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Title: Congreso de los Pueblos de Oriente (1920)
Description: Las resoluciones, tesis y llamamientos del I Congreso de los Pueblos de Oriente, convocado por la Internacional Comunista en Bakú en septiembre de 1920: la resolución sobre el movimiento nacional turco, el llamamiento a la guerra santa de los pueblos de Oriente contra el imperialismo inglés, el llamamiento a los obreros de Europa, América y Japón, las tesis sobre el poder soviético en Oriente, las tesis sobre la cuestión agraria, la creación del Consejo de Propaganda y Acción de los Pueblos de Oriente y el saludo al Ejército Rojo.
Author: I Congreso de los Pueblos de Oriente
Date: 1920-09
URL: https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20Congreso%20de%20los%20Pueblos%20de%20Oriente
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*I Congreso de los Pueblos de Oriente, convocado por el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista y reunido en Bakú del 1 al 8 de septiembre de 1920 (siete sesiones, precedidas por una sesión solemne del Soviet de Bakú el 31 de agosto). Traducido del ruso, lengua del congreso y de su edición oficial: 1-ый съезд народов Востока. Баку, 1-8 сент. 1920 г. Стенографические отчеты, Petrogrado, Editorial de la Internacional Comunista, 1920, pp. 116-117, 183-186, 199-206, 211-212 y 220 ([ejemplar digitalizado de la Universidad de Ioánina](https://olympias.lib.uoi.gr/jspui/handle/123456789/28889)). El texto ruso se ha establecido sobre una lectura OCR corregida a la vista de las imágenes; se conservan la ortografía y las erratas del impreso. Los dos llamamientos que el congreso aprobó en su cuarta sesión —a los pueblos de Oriente y a los obreros de Europa, América y Japón— no figuran en ese volumen; no hemos encontrado libre su texto ruso, publicado en la revista *Коммунистический Интернационал* (1920), y los traducimos de la edición alemana de la misma revista, *Die Kommunistische Internationale*, n.º 15 (1921), pp. 141-158 ([escaneo en marxists.org](https://www.marxists.org/deutsch/zeitschriften/komm-intern/index.html)): es una traducción de época del ruso. Sobre la cuestión nacional y colonial el congreso no votó resolución propia: el presidium declaró, al cerrar el debate de la quinta sesión, que el congreso hacía suya la del [II Congreso de la Internacional Comunista](https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20II%20Congreso%20de%20la%20Internacional%20Comunista#resolucion-sobre-las-cuestiones-nacional-y-colonial). Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en ruso](https://marxismo.school/archivo/congresos/originales/1920%201-%D1%8B%D0%B9%20%D1%81%D1%8A%D0%B5%D0%B7%D0%B4%20%D0%BD%D0%B0%D1%80%D0%BE%D0%B4%D0%BE%D0%B2%20%D0%92%D0%BE%D1%81%D1%82%D0%BE%D0%BA%D0%B0)*

*Las actas completas de las sesiones están en [Actas del Congreso de los Pueblos de Oriente](https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20Actas%20del%20Congreso%20de%20los%20Pueblos%20de%20Oriente).*

## Resolución sobre el movimiento nacional turco

*Aprobada en la cuarta sesión, el 4 de septiembre de 1920, a propuesta del presidium; la leyó Béla Kun.*

«Tras escuchar la declaración de Enver Pachá[^1] sobre el movimiento nacional turco, el Congreso de los Pueblos de Oriente aprueba la siguiente resolución:

1) El congreso expresa su simpatía a todos los combatientes turcos que luchan contra el imperialismo mundial, que oprime y explota a los pueblos orientales y mantiene en la esclavitud a los trabajadores de todo el mundo, y ante todo contra los bandidos imperialistas ingleses y franceses. Al igual que el II Congreso de la Internacional Comunista[^2], el I Congreso de los Pueblos de Oriente declara que apoya los movimientos revolucionarios nacionales que aspiran a liberar a los pueblos oprimidos de Oriente del yugo de los imperialistas extranjeros.

2) Sin embargo, el congreso hace constar que el movimiento revolucionario nacional de Turquía se dirige solo contra los opresores extranjeros, y que su triunfo no significaría en modo alguno la liberación de los campesinos y obreros turcos de la opresión y la explotación de todo tipo. El triunfo de este movimiento no traería consigo la solución de las cuestiones más importantes para las clases trabajadoras turcas —la cuestión agraria y la cuestión de los tributos— ni eliminaría los principales obstáculos para la liberación de Oriente: las discordias nacionales.

3) El congreso considera necesaria una cautela especial respecto de aquellos dirigentes del movimiento que en el pasado llevaron al matadero a los campesinos y obreros turcos en interés de un grupo imperialista y condujeron así a las masas trabajadoras de Turquía a una doble ruina en interés de un pequeño grupo de ricos y de la alta oficialidad. El congreso invita a esos hombres a demostrar con hechos[^3] que están dispuestos ahora a servir al pueblo trabajador y a reparar los pasos en falso del pasado. Al proponer a las masas trabajadoras de Turquía y de todo Oriente que apoyen el movimiento revolucionario nacional turco, el congreso llama a los campesinos y obreros de Turquía a agruparse en organizaciones independientes, a estar dispuestos a llevar hasta el final la obra de la liberación y a no permitir que los imperialistas extranjeros, en su afán de estorbar la liberación, puedan valerse de sus vínculos y de su influencia sobre los ricos, los kulaks, los burócratas y los generales del país (pachás, derebeys[^4], etc.). Solo así podrá el pueblo trabajador de Turquía conquistar su liberación de todos sus opresores y explotadores, y solo entonces la tierra, las fábricas, las minas y en general todas las riquezas del país servirán a los intereses de los trabajadores, y solo de los trabajadores. Solo así»[^5].

## Llamamiento a los pueblos de Oriente

*Aprobado en la cuarta sesión, el 4 de septiembre de 1920, que encargó al presidium la redacción de los dos llamamientos; se publicó con las firmas del presidium. El texto se aprobó en ruso; la única edición libre que hemos encontrado es la alemana de la revista de la Internacional Comunista,* Die Kommunistische Internationale, *n.º 15 (1921), pp. 141-151 ([escaneo en marxists.org](https://www.marxists.org/deutsch/zeitschriften/komm-intern/index.html)), que traducimos.*

¡Pueblos de Oriente!

Hace seis años estalló en Europa la inmensa, monstruosa carnicería de la guerra mundial, que aniquiló 35 millones de vidas humanas, asoló cientos de grandes ciudades y miles de aldeas, llevó a la mendicidad a los países de Europa y entregó a todos los pueblos a los tormentos de una miseria inaudita y de un hambre nunca vista.

Esta guerra gigantesca se libró hasta ahora en Europa y solo rozó en parte Asia y África.

Los pueblos europeos hicieron esta guerra, y los pueblos de Oriente tomaron parte en ella solo en pequeña medida: con algunos cientos de campesinos turcos, engañados por sus gobernantes, colgados de las faldas de los capitalistas alemanes, y con dos o tres millones de indios y negros, comprados como esclavos por los capitalistas ingleses y franceses y empujados como esclavos a la muerte en los lejanos campos de Francia, extraños para ellos, por los intereses, ajenos e incomprensibles para ellos, de los banqueros e industriales ingleses y franceses.

Pero, aunque los pueblos de Oriente se mantuvieran lejos de esta guerra gigantesca, aunque tomaran en ella una parte pequeña, no se libró por los países de Europa, ni por los países y pueblos de Occidente, sino por los países y pueblos de Oriente.

Se libró por el reparto del mundo entero, pero sobre todo por el reparto de Asia, por el reparto de Oriente. Se libró para decidir quién había de dominar los países asiáticos, de quién habían de ser esclavos los pueblos de Oriente.

Se libró para decidir si serían los capitalistas ingleses o los alemanes quienes despellejarían a los campesinos y obreros turcos, persas, egipcios e indios.

La monstruosa matanza de cuatro años terminó con la victoria de Inglaterra y de Francia. Los capitalistas alemanes fueron abatidos y, junto con ellos, fue abatido, aniquilado y entregado a la muerte por hambre el pueblo alemán. La Francia victoriosa, a la que la guerra había arrebatado a casi toda su población adulta y destruido todas sus regiones industriales, se desangró durante la guerra y quedó tras la victoria completamente extenuada. Y como resultado de la gigantesca y bárbara carnicería quedó la Inglaterra imperialista como dueña única e ilimitada de Europa y de Asia. En toda Europa solo Inglaterra pudo conservar fuerzas suficientes, porque había combatido con manos ajenas, con las manos de los pueblos que tiene sojuzgados, los indios y los negros, y había hecho la guerra a costa de las colonias que oprime.

Vencedor y dueño ilimitado de medio mundo, el gobierno británico se puso a cumplir aquello por lo que se había hecho la guerra: se puso a asegurarse todos los países asiáticos y a sojuzgar definitivamente a todos los pueblos de Oriente.

