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Title: I Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas (1920)
Description: Las directivas para el movimiento comunista de mujeres redactadas por Clara Zetkin, el manifiesto a las trabajadoras del mundo entero y los llamamientos de la primera conferencia internacional de las comunistas, reunida en Moscú durante el II Congreso de la Internacional Comunista.
Author: I Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas
Date: 1920-07
URL: https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20I%20Conferencia%20Internacional%20de%20Mujeres%20Comunistas
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*I Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas, reunida en Moscú del 30 de julio al 2 de agosto de 1920, durante el II Congreso de la Internacional Comunista. Las directivas para el movimiento comunista de mujeres, discutidas por la conferencia sobre el proyecto de la delegación rusa, se remitieron a una comisión presidida por Clara Zetkin, que les dio su redacción definitiva en alemán, y fueron aprobadas por la Internacional Comunista; las traducimos de* Die Kommunistische Internationale *(edición alemana), n.º 15, 1921, pp. 530-554 ([escaneo de marxists.org](https://www.marxists.org/deutsch/zeitschriften/komm-intern/1921/v01-n15-1921.pdf)). Los demás textos se aprobaron en ruso y se traducen del informe oficial,* Отчет о Первой международной конференции коммунисток *(Moscú, Gosizdat, 1921, pp. 30-39 y 63-64; [ejemplar de la Biblioteca Pública Histórica Estatal de Rusia](http://elib.shpl.ru/ru/nodes/53871)), que trae también una traducción rusa de las directivas. Las actas de las sesiones están en [I Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas. Actas](https://marxismo.school/archivo/congresos/1920%20I%20Conferencia%20Internacional%20de%20Mujeres%20Comunistas.%20Actas). Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán y en ruso](https://marxismo.school/archivo/congresos/originales/1920%20Erste%20Internationale%20Konferenz%20der%20Kommunistinnen)*

## Directivas para el movimiento comunista de mujeres

*Discutidas por la conferencia sobre el proyecto de la delegación rusa, redactadas definitivamente por una comisión presidida por Clara Zetkin y aprobadas por la Internacional Comunista.*

1. El II Congreso de la III Internacional renueva la resolución del I Congreso sobre la necesidad de despertar la consciencia de clase de las más amplias masas de mujeres proletarias, de llenarlas de las ideas comunistas y de agruparlas como luchadoras y colaboradoras del comunismo conscientes de su objetivo, resueltas a la acción y dispuestas al sacrificio. La actividad más enérgica de las proletarias en la lucha revolucionaria por la superación del capitalismo y la realización del comunismo es inexcusable. Se trata de que a todas las mujeres se les asegure el pleno derecho social para desarrollar, mediante su educación, así como en el ejercicio de una profesión y en la maternidad, una humanidad plena y libre en firme solidaridad con el conjunto de la sociedad. Se trata de que el proletariado adquiera la cohesión y el poder necesarios para crear las condiciones sociales de ese objetivo, tanto en la lucha revolucionaria contra el orden burgués como en la construcción revolucionaria del nuevo orden.

2. La historia del pasado y del presente enseña que la propiedad privada es la raíz última y más profunda de la posición de privilegio y preeminencia del hombre sobre la mujer. Solo con el surgimiento y la consolidación de la propiedad privada pudieron la mujer y el hijo, como el esclavo, convertirse en posesión del hombre; pudo formarse sobre la base del dominio de unos hombres sobre otros, igual que la oposición de clase entre ricos y pobres, explotadores y explotados, también la relación de dependencia de la mujer, como mujer y como madre, respecto del hombre, su sumisión a él y su falta de derechos en la familia y en la vida pública. Esa relación sigue viva todavía hoy en los llamados pueblos civilizados, en las costumbres y los prejuicios, en la falta de derechos o al menos en la inferioridad de derechos del sexo femenino ante la ley, en su posición desfavorecida en la familia, el Estado y la sociedad, en su tutela y su atraso intelectuales, en la insuficiente estimación de las prestaciones maternas según la importancia que tienen para la sociedad. En los pueblos de cultura europea, ese estado de cosas se afianzó y se favoreció porque, con el desarrollo del artesanado gremial, la mujer fue desplazada del terreno de la producción social de bienes industriales y confinada en su actividad exclusivamente a la economía doméstica y a la propia familia.

Si la mujer ha de obtener la plena igualdad social de derechos con el hombre —en verdad y en los hechos, y no solo en textos legales muertos sobre el papel, que todo lo aguanta—, si ha de conquistar como el hombre la libertad de desarrollarse y de desplegar una humanidad plena, deben cumplirse dos condiciones principales. Hay que abolir la propiedad privada de los medios de producción y sustituirla por la propiedad social; la actividad de la mujer debe integrarse en la producción social de bienes dentro de un orden sin explotación ni servidumbre. Solo la realización de esas dos condiciones excluye que la mujer, como esposa y madre, caiga en la familia en la dependencia económica del hombre, o bien que, a consecuencia de la oposición de clase entre explotación y explotados[^d1], caiga como proletaria y trabajadora asalariada en la empresa bajo la servidumbre económica y la explotación del capitalista; que, por exigencias unilaterales y desmedidas, ya sea de la economía doméstica y de la maternidad, ya sea de la profesión, se atrofien fuerzas y dotes valiosísimas y se haga imposible una armoniosa unión de ambas esferas de deberes. Solo la realización de esas dos condiciones garantiza que la mujer, con capacidades y fuerzas desarrolladas en todos los sentidos, actúe como trabajadora y creadora con iguales deberes e iguales derechos en una comunidad de trabajadores y creadores con iguales deberes e iguales derechos, y que la profesión y la maternidad se cierren en el anillo de una vida plenamente vivida.

3. Las reivindicaciones del movimiento femenino burgués se muestran impotentes para garantizar a la totalidad de las mujeres pleno derecho y plena humanidad. Ciertamente, su conquista tiene la importancia de principio, que no hay que subestimar, de que la sociedad burguesa y su Estado borran oficialmente el viejo prejuicio de la inferioridad del sexo femenino y, con la igualdad de derechos de la mujer, reconocen su igual valor social. Pero en la práctica la realización de las reivindicaciones feministas se reduce en lo esencial a reformar el orden capitalista en beneficio de las mujeres y las hijas de las clases poseedoras, mientras la inmensa mayoría de las proletarias, las mujeres del pueblo trabajador, siguen entregadas, como seres sin libertad y explotados, a la atrofia y al menosprecio de su humanidad, de sus derechos y de sus intereses.

Mientras subsista el capitalismo, el derecho de la mujer a disponer libremente de su patrimonio y de su persona significa la última etapa de la emancipación de la propiedad y una ampliación de las posibilidades de explotación de las proletarias por los capitalistas. El derecho de la mujer a la misma educación y a la misma profesión que el hombre se reduce a abrir a las mujeres de los poseedores los llamados campos profesionales superiores, a imponer así también aquí sin restricciones el principio de la competencia capitalista y a agudizar la oposición económica y social entre los sexos. Incluso la más importante y trascendental de las reivindicaciones feministas —la de la plena igualdad política de los sexos, en particular la del reconocimiento del derecho de voto activo y pasivo— es del todo insuficiente para asegurar realmente pleno derecho y plena libertad a las mujeres de quienes nada o poco poseen.

Porque, mientras subsista el capitalismo, el derecho de voto solo sirve para realizar la democracia meramente formal, política, burguesa; no significa en modo alguno democracia efectiva, económica, proletaria. El sufragio universal, igual, secreto, directo, activo y pasivo de todos los adultos no es más que la última etapa del desarrollo de la democracia burguesa y se convierte en la base y en el manto de la forma política más acabada del dominio de clase de los poseedores y explotadores. Pero, en el periodo actual del imperialismo, del desarrollo social revolucionario, ese dominio de clase se agudiza, a despecho del sufragio democrático, hasta convertirse en la más violenta y brutal dictadura de clase contra los desposeídos y explotados. Ese derecho de voto no abole la propiedad privada de los medios de producción ni, por tanto, la oposición de clase entre burguesía y proletariado; no elimina, pues, la causa de la dependencia económica y de la explotación de la inmensa mayoría de mujeres y hombres por la minoría de mujeres y hombres poseedores. Solo encubre esa dependencia y esa explotación con el velo engañoso de la igualdad política de derechos. Por eso, tampoco la plena igualdad política de derechos puede ser para las proletarias el objetivo final de su movimiento, de su lucha. Para ellas, la posesión del derecho de voto y de la elegibilidad solo cuenta como un medio entre otros para agruparse y formarse para el trabajo y la lucha por la instauración de un orden social liberado del dominio de la propiedad privada sobre los hombres, que por ello, tras la abolición de la oposición de clase entre explotadores y explotados, pueda ser el orden social de trabajadores libres, con iguales derechos e iguales deberes.

