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Title: Congreso de los Pueblos de Oriente. Actas (1920)
Description: El informe taquigráfico del I Congreso de los Pueblos de Oriente, convocado por la Internacional Comunista en Bakú en septiembre de 1920, sesión por sesión: el llamamiento de Zinóviev a la guerra santa contra el imperialismo inglés y francés, el informe de Rádek sobre la situación internacional, las declaraciones de Enver Pachá y del gobierno de Angora, los informes de Pávlovich sobre la cuestión nacional y colonial, de Béla Kun sobre los soviets en Oriente y de Skachkó sobre la cuestión agraria, las reivindicaciones de las mujeres de Oriente, la creación del Consejo de Propaganda y Acción y el discurso de clausura de Zinóviev.
Author: I Congreso de los Pueblos de Oriente
Date: 1920-09
URL: https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20Actas%20del%20Congreso%20de%20los%20Pueblos%20de%20Oriente
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*I Congreso de los Pueblos de Oriente, convocado por el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista y reunido en Bakú del 1 al 7 de septiembre de 1920 (la portada de la edición dice «1-8 de septiembre»), precedido por la sesión solemne del Soviet de Bakú y del Congreso de Sindicatos de Azerbaiyán en honor de los delegados, en la madrugada del 31 de agosto al 1 de septiembre. Traducido del ruso, lengua de la edición oficial del informe taquigráfico: 1-ый съезд народов Востока. Баку, 1-8 сент. 1920 г. Стенографические отчеты, Petrogrado, Editorial de la Internacional Comunista, 1920, 232 pp. ([ejemplar digitalizado de la Universidad de Ioánina](https://olympias.lib.uoi.gr/jspui/handle/123456789/28889)). El ejemplar digitalizado omite las páginas en blanco del volumen; no falta texto. El texto ruso se ha establecido sobre una lectura OCR corregida página a página a la vista de las imágenes; se conservan la ortografía y las erratas del impreso, y las más importantes se señalan en nota. Muchos discursos pronunciados en turco (es decir, en azerí), persa u otras lenguas solo constan en el acta por el resumen ruso de los traductores, y algunos, ni eso. Los documentos aprobados no se repiten: una línea en cursiva remite a la [página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20Congreso%20de%20los%20Pueblos%20de%20Oriente). Completamos con el día de la semana los títulos de las sesiones. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras, salvo una, que se indica. [Texto original en ruso](https://marxismo.school/archivo/congresos/originales/1920%201-%D1%8B%D0%B9%20%D1%81%D1%8A%D0%B5%D0%B7%D0%B4%20%D0%BD%D0%B0%D1%80%D0%BE%D0%B4%D0%BE%D0%B2%20%D0%92%D0%BE%D1%81%D1%82%D0%BE%D0%BA%D0%B0.%20%D0%A1%D1%82%D0%B5%D0%BD%D0%BE%D0%B3%D1%80%D0%B0%D1%84%D0%B8%D1%87%D0%B5%D1%81%D0%BA%D0%B8%D0%B5%20%D0%BE%D1%82%D1%87%D0%B5%D1%82%D1%8B)*

## Sesión solemne conjunta del Soviet de Diputados de Bakú y del Congreso de Sindicatos de Azerbaiyán, martes 31 de agosto de 1920

### Composición del congreso por nacionalidades

1. Turcos[^1] — 235
2. Persas y farsis — 192
3. Armenios — 157
4. Rusos — 104
5. Georgianos — 100
6. Chechenos — 82
7. Tayikos — 61
8. Kirguises[^2] — 47
9. Judíos — 41
10. Turcomanos — 35
11. Cumucos — 33
12. Lezguinos — 25
13. Osetios — 17
14. Uzbekos — 15
15. Indios — 14
16. Ingusetios — 13
17. Yamshidíes — 12
18. Hazaras — 11
19. Sartos — 10
20. Adjarianos — 10
21. Kabardinos — 9
22. Chinos — 8
23. Kurdos — 8
24. Ávaros — 7
25. Polacos — 5
26. Húngaros — 3
27. Alemanes — 3
28. Calmucos — 3
29. Coreanos — 3
30. Árabes — 3
31. Tekés — 2
32. Abjasios — 2
33. Baskires — 1
34. Ucranianos — 1
35. Croatas — 1
36. Checos — 1
37. Letones — 1

Total — 1275

- Delegados llegados en total — 1891
- De ellos, comunistas — 1273
- No indicaron su nacionalidad — 266
- No rellenaron el cuestionario, más de — 100
- Mujeres, en total — 55

*Se abre la sesión a la 1 h 25 min de la madrugada. Asisten los miembros del Congreso de los Pueblos de Oriente.*

**El presidente.** Camaradas, reanudamos ahora nuestra sesión. Llamo al orden.

Permitidme, camaradas, dirigir en vuestro nombre un caluroso saludo fraternal a nuestros queridos huéspedes *(Aplausos)*.

El Soviet ampliado de Diputados Obreros, del Ejército Rojo y Marineros de Bakú, junto con los soviets de distrito y junto con todo el Congreso de Sindicatos de Azerbaiyán, se alegra de ver en su sesión solemne a los representantes y dirigentes del comunismo mundial *(aplausos)*, a los representantes del proletariado de Bakú y de las masas trabajadoras de Azerbaiyán. Los aquí presentes creen y esperan cumplir con honor, bajo la experta dirección de los camaradas que han llegado hasta nosotros en el momento en que empezábamos a forjar un arma poderosa para la lucha contra el imperialismo mundial, la tarea que nos ha tocado *(Aplausos)*.

Esperamos, camaradas, que su breve estancia aquí nos ayude a unir nuestras fuerzas dispersas, nos ayude a encontrar con rapidez los caminos y los medios para alcanzar cuanto antes la victoria que deseamos, y que bajo su dirección lleguemos, quizá antes de lo que esperamos, al reino del comunismo. ¡Viva nuestro dirigente, que ha llegado hasta aquí, el camarada Zinóviev *(aplausos)*, dirigente del comunismo mundial! *(Ovaciones; la orquesta toca «La Internacional».)* ¡Viva el camarada Rádek, dirigente del proletariado internacional! *(Ovaciones; la orquesta toca «La Internacional».)*

Camaradas, junto con los camaradas Zinóviev y Rádek ha llegado el dirigente del partido comunista, el dirigente de la revolución comunista de Hungría, que tanto ha sufrido bajo el yugo de los tiranos blancos, el camarada Béla Kun[^3], a quien conocéis. *(Ovaciones. La orquesta toca «La Internacional».)*

Camaradas, aquí, junto con nuestros delegados, están presentes representantes de los partidos comunistas de Inglaterra, Alemania, Francia, Italia y otros países de Europa occidental y de América *(Aplausos. La orquesta toca «La Internacional».)*

Camaradas, en esta nuestra sesión solemne de hoy, junto con los representantes del proletariado comunista de Occidente aquí presentes, asisten los delegados que han venido al congreso en nombre de las masas oprimidas de Oriente. Esta unión es para nosotros símbolo de nuestra alianza fraternal y prenda de una victoria sólida, el cimiento que hoy colocamos aquí. ¡Vivan los representantes del proletariado de Occidente y los representantes de las masas trabajadoras de Oriente! *(Aplausos. La orquesta toca «La Internacional».)*

Camaradas, lancemos un viva a todos los presentes y a todos los que han llegado. ¡Hurra! *(Un sonoro «hurra». La orquesta toca «La Internacional».)*

Tiene la palabra el camarada Karáyev[^4] para traducir al turco.

*Karáyev* traduce al turco *(«La Internacional»)*.

**El presidente.** Para saludar en nombre del Comité Revolucionario de Azerbaiyán tiene la palabra el camarada Narimánov[^5] *(«La Internacional»)*.

**Narimánov.** Queridos camaradas, me siento feliz de saludaros en nombre del gobierno obrero y campesino del Azerbaiyán rojo y del Comité Central *(Aplausos)*.

Queridos huéspedes, esta hora memorable indica que estamos cerca de la meta, del triunfo de la III Internacional *(Aplausos)*.

¡Que triunfe la III Internacional!

*(Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

**El presidente.** Tiene la palabra para la traducción al turco el camarada Kasúmov.

*Kasúmov* traduce al turco. *«La Internacional».*

**El presidente.** Tiene la palabra el presidente del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, camarada Zinóviev. *(Aplausos tempestuosos, que se convierten en una ovación. «La Internacional».)*

**Zinóviev.** ¡Camaradas! No sin emoción tomo la palabra en esta reunión nuestra de hoy.

Camaradas, a quienes no participamos por primera vez en el movimiento revolucionario nos vienen naturalmente a la memoria aquellos primeros años de lucha que soldaron con una hermandad estrecha e indisoluble a todos los obreros de los pueblos de Rusia con los destacamentos de trabajadores que viven y luchan en Bakú. Os saludo no solo en nombre del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, y no solo en nombre del Comité Ejecutivo Central de nuestra república soviética, sino también en nombre de los obreros de una de las ciudades de la República Soviética que sienten por vosotros, proletarios de Bakú, un afecto fraternal especialmente ardiente: en nombre de los obreros de la ciudad de Petrogrado *(Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

Camaradas, en aquellos años tristes, hoy tan lejanos y a la vez tan cercanos, en que todos estábamos encadenados por el aro de hierro del zarismo y todos los pueblos de Rusia vivían en nuestro país como en una gran cárcel, en aquellos años, entre los primeros centros proletarios que se enfrentaron a pecho descubierto al zarismo, la ciudad de Bakú ocupaba un lugar que no era ni mucho menos el último.

Todo viejo revolucionario sabe que, después de Petrogrado y Moscú, en nuestras huelgas, manifestaciones, insurrecciones, en la lucha revolucionaria, solíamos nombrar tras esas dos ciudades a Bakú, Varsovia y Riga. Todos recuerdan cómo en vísperas de 1905, durante la revolución burguesa de 1917 y al comienzo de los acontecimientos de Octubre, nuestro destacamento obrero, que vivía y luchaba en la ciudad de Bakú, ennegrecida por el humo, cumplió escrupulosamente su deber proletario ante la revolución, ante la clase obrera de Rusia y ante la clase obrera del mundo entero.

En este día recordamos a decenas y centenares de nuestros mejores amigos, que salieron de las filas de los obreros de Bakú, trabajaron en otras muchas ciudades, ocuparon puestos de responsabilidad de la revolución y a veces hicieron de reconstructores de nuestras organizaciones de toda Rusia cuando la pesada zarpa de los gendarmes zaristas caía con demasiado peso sobre nosotros.

Recordamos a nuestros mejores amigos y hermanos, Shaumián y Dzhaparidze[^6], a quienes a muchos de nosotros nos unieron años de trabajo revolucionario común y de común amistad fraternal y que, como todos sabéis, fueron arrancados violentamente de nuestras filas por la mano de los verdugos y traidores de la clase obrera. Los nombres de luchadores vuestros como Shaumián y Dzhaparidze están en boca de todos los obreros de Petrogrado, de Moscú y de toda Rusia. Los niños aprenden en las escuelas soviéticas a respetar a hombres que, firmes en un puesto glorioso en el duro momento de la traición y la felonía, defendieron con valentía la bandera roja. Y en aquellos meses duros para vosotros, camaradas, y para nosotros, en que estabais separados de vuestra familia fraterna de pueblos trabajadores que habitan Rusia, en aquellos tiempos, los obreros de Piter, los obreros de Moscú y los obreros de toda Rusia sabían, aunque no recibían noticias vuestras, aunque la prensa inglesa mentía sobre vosotros, aunque os calumniaba la prensa traidora de los mencheviques, de los eseristas y de todos los demás Judas que han traicionado la causa obrera, sabíamos perfectamente que esa calumnia no se os pegaría; sabíamos perfectamente que aquí los obreros de Bakú no se rendían y esperaban el momento de tomarse la revancha y tender de nuevo la mano fraterna a los obreros de toda Rusia y del mundo entero. Y no nos equivocamos, camaradas. Sabemos que en los breves meses y semanas transcurridos desde vuestra liberación habéis vuelto a formar en las filas, habéis vuelto a ocupar uno de los puestos más honrosos, que os corresponde por derecho, entre los proletarios del mundo, entre los pueblos que habitan Rusia.

*(Aplausos.)*

He mencionado Varsovia. Camaradas, sobre Varsovia ondea todavía la bandera blanca. Muchos de nosotros, como los obreros de otros pueblos, nos inquietamos por los reveses que sufrió nuestro Ejército Rojo ante los muros de Varsovia.

Sabéis que nuestro ejército llegó casi hasta esos muros, pero el capitalismo polaco, con ayuda de los ingleses, a los que conocéis bien, con ayuda de los oficiales franceses, a los que también conocéis, con ayuda de la burguesía del mundo entero, a la que todos odiamos, asestó un golpe a nuestro Ejército Rojo y lo obligó a retroceder por un tiempo breve. Pero, camaradas, nuestros ejércitos han vuelto a reunir fuerzas y, si no engañan todos los indicios y si cabe hablar sobre la base de la experiencia anterior, podemos decir que no harán falta meses, sino semanas, para que nuestro Ejército Rojo vuelva a tender su mano roja hacia Varsovia *(Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

Camaradas, la guerra contra la Polonia blanca la libra formalmente la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, pero en esencia no es solo una guerra de la República Socialista de Rusia contra la burguesía de la República Polaca blanca: en esencia, es la guerra del trabajo contra el capital.

El II Congreso mundial de la Internacional Comunista, que acaba de terminar sus sesiones en Moscú y en el que estuvieron representados 37 países, ha declarado al mundo entero: la guerra de la República Soviética de Rusia contra la Polonia blanca es nuestra guerra, es la guerra de la Internacional Comunista contra la burguesía, contra los imperialistas del mundo entero.

Y yo, camaradas, estoy profundísimamente convencido de que nuestro congreso de los pueblos trabajadores de Oriente secundará este llamamiento y dirá: ¡sí, la guerra de la República Soviética de Rusia contra la Polonia blanca no es solo la guerra de los proletarios de Occidente, sino también de los pueblos trabajadores de Oriente contra nuestros opresores comunes! *(Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

Camaradas, la Internacional Comunista se fundó hace apenas año y medio. En el I Congreso de la Internacional Comunista éramos todavía una sociedad de propagandistas, éramos solo un grupo de personas que habían empezado a propagar sus ideas; en distintos países había ya corrientes comunistas, pero aún no había partidos comunistas mínimamente fuertes.

Ha pasado solo año y medio, y en el II Congreso de la Internacional Comunista, en Moscú, como ya os he dicho, tuvimos representantes de partidos y grupos comunistas organizados de 37 países de Europa y América. Tenemos en nuestro seno todo lo que hay de honrado y templado en la lucha, todo lo que hay de valiente y dispuesto a enfrentarse a la burguesía en toda Europa y América.

Y ahora damos en Bakú el segundo paso. No queremos parecernos a los héroes de la II Internacional, a los traidores que vendieron la bandera al enemigo. Recordamos que en el mundo no solo viven hombres de piel blanca, no solo europeos, a los que tenía especialmente en cuenta la II Internacional; además de ellos, viven en el mundo cientos de millones de personas que pueblan Asia y África. Queremos acabar con el poder del capital en el mundo entero. Y eso solo será posible cuando, no solo en Europa y América, sino en el mundo entero, encendamos el incendio de la revolución y cuando nos siga toda la humanidad trabajadora que puebla Asia y África.

La Internacional Comunista quiere que bajo sus banderas se unan hombres que hablan todas las lenguas. La Internacional Comunista está segura de que bajo sus banderas acudirán no solo los proletarios europeos, sino también la masa pesada de nuestra reserva, nuestra infantería: los cientos de millones de campesinos que pueblan Asia, nuestro Oriente Próximo y Lejano.

A vuestra ciudad le ha cabido el gran honor de servir de puerta por la que pasarán los proletarios de Occidente para tender la mano a los campesinos de Oriente. Vuestra ciudad será ahora el escenario de acontecimientos nuevos, nunca vistos en la historia de la humanidad: se reunirán los representantes de cientos de millones de campesinos de Oriente que han aprendido las lecciones de la guerra y han comprendido que hay que agarrar al capital por el cuello y ponerle la rodilla en el pecho. Hay que acabar de una vez para siempre con la ignominia del capitalismo.

Estamos seguros de que esos campesinos, que hoy son todavía analfabetos y aún no conocen nuestro programa, pero saben perfectamente que durante cientos de años los han degollado para mayor gloria del capital, esas decenas y cientos de millones de campesinos de Asia recogerán ahora el llamamiento que les lanza la vanguardia organizada del proletariado de Europa occidental y de América. Los pueblos de Oriente se agruparán en una alianza fraternal y olvidarán todo lo que alguna vez los separó. Olvidarán la discordia que los capitalistas mantenían artificialmente entre ellos y recordarán que necesitamos una alianza única de los trabajadores, no solo de Asia y Europa, sino del mundo entero, para acabar con el capitalismo y empezar a construir una vida nueva y mejor.

En este momento la Internacional Comunista no podía elegir lugar más acertado que Bakú, donde los pueblos de Occidente en lucha pueden encontrarse con los pueblos despiertos de Oriente.

El Soviet de Bakú es sin duda plenamente consciente de la importancia histórica del momento y hará todo cuanto de él dependa para crear esa atmósfera de unanimidad y de fraternidad en la que nacerá la alianza fraternal de los proletarios de Europa con los pueblos de Oriente.

Estoy seguro de que los obreros de Bakú, que han hecho tantos sacrificios, se alegrarán de que se reúna en su ciudad, en Bakú, el Congreso de los Pueblos de Oriente. Con ello se ven recompensados por los muchos sufrimientos que tuvieron que soportar por encima de la ración asignada a los obreros de otras ciudades.

Y la Internacional Comunista no se equivocó al convocar este congreso en Bakú. Su voz se escuchará en Londres, en París, en Constantinopla y en Nueva York. Quizá al principio los señores imperialistas, que tienen la costumbre de hacerse los sordos, intenten silenciarla, pero Oriente sabrá hablar tan alto que se les caerá todo el algodón de los oídos diplomáticos a los imperialistas ingleses y franceses. Tienen que oír que Oriente ya no quiere ser el escenario de la explotación de los rapaces del mundo, que han llegado los días históricos decisivos.

Camaradas, os ha tocado vivir el momento en que los millones de obreros y campesinos de todo Occidente se unirán con los cientos de millones de los pueblos de Oriente. De este momento dependen los destinos del mundo en los años más próximos. ¡Demos, pues, todo lo que podamos por el éxito de esta alianza!

Pongámonos a la tarea de organizar este congreso. Que los pueblos de Oriente comprendan que ha llegado una era nueva; que los pueblos de Oriente comprendan que se abre una página nueva en la historia de la humanidad, que el sol del comunismo brilla no solo para los proletarios de Europa, sino también para el campesinado trabajador del mundo entero.

¡Viva la alianza fraternal de los Pueblos de Oriente!

¡Viva la unión de los cientos de millones de campesinos de Oriente con los millones de proletarios de Occidente!

Que esta alianza sea indestructible. Que perezca para siempre el poder del capital. ¡Y que se instaure cuanto antes el régimen cuyo portador es la Internacional Comunista, creada por los trabajadores del mundo entero! *(Aplausos tempestuosos.)*

**El presidente.** Tiene la palabra para saludar el camarada Rádek.

**Rádek.** El Congreso de los Pueblos de Oriente se ha convocado en un momento histórico de importancia excepcional. El duelo entre los obreros y campesinos de Rusia y el mundo capitalista —en primer lugar, el capital inglés— ha pasado por muchas fases según las fuerzas de la Rusia soviética. El capitalismo inglés pensaba aplastarnos bien por la fuerza militar, bien por medio de negociaciones diplomáticas. El año pasado vivimos una enorme oleada de intervenciones de la Entente. Con el dinero de los capitalistas ingleses, con los ejércitos de Denikin y de Yudénich y con el ejército de Kolchak, intentaron derribar por tierra a la Rusia soviética. Pero la consciencia de sus masas obreras, la consciencia del campesinado avanzado, arrancó con la mano del Ejército Rojo una victoria que al señor del mundo, el capital, le parecía ya al alcance. Entonces empezaron a hablar con nosotros, a llevar negociaciones de paz, pero al mismo tiempo soltaron contra la Rusia soviética un perro nuevo: la Polonia blanca. Cuando el Ejército Rojo empezó a perseguir a la Polonia blanca, la paz con la Rusia soviética volvía a parecer cercana, pero tras nuestro primer revés vemos que el imperialismo inglés intenta de nuevo aterrorizarnos.

Varsovia parecía el punto nodal de la lucha entre Moscú y Londres. Pero en el mismo momento en que el Ejército Rojo se prepara para una nueva ofensiva, que mostrará al imperialismo inglés que sigue vivo, que la Rusia soviética sigue siendo fuerte, y más fuerte que nunca, en ese mismo momento mostramos aquí, en el Congreso de los Pueblos de Oriente, aquí, en Bakú, que la Rusia soviética, es decir, el proletariado mundial, al que representa, tiene todavía otra espada: la indignación de los pueblos que han vivido bajo el yugo del capitalismo mundial, y en primer lugar del inglés. Va hacia esos pueblos con palabras fraternales, va hacia ellos como hacia hermanos, como hacia compañeros de lucha. Esta voz de los representantes de las masas trabajadoras rojas de todo Oriente aquí reunidos dirá al capitalismo inglés, dirá al capital mundial, que el proletariado insurrecto lo batirá no solo en las calles de las capitales de Europa, sino también en las aldeas y en las ciudades de Asia.

Esos millones esclavizados, a los que se miraba como a esclavos, a los que se negaban los derechos humanos, ven, camaradas, que no vamos hacia ellos como fue en otro tiempo la burguesía. Sabéis que después de la Gran Revolución francesa, cuando la Francia napoleónica declaró la guerra a Inglaterra, cuando el joven imperialismo francés fue hacia los pueblos de Oriente, se dirigió a Persia y a la India, se dirigía solo a los gobiernos de esos países, a los gobiernos que explotaban a las masas populares. Cuando a lo largo del siglo XIX los gobiernos de Inglaterra o de Alemania volvían en su lucha la mirada hacia Oriente, tenían una sola idea rectora: cómo reforzar sus filas para la lucha. Y los pueblos de Oriente derramaban su sangre, pero no la derramaban por sí mismos, sino para que saliera vencedor uno de los malhechores imperialistas. Nosotros, en cambio, vamos hacia esos pueblos no solo para aprovechar su fuerza en nuestra lucha contra el capitalismo: vamos para ayudarlos a librarse del yugo no solo del capital, sino también de las relaciones medievales, del yugo del feudalismo y de la ignorancia, y darles la posibilidad de empezar a vivir una vida humana.

Vamos hacia ellos sabiendo que el joven mundo comunista, que nace entre sufrimientos inauditos, todavía no puede llevarles las riquezas de Occidente, que esas riquezas aún habrá que crearlas, pero vamos para liberarlos del yugo del capital, para ayudarlos a construir una vida nueva y libre del modo que ellos consideren conforme a los intereses de sus masas trabajadoras.

No es casual que pensáramos en la ciudad de Bakú al pensar en el Congreso de los Pueblos de Oriente. Aquí, en Bakú, donde durante muchos años trabajaron persas, turcos y tártaros[^7], aquí, en Bakú, donde el capitalismo los violentaba y los explotaba, les llegaba al mismo tiempo el pensamiento socialista, y este encontraba un eco común en sus corazones.

Sabemos cómo nació aquí, en Bakú, la revolución socialista, cómo de aquí partió la idea de la lucha contra el zarismo ruso y cómo los obreros, al volver a Persia, llevaron consigo esa idea de la lucha no solo contra el zarismo, sino también de la lucha contra el capitalismo por la liberación de todos los pueblos de todo yugo. Estamos convencidos de que esta ciudad obrera, en la que había un lujo inaudito de la burguesía, por un lado, y la vida más oscura de los obreros y de todo el pueblo, por otro, de que esta ciudad será escenario de la revolución internacional, de que de aquí partirá la corriente eléctrica de la consciencia política, de que aquí se plantará la bandera de la lucha por la liberación de Oriente, que la Internacional Comunista entrega al proletariado de Bakú, a los probados combatientes por la liberación del pueblo obrero.

¡Viva el proletariado de Bakú! ¡Vivan estos combatientes de vanguardia por la liberación de los pueblos de Oriente! *(Aplausos.)*

**El presidente.** Tiene la palabra en turco el camarada Karáyev.

*Karáyev* expone el discurso en turco *(Aplausos)*.

**El presidente.** Se concede la palabra al dirigente de la Hungría soviética, nacida en el fuego de la terrible guerra mundial, el camarada Béla Kun *(Aplausos. La orquesta toca «La Internacional».)*

*Una voz:* «¡Viva la Hungría soviética! ¡Hurra!» *(La orquesta toca «La Internacional».)*

*Una voz:* «¡Vivat! ¡Hurra!» *(Aplausos.)*

**Béla Kun.** Camaradas, aunque hablo muy mal el ruso, permitidme que os salude en la lengua de la revolución internacional, en ruso *(Aplausos)*.

Camaradas, os saludo en nombre de los proletarios más oprimidos, los de la Hungría blanca. Cuando se instauró el poder soviético en Hungría, vosotros, con toda probabilidad, sabíais poco de nosotros. De quienes estaban en el puesto avanzado de la revolución internacional pocos sabían en Oriente, porque durante el poder soviético en Hungría os oprimían Denikin, los imperialistas ingleses y franceses y sus mercenarios, nuestros enemigos, vuestros opresores. No lo sabéis todo. Si recordáis, camaradas, lo que hacían los de Denikin, lo que hacían los generales y oficiales ingleses que reinaban entonces aquí, en Bakú, y que ahora están en vuestras cárceles, entonces sabéis lo que hacían nuestros Denikin bajo la dirección del americano[^8] Horthy, bajo la dirección de los generales y oficiales ingleses y franceses. Como entre vosotros, camaradas, en Hungría fueron asesinados miles y miles de obreros; igual que a vosotros, oprimían a nuestros proletarios y campesinos; igual que vosotros esperabais ayuda durante el terror blanco en Azerbaiyán, nuestros obreros y campesinos esperaban la ayuda del proletariado internacional para que los liberara.

Camaradas, en la Hungría blanca revivirá la revolución, revivirá de nuevo la revolución proletaria, y nosotros, los proletarios húngaros, esperamos que este congreso de Bakú asegure la retaguardia de la revolución internacional en Occidente y que la alianza fraternal de los proletarios y campesinos de Oriente y de Occidente, ese Ejército Rojo de Oriente, marche también junto con nosotros contra todos los imperialistas y capitalistas, contra los mercenarios del imperialismo y del capitalismo.

¡Viva esta alianza fraternal de los pueblos de Oriente y de Occidente! ¡Viva la Internacional Comunista! ¡Viva el Azerbaiyán rojo! *(Ovaciones, aplausos. La orquesta toca «La Internacional».)*

**El presidente.** Tiene la palabra para la traducción el camarada Sultánov.

*Sultánov* traduce al turco.

**El presidente.** Se concede la palabra al representante del Partido Comunista de Inglaterra, camarada Quelch[^9] *(Aplausos; la orquesta toca «La Internacional».)*

**Quelch** *(En inglés. Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

**El presidente.** Tiene la palabra para la traducción al ruso el camarada Petrov.

**Petrov.** El camarada Quelch os da las gracias por el recibimiento que le habéis dispensado como representante del Partido Comunista Británico. Por otra parte, dice, os saluda en nombre de los comunistas británicos, en nombre de la clase obrera inglesa *(Aplausos tempestuosos)*.

La clase obrera inglesa, dice el camarada Quelch, es muy lenta en ponerse en movimiento, pero cuando empieza a moverse ya no hay fuerza en el mundo capaz de detenerla *(Aplausos tempestuosos)*.

En este momento, dice el camarada Quelch, los capitalistas británicos, el gobierno británico, amenazaban a la Rusia soviética con la guerra. ¿Y qué ocurrió? Se formó el Consejo de Acción[^10] de la clase obrera de Gran Bretaña, y ya no oímos más amenazas por parte del gobierno británico. La clase obrera británica está contra la guerra, la clase obrera británica está del lado de la Rusia soviética. Sabe perfectamente que los capitalistas ingleses, los imperialistas ingleses, han oprimido y oprimen hoy a Irlanda, a Egipto y a toda una serie de países del mundo. Pero la lucha de la clase obrera inglesa, que marcha codo con codo con la clase obrera de Rusia y de otros países, anuncia un pronto fin del imperialismo británico *(Aplausos tempestuosos)*.

La revolución social en Inglaterra se acerca. El congreso de representantes de los Pueblos de Oriente en Bakú será un nuevo impulso, y espera que el movimiento de los pueblos de Oriente contribuya también a barrer a los imperialistas británicos *(Aplausos tempestuosos)*.

Termina con el grito: «¡Viva la Rusia soviética! ¡Viva la revolución mundial!» *(Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

**El presidente.** Tiene la palabra para la traducción al turco el camarada Karáyev.

*Karáyev* traduce al turco.

**El presidente.** Se concede la palabra al representante de la Federación Comunista Balcánica, camarada Shablin[^11] *(Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

**Shablin** *(En búlgaro. Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

**El presidente.** Creo que todos lo han entendido, y por eso no hace falta traducción. Tiene la palabra el camarada Karáyev para la traducción al turco.

*Karáyev* traduce al turco.

**El presidente.** Se concede la palabra al representante del Partido Comunista francés, camarada Rosmer[^12] *(Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

**Rosmer.** *(En francés.)*

**Pávlovich.**[^13] El camarada Rosmer dice: vuestro cordial saludo, con el que me habéis recibido, llegará al corazón de los proletarios franceses.

Hasta ahora conocíais y sentíais las consecuencias de una sola alianza: la de la burguesía francesa con la contrarrevolución rusa. Pero ahora el proletariado francés empieza ya a despertar. Gime bajo el yugo de la burguesía, que se esfuerza por impedir su alianza con el proletariado de Rusia.

El camarada Rosmer pone como ejemplo a los marineros franceses a los que se envió a bombardear las ciudades costeras de la Rusia soviética. Se negaron a cumplir esa orden, y por ello 46 marineros fueron fusilados y 340 languidecen todavía en las lóbregas casamatas de los presidios franceses.

La noticia de la hazaña heroica de los marineros se difundió como un toque a rebato por toda Francia y despertó la energía y el impulso revolucionario de decenas de miles de obreros. En las ciudades y en los pueblos encontró un eco ardiente.

Los obreros de Francia saben y sienten que la Rusia soviética es amiga y aliada del proletariado mundial. Y hoy la Rusia soviética es el país predilecto del proletariado francés. Cuando hace poco se pusieron en huelga los ferroviarios franceses, dijeron: «Queremos irnos de la Francia capitalista; pedimos que nos envíen a la Rusia soviética; allí pasaremos hambre, penaremos y sufriremos junto con el proletario ruso, pero al menos sabremos que sufrimos por la prosperidad de la Rusia soviética».

La Francia capitalista, arruinada por la guerra, al borde del abismo de la bancarrota económica, sueña aun así con consolidar su posición mediante la alianza con la camarilla contrarrevolucionaria de los agentes de la Entente, Wrangel y otros, pero esa alianza está rota, la cadena está destruida, y en lugar de esa alianza crece una alianza nueva: la alianza del proletariado de Rusia, de Francia y de todos los países.

¡Viva el proletariado internacional!

¡Viva la Internacional Comunista!

*(Sonoros gritos de «hurra» y aplausos.)*

**El presidente.** Tiene la palabra el representante de América, John Reed[^14] *(Aplausos)*.

**John Reed** *(habla en inglés y termina con un grito en ruso)*. ¡Viva el Ejército Rojo internacional! *(Aplausos.)*

**El presidente.** Se concede la palabra para la traducción al camarada Petrov.

**Petrov.** El camarada Reed empieza así su discurso: ¿qué es Bakú? Bakú es petróleo, y el capitalismo americano aspira a establecer un monopolio mundial del petróleo. Por el petróleo se derrama sangre. Por el petróleo se lucha, y los banqueros americanos y los capitalistas americanos se esfuerzan en todas partes por apoderarse de los lugares y esclavizar a los pueblos donde hay petróleo. El camarada Rádek dice que le gustaría que aquí, en Bakú, estuviera representado en el congreso también México, ese mismo México que se encuentra casi por entero en manos del capitalismo americano, que se ha apoderado del petróleo mexicano. Pero el camarada John Reed dice: en Bakú ya no hay capitalistas, y ese petróleo ya no pertenece a los capitalistas. Si esto es posible, exclama, en Bakú, en Rusia, ¿por qué no se puede conseguir ese mismo régimen social también en América y en el mundo entero? *(Aplausos.)* Oriente, dice, nos ayudará a derribar el capitalismo de Europa occidental y de América, cuyos cimientos descansan en la explotación de Oriente. En cuanto se alcen los pueblos orientales, se derrumbarán ya los últimos cimientos del capitalismo, y entonces los pueblos aspirarán a crear un régimen social en el que no solo el petróleo, sino todo lo creado por las manos de la humanidad, pertenezca a los trabajadores *(Aplausos)*.

**El presidente.** Tiene la palabra para la traducción al turco el camarada Sultán-Zadé[^15].

*Sultán-Zadé* traduce al turco. *(Aplausos.)*

**El presidente.** Se concede la palabra al representante del Partido Comunista de Austria, camarada Steinhardt[^16].

**Steinhardt.** *(En alemán.)*

**El presidente.** El camarada Steinhardt os saluda en nombre de los obreros austriacos. Dice que la clase obrera de Austria, igual que la de Alemania, ha tenido más posibilidades de aprovechar los conocimientos de la cultura en beneficio de la clase obrera. La clase obrera se encontraba allí en una situación mucho mejor. Pero ni en Alemania ni en Austria hay todavía lo que han alcanzado los obreros rusos en la República Soviética. La burguesía en Alemania, y también en Austria, está mejor organizada, es más fuerte, y por eso la lucha de la clase obrera es allí mucho más difícil. La clase obrera de Austria ha librado una lucha decidida, la continúa todavía, derrama mucha sangre, y aún no ha obtenido la victoria sobre la burguesía.

Hace muy poco, en Moscú, de donde viene el camarada Steinhardt, se produjeron los mayores acontecimientos mundiales. Allí tuvo lugar el II Congreso de la Internacional Comunista. En él se pusieron los cimientos del ejército revolucionario proletario internacional.

La revolución mundial y la clase obrera marchan bajo la bandera de la doctrina de Karl Marx. El jefe del destacamento de la fuerza armada de este ejército es el camarada Trotski. Por cierto, olvidé decir que el camarada Steinhardt habló del estado mayor de este ejército proletario mundial, cuyo presidente tenéis el placer de ver, camaradas de Bakú, en la persona del camarada Zinóviev.

Ahora, dice el camarada Steinhardt, el congreso de los pueblos de Oriente en Bakú es una forma nueva de esta lucha mundial de los oprimidos contra el capitalismo. Es un golpe dirigido ya directamente contra el imperialismo inglés y francés, que oprime en especial a los pueblos de Oriente. En Oriente, dice el camarada Steinhardt, ha salido el sol de la libertad, que extiende sus rayos hacia Occidente. En Oriente se llevarán a la práctica las decisiones del congreso internacional general de la Internacional. El camarada Steinhardt termina su discurso con los gritos: ¡viva la República Soviética mundial! ¡Viva el Azerbaiyán rojo!

**El presidente.** Camaradas, la lista de oradores se ha agotado. Estamos bastante cansados. También nuestros queridos huéspedes están fatigados del viaje. Creo que se puede cerrar la reunión.

Camaradas, permitidme dar las gracias en vuestro nombre a nuestros camaradas, que tras un viaje largo y difícil han venido hasta nosotros para infundir nuevas fuerzas en nuestras venas y ayudarnos, con esas fuerzas nuevas, a continuar nuestra lucha gigantesca, tenaz y dura.

Os saludo, camaradas, en el Bakú rojo y revolucionario, que ilumina ahora los caminos revolucionarios de todo Oriente, a vosotros, incendiarios de la revolución comunista y sus dirigentes, nuestros camaradas Zinóviev, Rádek, Béla Kun y los demás aquí presentes *(Aplausos. La orquesta toca «La Internacional».)*

¡Camaradas, separémonos con nuestro canto de «La Internacional»! *(Cantan «La Internacional».)*

*Se levanta la sesión a las 3 h 30 min de la madrugada.*

## Primera sesión, miércoles 1 de septiembre de 1920

*Se abre la sesión a las 9 h 40 min de la noche.*

**Narimánov.** En nombre del Comité Central de la Internacional Comunista declaro abierto el I Congreso de los Pueblos de Oriente *(Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

Camaradas, hoy me ha cabido la dicha de abrir un congreso primero, nunca visto, inaudito en el mundo: el Congreso de los Pueblos de Oriente.

El viejo Oriente, el primero que nos dio la noción de la moral y de la cultura, va a derramar hoy aquí lágrimas, a hablar de su dolor, de las graves heridas que le ha infligido el capital de los países burgueses.

Estos pueblos de Oriente, cada uno de ellos, viviendo por separado su propia vida, no podían no conocer el horror, la influencia opresiva de ese capital.

Pero hoy aquí, al conocer cada uno la situación del otro, se desplegará ante nosotros un cuadro, y solo entonces todos estos pueblos de Oriente sabrán de la terrible, opresiva influencia de ese capital. Y eso obligará a todos estos pueblos a unirse, y llegarán a una sola conclusión: derribar con fuerza unida, romper las cadenas de ese capital.

Pero las intervenciones de los oradores de ayer me dan la posibilidad de subrayar otro significado más de este primer congreso. Creo que hoy se encuentran aquí dos mundos: el mundo de los oprimidos y el mundo de los opresores. Sin duda, si los representantes del mundo de los opresores fueran delegados de la clase burguesa, las lágrimas del viejo Oriente quizá no surtirían efecto. Pero la suerte está en que los delegados presentes representan precisamente a la clase obrera de los países burgueses, y sus corazones son sensibles y nobles; comprenderán estas lágrimas y acelerarán la marcha de los acontecimientos, nos darán la posibilidad de proclamar con entusiasmo, dentro de poco, el reino de la III Internacional. *(Aplausos tempestuosos. Se traduce al turco.)*

**Narimánov.** La fracción comunista del congreso y la fracción de los sin partido proponen para el presidium del Congreso de los Pueblos de Oriente a las personas siguientes:

**Por la fracción comunista:**

- *Ryskúlov, Avdurashídov y Káriev*[^17] — por el Turquestán
- *Mustafá Subhí*[^18] — por Turquía
- *Van* — por China
- *Agaria* — por el Indostán
- *Mullavekdzhán-Rajmánov* — por Jiva
- *Mujamédov* — por Bujará
- *Karkmásov* — por Daguestán
- *Digúrov* — por la región del Terek
- *Alíev* — por el Cáucaso Norte
- *Kastonián* — por Armenia
- *Narimánov* — por Azerbaiyán
- *Yeníkeyev* — por la República Tártara
- *Amur Sanán* — por la República Calmuca
- *Filipp Majaradze*[^19] — por Georgia
- *Gaidarman* — por Persia
- *Agazadé* — por Afganistán.

**Por la fracción de los sin partido:**

- *Narbutabékov* — por Taskent
- *Majmúdov* — por Fergana
- *Tajsim Baari* — por Anatolia
- *Jaavis Magomed* — ídem
- *Van* — por el Turquestán chino
- *Kubéyev* — por el distrito de Mangyshlak
- *Niyás-Kuli* — por los turcomanos
- *Kara Tadzhí* — por Samarcanda
- *Naazir Sedyki* — por la India
- *Sidadzhedín Kardash Oglý* — por Daguestán
- *Yélchiyev* — por Azerbaiyán
- *Musáyev* — ídem
- *Azim* — por Afganistán
- *Abdulláyev* — por Jiva

*Secretarios:*

**Por la fracción comunista**: Ostrovski (en ruso).

**Por la fracción de los sin partido**: Abdul-Gamid Yumúsov (en lengua musulmana[^20]); Mélikov (en ruso); Majmud Jan y Ajmed Jan (en lengua musulmana).

Todas las fracciones del congreso proponen para presidente del Congreso de los Pueblos de Oriente la candidatura del camarada Zinóviev *(Largos aplausos, «hurra»)*. La fracción comunista y la fracción de los sin partido proponen elegir presidentes de honor del congreso a los camaradas Lenin *(aplausos; la orquesta toca «La Internacional»)*, Zinóviev *(aplausos, «La Internacional»)* y Trotski *(aplausos, «La Internacional»)*.

Como miembros de honor del presidium se propone a nuestros queridos huéspedes: los camaradas Quelch, Inglaterra; Rosmer, Francia; Shablin, Bulgaria; Yants, Holanda; Reed, América; Béla Kun, Hungría *(aplausos; la orquesta toca «La Internacional»)*; el camarada Rádek *(aplausos)*; Hodo Io Shihro, Japón; Steinhardt, Austria, y además el querido camarada Stalin, a quien todos conocemos.

Vamos a votar ahora. *(Una voz: «¡Traducción!»)*

¿Consideráis necesario traducir la lista de los camaradas propuestos? *(Una voz: «Solo al turco».)*

*El traductor* lo expone en turco.

**El presidente.** Los que estén a favor de la lista propuesta, que levanten la mano. ¿En contra? Casi por unanimidad.

Se concede la palabra al camarada Zinóviev. *(Aplausos tempestuosos. Todos se ponen en pie y saludan a Zinóviev.)* Ruego que se sienten.

**Zinóviev.** Camaradas, mi tarea es exponeros cómo ve la Internacional Comunista los fines y las tareas del presente congreso de los pueblos de Oriente.

Este congreso se concibió cuando se preparaba el II Congreso mundial de la Internacional Comunista, cuando una parte de los delegados de ese congreso había llegado ya a Moscú. Junto con el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, en nombre de toda una serie de países, se dirigieron a vosotros, Pueblos de Oriente, con la propuesta de preparar en Bakú este congreso al que todos tenemos hoy la dicha de asistir.

En el II Congreso mundial de la Internacional Comunista estuvieron presentes representantes de los obreros y campesinos comunistas de 37 países de Europa y América. En el congreso de Moscú estuvieron también algunos representantes sueltos de Oriente. Pero hoy logramos reunir una representación más completa, una representación de masas de los trabajadores de todo Oriente, y creemos que el congreso de Bakú entrará en la historia de la lucha de liberación como complemento, como segunda parte, como segunda mitad del trabajo de aquel congreso que acaba de terminar sus tareas en Moscú.

Sentimos el mayor de los orgullos porque la Internacional Comunista ha conseguido por primera vez en la historia de la humanidad reunir hoy bajo un mismo techo a representantes de más de dos decenas de pueblos de Oriente, que en parte han vivido hasta ahora enemistados unos con otros, en parte sabían poco unos de otros y, en todo caso, nunca habían tenido la posibilidad de sentarse juntos, de discutir juntos todas las cuestiones candentes que tenemos planteadas.

Consideramos este congreso un acontecimiento histórico de primer orden, porque muestra que hoy no solo han despertado los obreros avanzados y los campesinos trabajadores de Europa y América, sino que por fin todos hemos llegado a vivir el día en que despiertan ya no individuos sueltos, sino decenas y centenares de miles, millones de trabajadores de los pueblos de Oriente, que forman la mayoría de la población de todo el globo terrestre y que, por tanto, son los únicos capaces de resolver definitivamente el pleito entre el trabajo y el capital.

Camaradas, el congreso de hoy lo ha convocado, como ya sabéis, la Internacional Comunista, una organización de partido; a la vez, tenemos hoy en nuestro congreso no solo a comunistas, sino también a centenares de delegados que todavía no pertenecen al partido comunista, que se consideran sin partido, y también a grupos que quizá pertenecen a otros partidos.

A primera vista esto puede parecer una contradicción. ¿Cómo es posible, en efecto, que una organización de partido convoque un congreso que no es estrictamente de partido, sino que está formado, quizá en su mayoría, por gente sin partido?

Pero la contradicción aquí es solo formal. En realidad responde plenamente a la política, a los deseos, a los ideales y a las aspiraciones de la Internacional Comunista. Ha convocado a los Pueblos de Oriente sin preguntar a cada representante: «¿perteneces ya en este momento a la Internacional Comunista, al partido comunista, o no?». No os hemos preguntado: «¿a qué partido perteneces?». Os hemos preguntado una sola cosa: «¿eres un hombre del trabajo?, ¿perteneces a la masa trabajadora? ¿Quieres acabar con las luchas intestinas? ¿Quieres organizar la lucha contra los opresores? Con eso basta. No hace falta nada más, no se te pide ningún pasaporte de partido. Reunámonos para discutir las cuestiones que tiene hoy planteadas el mundo entero».

