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Title: Congreso de Lausana de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Crónica de las sesiones (1867)
Description: Las sesiones del II Congreso de la Internacional, reconstruidas con la crónica de Johann Philipp Becker en Der Vorbote: la lista de los delegados, la actitud ante el Congreso de la Paz, los debates sobre el «quinto estado», el crédito, la enseñanza, el Estado y las libertades políticas, y los asuntos anuales.
Author: II Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores
Date: 1867-09
URL: https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Actas%20del%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29
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*Esta es la crónica de J. Ph. Becker en «Der Vorbote». Las actas oficiales del congreso están en [Actas oficiales del Congreso de Lausana](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Actas%20oficiales%20del%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29).*

*Congreso celebrado en Lausana, en el Casino, del 2 al 8 de septiembre de 1867. Las actas oficiales (*Procès-verbaux du Congrès de l'Association internationale des travailleurs réuni à Lausanne du 2 au 8 septembre 1867*, La Chaux-de-Fonds, 1867) no están disponibles en una edición libre que podamos consultar; estas actas se montan con la crónica de las sesiones de Johann Philipp Becker, vicepresidente del congreso, en *Der Vorbote* (Ginebra): año II, n.º 9 (septiembre de 1867), pp. 137-143, con la lista de los delegados; n.º 10 (octubre), pp. 153-155; n.º 11 (noviembre), pp. 169-172, y n.º 12 (diciembre), pp. 182-189 ([archive.org](https://archive.org/details/bub_gb__H4ZAAAAMAAJ)); y año III, n.º 1 (enero de 1868), pp. 7-11; n.º 2 (febrero), pp. 17-23; n.º 3 (marzo), pp. 38-43; n.º 4 (abril), pp. 53-61, y n.º 5 (mayo), pp. 73-76 ([archive.org](https://archive.org/details/bub_gb_A8tMAAAAYAAJ)). La crónica, en alemán, resume casi siempre en estilo indirecto lo que se dijo en francés, y en sus primeras entregas no sigue el orden de las sesiones: lo conservamos. Las resoluciones aprobadas no se repiten aquí: están en la página del congreso, [1867 Congreso de Lausana (I Internacional)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29), y una línea en cursiva remite a cada una donde la crónica la reproduce. Los títulos de los apartados son nuestros. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/congresos/originales/1867%20Bericht%20%C3%BCber%20den%20Kongre%C3%9F%20der%20Internationalen%20Arbeiterassociation%20in%20Lausanne%20%28I.%20Internationale%29).*

## Antes de la apertura

Entretanto, queremos informar algo sobre el Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores en Lausana. El domingo 1 de septiembre por la noche habían llegado cuarenta y seis delegados, diez el lunes por la mañana y ocho en el curso de la semana, sesenta y cuatro en total, a todos los cuales una comisión del comité organizador recibió fraternalmente y alojó en parte en casas particulares y en parte en fondas. Con una alegre velada en el jardín del Casino quedaron inauguradas las jornadas obreras que iban a venir.

Delegados presentes en el Congreso Obrero Internacional de Lausana (2-8 de septiembre):

Dupont, Eugène, obrero de instrumentos musicales, delegado de la sección francesa de Londres;[^a1] Lessner, Friedrich, sastre, de Sajonia, delegado de la Asociación de Formación Obrera de Londres;[^a2] Kugelmann, doctor en medicina, Hannover;[^a3] Büchner, Ludwig, doctor en medicina, Darmstadt;[^a4] Bürkli, Karl, curtidor, Zúrich;[^a5] Lüwenthal, sastre, Lausana; Schleifer, sastre, delegado de la Asociación de Formación Obrera de Lausana; Neubrand, delegado de la sección alemana de La Chaux-de-Fonds; Förderer, cuchillero, Yverdon; Gries, sastre, delegado de la Asociación de Formación Obrera de Vevey; Kircher, tabernero, delegado del Grütliverein[^a6] y de la sociedad de ebanistas de Lausana; Hafner, periodista, Murten; Frei, tejedor de cintas, Basilea; Krebser, August, sastre, Zúrich; Müller, Ludwig, delegado de la sección alemana de Ginebra; Becker, J. Ph., delegado del Comité Central del Grupo de secciones de lengua alemana, Ginebra;[^a7] Eccarius, sastre, de Sajonia, Londres;[^a8] Carter, James, perfumista, Londres; Walton, Alfred, arquitecto, presidente de la Liga de la Reforma Nacional,[^a9] Brecon (Gales del Sur); Swann, Daniel, cintero, Coventry; Treboux, Samuel, yesero, delegado de la sociedad de obreros de la construcción, Ginebra; Quinet, Ferdinand, cantero, Ginebra; Monchal, grabador, Ginebra; Perron, Charles, pintor de esmaltes, Ginebra; Marli, Johann, delegado de los estampadores de indianas, París; Garbe, delegado de los hojalateros, París; Pioley, delegado de los mecánicos, París; Raymund, delegado de los litógrafos, París; Longuet, Charles, periodista, delegado de las secciones de Caen (Normandía) y Condé-sur-Noireau;[^a10] Guillaume, James, profesor, delegado de la sección de Le Locle;[^a11] Cuendet-Kunz, fabricante de cajas de música, Sainte-Croix; Roth, mecánico, Biel; Blanc, profesor, delegado de la sección de Carouge; De Paepe, César, tipógrafo, delegado de las secciones belgas, Bruselas;[^a12] Gret, Isaac, delegado de la sociedad de curtidores, Lausana; Favrat, Philippe, agente de negocios, delegado de la sección de Lausana; Aviolat, Marc, tipógrafo, delegado de la sección de Lausana; Rubaud, Louis, estampador de indianas, Neuville-sur-Saône; Vezinand, zapatero, delegado de la sección de Burdeos; Kastner, delegado de la Unión Tipográfica de Lausana; Vanza, escribiente, Saint-Imier; Dupleix, encuadernador, Ginebra; Chemalé, dibujante, París; Murat, mecánico, París; Ailloud, sastre, sección de Vienne (Isère); Chassin, comerciante de vinos, sección de Villefranche (Ródano); Schettel, mecánico, sección de Lyon; Tanari, Sebastiano, delegado de las sociedades obreras de Bolonia y Bazzano; Vasseur, hojalatero, delegado de Marsella y Fuveau; Klein, Carl, cuchillero, delegado de Colonia y Solingen; Coullery, Pierre, doctor, delegado de la sección francesa de La Chaux-de-Fonds;[^a13] Tolain, delegado de Puteaux y Suresnes, París;[^a14] Aubry, litógrafo, Ruan; Kunkel, sastre, Neuchâtel; De Beaumont, delegado del Crédito Mutuo de los broncistas, París; Stampa, Gaspare, delegado del Comité Central de las asociaciones obreras italianas, Milán; Raoux, profesor, delegado de la sociedad fonográfica, Lausana; Palix, Louis, sastre, Lyon; Lombard-Martin, delegado del Grütliverein de Delémont (Berna); Lange, delegado de Duisburgo; Specht, talabartero, Yverdon; Rumpf, mecánico, delegado de Wiesbaden y Maguncia; Ladendorf, August, profesor, delegado de la sección de Magdeburgo, Berlín; Allemann, tipógrafo, delegado de la Asociación Obrera de Berna.[^a15]

El elemento alemán estaba, pues, representado por 25 miembros.

## Primera sesión, lunes 2 de septiembre, por la mañana

El 2 de septiembre, a las 9 de la mañana, comenzó la primera sesión. Se renunció a toda solemnidad de apertura y se pasó en seguida al trabajo. Para la constitución de la mesa, después de que Bürkli y Becker, que habían sido propuestos, declinaran resueltamente, se eligió presidente a Eugène Dupont, vicepresidentes a Eccarius y Becker, y secretarios a Büchner y Bürkli para el alemán y a Guillaume y Vasseur para el francés. Solo se habló en alemán, francés e inglés. De la traducción se encargaron alternativamente los secretarios y los vicepresidentes, y en ella los ayudaron además Hafner, Coullery y Müller.

A las cuestiones del congreso ya publicadas en el *Vorbote* se habían añadido las tres siguientes:

1) ¿No surgirá de la emancipación del «cuarto estado», que ha de efectuarse por medio de las cooperativas, un *quinto estado* mucho más menesteroso aún? Y si así fuera, ¿cómo se puede conjurar el peligro?

2) ¿Qué posición ha de adoptar la Asociación Internacional de los Trabajadores ante la Liga Internacional de la Paz, especialmente en su congreso de Ginebra?

Estas, planteadas por el Comité Central del Grupo de secciones de lengua alemana, y

3) ¿Cuál es la causa del paro? ¿Y cuáles son los medios de remediarlo?

Esta, llevada al programa por la sección romanda de Ginebra.[^a16]

Se renunció al paseo que el programa del comité organizador de Lausana había previsto para ocupar la tarde, mientras una comisión redactaba el orden del día y el reglamento, y para ver las curiosidades de la ciudad y las bellezas de los alrededores, y se fijó la segunda sesión para las 2 de la tarde.

## Segunda sesión, lunes 2 de septiembre, por la tarde

Chemalé planteó la cuestión de los gastos del congreso y de la entrada libre del público en la sala. Tras una viva discusión se decidió que los delegados se harían cargo del alquiler de la sala, 150 francos, que el público tendría entrada libre y que solo quedarían reservados los asientos para los miembros de la Asociación Internacional de los Trabajadores. En cuanto al reglamento, la mesa propuso que a los oradores solo se les concedieran 10 minutos para hablar y una sola vez la palabra en la misma cuestión, con excepción de los ponentes y de los casos en que la propia asamblea decidiera otra cosa. Se aprobó. Se decidió además que en cada sesión todos los delegados tendrían que inscribirse en una lista y, al pedir la palabra, decir su nombre. Asimismo, que todas las propuestas habrían de presentarse por escrito y firmadas. Se eligió todavía una comisión de siete miembros (Dupleix, Chemalé, Perron, Schettel, Guillaume, Coullery, Becker) para ordenar convenientemente las cuestiones del congreso y proponer el orden del día de todas las sesiones. Las propuestas de esta comisión se aprobaron en la sesión de la tarde; en cambio, la propuesta de la sección romanda de Ginebra de que se tratara en primer lugar la cuestión presentada por ella, «la necesidad de la participación de la clase obrera en la política», fue rechazada, tras larga discusión, por 28 votos contra 17.

Las cuestiones, tal como entraron en el orden del día según la propuesta de la comisión de los siete, las daremos más abajo en el orden en que se discutieron.

## Tercera sesión, martes 3 de septiembre, por la mañana

En la sesión del martes por la mañana, Chemalé propuso nombrar tantas comisiones, para informar y formular propuestas de resolución, como asuntos hubiera que debatir. Hubo fuerte oposición, sobre todo por parte de la representación alemana, ya que, si toda la asamblea se dividía en 8 comisiones, difícilmente se encontrarían para cada comisión fuerzas suficientemente capaces para elaborar como es debido la cuestión que se le encomendara, sobre todo en lo tocante a las traducciones inmediatas y necesarias a las distintas lenguas. Sin embargo, tras un debate largo y en parte acalorado, la propuesta de Chemalé se aprobó por escasa mayoría. Las comisiones se pusieron en seguida a trabajar y se agruparon en parte en la sala, en parte en la antesala y en el jardín. Antes se había decidido aún que las cuestiones se discutirían por el orden en que estuvieran listos los informes de las comisiones.

## Cuarta sesión, martes 3 de septiembre, por la tarde

En la sesión del martes por la tarde se pasó al orden del día sobre las peticiones de los ciudadanos Chassin y Favrat de ser relevados de la sexta comisión. Se leyó un escrito de la sección de Moutier-Grand-Val que pedía comunicaciones diarias de los debates y la fotografía de todos los miembros del congreso. Se dio cuenta además de un escrito de la asamblea general de los sastres de Berlín, en el que se expresaban al congreso las simpatías más fraternales y las más calurosas felicitaciones, y de otro semejante de una sociedad obrera de Dresde, que anunciaba también la fundación de una sección.

Para comunicar ya en este número de nuestra revista una decisión del congreso, sobre todo porque se refiere al Congreso de la Paz, interrumpiremos el orden cronológico de los debates y lo retomaremos en el número de octubre.

## La cuestión del Congreso de la Paz

Como la octava comisión (Dupont, Hafner, Klein, Bürkli, Rubaud) había terminado su informe sobre la cuestión «¿Qué posición ha de adoptar la Asociación Internacional de los Trabajadores ante la Liga de la Paz, especialmente en su congreso de Ginebra?», fue también el primero que se debatió, en la sesión del miércoles por la mañana.[^a17] Esta comisión tenía ante sí una resolución del Comité Central del grupo de lengua alemana y de la asamblea general de la sección alemana de Ginebra del 25 de agosto, que decía así:

Considerando:

Que la existencia de la Asociación Internacional de los Trabajadores significa la fraternización efectiva de los pueblos, una alianza de paz;

Que solo con los frutos del trabajo intelectual y material puede fundarse el bienestar de la sociedad humana;

Que la creación, el perfeccionamiento y el aumento de los bienes morales y materiales solo pueden llevarse a cabo en la paz;

Que, por el contrario, la guerra no solo entorpece y reduce la producción, sino que destruye productos, fuerzas productivas y medios de producción;

Que ya la paz armada paraliza una gran parte de las fuerzas productivas y obliga al trabajo a muchas prestaciones estériles, le impone incluso la fabricación de instrumentos de destrucción, mantiene constantemente la perspectiva de la guerra y con ello intimida y debilita la producción;

Que, sin embargo, ni puede eliminarse la paz armada ni impedirse el estallido de la guerra mientras la libertad no esté conquistada y asegurada en todas partes, mientras toda soberanía no esté depositada en el seno de los pueblos y el sistema de los ejércitos permanentes no haya sido sustituido por el de las milicias populares;

Que, no obstante, los pueblos solo pueden conquistar y asegurar la libertad y la soberanía mediante la prestación recíproca de servicios (mutualidad) y la obligación común (solidaridad);

Que, a su vez, la reciprocidad y la obligación común solo pueden cobrar vida y obrar fecundamente si tienen por fin último la identificación (el hacer coincidir) de los intereses privados y los comunes, es decir, la justicia efectiva para todos los hombres;

Que este fin último solo puede alcanzarse mediante la estrecha unión de todos los medios dispersos, mediante la sólida organización de todas las fuerzas aisladas, es decir, mediante la asociación internacional;

Que los viejos partidos del progreso, demasiado presos de prejuicios políticos y religiosos, nacionales y sociales, y ya incapaces, por los intereses particulares de sus correligionarios, de toda acción decisiva, del cumplimiento de una misión histórica y cultural, están en decadencia;

Que solo el proletariado que trabaja con la cabeza y con las manos, cuyos intereses están en consonancia con toda la tarea de la historia de la cultura, puede, unido a todos los grandes corazones, mantener en alto la bandera de la humanidad y de lo humano y, como partido de la regeneración de la historia universal, abrirle un nuevo camino;

El Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores decide:

1) Apoyar con toda energía al congreso de Ginebra en sus esfuerzos por mantener la paz, suprimir los ejércitos permanentes estableciendo milicias populares y unir los recursos y las energías, sin perder de vista, sin embargo, en modo alguno el fin perseguido hasta ahora: la emancipación de la clase obrera de la dominación del capital, es decir, la transformación de las condiciones sociales y políticas, y el establecimiento de una federación europea de Estados libres.