IV. El comunismo es el único orden social que cumple esas condiciones y que garantiza así también plena libertad y pleno derecho a la totalidad del sexo femenino. La base del comunismo es la propiedad social de los grandes medios de producción y distribución de bienes y de transporte que dominan la economía social. Al abolir la propiedad privada de esos medios, elimina la causa de la servidumbre y la explotación del hombre por el hombre, la oposición social entre ricos y pobres, explotadores y explotados, dominadores y oprimidos, y con ella también la oposición económica y social entre el hombre y la mujer. Como copropietaria social, coadministradora y coutilizadora de los medios de producción y distribución, como partícipe social en el disfrute de los resultados materiales y culturales de su empleo y aprovechamiento, la mujer solo depende en su desarrollo y en su actividad del conjunto de la sociedad, por los lazos de la solidaridad, y no, a causa de su sexo, de la persona individual de un hombre, ni de la pequeña unidad moral de la familia, ni tampoco de un capitalista estrujador de beneficios y de una clase dominante explotadora.

La ley suprema de la economía comunista es la satisfacción de las necesidades de bienes materiales y culturales de todos los miembros de la sociedad, en la medida de las posibilidades de producción y de cultura más altas y avanzadas existentes en cada momento. Ese objetivo solo puede alcanzarse con la implantación del trabajo obligatorio general para todos los adultos sanos y normales, sin distinción de sexo. Solo puede alcanzarse en una organización social que reconozca el igual valor de todo trabajo socialmente necesario y útil, que valore también la labor y la dedicación maternas como prestación social y que oriente las condiciones de desarrollo de sus miembros, desde el nacimiento, al trabajo social libre y a la más alta capacidad consciente de rendimiento.

V. Pero el comunismo, el gran liberador del sexo femenino, no puede ser jamás el resultado de la lucha común de las mujeres de todas las clases por la reforma del orden burgués en el sentido de las reivindicaciones feministas, es decir, contra la posición social privilegiada del sexo masculino. Solo puede realizarse mediante la lucha de clase común de las mujeres y los hombres del proletariado explotado contra los privilegios y el poder de los hombres y las mujeres de las clases poseedoras y explotadoras. El objetivo de esa lucha de clases es la superación de la sociedad burguesa, del capitalismo. En esa lucha el proletariado solo puede vencer si, mediante acciones revolucionarias de masas, quebranta la violencia de la burguesía explotadora, su dominio de clase en la economía y en el Estado, con la conquista del poder político y la instauración de su propia dictadura de clase en el régimen de consejos. No la democracia burguesa, sino, solo tras la superación de esa democracia, el dominio de clase proletario, el Estado proletario, es la fase previa ineludible de la sociedad comunista de trabajadores libres, con iguales derechos e iguales deberes. En la lucha por el poder del Estado, las clases explotadoras y dominantes oponen al proletariado que avanza en tromba los más brutales medios de violencia de su dictadura de clase. Las acciones revolucionarias de masas de los explotados y oprimidos culminan finalmente en la guerra civil.

La victoria del proletariado mediante acciones revolucionarias de masas y en la guerra civil es imposible sin la participación, segura de su objetivo y de su camino, dispuesta al sacrificio y resuelta a la lucha, de las mujeres del pueblo trabajador. Porque estas forman la mitad, y en la mayoría de los pueblos civilizados incluso la mitad mayor, del pueblo trabajador, y su papel en la economía social, como en la familia, es muy a menudo decisivo para el desenlace de las luchas de clases entre explotadores y explotados, así como para la conducta de cada proletario en esas luchas. La conquista del poder político por el proletariado tiene que ser también obra de las proletarias comunistas convencidas. Lo mismo vale, tras la instauración de la dictadura de clase proletaria, para la construcción del régimen de consejos, para la realización del comunismo. Esa transformación profundísima y gigantesca de la sociedad, de su base económica, de todas sus instituciones, de toda su vida cultural y moral, es imposible sin la colaboración activa y comprensiva de las más amplias masas de mujeres de convicciones comunistas. La colaboración de esas masas femeninas no significa solo más trabajo, en volumen, por la realización del comunismo, sino también prestaciones de otra índole, y por tanto más ricas y variadas. Es una condición previa del necesario aumento de la riqueza material de la sociedad, así como de la elevación, el refinamiento y la profundización de su cultura.

Así como la lucha de clase revolucionaria del proletariado en cada país se concentra internacionalmente y alcanza su punto culminante en la revolución mundial, también la lucha revolucionaria de las mujeres contra el capitalismo, contra su forma más alta de desarrollo, el imperialismo, y por la dictadura del proletariado, la instauración de la dictadura de clase proletaria y del régimen de consejos, debe agruparse internacionalmente.

VI. El crimen infernal de la guerra mundial imperialista de los grandes Estados capitalistas y la situación que esa guerra ha creado han llevado al extremo, para la abrumadora mayoría de las mujeres, los antagonismos y los males sociales que son consecuencias inevitables del capitalismo y solo pueden desaparecer con su destrucción. Y ello no solo en los Estados beligerantes, sino también en los llamados neutrales, pues todos ellos se han visto igualmente arrastrados, en mayor o menor medida, por la vorágine sangrienta de la guerra mundial y sus efectos. La monstruosa y creciente distancia entre los precios usurarios de los artículos de primera necesidad y los ingresos, los medios de existencia de incontables millones de mujeres, agrava del modo más insoportable sus preocupaciones, privaciones, sufrimientos y cargas como trabajadoras asalariadas, como amas de casa y como madres. La escasez de vivienda se ha convertido en un azote terrible. El estado de salud precisamente de las mujeres empeora sin cesar y en medida rápidamente creciente como consecuencia de la desnutrición crónica y de la abrumadora carga de trabajo en el empleo y en la casa. Disminuye el número de madres que pueden dar a luz normalmente y traer al mundo niños fuertes y sanos. La mortalidad infantil se dispara de forma alarmante; la enfermedad y la consunción, consecuencias inevitables de una alimentación insuficiente y de condiciones de vida miserables en general, son el destino de cientos de miles, de millones incluso, de niños proletarios, son la desesperación de sus madres.

Un fenómeno particular agrava los tormentos de las mujeres en todos los países en los que el capitalismo se mantiene aún en el poder. Durante la guerra, el trabajo asalariado de la mujer alcanzó una extensión extraordinaria. Sobre todo en los países beligerantes la consigna era: las mujeres a las trincheras de la economía, de la administración, de toda la actividad cultural. El prejuicio contra el «sexo débil, menos dotado y atrasado» enmudeció ante las trompetas de guerra de la codicia imperialista de poder mundial y de explotación, la manifestación más fuerte del capitalismo internacional. La necesidad de ganarse la vida, la mentira de la defensa de la patria y el afán capitalista de beneficio empujaron juntos a masas de mujeres, como trabajadoras, a la industria y a la agricultura, al comercio y al transporte. En todas las ramas de la administración municipal y estatal, de los llamados servicios públicos y de las profesiones ilustradas, el trabajo femenino avanzó de forma arrolladora e imparable.