Sin que nadie se lo estorbara, sin temer a nadie, el puñado de banqueros y capitalistas ávidos de botín que está a la cabeza del Estado británico, arrojando toda vergüenza, emprendió abierta y descaradamente la tarea de convertir en esclavos a los campesinos y obreros de los países de Oriente. ¡Pueblos de Oriente! Sabéis lo que Inglaterra ha hecho en la India, sabéis en qué bestias de carga mudas y sin derechos ha convertido a la masa de muchos millones de campesinos y obreros indios.

El campesino indio tiene que entregar al gobierno inglés una parte tan grande de su cosecha que con lo que le queda apenas puede alimentarse unos meses. El obrero indio tiene que trabajar en las fábricas de los capitalistas ingleses por un salario tan miserable que con él no puede comprarse ni siquiera el puñado diario de arroz que necesita para sostener su mísera vida. Cada año mueren de hambre millones de indios. Cada año dejan la vida millones de indios en las selvas y los pantanos, en los duros trabajos que los capitalistas ingleses emprenden para su propio enriquecimiento.

Millones de indios que no pueden encontrar su pan de cada día en su patria inmensamente rica, inmensamente fértil, se ven obligados a entrar en el ejército británico y a abandonar su patria para pasar toda su vida en el duro servicio de soldado y hacer guerras sin fin en todos los rincones del mundo, contra todos los pueblos del mundo, para que se mantenga la implacable dominación inglesa. Mientras los indios pagan con su vida y con su sangre el enriquecimiento sin fin de los capitalistas ingleses y les aseguran beneficios inmensos, lujo y bienestar, ellos mismos están privados de todo derecho humano, y los oficiales ingleses que los dominan, los niños mimados de la burguesía inglesa engordada sobre los cadáveres de los indios, ni siquiera los consideran seres humanos.

El indio no puede atreverse a sentarse a la mesa con el inglés, a vivir en la misma casa, a viajar en el mismo vagón de ferrocarril, a ir a la misma escuela. A los ojos del burgués inglés, todo indio es un paria, un esclavo, una bestia de carga que no debe atreverse a abrigar sentimiento humano alguno ni a presentar reivindicación alguna. A toda insurrección de los campesinos y obreros indios llevados al último extremo responden los ingleses con fusilamientos en masa sin piedad. Los cadáveres de los fusilados cubren a cientos las calles de las aldeas indias sublevadas; para su propia diversión, los oficiales ingleses obligan a los supervivientes a arrastrarse sobre el vientre y a lamer las botas de sus opresores.

¡Pueblos de Oriente! ¿Sabéis lo que Inglaterra ha hecho con Turquía? Inglaterra ha ofrecido a Turquía una paz según la cual tres cuartas partes de Asia Menor, con población exclusivamente otomana y con todas sus ciudades industriales, caen bajo el dominio de Inglaterra, Francia, Italia y Grecia, y al resto de los territorios turcos se le imponen tributos tan altos que los otomanos quedarán para siempre como deudores insolventes y tributarios perpetuos de Inglaterra[^6].

Cuando el pueblo turco se negó a aceptar esta paz destructora, los ingleses ocuparon Constantinopla, sagrada para los musulmanes, disolvieron el Parlamento turco, detuvieron a todos los dirigentes del pueblo, fusilaron a los mejores de ellos y deportaron a los demás a cientos a Malta, donde los arrojaron a los sótanos oscuros y húmedos de la vieja fortaleza. Ahora los ingleses gobiernan en Constantinopla; han quitado a los turcos todo lo que podían quitarles: bancos, dinero, fábricas e industrias, ferrocarriles y barcos. Han cerrado todos los accesos a Asia Menor. Turquía no tiene ya ni un jirón de tela ni un solo trozo de metal. El campesino turco anda sin camisa y tiene que labrar su tierra con un arado de madera.

Con ayuda del ejército griego, los ingleses se han apoderado del vilayato de Esmirna; con ayuda de las tropas francesas, de Adana; con ayuda de las tropas coloniales, de Brusa y de Ismid. Acosan a Turquía por todos lados y avanzan tenazmente hacia el interior del país, con el afán de llevar a la extenuación completa al pueblo turco, ya agotado y arruinado hasta el extremo por decenios de guerras ininterrumpidas. Y en los territorios ya ocupados de Turquía, los ingleses, según su costumbre, escarnecen e insultan al pueblo turco del modo más insoportable. En Constantinopla los ingleses han convertido en cuarteles todas las escuelas y universidades, han prohibido la enseñanza en turco, han prohibido todos los periódicos turcos, han destruido todas las organizaciones obreras, han llenado las cárceles de patriotas turcos y han puesto a toda la población bajo el dominio sin control de la policía inglesa, que se cree con derecho a golpear en la cabeza, sin motivo alguno y a plena luz del día, en las calles de Constantinopla, a la gente que lleva fez. Si uno lleva fez, si es turco, eso significa, según los conceptos ingleses, que es un ser de especie inferior, un paria, un esclavo al que se puede tratar como a un perro.

En los territorios de Turquía que han ocupado, los ingleses tratan efectivamente a los turcos como a perros, los obligan a trabajos forzados y los castigan a bastonazos. Con la mayor astucia y vileza, con las violencias más bajas, se esfuerzan por convertir Turquía en un país conquistado y por uncir a las masas populares turcas a la servidumbre para enriquecer a los ingleses.

¡Pueblos de Oriente! ¿Qué ha hecho Inglaterra en Persia? Los capitalistas ingleses aplastaron primero la insurrección de los campesinos contra el sah y los terratenientes, fusilaron y ahorcaron a miles y miles de campesinos persas y después restablecieron el poder del sah y de los terratenientes derribado por el pueblo, quitaron a los campesinos la tierra que habían arrebatado a los terratenientes y los devolvieron a la servidumbre, los convirtieron de nuevo en raiyats[^7], en esclavos sin derechos de los molkadares.

Después, los capitalistas ingleses se ganaron al venal gobierno del sah y, mediante un tratado vil y traidor[^8], se apropiaron por completo de toda Persia con todo el pueblo persa. Se han apoderado de todas las riquezas persas, han estacionado en todas las ciudades persas guarniciones de cipayos indios engañados, comprados como esclavos, y han empezado a mandar en Persia como si fuera un país conquistado. Al pueblo persa, independiente de palabra, lo tratan como a un pueblo de esclavos.

¡Pueblos de Oriente! ¿Qué ha hecho Inglaterra en Mesopotamia y Arabia? Ha declarado sin más colonia suya estos países musulmanes independientes, ha expulsado de la tierra a los antiguos propietarios árabes, les ha arrebatado los mejores y más fértiles valles del Tigris y del Éufrates, les ha quitado todos los mejores pastos, sin los que no pueden vivir, y las riquísimas fuentes de petróleo de Mosul y Basora. Ahora especula con que el hambre convierta en esclavos suyos a los árabes, privados de todas sus fuentes de subsistencia.

¿Qué ha hecho Inglaterra en Palestina? Primero, para complacer a los capitalistas judíos e ingleses, expulsó a los árabes de la tierra para entregar el país a los colonos judíos. Después, para desviar de sí el descontento de los árabes, los azuzó contra los colonos judíos que ella misma había instalado. Siembra la discordia, la enemistad y el odio entre las distintas tribus y debilita a unos y a otros para dominar y mandar ella sola.

¿Qué ha hecho Inglaterra de Egipto, donde toda la población indígena gime desde hace ya ocho decenios bajo el duro yugo de los capitalistas ingleses, un yugo todavía más cruel y destructor para el pueblo que el antiguo yugo de los faraones egipcios, que levantaron las inmensas pirámides con las manos de sus esclavos?

¿Qué ha hecho Inglaterra de China? Junto con su cómplice, el Japón imperialista, ha convertido este país inmenso en colonia suya, explota a su población de trescientos millones y la envenena con opio. Con ayuda de sus propias tropas y de las japonesas aplasta con una crueldad inaudita la efervescencia revolucionaria que ha empezado allí. Devuelve al poder y a los honores a los viejos déspotas derribados por el pueblo y se esfuerza con todas sus fuerzas por mantener a ese pueblo de muchos millones bajo el yugo del despotismo, en la opresión y la pobreza, para poder explotarlo con más provecho.

¿Qué ha hecho Inglaterra de Corea, de ese país floreciente con su cultura milenaria? Ha arrojado Corea a los capitalistas japoneses para que la despedacen, y estos sojuzgan ahora al pueblo coreano a sangre y fuego.

¿Qué ha hecho Inglaterra con Afganistán? Ha comprado al gobierno del emir y mantiene al pueblo en la sujeción, la pobreza y la ignorancia. Se esfuerza por convertir este país en un desierto y por aislar, mediante ese desierto, a la India que oprime de todo contacto con el mundo exterior.

¿Qué hace Inglaterra en Armenia y en Georgia, donde con su oro mantiene a las masas de campesinos y obreros bajo el yugo de los gobiernos venales, odiados por ellas, de los dashnakes y los mencheviques, que aterrorizan y oprimen a sus pueblos y los empujan a la lucha contra los pueblos de Azerbaiyán y de Rusia, que se han liberado del yugo de la burguesía?

