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Title: Actas del Congreso de Bruselas de la II Internacional (1891)
Description: Las actas del Congreso Obrero Socialista Internacional de Bruselas de agosto de 1891, el segundo de la II Internacional, sesión por sesión según el informe del secretariado belga: la exclusión de los anarquistas, el debate sobre la legislación del trabajo y la lucha de clases, la cuestión judía, el derecho de coalición y los secretariados del trabajo, el choque entre Domela Nieuwenhuis y Liebknecht sobre la huelga general contra la guerra, la igualdad de los sexos y el Primero de Mayo.
Author: Congreso Obrero Socialista Internacional de Bruselas
Date: 1891-08
URL: https://marxismo.school/archivo/congresos/1891%20Actas%20del%20Congreso%20de%20Bruselas%20%28II%20Internacional%29
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*Congreso celebrado en Bruselas, en la Casa del Pueblo y en la sala Saint-Michel, del 16 al 22 de agosto de 1891. Traducido del informe oficial,* Congrès international ouvrier socialiste tenu à Bruxelles du 16 au 23 août 1891. Rapport publié par le Secrétariat belge *(Bruselas, Imprenta viuda de Désiré Brismée, 1893, pp. III-101), según el ejemplar digitalizado en [archive.org](https://archive.org/details/CongrsInternationalOuvrierSocialisteTenuBruxellesDu16Au23Aot). Se traducen la introducción, firmada J. V. (Jean Volders), y la crónica del congreso, de la víspera a la excursión a Gante; se omiten los informes sobre el movimiento obrero en los distintos países (pp. 103-237) y la lista de delegados (pp. 238-248), que el volumen publica a continuación. Las resoluciones aprobadas no se repiten: una línea en cursiva remite a la [página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1891%20Congreso%20de%20Bruselas%20%28II%20Internacional%29). Completamos con la fecha y la parte del día los títulos de las sesiones; los nombres propios se dan como los escribe el informe. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en francés](https://marxismo.school/archivo/congresos/originales/1891%20Congr%C3%A8s%20international%20ouvrier%20socialiste%20de%20Bruxelles%20%28IIe%20Internationale%29.%20Rapport).*

## Introducción

El Congreso de Bruselas puede considerarse el más importante de los congresos socialistas celebrados desde el final de la Asociación Internacional de los Trabajadores.

Por primera vez se han visto reunidas en una asamblea todas las agrupaciones políticas y económicas de los distintos países de Europa, de América y de Australia. La presencia de estos diferentes elementos en una sola reunión internacional ha permitido poner fin al régimen de congresos de orígenes diversos, que hacía imposible la cohesión de todas las fuerzas socialistas.[^1]

De ahora en adelante no habrá, pues, más que un solo Congreso Internacional Obrero Socialista, en cuyo seno se encontrarán cada dos años —es el intervalo que parece haberse adoptado— los delegados de todas las asociaciones de oficio, económicas y políticas del mundo civilizado, reunidos para resolver las cuestiones importantes relativas a la marcha del socialismo y a la emancipación integral del proletariado, en su triple forma: industrial, agrícola e intelectual.

De ello resultará una unidad de acción relativa, evidentemente, porque la táctica o la política de la democracia socialista varía según los países, y producirá buenos efectos.

La sola presencia en una misma sala de los tradeunionistas de Inglaterra y de América, de los socialdemócratas de Alemania con su contingente de diputados y de delegados de las agrupaciones de oficio, de todos los partidos socialistas y de todas las grandes organizaciones sindicales de Francia, de los partidos obreros socialdemócratas de Bélgica, de Holanda, de Dinamarca, de Suecia y de Noruega, de los socialistas del joven y vivo partido obrero de Rumanía, de los partidos obreros socialistas de España y de Italia y, por último, de todas las organizaciones socialdemócratas y profesionales de Suiza es una manifestación clamorosa de la grandeza y del poder del movimiento obrero internacional. Hay que añadir que había llegado por escrito la adhesión de las distintas fracciones socialistas y unionistas de Australia.

Lo mismo que todos los partidos obreros y todas las federaciones socialdemócratas estaban representados en el congreso, puede decirse también que todas las grandes ramas de la industria tenían allí sus representantes. Las industrias del hierro, de la madera, de la piedra, de la hulla, del tejido, del hilado, del vestido, del tabaco y las industrias de lujo tenían sus mandatarios especiales, que se ponían de acuerdo en asambleas particulares sobre los distintos puntos de su organización nacional e internacional. Así se han estrechado los lazos entre todos los trabajadores de las mismas profesiones, sin distinción de raza ni de nacionalidad.

Se adoptaron un procedimiento y un reglamento nuevos, que simplificaron el trabajo al asignar a secciones las diferentes cuestiones del orden del día; las votaciones se hicieron por cabeza, lo que acortó las operaciones siempre que fue posible; la verificación de los mandatos la hicieron en muy poco tiempo las propias nacionalidades, y el congreso no tuvo más que ratificar sus decisiones. Del mismo modo, la mesa la formaron las naciones, que eligieron a aquellos de los suyos encargados de formar parte del comité, lo que aseguró la participación de todas las nacionalidades en el trabajo de administración del congreso.

La cuestión de la admisión de los anarquistas quedó resuelta definitivamente. Para tener asiento en los congresos de la democracia socialista internacional, que tiene su programa, su política y sus medios de acción, hay que ser socialista, ser partidario de la organización obrera, admitir la acción política y la intervención del Estado. No debe haber confusión entre la anarquía y el socialismo, dos doctrinas distintas que, aunque persigan la emancipación de la humanidad, quieren llegar a ella por vías diferentes, empleando otros medios de propaganda.

El Congreso de Bruselas se separó tras haber agotado todo el orden del día. Terminó en medio de un gran entusiasmo: un impulso de fraternidad llevaba a los delegados de todos los países a estrecharse la mano, la emoción era general y el espectáculo que ofrecía aquella asamblea de los representantes del proletariado del mundo, confundidos en un mismo impulso, era sobrecogedor. El recuerdo de esa escena conmovedora quedará grabado en la memoria de todos los asistentes.

Una atronadora *Marsellesa*, cantada en diez lenguas distintas por los congresistas, en pie y descubiertos, cerró este soberbio Congreso de Bruselas.

J. V.

## Antes del congreso

El sábado, desde por la mañana, los delegados llegan a la Casa del Pueblo y los reciben los miembros del Consejo General belga y del partido obrero bruselense.

El comité organizador ha tomado disposiciones para el alojamiento de los congresistas, así como para el envío y la recepción de la correspondencia.

La mayoría de ellos se asombra un poco al verse acogidos así en un local socialista que pertenece al partido obrero y es el centro de una vasta organización.

Se hablan todas las lenguas. Viejos amigos, delegados que se conocieron en congresos anteriores, se vuelven a ver con placer: es una fraternización general.

Naturalmente, todos piden información sobre la importancia del Congreso de Bruselas y sobre la participación de los distintos elementos. Causa sorpresa y satisfacción saber que será excepcionalmente nutrido, tanto en grupos y partidos representados como en número de delegados.

Hacia el anochecer aumenta la afluencia. Los delegados ocupan las salas de la planta baja y los socialistas bruselenses los agasajan.

Un contingente de periodistas de todos los países completa la animación y da un carácter especial a esta multitud cosmopolita.

Tras los apretones de manos y el intercambio de noticias, la gente se va separando poco a poco. Cada uno se marcha a su hotel, a la espera de la jornada siguiente y de la apertura del congreso.

## Sesión de instalación, domingo 16 de agosto por la mañana

La sala de fiestas de la Casa del Pueblo se ve invadida por un público cosmopolita que se acomoda en el local, adornado con colgaduras y estandartes rojos.

Las banderas, carteles e insignias de todos los grupos obreros de Bruselas están colocados a lo largo de las paredes. La mesa está cubierta con un tapete rojo con la inscripción: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

En la mesa se sientan, como presidente, el viejo internacionalista Laurent Verrycken,[^2] asistido por Jean Volders, secretario del congreso, y los compañeros Louis Bertrand,[^3] Defnet, Vandendorpe y Vandervelde.[^4]

En la sala están las personalidades de todos los partidos socialistas del mundo. El proletariado internacional está representado por su élite.

Es mediodía. En nombre del Consejo General del Partido Obrero Belga y de todos los trabajadores asociados de Bélgica, el presidente **Laurent Verrycken** declara abierto el congreso y da la bienvenida a los representantes del proletariado organizado del mundo, que vienen a colaborar juntos en el éxito de esta asamblea y entre los cuales se alegra de comprobar la presencia de todas las fracciones y matices del socialismo del mundo entero. Espera que el congreso trabaje de un modo práctico y no se extravíe en discusiones teóricas, como ha ocurrido algunas veces. Hay que perseguir la solución de las cuestiones obreras con vistas a conquistar la emancipación del proletariado. Todas las cuestiones personales o de secta deben apartarse en beneficio exclusivo de las soluciones positivas y por el mayor bien de la clase obrera universal.

A continuación, el secretario del congreso, **Jean Volders**,[^5] secretario para el exterior del Consejo General belga, añade a este discurso de bienvenida algunas explicaciones sobre la organización del Congreso de Bruselas.

Explica que los dos congresos socialistas que se celebraron en París en 1889, el primero en la calle Rochechouart y el segundo en la calle de Lancry, en los que estuvo representado el Partido Obrero Belga, dieron a este el mandato de convocar en Bruselas, en 1891, de acuerdo con las organizaciones socialistas de los distintos países, un congreso internacional obrero socialista.[^6]

Uno de los congresos había dado a Bélgica un mandato firme; el otro había dejado a su mesa la elección entre Bélgica y Suiza para la celebración del congreso; se designó al primero de estos países, que quedó así doblemente mandatado.

Había, pues, la posibilidad de reunir por primera vez en una sola asamblea internacional a todos los partidos socialistas de todos los países civilizados del mundo.

El éxito es completo: lo prueba la presencia de todas las delegaciones aquí reunidas.

Con este resultado, antes de discutir, ya hemos ganado una gran batalla.

Desde ahora se impone a todos el importante deber de obtener nuevos éxitos llevando a buen término los trabajos de este congreso.

Bélgica está en la confluencia de las diversas razas industriales y socialistas europeas. Por sus relaciones constantes con Alemania, Francia, Holanda e Inglaterra, ha reunido con más facilidad que otros a todos los representantes del proletariado presentes en este congreso.

Es la primera vez desde hace muchos años que llega esta gran dicha y esta gran alegría. En adelante la costumbre está tomada: estas asambleas plenarias del socialismo internacional serán posibles en todas partes.

Comprobamos además, en el Congreso de Bruselas, otro resultado importante: la llegada simultánea de los socialistas alemanes de todos los matices y de los delegados de las *trade-unions* inglesas, en evolución hacia el socialismo.

Dicho esto, arreglemos las cuestiones de organización. Pronto estaremos de acuerdo para cumplir imparcialmente el doble mandato recibido.

Ya se ha dado la bienvenida a los congresistas, de forma breve pero calurosa y fraternal; hay que ponerse manos a la obra.

Cada nacionalidad verificará, en una sala aparte, los derechos de sus nacionales, con reserva de apelación a la voluntad soberana del congreso, que se reunirá a las dos para resolver esas apelaciones. Designará también a sus delegados e intérpretes para formar parte de la mesa del congreso. En todos los países donde hay distintas fracciones socialistas, es de desear que esas fracciones estén representadas. Así, Francia debe designar cinco o seis delegados, y todos deseamos que, agrupados bajo nuestra bandera roja, esos delegados tengan también en Francia otras asambleas comunes que los reúnan a todos por el bien del proletariado.

El lunes por la mañana empezarán a trabajar las secciones y se discutirá el primer punto del orden del día.

Se invita a las naciones a presentar su informe, que servirá de información al congreso y será útil para la publicación de las actas de Bruselas, que resumirán y condensarán todos los trabajos del congreso internacional.

La sesión de apertura se fija para las dos y media.

## Sesión de apertura, domingo 16 de agosto por la tarde

El público es numeroso. La verificación de poderes, hecha por las mesas de las nacionalidades, la confirma, salvo algunas observaciones, la asamblea, que se abre a las tres.

El secretario **Volders**, tras dar a conocer estos resultados y la lista de los delegados elegidos por cada nacionalidad para formar parte de la mesa, los invita a ocupar su sitio.

Comprueba con satisfacción el número considerable de miembros del congreso procedentes de los parlamentos europeos. Hay quince miembros del Reichstag alemán, uno del Rigsdag danés, ocho de la Cámara de Diputados de Francia, un rumano, tres del Parlamento inglés, un antiguo miembro del Parlamento holandés y Léon Defuisseaux, antiguo miembro de la Cámara belga.

La presencia de estos diputados y la brillante composición de las delegaciones muestran la importancia del Congreso Internacional de Bruselas.

Comunica a la asamblea que las delegaciones están compuestas así:

Alemania: Singer,[^7] presidente; W. Liebknecht,[^8] Auerbach, Fendrich, Lux, Wolkenberger, Otto Walster.

Inglaterra: Herbert Burrows, Eleanor Marx-Aveling,[^9] James Holmes, William Torne,[^10] Unterwatts.

Austria: el doctor Adler,[^11] de Viena, Roscher.

Bélgica: Anseele,[^12] Verrycken, Vandervelde y Jean Volders.

Dinamarca: P. Knudsen, del Rigsdag danés.

España: P. Iglesias,[^13] delegado por el congreso nacional español.

Estados Unidos: A. Cahan[^14] y Hoehne.

Francia: Édouard Vaillant,[^15] Delescluze, Prudent-Dervillers, Allemanne,[^16] Jules Guesde,[^17] Ledain, Martin.

Holanda: Domela Nieuwenhuis.[^18]

Hungría: Engelman, Kirschner.

Italia: Croce y F. Turati.[^19]

Polonia: Mendelssohn.[^20]

Rumanía: Constant Mile.[^21]

Suiza: Paul Brandt.

El congreso designa dos presidentes simultáneos, Vaillant y Singer, para esta solemne sesión de apertura.

**Éd. Vaillant** se levanta y empieza por señalar el carácter internacionalista del nombramiento de un antiguo miembro de la Comuna de París y de un diputado del Reichstag alemán como presidentes de la sesión inaugural.

Dice que es una afirmación clamorosa en favor de la paz internacional de los pueblos, y termina mostrando que, mientras los soberanos tratan de dividir a las naciones y de preparar la guerra, los socialistas, representantes de la clase obrera, trabajan en una obra de concordia para asegurar la libertad de los pueblos.

Este discurso se traduce después al inglés y al alemán. Lo mismo se hará con todos los discursos.

**Singer**, en nombre de la fracción socialista del Reichstag y de la delegación de Alemania, expresa a su vez la voluntad de los socialistas y de los trabajadores alemanes de unirse con los demás obreros sin distinción de raza.

Este acuerdo, que se manifiesta ante Europa, es un hecho feliz e importante, que será fecundo en resultados prácticos para el futuro. El proletariado internacional no se dejará extraviar por cuestiones de patriotismo. Marchará unido al grito de ¡VIVA LA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES!

El ciudadano **Demblon**,[^22] del Partido Obrero Belga, declara que, después de estas palabras de paz y de conciliación entre Alemania y Francia, hay que saber cuánto se han quebrantado los corazones belgas por el vacío que dejó entre nosotros la muerte de César De Paepe,[^23] el verdadero fundador de la Internacional. Hay que asociar a su recuerdo el de Karl Marx, cuya hija está con nosotros, y el nombre de Benoît Malon,[^24] el padre del socialismo científico francés.

Se decide enviar un telegrama de simpatía a Lafargue y a Roger, encarcelados uno en París y el otro en Mons.[^25] El congreso expresa también su simpatía a todas las víctimas del Primero de Mayo.[^26]

### La verificación de los mandatos

Se pasa al examen de los informes que presentan las naciones sobre sus delegaciones.

Bélgica cuenta con 187 delegados, que representan a todos los sindicatos y grupos de trabajadores belgas. La nacionalidad ha rechazado a tres grupos anarquistas bruselenses, que apelan al congreso.

El secretario pregunta si los anarquistas aceptan una organización cualquiera, como quieren los socialistas. Los anarquistas responden negativamente.

En nombre de ellos, el ciudadano **Wysmans** explica que, a su juicio, los anarquistas son también socialistas, más avanzados que los demás.

Quieren tener algo que decir y expresar sus opiniones sobre las cuestiones sometidas a la discusión del congreso.

La mayoría debe oírles exponer sus ideas sobre los medios que emplean los socialistas y mostrarse tolerante.

Si no se los admite, parecerá que se teme su participación en el congreso.

Un delegado inglés, **Gilles**, defiende su admisión diciendo que se admite a los tradeunionistas.

El secretario **Volders** hace observar que no se invitó a los grupos anarquistas y que se les avisó a todos de que no serían admitidos.

Se ha llamado al congreso a todas las asociaciones y grupos que aceptan el principio de la organización y el de la intervención del Estado. El congreso discutirá cuestiones cuya solución implica la acción política, a la que los anarquistas son ajenos y hostiles.

Formamos un partido socialista que no tiene nada en común con la anarquía.

Se vota por unanimidad un orden del día, presentado por la nacionalidad belga, que excluye del congreso a los anarquistas.

Se continúa luego la lectura de la lista de las delegaciones de las distintas nacionalidades.

Alemania tiene 42 delegados, entre ellos 2 mujeres, enviados por el conjunto del partido socialista alemán y por 91 organizaciones obreras.

Inglaterra tiene 23 delegados, que representan a 199.300 miembros y comprenden delegaciones de las *trade-unions* antiguas y nuevas.[^27]

Austria tiene 11 delegados con 18 mandatos, que representan al partido socialista y a todos los oficios obreros.

Dinamarca ha enviado una delegación de tres personas, que representan a la fracción sindical y a la fracción política del partido danés.

Francia está representada por las delegaciones de todas las organizaciones socialistas y las de las federaciones sindicales. Hay 69 delegados, mandatados por 596 grupos políticos o sindicatos de oficio.

Suecia y Noruega están representadas también por un delegado cada una.

España ha delegado al compañero Pablo Iglesias, de Madrid, designado por 40 grupos españoles.

Polonia, representada por Mendelssohn, tiene 7 delegados, que afirman su unión con el partido socialista internacional. No hay en esta acción el menor pensamiento de revancha ni de conquista de la nacionalidad.

Rumanía está representada por cinco delegados del socialismo organizado, tanto desde el punto de vista político como obrero.

Suiza tiene seis delegados, cuyas atribuciones y mandatos enumera el compañero Brandt.

Italia, representada por Croce, se adhiere al congreso con la presencia de este delegado, que representa a los oficios, y la de Filippo Turati, delegado por el congreso del partido obrero.