Ahora que, a raíz de la guerra mundial, la economía capitalista se desquicia y se hunde; ahora que el capitalismo todavía dominante se muestra impotente para reconstruir la economía según las necesidades de existencia y de cultura de las más amplias masas trabajadoras; ahora que la descomposición de la economía y su sabotaje consciente por los capitalistas han provocado una crisis sin precedentes de paralización de la producción y de paro, las mujeres son las primeras y más numerosas víctimas de esa crisis. Tanto los capitalistas particulares como la administración capitalista municipal y estatal, etc., temen menos a la mujer parada, por lo general políticamente no instruida y desorganizada, que al hombre parado. Cuentan también con que, falta de pan, ella pueda llevar al mercado y vender su sexo como última mercancía. En todos los países en los que el proletariado no ha conquistado el poder luchando revolucionariamente resuena hoy de nuevo con fuerza la consigna: ¡Fuera la mujer del trabajo asalariado, la mujer de vuelta al hogar! La consigna encuentra eco hasta en los sindicatos, dificulta y frena la lucha por igual salario a igual trabajo para ambos sexos, y en su estela cobra nueva vida la vieja ideología pequeñoburguesa y reaccionaria de la «única verdadera vocación natural» y de la inferioridad de la mujer. Fenómeno paralelo al aumento del paro y de la amarga miseria de incontables mujeres es el crecimiento de la prostitución en las formas más diversas, desde el matrimonio por conveniencia hasta la venta descarnada del cuerpo femenino en un «trabajo a destajo» sexual.

La creciente tendencia a desplazar de nuevo a la mujer del terreno del trabajo social está en flagrante contradicción con la necesidad, cada vez mayor, que sienten las más amplias masas femeninas de un sustento propio y de una actividad satisfactoria. La guerra mundial ha asesinado a millones de hombres y ha convertido a otros millones en lisiados que necesitan, total o parcialmente, quien los mantenga y los cuide; la descomposición de la economía capitalista deja a millones de hombres sin posibilidad de mantener a su familia con su trabajo como antes. Pero la tendencia señalada está también en la más cruda contradicción con los intereses de la inmensa mayoría de los miembros de la sociedad. Solo si se ponen al servicio de la sociedad, en los más diversos campos de actividad, también todas las fuerzas y talentos de la mujer será posible compensar la gigantesca destrucción de bienes materiales y culturales causada por la guerra y lograr el necesario aumento de la riqueza y de la cultura.

La tendencia, cada vez más extendida, a desplazar a la mujer como cocreadora de la producción social de bienes y de la cultura tiene como raíz última la avidez de los capitalistas estrujadores de beneficios por eternizar su poder de explotación. Prueba la incompatibilidad de la economía capitalista, del orden burgués, con los intereses vitales más importantes de la abrumadora mayoría de las mujeres y, en general, de los miembros de la sociedad.

Pero para todas las penurias opresivas que hoy sufren las mujeres hay algo decisivo. Son el producto inevitable de manifestaciones esenciales del capitalismo explotador y esclavizador. La guerra las ha agravado y multiplicado al extremo y ha hecho de ellas la triste suerte de las mayores masas de mujeres. Pero no son fenómenos pasajeros que vayan a desaparecer con la paz. Por no hablar de que la persistencia del capitalismo amenaza a la humanidad con nuevas guerras imperialistas de rapiña, que hoy se anuncian ya con suficiente claridad. Los muchos millones de proletarias, de mujeres del pueblo trabajador, sienten los males sociales del presente del modo más opresivo, porque la combinación de su situación de clase como explotadas y de su situación de sexo como sujetos de derechos inferiores las convierte en grado sumo en víctimas del orden capitalista. Pero sus penurias y sufrimientos no son más que manifestaciones parciales del destino general de la clase explotada y oprimida del proletariado, y ello en todos los países que siguen sometidos al dominio capitalista. Por eso, nunca jamás podrán remediarse con reformas del orden burgués para la supuesta «lucha contra la miseria heredada de la guerra». Solo pueden desaparecer por completo y para siempre con ese mismo orden, por la lucha revolucionaria de las mujeres y los hombres explotados y desheredados de todos los países, por la acción revolucionaria del proletariado mundial. Solo y exclusivamente la revolución mundial, como juicio final de la historia, puede liquidar en cada país la herencia de la guerra mundial en pobreza, decadencia intelectual y moral, sufrimiento sangriento de las masas, y la bancarrota completa del capitalismo.

VII. Ante los fenómenos y las relaciones sociales que se han expuesto, el II Congreso de la Internacional Comunista, reunido en Moscú, llama a todas las mujeres del *pueblo trabajador* que tienen sed de libertad y de una humanidad plena a las filas de los partidos comunistas de sus países y, con ello, a las filas de la propia Internacional Comunista, en la que esos partidos se agrupan para una acción más intensa y resuelta. Al luchar, consciente de su objetivo, segura de su camino y dispuesta a la acción, por la superación del capitalismo y la instauración del comunismo mediante la revolución mundial, la Internacional Comunista se muestra también como la representante más clarividente y más fiel del derecho de las mujeres. En una fase histórica superior prosigue, en interés del sexo femenino, la obra que la II Internacional había comenzado pero no fue capaz de llevar a cabo con consecuencia, porque, bajo la creciente influencia del reformismo oportunista en el movimiento obrero, renunció a elevarse de comunidad de profesión de fe a comunidad de acción; obra que acabó traicionando ignominiosamente en agosto de 1914. Pues la II Internacional abandonó también el derecho y los intereses de las mujeres cuando, en lugar de llamar a los proletarios de todos los países a la lucha común, internacional y revolucionaria contra el imperialismo capitalista, contra el orden capitalista, bendijo la fraternización de explotadores y explotados en los ejércitos nacionales que el imperialismo lanzó unos contra otros, en provecho y beneficio del lucro capitalista, del afán capitalista de poder mundial, en el fratricidio y el suicidio de la clase obrera.

En su fundación, la II Internacional inscribió también en su bandera la lucha por la plena igualdad de derechos y la redención social del sexo femenino. Hizo sin duda una labor valiosa y duradera al llevar con su propaganda esas reivindicaciones a los círculos más amplios, junto con la convicción de que su cumplimiento tenía como condición previa la destrucción del capitalismo y la realización del socialismo; junto con la idea de la oposición de clase irreconciliable entre las mujeres de la minoría explotadora y las de la mayoría explotada, así como la de la solidaridad nacional e internacional de los esclavos asalariados del capitalismo sin distinción de sexo. Obligó a las organizaciones sindicales y a los partidos socialistas a llamar a sus filas a las mujeres como miembros con iguales derechos y como coprotagonistas de las luchas de clase económicas y políticas del proletariado. Exigió que la capacidad de defensa y de lucha de las proletarias en el combate de su clase se elevara mediante la limitación legal del poder capitalista de explotación, mediante instituciones de asistencia social que aliviaran al ama de casa y a la madre y mediante el reconocimiento de la plena igualdad política de derechos. Exigió la separación limpia del movimiento femenino socialista respecto del burgués. Pero cuánto o cuán poco se cumpliera de todos esos compromisos, cuánto o cuán poco de las reivindicaciones acordadas se convirtiera en objeto de actividad y de lucha, la II Internacional lo dejó en manos de las organizaciones sindicales y de los partidos socialdemócratas de cada país. En general, de sus resoluciones en materia de intereses y derechos de la mujer solo se llevó a la práctica lo que las socialistas organizadas de cada país fueron capaces de arrancar a las organizaciones de los proletarios.

El abismo entre la teoría y la práctica, entre la resolución y los hechos, se puso de manifiesto con especial crudeza en la actitud ante la reivindicación del derecho de voto femenino. La II Internacional toleró que organizaciones afiliadas a ella en Inglaterra defendieran durante años un sufragio restringido para las damas, cuya implantación habría reforzado el poder político de los poseedores y, con él, la resistencia al sufragio universal de todos los mayores de edad[^d2]. Permitió que el Partido Socialdemócrata en Bélgica y más tarde en Austria renunciara, en la gran lucha por el derecho de voto, a reclamar también el sufragio universal femenino. Es cierto que el Congreso de Stuttgart de la II Internacional impuso a los partidos socialdemócratas de todos los países el deber de emprender y librar la lucha por el sufragio universal femenino como parte esencial e irrenunciable de la lucha proletaria general por el derecho de voto y por el poder, tanto en neta separación de las aspiraciones feministas y democráticas burguesas como sin consideración alguna por la política reformista de oportunidad[^d3]. Pero también esa resolución se quedó en el papel en la mayoría de los países y, en particular, no impidió que el Partido de los Socialistas Unificados de Francia se contentara con platónicas propuestas parlamentarias para la introducción del sufragio femenino, ni que el Partido Obrero Socialdemócrata de Bélgica se quede hasta hoy, en sus propuestas sobre el sufragio universal femenino, incluso por detrás de las reivindicaciones de los clericales.