Camaradas, el pleito entre la II Internacional, que ha perecido, y la III Internacional, que crece hoy día a día, no es un pleito estrechamente partidista, no es una cuestión que solo deba interesar a las personas que pertenecen ya a un partido determinado. No: es una disputa entre el trabajo y el capital, una disputa que concierne a todo hombre trabajador. En Rusia, donde también hay muchísimos campesinos analfabetos, ignorantes, medio embrutecidos, que solo ahora despiertan a la vida política, en Rusia ya no hay ninguna aldea, y desde luego ningún distrito rural, donde los campesinos no hayan oído que existe en el mundo la III Internacional y que lucha por liberar a los trabajadores del yugo de los ricos. Y estamos seguros de que también en Oriente está cerca el tiempo en que ya no podrá encontrarse ni un solo distrito, ni una sola gran capital, ni un solo pueblo importante donde los mejores campesinos, los más conscientes, no sepan que existe en el mundo la III Internacional y que lucha por la liberación de los pueblos de Oriente. Porque, camaradas, la vida ha planteado hoy sin rodeos la cuestión de la liberación del trabajo, y la vida obliga a cada campesino a orientarse en esta cuestión.

Puedo daros un ejemplo palpable. Si queréis saber qué es la II Internacional, mirad a Georgia, que todos conocéis bastante bien. ¡Ahí tenéis la encarnación de la II Internacional! En Georgia está en el poder un gobierno de mencheviques, que forman parte de la II Internacional. Los cabecillas de la Georgia actual son destacados representantes de esa II Internacional. Y cada campesino de Georgia siente ahora en sus propias espaldas lo que significa que esté en el poder un partido que forma parte de la II Internacional. Significa que los campesinos no reciben la tierra. Significa que la libertad de prensa existe solo para la burguesía, pero que esa libertad no existe para los obreros y campesinos. Significa que se detiene a los mejores dirigentes de las masas obreras. Significa que en el poder hay una banda que, como perros de cadena, guarda el dominio de los ricos. Significa que gobiernan Georgia hombres dispuestos en todo momento a servir en bandeja el sudor y la sangre del proletariado al capitalismo inglés. *(Aplausos.)* Significa que gobiernan Georgia hombres dispuestos en cualquier momento a arrastrarse sobre el vientre ante cualquier general inglés, francés o italiano si les parece que ese general es una fuerza. Significa que están en el poder hombres siempre dispuestos a guiñar aunque sea un ojito al general zarista Denikin cuando parece una gran fuerza y cuando les parece que el poder soviético en Rusia se hunde. En Alemania el representante más destacado de la II Internacional es Noske, el verdugo que fusiló a miles de obreros alemanes. En Georgia los representantes más destacados de la II Internacional son el señor Noé Zhordania[^21] y sus compañeros de armas, verdugos del pueblo de la misma especie, dispuestos a cortar correas de la piel de los campesinos. *(Aplausos tempestuosos.)*

Por supuesto, a los campesinos georgianos la política de Zhordania se les ha presentado siempre en nombre de la independencia de «Georgia» y de la defensa de los intereses «nacionales» de ese país. Pero, camaradas, ¿de qué le sirve al campesino georgiano que el señor Guegechkori[^22] y otros señores canten como ruiseñores la «independencia» de Georgia, si la tierra sigue como antes en manos de los antiguos propietarios, si sigue como antes la vieja opresión y si la bota de cualquier general inglés puede en cualquier momento pisar el cuello y el pecho del campesino y del obrero georgianos?

Eso es, camaradas, lo que significa la disputa entre la II y la III Internacional. No es una disputa de escribas o de sabios; es una cuestión de vida o muerte para los obreros y los campesinos.

La II Internacional, incluso en los mejores años de su existencia, sostenía el punto de vista de que la Europa «civilizada» puede y debe tutelar al Asia «bárbara».

Ya en 1907, en el congreso internacional de Stuttgart, la mayoría de los socialdemócratas oficiales (mencheviques) se pronunció por la necesidad de una política colonial llamada «progresista». De palabra, los socialdemócratas decían que sería una política colonial humana, humanitaria, suave, civilizada. Pero en realidad se trataba de apoyar a los capitalistas en su política colonial de bandidaje, en esa política que obsequiaba a las colonias con la sífilis, el opio y una oficialidad depravada, en esa política que convertía esos países en establos de la burguesía, que los saqueaba sin piedad a diestro y siniestro.

Y cuando llegó la guerra de 1914, esa II Internacional podrida hasta la médula, que ya en 1907 dejaba escapar que había que ayudar a la burguesía de piel blanca a oprimir a los pueblos de piel negra y amarilla, esa II Internacional, naturalmente, se vendió a la burguesía, pero acto seguido se derrumbó como un castillo de naipes.

La Internacional Comunista dijo desde el primer día de su existencia: en Asia vive cuatro veces más gente que en Europa, en Asia viven 800 millones; queremos liberar a todos los pueblos, a todos los trabajadores, sin distinción del color de su piel, sean hombres de piel blanca, negra o amarilla.

Queremos suprimir toda explotación del hombre por el hombre. No consideramos socialista a quien no lo comprende. Luchamos contra quienes ayudan a la burguesía o se quedan a un lado cuando se trata de ayudar a los pueblos oprimidos. Estamos por organizar al negro y a todos los demás hombres del trabajo, por organizar a todos los trabajadores y a toda la humanidad sufrida y atormentada para la lucha contra los capitalistas, opresores del mundo.

Por eso, cuando terminábamos los trabajos del II Congreso de la Internacional Comunista, hicimos un juramento: publicamos un Manifiesto en nombre de los comunistas de 37 países.

En ese manifiesto, dirigido a los obreros y campesinos del mundo entero, escribimos las palabras siguientes: «El socialista que, directa o indirectamente, apoya la situación privilegiada de unas naciones a costa de otras; que se resigna a la esclavitud colonial; que hace distinciones sangrientas entre hombres de distintas razas y colores de piel; que ayuda a la burguesía de la metrópoli a conservar su dominio en lugar de ayudar a la insurrección armada de las colonias; por ejemplo, el socialista británico que no apoya por todos los medios las insurrecciones de Irlanda, Egipto y la India contra la plutocracia londinense, ese "socialista" merece, si no una bala, sí el estigma de la infamia, pero en ningún caso el mandato ni la confianza del proletariado».

Esta es nuestra declaración, este es nuestro juramento solemne, que hicimos ante los obreros de Europa y América y que repetimos solemnemente en Bakú, ante los representantes de las masas trabajadoras de todo Oriente aquí reunidos.

Luchamos a vida o muerte contra los hombres que olvidan, aunque sea por un momento, su deber para con las naciones oprimidas, para con las masas trabajadoras de los países que el capital saquea y explota.

Camaradas, os he dicho que la Internacional Comunista desea un vínculo fraternal con todos los pueblos de Oriente, con todas las masas oprimidas. Creo, camaradas, que también vosotros deseáis esa alianza y no podéis dejar de desearla. El proletariado europeo ve ahora a cada paso que la marcha de la historia ha unido a los trabajadores de Oriente con los obreros de Occidente. Juntos pueden vencer o juntos perecer. A cada paso, los obreros de Alemania y de otros países ven cómo la burguesía, cuando lo tiene especialmente difícil, lanza tropas de color contra los obreros europeos. La burguesía ha lanzado negros tanto en Alemania como en otros países.

Ahora la burguesía italiana asusta a sus obreros diciéndoles que, en caso de insurrección, el capital italiano lanzará contra ellos tropas de color. Los obreros de Europa aprenden ahora, por una dura experiencia, a comprender lo que no comprendían cuando creían en la II Internacional. El obrero aprende que necesita a toda costa sellar una alianza estrecha con las masas trabajadoras de todo Oriente, con los trabajadores del mundo entero. Pero hace falta que lo comprendan ahora también las masas trabajadoras de todo Oriente, que se cuentan por millones. Vuestra primera tarea, al volver a casa, debe consistir en explicar a cada campesino, a cada campesina, a cada pastor, a cada hombre del trabajo, explicar a todo el que os escuche, que ahora no podemos dar un paso los unos sin los otros, que ahora tienen que agruparse las fuerzas proletarias de Occidente con las masas trabajadoras de todo Oriente, del mundo entero, para golpear juntos y aplastar definitivamente a ese terrible enemigo, que todavía hoy es bastante fuerte.

La primera tarea de nuestro congreso consiste en despertar a millones de campesinos, en explicarles que hay que arar más hondo la tierra, levantar nuevas capas campesinas, y explicarles que fuera de la alianza fraternal, amistosa, con toda la clase obrera organizada del mundo no hay salida, que fuera de ella está la perdición, y que con esa alianza la victoria completa del trabajo, la victoria completa sobre los saqueadores y opresores del mundo, sobre los ingleses y los franceses, que os oprimen desde hace decenios, esa victoria completa estará asegurada.

Camaradas, la III Internacional señaló desde sus primeras declaraciones que hoy el mundo se ha dividido en naciones soberanas y no soberanas, en naciones opresoras y naciones oprimidas.

La II Internacional evitaba decirlo. Hablaba de la igualdad en general, sin examinar con precisión cómo están las cosas en la vida. En el II Congreso de la Internacional Comunista, en Moscú, se señaló una vez más el hecho de que el mundo se divide en naciones soberanas y naciones oprimidas.

Camaradas, ya antes del comienzo de la guerra y durante la guerra tuvimos ocasión de señalarlo. En uno de nuestros trabajos (los interesados pueden leerlo en mi libro *La guerra y la crisis del socialismo*) tuvimos que señalar, con cifras en la mano, que antes de la guerra el mundo estaba dividido así: seis de las llamadas grandes potencias, que sumaban 437 millones de habitantes, oprimían a todos los demás países y Estados, que sumaban 1220 millones de habitantes. Así estaban las cosas hasta el final de la guerra. Ahora la situación ha empeorado todavía más. Sabéis que ahora varias de las llamadas grandes potencias han quedado fuera de juego. Ahora hay menos grandes potencias, menos saqueadores. América, Inglaterra, Francia y Japón, esos cuatro grandes saqueadores, según el cálculo que hizo el camarada Lenin en nuestro congreso, aunque ellos mismos suman apenas un cuarto de millar de millones de personas, oprimen a mil doscientos cincuenta millones de habitantes de las naciones dependientes. En el libro del que os he hablado, calculé que el cinco por ciento de los ingleses son los mayores propietarios de Inglaterra y que esos cinco hombres de cada cien oprimen no solo al resto de los ingleses, sino además a 890 personas de otros pueblos diversos: indios, persas, chinos, etc. Cada capitalista inglés hace acarrear el agua para sí a cerca de un centenar de trabajadores ingleses y a varios centenares de trabajadores que viven en las colonias y en los países oprimidos. Así era antes de la guerra, y así es ahora. La tarea de este congreso de Oriente consiste en tener en cuenta ante todo este hecho, en explicárselo a cada trabajador. Comprendedlo. Cada gran capitalista inglés hace acarrear el agua para sí no solo a decenas y centenares de obreros ingleses, sino también a centenares y miles de campesinos de Persia, Turquía, la India y otros muchos países dependientes del capital inglés. De ello hay que sacar la conclusión de que esos mil quinientos millones de habitantes oprimidos tienen que unirse ante todo, y entonces no habrá fuerza en el mundo que os obligue a someteros a los saqueadores, a los capitalistas ingleses. Y los representantes de los obreros comunistas del mundo entero se dirigen a vosotros y os tienden la mano de la ayuda fraternal en esta lucha dura, pero necesaria. Estamos ardientemente convencidos de que aceptaréis lealmente esta mano del obrero europeo y americano que se os tiende y nos responderéis con un apretón de manos amistoso. *(Aplausos.)*

Sabemos que las masas trabajadoras de Oriente, no por culpa suya, son en algunos lugares muy atrasadas: analfabetas, ignorantes, anquilosadas en la superstición, creen en los duendes, no saben leer los periódicos, no saben lo que pasa en el ancho mundo, no comprenden los principios más elementales de la higiene. De esto solo pueden reírse los lacayos del imperialismo. No es culpa de los desdichados trabajadores turcos y persas si son analfabetos. Es su desgracia. La burguesía «civilizada», instalada en París y en Londres, inventa todos los medios para mantener en la ignorancia al campesino indio, al persa y al turco trabajadores.

La tarea de los obreros más civilizados, más instruidos, más organizados de Europa y América consiste en ayudar a los trabajadores atrasados de Oriente. No reírse de ellos, no envanecerse, no presumir de su superioridad sobre el atraso de los campesinos orientales, sino dolerse en el alma de su ignorancia y de su atraso, tenderles la mano y ayudarles en todo cuanto se pueda: enseñarles a manejar las armas y a volverlas contra las fieras blancas civilizadas que se sientan en las oficinas y en los bancos de Londres y París, para ayudar al campesino de Oriente a tomar la tierra en sus manos, ayudarles a continuar la gran revolución que empezaron los campesinos rusos tras tan duros esfuerzos.

Sabemos que en algunos países el clero y los señores feudales de Oriente saben actuar con mucha astucia, saben untar los labios al campesino de modo que le parezca que ha recibido la tierra cuando en realidad no ha recibido nada, saben tender una trampa jurídica al campesino atrasado e ignorante. Tenemos que desenmascarar este engaño y levantar a los pueblos de Oriente para que lleven a cabo la misma revolución agraria, la misma revolución de la tierra que llevaron a cabo los campesinos de Rusia, los campesinos rusos, que hace apenas medio siglo eran siervos y que todavía hoy son en su inmensa mayoría analfabetos. ¿Por qué lo que pudo hacer el campesino ruso, siervo hasta hace poco, por qué no podrá hacerlo el campesino de Turquía, Persia, la India, China, Armenia, etc.? Estamos seguros de que los campesinos de todo Oriente, bajo la dirección hábil de los obreros organizados de Occidente, sabrán ahora poner en pie a cientos de millones de campesinos para llevar a cabo una verdadera y profunda revolución de la tierra, para despejar el terreno, para no dejar grandes propietarios, para no dejar servidumbre por deudas, impuestos, deudas ni toda clase de otras artimañas de los ricos, para entregar las tierras a las masas trabajadoras. Eso es lo que os trae la Internacional Comunista.

El proletariado quiere ayudaros a tomar la tierra y a crear una unión libre de todos los pueblos del mundo. Este es el programa sencillo y sin doblez que está escrito en el corazón de todo trabajador honrado de Europa y que ahora debéis escribir vosotros, los representantes de los trabajadores de Oriente.

Camaradas, nuestro congreso de Moscú discutió la cuestión de si puede producirse la revolución socialista en los países del Extremo Oriente antes de que estos países pasen por el capitalismo. Sabéis que durante mucho tiempo existió la opinión de que primero cada país debe pasar por el capitalismo, deben crearse grandes fábricas y grandes propietarios, los obreros deben acumularse forzosamente en las ciudades, y solo entonces se puede plantear la cuestión del socialismo. Hoy creemos que no es así. Desde el momento en que al menos un país se ha arrancado de las cadenas del capitalismo, como ha hecho Rusia, desde el momento en que los obreros han puesto a la orden del día la cuestión de la revolución proletaria, desde ese momento podemos decir que también China, la India, Turquía, Persia y Armenia pueden y deben empezar la lucha directamente por el régimen soviético. Los obreros de Europa toman el poder, desde luego, no para saquear Turquía, Persia y otros países, sino para ayudarlos. Siendo así, esos países pueden y deben prepararse ahora para la revolución soviética, pueden y deben prepararse para suprimir en su seno la división entre riqueza y pobreza, para crear un Estado del trabajo y sellar una alianza estrecha con los obreros organizados del mundo entero.

En relación con esto os planteamos la cuestión: ¿cuál será la forma del Estado, de la organización de Oriente? Hemos llegado a la conclusión de que hay que crear soviets también allí donde no hay obreros urbanos. En esos casos podemos crear Estados de soviets de trabajadores campesinos. No «soviets» de juguete, como los que a veces os quieren colar ahora en Turquía, sino verdaderos, en los que todo campesino trabajador tenga derecho de voto. He leído en la revista *Krasni Daguestán* qué ley electoral para los soviets establecen ahora los daguestaníes: el derecho a elegir los soviets campesinos lo tiene solo el campesino trabajador honrado cuyo número de cabezas de ganado no supere tal o cual cifra. No me atrevo a juzgar si esas cifras son acertadas o no, pero el enfoque es acertado. Quien tiene más ganado vacuno y de otro tipo del que necesita para trabajar su explotación y para que su familia viva sin estrecheces, y quien se enriquece con la necesidad ajena, no debe tener acceso a nuestros soviets campesinos. Deben ser verdaderamente soviets del trabajo, que organicen a los hombres del trabajo, que no se preocupen del lucro ni de la especulación, sino del bien común. Tenemos que organizar soviets que sean verdaderos portadores de la voluntad de las masas trabajadoras.

Nos dirigimos no solo a quienes se sitúan en el punto de vista del comunismo, sino también a los sin partido. Tenemos dos corrientes. Una, muy rápida, tumultuosa y poderosa, es la corriente de la lucha obrera, proletaria, comunista en Rusia y en Alemania, Francia, Italia, que se ensancha por todas partes; pero hay además otra corriente, todavía no bastante fuerte, que en algunos lugares hace zigzags: es el movimiento de las nacionalidades oprimidas, que todavía no han elegido su camino, que todavía no saben exactamente lo que quieren, pero sienten que la correa les roza la espalda, que el capitalismo francés e inglés va montado a horcajadas sobre su cuello.

Queremos que estas dos corrientes se acerquen cada vez más, que la segunda se limpie de prejuicios nacionales, que ambas se fundan en una sola corriente tumultuosa y poderosa que, como el mar, arrastre todos los obstáculos del camino y limpie la tierra de todo el mal que tanto tiempo hemos padecido.

Y por eso digo: apoyamos con paciencia a los grupos que todavía no están con nosotros, e incluso en algunas cuestiones están contra nosotros; por ejemplo, en Turquía, camaradas, como sabéis, el gobierno soviético apoya a Kemal[^23]. No olvidamos ni por un minuto que el movimiento que encabeza Kemal no es un movimiento comunista. Lo sabemos. Tengo ante mí extractos del acta taquigráfica de la primera sesión del gobierno popular turco en Angora; el propio Kemal dice que «la persona del califa y sultán es sagrada e inviolable».

El movimiento que encabeza Kemal quiere liberar la persona «sagrada» del califa de manos de sus enemigos: ese es el punto de vista de este partido. ¿Es ese un punto de vista comunista? No. Respetamos los sentimientos religiosos de las masas; sabemos reeducar a la masa. Eso exige muchos años de trabajo. Abordamos con prudencia las creencias religiosas de las masas trabajadoras de Oriente y de otros países. Sin embargo, es nuestro deber decir a este congreso: lo que hace ahora el gobierno de Kemal en Turquía, el poder de los sultanes, no debéis apoyarlo, por mucho que lo ordenen consideraciones religiosas. Debéis ir hacia adelante y no permitir que os arrastren hacia atrás. Creemos que sonará la hora de los sultanes; no debéis tolerar la autocracia. Debéis disipar y quebrar la fe en el sultán, debéis conquistar verdaderos soviets. También los campesinos rusos tenían una gran fe en el zar. Sin embargo, cuando se encendió la verdadera revolución popular, de esa fe en el zar no quedó casi rastro. Lo mismo ocurrirá en Turquía y en todo Oriente cuando se encienda la verdadera revolución campesina, la de la tierra negra. Entonces el pueblo se desprenderá muy deprisa de la fe en el sultán, de la fe en los señores. Por eso repetimos: la política que aplica el actual gobierno popular de Turquía no es la política de la Internacional Comunista, no es nuestra política. Y a la vez decimos que estamos dispuestos a ayudar a toda lucha revolucionaria contra el gobierno inglés. Ahora el platillo de la balanza en Turquía se inclina todavía del lado de la gente más rica, pero llegará el tiempo en que será de otro modo.

En Turquía, en Persia, en todas partes donde viven campesinos, empiezan a comprender qué es el bolchevismo.

Hace unos días pregunté a un destacado hombre público turco, de matiz liberal, qué entiende el campesino turco por la palabra «bolchevismo». Este destacado hombre público me dijo: «entre nosotros se entiende por eso, por lo común, al hombre que quiere luchar contra Inglaterra y quiere ayudarnos en ello». Le hice una segunda pregunta: «¿y comprende entre vosotros, en Turquía, el campesino de a pie que el bolchevique va no solo contra Inglaterra, sino en general contra los ricos, tanto rusos como turcos?». Este hombre no respondió y se inclinaba a pensar que el campesino eso no lo comprende. Yo, en cambio, por lo que sé, creo que la palabra bolchevique no hace falta traducirla en el mundo entero ni al persa ni a ninguna otra lengua. *(Aplausos.)* Estoy convencido de que las masas trabajadoras necesitarán esta palabra no solo en la lucha contra Inglaterra, sino contra los ricos en general. Sí, vamos contra la Inglaterra burguesa, «a agarrar por el cuello a los imperialistas ingleses y a ponerles la rodilla en el pecho». El golpe más fuerte, en pleno corazón, tenemos que asestarlo al capitalismo inglés. Es cierto. Pero a la vez tenemos que educar a las masas trabajadoras de Oriente en el odio, en el deseo de luchar contra los ricos en general, rusos, judíos, alemanes, franceses. La gran importancia de la revolución que empieza en Oriente no consiste en pedir a los señores imperialistas ingleses que quiten los pies de la mesa para luego permitir a los ricos turcos poner con especial comodidad los pies sobre la mesa. No: queremos pedir muy educadamente que *todos* los ricos quiten sus sucios pies de la mesa, que no reinen entre nosotros el lujo, la charlatanería, el escarnio del pueblo, la ociosidad, sino que gobierne el mundo el hombre trabajador de manos encallecidas. *(Aplausos tempestuosos.)*

Por eso decimos clara y rotundamente a los sin partido aquí presentes: el panislamismo, el musavatismo[^24], todas esas corrientes *no* son corrientes nuestras. Nosotros tenemos otra política. La política democrática, tal como se ha perfilado ahora en Turquía, tal como quizá se perfile mañana en otros países, podemos apoyarla. Apoyamos y apoyaremos un movimiento como el movimiento nacional de Turquía, Persia, la India o China, no por ningún cálculo interesado, sino porque el obrero consciente se dice: los turcos, que todavía hoy no han comprendido todos sus intereses, los comprenderán mañana. A este turco debemos apoyarlo, debemos ayudarle, debemos esperar a que se levante en Turquía la verdadera revolución popular, y entonces se le irán de golpe de la cabeza la veneración de los sultanes y otras supervivencias. Yo, como hermano mayor, debo acelerar este movimiento, dice el obrero de vanguardia. Apoyo el actual movimiento nacional-democrático de los turcos, dice el obrero comunista, y a la vez considero mi deber sagrado llamar a los campesinos turcos oprimidos, a los campesinos persas, a los campesinos trabajadores aplastados y oprimidos de todo Oriente a odiar a todos los ricos, a todos los opresores, enseñarles la sencilla verdad de que necesitamos una verdadera igualdad económica de todos los hombres, una verdadera unión fraternal de todos los hombres del trabajo.

Esta es, camaradas, nuestra declaración abierta. Creemos que ninguno de nosotros debe hablar ante el Congreso de los Pueblos de Oriente como un diplomático. Toda diplomacia despreciable debemos barrerla en esta hora en que se han reunido los pueblos que más han sido oprimidos, que se cuentan por centenares de millones de hombres, los pueblos de los que en último término depende el porvenir de toda la humanidad. Camaradas, cuando Oriente se ponga en marcha de verdad, no solo Rusia, sino Europa entera, parecerá un pequeño rincón en este cuadro inmenso. La verdadera revolución solo se encenderá cuando se nos unan los ochocientos millones de hombres que viven en Asia, cuando se una el continente africano, cuando veamos ponerse en movimiento a centenares de millones de hombres. En esta reunión histórica nadie debe escudarse en la diplomacia y en las medias palabras. Que se abran los corazones de todos los presentes para oír unos de otros la palabra de la verdad auténtica y limpia, para que elijamos el verdadero camino de la victoria. No os ocultamos nada; os decimos con claridad en qué discrepamos de los representantes del actual movimiento nacional y en qué coincidimos. Os decimos: su tarea es ayudar a Oriente a liberarse del imperialismo inglés. Pero nosotros tenemos nuestra propia tarea, no menos grande: ayudar a los trabajadores de Oriente en la lucha contra los ricos, ayudarles ya desde ahora a construir sus organizaciones comunistas, explicarles qué es el comunismo, prepararlos para la verdadera revolución del trabajo, para la verdadera igualdad, para la liberación del hombre de toda opresión.

Camaradas, creo que el hecho de haberos dicho abiertamente lo que pensamos de las cuestiones dolorosas y en qué discrepamos nos acercará también a quienes piensan de otro modo que nosotros, porque es mejor sellar abiertamente acuerdos definidos que acercarse unos a otros con una piedra escondida en el seno.

Digo: ahora tenemos la tarea de encender una verdadera guerra santa contra los capitalistas ingleses y franceses. Camaradas, recordad lo que hacen estos bandidos en el norte todavía hoy. No hablaré de los pueblos que están aquí especialmente bien representados. Vosotros mismos sabéis qué situación ha creado en Turquía el capital inglés y francés, qué situación ha creado para Persia el capital inglés, en qué situación se encuentra Armenia, a la que ayer querían defender todos los gobiernos de la Entente y a la que hoy no defiende nadie.

Diré todavía unas palabras solo sobre los países que están poco representados aquí: la India y China.

Camaradas, sabéis cuántos centenares de millones de hombres pueblan la India, a la que el capital inglés saquea tan despiadadamente. Quizá hayáis oído hablar de los últimos acontecimientos. Hace muy poco hemos visto en la India un nuevo fusilamiento de indios solo por un débil intento de resistencia (el llamado caso Dyer[^25]). Atrajeron a una multitud desarmada bajo las ametralladoras y la fusilaron.

Y cuando se hizo la investigación parlamentaria de este caso, los periódicos que se publican en Londres tuvieron que contar la siguiente escena, inmortalizada por la fotografía, de cómo los ingleses disfrutan del orden restablecido: soldados ingleses armados obligan por la fuerza a los indios a arrastrarse sobre el vientre por las calles de la ciudad. Ese es el método de los imperialistas ingleses civilizados y de sus hijitos, que han terminado varias universidades. Envían a sus oficiales para que, apoyando el cañón en la oreja del indio, le obliguen a arrastrarse sobre el vientre para deleitar la mirada del oficial inglés.

Y estampas parecidas las comunica desde China el corresponsal de un periódico italiano, según el *South China Morning*[^26].

Camaradas, estas pequeñas estampas, que no faltan en cualquier número de los periódicos extranjeros tomado al azar, nos pintan un cuadro de horrores inauditos que viven los pueblos trabajadores de la India y de China. Camaradas, no olvidéis que las fieras blancas, los capitalistas ingleses, que oprimen de manera tan desvergonzada a la población india, se las han arreglado a la vez para poner sobre las armas a decenas de miles de soldados indios, a los que envían a reprimir el movimiento proletario. Los soldados indios combaten en este momento nada menos que en siete frentes bajo la batuta de los generales ingleses. Los soldados indios actúan en el teatro de guerra de Constantinopla, en Arabia, en Mesopotamia, en Egipto, en Palestina, en el nordeste de Persia y en el noroeste de Persia. Esa es, camaradas, la maldición de nuestra clase oprimida: al indio lo agarran por el cuello, lo obligan a arrastrarse sobre el vientre para divertir al oficial inglés, y a la vez nuestros propios hermanos, los campesinos indios oprimidos, son tan ignorantes que el mismo inglés pone a los indios sobre las armas, les da como jefes a unos cientos de oficialillos de buena familia y los envía a reprimir el movimiento revolucionario nacional en Egipto o en Persia. ¡En eso está, camaradas, el horror de nuestra situación! Con nuestra propia mano ayudamos a los verdugos, a los capitalistas ingleses y franceses. ¡A eso es a lo que tenemos que poner fin!

Hay que cerrar por fin de golpe este libro del maldito pasado para no volver nunca más a él, y hay que abrir una página nueva de la historia, en la que los pueblos oprimidos de Oriente ya no sean esclavos, en la que no permitan a los oficiales ingleses saquear desvergonzadamente a los indios, matar a los persas, insolentarse y escarnecer a todos.

¡Camaradas! Mucho se ha hablado de guerra santa en los últimos años. Los capitalistas, cuando hacían su maldita guerra imperialista, intentaron presentar esa carnicería como una guerra santa y lograron que mucha gente lo creyera. Cuando en 1914-1916 se hablaba de «guerra santa», era un engaño monstruoso. Y ahora, camaradas, vosotros, reunidos por primera vez en un congreso de los pueblos de Oriente, debéis proclamar aquí la verdadera guerra santa contra los saqueadores, los capitalistas anglofranceses. Ahora tenemos que decir que ha sonado la hora en que los obreros del mundo entero sabrán sacudir y levantar a decenas y centenares de millones de campesinos, sabrán crear también en Oriente un ejército rojo, sabrán armarse, sabrán organizar la insurrección en la retaguardia de los ingleses, sabrán prender fuego a los bandidos[^27], sabrán envenenar la existencia de cada insolente oficial inglés que se pasea como amo por Turquía, Persia, la India y China.

¡Camaradas! ¡Hermanos! Ha llegado la hora en que podéis emprender la organización de una verdadera guerra santa popular contra los saqueadores y los opresores. La Internacional Comunista se dirige hoy a los Pueblos de Oriente y les dice: «¡Hermanos, os llamamos a la guerra santa, ante todo contra el imperialismo inglés!». *(Tempestad de aplausos, largos gritos de «hurra». Los miembros del congreso se ponen en pie blandiendo sus armas. El orador no puede continuar durante largo rato. Todos los miembros están de pie y aplauden. Gritos: «¡Lo juramos!»)*

Que oigan la declaración de hoy en Londres, en París y en todas las ciudades donde los capitalistas siguen en el poder. ¡Que oigan el juramento solemne de los representantes de decenas de millones de trabajadores de Oriente de que en Oriente no habrá más poder de los opresores, de los ingleses, no habrá más yugo de los capitalistas sobre los trabajadores de Oriente!

¡Viva la alianza fraternal de los Pueblos de Oriente con la Internacional Comunista! ¡Que perezca el capital y viva el reino del trabajo! *(Explosión de aplausos.)*

*Voces:* «¡Viva el renacimiento de Oriente!». *Gritos de «hurra». Aplausos.*

*Voces:* «¡Viva la III Internacional Comunista!». *Gritos de «hurra». Aplausos.*

*Voces:* «¡Vivan los unificadores de Oriente, nuestros respetados dirigentes, nuestro querido Ejército Rojo!». *Gritos de «hurra». Aplausos.*

**El presidente.** Ruego que se calmen y ocupen sus asientos. La traducción del discurso del camarada Zinóviev la hará el camarada Buniat-Zadé[^28].

*Buniat-Zadé* traduce al turco, y otro traductor al persa.

**El presidente.** Se hace saber que los camaradas cabardinos desean traducción a su lengua. Por favor, ¿hay un traductor así? No.

*El traductor* traduce al turco. A las 11 h 50 min de la noche se declara un descanso. La sesión del congreso se reanuda a las 12 h 15 min de la noche.

**El presidente.** Mañana, a las 10 en punto de la mañana, se celebrará en el Club Obrero una reunión de los camaradas sin partido. La asistencia de todos es obligatoria. Se decidirán cuestiones muy importantes. Ruego que se transmita a quienes no han estado presentes; este ruego se refiere tanto a los camaradas sin partido como a los de partido *(Traducción)*.

Mañana, a las 10 de la mañana, se celebrará en el Club del Ejército una reunión de la fracción comunista; la asistencia de todos es obligatoria.

El Congreso de los Pueblos de Oriente, mañana a las 5 de la tarde *(Traducción)*.

*Se levanta la sesión a la 1 [ilegible] de la madrugada.*[^29]

## Segunda sesión, jueves 2 de septiembre de 1920

*Se abre la sesión a las 6 h 55 min de la tarde. Preside el camarada Zinóviev.*

**El presidente.** Declaro abierta la segunda sesión del Congreso de los Pueblos de Oriente. De acuerdo con las fracciones comunista y de los sin partido, proponemos unir dos puntos del orden del día y escuchar inmediatamente los informes sobre el segundo punto, la cuestión de la situación internacional y de las tareas de los pueblos de Oriente, y a continuación abrir el debate sobre el informe de ayer y el de hoy conjuntamente. Como se ha alcanzado el acuerdo de la inmensa mayoría de los miembros del congreso, me permito considerar aprobada esta decisión sin debate y conceder la palabra al ponente. Ruego que se traduzca. *(Traducciones.)*

Así pues, pasamos al informe sobre la situación internacional y sobre las tareas de las masas trabajadoras de Oriente. Ponente, el camarada Rádek.

**Rádek.** Camaradas, ayer fuimos testigos de una escena que merece, en el pleno sentido de la palabra, el nombre de histórica. Cuando los representantes de las masas trabajadoras del Oriente Próximo aquí reunidos oyeron de boca de los representantes de los obreros insurrectos de Europa la noticia de que el proletariado europeo está dispuesto a librar una lucha a vida o muerte contra los capitalistas del mundo entero, que hasta ahora han oprimido no solo a los obreros europeos, sino también a las masas populares de Oriente, los representantes de esas masas, movidos por un sentimiento común, se pusieron en pie y juraron la guerra santa, codo con codo con los obreros europeos, contra los opresores del mundo del trabajo. Pero, camaradas, en esta guerra que nos espera no basta el entusiasmo, en esta guerra no basta el odio a los opresores. Las masas populares de Oriente deben conocer bien la orientación de la política mundial, deben representarse con claridad las fuerzas del adversario, deben conocer sus puntos débiles, deben saber aprovechar cualquier grieta en las filas del adversario para luchar contra él en su propio campo. El proletariado internacional sigue atentamente los cambios de la política internacional. Precisamente el conocimiento de la situación internacional le presta un servicio enorme en esta guerra creciente del proletariado contra el capital. Las masas trabajadoras del Oriente Próximo deben estar en este terreno al mismo nivel que las masas obreras de Europa. Deben vigilar atentamente al adversario, saber elegir el momento de entrar en acción. Por eso, no contentándonos con vuestra aspiración general a luchar contra el capital mundial, hemos puesto en el orden del día una ponencia sobre la situación internacional y sobre las tareas que tenéis planteadas.

El viejo Oriente, del que con tanto dolor habló el camarada Narimánov, no sufre desde hace pocos decenios el yugo de los capitalistas de Europa. Desde hace más de cien años los pueblos de Oriente son objeto de explotación, objeto de opresión política, objeto de la guerra de las potencias capitalistas, de los saqueadores capitalistas. Hasta ahora solo han sido eso, un objeto; hasta ahora no han sabido oponer con sus propias fuerzas resistencia a la codicia de los saqueadores del mundo. Toda la historia del siglo XIX está llena de la lucha entre el capitalismo inglés y el gobierno zarista terrateniente y capitalista de Rusia por la posesión de Turquía y Persia, por la posesión del Asia Central. El zarismo ruso aspiraba a apoderarse de Persia, a apoderarse de Turquía. Quería apoderarse de los campesinos de Turquía y esclavizarlos, encontrar una salida al Mediterráneo para medir allí sus fuerzas con el capital inglés. Iba hacia Persia, iba a esclavizar a los campesinos persas para llegar a través de Persia a la India, ese pilar del dominio del capital inglés, esa India fabulosa que con la sangre de los campesinos indios alimenta a los capitalistas ingleses, alimenta la Bolsa de Londres, y que da a los hijos menores de la burguesía inglesa la posibilidad de amasar millones y, con esos millones, montarse luego en su patria una vida de parásitos. En esta lucha el capitalismo «humanitario» inglés, los señores ingleses, no tenían nada que envidiar al bárbaro zarismo ruso. Cuando les convenía a los capitalistas ingleses, salían en defensa de Turquía y de Persia contra el zarismo. Entonces enarbolaban la bandera de la humanidad y del trato humano a los pueblos de Oriente y reprochaban al zarismo que quisiera tragarse a esos pueblos para violentarlos y explotarlos. Pero bastaba que el capitalismo inglés se pusiera de acuerdo con el zarismo para que lanzara la consigna de la destrucción de Turquía, la vieja consigna del ministro inglés Gladstone: ¡despedazar el cuerpo de Turquía! Recuerdo solo, camaradas, el hecho de que la lucha anglorrusa por Persia, la lucha entre el zarismo y el capitalismo inglés, terminó en 1907 con un acuerdo amistoso para el reparto de Persia, tras el cual los capitalistas ingleses contemplaron tranquilamente cómo el general cosaco zarista Liájov[^30] aniquilaba la joven libertad de Persia, cómo las brigadas cosacas disolvían el Mayles y ahorcaban en las calles de Teherán y de Tabriz a los representantes del pueblo revolucionario persa. Los capitalistas ingleses se lavaban las manos, declarando que no tenían nada que ver. Pero, aunque los capitalistas ingleses tenían en sus manos al zarismo, pues el zarismo ruso dependía por completo financieramente del capital inglés, no movieron un dedo en defensa del pueblo persa. Más aún: el ministro inglés de Asuntos Exteriores, lord Grey, dio orden a Buchanan, embajador inglés en Petrogrado, de declarar al gobierno zarista que Inglaterra no se opondría a la presión rusa siempre que el zarismo no moviera sus tropas fuera de los límites de la Persia del norte. Los bandidos competidores se pusieron de acuerdo en el reparto de Persia en dos partes. La Persia del norte se entregó a los verdugos de Liájov, y la del sur debía quedar en manos de los ingleses y servir de barrera contra una invasión rusa de la India.

La lucha anglorrusa por los pueblos de Oriente fue sustituida en los últimos diez años por otra lucha mundial: la lucha entre el grupo de la Entente, entre el capital de Inglaterra y de Francia, con el que marchaba codo con codo el zarismo, y el grupo encabezado por Alemania. Y de nuevo vemos que, mientras por un lado los ingleses y por otro los capitalistas alemanes dicen que van al Oriente Próximo para llevar allí la civilización, para enseñar a la gente a leer y escribir, para enseñar a la gente a servirse de las máquinas, en realidad esta lucha es una lucha por apoderarse de las riquezas nacionales de Turquía y de Persia: una lucha de vulgares saqueadores. Los ingleses decidieron destrozar y repartirse Turquía antes de que pudiera fortalecerse tras la insurrección de los Jóvenes Turcos. Al ver que el gobierno de los Jóvenes Turcos intentaba crear un ejército, intentaba crear un sistema fiscal progresivo y una administración, los capitalistas ingleses decidieron despedazar Turquía lo antes posible, porque Turquía tenía para ellos una importancia enorme. La potencia mundial inglesa está esparcida por toda la extensión del globo. El capital inglés domina en África, tiene en sus manos las minas de Sudáfrica, igual que los ricos campos de Egipto. Al mismo tiempo, el segundo pilar del dominio mundial de Inglaterra se encuentra en la India, donde más de 300 millones de campesinos trabajan para los capitalistas ingleses. Entre la India y las posesiones africanas del capitalismo inglés se encontraba Turquía, y por eso debía ser destruida, para que los capitalistas ingleses pudieran unir, con un ferrocarril que pasara por Arabia y Mesopotamia, las posesiones de África con las de Egipto y la India, para que el capital inglés, que domina a cientos de millones de pueblos africanos y asiáticos, pudiera trasladar libremente sus tropas de una parte del mundo a otra y aplastar sin piedad el menor intento de resistencia por parte de los pueblos de Oriente. El capital inglés dictó sentencia de muerte contra Turquía para poder aplastar libremente el movimiento revolucionario que había empezado en la India. Por otro lado, el capital alemán, que se presentaba como libertador, como defensor de las masas populares, renunciaba a un reparto abierto de Turquía solo porque le resultaba difícil llegar hasta vosotros desde el mar del Norte. El capitalismo alemán no quería despedazar Persia porque no tenía un camino libre hasta ella; aspiraba a apoderarse económicamente de toda Turquía y de toda Persia y a explotar a estos pueblos al amparo del gobierno de los Jóvenes Turcos y del gobierno persa.

La guerra mundial de 1912[^31], que llevó a la muerte a decenas de millones de obreros y campesinos, de la que salieron millones de mutilados y quedaron decenas de millones de viudas y huérfanos, esta guerra mundial estalló para determinar qué grupo, el anglofrancés o el alemán, sería el amo del mundo, tendría la posibilidad de convertir en esclavos suyos a cientos de millones de obreros y campesinos de los pueblos de Asia. Esta guerra se libró por ambas partes bajo la consigna de la liberación de las naciones oprimidas. Los capitalistas ingleses, que en 1908 saludaron la aparición de los Jóvenes Turcos esperando que marcharían codo con codo con ellos, encontraron de pronto en su corazón un odio enorme a los Jóvenes Turcos y declararon que había que destruir el gobierno turco y despedazar al pueblo turco, que había que liberar a los pueblos cultos de Oriente: los árabes, los sirios y los armenios. ¡La guerra se libró en nombre de la destrucción del absolutismo del sultán y de los Jóvenes Turcos y en nombre de la liberación de los pueblos cultos de Oriente! ¿Cómo terminó esta guerra? Camaradas, terminó con la derrota del capitalismo alemán, por el que ningún obrero ni campesino de Oriente debe derramar lágrimas. Pero terminó al mismo tiempo con la victoria del imperialismo inglés. ¿Qué significa esta victoria? Los pueblos de Oriente ya lo han sabido. Significa que la flota de guerra inglesa ocupó Constantinopla y domina los Estrechos; esta victoria significa que el cuerpo expedicionario inglés ocupó Arabia y Mesopotamia, que las tropas francesas ocuparon Siria, que las tropas griegas ocuparon la parte occidental de Asia Menor con Esmirna. Significa que las tropas francesas e italianas ocuparon Anatolia del sur, y no por un momento, no mientras se liquidaba el absolutismo del sultán, sino que ocuparon Turquía para quedarse allí, para despedazar Turquía so capa de crear Estados libres e independientes de Siria, Mesopotamia y Arabia. De cómo es esta libertad, camaradas, tenemos los mejores testimonios de la prensa francesa e inglesa. Francia prometió crear una Siria libre y encontró a su mercenario en la persona del emir Faisal. Pero en cuanto dejó de bailar al son que tocaban los capitalistas franceses, las tropas francesas ocuparon Damasco, expulsaron a Faisal y tienen en sus manos Siria del modo más descarado, se llevan de allí todo lo que les gusta a los capitalistas franceses y dictan sus leyes al pueblo sirio. Los ingleses hablaban de la independencia de Mesopotamia, y vemos un espectáculo asombroso. Para crear un Estado independiente de dos millones y medio de personas, el capital inglés gastó en un año un cuarto de millar de millones de libras esterlinas. La pregunta era: ¿de dónde esta virtud inglesa? Las disputas entre el capital francés y el inglés mostraron de qué se trataba. Cuando en el Parlamento inglés preguntaron a Lloyd George, primer ministro inglés, si Inglaterra se apoderaba de las riquezas de Mesopotamia y si el capital inglés tenía en Mesopotamia alguna concesión que empujara al gobierno inglés a gastar sumas enormes, Lloyd George respondió que Inglaterra no tenía ninguna concesión, que no exigía nada a los mesopotamios y que solo conservaba las concesiones que el gobierno del sultán había dado ya a los capitalistas ingleses. Pero cuando se descifró lo que eso significaba, y quien lo hizo no fue otro que el ministro francés de Asuntos Exteriores, el señor Pichon, resultó que los capitalistas ingleses tienen en sus manos todo el petróleo que hay en Mesopotamia, la única riqueza de los árabes mesopotamios. Ese petróleo estaba en manos de capitalistas alemanes y del gobierno turco. Ahora los ingleses han dejado el 25 % del petróleo a los franceses, y el 75 % ha quedado en sus manos. Los pueblos de Oriente son conocidos por su gran cortesía, y por eso en el congreso de los pueblos de Oriente no diré que el señor Lloyd George es un mentiroso y un embaucador, sino solo que no considera deber de un hombre de Estado restablecer la verdad cuando esta significa que el capitalismo inglés se apoderó de Mesopotamia no para liberar a los árabes del dominio turco, sino para liberar a los árabes del petróleo, que podría convertirlos en una nacionalidad rica de Oriente. *(Aplausos.)* Si preguntamos, camaradas, cómo liberaron los ingleses, los franceses y los americanos a los desdichados armenios, a los que durante tantos decenios empujaron sin cesar a la lucha contra los turcos y los kurdos, a los que prometían libertad y desarrollo cultural, si preguntamos cómo defendieron los derechos de Armenia, para responder puedo remitirme al órgano oficial americano de los armenios, que cuenta con la mayor autoridad la historia de esta liberación. Este órgano, *La Nueva Armenia*, que se publica en Nueva York, informa de que los franceses convencieron a los armenios de enviar a sus voluntarios a Marash para defender junto con los franceses esa región contra los turcos, prometiéndoles a cambio Alejandreta. Pero cuando se llegó a los combates decisivos, el cuerpo expedicionario francés se retiró de Marash, y 20 000 armenios quedaron abandonados al ejército de Kemal Pachá, que, viendo en ellos a adversarios de Turquía que combatían del lado de Francia, no dejó a ninguno con vida. América ha empezado en los últimos tiempos a hacer el papel de salvadora de Armenia y ha empujado a los armenios a luchar contra todos los pueblos entre los que el destino histórico ha dispuesto que vivan los armenios. De vez en cuando los americanos enviaban a Armenia un barco con grano, que no podía salvar a los armenios del hambre y del frío. Sabéis que la República de Armenia, llena de odio al bolchevismo de la Rusia soviética, dirigida por los politicastros burgueses de la Entente, esa República de Armenia se ve ahora obligada a hacer la paz con la Rusia soviética, porque comprende que de la Entente no le vendrá la salvación. ¿Por qué los ingleses, que mantienen 80 000 soldados en Mesopotamia para liberar a los árabes del petróleo, por qué no envían sus tropas a Armenia? El influyente periódico inglés *Manchester Guardian* se pronunció abiertamente sobre ello en un artículo del 12 de mayo. Dice que en Armenia no hay petróleo, que no hay nada de lo que «liberar» a los armenios: no se puede saquear a los armenios, y por eso se les puede dejar a merced del saqueo. Y dice que, si se compara el punto de vista del gobierno inglés sobre el petróleo mesopotamio con el punto de vista de los armenios sobre la sangre armenia, esa comparación cubre al gobierno inglés de oprobio y de vergüenza. Así habla un periódico burgués inglés; no el periódico de los obreros ingleses insurrectos, sino un periódico que, pese a toda su crítica, está próximo a Lloyd George.