2) Nombrar una delegación de cuatro miembros que dé a conocer esta decisión, en alemán, francés, inglés e italiano, al Congreso Internacional de la Paz de Ginebra, procure fundamentarla en todas sus partes y conseguir que se aprueben todas las propuestas conformes con ella.

Ginebra, 20 de agosto de 1867.

(Esta propuesta fue aprobada por unanimidad por la sección de Ginebra en su asamblea general del 25 de agosto.)

El sentido de esta resolución fue presentado luego por la comisión correspondiente en la redacción abreviada y suavizada que sigue; fue aprobado, junto con una enmienda de Tolain, entre grandes aplausos, firmado por la mesa y leído en el Congreso de la Paz por el doctor Büchner en alemán y por el profesor Guillaume en francés. Este documento dice:

*Sigue en el informe la versión alemana de la resolución sobre el Congreso de la Paz, con la enmienda de Tolain; para el texto francés, véase [Resolución sobre el Congreso de la Paz](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#resolucion-sobre-el-congreso-de-la-paz).*[^a18]

Considerando que el peso de la guerra no recae con más dureza sobre ningún estamento de la sociedad que sobre la clase obrera, a la que no solo priva de sus medios de subsistencia, sino que la obliga además a derramar, más que a ninguna otra, su propia sangre;

Considerando que, casi tan duramente como la guerra, pesa sobre el obrero la carga de la llamada paz armada, que consume las mejores fuerzas del pueblo en un trabajo improductivo y destructor;

Considerando, por último, que, para remediar de raíz este mal, es condición necesaria cambiar el estado social presente, basado en la explotación de una parte de la sociedad por otra,

Declara:

Su plena y decidida adhesión a la Liga de la Paz constituida en Ginebra el 7 de septiembre y a sus esfuerzos en interés de la paz y por su mantenimiento, y pide no solo el fin de la guerra, sino también la abolición de los ejércitos permanentes y, en su lugar, una federación general y libre de los pueblos sobre las bases de la reciprocidad y la justicia, pero a condición de que se consiga la emancipación de la clase obrera de su situación de servidumbre y opresión y de su postergación social, y se ponga fin a la lucha de clases recíproca mediante la nivelación de los antagonismos existentes.

(Enmienda.) «Considerando que la guerra es la causa principal del empobrecimiento y de la falta de equilibrio económico; que, para suprimir la guerra, no basta con licenciar los ejércitos, sino que hay que emprender la organización social en el sentido de un reparto equitativo de la producción.

»El Congreso Obrero subordina su adhesión a que el Congreso de la Paz acepte la declaración que antecede».

## Escritos dirigidos al congreso

A los mensajes de adhesión y felicitación de Berlín y Dresde mencionados ya en el número anterior hay que añadir los siguientes, que llegaron al presidente del Grupo de secciones de lengua alemana para que los comunicara a la asamblea del congreso: de las secciones de Colonia y Solingen y de la sociedad de sastres de Colonia; de una asociación obrera danesa de Copenhague, que añadió al pago de suscripciones del *Vorbote* 1 tálero como contribución a los gastos del congreso; de Marting, abogado en Kaukehmen, un despacho telegráfico fechado en Tilsit; de la sección de Magdeburgo; del presidente de la Asociación Obrera de Berlín, Robert Krebs; de la Asociación Obrera Suiza de Schwanden (cantón de Glaris); de Heinrich Wuttke, profesor de la Universidad de Leipzig; de la sección de Ginebra, un despacho telegráfico; de Liebknecht, de Leipzig,[^a19] en su nombre y por encargo de las asociaciones populares de Zwickau, Meerane, Werdau, Crimmitschau y Leipzig; de C. M. Gast, de Zúrich, que regaló 200 ejemplares de su obra *El triunfo natural, que ha de conquistarse «sin sangre y hierro», del principio moral del progreso sobre el principio inmoral del retroceso* (dos tomos), depositados en Leipzig, para que se repartan convenientemente entre las asociaciones obreras, lo que se acogió con el más caluroso agradecimiento. Estos son solo los escritos que llegaron de parte alemana, y no hubo sesión en que no se leyeran uno o varios. Se comprende por sí solo que esto era un poderoso estímulo intelectual y que fortalecía en cada uno la consciencia de que en todos los rincones de Europa hay hermanos y aliados dispuestos a proseguir y llevar a término la obra. Solo lamentamos no poder publicarlos íntegros por falta de espacio. Pero en los próximos números daremos a nuestros lectores lo esencial y, en particular, la carta del ciudadano Wuttke, que habla de la situación actual de Alemania. Mucho después del congreso, el 18 de septiembre (con fecha del 15), nos llegó un mensaje cordial y afable de Lippenhuizen (provincia de Frisia), en holandés, de un grupo obrero de allí, al que venía unido el ya mencionado dirigido al Congreso de la Paz, firmado por Ul. D. Dilnaar y B. L. van Leer. Mucho nos alegró el escrito de una liga socialrepublicana de Barcelona, que, fechado el 3 de septiembre, nos llegó por desgracia, a causa de la cuarentena del cólera, solo el 20 de septiembre, por una ocasión a través de Malta, Liorna y Génova, y que termina con estas palabras:

«¡Sí! Pensad que también más allá de los Pirineos tenéis hermanos que han puesto sus manos en la misma obra. Pero tenemos todavía un gran trabajo previo que hacer: derribar los altares de la mentira y el trono lleno de fraude, expulsar a los tiranos espirituales y temporales. No para obras de un emperador Carlos V y de sus sucesores, sino para creaciones de la paz y de la humanidad, nos reuniremos con vosotros, y esperamos que en un tiempo no muy lejano, y os estrecharemos la mano fraterna». ¡Bravo, españoles! ¡Aquí tenéis nuestra mano!

## Los informes sobre las secciones (martes por la tarde y miércoles 4 de septiembre por la mañana)

Retomamos ahora el hilo de nuestro informe donde lo dejamos, en la sesión del martes por la tarde. El resto del día y toda la sesión del miércoles por la mañana (4 de septiembre) se llenaron con los informes sobre el estado y la actividad de las secciones y de las sociedades cooperantes. Primero le tocó el turno al informe del Consejo General, que presentó Eccarius y que se leyó solo en alemán y en francés, porque los ingleses ya conocían su contenido, y al que completó el informe de Becker sobre el Grupo de secciones de lengua alemana. Hubo que escuchar luego casi tantos informes como delegados había, que a menudo entraban mucho en detalles y contenían más de una cosa interesante, sobre todo cuando se trataba de establecimientos de consumo y de producción ya creados o por crear. Pero habría que escribir un libro para reproducir siquiera a medias las comunicaciones recibidas. Nos reservamos, pues, ordenar el material y resumir brevemente más adelante, en un informe especial, lo que más valga la pena conocer. Aquí solo queremos señalar que Coullery trajo de la cooperativa de relojeros de la sección romanda de La Chaux-de-Fonds 12 relojes de plata de cilindro con 8 rubíes, a 25 francos la pieza, que se vendieron en seguida entre los miembros del congreso. Una comparación diaria demostró que andaban bien y concordaban al minuto, que están hechos con esmero y bien regulados. (Dirección: Dr. Coullery, La Chaux-de-Fonds.) De la cooperativa de obreros del acero de Solingen (la tercera, después de la de canteros y la de cepilleros de Zúrich y de Ginebra, que se ha fundado sobre los estatutos que nosotros redactamos y publicamos en el *Vorbote*, en los que predomina el principio de la comunidad) llegaron por desgracia demasiado tarde las muestras, por negligencia de una de las administraciones de ferrocarriles. Son cubiertos de mesa, tijeras y cuchillos de toda clase, hasta los instrumentos quirúrgicos más sencillos, además de picaportes, ruedecillas para sofás, camas, mesas, etc., y diversas herramientas de oficio; todos ellos objetos dignos de ocupar un lugar en una exposición universal. (Dirección: Carl Klein, «zu den drei Eidgenossen», Solingen, Prusia renana.) Así se une poco a poco a los congresos de la Asociación Internacional de los Trabajadores una exposición de sus productos, se instituye una especie de feria, se pone de acuerdo el idealismo con el realismo y se trabaja a la vez por el desarrollo intelectual y por el bienestar material.

## Sexta sesión, miércoles 4 de septiembre, por la tarde

En la sesión del miércoles por la tarde, los delegados italianos Stampa y Tanari propusieron que la asamblea nombrara una diputación que saliera al encuentro del general Garibaldi, que viajaba a Ginebra, hasta Villeneuve, para saludarlo en nombre del congreso obrero e invitarlo a visitarlo.[^a20] Pero sin larga discusión fue opinión general que al muy honrado general no le era desconocida, sin duda, la celebración de nuestro congreso, y que, si no le faltaban tiempo y ganas de visitarlo, podía estar seguro de la más fraternal bienvenida; que, con todo el reconocimiento de sus grandes méritos para con su pueblo y con la humanidad, había que guardarse mucho de dar cabida a una fe en la autoridad que se degrada a sí misma, que acaba siempre en idolatría, extravía a las masas populares y envenena el noble fondo de los hombres celebrados. Así, la propuesta fue rechazada por todos los votos contra dos, y a los ciudadanos Stampa y Tanari, que estaban decididos a ir de todos modos a Villeneuve, se les encargó saludar cordialmente al gran ciudadano en nombre del congreso.

Comenzaron entonces los debates sobre las cuestiones propiamente dichas del congreso, de los que informaremos más detenidamente en los números siguientes.

## Al margen de las sesiones

Tampoco aquí les faltó a los franceses una exuberante locuacidad, que hay que buscar sin duda, además de en el carácter nacional galofranco, en la situación oprimida de su país. Pero se la pudo contener tanto más fácilmente dentro de ciertos límites en el curso de los debates cuanto que encontró un adecuado canal de desagüe en las veladas que se organizaban casi todas las noches en el jardín del Casino. Allí, en el recinto lleno de familias obreras, entre las actuaciones de canto de la Asociación Alemana de Formación Obrera y del Grütliverein y los números de una orquesta muy buena, había ocasión de sobra para explayarse en discursos libres y familiarizar a la masa de la población de Lausana con el gran movimiento social. Todos los oradores, y entre ellos los alemanes, fueron escuchados con gran aplauso. Pero como, según ya dijimos, cada miembro del congreso formaba parte al menos de una comisión encargada de informar y de proponer resoluciones sobre los asuntos que se debatían, y cada informe y cada propuesta tenían que presentarse en alemán, en francés y en inglés, la mayoría, sobre todo los alemanes por sus conocimientos de lenguas, estaba atada casi todas las noches a las sesiones de las comisiones y a los trabajos de traducción. Hay que destacar aquí que en esta colaboración más estrecha de hombres de distintas lenguas y concepciones se abrieron paso, sin que nadie se lo propusiera, el limado de las peculiaridades nacionales, el acuerdo interior y la fraternización efectiva. Cierto que la condición de vida de los obreros, que tan a menudo andan por todo el mundo y que en su jornada de trabajo están entre compañeros de todas las naciones, es más apropiada que la de cualquier otro estamento para acelerar el acercamiento internacional y llevar a cabo, aunque sea en un futuro más lejano, la fundación de una libre ciudadanía del mundo.

También los miembros del congreso de las sociedades de obreros sastres surgidas este verano celebraron algunas noches sesiones particulares para ponerse de acuerdo sobre una constitución central adecuada. Había dos proyectos, uno de la sección de Lausana y otro de la sección de Zúrich. El ciudadano Schleifer presidió con tacto y prudencia. El proyecto de Zúrich, cuyo ponente era el ciudadano Krebser, se aprobó en todos sus artículos, casi por unanimidad, con modificaciones de poca monta; Zúrich fue elegida sede central y se decidió fundar un pequeño órgano central mensual bajo la dirección de Krebser. (Los oficiales zapateros de Suiza van por buen camino para fundar una asociación de oficio semejante que se adhiera a nuestra Asociación, y en Ginebra se está formando precisamente una nueva sección.) El jueves por la noche, el doctor Ludwig Büchner dio en la sala del congreso una conferencia de ciencia social, sobre la que volveremos especialmente más adelante.

## Los asuntos anuales (viernes 6 de septiembre, por la tarde)

Volviendo a los debates del congreso, queremos informar primero sobre aquellos que condujeron a decisiones de valor práctico para nuestra asociación y que hay que comunicar a cada miembro para que las observe. En la sesión del viernes por la tarde (6 de septiembre) se entregó a la mesa la siguiente propuesta, firmada por 11 delegados alemanes: «Que el congreso, antes de tratar todas las demás cuestiones, despache los asuntos anuales que no admiten aplazamiento:

1) Examinar el informe sobre las cuentas y el estado de la caja central;

2) Proceder a la elección del Consejo General, y

3) Fijar la fecha y el lugar del próximo congreso.