Hasta el Turquestán, hasta China y Bujará, Azerbaiyán, Daguestán y el Cáucaso Norte penetra la Inglaterra imperialista; por todas partes merodean sus agentes, que derrochan a manos llenas el oro inglés, ganado con la sangre y el sudor de los pueblos oprimidos. Por todas partes se esfuerzan por sostener a los tiranos y los déspotas, a los kanes y a los terratenientes, por ahogar en germen los movimientos revolucionarios que empiezan, por mantener a todos los pueblos a cualquier precio en la servidumbre y el desbarajuste económico, en la pobreza y la ignorancia.

El sojuzgamiento y la ruina, la miseria y la ignorancia de los pueblos de Oriente son fuentes de enriquecimiento para la Inglaterra imperialista.

¡Pueblos de Oriente! Los países más ricos, más fértiles y más vastos del mundo os pertenecen; estos países, antigua cuna de la humanidad entera, podrían alimentar no solo a sus propios habitantes, sino a la población del mundo entero. Y, sin embargo, decenas de millones de obreros y campesinos turcos y persas no pueden encontrar cada año en estos países, los más fértiles y extensos, su pan de cada día ni su sustento, y se ven obligados a abandonar su patria y a buscarse la vida en países extranjeros.

Se ven obligados a ello porque en su patria todo —la tierra, el dinero, los bancos, las fábricas y los talleres— está en manos de los capitalistas ingleses. Tienen que hacerlo porque en su propia patria no son los amos, no pueden disponer de nada, porque los amos son extranjeros, capitalistas ingleses. Así era ya antes, así era antes de la guerra, cuando la Inglaterra imperialista tenía todavía rivales en las fieras imperialistas alemana, francesa y rusa, cuando aún no se atrevía a tender sus garras hacia todos los países de Oriente por miedo a que otra fiera, en la competencia, le diera un zarpazo.

Pero ahora, cuando la Inglaterra imperialista ha agotado y expulsado del campo a todos sus rivales, cuando se ha convertido en dueña ilimitada de Europa y de Asia, ahora los capitalistas que la gobiernan desplegarán por completo su hambre de lobo y, sin imponerse freno alguno, hincarán sus colmillos y sus garras en el cuerpo desangrado de los pueblos de Oriente.

Al capital inglés Europa se le queda estrecha. Ha crecido enormemente y no encuentra empleo. Además, los obreros europeos, cada vez más impregnados de consciencia revolucionaria, se han vuelto malos esclavos. Ya no se conforman con trabajar de balde: exigen buenos salarios, buena comida. Para que el capital encuentre espacio en que desplegarse, para que rinda buenos beneficios, para poder echar limosnas a los obreros europeos y frenar así el crecimiento de su ánimo revolucionario, para poder comprar a las cabezas dirigentes de las masas obreras, el capital inglés necesita nuevos países y nuevos obreros: esclavos mudos y sin derechos.

Y esos nuevos países los han encontrado los capitalistas ingleses en los países de Oriente, y esos esclavos obreros mudos, en los pueblos de Oriente.

Los capitalistas ingleses aspiran a apoderarse de Turquía y Persia, de Mesopotamia y Arabia, de Afganistán y Egipto para quitar la tierra a los campesinos de esos países comprando por un mendrugo sus parcelas a los labradores arruinados y endeudados; y con esas parcelas compradas quieren hacer fincas y plantaciones inmensas en las que los campesinos de Oriente despojados de su tierra les sirvan de jornaleros. Con la mano de obra barata, con las manos casi gratuitas de los pobres hambrientos turcos, persas y árabes, quieren levantar fábricas e industrias en Turquía, Persia y Mesopotamia, tender ferrocarriles, explotar minas y fundiciones. Con productos fabriles baratos quieren destruir la artesanía indígena, quitar el sustento a millones de artesanos locales que llenan las ciudades de Oriente y arrojarlos a la calle. Fundando inmensos almacenes quieren arruinar a los pequeños comerciantes locales y arrojar también a estos a la calle, con el proletariado que no tiene nada que ofrecer más que su fuerza de trabajo.

Los capitalistas ingleses quieren proletarizar por completo a todos los pueblos de Oriente, arruinar a todos los campesinos, a todos los artesanos, a todos los comerciantes, y empujarlos como obreros, como esclavos hambrientos, a sus plantaciones, a sus fábricas, industrias, pozos y minas. Con un trabajo sobrehumano, con salarios de hambre, quieren exprimir el sudor y la sangre de los pueblos sojuzgados de Oriente. Y ese sudor de los obreros, esa sangre de los campesinos quieren convertirlos en plusvalía, en beneficios, en ganancia, en oro puro, en moneda contante y sonante.

¡Este es el futuro que la Inglaterra imperialista prepara a los pueblos de Oriente!

Inglaterra, que cuenta apenas cuarenta millones de habitantes, de los que el grupo de los opresores y explotadores no forma más de la cuadragésima parte, mientras los otros 39 millones pertenecen a los obreros de la ciudad y del campo oprimidos y explotados, quiere dominar medio mundo y mantener en la esclavitud a los 800 millones de trabajadores que pueblan Oriente. Un solo burgués y capitalista inglés, que ya hace trabajar para él a 39 obreros ingleses, quiere hacer trabajar para él, además, a 2000 obreros y campesinos de Persia, Turquía, Mesopotamia, la India y Egipto. 2040 seres hambrientos y agotados, privados de todos los bienes de la tierra, tendrán que trabajar toda su vida para un parásito ocioso, para un capitalista inglés. Un millón de esos parásitos y explotadores, un millón de banqueros e industriales ingleses, quiere convertir en esclavos a 800 millones de proletarios de Oriente. Y hay que reconocerlo: saben alcanzar su fin; no tienen vergüenza, ni conciencia, ni miedo; no tienen más sentimiento que una codicia desenfrenada y una sed insaciable de ganancia. ¡Qué les importan la ruina, el hambre, la sangre, los tormentos, los gemidos de 800 millones de seres humanos! ¡Con tal de que les traiga provecho, con tal de que les traiga enriquecimiento!

En la caza de ese provecho, de ese enriquecimiento, los imperialistas ingleses clavan sus garras tenaces en la garganta de los pueblos de Oriente y les preparan un futuro sin esperanza. Un futuro de ruina completa, de servidumbre secular, de falta de derechos, de opresión y de explotación sin límites espera a los pueblos de Oriente si el actual gobierno inglés conserva su poder, si la Inglaterra imperialista conserva su fuerza y afianza su dominio sobre los países de Oriente. El pequeño puñado de banqueros ingleses devorará a cientos de millones de campesinos y obreros de Oriente. Pero eso no debe ocurrir.

Frente a los capitalistas ingleses que dominan la Gran Bretaña imperialista se alza el poder organizado de los campesinos y obreros de los pueblos de Oriente, que se han unido bajo la bandera roja de la Internacional Comunista, bajo la bandera roja de la unión de los obreros revolucionarios, y se han propuesto liberar al mundo entero, a la humanidad entera, de toda explotación y de todo sojuzgamiento.

El I Congreso de los Pueblos de Oriente declara a los capitalistas que gobiernan Inglaterra, con voz potente que llega al mundo entero:

¡Eso no debe ocurrir!

Vosotros, perros, no devoraréis a los pueblos de Oriente; vosotros, que no sois más que un mísero puñado de opresores, no cargaréis de cadenas de esclavos durante siglos a cientos de millones de campesinos y obreros orientales. Demasiado grande es el bocado que ya habéis atrapado; vuestros dientes no pueden masticarlo; con ese bocado os ahogaréis.

Mucho tiempo, demasiado tiempo han permanecido los pueblos de Oriente en las tinieblas de la ignorancia, languideciendo bajo la presión despótica de sus gobernantes tiránicos, bajo el yugo de los conquistadores y capitalistas extranjeros. El estruendo de la carnicería mundial y el trueno de la revolución obrera rusa, que liberó al pueblo ruso de Oriente[^9] de las cadenas seculares de la esclavitud capitalista, han despertado ahora también a los pueblos de Oriente. Despiertos de su sueño secular, ahora se alzan.

Se alzan y oyen el llamamiento a la guerra santa, al gazavat. Es nuestro llamamiento el que llega hasta ellos.

Es el llamamiento del I Congreso de los representantes de los pueblos de Oriente, que se han unido con el proletariado revolucionario de Occidente bajo la bandera de la Internacional Comunista.

Somos nosotros, los representantes de las masas trabajadoras de todos los pueblos de Oriente —de la India, Turquía, Persia, Egipto, Afganistán, Beluchistán, Kashgar, China, Indochina, Japón, Corea, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Daguestán, el Cáucaso Norte, Arabia, Mesopotamia, Siria, Palestina, Jiva, Bujará, el Turquestán, Fergana, Tartaria, Bashkiria, Kirguisia, etc.—, que hemos sellado una alianza indisoluble entre nosotros y con los obreros revolucionarios de Occidente, quienes llamamos a nuestros pueblos a la guerra santa.

Les decimos:

¡Pueblos de Oriente! Muchas veces habéis oído de vuestros gobiernos el llamamiento a la guerra santa, muchas veces habéis marchado bajo la bandera verde del Profeta; pero todas esas guerras santas no eran más que mentira y engaño, solo servían a los intereses de vuestros gobernantes egoístas. Vosotros, campesinos y obreros, seguisteis también después de esas guerras en la esclavitud y la miseria; conquistasteis bienes de la tierra para otros, vosotros no sacasteis nada de ellas.

