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Title: III Congreso de la Internacional Comunista (1921)
Description: Tesis, resoluciones y llamamientos del III Congreso Mundial de la Internacional Comunista (Moscú, 1921), el congreso del «¡A las masas!», de la táctica tras la Acción de Marzo y de las directrices de organización de los partidos comunistas
Author: III Congreso de la Internacional Comunista
Date: 1921-07
URL: https://marxismo.school/archivo/congresos/1921%20III%20Congreso%20de%20la%20Internacional%20Comunista
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*Moscú, 22 de junio a 12 de julio de 1921. Traducimos los diecisiete textos que la Internacional reunió como documentos del congreso en Thesen und Resolutionen des III. Weltkongresses der Kommunistischen Internationale (Hamburgo, Verlag der Kommunistischen Internationale, 1921; [escaneo en archive.org](https://archive.org/details/thesen-u-reso-iii-weltkongress)), que coincide en contenido con la edición inglesa de la época (Theses and Resolutions Adopted at the Third World Congress of the Communist International, Nueva York, 1921): las tesis y resoluciones aprobadas, la declaración en favor de Max Hölz, la resolución de la II Conferencia Internacional de las Comunistas (junio de 1921) que la edición recoge entre ellos y el llamamiento del Ejecutivo con que se cerró. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/congresos/originales/1921%20III.%20Weltkongre%C3%9F%20der%20Kommunistischen%20Internationale)*

## Resolución sobre el informe del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista

*Aprobada en la 9.ª sesión del III Congreso Mundial, el 29 de junio de 1921.*

El Congreso toma nota con satisfacción del informe del Ejecutivo y hace constar que la política y la actividad del Ejecutivo durante el año transcurrido se han orientado a la aplicación de las resoluciones del II Congreso. El Congreso aprueba en particular la aplicación por el Ejecutivo, en los distintos países, de las 21 condiciones establecidas por el II Congreso,[^d1-1] y aprueba también la actividad del Ejecutivo dirigida a formar grandes partidos comunistas de masas y a combatir sin contemplaciones las tendencias oportunistas que se manifestaron en esos partidos.

1. En *Italia*, ya la actitud del grupo dirigente de Serrati[^d1-2] inmediatamente después del II Congreso Mundial mostró que no se tomaba en serio las resoluciones del Congreso Mundial ni la Internacional Comunista. Pero, sobre todo, el papel de ese grupo dirigente en las luchas de septiembre,[^d1-3] su actitud en Livorno[^d1-4] y, más aún, su política desde entonces han demostrado claramente que solo quiere usar el comunismo como rótulo de su política oportunista. En estas circunstancias, la escisión era inevitable. El Congreso celebra que el Ejecutivo, en este caso, que tiene una importancia de principio, interviniera con firmeza y decisión. Aprueba la resolución del C. E., que reconoció entonces de inmediato al Partido Comunista de Italia como la única sección comunista de ese país.

Después de que los comunistas abandonaran el congreso de Livorno, el congreso aprobó la siguiente resolución Bentivoglio: «Al reafirmar una vez más íntegramente su adhesión a la III Internacional, remite el conflicto al examen del próximo congreso de esta, y se compromete desde ahora a aceptar y aplicar la decisión del congreso».

El III Congreso de la Internacional Comunista está convencido de que esta resolución le fue impuesta al grupo dirigente de Serrati por la presión de los obreros revolucionarios. El Congreso espera que esos elementos revolucionarios de la clase obrera, tras las resoluciones del III Congreso Mundial, harán todo lo posible por que estas resoluciones se apliquen efectivamente.

A la apelación del congreso de Livorno al III Congreso Mundial, el III Congreso Mundial declara de manera terminante:

Mientras el P. S. I. no haya expulsado a los participantes en la conferencia reformista de Reggio Emilia[^d1-5] y a quienes los apoyan, el P. S. I. no puede pertenecer a la I. C.

Cuando se haya cumplido esta condición previa ineludible, el III Congreso Mundial encarga al Ejecutivo dar los pasos necesarios para unificar el P. S. I., depurado de elementos reformistas y centristas, con el P. C. I. en una sección única de la Internacional Comunista.

2. En *Alemania*, el congreso del USPD en Halle[^d1-6] fue consecuencia de las resoluciones del II Congreso Mundial, que a su vez sacaban el balance del desarrollo del movimiento obrero. La actitud del Ejecutivo se orientó a la formación de un partido comunista fuerte en Alemania, y la experiencia ha demostrado que esta política era acertada.

El Congreso *aprueba* también plenamente la actitud del Ejecutivo en los acontecimientos posteriores dentro del VKPD.[^d1-7] El Congreso expresa la esperanza de que el Ejecutivo aplique también en el futuro con rigor estos principios de la disciplina revolucionaria internacional.

3. *La admisión del KAPD*[^d1-8] como partido simpatizante de la I. C. tenía por objeto comprobar si el KAPD evolucionaría hacia la I. C. El plazo de espera transcurrido hasta ahora es suficiente. Ahora hay que exigir al KAPD que se una al VKPD dentro de un plazo fijo; de lo contrario, deberá ser excluido de la I. C. como partido simpatizante.

El Congreso celebra la manera en que el Ejecutivo ha aplicado las 21 condiciones al *Partido francés*, sustrayendo a la influencia de los longuetistas,[^d1-9] oportunistas y centristas a grandes masas obreras que están en camino hacia el comunismo y acelerando su evolución. El Congreso espera del Ejecutivo que en el futuro siga impulsando enérgicamente su desarrollo hasta convertirse en un partido de principios claros y dispuesto para el combate.

4. En *Checoslovaquia*, el Ejecutivo ha seguido con paciencia y atención a todas las circunstancias el desarrollo revolucionario de un proletariado que ya ha dado pruebas de su voluntad y de su capacidad de lucha. El Congreso aprueba la resolución del Ejecutivo sobre la admisión del P. C. de Checoslovaquia.[^d1-10]

El Congreso espera del Ejecutivo que imponga también en el P. C. de Checoslovaquia la aplicación completa de las 21 condiciones y que insista en que se forme lo antes posible un partido comunista unificado de los obreros de todas las nacionalidades de Checoslovaquia, con un programa comunista claro y una dirección comunista firme sobre bases centralistas, y en que se lleve a cabo también la conquista rápida y sistemática de los sindicatos y su unificación internacional.

En lo que respecta al trabajo en el *Próximo* y el *Extremo Oriente*, el Congreso celebra su amplia actividad de agitación y considera absolutamente necesario pasar al trabajo de organización en esos países.

Por último, el Congreso rechaza las objeciones que los adversarios abiertos y encubiertos del comunismo formulan contra una estricta centralización internacional del movimiento comunista. Expresa, por el contrario, su convicción de que todos los partidos enviarán sus mejores fuerzas al Ejecutivo y lograrán así una dirección política central aún más eficaz de los partidos comunistas, unidos en una alianza indisoluble. La falta de esa dirección se ha puesto de manifiesto, por ejemplo, en la cuestión del paro y en la de las reparaciones,[^d1-11] en las que el Ejecutivo no intervino con la rapidez y la fuerza suficientes. El Congreso espera que el Ejecutivo, con una colaboración más intensa de los partidos afiliados para crear un mejor aparato de enlace y con una mayor participación de los partidos en el Ejecutivo, esté en condiciones de cumplir sus crecientes tareas en medida aún mayor que hasta ahora.