**Becker** justificó esta propuesta diciendo que, una vez despachados estos asuntos administrativos, se podría uno dedicar con tanta más calma a la discusión de las cuestiones teóricas, pues, aunque una u otra de ellas no llegara a concluirse esta vez, podría aplazarse fácilmente al próximo congreso. La propuesta se aprobó sin discusión. Se aprobó el informe de la caja central, que leyó Eccarius. Con este motivo se decidió que para el año en curso se cobrara a cada miembro de una sección y de las sociedades cooperantes una cuota anual de 10 céntimos, y en Alemania de 3 1/2 kreuzer o 1 silbergroschen, que los comités centrales de cada país recaudarán por trimestres, para la caja del Consejo General. Además (propuesta de Coullery), que se encargara al Consejo General enviar cada 3 meses a los comités centrales de los distintos grupos de secciones un boletín sobre la marcha de toda la Asociación, para publicarlo en los órganos centrales nacionales.[^a21]

La elección del Consejo General, con la sede en Londres recién confirmada, se dejó por unanimidad a las secciones inglesas, que conocían mejor a las personas adecuadas.[^a22]

Como lugar del próximo congreso, De Paepe propuso Bruselas y Becker, Zúrich. De Paepe trató de hacer valer, además de la buena disposición con que la sección de Bruselas se hacía cargo de la celebración del congreso, la masiva población obrera de Bélgica, del nordeste de Francia y del noroeste de Alemania, con sus cómodas comunicaciones ferroviarias. Becker subrayó en cambio la necesidad de que el tercer congreso se celebrara por fin alguna vez en una ciudad donde, en lugar de la francesa, fuera la lengua alemana la que predominara en los debates y que, por su situación, fuera más adecuada para atraer al mundo obrero alemán al círculo del movimiento. Pero los ingleses declararon, por boca de Eccarius, que los lugares de congreso en Suiza les quedaban demasiado lejos para participar en mayor número, pero que a Bruselas acudirían en gran número. Esto fue decisivo, porque verdaderamente hay mucho que aprender de los obreros de un país donde las condiciones industriales y económicas modernas están más desarrolladas. Por gran mayoría se fijó Bruselas como sede del próximo congreso y el primer lunes de septiembre de 1868 como día de apertura.

En los números siguientes entraremos con más detalle en los debates de las cuestiones del congreso; por esta vez terminamos con la carta prometida de nuestro valiente veterano Wuttke:

## Carta de Heinrich Wuttke

Al Comité Central de la Asociación Internacional de los Trabajadores.[^a23]

¡Conciudadanos!

Por mucho que deseara asistir a las deliberaciones de este año, y por extraordinariamente reconfortante que sería para mí, que veo ahora a mi alrededor a los hombres doblegarse como pajas ante el éxito, el trato con hombres de carácter firme que se mantienen fieles a sus principios y trabajan sin vacilar ni flaquear por el objetivo claramente reconocido, las circunstancias no me permiten ahora, con gran pesar mío, el viaje a Suiza.

Solo puedo acompañar desde lejos con los más vivos deseos los debates que van a celebrarse y gritarles de todo corazón: ¡No se cansen de construir la obra de la humanidad!

Tiempos difíciles han llegado a la Alemania central, y vendrán otros más difíciles todavía.

Convencido como estoy de que Lassalle iba en lo esencial por el buen camino,[^a24] tanto más deploro la ofuscación de quienes, llamándose sus partidarios, favorecen con sus manejos desacertados lo que frena el progreso.

La primera victoria de la política de Bismarck ha hecho retroceder el desarrollo mucho y por largo tiempo;[^a25] no se aviene con la independencia de los hombres, destruirá todo poder que surja del pueblo.

Tanto más importante es que en los círculos que están a salvo de las medidas de represión se haga valer una y otra vez, con la mayor insistencia, la concepción que lleva hacia adelante, y que en ellos progrese el movimiento organizador. En la Alemania del Norte y en la central, mientras subsista la situación política establecida últimamente, la lucha contra la supremacía del capital no tendrá la menor perspectiva.

Estoy impaciente por saber cómo responderán los hombres eminentes y experimentados que se reunirán en Lausana a las dos cuestiones, tan importantes como difíciles, que tiene ante sí el congreso.

¡Con saludo fraternal y un apretón de manos!

Dr. Heinrich Wuttke.

Reudnitz, junto a Leipzig, 23 de agosto de 1867.

## Sexta sesión, miércoles 4 de septiembre, por la tarde (continuación): los informes de las comisiones

En la sesión del miércoles por la tarde (a las 2 1/4) se leyó una carta del ciudadano Hugentobler, de Cortaillod, cerca de Neuchâtel, que venía acompañada de 20 ejemplares de una obra *Sobre el aumento del pauperismo*, y se le dieron las más expresivas gracias por ella y por el amable obsequio.

### Primera cuestión

Pasó entonces al orden del día el informe de la comisión encargada del estudio de la primera cuestión. La comisión estaba compuesta por los ciudadanos Eccarius, de Londres, Tolain, de París, y Becker, de Ginebra.

La cuestión dice: ¿Cuáles son los medios prácticos para que la Asociación Internacional procure a la clase obrera un centro común en su lucha contra el capital?

Tras leerlo Tolain (París), y como aún no iba acompañado de conclusiones en forma de resolución, se aplazó su discusión al día siguiente.

### Sexta cuestión

Como los informes de las comisiones sobre la segunda, la tercera, la cuarta y la quinta cuestión no estaban terminados aún, pasó al orden del día el informe de la comisión sobre la sexta cuestión. La comisión estaba formada por los ciudadanos Krebser, de Zúrich, Chassin, de Villefranche, Vasseur, de Marsella, Neubrand, de La Chaux-de-Fonds, Favrat, de Lausana, y Lüwenthal, de Riga.

La cuestión dice: Función y papel del Estado. Servicios públicos, transportes y circulación. Intereses colectivos e individuales. El Estado considerado como juez y garante de los contratos. El derecho de castigar.

El informe, leído por Vasseur, fue igualmente devuelto por la asamblea a la comisión con la recomendación de formular conclusiones más apropiadas para la discusión y la votación.

### Séptima cuestión

Llegó luego el turno al informe de la comisión de la séptima cuestión.

Eran miembros de la comisión los ciudadanos Perron, de Ginebra, Pioley, de París, Raymund, de París, Vezinand, de Burdeos, y Treboux, de Ginebra.

La cuestión dice: ¿No es la privación de la libertad política un obstáculo para la emancipación económica de la clase obrera y una de las causas principales de los males sociales? ¿Cuáles son los medios de acelerar el establecimiento de la libertad política? ¿No sería la reivindicación, por todos los obreros, del derecho ilimitado de asociación y de la libertad ilimitada de prensa?

El informe, redactado de forma breve y concisa y presentado por Perron, contiene para la primera parte de la cuestión la siguiente propuesta de resolución:

*Sigue en el informe el texto de la declaración propuesta para las dos partes de la cuestión, que fue aprobada; véase [Declaración sobre la séptima cuestión (las libertades políticas)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#declaracion-sobre-la-septima-cuestion-las-libertades-politicas).*

Después de que Hafner (Murten) leyera también en alemán este informe y la propuesta de resolución, esta se aprobó sin discusión por todos los votos contra dos.

Esta decisión fue luego proclamada por Perron desde la tribuna del Congreso de la Paz, junto con otra idéntica adoptada en Ginebra por una asamblea obrera de más de 2000 hombres. Con ella, y sobre todo con el mensaje dirigido al Congreso de la Paz que publicamos ya antes (*Vorbote* n.º 9, 1867, página 142), queda señalada con nitidez y sin equívocos la posición de la Asociación Internacional de los Trabajadores ante la Liga Internacional de la Paz y de la Libertad, y a esta le corresponde, con una actuación hábil y enérgica, hacer fecunda para todo el mundo la alianza basada en la coincidencia de los intereses políticos.

### Quinta cuestión

Se pasó entonces a debatir el informe sobre la quinta cuestión.

Los miembros de la comisión correspondiente eran los ciudadanos Cuendet-Kunz, de Sainte-Croix, Guillaume, de Le Locle, Coullery, de La Chaux-de-Fonds, Blanc, de Carouge, y Vanza, de Saint-Imier.

La cuestión dice: Funciones sociales. Papel del hombre y de la mujer en la sociedad. Educación de los niños. Enseñanza perfeccionada y generalizada. Fonografía.

El informe, presentado por Guillaume, ponía curiosamente en primer lugar la fonografía (escritura fonética): ensalzó con ardor sus ventajas generales, sobre todo en lo tocante a la ortografía francesa, y la mayor accesibilidad de la escritura que con ella se conseguiría para la clase obrera, y propuso la siguiente resolución:

El Congreso, considerando que una simplificación de la escritura que haga más fácil y accesible a todos la lectura y la escritura es una cuestión de gran interés para la clase trabajadora, invita a todas las secciones de la Asociación Internacional de los Trabajadores a prestar su apoyo a todos los esfuerzos encaminados a ese fin.[^a26]

**Lessner** (Londres) pidió la palabra y protestó con vehemencia contra la discusión de este asunto, que correspondía a un congreso de filólogos y no a uno de obreros, que tenían cuestiones más candentes que resolver, y pidió que su protesta constara en acta.

La discusión se aplazó entonces a una de las sesiones siguientes, en espera de que la comisión presentara una propuesta de resolución más ajustada al asunto.

### Octava cuestión

Se pasó luego a la discusión de la octava cuestión, ya comunicada a nuestros lectores (*Vorbote* n.º 9, 1867, página 141), que habían llevado al orden del día el Comité Central del Grupo de secciones de lengua alemana y la sección alemana de Ginebra, y de la que salió el mensaje, también conocido, al Congreso de la Paz. Hafner (Murten) presentó el informe en alemán y en francés. Hubo un vivo debate, en el que tomaron parte Chemalé, De Paepe, Eccarius, Tolain, Murat, Perron, Coullery, Müller, Schleifer, Carter, Büchner, Dupleix, Lombard-Martin y Becker. Aunque al principio varios oradores se opusieron a toda decisión sobre este asunto, por considerar que debíamos seguir nuestro propio camino sin preocuparnos de los afanes de la burguesía, pues, si la democracia burguesa tomaba en serio su obra de paz, habría debido unirse a nosotros, que hacía mucho que la habíamos empezado por el único camino acertado, finalmente se llegó a un acuerdo sobre el mensaje propuesto con la enmienda de Tolain: el primero se aprobó por unanimidad y la segunda, por 32 votos contra 14.[^a27] Se levantó la sesión a las 6 1/2.

Antes de seguir informando sobre los debates de las cuestiones del congreso, tenemos que advertir que dejamos de lado por ahora diversos incidentes, provocados por falsas informaciones de los periódicos sobre el congreso, por discursos en las veladas del jardín del Casino, etc., y que solo hablaremos de ellos más adelante en la medida en que despierten un interés general.

## Séptima sesión, jueves 5 de septiembre

El jueves por la mañana no hubo sesión, a causa de los trabajos de las comisiones.

En la sesión de la tarde (a las 2), el presidente anunció que el ciudadano Acollas (París) había regalado al congreso un ejemplar de su obra *De la révision des Codes*[^a28] y el ciudadano Raoux 3 ejemplares de su obra *Orthographe rationnelle ou écriture phonétique*, y que los delegados podían conseguir esta última a mitad de precio en casa del editor, G. Bridel, de Lausana. Tocaba ahora escuchar el informe sobre la tercera cuestión y decidir sobre él.

### Tercera cuestión

La comisión estaba compuesta por los ciudadanos Büchner, de Darmstadt, De Paepe, de Bruselas, Murat, de París, Müller, de Ginebra, y Garbe, de París.

La cuestión, que también habían presentado el Comité Central del Grupo de secciones de lengua alemana y la sección alemana de Ginebra, dice:

¿No surgirá de la emancipación del «cuarto estado» (la clase obrera), que ha de efectuarse por medio de las cooperativas, un *quinto estado* mucho más menesteroso aún? Y si así fuera, ¿cómo se puede conjurar este peligro?

A esta cuestión se incorporaron además, para que los estudiara la misma comisión, los puntos siguientes:

La reciprocidad como base de las relaciones sociales. Valoración equitativa de las funciones. Solidaridad. Sociedades obreras.

El informe de la comisión, presentado por De Paepe, terminaba con la siguiente propuesta de resolución:

*Sigue en el informe la propuesta de resolución de la comisión en tres puntos; para el texto aprobado, véase [Resoluciones sobre la tercera cuestión (las asociaciones obreras y el «quinto estado»)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#resoluciones-sobre-la-tercera-cuestion-las-asociaciones-obreras-y-el-quinto-estado).*[^a29]

Estos 3 puntos dieron lugar a un debate largo y en parte acalorado. De Beaumont (París) temía que con el primero se sembrara el desaliento entre quienes están trabajando con ahínco en la obra. Las cooperativas, dijo, están progresando y van por el mejor camino para convencer de su valor a los menos convencidos; no hay que desalentarlas con cosas que nunca llegarán, ni quitarles la confianza con temores vanos.

**Murat** (París), en cambio, dijo: advertir a las cooperativas de un peligro no es desalentarlas, sino llevarlas a la reflexión y a una visión justa de la situación.

**Eccarius** (Londres) presentó una enmienda al artículo 1 de la resolución:

*Sigue en el informe el texto de la enmienda, que se aprobó como adición al primer punto; véase [Resoluciones sobre la tercera cuestión (las asociaciones obreras y el «quinto estado»)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#resoluciones-sobre-la-tercera-cuestion-las-asociaciones-obreras-y-el-quinto-estado).*

**Eccarius** justificó esta adición a la resolución señalando cómo en Inglaterra la gran industria empuja cada vez más a los fabricantes a la necesidad de conceder a sus obreros una participación en los beneficios, e incluso de permitirles llegar a ser copropietarios de los establecimientos. Si los obreros llegaran, pues, a ser propietarios de manera colectiva, tampoco habría peligro de que una parte de los obreros siguiera en la condición de proletariado y formara un «quinto estado»; ese peligro solo sería de temer si la propiedad, en lugar de hacerse colectiva, siguiera fragmentada.

**Becker** explicó primero cómo y por qué el Comité Central del Grupo de secciones de lengua alemana había llevado este asunto al orden del día, y precisamente conservando las denominaciones anticuadas de «cuarto y quinto estado», aunque se sabe que la sociedad moderna solo se divide en dos clases, la burguesía y el proletariado, los propietarios y los desheredados. La cuestión, en la forma dada, se había discutido en muchos lugares en secciones alemanas, y la había planteado ya seriamente el año pasado un miembro de nuestro congreso, el doctor L. Büchner, de Darmstadt, en una carta al Comité Central (*Vorbote* n.º 1, 1867, página 7). Además, algo hay de cierto en el asunto, pues allí donde las cooperativas obreras han alcanzado alguna importancia existe ya realmente un «quinto estado». Solo los obreros mejor situados, más inteligentes, más enérgicos y más competentes, y los que habían heredado algo o lo habían obtenido por casamiento, y aun esos solo los de la pequeña producción, los artesanos, podían participar en las cooperativas de oficio, mientras que la gran mayoría de ellos no solo seguía en la vieja situación de penuria, sino que se veía privada de la parte más capaz de su clase y la encontraba vuelta contra ella. Tales cooperativas no hacían más que sustituir la producción individual de los antiguos «maestros» y explotaban, como estos, a los demás obreros, para repartirse los mayores dividendos posibles. Es cierto que la industria moderna y el gran capital privado vienen en ayuda del movimiento social, pues en su camino de expropiación y desheredamiento acaban arrojando a todos los obreros a la penuria y los obligan a la vida y la resistencia en común. Pero no está dicho que en todas partes haya que dejarse empujar, como en Inglaterra, por el purgatorio del gran capital hasta el final, teniendo a la vista la experiencia de allí, para llegar a la comprensión, a la acción consciente y a la resistencia común. Sobre todo en el continente, una cohesión firme de la clase obrera, basada en el principio de la comunidad, es tanto más urgentemente necesaria cuanto que, con el despotismo militar que aquí existe, una transformación política y social no se producirá sin una catástrofe tremenda. Por eso en los estatutos centrales del Grupo de secciones de lengua alemana se ha cuidado de que todas las cooperativas de oficio que se funden en su seno solo puedan emplear trabajadores asalariados en casos excepcionales, y aun así bien pagados; de que cada asociado reciba del producto neto solo lo necesario para un sustento decoroso, y de que con el resto se cree un fondo común, como cemento de una sólida cohesión, para que la reciprocidad y la solidaridad, que hasta ahora solo se tienen en todas partes en la boca, puedan hacerse realidad. Apoyaba la enmienda de Eccarius porque designaba con más claridad la situación y señalaba cómo los hechos económicos pasan sin miramientos por encima de la sabiduría teórica de los economistas de la vieja escuela.

