosDelegados garantizados por el CEIDelegados de la mayoría (estimado)Delegados de la minoría (estimado)
EEUU1,600651
Rusiaalgunos330
China100321
India100431
Inglaterra400440
Francia1,000541
Alemania50312
Total3,75028226

Tabla 2a

Países de importancia moderadaMáximo estimado de miembrosDelegados garantizados por el CEIDelegados de la mayoría (estimado)Delegados de la minoría (estimado)
España60211
Italia800413
Holanda50220
Bélgica50220
Austria50202
Grecia500321
Canada50220
México60202
Brasil50211
Argentina50220
Chile300321
Bolivia200202
Indo-China300321
Totals2,500311714

Tabla 2b

Países de importancia moderadaMáximo estimado de miembrosDelegados según la misma regla que los países de gran importanciaDelegados de la mayoría (estimado)Delegados de la minoría (estimado)
Spain60312
Italy800514
Holland50330
Belgium50321
Austria50303
Greece500422
Canada50321
Mexico60303
Brazil50312
Argentina50321
Chile300422
Bolivia200312
Indo-China300431
Totals2,500442024

Tabla 3a

Países de ligera importanciaMáximo estimado de miembrosDelegados garantizados por el CEIDelegados de la mayoría (estimado)Delegados de la minoría (estimado)
Norway50110
Denmark50110
Switzerland50110
Bulgaria50101
Ireland50101
Palestine50110
Egypt50110
Cyprus50110
Cuba100101
Peru50101
Uruguay50110
Australia50110
South Africa300211
Totals9501495

Tabla 3b

Países de ligera importanciaMáximo estimado de miembrosDelegados según la misma regla que los países de gran importanciaDelegados de la mayoría (estimado)Delegados de la minoría (estimado)
Noruega50321
Dinamarca50321
Suiza50321
Bulgaria50303
Irlanda50303
Palestina50321
Egipto50321
Chipre50321
Cuba100303
Perú50303
Uruguay50321
Australia50321
Suráfrica300422
Totals950401822

De estas tablas se destaca inmediatamente que siete países (de la primera categoría) recibirán 28 delegados, mientras que 26 países (de la segunda y tercera categoría) recibirán 45 delegados. En otras palabras, siete países de «primera importancia» recibirán entre el 35% y el 38% de los votos en el Congreso. Entonces faltarán sólo nueve delegados para asegurarse el control del Congreso. Por supuesto, nuestra Tabla Nº 1 indica seis delegados de las minorías. Aun suponiendo que nuestra estimación de la representación minoritaria de los países de «primera importancia» no sea exagerada, los seis delegados minoritarios que observamos serán fácilmente compensados por el apoyo de las secciones de los países «moderados» y de «escasa importancia». Además, las Tablas Nº 2 y Nº 3 lo muestran claramente. Se puede ver, por lo tanto, que la división adoptada por el CEI le asegura inevitable y burocráticamente la mayoría en el Congreso Mundial, una mayoría que se mantendrá firme mientras evita la discusión de los grandes problemas que se plantean ante nuestra Internacional.

Hay que señalar también que en la segunda tabla, entre las 13 secciones de «importancia moderada», se encuentra España, cuya experiencia revolucionaria -aunque no tuviera más miembros que la rusa- es especialmente valiosa para nuestra época, ya que marca un giro decisivo en la historia de la contrarrevolución rusa y del stalinismo, mientras que la experiencia rusa, con todo su enorme valor, se refiere precisamente a un período que la revolución española puso fin. Del mismo modo, en esta lista, que es tan escandalosamente arbitraria como la primera, se encuentra Italia, que ofrece inmensas posibilidades revolucionarias, si se sigue una política clara con respecto a las organizaciones revolucionarias antistalinistas (bordigistas, anarquistas, socialistas de izquierda), Grecia, cuya admirable combatividad revolucionaria debería dar lugar a la reflexión del CEI, Polonia y otros países ocupados por Rusia, que el CEI olvida por completo y que ofrecen inmensas posibilidades de acción contra la reacción stalinista, a condición de que no se imponga la exigencia de que se defiendan al «estado obrero degenerado» que los oprime. Y finalmente Indochina, donde el apoyo a nuestra sección ha sido olvidado durante tanto tiempo y donde incluso exigir saber quién asesinó a Thu-Thau ha sido olvidado para apoyar, sin críticas serias, al gobierno stalinista de Ho-Chi-Minh, que recibió saludos tan calurosos de The Militant y La Verite.

Se ha visto que la resolución del CEI crea una mayoría importante a favor de la dirección actual que el voto de los países de «poca importancia» no podría modificar aunque pudieran enviar a todos los delegados que el CEI les concede y si todos votaran en contra la dirección actual, pero eso sigue basándose en la hipótesis más favorable, pues es imposible que las secciones pobres de América Latina envíen a los 10 o 12 delegados que les da el CEI? Además, la prohibición del voto por poder en la actualidad niega a algunos sectores de los países de importancia «moderada» o «ligera» la posibilidad de hacerse oír y de votar en el Congreso, lo que no impide que el CEI exija de antemano la aceptación de las decisiones que se tomarán en el Congreso Mundial y desee prohibir toda discusión después del Congreso. De este modo, se refuerza la mayoría astutamente tejida por el SI y la CEI. Mejor aún, con este sistema, ni una sola oposición puede esperar convencer al Congreso. ¿Qué puede esperar la Internacional de una dirección que ha tomado tales decisiones, excepto la derrota ideológica y el estrangulamiento orgánico?

De hecho, según el sistema que la CEI quiere imponer, aunque se rectificara la metodología dando la misma base de representación a todas las secciones para coincidir con los países de «primera importancia» se puede ver (Cuadros 2b y 3b) que una mayoría está asegurada para la actual dirección internacional por el hecho de que los países de Europa Occidental, Las secciones norteamericana y canadiense serán casi las únicas que podrán enviar a todos los delegados que se les concedan. ¿Cómo se puede suponer que México, Polonia, Perú, Indochina y otros países encontrarán los medios necesarios para enviar a dos o tres delegados? Tenemos dificultades para creer que esto representa ignorancia por parte de la dirección internacional; por el contrario, creemos que se trata de una cuestión de cálculo deliberado, ya que no podría haber imaginado que la Internacional aceptaría una división tan arbitraria sin protestar, pero las tendencias que se apoderaron de la dirección gracias a las condiciones inmediatamente posteriores a la guerra calcularon que las secciones en los países de importancia «moderada» o «leve» exigirían en principio que se colocaran en pie de igualdad con los países clasificados como «de primera importancia». En la mayoría de los casos no podrían enviar a los delegados que les fueron otorgados, aunque el IEC hiciera justicia a sus objeciones - y probablemente se haga justicia para preservar la fachada democrática.

Las tablas anteriores muestran que sólo cinco secciones tienen una membresía igual o superior a 500 personas; mientras que siete oscilan entre 100 y 400. miembros y 21 tienen sólo 50 miembros o menos. Si realmente se desea seguir el Primer Congreso de la IC, que disminuyó el peso de las secciones fuertes y aumentó el peso de las débiles, un único método de representación sería realmente democrático: un delegado para 1 a 25 miembros y otro delegado para 25 miembros adicionales o fracción de 25, hasta un máximo de cuatro delegados. A este método de representación debe agregarse otra importante regulación democrática: la transferencia de los votos mayoritarios y minoritarios de una sección u otra o a personas que tengan una posición común para que las minorías puedan participar en el Congreso Mundial. Para evitar la creación de minorías artificiales que podrían amenazar con inundar el Congreso, es por tanto importante exigir que las minorías representen al menos el 20% de los miembros de su sección para poder votar.

Se puede ver en la siguiente tabla comparativa que el método de representación que proponemos asegura una garantía mucho mayor de democracia en el Congreso que se proyecta. Sin embargo, no hemos incluido en él las cifras sobre las representaciones de las minorías.

SeccionesNúmero de miembros totalDelegados de acuerdo con el ceiDelegados de acuerdo a nuestra propuesta
EEUU1,60064
Rusiaalgunos miembros31
China10034
India60044
Inglaterra40044
Francia1,00054
Alemania5032
España6023
Italia80044
Holanda5022
Bélgica5022
Austria5022
Grecia50034
Canadá5022
México6023
Brasil5022
Argentina5022
Chile30034
Bolivia20024
Indo-China30034
Noruega5012
Dinamarca5012
Suiza5012
Bulgaria5012
Irlanda5012
Palestina5012
Egipto5012
Chipre5012
Cuba10014
Perú5012
Uruguay5012
Australia5012
Suráfrica30024
Total7,2207391

Se observa que nuestra propuesta asegura una representación más democrática en el Congreso, compensando las debilidades económicas de las secciones lejanas y pobres con una mayor representación de las secciones pequeñas en general y especialmente de las secciones que no podrán enviar sus delegados al Congreso y mucho menos votos, mientras que el CEI actúa de manera inversa y sistemáticamente discriminatoria para favorecer sus combinaciones. Esta resolución del CEI constituye un peligro inmediato y mortal para toda la Internacional. Debe ser revocada.

Estamos asistiendo, como se ha visto, a un intento de toma burocrática de la dirección internacional por parte de elementos interesados en sofocar una discusión leal que provocaría su derrocamiento. Recordemos bajo qué condiciones se convocó la Pre-Conferencia de abril de 1946 y los motivos de su convocatoria.

El SI y el CEI, que habían sido designados en la conferencia de emergencia de 1940, sólo tenían una existencia política vegetativa y lideraron una actividad orgánica casi inexistente durante toda la guerra, ya que el funcionamiento de estos organismos había sido paralizado por luchas personales y políticas en el ambiente de la sección americana. Ya en 1944 el Grupo Español en México exigió la convocatoria de un Congreso Mundial. Su petición no encontró ni un solo eco. Al año siguiente se consultó al CEI sobre la posibilidad de convocar una preconferencia con objetivos limitados. Esta propuesta previa a la conferencia fue aceptada, ya que era la única manera posible de resolver la situación de un SI que era incapaz, debido a sus divisiones internas, de organizar una discusión real y de preparar un verdadero Congreso Mundial. Se entendió entonces explícitamente que esta reunión tendría como tarea la selección de nuevos órganos rectores cuya misión principal sería animar y ampliar el debate internacional con vistas al Congreso Mundial. Silencio total. Después de eso, nadie en la Internacional fue informado del lugar y la fecha de la reunión de la pre-conferencia proyectada, ninguna discusión o incluso intercambio de puntos de vista la precedieron, la agenda era desconocida para casi toda la Internacional. Los miembros del CEI estaban desinformados, mientras que la policía francesa lo estaba perfectamente. La composición de la pre-conferencia, además, fue lo menos democrática posible, lo que era excusable dadas las condiciones en las que fue convocada. Pero su carácter no democrático, por no decir antidemocrático, debería haber alentado a los órganos de dirección que había elegido a compensar su origen con medidas auténticamente democráticas. Es precisamente lo contrario de lo que hemos visto. Apenas se había reunido cuando esta preconferencia se proclamó a sí misma como una conferencia con el pretexto de arrojar polvo a los ojos del mundo exterior y emitió un manifiesto10 que pretendía presentar los resultados del debate internacional que se le había encargado abrir. Entonces el SI y el CEI comenzaron a amenazar con la expulsión y a legislar como si fueran el producto de una verdadera conferencia delegada de plenos poderes por la Internacional; en una palabra, comenzaron a preparar la mayoría del futuro Congreso Mundial, olvidando totalmente su misión principal: la organización leal de una discusión completa de todos los problemas planteados ante nuestra Internacional y el movimiento de la clase obrera. Han olvidado tan completamente su tarea que en todos los boletines de discusión publicados bajo su dirección, más de un año después de la preconferencia, de todos los principales problemas que enfrenta nuestro movimiento, sólo uno, el problema ruso, ha sido ampliamente tratado, y sigue reflejando sólo la opinión oficial. Hasta donde sabemos, sólo se han publicado extractos de una tesis de la minoría antidefensista. ¿Se puede llamar a esto una discusión completa y leal en preparación para un Congreso Mundial después de siete años de una guerra que ha producido cambios de gran importancia? No, el debate, en su totalidad, aún no se ha organizado.