## Tesis sobre la situación mundial y las tareas de la Internacional Comunista

*Aprobadas en la 16.ª sesión del III Congreso Mundial, el 4 de julio de 1921.*

### I. El fondo de la cuestión

1. El movimiento revolucionario de finales de la guerra imperialista y de la posguerra se distingue por un empuje sin precedentes en la historia. En marzo de 1917 cae el zarismo. Desde mayo de 1917 se registra en Inglaterra un tempestuoso movimiento huelguístico. En noviembre de 1917 el proletariado ruso conquista el poder del Estado. En noviembre de 1918 se derrumban las monarquías alemana y austrohúngara. El movimiento huelguístico se extiende a una serie de países europeos y al año siguiente alcanza una amplitud enorme. En marzo de 1919 nace la república de los soviets en Hungría. A finales de ese año, los Estados Unidos se ven sacudidos por tempestuosas huelgas de los metalúrgicos, los mineros y los ferroviarios. En Alemania el movimiento alcanza su punto culminante tras las luchas de enero y de marzo de 1919, en los días del golpe de Kapp, en marzo de 1920.[^d2-1] En Francia, el momento de mayor tensión política interior llega en mayo de 1920. En Italia, el movimiento cada vez más poderoso del proletariado industrial y agrícola conduce en septiembre de 1920 a la toma de las fábricas, los talleres y las fincas por los obreros. El proletariado checo recurre en diciembre de 1920 al arma de la huelga política de masas.[^d2-2] En marzo de 1921 se sublevan los obreros de Alemania central y los mineros de Inglaterra comienzan su gigantesca huelga.[^d2-3]

El movimiento se muestra especialmente extenso y agudo en los países beligerantes y, entre ellos, sobre todo en los vencidos. Pero se extiende también a los países neutrales. En Asia y en África despierta o se intensifica la indignación revolucionaria de millones de hombres de los pueblos coloniales.

Pero esta poderosa oleada no arrastró ni al capitalismo mundial ni al capitalismo europeo.

2. En el año transcurrido entre el II y el III Congreso de la Internacional Comunista, una serie de levantamientos y luchas de la clase obrera terminaron en derrotas parciales (la ofensiva del Ejército Rojo sobre Varsovia en agosto de 1920, el movimiento del proletariado italiano en septiembre de 1920, el levantamiento de los obreros alemanes en marzo de 1921).

El primer periodo del movimiento revolucionario de la posguerra, caracterizado por un empuje elemental, por la falta de forma de sus métodos y de sus objetivos y por haber provocado un pánico extraordinario en las clases dominantes, parece en lo esencial cerrado. La confianza de la burguesía en sí misma como clase y la solidez exterior de sus órganos de Estado se han fortalecido sin duda. El terror pánico al comunismo, aunque no ha desaparecido, se ha debilitado. Los dirigentes de la burguesía llegan a jactarse del poder de su aparato de Estado y en todos los países han pasado a la ofensiva contra las masas obreras, tanto en el frente económico como en el político.

3. En consecuencia, la Internacional Comunista se plantea a sí misma y plantea a toda la clase obrera las siguientes preguntas: ¿En qué medida responde la nueva relación política entre la burguesía y el proletariado a la relación real de fuerzas? ¿Está de verdad la burguesía a punto de restablecer el equilibrio social destruido por la guerra? ¿Hay motivos para suponer que, en lugar de conmociones políticas y luchas de clases, se abrirá una nueva y larga época de restauración y de crecimiento del capitalismo? ¿No se sigue de ello la necesidad de revisar el programa o la táctica de la Internacional Comunista?

### II. La guerra, el auge especulativo y la crisis. Los países de Europa

4. Los dos decenios anteriores a la guerra fueron una época de desarrollo capitalista especialmente poderoso. Los periodos de auge se distinguían por su larga duración y su gran intensidad; los de depresión, por su brevedad. En conjunto, la curva iba decididamente hacia arriba: las naciones capitalistas se enriquecían.

Los rectores del destino del mundo, que seguían muy de cerca el mercado mundial a través de los trusts, los cárteles y los consorcios, se daban cuenta de que la producción, en rápido crecimiento, tenía que chocar con los límites de la capacidad de absorción del mercado mundial capitalista, e intentaron por eso salir de su estrechez mediante una intervención violenta. La crisis sangrienta de la guerra mundial debía ocupar el lugar del largo periodo de depresión económica que amenazaba, con el mismo resultado: la destrucción en masa de fuerzas productivas.

Pero la guerra unió la fuerza extraordinariamente destructiva de sus métodos a una duración imprevistamente larga de su empleo. Al final no solo destruyó las fuerzas productivas económicamente «superfluas», sino que debilitó, desorganizó y socavó todo el aparato productivo de Europa. Al mismo tiempo impulsó poderosamente el desarrollo capitalista de los Estados Unidos y el auge febril del Japón. El centro de gravedad de la economía mundial se desplazó de Europa a América.

5. El periodo del final de cuatro años de matanza, de la desmovilización y del paso del estado de guerra al de paz, con la inevitable crisis resultante del agotamiento y del caos provocados por la guerra, pareció —con toda razón— el momento más peligroso para la burguesía. En efecto, en los dos años siguientes los países asolados por la guerra fueron escenario de poderosos movimientos del proletariado.

Una de las causas principales de que la burguesía conservara, a pesar de todo, su posición dominante fue que, pocos meses después de la guerra, no sobrevino la crisis que parecía inevitable, sino un auge económico. Duró aproximadamente año y medio. La industria absorbió casi por completo a los obreros desmovilizados. Aunque en general el salario no pudo alcanzar la subida de los precios de los artículos de consumo, subió no obstante de forma continua y creó así el espejismo de unas conquistas económicas.

Precisamente la coyuntura alcista de 1919-1920, que suavizó el periodo agudo de liquidación de la posguerra, reforzó extraordinariamente la confianza de la burguesía en sí misma y planteó la cuestión de si comenzaba un nuevo periodo orgánico del desarrollo capitalista.

Sin embargo, el auge de 1919-1920 no era en esencia el comienzo de la reconstrucción de la economía capitalista después de la guerra, sino solo la prolongación de la prosperidad aparente creada por la guerra.

6. La guerra imperialista estalló en un periodo en que la crisis, que también entonces (1913) partía de América, empezaba a extenderse por Europa. El desarrollo normal del ciclo industrial quedó interrumpido por la guerra, que se convirtió ella misma en uno de los factores económicos más poderosos. La guerra creó un mercado casi ilimitado para las ramas principales de la industria, protegidas por completo de toda competencia. Era un comprador vigoroso que nunca tenía bastante. La producción de medios de producción fue sustituida por la producción de medios de destrucción. Los objetos de uso personal los consumían, a precios cada vez más altos, millones de hombres que no producían, sino que destruían. Este proceso significaba la ruina. Pero, a consecuencia de las contradicciones de la sociedad capitalista, exacerbadas hasta lo monstruoso, tomó el aspecto y la forma del enriquecimiento. El Estado emitía un empréstito tras otro, inundaba el mercado de papel moneda y pasó de contar por millones a contar por miles de millones. Las máquinas y los edificios se desgastaban y no se renovaban. La tierra se cultivaba mal. Se paralizaron importantes obras en las ciudades y en las vías de comunicación. Al mismo tiempo crecía sin cesar la suma de los títulos de la deuda, de los billetes de banco, de los bonos del Tesoro y de los fondos públicos. El capital ficticio crecía en la medida en que se destruía el capital productivo. De medio de circulación de las mercancías, el sistema de crédito se convirtió en medio de movilizar la riqueza nacional para fines de guerra; se hipotecó también a las generaciones futuras.

Por miedo al peligro catastrófico de la crisis, el Estado capitalista procedió después de la guerra exactamente igual que durante ella: nuevas emisiones, nuevos empréstitos, regulación de los precios más importantes, garantía de beneficios, subvención del pan y otras formas de subsidio estatal a los sueldos y salarios, y además censura de guerra y dictadura militar.

7. Al mismo tiempo, el fin de las operaciones militares y el restablecimiento, aunque limitado, de las relaciones internacionales hicieron posible la demanda de las más diversas mercancías en todas las partes del mundo. La guerra dejó grandes masas de bienes sin consumir. Las sumas de dinero que estaban en manos de los proveedores y los especuladores se invertían allí donde prometían en cada momento el máximo beneficio. De ahí el auge febril del comercio, mientras la producción industrial —con un crecimiento enorme de los precios y dividendos fantásticos— no se acercaba en ninguna de sus ramas principales al nivel de antes de la guerra.

8. Al precio de una nueva desorganización orgánica del sistema económico (crecimiento del capital ficticio, caída de las monedas, especulación en lugar de curación de las heridas económicas), los gobiernos burgueses, junto con los consorcios bancarios y los trusts industriales, lograron aplazar el comienzo de la crisis económica hasta el momento en que la crisis política, provocada por la desmovilización y por el primer balance de las consecuencias de la guerra, empezaba ya a remitir. La burguesía, que obtuvo un respiro, se figuró que el peligro de la crisis quedaba aplazado por tiempo indefinido. Cundió un optimismo extraordinario. Parecía que la necesidad de la reconstrucción iba a abrir una larga época de florecimiento de la industria, del comercio y sobre todo de la especulación. El año 1920 destruyó, sin embargo, estas esperanzas.