¿Cómo liberan los capitalistas ingleses a Persia después de que, pese a todos los esfuerzos de los aliados, el zarismo ruso y el capitalismo ruso fueran destruidos por las manos de los obreros y campesinos rusos? Los capitalistas ingleses siempre han dicho que su tarea respecto de Persia consiste únicamente en liberar a Persia. Y el actual ministro inglés de Asuntos Exteriores, lord Curzon, dice en su libro sobre Persia, publicado hace 30 años: la tarea de la política inglesa respecto de Persia es la independencia y la libertad de Persia. El tratado angloperso de agosto del año pasado muestra qué libertad quiere implantar en Persia el capitalismo inglés. Por dos millones de libras esterlinas oro, el gobierno capitalista inglés compró al gobierno persa, es decir, a sus lacayos, toda Persia. Por esos dos millones y medio en oro los ingleses toman en sus manos el control de las finanzas persas, las aduanas, la organización del ejército persa. Y sobre esta política puedo citar de nuevo a un testigo de mucha autoridad: el periódico gubernamental francés *Le Temps* del 17 de agosto del año pasado declara lo siguiente: «Desde el momento en que el gobierno persa pone su ejército bajo la dirección de oficiales británicos y sus finanzas en manos de especialistas británicos, ya no dispone de ninguna fuerza libre propia ni de ningún medio libre propio con los que pudiera ejercer la soberanía de su política». Son palabras del periódico gubernamental francés.

Camaradas, ¿qué significa todo esto? Significa nada más y nada menos que el capital de la Entente, con Francia a la cabeza, tras derrotar al competidor alemán, al bandido alemán, ha tomado en sus manos a cientos de millones de habitantes de los pueblos de Oriente para convertirlos en sus esclavos. Para el campesino de Oriente significa que, si antes tenía que pagar tributos para mantener a la camarilla del sultán, a toda clase de sahs, emires y kanes, ahora tendrá que pagar el doble: pagar a sus propios explotadores y pagar las bayonetas de las tropas francesas e inglesas que defenderán la explotación de los explotadores indígenas. Significa que, si en Turquía hay riquezas naturales gracias a cuyo desarrollo el pueblo turco podría tener, en lugar de sus arados de madera, arados de hierro y de vapor, podría tener sus escuelas, ahora, cuando los ingleses y los capitalistas franceses se apoderan de las riquezas del Oriente Próximo, de las riquezas de Turquía y de Persia, las explotarán no para el desarrollo de la cultura de los pueblos de Oriente, sino para su propio lucro, para que los banqueros de Londres y París obtengan beneficios todavía mayores que los que obtienen gracias a la explotación de los obreros europeos. *(Aplausos.)* Camaradas, el resultado de la victoria de la Entente es el peligro de la esclavización completa de cientos de millones de habitantes de los pueblos de Oriente. Pero el sueño es terrible y Dios misericordioso. Este peligro pasará como un mal sueño si las masas trabajadoras de Oriente se alzan junto con las masas obreras de Europa, porque los propios vencedores de la guerra mundial están cubiertos de heridas de las que morirán.

Camaradas, si observáis la situación del capital victorioso, si observáis la situación económica de los principales vencedores de esta guerra, veréis que, para vencer al capital alemán, cargaron sobre sus hombros y sus espaldas pesos tan enormes que bajo ellos también a ellos se les tiene que partir el espinazo. *(Aplausos.)* Tengo a mano cifras que muestran la enorme deuda pública que tienen los países vencedores. El gobierno francés contrajo durante la guerra 200 000 millones de francos de deuda. El gobierno inglés contrajo 160 000 millones de deuda. El gobierno italiano contrajo 200 000 millones de deuda. Esto significa que todos los países capitalistas victoriosos, salvo América, han perdido en esta guerra, han disparado al aire entre la mitad y las tres cuartas partes de toda la riqueza nacional de estos países riquísimos. Significa que ninguno de estos gobiernos puede encontrar medios para salvarse de la bancarrota financiera. Si estos gobiernos quisieran pagar sus deudas, tendrían que confiscar hasta dos tercios de las riquezas que hay en sus países. Eso significa dejar a las masas populares de esos países, para vivir, solo un tercio de lo que estas masas tenían hasta ahora. Es una cosa imposible. Y vemos cómo entre estos vencedores dura desde hace años la disputa sobre cómo salvarse. Los más débiles de los vencedores, los gobiernos italiano y francés, llaman a los capitalistas ingleses y americanos a juntar todas las deudas en un montón y pagarlas en común, de modo que quien tenga más riquezas pague primero. Pero los capitalistas ingleses y americanos se niegan a pagar las deudas por los capitalistas italianos o franceses: no pueden pagar ni sus propias deudas. Los capitalistas ingleses y americanos derramaban muy a gusto la sangre ajena, ordenaban a los campesinos rusos, a los campesinos franceses y a los obreros italianos morir en la guerra por la causa de los capitalistas ingleses, pero cuando se trata de pagar las deudas dicen ahora: la amistad es la amistad, pero el libro de cuentas va aparte; paga lo que debes. *(Aplausos.)* Y vemos, camaradas, cómo, por el hecho de que los capitalistas victoriosos intentan aplastar a Rusia, que hasta ahora era su principal mercado y les suministraba enormes cantidades de materias primas, por el hecho de que intentan aniquilar a la nación técnicamente más desarrollada de Europa, Alemania, arrancan las raíces de su propia existencia. Sabemos que los capitalistas ingleses y americanos están ante este hecho: millones de habitantes de los pueblos de Oriente ansían toda clase de mercancías, ansían tejidos, máquinas, y los capitalistas ingleses y americanos buscan mercados, pero no están en condiciones de venderles, porque esos pueblos no tienen con qué pagar. El resultado es que todo el imperialismo mundial se asfixia en el curso de una crisis enorme, presa de terribles convulsiones. Mientras cientos de millones de personas no pueden comprar pantalones ni botas, en América y en Inglaterra se acumula el producto, y América e Inglaterra se ven ante el peligro de tener que cerrar sus fábricas.

Y las masas obreras, que ven todo esto, las masas obreras a las que durante cuatro años se empujó a la guerra diciéndoles: «en esta guerra destruiréis el absolutismo del káiser alemán y del sultán turco, obtendréis derechos, pan y libertad», esas masas populares ven ahora ante sí el peligro del hambre y del frío. Estas masas populares se alzan y plantean sus reivindicaciones. Nunca en toda su larga existencia ha visto Inglaterra una oleada tan enorme de huelgas, de poderosas manifestaciones obreras, como las que ahora presenciamos. Y no otro que el primer ministro inglés, el más inteligente de los políticos burgueses, Lloyd George, declaró abiertamente en su discurso de abril en el Parlamento inglés que Inglaterra está ante el peligro de la revolución social. No es una afirmación de los comunistas ingleses, cuyo corazón ansía esa revolución. Es una advertencia del primer ministro inglés, que en su advertencia llamaba a la burguesía a unirse contra los obreros. También en América vemos una oleada de huelgas. En Italia, uno de los países aliados, vemos no solo una lucha creciente, sino a Italia literalmente en vísperas de la revolución. El gobierno italiano se sostiene solo por la fuerza de sus bayonetas; tiene que fusilar todos los días a obreros en las calles de sus ciudades. El señor Clemenceau, tras la victoria sobre el absolutismo alemán, dijo que el bolchevismo no era peligroso para Francia, porque había salido victoriosa de la guerra, y el bolchevismo era una enfermedad solo de los pueblos vencidos. Y ahora vemos cómo el gobierno francés ha llenado las cárceles de comunistas franceses. Vemos cómo el gobierno francés fusila a sus marineros para retener, con el terror de la muerte, a sus soldados de lanzarse a la acción, a la revolución. Y mientras los proletarios de Europa y América se alzan para derribar el capitalismo, para instaurar el reino de la libertad, la fraternidad y el trabajo, al mismo tiempo, camaradas, vemos en las narices del imperialismo inglés, en Irlanda, en Egipto y en la India, el movimiento creciente de lucha revolucionaria de los pueblos esclavizados por Inglaterra.

Camaradas, Irlanda es un país conquistado. En Irlanda el gobierno inglés se ve obligado a levantar fortalezas contra el pueblo irlandés. En Irlanda matan cada día en las calles de las ciudades a decenas de policías ingleses y de soldados del cuerpo expedicionario. En Egipto no solo los trabajadores intelectuales profesionales, no solo los estudiantes, no solo los funcionarios salen a la calle: las manifestaciones han conducido a huelgas de los fellahs, a los que los ingleses usaban como bestias de carga durante la guerra, a huelgas de los ferroviarios y de los obreros de telégrafos. Y la India ve no solo la lucha terrorista, no solo una enorme agitación de los intelectuales, sino también enormes huelgas de 300 000 hombres, huelgas de obreros indios que unen la lucha por su liberación del yugo del capital con la lucha por su liberación nacional.

Camaradas, en un libro que es algo así como el Corán del imperialismo inglés, el libro del profesor Seeley[^32], publicado hace muchos años, con el que se educan los oficiales ingleses cuando los envían a la India, con el que se educan los gobernadores ingleses, en este libro Seeley, sabio predicador del imperialismo inglés, examina la cuestión: ¿cómo puede un puñado de ingleses tener bajo su pie a cientos de millones de indios? Y responde: no hay en ello ningún milagro. En la India una parte de la población lucha contra otra por el dominio del capital inglés. Si estalla una insurrección en el norte, movilizamos a los campesinos indios del sur, los hacemos soldados y con su ayuda aplastamos la insurrección del norte. Si se alzan los indios del oeste, lanzamos a los indios del este, y así, utilizando a unos indios contra otros, los tenemos a todos en nuestras manos. Y cuando, prosigue este predicador del imperialismo inglés, nos dicen que en la India tiene que haber una revolución porque los indios mueren de hambre, respondo: no es nada convincente. «Si no pueden vivir, morirán, pero de ello no se sigue que vaya a haber una revolución. En Inglaterra todo el mundo tiene libertad para morirse de hambre y, si no lo quiere, eso no significa que vaya a haber una revolución».

Para la revolución hace falta que el pueblo mire hacia adelante, que el pueblo tenga esperanza de liberación y que sienta su fuerza. Camaradas, estamos convencidos de que llega el momento en que los pueblos de Oriente demostrarán a los capitalistas ingleses, a los vampiros ingleses, que no quieren morir y que tienen esperanza y sienten sus fuerzas. Camaradas, hasta ahora todo pueblo que se alzaba sentía su debilidad, porque nadie había visto todavía a los obreros y campesinos vencer a sus explotadores, porque nadie había visto todavía a los obreros y campesinos poner el pie sobre el pecho del poderoso imperialismo inglés. Pero, camaradas, ya veis que se puede vencer también al imperialismo inglés.

Cuando se alzaron los obreros y campesinos de Rusia, cuando derribaron el poder del zar, cuando derribaron el poder de la burguesía y de los terratenientes, cuando crearon el gobierno obrero y campesino, los burgueses de todos los países estaban convencidos de que aplastarían a la Rusia soviética, de que volverían a imponer el yugo a los obreros y campesinos rusos. Se pusieron a sobornar a oficiales rusos, a sobornar a capitalistas rusos, a sobornar a terratenientes rusos, a enviarles uniformes, pertrechos, jefes militares, y emprendieron una campaña tras otra contra la Rusia soviética. Recordáis cómo compraron a los soldados checoslovacos engañados y lanzaron a 50 000 de ellos contra la Rusia soviética. Recordáis cómo enviaron contra la Rusia soviética a Kaledin y a Kornílov, cómo enviaron contra la Rusia soviética a Kolchak, a Yudénich, a Denikin. Con ayuda de tanques ingleses, de bombas de gas inglesas, de proyectiles ingleses, Denikin y Kolchak formaron un ejército de medio millón de hombres y marcharon contra la Rusia soviética. Toda la Europa capitalista tenía los ojos puestos en Kolchak y le ayudaba con todas sus fuerzas. Rusia estaba aislada, no podía recibir del extranjero ni un solo proyectil, no podía recibir siquiera medicamentos para curar a sus hijos mutilados. Pese a ello, los obreros y campesinos de Rusia se alzaron con las armas en la mano y crearon el victorioso Ejército Rojo *(Aplausos)*. Derrotaron a Yudénich, a Kolchak y a Denikin. Recuerdo el día en que, en una cárcel alemana, en Berlín, leí en el periódico: mañana, martes, se oficiará en la iglesia de la antigua embajada rusa un tedeum solemne en honor del general Yudénich, que ha entrado en Petrogrado. Pero Yudénich fue batido ante Petrogrado, Denikin fue batido ante Oriol. El ejército obrero y campesino los expulsó. Hoy ya no existen ni Kolchak, ni Denikin, ni Yudénich. Y ahora el poder obrero y campesino acaba con los últimos destacamentos: Wrangel y la Polonia blanca. Con ello se ha dado un ejemplo enorme a los pueblos de Oriente que se alzan.

Si los obreros y campesinos de Oriente quieren ser libres de la explotación, también ellos pueden vencer, porque su adversario se descompone, porque su adversario sufre un hundimiento económico, porque a su adversario lo ha batido la Rusia soviética roja de obreros y campesinos. Su victoria depende solo de la consciencia, solo de la voluntad de los obreros y campesinos del Oriente Próximo. Ningún enemigo os resultará temible, nadie detendrá el torrente de los obreros y campesinos de Persia, Turquía y la India si se unen a la Rusia soviética. La Rusia soviética estaba rodeada de enemigos, pero ahora puede producir armas con las que puede armar no solo a sus obreros y campesinos, sino con las que armará a los indios, a los campesinos persas, a los campesinos anatolios, a todos los oprimidos, y los conducirá a la lucha común y a la victoria común *(Aplausos)*.

Cuando los capitalistas iban a Oriente a explotar a las masas populares, les hablaban de liberación, y por eso comprendemos que en las demás capas de campesinos y obreros, que han aprendido por la dura experiencia del engaño, exista cierta desconfianza. Se preguntan: ¿es sincero el mandamiento de la Rusia soviética?, ¿cumplirá lo que promete? Camaradas, a esas preguntas no hay por qué responder con promesas; hay que responder con argumentos de la razón. La Rusia soviética se alzó para que no haya más esclavos y amos, para que no haya más ricos y pobres. La Rusia soviética es un país inmenso y rico que puede alimentarse a sí mismo tras expulsar a los piojos, a los parásitos, a los vampiros que chupaban la sangre de los campesinos y obreros rusos. Puede elevar con sus propias fuerzas al pueblo ruso a una altura nunca vista. El campesino ruso y el obrero ruso no tienen por qué buscar pan en otros países, porque su tierra lo produce en cantidad suficiente; no tienen por qué ir a buscar metales, porque su tierra esconde en sus entrañas tesoros inauditos de ellos. El obrero y el campesino rusos ansían su liberación; no necesitan esclavizar a otros pueblos. El obrero y el campesino rusos saben perfectamente que o serán derrotados ellos o será derrotado el capital mundial, que es imposible que coexistan largo tiempo, codo con codo, la Rusia soviética obrera y campesina y los países capitalistas. Los obreros y campesinos rusos saben que, si no aplastan a los capitalistas ingleses, si no derrotan a los capitalistas franceses, los derrotarán a ellos. El obrero ruso puede buscar por un tiempo la paz y el acuerdo con ellos, puede buscar una tregua durante la cual la revolución crezca con más fuerza en otros países, pero una paz permanente entre el país del trabajo y los países de la explotación no puede haberla. Y por eso la política oriental del gobierno soviético no es una maniobra diplomática, no es arrojar a los pueblos de Oriente al fuego para que la República Soviética rusa, vendiéndolos, pueda sacar provecho para sí. Hemos sacrificado nuestros propios territorios, nuestros propios campesinos y nuestros propios obreros cuando en Brest-Litovsk el imperialismo alemán, armado de pies a cabeza, nos dictaba sus condiciones y no podíamos entonces defendernos. Obreros y campesinos de Oriente, puede haber momentos en que nosotros mismos os aconsejemos no ir a la derrota, sino más bien dar un pedazo a esa fiera que quiere despedazaros. Esos momentos puede haberlos también para nosotros, pero estamos unidos a vosotros por el destino: o nos unimos con los pueblos de Oriente y aceleramos la victoria del proletariado de Europa occidental, o pereceremos y vosotros seréis esclavos. Por eso, camaradas, aquí no se trata de una alianza que sellan personas que mañana pueden separarse y convertirse en enemigos; se trata de una lucha común a vida o muerte. Eso es lo que jurasteis ayer. Con esfuerzos comunes tenemos que vencer. Camaradas, para esta victoria común hacen falta sacrificios comunes. Las masas obreras de Rusia pasan hambre desde hace tres años esperando la victoria sobre el capital mundial. Y por eso, cuando saludáis al Ejército Rojo, cuando saludáis sus victorias, ¿pensáis en que sus victorias y sus armas están forjadas con la sangre y el sudor de millones de obreros y campesinos rusos que han sacrificado lo último que tenían? Comprended que vuestra victoria no se conseguirá sin sacrificios. Habrá que pasar mucha hambre, derramar vuestra sangre. Tendréis que ver la Rusia soviética y vuestros países sublevados como un solo ejército que tiene que fortalecerse en común, armarse en común, hacer sacrificios en común por la causa común. Y quien dice que existe un «imperialismo» bolchevique, que vamos a Oriente con fines de conquista y para alimentar a nuestro ejército, siembra a sabiendas la mentira entre los obreros y campesinos para dividirlos, para que los amos del mundo puedan batirlos por separado. Nuestros son los sacrificios comunes, las cargas comunes, y común será la victoria. Será la victoria no de un pueblo sobre otro, sino la victoria de las masas trabajadoras de todos los pueblos sobre el puñado que hasta ahora ha explotado al mundo entero.

Camaradas, al lanzar el llamamiento a la guerra santa contra la Entente, y en primer lugar contra el capital inglés, sabemos que no venceremos hoy, que tendremos que luchar todavía mucho tiempo, precisamente porque las masas populares de Oriente se desarrollan despacio. Las noticias de las victorias del Ejército Rojo, de la lucha del proletariado inglés, francés e italiano, tendrán que vagar largo tiempo por las llanuras y las montañas desiertas antes de llegar al campesino de la India y de Egipto y decirle: ¡arriba, levántate, pueblo trabajador! Al emprender esta lucha dura, nos esforzamos por dar a estos países inmensos, a estos pueblos, la posibilidad de desarrollar sus fuerzas, de desarrollar sus capacidades para el trabajo común de reconstrucción de una humanidad nueva y libre, en la que no habrá hombres de distinta piel, de distintos derechos y deberes, en la que todos los hombres tendrán los mismos derechos y deberes. Los capitalistas del mundo entero hablan del peligro de Oriente, dicen que, cuando se alcen 300 millones de indios y 400 millones de campesinos chinos, llegará la hora de la ruina de la cultura humana. Hemos visto esa cultura, la hemos visto en el fuego de la metralla, en los campos de batalla, la hemos visto en las ruinas de las casas y de las ciudades. La cultura capitalista significa la muerte de toda cultura. El capitalismo no es capaz de asegurarnos siquiera la suerte del animal al que se alimenta. Y cuanto antes perezca esa cultura, mejor *(Aplausos)*. Y cuando os entregamos, camaradas, la bandera de la lucha común contra el enemigo común, sabemos muy bien que junto con vosotros crearemos una cultura cien veces mejor que la que crearon los esclavistas de Occidente. Oriente, aplastado bajo el yugo de los capitalistas y los propietarios, creó la filosofía de la paciencia. Apelamos, camaradas, a los sentimientos de lucha que en otro tiempo animaron a los pueblos de Oriente, cuando estos pueblos marchaban sobre Europa bajo la dirección de sus grandes conquistadores. Sabemos, camaradas, que nuestros adversarios dirán que apelamos a la memoria de Gengis Kan, a la memoria de los conquistadores, de los grandes califas del islam. Pero estamos convencidos de que ayer desenvainasteis vuestros puñales y empuñasteis vuestros revólveres no con fines de conquista, no para hacer de Europa un cementerio: los levantasteis para crear, junto con los obreros del mundo entero, una cultura nueva, la cultura del trabajador libre. Y por eso, cuando los capitalistas de Europa dicen que amenaza una nueva oleada de barbarie, una nueva oleada de hunos, les respondemos: ¡viva el Oriente rojo, que junto con los obreros de Europa creará una cultura nueva bajo la bandera del comunismo! *(Aplausos tempestuosos.)*

**El presidente.** Pasamos a la traducción. La primera se hará en turco. Tiene la palabra para la traducción el camarada Buniat-Zadé.

*Se declara un descanso de cinco minutos.*

*Se reanuda la sesión a las 8 h 40 min de la noche.*

**Narimánov.** Continúa la sesión. Haced la traducción.

*Los traductores* traducen al turco, al uzbeko y al checheno. *Kartmýzov* traduce al cumuco; por la fracción comunista habla en turco *Buniat-Zadé*.

**El presidente.** Ruego que se sienten.

*Voces:* «Camarada presidente, pedimos traducción al uzbeko».

**El presidente** habla en uzbeko.

*Voces:* «Lo hemos entendido. Por favor».

**El presidente:** Camaradas uzbekos, los que lo hayan entendido, que levanten la mano.

*Voces:* «La mayoría. La minoría. Por favor. Llamad al traductor». *El traductor* traduce al uzbeko. *Artmásov*[^33] habla en turco.

**El presidente.** Camaradas, sobre los dos informes escuchados, la fracción comunista y la fracción de los sin partido proponen abrir un debate general. Pero para que el debate no ocupe demasiado tiempo, hay que decidir desde ya que solo daremos la palabra a seis oradores y que, además, sobre estos mismos informes daremos la posibilidad de intervenir a los representantes de los partidos de Inglaterra, Francia, Bulgaria, América y algunos otros, para que se oiga la voz no solo de los pueblos de Oriente, sino también de los obreros de los países cuya burguesía oprime a los pueblos de Oriente. Os hacemos esta propuesta y esperamos que el congreso la apruebe. *(Aplausos.)*

*Buniat-Zadé* habla en turco. Los traductores traducen.

**El presidente.** Tiene la palabra el camarada Buniat-Zadé por la fracción comunista.

A continuación habla *Narimánov*, también en turco.

**El presidente.** La traducción la hará el camarada Musa-Zadé.

**Musa-Zadé.** El camarada Buniat-Zadé dice, sobre el informe del camarada Rádek, que Oriente es desde hace mucho, mucho tiempo, la manzana de la discordia de los imperialistas de Occidente, y que para apoderarse de Oriente, para explotar Oriente, las fieras de Europa se pusieron a sellar entre sí una alianza completa. Sobre esa base se crearon la Triple Entente y la Triple Alianza, porque estos grupos tenían un mismo deseo: apoderarse de Oriente, explotar a los pueblos de Oriente en provecho de sus rapaces. El resultado de esta alianza, o de esta Triple Entente, fue la guerra italoturca, traída a escena por la mano de Inglaterra. El ataque sin motivo de Italia en Karakalis[^34] lo preparó el gabinete inglés. Todavía no había terminado esa guerra de Tripolitania cuando Rusia promovió y creó la alianza de los Estados balcánicos y provocó una nueva guerra en los Balcanes con el mismo fin: apoderarse de los Estrechos turcos. Por otro lado, la Triple Alianza y la Triple Entente, con el mismo fin, lanzaron sus tropas sobre la desdichada y vieja Persia, donde perseguían el mismo objetivo: apoderarse de Persia y explotarla.

Tras la revolución rusa de 1905, la revolución se dirigió a Persia. Los pueblos oprimidos se alzaron como los obreros rusos y proclamaron el poder soviético del «Ganjamin»[^35], pero la revolución rusa aplastada arrastró consigo a la tumba también a la revolución persa por mano de los generales Liájov y otros, enviados por Nicolás a Persia. También la revolución persa fue aplastada.

El camarada Buniat-Zadé muestra palpablemente cómo se ejecutó aquí a los primeros revolucionarios persas, que habían expulsado de Persia al tirano persa Mohamed Alí Sah. Con el fin de repartirse el desdichado e ignorante Oriente se hacía un trabajo incesante entre los Estados occidentales y los rapaces occidentales. Mientras había guerra en Trípoli y en los Balcanes, por otro lado Francia avanzaba sobre Marruecos y estranguló a este desdichado Estado oriental independiente. Sin duda, estas aspiraciones y acciones de conquista son obra activa de la Triple Entente, ante las cuales no podía permanecer impasible la Triple Alianza, el grupo alemán. En aquel tiempo el grupo alemán llevaba en los países de Oriente una intriga sin precedentes contra la Entente. Y así, con el fin de apoderarse por completo de Oriente, se provocó la guerra internacional de 1914, que terminó con la Gran Revolución Rusa. Tras la caída de la república burguesa de Kérenski, el poder en Rusia pasó a manos de los proletarios, de los campesinos y obreros. Los campesinos y obreros de Rusia, tras tomar el poder, se dirigieron a los pueblos del globo terrestre, sobre todo a los pueblos de Oriente, y dijeron: «Ponemos fin a la guerra, os tendemos la mano fraterna y os aconsejamos poner fin a la guerra que habéis empezado contra nosotros». Desde entonces los obreros y campesinos de Rusia empezaron a orientarse hacia Oriente. El camarada, al terminar su discurso, dice que esta orientación hacia Oriente se ha visto hoy coronada por el éxito, y que el Oriente insurrecto, codo con codo con el proletariado de Rusia, avanzará hoy con fuerzas unidas y pondrá fin a todas las infamias que se han cometido hasta ahora.

*Ruido. Voces: «Las traducciones son incompletas; pedimos una traducción completa».)*[^36]

**El presidente.** Ahora el camarada Efendíyev tratará los pasajes del informe que omitió el primer traductor.

**Efendíyev.**[^37] El camarada Buniat-Zadé se detiene a continuación en los acontecimientos ocurridos en el Cáucaso desde 1917, y eso, lo principal, lo omitió en su traducción el traductor anterior. Buniat-Zadé dice que los imperialistas de Turquía, los diversos Enver y compañía, cedieron a la instigación de Alemania, que veía en Turquía y en Oriente un bocado apetitoso del que quería aprovecharse y darse un festín. Eso estaba ya en el programa de Bismarck. Al realizar la independencia en Oriente, los alemanes se guiaban por la conocida consigna del «Drang nach Osten»[^38].

Y así, las tropas turcas, con ayuda de las bayonetas alemanas, con ayuda de los imperialistas alemanes, conquistaron Azerbaiyán, la parte más rica de Transcaucasia, con sus fuentes de petróleo, ese líquido precioso: eso era lo que atraía aquí a los imperialistas. Pero en el Cáucaso había grupos y partidos que interpretaron esta guerra de otro modo. Razonaban que Turquía, con Enver Pachá a la cabeza, había venido aquí para salvar al pueblo, para librar a los azerbaiyanos del imperialismo ruso, para dar a esta región la república, la autodeterminación, la independencia, etc. El camarada Buniat-Zadé dice que eso no es cierto, que es mentira, porque Turquía liberó a Azerbaiyán de un imperialismo, del imperialismo ruso, y al mismo tiempo lo puso en manos de otro imperialismo. Es una liberación unilateral que, tras expulsar a los ingleses, se sentaba ella misma en su lugar para chupar la savia de estos países. Es un error, es una equivocación que ahora se disipa. Ahora esa embriaguez se disipa, y las masas de Transcaucasia, de Azerbaiyán, despiertan y empiezan a comprender mejor y más acertadamente. Ahora que las tropas soviéticas, ahora que el partido comunista ha tomado la iniciativa de liberar el Cáucaso de esos grupos promovidos por los imperialistas turcos y alemanes, las masas han empezado enseguida a orientarse mejor en el pasado y a valorar mejor el presente. Ahora el Azerbaiyán soviético está liberado de esos grupos, de esos partidos, de esos maniquíes promovidos por el imperialismo turco y alemán, y ahora es la antesala de la política soviética en Oriente. En este sentido Azerbaiyán debe desempeñar un papel enorme. En el aspecto cultural y material es el mejor y más rico país de Oriente. Todo esto, y a la vez el hecho de que las masas se inclinan por entero del lado del poder soviético, y la experiencia que las masas han vivido en los años pasados, que ellas tienen en cuenta, son para ellas prenda política de que estas masas estrecharán en el futuro por completo sus filas con el partido comunista, ajustarán su línea política a la línea de los soviets y harán todos los esfuerzos para que el poder soviético triunfe en todo Oriente.

**El presidente.** Interviene como segundo orador el camarada Vagardin Shakir.

**El traductor** *(expone en ruso el discurso del camarada Shakir)*. Empezaré sin comentarios y transmitiré solo el fondo del asunto. Cuando empezó la guerra europea, Turquía entró en la guerra sin propósitos de conquista. Entró forzada, para defenderse. A Turquía le quedaba una sola salida, que consistía únicamente en esto: conservar su libertad o caer bajo el yugo de una de las coaliciones, la alemana o la inglesa. Antes de entrar en la guerra, los turcos lo pensaron mucho. Si no entraban en la guerra, uno de los bandos contrarios saldría vencedor, y entonces se acabaría la libertad turca. Tampoco antes había seguido una política de conquista ni había tenido fines de anexión.

Entre nosotros, en Turquía, los oficiales no pertenecen a la misma categoría que los oficiales rusos o europeos. El oficial turco es un verdadero proletario. No se ha educado en el espíritu en que se educaban y se educan los oficiales en Europa y en Rusia. Es un punto de vista erróneo que Turquía tuviera un plan premeditado y se hubiera puesto de acuerdo de antemano con Alemania.

Entre nosotros, en Anatolia, la cuestión agraria tiene también sus rasgos característicos. En Anatolia es una cuestión muy sencilla. Allí no hay terratenientes, no hay grandes propietarios de tierras. Turquía, en general, no tiene una clase burguesa fuerte, y por eso ni el gobierno turco ni el pueblo turco podían seguir una política exclusivamente de conquista. Solo tenían una política: «no me toques, y yo no te tocaré».

Camaradas, lo demostraré con el hecho de que, mientras la guerra continuaba y la coalición alemana sentía que había salido vencedora, el pueblo turco y el gobierno turco querían crear un Estado tapón, es decir, uno armenio, azerbaiyano y georgiano. Si se dice que Turquía tenía en general una política de conquista, ¿cómo se explica que el pueblo turco y el gobierno turco se atuvieran solo a la política de querer protegerse creando Estados tapón entre Rusia y Turquía? No: Turquía no tuvo, ni en Occidente ni en Oriente, la intención de apropiarse de tierras ajenas, y en general no siguió una política de conquista.

Esto es lo que dice el camarada Shakir en su largo discurso. He transmitido el fondo del asunto.

*El mismo* traduce a las otras lenguas.

**Una voz desde la sala** *(en turco)*. El camarada traductor no advirtió que traducía el discurso del orador anterior; parece como si hablara por su cuenta.

**Narimánov.** Sí, es una traducción. ¿Dónde está el traductor al persa?

*El traductor* traduce al persa.

**Zinóviev.** La palabra siguiente corresponde al camarada Gaidarjánov, por la fracción comunista.

**Gaidarjánov** *(habla en turco y él mismo traduce al persa)*.

*El traductor* traduce su discurso al ruso.

Camaradas, llamo vuestra atención sobre todo hacia la parte de los discursos de los camaradas Zinóviev y Rádek en la que el camarada Zinóviev dice que hemos venido y tendemos de corazón y sinceramente la mano a nuestros hermanos de Oriente y que no queremos emplear aquí ninguna diplomacia. El camarada Rádek dice también que hemos venido aquí y tendemos la mano, y que si morimos, moriremos con vosotros, y si vivimos, viviremos con vosotros. Esto tiene una importancia enorme para los pueblos de Oriente, porque los pueblos de Oriente no habían oído esto desde hace 200 años. Todo ese tiempo han visto y oído cómo el capital europeo los mataba. Quiero señalaros algunos ejemplos del terreno en que el capital europeo quiso estrangular el movimiento de liberación de los pueblos de Oriente. Tomemos Persia. Allí estalló una revolución, y esa revolución fue aplastada por los capitalistas europeos, con la Rusia zarista y el imperialismo inglés a la cabeza. Igualmente la India, con 350 millones de habitantes, no tiene siquiera una navaja en el bolsillo; está privada hasta de la posibilidad de defenderse y es explotada todo el tiempo de manera inhumana por el capital inglés. Los indios mueren de hambre, y los capitalistas ingleses viven a su costa en magníficos palacios. Lo mismo quiero decir de Turquía. Un camarada que ha intervenido aquí ha dicho que libró una guerra defensiva, que Turquía no fue instrumento en manos del imperialismo alemán y que ella misma no tenía ninguna aspiración imperialista. Eso no responde a la realidad, camaradas. Turquía tenía grandes aspiraciones imperialistas. Fue de lleno instrumento en manos de los imperialistas europeos. Si los imperialistas no hubieran metido a Turquía en esta guerra, en su afán de conquista, hoy los imperialistas europeos no despedazarían al campesinado trabajador de Turquía. Camaradas, como veis, Oriente despierta ya: ha estallado la revolución en la propia Persia contra Inglaterra, igualmente en la India hay un movimiento definido, y también en Turquía.

Aquí se han reunido los representantes de estos y de otros pueblos hostiles al imperialismo inglés y a cualquier otro imperialismo. Estoy seguro de que estos pueblos se pondrán de acuerdo aquí, organizarán la resistencia contra el imperialismo inglés y los demás y liberarán Oriente del yugo de los capitalistas. *(Aplausos.)*

**El presidente.** Vamos a cerrar ahora la sesión, pero antes, un aviso: las dos fracciones han acordado crear 4 secciones: sobre la cuestión agraria, sobre la cuestión nacional y colonial, sobre la cuestión de la construcción soviética y sobre la cuestión de organización. Estas 4 secciones deben formarse así: cada 20 delegados envían a cada sección un representante. Saldrán, aproximadamente, 90 personas en cada sección. Es deseable que las elecciones se hagan para mañana, porque mañana el congreso no celebrará sesión: habrá un desfile. Las elecciones hay que hacerlas por residencias, de modo que cada residencia elija a uno por cada 20 delegados. Si hay restos, hay que sumarlos. Si hacen falta excepciones, las hará el presidium. Así pues, pedimos que para mañana estén formadas todas estas secciones.

*Traducción.*

*Se levanta la sesión a las 12 h 2 min de la noche.*

## Tercera sesión, sábado 4 de septiembre de 1920

*Se abre la sesión a las 12 h 13 min de la mañana. Preside el camarada Zinóviev.*

**El presidente.** Declaro abierta la III sesión del Congreso de los Pueblos de Oriente. Continuamos el debate sobre los dos primeros informes. Tiene la palabra el camarada Narbutabékov.

**Narbutabékov.** Camaradas, antes de pronunciar mi discurso debo advertir que, como solo dispongo de quince minutos... *(Voces: «¡No se oye!».)*

**El presidente.** Ruego que se guarde silencio: el camarada está algo ronco.

**Narbutabékov.** Mi tiempo es limitado. En 15 minutos no se puede, naturalmente, describir por completo la situación internacional de las masas trabajadoras de Oriente; seré breve y os pido que me escuchéis con atención y no me interrumpáis: no tengo voz.

El camarada Zinóviev ha expuesto en su discurso las tareas del presente congreso con relieve y claridad. No me referiré a ello. En cuanto a la situación de las masas trabajadoras en Oriente, esta cuestión es de extraordinaria importancia no solo para nosotros, los pueblos de Oriente, sino también para el propio poder soviético, pues todo poder que se propone de modo definido alcanzar ciertos fines en medio de un Oriente de muchos millones de habitantes, donde hay tantas lenguas y dialectos (unos 53), necesita que se oiga la voz de esos pueblos, y nuestro deber como delegados es presentar al poder, de modo definido y claro, tales o cuales reivindicaciones. Declaramos que, aparte del poder soviético, nuestros pueblos musulmanes y los pueblos de Oriente no querrán otro poder. No hay elección: o los capitalistas ingleses, o las masas trabajadoras de Rusia y de todo el mundo. Una de dos, como ha dicho el camarada Rádek: o el poder soviético perece y todos hemos de convertirnos en esclavos, o vence, y entonces seremos libres. Para llevar estas palabras a la práctica, nosotros, los pueblos de Oriente, debemos decir claramente que existen dos mundos: el mundo de Occidente y el mundo de Oriente. Sabéis que Occidente, a lo largo de muchos siglos de su desarrollo histórico, ha cambiado varias veces su forma de organización del Estado, desde las más despóticas hasta las liberales —la república democrática—, mientras que en Oriente la forma de organización del Estado no ha cambiado. Rusia ha sido el primero de los Estados europeos en presentar una nueva forma de organización del Estado, la forma del poder soviético. Camaradas, el mundo de Oriente y el mundo de Occidente son en este sentido completamente opuestos. Oriente se encuentra en una situación particular tanto en el aspecto psicológico, cultural y económico, y religioso, como en el social y en el de las costumbres, y habrá que tener en cuenta esas particularidades. Nicolás II y los demás depredadores de los trabajadores nunca tuvieron en cuenta esas particularidades. Nuestros intereses fueron siempre pisoteados. En los primeros días de la revolución, cuando los bolcheviques lanzaron la consigna de la «autodeterminación de los pueblos» frente a la consigna capitalista de Kérenski de «guerra hasta la victoria final», las 53 naciones del Estado ruso respondieron. Esa fue una de las causas principales del fracaso de la consigna capitalista de Kérenski. Nosotros, los pueblos de Oriente, creímos en esa consigna de la «autodeterminación de los pueblos» y seguimos creyendo en ella hasta hoy, creemos en los dirigentes ideológicos y jefes del proletariado mundial, los camaradas Lenin, Trotski, Zinóviev y otros; pero al mismo tiempo debemos decir en el congreso lo que queremos: la voz de los musulmanes trabajadores y de los pueblos de Oriente debe ser oída. Si es oída, también las tareas y los fines del poder del Estado se verán facilitados en la realización de los grandes principios de la revolución social en Oriente. Exigimos que los principios de libertad, igualdad y fraternidad se apliquen efectivamente en la vida, y no solo sobre el papel. Estoy seguro de que en ese caso ni un solo musulmán se atreverá a levantar la mano contra el poder soviético. Todos sabéis, camaradas, que en Oriente, desde tiempo inmemorial, desde Gengis Kan y Tamerlán hasta el sanguinario Abdülhamid, no ha habido otra forma de gobierno que el despotismo: en el cielo está Dios todopoderoso, y en la tierra el sultán. La organización del Estado no cambió como en Occidente. Cuando estalló la Gran Revolución Rusa, no estábamos en absoluto preparados para ello. No podíamos meter de golpe toda la masa de nuestras costumbres y de nuestras condiciones de vida en el marco del comunismo. Hay que declarar que, aparte del poder soviético, ningún otro es aceptable para Oriente si se quiere salvar a las masas trabajadoras de los pueblos de Oriente de las manos de los capitalistas. Todo el mundo sabe que Oriente es completamente distinto, que sus intereses son otros que en Occidente, y por eso una aplicación rectilínea de la idea del comunismo tropezará allí con resistencia. Por eso, si queremos que el mundo musulmán de cuatrocientos millones se incorpore al poder soviético, hace falta aplicarle una medida especial. La declaración de los camaradas sin partido consiste en que los diversos intereses y particularidades del Cáucaso, del Turquestán y de todas las antiguas periferias del Estado ruso deben ser resueltamente protegidos, y el deber del congreso es subrayarlos y decir a nuestro poder: camaradas, los musulmanes no se apartarán del poder soviético, pero a condición de que se reconozcan las particularidades de los pueblos orientales y de que las medidas del poder soviético en este sentido se lleven a cabo no sobre el papel, sino en los hechos. *(Aplausos.)*

El camarada Rádek ha dicho que los portadores de cultura de Europa occidental, los depredadores de Europa occidental, acusan al poder soviético de practicar un imperialismo rojo. Para rechazar esa acusación hace falta que nuestros camaradas, los dirigentes del partido comunista y del poder soviético, declaren que eso no existe ni existirá. Nosotros, los turquestanos, decimos que no hemos visto ni una sola vez al camarada Zinóviev, ni una sola vez al camarada Rádek, ni una sola vez a los demás dirigentes de la revolución. Deben venir a ver lo que allí ocurre, lo que allí hacen de modo definido las autoridades locales, cuya política es tal que aparta a las masas trabajadoras del poder soviético. Considero mi deber de delegado declararlo, porque estoy resueltamente en el terreno del poder soviético.

Seré breve, porque hay poco tiempo. El presente congreso no lo forman protegidos de la burguesía, sino verdaderos representantes de las masas trabajadoras, que deben sostener al poder soviético. Sea un checheno, un daguestano, un adjaro, un kirguís, un cosaco, todos en este congreso deben declarar al poder, de modo claro y definido, sus necesidades y decirle:

«Camaradas, no deis rodeos, id derechos por este camino señalado por las masas populares trabajadoras, porque no hay otro camino ni otra salida. Si el proletariado de Europa occidental no sostiene al poder soviético, lo sostendrán el mundo musulmán y los pueblos de Oriente».

Por eso declaro que el poder soviético no puede encontrar hoy mejor aliado que el Oriente trabajador, porque en tres años, a los llamamientos de nuestros camaradas, los mejores dirigentes de la revolución mundial, el proletariado de Europa occidental no ha prestado hasta ahora un apoyo activo.

El famoso fracaso de la huelga del 21 de julio[^39] demostró que el proletariado de Europa occidental, en las condiciones que atraviesa en su vida política, no puede acudir; por tanto, sin perder tiempo, hay que organizar Oriente correctamente, conforme a sus condiciones religiosas, de costumbres y socioeconómicas. El poder soviético no tiene otro camino. *(Aplausos.)*

Nosotros, los turquestanos, decimos que desde el momento de la Revolución de Octubre las masas trabajadoras del Turquestán se han incorporado al poder soviético en pie de igualdad con los camaradas rusos. Derramando nuestra sangre en los frentes del Turquestán contra los enemigos del poder soviético, hemos unido estrechamente nuestra vida a la de las masas trabajadoras de toda Rusia, y las acusaciones de tendencia chovinista que se lanzan contra los militantes turquestanos deben ser rechazadas, porque el elemento trabajador ha demostrado con su sangre, en los hechos, lo contrario.

