¿Tiene algún sentido hoy la Liberación Nacional?

El capitalismo ha cumplido su ciclo histórico. Es un sistema mundial en el que cada una de las partes sufre la imposibilidad que el capitalismo como un todo tiene para expandirse. Por eso no hay posibilidad de un desarrollo independiente del capitalismo en ningún nuevo estado nacional.

La misma existencia de dos guerras mundiales, la aparición de bloques tras la guerras, la formación de estructuras supra-estatales, etc. basta para darse cuenta de que el estado nacional ha entrado en contradicción con el capitalismo.

Cartel turco llamando a la movilización de tropas. Seguramente Turquía fue el primer estado nacido de una revolución nacional que pasó directamente a la etapa imperialista: concentración de capital y monopolios en el interior, y una política expansionista -no siempre con resultadoss- en el exterior.
Es el capitalismo, como un todo, el que es imperialista hoy. El imperialismo es una fase, senil, de la historia del sistema que viene impuesta a cada una de sus partes. Cada nuevo estado nacional va a sufrir los mismos problemas y carencias -probablemente de forma más violenta- de sus antecesores. Cada nuevo estado nacerá ya imperialista. Por eso las independencias nacionales de la segunda mitad del siglo XX han partido ya directamente como capitalismos de estado, en muchos casos totalitarios y en no pocos de ellos expansionistas.

Los marxistas de la época expansiva, progresiva, del capitalismo apoyaron las independencias nacionales porque eran parte de ese proceso de expansión del capitalismo y por tanto de la constitución del proletariado como clase mundial. Pero ni apoyaron a todos los movimientos nacionalistas ni lo hicieron incondicionalmente.

  1. Tenía que ser posible un desarrollo capitalista independiente sobre la base de su territorio, recursos, etc.
  2. Si eran movimientos separatistas, como fue en su día el polaco o el finés, tenían que oponerse a un imperio o estado donde la revolución democrático-burguesa fuera imposible y donde no hubiera un proletariado desarrollado con capacidad de impulsar por sí mismo esa revolución, en cuyo caso se abogaría por la unificación de luchas de los trabajadores en todo el territorio sin divisorias nacionales. El debate entre Rosa Luxemburgo y Lenin sobre la autodeterminación polaca es muy significativo sobre ésto.

Hoy no se dan, en ningún lado, ni siquiera en los países periféricos, los llamados «subdesarrollados», ninguna de estas dos condiciones. Por eso, todos los llamamientos a la autodeterminación o la independencia nacional solo sirven para dividir al proletariado y enfrentarlo entre sí, a veces incluso en una guerra, bajo las banderas de «su» burguesía. ¿Un ejemplo? Venezuela.

 

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