No solo débil, ignominiosa y deshonrosa fue la actitud de la II Internacional cuando, dentro del movimiento obrero de todo el mundo, las mujeres socialistas de los países beligerantes y neutrales fueron las primeras en emprender un intento vacilante de anteponer el mandato de la solidaridad internacional de los explotados a las órdenes nacionales de batalla de los socialpatriotas traidores, de obligar a los gobiernos imperialistas a la paz mediante acciones revolucionarias internacionales de masas y de despejar el campo histórico para la lucha revolucionaria internacional de los obreros por la conquista del poder político y por el sometimiento del imperialismo, del capitalismo[^d4]. Lejos de apoyar ese intento, la II Internacional dio tácitamente su bendición a que los partidos afiliados a ella en cada país —a la cabeza su «partido modelo», primero de organización y de táctica, luego de decadencia y de bancarrota: la socialdemocracia alemana— lo injuriaran, lo denunciaran y se afanaran por frenarlo de todas las maneras. Todavía hoy trabaja por fortalecer el poder capitalista de explotación y por contrarrestar así la plena libertad del sexo femenino, engañando a las masas proletarias con la farsa de la democracia, del parlamentarismo, del socialpatriotismo y del socialpacifismo.

Por lo demás, la II Internacional nunca creó un órgano cuya tarea fuera trabajar internacionalmente por la aplicación de los principios y las reivindicaciones establecidos en favor de las mujeres. Los inicios de la agrupación internacional de las socialistas y las proletarias para acciones unitarias y cohesionadas se produjeron fuera del marco de su organización y de manera independiente. Sus representantes eran admitidas, es cierto, en los congresos de la II Internacional, pero no tenían el derecho formal de participar en ellos, y la Internacional socialista de mujeres no tenía asiento ni voto en el Buró Internacional.

Por eso, las comunistas y las socialistas revolucionarias consecuentes y las proletarias deben romper su vínculo con la II Internacional y adherirse a la Internacional Comunista, que tampoco en la lucha por los derechos y la libertad de la mujer será una fábrica de resoluciones, sino una comunidad de acción. La forma más completa y más consecuente de su adhesión es, como ya se ha dicho, el ingreso en el partido de su país que pertenezca a la Internacional Comunista. Las afiliadas de partidos y organizaciones en los que todavía no se ha decidido la lucha por la pertenencia a la III Internacional tienen el deber evidente de emplear toda su energía en que esas organizaciones y partidos reconozcan las directivas de principio, tácticas y organizativas de la Internacional Comunista, se adhieran a ella en toda regla y actúen conforme a su naturaleza y a sus exigencias. Las comunistas y las socialistas revolucionarias consecuentes, las proletarias, deben dar la espalda a las organizaciones y partidos que persisten por principio en la hostilidad y en la lucha contra la Internacional Comunista y que contaminan y paralizan la lucha de clase proletaria con consignas oportunistas y reformistas. ¡Hacia la Tercera Internacional de la acción revolucionaria!: ese debe ser el grito de reunión general e inequívoco de todas las mujeres del pueblo trabajador que quieren librarse de la esclavitud de clase y de la esclavitud de sexo.

VIII. El II Congreso de la Internacional Comunista obliga a todos los partidos adheridos a ella a trabajar fielmente según las directivas precedentes para alcanzar, despertar, agrupar y formar a las más amplias masas de mujeres; para elevar al máximo posible su capacidad de trabajo y de lucha por el comunismo; para demostrarles con la palabra y con los hechos que solo la lucha de clase revolucionaria del proletariado y la realización de sus objetivos aseguran también a la totalidad del sexo femenino pleno derecho, plena libertad y una humanidad plena y armoniosa. Conforme a estas directivas, los partidos comunistas deben trabajar:

*A. En los países en los que el proletariado ya ha conquistado el poder del Estado y ha establecido su dominio en el régimen soviético, como en Rusia:*

1. Por la incorporación más amplia de las mujeres a todas las luchas y medidas necesarias, en el combate contra los contrarrevolucionarios del interior y del exterior, en el frente y en la retaguardia, para mantener y consolidar el régimen soviético, como el servicio en milicias femeninas, de enfermeras rojas, el trabajo educativo en el Ejército Rojo, etc. Igualmente indispensable es la colaboración amplia y comprensiva de las mujeres para superar por completo no solo todos los restos económicos y sociales del capitalismo, sino también su moral egoísta.

2. Por una ilustración enérgica y profunda de las proletarias, las pequeñas campesinas y todas las mujeres que trabajan y crean sobre el hecho de que también está en su mano, de que depende de su creciente comprensión, de su voluntad inquebrantable y de su actividad abnegada, acortar el duro periodo de transición del capitalismo en decadencia, al que hay que doblegar, a la forma social superior del comunismo; ese duro periodo de transición durante el cual son inevitables males, sufrimientos y sacrificios que golpean más dolorosamente a las mujeres y a sus hijos.

3. Por la ilustración más enérgica y profunda de las proletarias, las pequeñas campesinas y todas las mujeres que trabajan y crean sobre el hecho de que el nuevo orden social, el orden liberador del comunismo acabado, que madura en lucha con las fuerzas del viejo mundo burgués que se hunde y en combate con problemas nuevos, debe ser en gran medida también obra suya, fruto de la claridad de objetivos, de la voluntad indestructible y de la acción siempre dispuesta al sacrificio de cada una de ellas.

4. Por la colaboración más amplia de las mujeres trabajadoras en la labor de construcción económica a través de los órganos soviéticos, los sindicatos y las cooperativas y sus diversas instituciones.

5. Por la colaboración más amplia de las mujeres en los soviets y en sus diversos órganos de control, de administración y de construcción, así como en cualquier otro terreno, sin exceptuar el de la ciencia.

6. Por una organización de las condiciones de trabajo de las mujeres trabajadoras que responda a la peculiaridad del organismo femenino y a las exigencias físicas, intelectuales y morales de la maternidad, y que haga posible su armoniosa unión con la profesión; una unión que, con el más alto rendimiento, permita que todas las fuerzas y valores de las mujeres se desplieguen y actúen en una humanidad femenina plena.

7. Por la incorporación de la economía doméstica tradicional de la familia —la forma más atrasada, más raquítica y más enana del viejo artesanado gremial— a la economía social general, y por la transformación del ama de casa, de esclava de la pequeña economía individual, en trabajadora libre de la gran economía social.

8. Por la creación de instituciones sociales ejemplares que asuman las tareas económicas que hasta ahora recaían sobre la mujer en la familia tradicional y que aligeren, completen y perfeccionen las prestaciones maternas.

9. Por instituciones ejemplares de asistencia social para la protección de la maternidad, de la infancia y de la juventud.

10. Por instituciones semejantes de ayuda a los enfermos, los débiles, los ancianos y los incapacitados para el trabajo; por medidas económicas y educativas que devuelvan a las prostitutas, esa herencia del orden burgués, desde el lumpenproletariado a la comunidad de los trabajadores.

11. Por una organización de la enseñanza y la educación que, sobre la base de la enseñanza educativa por el trabajo y de la coeducación, garantice el derecho al desarrollo de la individualidad y cumpla a la vez el deber de educar en la solidaridad, y que asegure así también al sexo femenino las condiciones para el despliegue de una humanidad completa.

12. Por la colaboración más amplia de las mujeres en la determinación y ejecución de medidas, en la fundación, organización y administración de instituciones destinadas a aliviar al ama de casa y a la madre, que sirvan a la asistencia social y, en particular, a la asistencia de las mujeres, los niños y los jóvenes.

*B. En todos los países en los que el proletariado lucha todavía por la conquista del poder político:*

1. Por la incorporación de las mujeres, como miembros con iguales derechos e iguales deberes, al Partido Comunista y a las organizaciones económicas de lucha de clase del proletariado; por su colaboración, con iguales derechos e iguales deberes, en todos los órganos e instancias del partido, de los sindicatos y de las cooperativas.