Durante tres años el pueblo trabajador del Turquestán ha salido con honor de esta lucha. ¿Pero qué hacía falta para ello? Muy poco: solo observar con atención la vida de los pueblos de Oriente y aplicar los principios que presenten los delegados. En esto no hay contrarrevolución alguna, y menos aún chovinismo, porque nosotros mismos, representantes de nuestros pueblos trabajadores, reprimimos nuestras tendencias estrechas, nacionalistas, porque nosotros, los primeros revolucionarios del Turquestán, no tememos a ningún ulema, a ninguna centuria negra de mulás. Fuimos los primeros en alzar la bandera contra ellos *(aplausos)*, y no arriaremos esa bandera hasta el final: o pereceremos o venceremos. Os diré, camaradas, que nuestra masa turquestana tiene que luchar en dos frentes: por un lado, contra los mulás negros en su propio seno; por otro, contra las pretensiones estrechamente nacionalistas de los europeos locales. Ni el camarada Zinóviev, ni el camarada Lenin, ni el camarada Trotski conocen la verdadera situación del Turquestán, no saben lo que viene ocurriendo durante tres años en el territorio del Turquestán. Hay que hablar con franqueza, describir el cuadro verdadero de la situación en el Turquestán, y entonces se abrirán los ojos de nuestros jefes. Vendrán al Turquestán y corregirán las cosas.

Lanzo esto a todos los camaradas turquestanos, tanto sin partido como del partido.

Precisamente para que la historia del Turquestán no se repita en otras partes del mundo musulmán, advierto a nuestro poder que en la política que se lleva desde hace tres años conocemos todas las deficiencias, y decimos: ¡retirad a vuestros contrarrevolucionarios, retirad a vuestros elementos advenedizos que siembran la discordia nacional, retirad a vuestros colonizadores, que trabajan ahora bajo la máscara del comunismo! *(Aplausos tempestuosos, gritos de «¡Bravo!».)*

Camaradas, no hablaré mucho; solo recordaré las palabras sagradas del jefe mundial, el camarada Lenin, de que él está solo y debemos ayudarle por todos los medios.

Tenéis delante sus famosas palabras y las guardáis en el alma, y después de esas palabras nadie puede decir que el poder soviético nos desee mal. Es posible que entre ellos haya provocadores, demagogos, pero hay que aniquilarlos sin piedad, como habéis aniquilado a los contrarrevolucionarios.

Los contrarrevolucionarios declarados no nos dan miedo; nos los encontrábamos en los frentes de combate. Pero hay, camaradas, entre vosotros personas que bajo la máscara del comunismo arruinan todo el poder soviético, estropean toda la política soviética en Oriente, y debemos declarar sin miedo: ¡abajo esos provocadores, esos demagogos que estropean la idea fundamental del poder soviético! *(Aplausos tempestuosos, gritos de «¡Abajo!».)*

Pues bien, después de estas palabras debo decir lo siguiente: la posición teórica del poder soviético respecto a Oriente está expuesta con la mayor nitidez en el llamamiento a todos los musulmanes trabajadores de Rusia y de Oriente. El Consejo de Comisarios del Pueblo, con la firma del propio camarada Lenin, se dirigió en noviembre del 17 con un llamamiento especial a todos los musulmanes trabajadores de Rusia y de Oriente[^40]. En ese histórico llamamiento, junto a las palabras de que el tratado sobre el reparto de Turquía y la separación de Armenia queda roto y anulado, y de que Constantinopla debe quedar en manos de los musulmanes, figuran estas otras: «En adelante vuestras creencias y costumbres, vuestras instituciones nacionales y culturales se declaran libres e inviolables. Organizad vuestra vida nacional libremente y sin obstáculos. Tenéis derecho a ello. Vosotros mismos debéis ser los dueños de vuestro país. Vosotros mismos debéis organizar vuestra vida a vuestra imagen y semejanza».

¿Podemos, después de estas palabras, apartarnos del poder soviético?

Pero he aquí que en el camino vienen a nosotros musulmanes y nos dicen que se pisotean nuestras creencias, que no nos dejan rezar, que no nos dejan enterrar a nuestros muertos según nuestras costumbres y nuestra religión. ¿Qué es esto? No es otra cosa que sembrar la contrarrevolución entre las masas trabajadoras.

Quizá ocurra lo mismo en otros lugares, pero declaro en nombre de los sin partido —y quizá los comunistas se sumen a ello— que a partir de este famoso congreso de hoy nuestro poder soviético debe llevar respecto a Oriente una política definida. Entonces los pueblos orientales se incorporarán al poder soviético no solo sobre el papel, sino con las armas en la mano, y entonces ningún poder del mundo podrá resistir el empuje de las masas de muchos millones de los pueblos de Oriente junto con el proletariado y el campesinado de Rusia.

¡Viva el Oriente oprimido!

¡Vivan los verdaderos comunistas que quieren aplicar estos principios en los hechos y sin reservas!

¡Vivan nuestros jefes, los jefes del proletariado mundial, los camaradas Lenin, Trotski, Zinóviev y otros!

*Tadzháyev* traduce al turco; otros traducen al turco de Turquía, al persa y al checheno.

**Karkmásov.** Camaradas, tomo la palabra a propósito del debate; tendré que hablar en ruso y traducirme yo mismo al cumuco, de modo que traducir ahora además a otro orador al cumuco está, por mi enfermedad, por encima de mis fuerzas. Ruego al camarada Alíyev que me sustituya.

*El traductor* traduce al cumuco.

**El presidente.** Como último de los oradores inscritos, tiene la palabra el camarada Karkmásov.

**Karkmásov.** Camaradas, con su llamamiento ardiente e inspirado, con el que el camarada Zinóviev nos convocó a la lucha contra el imperialismo mundial, despertó en el corazón de todos los miembros del congreso sentimientos que ya antes animaban a los montañeses pobres. Desenvainando los sables, desenvainando sus puñales, apenas lavados de la sangre de los voluntarios, los montañeses pobres han mostrado que también ahora, como siempre, están dispuestos a seguir a sus grandes jefes para entrar en el combate sangriento, decisivo y final con los depredadores y canallas del imperialismo mundial en nombre de la liberación de los oprimidos de Occidente y de Oriente. *(Aplausos tempestuosos.)*

Camaradas, ¿qué discursos y qué debates puede haber después de esta decidida manifestación vuestra? Son incomprensibles y ajenos a los montañeses pobres.

Reunidos en su congreso hace un mes, los montañeses pobres, e incluso los alimes, lanzaron a todos los oprimidos de Oriente el llamamiento al gazavat, a la guerra santa: ¡no deponer las armas mientras no perezca el enemigo de todos los pobres del mundo y de los trabajadores de todos los pueblos! *(Aplausos.)*

Los montañeses pobres no necesitan palabras. Desde el comienzo de la gran revolución social han librado una lucha ininterrumpida no solo contra los contrarrevolucionarios interiores —el imán, el gobierno de la Montaña—, sino también contra los imperialistas exteriores, turcos e ingleses, y contra los mercenarios de estos, los partidarios de Bicherájov[^41] y de Denikin. Y se comprende, camaradas, que después de soportar toda esta lucha increíblemente dura, los montañeses pobres no puedan pronunciar ahora palabras equívocas y quejas de ninguna clase.

Sin embargo, camaradas, permitidme contaros en pocas palabras lo que ha ocurrido en estos tres años, para ilustrar con hechos de la vida local, de la vida de las masas trabajadoras del Cáucaso del Norte, que es un puente vivo entre Oriente y Occidente, las grandes verdades que han expresado aquí nuestros camaradas Zinóviev y Rádek sobre la política internacional y la lucha contra el imperialismo internacional.

Gracias a su lucha abnegada, camaradas, después de una lucha como no la ha conocido ninguna revolución ni ningún pueblo, los obreros y campesinos rusos conquistaron la libertad y regalaron esa libertad, como en bandeja, a los pueblos de Oriente.

¿Y qué ocurrió?... Se encontraron clases dominantes —príncipes, kanes, beyes, ricos, mulás— a las que se les ocurrió levantarse como un muro entre la gran revolución social y los montañeses pobres martirizados. Entonces esos parásitos, gracias a las intrigas de los imperialistas turcos y de los ingleses, sacaron a escena un ídolo, el imán, como instrumento religioso para oprimir a las masas trabajadoras.

¡Qué comedia! Después del gran Shamil[^42], que defendió a los montañeses pobres contra los kanes, agentes de la autocracia, Nazhmudín Gotsinski[^43], un criminal de derecho común al que incluso el gobierno zarista había metido en la cárcel, fue elevado a la dignidad de imán. ¿Cómo respondieron los montañeses pobres a esta comedia, la toleraron? No: los montañeses pobres abrieron la guerra civil. Ningún esfuerzo de los panislamistas y panturquistas, ningún empeño de los ingleses y de los agentes de Nicolás alcanzaron, sin embargo, su objetivo. No había pasado un año y el imán fue derribado incluso por quienes más se habían esforzado por él; lo apodaron no imán, sino Iván. Los pobres del Daguestán, dirigidos por sus socialistas, uniéndose a los destacamentos rojos, proclamaron en el Daguestán el poder soviético. Es difícil transmitiros el estado de ánimo jubiloso que vivían los trabajadores. Este poder es nuestro poder, el poder de los pobres, decían.

¿Acaso, después de esto, podemos pronunciar palabras como las que se acaban de decir aquí? ¿Estas quejas son ajenas a nuestros pobres?

Camaradas, sin embargo, apoyados por la contrarrevolución que hacía estragos en Rusia, los príncipes, generales y terratenientes de la Montaña, vencidos por la revolución en las montañas en su apuesta por el imamato, y conscientes de que en las masas eran fuertes las simpatías por el pueblo turco, volvieron sus miradas hacia aquella Turquía donde dominaban diversos pachás, beyes y todos los que viven a costa del pueblo trabajador. ¿No vendría de ellos ayuda para aplastar a los montañeses pobres? En efecto, llegaron los turcos. Lamento mucho no ver aquí al personaje que tanto se esforzó en organizar la contrarrevolución de la Montaña, Enver Pachá[^44], quien en el palacio de los viejos sultanes, olvidando los ideales de los primeros Jóvenes Turcos, organizó, junto con Chervomóyev, Kotsov y demás generales de Nicolás II, la contrarrevolución para aplastar el poder soviético *(Aplausos.)*

Llegaron los turcos, ¿y qué hicieron? Los Jóvenes Turcos, Yusuf Izzet Pachá, Nuri Pachá y otros diversos pachás y beyes, de toda laya, que habrían debido obtener victorias en los distintos frentes de las guerras imperialistas tan queridas a su corazón, llegaron al Daguestán para crear un frente contra los trabajadores y, gracias a la ayuda de los cosacos de Bicherájov y de los oficiales de Nicolás, consiguieron derribar por un tiempo el poder soviético en el Daguestán.

¿Pero qué dieron a cambio de ese poder a los pobres del Daguestán? La dictadura unipersonal del príncipe Tarkovski. Así se formaba la ideología de los Jóvenes Turcos en el gran momento de la revolución social. No encontraron otra solución a sus necesidades. En torno a este contrarrevolucionario, en torno a este traidor a su pueblo, se agruparon después toda clase de aventureros —los Kotsov, los Chervomóyev, etc.— y proclamaron una mítica República de la Montaña. Pero no habían pasado unos meses cuando, después de saquear al pueblo trabajador y de vender las armas dejadas por los turcos, que huían a su tierra ante un imperialista más fuerte, los ingleses, y no teniendo ya nada que saquear, esta banda de aventureros entregó al pueblo montañés como botín a las bandas de los voluntarios. Así se representó la lamentable comedia bajo la razón social de «gobierno de la Montaña». Los voluntarios, considerando que los turcos y sus protegidos no habían hecho todo lo necesario para aplastar a los bolcheviques, y apoyados, por otra parte, por los ingleses, abrieron una furiosa campaña contra todos los partidarios del poder soviético, contra personas aisladas y comunidades enteras. Los turcos detenían a los bolcheviques e imponían contribuciones a las aldeas bolcheviques, y los voluntarios decidieron que habían hecho poco, que los contrarrevolucionarios debían hacer todavía más, y abrieron un verdadero frente contra los montañeses pobres. Esta lucha heroica, que duró casi un año, la conocéis, camaradas; tiñó el Daguestán del color de su sangre, derramada por la gloriosa bandera roja. *(Una tempestad de aplausos.)*

También sabéis, camaradas, cómo los montañeses pobres, en esos mismos largos meses de lucha, tuvieron que defenderse también de los agentes del Musavat, de los contrarrevolucionarios turcos que abrieron un frente interior, en la persona de Nuri Pachá, otro contrarrevolucionario, hermano de Enver Pachá. La lucha fue trágica. Camaradas, los montañeses quisieron prestar su pequeña ayuda al gran Ejército Rojo, que también batía allá, en los campos de Rusia, a la contrarrevolución. La lucha se coronó con la victoria. Los guerrilleros rojos de la Montaña, hacia el final del duodécimo mes, tomaron las ciudades de Temir-Jan-Shurá, Derbent y Petrovsk y con las banderas rojas se encontraron con los primeros destacamentos del gran Ejército Rojo. Por eso, camaradas, entre los montañeses pobres no puede haber discursos sobre detalles, sobre asuntos domésticos de los que ha hablado el camarada turquestano, cuando se trata de la revolución mundial. Nos espera una gran guerra mundial. Debemos decir, y decimos, a los canallas imperialistas mundiales de Francia, Inglaterra y América que ya antes del Congreso de los Pueblos de Oriente, antes del llamamiento de nuestros jefes, abrimos el gazavat, la guerra santa contra vosotros, ¡y mañana entraremos en combate con vosotros con las armas en la mano! *(Aplausos ruidosos.)* Por eso, camaradas, permitidme terminar con un llamamiento: ¡vivan los pueblos oprimidos de Oriente!

¡Vivan las masas trabajadoras oprimidas de Occidente!

¡Viva su alianza bajo la bandera roja de la III Internacional! *(Gritos, aplausos.)*

¡Viva su alianza fraternal bajo la dirección de los grandes jefes, los camaradas Lenin, Trotski y Zinóviev, para aplastar a los enemigos del imperialismo y del capitalismo mundiales! *(Aplausos.)*

*Karkmásov* da la traducción al cumuco.

**El presidente.** Ruego atención; ahora se hará la traducción al turco.

*Una voz:* «En turco se ha entendido; solo hace falta en persa».

**El presidente.** Ocurre que el discurso anterior se tradujo al turco y nos llegaron declaraciones de que no se había entendido, y los delegados pidieron que este discurso se tradujera al turco; por eso lo traducimos. Ruego atención.

*Buniat-Zadé* da la traducción al turco.

**Zinóviev.** Camaradas, anuncio que es necesario terminar las elecciones a la sección. Todavía no todos los albergues han hecho estas elecciones, y hay que hacerlas sin falta. Después, a las 6 de la tarde, habrá la sesión siguiente. Y ahora haremos una pausa para comer. *(Traducción.)*

*Se levanta la sesión a las 3 de la tarde.*

## Cuarta sesión, sábado 4 de septiembre de 1920

*Se abre la sesión a las 8 de la tarde. Preside el camarada Zinóviev.*

**El presidente.** Declaro abierta la IV sesión del Congreso de los Pueblos de Oriente.

Antes de pasar a nuestros trabajos ordinarios, quería comunicaros una decisión que acaba de tomar el presidium de nuestro congreso. El presidium de nuestro congreso ha discutido la cuestión de cuándo debe el congreso llevar a cabo sus trabajos para que podamos terminarlos según un plan determinado. El presidium ha llegado a la conclusión de que hay que terminar el trabajo el día 9, de modo que tenemos cinco días a nuestra disposición. Para terminar el trabajo en cinco días, el presidium considera necesaria una serie de medidas para abreviar nuestros debates y, por eso, ha previsto lo siguiente: ante todo, reducir el número de oradores invitados. Naturalmente, desearíamos mucho que todos los camaradas extranjeros que han venido aquí pudieran hablar, pero, por desgracia, el congreso no dispone de tanto tiempo como para escuchar a todos. Por eso damos la palabra solo al camarada inglés y al francés, en el entendido de que los discursos de los representantes de América, de los Balcanes, de España, de Holanda, de Austria, del Japón y otros se publicarán en la prensa y se añadirán al acta de nuestro congreso. Además, el presidium propone traducir los discursos solo a tres lenguas oficiales: ruso, turco-azerbaiyano y persa. Además, pedir a los camaradas delegados que no entienden estas lenguas que hagan como hicimos en Moscú en el Congreso de la Internacional Comunista: los camaradas que no entienden la lengua del orador se sientan juntos, procurando tener entre ellos a un camarada que entienda esa lengua y sea capaz de explicárselo. En caso necesario, cuando en la sala ya se esté traduciendo a una de las lenguas, ellos traducen en los pasillos y en la calle. Esto, naturalmente, es incómodo, pero todavía es más incómodo alargar el congreso sin fin. Hoy solo dos oradores han hablado 15 minutos cada uno, y el resto del tiempo se ha ido en la traducción, y en eso se ha ido una sesión entera. Además, el presidium ha decidido que los camaradas traductores abrevien al traducir y den solo un resumen, de modo que la traducción de un discurso dure unas cuatro veces menos que el discurso del orador. Hasta ahora ha sido al revés: la intervención del traductor duraba incomparablemente más que el discurso del orador. Creemos que en un congreso tan enorme como el nuestro hay que llevar las cosas con más economía. Ruego a los traductores que traduzcan.

*(Traducción.)*

Camaradas, hay otra comunicación del presidium. Propone que el congreso tenga a bien designar de entre los miembros del presidium a dos vicepresidentes; por su parte, el presidium propone que esos vicepresidentes sean Narbutabékov y Narimánov. Además, el presidium del congreso pide que se confirme a dos mujeres, representantes de la parte femenina del congreso.

Para acelerar el trabajo, el presidium ha decidido que las sesiones plenarias del congreso se celebren todos los días a partir de las 5. Hasta las 11, sesión del pleno, y de las 11 a las 2, sección o fracción. Por último, quería comunicaros el reglamento que propone el presidium. Ponente, una hora; coponente, 30 min. Resumen final, 15 min.; intervención de los oradores, 10 min.; los oradores no intervienen más de dos veces; se da la palabra a uno a favor y a otro en contra. El ponente contesta de una vez a todas las preguntas formuladas. Por alusiones se da la palabra al final de la sesión. La palabra se concede solo por escrito. Las declaraciones se presentan por escrito. *(Traducción.)*

**El presidente.** Camaradas, como todas estas propuestas del presidium se han aprobado por unanimidad, me permito pedir al congreso que las confirme. Quienes estén en contra de la propuesta del presidium, que levanten la mano.

*El traductor* traduce al turco.

**El presidente.** Quienes estén a favor de confirmar la propuesta del presidium, que levanten la mano después de la traducción.

*(Traducción.)* Pueden bajar las manos. ¿Quién está en contra? Nadie. Todo esto queda aprobado. Pasamos a lo siguiente. Damos la palabra en primer lugar al delegado del Partido Comunista Unificado de Inglaterra, el camarada Quelch.

**Quelch.** *(En inglés.)*

**El presidente.** La traducción al ruso la hará el camarada Petrov.

**Petrov.** El camarada Quelch empieza su discurso con una cita de Marx. Karl Marx decía que la clase obrera de Gran Bretaña solo será realmente libre cuando también los pueblos de las colonias inglesas sean libres; por eso está él aquí, en este congreso, como representante del Partido Comunista inglés, porque este partido es consciente de que esa verdad, expresada por Karl Marx, es indiscutible.

El camarada Quelch dice que el enemigo de la clase obrera británica, los capitalistas ingleses, es al mismo tiempo el enemigo de los pueblos de Oriente, del Oriente oprimido.

Por eso la lucha de la clase obrera inglesa contra el capitalismo británico es al mismo tiempo también vuestra lucha, la lucha de los pueblos oprimidos de Oriente.

El imperialismo británico oprime y saquea en este momento a cientos de millones de personas de Irlanda, la India y otros países. En Irlanda la situación es en este momento grave; se libra una lucha decisiva. El pueblo irlandés lucha por su independencia. Pese a la presencia en Irlanda de un número enorme de soldados ingleses, el pueblo irlandés lucha heroicamente y con éxito por su independencia. Lo mismo ocurre, dice el camarada Quelch, en la India, oprimida durante siglos por el capitalismo británico, y hasta hoy los capitalistas ingleses extraen todas las riquezas de la desdichada India hambrienta.

Más aún: para asegurar su poder en la India, el imperialismo británico se apodera de Asia Central y extiende su dominio por toda Asia. El imperialismo británico, dice el camarada Quelch, se parece a un monstruo que nunca puede saciarse. Es voraz, se apodera cada vez más de territorios y oprime a sus pueblos.

La clase obrera británica es consciente de ello y en sus congresos ha protestado repetidamente contra esta política del imperialismo británico. Los obreros organizados ingleses han exigido y exigen en sus congresos el derecho de autodeterminación para todos los pueblos y nacionalidades *(Aplausos.)* Buscan la liberación completa de todos los pueblos que en este momento oprime el imperialismo británico. El camarada Quelch continúa: consciente de que la lucha de la clase obrera inglesa se dirige contra vuestros mismos enemigos, es decir, contra el imperialismo inglés, el Partido Comunista inglés ha enviado en este momento representantes a Rusia y aquí; pero pronto llegará el momento en que los representantes del proletariado inglés puedan prestar una ayuda más seria en nuestra lucha por liberarnos del imperialismo británico.

El imperialismo británico le sale muy caro al proletariado inglés. Las fronteras del Imperio británico están rodeadas de huesos de obreros ingleses muertos para gloria del imperialismo británico.

La R. S. F. S. R. está a la cabeza de todos los obreros y de todos los pueblos oprimidos y libra una lucha decidida por la liberación completa de la humanidad.

Es natural, por eso, que los obreros ingleses, franceses, alemanes y austriacos, y los obreros de otros países, acudan en número cada vez mayor bajo las banderas de la R. S. F. S. R., bajo la bandera del comunismo.

En este momento la Rusia soviética negocia con el gobierno capitalista británico, pero los obreros ingleses saben que esas negociaciones y la paz temporal a la que aspira la República rusa solo servirán de nueva posición para continuar esta lucha. Los obreros de Inglaterra y de otros países de Europa occidental tienen plena confianza en la República Soviética Rusa y la apoyan en todos sus pasos, en toda su política.

Este gran congreso, dice el camarada Quelch, demuestra que también vosotros, los pueblos de Oriente, vais juntos tras la República Soviética Rusa en su lucha por la liberación de la humanidad. Dice que en Inglaterra la clase obrera se prepara para tomar el poder político, que en Inglaterra madura la revolución social *(aplausos)*, y está seguro de que los pueblos de Oriente marcharán junto con el proletariado revolucionario bajo las banderas de la Internacional Comunista hasta la victoria completa y la destrucción del viejo mundo, para crear un mundo nuevo de libertad y de felicidad de la humanidad.

Termina su discurso con estas exclamaciones:

«¡Abajo el imperialismo internacional, viva la República Soviética Rusa! ¡Viva la República Soviética mundial! ¡Viva la Internacional!» *(Aplausos.)*

*Traducción* al turco y al persa.

**El presidente.** La palabra siguiente corresponde al representante de los obreros franceses, delegado del Comité de París de la III Internacional, el camarada Rosmer *(Aplausos.)*

**Rosmer.** *(En francés.)*

**El presidente.** El discurso lo traducirá el camarada Pávlovich.

**Pávlovich.** He venido a Rusia, dice el camarada Rosmer, para asistir al II Congreso de la Internacional Comunista. He considerado mi deber venir aquí, a Bakú, para transmitir el saludo de los obreros y campesinos de Francia a los pueblos oprimidos de Oriente.

Cuando empezó la guerra mundial, la prensa burguesa de todos los países aseguraba que esta guerra mundial traía la libertad a las naciones oprimidas frente a la Alemania bárbara. Pero si así fuera, dice Rosmer, ¿por qué las grandes potencias no empezaron por dar la libertad a los pueblos que ellas mismas oprimen? ¿Por qué Inglaterra no dio la libertad a Irlanda? ¿Por qué mantiene bajo su yugo a la India de trescientos millones? ¿Por qué Francia, que decía luchar contra la barbarie alemana, oprime y somete a Marruecos, Túnez, Argelia y otros países musulmanes?

Cuando acabó la guerra, Francia e Inglaterra intentaron quitar a estos pueblos incluso las míseras concesiones que les habían hecho. Cuando había que luchar contra los alemanes, cuando había que movilizar a cientos de miles de argelinos, tunecinos y marroquíes, se les prometieron diversas libertades, y al día siguiente de la derrota de Alemania todas esas míseras libertades les fueron arrebatadas; y cuando los representantes de Túnez enviaron una delegación a Francia, hicieron constar que 45.000 tunecinos habían caído en el campo de batalla y recordaron las promesas que se les habían hecho, esos mismos delegados fueron encarcelados, y los periódicos indígenas que se permitieron exponer su declaración fueron cerrados y confiscados.

Así se actúa en Francia, así se actúa en Inglaterra, así actúan todas las grandes potencias con los países de cuya sangre se sirvieron para defenderse del imperialismo alemán. ¿Pero cómo explicar que ahora, después de la guerra, los Estados europeos se vean obligados a explotar a la población de África y de Asia como nunca la habían explotado antes? Se explica muy sencillamente: como resultado de la guerra, de la bancarrota y de la ruina, la productividad del trabajo cae; el obrero francés no quiere trabajar para el capitalista como antes, no se le puede obligar a trabajar. Y he aquí que han ideado un remedio: quieren aplastar todavía más a la población indígena de Asia y de África, convertirla en esclavos a los que se obligará a trabajar no solo por sí mismos, sino también por los obreros franceses e ingleses. El mundo indígena debe comprender el peligro que lo amenaza. Debe unirse en torno a la Rusia soviética, ese paladión de la independencia de los pueblos de Oriente, y alzar la bandera de la insurrección y de la lucha sagrada contra el mundo capitalista.

¡Viva la III Internacional! *(Aplausos.)*

**El presidente.** Hará además una breve traducción el camarada Karkmásov.

*Karkmásov* traduce.

**El presidente.** La última palabra, al representante de la India, el camarada Fazli Kadyr.

**Fazli Kadyr.** *(En persa.)*

**El traductor.** Camaradas, el representante de la India saluda al I Congreso de los Pueblos de Oriente y dice que los pueblos de la India, que se consumen bajo el yugo del capitalismo inglés, esperan ayuda de vosotros y de la Rusia soviética, que lleva adelante la bandera revolucionaria del proletariado mundial; y nosotros, dice, esperábamos desde hace tiempo este congreso, esperábamos que todos los pueblos de Oriente se unieran y nos liberaran del capitalismo mundial.

¡Viva —termina su discurso— la revolución mundial, viva la unión de todos los pueblos de Oriente!

### Declaración de la Organización Revolucionaria India en el Turquestán

A los camaradas delegados del II Congreso de la Internacional Comunista en la ciudad de Bakú[^45].

La Organización Revolucionaria India en el Turquestán pide, en nombre de los trescientos quince millones de personas del pueblo oprimido de la India, que los delegados de este congreso y los representantes de la Rusia soviética, que se han reunido aquí con el fin de liberar a la humanidad, ayuden a la India, que tanto necesita su ayuda. Todos los que aspiran a la liberación esperan que esa ayuda se preste sin ninguna injerencia en la vida interna y religiosa de quienes esperan liberarse del yugo del capitalismo y del imperialismo. Todos los revolucionarios se dirigen a Rusia en busca de ayuda en su lucha por realizar sus programas nacionales. En toda la cuestión oriental destaca sobre todo un hecho importante, cuya importancia no se puede negar, a saber, que la India, y solo la India, es la causa real de los conflictos graves en este mundo. La historia ha mostrado repetidas veces que la libertad de la India significa la libertad del mundo y el fin de todas las guerras. De la enorme población de la India, los crueles ingleses toman por la fuerza hombres para el ejército con el fin de invadir otras naciones.

La Organización Revolucionaria India está en condiciones de probar este hecho y de hacerlo ante el I Congreso de los Pueblos de Oriente en Bakú. La organización pide que el congreso le preste en el plazo más breve la máxima ayuda, que tan necesaria es para la India.

El presidente de la Organización Revolucionaria India, *Mohamed Abdur Rab Berk*.

Taskent, 10 de agosto de 1920.

**El presidente.** Para terminar, para una breve declaración en nombre del Partido Comunista Balcánico, tiene la palabra el camarada Shablin.

**Shablin.** Camaradas, en nombre de la Federación Comunista Balcánica, de la que forman parte los partidos comunistas búlgaro, yugoslavo, griego y rumano, estoy autorizado para declararos a vosotros, delegados de los pueblos de Oriente, que nosotros, los pueblos balcánicos, estamos tan oprimidos y esclavizados por los bandidos mundiales de Inglaterra y Francia como vosotros, y que vuestra lucha es también nuestra liberación.

La victoriosa revolución rusa, que se está convirtiendo en revolución mundial, os muestra el camino de la gran lucha para liberarse de una vez para siempre de la explotación del hombre por el hombre.

Frente al frente único de los opresores imperialistas, levantaremos el frente único de los pueblos oprimidos y esclavizados del mundo entero.

¡Viva la gran solidaridad proletaria!

¡Viva la liberación de Oriente!

¡Viva la alianza de los trabajadores de todo el mundo!

**El presidente.** A los camaradas representantes de América, Japón, España, Holanda y Austria nos vemos obligados, por desgracia, a privarlos de la palabra por falta de tiempo, y pedimos permiso para publicar sus discursos en los periódicos y también en las actas de nuestro congreso *(Voces: «¡Sí, sí!»)*.

Además, camaradas, dos destacados políticos turcos que se encuentran en Bakú y que no son delegados de nuestro congreso han enviado por escrito al presidium sus declaraciones, y como estas declaraciones tienen gran importancia política, el presidium ha decidido darlas a conocer desde la tribuna y en la prensa. Una es de Enver Pachá y la otra de Ibrahim Tali, representante del gobierno popular turco de Anatolia.

Vamos a leer ahora ambas declaraciones. *(«¡Sí, sí!». Traducción.)*

**El presidente.** Tiene la palabra el camarada Ostrovski para dar lectura a la declaración. *(Ruido, exclamaciones.)* Camaradas, os ruego que mantengáis la calma.

### Declaración de Enver Pachá

Camaradas, expreso mi agradecimiento, en mi nombre y en el de mis camaradas, a la III Internacional y a su presidium, que nos ha dado la posibilidad a nosotros, que combatimos contra el imperialismo y el capitalismo mundiales, de reunirnos hoy en Bakú.

Camaradas, nos consideramos felices de que, frente al imperialismo y al capitalismo, al que no le basta con saquearnos y desnudarnos por completo, sino que trata de beber nuestra sangre y aniquilarnos, y frente a los políticos europeos mentirosos, estemos hoy hombro con hombro con un aliado fiel y veraz: la III Internacional.

Camaradas, cuando Turquía entró en la guerra, el mundo estaba dividido en dos campos. En uno estaba la vieja Rusia zarista, imperialista y capitalista, y sus aliados; en el otro, la Alemania del mismo tipo y sus aliados. De estos dos grupos, nosotros, luchando contra la Rusia zarista, Inglaterra y sus amigos, que aspiraban a estrangularnos y aniquilarnos por completo, combatimos del lado de Alemania, que consentía en regalarnos al menos la vida.

Los imperialistas alemanes nos utilizaron para sus fines de bandidaje. Pero nuestro deseo era solo conservar nuestra independencia.

Camaradas, el sentimiento que nos arrancó de una tranquila vida de refugiados y nos llevó a los desiertos ardientes de Trípoli y bajo las pobres tiendas de los beduinos, y nos hizo pasar con ellos la parte más dura de nuestra vida, no era un sentimiento imperialista. Tratábamos de salvar Trípoli para los tripolitanos y nos alegramos ahora de que, tras nueve años de lucha, hayan conseguido expulsar a los imperialistas italianos. Respecto a Azerbaiyán tampoco teníamos otra intención. Consideramos que Azerbaiyán pertenece a los azerbaiyanos. Si caímos en una posición falsa, fue nuestra desgracia.

Camaradas, durante la guerra mundial ocupé un puesto de la mayor importancia. Os aseguro que lamento que nos viéramos obligados a combatir del lado del imperialismo alemán. Odio y maldigo al imperialismo alemán y a los imperialistas alemanes tanto como al imperialismo inglés y a los imperialistas ingleses. A mi juicio, todos los que pensaban en enriquecer a los que no trabajan merecen ser aniquilados. Este es mi punto de vista sobre el imperialismo.

Camaradas, os aseguro que si la Rusia de hoy hubiera existido entonces y hubiera hecho la guerra con sus fines de hoy, nosotros, como ahora, nos habríamos puesto con toda energía de su lado. Para demostrar con más claridad la sinceridad de mi pensamiento, diré que en el momento en que decidimos actuar conjuntamente con la Rusia soviética y empezamos a hacerlo, el ejército de Yudénich estaba cerca de Petrogrado, Kolchak tenía en sus manos los Urales, Denikin se acercaba a Moscú por el sur. La Entente, que movía estas fuerzas y daba ya la partida por ganada, enseñó sus dientes rapaces y se frotaba las manos con satisfacción. Tal era la situación cuando tratamos de hacernos amigos de Rusia. Si las tormentas del mar Negro no me hubieran rechazado, rompiendo los mástiles de mi barco, si las rejas de las cárceles de Kovno y de Riga y la caída de los aeroplanos en que subía no me hubieran retenido, habría llegado hasta vosotros en el momento más difícil para Rusia y no tendría que contar estas cosas superfluas para dar explicaciones a algunos camaradas.

Camaradas, sabéis que en la contienda imperialista de esta guerra mundial fuimos vencidos. Pero desde el punto de vista de la guerra de los oprimidos, no nos reconozco como vencidos, porque Turquía, por el cierre de sus estrechos, se convirtió en uno de los factores que llevaron al derrumbe de la insaciable Rusia zarista y a que en su lugar llegara la aliada natural de todos los oprimidos, la Rusia soviética. Así contribuyó a que se abriera un nuevo camino para la salvación del mundo. Desde el punto de vista de los oprimidos, considero esto una victoria.

Camaradas, el ejército que libra en este momento una lucha heroica contra el imperialismo y que saca su fuerza del campesinado, como ya he dicho, no fue vencido: solo bajó los brazos por un tiempo. Y ahora, después de 15 años pasados en la lucha contra ese mismo enemigo, lleva ya el segundo año luchando sin cesar en medio de las mayores privaciones. La lucha actual no se puede comparar con la anterior. Al ver que ahora el mundo oriental ha entrado en alianza con la III Internacional y que los oprimidos de todo el mundo apoyan sus justas reivindicaciones, se ha llenado de una firme esperanza en la victoria.

Camaradas, la fase más tensa de la guerra mundial, iniciada ya con la guerra del Transvaal, se desarrolló entre los imperialistas de 1914 a 1917 y llegó a su fin. Pero la guerra ha entrado ahora en un período decisivo, y terminará sin falta con nuestra victoria, es decir, con la victoria de los oprimidos, y no solo con la deposición de las armas por parte del imperialismo y del capitalismo, sino con su completa destrucción.

El presente congreso da nuevas fuerzas al Ejército Rojo, que derrama su sangre en defensa de los oprimidos, y también a los combatientes turcos. Asimismo, este congreso contribuirá a que la lucha termine con nuestra victoria, es decir, con la victoria del derecho. Hacia la III Internacional no nos ha llevado solo el deseo de encontrar apoyo en la lucha que hemos emprendido. Quizá la causa sea a la vez la afinidad de principios. Siempre hemos sacado nuestra fuerza revolucionaria del pueblo, de la parte oprimida del pueblo, es decir, de los campesinos. Si nuestros obreros de fábrica hubieran sido fuertes, los habría mencionado en primer lugar. Sin embargo, también ellos estaban con nosotros. Trabajaban en cuerpo y alma junto con nosotros. Así es también ahora. De este modo nos apoyábamos en la parte oprimida del pueblo. Sentimos su dolor, vivimos con él y moriremos con él.

Camaradas, teniendo en cuenta la voluntad del pueblo, estamos por concederle el derecho de autodeterminación. Nos consideramos unidos por lazos firmes para toda la vida con quienes quieren vivir con nosotros; a quienes no lo quieren, deseamos concederles el derecho de decidir ellos mismos su destino. Este es nuestro punto de vista sobre la cuestión nacional.

Camaradas, estamos contra la guerra, es decir, contra que los hombres se estrangulen unos a otros por el poder. Y para alcanzar la paz eterna vamos junto con la III Internacional, y por eso en este momento, contra todos los obstáculos, libramos una lucha sangrienta y la continuamos.

Camaradas, queremos la felicidad de los trabajadores, es decir, estamos contra que los especuladores, sean extranjeros o del país, disfruten de los frutos del trabajo ajeno. Con ellos hay que proceder sin miramientos. Queremos que nuestro país disfrute de los frutos del trabajo común mediante el desarrollo de la agricultura y de la industria en gran escala. Tal es nuestro pensamiento en la cuestión económica.

Camaradas, estamos convencidos de que solo un pueblo consciente puede alcanzar la felicidad y la libertad. Queremos que un saber sólido, unido al trabajo y que nos asegure la verdadera libertad, ilustre a nuestro país, y en esto no reconocemos diferencia entre hombres y mujeres. Este es nuestro pensamiento sobre la política social.

Camaradas, os declaro que la unión de las organizaciones revolucionarias de Marruecos, Argelia, Túnez, Trípoli, Egipto, Arabia e Indostán, que me ha enviado como su representante, es en este sentido plenamente solidaria con vosotros. Está plenamente convencida de que, empleando todos los medios revolucionarios, conseguirá romper los dientes a las fieras rapaces y dejarlas definitivamente sin fuerzas.

Camaradas, las manos alzadas con este fin se tienden unas a otras. Estrecho la mano de todos los que trabajen con nosotros hasta el final de esta lucha, que durará mucho, pero que terminará solo con nuestra victoria. Les deseo éxito.

¡Viva la alianza de los oprimidos!

¡Abajo los opresores, que tiemblan ante esta alianza!

**El presidente.** Para traducir la declaración de Enver Pachá al turco se concede la palabra al camarada Magomed Emín.

*Magomed Emín* traduce.

**El presidente.** La siguiente declaración, del representante del gobierno de Angora[^46], Ibrahim Tali, la dará a conocer el camarada Ostrovski.

### Declaración de Ibrahim Tali

El imperialismo mundial, que provocó la explosión en el centro de Europa y tendió sus manos hacia las arterias vitales de Turquía, al cabo de cuatro años dejó a Turquía en un estado de completo agotamiento.

El campesino turco, que al empuñar las armas no tenía otro fin que asegurar sus fronteras nacionales y proteger sus fuerzas productivas de la explotación ajena, creyó las promesas del mentiroso profesor americano[^47] de que ahora se aseguraría ya a todos los pueblos el derecho a la vida y a la libertad y de que todos los que trabajan serían felices, y entregó sus armas.

Pero después, cuando vio que esas armas se dirigían contra él, que empezaban a destruir todos sus derechos sagrados en nombre de los capitalistas occidentales y que querían quitarle el último pedazo de pan, ese campesino turco se indignó de inmediato y se sublevó.

Camaradas, os explicaré aquí las causas y los factores que llevaron a esta sublevación, y también la naturaleza y la historia del nacimiento del gobierno surgido de ella. La sublevación de Anatolia tiene causas de dos clases: externas e internas. Las externas consisten en lo siguiente: el campesino turco, que durante cuatro años había luchado en más de 11 frentes contra los Estados burgueses más poderosos, sintió por fin un fuerte deseo de comer tranquilamente el pan que gana con el sudor de su frente y de vivir tranquilo en su aldea. Pero los capitalistas occidentales decidieron lanzar contra el campesino turco, al que habían quitado las armas, a sus secuaces, los griegos venizelistas por el oeste y los armenios dashnakes por el este. El campesino turco sabía que los imperialistas y sus secuaces actúan dondequiera que llegan con el fuego, la espada y las bombas, y que son bandidos, un pequeño grupo de los cuales arrebata por la fuerza los frutos del trabajo de la clase trabajadora. Pero, pensando que esta monstruosa decisión no se llevaría a cabo, el campesinado turco permaneció todavía tranquilo por un tiempo. Sin embargo, Francia, que afirmaba combatir por la libertad de los pueblos, no contenta con ocupar Siria, se apoderó además, entre incendios y violencias, de Adana, Marash y Yurknesh. Asimismo, el presidente del Consejo de ministros francés, que afirmaba actuar en interés de la civilización, después de haber asegurado la victoria sobre su país, se quitó la máscara y declaró públicamente desde el Palacio Borbón lo siguiente: «Para asegurar sus intereses económicos en Oriente, Francia debe aprovechar todas las minas situadas en la zona hasta Mosul. Y por eso consideramos necesario continuar nuestro avance sobre Mardin. Debemos tener en cuenta la importancia de las riquezas naturales que aquí se extraen desde el punto de vista de la industria francesa».

Camaradas, como resultado empezó la ofensiva contra nuestra única salida al Mediterráneo, contra Esmirna, lo que provocó la unión de los defensores de los derechos nacionales en el oeste y en el este contra los bandidos. Tras la ocupación de Esmirna, en el este, a propuesta de los adversarios de los imperialistas, es decir, a propuesta de la población de Erzurum y Trebisonda, se convocó en Erzurum una asamblea popular en la que se decidió defender sus derechos. Más tarde, en los congresos de Sivas y de Angora[^48], esta decisión se repitió y se confirmó.

Las causas internas se reducen a lo siguiente: el pobre campesino de Anatolia sufría desde hacía siglos la violencia y la arbitrariedad de la burguesía, estaba oprimido, atormentado por la enfermedad llegada de Estambul, la burocracia, por la dictadura tanto del poder del sultán como de los aristócratas, y también por los funcionarios parásitos que ese poder le enviaba; y ahora se ha despertado en él un sentimiento sagrado de indignación contra los aristócratas y pachás que ni un solo día vivieron la misma vida que él y que, mientras el campesino trabajaba en sus campos y moría de hambre, se entregaban a los placeres más bajos en magníficos palacios y villas a orillas del Bósforo, dilapidando los frutos del trabajo de la clase pobre y tratando siempre al campesinado con provocación. Con esta sublevación ha dado a entender que no dará ni un pedazo más de su pan a Estambul, a sus pachás, a sus beyes y a sus secuaces parásitos. Estas son, camaradas, las causas y los factores de la reciente revolución de Anatolia, de modo que no es en absoluto un movimiento que se apoye en la burguesía, como se entiende en Occidente. Hablándoos con franqueza, puedo señalaros que los cómplices del capitalismo occidental en Oriente —los dashnakes, los partidarios de Venizelos y también los viejos cortesanos, los pachás y sus secuaces, que utilizan la corte del sultán en interés del capitalismo inglés— se arrojaron en brazos de la Entente, mientras que los revolucionarios de Anatolia se volvieron hacia la revolución roja que se alza como la aurora en Oriente. Las clases cuyos intereses amenazaba este movimiento popular trataron en todas partes de hacer, con fuerzas conjuntas, la contrarrevolución. Y los contrarrevolucionarios, parásitos del pueblo, como el jeque Rejeb en Sivas, el jeque Eshref en Bayburt, y también la familia de los Chapanoğlu, acostumbrada desde hacía siglos a llevar una vida frívola y disoluta con los medios arrebatados al pueblo pobre, y además Yuzgada y otras personas semejantes, todos ellos juntos organizaban la sublevación, y en Estambul, donde la esclavitud del campesino de Anatolia se consideraba cosa natural, trataban, junto con Anzavur Pachá, de defender la religión.

Camaradas, el campesinado de Anatolia y los revolucionarios que quedaron en medio de estos criminales y bandidos se volvieron con entusiasmo, con alegría, hacia la revolución internacional, que según su convicción debe traer la liberación y la felicidad a toda la humanidad, y creen que su destino está ligado al destino de la III Internacional.

El gobierno popular y revolucionario, organizado, tras la disolución del Parlamento por los imperialistas, por los defensores de los derechos del pueblo y de los congresos populares, lo ha confirmado por medio de la delegación enviada a Moscú. Se siente feliz de que la mano que Anatolia tendió con corazón sincero haya sido aceptada con la misma sinceridad, y está dispuesto a aprovechar los resultados sociales y morales de esta revolución, cuyos principios considera salvadores para la humanidad.

Camaradas, de estas explicaciones se desprende que Anatolia, en su camino hacia el desarrollo de la instrucción, ha decidido defender su destino y su independencia hasta el último aliento de su último hijo. Y aceptará con plena sinceridad la mano amiga que le tiende la Rusia soviética.

¡Vivan la Rusia revolucionaria, que va por este camino, y su apoyo, el Oriente revolucionario!

**Zinóviev.** A propósito de las declaraciones que hemos escuchado, el presidium propone aprobar una resolución. El texto de esta resolución[^49] os lo leerá nuestro camarada húngaro Béla Kun.

**Béla Kun.** El presidium del Congreso de los Pueblos de Oriente ha decidido por unanimidad proponeros la siguiente resolución:

*Sigue la resolución «Sobre el movimiento nacional turco», aprobada por el congreso: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20Congreso%20de%20los%20Pueblos%20de%20Oriente#resolucion-sobre-el-movimiento-nacional-turco).*

*Ismaíl Hakki* hace la traducción de la resolución.