La adición de Eccarius se sometió entonces a votación y se aprobó por 21 votos contra 15. Asimismo la primera parte de la resolución, por 28 contra 4.

Se observó en esta votación que faltaban muchos delegados, lo que, al examinarlo de cerca, se justificaba por los trabajos de las comisiones.

Se pasó luego a la discusión de la segunda parte de la resolución. Ahora sí que se acaloró el debate, pero solo entre representantes de la lengua francesa, De Paepe, Chemalé, Coullery, Tolain y Murat, y finalmente el artículo, en la redacción presentada y a pesar de diversas propuestas de modificación, se aprobó por unanimidad.

Sobre el tercer punto de la resolución, que se trató a continuación, se pasó con más facilidad. Una enmienda que Coullery había propuesto al segundo punto, pero que luego retiró para emplearla en el tercero, dice así:

Para alcanzar el fin, no se ofrece a los obreros por el momento otro medio práctico que la fundación, el desarrollo y la posterior federación de cooperativas de oficio en sus distintas formas posibles, para llegar finalmente al intercambio de los productos a precio de coste, lo cual liberará el trabajo y los objetos de consumo de la especulación y de la usura y transformará algún día la sociedad entera en una sola clase, la clase de los productores-consumidores.

**Tolain** opinó que esta enmienda podía conciliarse muy fácilmente con el texto de la propuesta de la comisión, ya que ambos decían casi lo mismo. No bastaba con añadir al final de la resolución las palabras «y de la federación».[^a30]

**Coullery** mantuvo, sin embargo, su enmienda.

Pero el presidente sometió a votación la resolución con la enmienda de Tolain, y fue aprobada sin oposición, casi por unanimidad, con lo que quedó descartado el artículo adicional de Coullery.

**Coullery** dijo entonces que, según todas las reglas de las asambleas deliberantes y decisorias, su enmienda habría debido votarse antes que la propuesta principal.

Se levantó la sesión a las 6 1/2.

## Octava sesión, viernes 6 de septiembre, por la mañana

La sesión del viernes por la mañana (8 horas) la abrió el presidente con la lectura de una carta del ciudadano E. Lebloys, de Saint-Léonard (Alto Vienne). A la carta se adjuntaban 150 ejemplares de una propuesta titulada «La paz desarmada en los dos hemisferios», destinados al congreso, lo que se agradeció.[^b1]

El vicepresidente Becker leyó la carta ya mencionada de los obreros de Copenhague.

El doctor Lange, de Duisburgo (ahora en Winterthur), ocupó el puesto de secretario alemán por indisposición de Bürkli.

Estaba en el orden del día la presentación del informe de la comisión sobre la cuarta cuestión. La comisión la formaban los ciudadanos Dupleix, de Ginebra; Quinet, de Ginebra; Merly, de París; Schettel, de Lyon, y De Baumont, de París.

La cuestión dice: Causa del paro. — Trabajo y capital. — Las máquinas y su influencia. — Reducción de las horas de trabajo. — División del trabajo. — Transformación y supresión de las relaciones del salariado. — Empleo del producto[^b2]

El informe, presentado por Quinet en francés, lo repitieron Kästner en alemán y Eccarius en inglés.

**Murat** (París) observó que el informe no contenía conclusión alguna, y, en cuanto a las huelgas, no creía que llevaran a un reparto más favorable del producto del trabajo.

**Coullery** (La Chaux-de-Fonds) dijo: «Desde el punto de vista de la libertad personal, la huelga está plenamente justificada, siempre que no se me imponga con condiciones que me parezcan injustas; tengo, desde luego, derecho a cruzarme de brazos y no trabajar; en ese sentido, la huelga es justa y sagrada. Pero hay que hacer comprender a los obreros que la huelga no está en su verdadero interés y que ellos son los primeros en sufrir sus consecuencias. El dinero que se gasta en las huelgas estaría mejor empleado en cooperativas de producción».

**Tolain** (París) opinó que era ir demasiado lejos llamar a la huelga cosa sagrada y justa; era una guerra, necesaria a veces, pero no justa.

**Chemalé** (París)[^b3] habló en el mismo sentido. Añadió que, en el tiempo presente, las máquinas eran perjudiciales para la clase obrera, porque estaban en posesión de los capitalistas, cuando deberían ser propiedad del obrero.

**De Baumont** (París) defendió la huelga como cosa necesaria; era útil, entre otras cosas, porque llevaba a los obreros a unirse y a tomar consciencia de su fuerza. Dirigiéndose a Coullery, que había hecho alusiones a la huelga de los broncistas de París,[^b4] dijo que estos no habían elegido la huelga, sino que los patronos los habían obligado a ella.

**Dupleix** (Ginebra) se declaró a favor de la reducción de las horas de trabajo, ya que, con el sistema actual, el obrero encadenado demasiado tiempo a la máquina acaba por embrutecerse. La huelga era hasta ahora el único medio de resistencia, pero no se podía emplear si se la condenaba.

**Chemalé** propuso que, en cuanto a la cuarta cuestión, el congreso se contentara con la resolución del congreso del año anterior.

El presidente Dupont la leyó:

*Sigue en el informe el texto de la declaración del congreso del año anterior, que el de Lausana renovó; véase [Declaración sobre la cuarta cuestión (trabajo y capital)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#declaracion-sobre-la-cuarta-cuestion-trabajo-y-capital).*

**Perron** (Ginebra) había depositado en la mesa la siguiente propuesta:

«Como fórmula de resolución adecuada y aplicable a aquella parte de la cuestión que se refiere a la reducción de las horas de trabajo, propongo la redacción siguiente: “Acuerdo de todas las sociedades obreras para reclamar en todas partes y a la vez, en el curso del año 1868, la reducción de la jornada de trabajo en una hora”».

**Eccarius** opinó, sobre la propuesta de Perron, que en este punto había que seguir el mismo procedimiento que en la conquista de las libertades políticas, dejando que cada nación hiciera agitación por su cuenta.

**Perron** sostuvo, por el contrario, que para ello era indispensable un acuerdo internacional.

**Tolain** dijo que, si la Asociación Internacional de los Trabajadores quería actuar en este sentido con verdadero éxito, primero tenía que haber alcanzado una extensión mayor; combatió la opinión de Perron.

**Perron** declaró que reconocía que la Asociación Internacional no era todavía lo bastante fuerte para dar un paso tan decisivo, y retiró su propuesta.

Los delegados alemanes no habían tomado parte en esta discusión, por considerarla superflua, ya que la resolución del congreso del año anterior sobre este punto bastaba plenamente. Insistieron en que se dejara la cuarta cuestión y se votara mantener dicha resolución, lo que se aprobó por unanimidad.

A propuesta de Becker, se acordó por unanimidad que, después de discutir la primera cuestión, que pasaba entonces al orden del día, la asamblea procediera a la elección del Consejo General y del lugar del próximo congreso.

**Eccarius** presentó entonces el informe de la comisión sobre la primera cuestión (*Vorbote*, n.º 12, página 182, año 1867).[^b5]

La conclusión del informe tiende a modificar los artículos 3, 4 y 12 de los estatutos generales y a añadirles un artículo nuevo.

**Tolain**, miembro de la comisión, presentó un informe de la minoría (formada por él solo), en el que proponía otras modificaciones.

Tras una larga discusión, con muchas intervenciones, el congreso decide, a propuesta de Coullery, no introducir ninguna modificación en los estatutos generales ni en los reglamentos, para evitar gastos de impresión, sino aplicar, en forma de resolución, las siguientes disposiciones reglamentarias, tomadas en lo esencial de los estatutos centrales del Grupo de secciones de lengua alemana, que resumen las propuestas de la mayoría de la comisión:

*Sigue en el informe el texto de las cuatro disposiciones; véase [Resoluciones sobre la primera cuestión (la Asociación, centro común de acción)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#resoluciones-sobre-la-primera-cuestion-la-asociacion-centro-comun-de-accion).*

Al primer artículo de esta resolución añadió Murat, a modo de consejo sin carácter vinculante, la siguiente recomendación: «Toda sección que pueda formar un fondo de reserva sin tener en qué emplearlo de inmediato deberá dar cuenta de ello al Consejo General, para que este pueda comunicarlo a las secciones. Esto, sin causar grandes gastos, prestará un gran servicio a las secciones y, por reciprocidad, también a las que hayan sido las primeras en hacer tales anticipos».

Se levantó la sesión a las doce.

## Novena sesión, viernes 6 de septiembre, por la tarde

Al comienzo de la sesión del viernes por la tarde (2 horas), el vicepresidente Eccarius leyó el informe de cuentas del Consejo General.

**Longuet** (Caen) propuso aprobar las cuentas y dar descargo al Consejo General. Así se hizo, por unanimidad.

**Eccarius** dio las gracias al congreso en nombre del Consejo General y añadió que esa era la única compensación por las fatigas de la administración, pero que no por eso dejaba de tener valor, ya que, por desgracia, en los medios obreros todavía son a menudo los reproches y la ingratitud el pago de los servicios prestados a la comunidad.

Se trató entonces un asunto que nos obliga a recordar un incidente anterior y que forma parte de lo que caracteriza más de cerca el espíritu que reinaba en esta asamblea obrera:

En las pocas palabras que el presidente del comité organizador de Lausana pronunció en la apertura del congreso iba, al final, el ruego de que la «bendición de la Providencia» acompañara a los trabajos que iban a empezar, ruego que fue acogido en parte con risas y en parte con murmullos. La *Gazette de Lausanne* recogió estas palabras de Aviolat en su crónica de la primera sesión, sin mencionar las muestras de desagrado de la asamblea.[^b6] Pero el congreso no quería aparecer ante el mundo a la luz de las velas de la iglesia, y por eso Murat propuso en la sesión del miércoles que la mesa enviara a la *Gazette de Lausanne* la oportuna rectificación. El secretario Guillaume objetó que, como el congreso no había dado mayor importancia a las frases de Aviolat, se había creído que había que pasarlas enteramente por alto y no recoger en el acta ni el discurso ni las muestras de desagrado. Pero, dadas las circunstancias, proponía ahora añadir al acta la frase siguiente, para impedir cualquier falseamiento de los hechos:

«Aviolat, de Lausana, presidente del comité organizador, al dar la bienvenida a los delegados, invocó para los trabajos del congreso la bendición de la Providencia. Estas últimas palabras provocaron vivas protestas en todos los bancos. Pero el incidente no tuvo consecuencias».

Se acordó por unanimidad incorporar estas líneas al acta de la primera sesión y se pasó al orden del día.

Pero en la sesión del viernes por la tarde Pioley (París) comunicó que en el n.º 211 de la *Gazette de Lausanne* se había publicado una carta, supuestamente estenografiada, para confirmar que la invocación de la bendición de la Providencia por Aviolat no había provocado en el congreso ninguna muestra de desagrado.

**Bürkli** (Zúrich) expresó a este propósito el sentir unánime de la asamblea con estas palabras: «La carta que acaba de leerse es una mentira; pero la falta de honradez de los periódicos que combatimos no debe sorprender a nadie: estamos acostumbrados a su mala fe. La dignidad del congreso exige pasar sin más al orden del día. Sería dar a la *Gazette de Lausanne* una importancia inmerecida entrar con ella en rectificaciones».

La declaración se aprobó entre aplausos generales.

Seguimos en nuestra crónica en la sesión del viernes por la tarde. Pasó entonces al orden del día la elección del Consejo General, de su sede y del lugar y la fecha del tercer congreso anual. Los debates y acuerdos sobre ello se describieron ya en nuestro número de noviembre, página 170.[^b7] Aquí solo tenemos que añadir que Eccarius insistió en que el Consejo General, para darle mayor autoridad, no lo eligieran las secciones inglesas, sino el congreso, y que entonces el congreso procedió por unanimidad a elegir a los miembros del Consejo General que con más asiduidad habían asistido a sus sesiones y que, en general, más calurosamente se habían entregado a la causa de la Asociación. Fueron confirmados así en sus puestos: Besson, Bobczyński, Buckley, Carter, Dell, Dupont, Eccarius, Fox, Harriet Law, Howell, Hales, Jung, Lucraft, Lessner, Lassassie, Lafargue, Lawrence, Marx, Morgan, Maurice, Odger, Shaw, Stainsby, Williams, Weston, Yarrow y Zabicki, y el congreso eligió como nuevos miembros a Walton, de Brecon, y a South, de Gales.[^b8] El Consejo General quedó también autorizado a completarse con otros miembros según las necesidades.

Pasó entonces al orden del día el informe de la comisión sobre la segunda cuestión del congreso. La comisión la formaban los ciudadanos Walton, de Brecon; Longuet, de Caen; Mouchal, de Ginebra; Aubry, de Ruan; Ailloud, de Vienne; Kugelmann, de Hannover; Bürkli, de Zúrich; Schlaifer, de Lausana, y Stampa, de Milán.

Se trataba de la cuestión:

¿Cómo puede la clase obrera utilizar para su emancipación el crédito que concede a la burguesía y a los gobiernos? — Crédito y bancos populares. — Moneda metálica y papel moneda. — Instituciones de seguros mutuos. — Cooperativas obreras.

Por desgracia, tampoco este informe, leído por Longuet, llevaba una fórmula final de resolución. Afirmaba el principio de la mutualidad en la organización del crédito público, recomendaba crear bancos nacionales con crédito gratuito (es decir, cargando solo, en proporción a las sumas adelantadas, los gastos de administración correspondientes) para todos los establecimientos productivos que ofrecieran una garantía real, así como organizar sociedades de seguros mutuos fundadas en el principio del reparto del riesgo, de la responsabilidad personal y de la proporcionalidad según el riesgo.

