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Title: Congreso extraordinario de Basilea de la II Internacional (1912)
Description: El Manifiesto de Basilea, aprobado por unanimidad por el congreso extraordinario de la II Internacional en noviembre de 1912, en plena guerra balcánica: la consigna de aprovechar la crisis de una guerra para precipitar la caída de la dominación capitalista, el reparto de tareas entre los partidos socialistas y la advertencia a los gobiernos; con la declaración de los delegados italianos y suizos sobre el irredentismo.
Author: Congreso Socialista Internacional extraordinario
Date: 1912-11
URL: https://marxismo.school/archivo/congresos/1912%20Congreso%20extraordinario%20de%20Basilea%20%28II%20Internacional%29
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*Congreso extraordinario de la II Internacional, convocado por el Buró Socialista Internacional ante la amenaza de que la primera guerra balcánica degenerase en guerra europea y celebrado en Basilea los días 24 y 25 de noviembre de 1912, con 555 delegados; el domingo 24 los delegados y los obreros de Basilea desfilaron por la ciudad hasta la catedral, cedida para el mitin. Jaurès leyó el manifiesto en francés y Victor Adler en alemán, y Keir Hardie lo resumió en inglés; se aprobó por unanimidad, a mano alzada, el 25 de noviembre. Traducido de* Außerordentlicher Internationaler Sozialisten-Kongreß zu Basel am 24. und 25. November 1912 *(Berlín, Buchhandlung Vorwärts, 1912), pp. 23-27 y 39, según el [ejemplar digitalizado de Internet Archive](https://archive.org/details/ausserordentlich00inte). Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/congresos/originales/1912%20Au%C3%9Ferordentlicher%20Internationaler%20Sozialistenkongre%C3%9F%20zu%20Basel%20%28II.%20Internationale%29).*

*Las actas completas de las sesiones están en [Actas del Congreso extraordinario de Basilea (II Internacional)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1912%20Actas%20del%20Congreso%20extraordinario%20de%20Basilea%20%28II%20Internacional%29).*

## Manifiesto de la Internacional sobre la situación actual (25 de noviembre de 1912)

La Internacional estableció en sus congresos de Stuttgart y Copenhague, como principios rectores de la lucha del proletariado de todos los países contra la guerra:

«Si una guerra amenaza con estallar, las clases trabajadoras y sus representantes parlamentarios en los países afectados, apoyados por la actividad coordinadora del Buró Internacional, están obligados a *hacerlo todo para impedir el estallido de la guerra por los medios que les parezcan más eficaces*, que cambian naturalmente según la agudización de la lucha de clases y de la situación política general.

»Si a pesar de todo la guerra estallase, es su deber intervenir para *ponerle fin rápidamente* y esforzarse con todas sus fuerzas por *aprovechar la crisis económica y política provocada por la guerra para sacudir al pueblo y precipitar así la abolición de la dominación de clase capitalista*».[^1]

Los acontecimientos de los últimos tiempos han impuesto al proletariado, más que nunca, el deber de dar a sus acciones concertadas y comunes la mayor fuerza y energía. Por un lado, la locura armamentista general ha agravado la carestía de la vida, con lo que ha agudizado los antagonismos de clase y ha llevado a la clase obrera una indignación incontenible. Los obreros quieren poner un límite a este sistema de inquietud y despilfarro. Por otro lado, las amenazas de guerra, que vuelven sin cesar, resultan cada vez más provocadoras. Los grandes pueblos de Europa están constantemente a punto de ser lanzados unos contra otros, sin que estos atentados contra la humanidad y la razón puedan justificarse con el menor pretexto de interés popular.

La crisis balcánica,[^2] que ha traído ya tan espantosos horrores, sería, si se extendiera, el peligro más terrible para la civilización y para el proletariado. Sería a la vez la mayor infamia de la historia universal, por el contraste clamoroso entre la magnitud de la catástrofe y la insignificancia de los intereses en juego.

Por eso el congreso hace constar con satisfacción la completa unanimidad de los partidos socialistas y de los sindicatos de todos los países en la guerra contra la guerra.