2. Por la ilustración de las más amplias masas femeninas del proletariado y del pequeño campesinado sobre el comunismo, sobre la naturaleza, el objetivo, los métodos y los medios de las acciones y luchas revolucionarias del proletariado; por la participación de las más amplias masas femeninas en todas esas acciones y luchas, como lección práctica extraordinariamente eficaz de enseñanza intuitiva y de educación; por todos los medios, medidas e instituciones capaces de fortalecer y esclarecer la consciencia de clase de las proletarias y de aumentar su energía revolucionaria y su capacidad de lucha.

3. Por la plena igualdad jurídica de ambos sexos ante la ley y en la práctica, en todos los terrenos de la vida privada y pública.

4. Por el aprovechamiento revolucionario y con consciencia de clase del derecho de voto activo y pasivo de la mujer para los parlamentos municipales y nacionales, así como para todas las corporaciones públicas, subrayando con la necesaria fuerza el valor limitado del derecho de voto, del parlamentarismo y de la democracia burguesa para el proletariado, y la necesidad, dada por la historia, de que este supere el parlamentarismo y la democracia burguesa mediante el régimen soviético y la dictadura de la clase obrera.

5. Por la participación más viva y consciente de su objetivo de las obreras, las empleadas y funcionarias, de todas las mujeres que trabajan en la ciudad y en el campo, como electoras, en la elección de consejos obreros revolucionarios económicos y políticos; por la colaboración más celosa de las obreras, las empleadas y las trabajadoras como elegidas en esos consejos obreros y en sus órganos; por la incorporación de las amas de casa del proletariado y de las capas de la población de escasos recursos como electoras de los consejos obreros revolucionarios y por su colaboración como elegidas en ellos; por la difusión y aplicación de la idea de los consejos entre las pequeñas campesinas y las capas de la población rural socialmente afines a ellas.

6. Por el derecho de la mujer a una formación general y profesional igual, libre y gratuita, y por su incorporación, como trabajadora con iguales derechos e iguales deberes, a la economía social del trabajo y en todos los terrenos; por el reconocimiento y la valoración de las tareas maternas como prestación social.

7. Por igual salario a igual trabajo para el hombre y la mujer.

8. Por la limitación radical del poder capitalista de explotación mediante una protección legal eficaz de las obreras, las empleadas y las funcionarias —incluido el llamado «servicio doméstico»— en todos los terrenos de la economía, teniendo en cuenta las medidas obligadas para las menores, las embarazadas, las parturientas y las madres lactantes.

9. Por una amplia inspección del trabajo, a cargo de un cuerpo suficientemente numeroso de funcionarios independientes, formado por médicos, técnicos y obreros de pleno derecho, en el que las mujeres deben estar representadas en proporción a la extensión del trabajo femenino.

10. Por medidas e instituciones sociales que alivien a la mujer trabajadora como ama de casa y como madre, que trasladen los trabajos domésticos tradicionales de la familia a la economía social y que completen y perfeccionen la educación de los niños en el hogar con la educación social, imprimiéndole el necesario rasgo esencial de una educación en la solidaridad.

11. Por la creación de las instituciones correspondientes no solo en las ciudades y los centros industriales, sino igualmente en el campo, en favor de las obreras agrícolas, las campesinas, etc.

12. Por la ilustración de las mujeres sobre el carácter atrasado de la vieja economía doméstica, sobre el derroche de tiempo, fuerzas y medios que lleva consigo; sobre el aprovechamiento del hogar por el capitalismo como medio para mantener bajo el salario del hombre, descontando el trabajo no pagado del ama de casa, y para mantener a la mujer intelectual y políticamente en el atraso, aislándola de la vida social.

13. Por una reforma radical de la vivienda que no se detenga respetuosa ante el derecho de propiedad burgués sobre viviendas de lujo y superfluas, y en cuya realización deben colaborar las mujeres.

14. Por una regulación amplia y orgánica de la sanidad pública que, entre otras cosas, cree en la ciudad y en el campo consultorios médicos gratuitos, en los que trabajen también médicas, y que ponga a disposición cuidadoras de lactantes, enfermeras y auxiliares domésticas con formación profesional.

15. Por medidas económicas y sociales para combatir la prostitución; por medidas higiénicas contra la propagación de las enfermedades venéreas; por la abolición del acuartelamiento de las prostitutas, del control de la policía de costumbres y de la proscripción social de las prostitutas; por la superación de la doble moral sexual para el hombre y para la mujer.

16. Por la colaboración de las mujeres en todas las medidas e instituciones que afecten de manera decisiva al derecho de la mujer a la educación, a la profesión, a la protección contra la explotación capitalista, etc.

*C. En los países de desarrollo precapitalista:*

1. Por la superación de los prejuicios, costumbres, usos y preceptos religiosos y jurídicos que rebajan a la mujer a esclava doméstica, esclava de trabajo y esclava sexual del hombre; una superación que tiene como condición previa no solo la ilustración de las mujeres, sino también la de los hombres.

2. Por la plena igualdad jurídica de la mujer con el hombre en la educación, en la familia y en la vida pública.

3. Por una protección radical de las mujeres pobres y explotadas contra la explotación y la servidumbre a que las someten las clases poseedoras dominantes, tal como se da sobre todo en la industria a domicilio, cuyos peores males pueden también mitigarse, entre otras cosas, mediante cooperativas.

4. Por medidas e instituciones que conduzcan las formas precapitalistas de la economía y de la vida social al comunismo y que, en particular con realizaciones ejemplares, en una lección práctica de los hechos, muestren a las mujeres que la economía doméstica individual las esclaviza, mientras que el trabajo social las libera.

En el trabajo de agitación y de organización entre las mujeres de los países de desarrollo precapitalista deben aprovecharse muy especialmente las experiencias recogidas desde la revolución rusa por las camaradas y los camaradas rusos en su actuación entre las mujeres de los pueblos de Oriente.

IX. Para que los partidos adheridos a la Internacional Comunista puedan trabajar con el mayor éxito posible según estas directivas, el II Congreso de la Internacional Comunista acuerda las siguientes medidas de organización:

### A. Organización nacional

1. Las mujeres no deben agruparse dentro del Partido Comunista de un país en asociaciones especiales, sino incorporarse como miembros con iguales derechos e iguales deberes a las organizaciones locales del partido y ser llamadas a colaborar en todos los órganos e instancias del partido.

Sin embargo, el Partido Comunista adopta medidas especiales y crea instituciones especiales para llegar a las mujeres con la agitación, retenerlas organizadas en sus filas y formarlas. Todo ello teniendo en cuenta la peculiaridad intelectual y moral de la mujer, su atraso dado por la historia y la posición particular que a menudo ocupa todavía a causa de su actividad doméstica.

2. En cada organización local del partido existe una comisión de agitación entre las mujeres, a la que también pueden pertenecer camaradas varones. Su tarea es:

a) Desarrollar de manera planificada y continua la agitación entre las mujeres que todavía están alejadas del partido, mediante asambleas públicas, reuniones y asambleas de empresa, asambleas de amas de casa, conferencias de delegadas sin partido, agitación casa por casa, y la creación y difusión de las octavillas, periódicos, folletos y publicaciones de todo tipo adecuados.

b) Llevar a las mujeres alcanzadas por la agitación a afiliarse al partido, a los sindicatos, a las cooperativas y a otras organizaciones de lucha y de construcción del proletariado.

c) Trabajar para que las afiliadas del partido, de los sindicatos, de las cooperativas, de los consejos obreros y de todos los órganos del proletariado revolucionario en lucha no sean arrastradas como un lastre muerto y pasivo, sino que, animadas por los ideales comunistas, tomen una parte comprensiva y enérgica en la vida y la acción de las organizaciones y órganos.

d) Procurar que las afiliadas del partido reciban la formación necesaria en la teoría y en la práctica, ya sea a través de las instituciones generales de formación del partido, ya sea mediante veladas especiales de lectura y de discusión para mujeres, etc.

e) Hacer que las mujeres dotadas para la agitación y la organización tengan ocasión de formarse a fondo y de desplegar plenamente su actividad.

f) Designar una redactora para la página de la mujer que debe crearse en cada periódico del partido y procurarle colaboradoras de entre las proletarias.