El estrangulamiento de las minorías

Afirmamos que el SI y el CEI están tratando de preparar su mayoría en el Congreso Mundial, además de los cálculos que ya hemos desenmascarado, lo que demuestra claramente es el cuidado minucioso que han tenido para asegurar una limitación máxima de la representación de las minorías, tanto en número como en poder. La última parte del párrafo tres de la resolución de la CEI dice: Las minorías estarán representadas proporcionalmente «en los casos en que el número de delegados lo permita». En otros casos, todas las minorías que constituyan al menos una cuarta parte de sus secciones estarán representadas con un voto consultivo. En primer lugar, la representación proporcional de las minorías, si se coloca al lado de la representación arbitraria de las secciones criticadas anteriormente, es sólo una trampa. ¿Qué minorías podrían estar representadas proporcionalmente? Obviamente los de «países de primera importancia» y sin embargo no todos, ya que el de la sección americana sólo tendría la satisfacción de revelar sus tesis. La resolución sugiere claramente: «En los casos en que el número de delegados lo permita». Porque obviamente no son las secciones peruana, polaca o austriaca, por ejemplo, las que tendrán un número suficiente de delegados para que uno de ellos pueda representar a la minoría. Estas secciones en los países «de primera importancia», además del privilegio consiguiente, se encuentran con un privilegio adicional concedido por la CEI, el lujo, por así decirlo, de una o más minorías. Precisamente entre estas secciones se encuentra la del país más imperialista del mundo, y la del PCI de Francia, donde la mayoría Craipeau y la minoría Frank no tienen diferencias políticas serias. Además, ¿por qué se requiere un cuarto y no un tercero o un quinto de los miembros y por qué sólo se da un voto consultivo? La resolución no se digna a informarnos. Lo que significa, puede que ya lo sepamos. La razón es probablemente que no hay ni una sola sección en este momento, gracias a los buenos oficios del SI, donde la minoría represente la cuarta parte de los miembros, excepto la minoría francesa liderada por Frank, que está bajo la tutela de la actual dirección mundial.

Sin embargo, la actual dirección internacional se verá obligada a permitir que se produzca una pequeña discusión para salvar las apariencias. Las minorías tendrán más o menos la ilusión de un debate, pero desde ahora hasta finales de año no tendrán tiempo de desarrollarse y agruparse, ya que el SI y el CEI han eludido todo debate sobre las cuestiones principales; por lo tanto, estas minorías no tendrán tiempo de ganar una cuarta parte de los miembros de sus secciones. Además, aunque alcanzaran esa proporción, la mayoría de las secciones no europeas serían incapaces, como ya hemos dicho, de enviar a todos los delegados mayoritarios a los que tenían derecho, por no hablar de los delegados minoritarios. Así, la sofocación de la discusión organizada durante más de un año por la dirección internacional, fue diseñada para prevenir el crecimiento de una oposición en nuestro movimiento. La demanda de una cuarta parte ahora da el coup de grace a las minorías para evitar que sean representadas en el Congreso Mundial. Y por si eso no fuera suficiente, ahora viene la prohibición de los votos por poder y, en consecuencia, la prevención del crecimiento de nuevas oposiciones formadas, a las que se les impide ser escuchadas y votar. Desde hace mucho tiempo la SI ha declarado que el próximo Congreso Mundial debe ser ante todo un Congreso de secciones serias de la Internacional. Ahora sabemos lo que entiende por eso: las secciones que apoyan o aceptan su oportunismo, su conservadurismo ideológico y su burocratismo orgánico. Finalmente, para coronar su trabajo, la CEI en su resolución se niega a convocar legalmente al Congreso con el pretexto de que la convocatoria legal es «totalmente irrealizable en las condiciones actuales» e «impediría la presencia en el Congreso de una serie de secciones y camaradas». No podemos aceptar esa afirmación; de hecho, ¿qué impide la convocatoria de un Congreso legal que celebre sesiones secretas en el curso de las cuales se oiga a los camaradas ilegales? ¿El miedo a la represión burguesa y stalinista? Pero, ¿a cuántos países se les ha pedido la autorización para celebrar un Congreso legal? Obviamente, ni a uno solo. En primer lugar, hay que pedir autorización en todas partes para celebrar un congreso legal antes de refugiarse en métodos conspirativos. El secreto, sumado a los métodos restrictivos ya criticados, permite que el secretariado se organice y maniobre y asegura que retendrá la dirección de la Internacional. Os confrontamos y, con nosotros, toda la Internacional exigirá la retirada de vuestra resolución, el inicio de una verdadera discusión de los grandes problemas y la preparación de un congreso democrático.

Por un Congreso Mundial Genuino

Para que el Congreso Mundial represente un verdadero progreso para la IVª Internacional, es necesario, en primer lugar, que se convoque bajo tales condiciones que ni un solo camarada tenga la más mínima razón para pensar en maniobras por parte de la dirección.

Para que el Congreso apruebe las resoluciones necesarias para la revolución social, todas las minorías deben estar representadas.

Por lo tanto, reclamamos :

  1. Que las secciones estén representadas sobre la base de un delegado por cada 25 miembros y fracciones adicionales de 25 hasta un máximo de cuatro delegados por cada sección, estando las minorías representadas de la misma manera. Sin embargo, sólo las minorías que representen al menos el 20% de los miembros de su sección tendrán derecho a voto. Otros sólo tendrán un voto consultivo. De esta manera se seguirá el ejemplo democrático que nos dio la Cl en su nacimiento11.

  2. Las Secciones y las minorías tendrán derecho a transmitir su voto a las secciones, a las minorías o a los camaradas fuera de su sección.

  3. Las organizaciones cercanas a la IVª Internacional que tengan diferencias en uno u otro punto del programa serán invitadas al Congreso con los mismos derechos que las secciones oficiales, a condición de que se reconozcan los principios fundamentales de la Internacional, aunque la fusión con las secciones oficiales no se haya realizado antes de la apertura del Congreso.

  4. El orden del día incluirá:

    1. Examen de la política de los principales partidos durante la guerra imperialista y su posición con respecto a los movimientos de resistencia nativos durante la ocupación nazi;
    2. Carácter de la guerra entre China y Japón;
    3. Balance de la guerra civil española..;
    4. Apoyo o abandono de la defensa incondicional de Rusia y la cuestión del stalinismo mundial (gobierno del SP-CP-CGT, frente único al stalinismo, etc.);
    5. La anticuada o puntualidad del programa de transición y la manera de aplicar las partes del programa que siguen siendo válidas;
    6. Problema de las tácticas de construcción de partidos revolucionarios;
    7. Preguntas coloniales;
    8. Naturaleza del período histórico actual y perspectivas revolucionarias inmediatas.

Esta agenda no es exclusiva en absoluto. Se discutirán todas las cuestiones de interés general que tal o cual sección o grupo de camaradas quiera presentar para el examen del Congreso.

Hacemos un llamamiento a toda la Internacional para que se exprese sobre las propuestas anteriores.

Si el Congreso Mundial se reúne en las condiciones decididas por el CEI, e incluso en mejores condiciones, sin una discusión previa de los problemas a los que se enfrenta nuestro movimiento (ver nuestra carta abierta al PCI francés), el Congreso constituirá un golpe mortal para la IVª Internacional. La situación exige la intervención enérgica de las secciones y de los camaradas dentro de las secciones. La CEI debe retirar inmediatamente sus resoluciones; de lo contrario, la Cuarta Internacional será asfixiada burocráticamente.

Por la revocación de la decisión del IEC o la renuncia de la dirección internacional!

Para una discusión libre en la Internacional!

Por un verdadero Congreso de la Internacional organizado sobre bases democráticas!

Viva la Cuarta Internacional!

Viva la revolución socialista mundial!

México, D.F. 27 de junio de 1947

Se ruega a las secciones, grupos de camaradas o individuos que compartan nuestras críticas y propuestas que comuniquen inmediatamente su acuerdo total o parcial al SI y a la siguiente dirección: G,. Munis, Apartado Postal 8942, México, D.F.

Carta abierta al Partido Comunista Internacional, sección francesa de la IVª Internacional, de Natalia Sedova, Benjamin Péret y G. Munis (junio de 1947)

Estimados camaradas:

Dos años después de la finalización de la guerra más devastadora y reaccionaria que registra la historia, el partido francés se enfrenta a una grave crisis, expresión concentrada de la crisis de la Internacional, que a su vez es un reflejo de la tremenda crisis que el movimiento obrero mundial está sufriendo cada año con mayor agudeza. Por lo tanto, es necesario juzgar la situación actual del partido francés y buscar una solución en el funcionamiento de sus dos causas determinantes, la Cuarta Internacional y el movimiento obrero mundial.