**El presidente.** Someto a votación la resolución que os ha propuesto por unanimidad el presidium. *(Ruido. Una voz: «¡Pido la palabra!».)*

El presidium propone que se vote sin debate, y según el reglamento usted está obligado a presentar una nota *(Una voz: «¡He presentado una nota!». Votación.)* Quienes estén a favor de la resolución leída, que levanten la mano. *(Ruido. Voces: «¡He presentado una nota!», «¡Permítanme desenmascararlo!».)*

Ruego que no se haga ruido. Somos 1.800 personas. Así es imposible. Pueden bajar las manos. ¿Quién está en contra? ¿Quién se abstiene? Queda aprobada la resolución *(Aplausos.)*

Camaradas, con esto hemos agotado los dos primeros puntos del orden del día. Proponemos que el congreso encargue al presidium redactar dos llamamientos y dirigirlos: un llamamiento a los pueblos de Oriente, en el que se describa en nombre de nuestro congreso la situación en Oriente, la opresión que sufren los pueblos de Oriente por parte del imperialismo inglés. Y que ese llamamiento termine con un llamamiento a la guerra santa de las masas trabajadoras contra los bandidos de Oriente, los imperialistas franceses e ingleses *(Aplausos ruidosos. Gritos de «¡Hurra!».)*

El segundo llamamiento proponemos dirigirlo a las masas trabajadoras de Europa y de América, a los obreros, nuestros hermanos de trabajo, a quienes señalaremos por primera vez, en nombre del Congreso de los Pueblos de Oriente, con qué vileza la burguesía de sus países se ensaña con vosotros, y llamarlos, por fin, a prestar atención a esta situación en Oriente, llamar a los obreros ingleses a apoyar no solo a la Rusia soviética, sino también a los pueblos de Oriente oprimidos por el gobierno inglés. Creemos que un llamamiento así, en nombre de decenas de millones de trabajadores de Oriente, a los obreros de Inglaterra, de América y de Francia será escuchado, publicado en los periódicos obreros de todo el mundo, y que los obreros de todo el mundo comprenderán qué enorme deber pesa sobre ellos y tratarán de cumplir ese deber con los pueblos de Oriente *(Aplausos.)*

¡Camaradas! Estos dos llamamientos están escritos. Uno de estos días, mañana o pasado mañana, se os repartirán en pruebas de imprenta. Estos llamamientos deben aparecer con la firma de todos los miembros del presidium que habéis elegido *(Aplausos.)*

*Los dos llamamientos no figuran en el acta; véanse en la página del congreso el [llamamiento a los pueblos de Oriente](https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20Congreso%20de%20los%20Pueblos%20de%20Oriente#llamamiento-a-los-pueblos-de-oriente) y el [llamamiento a los obreros de Europa, América y Japón](https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20Congreso%20de%20los%20Pueblos%20de%20Oriente#llamamiento-a-los-obreros-de-europa-america-y-japon).*

*El traductor* traduce. *(Aplausos.)*

**El presidente.** Quienes estén a favor de publicar estos dos llamamientos en nombre del congreso, que levanten la mano. Pueden bajarla. ¿Quién está en contra? ¿Abstenciones? Ninguna. Mañana a las 5 habrá sesión del congreso. La cuestión del orden del día es la colonial y nacional. A las 11 de la mañana, en el Club del Ejército, la sección agraria. Si, camaradas, todavía no se han hecho las elecciones, hay que hacerlas, y a las 11 se reunirá en el Club del Ejército la sección agraria. A las 5, sesión del Congreso de los Pueblos.

*Se levanta la sesión a las 11 de la noche.*

### Apéndice. Discurso de John Reed

Represento aquí a los obreros revolucionarios de una de las grandes potencias imperialistas, los Estados Unidos de América, que explota y oprime a los pueblos de las colonias.

Vosotros, pueblos de Oriente, pueblos de Asia, todavía no habéis sentido sobre vosotros el poder de América. Conocéis y odiáis a los imperialistas ingleses, franceses e italianos, y probablemente pensáis que la «América libre» gobernará mejor, liberará a los pueblos de las colonias, les dará de comer y los protegerá.

No. Los obreros y campesinos de Filipinas, los pueblos de América Central y de las islas del mar Caribe saben lo que significa vivir bajo el poder de la «América libre».

Por ejemplo, los pueblos de Filipinas. En 1898 los filipinos se sublevaron contra el cruel gobierno colonial español y los americanos los ayudaron. Pero cuando los españoles fueron expulsados, los americanos no quisieron marcharse.

Entonces los filipinos se alzaron contra los americanos, y esta vez los «libertadores» empezaron a matarlos a ellos, a sus mujeres y a sus hijos, los torturaron y, por fin, los vencieron. Se apoderaron de sus tierras y los obligaron a trabajar y a producir ganancias para los capitalistas americanos.

Los americanos prometieron a los filipinos la independencia. Pronto se proclamará una república filipina independiente. Pero eso no significa que los capitalistas americanos se vayan de allí, ni que los filipinos dejen de seguir trabajando y produciendo ganancias para ellos. Porque los capitalistas americanos han dado a los jefes filipinos una parte de la ganancia —les han dado cargos públicos, tierras y dinero—, han creado una clase capitalista filipina que también vive de la ganancia que producen los obreros. ¿Y quién tiene interés en mantener a los filipinos en la esclavitud?

Eso ya ocurrió en Cuba, que fue liberada de la dominación española con ayuda de los americanos. Y ahora es una república independiente; pero los millonarios americanos del trust poseen todas las plantaciones de azúcar, salvo pequeñas parcelas que dejan a los capitalistas de Cuba, que son quienes gobiernan el país. Y en cuanto los obreros de Cuba intentan elegir un gobierno que no responde a los intereses de los capitalistas americanos, los Estados Unidos de América envían soldados a Cuba para obligar al pueblo a votar por sus opresores.

O tomemos el ejemplo de las repúblicas de Haití y Santo Domingo, cuyos pueblos conquistaron la libertad hace cien años. Como esta isla era fértil y su pueblo podía ser utilizado por los capitalistas americanos, el gobierno de los Estados Unidos envió allí soldados y marineros con el pretexto de mantener el orden y aplastó estas dos repúblicas, creando en su lugar una dictadura militar peor que los tiranos ingleses.

México es otro país rico, cercano a los Estados Unidos de América. En México hay un pueblo atrasado, que durante siglos fue esclavizado, primero por los españoles y luego por los capitalistas extranjeros. Allí, tras muchos años de guerra civil, el pueblo creó su gobierno, no un gobierno proletario, sino un gobierno democrático que quería conservar la riqueza de México para los mexicanos y gravar con impuestos a los capitalistas extranjeros. Los capitalistas americanos no se preocuparon de enviar pan a los mexicanos hambrientos. No: organizaron en México una contrarrevolución en la que fue asesinado Madero, el primer presidente revolucionario. Y después, tras tres años de lucha, el régimen revolucionario se restableció con Carranza como presidente. Los capitalistas americanos hicieron una nueva contrarrevolución y mataron a Carranza, creando de nuevo un gobierno amigo de los capitalistas americanos.

En la propia América del Norte hay diez millones de negros que no tienen derechos políticos ni civiles, a pesar de que, según las leyes, son ciudadanos con igualdad de derechos. Para desviar la atención de los obreros americanos de los capitalistas explotadores, los azuzan contra los negros, provocan guerras entre la raza blanca y la negra. Los negros, a los que se quema vivos impunemente, empiezan a ver que su única esperanza está en la resistencia armada contra los bandidos blancos.

Los capitalistas americanos se dirigen en este momento a los pueblos del Oriente Próximo con palabras amistosas, con promesas de ayuda y de víveres. Esto se refiere sobre todo a Armenia. Los millonarios americanos han reunido millones de dólares para enviar pan a los armenios hambrientos. Y muchos armenios esperan ahora ayuda del tío Sam.

Estos mismos capitalistas americanos azuzan a los obreros y campesinos americanos unos contra otros: matan de hambre y explotan a los pueblos de Cuba y de las islas Filipinas, asesinan bestialmente y queman vivos a los negros americanos; y en la propia América los obreros americanos se ven obligados a trabajar en condiciones espantosas, con salarios bajos y jornadas largas; cuando están agotados, los echan a la calle, donde mueren de hambre.

El mismo señor que dirige la ayuda a los armenios hambrientos, el señor Cleveland Dodge[^50], que escribe con patetismo artículos sobre cómo los turcos expulsaron a los armenios al desierto, es propietario de grandes minas de cobre donde se explota a miles de obreros americanos, y cuando los obreros se atrevieron a declararse en huelga, la guardia que custodia las minas del señor Dodge expulsó a esos obreros a punta de bayoneta al desierto, exactamente igual que se hizo con los armenios.

Muchos armenios están agradecidos a América por su actitud hacia los armenios que sufrieron las atrocidades de los turcos durante la guerra. ¿Pero qué ha hecho América por los armenios aparte de declaraciones vacías? Nada. Yo estaba en Constantinopla en aquel momento, en 1915, y sé que los misioneros se negaban a protestar seriamente contra las atrocidades, diciendo que tenían muchísimos bienes y propiedades en Turquía y que por eso no querían ofender a los turcos. El embajador americano, el señor Straus, millonario él mismo, que explota en América a miles de obreros en sus empresas, propuso enviar a todo el pueblo armenio a América y él mismo dio una suma bastante considerable para llevar a cabo este proyecto; pero su plan consistía en obligar a los armenios a trabajar en las fábricas americanas y proporcionar mano de obra barata para aumentar las ganancias del señor Straus y de sus amigos.

¿Pero por qué los capitalistas americanos prometen ayuda y víveres a Armenia? ¿Es pura filantropía? Si es así, que den de comer a los pueblos de América Central y que ayuden a los negros de América.

No. La causa principal es que en Armenia hay riquezas minerales y que es un gran depósito de mano de obra barata que pueden explotar los capitalistas americanos.

Los capitalistas americanos quieren ganarse la confianza de los armenios para echar la zarpa sobre Armenia y esclavizar a la nación armenia. Precisamente con este fin los misioneros americanos crearon escuelas en el Oriente Próximo.

Pero hay además otra causa muy importante. Los capitalistas americanos están unidos con otras naciones capitalistas en la Sociedad de Naciones y temen que los obreros y campesinos de Armenia sigan el ejemplo de la Rusia soviética y del Azerbaiyán soviético, tomen el poder y sus riquezas en sus manos y trabajen para sí mismos, formando un frente único con los obreros y campesinos de todo el mundo contra el imperialismo mundial. Los capitalistas americanos temen la revolución en Oriente.

Prometer víveres a los pueblos hambrientos y al mismo tiempo bloquear a las repúblicas soviéticas: tal es la política de los Estados Unidos de América del Norte. El bloqueo de la Rusia soviética ha matado de hambre a miles de mujeres y niños rusos. Este mismo método del bloqueo se aplicó para levantar al pueblo húngaro contra su gobierno soviético. La misma táctica se ha adoptado ahora para arrastrar al pueblo de la Hungría blanca a la guerra contra la Rusia soviética. De este método se sirven también los pequeños países que rodean a Rusia: Finlandia, Estonia, Letonia. Pero ahora todos los pequeños países se ven obligados a firmar la paz con la Rusia soviética: han quebrado, pasan hambre. Ahora el gobierno americano ya no les ofrece víveres; ya no le sirven a América y sus pueblos pueden pasar hambre.

Los capitalistas americanos prometen pan a Armenia. Es la vieja estafa. Prometen pan, pero nunca lo darán. ¿Recibió Hungría pan después de la caída del gobierno soviético? No. El pueblo húngaro pasa hambre hasta hoy. ¿Recibieron pan los países bálticos? No. Cuando los estonios hambrientos no tenían nada más que patatas, los capitalistas americanos les enviaron barcos con patatas podridas que no podían venderse con ganancia en América. No, camaradas, el tío Sam nunca da nada gratis. Se presenta con un saco relleno de paja en una mano y con un látigo en la otra. Quien toma por moneda de buena ley las promesas del tío Sam se verá obligado a pagarlas luego con sangre. Los obreros americanos exigen una parte cada vez mayor de los productos de su trabajo; para impedir la revolución en casa, los capitalistas americanos se ven obligados a buscar pueblos coloniales para explotarlos, pueblos que proporcionen ganancia suficiente para mantener sometidos a los obreros americanos y hacerlos así partícipes de la explotación de los armenios. Represento a miles de obreros americanos revolucionarios que son conscientes de ello, que comprenden que, actuando junto con los obreros y campesinos armenios, con las masas trabajadoras de todo el mundo, derribarán el capitalismo. El capitalismo mundial será destruido y todos los pueblos serán libres.

Comprendemos la necesidad de la solidaridad de todos los pueblos oprimidos y trabajadores, de la unión de los obreros revolucionarios de todos los países de Europa y de América bajo la dirección de los bolcheviques rusos en la Internacional Comunista. Y os decimos, pueblos de Oriente: «¡No creáis en las promesas de los capitalistas americanos!».

Solo hay un camino hacia la libertad. ¡Uníos a los obreros y campesinos rusos, que han derribado a sus capitalistas y cuyo Ejército Rojo ha vencido a los imperialistas extranjeros! ¡Seguid a la estrella roja de la Internacional Comunista!

## Quinta sesión, domingo 5 de septiembre de 1920

*Se abre la sesión a las 7 h 15 min de la tarde. Preside el camarada Zinóviev.*

**El presidente.** Declaro abierta la V sesión del Congreso de los Pueblos de Oriente. El presidium propone poner ahora en el orden del día las cuestiones nacional y colonial. Para el informe tiene la palabra el camarada Pávlovich.

**Pávlovich.** Camaradas, las cuestiones de la política colonial y nacional han desempeñado un papel enorme en la historia mundial. La última guerra mundial fue el resultado del choque de las grandes potencias mundiales en su intento de apoderarse del continente negro y, ante todo, del amarillo. En vísperas de la guerra formulé la esencia de los conflictos coloniales entre los Estados europeos diciendo que esos conflictos podían reducirse a conflictos entre tres grupos de letras: B-B-B, K-K-K y P-P. Alemania presentó el proyecto de la gran vía férrea Berlín-Bizancio[^51]-Bagdad, que debía encadenar con una cadena de acero al Imperio alemán todo el Imperio otomano y, ante todo, Asia Menor, y a través de esta abrir al imperialismo alemán el camino hacia Persia, la India y Egipto, es decir, hacia el dominio de los continentes negro y amarillo. A las tres B alemanas Inglaterra opuso tres K: Kapstadt-Kairo-Kalkutta[^52], el ferrocarril que debía unir en un solo todo toda el África oriental de sur a norte, y luego Arabia, Mesopotamia, el sur de Persia y la India. Frente a estos proyectos, Rusia presentó el proyecto Petersburgo-golfo Pérsico. En todos estos proyectos vemos la lucha por la dominación de las potencias mundiales sobre Asia y África.

Estas mismas cuestiones de política, colonial ante todo, que provocaron la guerra mundial de 1914-1918, amenazan ahora con provocar un conflicto armado entre los aliados de ayer: América y Japón, América e Inglaterra y, por último, entre Inglaterra y Francia.

De las revelaciones publicadas en la prensa francesa con ocasión de los debates en el Senado sobre la dimisión de Clemenceau se desprende que en el momento más crítico de la guerra contra la Triple Alianza Inglaterra y Francia estuvieron a punto de saltarse al cuello por la cuestión del reparto de Asia Menor, y que Clemenceau tuvo que dejar su puesto a raíz de choques gravísimos con Inglaterra por Siria. En este momento las relaciones entre Francia e Inglaterra son extremadamente tensas. De no ser por el miedo a la Rusia soviética y al bolchevismo, hay que pensar que la guerra mundial de 1914-1918 se habría convertido hace tiempo, como la primera guerra balcánica, en una guerra a vida o muerte entre las potencias vencedoras. La posibilidad de un conflicto armado entre Francia e Inglaterra, Inglaterra y América, América y Japón no está en absoluto excluida mientras el destino de los pueblos esté en manos de la burguesía. Por la cuestión de la hegemonía en el Extremo Oriente, América y Japón están armados hasta los dientes uno contra otro. Si América aumenta con rapidez febril sus fuerzas navales, con el objetivo de tener para 1925 una flota igual en poderío a la de Inglaterra, la reina de los mares, lo hace para quitar a Inglaterra la hegemonía en los mares y reforzar la influencia de los Estados Unidos en Oriente. Si Inglaterra toma todas las medidas contra el aumento del poderío naval de Francia y no permite que se incorporen a la flota francesa los submarinos capturados a Alemania, lo hace por temor a que, en caso de conflicto armado, Francia, que dispone de excelentes bases navales en el Mediterráneo, consiga, si no cortar del todo, al menos dificultar mucho las comunicaciones de Inglaterra por esta gran ruta marítima con Egipto, con Asia Menor, el golfo Pérsico y la India; en una palabra, con Oriente.

Esta cuestión colonial —la cuestión del reparto de Asia— es el resorte motor de la guerra encarnizada que el mundo capitalista libra desde el primer día de la Revolución de Octubre contra la Rusia soviética. Rusia da miedo a los países del mundo capitalista no solo como faro, como estrella polar que llama a todos los valientes a la lucha por un nuevo régimen, no solo como un país de muchos millones de habitantes, extraordinariamente rico en dones naturales y en fuentes de materias primas, que ya no quiere seguir siendo, como lo era bajo los zares, una semicolonia del capital anglo-franco-belga: la Rusia soviética da miedo y es temible para el imperialismo mundial como colonia liberada del yugo extranjero que no solo llama con su ejemplo al Oriente esclavizado a luchar por la libertad, no solo con toda su política interior respecto a las naciones atrasadas contribuye al despertar y al desarrollo en Oriente de la aspiración a la autodeterminación nacional, sino que presta una ayuda real a los pueblos atrasados y oprimidos que viven fuera de las fronteras de Rusia en la lucha contra el rapaz capital internacional. *(Aplausos.)*

Uno de los camaradas sin partido ha expresado su admiración por los jefes del partido comunista, los camaradas Lenin, Zinóviev y Trotski, subrayando la confianza ilimitada que tienen en estos máximos representantes y dirigentes del poder soviético todas las nacionalidades que pueblan Rusia, y ha señalado con amargura que algunos representantes del partido comunista, falsos comunistas, como él dijo, se comportan en las periferias como no deben y desacreditan al poder soviético, levantando con su manera de actuar a la población indígena contra la idea misma del poder soviético. Lo sabemos. Todo esto es posible; más aún, inevitable. Cuando en la tormenta y la tempestad de los acontecimientos históricos más grandiosos se derrumba un régimen que ha existido milenios enteros, cuando se trata de destruir instituciones como la propiedad capitalista, que durante siglos enteros ha echado raíces profundas en el suelo social, es natural que semejante conmoción, por así decir, geológica, el paso a un nuevo modo de vida, no pueda realizarse sin dolor, sin deformaciones y desviaciones inevitables, que solo tienen un carácter temporal y un significado meramente transitorio. Pero lo esencial no son los abusos de tales o cuales representantes indignos del poder soviético y del partido comunista. Lo esencial es la orientación general, la tendencia fundamental de la política soviética respecto a las distintas naciones que pueblan el territorio del antiguo imperio zarista.

El mundo capitalista comprende perfectamente en qué consiste esta tendencia de la política soviética respecto a las naciones oprimidas antes por el zarismo y oprimidas hoy por todo el mundo capitalista, y precisamente porque las potencias capitalistas comprenden tan bien nuestra política, han declarado a la Rusia soviética, en interés de conservar su dominación sobre los pueblos que explotan, una lucha a vida o muerte *(Aplausos.)*

¿Para quién no es evidente la diferencia entre nuestra federación socialista obrera y campesina y los imperios capitalistas de bandidos? La «libre» «Constitución» de Inglaterra mantiene en dura esclavitud y estrangula a la India de 300 millones, que gime desde hace tiempo bajo el yugo británico. La Francia republicana reprime bestialmente la menor manifestación de aspiración a la libertad, a la autodeterminación nacional en Marruecos, en Argelia, en Indochina, en todas sus colonias. La gran república transatlántica, los Estados Unidos, se niega todavía a reconocer la independencia de Cuba y de Filipinas, en nombre de cuya supuesta «liberación» empezó en 1898 la guerra con España. Mientras tanto, el gobierno y las masas obreras y campesinas de la República Socialista Federativa Rusa saludan con alegría la formación, dentro de las fronteras del antiguo imperio zarista, donde, como en todos los países capitalistas, se estrangulaba y aplastaba toda aspiración a la autodeterminación nacional, de la República Soviética autónoma de Bashkiria, de la República Socialista Soviética autónoma Tártara, etc. En todos los Estados capitalistas sin excepción, grandes y pequeños, en Francia, Inglaterra, Japón, América, Holanda, Bélgica, Polonia, etc., vemos una violencia brutal contra las minorías nacionales, y a veces la conversión en naciones de esclavos y siervos de enormes colectividades de cientos de millones de personas caídas bajo el poder de una minoría más organizada, más «civilizada», como lo observamos en el ejemplo de la India esclavizada de 300 millones y de la Inglaterra capitalista armada hasta los dientes que la domina. En un polo, en los países capitalistas, la represión bestial de las minorías nacionales, y a veces también de las mayorías nacionales, allí donde una minoría nacional tiene en sus manos las riendas del gobierno. En el otro polo, en la república de los soviets, el sentimiento y la actitud más cuidadosos y más fraternales no solo hacia las unidades nacionales más o menos grandes, sino también hacia las menos numerosas.

Bajo la primera República Popular Ucraniana, en Ucrania dominaban los imperialistas austroalemanes y el general Skoropadski. Fue la época en que, por el tratado con los alemanes y los austriacos, la Ucrania de Petliura se comprometió a dar a Austria y Alemania 75 millones de puds de grano, 11 millones de puds de ganado en pie, etc.[^53]

Bajo la segunda República Popular Ucraniana, Ucrania fue una colonia del capital francés, según el tratado que el venal Petliura firmó en Odesa con el general francés d'Anselme. Según este tratado, casi todos los ferrocarriles ucranianos y las empresas financieras y militares debían pasar a manos de los bolsistas franceses.

La tercera República Popular Ucraniana, que prometía el mismo Petliura, no era más que una pantalla para establecer en Ucrania el odioso poder negro de los nobles polacos.

Toda la historia de Ucrania clama contra este nuevo acto de traición de Petliura. Esa historia es la historia de las hazañas heroicas y de las grandes derrotas del campesinado ucraniano, del «ganado»[^54] ucraniano, en su lucha secular contra la nobleza polaca. A la inversa, toda la historia de la Polonia de la nobleza no fue más que una larga serie de guerras contra Ucrania con el fin de esclavizarla. La literatura ucraniana, las obras inmortales de Shevchenko, la poesía popular ucraniana reflejan esta página de la historia, llena de sufrimientos, del pueblo ucraniano, cuyo desarrollo entero transcurrió en una lucha sangrienta contra los señores polacos. Todos los levantamientos cosacos, toda la lucha de la Sich de Zaporozhie, la lucha de Bogdán Jmelnitski fueron en el fondo la lucha de los campesinos ucranianos contra el yugo de los terratenientes polacos, la lucha contra los polonizadores, enemigos de la lengua popular ucraniana y de la cultura ucraniana.

Y Petliura, como condotiero y bandido a sueldo que se vende a cualquiera que acceda a pagar bien sus servicios sangrientos, quería entregar la tierra ucraniana, la lengua ucraniana, toda la cultura ucraniana al gendarme polaco, a los descarados polonizadores, que cierran, por ejemplo, las escuelas bielorrusas y declaran el polaco lengua del Estado incluso en las regiones donde la población polaca es un porcentaje ínfimo. Los nobles polacos, los «portadores de cultura» polacos, intentan ya polonizar Bielorrusia, Volinia y Podolia, y se proponen hacer lo mismo con todas las regiones de Ucrania que logren conquistar.

Decenas, cientos de ucranianos honrados, que desean sinceramente el renacimiento nacional y cultural de Ucrania, como esos dos pilares de la vida pública nacional ucraniana que son Grushevski y Vinnichenko, han llegado a la convicción de que solo el poder soviético puede cumplir hoy hasta el final el papel de libertador de Ucrania de todas las formas de opresión.

El 27 de mayo el presidium del C. E. C. de toda Rusia aprobó el estatuto de la República Socialista Soviética autónoma Tártara, con centro en la ciudad de Kazán. Esta noticia resonó con fuerte eco en todo el mundo musulmán de muchos millones, en Persia, Afganistán, Turquía, la India, y fue a los ojos de nuestros hermanos musulmanes, de los obreros y campesinos de Oriente, una nueva ilustración de los grandes principios en que se basa la política nacional de la República Federativa Rusa. Pero esto no es del gusto de los gobiernos capitalistas.

Pasarán dos o tres decenios y veremos cómo, junto con la difusión de la instrucción popular en la república de los soviets, junto con la apertura de miles y miles de escuelas, cursos nocturnos, academias, etc., junto con la liquidación completa del analfabetismo solo en Rusia y en Ucrania, al lado de los asombrosos monumentos antiguos de la literatura rusa y ucraniana, de las obras de Pushkin, Lérmontov, Tolstói, Gógol y Shevchenko, aparecerán nuevas grandes obras de nuevos poetas, novelistas, etc., geniales, salidos del medio obrero y campesino. Florecerán espléndidamente la poesía y la literatura tártara, bashkiria, kirguís, etc., que apenas despiertan a la vida, y todos los arroyos, afluentes, riachuelos y grandes ríos, entrelazándose caprichosa y armoniosamente, desembocando en un solo océano internacional común de la poesía y la ciencia de la humanidad trabajadora liberada por primera vez de la opresión nacional y de clase, y nutriéndolo con sus aguas vivificantes, brillarán con una belleza nunca vista, incomparable, como no pudieron dar al mundo ni la Hélade clásica, con todas sus maravillosas obras de arte, ni la civilización de las épocas medieval y capitalista, con toda la pléyade de poetas, artistas, pensadores y sabios inmortales a los que quemaron.

¡Sí, todo esto llegará! Pero hasta que alcancemos ese futuro deseado, se derramará mucha sangre, y muchos miles de combatientes por el nuevo régimen perecerán bajo los golpes enemigos en los campos de batalla y de combate, muchas decenas y cientos de miles de mujeres y niños morirán de hambre y de frío junto al hogar o cerca de los aúles arruinados. Todo esto, por desgracia, es inevitable, y todo esto ocurre no por culpa nuestra, sino por la voluntad criminal de los capitalistas, que no quieren renunciar a sus beneficios. Pero, por ahora, tienen que sufrir todos los combatientes por un futuro mejor, y no solo los representantes de las pequeñas naciones, no solo la población de las periferias. Id a ver lo que ocurre en Petrogrado, en Moscú, en Tula, en toda una serie de nuestras ciudades, donde, por el bloqueo criminal y la guerra sangrienta que nos han impuesto, cientos de miles de obreros desfallecen de hambre y de frío, sin perder, sin embargo, el valor, y van por miles y miles al frente a morir por el poder soviético. *(Aplausos.)* Saben, estos héroes, que no mueren en vano, porque han dado su sangre en nombre de la felicidad de sus camaradas, en nombre de un futuro mejor de sus hijos y de las generaciones venideras.

La guerra contra la Rusia soviética es una guerra contra Oriente.

En la lucha gigantesca que hemos emprendido, los pueblos de Oriente serán en adelante nuestros fieles aliados. Porque la guerra contra la Rusia soviética es una guerra contra el Oriente revolucionario y, a la inversa, la guerra contra Oriente es una guerra contra la Rusia soviética. *(Aplausos.)*

¿Por qué Inglaterra y Francia tienen tanto interés en sostener a Wrangel? Porque mientras Crimea está en manos de Wrangel, la retaguardia de la Turquía revolucionaria está cortada y la Rusia soviética no puede acudir en ayuda de los revolucionarios turcos. Por otra parte, mientras Asia Menor está en manos de los aliados, de los cuerpos expedicionarios, nuestra retaguardia está amenazada. La ocupación griega de Tracia y de Adrianópolis tiene por objeto aislar a la Turquía revolucionaria y a la Rusia soviética de los Balcanes revolucionarios. Por último, si el imperialismo europeo sostiene con armas, dinero y pan a la Armenia del Dashnaktsutiún y a la Georgia menchevique, es con el fin de sostener a esos países como barrera que separa a la Rusia revolucionaria y el Cáucaso de la Turquía, la Persia y la India revolucionarias. En todas partes el imperialismo levanta contra nosotros estos tabiques artificiales, pero todas estas barreras caerán bajo los golpes de las masas populares en Crimea, Georgia, Armenia, Tracia y Grecia. En el mismo momento en que se soltó de la cadena contra la Rusia soviética al perro rabioso polaco, contra la Turquía revolucionaria se soltó a la Grecia de Venizelos. Y he aquí que hoy leemos en los periódicos griegos llegados aquí que se ha cometido un atentado contra Venizelos y que ha sido herido de siete balazos.

¿Quién cometió ese atentado? ¿Turcos, búlgaros, rusos? ¡No, dos griegos![^55] *(Aplausos.)*

¿No muestra este atentado que en la propia Grecia, que de un país pobre de cuatro millones se ha convertido en una gran potencia militar con una población de 12 millones de almas, crece el descontento con la política imperialista de Venizelos, que empuja al país al abismo de la ruina definitiva? El capitalismo cava su propia tumba, pero para acelerar la muerte del capitalismo los pueblos de Oriente deben, codo con codo con la Rusia soviética, asestar los últimos golpes a la burguesía mundial. El Oriente revolucionario debe concluir una alianza estrecha con la Rusia soviética. La forma de transición hacia la unidad completa de las masas trabajadoras es la federación de Estados soviéticos.

Los camaradas turcos, en su mensaje al poder soviético, se han pronunciado por que la cuestión de los Dardanelos sea resuelta por los Estados ribereños del mar Negro sin la participación de Wrangel y de la Entente. Saludamos calurosamente esta idea, cuya realización será el primer paso decisivo hacia la federación de todos los pueblos y países cuyos territorios lindan con el mar Negro. *(Aplausos.)*

El renegado Hervé[^56], en uno de sus artículos en defensa de la Polonia de la nobleza, que atacó a la Rusia soviética, gritaba: «Si la primera línea defensiva que la civilización europea levantó contra la barbarie asiática al crear Polonia es rota, los gobiernos europeos tendrán que concentrar todas sus fuerzas en la segunda y última línea de contención, cercana a París, Bruselas y Londres, a saber, en el Rin, para defender la cultura europea de la invasión del cólera asiático, de la peste amarilla, del salvajismo del vodka y del fanatismo, que en la persona del Ejército Rojo avanzan sobre todo el mundo civilizado».

Los comunistas rusos están orgullosos de todos estos ataques contra ellos. Una de las diferencias fundamentales de la III Internacional consiste en que la III Internacional se solidariza, no de palabra sino de hecho, con el movimiento revolucionario de los pueblos oprimidos y obliga a los partidos comunistas de todos los países, sobre todo de los países opresores, a prestar la ayuda más activa al movimiento nacional-revolucionario en los Estados y naciones más atrasados *(Aplausos.)*

El jefe de los mencheviques georgianos, Zhordania, opone la política asiática bolchevique a la llamada línea europea de los mencheviques; los mencheviques, por lo visto, son socialistas europeos; nosotros, dice de sí mismo Zhordania, somos los portadores de la cultura y la civilización, y Moscovia es Asia con su fanatismo estancado.

Podemos responder ahora a Zhordania que toda la III Internacional se ha puesto ahora en el punto de vista de los bolcheviques, que todos los comunistas, rusos, franceses, ingleses, italianos y otros, se han vuelto ahora asiáticos y han decidido ayudar con todas sus fuerzas a todo movimiento revolucionario en Oriente y en África. Los obreros saben ahora que cuando en Inglaterra se decide la cuestión de Persia, de la India o de Asia Menor, o aunque sea de una sola de las provincias de Turquía, o cuando se trata de Anatolia, Siria o Arabia, eso repercute directamente en el destino del movimiento obrero italiano, inglés, americano y de todo el mundo, y que todas estas cuestiones exigen su intervención directa y acciones activas. Los obreros franceses, ingleses e italianos que marchan bajo la bandera del comunismo no deben permitir el envío de tropas europeas a Anatolia, Siria, Mesopotamia, Constantinopla, etc., y cabe esperar que no esté lejos el día en que todo el proletariado internacional luche con la misma energía contra el estrangulamiento de Oriente con que lucha ahora contra el estrangulamiento y el bloqueo de la Rusia soviética *(Aplausos.)*

La III Internacional, es decir, los comunistas de todo el mundo, se plantea como tarea fundamental explicar esta sencilla verdad: mientras los continentes amarillo y negro estén oprimidos, mientras los mercenarios europeos maten a turcos, persas, árabes, egipcios y otros, el obrero europeo no podrá sacudirse sus propias cadenas y seguirá siendo esclavo del capitalista. Por eso la III Internacional llama a los obreros europeos a luchar por la liberación de Oriente.

No era esa la actitud de la II Internacional ante la cuestión colonial, ni es así como actúa ahora la Internacional amarilla y traidora, encabezada por Kautsky, Renaudel, Vandervelde y otros agentes del imperialismo.

Esa Internacional, por su misma naturaleza, no era capaz de apoyar el movimiento revolucionario entre los pueblos oprimidos, en Marruecos, Argelia, Túnez, Asia Menor, Persia, la India, Egipto, etc. Menos aún era capaz de tomar la iniciativa en la tarea de revolucionar los continentes negro y amarillo, ni siquiera, sencillamente, en la de propagar las ideas de liberación entre las masas populares, llenas de sufrimientos, de Asia y de África. La II Internacional no quería ni quiere conocer Oriente por este lado. Naturalmente, de palabra los dirigentes de la II Internacional se permitían condenar la política colonial de sus gobiernos y a veces incluso publicaban en París, Londres o Berlín libros y folletos sobre estos temas, como el libro de Charles Dumas y otros por el estilo; pero cuando todos estos señores no traducían sus libros y folletos a las lenguas indígenas y escribían sobre temas coloniales simplemente para llamar la atención sobre sí en la metrópoli, en los círculos parlamentarios en general o en el partido socialista en particular, en los hechos todos estos ardientes defensores de los indígenas sostenían la política colonial de sus gobiernos. Cuando llegaban noticias de los pogromos armenios en Turquía, los socialistas europeos organizaban de buena gana manifestaciones y grandiosos mítines de protesta contra el sultán sanguinario. Pero cuando el gobierno francés enviaba año tras año nuevas y nuevas tropas a Marruecos y degollaba a las tribus musulmanas, los socialistas guardaban silencio ante las atrocidades en la India, el estrangulamiento de Persia, la esclavización de Egipto, las matanzas en masa y las orgías sangrientas de las tropas inglesas en el continente negro.

Más aún, había socialistas como Lagrosillière[^57], miembros del partido, delegados a toda clase de congresos socialistas nacionales e internacionales, que defendían abiertamente la política colonial y la justificaban por la necesidad de hacer partícipes a los indígenas de los beneficios de la civilización y del progreso.

La II Internacional no quería conocer Oriente, no se interesaba por la suerte de los pueblos del continente negro y amarillo. Es verdad que, cuando llegaban noticias de los pogromos armenios en Turquía, toda la prensa de la II Internacional publicaba artículos indignados en favor de los armenios, se organizaban manifestaciones imponentes. Pero todo esto solo servía a los gobiernos capitalistas, que obtenían un pretexto más para inmiscuirse en los asuntos turcos. Una era la actitud de los socialistas ante los pogromos armenios, otra ante los pogromos, las matanzas y el exterminio de la población indígena en Marruecos, Argelia, la India, etc.

Condenamos los pogromos armenios y lucharemos contra ellos, pero al mismo tiempo imponemos como deber a los miembros de la III Internacional, a los representantes del partido francés y del inglés, luchar con todas sus fuerzas, y no de palabra sino de hecho, contra la política colonial en general, contra la opresión y el exterminio de los habitantes de Marruecos, la India, Indochina, Argelia y el Turquestán.

La mejor ilustración de la política en la cuestión colonial es el hecho de que en el congreso de la II Internacional en Ginebra[^58] no se dijo ni una palabra sobre Oriente.

Como os ha demostrado el camarada Zinóviev, la guerra mundial ha llevado a que el mundo entero se divida en dos grupos de naciones, separando un pequeño grupo de naciones privilegiadas, explotadoras, de pleno derecho, con una población de ¼ de millardo.

La consecuencia de este estado de cosas ha sido una agudización aún mayor de las contradicciones de clase en todo el mundo, tanto en las metrópolis como en las colonias.

La miseria se ha agudizado extremadamente entre la población de los países vencedores. El dinero se ha depreciado, los productos se han encarecido, la productividad del trabajo ha caído. Inglaterra, Francia y hasta América atraviesan una profunda crisis económica. En América, en un solo mes, estallaron 2.000 huelgas. En todo el mundo capitalista los obreros ya no son los de antes. Los economistas burgueses se quejan de que el proletariado está presa de una ola de pereza, de falta de ganas de trabajar, de que la clase obrera padece una parálisis de la voluntad. Sí, en cierto sentido es verdad. El obrero europeo ya no puede, psicológicamente, trabajar como antes para el capitalista. Quiere sufrir y padecer, como los obreros rusos, en nombre de sus propios intereses, en nombre de los intereses de su propia clase, y no por los dividendos y beneficios de la clase de los explotadores *(Aplausos.)*

Y de ahí los últimos afanes por intensificar la explotación del trabajo negro y amarillo. Pero Oriente no quiere ser un medio de enriquecimiento para los capitalistas de Europa. No solo no quiere que se le explote más que antes: no quiere en absoluto ser objeto de explotación. *(Aplausos.)* Oriente ya no es lo que era antes, ni en lo económico ni en lo espiritual.

Por una parte, en algunos países orientales (como, por ejemplo, la India), en los últimos decenios y sobre todo durante la guerra mundial, cuando la metrópoli no podía hacer frente a las demandas del ejército y de la flota, se ha creado una industria bastante desarrollada. En la producción de azúcar la India ocupa un lugar muy destacado en el mercado mundial (3 millones de toneladas de los 16 millones de la producción mundial). En la India están muy desarrolladas la industria del tabaco, del té, del yute y la textil en general. En total se cuentan allí unos 15 millones de obreros fabriles y tejedores. Por la longitud de su red ferroviaria, la India ocupa el cuarto lugar, por detrás solo de los Estados Unidos, Alemania y Rusia. Por consiguiente, en la India hay un proletariado ferroviario numeroso.

Junto a este desarrollo de la industria en la India y en algunas partes de China, vemos una agudización extrema de la miseria y de las contradicciones de clase en todo Oriente. En la India, China, Persia, Bujará, etc., los ricos se han hecho todavía más ricos, y los pobres todavía más pobres.

En Bujará los campesinos (dejkanes) arrastran una existencia extremadamente miserable. Su situación recuerda los tiempos oscuros de la servidumbre. Los despoja todo el mundo, desde el mirza hasta el emir, y en los últimos años la presión fiscal en Bujará ha aumentado considerablemente en comparación con la situación anterior. Hace poco cincuenta dejkanes vendieron todo su ganado y sus aperos para pagar los impuestos. Muchos vendieron sus casas y sus parcelas. El algodón lo han sembrado solo los ricos, y por falta de semillas entre los pobres este año se ha sembrado solo ¹⁄₁₀ de la superficie anterior.

En Persia todo el campesinado está despojado de la tierra y toda la tierra pertenece a 2 o 3 mil grandes propietarios (molkadares).

Muchos afirmaban que los pueblos orientales debían pasar forzosamente por la fase del capitalismo antes de pasar al comunismo. La III Internacional, como resultado de los debates de su II Congreso, llegó a la conclusión de que, con ayuda de los países proletarios avanzados, los pueblos atrasados pueden pasar al régimen soviético y, a través de cierta etapa, al comunismo, saltándose la fase capitalista de desarrollo *(Aplausos.)*

Las masas populares de Oriente no son tan instruidas como las masas trabajadoras de Occidente, pero el alma del hombre oriental, despertada por el trueno de los acontecimientos revolucionarios en Rusia, está impregnada de un espíritu de abnegación y arde con el fuego vivo del odio y de la ira contra los opresores, con el fuego sagrado de la lucha.

Todo Oriente está saturado de bacterias de la revolución. Las masas de Oriente, de muchos millones y llenas de sufrimientos, están presas del espíritu de protesta, ansían el combate.

Si en este medio, densamente saturado de bacterias revolucionarias, introducimos un cristal en forma de soviets campesinos, de soviets de trabajadores, la cristalización correspondiente avanzará a grandes pasos, y haremos avanzar considerablemente la educación revolucionaria y la organización revolucionaria de las masas populares de Oriente en la lucha contra el mundo de los depredadores, en la lucha por un nuevo régimen social *(Aplausos.)*

La idea de la organización soviética, como ha demostrado con razón el camarada Lenin, puede aplicarse no solo a las relaciones proletarias, sino también a las feudales y semifeudales. Los soviets campesinos, los soviets de trabajadores, son un medio útil no solo para los países capitalistas, sino también para los países con relaciones precapitalistas.

La formación de estos soviets facilitará a las masas trabajadoras la lucha tanto contra sus propios explotadores —terratenientes, capitalistas, especuladores— como contra el imperialismo mundial, del que son agentes y cómplices todos estos molkadares, zamindares, kanes, beyes, pachás, etc. *(Aplausos.)*

Las masas trabajadoras de Oriente deben alzarse contra los enemigos interiores y exteriores, pero los pueblos orientales, sin la ayuda del proletariado mundial revolucionario, no pueden liberarse con sus propias fuerzas del yugo de los opresores.

La historia de la revolución rusa de 1905, de las revoluciones persa, turca y china de 1908-1910, aplastadas por la fuerza del capitalismo internacional —pues la revolución rusa de 1905 fue vencida gracias a la Bolsa francesa, que proveyó al zar de miles de millones de francos—, la historia de la Rusia soviética, que se defiende victoriosamente del asalto del imperialismo mundial, señala a la vez todas las dificultades de la lucha contra el capitalismo mundial y las condiciones de la victoria sobre él.

Camaradas, no hay que olvidar la sencilla verdad de que los pueblos de Oriente no conquistarán su libertad sin unirse al proletariado de todos los países. Inglaterra, ese poderoso organismo militar y económico contra el que empezamos con esfuerzos comunes una guerra decisiva, solo puede ser vencida con la ayuda del propio proletariado inglés.

¿En qué consiste la fuerza de la Rusia soviética en su lucha contra las potencias capitalistas? ¿Cómo explicar que este país, encadenado por el hambre y el frío, bloqueado por todas partes, resista desde hace tres años la guerra con los Estados más poderosos del mundo? Se explica porque una parte considerable, la mejor, del proletariado inglés, español, francés e italiano, cuyos representantes veis aquí, está con nosotros, porque se niegan a ayudar a sus gobiernos capitalistas a estrangular a la Rusia soviética.

La fuente del poderío de la Rusia soviética está en la simpatía que le tiene el proletariado internacional. ¿Y cómo se explica esta simpatía? Porque Rusia es el país del proletariado, el país del poder soviético. Los gobiernos europeos ya no pueden enviar sus tropas contra Rusia y compran mercenarios en la persona de los terratenientes polacos, los checoslovacos, etc.

Si los pueblos orientales quieren tener de su lado la simpatía del proletariado internacional, también ellos deben luchar por el poder soviético, por los principios que proclama la Rusia soviética.

Si los Estados capitalistas, donde millones de hombres están sobre las armas, no son capaces de enviar sus tropas contra Rusia, es porque para los obreros europeos la lucha contra la Rusia soviética es una lucha no solo contra el proletariado ruso, sino contra su propio proletariado. Luchar contra Rusia, desde el punto de vista de los obreros franceses e ingleses, significa cometer un suicidio de clase. *(Aplausos.)*

Pero esos mismos obreros ingleses que organizan consejos de acción[^59] para oponerse a su gobierno en la lucha contra la Rusia soviética reaccionan muy débilmente ante los acontecimientos de Irlanda, donde hay una guerra, una guerra a vida o muerte con la burguesía inglesa por la autodeterminación nacional de Irlanda.

El obrero inglés de a pie, en el mejor de los casos, solo puede simpatizar con los irlandeses en su dura lucha por la autodeterminación, pero la epopeya irlandesa no encenderá el entusiasmo en el pecho del proletariado inglés, francés e italiano, no tocará las cuerdas que hace vibrar la lucha gigantesca del pueblo ruso contra el imperialismo mundial.

En efecto, supongamos que los independentistas irlandeses logran su objetivo y hacen realidad su ideal más preciado de un pueblo irlandés independiente.