A propósito de los Estados Unidos, que tienen seis delegados, de los que se ha admitido a cuatro, se produce un debate. Uno de ellos representa a 143 *trade-unions*; un tercero, a 30.000 judíos socialistas organizados; otro, al congreso internacional de Chicago.

Dos delegados se presentan como mandatarios de la misma federación, y su admisión se somete al congreso.

Se presenta una propuesta para admitir a los dos. Uno de los delegados, el compañero **Sanial**,[^28] se niega y afirma que es el elegido de 65.000 miembros de *trade-unions* que lo nombraron aunque es socialista y porque lo es. Pide que se elija un comité especial que juzgue entre él y su competidor.

El delegado **Hoehn**, de Chicago, habla de las divisiones que han surgido entre las asociaciones del socialismo americano a raíz del último congreso. El mandato impugnado pertenece a una organización socialista regular. No hay por qué nombrar un comité.

El congreso decide admitir a los dos delegados.

La presentación de la lista de los delegados de Holanda provoca también una discusión.

Se han validado nueve mandatos presentados regularmente. Se ha rechazado a un delegado de una asociación de Róterdam. A la ciudadana Cuypers, de Ámsterdam, delegada de una sociedad de mujeres que solo se ocupa de la cuestión de la emancipación de la mujer y no de cuestiones sociales, su nacionalidad le ha rechazado el mandato.

Varios miembros de la asamblea piden que no se mantenga esta exclusión.

La ciudadana explica que el nombre de la sociedad que representa, «La Mujer Libre», justifica su presencia y no tiene nada de burgués.

La organización separada de la mujer es necesaria en Holanda más que en ninguna otra parte: los partidos de hombres que combaten la admisión de las mujeres en el congreso son menos socialistas que la sociedad «La Mujer Libre».

Intervienen una delegada alemana y una ciudadana inglesa, a raíz de una pregunta de Domela Nieuwenhuis, que quiere saber si el grupo de «La Mujer Libre» considera al hombre como el enemigo. La ciudadana **Cuypers** responde negativamente con una declaración socialista.

Esta respuesta cierra el incidente, y la verificación de los mandatos termina. El congreso se aplaza al día siguiente, lunes, para reunirse en la sala Saint-Michel.

## Sesión del lunes 17 de agosto por la mañana

El congreso se traslada a la gran sala Saint-Michel, en la calle d'Or, cerca de la Casa del Pueblo.

El recinto está guarnecido de colgaduras rojas; la mesa está adornada con un gran tapete del mismo color.

Se han dispuesto largas mesas, y los congresistas se sientan alrededor, con todas las facilidades para escribir, tomar notas y colocar sus documentos.

La mesa se ha reunido en una sala aparte para tomar medidas de organización y adoptar el modo de división del trabajo. Se forman las secciones, para que cada una se ocupe de una cuestión especial.

Estos preliminares llevan tiempo: son más de las diez cuando se abre la sesión.

Preside **Anseele**, el socialista gantés, con el delegado Holmes, de Inglaterra. Da cuenta a la asamblea de las disposiciones que ha tomado la mesa para reglamentar el congreso y distribuir el trabajo entre las asambleas. Habrá dos sesiones, por la mañana de diez a doce y media y por la tarde de dos a cinco.

Las cuestiones sometidas a las secciones se discutirán fuera de las sesiones; el ponente nombrado tendrá quince minutos para leer las conclusiones, sobre las que se abrirá la discusión.

Las cuestiones de principio se votarán por nacionalidad, y las cuestiones administrativas, por delegados.

Habrá diariamente dos presidentes por cada nacionalidad.

Se anuncia la llegada de nuevos delegados franceses, ingleses, austriacos, suecos e italianos.

Un delegado italiano, que se presenta con el nombre de Levi y acaba de llegar, pide ser recibido en el congreso en virtud de los principios que se adoptaron en el congreso de Milán. Este delegado es en realidad Merlino,[^29] el conocido escritor revolucionario, que se inscribe como representante de oficios obreros italianos.

El presidente **Anseele**, en virtud de la decisión tomada la víspera, se niega a admitirlo. El delegado italiano protesta y reclama el derecho a tener asiento. El doctor **Adler**, delegado austriaco, cree que corresponde a Italia pronunciarse.

El secretario **Volders** se opone a la admisión y a la remisión a la nacionalidad italiana: el congreso se pronunció el domingo y su decisión es ley para el futuro. Solo que, como Levi-Merlino tiene una delegación de oficios sindicales italianos, procede admitirlo. La asamblea lo aprueba y el incidente queda cerrado.

Se fijan luego las medidas para el orden de las discusiones y la preparación de las cuestiones sometidas al orden del día.

Se dirige un aviso a los delegados de las industrias metalúrgica, textil, de la construcción y del vestido para que se reúnan después de la sesión en los locales de la Casa del Pueblo, con el fin de sentar las bases de un acuerdo internacional y decidir la celebración de sesiones federales mientras dure el congreso.

Tomadas todas estas disposiciones, termina la sesión de la mañana y los congresistas se separan para ir a comer.

## Sesión del lunes 17 de agosto por la tarde

La sesión de la tarde, cuya apertura se retrasa por el trabajo de preparación de las secciones y de la mesa, no empieza hasta cerca de las tres y media.

Como los informes no están listos y no aparecerán hasta el día siguiente, se decide aplazarlos a esa sesión. La segunda sección, que se ocupa de la organización internacional, de las coaliciones y de las huelgas, se funde con la décima, encargada de organizar la estadística y la correspondencia internacional y las comunicaciones entre agrupaciones sindicales; de acuerdo entre ellas, las dos presentarán una resolución común.

El secretario lee una serie de mensajes y telegramas de simpatía procedentes de Alemania, de Francia, de Austria, de Inglaterra, de América y de Australia. Da a conocer un largo informe de Lavrov,[^30] que habla elocuentemente de la situación del movimiento emancipador de Rusia, cuyos propagandistas están expuestos al martirio, de la energía que han necesitado esos hombres y mujeres abnegados para luchar contra un régimen de hierro y del valor que les es indispensable para vivir en el extranjero con pocos recursos.

El viejo revolucionario ruso asegura a los delegados de todos los países que los socialistas rusos están de corazón y de alma con el congreso y desean la pronta liberación de la humanidad.

Tras un debate sobre la manera en que deben desarrollarse las discusiones en las secciones y sobre la pronta reunión de estas, se decide poner manos a la obra al día siguiente por la mañana abordando directamente el primer punto:

LA LEGISLACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO.

Antes de terminar la sesión, **Volders** invita, en nombre del Partido Obrero Belga, a los delegados de todos los países a participar en la recepción de la noche en la Casa del Pueblo; **Anseele** los anima a hacer un viaje a Gante para visitar las instalaciones del Vooruit.[^31]

## La velada del lunes en la Casa del Pueblo

El partido obrero bruselense había invitado a los congresistas el lunes por la noche a una recepción íntima. La sala de fiestas se había preparado para la velada.

Las paredes estaban adornadas con numerosos estandartes rojos. Todas las banderas, carteles y emblemas de los grupos estaban dispuestos con arte a lo largo de las paredes.

Al fondo de la sala, un busto de la República social, envuelto en rojo, detrás de los tres grandes escudos de la Federación bruselense: el primero, sobre fondo rojo, con un león amarillo que rompe sus cadenas; el segundo, con esta inscripción: «Sitio a los pobres», y el tercero con esta otra: «Sitio al pueblo trabajador».

Un tapete rojo con estas palabras bordadas: Libertad, Igualdad, Fraternidad, cubre la mesa dispuesta en el escenario.

A lo largo de toda la sala hay mesas, con bancos junto a ellas y manteles tendidos en toda su longitud.

Hay sitio para cuatrocientas personas. Los congresistas han acudido en masa a la invitación; son, en todos los países, la gran mayoría. Están presentes todos los personajes destacados del movimiento socialista.

**Volders**, que preside, da la bienvenida a los delegados de las distintas naciones. El Partido Obrero Belga se alegra de recibir así a los representantes de todos los proletariados organizados del mundo y de servir de lazo de unión a todos esos partidos y organizaciones socialistas.

Tras estas palabras cordiales se oyen discursos en todas las lenguas. Cada uno viene, expresándose en su idioma, a dar a conocer la simpatía de los trabajadores de su país por los de las demás nacionalidades.

Es imposible reproducir siquiera el resumen de lo que se dijo. Basta con citar el texto de las principales alocuciones y el nombre de los oradores.

**Turati** pronunció una arenga elocuente y llena de imágenes que concluía en la fraternidad de los pueblos; **Ferroul** saludó a los socialistas muertos o encarcelados por la causa popular; **Constant Mille** evocó, primero en rumano y luego en francés, el recuerdo de César De Paepe; **Vaillant** afirmó la solidaridad de las naciones; **Manfred Wittich** recordó, en alemán, la lucha de la Comuna.

Se oyó luego a **Domela Nieuwenhuis**, que glorificó el socialismo con hermosas palabras; a **Iglesias**, cuyo enérgico discurso en español levantó los bravos; a **Worms**, de la fracción socialista del Reichstag; a **Hyndman**,[^32] uno de los delegados tradeunionistas; a un socialista berlinés, a oradores eslavos y húngaros y, por último, a **Hoehn** y **Cahan**, de los Estados Unidos, en un lenguaje muy vibrante.

Los discursos alternaban con cantos y aires de música. La velada se prolongó, animada y alegre, hasta la una de la madrugada. Todos los asistentes cantaron a coro, cada uno en su lengua, la *Marsellesa* y, por último, según la costumbre de los socialistas bruselenses, se terminó con la *Carmañola*, cantada y bailada por todos.

## Sesión del martes 18 de agosto por la mañana

Por la mañana, antes de la sesión, se han reunido las comisiones y la mesa, y se han preparado informes y conclusiones sobre distintas cuestiones.

Han llegado delegados de distintas nacionalidades, que están presentes en la asamblea.

La presidencia se confía a Lucien Sanial, de los Estados Unidos, y a P. Knudsen, de Dinamarca.

Tras agradecer al congreso que los haya llamado a la presidencia a su colega y a él, **Sanial** señala la situación de los Estados Unidos, donde, pese a la riqueza de la nación, que produce 70.000 millones, y a las instituciones republicanas, los productores son explotados.

Esta situación da a los Estados Unidos una importancia excepcional desde el punto de vista del movimiento socialista.

Los socialistas americanos no faltarán a su deber. Tienen organizaciones obreras poderosas, y el socialismo se infiltra por todas partes en las asociaciones y en la opinión.

En América se tiene la costumbre de los debates estrictamente parlamentarios; el presidente se propone dirigir estos a la americana, invita a los oradores a presentar de antemano en la mesa toda petición de palabra y anima a la asamblea entera a escuchar en silencio las traducciones de los discursos pronunciados.

**Baudin**, diputado francés, anuncia que acaba de recibir la noticia de una huelga formidable de los tejedores de Wignehies, cerca de Fourmies.[^33] Añade que se ha requerido a las tropas para reprimir esa huelga. Cree que el deber de los diputados franceses es acudir inmediatamente a la llamada de los huelguistas y pide permiso para partir a la una, con Dumay, Ferroul y Thivrier, hacia la región de la huelga.[^34]

Se aplaude calurosamente, pese a la impresión que produce el anuncio de esta noticia.

Surge un incidente a propósito de la admisión de nuevas delegaciones.

Un delegado de los sindicatos españoles, **Fernández Gramos**, se presenta y se ve obligado a declararse anarquista.

Dice estar mandatado por organizaciones obreras, una cincuentena aproximadamente, creadas para sostener la lucha del trabajo contra el capital. Reivindica para los anarquistas todos los movimientos y todos los resultados revolucionarios de España. En cuanto a él, cree que tienen más mérito los que van, como en Chicago, a la horca y al martirio[^35] que los que buscan, por medio del socialismo, mandatos y puestos en las asambleas políticas.

**Volders**, que había anunciado la presencia de este delegado, protesta enérgicamente contra el sistema de obstrucción que emplean los anarquistas, que todos los días sirven un plato a su manera. Esto tiene que acabar.

**Pablo Iglesias**, representante del Partido Obrero Español, a petición del presidente, dice que los grupos representados por Gramos han combatido con ensañamiento la manifestación del Primero de Mayo, empleando todos los medios, incluso la calumnia.

Esos grupos no admiten la legislación del trabajo, cuyo estudio es precisamente el objeto del presente congreso; no tienen, pues, ninguna razón para hacerse representar en él. Una aprobación unánime acoge estas palabras.

La exclusión de Gramos y de los delegados que lo acompañan se pone a votación y se aprueba, pese a sus protestas, por unanimidad de los congresistas.

Se retiran ruidosamente, increpando a varios miembros de la asamblea.

Se aborda la primera cuestión del orden del día.

### La legislación del trabajo

1. Del estado de la legislación protectora del trabajo, desde el punto de vista nacional e internacional, y de los medios que deben emplearse para extenderla y hacerla eficaz.

El compañero **Émile Vandervelde**, de Bélgica, ha informado en nombre de la sección encargada del estudio de esta cuestión.

Comprueba que, según todos los países representados, no se ha hecho nada desde el Congreso de París. Se ha producido, sin embargo, un hecho: la reunión de la Conferencia de Berlín.

Esta conferencia ha tenido por resultado llevar a ciertos gobiernos, más conservadores que otros, a dar un paso en el camino de las reformas sociales. Por otra parte, ha permitido a ciertos países, cuya legislación es menos imperfecta, no perfeccionarla más, porque los países competidores tienen una legislación peor.

En los Estados Unidos no se observan progresos desde hace dos años; varias leyes sociales de los Estados del Norte y del Oeste han sido incluso declaradas inconstitucionales. El único resultado es que la ley que desde hace veintiocho años fija en ocho horas el máximo de la jornada de trabajo se ha aplicado con más rigor y se ha extendido a los empleados de correos.[^36]

En Alemania no se ha hecho casi nada: todo se ha limitado a precisar la reglamentación del trabajo de las mujeres y de los niños.

En Austria se presentan proyectos sin consecuencias serias, cuya aplicación será ineficaz.

En Dinamarca, un diputado socialista ha presentado un proyecto sobre las ocho horas de trabajo, cuyo rechazo es seguro.

En Suecia, todo se reduce al nombramiento de tres inspectores de fábrica.

En Rumanía no hay nada en materia de legislación obrera.

En Francia, aparte de la ley sobre los sindicatos, que es antigua, se ha votado una ley sobre los delegados mineros, sobre el trabajo de las mujeres y de los niños y sobre el contrato de arrendamiento de servicios. Ha habido dos decretos: uno que crea una Oficina del Trabajo, encargada especialmente de la estadística, y otro que crea un Consejo Superior del Trabajo.

Suiza es el único país en el que hay reformas importantes que señalar: la revisión de la Constitución para asegurar a los obreros contra la enfermedad y los accidentes de trabajo, y un decreto federal que extiende las leyes sobre las fábricas a todo establecimiento que emplee a más de cinco obreros.

En Inglaterra se ha mejorado la situación de las mujeres y de los niños; la edad mínima a la que pueden trabajar estos últimos se ha reducido a doce años.[^37] Las ocho horas de trabajo se han aplicado a los tejedores, a los empleados de ferrocarriles y a los mineros.

En Holanda se ha votado una ley sobre el trabajo de las mujeres y de los niños, y nada más.

En Bélgica, por último, se han decretado leyes absolutamente insuficientes: una sobre el trabajo de las mujeres y de los niños, y otra que crea un Consejo de la Industria y del Trabajo, sin autoridad y sin sanción para sus decisiones.

El ponente da lectura entonces a la resolución siguiente, que emana de la mayoría de la primera sección:[^38]

EL CONGRESO declara: Que las leyes y decretos promulgados en los distintos países desde los congresos internacionales de París de 1889 no responden en absoluto a las aspiraciones legítimas del proletariado;

Que si la Conferencia de Berlín, según confiesan quienes la convocaron, se reunió bajo la influencia de los congresos socialistas —y en este sentido debe considerarse una concesión importante—, sus deliberaciones han demostrado que los gobiernos actuales no tienen la voluntad de llevar a cabo reformas ni la consciencia de sus deberes para con las clases obreras;

Que, por otra parte, las resoluciones de la Conferencia de Berlín han servido de pretexto a ciertas naciones industriales para frenar el desarrollo de su legislación protectora del trabajo, invocando las decisiones tomadas en Berlín y las deficiencias de la legislación de las naciones competidoras, procedimiento que el congreso condena del modo más categórico como inspirado por intenciones desleales y malas;

Además, el congreso hace constar que la legislación actual no solo es deficiente en sí misma, sino que se ejecuta y se aplica de un modo insuficiente; en consecuencia, el congreso conjura a la clase obrera de todos los países a luchar, con toda la energía y todos los medios de propaganda de que dispone, por la realización del programa del Congreso de París, aunque esa agitación no tuviera por el momento otro resultado que demostrar que la clase de los dirigentes y de los explotadores es enemiga de toda protección eficaz del trabajo.

Asimismo, considerando que es necesario imprimir una dirección común al movimiento socialista internacional, especialmente en lo que se refiere a la protección del trabajo, invita a las organizaciones y partidos obreros:

1.º A organizar en cada país una encuesta permanente sobre las condiciones del trabajo en su relación con la legislación protectora;

2.º A intercambiar la información necesaria para el desarrollo y la unificación de la legislación industrial;

3.º Por último, el congreso invita a los trabajadores del mundo entero a unir sus esfuerzos contra la resistencia de los partidos capitalistas burgueses y, allí donde gocen de sus derechos políticos, a negar sus votos a todos los que no se comprometan a sostener estas reivindicaciones.

Tras la lectura de esta resolución se levanta la sesión, y el congreso se aplaza hasta las dos.

### Un incidente

Durante la suspensión de la sesión, dos miembros del congreso, Merlino, llamado Levi, delegado italiano, y Chauvière, de París,[^39] han sido detenidos y conducidos a la oficina de la Sûreté.

Merlino, escritor notable, abogado ante el Tribunal de Apelación de Milán e hijo de un presidente de ese tribunal, ha sido detenido a la puerta del congreso en virtud de un decreto de expulsión dictado contra él. Hace unos meses había colaborado en *L'Homme libre*, hoja anarquista publicada en Bruselas, y por ello había sido expulsado; se le ha detenido por quebrantar la expulsión.

Chauvière, concejal de París, estaba en el mismo caso: había residido en Bélgica como refugiado político y, más tarde, cuando vino a hacer propaganda, se le devolvió a la frontera.

Chauvière obtuvo un salvoconducto de ocho días; Merlino fue encarcelado a la espera de que lo enviaran al extranjero. Se supo después que lo habían conducido a Inglaterra.

## Sesión del martes 18 de agosto por la tarde

La sesión se reanuda a las dos y media; se continúa la discusión de la primera cuestión.