Ahora os llamamos a la primera verdadera guerra santa, bajo la bandera roja de la Internacional Comunista.

Os llamamos a la guerra santa por vuestro propio bien, por vuestra libertad, por vuestra vida.

Inglaterra, la última poderosa ave de rapiña imperialista que queda en Europa, ha extendido sus alas negras sobre los países musulmanes de Oriente y se esfuerza por hacer de los pueblos de Oriente sus esclavos, su presa.

Esclavitud, esclavitud insoportable, ruina, opresión y explotación es lo que Inglaterra trae a los pueblos de Oriente. ¡Salvaos, pueblos de Oriente!

Alzaos a la lucha contra esa fiera.

Alzaos como un solo hombre a la guerra santa contra los conquistadores ingleses.

Álzate, indio, que has caído agotado por el hambre y el trabajo sobrehumano de esclavo.

Álzate, campesino de Anatolia, al que aplastan los impuestos y chupan los usureros.

Álzate, raiyat persa, al que estrangulan los molkadares.

Álzate, trabajador de Armenia, al que han empujado a las montañas áridas.

Alzaos, árabes y afganos, perdidos en los desiertos de arena, a los que los ingleses han aislado del mundo entero.

Alzaos todos a la lucha contra el enemigo común, contra la Inglaterra imperialista.

En lo alto ondea la bandera roja de la guerra santa...

Es una guerra santa por la liberación de los pueblos de Oriente, una guerra que ha de suprimir la división de la humanidad en pueblos opresores y pueblos oprimidos, una guerra por la igualdad de todos los pueblos y tribus, hablen la lengua que hablen, sea cual sea el color de su piel, profesen la fe que profesen.

¡Adelante, a la guerra santa que ha de borrar del mundo la división de los países en avanzados y atrasados, en dependientes e independientes, en metrópolis y colonias!

¡Adelante, a la guerra santa por la liberación de la humanidad entera del yugo de la esclavitud capitalista e imperialista, por la abolición de toda opresión de un pueblo por otro, de toda explotación del hombre por el hombre!

¡Adelante, a la lucha santa contra el último baluarte del capitalismo y del imperialismo en Europa, contra la red de bandidos de mar y tierra, contra el opresor secular de todos los pueblos de Oriente, contra la Inglaterra imperialista!

¡Adelante, a la guerra santa por la libertad, la vida independiente y la felicidad de todos los pueblos de Oriente, de los millones de campesinos y obreros que Inglaterra tiene sojuzgados!

¡Pueblos de Oriente! En esta lucha santa estarán con vosotros todos los obreros revolucionarios, todos los campesinos oprimidos. Os ayudarán, lucharán y morirán junto con vosotros.

Esto os dice el I Congreso de los representantes de los pueblos de Oriente.

¡Viva la unión de todos los campesinos y obreros de Oriente y de Occidente, la unión de todos los oprimidos y explotados!

¡Viva su estado mayor, la Internacional Comunista!

¡Que arda como fuego que nunca se apague la guerra santa de los pueblos de Oriente y de los trabajadores del mundo entero contra la Inglaterra imperialista!

*Los miembros de honor del presidium:*

**Rádek** (Rusia), **Béla Kun** (Hungría), **Rosmer** (Francia), **Quelch** (Inglaterra), **Reed** (América), **Steinhardt (Gruber)** (Austria), **Janson** (Holanda), **Shablin** (Federación Balcánica), **Yoshiharo** (Japón)[^10].

*El presidente del congreso:* Zinóviev.

*Los miembros del presidium:*

**Ryskúlov, Abdurashídov, Karríyev** (Turquestán), **Mustafá Subhí** (Turquía), **Wan** (China), **Karid** (India), **Mulabekdzhán Rajmánov** (Jiva), **Mujamédov** (Bujará), **Korkmásov** (Daguestán), **Digúrov** (región del Terek), **Alíyev** (Cáucaso Norte), **Kostanián** (Armenia), **Narimánov** (Azerbaiyán), **Yeníkeyev** (República Tártara), **Amur Sanán** (República Calmuca), **Majaradze** (Georgia), **Gaidarján** (Persia), **Aga-Zadé** (Afganistán), **Narbutabékov** (Taskent), **Majmúdov** (Fergana), **Tahsim Baari, Haasis Mahomed** (Anatolia), **Kuléyev** (Transcaspia), **Niyás-Kuli** (Turkmenia), **Kari Tadzhí** (Samarcanda), **Nasyr Sedyki** (India), **Sidadzhedín Kardash Oglý** (Daguestán), **Yélchiyev, Musáyev** (Azerbaiyán), **Asim** (Afganistán), **Abdulláyev** (Jiva).

*El secretario del congreso:* Ostrovski.

## Llamamiento a los obreros de Europa, América y Japón

*Aprobado en la cuarta sesión, el 4 de septiembre de 1920. El texto se aprobó en ruso; la única edición libre que hemos encontrado es la alemana de* Die Kommunistische Internationale, *n.º 15 (1921), pp. 152-158 ([escaneo en marxists.org](https://www.marxists.org/deutsch/zeitschriften/komm-intern/index.html)), que traducimos.*

¡Obreros de Inglaterra, América, Francia, Italia, Japón, Alemania y otros países! Escuchad las palabras de los representantes de muchos millones de hombres de Oriente. Escuchad la voz del sufrimiento que os habla desde los países sojuzgados de Asia y África, desde Turquía, Persia, China, Egipto, Afganistán, Bujará y Jiva. Durante años, durante decenios, hemos callado. No oíais nuestra voz; nadie os contaba cómo vivíamos, cómo sufríamos bajo el dominio de quienes eran también vuestros amos. Vuestros fabricantes, comerciantes, generales y funcionarios europeos y americanos penetraron en nuestras aldeas y ciudades, nos saquearon durante siglos, nos quitaron lo que había creado nuestro esfuerzo y nuestro trabajo y se lo llevaron todo a Europa para adornar su vida y sus moradas con la obra de nuestras manos, de nuestra antiquísima cultura. A nosotros, en cambio, nos convirtieron en esclavos. Hasta entonces teníamos que pagar tributo a nuestros propios ricos, a nuestros terratenientes, a nuestros esclavistas, sultanes, emires, a nuestros kanes y maharajás. Ahora, además, silbaban sobre nuestras espaldas los látigos de los esclavistas europeos. Nos matábamos a trabajar en las plantaciones de los capitalistas europeos. Nuestro sudor corría para que ellos obtuvieran a precios baratos arroz, té, azúcar, tabaco y caucho. Nuestros hijos nacían en la esclavitud y morían en la esclavitud. Cuando vuestros amos y los nuestros lo deseaban, arrancaban el niño a la madre, la mujer al marido, y los llevaban de un país a otro. Os decían que difundían en nuestros países la cultura europea, el saber europeo; pero en realidad solo difundían el opio y el aguardiente, para que los esclavos asiáticos y africanos, cuando la pena les oprimía el corazón, olvidaran más fácilmente su vida insoportable y no se atrevieran a alzar sus manos encadenadas contra el sojuzgamiento.

Vuestros amos, los capitalistas europeos, sostenían a nuestros propios opresores y hacían de ellos perros guardianes que nos vigilaban. Allí donde faltaba el látigo del potentado local, enviaban soldados blancos, enviaban cañones, destruían la independencia de nuestros países, nos sometían a sus leyes, a sus gobernadores, y nos convertían, en el sentido pleno de la palabra, en esclavos. Pretendían que sus colonias nos educaban para una futura vida independiente, pero en realidad combatían con todas sus fuerzas la difusión del saber entre nosotros, los trabajadores de Oriente. Preparaban para nosotros innumerables cárceles y cuarteles, pero no construían escuelas en las que los hijos de Asia hubieran podido aprender lo que los blancos han pensado e inventado de elevado y de bueno. Nos miraban como a una raza inferior; nos prohibían viajar en los mismos vagones de ferrocarril que los blancos, establecernos en los barrios en que vivían los blancos, comer a la misma mesa que los blancos.

No veíais nuestras heridas, no oíais nuestros lamentos dolientes; creíais a vuestros opresores, que os decían que no éramos hombres, sino ganado. Vosotros, que erais vosotros mismos servidores de los capitalistas, veíais en nosotros a vuestros propios servidores. Protestasteis en América cuando el campesino chino o japonés, expulsado de su aldea por vuestros capitalistas, llegó a vuestro país para ganarse un pedazo de pan. En lugar de acercaros fraternalmente a nosotros, de enseñarnos cómo podíamos luchar junto con vosotros por la causa común de la liberación, nos condenabais por nuestra ignorancia, nos excluíais de vuestra vida, no nos admitíais en vuestras organizaciones. Llegó a nuestros oídos que habíais fundado partidos socialistas, una asociación internacional de los obreros; pero esos partidos y esa Internacional fueron para nosotros palabras vacías: no vimos a sus representantes entre nosotros cuando los ingleses nos acuchillaban en las calles de las ciudades indias, cuando las tropas aliadas de los capitalistas europeos nos fusilaban en Pekín, cuando los capitalistas americanos respondían en Filipinas con el tableteo de los fusiles a nuestra reivindicación de que se nos diera pan. Y aquellos de nosotros que ansiaban en su corazón la unión de los trabajadores del mundo entero se quedaban en el umbral de vuestra Internacional, miraban por encima de la cerca y veían que, aunque de palabra nos reconocíais iguales en derechos, en realidad nos teníais por gente de una raza inferior.