La comisión local de agitación entre las mujeres consta de 5 a 7 miembros, propuestos por las camaradas organizadas y confirmados por la dirección local del partido. Trabaja en estrecha relación con esta y necesita su aprobación para sus medidas y resoluciones. Tiene en la dirección del partido una representante permanente, que participa en todas sus sesiones y trabajos con voz consultiva en todos los asuntos generales del partido y con voto decisivo en todos los asuntos del movimiento femenino.

3. En cada dirección de distrito del partido existe una comisión de distrito de agitación entre las mujeres. Su tarea es estimular y apoyar activamente a las comisiones locales de agitación entre las mujeres de todo el distrito en el cumplimiento de sus tareas. Con ese fin, debe:

a) mantenerse en relación constante y regular con todas las comisiones locales de mujeres del distrito, así como con la comisión nacional de agitación entre las mujeres o el secretariado nacional de mujeres.

b) reunir todo el material de hechos importante que resulte del trabajo de cada una de las comisiones locales de agitación entre las mujeres y ponerlo a disposición de las distintas comisiones.

c) proporcionar publicaciones de agitación y de formación para todo el distrito.

d) estimular, preparar y realizar actos de agitación de mayor envergadura de todo tipo para todo el distrito[^d5], así como proporcionar las fuerzas de agitación y de organización necesarias para ellos.

e) tomar todas las medidas adecuadas para movilizar a las mujeres del pueblo trabajador del distrito para todos los trabajos y acciones importantes del partido y convertirlas de espectadoras pasivas en colaboradoras activas.

f) organizar conferencias de mujeres del distrito, en las que deben participar una o dos representantes de las comisiones locales de agitación entre las mujeres y que, además, se componen de delegadas elegidas por las afiliadas del partido de cada localidad. Corresponde una delegada por cada 50 afiliadas. Las conferencias de mujeres del distrito son convocadas por la comisión según las necesidades, pero al menos una vez cada seis meses. La comisión de mujeres del distrito debe además convocar y celebrar conferencias de delegadas sin partido para el distrito.

La comisión de mujeres del distrito consta de 5 a 7 miembros, propuestos por las camaradas organizadas del distrito en su conferencia y confirmados por la dirección del partido del distrito. Trabaja en estrecho acuerdo con la dirección del distrito y necesita su aprobación para sus medidas y resoluciones. Está representada en ella por una o varias camaradas. Su representación participa en todas las sesiones de la dirección del partido, con voz consultiva en todos los asuntos generales del partido y con voto decisivo en todos los asuntos del movimiento femenino.

4. En la dirección nacional del partido existe una comisión nacional de agitación entre las mujeres o un secretariado nacional de mujeres. Su tarea es:

a) mantener la relación constante y regular con las comisiones de agitación entre las mujeres de distrito y locales y ponerlas en estrecha relación con la dirección nacional del partido.

b) reunir todo el material de hechos que resulte de la actividad de cada una de las comisiones de mujeres de distrito y transmitírselo recíprocamente con sus experiencias y sugerencias.

c) proporcionar publicaciones de agitación y de formación a las comisiones de mujeres de distrito de todo el país.

d) dedicar una atención cuidadosa al desarrollo del trabajo asalariado, de la educación y de la situación jurídica de las mujeres, de la protección de las obreras, de los fenómenos y cuestiones en litigio que afecten a los intereses económicos, políticos y sociales de las mujeres, y estimular a las comisiones de agitación entre las mujeres de distrito y locales a ocuparse de las cuestiones en debate.

e) publicar una revista periódica que sirva a la formación teórica de las camaradas, las eduque en una comprensión más profunda del comunismo y las ponga en el más estrecho contacto interno con el contenido intelectual del partido y con sus tareas revolucionarias de cada momento. La comisión nacional de mujeres designa a la redactora de esa revista y procura proporcionarle contribuciones y colaboradoras de entre las obreras.

f) estimular y organizar actos de agitación de todo tipo para todo el país y poner a su disposición las fuerzas de agitación y de organización necesarias.

g) tomar todas las medidas adecuadas para llamar a las más amplias masas de mujeres trabajadoras de todo el país a las grandes tareas y luchas generales del partido y moverlas a participar en ellas con la mayor actividad y abnegación.

h) convocar conferencias nacionales de mujeres, en las que participan una o dos representantes de cada comisión de mujeres de distrito y a las que deben enviarse delegadas elegidas por las afiliadas del partido de todas las localidades. Corresponde una delegada por cada 100 afiliadas; los grupos de afiliadas de menos de 100 pueden enviar igualmente una delegada. Las conferencias nacionales de mujeres se celebran según las necesidades, pero al menos una vez al año. La comisión nacional de agitación entre las mujeres convoca también conferencias de delegadas sin partido para todo el país.

i) designar una corresponsal internacional que esté en relación constante con el Secretariado Internacional de Mujeres.

La comisión nacional de agitación entre las mujeres consta de 7 a 10 miembros, propuestos por la conferencia nacional de mujeres y confirmados por el congreso nacional del partido comunista. Trabaja en la más estrecha relación con la dirección nacional del partido y necesita su aprobación para sus decisiones. Su representación participa en todas las sesiones y trabajos de la dirección del partido, con voto decisivo en todos los asuntos de las mujeres y con voz consultiva en todos los asuntos generales del partido.

### B. Organización internacional

Junto al Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista se crea un Secretariado Internacional de Mujeres. Consta de tres a cinco camaradas, propuestas por la Conferencia Internacional de las Comunistas y confirmadas por el Congreso de la Internacional Comunista o, en su lugar, por el Comité Ejecutivo. El Secretariado de Mujeres trabaja en la más estrecha relación con el Comité Ejecutivo de la Internacional y necesita su aprobación para sus resoluciones y medidas. Una representante del Secretariado participa en todas las sesiones y trabajos del Comité Ejecutivo, con voz consultiva en las cuestiones generales y con voto decisivo en las cuestiones particulares del movimiento femenino. Su tarea es:

a) Establecer y mantener una relación activa con las comisiones nacionales de mujeres de cada partido comunista, así como la relación activa de esas comisiones nacionales entre sí.

b) Reunir todo el material de hechos y de agitación que resulte de la actuación de cada comisión nacional de mujeres y ponerlo a su alcance.

c) Reunir las publicaciones comunistas de mujeres y del partido de los distintos países —«páginas de la mujer», revistas, octavillas, etc.— y promover su intercambio de un país a otro.

d) Seguir el desarrollo del trabajo asalariado, de la situación jurídica civil y pública de las mujeres, de su formación profesional y general, las cuestiones de protección de las obreras, de las instituciones de asistencia a la madre y al niño, de la vivienda, etc.; en suma, todos los problemas de la vida y de la actividad de las mujeres en los distintos países; reunir el material correspondiente, llamar la atención de las comisiones nacionales de mujeres sobre cuestiones y tareas particulares de importancia internacional y señalarles el material de estudio disponible.

e) Pedir a las corresponsales internacionales de cada organización nacional que informen con rapidez sobre los acontecimientos y fenómenos especialmente importantes, y como mínimo una vez cada tres meses.

f) Publicar un órgano internacional de información que, además de un informe general de conjunto, publique informes particulares especialmente importantes y llame la atención sobre las cuestiones, tareas y acciones generales pendientes.

g) En las acciones internacionales del proletariado bajo la dirección de la Internacional Comunista, dar sin demora todos los pasos necesarios para incorporar al ejército revolucionario, en todos los países, también a las más amplias masas de mujeres trabajadoras, como copartícipes de la lucha conscientes, dispuestas al sacrificio y audaces.

h) Convocar y dirigir conferencias internacionales de las comunistas que sirvan para facilitar el intercambio de las experiencias adquiridas y de nuevos estímulos para el trabajo, para estrechar los lazos entre las camaradas y para agrupar internacionalmente a las grandes masas de mujeres trabajadoras en el trabajo y la lucha revolucionarios.