Hay en la asamblea una delegación de los carpinteros de Londres, que están en huelga; los delegados han pedido hablar los primeros.

**Burton**, su mandatario, cuenta los detalles de la huelga, que dura ya dieciséis semanas sin resultado. Tiene por motivo la jornada de ocho horas y la supresión de las horas extraordinarias pagadas aparte. Pide la simpatía y el apoyo del congreso y ofrece a los obreros holandeses que han venido a sustituir a los trabajadores ingleses el regreso gratuito a su patria.

**Auerbach**, de Berlín, en nombre de la Asociación de Empleados de Comercio, representada por primera vez en un congreso socialista, pide hacer una comunicación.

Es delegado de los empleados de ambos sexos de Berlín; su sociedad reivindica enérgicamente los derechos de los empleados, que se encuentran en una situación desdichada.

Trabajan tanto como los obreros, su vida tras el mostrador es más dura que la del taller, son más esclavos del capital que los propios obreros y trabajan 15, 16 y 18 horas. Tienen los mismos intereses que los demás proletarios y se adhieren a las doctrinas y a las campañas del socialismo.

La cuestión se remite a la mesa.

Un anarquista bruselense que se ha introducido en la sala increpa a la asamblea: es el compañero Pintelon, que anuncia que Emmanuel Levi, seudónimo de Merlino, ha sido detenido a raíz de la indiscreción de un periódico local.

Los delegados anarquistas, que han entrado en el local, protestan contra la exclusión de los delegados españoles pronunciada por la mañana, declaran que se retiran del congreso e invitan a los miembros de este a asistir al mitin anarquista que se celebrará el sábado por la noche.

Se elevan protestas por todas partes.

El presidente **Sanial** hace observar que esos ciudadanos pueden retirarse si les parece bien, pero que el congreso no ha admitido a ningún delegado anarquista. No se van, pues, como tales. Propone, por tanto, pasar al orden del día. La asamblea se adhiere.

Otro delegado de los carpinteros ingleses, **Walker**, de la Alianza de Carpinteros de Londres, dice que los votos que salen de los congresos no los realizarán nunca las legislaturas actuales. Si siguen dejando que los aristócratas y los burgueses ocupen los escaños de los parlamentos, los proletarios no obtendrán nunca nada.

En Inglaterra, las clases dirigentes han dado una prueba reciente de su mala voluntad. Los delegados ingleses en la Conferencia de Berlín admitieron la reducción a doce años de la edad de trabajo de los niños, y uno de esos delegados votó en el Parlamento inglés contra la ley que fijaba esa cifra.

Es preciso, pues, que los obreros ocupen ellos mismos su sitio en los parlamentos. Deben unirse con ese fin. Desea que los trabajadores se pongan de acuerdo para informarse mutuamente de los lugares donde se piden brazos, de modo que no se presenten en gran número allí donde abundan, lo que hace bajar los salarios.

Los delegados alemanes han designado a **August Bebel**[^40] para tomar la palabra sobre la cuestión. Sube a la tribuna y es aclamado. Dice que los alemanes, que están por la lucha de clases, no creen que los esfuerzos principales de la democracia socialista deban tender solo a mejorar la situación material de los obreros.

El objetivo primordial debe ser hacer desaparecer de la tierra la sociedad burguesa; en este punto no hay ninguna divergencia.

El hombre que preconizara una táctica distinta de la así indicada debería dejar el partido.

Los socialistas alemanes se han adherido al programa del Congreso de París y a las conclusiones del informe que se ha leído esta mañana porque todo lo que mejora la situación económica de los obreros los hace más fuertes, los prepara mejor para hacer desaparecer a la burguesía y los incita a querer más.

Incapaz ya de hacer reformas en favor de los obreros, la burguesía se ve reducida a hacerles concesiones fingidas. Se equivoca si cree que esas concesiones, en particular las que adoptó la Conferencia de Berlín, que son una maniobra destinada a servir de derivativo a las reivindicaciones obreras, frenarán la marcha de las ideas socialistas y el desarrollo del movimiento obrero.

El partido socialista alemán ha visto que la Conferencia de Berlín no ha producido nada serio; los proyectos de ley alemanes que le siguieron han agravado incluso la situación obrera en Alemania.

Uno de los medios que deben emplearse es la conquista de los mandatos parlamentarios, para apoderarse del gobierno y servirse de él en provecho de la causa de la emancipación del proletariado.

En lo que se refiere a la parte del orden del día que preconiza el establecimiento de una estadística y de un intercambio internacional de información, el orador cree que esa propuesta es difícil de realizar, porque los obreros no tienen a su disposición los medios de aplicación de que disponen los gobiernos; quizá los alemanes se abstengan en este párrafo.

En cuanto al punto 3.º de la resolución, que invita a los obreros a no dar sus votos sino a los candidatos que se comprometan a sostener las reivindicaciones de los congresos socialistas, el orador hace notar que en Alemania los obreros solo eligen a los candidatos que se adhieren pura y simplemente al partido socialista; por el momento no puede ser igual en todos los países, porque la situación de los socialistas no es la misma en todas partes; los miembros del congreso comprenderán que, en estas condiciones, los socialistas alemanes se abstengan en este punto.

Este discurso, que produce una impresión profunda, es largamente aclamado.

### Incidente

**Volders** pide decir unas palabras sobre la detención de Merlino, que se ha atribuido a una indiscreción de *Le Peuple*,[^41] cuando a menudo, en el congreso e incluso en la prensa, se ha citado su nombre. Protesta contra la imputación y anima al congreso a enviar una protesta contra la detención ilegal de un ciudadano cuyas opiniones se pueden no compartir, pero cuyo gran valor reconoce todo el mundo. Volders dice que se le ha atribuido a él personalmente esa indiscreción; no tiene más que responder esto: que desde hace ocho días no ha escrito una palabra en el periódico, y que el autor de la indiscreción involuntaria es un compañero cuyas opiniones y simpatías son las más próximas a las del delegado detenido.

Pide que una comisión nombrada por el congreso haga gestiones para obtener la puesta en libertad de Merlino.

**Liebknecht** interviene para añadir que, si Merlino es puesto en libertad gracias a las gestiones que se acaban de proponer, se podrá responder a los anarquistas, que en este momento recriminan a los socialistas, que no será la primera vez que Merlino deba la libertad a los socialistas.

**Turati**, el delegado italiano, agradece a Volders sus palabras. La detención de Merlino, que es un hombre de valía y al que los alemanes arrancaron de las garras de la policía imperial, es un escándalo. Estaba aquí no como anarquista, sino como delegado de asociaciones sindicales, y eso habría debido bastar para ponerlo a salvo de las persecuciones de la policía belga. El congreso entero debe protestar solemnemente y afirmar su simpatía por Merlino, que, acosado por la policía italiana, sufre un exilio forzoso a causa de un acto que todos nos honraríamos de haber realizado.

La protesta de Turati se vota por unanimidad, por aclamación, y se reanuda la discusión.

**André Gély**, delegado de los empleados de comercio de París, se adhiere a las declaraciones del delegado de los empleados de comercio de Berlín. Los empleados de comercio, igual que los obreros, reclaman la protección de la ley. Los empleados son los hermanos de los obreros. Tienen los mismos intereses y quieren, por tanto, marchar con ellos.

Todos los asalariados son solidarios. El orador termina diciendo que los empleados tienen el deber y el interés de asociarse.

**Baehr**, delegado de los obreros textiles alemanes, señala la penosa situación de esos trabajadores, que trabajan largas horas y están mal retribuidos. Dice que la política aduanera de América y de la mayoría de los gobiernos europeos es desastrosa para ellos. Es necesaria una organización internacional de los obreros textiles, y se celebrará una conferencia especial fuera de las sesiones para llegar a ese fin.

**Cahan** anuncia la llegada de un delegado del Socialist Club de Washington.

**Pierron**, delegado belga, propone cerrar la discusión para no perder tiempo; otros delegados protestan.

El presidente consulta a la asamblea, que decide finalmente reanudar el debate al día siguiente.

Se levanta la sesión a las seis.

## Sesión del miércoles 19 de agosto por la mañana

La sesión se abre a las diez. Son elegidos presidentes de la jornada Domela Nieuwenhuis, por Holanda, y Branting,[^42] por Suecia. El primero se disculpa por la dificultad que tiene para entender las distintas lenguas empleadas en el congreso y desea que se llegue a tener una lengua universal.

**Célestin Demblon**, que sustituye en la secretaría a Volders, retenido en el ministerio por las gestiones para obtener la puesta en libertad de Merlino, anuncia la llegada de dos nuevos delegados franceses, lo que eleva a 715 el número de grupos franceses representados.

Ha llegado una serie de nuevos telegramas de las principales ciudades de Europa.

Se reanuda la discusión de la primera cuestión del orden del día.

**Cahan**, delegado de los socialistas judíos de América, se queja de los términos de la resolución que la primera sección propone al congreso, que aprueba en sus disposiciones de principio, pero que querría mucho más precisa y radical. El Congreso de París fue demasiado vago en sus declaraciones. Aquí hay que afirmar claramente la lucha de clases.

Hay, dice, oficinas de estadística del trabajo. Su organización es defectuosa, sobre todo en América. Reconoce, sin embargo, con Bebel, la dificultad de obtener datos exactos y completos.

En cuanto a la participación en las elecciones, el orador dice que todos los candidatos se declaran siempre dispuestos a hacer lo posible por el obrero. En adelante tendrán que precisar más, afirmar la necesidad de abolir el salariado, y hay que exigir a los candidatos promesas formales. Los legisladores deben estar a nuestro servicio.

**Adler**, delegado de los socialistas de Austria, examina en detalle la situación de los obreros de su país. Se les niegan todas las libertades. Sus intereses y sus tendencias son idénticos a los de sus hermanos de Alemania, y entre ellos debe haber una solidaridad completa. Hay, sin embargo, en Austria una legislación muy avanzada en favor de la clase obrera; solo que son leyes escritas y no aplicadas.

La burguesía ha hecho con las leyes del trabajo lo mismo que con los alimentos: falsificación por todas partes.

El orador declara que, en la organización internacional, es preciso que nadie olvide el movimiento de su propio país. Aprueba las palabras de Bebel: en Austria, como se es socialdemócrata revolucionario, todos los medios empleados deben tender a la revolución.

### Incidente

Ha vuelto la delegación designada para ir al Ministerio de Justicia a ver al director de la Seguridad Pública.

**Volders** tiene la palabra para dar cuenta al congreso de las gestiones hechas por los delegados especiales a propósito del encarcelamiento de Merlino.

El director de la Seguridad Pública los ha recibido y ha tenido con ellos una conversación breve y no muy cortés.

Merlino no ha sido entregado, como se temía, a la autoridad italiana, sino detenido por quebrantar la expulsión. En estas condiciones se le embarcó el martes por la tarde, a las cuatro, hacia Inglaterra. En este momento debe de haber llegado a Londres.

Se aplaude la noticia.

**Domela Nieuwenhuis**, presidente, propone que, antes de reanudar la discusión, se presenten todas las enmiendas, para que se discutan antes de la resolución de la sección, a fin de evitar interminables dilaciones.

**Frankel**,[^43] el socialista húngaro, delegado de París, da lectura a una enmienda y la desarrolla: se trata de un considerando relativo a la lucha de clases que debe añadirse al proyecto primitivo de resolución votado por la primera sección.

El orador insiste en la distinción de las clases. No hay que dejar que se pueda creer que en un momento dado la clase obrera se unirá a la clase poseedora. La condición real de la emancipación obrera es la conquista del poder político como medio de mejora económica.

Otra enmienda, presentada por los delegados ingleses, recomienda la unión de los esfuerzos de todos los asalariados contra la dominación capitalista y concluye diciendo que, allí donde poseen sus derechos políticos, deben servirse de ellos para liberarse del salariado.

**Allemane**, en una forma nueva, pide en una tercera enmienda que se afirme la lucha de clases en el terreno político y en el económico.

**Adler** enmienda la tercera parte de la resolución en el sentido de que, en adelante, todos los candidatos deben precisar su adhesión al programa de los congresos socialistas para poder obtener los votos de los socialistas.

**Van Loo**, de Bruselas, pide precisión o, por lo menos, que se inscriban las resoluciones principales del Congreso de París, por ejemplo: la ley de reducción del trabajo a ocho horas, mujeres y adultos; los niños menores de catorce años; el trabajo nocturno de las mujeres; el descanso semanal; la instrucción obligatoria, laica y gratuita; la manutención de los niños pobres por los municipios; el salario mínimo en las obras públicas, que debe estipularse en los pliegos de condiciones.

**Regnard**, de París, como miembro de la primera sección, explica que la resolución de esta se limita a los términos de la cuestión planteada en el orden del día; la sección no ha tenido la pretensión de hacer la educación socialista de los miembros del congreso.

La ciudadana **Marx-Aveling** propone remitir todas las enmiendas a la mesa.

**Allemane** dice que las enmiendas pueden resumirse sin más formalidades y someterse a votación de la asamblea.

**Vandervelde** pide que se remitan todas las enmiendas a la primera sección. Se presenta también una moción para que los autores de las propuestas se reúnan y se pongan de acuerdo para formular una sola enmienda.

**Vaillant** declara que no hay más que una, la de Frankel, que determina las intenciones socialistas que dictan las resoluciones; la de Adler la acepta la comisión.

**Holmes**, delegado de las *trade-unions* británicas, anuncia al congreso que, antes de tomar una resolución tan grave como la que consistiría en aceptar las enmiendas Frankel y Adler, hay que reflexionar bien. Ese voto sería la ruptura completa con las *trade-unions* de Inglaterra. No hay que deshacer a la ligera lo que tanto ha costado edificar.

Tras la presentación de la nueva enmienda, se decide por último que todas las enmiendas se remitan a la sección, que se pondrá de acuerdo sobre una resolución definitiva, teniendo en cuenta las declaraciones del delegado de las *trade-unions*, y presentará su informe en la sesión de la tarde. A mediodía se levanta la sesión.

## Sesión del miércoles 19 de agosto por la tarde

La sesión se reanuda a las tres.

El secretario **Volders** da lectura a una serie de telegramas de distintos países que expresan votos por el éxito del congreso.

La delegación inglesa propone hacer una manifestación en favor de la fraternidad universal de los obreros en el campo de batalla de Waterloo, pero, ante las observaciones de otras nacionalidades, se retira el proyecto.

El presidente **Domela Nieuwenhuis** vuelve a abrir la discusión sobre el primer punto: la legislación del trabajo.

**Vandervelde** rectifica una parte de su informe en lo que se refiere a Hungría. Uno de los delegados húngaros había declarado que la ley que prohíbe el trabajo en domingo ha dado buenos resultados; otro delegado, Kirschner, discute esta apreciación y asegura que los patronos húngaros se las han arreglado para recuperar durante la semana el tiempo perdido el domingo.

El ponente declara que es un argumento más en favor de establecer una encuesta permanente sobre el trabajo. Bebel la declara impracticable. En otros países se han creado oficinas semejantes. En otras partes, los obreros han creado bolsas del trabajo. La primera sección acaba de aprobar por unanimidad el párrafo relativo a la encuesta.

La propuesta de Frankel y otros, que tiende a declarar que las reformas reclamadas por los socialistas no son más que medios de aplicación destinados a preparar la revolución social, la ha aprobado también por unanimidad la sección, que ha proclamado la necesidad de la lucha de clases. Por primera vez, socialistas revolucionarios y tradeunionistas se han encontrado de acuerdo para proclamar la necesidad de la lucha de clases.

Se aclama.

Hay un hecho nuevo, sin precedentes: los socialistas del mundo entero se han agrupado, según las palabras de Karl Marx: «¡Proletarios del mundo, uníos!».

Resuenan largos aplausos.

La sección se ha puesto de acuerdo sobre un texto que somete al congreso, pidiendo que se vote por unanimidad y por aclamación. Es el texto modificado por la enmienda de Leo Frankel y por la enmienda de la delegación inglesa, y dice así:

*Sigue la resolución sobre la legislación del trabajo: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1891%20Congreso%20de%20Bruselas%20%28II%20Internacional%29#la-legislacion-del-trabajo-aprobada-el-19-de-agosto-de-1891).*

Esta resolución, sometida al congreso, se vota por aclamación.

### La cuestión judía

*De la actitud que deben adoptar ante la cuestión judía los trabajadores organizados de todos los países.*

**Volders** explica que el informe sobre la segunda cuestión aún no está listo. Hay discrepancias sobre algunos puntos en el seno de la comisión. Se podría, sin embargo, empezar a discutir esa cuestión, que versa sobre el derecho de coalición, sus garantías, las huelgas, el boicot y el movimiento sindical desde el punto de vista internacional. La minoría expondría sus puntos de vista, sin perjuicio de las observaciones que presentara la mayoría. No obstante, más valdría ponerse de acuerdo para discutir el cuarto punto, la cuestión judía, sobre la que la mesa presenta un informe y que es fácil de zanjar.

Por lo demás, la discusión no será larga. La opinión está formada entre los socialistas de todos los países. Es preciso, sin embargo, que, por deferencia hacia el delegado Cahan, que ha venido expresamente de América, se escuche su informe. La mesa propondrá después su orden del día.

**Cahan** dice que ante todo debe declarar que no viene a exponer los agravios de la raza judía. Se presenta aquí como obrero que representa a obreros. Sabe que entre los congresistas no hay cuestión militar, puesto que el socialismo no admite soldados. Sin embargo, las circunstancias obligan a discutir la cuestión militar, y lo mismo ocurre con la cuestión judía.

Pide la igualdad para todos. La cuestión judía ha provocado una guerra civil que ha estallado en varios países. Los socialistas, en esta guerra que se trata de encender entre judíos y cristianos, deben adoptar una actitud. Hay que expresar nuestra simpatía por los trabajadores judíos, que están en guerra perpetua contra el sistema del *marchandage*[^44] que se organiza contra ellos en América. Hay que abolir la lucha de clases que se libra contra ellos.

Hay en América sindicatos que se niegan a admitir negros entre ellos. Si hubiera sindicatos en Rusia, se negarían a admitir a los judíos. Todos los periódicos rusos atacan a los judíos y dicen que los trabajadores socialistas detestan a los judíos. Se os pide que declaréis que no es verdad, que sois los enemigos de todos los explotadores, sean judíos o cristianos —aclamaciones prolongadas subrayan estas palabras—, y que tenéis tanta simpatía por los trabajadores judíos como por los trabajadores cristianos.

Será una respuesta a las calumnias de la prensa rusa, y será para los judíos un medio de tener su parte en la emancipación del proletariado. Esta protesta se aclama calurosamente.

**Volders**, ponente, declara casi inútil una afirmación de simpatía por los judíos perseguidos en distintos países. Semejante propuesta es superflua en un congreso socialista. En todas partes los socialistas están con los oprimidos contra los opresores y con los explotados contra los explotadores. Los oprimidos y los explotados de todos los países son hermanos.