Hace ya seis años estalló la gran carnicería. Los capitalistas del mundo entero se pelearon entre sí por saber quién de ellos poseería más esclavos, quién se apoderaría de más territorios asiáticos y africanos. Vosotros, obreros de Europa y de América, visteis en esa guerra de bandidos, en esa guerra de asesinos, vuestra propia guerra, una guerra por la independencia de vuestros países, aunque no podíais llamar vuestro ni un palmo de tierra, aunque el suelo que regabais con vuestro sudor no os pertenecía a vosotros, sino a vuestros explotadores, a vuestros amos.

Ayudasteis a vuestros fabricantes, a vuestros banqueros, a obligarnos a tomar parte en esa guerra, que era una guerra contra vosotros y contra nosotros. Las bayonetas de los soldados europeos obligaron a los campesinos de Marruecos y de Argelia a perecer por las balas, el hambre y la enfermedad en los campos de Flandes, de Normandía y de Champaña; obligaron a los campesinos del Indostán a dejar la vida en los desiertos de Mesopotamia y de Arabia y a penar en los yermos de los fellahs para el cuerpo expedicionario inglés que combatía contra los turcos. Hicieron de los campesinos indios camellos de tierra que acarreaban a la espalda los proyectiles para los soldados blancos de Mesopotamia. Con el dinero de los capitalistas europeos se vendió a los obreros de China y de Annam a Rusia y a Francia, y se les obligó a cavar, bajo una lluvia mortal de balas, trincheras en las que más tarde moríais vosotros, a trabajar en las fábricas de armas y a fabricar proyectiles con los que habíais de morir vosotros.

Nuestra sangre y nuestro sudor se mezclaron con vuestra sangre y vuestro sudor en una corriente común. Pero incluso en los campos de batalla, cuando el hombre de color estaba a punto de morir en la noche sombría de nostalgia de su patria, ni siquiera entonces contaba como vuestro hermano, sino que seguía siendo el esclavo no civilizado cuya muerte no arrancaba un suspiro a ningún pecho ni una lágrima a ningún ojo. En nuestras moradas, en cambio, más allá de los mares y las montañas, nuestras mujeres lloraban a sus maridos muertos, nuestros hijos a sus padres y sostenes.

Ahora que la guerra ha terminado, vuestros amos y los nuestros, que habían empezado esta guerra bajo la bandera de los derechos de los pueblos y de la soberanía de los pueblos, bajo la bandera de la liberación de los pueblos oprimidos, dejan caer la máscara. En las ciudades de la India reinan la bayoneta, el sable y la ametralladora. En Armatzar[^11], el general inglés Dwayer emplazó ametralladoras contra los pacíficos ciudadanos indios y los obligó a arrastrarse sobre el vientre para su diversión. Pero en el Parlamento inglés no se encontró un solo representante obrero que pidiera la horca para este verdugo y asesino. En Mesopotamia los capitalistas ingleses tienen dispuestos 80 000 soldados indios, hermanos de los que degollaron en Armasar, para asegurarse con su ayuda el petróleo de Mosul. En Esmirna, los soldados griegos comprados por los capitalistas ingleses matan a los turcos. En Anatolia del sur reina la bayoneta francesa. En Siria, la bota del general francés destruye el edificio recién levantado de la independencia siria. Por dos millones de libras esterlinas, el gobierno británico compra a un puñado de traidores persas a la libertad persa para hacer de Persia una fortaleza del capital inglés contra los trabajadores de Persia y de Rusia. En Argelia, Trípoli y Annam reina el absolutismo de los generales franceses exactamente igual que antes de la guerra. En China del Norte y en Corea campan los gendarmes y los oficiales japoneses, que fusilan y ahorcan a todo el que se atreve siquiera a soñar con la libertad. De la sangre que los obreros y campesinos de Asia y de África derramaron en esta guerra no ha crecido ningún árbol de la libertad, sino solo horcas para los combatientes de la libertad.

Pero a través del crujir de las horcas, a través de los gemidos de los azotados, oímos llamadas nuevas, oímos la voz de los obreros que se han alzado con las armas en la mano contra sus opresores, oímos el trueno de los cañones del Ejército Rojo ruso de obreros y campesinos, creado por los obreros y campesinos sublevados de Rusia. Oímos que han vencido a los capitalistas rusos, a los terratenientes rusos, y en nuestros corazones despierta una gran alegría, despierta la fe en que el pueblo trabajador sojuzgado y oprimido encontrará en su pecho la fuerza necesaria para poner fin al reino de la esclavitud y de la servidumbre y levantar un reino del trabajo y de la libertad.

Tras el estruendo de los cañones en la guerra justa que libran los campesinos y obreros rusos, oímos vuestra voz, ¡obreros de Alemania, de Austria y de Hungría! Oímos que también vosotros empuñáis las armas, que también vosotros habéis alzado la mano contra vuestros opresores. Y, aunque sabemos que todavía no habéis vencido a vuestros enemigos, nos llena de alegre confianza la fe en que alcanzaréis la victoria definitiva. Oímos desde las ciudades de Italia la voz de cientos de miles de obreros que reciben con el pecho las bayonetas de los bandidos capitalistas italianos. Oímos la voz de los obreros franceses tras las rejas de la cárcel en que los ha arrojado el gobierno de los millonarios franceses, porque temía su justa cólera y temblaba ante sus corazones entusiastas. A nuestros oídos llega el rumor del mar encrespado de los obreros ingleses, que embiste contra las rocas sobre las que se alzan las fortalezas del capitalismo inglés, de ese ángel exterminador de los pueblos, de ese bandido del mundo, destructor de pacíficas chozas.

Con profunda alegría, con ruidoso entusiasmo, oímos estos sones, y crece en nosotros la fe en que se acerca el día en que terminarán nuestros tormentos, en que nuestra lucha se unirá a la vuestra. Esperamos y creemos que no lucharéis solo por vuestra propia victoria, por vuestra propia liberación. Esperamos y creemos que no os sacudiréis las cadenas de las manos y los pies para dejarlas en nuestras manos y nuestros pies. Esperamos y creemos que os quitaréis como una camisa sucia todo el desprecio hacia los trabajadores de Oriente que os han inculcado nuestros opresores para azuzar a los blancos contra los pueblos de otro color de piel y oprimir así a unos con ayuda de los otros. Solo la victoria común de los obreros de Europa y de América y de las masas trabajadoras de Asia y de África traerá la liberación a todos los que hasta ahora han penado para que un puñado de ricos viva en el placer y la alegría. Si quisierais liberaros solo a vosotros y dejarnos a nosotros en la esclavitud y la servidumbre, mañana caeríais vosotros en la misma esclavitud y servidumbre, porque para encadenarnos y tenernos en las cárceles necesitaríais en el Este y en el Sur carceleros, una jauría que nos guardara, tropas que nos tuvieran bajo su puño de hierro. Tendríais que entregar el poder sobre nosotros a vuestros generales y gobernadores, y estos volverían enseguida sus bayonetas contra vosotros mismos, después de haber probado el dulce pan de la ociosidad a costa del trabajo ajeno, después de haber aprendido a mantener bajo el yugo a generaciones de trabajadores de piel de color; y las riquezas que hubieran reunido en Asia y en África servirían para devolveros a la antigua esclavitud. Si quisierais olvidarnos ahora, pagaríais caro ese error: os acordaríais de nuestras cadenas cuando sintierais las cadenas en vuestras propias manos. No podéis liberaros sin ayudarnos en nuestra lucha por la libertad. Las riquezas de nuestros países son, en manos de vuestros capitalistas, un medio para sojuzgaros. Mientras el capitalismo inglés pueda explotar sin estorbo a los campesinos indios, egipcios y turcos, mientras pueda saquearlos, mientras pueda obligarlos a servir en el ejército inglés, siempre tendrá a su disposición riquezas suficientes, verdugos suficientes, para abatir a los obreros ingleses. Sin nuestra insurrección, los obreros ingleses no pueden vencer a los capitalistas ingleses, el proletariado mundial no puede vencer al capital mundial. Y del mismo modo que sois incapaces de arrancar el poder a vuestros capitalistas sin uniros con nosotros, no podréis conservar ese poder en vuestras manos si no selláis una alianza con nosotros. Los países capitalistas de Inglaterra[^12] no pueden procurarse con sus propios recursos cereales y materias primas suficientes para alimentar y vestir a sus obreros. Nuestros países, los países de Oriente, en cambio, son ricos en cereales y materias primas. Esos cereales y esas materias primas, sin los cuales los obreros de Europa morirían de hambre pese a su victoria, estarán a su disposición si sellan una alianza con los trabajadores de África y de Asia, si ayudan a las masas trabajadoras de África y de Asia y se ganan su confianza y su amor. Unidos a vosotros, formamos una fuerza invencible. Podemos alimentarnos y vestirnos unos a otros, podemos ayudarnos unos a otros con ejércitos de hombres armados a los que anime la misma idea, la idea de la liberación común.