En marzo de 1920 la crisis empezó como crisis financiera, luego comercial y por último industrial, primero en el Japón, en abril en los Estados Unidos (ya en enero había empezado un ligero descenso de los precios); pasó después a Inglaterra, Francia e Italia (en abril) y a los Estados neutrales de Europa, se manifestó de forma más débil en Alemania y, en la segunda mitad de 1920, se extendió a todo el mundo incorporado al desarrollo capitalista.

9. Así pues, *la crisis de 1920* —y esta es una de las circunstancias más importantes para comprender correctamente la situación mundial— no es una fase ordinaria del ciclo industrial «normal», sino una *reacción de hondas raíces contra el auge ficticio de la época de guerra y de los dos años de posguerra, basado en la ruina y el agotamiento.*

La sucesión normal de auge y crisis se producía sobre la curva ascendente del desarrollo industrial. En los últimos siete años la producción de Europa no ha subido, sino que, por el contrario, ha caído considerablemente.

La destrucción de los cimientos de la economía tiene que manifestarse también en una consolidación interior de toda la superestructura. La economía de Europa tendrá que reducirse y contraerse en los próximos años para poder alcanzar cierta coordinación interna. La curva de desarrollo de las fuerzas productivas descenderá de su actual altura ficticia. Un auge solo puede tener en tal caso un carácter breve y sobre todo especulativo. Las crisis han de ser largas y graves. La crisis actual de Europa es una crisis de subproducción. Es la reacción de la miseria frente al afán de producir, comerciar y vivir sobre el antiguo gran pie capitalista.

10. *Inglaterra* es el país de Europa económicamente más fuerte y el que menos ha sufrido con la guerra. Pero tampoco aquí puede hablarse de restablecimiento del equilibrio capitalista después de la guerra. Es verdad que Inglaterra obtuvo después de la guerra, gracias a su organización universal y a su posición de vencedora, ciertos éxitos en el terreno *del comercio y de las finanzas:* mejoró su balanza comercial, elevó la cotización de la libra esterlina y obtuvo un superávit ficticio en el presupuesto. Pero la industria inglesa ha retrocedido después de la guerra, no ha progresado. Tanto la productividad del trabajo como la renta nacional son considerablemente más bajas que antes de la guerra. La situación de la rama principal de la industria, la del carbón, empeora cada vez más y arrastra consigo a otras ramas. El movimiento huelguístico persistente no es la causa, sino la consecuencia del retroceso de la economía inglesa.

11. Francia, Bélgica e Italia están económicamente arruinadas sin remedio por la guerra. El intento de reconstruir la economía de Francia a costa de Alemania es un saqueo brutal unido al chantaje diplomático, y significa una devastación aún mayor de Alemania (carbón, máquinas, ganado, oro) sin salvar a Francia. Este intento perjudica gravemente al conjunto de la economía de la Europa continental; Francia recibe mucho menos de lo que Alemania pierde. Aunque los campesinos franceses, a costa de un esfuerzo extenuante, han recuperado para la agricultura gran parte del territorio devastado, y aunque algunas industrias (las industrias químicas de guerra) se desarrollaron de nuevo durante la guerra, Francia camina hacia la ruina económica. La deuda pública y los gastos del Estado (militarismo) han alcanzado un nivel insoportable. Al final del último auge, la moneda francesa había perdido el 60 % de su valor. La reconstrucción de la economía francesa se ve obstaculizada por las graves pérdidas de vidas humanas en la guerra, que, dado el estancamiento ya existente del crecimiento de la población, no pueden compensarse. Algo parecido, con ciertas diferencias, sucede con la economía de Italia y de Bélgica.

12. El carácter ilusorio del auge se percibe mejor que en ningún otro sitio en Alemania. Mientras los precios se multiplicaron por siete en año y medio, la productividad del país no dejó de bajar. Alemania tiene que pagar doblemente cara su participación aparentemente provechosa en el intercambio internacional de mercancías de la posguerra: con el despilfarro del capital nacional, con la destrucción del aparato productivo, del de transporte y del de crédito, y con el nuevo descenso del nivel de vida de la clase obrera. Las ganancias de los exportadores alemanes, consideradas desde el punto de vista económico general, resultan una pura pérdida. Bajo la forma de la exportación no se efectúa otra cosa que una liquidación de Alemania a bajo precio. Los círculos capitalistas se aseguran una parte cada vez mayor de una riqueza nacional cada vez menor. Los obreros alemanes se convierten en los culis de Europa.

13. Así como en lo político la supuesta independencia de los *pequeños Estados neutrales* solo se mantiene gracias al antagonismo entre las grandes potencias, también en lo económico estos Estados viven en los poros del mercado mundial, cuyo carácter fundamental determinaban antes de la guerra Inglaterra, Alemania, los Estados Unidos y Francia. Durante la guerra, la burguesía de los pequeños países neutrales de Europa amasó ganancias enormes. Pero la devastación de los Estados beligerantes de Europa arrastró también la ruina económica de los países neutrales. Sus deudas crecieron y su moneda se hundió. La crisis les asestó golpe tras golpe.

### III. Los Estados Unidos, el Japón, los países coloniales y la Rusia soviética

14. Comparado con el de Europa, el desarrollo de los *Estados Unidos* durante la guerra fue en cierto sentido exactamente el opuesto. La participación de los Estados Unidos en la guerra fue en esencia la de un proveedor. La guerra no ejerció sobre ellos una influencia destructiva directa. Su influencia destructiva indirecta sobre los transportes, la agricultura, etc., fue con mucho más débil que en Inglaterra, por no hablar de Francia o de Alemania. Por otra parte, los Estados Unidos aprovecharon al máximo la eliminación o el debilitamiento considerable de la competencia europea y llevaron a muchas ramas importantes de la industria a un desarrollo inesperado para ellos mismos (petróleo, construcción naval, automóviles, carbón). No solo el petróleo y el trigo norteamericanos, sino también el carbón norteamericano tiene ahora bajo su dependencia a la mayoría de los países de Europa.

Si antes de la guerra América exportaba sobre todo productos agrícolas y materias primas (más de dos tercios de la exportación), ahora exporta sobre todo productos industriales (el 60 % de la exportación). Si antes de la guerra América era deudora, ahora se ha convertido en acreedora del mundo entero. Aproximadamente la mitad de las reservas de oro del mundo se ha acumulado en los Estados Unidos, y sigue afluyendo oro. Antes de la guerra la libra esterlina desempeñaba el papel principal en el mercado mundial; ahora ese papel ha pasado al dólar.

15. Pero también el capitalismo norteamericano ha perdido el equilibrio. El fuerte auge industrial de América se debió a la singular coincidencia de circunstancias particulares en la situación mundial: la eliminación de la competencia europea y, sobre todo, la demanda del mercado de guerra europeo. Si la Europa destruida no está en condiciones, ni siquiera después de la guerra, de recuperar su antigua posición en el mercado mundial como competidora de América, tampoco puede tener, por otra parte, como mercado de América más que una pequeña parte de su importancia anterior. Mientras tanto, los Estados Unidos se han convertido en país exportador en una medida incomparablemente mayor que antes de la guerra. El aparato productivo, hipertrofiado durante la guerra, no puede utilizarse plenamente por falta de salidas; con ello, algunas industrias se convierten en industrias de temporada, que solo pueden dar trabajo a los obreros durante una parte del año. La crisis de los Estados Unidos es el comienzo de una ruina económica profunda y duradera como resultado de la guerra europea. Es el resultado de la destrucción de la antigua división mundial del trabajo.

16. También el *Japón* aprovechó la guerra para extenderse en el mercado mundial. Su desarrollo, aunque incomparablemente más limitado que el de los Estados Unidos, tiene en muchas ramas de la industria un carácter de invernadero. Si sus fuerzas productivas bastaron para dominar un mercado en ausencia de competidores, resultaron insuficientes para sostenerse en él en la lucha con países capitalistas más poderosos. De ahí la aguda crisis, que comenzó precisamente en el Japón.