No es necesario, pues, pedir al congreso que estigmatice las maquinaciones de los capitalistas de ciertos países contra los judíos. La cuestión judía no tiene otro fin que servir de derivativo a la cuestión social y excitar a unos contra otros a ciudadanos que tienen los mismos enemigos, sean judíos o papistas.

El martirologio socialista de Rusia cuenta demasiados nombres judíos para que se nos pueda sospechar de ver enemigos en los judíos rusos.

La campaña antisemita es invención del gran capitalismo: ha salido del odio del capitalista cristiano contra el capitalista judío, más hábil que él.

Aquí no es necesario un debate sobre la cuestión semítica. Los aplausos que han acogido las palabras del compañero Cahan prueban bastante nuestra simpatía y nuestra fraternidad hacia los trabajadores judíos. Su salvación está en refugiarse en las filas del partido socialista internacional.

Estas palabras levantan largos aplausos.

El texto primitivo se enmienda a petición de la delegación inglesa, que querría, para obtener la adhesión de todas las fracciones, que se pusiera «partidos obreros y socialistas» en lugar de «partidos socialistas». La mesa acepta esta modificación.

Luego, tras una declaración de **Regnard**, de París, que, aun reconociendo los estragos que hacen los judíos ricos, no quiere que se persiga a los judíos pobres, y una observación de **Argyriadès**,[^45] de París, que sostiene que hay que desaprobar también las incitaciones de ciertos semitas, se admite añadir «filosemitas» al párrafo que habla de incitaciones antisemitas.

Con estas enmiendas, la propuesta se somete al congreso y se vota por unanimidad, por aclamación:

*Sigue la resolución sobre la cuestión judía: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1891%20Congreso%20de%20Bruselas%20%28II%20Internacional%29#la-cuestion-judia-aprobada-el-19-de-agosto-de-1891).*

Tras esta votación se levanta la sesión, en medio de una viva emoción.

## Sesión del jueves 20 de agosto por la mañana[^46]

El congreso se abre a las diez.

Antes de la sesión, las delegadas de todas las organizaciones femeninas se han reunido para examinar la posibilidad de un acuerdo entre todas las sociedades que se ocupan de los derechos y de los intereses de la mujer.

Los dos presidentes elegidos son Turati, por Italia, y Roscher, por Austria-Hungría.

Habla **Turati**. Agradece a la asamblea que haya elegido un presidente entre los delegados del país donde florece el naranjo, pero donde no florece para el pobre labrador; donde, pese a la belleza del cielo, reina una tristeza tan grande, sobre todo entre los obreros agrícolas. En esta tierra, que ha sido el campo de batalla del progreso, se ha formado un partido socialista activo y enérgico, que va a unir fraternalmente sus esfuerzos a los de los partidos obreros de los demás países.

Se alegra de que se haya elegido para presidir con él esta sesión a un delegado austriaco. Todo el mundo comprenderá el significado de esta doble alianza, que se fortalecerá todavía más. En nuestra infancia se enseñaba en Italia el odio a Austria. Hoy se nos predica la adoración de los *kaiserkoningen*[^47] y el odio a los republicanos franceses. Todo eso no sirve de nada. No se dispone así de los sentimientos de un pueblo.

El pueblo italiano desprecia todas esas maniobras y se proclama hermano de todos los pueblos que, como él, tratan de emanciparse. Aclamaciones prolongadas saludan este vibrante discurso.

El congreso emprende la continuación del orden del día.

### La organización, las coaliciones y la agitación

II. Del derecho de coalición, de sus garantías, de las huelgas, del boicot y del movimiento sindical desde el punto de vista internacional.

X. Organización seria y práctica: a) de la correspondencia obrera internacional; b) de la estadística obrera universal; c) del acuerdo internacional entre los obreros de todos los oficios, mediante la creación de un comité sindical por nación y de un comité sindical internacional; d) de la comunicación regular de informaciones diversas, mediante un almanaque y un calendario socialistas internacionales, traducidos a todas las lenguas y de aparición anual; e) de la propaganda y de la agitación socialistas en todos los países.

Se reanuda la discusión del orden del día. Las secciones, de acuerdo con la mesa y con el congreso, han decidido fundir el artículo II, que trata del derecho de coalición y del movimiento sindical, con el artículo X, relativo a la organización, la correspondencia, la estadística, la propaganda y la agitación.

Admitido esto, se abre el debate.

**Groussier**,[^48] delegado francés, ponente, declara que la sección ha considerado conexas las dos cuestiones.

La parte principal que hay que examinar es la agrupación de los sindicatos con vistas a la emancipación social de los obreros.

Es sobre todo en estas organizaciones obreras donde debemos agruparnos para cambiar la sociedad. Deben defender ante todo los intereses profesionales propiamente dichos y servir también de base a la sociedad futura. Es preciso que estas asociaciones tengan relaciones muy extensas y posean datos estadísticos. Es útil, pues, que las asociaciones estén unidas en federaciones nacionales e internacionales: para nosotros no existen las nacionalidades.

Las dificultades existen; en un congreso hay que declarar adónde se quiere ir. Se ha hecho notar que los gobiernos prohibirán nuestras federaciones internacionales; no importa: nuestros adherentes se quedarán.

Es necesario centralizar las informaciones que las federaciones pueden proporcionar. Se ha propuesto crear un comité sindical internacional.

La organización obrera no es aún bastante poderosa para eso. Puede instituirse en cada país un comité sindical que mantenga correspondencia con los de los demás países. Cada país quedará libre de componerlo a su gusto.

En cuanto a las huelgas y al boicot, únicas armas de los obreros, la sección ha considerado útil invitar a los trabajadores a no emprender huelgas sin haberse asegurado de que pueden triunfar y a no recurrir a ellas sino con prudencia.

Debe examinarse la idea de una legislación sobre el derecho de reunión y de coalición; ante todo, es preciso que las asociaciones obreras no se encierren en lo local y que mantengan relaciones regulares. La cuestión obrera debe ser una, y resolverse a la vez por los trabajadores de los distintos países y de los distintos oficios. Se aplauden el informe y las conclusiones siguientes, que presenta el ponente en nombre de la mayoría de la sección:

EL CONGRESO

Declara que la explotación de los trabajadores por la clase capitalista les impone el deber de unirse y de coaligarse para preparar su liberación.

Con este fin deberán organizarse fuertemente, no solo para luchar contra la patronal, sino también para sentar las bases de una sociedad igualitaria.

Los trabajadores del mundo entero son todos solidarios, y sus agrupaciones deben romper las barreras llamadas nacionales.

Al capitalismo internacional tienen el deber de oponer la Internacional de los trabajadores.

Deberán, pues, en los sindicatos, mantener relaciones continuas con los sindicatos similares de los demás países, y preparar así, mediante federaciones de oficio internacionales, la agrupación de las fuerzas obreras del mundo entero.

Como las legislaciones de los distintos países ponen trabas a la libertad de asociación nacional e internacional, deberán intimar a los poderes públicos a que pongan fin a este estado de cosas, pero contando sobre todo consigo mismos para hacer triunfar sus reivindicaciones; deberán, pase lo que pase, realizar esa unión, única garantía del éxito.

Considerando, por una parte, la dificultad actual de organizar esta vasta asociación y, por otra, la necesidad de establecer inmediatamente relaciones entre los trabajadores de los distintos países, se constituirá en cada nación un secretariado sindical, encargado de reunir las estadísticas y los documentos necesarios para el conjunto de las organizaciones obreras.

Puesto que la huelga y el boicot son actualmente las únicas armas para luchar contra el capital, las agrupaciones de oficio que tengan que recurrir a ellos lo harán con energía. Deberán ayudarlas todas las demás organizaciones y, principalmente, las organizaciones similares de los demás países. No obstante, cuando sea posible y no se lesione la dignidad obrera, los trabajadores deberán recurrir al arbitraje antes que a la huelga.

Y en todos los países deberá hacerse una propaganda incesante y enérgica en favor de las organizaciones obreras, para que todos los trabajadores se unan no solo para la lucha momentánea, sino sobre todo con la voluntad de perseguir y alcanzar su emancipación definitiva.

1. ASOCIACIONES DE OFICIO

1.º Deberán fundarse asociaciones sindicales puramente obreras en todos los países y para todos los oficios; 2.º Tendrán por objeto la defensa de los salarios, la reducción de las horas de trabajo y, sobre todo, la transformación del actual régimen capitalista en un régimen de reparto igualitario de los productos del trabajo; 3.º Deberán federarse por oficios similares, nacional e internacionalmente. Estas federaciones de oficio nacionales e internacionales deberán evitar encerrar en lo local sus reivindicaciones, porque la cuestión obrera es una y solo puede resolverse por el acuerdo y la unión de todos los oficios.

2. CORRESPONDENCIA, ESTADÍSTICA, PROPAGANDA

1.º Las asociaciones profesionales mantendrán relaciones regulares con las organizaciones similares del mismo país y de los países extranjeros; 2.º Se constituirá en cada país un secretariado sindical, con el fin de centralizar las informaciones, estadísticas, etc., que interesen a las asociaciones y federaciones de oficio y de mantener correspondencia internacional con los demás secretariados; 3.º El papel de estos secretariados será puramente administrativo; 4.º Se deja la mayor autonomía a las distintas nacionalidades para la constitución de estos secretariados; 5.º Todos los años, los secretariados publicarán en todas las lenguas un informe sobre la estadística y los resultados de la propaganda sindical y socialista; 6.º Los países de una misma lengua se pondrán de acuerdo para publicar un almanaque común destinado a hacer propaganda, sobre todo en el proletariado agrícola.

La estadística versará principalmente sobre los puntos siguientes:

1.º Población obrera por oficios, edades, sexos, ciudades, departamentos, provincias, naciones; 2.º Condiciones generales e higiénicas, accidentes de trabajo, reglamentos de taller; 3.º Duración del trabajo; 4.º Salario por día, semana, mes y año para hombres, mujeres y niños; 5.º Forma de pago; 6.º Multas, retenciones, suspensiones de empleo; 7.º Paro; 8.º Relaciones existentes entre los oficios y las organizaciones sindicales de cada país; 9.º Huelgas pasadas, sus causas, su fin, su coste y sus resultados; 10.º Leyes y condiciones que regulan las relaciones entre el trabajo y el capital, coalición, arbitraje; 11.º Colocación de los obreros por los sindicatos, bolsas del trabajo y cualquier otra forma de contratación; 12.º Desplazamiento del trabajo y sus causas; 13.º Cantidad de producción, de consumo, de exportación, de importación, de tránsito; 14.º Tratados de comercio, arbitrios municipales, aduanas; 15.º Emigración, inmigración; 16.º Alimentación: calidad, coste; 17.º Vivienda: forma de pago, higiene, barrios obreros dependientes o no del patrono; 18.º Vestido y otros objetos de primera necesidad; 19.º Forma de educación y de instrucción, escuelas profesionales y medias de instrucción; 20.º Seguros, socorros mutuos; 21.º Mortalidad, causas; 22.º Trabajo de las cárceles; 23.º Nomenclatura y señas de todas las agrupaciones obreras.

3. Coaliciones, huelgas, boicots

1.º Todas las organizaciones obreras reivindicarán la libertad de coalición, estrictamente prohibida en ciertos países y restringida en otros; 2.º Como la huelga y el boicot son armas de doble filo, las organizaciones obreras solo deberán recurrir a ellos con gran prudencia, sobre todo cuando no los provoquen los ataques patronales; 3.º Se hará la mayor propaganda para que todos los trabajadores sostengan a las agrupaciones o federaciones que emprendan huelgas; 4.º Las agrupaciones similares de los demás países deberán hacer todos los esfuerzos para contribuir al triunfo de los oficios en huelga, ya sea con un movimiento análogo, ya sosteniéndolos moral y pecuniariamente; 5.º Los trabajadores deberán prepararse, con una fuerte organización, para la eventualidad de una huelga general.

Remitido por la primera sección:

4. LEGISLACIÓN PARA GARANTIZAR LOS DERECHOS DE ASOCIACIÓN Y DE COALICIÓN

Los trabajadores intimarán a los poderes públicos de los distintos países a adoptar un proyecto de ley relativo a los sindicatos profesionales, cuyos puntos principales son los siguientes:

1.º Todos los sindicatos profesionales que tengan por objeto el estudio y la defensa de los intereses económicos de todos los asalariados podrán, a su voluntad, formar uniones o federaciones con sindicatos que pertenezcan o no a la misma profesión; 2.º Estas uniones o federaciones podrán enlazarse, según sus intereses, con las uniones o federaciones similares de las demás nacionalidades en forma de federaciones internacionales; 3.º Todo asalariado debe formar parte de un sindicato; 4.º Cada sindicato deberá recibir en su seno a los extranjeros con el mismo título que a los nacionales; 5.º No se hará ninguna diferencia entre los miembros del sindicato, en cuanto extranjeros o nacionales, para los distintos cargos de administración necesarios a los sindicatos; 6.º Los sindicatos y federaciones tendrán personalidad civil; 7.º La colocación de los trabajadores se hará únicamente por intermedio de los sindicatos profesionales y de las bolsas del trabajo, cuya dirección tienen; 8.º Las obras públicas solo se concederán a los sindicatos profesionales obreros. Si ningún sindicato las acepta, solo podrán concederse a patronos que no empleen más que obreros sindicados; 9.º El derecho de coalición estará garantizado por la ley, y se dictarán penas severas contra quienes atenten contra los derechos de asociación y de coalición; 10.º Se derogarán las leyes contra la Internacional, así como todas las que pongan trabas a la libertad de asociación.

**Boch**, delegado alemán, presenta entonces el informe de la minoría, ya que la sección no ha sido unánime.

Hay dificultades prácticas que se opondrán a la realización del proyecto de organización internacional sometido a la asamblea. Los obreros alemanes tienen una posición política y económica muy especial. La mayoría de la sección no lo ha comprendido. El proyecto sería excelente si fuera realizable, pero no lo es.

Los alemanes son sinceramente internacionales. No pueden, sin embargo, admitir una organización central internacional, que sería ilegal según las leyes de su país. Creen que el mejor medio de establecer un acuerdo internacional sería instituir un secretario encargado de la correspondencia entre los distintos países, o establecer un intercambio de informaciones semejante al que se ha hecho recientemente entre tejedores y metalúrgicos. Este procedimiento sería muy sencillo; es el único en el que podrían participar los socialistas alemanes.

En cuanto a las huelgas, los socialistas alemanes son hostiles a toda huelga general.

El orador presenta la siguiente resolución, que emana de la minoría:[^49]

EL CONGRESO, considerando: Que, en las circunstancias económicas actuales, y a consecuencia de los esfuerzos de las clases dominantes por recortar cada vez más los derechos políticos y agravar las condiciones económicas de la clase obrera, las huelgas y las declaraciones de interdicción (boicots) son un arma indispensable de los trabajadores, ya sea para rechazar los ataques de sus adversarios, que tienden a empeorar su situación política y social, en la medida en que eso es posible en la sociedad actual;

Considerando, además, que las huelgas y las declaraciones de interdicción son armas de doble filo que, empleadas a destiempo, pueden ser más perjudiciales que útiles para los intereses de la clase obrera;

El congreso recomienda a los trabajadores que reflexionen bien y examinen bien las circunstancias en que deben usar estas armas, así como el modo en que deben servirse de ellas.

El congreso considera sobre todo absolutamente necesario que la clase obrera se organice por oficios (sindicalmente), para que, por su masa y por los recursos de que disponen, los trabajadores puedan alcanzar, después de estar bien preparados, su objetivo de un modo completo.

En consecuencia, el congreso recomienda a todos los trabajadores que sostengan enérgicamente las organizaciones de oficio (sindicales), y protesta contra todas las tentativas de los gobiernos y de los patronos para poner trabas, del modo que sea, al derecho de coalición de los trabajadores.

Para asegurar el derecho de coalición, el congreso pide que se deroguen las leyes que lo menoscaban, e impone a los trabajadores el deber de actuar enérgicamente para alcanzar ese fin.

Como en las circunstancias actuales no es posible una unión internacional de las organizaciones de los distintos países, el congreso recomienda a las organizaciones de cada país que manifiesten su sentimiento de solidaridad, en caso de necesidad, con una asistencia mutua; la forma de esta manifestación se deja a la iniciativa de cada país.

**Aveling**,[^50] delegado inglés, habla en nombre de setenta oficios, que comprenden setenta mil hombres.

Combate la creación del comité internacional del trabajo; cree que el proyecto, aunque puede agradar, es difícil de realizar en la práctica. No querría una organización central.

Preconiza la creación de secretarios internacionales en cada país, cosa ya hecha en Inglaterra. No hay nada más útil para el entendimiento de los trabajadores de todos los países. El orador termina, en medio de aplausos entusiastas, declarando que la Internacional no ha muerto, sino que está bien viva.

El presidente **Turati** lee una enmienda de Fauviaux, delegado del Borinage, que estipula la obligación de los obreros que vienen a trabajar a otro país de inscribirse en los sindicatos nacionales y de someterse a sus reglamentos, so pena de ser declarados traidores y expulsados del trabajo por todos los medios. Se elevan protestas contra esta última estipulación.

**Delescluze**, delegado francés, acepta la propuesta de los alemanes con una enmienda que estipula la constitución de sindicatos centrales nacionales, pero sin sujetarse a una organización única y rigurosa, teniendo en cuenta las exigencias locales.

**Singer** propone que se proceda a la discusión general sin perder tiempo en discutir enmiendas, que deberán presentarse sucesivamente y que la comisión concentrará, para llegar a una solución que reúna en lo posible todas las opiniones.

Los socialistas alemanes declaran que aceptan la enmienda Delescluze.

**Allemane** reclama que se oiga a la minoría, ya que la enmienda en cuestión no es la de todos los franceses.

**Roscher**, el delegado austriaco, presidente, dice que hay un malentendido. La discusión general tendrá lugar, pero los proyectos y enmiendas se remitirán todos a la comisión.

El debate se prolonga en todas las lenguas y es bastante confuso. **Volders** propone terminarlo y fijar para la tarde el orden del debate, de modo que la discusión general de la cuestión se limite a dos oradores por nación, uno a favor y otro en contra.

Se levanta la sesión a las doce y media.

## Sesión del jueves 20 de agosto por la tarde

La sesión se reanuda a las dos y media, después de que las secciones y la mesa se hayan reunido para organizar la discusión y preparar las resoluciones relativas a las cuestiones que deben examinarse.

El secretario da lectura a una larga serie de telegramas y mensajes, procedentes sobre todo de Alemania.

El presidente **Turati** lee una carta del compañero Merlino, que da informaciones sobre su expulsión y su viaje. Hace comunicaciones relativas al orden de la discusión.