«La crisis de la humanidad», repetimos mil veces con L.D. Trotsky, «es la crisis de la dirección revolucionaria». Por muchas explicaciones que traten de echar la responsabilidad de la derrota de la revolución sobre las condiciones objetivas, el atraso ideológico o los engaños de las masas, sobre la potencia del stalinismo o el atractivo ilusorio del «estado obrero degenerado», son erróneos y sólo sirven para exculpar a los responsables, desviar la atención del problema real y obstruir su solución. Dado el estado de las condiciones objetivas actuales para la toma del poder, una auténtica dirección revolucionaria debe vencer todos los obstáculos, superar todas las dificultades, triunfar sobre todos los adversarios. La condición del partido en Francia, centro de Europa e incluso ahora mismo el núcleo influyente del mundo no es en absoluto satisfactoria. Hablar plena y explícitamente, ya que es necesario hablar plena y explícitamente si queremos progresar, la condición del partido francés significa para nosotros, y por consiguiente para el proletariado, la revolución y toda la humanidad, una gran calamidad. Habiendo pasado por una guerra imperialista que ofreció condiciones insuperables para su transformación en guerras civiles en presencia de una política archirreaccionaria de los tres grandes conquistadores; en medio de una completa corrupción del stalinismo y los reformismos; con la decadencia del capitalismo que amenaza con arrastrar a toda la humanidad con ella ya iniciada; con un proletariado ávido de revolución social a pesar de la evanescencia a la que la someten los dirigentes stalinistas y reformistas; el partido francés todavía no representa una esperanza para las masas. No es un subterfugio; la culpa está en la dirección política. Recuerda la revolución francesa. En su período culminante disparó a los generales culpables de derrota, rechazando razones atenuantes e incluso exculpatorias, hoy debemos derrotar despiadadamente a la política y a los exponentes de la política que provocó nuestra derrota o incluso impidió el triunfo. Razones mucho más imperiosas que las que obligaron a la revolución francesa a disparar a los generales culpables de ineptitud así lo exigen.

El movimiento obrero mundial debería haber triunfado sobre el viejo mundo capitalista y la contrarrevolución rusa durante la guerra imperialista o inmediatamente después. La guerra fue simultáneamente el resultado de la crisis del movimiento obrero mundial y la oportunidad de su recuperación y victoria definitiva. Las causas ideológicas de la crisis y con ellas las organizaciones responsables de la misma deberían haber sido destruidas. Pero se ha producido un fenómeno inverso. Las organizaciones que causaron y agudizaron la crisis han aumentado su poder orgánico sobre la clase obrera, vinculándola más fuertemente que antes al sistema general de la contrarrevolución mundial. Nosotros, en cambio, no hemos alcanzado en ninguna parte la fuerza orgánica, la autoridad ideológica y el prestigio combativo que dan a un partido revolucionario su calificación como tal. Este resultado no puede ser en modo alguno accidental y menos aún producto de las circunstancias objetivas. La crisis del movimiento obrero mundial adquirió carácter oficial en 1914, cuando la Segunda Internacional desertó al campo capitalista. La Revolución Rusa, en 1917, comenzó vigorosamente la recuperación. Pero poco después el Thermidor stalinista llegó para añadir sus propios factores de crisis ideológica al viejo factor reformista. Desde entonces, el stalinismo ha ido profundizando su degeneración, obteniendo prestigio del país de la revolución y dinero y órdenes estrictas de la casta que ha destruido esa misma revolución. La deserción socialdemócrata fue grave, muy grave y costosa para el proletariado, pero la intransigencia de los bolcheviques disminuyó su importancia y el triunfo del proletariado ruso lo condenó a una cierta y temprana derrota. Al volverse contra la Revolución Rusa y encadenarse a sí misma a la Tercera Internacional, el Termidor stalinista coincidió con la deserción socialdemócrata, obstruyó la recuperación completa del movimiento obrero e inmediatamente profundizó la crisis. Desde la Revolución China hasta la Revolución Española, la política exterior stalinista desarrolla su ciclo degenerativo, que comienza en complicidad (oportunismo ideológico) con la pequeñoburguesía y la burguesía del Kuomintang y culmina en la destrucción por su propia mano (reacción capitalista) de una revolución triunfante, la del 19 de julio de 1936. En este ciclo hay una duplicación de la evolución del Thermidor stalinista en Rusia que va desde la supresión de la democracia proletaria y la Oposición de Izquierda hasta el exterminio de la vieja guardia bolchevique y decenas de miles de militantes, los juicios de Moscú y el asesinato de Trotsky, un efecto aplazado de aquellos. El gobierno ruso y su apéndice externo, el stalinismo mundial, dejaron atrás a la vieja socialdemocracia, convirtiéndose ambos, estrechamente unidos, en la causa más poderosa y peligrosa de la crisis del movimiento obrero mundial. Una causa que, además, tiene a su disposición la GPU, una fuerza policial internacionalmente organizada y subvencionada con millones!

El primer punto a entender en la situación mundial, sin el cual la comprensión de todo lo demás se empaña y la acción se vuelve estéril, es que el actual estado y gobierno ruso, lejos de tener como base o llevar consigo cualquier remanente de la Revolución Bolchevique de 1917, representa con respecto a esta última la más feroz y completa contrarrevolución. Por sí solo, el actual gobierno ruso ha contribuido mucho más a la derrota de la revolución mundial y al estado de postración de las masas que todos los viejos gobiernos capitalistas juntos. Sí, la política de Rusia y el stalinismo mundial, imagen de sus intereses económicos, desalienta las esperanzas y aspiraciones humanas mucho más severamente que el capital financiero de Wall Street y la City con sus respectivos ejércitos y fuerzas policiales. Sin Moscú y el stalinismo mundial, la guerra imperialista no habría comenzado, es decir, se habría evitado con la Revolución Europea, o se habría transformado rápida y victoriosamente en guerra civil. La acción espontánea de las masas bajo la ocupación nazi se movió en esta última dirección, pero el stalinismo y el capitalismo mundial, en una formidable muestra de unidad, las desviaron al apoyo de la guerra imperialista por medio de movimientos nacionalistas. Así pues, hoy nos encontramos ante la dominación más completa y reaccionaria del mundo por parte de los tres grandes vencedores, lo que significa la amenaza continua de una nueva guerra imperialista y da a las masas una amarga sensación de frustración y prometen la dominación stalinista y reformista. La crisis del movimiento obrero mundial se resuelve así en la capacidad orgánica del stalinismo (la socialdemocracia es completamente secundaria) de paralizar la actividad de las masas durante y después de la guerra en el sarcófago construido conjuntamente a pesar de sus disputas, por los viejos imperialismos y la contrarrevolución rusa.

En su calidad de núcleo regenerador, la IVª Internacional debería haberse desarrollado como el partido mundial que lucha por la transformación de la guerra imperialista en guerra civil y adaptar sus tácticas, argumentos generales y consignas a los cambios que se produjeron o manifestaron claramente durante la guerra. Los errores no corregidos en ninguno de estos aspectos y la persistencia en las tácticas y consignas sustituidas por los acontecimientos deben haber resultado inevitablemente en graves daños políticos y orgánicos para la Internacional. No se puede dudar ni por un instante de que esta última sea la causa principal de nuestro débil desarrollo y de la crisis particular que atraviesa la Internacional, una crisis expresada por diversas tendencias y subtendencias con puntos de vista contradictorios e incluso radicalmente opuestos sobre los problemas más importantes. Sí, la Internacional, o sus principales partidos en el período en que no existía como centro de dirección, han cometido graves errores y persistido en consignas que deberían haber sido abandonadas. Pero el mayor error es que hasta el día de hoy no parece estar dispuesto a corregir errores del pasado y a abandonar eslóganes obsoletos. Y contra esto todos deben estar alerta, porque podría ser desastroso.

Tomemos los principales problemas por orden cronológico.

La lucha contra la guerra imperialista

Apenas se puede hablar de la Internacional al respecto, porque el centro internacional, aislado, al margen de todo contacto con todas las secciones de Europa y Asia, era prácticamente inexistente. Pero es posible hablar, por otro lado, de los principales partidos. El más visible de todos ellos, el que por su posición geográfica, sus recursos económicos, sus condiciones de legalidad y su capacidad de influencia y atracción, apareció automáticamente como exponente de la política de la IVª Internacional, ¿mantiene una actitud revolucionaria e internacionalista intransigente hacia la guerra imperialista? ¿Llevó a cabo la lucha necesaria contra ello? No, categóricamente no. Cualquier otra respuesta sólo serviría para dificultar una solución positiva a nuestras dificultades, si no para agravarlas. Frente a la guerra, el partido norteamericano tuvo una actitud oportunista similar a la del centrismo, no a la que debe ser la nuestra, ella misma la definió como no apoyo, transformación de la guerra imperialista en una guerra genuina contra el fascismo, la oposición política, etc.... y en general, se abstuvo de la agitación y la acción específica contra la guerra, tanto en la retaguardia, como en la vanguardia. ¡¡Y la política de este partido apareció ante el mundo durante años como la política oficial de la Cuarta Internacional!! Además, lo que entonces existía como centro internacional lo aceptó tácitamente. Evidentemente, la política del partido norteamericano condujo a todos los grupos de la Cuarta Internacional en el mundo hacia el oportunismo. Siguiendo su ejemplo, o al menos refugiándose tras él, el propio partido inglés, aunque en general a la izquierda del partido estadounidense, debilitó su política de guerra de forma centrista.

Hubo otras manifestaciones de oportunismo pero no consideramos necesario hablar de ellas aquí, baste con señalar el hecho para discusiones posteriores. ¿Mantuvieron nuestros principales partidos en el continente europeo una actitud completamente internacionalista hacia la guerra? No hay nada que reprocharles, hasta la ocupación hitleriana. A partir de entonces, su política es casi totalmente desconocida para nosotros y, por lo tanto, no queremos afirmar nada en un sentido u otro. Debemos señalar, sin embargo, que diversas indicaciones y algunos documentos sugieren, en el partido francés, por ejemplo, la existencia de actitudes no internacionalistas. Los compañeros que continuaron la lucha general por la revolución en torno a nuestras ideas bajo condiciones espantosas durante la ocupación se han convertido en los acreedores de la estima y admiración de toda la Internacional. A todos ellos, a los caídos y a los que sobreviven, nuestro más sincero respeto y amistad. Esto en sí mismo nos obliga a señalar los errores de base que hoy obstruyen el crecimiento de la organización y el progreso revolucionario en general. Para resolver positivamente su crisis y ayudar a resolver la de la Internacional, el partido francés debe analizar su propia conducta y la de la Internacional durante la guerra imperialista y condenar todos los oportunismos y vacilaciones.

El error más grave en este campo proviene de la nueva dirección mundial elegida en la pre-conferencia de abril de 1946. Hasta la fecha, después de más de un año, no ha organizado una discusión sobre la política de los principales partidos durante la guerra imperialista. Su error es tanto más imperdonable cuanto que tuvo a su disposición desde el momento de su formación documentos importantes con los que abrir la discusión. Su error puede ser aún más fatal para nuestro movimiento en la medida en que esta nueva dirección se resiste a colocar como primer punto en la agenda del Congreso mundial que está preparándose la actitud de nuestros principales partidos hacia la guerra imperialista y los movimientos nacionales. Un error puede ser grave o incluso muy grave; pero un partido que sepa cómo corregirlo seguirá avanzando hacia la revolución. Un error no corregido produce un implosión teórica, osificación orgánica, y tarde o temprano anulación. La IVª Internacional demostraría su incapacidad para tomarse a sí misma en serio, si cuando se celebre el Congreso, no pusiera en primer plano la actitud de sus partidos hacia la guerra imperialista y no condenara severamente los oportunismos que se manifiestan en sus filas. Estamos seguros de que los partidos y los grupos sabrán cómo reaccionar.