17. *Los países de ultramar* que exportaban materias primas, entre ellos también *países coloniales* propiamente dichos (los Estados de América del Sur, Canadá, Australia, China, la India, Egipto, etc.), aprovecharon por su parte la ruptura de las relaciones internacionales para desarrollar su industria propia. La crisis mundial ha alcanzado también a estos Estados. El desarrollo de la industria nacional de estos países se convierte a su vez en fuente de nuevas dificultades comerciales para Inglaterra y para toda Europa.

18. Si examinamos la producción, el comercio y el crédito, no solo en Europa sino en todo el mercado mundial, no encontramos ningún motivo para afirmar que haya empezado a restablecerse un equilibrio estable.

La decadencia económica de Europa continúa, pero la ruina de los fundamentos de la economía europea solo se manifestará en toda su amplitud en los próximos años.

El mercado mundial está desorganizado. Europa necesita los productos de América, pero no puede darle valores de cambio. Europa padece anemia; América, hipertrofia. El patrón oro, el dinero mundial, está destruido. La depreciación de las monedas de los países europeos (hasta el 99 %) opone los mayores obstáculos al intercambio de mercancías en el mercado mundial. Las incesantes y bruscas oscilaciones de los cambios convierten la producción capitalista en una especulación desenfrenada. El mercado mundial se queda sin equivalente general.

El restablecimiento del patrón oro en Europa solo podría lograrse aumentando la exportación y reduciendo la importación. Pero precisamente de eso es incapaz la Europa destruida, mientras América, por su parte, se protege de la competencia europea a precios de saldo elevando los aranceles de importación.

Europa sigue siendo un manicomio. La mayoría de los Estados dictan prohibiciones de exportación e importación y multiplican sus aranceles protectores. Inglaterra introduce aranceles protectores. Una banda de especuladores de la Entente, sobre todo franceses, dispone de la exportación alemana y de toda la vida económica de Alemania. El antiguo territorio austrohúngaro está atravesado por una multitud de barreras aduaneras. La red de los tratados de paz se vuelve cada vez más enmarañada.

19. La exclusión de la Rusia soviética como mercado de productos industriales y como proveedora de materias primas ha contribuido en gran medida a quebrantar el equilibrio de la economía mundial. El regreso de Rusia al mercado mundial no puede provocar grandes cambios en el futuro inmediato. El organismo capitalista de Rusia dependía estrechamente de la industria mundial en lo que respecta a los medios de producción. Durante la guerra esta dependencia se extendió, reforzada, a los países de la Entente. El bloqueo cortó de golpe esos vínculos vitales. No había que pensar en organizar, en un país destruido y devastado y durante un periodo de tres años de guerra civil, nuevas ramas industriales, sin las cuales, sin embargo, las antiguas estaban inevitablemente condenadas a la decadencia, pues su material se desgastaba cada vez más. A ello se sumó la movilización en el Ejército Rojo de cientos de miles de los mejores elementos proletarios, en su mayoría los más cualificados. En las condiciones históricas dadas —el bloqueo, las luchas incesantes, la ruina heredada—, ningún otro régimen habría podido mantener la vida económica del país y crear las condiciones de su dirección centralizada. No cabe duda de que la lucha contra el imperialismo mundial tuvo que librarse al precio de un nuevo descenso de las fuerzas productivas en muchas ramas de la economía. Solo ahora, al aflojar el bloqueo y establecerse formas de transición adecuadas en las relaciones entre la ciudad y el campo, obtiene el poder soviético la posibilidad de dirigir, de manera gradual y cada vez más firmemente centralizada, el levantamiento económico del país.

### IV. Agudización de las contradicciones sociales

20. La guerra, que trajo consigo una ruina de las fuerzas productivas sin precedentes en la historia, no frenó el proceso de diferenciación social; por el contrario, la proletarización de las amplias clases intermedias, incluida la nueva clase media (empleados, funcionarios, etc.), y la concentración de la propiedad en manos de pequeñas camarillas (consorcios, trusts, etc.) han avanzado enormemente en los últimos siete años en los países que más han sufrido. La cuestión Stinnes[^d2-4] se ha convertido en la cuestión principal de la vida económica alemana.

La subida de los precios de todas las mercancías y, al mismo tiempo, el hundimiento catastrófico de las monedas de todos los Estados europeos beligerantes significaron por sí mismos un nuevo reparto de la renta nacional en perjuicio de la clase obrera, los funcionarios, los empleados, los pequeños rentistas y, en general, de todas las categorías con ingresos más o menos fijos.

Así pues, si Europa ha retrocedido decenios en cuanto a recursos materiales, el proceso de agudización de los antagonismos sociales no muestra ningún retroceso; no solo no se ha detenido, sino que, por el contrario, se ha acelerado de manera especial. Este hecho fundamental basta para abandonar toda esperanza en un desarrollo pacífico duradero sobre bases democráticas: *la diferenciación creciente, la «stinnesización» por un lado, la proletarización y la pauperización por otro, debidas a la decadencia económica, dan a la lucha de clases un carácter extenuante, convulsivo y encarnizado.* La crisis actual no hace a este respecto más que continuar la obra de la guerra y de la coyuntura especulativa de la posguerra.

21. La subida de los precios de los productos agrícolas, en medio de una apariencia general de enriquecimiento del campo, trajo a los campesinos ricos un aumento real de sus ingresos y de su patrimonio. Los campesinos lograron pagar con papel moneda depreciado, que se acumulaba en grandes cantidades en sus manos, las deudas que habían contraído en moneda de pleno valor. Pero la agricultura no suele ocuparse solo de cancelar hipotecas. Pese a la enorme subida del precio de la tierra, pese a la explotación sin escrúpulos del monopolio de los víveres, pese al enriquecimiento de los grandes terratenientes y de los campesinos ricos, el retroceso de la agricultura europea es inconfundible: vuelta frecuente a formas de explotación más extensivas, conversión de tierras de labor en pastos, explotaciones sin ganado, cultivo de tres hojas. Este retroceso se debió también a la falta de mano de obra, a la disminución de la cabaña ganadera, a la falta de abonos artificiales, a la carestía de los artículos industriales y, en Europa central y oriental, a la reducción deliberada de la producción como reacción contra el intento del poder del Estado de apoderarse de la disposición de los productos agrícolas. Los campesinos ricos y, en parte, también los medios se dotan de sólidas organizaciones políticas y económicas para defenderse de las cargas de la reconstrucción, y aprovechan la difícil situación de la burguesía para dictar al Estado, como precio de su apoyo contra el proletariado, una política aduanera y fiscal unilateralmente campesina, con lo que frenan la reconstrucción capitalista. Surge una discordia entre la burguesía del campo y la de la ciudad que debilita la fuerza de la clase burguesa.

Al mismo tiempo, una gran parte de los campesinos pobres se proletariza y se pauperiza, el campo se convierte en un foco de descontento y se fortalece la consciencia de clase del proletariado agrícola.

Por otra parte, el empobrecimiento general de Europa, que la incapacita para comprar trigo norteamericano en cantidad suficiente, provocó una grave crisis de la agricultura de los granjeros al otro lado del océano. Observamos una decadencia de las explotaciones de los campesinos y de los pequeños granjeros no solo en Europa, sino también en los Estados Unidos, Canadá, Argentina, Australia y Sudáfrica.

22. La situación de los *empleados públicos y privados* empeoró por lo general, a causa de la caída del poder adquisitivo del dinero, más que la del proletariado. Los funcionarios de grado inferior y medio, arrojados fuera de sus condiciones de vida estables, se convierten en un elemento de agitación política y socavan la solidez del aparato del Estado al que sirven. La nueva clase media, que según el juicio de los reformistas debía ser el pilar del conservadurismo, puede considerarse en la época de transición más bien un factor revolucionario.

23. La Europa capitalista ha perdido definitivamente su supremacía económica. Y sin embargo, en ella descansaba el equilibrio de las clases en Europa. Los esfuerzos de los Estados europeos (de Inglaterra y, en parte, de Francia) por restablecer la situación anterior no hacen más que aumentar el caos y la inseguridad.

