Materialismo y dialéctica

Lo que llamamos «marxismo» no es en realidad otra cosa que la aplicación dialéctica del análisis materialista a la historia, incluidos los condicionantes concretos del presente, como forma de entender una situación concreta, las fuerzas que operan bajo ella y sus posibilidades de transformación.

Pero esta es una definición muy concentrada que requiere entender al menos dos cosas antes de elaborar cuáles son las grandes guías del análisis materialista de la historia: qué es el materialismo filosófico y qué es la dialéctica.

El problema cardinal de toda la filosofía, especialmente la moderna, es el problema de la relación entre el pensar y el ser (…) entre el espíritu y la naturaleza (…). Los filósofos se dividían en dos grandes campos según la contestación que diesen a esta pregunta. Los que afirmaban el carácter primario del espíritu frente a la naturaleza y por tanto admitían, en última instancia, una creación del mundo bajo una u otra forma (y en muchos filósofos, por ejemplo Hegel, el génesis es mucho más embrollada e imposible que en la religión cristiana), formaban el campo del idealismo. Los otros, los que reputaban la naturaleza como lo primario, figuran en las diversas escuelas del materialismo. (…)

Pero el problema de la relación entre el pensar y el ser, encierra además otro aspecto, a saber: ¿qué relación guardan nuestros pensamientos acerca del mundo que nos rodea con ese mismo mundo? ¿Es nuestro pensamiento capaz de conocer el mundo real; podemos nosotros en nuestras ideas y conceptos acerca del mundo real formarnos una idea refleja exacta de la realidad? En el lenguaje filosófico esta pregunta se conoce con el nombre de problema de la identidad del pensar y el ser y es contestada afirmativamente por la gran mayoría de filósofos (…) Pero al lado de estos, hay otra serie de filósofos que niegan la posibilidad de conocer el mundo, o por lo menos de conocerlo de un modo completo. Entre ellos tenemos, de los modernos a Hume y a Kant, que han desempeñado un papel muy considerable en el desarrollo de la filosofofía. (…) La refutación más contundente de estas extravagancias, como de todas las demás extravagancias filosóficas, es la práctica, o sea el experimento y la industria. Si podemos demostrar la exactitud de nuestro modo de concebir un proceso natural, reproduciéndolo nosotros mismos, creándolo como resultado de sus mismas condiciones, y si, además, lo ponemos al servicio de nuestros propios fines, damos al traste con la inaprensible «cosa en sí» de Kant. Las sustancias químicas producidas en el mundo vegetal y animal siguieron siendo «cosas en sí» inaprensibles hasta que la química orgánica se convirtió en una cosa para nosotros.

Federico Engels. «Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana», 1845

El debate filosófico entre el idealismo y el materialismo de la época no era esencialmente diferente del debate «actual» entre posmodernos y materialistas.

Marx rechaza enérgicamente no solo el idealismo -aliado siempre de un modo u otro de la religión- sino la doctrina de Hume y Kant, tan extendida en nuestros días, el agnosticismo, el criticismo y el positivismo en sus distintas formas; para él, esta clase de filosofía era una concesión «reaccionaria» hecha al idealismo y, en el mejor de los casos, una «manera vergonzosa de aceptar el materialismo bajo cuerda y renegar de él públicamente»

Lenin. «Carlos Marx», julio-noviembre de 1914

Para los materialistas es posible un conocimiento de la realidad que vaya más allá de elaborar «relatos» verosímiles o meras descripciones. Es más, el conocimiento de la realidad es por sí mismo es una parte de ella y un elemento central para su transformación.

Esa forma de mirar la realidad -sea social o natural- y las relaciones entre la totalidad y sus partes es «dialéctica»: las relaciones, las contradicciones, entre cada parte y cada una de las demás, entre cada una y las demás como un todo, se determinan unas a otras continuamente. Es decir, la realidad es «compleja» en su sentido estricto: no solo «complicada», sino una gran red de relaciones interdependientes. Sin embargo, bajo la complejidad operan fuerzas y tendencias que permiten que sus resultados sean explicables y, bajo determinadas condiciones, predecibles. Marx y Engels ven en la teoría de la evolución, en los incipientes desarrollos de la Física, en la Biología y por supuesto en la Historia, sistemas complejos en marcha que no pueden ser explicados «sobre carriles metafísicos», colocando las cosas en cajitas y pretendiendo que podemos modificar una variable «dado todo lo demás», ignorando que forma parte de un sistema de relaciones y esperando bonitas funciones continuas como las que todavía se enseñan en las facultades de Economía.

La dialéctica hegeliana, en tanto que era la doctrina del desarrollo más universal, rica de contenido y profunda, era para Marx y Engels la mayor adquisición de la filosofía clásica alemana. Toda otra fórmula del principio del desarrollo, de la evolución, parecíales estrecha y pobre, que mutilaba y desfiguraba la verdadera marcha del desarrollo en la naturaleza y en la sociedad (marcha que a menudo se efectúa a través de saltos, castástrofes y revoluciones).

Lenin. «Carlos Marx», julio-noviembre de 1914