A esta lucha común nos ha llamado la III Internacional Comunista, después de haber roto con el pasado podrido de la II Internacional, que chorrea de nuestra sangre y de la vuestra, que se ha deshonrado con su servilismo ante el imperialismo, con su traición a los intereses de las masas trabajadoras del mundo entero. La Internacional Comunista os ha llamado a la guerra santa común contra los capitalistas; nos ha convocado al congreso de Bakú, donde los obreros de Rusia, de Turquía, de Persia y los obreros tártaros han trabajado durante muchos decenios para los capitalistas y han aprendido a la vez a luchar juntos contra sus opresores. Aquí, en Bakú, en la frontera entre Europa y Asia, nosotros, representantes de muchos millones de campesinos y obreros sublevados de Asia y de África, hemos descubierto nuestras heridas ante el mundo, hemos mostrado al mundo las huellas de los látigos en nuestras espaldas, las huellas de los grilletes en nuestras manos. Y alzamos nuestros puñales, nuestros revólveres y sables y juramos ante la faz del mundo emplear estas armas, no para luchar unos contra otros, sino para luchar contra los capitalistas. Con la profunda esperanza de que vosotros, obreros de Europa y de Asia[^13], os unáis a nosotros bajo la bandera de la Internacional Comunista para luchar junto con nosotros, vencer y construir una vida nueva fundada en la ayuda fraternal mutua de todos los trabajadores, hemos creado aquí un Consejo de Propaganda y Agitación que, bajo la dirección de la Internacional Comunista, esa unión de nuestros hermanos mayores en la lucha revolucionaria, se ha propuesto despertar a las masas trabajadoras de todas las razas, organizarlas y llevarlas al asalto de las fortalezas del sojuzgamiento.

¡Obreros de Inglaterra, América, Francia, Italia, Japón, Alemania y otros países! Oíd la voz de los representantes de los millones de hombres de los pueblos sublevados de Oriente, que juran alzarse para ayudaros en vuestra lucha y que esperan de vosotros ayuda fraternal en la suya. Pese a los siglos de servidumbre y sojuzgamiento, nos dirigimos a vosotros confiando en vuestros sentimientos fraternales, convencidos de que vuestra victoria significa la liberación de la humanidad entera, sin distinción de color de piel, sin distinción de fe ni de nacionalidad. Que despierte también en vosotros la convicción de que nuestra lucha llevará a una vida nueva y mejor, al desarrollo de los pueblos de Oriente sobre las mismas bases del trabajo y del bienestar sobre las que queréis construir vuestra vida. Que lleguen hasta vosotros los gritos atronadores con que decenas y centenares de millones de trabajadores de Asia y de África ratificarán nuestro juramento, y que el fragor de vuestra lucha por la liberación común de todos los que trabajan resuene como respuesta a esos gritos atronadores.

¡Viva la unión de los obreros de todos los países con las clases trabajadoras de Asia y de África! ¡Viva la revolución mundial de todos los oprimidos!

¡Viva la victoria sobre el mundo de la opresión, de la explotación y de la mentira! ¡Viva la Internacional Comunista!

*El presidente del congreso:* G. Zinóviev.

*El secretario:* Ostrovski.

## Tesis sobre el poder soviético en Oriente

*Aprobadas en la sexta sesión, el 6 de septiembre de 1920, sobre el informe de Béla Kun.*

1. La revolución de los pueblos de Oriente contra la opresión exterior e interior, contra los imperialistas extranjeros y los explotadores locales, pone a la orden del día la cuestión del régimen estatal en todos los países de Oriente. La burguesía europea supo durante mucho tiempo ocultar con toda clase de maquinaciones a los elementos desposeídos y de escasos recursos, proletarios y semiproletarios, la esencia del poder del Estado como instrumento de opresión. En los Estados de Oriente, por el contrario, la esencia violenta del poder es del todo evidente.

La vida y todos los productos del trabajo de los pobres, que viven en el Estado privados de todo derecho, son objeto de compraventa en manos de sultanes, sahs, emires, jefes de tribu y de las camarillas de ricos y burócratas que los rodean. Esta situación preparó el terreno a los explotadores imperialistas, que en los países coloniales o caídos en una situación semicolonial cerraban siempre sus tratos con la ayuda de los gobernantes, de la alta oficialidad y de la alta burocracia, a costa de los pobres.

2. Como en los Estados occidentales, las capas ricas y explotadoras de la población de los países del Oriente Próximo trataron de dar a su poder la apariencia de un gobierno del pueblo. La parlamentarización de Turquía y de Persia y la transformación en repúblicas democráticas de Georgia, bajo la dirección de los mencheviques, de Armenia, bajo la de los dashnakes[^14], y de Azerbaiyán, bajo la de los musavatistas[^15], se hicieron con las consignas de libertad e igualdad. Pero todas estas políticas no sirvieron siquiera para crear la apariencia de un gobierno del pueblo. La miseria inaudita de las masas populares sigue al lado del bienestar de los agentes de los imperialistas extranjeros; el mantenimiento de la tierra en poder de sus antiguos dueños, la conservación del viejo sistema de tributos con un daño incalculable para los trabajadores, y no solo la tolerancia de la usura sino su apoyo por el poder del Estado a costa de los pobres: todo ello ha puesto al descubierto la falsedad de las consignas de igualdad, tanto de los partidos nacional-demócratas turco, persa y azerbaiyano como de los partidos de los mencheviques y los dashnakes, que actúan al amparo de consignas socialistas.

3. La revolución de las masas trabajadoras de Oriente no se detendrá tras la eliminación del poder de los imperialistas extranjeros. No se detendrá ante un régimen que, con la falsa consigna del poder popular y al amparo de consignas de igualdad, se esfuerza por conservar el poder de los sultanes, los sahs, los emires, los pachás y los beyes, por conservar la opresión de los trabajadores y la desigualdad entre poseedores y desposeídos, entre opresores y oprimidos, entre ricos y pobres, entre los que pagan los tributos y los que viven de ellos. La revolución no se detendrá ante las lindes de los terratenientes, declaradas sagradas; el campesinado oriental, como el campesinado ruso, desarrollará su revolución hasta las dimensiones de una inmensa revolución agraria campesina, como resultado de la cual la tierra deberá pasar a manos de los trabajadores y toda explotación deberá desaparecer. Del mismo modo que el campesinado ruso llevó a cabo su revolución agraria con el apoyo de los obreros industriales bajo la dirección del partido comunista y, agrupado en soviets, defiende ahora la tierra arrebatada a los terratenientes y el poder arrebatado a los explotadores, el campesinado oprimido de Oriente cuenta en su lucha revolucionaria con el apoyo de los obreros revolucionarios de Occidente, con el apoyo de la Internacional Comunista y de los Estados soviéticos existentes y futuros.

4. El poder soviético y la organización soviética no son solo el instrumento de poder y la forma de organización del proletariado industrial, sino también el único sistema adecuado para que las masas trabajadoras, excluyendo del poder a los elementos privilegiados y, por tanto, hostiles (terratenientes, especuladores, alta burocracia, oficialidad), puedan decidir ellas mismas su destino. Solo el poder soviético da el poder exclusivamente a los trabajadores pobres. La unión de los soviets y su federación son el único medio de crear una cooperación pacífica entre los trabajadores de los distintos pueblos, que hasta ahora se degollaban unos a otros en Oriente, y de ayudarlos a destruir con sus fuerzas unidas el poder de los opresores extranjeros y nativos, rechazando sus intentos de restaurar la situación anterior.

5. La llamada autonomía administrativa democrática, al poner la administración exclusivamente en manos de las capas privilegiadas (kanes, beyes y otros), aparta a las masas trabajadoras de la gestión de sus propios asuntos. Les quita la posibilidad de aprender a gobernar y de adquirir los conocimientos necesarios para ello. Por el contrario, la experiencia entre el campesinado de la Rusia soviética, de Siberia, de la República Bashkiro-Kirguisa[^16] y del Turquestán ha demostrado que los campesinos de los países orientales saben gobernar sus asuntos.

6. La victoria del partido comunista en Occidente pondrá fin a la explotación de los pueblos orientales. Sin embargo, la victoria de la revolución comunista en Occidente no significa que Oriente y Occidente puedan prescindir de un vínculo económico mutuo. Al contrario, la victoria de la revolución en Oriente y en Occidente significa que en las relaciones entre los distintos países habrá, en lugar de explotación, apoyo y ayuda mutuos. Tras la victoria de la revolución comunista, las relaciones económicas se establecerán entre Estados, y por eso las relaciones económicas de los Estados orientales que no tengan el sistema soviético solo servirían a los intereses de un pequeño grupo capitalista que, tras acaparar el grano y las materias primas, comerciaría con los Estados soviéticos occidentales exactamente igual que comercia hoy con los Estados imperialistas, explotando para ello a los trabajadores de Oriente.