Pero mañana la Irlanda independiente caerá bajo el yugo del capital americano o de la Bolsa francesa, y quizá dentro de uno o dos años, en alianza con uno de los depredadores mundiales, Irlanda hará la guerra a Inglaterra o a otro Estado por mercados, por minas de carbón, por minas de hierro, por un pedazo de territorio en África, y de nuevo perecerán cientos de miles de obreros ingleses, irlandeses, americanos y otros.

El ejemplo de Polonia, cuyos representantes burgueses y terratenientes lloraron durante decenios en todos los tonos el desmembramiento de la antigua Rzeczpospolita y escribieron artículos ardientes sobre el respeto a los derechos nacionales de los pueblos; el ejemplo de esta Polonia burguesa, que ahora es verdugo de las minorías nacionales en su territorio y sirve de gendarme del capitalismo internacional para luchar contra los obreros y campesinos de Rusia; el ejemplo de los Estados balcánicos —Bulgaria, Serbia, Montenegro, Grecia—, que se pelearon entre sí por el reparto del botín y por el deseo de anexionar a sus territorios a tal o cual nación al día siguiente de sacudirse el yugo turco, y toda una serie de hechos semejantes muestran que la formación de Estados nacionales orientales en los que, en lugar de los extranjeros expulsados, quedaran en el poder sus propios capitalistas y terratenientes no representa por sí misma todavía un gran paso adelante en la mejora de la situación de las masas populares.

En el marco del régimen capitalista, todo Estado de nueva formación que no expresa los intereses de las masas trabajadoras y sirve a los intereses de la burguesía es un nuevo instrumento de opresión y de violencia, un nuevo factor de guerras y de violencias.

Si la lucha en Persia, la India y Turquía condujera solo a que se pusieran a la cabeza del poder sus propios capitalistas y terratenientes, con parlamentos y senados nacionales, las masas populares no ganarían nada.

Todos los Estados de nueva formación se verían pronto arrastrados, por el curso mismo de los acontecimientos y por la lógica férrea de las leyes de la economía capitalista, al círculo vicioso del militarismo y de la política imperialista, y dentro de un decenio seríamos testigos de una nueva guerra mundial ante cuyos horrores palidecería la guerra mundial de 1914-1918, porque en ella participarían ya no decenas, sino centenares de millones de soldados armados hasta los dientes de los continentes negro, amarillo y blanco: una nueva guerra en nombre de los intereses de los banqueros y fabricantes franceses, alemanes, ingleses, indios, chinos, persas y turcos. *(Aplausos.)*

¿A qué conducirá la formación de una Turquía renacida y fuerte si el poder sigue en manos de los ricos, los especuladores y los terratenientes? Los ejemplos del pasado reciente —la política belicosa de la Turquía de Enver, la conducta de los nuevos Estados burgueses libres e independientes, como Georgia y Armenia— son una ilustración más de mi tesis.

La Turquía de Enver Pachá se alió con la Alemania de aquel mismo Guillermo que proclamó la necesidad de unir a todos los pueblos de Occidente para la guerra contra Oriente. La conducta de los representantes turcos en la conferencia de Brest fue indignante. Pero los turcos nacionalistas no se contentaron con las condiciones de la monstruosa paz de Brest.

Turquía ocupó Ardahán, Kars, Batum; más aún, las tropas turcas fueron más allá y ocuparon Ajaltsije y Alexandropol; Georgia solo se salvó gracias a la intervención de Alemania. Entonces los turcos se lanzaron sobre Azerbaiyán y tomaron Bakú. La dominación turca de dos meses en Bakú es la página más negra en la historia de la sufrida ciudad, baluarte del proletariado en el Cáucaso.

La Georgia de Noé Ramishvili y de Zhordania arruina y saquea Osetia del Sur, arrasando sus aúles, y aterroriza a la población, obligándola a huir a territorio de la Rusia soviética. Los destacamentos de castigo georgianos al mando del coronel monárquico Tujareli queman aldeas enteras en Abjasia.

Georgia reclama el territorio de Azerbaiyán y en 1918 empieza una guerra con Armenia, a la que solo puso fin la intervención de Inglaterra.

Armenia reclama Karabaj y Zanguezur (se conoce la carta secreta del general Dro sobre su ocupación el 4 de agosto de 1920). Además, los imperialistas georgianos[^60] presentan planes verdaderamente megalómanos de anexión de Van, Trebisonda, Bitlis, Erzurum y Diyarbakır con salidas a los mares. Armenia quiere convertirse en una gran potencia mediterránea y dominar un territorio donde los armenios son solo el 50 % de la población.

Los periódicos armenios proponen a la Grecia de Venizelos que ocupe Trebisonda. Es una provocación en toda regla.

Las masas populares deben alzarse contra sus esclavizadores, propios y ajenos. Si el movimiento revolucionario nacional condujera solo a que se formaran nuevos Estados orientales fuertes donde dominara su propia burguesía, parlamentos indios, persas, etc., dentro de un decenio tendríamos una nueva y terrible guerra mundial ante la que palidecerían todos los horrores de la guerra de 1914-1918.

De todo lo dicho sacaremos las siguientes conclusiones:

La Internacional Comunista no admite ninguna política colonial. Los pueblos de Oriente aceptan esta tesis de la III Internacional y la llevarán a la práctica con las armas en la mano. No debe haber colonias. Todas las naciones tienen iguales derechos. ¡Fuera los opresores ingleses de la India, Egipto, Persia, Mesopotamia! ¡Fuera los bandidos franceses de Siria, fuera los griegos de Cilicia y de Esmirna, etc.! Los pueblos de Oriente marcan con el estigma de la infamia a la II Internacional y se suman a las palabras de la III Internacional, que dice: «¡Fuera de las filas de la Internacional, traidores, renegados, mercenarios del capital!». El hecho de que el mundo entero siga dividido hasta hoy en dos grupos de naciones —opresoras y oprimidas— se debe, en primer lugar, a la violencia brutal de los gobiernos burgueses, que aplastan a sangre y fuego toda manifestación de aspiración a la autodeterminación nacional; en segundo lugar, a la discordia entre las masas trabajadoras de Oriente y, en tercer lugar, a la conducta traidora y pérfida de los ricos y terratenientes indígenas, que no son pocos en ningún país oriental. Todos estos ricos y terratenientes marroquíes, argelinos, persas, turcos, indios y bujaríes —mulay-hafices, hachis, pachás, beks y beyes, mirzas, emires, sahs, kanes, maharajás, molkadares, zamindares— son agentes del imperialismo internacional que sostienen el poder de los capitalistas extranjeros de la burguesía mundial.

El movimiento nacional revolucionario solo aliviará la situación de las masas populares si se convierte en una etapa decisiva hacia un movimiento socialista profundo y amplio.

La principal garantía de la victoria de los pueblos orientales en la lucha contra el monstruo del imperialismo mundial, contra ese dragón que escupe fuego, ante el cual parecen míseros pigmeos, enanos, todos los monstruos fantásticos y fabulosos creados por la imaginación popular, es la unión de las masas trabajadoras no solo de todo Oriente, sino también de Occidente. Esta guerra solo puede terminar con éxito si se libra en ambos frentes, a saber, contra el capital extranjero y contra los propios burgueses.

Para que las masas revolucionarias de Oriente cumplan esta condición, hay que organizarse en torno a los soviets campesinos, los soviets de trabajadores.

Las masas orientales solo pueden alcanzar la victoria en la lucha por la libertad acercándose a las masas trabajadoras de Occidente. ¿Cómo acelerar este acercamiento? Su primer paso debe ser una alianza estrecha de todos los pueblos de Oriente con la Rusia soviética, en la que todo el proletariado internacional ve al combatiente de vanguardia, al tirador de avanzada de la revolución mundial.

La forma de transición hacia la unidad completa de las masas trabajadoras de las distintas naciones es la federación de los Estados soviéticos de Oriente para luchar tanto contra los planes de conquista de las potencias imperialistas como contra las intrigas de los enemigos interiores.

Así pues, para poner fin a la guerra fratricida entre los obreros y campesinos georgianos, armenios y turcos, es necesario ante todo establecer el poder soviético en todos estos países y después formar también la federación de los pueblos que los habitan.

Para resolver la cuestión de los Dardanelos es necesario crear una federación del mar Negro. El principio de la federación ha demostrado su vitalidad en las relaciones exteriores con el ejemplo de la antigua Hungría roja, de Ucrania, etc., y en la política interior con las repúblicas tártara y bashkiria.

Solo la dictadura del proletariado, y en general de las masas trabajadoras, tras liberar del yugo extranjero y derribar por completo al capital, será en los países atrasados la garantía de que estos países no se conviertan, como los Estados de Polonia, la Hungría blanca, Checoslovaquia, Georgia y Armenia, formados de los restos del Imperio austrohúngaro y de la Rusia zarista, o como la Grecia de Venizelos, formada de los restos de Turquía, etc., en nuevos instrumentos de guerras, saqueos y violencias.

Solo el triunfo completo del trabajo sobre el capital, derribado y reducido a polvo, asegurará la paz entre los trabajadores de todos los países.

¡Alzaos, pueblos de Oriente! La III Internacional os llama a la guerra santa contra los buitres del capitalismo. Camaradas delegados, desarrollad la consciencia de clase de las masas populares, organizadlas en torno a los soviets campesinos, los soviets de trabajadores, llamad a todos los trabajadores a la alianza con la Rusia soviética, propagad la idea de la federación de las naciones oprimidas y, por último, cread la alianza de los proletarios y campesinos de todos los países, religiones y lenguas.

Es necesario acabar, con los esfuerzos unidos de los trabajadores de todos los países, con el imperialismo mundial y con la violencia de una nación sobre otra. Es necesario acabar con la política colonial de las potencias capitalistas y asegurar a todos los países la posibilidad de empezar a vivir una vida libre e independiente.

Para ello es necesario ir por la vía revolucionaria y prepararse para el combate decisivo, preparando a las masas para un alzamiento inmediato con las armas en la mano, en filas cerradas y en columnas compactas. Daos prisa, porque la revolución no se puede aplazar. ¡La demora es como la muerte! *(Aplausos.)*

De lo contrario, las ruinas económicas se multiplicarán, los abismos económicos se ensancharán y se harán más profundos, la miseria crecerá, la degeneración se agravará.

Ya hace seis años que la burguesía se ocupa exclusivamente de la guerra y del saqueo, y no dejará de ocuparse de esta obra destructora, convertida como está en un salteador de caminos.

Hubo un tiempo en que la burguesía, a pesar de todo, hacía avanzar a la humanidad, al menos en el terreno del progreso industrial, del desarrollo de las fuerzas productivas. Ahora la hace retroceder en todos los terrenos, la empuja al abismo de la ruina definitiva. El capitalismo de posguerra tiene todos los hábitos de bandolero de los advenedizos recién enriquecidos, y al mismo tiempo tiembla en los accesos febriles y las convulsiones de un organismo minado por toda clase de excesos y que está en vísperas de la muerte. ¿Es de extrañar que incluso los burgueses más moderados, apacibles hasta hace poco, de antes de la guerra, envenenados por todos los miasmas que pululan en la atmósfera de una riqueza ilusoria y de una prosperidad puramente exterior, temblando ante el fantasma, siempre presente, de la bancarrota próxima, hayan perdido literalmente la cabeza y se hayan convertido en fieras rabiosas, capaces solo de lanzarse sobre los seres que las rodean, morderlos y despedazarlos?

La burguesía mundial, como una fiera gravemente herida, se debate en convulsiones, en la rabia, y con los dientes y las garras golpea no solo a los seres vivos, sino también a los objetos inanimados que alcanza en sus saltos convulsivos.

No hay que dejar que la fiera gravemente herida se recupere. Las masas trabajadoras de Oriente deben alzarse como un solo hombre y, en alianza con el proletariado de Rusia y con los elementos revolucionarios de toda Europa y América, lanzarse al asalto contra el depredador imperialista, el vampiro malvado que ha tenido en la esclavitud a cientos y cientos de millones de hombres de los continentes blanco, amarillo y negro.

Nosotros, los revolucionarios, después del verdugo no conocemos nada más despreciable que la víctima que se entrega sin protestar y sin combatir a los tormentos y a la tortura.

Este último duelo que empezamos nos exigirá sacrificios sangrientos y duros esfuerzos, pero venceremos. Iremos adelante sin mirar atrás.

Camaradas, la fantasía oriental ha creado un cuento que, en símbolos, señala por así decir las condiciones en que un hombre o un pueblo que se han propuesto una tarea determinada pueden llevarla a cabo. Este cuento habla de tres maravillas de la naturaleza que se encontraban en la cima de una montaña encantada. Muchos héroes intrépidos se disponían a apoderarse de esos tesoros, pero en cuanto alguno pisaba la montaña encantada empezaban a oírse voces que llamaban al intrépido a volver atrás. Eran o bien los gemidos lastimeros y las súplicas de los hijos, las mujeres, los padres y las madres, que llamaban al valiente a volver atrás, a no poner en peligro su vida por una quimera, o bien gritos amenazadores, semejantes al rugido terrible de la tempestad y a los golpes del trueno. Miles y miles de valientes no resistían la prueba, miraban atrás, de donde venían esos sonidos, y se convertían en estatuas de piedra. Y toda la montaña, desde el pie hasta la cima, estaba sembrada de estas estatuas de piedra, sin alma, en las que se habían convertido hombres en otro tiempo vivos. Pero he aquí que apareció un hombre valeroso y fuerte. Empezó a subir la montaña sin prestar atención ni a las tiernas súplicas de las personas queridas ni a los gritos amenazadores y a las voces terribles que sonaban a su espalda y lo amenazaban con todas las plagas de Egipto y con la muerte más atroz. No miraba atrás e iba adelante, con la mirada clavada en la cima de la montaña. Y alcanzó su objetivo: se apoderó de los tesoros que había en la cima.

Y he aquí, camaradas, que empezáis la subida a la montaña para apoderaros de todos los tesoros del mundo. Y oiréis las voces de las personas queridas, que os suplicarán que no arriesguéis vuestra vida; oiréis los gritos amenazadores de toda clase de santurrones musulmanes, de fanáticos panturquistas, panislamistas, de mencheviques georgianos y armenios y de dashnakes, que os asustarán con toda clase de espantajos; pero vosotros iréis adelante sin prestar atención a esos gritos, subiréis la montaña con las armas en la mano, sin mirar atrás, porque si no os convertiréis en estatuas de piedra. *(Aplausos.)*

Pero llegaréis a la cima de la montaña, os apoderaréis de las maravillas del mundo, veréis el reino de la fraternidad, de la libertad, de la verdadera igualdad de las naciones, el reino del trabajo. *(Aplausos.)*

¡Viva la alianza militar ofensiva de las masas trabajadoras de Oriente y de Occidente!

¡Viva la república soviética internacional del trabajo, en la que no habrá pueblos esclavizados ni pueblos oprimidos!

¡Viva el poder soviético en todo el mundo!

¡Viva la III Internacional Comunista! *(Aplausos.)*

**El presidente.** Camaradas, antes de pasar a las traducciones queremos haceros una propuesta: para subrayar las aspiraciones del congreso y acelerar la emancipación de las mujeres en Oriente, os pedimos que aprobéis la incorporación al presidium de las tres mujeres siguientes: Bulach, de Daguestán; Nadzhía Janum, de Turquía[^61], y Shabánova, de Azerbaiyán. *(Voces: «¡Sí, sí!». Aplausos, que se convierten en una ovación.)*

La camarada Nadzhía Janum dirá unas palabras.

**Nadzhía Janum** habla en turco. *(Aplausos ruidosos y prolongados.)*

**El presidente.** ¡Viva la emancipación de las mujeres de Oriente! *(Aplausos ruidosos. Gritos de «¡Hurra!». Todos se ponen en pie. Ovación.)*

**El presidente.** ¡Yashasún Shargín azad janumlari![^62]

**Shabánova.** ¡Vivan nuestros camaradas dirigentes: Lenin, Zinóviev, Trotski!

*(Gritos de «¡Hurra!». Aplausos. Ovación. Desde la sala se oyen exclamaciones en diversas lenguas, ahogadas por el estruendo de los aplausos.)*

**El presidente.** Se concede la palabra para la traducción del discurso del camarada Pávlovich. Según lo que acordamos ayer, la traducción debe ser breve. Tiene la palabra para la traducción el camarada Sultán-Zadé.

*Sultán-Zadé traduce.*

**Zinóviev.** Puesto que el congreso está muy cansado, las dos fracciones proponen limitarse a dos oradores, uno por cada fracción. Los oradores designados son los camaradas Mutúshev y Ryskúlov. Cada uno de ellos dispondrá de diez minutos y después pasaremos a la votación. Traduzcan, por favor. *(Traducción.)*

Tiene la palabra el camarada Mutúshev.

**Mutúshev** *(comunista)*. Camaradas, dispongo de muy poco tiempo; por eso os pido que me ayudéis guardando silencio y atención. Sobre la cuestión nacional y colonial se os ha trazado a grandes rasgos un cuadro de su planteamiento actual; pero convendría añadir a los rasgos que ha dado el camarada ponente unas palabras sobre la política nacional y colonial; examinar la cuestión, por así decir, en movimiento, desde un punto de vista determinado.

Camaradas, hay que abordar esta cuestión seria con realismo. No es una cuestión de mera declaración, es una cuestión de una importancia vital extraordinaria, de cuya justa solución depende toda la suerte de la revolución. En el poco tiempo de que dispongo intentaré daros un breve balance de la situación objetiva real.

¿Qué es Oriente? La división entre Oriente y Occidente tiene su historia, pero, en último término, hoy por Oriente se entienden los países de Asia y la costa septentrional de África, sobre todo Egipto. En particular, por Oriente musulmán se entienden Turquía, Persia, Beluchistán, Afganistán, Bujará, Jiva y todas las regiones del Turquestán, la India y parte de China. Esto es lo que se llama el Oriente musulmán. Es natural que en un territorio tan vasto haya una diversidad colosal, un enorme ramillete exótico de nacionalidades que hablan lenguas distintas pero están unidas por rasgos comunes de cultura: el islam.

Desde luego, en diez minutos no se puede abarcar este océano de ideas que se llama Oriente. Por eso, al hablar de la política nacional y colonial, examinaremos la cuestión dentro de los límites de nuestro programa.

Camaradas, hacer balance de la situación objetiva significa hacer un recuento real, lo más exacto posible, de la realidad: ver cómo se distribuye la propiedad, cuáles son los modos de producción y cuáles las relaciones de producción, y además tener en cuenta el colosal bagaje ideológico de la cultura espiritual que está condicionado por esa base económica dada. Esto es, propiamente hablando, lo que significa hacer balance de la situación objetiva, y para ello, por desgracia, no tengo tiempo. Al desarrollar su táctica revolucionaria, el poder soviético, que encabeza e inspira el movimiento revolucionario en Oriente, dirige ese movimiento y lleva a Oriente toda la suma de su cultura proletaria soviética. ¿Existe esa cultura, hay una cultura proletaria, y qué cultura es? Me propongo demostraros que, en la situación creada, la única salida para los pueblos de Oriente es la alianza más estrecha y el contacto vivo con la Rusia soviética, como dirigente del movimiento revolucionario a escala mundial. Veamos primero lo que hay sobre el terreno, antes de pasar a lo que va hacia Oriente. En Oriente tenemos masas campesinas y, salvo raras excepciones, una ausencia casi total de proletariado fabril organizado. ¿Dónde está entonces el centro, cuál es el punto principal en torno al cual debe consumarse la revolución social en Oriente? Es la masa campesina, son las relaciones agrarias, es el despotismo bárbaro del poder local, es el imperialismo de Occidente. Y entendemos el movimiento revolucionario en Oriente como la organización del campesinado contra las supervivencias feudales de que tan llena está la triste vida de Oriente, como el derrocamiento del desvergonzado y rapaz imperialismo de Occidente. Así como en la historia pasada el movimiento de los pueblos de Oriente hacia Occidente fue agrario, un movimiento por la tierra, también ahora, en el siglo XX, el movimiento de la revolución de Occidente hacia Oriente será en su fundamento un movimiento por la tierra. Llevaremos a Oriente la emancipación de la tierra, la emancipación del campesinado trabajador.

Vayamos a Turquía, que desempeña un papel tan importante en todo Oriente. Hay un cuadro notable: basta mirarlo para sentir el horror social de la vida rural del campesinado turco. Doce años de dominio ininterrumpido en Turquía del partido de la «Desunión y Regreso»[^63], como remate de la historia de pesadilla del absolutismo de los sultanes, han llevado al campesinado de Anatolia al pauperismo. El cuadro: a lo lejos, en el horizonte, se ve una aldea turca; en primer plano, un viejo turco de pelo blanco ara la tierra, y al arado o a la esteva ha uncido, junto con su único buey, a su propia hija. El enorme sentido social de este cuadro está claro: toda la población masculina joven ha sido apartada del trabajo productivo para la guerra y casi todo el ganado de labor ha sido destruido. A este callejón sin salida económico ha llevado el absolutismo turco al campesinado turco, con la benévola participación del imperialismo occidental. Ese es el punto de apoyo con el que la palanca de la revolución debe realizar la revolución social en Turquía. Sin embargo, en Turquía hay un atisbo de organización del proletariado, hay células comunistas, se hace propaganda legal e ilegal. El movimiento de Mustafá Kemal es un movimiento de liberación nacional. Lo apoyamos, pero creemos que, en cuanto termine la lucha contra el imperialismo, este movimiento se transformará en revolución social. Pasemos a Persia. El horror, la miseria inaudita en que viven los campesinos persas, dura desde hace muchos años. Basta con que miréis las calles de Bakú para ver a una masa de gente que arrastra la existencia más lastimosa: son productos de la economía capitalista inhumana, los llamados *ambales*[^64]. Cuando miréis a estos seres humanos privados del sentido más elemental de la vida, ocupados todo el día en el trabajo más penoso solo para no morirse de hambre por la noche, comprenderéis también que en Persia hay «superpoblación obrera», que hay terreno para la revolución social. No es difícil comprender lo que pasa más allá, en Afganistán, en Beluchistán y en la India, bajo la tutela «paternal» y «patriarcal» del imperialismo británico. De la India los bandidos europeos sacan tesoros incalculables, mientras el dueño más legítimo de esos tesoros, los obreros y campesinos de la India, mueren como moscas de hambre y de epidemias. Creo que todos comprenden que toda la esencia de nuestro trabajo en este congreso consiste en explicar que el poder soviético y la dictadura del proletariado, la unión de todo el proletariado mundial, la consciencia de la comunidad de intereses y tareas de toda la humanidad trabajadora, son la única condición de la victoria del trabajo sobre el capital y de la emancipación de las masas oprimidas de la humanidad del yugo del imperialismo.

¿Qué valores culturales tiene, pues, el proletariado y qué lleva a Oriente? La base científica del comunismo son las obras de Marx, de Engels y de otros muchos sabios. Esta corriente de la ciencia social se llama marxismo, materialismo histórico. Así, en la elaboración de su concepción proletaria del mundo, los trabajadores poseen un valor científico que no tiene igual en la burguesía. Debo añadir que el proletariado se entiende a sí mismo como una clase que no puede liberarse del yugo del capital sin liberar también a todas las demás clases de la sociedad. De ahí está claro que el proletariado es la única clase que aspira a una cultura verdadera, universalmente humana. No lleva a Oriente la desunión, sino la unión de la humanidad trabajadora, y con ese fin ha creado enormes valores culturales en forma de sindicatos y de cooperativas. Esas son las notables fuerzas del proletariado, que expresan y fundamentan su garantía mutua, su confianza mutua y su firme decisión de ir juntos al último combate a muerte con el capital. Además, el proletariado ha creado un orden inaudito de organización del poder: el poder soviético. Es una enorme conquista del proletariado en el terreno político, muy sencilla en su estructura y genial en su idea. Estos son los valores culturales que el proletariado lleva a Oriente en nombre de la emancipación y la liberación de las masas oprimidas. Sin duda, todo movimiento humano tiene defectos; tampoco aquí faltarán asperezas; por eso hay que decir unas palabras sobre las particularidades de la cultura proletaria, para que entendáis que los defectos son inevitables, que de algunos es ridículo hablar y que, desde luego, hay y habrá defectos que sería deshonesto callar. El conocido teólogo cristiano Tomás de Aquino distinguía la Iglesia militante, que conquista su lugar en la arena del mundo, y la Iglesia que celebra su victoria, la triunfante. La primera es romántica; la segunda, clásica. Pero no solo la Iglesia: el arte y la cultura en general corren la misma suerte. Toda cultura es al principio una cultura militante, una cultura que lucha por su derecho a existir. La cultura proletaria es una cultura de lucha, de búsqueda de los verdaderos caminos por los que debe ir la humanidad, una cultura romántica, todavía no clásica. No hay en ella la calma del triunfo; toda ella es impulso, pasión, y por eso hay en ella errores y defectos. No olvidéis, además, que la lucha de clases, la revolución social, es un combate a muerte entre dos campos irreconciliables. De esta batalla sale vencedor o el trabajo o el capital, o perecen ambos. La salvación de Oriente está en la victoria del proletariado, y por eso nuestro único camino es el contacto con la Rusia soviética. Bajo su dirección y su instrucción, junto con ella, debemos marchar contra el enemigo común: el capital mundial. Os he dicho brevemente lo que tenemos en Oriente y lo que va hacia Oriente. La política del proletariado en la cuestión nacional y colonial está expresada en las resoluciones del VIII Congreso del Partido Comunista de Rusia[^65], cuya esencia principal es la siguiente: unión del proletariado y del semiproletariado de todos los países y de todas las naciones, es decir, lo que vemos ante nosotros en la III Internacional; abolición de los privilegios y del dominio de una nación sobre otra, y la federación como forma transitoria de unión de todos los trabajadores...

**El presidente** anuncia que se ha acabado el tiempo del discurso. *(Voces: «¡Que siga, que siga!».)*

El camarada ha hablado veinte minutos, diez minutos de más; pero, si el congreso lo desea, se le puede permitir, desde luego, que termine su discurso. *(Voces: «¡Que siga!».)*

Los que estén a favor de que el camarada Mutúshev termine, que levanten la mano. ¿En contra? La mayoría a favor. Por tanto, el congreso desea que el camarada Mutúshev continúe su discurso. Camarada Mutúshev, adelante.

**Mutúshev** *(aplausos)*. Camaradas, me han interrumpido y no recuerdo dónde me había quedado. Aunque me han dado la posibilidad de continuar, no podemos extendernos mucho por falta de tiempo.

Mi único deseo es que os llevéis de este congreso una idea sencilla, una consciencia firme: que o pereceremos junto con la Rusia soviética o viviremos juntos una vida nueva y luminosa sobre bases comunistas; que en nuestro planeta hay dos centros: el centro del dominio burgués, Versalles, y el centro de la lucha proletaria, el Moscú rojo.

Camaradas, quisiera recordaros que nuestros antepasados marcharon en otro tiempo de Oriente a Occidente como conquistadores rapaces, y que, si los pueblos oprimidos de Oriente desconfían de los países opresores de Occidente, la misma desconfianza, como supervivencia del pasado, tienen los países de Occidente hacia los pueblos de Oriente. Los tiempos de Tamerlán y de Gengis Kan no se han olvidado. Entre las masas trabajadoras de Oriente y de Occidente no debe haber semejante desconfianza mutua, porque tienen un solo enemigo común: el capital mundial y el imperialismo. Os recordaré unos versos de un poema del genial Lérmontov: «No temo a Oriente, respondió el Kazbek: el género humano duerme allí profundamente desde hace ya nueve siglos»[^66]. Hoy podemos decir con orgullo que Oriente despierta de su sueño secular y sale al camino humano común de la construcción social, en unión fraternal y en contacto con el proletariado de Occidente, representado por la Rusia roja. Quisiera daros un rasgo tajante para pintar en vuestra imaginación el cuadro de la «cultura y la civilización» que el imperialismo occidental lleva a Oriente, a las colonias. El poeta Gorodetski[^67] expresó en el poema «Café», publicado en las páginas de la revista proletaria de Bakú *Voenmor*, toda la fuerza de la protesta poética contra esa «cultura»: en la isla de Java una salvaje de piel rojinegra recoge café. En el muelle, un británico con el látigo en la mano vigila el trabajo del embalaje y, al menor desfallecimiento en el trabajo, arrea a la esclava con crueles golpes del «látigo civilizador»... Y en la isla de Java las heridas y los gemidos envenenan la vida de la salvaje rojinegra. Más adelante: el café está recogido, se lo han llevado a Europa y a América... En las tabernas, con cortesanas, con las ganancias obtenidas con el sudor y la sangre del proletariado, se va de juerga el burgués en París, en Londres o en Chicago. Y se bebe el café que el británico ha sacado de Java. Y el poeta, indignado con todas las fuerzas de su corazón de poeta, escribe:

«Por eso, cuando hierve en la porcelana  
el negro café de reflejos dorados,  
se alza en el cerebro un mar de deseos violentos,  
el alma ansía de pronto la catástrofe.  
¡Hacer saltar Europa! ¡Quitar a la libertad salvaje  
la malvada desvergüenza de la compraventa!  
No hacen falta látigos para las flores de magnolia,  
el sol no necesita guardianes del océano».

*(Aplausos.)*

**El presidente.** Ruego que ocupen sus asientos. Se concede la palabra al camarada Ryskúlov. *(Aplausos.)*

**Ryskúlov.** Las cuestiones colonial y nacional que se discuten ahora tienen una importancia enorme para nosotros. Estas cuestiones tienen una importancia enorme también para el régimen capitalista.

El último medio siglo de existencia del régimen capitalista se ha basado principalmente en esta política colonial y nacional. Si seguimos la actividad de las potencias capitalistas durante el último medio siglo, veremos que esta última fase es una forma completamente nueva del régimen capitalista, el llamado capitalismo monopolista, como lo llamó el camarada Lenin, es decir, la fase del capitalismo en que en manos de asociaciones aisladas, de trusts aislados de capitalistas, se concentran grandes mercados, en que se desarrolla la competencia entre asociaciones y grupos.

Como resultado de esta política, de esta competencia, vemos la conquista frenética de colonias y de mercados y la transformación violenta de la población de esas colonias en esclavos de una explotación inhumana.

Vemos que los territorios del continente negro, de África, y de Asia se reparten cada vez más entre unos cuantos grandes Estados. El resultado de esta política colonial fue, por una parte, que las potencias mundiales que encabezaban esa política chocaron en sus intereses y formaron dos coaliciones, provocaron la guerra de cinco años que hemos vivido, y el resultado de esta fue la revolución social que se está produciendo en Europa y empieza en Oriente.

En este momento no tiene ningún interés detenerse a caracterizar las distintas formas de explotación colonial, porque ese período ya lo hemos vivido.

En otro tiempo, cuando existía la II Internacional, también se hablaba de política colonial, pero solo sobre el papel, de palabra. En el fondo se aprobaban las aspiraciones de las grandes potencias a las conquistas. En este momento la cuestión de Oriente se plantea de un modo completamente distinto.

Con la instauración de la dictadura del proletariado en Rusia, con la victoria del partido comunista, vemos que la cuestión colonial se ilumina desde otro ángulo. Ya no existe aquel temor que tenían los jefes de la II Internacional de que los pueblos de Oriente destruyeran la cultura de Europa. Eso temían los jefes de la II Internacional. Temían ofender los sentimientos de sus amos burgueses. Pero en el partido comunista, en la III Internacional, eso no existe en absoluto.

Se plantea claramente la consigna de la unión del proletariado occidental con la corriente revolucionaria oriental, con el movimiento de los campesinos y de los trabajadores en Oriente.

Aunque la corriente comunista se fortalece en todos los países, aunque la III Internacional representa una fuerza poderosa que hace tambalear los cimientos del capitalismo, aunque se ha alcanzado la victoria socialista, la cuestión colonial sigue siendo, junto con las cuestiones agrarias, la piedra angular de nuestra política.

La solución justa de estas cuestiones tiene una importancia enorme, y planteándolas acertadamente podemos hacer avanzar la solución de nuestras tareas.

En este momento existen en Oriente condiciones muy favorables para implantar el movimiento revolucionario, para atraer a las masas trabajadoras al movimiento socialista. La premisa de ello es la situación de los campesinos creada por la actividad colonial de las grandes potencias. La premisa de ello son las consecuencias de la guerra de cinco años, que ha sembrado en las colonias una masa de miseria, de opresión y de ruina. Como resultado, los trabajadores de las colonias están preparados para las insurrecciones, preparados para la acción revolucionaria contra el imperialismo.

Pero si en Occidente el movimiento socialista adquiere un carácter comunista, nosotros, desde luego, no podemos contar con un movimiento puramente comunista. En Oriente el movimiento tomará un carácter pequeñoburgués, el carácter de un movimiento por la autodeterminación nacional, por la unión de Oriente. Pero este movimiento desembocará sin falta en un movimiento social, en un movimiento agrario. *(Aplausos.)*

La tarea de la Internacional Comunista consiste en arrancar definitivamente a la clase obrera de Occidente, que en parte se encuentra todavía bajo la influencia de los oportunistas, bajo la influencia de los conciliadores, de esa influencia, en educar partidarios conscientes del comunismo; y, al mismo tiempo, la tarea más cardinal es la unión de los trabajadores, la unión del movimiento revolucionario disperso de Oriente con el movimiento de Occidente. Esa es la cuestión más cardinal planteada ante la III Internacional.

Para esta cuestión nos hemos reunido aquí y esta cuestión es la que aquí resolvemos; precisamente trazamos el camino para llegar a su solución, precisamente trazamos el camino para llegar a la unión más rápida y más segura de Occidente con Oriente, para derribar definitivamente los cimientos del capitalismo.

La III Internacional demuestra respecto a Oriente, no solo sobre el papel, no solo en un llamamiento, no solo de palabra, sino en la práctica y en los hechos, que cincuenta millones de habitantes de los pueblos de Oriente se han incorporado al poder soviético. Vemos que de las antiguas colonias, como el Turquestán, el Cáucaso y otros países de población musulmana, se han formado repúblicas soviéticas, y estas repúblicas soviéticas forman parte de la Rusia soviética como unidades federadas, y ahora estas repúblicas soviéticas, pobladas de trabajadores oprimidos, se desarrollan culturalmente, elevan su cultura. Ahora están liberadas y organizan su vida social.

Esto es ya una gran obra que ha realizado la Internacional Comunista. La transformación radical que han vivido estas regiones periféricas, estas repúblicas, y lo que allí se ha creado debe servir de ejemplo a todo Oriente. Que todos los trabajadores no solo presten oído a nuestros llamamientos, a nuestras ideas, sino que se fijen en esas repúblicas, que son para ellos un ejemplo. En estas regiones el partido comunista ha demostrado que el programa del partido comunista es aceptable no solo para el proletariado occidental, sino también en Oriente.

Por mucho que los partidarios de la II Internacional y los conciliadores se esfuercen en demostrar que las colonias de Oriente están pobladas de esclavos que nunca podrán igualarse con Europa, tan atrasados que ningún trabajo, ningún esfuerzo les hará moverse de su sitio, a pesar de todos los argumentos vemos que este Oriente, al que la Europa burguesa tiene en muy poco, ha demostrado que sabe incorporarse al comunismo. Lo vemos precisamente en las repúblicas periféricas, en la experiencia de la implantación del comunismo, de la implantación del poder soviético, precisamente entre esos musulmanes atrasados.

Las formas de régimen estatal y los modos de reformar la vida económica en las regiones periféricas servirán sin duda de ejemplo brillante para los países de Oriente que todavía no están liberados y que deben serlo.

En este momento, en Oriente, el movimiento, precisamente en los países donde las organizaciones revolucionarias son débiles, donde las organizaciones de los trabajadores son débiles, adquiere desde luego un carácter nacional-burgués. A la cabeza del movimiento están partidarios de la revolución pequeñoburguesa, partidarios de la democracia, pero no partidarios del comunismo soviético. Este movimiento, al principio más unido, más poderoso, nos prestará desde luego un gran servicio, porque esa fuerza actúa contra la Entente, contra el capital mundial, y eso nos supone una gran ayuda.

Desde luego, la III Internacional, desde luego, el partido comunista debe apoyar este movimiento, pero al mismo tiempo debemos decir que este movimiento no es el que liberará definitivamente a las masas trabajadoras. La liberación de las masas trabajadoras solo puede producirse por la vía de la revolución social. Por eso, si vemos que los revolucionarios pequeñoburgueses de Oriente, aunque se alzan contra el capitalismo, no tienen al mismo tiempo nada en común con el comunismo y quieren a toda costa crear sus repúblicas nacionales autónomas, esas repúblicas autónomas existirán solo sobre el papel: nunca habrá una república independiente, una república autónoma. Porque o tienen que estar en el campo de la burguesía, en el campo de los capitalistas, o en el campo del proletariado mundial; entre estas dos posiciones no hay otra salida. Lo vemos en los hechos. Estados como Armenia, Finlandia o Polonia son ejemplos que hablan con demasiada claridad. Esos Estados no son Estados propios. Los han creado a propósito los aliados; no son, pura y simplemente, más que bandas organizadas que luchan contra la Rusia soviética por encargo especial del capital mundial. Por eso, si en algún lugar de Oriente, supongamos en Turquía o en otras partes, partidarios del movimiento revolucionario pero a la vez enemigos del comunismo trataran de crear Estados independientes de ese tipo, tales Estados dejarían de existir: caerían bajo la influencia de los imperialistas, bajo la influencia del capital mundial, y volverían las armas contra el proletariado, contra el Oriente trabajador. Por eso la situación está clara; está claro que los trabajadores de Oriente solo tienen una opción, a saber: organizarse cuanto antes bajo la consigna, bajo la bandera de la Internacional Comunista y hacer cuanto antes la revolución agraria, tomar la tierra y tomar el poder en sus manos. Esa es la única solución, el único camino, el único modo de realizar la verdadera autodeterminación de los pueblos, la verdadera liberación del yugo del capital mundial. *(Aplausos.)*

El camarada Lenin, en sus tesis sobre la cuestión colonial y nacional en el II Congreso, señaló con toda exactitud, con todo realismo, las tareas del partido comunista, las tareas de la III Internacional en Oriente. Aunque no ha estado en Oriente, en sus tesis lo señala todo como si estuviera arrancado de la vida. Estas tesis indican en primer lugar la necesidad de liberarse del yugo del capital mundial y de llamar a la lucha contra el capital mundial no solo a las corrientes comunistas, sino también a las corrientes nacional-burguesas. A estas corrientes burguesas nacionalistas se las llama a la alianza, pero al mismo tiempo las tesis indican concretamente que no traerán todavía la liberación definitiva de los trabajadores. Ese movimiento no puede llevar a la liberación. Después se trazan las bases sociales de esa liberación; en este sentido, el apoyo principal de esta revolución es precisamente la cuestión agraria, la cuestión de la tierra.

Para todas las clases trabajadoras ha llegado sin duda el momento en que deben organizarse y alzarse junto con el proletariado occidental, alzarse resueltamente contra el capital mundial. Y ahí está la premisa para que los pueblos oprimidos de Oriente, aplastados durante siglos por el capitalismo, ese mismo Oriente que en otro tiempo dio la luz a Europa y ha sido aplastado por esa misma Europa, se levante. En las entrañas de este Oriente se ocultan fuerzas poderosas, se oculta una fuerza inmensa que ahora se alza en un solo torrente poderoso y que, unida al torrente del movimiento comunista, derribará definitivamente el dominio del capital mundial. La base para ello es que se han creado muchos partidos comunistas, a los que unen los dirigentes de los trabajadores de Oriente. Lo demuestra el hecho de que se hayan creado toda una serie de repúblicas soviéticas a partir de colonias. Nuestra premisa para ello es que en este momento se celebra el Congreso de los Pueblos de Oriente, de los pueblos trabajadores de Oriente. Es el umbral de ese poderoso, grandioso movimiento que empezará en un futuro no lejano y que, unido en una poderosa Internacional de Oriente, junto con el proletariado occidental, herirá al capitalismo mundial definitivamente y en pleno corazón.

¡Viva la Internacional Comunista, guía del proletariado mundial y de todos los trabajadores del globo terrestre!

¡Vivan los dirigentes de la III Internacional!

¡Vivan los trabajadores de Oriente, que ahora se alzan con fuerza y unidos contra ese capital! *(Aplausos.)*

*Voces:* «¡Gadzhíeva! ¡Traducción al uzbeko! ¡Gadzhíeva!».

**El presidente** *(toca la campanilla)*. Ahora habrá traducción.

*El traductor* traduce al turco.

**El presidente.** Declaro un descanso de cinco minutos. *(Lo mismo en turco.)*

**El presidente.** Ha terminado la discusión de la cuestión colonial. El presidium no propone ninguna resolución especial sobre esta cuestión, pues considera que el congreso se solidariza con la resolución del II Congreso de la Internacional Comunista sobre ella[^68].

Se han recibido aquí las siguientes declaraciones escritas:

1. Declaración sobre Palestina de la Oficina Central de las Secciones Judías del Partido Comunista de Rusia[^69].
2. Declaración del Partido Comunista Judío (Poalei Sión)[^70] sobre las cuestiones nacional y colonial.
3. Declaración de los representantes de las masas trabajadoras de Armenia.
4. Declaración de los judíos de las montañas[^71].
5. Llamamiento de los musulmanes del Cáucaso sudoccidental al Congreso de los Pueblos de Oriente. *(Traducción.)*

**El presidente.** Hay que traducirlo también al turco.

*Una voz:* Hay que traducirlo también al azerbaiyano. ¡Por favor! *(Traducción.)*

**El presidente.** Todos estos documentos son muy importantes, pero muy largos, y por desgracia no es posible leerlos ni traducirlos todos. El presidium propone adjuntarlos al acta como documentos. *(Traducción.)*

Camaradas, con esto cerramos ahora la sesión del congreso. La próxima sesión, mañana a las cinco de la tarde.

*Se levanta la sesión a las diez y cinco de la noche.*

## Sexta sesión, lunes 6 de septiembre de 1920

*Se abre la sesión a las siete y diez de la tarde. Preside el camarada Zinóviev.*

**El presidente.** Declaro abierta la VI sesión del Congreso de los Pueblos de Oriente. Ponemos ahora en el orden del día la cuestión de la construcción soviética en Oriente. Ruego que se traduzca. *(Traducción.)*

Pasamos, pues, a dicho informe. Tiene la palabra el camarada Béla Kun. *(Aplausos.)*

**Béla Kun.** Camaradas, para fundamentar las tesis, discutidas detalladamente y que el presidium os propone por unanimidad, me permitiré exponeros lo siguiente:

En la vecindad inmediata de los pueblos de Oriente cayó, bajo los golpes de la revolución de los obreros y de los campesinos pobres, la poderosa Rusia zarista. Esta revolución no se detuvo a mitad de camino. No dejó el poder del Estado en manos de aquellas clases a las que el régimen zarista desagradaba más o menos, pero cuya existencia entera se basa, sin embargo, en la opresión de los trabajadores. Esta revolución no dejó siquiera en pie el antiguo armazón del Estado, sino que lo destruyó para levantar sobre sus ruinas el poder del Estado de los obreros y de los campesinos pobres, con el propósito de continuar, por medio de ese poder, la lucha hasta que desaparezca toda posibilidad de opresión, cualquiera que sea. Esta revolución tampoco se detuvo a mitad de camino en otro sentido: no se paró en las fronteras del Estado, sino que, como un fuego devorador, se extendió a Occidente y a Oriente. Esta extensión de la revolución a Occidente y a Oriente amenaza con la ruina final al régimen que, no contento con explotar a los trabajadores de sus propios países, alcanzó su florecimiento en la política colonial imperialista y dio sus frutos en la guerra mundial. La revolución en Occidente y en Oriente tiene que seguir necesariamente a la revolución social de los obreros y campesinos pobres rusos. Estas dos revoluciones están orgánicamente ligadas entre sí, no solo porque se dirigen contra un enemigo común, el imperialismo mundial, sino también porque la condición previa necesaria de su victoria es una lucha común y concertada. Para someter a los pueblos coloniales, los imperialistas explotadores movilizaron a los obreros europeos, a esos obreros europeos a los que trataban de atraer a su lado sobornándolos con las migajas del superbeneficio exprimido a los pueblos coloniales; así se hizo en Inglaterra y en Alemania. De este modo querían apartar a los obreros del camino de su vocación revolucionaria. Por otra parte, sobre todo en los últimos tiempos, la burguesía imperialista piensa mucho en enviar contra los movimientos obreros europeos tropas coloniales reclutadas, aprovechando la falta de consciencia de esas tropas, para defender su tambaleante poder de Estado contra la clase obrera.