Se veía enseguida en todo el informe que la mayoría de los miembros de la comisión estaba presa del socialismo proudhoniano,[^b9] un socialismo que, sin pensar en una transformación radical de la base económica de la sociedad, se figura que, con artificios aplicados a la situación existente, convertirá en redentores los malos efectos de causas que siguen en pie.

**De Paepe** leyó, para completar el informe anterior, otro sobre la segunda cuestión elaborado por la sección de Bruselas.

Un debate bastante largo y animado trajo más claridad a la cuestión y, por último, un acuerdo satisfactorio.

**Schlaifer** (Lausana) recomendó fundar sociedades de una misma rama de oficio, porque el trato entre los obreros del mismo ramo facilitaba su fundación y llevarían antes a cooperativas de producción, con lo que precisamente los ahorros de los obreros depositados en los bancos encontrarían empleo y se sustraerían a los capitalistas. Las sociedades que todavía no quisieran crear establecimientos productivos deberían prestar sus fondos a otros dirigidos por cooperativas obreras. Para llegar a instituciones de crédito, los obreros tendrían que suscribir acciones que no devengaran interés, y fundar con el capital así formado verdaderos bancos populares.

**Chemalé** (París) opinó que la cuestión del crédito mutuo y común era de tal importancia que el congreso no debía lamentar el tiempo que dedicara a discutirla: en ella estaba la base de nuestra emancipación. Para establecer el crédito no hacían falta ni billetes ni papel moneda; bastaba con que la producción y la venta de los productos estuvieran tan aseguradas como la restitución de esos mismos productos. Todo pedido que estimulara la producción tendría, por una serie de hechos, las mismas consecuencias que el crédito personal. Los obreros unidos por un contrato de reciprocidad serían a la vez productores y consumidores, los unos para los otros, y estarían por ello solidaria y directamente interesados en el éxito común. Si los productos se cambiaran por productos, cada pedido provocaría otro, y de ese modo se establecería la circulación. En Francia, la clase obrera venía haciendo desde hacía mucho tiempo todos los esfuerzos posibles para constituir mediante el ahorro el capital que le falta. El anticipo mutuo tendría entonces por objeto favorecer ese movimiento. La cuestión era demasiado importante para detenerse más en la teoría; los delegados franceses vendrían el año próximo con hechos y demostrarían, presentando las cuentas del trabajo federado, la posibilidad del crédito mutuo en todas partes. En cuanto a la centralización del crédito, observó que el crédito no es una cosa tangible que se pueda almacenar; el crédito significa confianza, que no puede centralizarse, y por eso el Estado solo tendría que garantizar el cumplimiento de los contratos. Pero el tiempo de la teoría había pasado y debía dejar sitio a la realización.

Así habló el francés Chemalé, que, sin embargo, se movía en lo esencial dentro del horizonte del informe de la comisión, y al que, en vista de las glorias imperiales de su país, hay que disculpar que se resistiera a toda intervención del Estado, de un Estado que en lo político y en lo religioso se remonta a la Edad Media y que en lo socioeconómico está en manos de la burguesía, como clase privilegiada de hecho, y consagra los dogmas de la escuela de Manchester. En general, se notaba en todos los delegados franceses que, careciendo por completo de libertad de asociación y de prensa, tratan la cuestión social de un modo muy unilateral; que, sobre todo, como en sus órganos obreros la política está excluida por disposiciones despóticas de la ley de prensa, les falta la visión de conjunto de la situación, y les cuesta más que en otras partes comprender que, en la sociedad que hay que reorganizar, el Estado y la sociedad deben confundirse en un solo concepto.

El inglés Walton (Brecon)[^b10] enfocó la cuestión desde un ángulo algo distinto. Dijo que, desde luego, los obreros debían emplear ya desde ahora todos los medios a su alcance para crear cooperativas de oficio, unidas solidariamente y prestándose crédito mutuo; pero que, con todo, había que reconocer como principio fundamental que era deber de todos los gobiernos proporcionar al pueblo, con ayuda del Estado, un sistema de crédito seguro y sólido. Entendía el crédito del Estado de tal modo que, si por ejemplo una cooperativa poseyera una propiedad de un valor determinado de 10.000 francos, el Estado tendría que adelantarle sobre ella la misma suma, con lo que las operaciones industriales de una nación encontrarían facilidades extraordinarias. Sabía bien que ninguno de los gobiernos europeos actuales se prestaría a fundar un sistema de crédito en interés de la clase obrera, pero había que preparar la opinión pública para semejante cambio, y la clase obrera, como mayoría del pueblo, tenía que conquistar la influencia que le corresponde sobre la legislación y el poder del Estado.

El alemán Eccarius añadió a las palabras de Walton que los gobiernos solo procederían a crear instituciones nacionales de crédito en el sentido expuesto cuando el proletariado se hubiera hecho dueño de la situación. Pasando a las conclusiones del informe de la comisión, dijo que las cuestiones de si el crédito había de ser oneroso o gratuito, de si había de ser del Estado o no, eran por el momento cuestiones puramente teóricas; lo que nos tocaba más de cerca y había que discutir ante todo era la cuestión de cómo sustraer sin demora los recursos ya reunidos por las sociedades obreras de las manos de la burguesía y de los gobiernos, donde estaban depositados, y emplearlos del modo más ventajoso en provecho de las clases obreras. Los obreros ingleses tenían depositados 25 millones de libras esterlinas, es decir, 625 millones de francos, en los bancos de la burguesía, que pagaban intereses ínfimos y especulaban con el capital obrero. Retirarlo sería arrancar un arma a la burguesía y ponerla en manos de los obreros. Las conclusiones del informe de la comisión no decían nada práctico; parecía que estuviéramos en una asamblea de profesores alemanes perdida en las nubes de la abstracción. No se trataba aquí de teorías, sino de tantos y tantos cientos de millones de dinero proletario. En consecuencia, Eccarius propuso sustituir las propuestas de resolución de la comisión por otras, y añadió: «Lo que ahora propongo no son principios abstractos, sino una cosa tan sencilla y tan fácil de hacer como cortar una salchicha en rodajas».

He aquí sus propuestas de resolución:

*Sigue en el informe el texto de las propuestas de resolución de Eccarius, que el congreso aprobó; véase [Resolución sobre la segunda cuestión (el crédito)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#resolucion-sobre-la-segunda-cuestion-el-credito).*

**Eccarius** explicó todavía las palabras «independiente de los valores metálicos», diciendo que hasta ahora solo el metal ofrecía garantía para el crédito, pero que él quería que también la tierra, las máquinas y, en general, todos los bienes no metálicos sirvieran de prenda para obtener crédito.

El ponente Longuet declaró que no tenía nada que objetar a las propuestas de resolución de Eccarius, y que podían añadirse, como conclusiones prácticas, a las conclusiones teóricas del informe de la comisión. Eccarius se mostró de acuerdo con esta manera de ver las cosas.

**Aubry** (Ruan) dijo que antes había tenido la intención de combatir la intervención del Estado en el crédito, tal como la había sugerido Walton; pero que, tras la explicación de Eccarius, había visto que el Estado de que se trataba no era el actual, sino el Estado transformado por el proletariado, y con eso estaba de acuerdo.

**Lessner** (Londres) apoyó lo dicho por Walton y Eccarius y añadió que una caja de ahorros en manos del gobierno, como ocurre en Inglaterra, era una institución peligrosa: volvía al obrero conservador en política, porque temía perder sus ahorros si caía el gobierno. El señor Gladstone, que con tanta fanfarronería se llamaba liberal, bien sabía lo que hacía cuando fundó una caja de ahorros del gobierno: sabía que con ella encadenaba a los obreros al carro del Estado.[^b11]

**Carter** (Londres) dijo que los bancos nacionales no eran cosa superflua, y que los obreros poseían ya medios suficientes, si quisieran y supieran emplearlos bien. Se trataba de fundar instituciones nuevas. «¡Hagamos cosas nuevas!», exclamó, «pero no hay que levantar casas nuevas sobre las viejas, sino empezar la construcción nueva desde los cimientos».

Advertimos una vez más a nuestros lectores que todo lo que se decía en una de las tres lenguas (alemán, francés e inglés) recibía en el acto su traducción oral a las otras dos. Becker, cuando se encargaba de esa traducción, añadía a menudo su propia opinión. Así ocurrió también en este asunto. Declarándose de acuerdo con la manera de ver de Walton, Eccarius, Lessner y Carter, añadió que ya hacía dos años el Grupo de secciones alemán había advertido en su memoria (*Vorbote*, 1866) del peligro de que los ahorros de los obreros estuvieran en las cajas de los gobiernos y de la burguesía.[^b12] Señaló cómo, sobre todo en Francia, los fondos de todas las cajas de ahorro y de socorro en caso de enfermedad, e incluso los de todas las instituciones de beneficencia, hospitales, etc., tenían que colocarse en títulos del Estado, y cómo allí, en los empréstitos del Imperio, se llegaba a atraer al obrero, con el más desvergonzado de los señuelos, a participar con 10 francos, lo que con picardía se llamaba la «democratización de las finanzas del Estado». Fenómenos semejantes se veían también en otras partes, y, por desgracia, los obreros, aun donde no estaban obligados a prestar al Estado, tenían la necia ilusión de que el lugar más seguro para sus ahorros eran los títulos del Estado, como habían hecho, por no hablar más que de una sola asociación, los oficiales tipógrafos de Berlín con una suma de unos 50.000 táleros. Aunque la solución completa de la cuestión solo podía pensarse en la república socialdemócrata, precisamente para alcanzar más deprisa el gran objetivo había que sustraer a los adversarios los medios ya adquiridos y, entretanto, hacerlos fecundos para la clase obrera fundando cooperativas de oficio.

**De Paepe** (Bruselas) defendió las sociedades de socorros mutuos criticadas en el informe de la comisión, al menos las que no admitían miembros honorarios; le parecían verdaderas instituciones de seguro basadas en el principio de la mutualidad, y lo único necio en ellas era hablar de «socorro» donde debería decirse «seguro».

**Chemalé** (París) observó que él no censuraba en absoluto el principio de las sociedades de socorros mutuos, sino que solo les reprochaba que inmovilizaran capitales.

**Murat** (París) apoyó a Chemalé; opinó que las sociedades de socorros mutuos debían tener siempre un pequeño fondo de reserva, para no verse obligadas en ciertos casos a imponer a sus miembros cotizaciones demasiado altas, pero que nunca debían acumular grandes capitales.

Se pasó entonces a la votación, y las conclusiones del informe de la comisión, con el añadido de las propuestas de resolución de Eccarius, se aprobaron por unanimidad.

Volvió a discutirse entonces el informe ya mencionado sobre la quinta cuestión, en lo referente a la fonografía (escritura fonética) (*Vorbote*, 1867, página 184).

**Guillaume** (Le Locle), ponente, propuso ahora la resolución siguiente:

«El congreso considera la simplificación de la escritura, que facilita a todos el aprendizaje de la lectura y la escritura, una cuestión de gran interés para la clase obrera, y recomienda a todas las secciones que presten su apoyo material e intelectual a cualquier iniciativa en este sentido».

**Bürkli** (Zúrich) dijo que para los alemanes, e incluso para los italianos y los españoles, la fonografía no tenía importancia, porque la lengua escrita de estos pueblos coincidía bastante con la pronunciación; pero la ortografía francesa y la inglesa coincidían poco con la expresión de la lengua. En esto, dijo, reinaba lo que se llama el «derecho histórico», tal como subsistía todavía en nuestras instituciones políticas y sociales. Terminó con la esperanza de que el congreso no negara su aprobación a las tendencias de la fonografía francesa y declarara que esta merecía la atención de todos los hombres de progreso.

**Longuet** opinó que la fonografía no tenía nada que hacer en un congreso internacional; no era una cuestión económica, y el congreso no era un congreso de gramáticos. Ni siquiera los gramáticos podían emprender un cambio tan profundo de la lengua: solo tenían que examinar y ordenar lo que había salido de la vida colectiva de la lengua de los pueblos. Concluyó pidiendo que el congreso se declarara incompetente en esta cuestión y pasara al orden del día.

Los delegados alemanes parecían ser de la misma opinión y se mantuvieron pasivos en esta discusión; solo Eccarius recomendó todavía, probablemente para despachar antes el asunto, que se aprobara la propuesta de resolución.

Chemalé y Tolain hablaron en el mismo sentido que Longuet e insistieron en pasar al orden del día. Lo mismo De Paepe, que añadió: «Si queréis ganar tiempo para la enseñanza escolar y destruir prejuicios, suprimid ante todo la enseñanza religiosa de cualquier culto, porque es ella, sobre todo, la que falsea toda comprensión».

También Murat pidió el orden del día, porque no quería que los delegados franceses se pusieran en ridículo con esta cuestión.

Vanza, Guillaume, Lombard-Martin, Perron y Coullery intentaron todavía romper una lanza por la escritura fonética. Walton intervino como mediador y propuso la resolución siguiente:

*Sigue en el informe el texto de la resolución de Walton, que el congreso aprobó; véase [Resoluciones sobre la quinta cuestión (la enseñanza)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#resoluciones-sobre-la-quinta-cuestion-la-ensenanza), punto 4.*

Esta resolución, como muchos delegados se habían marchado ya, se aprobó por 27 votos contra 11.

**Murat** pidió que constara en acta que había votado en contra.

**De Paepe** depositó en la mesa dos ejemplares de un folleto, *Examen de quelques questions sociales*, publicado por los obreros miembros del Círculo de Emulación (*cercle d’émulation*) de Bruselas, así como informes y estatutos de la sociedad bruselense de los Solidarios (*société des solidaires*).[^b13]

Se levantó la sesión a las 6.

## Décima sesión, sábado 7 de septiembre, por la mañana

Llegamos ahora a la décima sesión, que se abrió el sábado a las 8 y 15 de la mañana. El orden del día llamaba a discutir la parte restante de la quinta cuestión del congreso, tal como se recogió más arriba (*Vorbote*, 1867, p. 184).