En interés de la liberación completa de la explotación imperialista, para el paso de la tierra a manos de los trabajadores y para la liberación del poder de los especuladores y explotadores, es preciso excluir del poder al elemento no trabajador, a todos los elementos colonizadores extranjeros (generales, funcionarios, etc.) y a todos los privilegiados, y es preciso además organizar el poder de los pobres sobre principios soviéticos. Y todos los demás intereses del pueblo trabajador señalan a Oriente la necesidad de crear el poder soviético.

## Tesis sobre la cuestión agraria

*Aprobadas por unanimidad en la sexta sesión, el 6 de septiembre de 1920, sobre el informe de Skachkó.*

1. El campesinado de los países de Oriente, que es la única clase productiva y que con su trabajo alimenta no solo a los terratenientes sino a toda la burguesía y la burocracia, está aplastado bajo el peso de los restos del feudalismo, de las relaciones de servidumbre por deudas, de las exacciones de los terratenientes y de los impuestos del Estado, y se encuentra en una situación del todo insoportable de ruina completa, hambre crónica, endeudamiento sin fin y trabajo para los terratenientes, los recaudadores de tributos y los usureros.

La opresión y la explotación de los campesinos de los países de Oriente por el poder del Estado, por los capitalistas extranjeros y por sus propios terratenientes llegan a tales extremos que hacen imposible para los campesinos no ya el desarrollo, sino la simple existencia humana, y los rebajan a la condición de bestias de carga, embrutecidas y siempre hambrientas.

2. Las fuentes de la opresión y de la explotación de los campesinos son:

a) las relaciones feudales que subsisten y que ponen a los campesinos en dependencia personal y económica de los terratenientes;

b) el acaparamiento de la tierra por los terratenientes, que, aprovechando la escasez de tierras libres, les permite avasallar a los campesinos y convertirlos, jurídicamente libres, en siervos de hecho;

c) el acaparamiento de tierras por el poder del Estado, que las da en arriendo en grandes extensiones a las clases privilegiadas y a los capitalistas, lo que crea para estos últimos un monopolio de la posesión de la tierra y obliga a los campesinos a ponerse en la situación de subarrendatarios y jornaleros en las condiciones más gravosas para ellos;

d) la carga insoportable de los impuestos y el modo rapaz de recaudarlos por medio de los órganos burocráticos irresponsables del poder despótico;

e) la falta de seguridad personal, la anarquía y el bandidaje sistemático de las tribus nómadas semisalvajes, apoyadas por el poder del Estado en sus violencias contra los campesinos;

f) la ruina extrema de los campesinos creada por todas estas condiciones, que llega hasta la miseria completa, y el monstruoso endeudamiento de los labradores que nace de esa ruina, que los pone en completa dependencia económica de los usureros y convierte su trabajo en un trabajo para el pago sin fin de los préstamos y de sus intereses a diversos bancos, terratenientes, kulaks y usureros;

g) la falta completa, creada por la ruina, de medios e instrumentos de producción —dinero, máquinas agrícolas, ganado de labor, simiente para la siembra, etc.—, que hace imposible a los campesinos llevar su propia explotación en su propia tierra, incluso allí donde hay tierras libres y a su alcance.

3. Para liberarse del peso insoportable de la opresión, la explotación y la ruina, y para crear las condiciones necesarias a una explotación propia capaz de satisfacer todas sus necesidades y de crear las condiciones de un desarrollo ulterior, los campesinos de los países de Oriente necesitan:

a) derribar el poder de los conquistadores capitalistas extranjeros y de sus propios déspotas y tiranos —sultanes, sahs, kanes y beyes, con toda su jauría parasitaria de burócratas y gorrones—, que es la fuente primera de toda opresión y de toda explotación, y tomar en sus manos el poder con todas sus funciones administrativas, económicas y financieras, mediante la formación de soviets campesinos locales y centrales y la creación de repúblicas soviéticas campesinas de Oriente, unidas en una federación poderosa e indisoluble con las repúblicas soviéticas de los países de Occidente;

b) negarse a cumplir obligación alguna con los terratenientes feudales, derribar su poder, suprimir toda dependencia personal y económica respecto de ellos, suprimir la gran propiedad de la tierra, cualesquiera que sean las formas jurídicas tras las que se esconda, quitar las tierras a los terratenientes sin rescate ni indemnización alguna y repartirlas entre los campesinos que las trabajan, los arrendatarios y los jornaleros;

quitar a la vez a los terratenientes los rebaños que poseen, repartiéndolos en primer lugar entre los jornaleros que no tienen ganado alguno y después también entre los arrendatarios y los campesinos labradores de escasos recursos;

convertir los aperos que se hallan en las fincas de los terratenientes en propiedad colectiva de los campesinos que se han apoderado de las tierras; los campesinos deben unirse en grupos, reuniendo también los aperos de que disponen, para el cultivo colectivo de la tierra, que garantiza los mejores resultados y el más rápido desarrollo de la economía y del bienestar campesinos;

c) apoderarse de todas las tierras que pertenecen al Estado y a sus distintas instituciones, tanto laicas como religiosas (incluidas las de vakf[^17]), y repartirlas entre los campesinos que las trabajan y los arrendatarios, subarrendatarios y jornaleros, con la supresión completa de todos los derechos de los grandes arrendatarios, que hacen de intermediarios entre el Estado y los campesinos, y con la confiscación en beneficio de los campesinos de todo el ganado y de todos los aperos que pertenecen a esos arrendatarios;

d) abolir toda la legislación agraria existente y todas las restricciones al derecho de uso de la tierra y de modificación de la superficie de las parcelas;

declarar que toda la tierra, sin distinción de origen e independientemente de los derechos de cualesquiera propietarios y poseedores, pertenece al Estado, y que puede usarla gratuitamente todo el que la trabaje con su propio trabajo. Establecer como única ley agraria la regla de que «quien trabaja una parcela con su propio trabajo es su poseedor y el propietario de los productos que da la tierra», y declarar a la vez que la pequeña explotación y la propiedad de la tierra de los campesinos que no se sirven de trabajo ajeno son intocables e inviolables, y que nadie tiene derecho a atentar contra ellas en nombre de fin alguno;

e) regular el uso de las aguas de riego locales y de las tierras de regadío, poniendo el asunto en manos de los soviets campesinos, tanto locales como centrales;

f) asegurar los intereses de las tribus nómadas, destinando a su uso una cantidad de pastos suficiente para satisfacer sus necesidades, y tomar a la vez todas las medidas para facilitar el paso de las tribus nómadas a la vida sedentaria;

g) abolir todos los impuestos existentes, incluido el diezmo, y sustituirlos por una recaudación única por reparto[^18] de una parte de todos los productos que obtienen los campesinos, necesaria para el sostenimiento de los obreros de la población urbana y del ejército; tanto la cuantía de esa recaudación como su reparto, así como el proceso mismo de recaudación, deben ser fijados y llevados a cabo por los soviets campesinos, y todo lo que se tome a los campesinos mediante la recaudación deberá compensarse con una entrega por reparto a los campesinos de todos los artículos de la industria urbana que necesiten;

h) anular todas las deudas campesinas con cualquier Estado, con sus distintas instituciones religiosas y laicas, con los bancos, los terratenientes y los comerciantes, y declarar nulas cualesquiera obligaciones de deuda de los campesinos;

i) una vez organizados los soviets campesinos y las repúblicas soviéticas campesinas en Oriente, con la ayuda y el apoyo de las repúblicas soviéticas del Occidente industrial, emprender un amplio abastecimiento estatal de los campesinos con máquinas agrícolas, aperos, ganado de labor y demás medios de producción necesarios para la agricultura, estableciendo el uso común de estos medios de producción por todos los campesinos; emprender la organización de la ayuda agronómica a los campesinos y del cultivo colectivo de la tierra, sin obligar a él en modo alguno a los propietarios individuales; emprender la organización de cooperativas campesinas de producción, tanto agrícolas como artesanas, con un amplio apoyo del Estado y su paulatina estatización; emprender la organización entre los campesinos de cooperativas de consumo, con un amplio apoyo del Estado y su paulatina estatización, organizando por medio de ellas el abastecimiento de los campesinos con todos los artículos de la industria urbana que necesiten;

j) a medida que se abastezca a los campesinos de todos los medios de producción necesarios para la agricultura, organizar en las tierras libres sin cultivar explotaciones soviéticas comunistas, explotadas bajo el control del Estado por los obreros agrícolas organizados en sindicatos de producción; procurar el desarrollo más amplio de esas explotaciones soviéticas comunistas, con el fin de emplear los excedentes de lo que producen en intercambiarlos por los productos necesarios de la industria urbana fabricados por los países industriales europeos.