Yo mismo, camaradas, he podido ser testigo de un intento semejante de la burguesía imperialista. Cuando nosotros, los obreros y campesinos pobres húngaros, tomamos el poder en nuestras manos, la burguesía francesa intentó enseguida estrangular nuestra revolución por medio de tropas coloniales musulmanas. Pero, por difícil que fuera la comunicación con esos soldados a causa de la diferencia de lenguas, logramos encontrar el camino hacia la razón y el corazón de esas tropas coloniales, y arrojaron las armas cuando quisieron obligarlas a ahogar en sangre nuestra revolución.

En los países coloniales, la burguesía imperialista suele lograr encontrar la capa de la población indígena, y en los países semicoloniales la clase dominante, de cuya ayuda puede servirse para que su política de explotación sea más fácil y más barata y cueste menos sangre. Los sultanes, los emires y las capas dominantes de los países orientales allegadas a ellos, una vez quebrantada su propia resistencia, siempre han aceptado de buen grado convertirse en recaudadores de tributos para los opresores imperialistas; así, el sah de Persia aceptaba ser alternativamente recaudador de tributos ora para el imperialismo ruso, ora para el inglés. Los Jóvenes Turcos desollaban a los campesinos turcos para los imperialistas alemanes, y los anglófilos, hoy con el sultán a la cabeza, le quitan al campesino turco su última vaca en interés del bloque imperialista anglofrancés. El emir Faisal[^72], a sueldo de los banqueros franceses, acepta, despedazando la unidad del pueblo turco, seguir manteniendo al campesinado turco en la condición de bestia de carga de los imperialistas franceses.

La burguesía imperialista encontró a sus aliados en los países coloniales y semicoloniales de Oriente antes que el proletariado revolucionario occidental. Ayudaba a esos aliados suyos no solo dándoles migajas miserables de lo saqueado a los trabajadores pobres de esos países, sino enseñándoles también los procedimientos con que engañaba y embrutecía a su propia clase obrera.

El capitalismo solo conseguía mantener sometidas a las masas obreras rebeldes de Europa asegurándoles que también ellas participaban en el poder del Estado, que en realidad no era más que un instrumento en manos de la clase dominante para oprimir a los trabajadores. Del mismo modo, la constitución parlamentaria de Turquía, redactada según el modelo de los países europeos, aunque en apariencia daba derechos a los trabajadores, en realidad lo dejó todo como estaba: el dominio de los pachás, la arbitrariedad de los funcionarios, y no impidió la labor de los usureros, funesta para el pueblo.

La revolución del proletariado europeo y americano y de los campesinos pobres se dirige precisamente contra esa mentira que trata de seguir conservando la explotación y la opresión bajo el rótulo de la soberanía popular, de la libertad y de la igualdad. La revolución de los obreros y campesinos pobres rusos creó la forma de poder del Estado que no solo de palabra, sino de hecho, pone el poder en manos de las masas trabajadoras. Esa forma son los soviets de obreros y campesinos. Mientras los obreros y campesinos rusos no tomaron el poder en sus manos por medio de sus soviets, la tierra siguió en poder de los terratenientes y las fábricas y minas en poder de los capitalistas. La «libertad» solo daba a la burguesía la libertad de exprimir el sudor de sus obreros y de impedir que las nacionalidades no rusas decidieran por sí mismas si querían seguir formando parte del Estado ruso o ser independientes de él. La revolución comunista y la victoria del régimen soviético pusieron de inmediato en manos de los trabajadores la tierra, las fábricas y las minas y, en lugar de la desigualdad entre explotadores y explotados, crearon la igualdad de todos los trabajadores. Con el fin de la explotación desapareció todo interés en esclavizar y explotar a pueblos ajenos. Uno de los primeros pasos de la República soviética fue el reconocimiento del derecho de todos los pueblos a la autodeterminación y la liberación de las colonias rusas. Así como el régimen zarista sellaba sus alianzas con los sahs y los emires, es decir, con las capas dominantes de los países oprimidos, la Rusia soviética ofreció enseguida la alianza a los trabajadores a los que la vieja Rusia, tanto la zarista como la democrática, mantenía en la condición de colonias.

Solo el régimen soviético ha hecho posible poner el poder en manos de aquellos que están interesados en que los instrumentos de producción no sirvan a los intereses de un pequeño puñado, sino que pertenezcan a todos los trabajadores.

Los soviets, estos órganos de combate de los obreros y campesinos, órganos de su poder y de su administración, son una nueva forma de Estado. Los obreros y los campesinos pobres, después de desarmar a los enemigos del pueblo, se organizan en soviets, toman las armas, dictan ellos mismos las leyes y establecen las normas del orden social. Las propias masas trabajadoras, directamente o por medio de sus representantes, aplican las leyes.

No son los parásitos y los explotadores quienes disponen de los trabajadores, no son los usureros los amos del pueblo pobre: todos esos elementos están privados de todo derecho. El poder soviético es lo contrario manifiesto de lo que existe hoy en Oriente. Es el poder de los trabajadores y de los pobres en lugar del poder de los ricos y los parásitos. Creo que aquí no hay un solo delegado que no esté convencido de que solo implantando un poder de Estado de este tipo se puede poner fin a la opresión y a la explotación. Porque está claro que, mientras nuestros beyes, kanes, usureros y recaudadores de tributos tengan derechos políticos, mientras tengan la posibilidad de deformar la verdad con toda clase de astucias y engaños, de interpretar la ley según sus intereses y de recurrir a la fuerza de las armas allí donde la astucia ya no sirve, hasta entonces es completamente inútil hablar de poner fin a la opresión y a la explotación.

Las tesis que propongo contienen a grandes rasgos la esencia del poder soviético. El régimen soviético no es un régimen que no pueda adaptarse a las condiciones especiales de cualquier pueblo, de cualquier región. Allí donde el elemento preponderante son los obreros industriales, donde la explotación la representan fabricantes y banqueros, la organización de los soviets será muy distinta de la de las localidades donde la mayor parte de la población se dedica a la agricultura y donde la explotación existe en forma de usura. Mientras que en los Estados occidentales hay que apartar del poder y privar de derechos ante todo a los fabricantes, a los banqueros y a los grandes terratenientes, en los países orientales el poder soviético debe dirigirse ante todo contra los usureros, los kulaks, los kanes, los beyes, los colonizadores extranjeros y los funcionarios. Los soviets orientales deben ser, naturalmente, soviets de los campesinos pobres, y del mismo modo que en Daguestán y en Azerbaiyán se ha encontrado la manera de determinar a partir de qué cantidad de ganado empieza la explotación del trabajo ajeno, en todas las tribus se podrán determinar las reglas con arreglo a las cuales, al organizarse, los soviets sean de verdad órganos del poder de los campesinos pobres trabajadores.

Mientras que en Occidente el poder soviético es la expresión de la dictadura del proletariado, en Oriente, en los países donde no hay clase obrera industrial, será la expresión de la dictadura de los campesinos más pobres. Se entiende por sí solo que allí donde hay una fábrica, donde hay, aunque sea en pequeño número, obreros industriales más instruidos y experimentados, esos obreros serán los dirigentes de los pobres del campo. Desde luego, no serán dirigentes como los antiguos amos, que, preocupados por su propio bienestar, llevaban a los pobres a la explotación y a la miseria, sino dirigentes que, interesados ellos mismos en acabar con toda opresión y explotación, actuarán en interés del bien general del pueblo.

Los lacayos de la burguesía saben contar toda clase de horrores sobre el régimen soviético. Pronto lo aprendieron también en Oriente quienes están interesados en seguir manteniendo en la esclavitud a los trabajadores de Oriente, junto con los capitalistas occidentales o por su cuenta.

Solo en pocas palabras quiero pronunciarme contra la idea anquilosada según la cual los pueblos que no han pasado por el desarrollo capitalista, y por tanto por la democracia burguesa, deben vivir todo eso antes de pasar al sistema de los soviets. Esta idea se sostiene con el único fin de mantener por más tiempo a los campesinos pobres de Oriente bajo el poder de los emires, los pachás, los beyes y los colonizadores extranjeros. Hay otra objeción contra la creación de soviets en Oriente: que la dictadura del proletariado es imposible sin proletariado industrial, y en Oriente el número de proletarios industriales es insignificante. A esto respondemos: «El poder soviético es de hecho en Occidente la forma y la expresión de la dictadura del proletariado; pero en Oriente, donde el elemento explotado no es el obrero industrial, sino el campesinado pobre, es ese campesinado el que debe convertirse en el elemento dirigente de los soviets.

Se objeta también de otro modo: «Los pueblos de Oriente no están todavía lo bastante maduros para gobernar ellos mismos su destino; necesitan pasar por la democracia burguesa para adquirir la capacidad de gobernarse». Así razonan solo los imperialistas colonizadores.

En lenguaje del pueblo, esto significa: «Esperad, musulmanes pobres, a que los pachás, los beyes, los especuladores y los usureros tengan a bien enseñaros a quitarles la tierra y el poder».

Creo que esta mentira está clara para todos los delegados. Los musulmanes pobres vivieron durante muchos siglos bajo el poder de los sultanes, los pachás, etc.; y luego los comerciantes colonizadores, esos opresores, no solo no les enseñaron nada, sino que procuraron mantener al pueblo en la ignorancia. Si el pueblo espera, esperará siglos, hasta que esos verdugos no solo lo hayan saqueado, sino que lo hayan vuelto del todo incapaz de tomar el poder en sus manos. El arte de gobernar, como el de manejar las armas, exige un comienzo y práctica: quien no tome el fusil en sus manos nunca aprenderá a disparar.

Para terminar, quiero mencionar aún los cambios que la victoria común de su revolución introducirá en las formas de convivencia de los pueblos de Oriente y de Occidente. Sin duda, con la victoria de la revolución no cesarán las relaciones económicas de Oriente con Occidente. Al contrario, esos lazos serán mucho más estrechos que hasta ahora, pero serán de un orden completamente distinto del actual. Hoy Oriente está unido a Occidente por los lazos de la opresión y la violencia de las tropas coloniales. Los medios de la colonización han sido en todas las épocas el alcohol, la sífilis y las armas; los oficiales de los ejércitos imperialistas de los ingleses y los franceses no desnudaban solo con la mirada a las mujeres de los musulmanes oprimidos. Las riquezas naturales de las fértiles tierras orientales se iban a Occidente, pero no a manos de los trabajadores occidentales, sino a las cajas de los banqueros, fabricantes y terratenientes occidentales.

Esos banqueros y fabricantes, opresores de los obreros occidentales, siempre encontraban aliados en Oriente. El usurero que recoge los frutos de la tierra oriental, el gobernante del Estado y su entorno, que reciben préstamos de los capitalistas occidentales y cobran sin piedad al pueblo trabajador los intereses de esos préstamos, han sido siempre instrumentos de la política colonial.

Cuando la revolución del proletariado y de los campesinos más pobres prive de todo poder a los capitalistas, terratenientes, fabricantes y banqueros, y mande al diablo a sus secuaces, generales, funcionarios y popes, y cuando el poder pase a manos de los soviets, que representan a las masas del pueblo trabajador, esos nuevos Estados de obreros y campesinos no perseguirán, desde luego, ningún fin de conquista en Oriente. No buscarán sus aliados en el círculo de los sultanes y los emires, entre los pachás y los beyes, y no tolerarán que en las relaciones económicas entre Occidente y el campesinado de Oriente sirvan de intermediarios los usureros. Los obreros de Occidente y el campesinado de Oriente solo pueden establecer sus relaciones económicas directamente, a través de sus Estados soviéticos. El Estado soviético de los obreros solo puede vender los frutos de su trabajo directamente a los campesinos de Oriente, y nunca aceptará ni puede aceptar recibir los productos obtenidos a costa del trabajo tenaz de los campesinos orientales por mediación de los usureros que los despojan. Los Estados soviéticos no pueden seguir el sistema capitalista, que está construido entero sobre el intercambio. La ayuda fraternal mutua, la distribución justa de los frutos del trabajo común: ese puede ser el principio fundamental de las relaciones económicas que unan a Oriente con Occidente después de la revolución victoriosa. Y con la victoria del régimen soviético en Occidente y en Oriente desaparecerá la diferencia que existía y existe entre colonias y metrópolis. La entrada en la federación internacional, en la unión mundial de los Estados soviéticos, iguala, por así decir, a Oriente con Occidente y excluye orgánicamente toda posibilidad de explotar a los pueblos orientales.

Quien comprenda que la revolución liberadora de los pueblos de Oriente, igual que la revolución social, llevará al socialismo no puede pronunciarse sobre el futuro régimen estatal de Oriente más que a favor del poder soviético. En la época del florecimiento de las revoluciones burguesas y del régimen burgués era del todo comprensible la aspiración de las capas dominantes de Oriente a crear también para él un régimen parlamentario, plenamente acorde con el capitalismo y la democracia burguesa. Crear un régimen parlamentario significaba entonces aspirar a elevar Oriente al nivel de Occidente, dar a las fuerzas económicas la posibilidad de desarrollarse libremente. En realidad, se trataba de que el pueblo trabajador se echara al cuello, en lugar de explotadores y opresores extranjeros, a explotadores y opresores indígenas.

En la fase actual de desarrollo de la revolución internacional, la cuestión ya no es quién ha de ser el opresor, quién y cómo ha de repartirse las riquezas obtenidas por el pueblo trabajador. El régimen soviético significa precisamente el fin de todas las formas de explotación. Se trata de que de los frutos del trabajo de los trabajadores disfruten solo los trabajadores.

«El que no trabaja, que no coma». Es natural que quien quiera la liberación completa de los trabajadores de Oriente no pueda detenerse en un régimen que, con los órganos de su poder, tiende a conservar la explotación. Para quien quiera que los pueblos de Oriente se liberen de todas las formas de explotación y opresión, quien quiera liberarse de los colonizadores extranjeros y de los agentes indígenas de los imperialistas extranjeros, quien quiera que en lugar del poder de los pachás, los kanes, los beyes, los usureros y demás sanguijuelas llegue el poder de las masas trabajadoras, no hay otro camino que el poder de los soviets. Quien quiera que el pobre no esté a merced de la arbitrariedad de los ricos y sus lacayos, quien quiera que los pobres decidan por sí mismos sus asuntos, luchará incansablemente, al volver de este congreso a su aul, a su aldea, por la revolución agraria campesina que implante en Oriente el poder soviético y saque a Oriente de su actual situación de opresión. Estamos convencidos de que en el II Congreso de los Pueblos de Oriente los representantes de la federación de Estados soviéticos orientales informarán ya de cómo los pobres de Oriente han tomado el poder en sus manos, de cómo construyen sus órganos soviéticos y de cómo avanzan por el camino al final del cual está la abolición de toda explotación, es decir, el comunismo. Propongo que se aprueben las tesis siguientes.

*Siguen las «Tesis sobre el poder soviético en Oriente», aprobadas por el congreso: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20Congreso%20de%20los%20Pueblos%20de%20Oriente#tesis-sobre-el-poder-sovietico-en-oriente).*

*Traducción.*

**El presidente.** Camaradas, pasamos a votar las tesis del camarada Béla Kun, aprobadas por unanimidad por el presidium. Los que estén a favor de estas tesis, que levanten la mano.

¿En contra? Nadie. Aprobadas. *(Aplausos.)*

Pasamos a la cuestión siguiente. El informe sobre la cuestión agraria lo hará el camarada Skachkó.

**Skachkó**[^73]. Camaradas, todos los países orientales son países campesinos. Debido a diversas condiciones y, sobre todo, al estado de opresión en que los mantenían los capitalistas de Europa occidental, que no les daban la posibilidad de un desarrollo independiente, la población no ha creado allí una industria propia y sigue dedicándose hasta hoy exclusivamente al trabajo agrícola. La inmensa masa de toda la población de los países de Oriente la forman los campesinos. La liberación de los pueblos de Oriente es la liberación de los campesinos. Si en los países occidentales la clase productora son principalmente los obreros industriales, si el proletariado industrial puede llamarse el rey de Occidente, en los países orientales los únicos productores de valores materiales son los campesinos. Y por eso solo ellos pueden llamarse los reyes de Oriente, solo a ellos deben pertenecer los países orientales. Veamos, pues, camaradas, cómo viven estos reyes de Oriente, estos hombres que con su trabajo alimentan no solo a todos los pueblos de Oriente, sino también a buena parte de los pueblos de Occidente. Viven en un estado tan desdichado, mísero, embrutecido y oprimido como el campesinado de Europa occidental solo vivió hace muchos siglos. Lo crean todo y no disfrutan de nada, y soportan el peso de una opresión sin fin, tanto de los capitalistas conquistadores extranjeros como de sus propias clases privilegiadas y déspotas. Los diversos sultanes, sahs, kanes y beyes, señores de los países y tierras de Oriente, nadan en un lujo oriental de leyenda, mientras el campesinado que lo crea con su trabajo se extingue de hambre y miseria y se ve obligado a huir de sus riquísimos y fertilísimos países a tierras ajenas en busca de un pedazo de pan que no puede conseguir en su patria. Aunque en el fundamento de la religión musulmana se pusieron principios de comunismo religioso, según los cuales ningún hombre podía ser esclavo de otro y ningún pedazo de tierra podía ser propiedad privada, y todas las instituciones religiosas debían tener como principal preocupación el cuidado de los huérfanos y los desposeídos, esos principios religiosos no salvaron a los campesinos de la servidumbre ni protegieron la tierra de su apropiación por los terratenientes y los déspotas. Poco a poco esos principios se cambiaron en provecho de las clases gobernantes; la tierra libre, que solo pertenecía a Dios, se declaró primero propiedad de los soberanos, sultanes y sahs, y después pasó a manos de los señores feudales y los capitalistas. Las tierras *vakuf*[^74], entregadas a las mezquitas y al clero para que con sus rentas se mantuvieran instituciones benéficas y útiles al pueblo, perdieron poco a poco su destino original y se convirtieron en tierras pertenecientes al clero y a particulares, y sus rentas, en lugar de beneficiar a los desposeídos, fueron a parar a los soberanos laicos y religiosos, parásitos que se servían de esas tierras solo para explotar a los pobres. El campesino, libre según la *sharía*, fue reducido poco a poco a la esclavitud, en unos sitios por la violencia directa de los kanes y los beyes, en otros por la coacción económica basada en la apropiación de las tierras por los terratenientes. La situación de los campesinos de los pueblos orientales, en lugar de mejorar, no hizo más que empeorar y, al final, se volvió tan imposible e insoportable que no les quedó otro camino que morir de una muerte lenta por hambre o romper las cadenas de la esclavitud y crearse una vida nueva por medio de la revolución social.

En efecto, ¿acaso puede vivir un hombre en las condiciones en que vive el campesino oriental? ¿Acaso puede llamarse existencia humana la que arrastra el desdichado *raiyat*[^75] persa? No es un hombre, no es más que la bestia de carga de su terrateniente, el *molkadar*. El terrateniente tiene poder para disponer de su vida y de sus bienes, poder para ejecutarlo o castigarlo a palos, poder para llevarse a su harén a sus mujeres y a sus hijas. Camaradas, todo esto ocurre a unos cientos de verstas de Bakú, sobre la que ondea la bandera roja de la República Socialista Obrera y Campesina. A unos cientos de verstas del lugar donde los campesinos tienen el poder en sus manos, otros campesinos se encuentran en un estado de esclavitud completa. El campesino persa no puede llamar suyo ni un solo pedazo de tierra; hasta de su casa puede echarlo fácilmente su terrateniente a la estepa desnuda, a morir de hambre. Por el derecho a cultivar su tierra, por el derecho a producir grano, tiene que dar al terrateniente 4/5 de la cosecha, 4/5 del producto obtenido con el trabajo de sus manos. De todo lo que saca de la tierra con su trabajo le tocan unos restos miserables, y lo principal lo devoran diversos parásitos que viven a su costa y convierten su vida en un tormento continuo e insoportable de dura esclavitud. Así están las cosas en Persia. Pero no es mejor la situación de los campesinos en los demás países orientales. Incluso en el país musulmán más avanzado, Turquía, el campesino se encuentra en la situación más miserable. Aunque en Turquía la servidumbre está abolida, también allí las condiciones económicas reducen a los campesinos a la servidumbre. El gobierno despótico turco, que siempre consideró a los pueblos sometidos a él como pueblos conquistados, persiguió siempre en su administración un único fin: extraer de la población la mayor cantidad posible de ingresos, sin tener en cuenta en absoluto a qué precio le costaba a la población producir esos ingresos y qué miseria espantosa causaba su extracción bárbara y despiadada. El gobierno despótico turco y sus hechuras aplicaron durante siglos un sistema de impuestos tan espantoso y un sistema tan bárbaro de recaudarlos mediante el arrendamiento de la recaudación, que arruinaron por completo al campesinado y le quitaron toda posibilidad de llevar su propia explotación. En Turquía, enormes extensiones de tierra situadas en los vilayatos más fértiles están sin cultivar, en completo abandono, y los campesinos se marchan a países extranjeros en busca de un pedazo de pan. Esto ocurre porque los campesinos no tienen posibilidad de cultivar las tierras baldías, ya que no tienen ganado, ni dinero, ni semillas, nada de lo necesario para llevar una explotación agrícola. En la parte meridional de Asia Menor, donde también hay enormes extensiones sin cultivar, hay más de 100.000 de los llamados *maraba*, jornaleros errantes que, sin tierra, sin casa ni refugio, vagan en grupos por todo el país buscando un jornal de miseria en las fincas de los terratenientes. E incluso los campesinos que todavía llevan una explotación propia no la llevan para sí, sino para toda clase de usureros, a los que, por sus deudas, están obligados a entregar 4/5 de la cosecha. Hasta dónde llegan la explotación y la miseria de los campesinos turcos lo muestran las cifras estadísticas. Esas cifras dicen que al campesino turco, siempre, en los tiempos más pacíficos, del grano que producía solo le quedaban para su propio sustento 6 puds al año por persona, o 3/4 de libra al día[^76]. Hoy el proletariado ruso, arruinado por largos años de guerra, en los grandes centros que más hambre pasan, donde se reciben libra y media de pan al día, está mejor abastecido de pan que el campesino turco, que vive en un país fertilísimo, rico en tierras libres. En Turquía, como en Persia, la situación de los campesinos es del todo insoportable: una situación de miseria completa, de hambre crónica, de endeudamiento sin fin y de trabajo para los recaudadores de tributos y los usureros, sin ninguna seguridad en la posesión de la tierra y sin ninguna esperanza de mejorar su miserable estado.

En la misma situación penosa y sin salida se encuentran los campesinos en los demás países orientales. Por no hablar de los armenios, expulsados de sus tierras, empujados a montañas estériles, privados de sus casas y moradas, desvalijados hasta dejarlos desnudos por los terratenientes kurdos, los agás, los campesinos de todas las demás nacionalidades, aunque no hayan sido expulsados de sus tierras, ven poca alegría, porque no trabajan para sí, sino para sus opresores. En Jiva, en Bujará y en Afganistán, donde la agricultura solo es posible en tierras de regadío, todas esas tierras están en manos de terratenientes, beis, kanes y beyes, y el campesino solo puede trabajar en ellas como jornalero, explotado del modo más espantoso. En la India, el gobierno inglés se ha quedado con casi todas las tierras y, en su afán de exprimir al desdichado país el mayor ingreso posible, las arrienda a grandes capitalistas, de modo que el campesino solo puede acceder a la tierra como subarrendatario o como jornalero. De lo que el campesino indio saca de la tierra, la parte del león tiene que dársela al gobierno inglés, otra parte al arrendatario capitalista, y a él solo le queda una parte con la que tiene que morirse de hambre, morirse de hambre entre los valles florecientes de su fertilísima patria, de su país de maravillas, que dispone de riquezas incalculables.

En todas partes, en todos los países de Oriente, el campesinado, el único que crea todos los valores materiales y que alimenta a los pueblos propios y ajenos, arrastra la existencia más mísera de esclavos aplastados y hambrientos. En todas partes, en los países de Oriente, el campesino, ese rey y creador de las riquezas, se muere de hambre y gime bajo el látigo de sus opresores propios y extranjeros. Morirse de hambre, camaradas, no es una frase; el campesinado de Oriente se está extinguiendo de verdad: lo demuestran las estadísticas. Para salir de su miserable situación, para librarse de la necesidad, de la miseria y del hambre, el campesinado de los países orientales tiene que sacudirse el yugo secular tanto de los capitalistas explotadores extranjeros como de sus propios sultanes, kanes, sahs y beyes, sus opresores. *(Aplausos.)* Bastante hambre ha pasado el campesinado de Oriente, bastante ha servido a toda clase de opresores; ahora debe hacerse libre, debe convertirse en el verdadero dueño de sus tierras y en señor soberano de su destino. Las masas de millones de campesinos de Oriente deben alzarse ahora con toda su fuerza colosal y derribar a todos sus opresores, deben tomar el poder en sus propias manos *(aplausos)* formando su propio poder soviético campesino, formando soviets campesinos revolucionarios. Hay que destruir todas las fuentes de la opresión de los campesinos y, en primer lugar, la gran propiedad terrateniente, que esclaviza a los campesinos. ¡El que no trabaja, que no coma; el que no cultiva la tierra, que no la posea! *(Aplausos.)* Toda la tierra que pertenece a los terratenientes y a los señores feudales, a los sahs y a los kanes, debe ser expropiada y entregada a los campesinos trabajadores sin ningún rescate, sin ninguna indemnización a los antiguos dueños de las tierras. Junto con la tierra hay que expropiar todo el ganado y todos los aperos que hay en las fincas de los señores feudales y de los terratenientes, porque el campesino no solo debe recibir la tierra, sino también la posibilidad de cultivarla, y para ello debe tomar todos los instrumentos de producción y todas las riquezas de que disponían sus opresores, los terratenientes. Como, además de las tierras de los terratenientes, en Oriente existen todavía enormes extensiones de tierras del Estado, que están a disposición de diversas instituciones laicas y religiosas, de funcionarios y del clero, también esas tierras deben ser arrancadas de manos de las clases privilegiadas gobernantes y puestas en manos de los campesinos. Camaradas, no hay por qué temer que parte de esas tierras pertenezca al clero. Desde luego, el clero, que se ha apoderado de enormes extensiones de tierra y explota el trabajo campesino en ellas, declara que esas tierras pertenecen a Dios, y que por eso son intocables y el campesino no se atreve a tender la mano hacia ellas; pero, camaradas, ¡eso es mentira y engaño! Incluso según la sharía, la tierra solo puede pertenecer a quien la trabaja, y los clérigos que se han apoderado de la tierra, como los *mushtaids*[^77] en Persia, han sido los primeros en violar la ley fundamental de la religión musulmana; no son defensores de esa religión, sino sus falseadores. Son parásitos y opresores igual que los terratenientes feudales, pero además son hipócritas, que cubren con el turbante blanco y con el libro sagrado del Corán su esencia parasitaria y opresora. Esa máscara sagrada, camaradas, hay que arrancársela, y las tierras que les pertenecen también hay que quitárselas sin piedad y entregarlas al campesinado trabajador. *(Aplausos.)* Toda la legislación enmarañada y complicada de los países de Oriente, que encubre la propiedad privada con diversas máscaras y limita el derecho del dueño a disponer de su parcela, que no permite al campesino llevar la explotación que él quiere, debe ser abolida. Cada campesino debe tener derecho a usar su tierra como quiera, sin atenerse a ninguna prohibición ni restricción. *(Aplausos.)* En lugar de toda esa legislación agraria complicada y enmarañada, que sirve para esclavizar a los campesinos, hay que establecer una sola ley agraria, compuesta de un único artículo: toda la tierra pertenece al Estado, y solo tiene derecho a usarla quien la cultiva con su trabajo. *(Aplausos.)* Así debe ser la ley agraria única. Pondrá la tierra en manos de los trabajadores, en manos de los campesinos, y apartará lejos de la tierra a todos los parásitos, explotadores y esclavistas. *(Aplausos ruidosos.)*

Además, camaradas, hay que prestar atención al azote de los campesinos de todos los países de Oriente, que les arrancaba el sudor y la sangre y arruinaba las explotaciones campesinas: la carga terrible de impuestos que durante cientos de años ha soportado el campesinado turco, persa e indio. No hace falta que os cuente lo que eran esos impuestos, con qué peso terrible caían sobre los campesinos, cómo una administración venal y sobornable se los arrancaba a los campesinos junto con la piel, junto con la sangre y la vida. Sabéis cómo el diezmo establecido por la sharía se convirtió en 3/4 y 4/5 de la cosecha campesina y cómo esos impuestos han llevado a la miseria completa al campesinado de los países de Oriente. Este azote fiscal y la arbitrariedad de funcionarios y administradores que lo acompaña deben ser abolidos, todos los impuestos deben ser suprimidos. Los campesinos deben quedar libres no solo de la explotación de los terratenientes, sino también de la del Estado. *(Aplausos.)* Pero, como es comprensible que ninguna organización humana puede existir sin hacer ciertos gastos, también el nuevo poder soviético campesino tendrá que disponer de ciertos ingresos, y los campesinos tendrán que dar a su poder cierta parte de los productos que producen, necesaria para mantener a los obreros de las ciudades, el aparato del Estado y el ejército rojo, que defiende la libertad campesina; pero esa recaudación, su cuantía y el propio procedimiento de recaudarla no los determinarán ni estarán en manos de funcionarios sanguijuelas y venales, sino en manos de los soviets campesinos. *(Aplausos.)* Una vez libre de impuestos, el campesinado debe librarse también de las deudas. Sabéis, camaradas, qué cargado de deudas está el campesino oriental; sabéis que siempre debe al terrateniente vecino, al kulak, al comerciante y al usurero; sabéis que, sin pedir préstamos, el campesino oriental no puede seguir adelante con su explotación agotada, y por eso está siempre endeudado hasta las cejas. Este endeudamiento convierte a los campesinos en siervos de los usureros y los obliga a trabajar toda la vida solo para enriquecer al usurero. Si ahora se toman las tierras, pero se conserva sobre los campesinos el poder de las viejas deudas, eso significará que el campesinado pasa de las garras de los terratenientes a las garras de los usureros. Este pesado yugo de las deudas, impuesto al campesinado por el viejo mundo esclavista, debe quedarse en ese viejo mundo, y uno de los primeros pasos del campesinado revolucionario que se alza debe ser la anulación completa y categórica de todas las deudas campesinas, sean con quien sean: con el Estado, con los bancos agrarios, con los terratenientes, con los comerciantes y con los usureros. Todas las obligaciones de deuda campesinas deben declararse nulas. El nuevo mundo revolucionario debe decirle al viejo mundo usurero que el campesinado de los países orientales ya no debe a nadie ni un kopek. *(Aplausos.)*

Con esto, camaradas, he señalado los primeros pasos del campesinado revolucionario de los países de Oriente, he indicado las medidas que el campesinado debe empezar a aplicar de inmediato; al volver a casa, indicaréis a los campesinos lo que deben hacer. Deben acabar con sus señores feudales y sus terratenientes, derribar el poder de sus déspotas, poner el poder en manos de los soviets campesinos, tomar a su disposición todas las tierras de los terratenientes, del Estado y *vakuf*, con todo el ganado y los aperos que hay en ellas, repartirlas entre los campesinos pobres, dejar de pagar impuestos, anular las deudas y liberar así al campesinado de toda explotación, venga de quien venga.

Después, cuando los campesinos de Oriente logren sacudirse el yugo de los capitalistas extranjeros y de sus propios opresores, cuando los campesinos de Oriente logren formar repúblicas soviéticas estrechamente ligadas a las repúblicas soviéticas de Occidente, habrá que organizar en gran escala, con la ayuda de las repúblicas amigas del proletariado industrial, el abastecimiento de los campesinos con todos los medios e instrumentos de producción necesarios para la explotación agrícola, para que la agricultura florezca en los países orientales, para que la tierra de esos países, rica y abundante, que en otro tiempo fue la cuna de toda la humanidad, vuelva a florecer con exuberancia y vuelva a dar todas las riquezas que daba antes, y más aún. De ese abastecimiento se ocuparán los gobiernos de las repúblicas soviéticas orientales y el proletariado de las repúblicas soviéticas de Occidente.

Junto con el abastecimiento de los campesinos con medios de producción, junto con el abastecimiento de máquinas agrícolas de enorme potencia todavía desconocidas en Oriente, habrá que enseñar a los campesinos a usarlas en común, porque esas máquinas, que dan una productividad enorme y hacen decenas de veces más ligero el trabajo campesino, no sirven para trabajar parcelas pequeñas: solo están adaptadas a las grandes y traen consigo la necesidad del cultivo social de las tierras campesinas, la necesidad de fundir el trabajo disperso en un trabajo común, colectivo, organizado y distribuido como es debido. Solo un trabajo así, común, colectivo, bien organizado, puede convertir el trabajo de presidiario del agricultor en un trabajo bastante ligero y alegre. Y a vosotros, camaradas, os corresponde mostrar al campesinado por todos los medios la necesidad de pasar del trabajo disperso al trabajo común. Os corresponde mostrar que el modo de vida de pequeñas células económicas aisladas, de familias aisladas, siempre ha llevado y llevará al campesinado a la dispersión, creará la posibilidad de esclavizarlo y oprimirlo. Para que el campesinado sea una fuerza poderosa, es necesario que se funda en una unión estrecha y organizada, en una unión tan férrea y disciplinada como aquella en que se ha fundido el proletariado revolucionario de los países industriales de Occidente. Para lograr esa unión habrá que ligar al campesinado mediante decenas y centenares de organizaciones de todo tipo, artels y cooperativas de producción agrícolas y artesanas, cooperativas de consumo de todo tipo que lo abastezcan de todos los artículos de la industria urbana que necesite. Todas estas organizaciones liberarán al campesinado de los intermediarios comerciales y le darán la posibilidad de intercambiar directamente los productos de su trabajo por los productos de la industria fabril. Todos los intermediarios, todos los parásitos serán echados fuera, y los trabajadores no les darán ni la más mínima parte de los productos que produzcan. Para lograr esta liberación completa del campesinado de todos los opresores y de todos los parásitos que se alimentan a su costa, el campesinado tendrá que librar una larga lucha, y no solo contra los conquistadores capitalistas extranjeros, sino también contra sus propios sultanes y sahs, contra los terratenientes y los señores feudales, contra su propia burguesía. Ahora, en muchos países orientales, en Turquía, en Persia, en la India, el campesinado marcha codo con codo con su burguesía para conquistar la independencia de sus países frente a los esclavizadores imperialistas extranjeros. Es el camino justo; en este momento todos los esfuerzos del campesinado oriental deben dirigirse a derribar el yugo de los imperialistas extranjeros que lo oprime y a liberar sus países del yugo de la burguesía de Europa occidental, de los capitalistas de Inglaterra y de Francia. Pero el campesinado de los países de Oriente debe recordar que con esta liberación no termina todavía su tarea; que, si se detiene ahí, si se da por satisfecho con expulsar a los opresores extranjeros, no quedará liberado en absoluto. La independencia política, si se conserva el régimen capitalista, no garantiza en absoluto la liberación del campesinado. Si el gobierno de Mustafá Kemal en Turquía o los gobiernos liberales nacionalistas de Persia y de la India echaran a los ingleses y firmaran la paz con Inglaterra sobre la base de la independencia política de los países orientales, pero conservando el régimen capitalista en esos países, todos esos países orientales políticamente independientes seguirían siendo dependientes en lo económico. La independencia política no los salvará de la penetración del capital industrial, y con esa penetración, o con la creación de un capital industrial indígena y el desarrollo de una industria indígena sobre la base de la propiedad privada de los instrumentos de producción, el campesinado tendrá que pasar por el período atormentado de la acumulación capitalista originaria, en el que será arruinado definitivamente, expulsado de su tierra y convertido entero en obreros asalariados sin ninguna explotación propia. Y el campesinado convertido en obreros será empujado por la burguesía, propia o ajena, a las plantaciones, a las fábricas y a las minas, y se verá obligado a trabajar allí por cuatro cuartos para enriquecer al capitalista, se verá obligado a vivir en una esclavitud del capital aún mayor que ahora.

El campesinado de los países de Oriente debe recordar con firmeza que la liberación del solo yugo de los conquistadores extranjeros no le dará todavía la verdadera libertad; hay que liberarse también de los opresores propios, de los gobernantes despóticos propios, de los terratenientes propios y de la burguesía propia y, creando su propio poder soviético campesino, en alianza con las repúblicas soviéticas de Europa, luchar contra la burguesía de todo el mundo, luchar por el derrocamiento del capitalismo en todos los países, de Oriente y de Occidente. Mientras sobreviva en algún lugar el régimen capitalista, mientras el mundo entero no se convierta en una inmensa federación de repúblicas soviéticas libres de obreros y campesinos, en las que ya no haya lugar para ninguna explotación ni ninguna opresión, el campesinado de Oriente no podrá alcanzar la liberación verdadera ni podrá asegurarse una existencia humana libre.

Solo con la victoria definitiva de la revolución social, solo con el triunfo definitivo del régimen comunista en todo el mundo, obtendrá el campesinado de los países de Oriente la libertad verdadera, política y económica; obtendrá la posibilidad de llevar su propia explotación en su tierra y la posibilidad de disfrutar de todos los productos que produce con su trabajo, sin dar nada a los opresores y explotadores.

Por eso el campesinado de Oriente no tiene otro camino que alzarse a la lucha junto con los obreros revolucionarios de Occidente, en estrecha alianza con las repúblicas soviéticas que estos crean, tanto contra los capitalistas extranjeros, los conquistadores, como contra sus propios déspotas, terratenientes, burgueses y demás opresores, e ir en esta lucha hasta el final, luchar sin retroceder hasta la victoria completa de la revolución social, hasta el establecimiento completo del régimen comunista, el único que puede dar a todos los pueblos, de Occidente y de Oriente, la liberación verdadera, el único que puede acabar con toda opresión de un pueblo por otro y con toda explotación del hombre por el hombre. *(Aplausos.)*

Camaradas, todo lo que he dicho se resume en unas breves tesis aprobadas por el presidium del congreso. En ellas se indica cómo ve nuestro congreso la situación de los campesinos en Oriente y qué caminos propone para su liberación.

*Siguen las «Tesis sobre la cuestión agraria», aprobadas por el congreso: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20Congreso%20de%20los%20Pueblos%20de%20Oriente#tesis-sobre-la-cuestion-agraria).*

*Traducción.*

**El presidente.** Ruego que se invite a los camaradas a venir a la sala para la votación. Camaradas, pasamos a votar las resoluciones sobre el informe del camarada Skachkó. Habéis escuchado su informe y sus claras tesis, que también ha aprobado el presidium.

Los que estén a favor de las tesis, que levanten la mano. ¿En contra? Nadie. Aprobadas por unanimidad. *(Aplausos tempestuosos. Gritos de «¡Bravo!».)*

Atención, por favor. Mañana a las diez se ha convocado aquí una reunión de la fracción de los sin partido. Ruego a los sin partido que acudan en el mayor número posible. Asistirá también el camarada Zinóviev.

**El secretario.** Camaradas, la reunión de la fracción comunista será mañana a las nueve de la mañana en el Club del Ejército Rojo. La asistencia de todos es obligatoria. Se deciden cuestiones importantes.

**El presidente.** Camaradas, mañana a las cinco de la tarde se celebrará la última sesión de nuestro congreso; se entiende que a esta última sesión deben asistir todos los delegados, como un solo hombre.

*Se levanta la sesión a las nueve y veintiocho de la noche.*

## Séptima sesión, martes 7 de septiembre de 1920

*Se abre la sesión a las siete y media de la tarde. Preside el camarada Zinóviev.*

Antes de abrirse la sesión, la orquesta toca «La Internacional».

**El presidente.** Declaro abierta la VII sesión del Congreso de los Pueblos de Oriente. Tenemos que resolver ahora una de las cuestiones más importantes, quizá la más importante de nuestro congreso: la creación de un órgano ejecutivo permanente del Congreso de los Pueblos de Oriente. Queremos que, después de que el congreso se disuelva, nos quede un órgano que continúe la labor tan magníficamente iniciada por nuestro histórico congreso.

Estamos seguros de que el congreso actual no será el último, sino solo el primero; de que reuniremos congresos de los Pueblos de Oriente no menos de una vez al año; y para que en los intervalos entre congresos continúe el trabajo de propaganda revolucionaria, de agitación y de lucha liberadora en Oriente, proponemos que el I Congreso de los Pueblos de Oriente cree un consejo permanente de propaganda y acción de los pueblos de Oriente. Las dos fracciones y el presidium han discutido esta cuestión y proponen que se apruebe al respecto la resolución siguiente:

*Sigue la resolución sobre el Consejo de Propaganda y Acción de los Pueblos de Oriente, aprobada por el congreso: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20Congreso%20de%20los%20Pueblos%20de%20Oriente#resolucion-sobre-el-consejo-de-propaganda-y-accion).*

Puede que algunos grupos no hayan obtenido en esta lista una representación suficiente y, como pasa siempre en los grandes congresos, hay algunas pequeñas protestas, quejas de que grupos pequeños no han obtenido representación o de que no han salido elegidos todos los propuestos.

Es inevitable en un gran congreso, pero en conjunto hemos trabajado en esta lista más de una sesión, y las dos fracciones estaban convencidas de que se ha alcanzado la máxima justicia y de que con esta composición podremos crear un órgano que cumpla la tarea que se le encomienda.

Le encomendamos una tarea colosal, y estoy seguro de que ante la organización que queremos crear se abre un futuro inmenso. Hoy es todavía una organización insuficientemente centralizada, pero mañana y pasado mañana, y con cada día de desarrollo del movimiento de liberación en Oriente, el Consejo de Propaganda y Acción que creamos ahora irá convirtiéndose en una verdadera gran potencia de los Pueblos de Oriente. *(«La Internacional».)*

*(Traducción.)*

**El presidente.** Camaradas, la lista la leeremos algo más tarde, para poder hacer aún algunos cambios que son necesarios ahora mismo. Pido al congreso que apruebe la propuesta misma de crear el Consejo de Propaganda y Acción en la forma en que se ha expuesto. ¿Quién está a favor de aprobar esta propuesta? ¿En contra? Aprobada.

Camaradas, en estos dos días en que ha sesionado nuestro congreso se han producido en Bujará acontecimientos de gran importancia[^78], y dos camaradas de Bujará tendrán la palabra para exponerlos brevemente ante el Congreso de los Pueblos de Oriente. Primero tiene la palabra el camarada Radzhábov.

**Radzhábov** *(en turco)*. Camaradas, en Bujará se han producido grandes acontecimientos. «Bujará la Magnífica», fuente de la ciencia, que hace algunos cientos de años se llamaba magnífica y se consideraba un centro de la ciencia, ahora, al cabo de no muchos años, se ha convertido en una especie de mísero *kishlak*[^79]. Es porque en Bujará existe una forma de gobierno despótica. El emir de Bujará llevó las cosas a tal punto que, de 25 millones de habitantes, en los últimos tiempos solo quedaban bajo su yugo cinco; los otros 20 se dispersaron y fueron conquistados por los imperialistas y por el gobierno imperial ruso. El imperialismo se apoderó de dominios puramente bujaranos. Los bujaranos no han tenido hasta ahora una vida humana; los oprimían, lloraban día y noche y no podían vivir como viven las personas en los demás países.

Ahora la cosa ha cambiado. Después de la Revolución de Octubre, el emir de Bujará buscó su fortuna bajo el ala de los imperialistas ingleses, enviaba regalos a los oficiales ingleses, etc.; pero, aun así, en Bujará se oprimía al pueblo, los obreros se preparaban, y ahora ha ocurrido lo que tenía que ocurrir. Vemos que en Bujará ya está en marcha la revolución. Bujará, Karshi, Chardzhui, Jatyrchi y Kerki han sido ocupadas por las tropas rojas. En las torres de estas cinco ciudades se ve ya la bandera roja, la bandera roja izada por las tropas soviéticas y obreras.

Camaradas, los obreros y campesinos del Ejército Rojo os felicitan por el día de hoy. Los pueblos de Bujará están definitivamente liberados, y los demás se liberarán en un futuro próximo. *(«La Internacional».)*

**El presidente.** Tiene la palabra a continuación otro representante de Bujará, el camarada Dzhabar-Zadé.

**Dzhabar-Zadé** *(en uzbeko)*.

**Kizi-Zadé** *(traductor)*. Diré brevemente que el camarada Dzhafar-Zadé se limita a un saludo. El resto de su discurso se refiere solo a los acontecimientos que ocurren ahora en Bujará y que conocéis por las palabras del orador anterior, y por eso creo que no es necesario traducirlo.