**Vandervelde** anuncia el proyecto de organizar en Bruselas, para finales del próximo octubre, un congreso socialista internacional de estudiantes y antiguos estudiantes.

Se reanuda la discusión.

**Delporte**, delegado de Bélgica, declara que el desacuerdo no es tan grande como se ha podido creer. En la intención de la comisión, no se trata de crear un secretariado central para todos los países, sino un secretariado general por país, que concentre todas las comunicaciones nacionales. El desacuerdo solo afecta ya al modo de organizar ese secretariado. Según la mayoría, la oficina no debía ocuparse más que de los sindicatos, mientras que la minoría quería extenderla a todas las formas de la cuestión social.

Una federación internacional de los sindicatos sería una obra incompleta, que no examinaría más que una cara de la cuestión. La federación limitada a los organismos socialistas sería igualmente incompleta. Hace falta una gran organización que comprenda todos los elementos de información y de estadística.

La cuestión obrera solicita el concurso de todas las inteligencias. El congreso, aunque puede dejar a los distintos países la autonomía más completa, puede dar su parecer sobre la mejor manera de proceder.

Tampoco hay acuerdo sobre la huelga general. Podría llegarse a un entendimiento emitiendo un voto en favor de todas las grandes huelgas.

El orador presenta en la mesa dos enmiendas que se unirán a las demás. Se refieren a los puntos que ha planteado.

**Dazinski**,[^51] delegado polaco, está presente en el congreso para declarar la impotencia de los polacos para organizar asociaciones obreras, pero también para manifestar su simpatía a las organizaciones de los demás países. En Rusia no existe el derecho de asociación; los delegados de Polonia concluyen, pues, que hay que permitir a cada nación organizarse como pueda.

En Alemania y en Austria, los polacos marchan de la mano con los socialistas de los dos países. Lucharán siempre con entusiasmo y cumplirán con su deber para llevar a efecto las resoluciones del congreso.

**Vlieggen**,[^52] delegado holandés, reconoce la necesidad de una organización internacional. Había esperado, sin embargo, algo más que votos estériles. Se pronuncia claramente por la organización de los secretariados nacionales.

Todas las estadísticas son dudosas. La mejor, a su juicio, es la estadística oficial, bajo el control de los oficios obreros, como Domela Nieuwenhuis pidió que se restableciera en Holanda.

El orador protesta contra el mantenimiento del *truck-system*, por el que los industriales imponen a sus obreros la adquisición de las herramientas y de los víveres en la fábrica o en el taller.

**Parnell**, delegado inglés, representante de cámaras sindicales que cuentan en conjunto 315.000 obreros, hablando en nombre de la delegación, reconoce que la salvación de la clase obrera depende de una organización internacional universal, que debe ser obra de los propios trabajadores. Los burgueses socialistas, que tienen principios adquiridos, podrían emplear más útilmente su energía en convertir a la burguesía.

Es preciso que haya en cada nación un centro de reunión para el intercambio de las estadísticas nacionales, que condense las informaciones internacionales.

El orador habla del espíritu de fraternidad que debe animar a todos los obreros entre sí.

En Inglaterra no se cree en general en la posibilidad de organizar la huelga general. Si todos los obreros entraran en los sindicatos, ya no sería posible ninguna huelga.

Los intereses de todos los trabajadores son comunes; las decisiones que hay que tomar por nacionalidad son buenas para todas las naciones. La organización nacional es deseable, y el orador se adhiere a la enmienda que propone la creación de un secretariado central del trabajo en cada país, con la sola reserva de que sea realizable.

**Pokorny**, delegado de Austria, opina que el congreso internacional no puede decidir más de lo que se puede realizar. En Austria, los comités centrales serían inmediatamente perseguidos por la policía. Hay que limitarse, pues, a lo posible. Hay que hablar menos y actuar, cada uno según sus medios y según sus fuerzas.

**Turati**, presidente, asegura en nombre de la mesa que la enmienda Delescluze reuniría a todas las nacionalidades. En estas condiciones, para abreviar, convendría oír esa enmienda.

**Delescluze** recuerda que por la mañana había una pirámide de enmiendas; la suya ha tenido la suerte de reunir el parecer de todos los países. Francia la admite también, pese a sus preferencias y aspiraciones, por la diferencia de legislaciones de los distintos países.

El orador da lectura a su enmienda, que se aproxima a la resolución propuesta por los socialistas alemanes. Declara que todas las naciones se adhieren a ella. La delegación belga protesta.

El orador explica que creyó en la adhesión de Bélgica porque había visto los nombres de Vandervelde y de Anseele entre los adherentes. En cuanto a Inglaterra, que también ha citado, hay que decir toda Gran Bretaña.

**Roscher**, presidente, propone el cierre y la votación por nacionalidad.

**Groussier** reclama y dice que hay que dejar responder a la comisión, a la que todavía no se ha oído.

El presidente dice que, si hay acuerdo para cerrar la discusión, hay que respetar la votación.

**Groussier** protesta contra el cierre diciendo que es ilegal.

Se vota: la mayoría de las manos alzadas está por el cierre. La comisión y los delegados franceses y belgas protestan. Hay tumulto y no es posible entenderse.

El presidente comunica, al disminuir el ruido, que Alemania ha adoptado la enmienda Delescluze por unanimidad, Austria también, y que consulta a Inglaterra, que se adhiere igualmente por unanimidad.

**Volders**, en nombre de Bélgica, pide que solo se vote sobre el texto definitivo e impreso de la enmienda. De este modo no se podrá decir que se ha tratado de ahogar la discusión por un medio cualquiera. La adhesión del congreso está asegurada.

**Groussier** comunica que la comisión se adhiere, pero pide que las traducciones sean exactas y concordantes.

Se vota por último sobre la propuesta de Volders, que se aprueba. Se levanta la sesión a las seis de la tarde, y la votación definitiva se fija para el día siguiente, a la apertura de la sesión.

## Sesión del viernes 21 de agosto por la mañana

Son las diez y cuarto cuando se abre la sesión. Como se anunció el jueves por la tarde, la votación sobre la resolución definitiva de la segunda sección se hará antes de cualquier discusión.

Los dos presidentes designados son Constant Mille, por Rumanía, y Jeppesen,[^53] por Noruega.

**Mille** agradece al congreso el honor que le ha hecho a él, que aún es joven, y al partido obrero rumano, también en plena juventud, al llamarlo a presidir la importante sesión en la que se discutirá la cuestión del militarismo.

El presidente fustiga el militarismo, que pesa gravísimamente sobre Europa y lleva a la burguesía francesa a inclinar la República Francesa ante el zar blanco, rojo de la sangre de los mártires nihilistas. Se aplaude. El orador añade, en lo que se refiere a Rumanía, que la mitad del presupuesto se dedica a los gastos militares. Los campesinos, más desgraciados que los de Italia, llegan a ganar solo cinco céntimos al día y viven en chozas peores que las moradas de los trogloditas.

Estas palabras provocan una viva emoción en la asamblea.

Un grupo de delegados franceses pide que se aceleren los trabajos y se acorten las discusiones, para terminar el sábado.

Los camareros bruselenses invitan a los delegados de su oficio a una reunión que se celebrará por la noche, a las doce y media, en el Cygne.

**Sanial**, delegado americano, que representa a grupos de la alimentación, tomará la palabra en ella.

**Dumay**, diputado en el Parlamento francés, ha vuelto de Wignehies, cerca de Fourmies.

Anuncia que los huelguistas están tranquilos, pese a provocaciones increíbles. Un obrero fue despedido por propaganda sindical; sus compañeros se declararon en huelga; vinieron unos traidores a sustituirlos. Los obreros que trabajaban pidieron a los patronos salir media hora antes para ir a abuchear a esos falsos hermanos; se les negó, y al día siguiente salieron todos sin permiso para darles una cencerrada. Al otro día, por este hecho, se despidió a mil seiscientos obreros.

Las cartillas se depositaron en casa del alcalde, y medio batallón vino de Lille a ocupar el municipio. Thivrier y Baudin han vuelto a París para informar al presidente del Consejo. Los diputados socialistas organizaron dos reuniones en las que dieron a conocer las decisiones del congreso. Cuatro mil ciudadanos y ciudadanas acompañaron a la diputación a la estación y le entregaron doce ramos de flores para el congreso. Estallan los aplausos. El orador declara que ha prometido que, aquí o en sus países, los congresistas harán un acto de solidaridad.

Se organiza enseguida una colecta en la sala.

Va a votarse la resolución definitiva de la segunda sección.

La mesa anuncia que los canteros de Sprimont han enviado un delegado.

Las nacionalidades han aceptado la propuesta de los socialistas alemanes, modificada por Delescluze, la mayoría por unanimidad. Hay cuatro opositores, que forman la minoría entre los delegados belgas, y tres en la delegación francesa.

Se pasa a llamar a las nacionalidades, y todas responden afirmativamente. El texto aprobado dice así:

*Sigue la resolución sobre el derecho de coalición, las huelgas y el movimiento sindical: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1891%20Congreso%20de%20Bruselas%20%28II%20Internacional%29#el-derecho-de-coalicion-las-huelgas-y-el-movimiento-sindical-aprobada-el-21-de-agosto-de-1891).*

Aprobada esta resolución, aplausos entusiastas subrayan la aprobación. El congreso pasa luego a discutir la cuestión del militarismo.

### El militarismo

*De la posición y de los deberes de la clase obrera ante el militarismo.*

La comisión ha nombrado dos ponentes, uno de nacionalidad alemana, Wilh. Liebknecht, y otro de nacionalidad francesa, Éd. Vaillant, que hablarán los dos sin traducción; hay acuerdo sobre la manera de considerar la cuestión del militarismo.

**Liebknecht**, que toma primero la palabra, declara que la comisión ha sido casi unánime. No ha habido divisiones entre franceses y alemanes. No había que temer que los socialistas franceses estuvieran animados por un deseo de revancha contra Alemania: no se ha hecho mención de ello, no se ha dicho una palabra. La cuestión de Alsacia-Lorena no es una cuestión socialista.

Ha habido propuestas de provocar, en caso de guerra, la huelga y la insurrección de los soldados. Las han hecho delegados cuyos países no sufren el peso aplastante del militarismo de las naciones que tienen un régimen militar absoluto; se han descartado.

Se presentó un proyecto para que en todos los países la fiesta del Primero de Mayo fuera no solo la del trabajo, sino también la de la fraternidad de los pueblos.

Un congreso socialista no puede adoptar en esta materia la actitud de un congreso de filántropos burgueses. Hay una guerra que continúa siempre: es la guerra de clases; la guerra entre los pueblos no es más que un aspecto de ella. El enemigo del trabajador alemán no es el ciudadano francés, es el burgués alemán. El proletario francés, al contrario, es su aliado. La burguesía alemana querría de buena gana el desarme, pero necesita su enorme ejército permanente para resistir al proletariado alemán. Resuenan los aplausos.

Amenaza una guerra junto a la cual la de 1870 no será más que un juego de niños, y que podrá hacer retroceder la civilización un siglo. El proletariado debe impedirla con una propaganda incesante, para ahorrar al mundo esa espantosa catástrofe asegurando el triunfo del socialismo. La única garantía contra los desastres del militarismo está en la organización socialista.

Se aclama largamente este discurso.

**Vaillant**, renovando la declaración de Liebknecht, dice que en la comisión no ha podido tratarse de cuestiones territoriales. El socialismo, en efecto, con su advenimiento, aseguraría a cada país su autonomía, así como el derecho a disponer de sí mismo.

Hay que llegar a la supresión de los ejércitos permanentes. El Congreso de París se pronunció hace dos años por la nación armada como medida transitoria. Hay que condenar absolutamente el militarismo y dar a conocer las razones por las que se le condena. Es el régimen capitalista el que mantiene en todas partes el estado de guerra entre las clases, como entre los pueblos.

No es necesario pintar el cuadro de los males que causa el militarismo: los impuestos aplastantes, el acuartelamiento, la desmoralización que de ello resultan. Combatiendo el capitalismo combatimos el militarismo; se acuartela a los proletarios para mantener la servidumbre de la fábrica. Los trabajadores deben odiar las maniobras chovinistas destinadas a servir de derivativo a la cuestión social; tienen el deber de atacar las alianzas que los gobiernos burgueses contraen para mantener el actual estado de cosas. La Triple Alianza es condenable, pero hay que estigmatizar a los chovinistas franceses que, grotescos y criminales, vueltos a las tradiciones cesarianas, han prostituido la República al zar, ahorcador de nihilistas, en una unión monstruosa.

En 1870 se aclamaba la paz en París, mientras en el Reichstag los socialistas alemanes protestaban contra el aplastamiento de Francia. Desde entonces el socialismo ha crecido. No debe haber medios ante los que se retroceda para impedir la guerra; habría que mostrar, si es necesario, con actos, que los socialistas irían hasta el final. No se puede prescribir a los socialistas de cada país la actitud que deben adoptar.

Se somete, pues, a votación una resolución general que condena el militarismo y deja a cada uno la elección de los medios que deben emplearse para combatirlo. Queda entendido también que no solo se le atacará desde ahora con todos los medios de agitación y de propaganda, sino que, el día de una declaración de guerra, los socialistas cumplirían con todo su deber.

Calurosos aplausos saludan el final de esta declaración.

El texto del orden del día de la sección está formulado así:

*Sigue la resolución sobre el militarismo: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1891%20Congreso%20de%20Bruselas%20%28II%20Internacional%29#el-militarismo-aprobada-el-21-de-agosto-de-1891).*

El presidente propone el cierre de la discusión y la votación de la resolución. La mayoría de los congresistas lo apoya, pero se oyen protestas, sobre todo de los delegados holandeses.

**Domela Nieuwenhuis**, en nombre de Holanda, dice que no se puede ahogar el debate y que los socialistas holandeses tienen que presentar y defender una resolución que contiene ideas que deben poder expresarse libremente.

Se pide, por una parte, la lectura de esta propuesta y, por otra, el cierre de la discusión. Se lee primero la resolución holandesa, redactada así:

EL CONGRESO, considerando: Que las divergencias nacionales no están nunca en el interés del proletariado, sino en el de sus opresores;

Considerando que todas las guerras modernas, suscitadas exclusivamente por la clase capitalista en su interés, son en sus manos un medio para quebrar la fuerza del movimiento revolucionario y consolidar la supremacía burguesa mediante la continuación de la explotación más vergonzosa;

Considerando que ningún gobierno puede invocar como excusa que ha sido provocado, ya que la guerra es el resultado de la voluntad internacional del capitalismo;

El Congreso Internacional Obrero Socialista de Bruselas declara que los socialistas de todos los países responderán a la propuesta de una guerra con un llamamiento al pueblo para proclamar la huelga general.

Tras esta lectura, la mayoría de la asamblea rechaza el cierre.

Se anuncia la presentación de una enmienda del delegado francés Rouanet[^54] relativa a las causas políticas de la guerra.[^55] Esta enmienda se discutirá con las demás cuando se cierre la discusión general.

El debate recomienza sobre el fondo de la cuestión y sobre la propuesta de la delegación holandesa.

**Domela Nieuwenhuis** empieza criticando la propuesta de la sección. Es fácil obtener la unanimidad en una asamblea: basta para ello con presentar una propuesta redactada en términos muy vagos y casi sin significado.

La propuesta de la sección está hecha en estas condiciones. El papa podría aceptarla si se cambiara en ella una sola palabra, la de socialismo por la de cristianismo. El final del orden del día echa sobre la clase dirigente, ante la humanidad y la historia, la responsabilidad de las guerras futuras. Esta no puede conmoverse por semejante protesta platónica. Echa sobre la clase trabajadora esa misma responsabilidad. Parece que se viera a dos chiquillos que se pelean y se echan la culpa mutuamente, haciendo reír a su costa.

Hay que decir siempre la verdad a los amigos. A nuestro juicio, no existen en los hermanos alemanes los sentimientos internacionales que preconiza el socialismo. Ha habido una gran emoción por todas partes, entre los socialistas, a raíz del famoso artículo de Vollmar.[^56] Se producen protestas en los bancos de la delegación alemana.

Hay que creer que eso es un peligro para el partido. Hay que rechazar en todas partes todo chovinismo y toda distinción entre guerras ofensivas y defensivas. Los diplomáticos, si lo desean, hacen declarar una guerra que ya han decidido.

La resistencia pasiva es de las más eficaces. Así, toda la energía de Napoleón no logró vencer la resistencia de los *polsbrookers*,[^57] que se negaban a servir en el ejército. Cuando se les ponía un fusil en las manos, lo dejaban caer. Hubo que acabar relegándolos a las ambulancias.

No hay que olvidar que los gobiernos tienen contra los socialistas un odio mucho más feroz que el que se tienen entre sí, incluso cuando están en guerra. Los socialistas no deben matarse unos a otros por los gobiernos. Si se niegan a combatir, lo más que puede ocurrirles es arriesgarse a que los maten, mientras que, si van a la batalla, es seguro que los matarán.

Los obreros empiezan a pensar, y sus hijos entran en los ejércitos. De ello resulta que las clases dirigentes sienten ya vacilar su poder. Hay que decir francamente que se debe preferir la guerra civil, entre proletariado y burguesía, a la guerra entre naciones. La decisión de la guerra no puede estar en manos de los gobiernos, sino en las de los pueblos, que no quieren la guerra.

Hay que luchar contra el militarismo, que es uno de los medios de que se sirve el capitalismo para mantener su supremacía. Solo se sostiene por las bayonetas; cuando estas se vuelvan inteligentes, el orden burgués estará perdido. Federico el Grande dijo que, si sus soldados pensaran, ninguno se quedaría en las filas.

El triunfo del proletariado será la paz universal. Con valor, energía y perseverancia, la guerra no estallará más. Los gobiernos, al declarar la guerra, cometen un acto revolucionario; los pueblos tienen el derecho, y aun el deber, de responder con la revolución.

Tras este discurso, muy largamente aplaudido, terminado a las doce y tres cuartos, el congreso se aplaza a la tarde.

## Sesión del viernes 21 de agosto por la tarde

La sesión se abre a las dos y media.

**Bordo**, delegado de las asociaciones inglesas de mecánicos y fogoneros, tradeunionistas socialistas, presenta observaciones acerca de la legislación sobre la marina. Cita el caso del capitán de un barco holandés que alimentaba tan mal a sus marineros, en interés de los capitalistas propietarios del barco, que varios cayeron enfermos; uno de ellos se negó a trabajar, y el capitán lo mató entonces de un tiro de revólver. Los trescientos pasajeros ingleses que iban a bordo se hicieron desembarcar en Boulogne y enviaron una queja al gobierno holandés, pero no tuvo ninguna consecuencia: el capitán sigue navegando.

El orador invita a los marinos a federarse en sindicatos para obtener una ley que prohíba a los capitalistas asesinar a los marineros que están a sus órdenes.