24. Mientras en Europa la concentración de la riqueza se imponía sobre la base del empobrecimiento general, en los Estados Unidos la concentración y la agudización de los antagonismos de clase alcanzaron un nivel enorme sobre la base del enriquecimiento capitalista febril. Los bruscos cambios de coyuntura, debidos a la inseguridad general del mercado mundial, dan a la lucha de clases en suelo norteamericano un carácter sumamente tenso y revolucionario. Al periodo de auge capitalista sin precedentes en la historia ha de seguir una llamarada extraordinaria de la lucha revolucionaria.

25. La emigración de obreros y campesinos a ultramar sirvió siempre de válvula de seguridad al régimen capitalista en Europa. Aumentaba en las épocas de depresión prolongada y tras el hundimiento de los movimientos revolucionarios. Pero ahora América y Australia ponen cada vez más obstáculos a la inmigración. La válvula de seguridad de la emigración está cerrada.

26. El enérgico desarrollo del capitalismo en Oriente, sobre todo en la India y en China, creó allí nuevas bases sociales para una lucha revolucionaria. La burguesía de esos países se unió estrechamente al capital extranjero y se convirtió así ella misma en un instrumento importante en sus manos. Su lucha contra el imperialismo extranjero —la lucha de un competidor muy débil— tiene en esencia un carácter ambiguo y endeble. También el desarrollo del proletariado autóctono paraliza las tendencias nacional-revolucionarias de la burguesía capitalista. Pero al mismo tiempo las numerosas masas campesinas encuentran su dirección revolucionaria en la vanguardia comunista del proletariado.

La coincidencia de la opresión nacional y militar del imperialismo extranjero, de la explotación capitalista por parte de la burguesía extranjera y de la propia, y de los restos de la servidumbre feudal crea condiciones favorables en las que el joven proletariado de las colonias tiene que desarrollarse con rapidez y se pondrá a la cabeza del movimiento revolucionario de las amplias masas campesinas.

El movimiento revolucionario popular de la India y de las demás colonias se ha convertido ahora en una parte de la revolución mundial tan esencial como el levantamiento del proletariado en los países capitalistas del viejo y del nuevo mundo.

### V. Las relaciones internacionales

27. La situación general de la economía mundial —ante todo, la decadencia de Europa— determina largos periodos de grandes dificultades y conmociones económicas, de crisis generales y parciales. Las relaciones internacionales, resultado de la guerra y de la paz de Versalles, hacen la situación aún más difícil.

Si el imperialismo nació del impulso de las fuerzas productivas a destruir las fronteras nacionales y a crear un territorio económico europeo y mundial unificado, el resultado del choque de las fuerzas imperialistas enemigas ha sido la creación de una serie de nuevas fronteras en Europa central y oriental, con nuevas aduanas y nuevos ejércitos. En el aspecto económico-estatal, Europa ha retrocedido a la Edad Media.

Sobre este suelo agotado y devastado se mantiene hoy un ejército vez y media mayor que el ejército de 1914, en el apogeo de la *paz armada.*

28. La política de Francia, potencia dominante en el continente europeo, se compone de dos tendencias: la rabia ciega de un usurero dispuesto a estrangular a su deudor insolvente, y la codicia de la industria pesada rapaz, que —con ayuda de las cuencas carboníferas del Sarre, del Ruhr y de la Alta Silesia— quiere crear las condiciones del imperialismo *industrial* en lugar del imperialismo *financiero* en quiebra.

Pero la segunda tendencia se dirige contra Inglaterra. La política de Inglaterra consiste en separar el carbón alemán del mineral de hierro francés, cuya unión es una de las condiciones más importantes para la reconstrucción de Europa.

29. El Imperio británico parece estar ahora en la cumbre de su poder. Ha conservado sus antiguas posesiones y ha adquirido otras nuevas. Pero precisamente el presente muestra que la posición dominante de Inglaterra en el mundo está en contradicción con su retroceso económico efectivo. Alemania, con su capitalismo incomparablemente más avanzado en el aspecto técnico y en el organizativo, ha sido abatida por la fuerza de las armas. Pero en los Estados Unidos, que se han sometido económicamente las dos Américas, se ha alzado un enemigo victorioso, más peligroso que Alemania. Gracias a su mejor organización y técnica, la productividad del trabajo en la industria de los Estados Unidos es considerablemente mayor que en Inglaterra. Los Estados Unidos producen del 65 al 70 % del consumo mundial de petróleo, y del petróleo dependen la industria del automóvil y la del tractor, la flota y la aviación. El monopolio centenario de Inglaterra en el mercado del carbón está definitivamente roto. América ha conquistado el primer puesto; su exportación a Europa crece de manera amenazadora. En la navegación mercante, América casi ha alcanzado a Inglaterra. Los Estados Unidos no quieren seguir tolerando el monopolio inglés de los cables. En la industria, Inglaterra ha pasado a la defensiva y, con el pretexto de luchar contra la competencia alemana a precios de saldo, se arma de aranceles protectores contra los Estados Unidos. Mientras la flota de guerra inglesa, con un gran porcentaje de unidades anticuadas, se estanca en su desarrollo, el gobierno de Harding ha hecho suyo el programa naval de Wilson,[^d2-5] que en el curso de los próximos dos o tres años asegurará la preponderancia del pabellón norteamericano.

Así pues, Inglaterra, pese a su victoria sobre Alemania, o bien se verá relegada automáticamente y convertida en un Estado de segundo rango, o bien se verá obligada a poner a prueba, muy pronto, la fuerza adquirida en años anteriores en una lucha a vida o muerte con los Estados Unidos.

Precisamente por eso Inglaterra refuerza su alianza con el Japón y se esfuerza por asegurarse, mediante concesiones, la ayuda de Francia o al menos su neutralidad.

Si la importancia internacional de Francia en Europa ha aumentado durante el último año, no se debe al fortalecimiento de Francia, sino al debilitamiento de Inglaterra.

La capitulación de Alemania en mayo en la cuestión de las indemnizaciones[^d2-6] significa, no obstante, una victoria pasajera de Inglaterra y le garantiza la continuación de la decadencia económica de Europa central, sin excluir, sin embargo, la ocupación de la cuenca del Ruhr por Francia en un futuro inmediato.

30. El antagonismo entre el Japón y los Estados Unidos, encubierto temporalmente por su participación en la guerra contra Alemania, se desarrolla ahora con toda su fuerza. Gracias a la guerra, el Japón se acercó a la costa americana al asegurarse islas estratégicamente importantes en el océano Pacífico.

La crisis de la industria japonesa, en rápido desarrollo, agravó de nuevo el problema de la emigración: el Japón, densamente poblado y pobre en recursos naturales, se ve obligado a exportar mercancías o personas. Por ambos caminos choca con los Estados Unidos: en California, en China y en la islita de Yap.[^d2-7]

El Japón gasta más de la mitad de su presupuesto en el ejército y la flota. En la lucha entre Inglaterra y América, el Japón tendrá que desempeñar en el mar el papel que correspondió a Francia en tierra en la guerra contra Alemania. Si el Japón aprovecha ahora el antagonismo entre Inglaterra y América, la lucha definitiva de estos gigantes por el dominio del mundo se librará a costa del Japón.

31. La última gran guerra fue, por sus causas y por sus principales participantes, una guerra *europea*. El centro de la lucha era el antagonismo entre Inglaterra y Alemania. La entrada de los Estados Unidos no hizo más que ampliar el marco de la lucha, pero su dirección principal siguió siendo la misma: el conflicto europeo se resolvió con los medios del mundo entero. La guerra, que a su manera zanjó los antagonismos entre Inglaterra y Alemania y con ellos también los existentes entre los Estados Unidos y Alemania, no solo no resolvió la cuestión de las relaciones mutuas entre los Estados Unidos e Inglaterra, sino que la planteó por primera vez como cuestión fundamental de la política mundial. Rebajó la cuestión de las relaciones mutuas entre los Estados Unidos y el Japón a una cuestión de segundo rango. La última guerra fue, pues, el prólogo europeo de la verdadera guerra mundial, la que ha de resolver la cuestión de la *supremacía imperialista.*

32. Pero este no es más que uno de los ejes de la política mundial. Tenemos un segundo eje. La Federación Soviética rusa y la III Internacional nacieron como resultado de la última guerra. La agrupación de las fuerzas revolucionarias internacionales está dirigida por principio contra todas las agrupaciones imperialistas. El mantenimiento de la alianza entre Inglaterra y Francia o su ruptura son, considerados desde el punto de vista de los intereses del proletariado y de la garantía de la paz, de la misma naturaleza que la renovación o no del tratado anglojaponés, que la entrada o no de los Estados Unidos en la Sociedad de Naciones: el proletariado no puede ver ninguna garantía en las agrupaciones pasajeras, engañosas, rapaces y desleales de los Estados capitalistas, cuya política gira cada vez más en torno al antagonismo angloamericano, lo atiza y prepara un estallido sangriento.