**Cuendet-Kunz**, ponente, leyó el informe en francés, y Karl Klein (Colonia y Solingen) en alemán. Más parecía un discurso popular, e incluso, por algunas efusiones teológicas, un sermón, que un documento de informe. Por eso había provocado también largos y vivos debates. Escrito con la más cálida fraternidad y el más cálido amor a la humanidad, buscaba en la virtud y en la santificación de la familia la base de toda moralidad, y hacía brotar de esa moralidad una situación mejor, mientras que la opinión general era que un estado moral mejor solo podía ser la consecuencia de unas relaciones económicas más justas. También se subrayaba con fuerza la necesidad de la emancipación de las mujeres. Pero se objetaron, sobre todo, las frases siguientes, que se consideraron inadmisibles en un documento oficial del congreso. Decía, en efecto: «El nombre del rey ha sufrido mucho, los pueblos han jurado odio a la realeza; incluso el nombre de Dios ofendió, y sigue ofendiendo, a toda una ralea de filósofos sin filosofía, de falsos sabios y de patriotas cosmopolitas que no parecen haber nacido más que para impedir a la humanidad avanzar hacia el cumplimiento de su destino». Y además: «En la familia se muestra la imagen más magnífica y conmovedora del poder divino, que crea; de la sabiduría, que gobierna; del amor, que sostiene y consuela». — «La familia: objeto eterno, fin primero y último de los cuidados del Creador y de las leyes divinas». — «Esta cuestión es grave e importante; la historia, la psicología y el Evangelio encierran los elementos de su solución práctica». — Mejor acogida tuvo el informe donde, al tocar la educación, tomaba una dirección más práctica, quería en este punto conciliar idealismo y realismo, teoría y práctica, y, apresurándose a concluir, se expresaba así:

«¡Adelante, pues! Puesto que formamos cooperativas para la producción, el crédito y el consumo, repetimos: formemos también cooperativas para la enseñanza, esa poderosa palanca de la emancipación de la clase obrera. Creemos cooperativas para formar maestros capaces de guiar a las nuevas generaciones, orgullosas, por el camino de la libertad, hacia el fin último de las aspiraciones humanas. Vuestra comisión os presenta estos ardientes deseos para que cada uno ponga manos a la obra en favor de la enseñanza, para que en el próximo congreso podamos decir con honra: “¡También nosotros, los proletarios, tenemos nuestras escuelas-taller cooperativas!”».

La comisión propone:

«El congreso internacional de Lausana aprueba y recomienda a todos los miembros de la Asociación Internacional de los Trabajadores:

1) La enseñanza científica, profesional y productiva.

2) La organización de la escuela-taller.

3) Pide la libertad de enseñanza, aprobando por lo demás la enseñanza obligatoria y gratuita por el Estado.

4) Por último, recomienda organizar por la vía cooperativa escuelas primarias, secundarias y normales».

**Coullery** tomó entonces la palabra, según dijo, como miembro de la comisión, no para presentar un informe de minoría, puesto que el de la mayoría le parecía en conjunto bien pensado y bien hecho. Pero, si lo hubiera escrito él, no figurarían en él algunas expresiones y las conclusiones serían algo distintas. Pasó primero a la cuestión de la emancipación de las mujeres; no quería que en ella nos guiáramos por la historia pasada ni tampoco por ideas abstractas, sino que se asignara al sexo femenino en la sociedad un papel conforme a su naturaleza física y psicológica tal como la establece la ciencia. Pasando a la cuestión de la enseñanza, se pronunció por desterrar de la escuela toda enseñanza religiosa y llevar a cabo la separación de la Iglesia y el Estado, y por que la instrucción fuera gratuita, obligatoria y libre; libre en el sentido de que los padres que sustrajeran a sus hijos a la enseñanza pública tendrían que probar que recibían fuera de la escuela una instrucción conforme a las necesidades y al fin de la sociedad. Repitió que, puesto que también la comisión quería que se respetara la libertad de conciencia del padre, el Estado no podía tener nunca nada que ver con una instrucción religiosa. Coullery se extrañó además de que el informe no hubiera hecho referencia a los certificados y diplomas oficiales, aunque la comisión compartía su opinión sobre ellos. Tales certificados y diplomas eran una herencia de la Edad Media, signos de la desigualdad, del monopolio, del privilegio y de la esclavitud. Expuso luego en una larga intervención, con ejemplos de diversas ramas de la ciencia y de los oficios en varios países, lo condenables que eran. Señalando a América, que se había sacudido por completo esas pamplinas, exclamó: «Pues bien, ¿por qué nos parece tan extraordinario el pueblo americano? ¿Por qué crece cada día? ¿Por qué despierta nuestra admiración, y por qué, frente a él, los pueblos de Europa no parecen más que niños, o más bien ancianos debilitados?».

El orador propuso entonces a las propuestas de resolución una enmienda según la cual todo el mundo, sin diploma alguno, ha de tener derecho a enseñar e instruir.

**De Paepe** (Bruselas) leyó a continuación dos informes (uno de mayoría y otro de minoría) que había elaborado una comisión de secciones belgas sobre la situación social de las mujeres.

**Chemalé** (París), en cuanto al trabajo de las mujeres, presentó el extracto de un informe publicado en el boletín de la Academia de Medicina (sesión del 9 de mayo de 1866) sobre la influencia de las máquinas de coser en la salud y la moralidad de las obreras. Añadió a estos testimonios médicos varias consideraciones sobre el empleo de las máquinas desde el punto de vista socialdemócrata.

(Los delegados ingleses y alemanes se abstuvieron de la discusión, porque consideraban esta cuestión suficientemente tratada por el momento en el congreso de Ginebra; *Vorbote*, 1866, pp. 149-153.)

**Perron** (Ginebra) se declaró de acuerdo con Chemalé y De Paepe, en cuanto consideraban que la emancipación de la mujer coincidía en un mismo punto con la emancipación del hombre; y coincidía igualmente con Coullery en la cuestión de los diplomas. Pero, en cuanto a algunos pasajes del informe leído por Cuendet-Kunz, como los siguientes (leyó los pasajes citados más arriba), tenía que pedir que se suprimieran. Todo hombre —prosiguió Perron— tiene derecho a pensar en filosofía como quiera, pero no está nada bien que un ponente llame a los ateos filósofos sin filosofía, como tampoco le corresponde a ningún ateo decir otro tanto de un creyente o de un cristiano. El Evangelio encierra, sí, verdades morales, pero contiene también errores y principios inmorales, como este, por ejemplo: «Someteos a la autoridad, porque ha sido instituida por Dios». No había, pues, que citar el Evangelio como fuente de la moral, como parecía hacer el informe. Perron depositó a continuación en la mesa una resolución en la que se pedía la elaboración de un manual de moral que sustituyera a los escritos que hoy sirven de base a la educación.

Las reclamaciones de Perron las apoyaron Longuet, Guillaume, Murat, Tolain y Chemalé. Opinaban que un informe oficial no debía contener disquisiciones filosóficas, que no eran sino la expresión de la opinión personal del ponente.

El ponente, Cuendet, declaró entonces que, tras las consideraciones escuchadas, estaba dispuesto de buen grado a suprimir los pasajes chocantes del informe.

Se pasó entonces a votar las propuestas de resolución.

**Longuet** pide que se añadan a la primera las palabras siguientes: «y que se ponga a estudio un programa para el conjunto de la enseñanza».

El primer artículo de la resolución se aprobó por unanimidad con este añadido. Lo mismo el segundo.

Para el tercer artículo había varias enmiendas; pero, como sus autores no parecían estar muy lejos en sus opiniones y sí cerca de ponerse de acuerdo, se remitió el artículo a la comisión para que lo redactara de nuevo, y la sesión se levantó a las 11 y 30, para reanudarse a la 1.

En el próximo número llegaremos, pues, a la descripción de la undécima y última sesión.

## Undécima sesión, sábado 7 de septiembre, por la tarde

Ante todo tenemos que corregir el error de decir, como dijimos en el número anterior, que llegamos ahora a la descripción de la undécima y última sesión: es la penúltima. Se abrió el sábado por la tarde (7 de septiembre), a la 1 y media.

**Vasseur** (Marsella) comunicó que los obreros del departamento francés de Bocas del Ródano estaban expuestos a una competencia muy perjudicial de los obreros piamonteses, y pidió que el congreso pensara en medios para poner fin, en lo posible, al abuso que en ello había. Para mostrar la necesidad de intervenir, citó el ejemplo siguiente: «La sociedad anónima de las minas de carbón de la zona hace construir cuarteles y obliga a todos los piamonteses a vivir en ellos con sus familias, junto con los empleados franceses; desgraciado el obrero que no se someta allí a las disposiciones arbitrarias: lo echan sin piedad. Vasseur formula finalmente una resolución como sigue:

«Considerando que la clase obrera del departamento de Bocas del Ródano en general, y de Marsella y Faveau en particular, está aplastada por la competencia piamontesa e italiana;

»Que se perjudican gravemente sobre todo los intereses de los mineros, sin procurar a los obreros piamonteses que provocan esta competencia funesta una situación medianamente satisfactoria;

»El congreso invita a los obreros piamonteses que trabajan en Francia o en cualquier otra parte a guiarse por los principios de la Asociación Internacional de los Trabajadores; porque antes que piamontés e italiano se es hombre y productor».[^b14]

Esta resolución la apoyaron Chemalé y Becker. A una pregunta de Schettel sobre la opinión que podían tener sobre el asunto los delegados italianos, Tanari y Stampa,[^b15] se observó desde varios lados, puesto que estaban ausentes en ese momento, que ya antes se habían declarado plenamente de acuerdo con la resolución. A continuación se aprobó por unanimidad.

Se leyeron entonces una carta, llena de simpatía hacia el congreso, del ciudadano Nègre (Castelnaudary), y otra del ciudadano Ernest Lebloys. En esta última, a la que el autor adjuntaba su obra *Quel gouvernement remplacera l’empire?* [¿Qué gobierno sustituirá al Imperio?], pedía también que el congreso tomara en consideración la cuestión de «la paz desarmada». Pero, como ya se había votado la declaración dirigida al Congreso de la Paz de Ginebra, no se quiso volver sobre el asunto, y la asamblea pasó al orden del día.

Siguió entonces la discusión final del tercer punto de la resolución sobre la quinta cuestión del congreso.

El ponente, Cuendet-Kunz, dijo que había mantenido el texto anterior con el añadido propuesto por Coullery, porque no había encontrado redacción que expresara mejor su pensamiento. Propuso, por consiguiente, la fórmula siguiente:

«Libertad de enseñanza, aprobando no obstante la enseñanza obligatoria y gratuita del Estado, sin diploma, sin patente y sin enseñanza religiosa».

**Chemalé** no quería oír hablar de la enseñanza del Estado: o el Estado era la colectividad (*collectivité*), estaba formado por todos nosotros, y entonces la cosa no tenía sentido; o nosotros no éramos el Estado, y entonces tampoco se le podía pedir nada. Formuló, por tanto, la propuesta siguiente:

«El congreso reconoce la libertad de enseñanza, pero impone a todo padre de familia el deber de procurar a sus hijos toda la enseñanza indispensable, sin determinar de antemano los medios necesarios para ello».

**Longuet** opinó que la enseñanza gratuita por el Estado era una ilusión, porque el Estado se lo hace pagar todo con los impuestos. Concluyó que, en ciertos países, la enseñanza en manos del Estado era un instrumento político, y que el programa que el Estado imponía a las escuelas sería siempre un programa antirrevolucionario.

**Tolain** habló en el mismo sentido y propuso la redacción siguiente:

*Sigue en el informe el texto de la redacción de Tolain, que el congreso aprobó; véase [Resoluciones sobre la quinta cuestión (la enseñanza)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#resoluciones-sobre-la-quinta-cuestion-la-ensenanza), punto 3.*

**Coullery** opinó que la enseñanza gratuita no era en modo alguno una quimera, como decían Longuet y Tolain, sobre todo en Suiza, donde el Estado significaba la colectividad de los ciudadanos. Un padre de familia que aquí pagaba al año 1 franco 50 céntimos de impuestos no podía con eso dar a sus hijos instrucción escolar. Así, gracias a la enseñanza escolar gratuita del Estado, los ciudadanos acomodados, que pagaban más impuestos, tendrían que aliviar al pobre en el deber de educar a sus hijos. Otra cosa sería, naturalmente, cuando existiera una situación social como la que nosotros perseguíamos.

**Carter** (Londres) se declara plenamente de acuerdo con la propuesta del ponente, que pedía la enseñanza obligatoria. Así como el hombre no tiene derecho, ni por las leyes humanas ni por las naturales, a matar a sus hijos, tampoco lo tiene a sustraerlos a la enseñanza y abandonarlos a la ignorancia.

Tras algunas explicaciones mutuas de los distintos autores de propuestas, y una vez puestos de acuerdo, se aprobó por unanimidad la redacción de Tolain.

Se pasó entonces a discutir el cuarto punto del informe, que dice:

«Organización de escuelas primarias, secundarias y profesionales cooperativas».

**Tolain**, exponiendo la necesidad de que el congreso del año siguiente se ocupara de la cuestión de una transformación completa de la enseñanza, propuso aplazar esta cuestión al año próximo, recomendando entretanto su estudio. Esta propuesta de aplazamiento se aprobó también en el acto por unanimidad.

A continuación, Becker leyó los mensajes de adhesión ya mencionados de Zwickau, Meerane, Werdau, Crimmitschau y Leipzig, así como el telegrama del doctor Martini (Kankehmen), de Tilsit.

El congreso pasó entonces a discutir una propuesta de resolución que Perron (Ginebra) había depositado ya por la mañana en la mesa, y que decía así:

«Considerando:

»Que los libros que todavía hoy se usan como base de la educación moral contienen errores de toda clase y muchas reglas de conducta peligrosas, contrarias a la moral, a la verdad y a la justicia;

»Que la educación religiosa y política seguida hasta ahora ha santificado la inmoralidad, la mentira y la injusticia;

»Que una sociedad que aspira a regenerarse debe tener, como base del nuevo orden de cosas, principios claros y precisos sobre los derechos y los deberes de todos y de cada uno;

»Considerando que esos principios no existen,

»El congreso decide:

»Que un manual de moral común a todos los pueblos es una necesidad indiscutible. Recomienda este trabajo a todos sus miembros y a todos aquellos que reconocen los principios de la Revolución francesa y han roto con toda creencia religiosa».

Esta propuesta suscitó largos y acalorados debates.

**Chemalé** opinó que, puesto que acabábamos de aprobar una resolución que excluía de la escuela la enseñanza religiosa, eso le parecía suficiente, ya que la enseñanza de la moral era asunto de la familia.

**Tolain** habló en el mismo sentido; creía que bastaba con que no se inculcaran al niño ideas contrarias a la justicia y a la moral.