**El presidente.** El presidium ha decidido conceder además la palabra a una representante de las mujeres, la camarada Nadzhía. *(Aplausos.)*

**Nadzhía** *(en turco; el discurso se ve interrumpido por aplausos)*.

**El presidente.** Traducirá el discurso la camarada Shabánova.

**Shabánova.** Camaradas, la camarada Nadzhía dice:

«El movimiento de las mujeres que empieza en Oriente no debe considerarse desde el punto de vista de esas feministas frívolas que están dispuestas a ver a la mujer en la vida social como algo parecido a una planta delicada o a un juguete elegante; este movimiento debe considerarse una consecuencia importante y necesaria del movimiento revolucionario que vive el mundo entero. Las mujeres de Oriente no luchan solo por el derecho a salir a la calle sin velo, como piensan muchos. Para la mujer de Oriente, con altos ideales morales, la cuestión del velo ocupa, por así decir, el último lugar. Si las mujeres, que en toda sociedad forman la mitad de ella, se ven contrapuestas al hombre y no tienen los mismos derechos que ellos, es evidente que esa sociedad no puede progresar; el atraso de la sociedad de Oriente es la prueba irrefutable de ello.

Camaradas, estad seguros de que todos vuestros esfuerzos y trabajos por llevar a la vida nuevas formas de sociedad, por sinceras y fuertes que sean vuestras aspiraciones, quedarán sin resultado si no llamáis a las mujeres a ser verdaderas colaboradoras en vuestros trabajos.

Por las condiciones creadas por la guerra, en Turquía la mujer se vio obligada a dejar la casa y el hogar y a encargarse de las más diversas obligaciones sociales. Que las mujeres tuvieran que ocupar los puestos de los hombres llamados al servicio militar, y sobre todo que en los parajes sin caminos de Anatolia, por donde no podían subir ni las bestias de carga, las mujeres acarrearan a cuestas material de artillería para las tropas, no puede llamarse, desde luego, un paso adelante en la conquista de la igualdad de derechos por las mujeres; y la gente que considera que las mujeres supliendo la falta de bestias de carga es un argumento a favor de la igualdad de derechos de la mujer no merece nuestra atención. No negamos que al comienzo de la revolución de 1908[^80] se tomaron algunas medidas a favor de las mujeres. Pero, dada la impotencia y la insuficiencia de esas medidas, no exageramos su importancia.

La apertura en la capital y en las provincias de una o dos escuelas femeninas elementales y superiores, incluso la apertura de una universidad para mujeres, no cubrirá ni una milésima parte de lo que queda por hacer. Desde luego, de un gobierno turco que había puesto como fundamento de sus actos la opresión y la explotación del más débil por el más fuerte no podían esperarse medidas más sólidas, más importantes, a favor de la mujer, que vive en cautiverio.

Pero sabemos también que la situación de nuestras hermanas en Persia, en Bujará, en Jiva, en el Turquestán, en la India y en otras tierras musulmanas es todavía peor. Pero la injusticia que se nos hace a nosotras y a nuestras hermanas no queda impune. Prueba de ello es el atraso y la decadencia de todos los países de Oriente. Camaradas, sabed que el mal causado a la mujer nunca ha quedado ni quedará sin castigo.

Puesto que la sesión del Congreso de los Pueblos de Oriente se acerca a su fin, por falta de tiempo nos vemos obligadas a renunciar a examinar la situación de las mujeres de Oriente en los distintos países. Que los camaradas delegados, investidos de la gran misión de llevar consigo a su patria los grandes principios de la revolución, no olviden solamente que todas sus aspiraciones dirigidas al bienestar de los pueblos serán inútiles sin la ayuda efectiva de las mujeres. Para librarse de todas las desgracias, los comunistas consideran necesario formar una sociedad sin clases y con ese fin declaran una guerra sin cuartel a todos los burgueses y a los estamentos privilegiados. A las mujeres comunistas de Oriente les espera una lucha todavía más difícil, porque además tienen por delante la lucha contra el despotismo de los hombres. Si vosotros, hombres de Oriente, seguís también ahora, como antaño, indiferentes a la suerte de las mujeres, creed que nuestros países perecerán con vosotros y con nosotras, o bien nosotras, junto con todos los oprimidos, empezaremos una lucha sangrienta a vida o muerte y conquistaremos por la fuerza nuestros derechos. Expongo brevemente las reivindicaciones de las mujeres:

Si queréis vuestra propia liberación, escuchad nuestras reivindicaciones y prestadnos una ayuda y un apoyo efectivos:

1. Igualdad completa de derechos.
2. Garantía de que las mujeres puedan usar sin restricciones las instituciones educativas y profesionales de los hombres.
3. Igualdad de derechos de los cónyuges. Abolición incondicional de la poligamia.
4. Admisión incondicional de las mujeres a los cargos de las instituciones legislativas y administrativas.
5. En todas partes, en las ciudades, en los pueblos y en las aldeas, deben crearse comités de derechos y de protección de las mujeres.

Sin duda podemos reclamar todo esto. Los comunistas, que nos han reconocido la igualdad de derechos, nos han tendido la mano, y nosotras, las mujeres, seremos sus compañeras más fieles. Es verdad que quizá vagaremos sin camino en las tinieblas, que quizá nos veremos al borde de abismos, pero no tenemos miedo, porque sabemos que para ver la mañana hay que pasar también la noche oscura.

**El presidente.** Camaradas, tiene además la palabra, en nombre de las mujeres del Turquestán, la camarada Bibinur. *(Aplausos tempestuosos.)*

**Bibinur** *(en turco)*. Os saludo, queridos camaradas, en nombre de las obreras proletarias de la ciudad de Auliye-Atá[^81], tanto rusas como musulmanas.

Queridos camaradas, os habéis reunido aquí en el congreso de los pueblos de Oriente para resolver las enormes tareas que tenéis ante vosotros. Representáis las mejores fuerzas de las masas trabajadoras y oprimidas. Todas estas nacionalidades oprimidas de Oriente, explotadas sin piedad durante cientos de años por el zarismo y los imperialistas, os miran con esperanza a vosotros, sus elegidos.

Nosotras, las mujeres de Oriente, hemos sido diez veces más explotadas que los hombres, y hemos conocido más de cerca los lados sombríos de la vida de las reclusas, las musulmanas de Oriente.

Pero ahora, queridos camaradas, hemos llegado a ver el sol claro que nos calienta y nos acuna como a un niño pequeño en la cuna; es para nosotras lo primero en el mundo: el poder de los soviets de diputados obreros, campesinos y *dehkanes*[^82].

El poder soviético es nuestra madre y nosotros somos sus hijos. El alma de este poder soviético, liberador y vanguardia de los trabajadores de todo el mundo, es el Partido Comunista de Rusia y el valeroso Ejército Rojo, que ha conquistado con su sangre obrera fraternal el derecho para los oprimidos.

También nosotras debemos luchar sin descanso, trabajar por la liberación de todos los pueblos oprimidos de Oriente.

Nosotras, las mujeres, hemos despertado de la opresión y de la pesadilla, y cada día volcamos nuestras mejores fuerzas en vuestras filas.

Esperamos vuestro trabajo fecundo.

¡Viva el Congreso de los Pueblos del Oriente Rojo!

¡Vivan todos los pueblos oprimidos de Oriente!

¡Viva la III Internacional!

¡Viva la sección de obreras de la ciudad de Auliye-Atá y de todo el Turquestán!

**El presidente.** Pasemos ahora a aprobar la lista de miembros del Consejo de Propaganda y Acción de los Pueblos de Oriente. Tiene la palabra el camarada Ostrovski.

**Ostrovski.** Lista de miembros del Consejo de Acción y Propaganda en Oriente. Leeré primero los de la fracción comunista y después los de los sin partido.

- 1\. Ismaíl-Jakki y 2\. Suleimán Nuri: Turquía.
- 3\. Gaidar Jan y 4\. Sultán-Zadé: Persia.
- 5\. Aga-Zadé: Afganistán.
- 6\. Narimánov y G. Guséinov[^83]: Azerbaiyán.
- 8\. Rajmánov: Jiva.
- 9\. Abdur-Rashídov: provincia de Fergana (uzbeko).
- 10\. Dzhurabáev: provincia de Samarcanda (tayiko).
- 11\. Ryskúlov: provincias de Sir Daria y Semirechie (kirguís).
- 12\. Kárpov: provincia Transcaspiana (turcomano).
- 13\. Acharia: India.
- 14\. Majarádze: Georgia.
- 15\. Avis: Armenia.
- 16\. Dzhabar-Zadé: Bujará.
- 17\. Krimázov y 18\. Góbiev: Daguestán.
- 19\. Mansúrov: Daguestán.
- 20\. Jamzátov: Chechenia.
- 21\. Cherkás: Kubán.
- 22\. Amru-Sanán: República Calmuca.
- 23\. Genikói: República Tártara.
- 24\. Ibraguímov: Bashkiria.
- 25\. Dzhanuzákov: Kara-Kirguisia.
- 26\. Ostrovski: judíos orientales.
- 27\. República Kirguís.
- 28\. Mamédov: Crimea.
- 29\. Shabánova: mujeres musulmanas.
- 30\. Pávlovich, 31\. Kírov, 32\. Ordzhonikidze, 33\. Stásova, 34\. Eléeva, 35\. Skachkó: Internacional Comunista.

*De la fracción de los sin partido:*

- 36\. Baka-Shakir: Turquía.
- 37\. Narbutabékov y 38\. Majmúdov: Turquestán.
- 39\. Musáev y 40\. Elchíev: Azerbaiyán.
- 41\. Kara Tadzhíev: Afganistán.
- 42\. Abduláev: Jiva.
- 43\. Nazir Sidika: India.
- 44\. Abás-Hadzhi: Bujará.
- 45\. Jemzátov: Térek.
- 46\. Wang: China.
- 47\. Jadzhán-Kulíev: turcomanos.
- 48\. Kubse-Osmán: Kirguisia.

**El presidente.** Todas las enmiendas que haya, tengan la bondad de pasarlas al presidium. Someto a votación la lista en su conjunto. ¿Quién está a favor de la lista en su conjunto? ¿En contra?

*(Voces desde arriba: «¡Lo de Persia no es correcto!».)*

**El presidente.** Ruego que cese inmediatamente todo ruido en el momento en que el Congreso de los Pueblos de Oriente elige su primer Consejo. Camaradas, entre dos mil personas siempre habrá dos que griten «¡no es correcto!». El Consejo ha sido elegido correctamente. ¡Viva el Consejo de Propaganda y Acción en Oriente! *(Aplausos. «La Internacional».)* Camaradas, hay una propuesta de dirigir un saludo al Ejército Rojo. Tiene la palabra el camarada Tadzhíev.

**Tadzhíev** *(en turco)*. *Sigue el saludo al Ejército Rojo, aprobado por el congreso: véase [la página del congreso](https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20Congreso%20de%20los%20Pueblos%20de%20Oriente#saludo-al-ejercito-rojo).*

**Béla Kun.** ¡Viva el Ejército Rojo! *(«¡Hurra!». Aplausos.)*

**Tadzhíev.** Si esta asamblea aprueba el texto de este telegrama, el presidium se propone enviarlo al Ejército Rojo. *(Voces: «¡Sí!». «¡Hurra!».)*

**El presidente.** Permitidme considerar aprobado este telegrama.

*Una voz:* Que se envíe un saludo al camarada Lenin.

*Una voz:* Que se envíe un saludo al jefe del Ejército Rojo, el camarada Trotski.

**El presidente.** Permitidme considerar aprobada esta propuesta. Para una declaración fuera del orden del día en nombre del Soviet de Diputados Obreros y del Ejército Rojo de Bakú tiene la palabra el camarada Egórov.

**Egórov.** Queridos camaradas, hace un rato, al comienzo de esta sesión histórica, habéis aprobado una resolución en la que se dice claramente que elegís la ciudad de Bakú como sede del Consejo de Acción y Propaganda en Oriente que acabáis de elegir. Permitidme, camaradas, que en nombre del Soviet de Bakú os exprese nuestro profundo agradecimiento comunista por la confianza que con esta resolución habéis mostrado al proletariado de Bakú. *(Aplausos.)*

Nosotros, camaradas, los obreros de Bakú, estamos orgullosos de que en nuestra capital roja se haya reunido el I Congreso de los Pueblos de Oriente, que ha puesto aquí, en nuestro Bakú rojo, los cimientos de la futura liberación de todo el Oriente oprimido. *(Aplausos.)* Estamos orgullosos de que hayáis elegido precisamente Bakú como sede del Consejo, como lugar de vuestra lucha revolucionaria, como residencia del estado mayor de esta lucha.

El proletariado de Bakú ha hecho no pocos sacrificios y esfuerzos en la lucha por su liberación, por la liberación del pueblo azerbaiyano y del turco. Y también ahora hace no pocos sacrificios y esfuerzos por la liberación de Oriente del yugo de los capitalistas.

La bandera sagrada de la guerra sangrienta que habéis enarbolado aquí, en el congreso, la recogerán los obreros de Bakú como un toque de llamada a esta guerra, la más sagrada. Me atrevo a aseguraros, camaradas, que esta bandera no caerá de las manos de los obreros de Bakú, que ya han demostrado con su lucha revolucionaria anterior con qué firmeza la sostienen.

Queridos camaradas, para conmemorar este momento histórico propongo, en nombre del Comité Ejecutivo de Bakú, que este edificio en que nos encontramos ahora, donde nos ponemos de acuerdo sobre nuestras acciones comunes contra nuestro enemigo, se llame «Palacio de los Pueblos de Oriente». *(Aplausos.)*

Antes, camaradas, aquí la burguesía se deleitaba los oídos con el canto de toda clase de romanzas; ahora nos reuniremos aquí para aprender a derribar a la burguesía, a liberarnos de su reino, a construir palacios como este allí donde hoy se pudren nuestros camaradas en chozas, donde no solo no tienen la posibilidad de hablar como nosotros ahora, sino que no tienen siquiera la posibilidad de vivir como seres humanos.

Además, propongo que el edificio de enfrente del bulevar, el mejor local de Bakú, la casa de Isa-Bek Gadzhinski[^84], donde vivía antes el mayor explotador de Bakú y pensaba disfrutar de la vida, se llame «Casa de los Pueblos de Oriente». Esta casa será el lugar donde estará vuestro estado mayor, adonde acudiréis para recibir consejos e indicaciones. *(Aplausos.)*

Además, camaradas, propongo que la calle Stanislavski, donde antes dominaban las pasiones nacionales y chovinistas, donde antes armenios y musulmanes no podían mirarse unos a otros con indiferencia, se llame «calle de los Pueblos de Oriente». Hoy mostraremos a los obreros de Bakú que ya no hay barreras nacionales de ninguna clase, que solo hay un edificio de los trabajadores libres, por cuya liberación luchamos ahora y a los que llamamos a la lucha común por todas las masas oprimidas de Oriente. ¡Viva, camaradas, Oriente, hoy esclavizado, pero que ya se alza a la lucha sangrienta! ¡Viva el Consejo de Acción y Propaganda formado aquí! ¡Viva el proletariado de Bakú!

**El presidente.** Tiene la palabra el camarada Narimánov.

**Narimánov.** Camaradas, intervine alegre ante vosotros al abrirse el congreso; ahora me toca comunicaros un duelo de todos nosotros: el entierro de 26 queridos camaradas nuestros[^85]. En 1918, cuando el poder soviético se mantuvo aquí algunos meses, los traidores dashnakes y mencheviques entregaron el poder o, por lo menos, contribuyeron a que el poder soviético de Bakú fuera entregado a los ingleses. Hasta el 14 de septiembre nuestros queridos camaradas se mantuvieron en sus puestos con orgullo, con valentía y con honradez hasta el último minuto, y, cuando los turcos se acercaban, los traidores mencheviques y dashnakes les permitieron partir hacia Astracán. A mitad de camino, esos mismos traidores y felones los capturaron y desviaron el vapor, no a Astracán, sino a Krasnovodsk. Nuestros camaradas cayeron en manos de los criminales ingleses: allí, entre Asjabad y Kizliar[^86], los fusilaron. Cuando se restableció el poder soviético en el Turquestán, sus cuerpos fueron trasladados a Astracán. Y ahora la República Soviética de Azerbaiyán ha trasladado los cuerpos de estos queridos camaradas a Bakú, y mañana será el entierro. La República de Azerbaiyán piensa que tener aquí las queridas tumbas de estos camaradas tiene un valor educativo para las generaciones jóvenes. Nuestros hijos, al ver el monumento a estos queridos camaradas, sabrán cuánto aprecia el poder soviético de Azerbaiyán, y el poder soviético en general, a sus camaradas honrados y valerosos.

Os invitamos mañana al Parapet antes de las diez, y luego a la plaza de Pedro, para enterrar junto con vosotros, con dolor en el alma, los cuerpos de los queridos camaradas.

**El presidente.** Propongo al congreso que honre la memoria de los camaradas caídos poniéndose en pie.

*(Todos se ponen en pie; la orquesta toca «Caísteis víctimas…»[^87].)*

**Narbutabékov.** Camaradas, el trabajo del congreso ha terminado. El presidente del I Congreso de los Pueblos de Oriente, el camarada Zinóviev, pronunciará las palabras finales antes de la clausura de nuestro congreso. *(Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

**El presidente.** Así pues, camaradas, el Congreso de los Pueblos de Oriente, convocado por el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, no solo se ha celebrado, sino que ha terminado felizmente su trabajo y lo ha coronado con la creación de un centro permanente de la lucha revolucionaria de los Pueblos de Oriente. *(Aplausos.)*

Camaradas, en los muchos años de mi actividad revolucionaria me ha tocado participar en más de un gran congreso, pero debo decir en conciencia que un congreso más significativo, más preñado de grandes consecuencias revolucionarias, un congreso de una importancia tan gigantesca, porque habla de algo completamente nuevo e inaudito, un congreso así no le ha tocado organizarlo ni vivirlo a ninguno de nosotros. Un congreso así se ha celebrado ahora. Ha entrado en la historia de la humanidad desde el mismo minuto en que se abrió y en que se reunieron los pueblos esclavizados, oprimidos y explotados de Oriente. El primer toque de la campanilla del presidente en esta tribuna fue el toque a muerto de la burguesía mundial.

Camaradas, no siempre hemos tenido tiempo de darnos cuenta del gran acontecimiento histórico en que participamos. Pensad en lo que ha pasado, en lo que ha ocurrido en esta sala. Los pueblos a los que hasta ahora todo el mundo burgués consideraba como sus jamelgos de acarrear agua, como pueblos de baja estofa, como pueblos destinados, al parecer, expresamente a acarrear el agua para la burguesía, los pueblos de los que la burguesía siempre estaba tranquila —aquí no prenderá el fuego, decía—, esos pueblos se sublevan. En los últimos años la burguesía temía que se sublevaran los obreros de Occidente, pero respecto a los pueblos de Oriente estuvo tranquila hasta el último momento; y precisamente cuando dormía dulcemente sobre su almohada blanda, cuando estaba segura de que por este lado no la acechaba nada imprevisto, en ese minuto los pueblos oprimidos de Oriente se reúnen en congreso, se organizan y se alzan con una unanimidad inaudita, asombrosa, que eleva el alma. *(Aplausos tempestuosos.)* Eso es lo principal de nuestro congreso.

Pensad: pueblos que durante decenas de años han estado a matar unos con otros, que no se trataban entre sí, a los que se azuzaba unos contra otros: los delegados de esos pueblos se sienten desde el primer minuto como una sola familia, aunque no entiendan sus lenguas. Surge de golpe una unanimidad fraternal, como si fuera evidente que somos una sola familia, una familia fraternal y amiga. En eso está la grandeza de nuestro congreso.

Es un hecho sencillo, elemental, pero precisamente por eso es grande. Y tenemos derecho a decir que congresos como el que han visto las paredes de este edificio de Bakú a comienzos de septiembre de 1920 no los ha habido nunca en el mundo. Este congreso significa que ha llegado el fin del viejo mundo burgués y opresor; significa que despiertan las reservas principales de la humanidad trabajadora para crear un régimen completamente nuevo, un orden nunca visto en nuestra tierra.

Camaradas, nuestro congreso no es homogéneo en su composición; es abigarrado. En él están representados pueblos que ya han conquistado el poder soviético, que son repúblicas hermanas de nuestra República Soviética de Rusia, y, por otro lado, están representados pueblos en los que la lucha todavía hierve, en los que apenas empieza a encenderse. Esta heterogeneidad ha dado lugar a algunos malentendidos. Cuando se discutía la cuestión de nuestro órgano ejecutivo, algunos camaradas se sentían como en un congreso de los soviets de los Pueblos de Oriente. Eso no existe todavía. Vemos la India, que tiene aquí un puñado de representantes, un país inmenso oprimido por el capital inglés, donde todavía no hay república soviética, donde la lucha acaba de empezar a encenderse. Tenemos países como Turquía, donde la guerra civil se libra abiertamente, donde luchan varios gobiernos y donde la lucha ya no se detendrá. Tenemos el mismo cuadro en Persia, donde existen dos gobiernos[^88], donde la lucha se enciende cada día más. Y aquí mismo tenemos repúblicas democrático-burguesas, como Armenia.

Aquí se habla a menudo de Armenia. No existe una Armenia única: existe, por un lado, la Armenia obrera y campesina, a la que tendemos la mano fraternal, y, por otro, la maldita Armenia burguesa y verdugo de los dashnakes. *(Aplausos tempestuosos.)*

Y lo mismo ocurre en Georgia. Ahora los obreros y campesinos georgianos están oprimidos como en ningún otro sitio. Como allí están en el poder los socialdemócratas, han metido en la cárcel a los mejores y más antiguos luchadores de Georgia. Y los actuales jefes de Georgia, como Zhordania, han llegado a tal desvergüenza que este señor ha tenido en la cárcel a su propio viejo maestro, a un viejo revolucionario como el camarada Mija Tsjakaya[^89]. No hay una Georgia única: está la Georgia de los señores Chjeídze, Guegechkori y compañía, que corretean por las antesalas de los ministros burgueses en Europa, y está la Georgia de los obreros y campesinos honrados, nuestros hermanos, con los que marcharemos codo con codo y pecho con pecho. *(Aplausos.)*

Tanto más notable es que el congreso, tan heterogéneo en su composición, haya estado unido en todas las cuestiones fundamentales.

Camaradas, quiero tocar todavía una cuestión que es bastante dolorosa para las repúblicas soviéticas, en primer lugar para el Turquestán y otras. Estas repúblicas son nuestras hermanas; la lucha allí ha sido muy dura, los obreros y campesinos han conquistado con tanto esfuerzo la forma soviética de gobierno, y son fieles a la alianza fraternal con la Rusia soviética. Allí, junto al trabajo gigantesco de consolidación del poder obrero y campesino, junto a enormes cambios y transformaciones, se observa un fenómeno que debemos reconocer como sumamente indeseable y triste, y del que hablamos a propósito en esta asamblea grandiosa, solemne e histórica. Sí, el poder soviético de Rusia, el Consejo de Comisarios del Pueblo y la Internacional Comunista saben que en el Turquestán y en otras repúblicas soviéticas hermanas de Oriente algunos elementos que se han arrimado al partido comunista se comportan de tal modo que deshonran el título de comunista y azuzan a una parte de la población contra otra, agravian a los campesinos indígenas quitándoles la tierra. Algunos vástagos de la vieja Rusia burguesa, que se han instalado allí y se han colado en nuestras filas, continúan la vieja y maldita tradición de la burguesía y del zarismo, siguen mirando a la población local como a una raza inferior. Y eso provoca la indignación más legítima y más justa. Desde esta asamblea nos dirigimos a los camaradas comunistas rusos, a los soldados del Ejército Rojo, a los militantes que tienen que aplicar en Oriente la línea del poder soviético; nos dirigimos a ellos y les decimos: recordad que ocupáis un puesto de triple responsabilidad; cada uno de vuestros errores, por pequeño que sea (por no hablar de los abusos directos), nos costará extremadamente caro. Nos dirigimos a los militantes de Rusia llamados a trabajar en el Turquestán y en otras repúblicas soviéticas de Oriente para indicarles que nuestro partido y la Internacional Comunista les exigen que se mantengan firmemente a la altura del honroso título de comunista, que no olviden nunca que la población trabajadora indígena son nuestros hermanos, que rompan de una vez para siempre con la maldita herencia que nos han dejado la burguesía y el zarismo, que no se atrevan a agraviar a los trabajadores, a los habitantes del lugar, que se dejen cortar la mano antes que cometer una injusticia. *(Aplausos tempestuosos.)*

Hubo un tiempo, un tiempo oscuro y triste, en que el zar enviaba a los oficiales rusos y a los ejércitos rusos de la servidumbre, dirigidos por esos oficiales, a aplastar las insurrecciones populares, a exterminar a la mejor parte del pueblo polaco de entonces. Y en aquel tiempo uno de los mejores escritores de Rusia, A. I. Herzen[^90], exclamó: «Cuando veo lo que hacen mis compatriotas, lo que hacen el ejército ruso y la oficialidad rusa, me da vergüenza ser ruso». Así hablaba A. I. Herzen. No vivimos en un tiempo así; a ninguno de nosotros debe darle vergüenza ser ruso, porque Rusia fue la primera en alzar la bandera roja y la primera en ayudar a otros pueblos a emanciparse. Pero que se avergüence quien, colándose en nuestras filas, por incomprensión o por interés propio, se comporta en nuestras repúblicas soviéticas hermanas de tal manera que obliga a sonrojarse y a recordar las duras palabras de A. I. Herzen.

Camaradas, en esta asamblea hacemos a los presentes la promesa solemne de que nuestro partido y la Internacional Comunista harán todo lo que de ellos dependa para arrancar la mala hierba del campo *(aplausos tempestuosos)*, para que limpiemos nuestras filas y para que cada uno de nosotros que esté llamado a aplicar la política soviética en el Asia que despierta comprenda que ese lugar es sagrado, que a este trabajo hay que acercarse con las manos limpias y la cabeza clara.

La desconfianza que durante decenas de años ha arraigado en los pueblos de Asia, la justa desconfianza hacia los europeos, que no hacían más que engañarlos, estafarlos y burlarse de ellos, esa desconfianza se traslada ahora a veces, involuntaria, semiconscientemente, a la nueva Europa obrera y, ante todo, a nuestro poder soviético, a la Rusia soviética. Como hombres del trabajo, como revolucionarios serios, debemos comprender dónde están las raíces de esa desconfianza, y debemos, con nuestro trabajo y con nuestro apoyo fraternal en estos años, los años más negros, crear el estado de ánimo de una verdadera familia fraternal, que mira con el mismo horror al viejo y maldito pasado y lucha por igual contra quienes nos desunen. Espero, estoy seguro, de que este congreso, y lo que aquí hemos oído, lo que vosotros nos habéis dicho aquí, unirá y ligará tanto a nuestra familia fraternal que ningún error de individuos, ni siquiera los crímenes de grupos, nos separarán de vosotros desde ahora y para siempre. Somos una familia única y fraternal, que tiene los mismos enemigos, que quiere tener los mismos amigos y que solo conoce los mismos ideales. *(Aplausos tempestuosos.)*

Camaradas, la revolución de 1905 en Rusia, que en realidad no fue más que un ensayo de la gran revolución que hemos vivido ahora, esa revolución, aunque fue estrangulada muy pronto, se extendió, como recordaréis, enseguida a Oriente y tuvo eco en Turquía, en Persia y en otros países de Oriente. Así como la revolución de 1905, comparada con la gran revolución de octubre de 1917, fue un juguete de niños, el eco que nuestra revolución encuentra ahora en Oriente es un millón de veces más fuerte que en 1905.

Sí, camaradas, a miles de verstas, a pesar de las distancias y de la diferencia de lenguas, una gran revolución en un gran país enciende inevitablemente los corazones de los trabajadores de otros pueblos. Y el mayor orgullo de un revolucionario ruso debe ser la consciencia de que las chispas de nuestra revolución han saltado al polvorín, a Oriente, y de que aquí nos llega explosión tras explosión. En eso está la gran importancia de nuestra revolución. No solo ha incendiado Occidente, sino que ante nuestros ojos incendia también Oriente. Nuestro congreso ha desempeñado el papel de organizador supremo y de incendiario colectivo de Oriente, porque enciende la mayor revuelta de la tierra: contra la burguesía, contra los señores de la servidumbre y los capitalistas. *(Aplausos.)*

No hemos discutido muchas cuestiones, pero hemos discutido las más importantes y hemos aprobado resoluciones con plena unanimidad. Camaradas, hemos tenido que traducir todas las palabras a distintas lenguas, pero la palabra «soviets» no hace falta traducirla: la conoce el mundo entero, todo Occidente y todo Oriente. ¡Oriente será soviético! *(Aplausos.)*

Camaradas, hemos creado el Consejo de Acción. En este momento es todavía una organización joven, que apenas está naciendo, pero nadie de los que están en esta sala dirá que soy demasiado optimista si afirmo que el Consejo de Acción en Oriente es ya más fuerte que el consejo de ministros burgués de Inglaterra o que cualquier otro consejo de ministros. *(Aplausos.)* El consejo de ministros de Inglaterra y el de Francia irán en declive, se irán deshaciendo cada día, irán muriendo a la vista de toda la humanidad: viven su perra vejez. Y los Pueblos de Oriente son una estrella ascendente. Nosotros, camaradas, iremos siendo cada día una potencia mayor. Parafraseando unas palabras de Marx, puede decirse que todo el imperialismo inglés y francés no podrá dar ahora un paso sin pensar antes: ¿y cómo reaccionarán a esto los pueblos de Oriente, no harán algo contra nosotros, contra los imperialistas?

Aquí no hemos discutido si hacen falta soviets: eso está claro para nosotros. No hemos discutido si tenemos que unirnos: eso también está claro. Pero mirad cómo se une la burguesía. En todas las lenguas se dice «Entente, Entente». ¿Qué significa esta palabra? Entente es un acuerdo cordial. Y nosotros decimos que en ese acuerdo no pinta tanto el corazón como la bolsa. *(Aplausos.)* Mirad cómo esa misma Entente se descompone ante nuestros ojos. No pueden resolver una sola cuestión, se ponen la zancadilla unos a otros, se pelean entre sí, recorren todos los balnearios de Europa para discutir allí la «cuestión rusa». Sobre todo dan vueltas en torno a la cuestión rusa. Es para ellos un hueso duro de roer, que no pueden partir de ningún modo y que nunca partirán. *(Aplausos tempestuosos.)*

Camaradas, después de nuestro congreso tenemos pleno derecho a decir: los bandidos, los imperialistas ingleses y franceses, nunca resolverán la llamada cuestión rusa, maldita para ellos; en cambio, nosotros, con vosotros y con la Internacional Comunista, resolveremos en unos pocos años la cuestión europea entera. *(Aplausos tempestuosos.)* Camaradas, los dos primeros días nuestras sesiones se dedicaron a discutir qué actitud debemos tomar ante la Entente, ante el imperialismo. Y el minuto que siguió al primer informe, cuando los representantes reunidos de los pueblos de Oriente juraron empezar la guerra santa, ese minuto lo guardaremos en el alma como una vivencia sagrada. Fue el principio de todos los principios, es lo que nos une a todos. Sí, *¡guerra santa contra los saqueadores y los capitalistas!* Y todos vosotros, como hombres de acción, traduciréis ese juramento al lenguaje de los hechos. Al volver a casa contaréis a los campesinos, a las campesinas, a todos los trabajadores, lo que hemos decidido, qué juramento hemos prestado, qué línea hemos trazado. Y sentiremos cómo cada hora crece nuestra unión, se fortalecen nuestras fuerzas, subimos cada vez más alto, nos acercamos a la última barrera y tomamos esa última barrera: acabamos la guerra civil, tendemos la mano fraternal a Occidente, a Europa y a América, y nos unimos en una sola familia para construir juntos una vida nueva. *(Aplausos.)*

Carlos Marx, nuestro maestro común, lanzó hace 70 años el llamamiento: «¡Proletarios de todos los países, uníos!». Nosotros, discípulos de Carlos Marx, continuadores de su obra, tenemos la posibilidad de desarrollar esa fórmula, de completarla, de ampliarla y de decir: «¡Proletarios de todos los países y *pueblos oprimidos de todo el mundo, uníos!*». *(Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

Camaradas, no podemos llevar a la Internacional Comunista y a los obreros de todo el mundo una noticia más alegre que la de que, tras la unión de los obreros de Occidente y de América, se han unido los trabajadores de todo Oriente. Recordemos solo lo que nos une. Arranquemos del corazón todo lo que pueda desunirnos. Recordemos que tenemos un solo enemigo: el imperialismo inglés y francés. ¡Demos nuestra vida, y hasta diez vidas si las tuviéramos, por la causa de la liberación de los pueblos de Oriente y del mundo entero! *(Aplausos tempestuosos. «La Internacional».)*

Camaradas, el presidium os felicita por la feliz conclusión del congreso y declara clausurado el I Congreso de los Pueblos de Oriente.

¡Viva la III Internacional!

*(Aplausos tempestuosos. Gritos de «¡Hurra!». «La Internacional».)*

*Se levanta la sesión a las diez y cuarenta.*

[^1]: «Тюркский», «турки»: turco, túrquico; en el Bakú de 1920 la palabra designa sobre todo el azerí y a los azerbaiyanos, de modo que la lengua de las traducciones al «turco» en el congreso es, en general, el azerí.
[^2]: En la terminología rusa de la época, «kirguises» designa también a los kazajos.
[^3]: Béla Kun (1886-1938), dirigente de la República Soviética Húngara de 1919.
[^4]: Alí Heydar Karáyev (1896-1938), dirigente comunista azerbaiyano.
[^5]: Nariman Narimánov (1870-1925), escritor y bolchevique azerbaiyano, presidente del Comité Revolucionario de Azerbaiyán tras la sovietización del país en abril de 1920.
[^6]: Stepán Shaumián (1878-1918) y Prokofi Dzhaparidze (1880-1918), dirigentes de la Comuna de Bakú, fusilados en septiembre de 1918 en Transcaspia con los demás «26 comisarios de Bakú».
[^7]: «Tártaros»: en el uso ruso de la época, también los azerbaiyanos («tártaros de Transcaucasia»).
[^8]: Así en el impreso; Miklós Horthy (1868-1957), almirante húngaro, regente de Hungría desde 1920 tras aplastar la república soviética húngara.
[^9]: Tom Quelch (1886-1954), delegado del Partido Comunista de Gran Bretaña en el II Congreso de la Internacional Comunista.
[^10]: El Council of Action, formado en agosto de 1920 por el Partido Laborista y los sindicatos británicos contra la intervención en la guerra polaco-soviética.
[^11]: Seudónimo de Iván Nedelkov (1880-1925), comunista búlgaro.
[^12]: Alfred Rosmer (1877-1964), sindicalista revolucionario francés, miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.
[^13]: Mijaíl Pávlovich (seudónimo de Mijaíl Veltman, 1871-1927), orientalista bolchevique.
[^14]: John Reed (1887-1920), periodista y comunista norteamericano, autor de *Diez días que estremecieron el mundo*; murió en Moscú en octubre de 1920, poco después del congreso.
[^15]: Avetis Sultán-Zadé (1889-1938), comunista persa, delegado al II Congreso de la Internacional Comunista.
[^16]: Karl Steinhardt (1875-1963), comunista austriaco, delegado al I Congreso de la Internacional Comunista.
[^17]: Turar Ryskúlov (1894-1938), comunista kazajo, presidente del Comité Ejecutivo Central del Turquestán en 1920.
[^18]: Mustafá Subhí (1883-1921), fundador del Partido Comunista de Turquía, asesinado con otros dirigentes comunistas en el mar Negro en enero de 1921.
[^19]: Filipp Majaradze (1868-1941), dirigente bolchevique georgiano.
[^20]: «По-мусульмански», literalmente «en musulmán»: en el uso de la época, la lengua de los musulmanes de Transcaucasia, es decir, el azerí.
[^21]: Noé Zhordania (1868-1953), dirigente menchevique, presidente del gobierno de la República Democrática de Georgia (1918-1921).
[^22]: Evgueni Guegechkori (1881-1954), menchevique georgiano, ministro de Asuntos Exteriores de la República Democrática de Georgia.
[^23]: Mustafá Kemal (1881-1938), jefe del movimiento nacional turco y de la Gran Asamblea Nacional reunida en Angora (Ankara) desde abril de 1920.
[^24]: De Musavat («Igualdad»), partido nacionalista azerbaiyano que gobernó la República Democrática de Azerbaiyán (1918-1920).
[^25]: «Двалер» en el impreso: el general Reginald Dyer, responsable de la matanza de Amritsar (13 de abril de 1919), investigada en 1919-1920 por la comisión Hunter y debatida en el Parlamento británico en julio de 1920.
[^26]: Probablemente el *South China Morning Post* de Hong Kong; el impreso dice «Южно-Китайское Утро».
[^27]: «Пустить красного петуха», literalmente «soltar el gallo rojo»: prender fuego a la casa de alguien.
[^28]: Dadash Buniat-Zadé (1888-1938), comunista azerbaiyano, comisario del pueblo en el gobierno soviético de Azerbaiyán.
[^29]: La línea de cierre está cortada en el escaneo: solo se lee «Заседани[…] в 1 час. […]».
[^30]: Vladímir Liájov (1869-1919), coronel ruso al mando de la Brigada Cosaca persa, que en junio de 1908 bombardeó el Mayles (Parlamento) de Teherán para el sah Mohamed Alí.
[^31]: Así en el impreso; se refiere a la guerra mundial de 1914-1918.
[^32]: John Robert Seeley (1834-1895), historiador británico, autor de *The Expansion of England* (1883).
[^33]: Así en el impreso; probablemente el mismo Karkmásov (Karkmazov) de la lista del presidium, igual que el «Kartmýzov» de unas líneas más arriba.
[^34]: Así en el impreso; el ataque italiano de 1911 contra la Tripolitania otomana.
[^35]: Así en el impreso; probablemente los *anjumán* (consejos o asociaciones revolucionarias) de la revolución constitucional persa de 1905-1911.
[^36]: Así en el impreso, con el paréntesis de cierre sin el de apertura.
[^37]: Sultán Mayid Efendíyev (1887-1938), comunista azerbaiyano.
[^38]: «Impulso hacia el Este», en alemán en el original: la consigna de la expansión alemana hacia Oriente.
[^39]: La huelga internacional de solidaridad con la Rusia soviética y la Hungría soviética convocada para el 21 de julio de 1919, que en Francia e Italia quedó en gran parte desconvocada.
[^40]: El llamamiento «A todos los musulmanes trabajadores de Rusia y de Oriente», del 20 de noviembre (3 de diciembre) de 1917, firmado por Lenin y Stalin.
[^41]: Lázar Bicherájov (1882-1952), oficial cosaco que en 1918 combatió a los bolcheviques en Bakú y en el Daguestán con apoyo británico.
[^42]: Shamil (1797-1871), imán del Daguestán y de Chechenia que dirigió la resistencia contra la conquista rusa hasta 1859.
[^43]: Nazhmudín Gotsinski (1859-1925), proclamado imán del Daguestán y de Chechenia en 1917; jefe de la contrarrevolución de la Montaña.
[^44]: Enver Pachá (1881-1922), dirigente de los Jóvenes Turcos y ministro de la Guerra otomano de 1914 a 1918; exiliado tras la derrota, asistió al congreso como invitado.
[^45]: Así en el original: la declaración confunde el congreso de Bakú con el II Congreso de la Internacional Comunista.
[^46]: Ankara, sede desde abril de 1920 de la Gran Asamblea Nacional de Mustafá Kemal.
[^47]: Woodrow Wilson, antiguo profesor y rector de la Universidad de Princeton, autor de los Catorce Puntos.
[^48]: Los congresos de Erzurum (julio-agosto de 1919) y de Sivas (septiembre de 1919) del movimiento nacional turco; en Angora se reunió en abril de 1920 la Gran Asamblea Nacional.
[^49]: El impreso dice «революции» («revolución»), errata evidente por «резолюции» («resolución»).
[^50]: Cleveland H. Dodge (1860-1926), accionista principal de la compañía minera Phelps Dodge y promotor de la ayuda norteamericana al Oriente Próximo. En julio de 1917, en Bisbee (Arizona), más de mil mineros en huelga fueron deportados al desierto.
[^51]: (Nota de la edición original.) Bizancio, es decir, la actual Constantinopla.
[^52]: En alemán: Ciudad del Cabo-El Cairo-Calcuta.
[^53]: Por el tratado de Brest-Litovsk de la Rada Central con las potencias centrales (9 de febrero de 1918); el hetmanato de Skoropadski se instauró en abril de 1918. El pud equivale a 16,38 kg.
[^54]: En ruso «быдло», del polaco *bydło*, ganado: nombre despectivo que la nobleza polaca daba a los campesinos.
[^55]: El atentado contra Venizelos, cometido el 12 de agosto de 1920 en la estación de Lyon de París por dos oficiales griegos.
[^56]: Gustave Hervé (1871-1944), antimilitarista francés convertido en 1914 al chovinismo.
[^57]: Joseph Lagrosillière (1872-1950), diputado socialista por la Martinica.
[^58]: El congreso de la II Internacional celebrado en Ginebra del 31 de julio al 5 de agosto de 1920.
[^59]: Los consejos de acción formados en Gran Bretaña en agosto de 1920 por el movimiento obrero contra la guerra a la Rusia soviética.
[^60]: Así en el original. Van, Trebisonda, Bitlis, Erzurum y Diyarbakır eran reivindicaciones armenias; probablemente debe leerse «armenios».
[^61]: Nadzhía Janum (en turco, Naciye Hanım), delegada de Turquía, intervino en nombre de las mujeres de Oriente.
[^62]: En azerí: «¡Vivan las mujeres libres de Oriente!».
[^63]: Juego de palabras con el Comité de Unión y Progreso (İttihat ve Terakki), el partido de los Jóvenes Turcos, que gobernó el Imperio otomano de 1908 a 1918.
[^64]: *Ambal* (del árabe *hammal*): mozo de cuerda, porteador; en Bakú eran sobre todo jornaleros venidos de Persia.
[^65]: El VIII Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, celebrado en marzo de 1919, aprobó el nuevo programa del partido.
[^66]: Del poema «La disputa» (1841) de Mijaíl Lérmontov, diálogo entre los montes Kazbek y Elbrús.
[^67]: Serguéi Gorodetski (1884-1967), poeta ruso, en 1920 en Bakú.
[^68]: Las tesis sobre las cuestiones nacional y colonial aprobadas por el II Congreso de la Internacional Comunista (julio-agosto de 1920).
[^69]: La Evsektsia, secciones judías del Partido Comunista de Rusia (1918-1930).
[^70]: Partido Comunista Judío (Poalei Sión), escisión de izquierda del sionismo socialista Poalei Sión, formada en 1919.
[^71]: Judíos de lengua tat del Cáucaso oriental (Daguestán y Azerbaiyán).
[^72]: Faisal ibn Husáin (1885-1933), proclamado rey de Siria en marzo de 1920 y expulsado de Damasco por las tropas francesas en julio; desde 1921, rey de Irak.
[^73]: Anatoli Skachkó (1879-1941), bolchevique ucraniano.
[^74]: Bienes de manos muertas islámicos (*waqf*), cuya renta se destina a fines religiosos o benéficos.
[^75]: *Raiyat*: campesino, súbdito tributario; *molkadar* (*molk-dar*): propietario de tierras.
[^76]: El pud equivale a 16,38 kg; la libra rusa, a 409,5 g.
[^77]: *Mushtaid* (*muytahid*): alto clérigo chií con autoridad para interpretar la ley religiosa.
[^78]: El 2 de septiembre de 1920 el Ejército Rojo tomó Bujará; el emir Said Alim Jan huyó y se proclamó la República Popular Soviética de Bujará.
[^79]: *Kishlak*: aldea, en el Asia central túrquica (el impreso dice «кишмак»).
[^80]: La revolución de los Jóvenes Turcos de julio de 1908, que restableció la constitución otomana.
[^81]: Hoy Taraz (Kazajistán).
[^82]: *Dehkán*: campesino, en Asia central.
[^83]: Así en el impreso («Г.»); la numeración salta del 6 al 8, por lo que probablemente es errata por «7.».
[^84]: Isa-Bek Gadzhinski (Hacınski), magnate del petróleo de Bakú; su casa, en el paseo marítimo (el «bulevar»).
[^85]: Los 26 comisarios de Bakú, dirigentes de la Comuna de Bakú (abril-julio de 1918), entre ellos Stepán Shaumián, fusilados en septiembre de 1918.
[^86]: Así en el impreso. Los 26 fueron fusilados el 20 de septiembre de 1918 junto a la línea férrea transcaspiana, entre Krasnovodsk y Asjabad.
[^87]: «Вы жертвою пали», marcha fúnebre revolucionaria rusa.
[^88]: El gobierno del sah en Teherán y la República Socialista Soviética de Persia (Guilán), proclamada en junio de 1920.
[^89]: Mija Tsjakaya (1865-1950), veterano socialdemócrata georgiano, bolchevique.
[^90]: Aleksandr Herzen (1812-1870), escritor y demócrata revolucionario ruso, defendió desde *Kólokol* la insurrección polaca de 1863.