Los movimientos de resistencia nacional bajo la ocupación hitleriana

Hay posiciones de todos los colores en la Internacional, desde los que han apoyado abiertamente a los Comités de Resistencia, exigiendo la entrada de nuestros partidos en ellos, hasta los que se opusieron a cualquier compromiso con ellos, dejando de lado a los que los favorecían más o menos subrepticiamente. Dado que la ocupación -ayer por las tropas alemanas, hoy por los yanquis, rusos e ingleses- es un nuevo fenómeno que la descomposición del capitalismo plantea al movimiento obrero, hasta cierto punto era natural que en nuestras filas surgieran posiciones diversas. Sin duda habrían aparecido incluso suponiendo que todos nuestros partidos hubieran mantenido una actitud integralmente internacionalista. Pero esto último no ha sido así, sino que ha habido tendencias oportunistas que han descartado el derrotismo revolucionario y tendencias internacionalistas que lo han mantenido en todos los casos. Todas las posiciones que surgieron en torno a los movimientos nacionales pueden catalogarse bajo estos epígrafes: las tendencias oportunistas se apoyaron y se pronunciaron más o menos a favor, y las tendencias internacionalistas decididamente en contra. Las primeras consideraban la lucha contra la ocupación como una función de «la guerra antifascista»; las segundas como una función de la guerra imperialista. Como consecuencia, las primeras vieron en los movimientos de resistencia un elemento positivo en la lucha contra el fascismo, y las demás un elemento de retorno a la guerra imperialista que los pueblos habían comenzado a transformar en guerra civil. Un grupo apoyó la guerra de guerrillas y el sabotaje, instrumentos de los movimientos nacionales, mientras que el otro los combatió como métodos nacionalistas incompatibles con el objetivo supremo de transformar la guerra imperialista en guerra civil internacional.

El problema no es de mérito exclusivamente retrospectivo, la actitud tomada hoy hacia el stalinismo ruso y mundial depende en gran medida de la actitud tomada previamente hacia los movimientos nacionales, de los cuales el stalinismo fue en todas partes el principal inspirador, desde Polonia y Yugoslavia hasta Francia y Bélgica. Incluso hoy, Europa está totalmente ocupada por los Tres Grandes, por lo que es absolutamente imposible tener una actitud correcta hacia la ocupación de los Tres Grandes sin corregir los errores cometidos durante la ocupación alemana, porque la ocupación, a pesar de las diferencias cuantitativas, no es un resultado característico de tal o cual imperialismo, sino del imperialismo como factor mundial en la época actual, ya que la contrarrevolución rusa se incluye bajo la denominación imperialista. El problema está indisolublemente ligado al de la guerra imperialista y por lo tanto ambos deben estar en la cima de la discusión en cada partido y en el futuro Congreso Mundial. Sin corregir los errores cometidos en estos aspectos, nunca seremos un verdadero partido revolucionario mundial y cualquier progreso orgánico se nos escapará de las manos, como tanto se ha escapado de las manos de los partidos centristas.

Defensa incondicional de la URSS

No es, como desafortunadamente parecen considerar algunas tendencias, absolutamente consustancial con nuestro movimiento. El criterio que siempre ha determinado nuestra actitud hacia este problema es: ¿la defensa de la URSS en una guerra contra enemigos extranjeros ayuda u obstaculiza la revolución mundial? La respuesta dependía naturalmente del criterio de la naturaleza social de la URSS, si quedaba o no algo de la Revolución de Octubre que mereciera su defensa. Es imposible para nosotros analizar este problema aquí. Debemos proceder con declaraciones, ya que sólo intentamos hacer que toda la Internacional piense y discuta. El desarrollo de la política exterior rusa mientras los ejércitos del Kremlin avanzaban hacia Occidente reveló una contradicción cada vez más aguda con la idea del estado obrero degenerado basada en los restos de la revolución proletaria, sobre la cual descansaba la idea de la defensa incondicional. Con profunda angustia, porque la dirección mundial es una parte de nuestra organización, una parte de nosotros mismos, no podemos dejar de decir que el Secretariado Internacional fracasó en sus deberes más elementales al no plantear en el día siguiente a su constitución la cuestión de si la «defensa incondicional de la URSS» seguía siendo favorable a la revolución mundial o si parecía incompatible con ella a la luz de los tremendos acontecimientos sobrevenidos. El SI simplemente ignoró los tremendos acontecimientos y continuó tácitamente aceptando la defensa incondicional como suficiente, en la cual se dedicó a influenciar a la Internacional. Sin hacer aquí nada más que hacer afirmaciones, repetimos, les declaramos, camaradas del partido francés, camaradas de la Internacional, que la «defensa incondicional de la URSS» se ha revelado incompatible con la defensa de la revolución mundial. El abandono de la defensa de Rusia es de la máxima urgencia, porque está encadenando todos nuestros movimientos, embotando nuestro progreso teórico y dándonos a los ojos de las masas una fisonomía stalinoide. Es imposible defender a Rusia y la revolución mundial al mismo tiempo. Una cosa o la otra. Nos pronunciamos por la revolución mundial, contra la defensa de Rusia, y les pedimos que se pronuncien de la misma manera. ¡Tengan cuidado, sobre todo, con las tendencias que ocultan su oportunismo hacia la guerra imperialista y la situación actual alardeando de su fidelidad al programa de la IVª Internacional sobre la cuestión rusa! Una fidelidad de este tipo es una fidelidad destructiva, similar a la de los «viejos bolcheviques» en 1917 con respecto a la vieja teoría, completamente bolchevique, de la dictadura democrática del proletariado y el campesinado ante la que Lenin se presentaba como un revisionista. Para permanecer fiel a la tradición revolucionaria del bolchevismo, Lenin rompió con las ideas esenciales del bolchevismo, efectuando una revolución previa en su partido que hizo posible la revolución de Octubre. Para ser fieles a la tradición revolucionaria de la IVª Internacional, debemos abandonar la teoría trotskista de la defensa de la URSS y llevar a cabo en la Internacional una revolución ideológica indispensable para el éxito de la revolución mundial.

Esta es, sin duda, la cuestión más importante en disputa dentro de nuestro movimiento, porque todo lo demás depende de ello, en mayor o menor grado, si la tendencia opuesta a la defensa de Rusia puede ser acusada de revisionismo, su revisionismo tiene el mismo carácter que el revisionismo de Lenin en 1917. Por otro lado, fuera de la tendencia a apoyar la defensa de Rusia si no se rectifica, surgirá un nuevo reformismo, como el que ya estaba emergiendo de los «viejos bolcheviques» cuando Lenin intervino con sus tesis de abril. De hecho, los partidarios de la defensa llegan a la conclusión de que la casta rusa contrarrevolucionaria, al entrar en los países de Europa occidental y Asia, «está obligada» a expropiar el capitalismo y a poner la economía en el camino de la adaptación a las formas de propiedad existentes en Rusia, formas que ellos mismos todavía consideran socialistas, producidas por la revolución. Cuando Thorez, Togliatti y otros líderes stalinistas se refirieron a las «nuevas rutas» que ofrece la conquista del socialismo sin necesidad de la revolución, tenían en mente, grosso modo, esta misma idea. Pero la supuesta expropiación del capitalismo consiste en la nacionalización -más o menos completa, con o sin indemnización, no es importante- de los medios de producción. Por un lado, la nacionalización es un resultado automático de la concentración del capitalismo en su época de involución, es decir, degeneración y decadencia. Por otro lado, hace años el proletariado europeo se convirtió en dueño de los medios de producción, nacionalizando estos medios, los rusos realizaron -como también los ingleses y los americanos, ya sea por este procedimiento o devolviéndolos a los capitalistas privados- una operación de expropiación del proletariado. Y así es como los partidarios de la «defensa incondicional» han presentado la expropiación del proletariado, llevada a cabo por las tropas rusas con la ayuda de los partidos stalinistas y reformistas, como un acto progresista, casi revolucionario, algo que el proletariado debe defender. Aquí está contenida potencialmente, una tendencia completamente reformista, por no decir otra cosa.

Los stalinistas, los gobiernos reformistas y los frentes únicos con el stalinismo.

En Francia esta idea se expresa concretamente en la consigna de un gobierno PC-PS-CGT, compartida por las facciones Craipeau y Frank, que además comparten la teoría potencialmente reformista de la defensa de Rusia y la mayoría de las ideas que son perjudiciales para el partido francés.

Sobre esta cuestión debemos limitarnos a las declaraciones, ya que el análisis de cada problema no entraría en el ámbito de una carta abierta. En su totalidad, la petición sobre esta consigna depende de la posición sobre la defensa de Rusia y, de manera más general, de la valoración de las condiciones actuales del capitalismo y del estado de conciencia de las masas. Cuando en 1917 los bolcheviques enunciaron la idea de un gobierno menchevique (expulsar a los ministros capitalistas del gobierno), lo hicieron teniendo en cuenta, por un lado, la fe engañosa que las masas en ese momento tenían en los mencheviques y en la democracia burguesa; por otro lado, tomaron en cuenta la naturaleza de las contradicciones entre los mencheviques y las viejas clases que harían que los primeros, sin voluntad y sin ganas, otorgaran mayores libertades a las masas y a la vanguardia revolucionaria en particular, lo que permitiría a las masas condensar su experiencia en formas orgánicas y elevarse a etapas superiores de lucha. La existencia de los soviets, permitidos legalmente por el gobierno de Kerensky y en los que los mencheviques, los socialistas-revolucionarios y los bolcheviques participaban en un frente único, permitió este desarrollo.

¿Existen tales condiciones hoy en día? Decididamente no, en lo que respecta a la socialdemocracia, y mucho más decididamente en lo que respecta al stalinismo. No creemos necesario señalar aquí la evolución conservadora de la socialdemocracia en los últimos años. Ha sido simplemente un caso de ir de mal en peor.

El stalinismo es hoy mil veces más peligroso para la revolución porque representa las ideas e intereses de una contrarrevolución triunfante en Rusia que ofrece al mundo y más inmediatamente a Europa, su experiencia, su poder y su solución particular contra el proletariado en la marcha hacia el socialismo. Los partidos stalinistas son hoy meros representantes y discípulos de la contrarrevolución instalada en el Kremlin. Comparados con ellos, los mencheviques de 1917 fueron muy revolucionarios. Las consignas de frente único y gobierno de los dirigentes obreros constituían en Rusia un todo a la vez inseparable y derivado de las formas de democracia proletaria existentes en los soviets, que -esto es de suma importancia- fueron creadas y mantenidas con la colaboración de mencheviques y socialistas revolucionarios. El stalinismo es hoy absolutamente incompatible con cualquier democracia proletaria. Dondequiera que han surgido órganos de poder revolucionario, desde España hasta Varsovia, París y Milán, se ha apresurado a destruirlos. El stalinismo no puede permitir que los revolucionarios hablen. La táctica de un frente único con él y el gobierno del PC-PS-CGT no puede facilitar de ninguna manera la creación de órganos de democracia y poder proletario, y cualquier gobierno stalinista o bajo influencia stalinista trae consigo una tendencia imperiosa a aniquilar físicamente a la vanguardia revolucionaria. Por lo tanto, es urgente que el PCI y nuestro movimiento internacional retiren estas dos consignas ya anticuadas. ¿No es elocuente el ejemplo de Europa del Este?