El secretario da a conocer una serie de cartas, mensajes y telegramas, y anuncia la llegada de seis delegados franceses.

Un telegrama anuncia la puesta en libertad del ciudadano Arunblat, redactor de un periódico socialista de Dinamarca, condenado a diez meses de cárcel por delito político.

Se reanuda el orden del día; continúa la discusión sobre el militarismo.

**Vaillant**, uno de los dos ponentes, replica a Domela Nieuwenhuis. La redacción de la propuesta que la sección somete al congreso se adoptó tras un debate que estableció la imposibilidad de llegar a otra redacción.

Hay naciones que se encuentran en condiciones especiales. Los delegados que pertenecen a esos países, y que son adversarios declarados y resueltos de la guerra, so pena de exponerse a contrariedades y dificultades a su regreso, solo pueden adherirse a un texto muy claro, pero que convenga a todo el mundo.

Se quiere hacer todo lo posible para impedir la guerra, como la delegación holandesa, aislada en la comisión, no con palabras, sino con actos. La propuesta que la mayoría de la comisión somete a la asamblea deja a los socialistas de todas las naciones la libertad de actuar como lo entiendan para el mantenimiento de la paz, emprendiendo la acción que quieran contra la guerra si estallara a consecuencia de las dobles o triples alianzas que hacen los gobiernos burgueses.

Para la votación de esta cuestión habría que llegar a la unanimidad, a fin de que quede establecido el acuerdo de los socialistas. Precisamente por la forma en que está redactada, permite la adhesión de todas las nacionalidades.

El presidente **Mille** da la palabra a Liebknecht, también ponente. Se elevan algunas protestas de la delegación holandesa y de algunos delegados franceses, que reclaman el cierre.

**Liebknecht** explica que, como se ha atacado a los alemanes en el discurso de Domela Nieuwenhuis, había que responder y restablecer la realidad de los hechos. Ante una interrupción de Domela Nieuwenhuis, que pregunta si podrá replicar, y la respuesta afirmativa del presidente, el incidente queda cerrado. Se concede la palabra al ponente alemán.

**Liebknecht** recuerda que Domela Nieuwenhuis ha pretendido que, si en la resolución propuesta se sustituyera la palabra socialismo por la de cristianismo, el papa podría aceptarla. Se ignoraba hasta ahora que el papa se hubiera adherido a la lucha de clases.

El delegado holandés ha atacado la propuesta reprochándole que es un tejido de frases. No hay frases en el informe; hacer frases es pronunciar grandes palabras que no contienen ideas realizables: la huelga general opuesta a la declaración de guerra es fraseología.

La revolución, de la que tanto ha hablado el orador holandés, no se anuncia cuando se la quiere de verdad: se hace. Lo mismo ocurre con muchas cosas distintas, que se ejecutan, pero que no se predicen de antemano.

Domela Nieuwenhuis ha preconizado que, en el momento de la declaración de guerra, se debería incitar a los pueblos a la huelga militar. Los que hicieran ese llamamiento no tendrían tiempo de ejecutar su proyecto, porque los detendrían y fusilarían antes de que hubieran podido actuar. Es, pues, utópico creer en la posibilidad de realizar ese medio.

Los ataques dirigidos contra los socialistas alemanes son injustos. No son chovinistas, como se les reprocha; lo son menos que cualesquiera otros socialistas. El partido socialista alemán ha probado en diversas circunstancias que no está afectado de chovinismo.

En 1870, durante la guerra, los socialistas alemanes la combatieron a costa de su libertad y de su vida. Sufrieron entonces, jefes y soldados, por sus ideas, como les ocurre a menudo, porque saben sacrificarse por el socialismo y por sus convicciones.

En ciertos países, como Holanda, no se está en buena posición para pronunciarse contra la guerra si estalla; la situación no es la misma para las naciones expuestas a conflictos. En países como Francia y Alemania, donde millones de combatientes pueden ser lanzados en un momento dado unos contra otros, es mucho más difícil hacer una propaganda declarada contra la guerra.

En lugar de hablar sin cesar de revolución, más vale trabajar en la mejora de la suerte del proletariado y fortalecer la organización obrera: así se sirve eficazmente la causa popular.

Domela Nieuwenhuis ha hablado de chovinismo; se le podría decir que él ha sido chovinista. Se produce una interrupción irónica de Domela Nieuwenhuis; el ponente alemán, interrumpido un momento, prosigue diciendo que el socialista holandés no se reirá cuando él haya hablado.

Señala que en 1870, cuando los socialistas alemanes se esforzaban por impedir la guerra, y varios de ellos estaban comprometidos, un periódico holandés dirigido por Domela Nieuwenhuis atacaba violentamente a los socialdemócratas alemanes: hay en ello el más detestable chovinismo. Hay que procurar llegar a una fórmula que permita a todos adherirse a ella; la de la sección reúne las condiciones necesarias; la resolución de la delegación holandesa es inaceptable y absurda. El congreso cumpliría con su deber aceptando la propuesta de la sección. Largas aclamaciones acogen estas palabras.

El presidente anuncia que, como Domela Nieuwenhuis ha pedido la palabra para responder a ataques personales, se la concede inmediatamente, tanto más cuanto que estaba inscrito para replicar a los ponentes.

**Domela Nieuwenhuis** declara que Liebknecht le ha acusado de haber cometido inexactitudes, pero no ha citado ninguna. No se ha dicho que todos los socialistas alemanes fueran chovinistas. El procedimiento de acusar a un hombre de mentira sin aportar la prueba no es digno de un hombre como Liebknecht, y tampoco es digno de un hombre como Domela Nieuwenhuis responder a él.

La verdad es que se ha afirmado que en la democracia social alemana había chovinistas. Se han citado hechos y se ha señalado el artículo de Vollmar.

Se produce una interrupción de **Volders**, que hace notar que en todos los países hay chovinistas a lo Vollmar.

**Domela Nieuwenhuis** continúa, y expresa la opinión de que no es necesario alabar los sacrificios que los socialistas alemanes han hecho por sus convicciones.

Todos los partidos socialistas han soportado persecuciones y sufrimientos por la causa del pueblo. Más vale no vanagloriarse de ello en las asambleas y contentarse con haber cumplido el propio deber.

Termina, en medio de aplausos, adhiriéndose, en nombre de los delegados holandeses, a la enmienda propuesta por la delegación inglesa.

**Jean Volders** explica que la dificultad de encontrar un texto aceptable para la mayoría de las naciones y del congreso no procedía de una diferencia de opinión, sino de situación y de hechos. De la posición recíproca de dos de los grandes países representados resulta que sus delegados solo pueden aceptar resoluciones que, aun dejando el mayor margen a los socialistas de las demás naciones, como a ellos mismos, no les acarreen graves contrariedades.

La propuesta de la sección, sobre la que se ha logrado un acuerdo, tiene la gran ventaja de permitir a cada partido socialista actuar en su país según las circunstancias especiales y su táctica. Holanda, por ejemplo, como otros países favorables al sistema de Domela Nieuwenhuis, puede emplear los medios que preconiza el orador holandés. Cada nacionalidad conserva la libertad y la responsabilidad de sus actos.

La sección tiene la convicción de haber hecho una obra aceptable al obtener de los alemanes y de los franceses una declaración de solidaridad en favor de las resoluciones que estigmatizan y condenan la guerra. No hay que olvidarlo al discutir la propuesta, que, si el congreso quiere realizar una gran obra, debe ser aprobada por aclamación de la asamblea.

Se aplaude con fuerza esta declaración.

Se pide el cierre de la discusión general. Algunos delegados protestan contra el presidente, al que reprochan haber permitido ataques personales, haber dejado hablar largo rato a algunos oradores y no haber cerrado el debate.

El presidente **Mille** responde, entre los aplausos de la enorme mayoría de los congresistas, que en este difícil debate se ha mantenido imparcial y ha hecho todo lo posible para impedir que la discusión se agriara; tiene la consciencia de haber cumplido con su deber.

Se aborda la discusión de las enmiendas; queda entendido que los oradores se limitarán a una simple presentación.

**Prudent-Dervillers**, delegado francés, presenta una enmienda a la resolución de la sección que asigna a las guerras causas no solo económicas, sino dinásticas; propone y declara que la forma republicana es la más favorable a la evolución socialista, que debe poner fin a la era de las guerras.

**Gilles**, delegado inglés, lee la enmienda de su nacionalidad, a la que se ha adherido Holanda.

Está dispuesto a votar la resolución de la mayoría de la comisión, pero con un añadido discutido y aprobado por los socialistas ingleses y holandeses. Este añadido comporta la amenaza de una huelga general si la guerra llega a estallar. No se trata de una huelga de soldados, que comprometería a muchos miembros de este congreso, sino de una huelga de obreros, medida legal que llevaría forzosamente al establecimiento del arbitraje internacional, deseado por todos los filántropos.

Propone el anexo siguiente:

EL CONGRESO recomienda a los trabajadores de los distintos países oponer a la declaración de guerra un llamamiento al pueblo en favor de una huelga general, en espera de que se obtenga la solución de las guerras por un arbitraje internacional, e invita a los miembros de los parlamentos a presentar propuestas que reduzcan los presupuestos de guerra.

**Branting**, delegado de Suecia, encuentra la resolución demasiado general. Para precisarla, propone un añadido que tiene por objeto reducir los 4.000 millones de libras esterlinas que se dedican anualmente a los ejércitos permanentes, cuya supresión hay que perseguir. En cuanto a la huelga general, en Suecia sería ridículo proponerla: el país está demasiado lejos del teatro de la guerra para que una declaración de guerra europea pueda justificar la huelga general.

El delegado parisiense **Rouanet** presenta y desarrolla la siguiente enmienda, presentada anteriormente:

EL CONGRESO,

Considerando:

Que la guerra y el militarismo no tienen como causas únicas de sus manifestaciones causas económicas;

Que, si el antagonismo de las clases y las rivalidades económicas pueden considerarse factores importantes de las conflagraciones internacionales, la guerra tiene a menudo por causa intereses políticos o dinásticos o pretensiones nacionales ilegítimas;

Que, si la supresión de la explotación capitalista y el advenimiento de la República social universal deben tener por corolario natural el fin de las guerras, mientras no se alcance ese objetivo, de realización quizá aún lejana, importa prevenir las causas inmediatas de guerra;

Que esas causas inmediatas solo pueden prevenirse con la adopción de un programa definido de política internacional y de vías y medios adecuados a ese programa;

Declara que se opone a la guerra y que en el próximo congreso habrá que elaborar el programa de política internacional de acuerdo con los fines y tendencias de la democracia socialista.

Entretanto, hace un llamamiento a los trabajadores del mundo entero para que reaccionen enérgica e incesantemente contra todo amago de guerra y contra las alianzas que lo favorecen, y para que apresuren, con el desarrollo de la organización internacional, el triunfo del socialismo.

**Volders**, en nombre de la sección, replica a los autores de las enmiendas.

La enmienda holandesa es peligrosa para los socialistas de los distintos países y no puede aceptarse, porque hace falta, si es posible, una votación unánime.

La enmienda inglesa, al especificar un medio, disminuye el alcance general de la resolución, que permite a los partidos socialistas emplear todos los medios que juzguen adecuados y eficaces.

Es inútil declarar de antemano de qué modo atacará el socialismo la guerra o se esforzará por oponerse a ella.

La introducción de la palabra República, propuesta por Prudent-Dervillers, es superflua: el socialismo comprende la supresión de la monarquía, como la de todos los engranajes e instituciones de esencia capitalista que sirven a la dominación del capitalismo; añadir esa palabra haría más difícil para varias nacionalidades aceptar el orden del día enmendado.

En cuanto a la enmienda que habla de las causas dinásticas, es más cierto decir que las causas de las guerras son económicas y que los monarcas no son más que juguetes o polichinelas cuyos hilos mueven los capitalistas. Los motivos políticos y dinásticos que influyen en la guerra no tienen la misma importancia que las razones económicas, como reconoce el autor de la enmienda.

El resultado de la guerra de 1870 fue la conquista de Alsacia-Lorena, que Alemania preveía que se convertiría en una fuente de ingresos, y también la conclusión del tratado de comercio de Fráncfort, que Alemania impuso a Francia.

En el Nuevo Mundo, las guerras son económicas y lo serán cada vez más. Los conflictos de los países comerciales y coloniales resultan también de la misma causa. Solo el socialismo puede triunfar de la guerra. El orador termina pidiendo la votación unánime del congreso.

Algunos autores de enmiendas insisten en tener todavía la palabra; el presidente consulta a la asamblea, que se niega, y ruega a la delegación polaca, que se encuentra en condiciones particulares, que no tome parte en la discusión.

Se pasa a la votación.

La propuesta de la delegación holandesa, enmendada por la delegación inglesa, se pone a votación por nacionalidad.

Alemania, Austria, Bélgica, América, Italia, España, Dinamarca, Hungría, Rumanía, Polonia, Noruega, Suecia y Suiza votan en contra.

Inglaterra, Francia y Holanda votan a favor.

La propuesta queda, pues, rechazada.

A continuación se pone a votación por nacionalidad la resolución propuesta por la sección.

Holanda se abstiene. Los otros quince países la aprueban; trece de ellos la votan por unanimidad de sus delegados.

Salvas repetidas de aplausos acogen esta votación.

**Volders** pide que el congreso ratifique esta resolución por aclamación. La votación acaba de establecer que todos somos unánimes en no reconocer más que una sola patria: ¡la humanidad!, y un solo enemigo: ¡el capitalismo! Un trueno de aclamaciones subraya esta propuesta.

**Domela Nieuwenhuis** hace constar que la resolución de la sección no ha obtenido la unanimidad.

Se levanta la sesión a las siete, y se decide celebrar sesión al día siguiente por la mañana a las diez en punto, para terminar el orden del día.

## Sesión del sábado 22 de agosto por la mañana

Se trata de terminar, durante esta última jornada, la discusión, agotando el orden del día. Todavía deben examinarse varias cuestiones y deben tomarse decisiones antes de la clausura del congreso.

Se decide, para que todas las nacionalidades hayan estado representadas en la mesa, que habrá cuatro presidentes: Jean Volders, por Bélgica; Pablo Iglesias, por España; Carl Brandt, por Suiza, y Dazynski, por Polonia. La dirección efectiva de los debates se confía a Volders, con el encargo expreso de conducir las dos sesiones de modo que se resuelvan los últimos puntos que deben discutirse.

**Vandervelde**, que sustituye a Volders en la secretaría, da lectura a cartas y telegramas de los empleados de Berlín, de la Federación del Personal de los Ómnibus de Londres y, por último, de un grupo socialista de la colina de Montmartre, que protesta contra la idea de haber organizado una comedia ridícula en Waterloo. Como esa manifestación no se celebra, el presidente hace observar que es ridículo enviar semejantes sandeces a un congreso.

**Dumay** da cuenta de la colecta hecha la víspera en beneficio de los huelguistas de Wignehies. Ha producido 660 francos con 80 céntimos. Se entregan todavía a la mesa diversas sumas, que se enviarán con el resto.

**Volders**, antes de abrir el debate, hace un llamamiento a la asamblea para que todos faciliten la discusión, a fin de llegar a término. Hay que activar la obra tan grande y tan hermosa del congreso, separarse con la consciencia del deber cumplido y la certeza de haber estrechado, colaborando en una obra común, los lazos que unen a los trabajadores de todos los países del globo.

Hay que emplear, pues, esta última jornada sin perder tiempo en discusiones estériles y en largos discursos. La asamblea lo aprueba.

**Pierron**, delegado belga, comunica a la asamblea el resultado de las reuniones de los metalúrgicos. Hay que felicitarse de la asociación de los obreros del Viejo y del Nuevo Mundo, que formarán entre ellos una federación internacional para la defensa de sus intereses.

**Baehr**, delegado alemán, da cuenta de las consecuencias de las asambleas celebradas por los delegados de la industria textil de los distintos países representados. Se han sentado las bases de una organización internacional que se desarrollará más adelante.

**Parnell**, delegado inglés, anuncia que se ha establecido el acuerdo entre las distintas organizaciones de trabajadores de la madera representadas en el congreso.

**Sanial**, delegado americano, anuncia que los panaderos de América piden que el año próximo se celebre, en Hamburgo o en Fráncfort, un congreso de todos los oficios relacionados con la alimentación.

**Volders** comunica que el partido socialista de Rumanía habría querido que se sometiera al congreso la cuestión de la propaganda socialista entre las poblaciones agrícolas. Hay que aplazar esta cuestión a un próximo congreso.

La delegación polaca ha propuesto estudiar la creación de panaderías municipales; esta cuestión esencial no puede ser objeto de una resolución internacional: deben estudiarla las organizaciones socialistas de los distintos países y volver ante un próximo congreso.

El presidente invita a los delegados a entregar sin demora la lista de los miembros de su delegación, a proporcionar a la mesa los informes y datos relativos a su nacionalidad para facilitar la impresión de las actas del congreso, a fijar una parte proporcional de los gastos de esta publicación y a comunicar la dirección del mandatario encargado de mantener correspondencia con la secretaría del congreso.

Luego **Volders** comunica a la asamblea que se retiran del orden del día las cuestiones quinta y sexta. Dicen así:

V. Del uso del parlamentarismo y del sufragio universal en provecho de la causa obrera socialista, de la táctica que debe emplearse para llegar a la emancipación de los trabajadores y de los medios que deben ponerse en práctica para realizarla. (Holanda.)

VI. De la alianza de los partidos obreros socialistas con los partidos burgueses.

Se ha llegado a un acuerdo entre las distintas nacionalidades representadas en la mesa para descartar estas dos cuestiones, sobre cuya solución es casi imposible un entendimiento, porque la situación varía según las naciones. Como la quinta cuestión la había propuesto Holanda, uno de los delegados de esta nación protesta diciendo que la mesa ha querido ahogar la discusión y que, antes de discutir semejantes propuestas, habrá que esperar a que el aspecto de los congresos sea más revolucionario e internacionalista. Los demás delegados holandeses rechazan esta apreciación.

**Singer** defiende a la mesa del reproche de haber querido ahogar la discusión. La cuestión del parlamentarismo era esencialmente nacional y no debía discutirse en modo alguno en un congreso internacional. Es la opinión del congreso.

**Burton**, delegado inglés, no teme discutir una cuestión que se debate todos los días en Inglaterra, pero nadie quiere atarse con una discusión internacional.