Las conferencias internacionales de mujeres deben gritar a las explotadas y esclavizadas del mundo entero:

¡Proletarias de todos los países! ¡Uníos con los proletarios de todos los países bajo la bandera de la Internacional Comunista contra el capitalismo y su democracia embustera, en la lucha por la conquista del poder político, la instauración de la dictadura proletaria y el régimen de consejos! Más aún que para los proletarios vale para vosotras, proletarias, que en esta lucha no tenéis nada que perder salvo vuestras cadenas, y un mundo que ganar.

## A las obreras y campesinas polacas

*Llamamiento leído por la camarada Gópner y aprobado por unanimidad en la sesión solemne de apertura, el 30 de julio de 1920, en plena guerra polaco-soviética.*

Nosotras, mujeres comunistas, reunidas desde todos los rincones del mundo en nuestra primera Conferencia Internacional, os enviamos a vosotras, obreras y campesinas polacas, nuestro ardiente saludo de hermanas.

¡Camaradas!

En el oeste y en el suroeste sigue corriendo la sangre de vuestros maridos, padres, hermanos e hijos.

Esa sangre corre por culpa de los señores polacos, de la codiciosa y cruel nobleza polaca. Corre por culpa de nuestros opresores, de la burguesía mundial, que quiere estrangular a la República Soviética.

¡Camaradas!

Nosotras, mujeres comunistas, decimos en voz alta ante el mundo entero:

*La Rusia soviética no tiene la culpa de esta guerra.* ¿Sabéis cuántas veces el Gobierno obrero de Rusia ha propuesto a Polonia la paz, honrada y abiertamente?

El poder soviético no necesita ni conquistas ni trofeos. Aspira a una vida pacífica, honrada y justa para todos los trabajadores. Pero la burguesía de Europa ha decidido impedir que los obreros y los campesinos de Rusia construyan su Estado del trabajo.

A los checoslovacos, a Kolchak, a Yudénich y a Denikin, a todo aventurero contrarrevolucionario ha intentado utilizar la Entente para luchar contra la Rusia obrera y campesina[^d6].

Camaradas, no creáis las mentiras de vuestra burguesía y de sus lacayos, que dicen que Rusia lucha contra el pueblo polaco.

*El puño y la espada contra el terrateniente polaco, la mano fraterna de ayuda a los trabajadores de Polonia: eso es lo que lleva el Ejército Rojo.*

Nosotras, obreras venidas a la Conferencia Internacional de Mujeres para discutir aquí, junto con nuestras hermanas rusas, las cuestiones de nuestra liberación, os decimos en nombre de los millones de trabajadores que gimen bajo el yugo del capitalismo:

¡Hermanas, obreras y campesinas polacas!

El viejo régimen de violencia cruje ya por todas sus costuras. Pero la burguesía intenta todavía conservar su poder desangrando al proletariado.

No le dejemos destruir la primera República obrera, ese faro y ese apoyo de todos los trabajadores.

En nuestros países hacemos todo lo que está en nuestra mano para oponer resistencia a la nobleza polaca.

Los obreros y las obreras de las fábricas de guerra hacen huelga para no fabricar proyectiles; los obreros y los marineros se niegan a cargar los barcos y los vagones de uniformes y pertrechos destinados a ayudar a la nobleza polaca.

Camaradas, vosotras sois las que más sufrís esta guerra.

*Vuestra tarea es obligar a vuestro gobierno a terminarla cuanto antes.*

*Se acabó el tiempo de las palabras. ¡Manos a la obra!*

*Con huelgas, mítines y manifestaciones, mostrad a la nobleza polaca que no queréis la guerra con la Rusia soviética.*

*Que, bajo la presión de vuestra agitación, de vuestra apasionada persuasión, de vuestras ardientes palabras, vuestros hijos, maridos y hermanos se nieguen a ir al frente a defender el bolsillo del capital.*

## A las trabajadoras del mundo entero

*Manifiesto aprobado por la conferencia el 31 de julio de 1920.*

A los millones de mujeres, a los millones de trabajadoras de las fábricas, los talleres, las oficinas y los ferrocarriles, al servicio doméstico, a las esclavizadas por el capital en todos los países, cuyos maridos, hermanos e hijos ese mismo capital insaciable mutila y mata en los campos de batalla en provecho propio, cuyos hijos, todavía débiles, echa a la calle y arroja en brazos de la prostitución y del delito; a la mitad más oprimida de la humanidad trabajadora se dirige la primera reunión internacional de las comunistas, convocada por la III Internacional.

¡Mujeres obreras, jornaleras, campesinas! La Internacional Comunista, esa gran camaradería, esa hermandad de los trabajadores del mundo entero, se ha propuesto como objetivo la liberación completa de los trabajadores de la triple esclavitud en que todavía se encuentra la mayor parte de la humanidad. La Internacional Comunista, que ya cuenta en sus filas con millones de obreros y obreras de vanguardia en todo el mundo, os llama a todas a sus filas para luchar por esa liberación. Solo vosotras mismas, con vuestra participación en la organización y en la lucha, podéis asegurar la victoria del trabajo sobre el capital.

Acabáis de vivir todos los horrores de la guerra imperialista. Millones de vuestros hermanos, maridos, padres e hijos fueron arrojados por los capitalistas en brazos de la muerte, en los campos de batalla; durante cuatro años la muerte segó una abundante cosecha, y millones de personas no volverán ya, millones han quedado lisiados, cientos de miles llenan los manicomios, y vosotras, sus madres, esposas, hermanas e hijas, despojadas de todo, os halláis ante la inevitabilidad de nuevos y nuevos sacrificios, de nuevas y nuevas guerras mundiales, todavía más horribles y sangrientas. ¡Ay de los trabajadores de los países que resultaron vencidos en esta guerra! Las mujeres de Rusia, de Alemania, de Austria y de otros países han sufrido no solo el dolor de perder a los suyos, sino también tormentos inauditos de hambre, de frío y de otras privaciones. ¿Pero acaso no sufren hoy lo mismo las mujeres de los países «vencedores»? ¿Acaso las trabajadoras de Inglaterra, Francia, Italia, América, Japón y de las demás «vencedoras» no ven, no sienten cómo cada día la vida se hace más difícil, la necesidad más dura y el yugo del capital más insoportable?

Un solo camino puede librarnos a todos de ese yugo, de esos sufrimientos, de esas inevitables nuevas guerras imperialistas: el camino de la revolución social, el camino de la lucha armada y de la dictadura del proletariado. La Internacional Comunista es el jefe, el estado mayor de combate que organiza y dirige las fuerzas de la revolución social; nosotras, las mujeres trabajadoras del mundo entero, somos una gran fuerza que puede acelerar y facilitar la llegada de la ruina del mundo capitalista si comprendemos, si tomamos consciencia de que nuestro lugar está allí donde se libra la lucha por la liberación de los trabajadores, en las filas de la Internacional Comunista.

La Internacional Comunista es el gran ejército que libera a los oprimidos del mundo entero.

Cada una de nosotras debe entrar en las filas de ese ejército. En cada país, en cada ciudad, en cada aldea, en el rincón más apartado y oscuro, los trabajadores deben saber que su liberación solo es posible mediante la victoria de esa hermandad internacional. Y si en algún país los trabajadores se alzan en lucha, serán invencibles si saben que los apoyarán los trabajadores de todos los países. Así debe ser y así debemos hacer nuestra Unión, la Internacional Comunista.

Por miedo a la revolución, por miedo a la insurrección, por miedo a su propia ruina, los capitalistas, los demócratas burgueses y toda clase de lacayos suyos se deciden a veces a hacer concesiones: arrojan una mísera limosna, un hueso roído, como el derecho de voto para las mujeres. Pero todavía hoy más de la mitad de las mujeres del mundo no tienen igualdad de derechos políticos. Bajo el capitalismo la mujer no tendrá nunca igualdad de derechos. Solo la victoria de la Internacional Comunista hará de la mujer una igual: una camarada y no una esclava. No caigáis en esas tardías artimañas de la burguesía, en las limosnas del derecho de voto. Utilizad vuestro derecho de voto para organizar, unir y reunir vuestras fuerzas, las fuerzas de las mujeres trabajadoras, para alcanzar el objetivo común.