**De Paepe** combatió también la propuesta de Perron, no porque no quisiera una enseñanza de la moral, sino porque pensaba que, en el estado actual de los espíritus, era imposible redactar semejante manual. La moral está en función del progreso de la sociedad humana, y por eso podría ser peligroso fijar sobre ella principios inamovibles, que podrían estorbar su desarrollo; el Evangelio había corrido también la suerte de verse rechazado por el espíritu más avanzado de los tiempos.

**Coullery** era de la opinión contraria: tenía por posible y oportuno redactar un manual de moral, porque los principios de la moral son eternos. Propuso incluso que el congreso ofreciera un premio a la mejor obra de este género.

**Cuendet-Kunz** se pronunció también a favor de la propuesta de Perron y, como Coullery, a favor de ofrecer un premio.

**Eccarius** resumió en alemán y en inglés la discusión habida hasta entonces y apoyó la propuesta de Perron.

**Tolain** quería ante todo que se estableciera mejor sobre qué base había de descansar la moral cuyos principios se querían fijar. La redacción de la propuesta era demasiado superficial: hacía suponer que se buscaba la moral en una concepción *a priori* situada por completo fuera de la humanidad; y una moral no debía buscarse fuera de la razón humana.

**Lombard-Martin** apoyó decididamente la propuesta de Perron. La enseñanza moral seguida hasta ahora no podía sino falsear el conocimiento; descansaba solo sobre un fundamento imaginario, la supuesta existencia de una causa primera, de divinidades. No sería tan imposible redactar un manual adecuado; en los puntos principales estábamos todos de acuerdo, por ejemplo, en «el bien por el bien», sin mirar a la recompensa. Un libro así sustituiría con ventaja a la literatura con que ahora nos inunda la de la vieja concepción. Nuestros enemigos aprovechaban la libertad para hacernos la guerra difundiendo innumerables escritos pequeños; tenían derecho a ello, pero también nosotros, por nuestra parte, deberíamos procurar difundir los principios del progreso social.

**Becker** dijo que todos nosotros, cada cual a su manera, trabajábamos en el manual de una moral nueva. La moral no entra en la situación desde fuera, sino que es el fruto que crece de una vida social sana; la moral práctica corresponde siempre a la racionalidad y la justicia que han pasado a la vida. Ya ahora había bellas máximas morales en los libros; pero en la lucha diaria por lo mío y lo tuyo, en la lucha desesperada por la existencia, en la «guerra de todos contra todos», el entendimiento «práctico» de la clase dominante las desmentía y las tachaba de simplezas. Todos los principios e ideas de la socialdemocracia contenían máximas morales, y con una hábil recopilación de ellas en un escrito podría hacerse, desde luego, una propaganda eficaz entre la juventud.

**Longuet** habló en el mismo sentido que Tolain y presentó la enmienda siguiente:

«El fundamento de la justicia sobre el que ha de descansar el manual de moral no debe buscarse fuera, sino solo dentro de la humanidad».

**Perron** dijo que la obra que pedía llenaría sin duda un vacío; no se sabía qué poner en manos de la juventud en lugar de los manuales que ya no servían; él solo quería animar a los pensadores demócratas a escribir obras de ese tipo, y, si aparecían varias, los padres tendrían más donde elegir para dar a sus hijos la que conviniera a su conciencia. Estaba de acuerdo con la enmienda de Longuet.

**Murat** comunicó que el periódico *La Morale indépendante* (París) acababa de convocar un concurso para una obra semejante a la propuesta por Perron, y que quienes tuvieran ganas de hacer ese trabajo no tenían más que inscribirse antes del 1 de diciembre de 1867.[^b16] Para nosotros, creía, como había dicho también De Paepe, redactar un manual de moral equivaldría a fundar una secta.

**Kircher** habló contra la propuesta de resolución de Perron por dos razones: primero, porque era imposible redactar tal manual, ya que los hombres más ilustrados no estaban todavía de acuerdo en muchos puntos; y segundo, porque temía que mucha gente, si se fijaban unos principios morales particulares, se retrajera de unirse a nosotros.

**Walton** dijo que, aunque librepensador, no le parecía oportuno entrar oficialmente en esta materia; con ello se podría dar un arma contra nosotros a la beatería clerical.

Como desde varios lados se pedía votar la propuesta de Perron, enmendada por Longuet, y el paso al orden del día, se procedió a ello, y la propuesta fue rechazada por 30 votos contra 12.

El orden del día llamaba a discutir la sexta cuestión del congreso.

Dice así:

«Definición del papel del Estado. — Servicios públicos; transporte y circulación, intereses colectivos e individuales; el Estado como guardián y protector del derecho; el derecho de castigar».

Formaban la comisión: Krebser (Zúrich), Chassin (Villefranche), Vasseur (Marsella), Neubrand (La Chaux-de-Fonds), Favrat (Lausana) y Lüwenthal (Lausana).

El informe presentado por Vasseur contenía las conclusiones siguientes:

*Siguen en el informe las cuatro conclusiones de la comisión, que el congreso aprobó; véase [Resoluciones sobre la sexta cuestión (el Estado)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#resoluciones-sobre-la-sexta-cuestion-el-estado).*[^b17]

**Longuet** está de acuerdo con estas conclusiones, siempre que por Estado se entienda la «colectividad de los ciudadanos». Además, que los ferrocarriles, los canales, las minas y los servicios públicos no los dirigieran y administraran funcionarios del Estado, sino que los administraran y explotaran cooperativas obreras, y eso a precio de coste, sin otra ganancia, es decir, aplicando el principio general de la mutualidad.

**De Paepe** aprovechó la ocasión para oponer a Longuet su tesis sobre la propiedad colectiva del suelo. Dijo que la diferencia entre la teoría de Longuet y la suya consistía solo en que, según aquella, debía ser propiedad colectiva el suelo de los ferrocarriles y de los canales, y según la suya, todo el suelo.

Esta observación dio lugar a una larga y viva discusión.

**Longuet** opinó que la propiedad colectiva de los ferrocarriles, canales y minas era necesaria, pero en modo alguno la de la tierra de labor.

**De Paepe** replicó que la diferencia de opinión consistía, pues, solo en que Longuet tenía por necesaria una de las medidas y él las dos.

**Chemalé** volvió sobre la definición del Estado y luego sobre el derecho de castigar, explicando más esta cuestión que aportando un punto de vista nuevo. Dirigiéndose a De Paepe, combatió la propiedad colectiva del suelo y su explotación unitaria (*unitaire*).

**De Paepe** defendió enérgicamente su punto de vista y mostró que la necesidad de hacer del suelo un bien común de la sociedad era todavía mayor que la de la propiedad colectiva de los ferrocarriles, etc.

**Longuet** expuso en una larga intervención que era partidario de la propiedad privada del suelo sobre todo por razones políticas: temía la influencia perjudicial del Estado si todo el suelo fuera propiedad nacional; en cambio, quería que se tomaran disposiciones para que no todo propietario pudiera cultivar su tierra o dejarla baldía a su antojo. Admitió que en esta situación había mucho que cambiar y que mejorar. Con todo, al trabajador del campo no le pertenecía el suelo, sino solo el producto; el suelo lo había recibido de la sociedad como un don, por el que pagaba los impuestos al Estado.

**Coullery** se acaloró en defensa de la libertad personal absoluta y, por tanto, de la propiedad personal; la situación de Turquía, donde todo el suelo es propiedad del Estado, no era edificante; solo los ferrocarriles, etc., podían ser bien común.

**Tolain** se puso del lado de Longuet, combatió las ideas de De Paepe y terminó con la fórmula de su teoría: «La tierra pertenece al agricultor y el crédito al obrero».

**De Paepe** se sintió obligado a responder ante todo a Coullery, tan gran amigo de la libertad individual que toda idea de propiedad común le causaba espanto; pero sus palabras no iban dirigidas solo contra él, sino también contra Tolain, Chemalé y Longuet, que pedían como propiedad social los grandes instrumentos de trabajo: caminos, canales, ferrocarriles, minas, bancos, etc. También él era amigo de la libertad personal; pero, como no hay libertad sin la liberación del estómago, ni libertad sin pan, pedía una protección para su libertad personal contra quienes le cegaban la fuente del pan. Coullery había dicho que en Turquía existía la propiedad común del suelo, pero no era así: al contrario, todo el suelo pertenecía al sultán. Dirigiéndose a Longuet, dijo: «Usted pide la propiedad de la tierra como garantía de la libertad del individuo frente a la opresión de la colectividad, lo que no es otra cosa que la propiedad completa, la propiedad de los romanos, con el derecho de “usar y abusar”, sin el cual toda garantía es ilusoria. Para que esa garantía de la libertad política no sea un privilegio, todo ciudadano debe tener parte en la propiedad de la tierra». A Tolain y a quienes piensan como él, que decían: «Los grandes instrumentos de trabajo, exceptuando las minas, los canales, los ferrocarriles, etc., deben ser bienes privados», solo añado: «Y el suelo»; y, si Tolain ha enunciado la fórmula de su teoría, «la tierra al campesino y el crédito al obrero», yo digo: «El crédito al campesino y el crédito al obrero».[^b18]

**Longuet** mantuvo su opinión, diciendo que, según su teoría, la desigualdad entre el obrero industrial y el trabajador del campo solo era aparente: si el trabajador del campo no ha producido su instrumento de trabajo, el suelo, por eso mismo paga impuestos por él. El sistema que él defendía aseguraba la libertad política creando un gran número de propietarios de tierra.

**Chemalé** habló de nuevo contra la teoría de De Paepe, aunque quería dejar que la práctica decidiera cuál era el mejor medio.

**Coullery** intentó una vez más romper una lanza por la propiedad individual de la tierra, y llamó tiranía colectiva a toda medida de la sociedad que impidiera al propietario hacer con su tierra lo que quisiera.

Eccarius, Lessner, Stampa, Stumpf, Ladendorf y Becker, que hasta entonces se habían abstenido de intervenir en la discusión, se pronunciaron ahora uno tras otro, con toda decisión, a favor de la propiedad colectiva de la tierra. Fueron sobre todo los delegados alemanes e ingleses quienes demostraron que el gran capital desheredaba sin cesar a las masas de obreros industriales y agrícolas y concentraba los instrumentos de producción de la industria y de la agricultura en unas pocas manos, de modo que no podía hablarse de libertad personal ni de goce de la vida para las masas.

Como era ya tarde, a todos los delegados les pareció oportuno cerrar la discusión sobre este asunto, y se acordó por unanimidad recomendar la cuestión de la propiedad al estudio de todos, para discutirla en el próximo congreso.

También la votación que siguió sobre la resolución propuesta en el informe de la comisión acerca de la sexta cuestión del congreso se hizo por unanimidad.

Una vez más, el poco espacio de nuestra publicación nos obliga a dejar para el próximo número la crónica de los demás asuntos que se despacharon en esta sesión.

Seguimos aún en la sesión del domingo por la tarde.[^b19] Como ya se habían discutido todas las cuestiones del congreso, solo quedaba establecer un programa para el congreso siguiente.

**Chemalé** (París) recomendó incluir en él las cuestiones siguientes:

1) Organización del crédito. Oficina de cambio. Papel moneda. (Desde el punto de vista práctico, formulando estatutos.)

2) Las máquinas y su influencia.

3) La enseñanza profesional y general. Educación racional.

4) Estadística obrera.

5) Igualdad civil, política y social.

6) La libreta obrera.[^b20]

**De Paepe** (Bruselas) propuso por su parte añadir las cuestiones siguientes:

1) ¿Deben el suelo, los canales, los caminos, los ferrocarriles, etc., ser propiedad social o individual? ¿Y cómo pueden explotarse con la mayor ventaja para el individuo y para la sociedad?

2) Las huelgas de las sociedades de resistencia federadas (*trade unions*) en el seno de la Asociación Internacional de los Trabajadores, y la creación de tribunales de arbitraje para evitar y, llegado el caso, resolver los conflictos de huelga.

Estas cuestiones se recomendaron al Consejo General, al que corresponde redactar los programas de los congresos, para que las utilizara como mejor conviniera.

**Chemalé** (París) hizo además las propuestas siguientes:

1) Toda sección que, además de las cuestiones anteriores, desee incluir otras en el programa del próximo congreso deberá enviarlas al Consejo General antes del 31 de marzo próximo.

2) Todas las memorias y documentos relativos a las cuestiones del orden del día deberán enviarse, a más tardar el 25 de agosto, a la sección encargada de organizar el congreso.

También estas propuestas se aprobaron.

Después de que el congreso acordara reunirse otra vez a las 8 de la noche, se levantó la sesión a las 6 y 30.

## Duodécima sesión, sábado 7 de septiembre, por la noche

La duodécima y última sesión se abrió a las 8 en punto, pasando lista.

Palix (Lyon), Schettel (Lyon), Chassin (Villefranche), Rubaud (Neuville-sur-Saône) y Ailloud (Valence) depositaron en la mesa una protesta contra un acto arbitrario de la policía de Tournon.

Dice así:

La sección de Lyon tiene que quejarse de un abuso de poder del comisario de policía de Tournon (Ardèche).

Este señor, al enterarse de que en dicha localidad se estaba formando, por mediación de la sección de Lyon y de otras secciones vecinas, una sección de la Asociación Internacional de los Trabajadores, hizo detener al ciudadano Richard, delegado de Lyon. Sin embargo, tras algunas explicaciones de este, el comisario tuvo la gentileza de poner en libertad a su prisionero. Pero unos días después citó ante él a los miembros de la Asociación de Tournon y los obligó a entregar sus carnés de afiliación. Hay, pues, abuso de poder.

Por estas razones, el delegado Palix y los demás firmantes piden una enérgica protesta del congreso contra un funcionario que, excediéndose en su mandato, ha paralizado la iniciativa individual de un número considerable de ciudadanos y ha perjudicado sus intereses morales y materiales.

El congreso dio su aprobación a esta protesta en la forma presentada.

De acuerdo con lo decidido en la apertura del congreso, de cubrir el alquiler de la sala de sesiones con contribuciones de los delegados, estos reunieron con ese fin 124 francos.

**Tolain** (París) preguntó si había que cubrir otros gastos.

**Favrat** (Lausana) respondió que quedaba por saldar una suma de al menos 60 francos.

**Coullery** (La Chaux-de-Fonds) declaró, sin embargo, que esos gastos no debía cubrirlos el congreso, sino las secciones de la Suiza francesa.

Se repartieron entonces entre los delegados las obras recibidas durante el congreso.

**De Paepe** pidió todavía aclaraciones sobre la manera de aplicar el crédito internacional a los miembros que cambian de residencia.

**Rubaud** pide una información semejante.

**Chemalé** dijo que en París se hacía de este modo: «No se da dinero al compañero, sino una orden de pago en su libreta de miembro, con la que puede cobrar en otra sección tal o cual cantidad». Coullery dio la misma información y añadió que, por lo demás, los estatutos generales eran bastante claros sobre este asunto.