El congreso aborda la séptima cuestión:

### El trabajo a destajo y a tanto alzado

VII. De la supresión del trabajo a destajo y a tanto alzado.

El ponente **Bertrand**, delegado belga, resume en pocas palabras los inconvenientes y el peligro de estos sistemas, cuya consecuencia es envilecer los salarios y establecer una competencia desastrosa entre los trabajadores de una misma profesión. Dice que no hacen falta discursos, sino proponer simplemente una resolución:

*Sigue la resolución sobre el trabajo a destajo y a tanto alzado: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1891%20Congreso%20de%20Bruselas%20%28II%20Internacional%29#el-trabajo-a-destajo-y-a-tanto-alzado-aprobada-el-22-de-agosto-de-1891).*

**Beving**, cigarrero holandés, hace observar que en todos los países el salario sigue una progresión inversa a la de la producción.

El obrero se equivoca cuando empuja a la producción. El mejor régimen es la igualdad de los salarios. Los obreros más débiles deben vivir como los demás. Los trabajadores siempre tendrán de qué quejarse; solo quedarán satisfechos con la obtención de las soluciones socialistas; mientras tanto, la supresión del trabajo a destajo sería necesaria, sobre todo para los cigarreros.

**Valadon**, delegado francés, aprueba las conclusiones de la sección. Añade consideraciones e informaciones sobre el *marchandage* en la industria de la construcción en París, así como sobre la explotación de los obreros por los patronos que les pagan por debajo de las tarifas oficiales. Pide que se proteste contra el *marchandage*.

**Walker**, delegado inglés, ha sido enviado al congreso especialmente para protestar contra el *marchandage* y el trabajo a destajo. Según él, hay un error en la resolución propuesta: no es el mejor obrero el que fija el precio del salario, sino el obrero que trabaja más deprisa, es decir, en general, el que trabaja peor.

El trabajo a destajo tiene los defectos más graves. En particular, fragmenta el trabajo hasta el punto de que el obrero ya no es más que una máquina y pierde así todo valor personal. El trabajo a destajo multiplica los accidentes de trabajo, por la prisa que provoca.

**Vlieggen**, delegado de los Países Bajos, que forma la minoría de la sección, condena también el trabajo a destajo, pero no cree posible su supresión. Mientras dure el capitalismo, existirá el trabajo a destajo. La resolución propuesta lo reconoce; se limita a un voto estéril que no tendrá consecuencias prácticas. No es práctico pedir cosas imposibles.

**Pierrard**, delegado belga, no está satisfecho con el último párrafo, que pone en pie de igualdad el trabajo a destajo y el *marchandage*, que es peor.

Cree que habría que añadir a la resolución una frase que diga que el sistema del *marchandage*, que produce consecuencias aún más desastrosas, debe desaparecer mediante un rechazo absoluto.

Añade que, cuando el obrero ha adquirido cierta destreza, el patrono le reduce el salario, a veces en un 25 por ciento. Hay en ello un verdadero robo cometido en perjuicio del obrero, al que su propia actividad sirve de pretexto.

**Cahan**, el delegado americano, dice que representa a treinta mil trabajadores judíos, que son las mayores víctimas del *marchandage*. Cobran quince o dieciséis dólares por semana, pero en realidad se les paga a destajo, porque el patrono exige que se haga un número determinado de piezas. Cuatro hombres que trabajan juntos deben hacer dieciséis gabanes al día. Ocurre que el sábado apenas se consigue terminar la tarea que debía estar acabada el martes. Con este sistema, contra el que invita al congreso a protestar, las semanas tienen quince días.

**Bertrand** no acepta la enmienda que habla del *marchandage*, porque en el estado actual no se puede obligar a los obreros a rechazar de un modo absoluto este sistema.

Se cierra la discusión, y la resolución, sometida a votación del congreso, se aprueba por unanimidad menos un voto.

### La cuestión femenina

La cuestión de la mujer no estaba en el orden del día, pero, como la sometieron a la mesa las delegadas de los grupos femeninos, se ha introducido y se discutirá después de la séptima cuestión.

**Singer**, que está de acuerdo con las delegadas obreras, dice que el congreso tiene el deber de invitar a los partidos socialistas a inscribir en sus programas la igualdad completa de los dos sexos. Deben reclamar, como propone una resolución firmada por las ciudadanas W. Drucker, E. Hirer, Louise Kautsky, Anna Kulischoff y O. Bader,[^58] que se conceda a la mujer los mismos derechos civiles y políticos que al hombre.

Los socialistas no distinguen entre nacionalidades ni entre sexos. Quieren la emancipación de la humanidad entera, de la mujer como del hombre.

Los socialistas alemanes, en particular, han experimentado cuán eficaz es el apoyo de las mujeres, que han tenido mucha parte en los éxitos de los socialistas.

Espera que el congreso vote por unanimidad esta resolución, que tiene por objeto dar la libertad a las mujeres de todas las clases. Aplausos unánimes subrayan este punto.

**Vandervelde**, al anunciar que acaba de llegar a la mesa una enmienda firmada por Mortelmans, delegado de Amberes, que proclama la igualdad absoluta de los dos sexos y pide la derogación de todas las leyes contrarias a esa igualdad, prefiere esta resolución, porque no implica, como la que defiende Singer, que la mujer tenga derecho a ocupar las mismas funciones que el hombre. Es partidario de la igualdad de los dos sexos, pero cree que la mujer debe permanecer en su hogar y no puede ser obligada a ocupar los mismos empleos o a hacer los mismos trabajos que el hombre. Se protesta en la sala diciendo que eso no es socialista, y la ciudadana Drucker pide la palabra.

**Mortelmans** declara que se ha interpretado mal su orden del día, semejante al de Singer, al que se adhiere. Se cierra la discusión.

Se pone a votación la resolución siguiente, propuesta por la mesa de acuerdo con las delegadas y presentada por Singer.

*Sigue la resolución sobre la cuestión femenina: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1891%20Congreso%20de%20Bruselas%20%28II%20Internacional%29#la-cuestion-femenina-aprobada-el-22-de-agosto-de-1891).*

Se aprueba por unanimidad menos tres votos, y estallan vigorosos aplausos.

**Volders** invita al congreso, antes de suspender la sesión, a aclamar a las ciudadanas de todos los países que han hecho a los congresistas el honor y el placer de asistir a los debates.

Resuenan las aclamaciones, y las delegadas son ovacionadas.

## Sesión del sábado 22 de agosto por la tarde

El congreso reanuda sus trabajos a las tres.

El presidente **Volders** anuncia que los marinos celebrarán el año próximo un congreso internacional en Burdeos y que han llegado al congreso nuevos mensajes, en particular de los tradeunionistas de América y de Australia.

**Vandervelde**, secretario, al votar la rectificación de Mortelmans y al hacer constar la desaprobación que encontró en la sesión anterior su declaración sobre los derechos de la mujer, hace observar que entendía que en los derechos civiles hubiera igualdad absoluta, pero que hacía reservas en lo que se refiere a los derechos políticos.

El secretario da lectura luego a una serie de telegramas y cartas de los distintos países de Europa que felicitan al congreso por el éxito de sus trabajos. Se autoriza a un fotógrafo a fotografiar el congreso.

Se llega a la octava cuestión.

### El Primero de Mayo

VIII. Celebración internacional del Primero de Mayo, dedicada a la vez al principio de las ocho horas, a la reglamentación del trabajo y a la afirmación universal del proletariado por el mantenimiento de la paz entre las naciones.

**Pettersen**, delegado danés, ponente, desarrolla un proyecto de resolución propuesto por la comisión. Esta se ha puesto de acuerdo en fijar el Primero de Mayo, que al principio se quería fijar en el primer domingo de mayo.

Los alemanes y los ingleses se han adherido en este punto a la petición de los franceses. La manifestación tendrá siempre por objeto principal la reivindicación de la jornada de ocho horas.

Tiene el carácter de una manifestación económica y debe conservarlo. Presenta, en nombre de la sección, la resolución siguiente:

EL CONGRESO, a fin de conservar al Primero de Mayo su verdadero carácter económico de reivindicación de la jornada de ocho horas y de afirmación de la lucha de clases;

Decide:

Que debe haber una fiesta única para los trabajadores de todos los países;

Que esta fiesta tendrá lugar el 1 de mayo;

Recomienda el paro del trabajo allí donde no sea imposible.

Un delegado, que declara haber pedido cuatro veces la palabra inútilmente, se queja amargamente del sistema de estrangulamiento que domina y se retira, entre carcajadas, para escapar de esta atmósfera que lo asfixia.

La discusión general se cierra a propuesta de Bebel.

**Burrows**, delegado inglés, hace notar que la propuesta tiene dos textos diferentes. La declaración de la resolución se ha hecho a petición de los ingleses y de los alemanes.

**Vaillant** pone de relieve las diferencias entre el texto francés y el texto alemán. El texto francés solo se refiere a la jornada de ocho horas; según él, hay que añadir al carácter económico el carácter socialista, diciéndolo formalmente en todos los textos. Propone añadir a la reivindicación de la jornada de ocho horas el mantenimiento, por todos los medios, de la paz universal.

**Volders** pide que se adopte el texto alemán, que contiene, en efecto, la afirmación de la solidaridad internacional. Es indispensable, por lo demás, que haya acuerdo sobre los textos de las distintas lenguas.

La ciudadana **Marx-Aveling** explica, cotejando los textos, que no hay ningún error capital y que en el fondo el acuerdo es completo.

Una propuesta de la delegación francesa pide que se suprima la palabra «fiesta» para el Primero de Mayo. Ese día debe ser una protesta y una manifestación, pero no una fiesta, mientras los proletarios, aplastados por el capitalismo, no hayan obtenido satisfacción. Esta subpropuesta dice así:

EL CONGRESO, considerando:

Que no puede darse el carácter de fiesta a la manifestación del Primero de Mayo mientras los trabajadores no hayan podido obtener la realización de sus reivindicaciones, en particular la jornada de ocho horas;

Decide mantener en esta manifestación un carácter riguroso de protesta y no de fiesta, que actualmente no puede justificarse;

Con esta salvedad, deja a cada país el cuidado de elegir libremente la fecha de la manifestación;

Invita, además, a los obreros a desentenderse de las fiestas religiosas y de las fiestas patronales de los distintos oficios.

**Vanloo**, delegado belga, respondiendo a Singer, que quiere remitir la cuestión a la sección, dice que esta se ha pronunciado con perfecto conocimiento de causa por el texto francés, traducido por Bebel y por Aveling. No hay que aprovechar supuestas diferencias de texto para volver a presentar las enmiendas rechazadas y abandonadas. Hay que votar el texto francés, puro y simple, sobre el que se emitieron los votos de la sección.

Se añaden nuevos textos.

El presidente hace notar esta confusión y dice que hay que pasar a la votación sustituyendo «fiesta» por «manifestación», según el deseo que ha expresado la mayoría del congreso. Consulta primero a las nacionalidades sobre la enmienda Vaillant, que consiste en añadir al carácter económico de la jornada del Primero de Mayo una manifestación en favor de la paz. Alemania, Francia, Suiza, Polonia y Hungría, es decir, cinco naciones, están a favor; las otras once naciones votan en contra, y la propuesta queda rechazada.

Se vota a continuación sobre la fecha. Se trata de pronunciarse sobre el 1 de mayo y de saber si todos los países deben adoptar ese día. Se vota: quince naciones están a favor y una, Inglaterra, en contra, porque prefiere la manifestación el domingo siguiente al 1 de mayo.

Cuando se conoce el resultado y se aprueba la resolución definitiva, se eleva una aclamación.

El nuevo texto aprobado es el siguiente:

*Sigue la resolución sobre el Primero de Mayo: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1891%20Congreso%20de%20Bruselas%20%28II%20Internacional%29#el-primero-de-mayo-aprobada-el-22-de-agosto-de-1891).*

El presidente **Volders**, al hacer constar que los congresistas han aclamado esta resolución, dice que no hay que contentarse con aplaudirla, sino que hay que aplicarla, y que las manifestaciones del Primero de Mayo deben ser cada vez más generales y cada vez más importantes.

El delegado austriaco **Roscher** expresa su satisfacción por la decisión tomada, que dará impulso a la determinación de sus compatriotas.

Los delegados ingleses declaran que la diferencia de fecha que han estipulado por razones de táctica no quita nada a su adhesión completa a la manifestación, que reúne así la unanimidad de las naciones.

### El nombre común del partido

IX. Adopción de una denominación general uniforme para designar la agrupación de todos los partidos obreros del mundo. (El Comité Revolucionario Central de París propone: Partido Socialista Internacional; el Partido Obrero Belga: Partido Obrero Socialista Internacional.)

Hay ahora como noveno punto del orden del día la cuestión de la designación de un nombre uniforme para los partidos obreros.

Es imposible entablar la discusión de esta cuestión, que no ha llegado a su madurez, como indica Volders, que propone en nombre de la mesa aplazarla a otro congreso.

Se propone a continuación, y se aprueba, que los secretariados del trabajo se ocupen no solo de la estadística sindical, sino también de la correspondencia y de la información socialista política.

El delegado alemán **Auerbach** se queja vivamente de los ataques violentos y calumniosos de la *Gazette de Cologne*[^59] contra el congreso, y estigmatiza la conducta de ese periódico pidiendo la exclusión de su representante.

El presidente **Volders**, al traducir este discurso, añade las mismas críticas contra *Le Patriote* de Bruselas, que ha difamado al congreso y ha cubierto de invectivas a los congresistas. Los representantes de esos periódicos no tienen por qué ser admitidos en nuestras asambleas, puesto que solo vienen a mentir y a ultrajar a la gente.

Es intolerable que periodistas acogidos en el congreso lo denigren de propósito, y también a quienes participan en él.

Por lo demás, esos ataques odiosos no pueden alcanzar al congreso ni a los congresistas, que están por encima de esas violencias y de esas calumnias.

Si los congresistas tienen motivos de queja contra ciertos periódicos, hay en cambio que dar las gracias a otros, que han prestado servicios. Los metalúrgicos, a los que la ciudadana Marx-Aveling ha servido de intérprete, quieren darle las gracias públicamente.

Se llega a la undécima cuestión, pero han llegado reclamaciones de la oficina de prensa; para que no haya confusión, es necesaria una explicación.

**Volders** explica que hace un momento, al traducir las palabras de Auerbach y al citar él mismo otro periódico, no ha querido generalizar. Periodista también él, reconoce a los adversarios el derecho a atacar a los socialistas. Solo que lo que nadie puede hacer sin sufrir el castigo de la mala acción que comete es desfigurar nuestros debates y hacernos pasar por energúmenos y gente deshonesta. Las palabras pronunciadas contra la prensa solo se refieren al periódico citado y a una sola hoja de Bruselas, cuyos representantes han abusado de la hospitalidad que les habíamos concedido. Los demás miembros de la prensa, aun los que son nuestros adversarios, no deben considerarse aludidos en nada por las palabras que se han pronunciado hace un momento.

Se pasa a la cuestión del próximo congreso internacional.

### El próximo congreso

XI. Petición y propuesta de un congreso en Chicago, en 1893, y manifestación internacional en esa ciudad; designación de la fecha y de la época del próximo congreso obrero socialista internacional.

Los delegados americanos, por boca de Hoehn, piden que el próximo congreso se celebre en Chicago en 1893, en la época de la exposición.[^60]

El presidente **Volders** observa que por desgracia es imposible, en el estado actual de cosas, que un congreso socialista internacional se celebre en América; si se reúne un congreso americano en Chicago, los partidos obreros participarán en él en la medida de lo posible, para demostrar la simpatía que tenemos por los socialistas americanos y el agradecimiento que sentimos por su participación en el Congreso de Bruselas.

**Sanial**, delegado americano, agradece al presidente sus palabras de simpatía por los americanos. Comprende la imposibilidad señalada, pero espera que cada nacionalidad de Europa envíe una delegación al congreso que los socialistas americanos celebrarán probablemente en Chicago en 1893. Resuenan los aplausos.

**Hoehn**, el delegado de Chicago, apoya estas palabras en el mismo sentido, y se aprueba la propuesta de Sanial. Se aclama a los delegados americanos.

Se llega luego a la fijación del país donde se convocará el próximo Congreso Internacional Obrero Socialista. Se decide, a propuesta de la mesa, que el próximo congreso internacional se celebre en 1893 en Suiza, dejando la elección de la ciudad al partido obrero suizo. Aclamaciones.

**Brandt**, delegado suizo, da las gracias y promete que Suiza se esforzará por hacer todo lo posible para que de aquí al 93 la Suiza socialista avance todavía más en el camino del progreso. Aplausos.

Se decide, a propuesta del presidente, que en el próximo congreso, como en Bruselas, solo podrán participar las asociaciones que acepten estos dos principios: la intervención del Estado y la organización.

**Tailor**, delegado de las *trade-unions* de Londres, espera que el partido obrero suizo elija como sede del próximo congreso Ginebra, que es la fortaleza de la libertad y el refugio de todos los proscritos políticos.

**Brandt**, delegado suizo, responde que hay que dejar elegir a Suiza, que cumplirá con su deber para asegurar el éxito del congreso.

**Fauviau**, delegado belga, anima a las nacionalidades representadas a sostener las reivindicaciones del proletariado belga, que reclama el sufragio universal.[^61]

**Raymond Lavigne**,[^62] delegado de Burdeos, ha presentado una propuesta, firmada también por un delegado inglés, que dice así:

*Sigue la resolución sobre los trabajadores del mar: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1891%20Congreso%20de%20Bruselas%20%28II%20Internacional%29#los-trabajadores-del-mar-22-de-agosto-de-1891).*

El presidente **Volders** anuncia que los esfuerzos perseverantes de los socialistas rusos permiten esperar que en el próximo congreso haya representantes del proletariado ruso organizado, no ya rusos refugiados en el extranjero, como los que tienen asiento aquí, sino rusos venidos de Rusia. Resuenan las aclamaciones. **Argyriadès** da lectura a un informe sobre la manutención de los niños pobres a cargo del municipio y del Estado. Pide que esta cuestión se ponga en el orden del día del próximo congreso.

### El final del congreso

**Volders** dice que su misión, así como la de sus colegas de la mesa, ha terminado: el orden del día está agotado. Los congresistas pueden retirarse con la consciencia del deber cumplido y la certeza de haber participado en una gran obra.

Se ha visto por primera vez a los representantes de todas las organizaciones obreras del mundo, reunidos en una vasta asamblea, tomar resoluciones y, pese a las diferencias de raza y de táctica, establecer el acuerdo entre ellos, preparar el porvenir y proclamar el principio de la lucha de clases.

Para asegurar en esta lucha el triunfo de la clase obrera, es preciso que se organice. Debe continuar la tradición de los grandes congresos, como el de Bruselas, que muestran su capacidad y su voluntad de llegar a su emancipación.

Se sale de esta asamblea internacional más fuerte, más unido, más solidario que en el pasado. Cada uno volverá a su casa con la seguridad de la próxima victoria del proletariado. En el futuro congreso volveremos a encontrarnos más poderosos y mejor templados para las batallas del presente y del porvenir.