Nuestro objetivo común, inmediato y claro para todas es la creación de la república de los soviets. En esa comuna del trabajo se suprimen los restos de la esclavitud política, económica y espiritual. No descanséis hasta haber creado en vuestro país la república de los soviets. Y no descanséis tampoco cuando la república de los soviets surja en vuestro país, porque solo será una fuerza viva y liberadora cuando las mujeres participen por igual en el trabajo de esos soviets.

Sufrimos por las malas condiciones materiales, por la miseria: la victoria de la Internacional Comunista, la victoria de la revolución social permitirá distribuir todas las riquezas del mundo de modo que se suprima toda miseria; esa victoria nos permitirá multiplicar la productividad del trabajo, cuando sepamos que trabajamos no para parásitos y explotadores, sino para nosotros mismos.

Sufrimos porque pesan sobre nosotras las cargas de la economía doméstica, de la cocina doméstica, de la educación doméstica. La victoria del comunismo nos permitirá organizar la educación social de los niños, nos libera de hecho y no de palabra, hace a la mujer igual en derechos, la libera de la ignorancia y del atraso.

Obreras y campesinas de Rusia, vosotras habéis hecho la mayor de las revoluciones; vosotras, en los hechos, paso a paso, ponéis los cimientos de nuevas formas de vida; en el breve plazo de la revolución habéis hecho por la liberación de la humanidad más de lo que se hizo en siglos de existencia esclava. En vuestra República Soviética habéis sabido construir en poco tiempo miles de hogares infantiles, casas cuna, casas de niños, jardines de infancia y comedores; participáis en el partido, en los soviets, en los sindicatos, en las comunas agrícolas y en los artels[^d7]; habéis obtenido acceso a la construcción de la vida en todos los terrenos; para vosotras se han abolido todas esas leyes infames que todavía limitan los derechos de las mujeres en otros países. Y si, pese a todo, sufrís porque en otros países todavía no se ha derribado el poder de la burguesía, de los banqueros y de los terratenientes (landlords), eso os impide también a vosotras terminar vuestra lucha con la transformación completa de la sociedad sobre los principios del comunismo[^d8]. La Internacional Comunista y todo el mundo del trabajo no olvidarán nunca que la mujer rusa, en la fiesta internacional del proletariado femenino, salió a la calle con la bandera roja y dio comienzo a la mayor de las revoluciones, sellándola con su sangre[^d9].

Vosotras, mujeres de Europa, de América y de Australia, mujeres de los Estados capitalistas; vosotras, a las que el capital convierte cada vez más en simple instrumento de su enriquecimiento, a las que arroja por cientos de miles, hambrientas, al empedrado de las ciudades, en brazos de la prostitución: estáis condenadas a sufrimientos inauditos si os quedáis al margen del gran movimiento de la revolución social.

La guerra, con sus calamidades, os condena a una existencia cada vez más dura; vuestra inseguridad y vuestra miseria crecen tanto más deprisa cuanto más incontenible es el crecimiento de los capitales en manos de un puñado de multimillonarios.

El régimen capitalista no garantiza, ni puede garantizar, la paz a todos nosotros. La bandidesca «Sociedad de Naciones» no ha detenido la guerra criminal de la Polonia burguesa contra la República Soviética Rusa proletaria; es culpable del terror blanco en Hungría y en Baviera, de la opresión de Irlanda, de los saqueos en Oriente, de las guerras incesantes en toda una serie de países. Os asustan con los sacrificios inevitables de la revolución. Desde luego, la lucha revolucionaria exige sacrificios, heroísmo, va unida a sufrimientos; pero conoce también la mayor alegría de la lucha y la mayor alegría de la liberación. Cuando os llamen a la calma, cuando os asusten con los horrores de la revolución y de la guerra civil, recordad cuánta gente pereció en la guerra imperialista y cuánta perecerá en guerras semejantes, qué horrores habéis vivido en esa guerra, y decid: si en 1914 hubiéramos escuchado los llamamientos de los comunistas, de Lenin, de Liebknecht y de otros, si nuestros hermanos y nosotras hubiéramos vuelto entonces las armas contra los verdaderos culpables de la guerra, la burguesía del mundo entero, no habría ahora estos sacrificios y horrores, y seríamos ya personas libres en el luminoso reino del comunismo y no temeríamos nuevas guerras.

La Internacional Comunista aspira a derribar el yugo capitalista en todo el mundo; sabe muy bien que los pueblos de Oriente han sufrido, más que ningún otro, bajo el poder de los bandidos mundiales, los imperialistas de Occidente y la potencia imperialista de Oriente, el Japón, las formas más duras de explotación colonial, y que el derrocamiento del dominio del capitalismo es el único camino para la liberación de las masas trabajadoras de Oriente.

Y si los pueblos de Oriente están más atrasados, ello se explica por la explotación despiadada que ha impedido su desarrollo libre y normal, su emancipación económica, social, política e intelectual.

La Internacional Comunista llama a los pueblos de Oriente a la lucha tanto contra los terratenientes y los capitalistas de sus propios países como contra el yugo imperialista. Si vosotras, mujeres trabajadoras, queréis veros libres a vosotras mismas y a vuestros hijos, si queréis acabar con la esclavitud de los países coloniales y de los esclavos de Oriente, vuestro lugar está en las filas de nuestra Unión de la Internacional Comunista. Porque solo junto con los hermanos y hermanas más libres de los otros países de Europa y de América os liberaréis.

¡Mujeres trabajadoras del mundo entero! Salid de vuestros sótanos, de vuestras chozas, de vuestras buhardillas, de los talleres, de las fábricas, de las oficinas y de las tiendas a la lucha por la liberación completa, haciéndoos comunistas. Ingresad en el partido comunista de vuestro país. Con los ejemplos del gran pasado revolucionario y del presente, todavía más grande, del movimiento proletario, aprended a construir vuestra poderosa fuerza, codo con codo con el obrero.

Y sabed que no hay en el mundo fuerza capaz de resistir a la Internacional Comunista si entramos en ella nosotros, los trabajadores del mundo entero: obreros, obreras, campesinos y campesinas.

¡Viva la III Internacional Comunista!

*La I Conferencia Internacional de Obreras.*

## Saludo a las obreras víctimas del terror blanco

*Saludo aprobado por unanimidad el 1 de agosto de 1920 (el título es nuestro).*

La I Conferencia Internacional de las Comunistas expresa su ardiente simpatía a las obreras húngaras, finlandesas, letonas, lituano-bielorrusas y de los demás países, víctimas del terror blanco.

La Conferencia está segura de que la dura experiencia de este cruel periodo, provocado sobre todo por la traición de los socialconciliadores de la II Internacional, hará que la obrera se una a las filas de quienes luchan por la III Internacional, que trae la liberación de todas las desgracias y sufrimientos.

[^d1]: Así en el original alemán («zwischen Ausbeutung und Ausgebeuteten»); se esperaría «entre explotadores y explotados».
[^d2]: Alusión al apoyo del Independent Labour Party y de otras organizaciones británicas a proyectos de ley que concedían el voto a las mujeres en las mismas condiciones censitarias que a los hombres.
[^d3]: Resolución del Congreso de Stuttgart de 1907 sobre el sufragio femenino; véase [Congreso de Stuttgart (II Internacional)](https://marxismo.school/archivo/congresos/1907%20Congreso%20de%20Stuttgart%20%28II%20Internacional%29).
[^d4]: Alusión a la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas de Berna (marzo de 1915), convocada por Clara Zetkin contra la guerra.
[^d5]: El original alemán dice «für den ganzen Betrieb» («para toda la empresa»), errata evidente por «Bezirk» («distrito»).
[^d6]: La Legión checoslovaca, sublevada en 1918, y los generales blancos Kolchak, Yudénich y Denikin, apoyados por la Entente en la guerra civil.
[^d7]: Artel: cooperativa de trabajo tradicional rusa.
[^d8]: La frase rusa está construida de forma irregular; traducimos su sentido.
[^d9]: El 23 de febrero (8 de marzo) de 1917, Día Internacional de la Mujer, las obreras de Petrogrado iniciaron la revolución de Febrero.