Por otro lado, el proletariado de hoy no sufre de ningún ilusión real sobre la democracia burguesa, la socialdemocracia o el stalinismo. Lo que sí sufre es el hecho de encontrarse atrapado por los aparatos orgánicos de ambas tendencias, el stalinismo en primer lugar y sobre todo. La inexistencia de una organización revolucionaria que la inspire con confianza y seguridad combativa contribuye más que un poco a ello, es decir, nuestra política actual contribuye directa o indirectamente. Ayer era indispensable que el proletariado repasara las experiencias de los gobiernos establecidos por los dirigentes de las organizaciones tradicionales para entender que la revolución era la única salida posible. No hoy; hay que taparse los ojos obstinadamente con las manos para no verlo. La experiencia ha sido larga y dolorosa. El proletariado entiende que no hay otra solución a sus problemas que la revolución, pero es pesimista y algo inerte en manos de las organizaciones tradicionales porque no ve ninguna otra organización que ofrezca posibilidades serias de hacer esta revolución. Difícilmente rompería con este pesimismo e inercia si nosotros, a los que mira con un poco de esperanza, sin que consigamos inspirarle la confianza necesaria para actuar, decimos que, sin embargo, debería ver un gobierno de Thorez. ¡Esperemos que nunca lo vea! Para inspirar confianza en el proletariado y persuadirlo para que actúe y rompa con las organizaciones que lo aprisionan, lo más indicado sería la creación de un frente único de todas aquellas organizaciones obreras minoritarias que se oponen a la colaboración de clases y son partidarias de la revolución y de la democracia proletaria en general, de modo que el proletariado viera un núcleo relativamente sólido que rompería el círculo asfixiante dibujado a su alrededor por el stalinismo y el reformismo.

En resumen, la consigna de un gobierno PC-PS-CGT como la que se ha utilizado en Francia, el llamado a un gobierno stalinista-reformista en general, es hoy totalmente falsa y sólo servirá para frenar a las masas allí donde están, y también -es doloroso pero necesario decirlo- para desarrollar las nuevas tendencias potencialmente reformistas que existen en la IVª Internacional. No podemos dejar de decirles, camaradas del Partido Comunista Internacional de Francia, que la crisis de su partido en particular y de la Internacional en general no se resolverá positivamente apoyando a la facción Frank contra la facción Craipeau, sino apoyando a las dos facciones que están en contra de la defensa de Rusia y en contra de la consigna de un gobierno PC-PS-CGT. La fidelidad al trotskismo no es fidelidad a la palabra escrita, sino al espíritu revolucionario del trotskismo. Entre las dos facciones que hoy parecen ser las más fuertes de Francia, la menos mala será la que ofrezca al partido un régimen más democrático que le permita llevar a cabo los cambios políticos indispensables hoy en día a través del debate más amplio y democrático.

Las nacionalizaciones

De todo lo anterior, nuestra oposición a la consigna de la nacionalización puede deducirse lógicamente, también pertenece al ámbito de la palabra escrita, y lejos de expresar fidelidad a la tradición trotskista revolucionaria, expresa o al menos ayuda a lo que hemos designado anteriormente como el nuevo reformismo potencial. En los movimientos revolucionarios, las nacionalizaciones han servido tanto a la contrarrevolución rusa como a la contrarrevolución de la más pura derivación burguesa para expropiar al proletariado al tomar posesión de los instrumentos de producción, y en momentos de pasividad de las masas, para concentrar la propiedad en manos del Estado, fetiche religioso y opresor par excellence, con el fin de dificultar las huelgas, restringir la democracia (la policía stalinista-reformista de las fábricas francesas) y comenzar la creación de un orden corporativo. Contra esta consigna senil debemos alzar la de la expropiación del capitalismo y la destrucción de su Estado por comités obreros elegidos democráticamente. Cada una de las situaciones y conflictos que surgen entre el proletariado y el capitalismo debe reforzar en los trabajadores la idea de que las nacionalizaciones lejos de favorecer sus intereses y los de la revolución en general, sólo agravan la situación. La consigna de la expropiación debe ser cada vez más comprensible para el proletariado. Creemos que, en lo que respecta a su significado general, ya lo es.

La Internacional no ha tenido una política revolucionaria durante la guerra, más exactamente, no ha tenido una política. Dormía mientras sus partidos más visibles, principalmente el SWP, seguían una política totalmente oportunista de «triunfalismo revolucionario» hacia la guerra al mismo tiempo que pretendían erigirse en fideicomisarios de la fidelidad al programa (¿qué parte del programa es más importante que la lucha contra la guerra?), levantando como color de fondo la defensa de Rusia por encima de todo lo demás. Decimos a estas tendencias que no faltan en el partido francés, que han violado la parte más esencial del programa y que sólo una corrección rigurosa, honesta y crítica les permitirá hablar de fidelidad al programa sin sembrar confusión. Pero también hay otras tendencias cuya fidelidad al programa es más «genuina» que deben vigilar, pues corren el riesgo de facilitar que la Internacional permanezca en manos de las tendencias más oportunistas, peligrosas por su fuerza orgánica, lo que muy probablemente significaría su muerte ideológica. Nuestro programa debe adaptarse a los gigantescos cambios provocados por la guerra. Es aquí donde reside la fidelidad a ella y no en la repetición inmutable, y menos aún en la repetición parcial, descartando el derrotismo revolucionario e interpretando el resto de manera derechista.

La destrucción criminal de la revolución española principalmente a manos del stalinismo y el subsiguiente comienzo de la guerra imperialista marcan el final de una etapa que se abrió con el fin de la antigua guerra imperialista y el triunfo de la revolución rusa. Todo ha sufrido cambios de gran importancia, el viejo capitalismo y la Rusia stalinista, la actitud general de las masas y sus ideas o creencias con respecto a la democracia burguesa y las organizaciones tradicionales. Europa es una vasta prisión, un campo de tortura cuyos guardias y torturadores son a veces alemanes o italianos y otras veces rusos, americanos, ingleses o franceses. Una nueva etapa ha aparecido en la implacable lucha de nuestra época para encontrar una solución revolucionaria a sus conflictos. Nuestro programa no puede ser exactamente el mismo que en la etapa anterior. Si se quiere seguir siendo revolucionario en la misma medida, debe ser modificado.

No dudamos ni por un instante que la causa fundamental de la crisis del partido francés y de la Internacional se puede resumir en los oportunismos de ayer hacia la guerra imperialista y los movimientos de resistencia, más la inercia ideológica para cambiar a tiempo lo que se necesitaba cambiar. Hoy en día esta inercia continúa en su totalidad por parte de los nuevos líderes mundiales. La crisis sólo se agravará si no se resuelve adoptando los cambios indicados en esta carta.

La facción de Frank ha tenido al partido ocupado durante casi un mes discutiendo un artículo titulado «El Partido en Peligro». De hecho, el partido francés está en peligro. Pero su crisis, como señalamos al principio, es una expresión de la crisis de la Internacional, a su vez conectada con la del movimiento obrero. Es un problema de ideas y lemas muy concretos, los principales se explican en este documento. La facción Frank es plenamente corresponsable de la crisis del partido francés y de la Internacional, y el PCI correría tanto o más peligro si su dirección pasara de la facción Craipeau a la de Frank. El peligro proviene de todas estas tendencias que se han mostrado indulgentes con los oportunismos cometidos durante la guerra por el partido norteamericano o por cualquier otro, y que continúan proclamándose partidarios de la defensa de Rusia, de un gobierno stalinista-reformista, de un frente único con el stalinismo y de las nacionalizaciones. La más importante de esas tendencias a nivel internacional, a la que se ha sumado la facción Frank, es la misma que tuvo una actitud antifascista y no internacionalista durante la guerra. En ningún aspecto decisivo se diferencia la facción de Frank de la de Craipeau. Sus diferencias reales ni siquiera merecen la separación en facciones distintas. Si uno es oportunista hacia el stalinismo, el otro es oportunista hacia el stalinismo; si uno encuentra algo progresista en la contrarrevolución del Kremlin, el otro también, etc. Forman parte indistintamente del ala derecha de la Internacional.

El próximo congreso del Partido Comunista Internacional tendrá una enorme importancia para el futuro de nuestro movimiento mundial. Es necesario que se discutan debidamente los problemas aquí planteados para salvar el partido, es necesario que todo el partido, incluyendo las facciones Craipeau y Frank, se den cuenta de la urgencia de cambiar radicalmente sus posiciones sobre los puntos aquí indicados; es necesario reconsiderar nuestro programa de transición en general y ponernos en condiciones de ayudar enérgicamente a la Internacional a llevar a cabo su propia revolución ideológica. Cualesquiera que sean las divergencias entre las dos facciones opuestas a la defensa de Rusia y la consigna de un gobierno stalinista-reformista, a través de ellas se puede vislumbrar una solución positiva a la crisis del partido francés, una premisa muy importante para resolver la crisis de la Internacional. Es deber de estas dos facciones agruparse y no ayudar a las falsas izquierdas en la Internacional.

Una vez más: la fidelidad al trotskismo no es la repetición literal de lo que el trotskismo dijo ayer, incluso suponiendo que no estuviera distorsionado de una manera derechista. La fidelidad al trotskismo es la rectificación firme, sincera y valiente de algunas de las afirmaciones que se hicieron ayer. La revolución también es revolucionaria; requiere cambios, modificaciones y negaciones radicales de sus propias afirmaciones anteriores. Sí, ¡la revolución también es revolucionaria!

Abajo el conservadurismo «trotskista»! Abajo el fetichismo «trotskista»! Fuera la «defensa incondicional» de la URSS! Por una Internacional ideológicamente firme y renovada! Viva la revolución proletaria francesa! Viva la revolución mundial! Viva la Cuarta Internacional!

Natalia Sedova-Trotsky, Benjamin Peret, G. Munis. México, D.F.; junio de 1947

»Índice de mi deslealtad», de G. Munis (agosto de 1947)

La palabra deslealtad ya ha sido utilizada contra mí en varias ocasiones por miembros de la actual dirección mundial. Siempre lo dejo pasar, sin prestarle atención ni responder con acusaciones en especie. Tampoco responderé ahora con acusaciones del mismo estilo, pero en lugar de ignorarlas me detendré a reconsiderarlas, porque estamos en vísperas de una campaña sistemática contra mi y contra la tendencia internacional a la que pertenezco, en la que los adjetivos bailarán en un frenesí tumultuoso. Y no seremos nosotros los que los pongamos en circulación, ahora o después, sino la otra tendencia.