**Chemalé** propuso dar las gracias a la sección y a las asociaciones obreras alemanas y suizas hermanas de Lausana, lo que se aprobó con el asentimiento general.

Del mismo modo se dieron por unanimidad las gracias al presidente, el ciudadano Dupont, y al secretario, el ciudadano Guillaume, por la difícil tarea que habían cumplido con celo.

Tras la lectura del acta por De Paepe, que esta vez hizo de secretario, se levantó la sesión, y con ella el congreso, a las 9.[^b21]

## Después del congreso

Los delegados se dirigieron a continuación a la velada recreativa preparada en el jardín del Casino, a la que acudieron en masa los obreros de Lausana con sus familias, y donde, entre música y canciones de la Asociación de Formación Obrera alemana y del Grütliverein, y discursos y brindis, unos serios y otros humorísticos, se pasaron todavía unas horas muy agradables. A la mañana siguiente, el domingo 8 de septiembre, las secciones de Ginebra atracaron en el puerto de Ouchy, al pie de Lausana, en un vapor fletado expresamente y adornado de fiesta, para recoger a los delegados y a la sección y las asociaciones obreras de Lausana y llevarlos de excursión al castillo de Chillon, notable por su historia y su arquitectura. Los miembros del congreso y dichas asociaciones obreras habían bajado a la orilla del lago a las 9, con la música y las banderas a la cabeza y, delante de todo, la bandera roja de la Asociación Internacional como emblema de la unidad del género humano. El ánimo se elevó a la mayor alegría con un tiempo espléndido y la magnífica vista sobre el espejo azul del Lemán hasta las nieves de los Alpes del Valais y de Saboya. Pronto se acercó deslizándose el ansiado vapor, y, tras los saludos mutuos, llevó a los compañeros reunidos a bordo hacia el valle del Ródano. Las alegrías del día terminaron, a la vuelta por la tarde, con una verdadera fiesta de fraternidad de los obreros de casi todas las naciones en el banquete celebrado en la sala del congreso. Los delegados partieron, unos aún a última hora de la noche y otros de madrugada, hacia Ginebra, para asistir, en número de 42, al congreso internacional de la paz que se abría el 9 de septiembre.[^b23]

Quien eche una mirada al conjunto de los debates del congreso obrero tendrá que reconocer que en ellos se estuvo a la altura del espíritu de la época, tanto en lo político como en lo socioeconómico y lo filosófico, y que también esta vez, como en el primer congreso, se superaron felizmente las dificultades de llevar la discusión en tres lenguas (inglés, alemán y francés). No hubo que registrar ni una palabra poco amistosa, ni una expresión inconveniente, ni una propuesta fuera de lugar. Los representantes de la familia obrera europea han aprendido a conocerse, a estimarse y a quererse; un conocimiento más claro de la situación los ha llevado a entender mejor sus aspiraciones, han añadido un nuevo anillo de firmeza a la fraternidad general, y sin duda todos piensan con alegre esperanza en el reencuentro del 7 de septiembre de este año en Bruselas.[^b24]

Por último, lamentamos que el espacio no nos haya permitido dar a conocer los informes de las comisiones que precedieron a las propuestas de resolución, con los que se habría encontrado de modo más completo la expresión del espíritu que reinaba en el congreso. Con gusto volveremos sobre ello, sin embargo, en la medida en que las circunstancias nos lo permitan.

[^a1]: Eugène Dupont (1831-1881), fabricante de instrumentos musicales francés establecido en Londres, miembro del Consejo General y su secretario corresponsal para Francia. Presidió el congreso de Lausana.

[^a2]: Friedrich Lessner (1825-1910), sastre alemán, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, condenado en el proceso de los comunistas de Colonia (1852); miembro del Consejo General.

[^a3]: Ludwig Kugelmann (1828-1902), médico de Hannover, amigo y corresponsal de Marx.

[^a4]: Ludwig Büchner (1824-1899), médico y divulgador del materialismo científico, autor de *Kraft und Stoff* (*Fuerza y materia*, 1855).

[^a5]: Karl Bürkli (1823-1901), socialista de Zúrich, discípulo de Fourier y promotor de las cooperativas de consumo.

[^a6]: Asociación patriótica suiza de artesanos y obreros, fundada en Ginebra en 1838.

[^a7]: Johann Philipp Becker (1809-1886), veterano de las revoluciones de 1848-1849, organizador de las secciones de lengua alemana de la Internacional y director de *Der Vorbote*, donde publicó este informe.

[^a8]: Johann Georg Eccarius (1818-1889), sastre alemán establecido en Londres, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, secretario general del Consejo General.

[^a9]: La National Reform League, fundada en 1849 por el cartista James Bronterre O'Brien.

[^a10]: Charles Longuet (1839-1903), periodista proudhoniano francés; más tarde miembro de la Comuna de París y yerno de Marx.

[^a11]: James Guillaume (1844-1916), profesor en Le Locle, que dirigió la impresión de las actas francesas del congreso; más tarde, dirigente bakuninista de la Federación del Jura.

[^a12]: César De Paepe (1841-1890), tipógrafo y después médico, la principal figura de la Internacional en Bélgica.

[^a13]: Pierre Coullery (1819-1903), médico de La Chaux-de-Fonds, fundador de las primeras secciones de la Internacional en el Jura suizo.

[^a14]: Henri Tolain (1828-1897), cincelador parisino, proudhoniano, uno de los fundadores de la Internacional en Francia.

[^a15]: Damos los nombres en su forma correcta cuando nos consta. El *Vorbote* escribe varios de ellos de maneras distintas a lo largo del informe: Düpont, De Panpe y De Päpe (De Paepe), Mürat (Murat), Düpleix (Dupleix), Schleifer y Schlaifer, Vezinand y Vassinand, Treboux y Trebeaux, Raymund y Reymond, Rubaud y Ribaud, Favrat y Fabrat; en la traducción unificamos estas formas. Imprime también «Anbry» por Aubry.

[^a16]: La sección de lengua francesa de Ginebra, distinta de la sección alemana que dirigía Becker.

[^a17]: Así en el número de septiembre. En la entrega de diciembre (véase más abajo, «Octava cuestión»), el propio *Vorbote* sitúa este debate en la sesión del miércoles por la tarde, después de los informes sobre las cuestiones primera, sexta, séptima y quinta, y dice que la mañana del miércoles se dedicó a los informes de las secciones. Sobre la actitud del Consejo General ante la Liga de la Paz, véase el [Proyecto de resolución sobre la actitud de la Internacional ante el congreso de la Liga de la Paz y de la Libertad](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1867%20Proyecto%20de%20resoluci%C3%B3n%20sobre%20la%20actitud%20de%20la%20Internacional%20ante%20el%20congreso%20de%20la%20Liga%20de%20la%20Paz%20y%20de%20la%20Libertad), de Marx.

[^a18]: Traducimos a continuación la versión alemana del *Vorbote* porque difiere bastante del texto francés de las actas. Los considerandos están redactados de otro modo; la adhesión se da a la Liga de la Paz «constituida en Ginebra el 7 de septiembre» (el texto francés habla del congreso que había de reunirse el 9); el objetivo final no es la «confederación de Estados libres en toda Europa», sino una «federación general y libre de los pueblos», y la condición de la clase obrera se formula como fin de la «lucha de clases recíproca» por la nivelación de los antagonismos. Sobre todo, la enmienda de Tolain invierte la relación causal del texto francés: allí el pauperismo es la causa primera de la guerra; aquí, la guerra es la causa principal del empobrecimiento.

[^a19]: Wilhelm Liebknecht (1826-1900), amigo de Marx, expulsado de Prusia en 1865; ese verano de 1867 fue elegido diputado al Reichstag de la Confederación de Alemania del Norte.

[^a20]: Giuseppe Garibaldi viajaba a Ginebra para asistir al congreso de la Liga de la Paz y de la Libertad, que se abrió el 9 de septiembre.

[^a21]: Son las decisiones recogidas en las resoluciones 2.º y 3.º sobre la primera cuestión: véase [Resoluciones sobre la primera cuestión (la Asociación, centro común de acción)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#resoluciones-sobre-la-primera-cuestion-la-asociacion-centro-comun-de-accion).

[^a22]: Según las actas francesas, el congreso nombró él mismo el Consejo General, con una lista de sus miembros: véase [Decisiones sobre el Consejo General y el próximo congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#decisiones-sobre-el-consejo-general-y-el-proximo-congreso).

[^a23]: Heinrich Wuttke (1818-1876), historiador, profesor de la Universidad de Leipzig, demócrata partidario de la Gran Alemania. Dirige su carta al Comité Central del Grupo de secciones de lengua alemana, en Ginebra.

[^a24]: Ferdinand Lassalle (1825-1864), fundador de la Asociación General de Trabajadores Alemanes (1863).

[^a25]: La victoria de Prusia sobre Austria en la guerra de 1866, tras la cual Prusia se anexionó Hannover, Hesse-Kassel, Nassau y Fráncfort y formó la Confederación de Alemania del Norte, en la que entró Sajonia.

[^a26]: El congreso aprobó después, sobre este punto, la resolución 4 sobre la quinta cuestión (lengua universal y reforma de la ortografía): véase [Resoluciones sobre la quinta cuestión (la enseñanza)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#resoluciones-sobre-la-quinta-cuestion-la-ensenanza).

[^a27]: Es la resolución que el *Vorbote* había publicado en el número de septiembre (pp. 141-143; véase más arriba, «La cuestión del Congreso de la Paz»): véase [Resolución sobre el Congreso de la Paz](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#resolucion-sobre-el-congreso-de-la-paz).

[^a28]: Émile Acollas (1826-1891), jurista francés, iniciador de la Liga de la Paz y de la Libertad.

[^a29]: En la versión alemana del *Vorbote*, el tercer punto de la propuesta termina pidiendo que se haga penetrar en las cooperativas «la idea de la reciprocidad y de la comunidad»; la mención de la federación procede de la enmienda de Tolain (véase más abajo). La adición al primer punto es la enmienda de Eccarius.

[^a30]: Así en el *Vorbote* («Es genüge nicht»), pero el sentido pide «bastaba con añadir»: la enmienda de Tolain, que el congreso aprobó, consistió en añadir «y de federación» al final del tercer punto, como se lee en el texto francés publicado.

[^b1]: El título francés del folleto sería *La paix désarmée dans les deux mondes*. Sobre otra carta de Lebloys vuelve el informe en la undécima sesión.

[^b2]: Así, sin más, imprime el *Vorbote* el enunciado de la cuestión.

[^b3]: Félix Chemalé, delegado de París. El *Vorbote* escribe su nombre de varias maneras (Chemale, Chmale, Cehmale); también deforma otros: Düpont (Dupont), Mürat (Murat), De Päpe (De Paepe), Düpleix (Dupleix), Eccaris o Enerius (Eccarius), Languet (Longuet), Guillaum (Guillaume), Aviola o Aviales (Aviolat). En la traducción unificamos la grafía.

[^b4]: Los broncistas de París, en conflicto con sus patronos en febrero y marzo de 1867, recibieron el apoyo de la Internacional, que recaudó fondos para ellos, sobre todo entre los sindicatos ingleses.

[^b5]: La comisión de la primera cuestión la formaban Eccarius, Tolain y Becker. El *Vorbote* había publicado el informe en su número de diciembre de 1867.

[^b6]: La *Gazette de Lausanne*, diario de Lausana fundado en 1798.

[^b7]: Véase, en la entrega de noviembre, la elección del Consejo General y de la sede del congreso siguiente, y [Decisiones sobre el Consejo General y el próximo congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#decisiones-sobre-el-consejo-general-y-el-proximo-congreso).

[^b8]: El *Vorbote* convierte el País de Gales del Sur (South Wales) en una segunda persona, «South von Wales»: según las actas, el congreso añadió solo a Walton, de Brecon, en el País de Gales del Sur. Corregimos la grafía de algunos nombres que el *Vorbote* da deformados (Beson, Bobcynski, Buckly, Hariette Law, Lassasie, Schaw).

[^b9]: Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), cuyo mutualismo (crédito gratuito, intercambio de productos entre productores asociados) inspiraba a la mayoría de los delegados franceses y belgas.

[^b10]: Alfred A. Walton, de Brecon (País de Gales), delegado de la National Reform League británica.

[^b11]: William Ewart Gladstone, ministro de Hacienda, creó en 1861 las cajas postales de ahorro (Post Office Savings Banks), garantizadas por el Estado. El *Vorbote* escribe «Gladsstone».

[^b12]: La memoria del Grupo de secciones de lengua alemana para el congreso de Ginebra de 1866, publicada en el *Vorbote*.

[^b13]: Literalmente, «sociedad de los solidariamente responsables», como traduce el *Vorbote*. Les Solidaires era una sociedad librepensadora de Bruselas, a la que pertenecía De Paepe.

[^b14]: Esta resolución no figura entre las publicadas en la página del congreso. «Faveau» es sin duda Fuveau, población minera (lignito) de Bocas del Ródano, cerca de Marsella.

[^b15]: El *Vorbote* escribe «Tauari». Los dos delegados italianos eran Sebastiano Tanari, de Bolonia, y Gaspare Stampa, de Milán.

[^b16]: *La Morale indépendante*, semanario librepensador publicado en París desde 1865. El *Vorbote* escribe «La Moral independente».

[^b17]: El *Vorbote* da las conclusiones en cuatro puntos numerados: el cuarto es el párrafo que en la página del congreso empieza «Pedimos también…». El texto coincide en lo sustancial con el publicado.

[^b18]: El *Vorbote* pasa aquí, sin aviso, del estilo indirecto al directo.

[^b19]: Así en el *Vorbote*, por error: la sesión de que se trata, la undécima, es la del sábado 7 de septiembre por la tarde, empezada en la entrega anterior.

[^b20]: La libreta (*livret d’ouvrier*) que en Francia debía llevar todo obrero, con las anotaciones de sus patronos, y que servía de instrumento de control policial.

[^b21]: La cifra está mal impresa en el *Vorbote*; parece un 9.


[^b23]: El congreso de la Liga de la Paz y de la Libertad, celebrado en Ginebra del 9 al 12 de septiembre de 1867; véase la [Resolución sobre el Congreso de la Paz](https://marxismo.school/archivo/congresos/1867%20Congreso%20de%20Lausana%20%28I%20Internacional%29#resolucion-sobre-el-congreso-de-la-paz).

[^b24]: Esta entrega del *Vorbote* es de mayo de 1868. El congreso de Bruselas se celebró del 6 al 13 de septiembre de 1868.