La sola afirmación de la independencia política de los países orientales, como Turquía, Persia, Afganistán y otros, al igual que la proclamación de la sola independencia política de las colonias —la India, Egipto, Mesopotamia, Arabia, etc.—, no puede liberar a los campesinos de los pueblos orientales de la opresión, la explotación y la ruina. Si se mantiene el régimen capitalista en Europa y en Asia, los países de Oriente liberados de la dependencia política de los países imperialistas de Occidente, como más atrasados industrialmente, seguirán sin remedio en completa dependencia económica de ellos y seguirán sirviendo de campo de aplicación del capital financiero de los países industriales europeos, ligado a la explotación capitalista de campesinos y obreros. Si se mantiene el régimen capitalista, aun en el caso de que los países y colonias de Oriente conquisten la plena independencia política, los campesinos de esos países tendrán que pasar sin remedio por el doloroso período de la acumulación capitalista originaria, unido a su ruina definitiva, a su expulsión de la tierra, a su proletarización y a su conversión en obreros asalariados de fábrica y en jornaleros agrícolas, privados de toda explotación propia y obligados a vender su fuerza de trabajo. El campesinado de los pueblos de Oriente, que marcha hoy codo con codo con su burguesía democrática a la conquista de la independencia de sus países frente a las potencias imperialistas de Europa occidental, debe recordar que tiene sus propias tareas, que su liberación no se logra solo con la conquista de la independencia política y que por eso no puede detenerse en la conquista de esa independencia y darse por satisfecho con ella. El campesinado de los pueblos de Oriente debe ir más allá y seguir luchando también después de afirmada la independencia política de sus países; debe seguir luchando contra su dependencia de sus terratenientes y de su burguesía, que sin duda intentará, una vez conquistada la independencia, sustituir la explotación de los campesinos por los capitalistas de Europa occidental por su propia explotación.

Para la liberación completa y efectiva del campesinado de Oriente de toda opresión, de toda dependencia y de toda explotación hace falta además derribar el poder de sus terratenientes y de su burguesía y establecer en los países de Oriente el poder soviético de los campesinos y obreros. Solo la destrucción completa del régimen capitalista, tanto en Occidente como en Oriente, dará a los campesinos de los pueblos de Oriente la posibilidad de no perder, sino conservar y desarrollar su explotación y, evitando el paso por la dolorosa fase de la acumulación capitalista originaria, llegar con la ayuda de la clase obrera de los países más avanzados, a través de cierto grado de desarrollo, al régimen comunista, que asegura a cada campesino la plena libertad y el pleno disfrute de todos los productos de su trabajo.

Solo el triunfo completo de la revolución social y el establecimiento de la economía comunista mundial pueden liberar al campesinado de los países de Oriente de la ruina, la necesidad, la miseria, el hambre, la opresión y la explotación. Por eso los campesinos de Oriente no tienen, en su lucha por su liberación, otro camino que alzarse, junto con los obreros revolucionarios avanzados de Occidente y en estrecha alianza con las repúblicas soviéticas revolucionarias que estos crean, a la lucha tanto contra los capitalistas conquistadores extranjeros como contra sus propios déspotas —terratenientes, burgueses y demás opresores—, y continuar esa lucha sin retroceder hasta la victoria completa sobre la burguesía mundial, hasta la victoria completa de la revolución social, hasta el establecimiento definitivo del régimen comunista, el único que puede dar a todos los pueblos, de Occidente y de Oriente, la liberación efectiva, y destruir toda opresión de un pueblo por otro y toda explotación del hombre por el hombre.

## Resolución sobre el Consejo de Propaganda y Acción

*Propuesta por las dos fracciones y el presidium, leída por Zinóviev y aprobada en la séptima sesión, el 7 de septiembre de 1920.*

«El I Congreso de los Pueblos de Oriente decide: formar junto al Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista un órgano permanente de unión de los pueblos de Oriente con el nombre de *Consejo de Propaganda de los Pueblos de Oriente*[^19]. El consejo se compone del modo siguiente (la lista la leerá aparte el secretario); en total se eligen 47 personas. Los pueblos de Oriente que no han estado representados en el primer congreso tienen derecho a enviar más adelante sus delegados al consejo.

El Consejo de Propaganda y Acción organiza la propaganda en todo Oriente, publica una revista con el título de *Los Pueblos de Oriente* en tres lenguas, organiza la edición de folletos, octavillas, etc., apoya y unifica el movimiento de liberación en todo Oriente, organiza una universidad de ciencias sociales para los militantes de Oriente, etc. El Consejo de Propaganda y Acción de los Pueblos de Oriente tiene su sede en Bakú hasta el próximo Congreso de los Pueblos de Oriente (que se reunirá a más tardar dentro de un año).

Las reuniones plenarias (completas) del Consejo de Propaganda y Acción, para todos los asuntos, se celebran en Bakú por lo menos una vez cada tres meses.

Entre las reuniones plenarias del Consejo de Propaganda y Acción, todos los asuntos los dirige un presidium de siete personas elegido por el consejo.

El consejo organiza una sección suya en Taskent y en otros centros donde lo considere necesario.

Todo el trabajo del consejo se lleva a cabo bajo la dirección y el control del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, que nombra a dos (de los siete) representantes suyos en el presidium del consejo con derecho de veto.

## Saludo al Ejército Rojo

*Telegrama leído por Tadzhíev y aprobado en la séptima sesión, el 7 de septiembre de 1920.*

El I Congreso de los Pueblos de Oriente envía un saludo al valeroso Ejército Rojo de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia. Los pueblos de Oriente, tanto tiempo atormentados por los ejércitos de los Estados europeos, saludan al Ejército Rojo, su libertador. El congreso pide a cada soldado rojo, en cualquier frente en que combata, que recuerde que millones de hombres de los pueblos orientales siguen su lucha conteniendo el aliento, a la espera del momento en que la situación militar permita al Ejército Rojo dirigir sus armas a la liberación de los pueblos de Oriente. El Ejército Rojo de obreros y campesinos es en este momento el único baluarte de estos pueblos contra el imperialismo internacional, y fortalecer ese baluarte es el primer deber de todos los pueblos de Oriente.

¡Honor y gloria a cada soldado rojo, a cada comandante rojo! ¡Los hijos de Oriente, oprimidos pero sedientos de libertad, os esperan!

[^1]: Enver Pachá (1881-1922), uno de los jefes del Comité de Unión y Progreso (los «Jóvenes Turcos») y ministro de la Guerra otomano durante la Primera Guerra Mundial; huido tras la derrota, llegó a Bakú desde Moscú y su declaración se leyó en la cuarta sesión. Murió en 1922 en Asia Central, combatiendo al Ejército Rojo.
[^2]: Véanse la [resolución](https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20II%20Congreso%20de%20la%20Internacional%20Comunista#resolucion-sobre-las-cuestiones-nacional-y-colonial) y las tesis complementarias del II Congreso sobre las cuestiones nacional y colonial.
[^3]: El impreso dice «целом», errata evidente por «делом» («con hechos»).
[^4]: Derebeys («señores del valle»): notables y señores feudales locales de Anatolia.
[^5]: Así termina el texto en la edición de 1920, con la frase sin acabar.
[^6]: El tratado de Sèvres, impuesto al Imperio otomano y firmado el 10 de agosto de 1920.
[^7]: En la edición alemana, «Reijatan» y «Mulkadaren»: *raiyats*, campesinos tributarios, y *molkadares*, propietarios de la tierra en Persia.
[^8]: El tratado angloperso del 9 de agosto de 1919, que ponía las finanzas y el ejército persas bajo control británico.
[^9]: Así en la edición alemana («das östliche russische Volk»).
[^10]: Damos los nombres en transcripción española a partir de la grafía alemana, que tiene erratas evidentes («Mustafa, Subchi», «Maharadzn»); «Gruber» era el seudónimo de Karl Steinhardt. Las actas dan la composición del presidium en la primera sesión.
[^11]: Amritsar (el impreso escribe «Armatzar» y, más abajo, «Armasar»), donde el general Reginald Dyer («Dwayer») mandó disparar contra la multitud el 13 de abril de 1919.
[^12]: Así en la edición alemana («Die kapitalistischen Länder Englands»); quizá debe leerse «de Europa».
[^13]: Así en la edición alemana («Arbeiter Europas und Asiens»); por el contexto, probablemente «de Europa y de América».
[^14]: Miembros de la Federación Revolucionaria Armenia (Dashnaktsutiún), partido gobernante de la República de Armenia desde 1918.
[^15]: El Musavat, partido nacionalista azerbaiyano que gobernó la República Democrática de Azerbaiyán (1918-1920), derribada en abril de 1920 con la entrada del Ejército Rojo en Bakú.
[^16]: Así en el texto: las repúblicas soviéticas autónomas de Bashkiria (1919) y Kirguisa (1920); en la terminología rusa de la época, «kirguís» designaba también a los kazajos, y la República Kirguisa de 1920 corresponde al actual Kazajistán.
[^17]: Bienes vakf (en árabe, waqf): tierras y bienes inalienables cuyas rentas se destinan a fines religiosos o benéficos.
[^18]: En ruso, «разверсточный сбор»: recaudación por cupos repartidos entre las comunidades, como la razviorstka con que el poder soviético requisaba entonces el grano en Rusia.
[^19]: Así en el texto, sin «y Acción»; en el resto de la resolución el órgano se llama Consejo de Propaganda y Acción.