Recientemente, el camarada Smith me lanzó la palabra deslealtad a la cabeza en un documento que va a ser conocido en toda la Internacional, un documento que pretende ser una «Respuesta al camarada Munis». Mi método, afirma Smith, «lleva en todos los idiomas la calificación de desleal. «¿En qué consiste ese método?

Concentrar todos los ataques contra el SI y hacer caso omiso de que, en todas las cuestiones importantes que conciernen a la vida del Internacional, no es el SI, sino el conjunto representativo de las secciones de la Internacional, es decir, el CEI, el que decide.

Si esa acusación fuera correcta, mi método, meramente desleal, sería extremadamente estúpido, y no excitaría tanto al camarada Smith y a sus colegas tendenciosos. No sería más que un inconveniente, ya que una prueba documental del hecho por parte del SI sería suficiente para que todas las secciones de la Internacional nos aislarían a base de desconfianza y antipatía.

Smith se dispuso a escribir su «Respuesta al Camarada Munis» como resultado del documento «¡Cuidado!» firmado por mí y Peralta12. Este último documento criticaba fundamentalmente al SI porque no distribuye las decisiones tomadas por el CEI, sino un informe presentado a un Pleno del mismo por el Secretariado Internacional. ¿Quizás el camarada Smith quería que, como prueba de lealtad, atacáramos al IEC y a toda la Internacional por las palabras pronunciadas por el SI? Por el contrario, haciendo una distinción entre corresponsables, Smith habla del documento «¡Cuidado!» como de algo escrito por Munis «en colaboración con el Camarada Peralta». Si está interesado en perfeccionar su método, Smith debe saber que el documento en cuestión fue escrito por el Camarada Peralta en colaboración con el Camarada Munis, pero no por eso Munis se abstiene de aceptar la responsabilidad de todas y cada una de las palabras del documento.

Además, el camarada Smith debe tener conocimiento de un documento mío sobre los problemas españoles, total y exclusivamente dirigido contra el CEI, ya que este último apoya las resoluciones que yo critico y pido que se luche contra ellas. Sólo eso es suficiente para demostrar que la acusación de Smith está en las nubes, por decirlo generosamente y no confundirlo con las graves críticas que se me dirigen. Si fueran necesarias más pruebas, están los documentos: «La Cuarta Internacional en Peligro», también dirigida contra el CEI, y la «Carta Abierta al PCI», en la que se critica seriamente a la propia Internacional, que habiendo dejado que los acontecimientos la superaran, hoy juega un papel conservador. Hay que advertirle, camarada Smith, que ni la tendencia a la que pertenezco ni yo personalmente estamos interesado en avanzar, ni en obtener una mayoría haciendo concesiones ideológicas, criticando a unos y consintiendo sin principios a otros para enfrentarlos entre sí, en una palabra, maniobrando. ¿Desea pruebas? Miren nuestra «Carta Abierta al PCI», en la que, sobre todo en lo que se refiere a la cuestión nacional, se formulan críticas que se refieren a dos de las tendencias del partido francés más cercanas a nuestra posición. No hemos hecho estas críticas inconscientemente, sino intencionadamente, porque no nos interesa una mayoría informe de compromiso, sino una obtenida mediante el debate más riguroso y completo de todos los problemas, sin escatimar a nadie. Si usted o cualquier otra persona insiste, puedo citar varios casos en los que la tendencia a la que usted pertenece no se ha comportado de la misma manera. Como advertencia para el futuro, permítame agregar, Camarada Smith, que estamos seguros de triunfar en la Internacional, porque sostenidos por nuestras ideas, al no hacer ninguna maniobra, «maniobramos» mejor que nadie. ¡Demos vía libre a los que puedan decir lo mismo!

Examinemos con seriedad, con la indiferencia de un biólogo que examina organismos, el contenido del artículo de Smith en relación con el documento «¡Cuidado!» que este camarada parece haberse propuesto responder.

En «¡CuidadoQ» Peralta y yo criticábamos la afirmación de que el Congreso Mundial era, «ante todo, el Congreso de las organizaciones que han respetado la disciplina internacional y que mantienen relaciones normales con los órganos de dirección». Establecimos, con ejemplos concretos, que todo el mundo puede ver en nuestra crítica, que las «relaciones normales» con los órganos de dirección deben entenderse en el sentido político (actitud internacionalista durante la guerra) y no en el sentido organizativo, ya que casi ninguna sección fue capaz de mantener relaciones normales, ni siquiera medio normales, con los órganos de dirección. Pedimos, en una palabra, que afronten el problema con un criterio político amplio y no con un criterio organizativo estrecho. En la «Respuesta» del camarada Smith ni siquiera hay una alusión superficial a nuestra crítica.

También preguntamos a qué condiciones se referían los líderes mundiales al proponer que las organizaciones que ponen condiciones a su pertenencia a la Internacional no participaran en el Congreso Mundial. En ocho páginas, el camarada Smith no ha encontrado espacio para una línea de respuesta.

«Toda la actitud del SI» -decía nuestro documento «¡Cuidado!» - «sobre la discusión preparatoria del Congreso muestra la ambición primordial de salvaguardar el prestigio de la dirección». A modo de respuesta, Smith me advierte: «Sus artículos, camarada Munis, han sido publicados en nuestra prensa y sus panfletos han sido distribuidos por nosotros a todas las secciones y organizaciones de la IVª Internacional». Smith habría sido más convincente si hubiera enumerado todos los artículos que, según él, han sido publicados por el SI y los que han sido enviados y no publicados. Desgraciadamente, no puedo elaborar las estadísticas porque no tengo aquí mis archivos. Pero en los Boletines del SI sólo he visto dos o tres cartas, algunas enmiendas a un documento en español y dos artículos breves que incluso merecen una respuesta, aunque debo añadir que de estos Boletines, ni siquiera media docena llega a México, lo que dificulta el manejo de la colección completa. Aunque todos fueran publicados, ¿excusa tal vez ese hecho al SI de la principal acusación que hicimos: no haber puesto en el orden del día, más de un año después de su formación, los principales problemas planteados a nuestro movimiento y al proletariado en general? ¿Es menos excusable si han aparecido más boletines de discusión? Y esto nos da derecho a exigirle a Smith que cuando intente acusar a un camarada de deslealtad lo haga, al menos respondiendo a los principales argumentos del acusado.

La distribución de los panfletos, que Smith menciona como testimonio de los escrúpulos democráticos del SI, es, por el contrario, una acusación irrefutable contra él. Uno de los panfletos, escrito hace más de tres años, condena como oportunista y centrista la política seguida por uno de nuestros principales partidos. Fue diseñado especialmente para iniciar una discusión mundial sobre el tema, de trascendental importancia para toda la Internacional. En México publicamos no más de mil ejemplares en español, de los cuales sólo unas pocas docenas que quedaban pudieron ser enviados al SI cuando éste se formó. Para que la discusión se materialice sobre este punto, que debería ser uno de los primeros y principales puntos del Congreso Mundial, si el Congreso Mundial se toma en serio, fue necesario enviar el folleto a todas las secciones, al menos en inglés y en francés. Pero más de tres años después de haber sido escrito, más de un año después de la constitución de la dirección mundial, el folleto es ignorado por casi toda la Internacional. ¿O pretende el camarada Smith hacernos creer que el envío a cada sección de cuatro o cinco ejemplares en español satisface las necesidades de discusión sobre este punto y da la impresión de que el SI ha funcionado democráticamente? Ya dijimos en el artículo «¡Cuidado!» que hasta ahora la Internacional no sabe cuál era la política de sus principales partidos hacia la guerra y los movimientos de resistencia nacional. Y esta es una de las acusaciones por las que Smith, en medio de halagos justificadores, me llama desleal.

Mi folleto sobre Rusia y el stalinismo13, otro de los principales puntos a tratar en el Congreso Mundial, no fue publicado por el SI, por lo que había aparecido en francés en México. En uno de los boletines del SI, una nota lo señalaba especialmente como material también para la discusión, sin siquiera indicar a los lectores dónde podían obtenerlo, como si se tratara de una obra tan conocida y fácil de obtener como «Don Quijote de la Mancha» o «Gargantua y Pantagruel». La edición francesa en México no supera los mil ejemplares. Es imposible que el SI, distribuyera el folleto en la misma forma y número que sus boletines y, además, las necesidades de la discusión exigían que los principales argumentos fueran respondidos, a ser posible con la misma extensión, por la tendencia oficial. Que la edición francesa en México no fue la verdadera razón por la que el SI se negó a publicar mi panfleto está irrefutablemente demostrado por el siguiente hecho: los boletines del SI sobre el problema ruso fueron traducidos al inglés y editados por el SWP. En este caso, la edición francesa -publicada en México- no podía ser ofrecida como argumento para no incluir mi panfleto en las traducciones al inglés. Sin embargo, en los boletines americanos apareció la misma nota del SI, indicando vagamente el folleto como material de discusión. Deducir de todo esto que el SI dirige la discusión preocupándose principalmente por salvaguardar el prestigio de la dirección, es considerado un acto de deslealtad por parte del camarada Smith, quien sólo repite las palabras de otros colegas de su tendencia.

Por lo tanto, lo único de las ocho páginas de Smith que podría tomarse con mucha buena voluntad, como respuesta a nuestras acusaciones concretas, confirma en lugar de negar nuestras críticas con respecto a la actitud del SI hacia el problema de la discusión en general. Pero continuemos.

Bajo el título «¡Cuidado!», repetimos por enésima vez que el primer punto en el orden del día del Congreso Mundial tendría que ser la actitud de nuestros principales partidos hacia la guerra imperialista y los movimientos de resistencia nacional. ¿Por qué el SI y Smith en sus ocho páginas contra mí no han respondido concretamente sí o no a esta demanda? Al no poder negarse a discutir este problema, pretenden incluirlo en el informe general que la SI presentará al Congreso. Así, rodeado de muchos otros problemas, el problema de la actitud hacia la guerra imperialista y los movimientos nacionales sólo podrá ser discutido precipitadamente y con muy poco tiempo14. Nadie en el SI ha dado razones para justificar esta encerrona. Pero su informe al Pleno de la CEI, al que se refiere «¡Cuidado!», sólo puede interpretarse como una negación formal. Por su parte, Smith vuelve a responder con el silencio, como en los problemas enumerados anteriormente.

Lo mismo sucede con los problemas de legalidad o ilegalidad del Congreso Mundial y la necesidad de disciplina previa para el Congreso. Nuestra posición respecto a esto último es parte de lo que Smith llama mi deslealtad, pero Smith no se considera obligado a tenerla en cuenta. ¿Por qué escribió ocho páginas, camarada Smith? ¿Para responderme o para disculpar al SI? No me respondes; disculpas al SI. Sin seguir el ejemplo de su cruda explicación, permítanme decirles que rectifiquen su método, porque con esos medios sólo lograrán embrollar aún más a la Internacional.