**Bebel**, felicitándose por la grandeza y la dignidad del congreso, subraya su importancia considerable. Muestra el admirable espectáculo que todos estos proletarios han dado a las clases poseedoras y dirigentes, obligadas a reconocer la fuerza obrera.

Hace constar que el Congreso de Bruselas ha sido el más hermoso y el de mayor éxito. En nombre de sus amigos, dirige agradecimientos y felicitaciones a la mesa, infatigable en su labor, y al Partido Obrero Belga. Da las gracias en particular a Volders, que no solo ha vencido todas las dificultades que presentaba la reunión de estos elementos diversos, sino que ha asegurado la buena marcha de los trabajos y la solución de todas las cuestiones del orden del día. Bebel estrecha al mismo tiempo la mano de Volders, y luego se dan fraternalmente un abrazo, en medio de los aplausos entusiastas de los delegados.

El eminente orador alemán termina diciendo que hay que esperar el mayor bien del Congreso de Bruselas para el socialismo internacional.

Un trueno de aplausos estalla al final de su discurso.

**Chauvière**, que habla en nombre de la delegación francesa, ha tomado poca parte en este congreso, por circunstancias ajenas a su voluntad. Ahora que ha terminado, queda por dar las gracias, no al gobierno, que ha recibido mal a los delegados, sino a la delegación belga, que ha reunido a los representantes de todos los partidos socialistas del mundo para pronunciar el gran pacto de la revolución social.

La consigna será en adelante: «Guerra al capital». Y será también: «Guerra a la guerra», y por todos los medios posibles.

Los socialistas deben defender la igualdad social.

Deben preparar la Comuna revolucionaria de los pueblos, después de haber saludado a la Comuna vencida de 1871.

En nombre de los franceses, cumple el mismo deber que Bebel dando las gracias a la delegación belga, que ha encontrado fuerza suficiente para reunir a todos los elementos socialistas, a fin de sellar juntos el gran pacto de la fraternidad universal. Estalla una aclamación formidable.

**Burrows** añade, por Inglaterra, su agradecimiento al Partido Obrero Belga y al secretario, en nombre de los millones de obreros oprimidos del otro lado del estrecho.

Los ingleses no tienen ninguna divergencia de sentimientos. Se han mostrado impacientes, pero es porque quieren actuar, mostrar cuánto aman a sus hermanos y cuánto aspiran al momento deseado del reino de la justicia y de la igualdad en todos los países del mundo.

Se aclama este discurso.

**Volders** declara clausurado el congreso.

Envía, en nombre del Partido Obrero Belga, un saludo fraternal a los congresistas y espera que los delegados de los partidos obreros vuelvan a encontrarse más adelante en el Congreso de Zúrich.

Propone, para terminar el Congreso de Bruselas, que ha estrechado los lazos de solidaridad entre todos los proletarios del mundo, ponerse en pie y cantar, cada uno en su lengua, el himno revolucionario internacional: la *Marsellesa*.

Todos los delegados están en pie y descubiertos.

Reina una emoción indescriptible, se agitan los sombreros y los pañuelos, y de esta multitud brota, vibrante y atronador, el Canto de los Rebeldes, el Canto de la Revolución Social.

Así termina el Congreso Internacional Obrero Socialista de Bruselas del mes de agosto de 1891.

## Después del congreso. Excursión a Gante

### La recepción

Los socialistas gantenses habían invitado a los congresistas, para el domingo, una vez terminado el congreso, a una excursión a Gante, para recibirlos en ese centro socialista y que visitaran las instalaciones del Vooruit, la gran cooperativa.

Un número muy grande de delegados de todos los países, a los que el Partido Obrero había ofrecido el viaje gratuito, respondieron a la invitación.

Se llega a Gante por la mañana. En la estación, los socialistas gantenses, reunidos en masa con música y banderas rojas, les dispensaron un recibimiento muy entusiasta.

La ciudad está engalanada con banderas tricolores para la recepción de los miembros de un congreso neerlandés. Una gran banderola en la que se daba la bienvenida a los extranjeros tenía así un doble uso.

En cuanto desembarcan los congresistas se forma un cortejo, que dirigen Anseele y Van Beveren,[^63] y se parte, al son de los clarines, hacia el Vooruit.

Una multitud compuesta por los delegados extranjeros y belgas y por los socialistas gantenses se precipita en la sala de fiestas, engalanada de rojo; entre los asistentes se ve a Liebknecht, Bebel y Singer, Malon, Vaillant, Guesde y Allemane, Aveling y la ciudadana Marx-Aveling, Sanial, Adler, Mille y Mann, Brandt, Knudsen y Branting, Turati, los Mendelssohn y una multitud de socialistas conocidos.

En la mesa se sientan: Anseele, que preside, Hardijns, Van Beveren, Laurent Verrycken, Goetschalk, Demblon, Volders y otros delegados del extranjero, así como miembros del Consejo General.

**Anseele** da la bienvenida a los extranjeros en esta ciudad, que fue una de las cunas del socialismo internacional y donde hay alegría por recibir a los representantes de la clase obrera de todos los países. Recuerda que se han visto ondear banderas tricolores y explica con qué motivo. No es la bandera del proletariado, dice, porque cuando este triunfe la desgarrará y enviará el negro a la burguesía, que tendrá que llevar luto por el poder que ocupa; el amarillo, al clero, porque es el color de la bandera papal; el rojo, por último, será para el pueblo, que hará de él la bandera de todos los trabajadores.[^64]

**Chauvière**, hijo de Gante, según dice, expresa en nombre de la delegación francesa la simpatía de los socialistas de Francia por el soberbio movimiento socialista belga, que tiene sus focos en Bruselas, en Gante y en todas las grandes ciudades. Hace constar que el espíritu de emancipación se manifiesta y que se acerca la hora en que la masa, levantándose contra la opresión en todos los países, derribará a sus opresores.

Después de **Volders**, que habla por el Consejo General, **Molkenbuhr**,[^65] delegado alemán, responde en nombre de la delegación de su país diciendo que los alemanes se alegraban de afirmar en esta ciudad socialista la solidaridad internacional de todos los proletarios.

**James Holmes**, delegado inglés, hace constar que las ideas socialistas, implantadas recientemente e introducidas con dificultad en Inglaterra, penetran en los corazones y en los cerebros. En un lenguaje muy elevado, indica qué transformación se opera en los espíritus, qué cambio se produce entre los obreros, animados por la voluntad de mejorar su situación por todos los medios y de llegar a la transformación social, para la mayor felicidad de los hombres.

Otros oradores toman la palabra en nombre de los distintos países, pero el tiempo pasa y, tras una *Marsellesa* ejecutada por la Harmonie y acompañada por todos los asistentes, se separan para ir a comer y visitar después las instalaciones del Vooruit.

### El banquete

El Partido Obrero gantés había dirigido a los congresistas extranjeros una invitación a comer.

Buen número de socialistas de Gante se han inscrito y se sientan a la mesa con los delegados.

El banquete se da en la inmensa sala del Valentino, donde se han dispuesto mesas que ocupan trescientos comensales.

Se come con buen apetito esta comida democrática. La animación es general; se aprovecha la última ocasión en que se está reunido para conversar amistosamente entre gentes de distintas nacionalidades.

Suena la hora de los brindis. **Anseele** habla el primero y brinda por la salud de los socialistas extranjeros venidos a discutir los intereses de la clase obrera, que han tomado decisiones capaces de servir a la causa de los proletarios.

Hay delegados que hablan todas las lenguas; se acuerda que los distintos oradores que brinden se expresen en su lengua.

Se oye sucesivamente a **Bebel** en alemán, a **Vaillant** y **Guesde** en francés, a **Mille** en rumano, a **Iglesias** en español, a **Turati** en italiano, a **Sanial** y **Burrows** en inglés, a **Domela Nieuwenhuis** en neerlandés y a otros, checos, escandinavos y polacos, cada uno en su idioma.

### La visita

El banquete ha terminado. Se va por grupos a los establecimientos del Vooruit: café, almacenes, panadería, despacho de carbón y talleres de producción; a los extranjeros les sorprende ver la importancia de los negocios de la cooperativa gantesa.

Habían visitado también las instalaciones de la Casa del Pueblo de Bruselas durante la semana anterior; habían visto también el café y las grandes salas, los almacenes, la panadería y las carnicerías, y de este modo podían comprobar la importancia del movimiento cooperativo. Se les había informado sobre las inmensas instalaciones del Progrès en Jolimont, el mayor productor de pan del país, y sobre las de Amberes, Verviers, Lieja y otras ciudades.

Se explicó también el empleo de una parte de los beneficios en provecho de la propaganda socialista. Los delegados extranjeros tomaban notas para hacer un informe en su país sobre la utilidad de la cooperación establecida según los principios del socialismo.

### La partida y la llegada a Bruselas

Se forma de nuevo el cortejo y se parte del Vooruit, con la música en cabeza, hacia la estación. Allí se separan despidiéndose y deseando volver a verse. El tren arranca: se está en camino hacia Bruselas.

Ante la estación del Norte, la plaza está negra de gente: el Consejo General, de acuerdo con el Comité Federal, ha convocado a los miembros del partido y a los trabajadores para dar escolta a los delegados extranjeros.

Se forma un cortejo de antorchas, con banderas rojas, carteles y transparentes; resuenan los aires de música; el entusiasmo es grande.

Se parte hacia la Casa del Pueblo, en la que se entra a los sones de la *Marsellesa*, ejecutada por la Fanfarria Obrera situada ante el local; los manifestantes aclaman a los congresistas, y estos responden y les dan las gracias por la acogida que han recibido.

Dentro, todas las salas están invadidas; se intercambian buenos deseos y se separan a una hora avanzada. Ese fue el final del Congreso de Bruselas.

[^1]: En 1889 se habían reunido en París dos congresos obreros internacionales rivales: el de los marxistas, del que nació la II Internacional, y el de los posibilistas franceses. En Bruselas se reunieron por primera vez juntos.

[^2]: Laurent Verrycken (1835-1892), veterano de la sección belga de la AIT y uno de los fundadores del Partido Obrero Belga.

[^3]: Louis Bertrand (1856-1943), dirigente del Partido Obrero Belga y su historiador.

[^4]: Émile Vandervelde (1866-1938), abogado y dirigente del Partido Obrero Belga; presidió más tarde el Buró Socialista Internacional.

[^5]: Jean Volders (1855-1896), periodista, uno de los fundadores del Partido Obrero Belga y director de su diario, *Le Peuple*.

[^6]: El congreso marxista se reunió en la sala Pétrelle, en la calle Rochechouart; el de los posibilistas, en la calle de Lancry.

[^7]: Paul Singer (1844-1911), diputado del Reichstag y copresidente del partido socialdemócrata alemán.

[^8]: Wilhelm Liebknecht (1826-1900), fundador con Bebel del partido socialdemócrata alemán y director de su órgano central, el *Vorwärts*.

[^9]: Eleanor Marx-Aveling (1855-1898), hija menor de Marx, organizadora del sindicato de los obreros del gas.

[^10]: Probablemente Will Thorne (1857-1946), secretario del sindicato de los obreros del gas.

[^11]: Victor Adler (1852-1918), fundador del partido socialdemócrata austriaco.

[^12]: Edward Anseele (1856-1938), dirigente socialista de Gante, fundador de la cooperativa Vooruit.

[^13]: Pablo Iglesias (1850-1925), fundador del Partido Socialista Obrero Español y de la Unión General de Trabajadores.

[^14]: Abraham Cahan (1860-1951), periodista socialista de lengua yidis de Nueva York, delegado de los sindicatos y grupos socialistas judíos de esa ciudad.

[^15]: Édouard Vaillant (1840-1915), miembro de la Comuna de París y del Consejo General de la AIT, dirigente del Comité Revolucionario Central blanquista.

[^16]: Jean Allemane (1843-1935), antiguo comunero deportado a Nueva Caledonia; en 1890 encabezó la escisión de los posibilistas que formó el Partido Obrero Socialista Revolucionario.

[^17]: Jules Guesde (1845-1922), dirigente del Partido Obrero francés.

[^18]: Ferdinand Domela Nieuwenhuis (1846-1919), antiguo pastor protestante, dirigente de la Liga Socialdemócrata holandesa y primer diputado socialista de Holanda (1888-1891); evolucionó después hacia el anarquismo.

[^19]: Filippo Turati (1857-1932), abogado milanés, director de *Critica Sociale*; al año siguiente fue uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores Italianos.

[^20]: Stanisław Mendelson (1857-1913), socialista polaco emigrado.

[^21]: Constantin Mille (1861-1927), periodista socialista rumano.

[^22]: Célestin Demblon (1859-1924), profesor y escritor socialista de Lieja.

[^23]: César De Paepe (1841-1890), médico, uno de los fundadores de la sección belga de la AIT y del Partido Obrero Belga; había muerto en diciembre de 1890.

[^24]: Benoît Malon (1841-1893), miembro de la Comuna y de la AIT, director de la *Revue socialiste*.

[^25]: Paul Lafargue (1842-1911), yerno de Marx, condenado en julio de 1891 a un año de cárcel por sus discursos en la región de Fourmies antes del Primero de Mayo; salió en libertad al ser elegido diputado en noviembre.

[^26]: El 1 de mayo de 1891 la tropa disparó en Fourmies (departamento del Norte) contra los manifestantes y mató a nueve personas.

[^27]: Las nuevas *trade-unions* eran los sindicatos de obreros no cualificados nacidos de las grandes huelgas de 1888-1889 (cerilleras, obreros del gas, estibadores de Londres).

[^28]: Lucien Sanial (1835-1927), socialista de origen francés, dirigente del Socialist Labor Party de los Estados Unidos.

[^29]: Francesco Saverio Merlino (1856-1930), abogado y publicista anarquista italiano, exiliado entonces en Londres.

[^30]: Piotr Lavrov (1823-1900), teórico del populismo revolucionario ruso, emigrado en París.

[^31]: Cooperativa obrera socialista de Gante, fundada en 1880.

[^32]: Henry Mayers Hyndman (1842-1921), fundador de la Social Democratic Federation inglesa.

[^33]: Wignehies está a pocos kilómetros de Fourmies, donde la tropa había disparado contra la manifestación del Primero de Mayo.

[^34]: Diputados socialistas elegidos en 1889: Eugène Baudin (1853-1918), obrero porcelanero; Jean-Baptiste Dumay (1841-1926), mecánico de Le Creusot y antiguo comunero; Ernest Ferroul (1853-1921), médico, alcalde de Narbona, y Christophe Thivrier (1841-1895), minero y alcalde de Commentry.

[^35]: Alusión a los anarquistas de Chicago condenados tras los sucesos de Haymarket de mayo de 1886; cuatro de ellos fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887.

[^36]: La ley federal de 1868 fijaba en ocho horas la jornada de los obreros empleados por el gobierno federal; en 1888 se extendió a los carteros.

[^37]: Así en el informe. La ley de fábricas de 1891 elevó de diez a once años la edad mínima de admisión de los niños en las fábricas; la Conferencia de Berlín había recomendado doce.

[^38]: Proyecto de la sección. El texto que el congreso aprobó el 19 de agosto, con cambios, está en la [página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1891%20Congreso%20de%20Bruselas%20%28II%20Internacional%29#la-legislacion-del-trabajo-aprobada-el-19-de-agosto-de-1891).

[^39]: Emmanuel Chauvière (1850-1910), antiguo comunero, concejal blanquista de París.

[^40]: August Bebel (1840-1913), presidente del partido socialdemócrata alemán.

[^41]: *Le Peuple*, diario del Partido Obrero Belga, fundado en 1885.

[^42]: Hjalmar Branting (1860-1925), dirigente de la socialdemocracia sueca.

[^43]: Leo Frankel (1844-1896), obrero orfebre húngaro, miembro de la Comuna de París y del Consejo General de la AIT.

[^44]: Subcontratación del trabajo por un intermediario, el *marchandeur*, que lo contrata a tanto alzado con el patrono y paga a destajo a los obreros; en inglés, *sweating system*.

[^45]: Panagiotis Argyriadès (1849-1901), abogado socialista parisiense de origen griego.

[^46]: El informe dice «20 avril» (20 de abril), errata por «20 août».

[^47]: «Emperadores-reyes»: alusión a Francisco José, emperador de Austria y rey de Hungría, y a Guillermo II, emperador alemán y rey de Prusia, aliados de Italia en la Triple Alianza.

[^48]: Arthur Groussier (1863-1957), mecánico, del Partido Obrero Socialista Revolucionario de Allemane.

[^49]: Proyecto de la minoría alemana. El congreso aprobó el 21 de agosto una versión ampliada: véase la [página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1891%20Congreso%20de%20Bruselas%20%28II%20Internacional%29#el-derecho-de-coalicion-las-huelgas-y-el-movimiento-sindical-aprobada-el-21-de-agosto-de-1891).

[^50]: Edward Aveling (1849-1898), compañero de Eleanor Marx.

[^51]: Ignacy Daszyński (1866-1936), dirigente del partido socialdemócrata de Galitzia.

[^52]: Willem Vliegen (1862-1947), tipógrafo, dirigente socialdemócrata holandés.

[^53]: Carl Jeppesen (1858-1930), dirigente del Partido Laborista noruego.

[^54]: Gustave Rouanet (1855-1927), periodista de la *Revue socialiste*, próximo a Benoît Malon.

[^55]: El informe dice «grève» (huelga), errata evidente por «guerre»: véase la enmienda de Rouanet más abajo.

[^56]: Georg von Vollmar (1850-1922), dirigente socialdemócrata bávaro, cabeza del ala reformista del partido alemán.

[^57]: Probablemente, los habitantes de Polsbroek, aldea holandesa.

[^58]: Wilhelmina Drucker (1847-1925), feminista socialista holandesa; Emma Ihrer (1857-1911), organizadora de las obreras berlinesas; Louise Kautsky (1860-1950), primera esposa de Karl Kautsky y, desde 1890, secretaria de Engels; Anna Kuliscioff (1857-1925), médica socialista rusa establecida en Milán, compañera de Turati, y Ottilie Baader (1847-1925), costurera, dirigente de las socialistas alemanas.

[^59]: La *Kölnische Zeitung*, diario liberal de Colonia.

[^60]: La Exposición Universal de Chicago de 1893.

[^61]: El Partido Obrero Belga hacía campaña por el sufragio universal; la huelga general de abril de 1893 arrancó el sufragio universal masculino, corregido por el voto plural.

[^62]: Raymond Lavigne (1851-1930), militante guesdista de Burdeos; en el congreso de París de 1889 había propuesto la manifestación internacional del Primero de Mayo.

[^63]: Edmond Van Beveren (1852-1897), dirigente socialista gantés.

[^64]: La bandera belga es negra, amarilla y roja.

[^65]: Hermann Molkenbuhr (1851-1927), tabaquero, diputado socialdemócrata del Reichstag.