Al alzarse simultáneamente los proletarios de todos los países a la lucha contra el imperialismo, oponiendo cada sección de la Internacional la resistencia del proletariado al gobierno de su país y movilizando la opinión pública de su nación contra toda veleidad belicista, se produjo una grandiosa cooperación de los obreros de todos los países, que ha contribuido ya mucho a salvar la paz mundial amenazada. El miedo de las clases dominantes a una revolución proletaria como secuela de una guerra mundial ha resultado una garantía esencial de la paz.

El congreso exhorta, pues, a los partidos socialdemócratas a continuar su acción con todos los medios que les parezcan adecuados. Y en esta acción común asigna a cada partido socialista su tarea particular.

Los partidos socialdemócratas de la península balcánica tienen una tarea difícil. Las grandes potencias de Europa, al obstruir sistemáticamente toda reforma, han contribuido a crear en Turquía una situación económica, nacional y política insoportable, que tenía que conducir necesariamente a la rebelión y a la guerra. Frente a la explotación de esa situación en interés de las dinastías y de las burguesías, los partidos socialdemócratas de los Balcanes han levantado con heroico valor la reivindicación de una federación democrática. El congreso los exhorta a perseverar en su admirable actitud; espera que la socialdemocracia de los Balcanes haga todo lo posible, después de la guerra, para impedir que las dinastías, el militarismo y la burguesía de los Estados balcánicos, ávida de expansión, abusen para sus fines de los resultados de la guerra balcánica, comprados con sacrificios tan terribles. Y exhorta en particular a los socialistas de los Balcanes a oponerse no solo a que renazcan las viejas enemistades entre serbios, búlgaros, rumanos y griegos, sino también a todo atropello de los pueblos balcánicos que se encuentran ahora en el bando contrario, los turcos y los albaneses. Los socialistas de los Balcanes tienen, por tanto, el deber de combatir toda privación de derechos de estos pueblos y de proclamar, frente al chovinismo nacional desencadenado, la fraternidad de todos los pueblos balcánicos, albaneses, turcos y rumanos incluidos.

Los partidos socialdemócratas de Austria, Hungría, Croacia y Eslavonia, Bosnia y Herzegovina tienen el deber de proseguir con toda su fuerza su eficaz acción contra un ataque de la monarquía danubiana a Serbia. Es tarea suya seguir oponiéndose, como hasta ahora, al plan de despojar a Serbia por la fuerza de las armas de los resultados de la guerra, de convertirla en una colonia de Austria y de arrastrar a los mayores peligros, por intereses dinásticos, a los propios pueblos de Austria-Hungría y con ellos a todas las naciones de Europa. Del mismo modo, los partidos socialdemócratas de Austria-Hungría lucharán también en el futuro para que las partes del pueblo eslavo del sur sometidas a la casa de Habsburgo conquisten, dentro de las fronteras de la propia monarquía austrohúngara, el derecho al autogobierno democrático.

Los partidos socialdemócratas de Austria-Hungría, igual que los socialistas de Italia, han de prestar especial atención a la cuestión albanesa. El congreso reconoce el derecho del pueblo albanés a la autonomía.[^3] Pero protesta contra la pretensión de que, con el pretexto de la autonomía, Albania sea víctima de las ansias de dominio austrohúngaras e italianas. El congreso ve en ello no solo un peligro para la propia Albania, sino también, en un futuro no lejano, una amenaza para la paz entre Austria-Hungría e Italia. Solo como miembro autónomo de una federación balcánica democrática puede Albania llevar una vida realmente independiente. Por eso el congreso exhorta a los socialdemócratas de Austria-Hungría y de Italia a combatir todo intento de sus gobiernos de incluir a Albania en su esfera de influencia y a proseguir sus esfuerzos por afianzar las relaciones pacíficas entre Austria-Hungría e Italia.