La conclusión de tratados de paz y acuerdos comerciales entre algunos países capitalistas y la Rusia soviética no significa que la burguesía mundial haya renunciado a la idea de destruir la república de los soviets. Quizá solo se haya producido un cambio pasajero en los métodos y las formas de la lucha. El golpe japonés en el Extremo Oriente[^d2-8] significa tal vez ya el comienzo de una nueva época de intervenciones armadas.

Está perfectamente claro que cuanto más lentamente se desarrolle el movimiento revolucionario del proletariado mundial, tanto más inevitablemente obligarán los antagonismos económicos y políticos internacionales a la burguesía a intentar una nueva decisión sangrienta a escala mundial. En tal caso, el «restablecimiento del equilibrio capitalista» después de la nueva guerra tendría que intentarse en medio de un empobrecimiento económico y de un embrutecimiento cultural tales que, comparada con ellos, la situación actual de Europa podría pasar por pura prosperidad.

33. Aunque la experiencia de la última guerra demostró con terrible claridad que la guerra es un mal cálculo —verdad que reconocen tanto la burguesía como los pacifistas socialistas—, la preparación económica, política, ideológica y técnica de la nueva guerra está en pleno curso en todo el mundo político. El pacifismo humanitario y antirrevolucionario es en realidad un auxiliar del militarismo.

Los socialdemócratas de todos los matices y los sindicalistas de Ámsterdam,[^d2-9] que persuaden al proletariado internacional de que se adapte a las normas económicas y de derecho internacional y estatal surgidas de la guerra, son por ello los cómplices insustituibles de la burguesía imperialista en la preparación de la nueva guerra, que amenaza con aniquilar definitivamente la civilización humana.

### VI. La clase obrera después de la guerra

34. La cuestión de la reconstrucción del capitalismo sobre las bases descritas significa en esencia lo siguiente: ¿Querrá la clase obrera, en las condiciones nuevas e incomparablemente más duras, hacer los sacrificios necesarios para restablecer las condiciones estables de su propia esclavitud, más concentrada y más cruel que la que reinaba antes de la guerra?

Para reconstruir la economía europea haría falta reponer el aparato productivo destruido en la guerra, una fuerte formación nueva de capital. Esto solo sería posible si el proletariado estuviera dispuesto a trabajar más con un nivel de vida muy rebajado. Eso exigen los capitalistas y eso le aconsejan los jefes traidores de las Internacionales amarillas:[^d2-10] primero ayudar a reconstruir el capitalismo y luego luchar por mejorar la situación de los obreros. Pero el proletariado de Europa no está dispuesto a ese sacrificio; exige una elevación de su nivel de vida, lo que hoy está en la más aguda contradicción con las posibilidades objetivas dentro del capitalismo. De ahí las huelgas y los levantamientos interminables, la imposibilidad de restaurar la economía en Europa. Restablecer la moneda significa para muchos Estados europeos (Alemania, Francia, Italia, Austria, Hungría, Polonia, los Estados balcánicos) ante todo librarse de obligaciones insoportables, es decir, declarar la bancarrota; pero esto significa atizar poderosamente la lucha de todas las clases por un nuevo reparto de la renta nacional. Restablecer la moneda significa además reducir los gastos del Estado a costa de las masas (renuncia a regular los salarios y los precios de los artículos de consumo de masas), cerrar el paso a los productos extranjeros más baratos de consumo de masas y aumentar la exportación rebajando los costes de producción, es decir, sobre todo, una vez más, agravando la explotación de las masas obreras. Toda medida seria para restablecer el equilibrio capitalista quebranta aún más el equilibrio de clases, ya alterado, y es un nuevo resorte para la lucha revolucionaria. La cuestión de si el capitalismo puede renacer se convierte, pues, en una cuestión de lucha de fuerzas vivas: de las clases y de los partidos. Si de las dos clases fundamentales —burguesía y proletariado— esta última abandonara la lucha revolucionaria, la burguesía encontraría sin duda, a fin de cuentas, un nuevo equilibrio capitalista —el equilibrio de la decadencia material y espiritual— a través de nuevas crisis, nuevas guerras, un mayor empobrecimiento de países enteros y la muerte de millones de trabajadores más.

Pero la situación del proletariado internacional en su conjunto no da pie en absoluto a semejante pronóstico.

35. *Los elementos de inercia,* de *conservadurismo* y de tradición, quebrantados en la estructura material de la sociedad, han perdido gran parte de su poder también sobre la consciencia de las masas trabajadoras. Si la socialdemocracia y las *trade unions* han conservado todavía su influencia sobre una parte considerable del proletariado gracias a la maquinaria organizativa heredada del pasado, esa influencia está ya muy socavada. La guerra ha provocado grandes cambios no solo en el estado de ánimo, sino también en la composición del proletariado, cambios del todo incompatibles con el apacible avance organizativo de antes de la guerra.

A la cabeza del proletariado sigue ocupando en la mayoría de los países la posición dominante la burocracia obrera, extraordinariamente crecida, que, estrechamente soldada, ha elaborado sus propios métodos y hábitos de dominio y está unida por mil hilos a las instituciones y los órganos del Estado capitalista.

La sigue la parte mejor situada de los obreros de la propia producción, que ocupa puestos de administración o piensa ocuparlos y es el apoyo más fiel de la burocracia obrera;

luego, la vieja generación de socialdemócratas y sindicalistas, sobre todo obreros cualificados, ligados a su organización por decenios de lucha y que no se deciden a romper con ella pese a su traición. Pero los obreros cualificados se ven ya muy desplazados en muchas empresas por los no cualificados y, en gran medida, por mujeres;

los millones de obreros que pasaron directamente por la escuela de la guerra, acostumbrados a manejar las armas y en su mayoría dispuestos a usarlas contra el enemigo de clase, aunque con la condición de una preparación seria y una dirección firme como requisitos indispensables del éxito;

los millones de obreros, y sobre todo de obreras, incorporados por la industria durante la guerra, que han traído al proletariado no solo prejuicios pequeñoburgueses, sino también sus impacientes exigencias de mejores condiciones de vida;

los millones de obreros y obreras jóvenes que se han alzado bajo los truenos y relámpagos de la guerra y de la revolución, que son los más receptivos a la doctrina del comunismo y arden en ansias de acción;

el enorme ejército de los parados, en parte desclasados y semidesclasados, que en su flujo y reflujo reflejan con la mayor crudeza el proceso de descomposición de la economía capitalista y constituyen una amenaza constante para el orden burgués.

Estas capas del proletariado, tan diferentes por su origen y su carácter, no fueron ni son arrastradas al mismo tiempo ni del mismo modo al movimiento que comenzó después de la guerra. De ahí las oscilaciones, el flujo y el reflujo, el ataque y la retirada en la lucha revolucionaria. Pero en su inmensa mayoría la masa proletaria se suelda rápidamente por el fracaso de todas las viejas ilusiones, la terrible inseguridad de la existencia, la omnipotencia del capital agrupado en trusts y los métodos sangrientos del Estado militarizado. Esta masa de muchos millones tiene una dirección firme y clara, un programa de acción claro,[^d2-11] y prepara con ello el terreno para el papel decisivo del Partido Comunista, sólidamente cohesionado y centralizado.