Sin embargo, hay un punto del documento «¡Cuidado!» que el Camarada Smith sí responde. Es un punto en el que él y el SI tienen razón y lo explota durante casi toda una página. Peralta y yo dijimos que el SI apoyaba a L. Red en México porque estaba completamente de acuerdo con él, y eso no es cierto. Los informes circulan más lentamente dentro de la ciudad de México que entre ésta y Europa. Pero la corrección en la que se apoya Smith aquí es casi un error, porque la cuestión Red se habría resuelto casi inmediatamente después de que surgiera, si no hubiera sido inflada y bien convertida en un «caso» por el SI y sus aliados cercanos en este continente. Ahora tiene que admitir que L. Red no tiene un grupo eficaz, después de haber inventado el Grupo Red. No nos sorprende que después de haber sido el candidato complaciente y centrífugo del IS, en virtud de la oposición al grupo efectivo que dirige Jorge Santiago, hasta ahora candidato centrífugo, se invirtieran los papeles y que posteriormente el epíteto de pequeña burguesía cayera sobre el primero, considerado ayer «proletario», y el segundo fuera elevado a la categoría de proletariado oficial. En cualquier caso, que mi advertencia contra los que abusan de la terminología para llenar su vacío ideológico se plantee aquí. Repito que la actual facción dirigente ya ha empezado a abusar de ella muy seriamente, y si no logramos detenerla, sustituirá las ideas por un sonido vacío en el que todo el mundo finalmente se encogerá de hombros. Fuera de eso, agreguemos que si la discusión y las condiciones de celebración del Congreso Mundial lo permiten, las palabras volverán a asumir su verdadero significado y los oportunistas no continuarán vistiendo ropas proletarias.

Todavía hay un punto que, tal como lo presentó el camarada Smith, parece demostrar que tiene toda la razón y que es irrevocable que en el documento «¡Cuidado! Peralta y yo distorsionamos la verdad deliberadamente. Me refiero a una circular del SI a las secciones latinoamericanas, escrita el 22 de febrero de este año. Lo pusimos en el documento referido, «Cuidado», como ejemplo de las restricciones que la SI intentaba imponer a la participación en el Congreso Mundial de las secciones latinoamericanas y de todas las pequeñas secciones o grupos en general. Smith contrapone a nuestra afirmación una resolución del Pleno de octubre del año pasado que no dice absolutamente nada definitivo al respecto. Por otro lado, hubo algo definitivo después de la circular del 22 de febrero y antes de que Smith se tomara la molestia de responderme. Si Smith no consideró necesario tenerlo en cuenta, es sin duda porque, no considera el método tan necesario consigo mismo como conmigo. La resolución del CEI del pasado mes de marzo sobre la preparación del Congreso Mundial, prohibía la transmisión de los mandatos de una sección a la otra, lo que, de llevarse a cabo, mantendría a la mayoría de las pequeñas secciones y grupos no oficiales e incluso a algunas de las grandes secciones fuera del Congreso Mundial y sin derecho a voto. Esa resolución del CEI confirma ampliamente la advertencia que Peralta y yo hicimos en «¡Cuidado!». Sin embargo, Smith trata de retorcerse, aquí está el hecho, incontestable, que nos da la razón, y que además no deja en mal lugar mi método de discusión y crítica, sino a Smith y a los que están detrás de él. Finalmente, como para aniquilarme, Smith escribe: «En realidad, todo este ruido artificial que usted hace, camarada Munis, sobre nuestro llamado «burocratismo», nuestras «maniobras», etc., se explica por el hecho de que lo que usted quiere atacar en nosotros es sobre todo nuestra política».

La conducta que Smith me atribuye aquí no es mi conducta hacia los problemas políticos y la dirección mundial, sino que -en cambio- refleja el concepto que Smith tiene de ella. De hecho, Smith desea evidentemente decir que el propósito de mis acusaciones de burocratismo y maniobras es servir de batiente para mis diferencias políticas con la actual dirección mundial, como si yo ocultara esas diferencias o les quitara lo que contienen de una ruptura con algunas ideas trotskistas de ayer -o si el camarada Smith desea explotar el término- de revisión. Pero ciertamente no será a partir de nuestra revisión que el oportunismo saldrá adelante. Como estamos en desacuerdo con la actual dirección mundial, Smith piensa -miren esto, recuerden el tipo de pensamiento- que tenemos que atacar sus métodos organizativos, inventándolos si no existen de hecho. Repito que esa es la concepción de Smith y no la nuestra. «¡Cuidado!» fue el título del documento al que Smith no responde, cuidado con un Congreso Mundial organizado o incluso convocado sin la debida discusión previa de todos los problemas planteados por los tremendos acontecimientos que se produjeron en los turbulentos años desde el Congreso fundacional de la IVª Internacional hasta hoy. ¿Teníamos razón o no al hacer la advertencia? Cuando el camarada Smith me calificó de desleal, el CEI ya había adoptado la resolución sobre el método de representación en el Congreso Mundial, cuyo examen se puede ver en el artículo «La Cuarta Internacional en Peligro». Recordemos solo algunos hechos. Siete países a los que se les ha concedido la gracia de la «primera importancia», tendrán a su disposición en el Congreso aproximadamente el 38 o 35% de los votos y necesitarán de sólo nueve delegados para asegurarse una mayoría. En segundo lugar, de las minorías, sólo para ser escuchadas en el Congreso, se exige que tengan el 25% de los miembros de su sección, lo que representa un absoluto desprecio por las ideas de las minorías, precisamente cuando la experiencia más rica de los últimos años desde la fundación de la Cuarta, que ilumina muchos problemas con nueva luz, exige prestar la máxima atención, no sólo a las ideas de las minorías, sino también a las de individuos completamente aislados. Lo que el SI y el CEI han decidido hacer no puede ser considerado, no importa cómo se mire, camarada Smith, como otra cosa que una actitud burocrática hacia las ideas. Tercero, la resolución prohíbe la delegación de mandatos, con el resultado de que un buen número de grupos y secciones se verán privados de voto. Grupos y secciones a los que, con modos impropios del movimientro revolucionario, la actual dirección mundial pide que se sometan, desde el presente, a la disciplina de un Congreso en el que muchos de ellos no podrán votar. Aunque no hubiera más que eso (y hay más, como se puede ver en el documento «La Cuarta Internacional en Peligro»), lo «¡Cuidado! estaría plenamente justificado. El «ruido artificial» que Smith me atribuye, tiene una base definitivamente sólida.

Lejos de proponer atacar deliberadamente los métodos organizativos de una dirección mundial con la que estamos en desacuerdo político, deseamos vigorosamente no tener que reprocharle más que sus ideas políticas. Si hubiera iniciado una discusión, inmediatamente después de su constitución, sobre todos aquellos problemas que, con mayor o menor verosimilitud, pudieran ser sospechosos de merecer una reconsideración, tomando al mismo tiempo medios enteramente democráticos para la discusión y la celebración del Congreso, nuestras críticas políticas y nuestras demandas de reconsideración de ciertos problemas se mantendrían íntegramente; pero reconoceríamos que la dirección es intocable desde el punto de vista de los métodos, lo que sería muy sensato como principio de coexistencia de diferentes facciones en la misma organización. Nuestra actividad y nuestras ideas tienden a esta idea. Desafortunadamente, la actual dirección mundial no se ha comportado así, lo que nos obliga a trasladar la crítica del nivel político al nivel organizativo. Añadamos que su comportamiento no se explica tanto por su oposición a algunos de nuestros puntos de vista -como el problema de la defensa de Rusia- como por la política de algunos de nuestros partidos hacia la guerra imperialista y los movimientos de resistencia nacional. Es así como nuestra demanda de discusión de este problema en primer lugar y como punto especial del Congreso, dando previamente todos los documentos necesarios para que la Internacional juzgue, ha tenido una acogida tan sórdida en la dirección mundial. Creo que es necesario decir aquí que para que empiece a quedar claro, que en última instancia, forzado por el peso de los hechos y por el desplazamiento de la base, las cabezas defensistas del SI y del partido norteamericano, pueden llegar a liquidar la «defensa incondicional de la URSS». Esa evolución sería mucho más probable en caso de guerra, ya que si, por ejemplo, el SWP no tomó durante la guerra pasada una política derrotista ni después supo corregir sus errores, no hay razón para suponer que deba tener una política derrotista durante una guerra entre Estados Unidos y Rusia. Siendo este el caso, seguramente muchos comenzarán a descubrir de repente la transformación de la cantidad en calidad. Sobre todo, son los errores oportunistas que no quiere reconocer, los que dictan la actitud organizativa del SI, su manera de dirigir la discusión, los que ignoran totalmente las necesidades de nuestro movimiento y su terminología calcificada.

Con esto tengo todo el derecho de decirle esto, camarada Smith, porque usted y el SI me han dirigido muy precipitadamente todo tipo de acusaciones de deslealtad, mientras que usted todavía no ha dirigido ni siquiera una mirada severa a esa política que se definió como no apoyo a la guerra imperialista, transformación de esa misma guerra en una verdadera guerra contra el fascismo, ninguna obstrucción a la prosecución efectiva de su guerra (la de los capitalistas), etc. ¿No es más importante dirigir la mirada y las críticas a este tipo de política?

Con ésto, tu párrafo sobre el funcionamiento de la Internacional, así como todo lo que has escrito, queda respondido

En cuanto a las citas de León Trotsky, me reservo el derecho de volver a ellas en mis escritos en una fecha posterior. Sin embargo, si les interesa utilizarlas, tengo que decir de antemano: no estoy de acuerdo y me parece que son totalmente falsas hoy en día. Y si la Internacional se guiara por ellas, destruiría el trabajo de León Trotsky.

México, D.F., agosto de 1947.

«Haz lo que digo, no lo que hago», de G. Munis y Benjamin Péret (22 de agosto de 1947)

¡Disciplina! Tal es el lema con el que la dirección internacional -constituido por hombres que se jactan de ser fuertes- intenta ocultar su desnudez ideológica. Ciertamente, nadie es más partidario de la disciplina que nosotros, pero no debe servir simplemente para garantizar un sueño intelectual confortable a quienes la invocan día tras día. Disciplina para la aplicación de decisiones democráticamente acordadas después de una discusión amplia y leal, sí; disciplina sin discusión o democracia, no.

Hemos acusado a la dirección internacional de invocar la disciplina para asegurar el éxito de sus maniobras burocráticas, y ya hemos presentado pruebas de estas maniobras (ver «La Internacional en Peligro»). La crisis del partido inglés ofrece un ejemplo diferente de estas maniobras.