El congreso saluda con gran alegría las huelgas de protesta de los obreros rusos[^4] como garantía de que el proletariado de Rusia y de Polonia empieza a reponerse de los golpes que le ha asestado la contrarrevolución zarista. El congreso ve en ellas la garantía más firme contra las criminales intrigas del zarismo, que, después de aplastar en sangre a los pueblos de su propio país, y después de traicionar incontables veces a los propios pueblos balcánicos y entregarlos a sus enemigos, oscila ahora entre el miedo a las consecuencias que una guerra tendría para él y el miedo a la presión de un movimiento nacionalista que él mismo ha creado. Y si el zarismo se dispone ahora de nuevo a presentarse como libertador de las naciones de los Balcanes, es solo para reconquistar, con ese pretexto hipócrita, el predominio en los Balcanes en una guerra sangrienta. El congreso espera que el proletariado de la ciudad y del campo de Rusia, de Finlandia y de Polonia, que se está fortaleciendo, desgarre ese tejido de mentiras, se oponga a toda aventura bélica del zarismo, combata todo golpe del zarismo, sea contra Armenia o contra Constantinopla, y concentre toda su fuerza en la reanudación de la lucha revolucionaria de liberación contra el zarismo. Porque el zarismo es también la esperanza de todas las potencias reaccionarias de Europa y el enemigo más encarnizado de la democracia de los propios pueblos que domina, y toda la Internacional debe considerar una de sus tareas primordiales provocar su caída.

Pero la tarea más importante dentro de la acción de la Internacional corresponde a la clase obrera de Alemania, de Francia y de Inglaterra. En este momento, la tarea de los obreros de esos países es exigir a sus gobiernos que nieguen todo apoyo tanto a Austria-Hungría como a Rusia, que se abstengan de toda injerencia en los conflictos balcánicos y que guarden una neutralidad absoluta. Una guerra entre los tres grandes pueblos civilizados que van a la cabeza, por la disputa serbo-austriaca sobre un puerto,[^5] sería una locura criminal. Los obreros de Alemania y de Francia no pueden admitir que exista obligación alguna, contraída por tratados secretos, de intervenir en el conflicto balcánico.

Pero si, más adelante, el hundimiento militar de Turquía llevara a la quiebra de la dominación otomana en Asia Menor, la tarea de los socialistas de Inglaterra, Francia y Alemania sería oponerse con todas sus fuerzas a la política de conquista en Asia Menor, que conduciría derecho a la guerra mundial. El congreso considera que el mayor peligro para la paz de Europa es la hostilidad, alimentada artificialmente, entre Gran Bretaña y el Imperio alemán. Por eso saluda los esfuerzos de la clase obrera de ambos países por salvar ese antagonismo. Considera que el mejor medio para ello es la conclusión de un acuerdo entre Alemania e Inglaterra para poner fin a la carrera de armamentos navales y abolir el derecho de captura en el mar.[^6] El congreso exhorta a los socialistas de Inglaterra y de Alemania a proseguir su agitación por un acuerdo de ese tipo.

Superar el antagonismo entre Alemania, por un lado, y Francia e Inglaterra, por otro, eliminaría el mayor peligro para la paz mundial, quebrantaría la posición de fuerza del zarismo, que explota ese antagonismo, haría imposible una agresión de Austria-Hungría contra Serbia y aseguraría la paz al mundo. Ante todo a ese objetivo deben dirigirse, pues, los esfuerzos de la Internacional.

El congreso hace constar que toda la Internacional socialista está de acuerdo en estos principios de política exterior. Exhorta a los obreros de todos los países a oponer al imperialismo capitalista la fuerza de la solidaridad internacional del proletariado. Advierte a las clases dominantes de todos los Estados que no agraven con acciones bélicas la miseria de masas que trae consigo el modo de producción capitalista. Exige con insistencia la paz. Que los gobiernos no olviden que, en el estado actual de Europa y con el estado de ánimo de la clase obrera, no pueden desencadenar la guerra sin peligro para ellos mismos; que recuerden que la guerra franco-alemana tuvo como secuela la explosión revolucionaria de la Comuna,[^7] que la guerra ruso-japonesa puso en movimiento las fuerzas revolucionarias de los pueblos del Imperio ruso, que la carrera de armamentos militares y navales ha dado a los conflictos de clase en Inglaterra y en el continente una agudeza inaudita y ha desencadenado enormes huelgas. Sería una locura que los gobiernos no comprendieran que la sola idea de la monstruosidad de una guerra mundial tiene que provocar la indignación y la rebeldía de la clase obrera. Los proletarios consideran un crimen dispararse unos a otros en provecho de los beneficios de los capitalistas, de la ambición de las dinastías o para mayor gloria de los tratados secretos de la diplomacia.

Si los poderes gubernamentales cortaran toda posibilidad de desarrollo normal y empujaran así al proletariado a pasos desesperados, serían ellos los que tendrían que cargar con toda la responsabilidad de las consecuencias de la crisis que hubieran provocado.