36. La situación de la clase obrera ha empeorado sin duda durante la guerra. Solo algunos grupos de obreros mejoraron. Las familias en las que varios miembros tuvieron posibilidades de ganar dinero durante la guerra lograron mantener o incluso elevar su nivel de vida. Pero en general los salarios no siguieron el ritmo de la carestía.

En Europa central, el proletariado se vio condenado desde el comienzo de la guerra a privaciones cada vez mayores. En los países continentales de la Entente, el descenso del nivel de vida se hizo notar menos hasta estos últimos tiempos. En Inglaterra, el proletariado frenó en el último periodo de la guerra, mediante una lucha enérgica, el proceso de empeoramiento de sus condiciones de vida. En los Estados Unidos mejoró la situación de algunas capas de la clase obrera; algunas capas conservaron su antiguo nivel o sufrieron un empeoramiento de sus condiciones de vida.

La crisis golpeó al proletariado del mundo entero con una fuerza enorme. El salario bajó más que los precios. El número de parados y de trabajadores con jornada reducida alcanzó un nivel sin precedentes en la historia del capitalismo.

Los cambios bruscos en las condiciones de vida personales no solo ejercen una influencia paralizante sobre la productividad del trabajo, sino que excluyen además la posibilidad de establecer el equilibrio de clases en el terreno más importante: el de la producción. La inestabilidad de las condiciones de vida, que refleja la inestabilidad general de las condiciones de la economía nacional y mundial, es hoy uno de los factores más importantes del desarrollo revolucionario.

### VII. Perspectivas y tareas

37. La guerra no terminó inmediatamente con una revolución proletaria. La burguesía considera este hecho, con cierta razón, como una gran victoria suya. Pero solo la incomprensión pequeñoburguesa puede ver en el hecho de que el proletariado europeo no derribara a la burguesía durante la guerra o inmediatamente después de terminar esta una bancarrota del programa de la Internacional Comunista. La orientación de la Internacional Comunista no se basa en que la revolución proletaria llegue en una fecha del calendario fijada dogmáticamente de antemano, ni en el propósito de llevar a cabo la revolución mecánicamente en un plazo determinado. La revolución fue y es una lucha de fuerzas vivas sobre bases históricas dadas. La perturbación del equilibrio capitalista en el mundo entero por la guerra crea condiciones de lucha favorables para la fuerza de la revolución social. Todos los esfuerzos de la Internacional Comunista se han dirigido y se dirigen a aprovechar plenamente esta situación.

La oposición entre la Internacional Comunista y la socialdemocracia de ambas tendencias[^d2-12] no consiste en que nosotros hayamos fijado la revolución para una fecha determinada mientras ellos rechazan el utopismo y el putschismo. La oposición consiste en que los socialdemócratas se oponen al desarrollo real de la revolución, favoreciendo con todas sus fuerzas, tanto en el gobierno como en la oposición, el restablecimiento del equilibrio en el Estado capitalista, mientras que los comunistas aprovechan todos los caminos, todos los métodos y todas las posibilidades para derribar el Estado capitalista y destruirlo mediante la dictadura del proletariado.

En los dos años y medio transcurridos desde la guerra, el proletariado de distintos países ha mostrado más energía, combatividad y espíritu de sacrificio de los que habrían hecho falta para una revolución victoriosa, si a la cabeza de la clase obrera hubiera estado un partido comunista internacional fuerte, centralizado y dispuesto a la acción. Pero, por causas históricas, a la cabeza del proletariado estuvo durante la guerra e inmediatamente después la organización de la II Internacional, que fue y sigue siendo un instrumento político inestimable en manos de la burguesía.

38. En Alemania, a finales de 1918 y comienzos de 1919, el poder pertenecía de hecho a la clase obrera. Los socialdemócratas, los socialistas mayoritarios, los independientes y los sindicatos emplearon todo su aparato, toda su influencia tradicional, en poner ese poder en manos de la burguesía.

En Italia, el tempestuoso movimiento revolucionario del proletariado se desbordaba cada vez más a lo largo de un año y medio, y solo la falta de carácter pequeñoburguesa del Partido Socialista, la política traidora de su grupo parlamentario y el oportunismo cobarde de los sindicalistas permitieron a la burguesía restablecer su aparato, movilizar su guardia blanca y pasar al ataque contra el proletariado, desmoralizado por un tiempo por la bancarrota de sus viejos órganos dirigentes.

El enorme movimiento huelguístico del último año en Inglaterra se estrelló una y otra vez contra la fuerza militar del Estado, empleada sin miramientos, y contra la intimidación de los dirigentes de las *trade unions* conseguida con ella. Si los dirigentes hubieran sido fieles a la causa de la clase obrera, la maquinaria de las *trade unions*, pese a sus defectos, habría podido utilizarse para luchas revolucionarias. La reciente crisis de la «Triple Alianza»[^d2-13] ofreció la posibilidad de un enfrentamiento revolucionario con la burguesía; lo impidieron el conservadurismo, la cobardía y la traición de los dirigentes sindicales. Si la máquina de las *trade unions* inglesas hiciera hoy en interés del socialismo la mitad del trabajo que hace en interés del capital, el proletariado inglés podría tomar el poder con el menor número de víctimas y emprender la transformación planificada de la economía del país.

Lo dicho vale, en mayor o menor medida, para todos los Estados capitalistas.

39. No puede negarse que actualmente la lucha revolucionaria abierta de los proletarios por el poder se ha hecho más lenta en algunos países. Pero tampoco podía esperarse que la ofensiva revolucionaria de la posguerra, en la medida en que no condujo de inmediato a la victoria, se desarrollara ininterrumpidamente en línea ascendente. También el movimiento político tiene sus ciclos, sus altibajos. El enemigo no permanece pasivo: lucha. Cuando el ataque del proletariado no termina en victoria, la burguesía pasa a la primera ocasión al contraataque. La pérdida de algunas posiciones conquistadas con facilidad provoca un abatimiento pasajero en las filas del proletariado. Pero sigue siendo indiscutible que hoy la curva del desarrollo capitalista, en conjunto y tras elevaciones pasajeras, desciende, mientras que la curva de la revolución, a través de todas las oscilaciones, asciende.

Como la restauración del capitalismo tiene por condición previa el aumento enorme de la explotación, la aniquilación de millones de seres humanos, la reducción de las condiciones de vida de otros millones por debajo del mínimo vital y la inseguridad permanente de la existencia del proletariado, los obreros se ven empujados una y otra vez a la rebelión, a huelgas y levantamientos constantes. Bajo esta presión y en estas luchas crece en las masas la voluntad de derribar la sociedad capitalista.

40. Dirigir, ampliar, profundizar y unificar las actuales luchas defensivas del proletariado y —según el curso del desarrollo— *elevarlas a luchas políticas finales* es y sigue siendo la tarea fundamental del Partido Comunista en la crisis actual. Pero si el ritmo del desarrollo se hiciera más lento y a la crisis económica actual siguiera, en un número mayor o menor de países, un periodo de auge, ese hecho no significaría en modo alguno el comienzo de la época «orgánica». Mientras exista el capitalismo, las oscilaciones cíclicas son inevitables. Lo acompañarán también en su agonía, como lo acompañaron en su juventud y en su madurez.

Suponiendo que el proletariado fuera rechazado en el curso de la crisis actual por la embestida del capital, pasará de inmediato al ataque en cuanto llegue una coyuntura mejor.

Su lucha económica ofensiva, que en tal caso se libraría inevitablemente bajo la consigna del desquite por todos los engaños de la época de la guerra, por todo el saqueo y todas las humillaciones de la época de la crisis, mostraría por ello la misma tendencia a convertirse en guerra civil abierta que la actual guerra defensiva.

41. Tanto si el movimiento revolucionario toma en el próximo periodo un ritmo más rápido como si lo toma más lento, el Partido Comunista tiene que seguir siendo en ambos casos un *partido de acción*. Está a la cabeza de las masas en lucha, formula con claridad y precisión las consignas de combate y desenmascara las consignas siempre complacientes y calculadas para el compromiso de la socialdemocracia. En todas las vicisitudes de la lucha, el Partido Comunista se esfuerza por consolidar organizativamente nuevos puntos de apoyo, por acostumbrar a las masas a maniobrar activamente, por armarlas con nuevos métodos encaminados al choque abierto con las fuerzas del enemigo. Aprovechando cada pausa para asimilar las lecciones de la fase de lucha anterior, el Partido Comunista se esfuerza por profundizar y extender los conflictos de clase, por unirlos nacional e internacionalmente mediante la unidad de objetivo y de acción y por romper así, a la cabeza del proletariado, todas las resistencias en el camino hacia su dictadura y hacia la revolución social.