En un documento anterior, la dirección internacional exigió a los camaradas y grupos que participaran en el Congreso Mundial el compromiso de aceptar su disciplina de antemano. Esta exigencia -repito- es antidemocrática y constituye un precedente extremadamente peligroso, autorizando, además, una dictadura ideológica real por parte de la dirección internacional que saldrá del Congreso, una dictadura que la dirección actual está contemplando ya que desea prohibir toda discusión en la Internacional tras la conclusión del Congreso, pero ¿en qué rincón escondido ha habido una discusión? No sabemos de ninguno. Esa promesa permitirá, por lo tanto, que la dirección reprima toda la vida en la Internacional, ya que cada vez que una sección o un camarada individual se presente con una nueva idea o sugiera una táctica no prevista por el Congreso, la dirección podrá cobrarse la promesa hecha previamente en este Congreso e invocar la disciplina de los cuarteles y de la tumba.

Además, la dirección internacional -y esta vez es lo correcto- está a favor de una política de unificación donde nuestro movimiento se divide en dos o más grupos que no están separados por diferencias de principios. Desde hace varios años una discusión ha colocado a una minoría de nuestra sección inglesa, favorable a la entrada en el Partido Laborista, en oposición a la mayoría, que se niega a vislumbrar esta perspectiva inmediata. Digamos inmediatamente que en todos los casos nos oponemos a la entrada en partidos «obreros» reformistas del tipo del Partido Laborista o del Partido Socialista Francés. Esta táctica data de la época de la radicalización de los partidos reformistas (1933-1935). Seguir esa táctica hoy es dar prueba de inercia ideológica, ya que las condiciones previas están ausentes. Estos partidos no son, por su propia confesión, más que «gestores leales» de empresas capitalistas en bancarrota (Leon Blum dixit) y sin ellos y los partidos stalinistas serían incapaces de hacer aceptar a las masas los sufrimientos inauditos que los stalinistas y reformistas logran imponerles gracias al matrimonio, cada día más fuerte, de su aparato con el del estado capitalista... Tácticamente, por tanto, no tenemos un interés político común con la minoría inglesa, ya que defendemos una política de frente único con minorías de izquierda dentro de los partidos reformistas, así como con organizaciones proletarias de izquierda opuestas a los stalinistas y reformistas. Estamos igualmente en desacuerdo con la mayoría del PCR que, durante la guerra, imitó la política oportunista del SWP y hasta ahora no ha sido capaz de desvincularse de la política conservadora de la dirección internacional. Pero ahora la minoría inglesa amenaza con romper la disciplina de la próxima convención del PCR escindiéndose, insistiendo en la aplicación inmediata de la táctica de ingreso al Partido Laborista. Exige, en caso de que la mayoría del partido se oponga a su táctica, el derecho a empezar a trabajar «bajo su propio control». Eso es definitivamente la ruptura de la disciplina y la división.

Empezando por la hipótesis de una vida interna sana en el PCR, ¿qué debe hacer el SI para permanecer fiel a su política de unificación del movimiento trotskista en todo el mundo y para no violar sus propias decisiones relativas a la aceptación anticipada de la disciplina del Congreso Mundial? Obviamente debería decir a la minoría inglesa:

Deseáis entrar en el Partido Laborista para formar allí núcleos para la creación de un ala izquierda. Bien. Pero aceptaréis la disciplina de las últimas convenciones nacionales; por nuestra parte estamos haciendo cumplir la disciplina del Congreso Mundial aceptada de antemano. Deben permanecer en el Partido mientras se someten a la mayoría, ya que sus diferencias son sobre cuestiones tácticas.

Si la minoría inglesa espontáneamente y no animada por el SI amenaza con dividirse, creemos que el SI debería recomendar a la convención del partido inglés que autorice a la minoría a pasar por su propia experiencia de entrada en el Partido Laborista bajo el control de la dirección del PCR. En vez de eso, ¿qué ha hecho el SI? En primer lugar, se puso en contacto con la minoría inglesa sin que la dirección del partido lo supiera, es decir, alentando la ruptura de la disciplina de la minoría. (Cartas del PC del PCR al SI fechadas el 23 de junio de 1947 y el 15 de julio de 1947). ¿Por qué? El camarada Gabriel lo indica claramente en su carta del 6 de julio dirigida al Comité Político del PCR:

...establecer concretamente la experiencia de la línea que ustedes defienden y la que defienden la minoría y la mayoría de la Internacional.

En otras palabras, el Camarada Gabriel en nombre del SI se declara de acuerdo con la táctica defendida por la minoría, Y esto lo explica. Es inútil decir que una escisión existe sólo como una perspectiva distante; no es menos cierto que el SI anima a la minoría a resistir aprobando sus intenciones y, por lo tanto, conduce a una escisión. Pero el camarada Gabriel es prudente y desea salvar las apariencias. Por eso propone una discusión entre la mayoría, la minoría y el SI. ¿Qué podría ser más normal en apariencia? Aunque el SI no se atreve a proponer que esta reunión tripartita se decida por votación, cuyo resultado estaría garantizado de antemano ya que el SI controla dos de cada tres votos, es obvio que estaría en condiciones de informar a la Internacional (que no sabría de antemano que el SI anima a la minoría inglesa) orientándola así hacia el SI. Esto es evidente si se tiene en cuenta que la resolución que condenaba la amenaza de división presentada al SI por el camarada Conrad en nombre de la mayoría del PCR fue rechazada, lo que no puede llamarse otra cosa que una maniobra, pues es la misma dirección internacional (que exige una promesa de aceptación previa de la disciplina de un Congreso Mundial que se celebra después de nueve años llenos de acontecimientos de incalculable importancia y que se niega a imponerla a una minoría de un partido), la que determina su política por medio de convenciones regulares. Una pregunta, camaradas de la dirección internacional: ¿es la minoría del PCR centrífuga o centrípeta? Gracias por la respuesta.

Así, la dirección internacional emplea la disciplina a gusto de los intereses de su política conservadora, amenazando a los que se oponen a su línea política y permitiendo que sus fieles la violen. Rechazamos categóricamente esta interpretación de la disciplina. Es un reflejo de la degeneración provocada en el movimiento obrero por el stalinismo y el reformismo. Nunca nos someteremos a ella porque sabemos cómo reaccionar contra esa degeneración. Esa degeneración se resume en lo que se llama en español «la ley del embudo», cuyo equivalente en inglés está representado por la frase que precede a estas líneas.

Para concluir, repetimos una vez más: estamos categóricamente en contra de la posición de la minoría inglesa y nos oponemos a la línea política seguida por la mayoría del PCR, una línea similar en su totalidad a la de la dirección internacional, que ayuda a las tendencias más conservadoras (centristas) de nuestro movimiento. Consideramos que la dirección internacional ha favorecido las tendencias de división de la minoría, violando sus propias decisiones con respecto al Congreso Mundial, mientras que debería haber actuado de manera inversa. Pensamos que si reina una verdadera democracia en el partido inglés -lo cual creemos- es posible la convivencia de las dos tendencias y la minoría aplicará su táctica de ingreso al Partido Laborista bajo el control de la dirección nacional, elegida democráticamente e incluyendo representantes de la minoría. La Internacional y nosotros estamos en lo cierto al decir a la IS: Ustedes que exigen la aceptación previa de la disciplina de un Congreso Mundial celebrado después de nueve años sin discusión o contacto, se niegan a exigir a una minoría nacional que se someta a las decisiones de la convención de su partido. De este modo se demuestra que su exigente disciplina es sólo un medio para cubrir fines políticamente conservadores mediante procedimientos organizativos. Es en contra de esto que tenemos la intención de establecer un agente catalizador en la Internacional.

México D.F. 22 de agosto de 1947.

 


1 Escisión del S.W.P. norteamericano fundada por Max Shachtman en 1940. Caracterizaba a la URSS stalinista como un modo de producción propio, ni capitalista ni socialista, al que llamó «colectivismo burocrático». Shachtman defendía abandonar el marxismo como herramienta de análisis, los textos de Trotski en la polémica consiguiente se publicaron bajo el título En defensa del marxismo. El partido cambio su nombre en 1949 convirtiéndose en Independent Socialist League. Nota del editor
2 Apelativo con el que los cercanos a Trotski en Coyoacán se referían cariñosamente al revolucionario. Nota del editor
3 Natalia Sevoda estuvo casada con Trotski hasta su muerte. Juntos tuvieron dos hijos . Nunca se refería a él con sus nombres de pluma, sino por su patronímico ruso: Lev Davidovich, o en este caso por las iniciales de éste, LD. Nota del editor.
4 El Boletín de la Oposición Rusa era estrechamente supervisado y elaborado en buena parte por Trotski. Todas las citas de esta carta son de textos muy conocidos escritos por el revolucionario ruso seis años antes. Al utilizarlas, y recordar que se dejaron de citar tras la «Conferencia de emergencia», Natalia Sedova está evidenciando la regresión sufrida por la Internacional bajo el Secretariado Internacional del SWP. Nota del editor.
5 Secretariado Internacional. Nota del editor.
6 Comité Ejecutivo. Nota del editor
7 Como se vería posteriormente, no se trataba de un exceso de susceptibilidad de la sección española. El SI llegaría a plantear abiertamente que la contradicción fundamental del capitalismo no se daba ya entre proletariado y burguesía sino entre EEUU y la Rusia stalinista. Las consecuencias últimas de esta idea (ingreso en los PCs stalinistas para empujarles a tomar el poder) serían defendidas abiertamente por Michel Raptis -Pablo- en 1953 provocando el colapso final de la Internacional ya degenerada. Nota del editor.
8 Comité Ejecutivo Internacional, equivalente a un «Comité Central». Nota del editor.
9 Efectivamente fue lo que finalmente ocurrió cuando en 1948 se celebró el segundo congreso internacional. La imposibilidad de discutir las cuestiones de fondo ante las maniobras de la mesa controlada por el SI y la negativa a someter a discusión y condenar las violaciones del internacionalismo más básico, llevaron a que los elementos y grupos internacionalistas, encabezados por la sección española, denunciaran el Congreso y rompieran con la organización internacional. Nota del editor.
10 La sección española publicó una crítica en extenso de este manifiesto redactada por Benjamin Péret y titulada El manifiesto de los exegetas. Nota del editor .
11 En la conferencia de emergencia de 1940, el Camarada Munis representando =: España fue autorizada a representar a México, Argentina y Chile por recomendación de L.D. (Nota de los autores contenida en el texto original).
12 Pseudónimo habitual en la época de Benjamin Péret. Nota del editor
13 Se trata de Los revolucionarios ante Rusia y el stalinismo mundial. (Nota del editor)
14 Efectivamente eso fue lo que ocurrió en el segundo Congreso, forzando a la minoría internacionalista a denunciarlo y romper con la organización internacional en un marco en el que la mayoría de las secciones ni siquiera habían llegado a saber qué había ocurrido durante la guerra al resto. (Nota del editor)