La Internacional redoblará sus esfuerzos para impedir esa crisis; elevará su protesta con fuerza cada vez mayor y dará a su propaganda una forma cada vez más enérgica y amplia. Por eso el congreso encarga al Buró Socialista Internacional que siga los acontecimientos con una atención tanto mayor y que, ocurra lo que ocurra, mantenga y refuerce la comunicación entre los partidos proletarios.

El proletariado es consciente de ser en este momento el portador de todo el porvenir de la humanidad. Para impedir la aniquilación de la flor de todos los pueblos, amenazada por todos los horrores de la matanza en masa, del hambre y de la peste, el proletariado empleará toda su energía.

Por eso el congreso se dirige a vosotros, proletarios y socialistas de todos los países, para que en esta hora decisiva hagáis oír vuestra voz. ¡Proclamad vuestra voluntad en todas las formas y en todos los lugares, elevad vuestra protesta con toda su fuerza en los parlamentos, uníos en masa en grandes manifestaciones, aprovechad todos los medios que os ponen en las manos la organización y la fuerza del proletariado! ¡Haced que los gobiernos tengan siempre ante los ojos la voluntad de paz, vigilante y apasionada, del proletariado! ¡Oponed así al mundo capitalista de la explotación y de la matanza en masa el mundo proletario de la paz y de la fraternidad de los pueblos!

## Declaración de los delegados italianos y suizos (25 de noviembre de 1912)

Los delegados italianos y suizos al Congreso Socialista Internacional extraordinario de Basilea se reunieron el domingo por la noche en sesión aparte. Trataron de la polémica de prensa sobre las relaciones italo-suizas, provocada por diversas noticias de periódicos chovinistas, y de la inquietud que esa polémica ha creado, sobre todo en Suiza, a causa del movimiento irredentista, cuyo objetivo sería al parecer la anexión del cantón del Tesino por Italia.[^8] Tras examinar a fondo la situación, los delegados de ambos países llegaron a la convicción de que la tensión se debe a causas creadas artificialmente por ciertos círculos interesados. El propósito, atribuido al llamado movimiento irredentista, de incorporar el cantón del Tesino al territorio del Estado italiano no es una idea arraigada en el pueblo italiano. Se urdió a todas luces para demostrar la supuesta necesidad de armamentos militares, y se ha aprovechado a uno y otro lado de la frontera para entusiasmar por las obras de fortificación incluso a círculos que, sin ese estímulo provocado artificialmente, difícilmente se habrían entusiasmado por ellas. Los delegados de ambos países coinciden en condenar ese proceder y no dejarán de actuar, a través de sus partidos, para que se difunda entre la población italiana y suiza la necesaria información.

[^1]: Son los dos últimos párrafos de la resolución sobre el militarismo y los conflictos internacionales del Congreso de Stuttgart (1907), que el Congreso de Copenhague (1910) confirmó; el segundo procedía de una enmienda de Rosa Luxemburg, Lenin y Mártov. En el original de Basilea las palabras en cursiva van espaciadas.
[^2]: La primera guerra balcánica, que Montenegro, Serbia, Bulgaria y Grecia, aliados en la Liga Balcánica, habían empezado contra el Imperio otomano en octubre de 1912.
[^3]: Albania proclamó su independencia en Vlorë el 28 de noviembre de 1912, tres días después del congreso.
[^4]: Las huelgas de protesta de noviembre de 1912 en San Petersburgo y otras ciudades. En la sesión del 25 de noviembre, el diputado de la IV Duma Malinovski anunció una huelga de un día de miles de obreros de San Petersburgo y Moscú contra el peligro de guerra.
[^5]: Serbia reclamaba una salida al Adriático por el norte de Albania; Austria-Hungría se oponía.
[^6]: El derecho de los beligerantes a apresar en el mar los buques y mercancías privados del enemigo.
[^7]: La Comuna de París de 1871.
[^8]: El Tesino (Ticino), cantón suizo de lengua italiana. El irredentismo italiano reclamaba para Italia los territorios de lengua italiana que quedaban fuera de sus fronteras, sobre todo el Trentino y Trieste, en poder de Austria-Hungría.