## Tesis sobre la táctica

*Aprobadas en la 24.ª sesión del III Congreso Mundial, el 12 de julio de 1921.*

### 1. Delimitación de las cuestiones

«La nueva asociación internacional de los trabajadores se ha constituido para organizar *acciones comunes* de los proletarios de los distintos países que persiguen *un único* fin: el derrocamiento del capitalismo, la instauración de la dictadura del proletariado y de una república internacional de los soviets para la abolición completa de las clases y la realización del socialismo, esa primera fase de la sociedad comunista».[^d3a-1] Esta definición de sus fines, fijada en los Estatutos de la Internacional Comunista, *delimita claramente todas las cuestiones de táctica* que hay que resolver. Son cuestiones tácticas de nuestra lucha por la dictadura proletaria. Se refieren a los medios de ganar a la mayoría de la clase obrera para los principios del comunismo y a los medios de organizar a las capas socialmente decisivas del proletariado para la lucha por su realización; se refieren a la relación con las capas pequeñoburguesas proletarizadas, a los medios y caminos para descomponer lo más rápidamente posible los órganos del poder burgués, para destruirlos, y a la lucha internacional definitiva por la dictadura. Las cuestiones de la dictadura misma, como único camino hacia la victoria, quedan fuera de discusión. El desarrollo de la revolución mundial ha demostrado de manera rotunda que en la situación histórica dada solo hay una alternativa: dictadura capitalista o dictadura proletaria. El III Congreso de la Internacional Comunista emprende el nuevo examen de las cuestiones tácticas en una situación en la que en una serie de países la situación objetiva se ha agudizado en sentido revolucionario y en la que se ha formado una serie de partidos comunistas de masas que, sin embargo, todavía no tienen en ninguna parte la dirección efectiva del grueso de la clase obrera en la verdadera lucha revolucionaria.

### 2. Ante nuevas luchas

La *revolución mundial*, es decir, la descomposición del capitalismo, y la concentración de la energía revolucionaria del proletariado, su organización en una fuerza ofensiva y victoriosa, exigirán un *periodo bastante largo* de luchas revolucionarias. La diferente agudeza de las contradicciones en los distintos países, la diversidad de su estructura social y de los obstáculos que hay que vencer, el alto grado de organización de la burguesía en los países capitalistas desarrollados de Europa occidental y de América del Norte hicieron que la guerra mundial no desembocase en una victoria inmediata de la revolución mundial. Los comunistas tenían, pues, razón cuando declaraban ya durante la guerra que *el periodo del imperialismo* desembocaría en la época *de la revolución social*, es decir, en una larga serie de guerras civiles dentro de los distintos Estados capitalistas y de guerras entre los Estados capitalistas, por un lado, y los Estados proletarios y los pueblos coloniales explotados, por otro. La revolución mundial no es un proceso que avance en línea recta, sino que los periodos de descomposición crónica del capitalismo, de labor de zapa revolucionaria cotidiana, se agudizan una y otra vez y se condensan en crisis agudas. La marcha de la revolución mundial se hizo aún más lenta por el hecho de que fuertes organizaciones y partidos obreros, a saber, *los partidos socialdemócratas así como los sindicatos*, creados por el proletariado para dirigir su lucha contra la burguesía, que durante la guerra se habían transformado en órganos de influencia y de sujeción contrarrevolucionarias del proletariado, siguieron desempeñando ese papel también después de terminada la guerra. Eso facilitó a la burguesía mundial superar la crisis del *periodo de desmovilización*, eso le permitió despertar en la clase obrera, durante la *prosperidad aparente* de 1919-1920, nuevas esperanzas en la posibilidad de mejorar su situación en el marco del capitalismo, lo cual fue la causa de la derrota de los levantamientos de 1919 y del ritmo más lento de los movimientos revolucionarios en 1919-1920.

La *crisis económica mundial*, que comenzó a mediados de 1920 y se extiende por el mundo entero aumentando en todas partes el *paro*, demuestra al proletariado internacional que la burguesía no es capaz de reconstruir el mundo. La agudización de todas las *contradicciones de la política mundial*, la campaña de rapiña de Francia contra Alemania, el antagonismo angloamericano y el norteamericano-japonés, con la carrera de armamentos como consecuencia, muestran que el mundo capitalista agonizante se tambalea de nuevo hacia una guerra mundial. La Sociedad de Naciones, incluso como trust internacional de los Estados vencedores para explotar a los competidores vencidos y a los pueblos coloniales, ha quedado por el momento hecha pedazos por la competencia angloamericana. La ilusión con la que la socialdemocracia internacional y la burocracia sindical apartaban a las masas obreras de la lucha revolucionaria, la ilusión de que, al precio de renunciar a la conquista del poder político en la lucha revolucionaria, podrían alcanzar gradual y pacíficamente el poder económico y la autogestión, se está extinguiendo.

Las comedias de la socialización en *Alemania*, con cuya ayuda el gobierno Scheidemann-Noske intentó en marzo de 1919 contener el asalto de la clase obrera, han terminado.[^d3a-2] La frase de la socialización ha dejado paso a la *stinnesización* real,[^d3a-3] es decir, al sometimiento de la industria alemana a un dictador capitalista y a las camarillas ligadas a él. La ofensiva del gobierno prusiano, dirigido por el socialdemócrata Severing, contra los mineros de Alemania central[^d3a-4] es el preludio de la ofensiva general de la burguesía alemana para rebajar los salarios de la clase obrera alemana. En *Inglaterra* todos los planes de nacionalización se han ido a pique. En lugar de llevar a la práctica el plan de nacionalización de la Comisión Sankey,[^d3a-5] el gobierno apoya con despliegue militar el cierre patronal contra los mineros ingleses. El gobierno *francés* solo puede aplazar su bancarrota económica mediante una expedición de rapiña contra Alemania. No piensa en ninguna reconstrucción planificada de la economía. Es más, incluso la reconstrucción del norte de Francia devastado, en la medida en que se emprende, solo sirve al enriquecimiento capitalista privado. En *Italia* la burguesía, con ayuda de las bandas blancas de los fascistas, ha pasado a la ofensiva contra la clase obrera. En todas partes la democracia burguesa ha tenido que desenmascararse aún más, tanto en los viejos Estados de democracia burguesa como en los nuevos surgidos del hundimiento imperialista. Guardias blancas, plenos poderes dictatoriales del gobierno en Inglaterra frente a la huelga minera, fascistas y Guardia Regia en Italia,[^d3a-6] pinkertons,[^d3a-7] expulsión de diputados socialistas de los parlamentos y linchamientos en los Estados Unidos, el terror blanco en Polonia, Yugoslavia, Rumanía, Letonia y Estonia, la legalización del terror blanco en Finlandia, Hungría y los países balcánicos, leyes contra los comunistas en Suiza, Francia, etc. En todas partes la burguesía trata de descargar sobre la clase obrera las consecuencias de la creciente anarquía económica: alargar la jornada de trabajo, rebajar los salarios. En todas partes la ayudan los dirigentes de la socialdemocracia y los de la Internacional sindical de Ámsterdam. Pero pueden aplazar el despertar de las masas obreras a una nueva lucha, la llegada de nuevas oleadas revolucionarias, no impedirlo. Ya vemos cómo *el proletariado alemán se prepara para el contraataque*, cómo *los mineros ingleses*, pese a la traición de los dirigentes tradeunionistas, resisten heroicamente durante semanas en la lucha contra el capital minero. Vemos cómo, tras las experiencias que el proletariado *italiano* ha hecho con la política de vacilación del grupo de Serrati, se acumula en sus primeras filas la voluntad de lucha, que se ha expresado en la formación del Partido Comunista de Italia. Vemos cómo en *Francia*, tras la escisión, tras la separación de los socialpatriotas y los centristas, el Partido Socialista[^d3a-8] empieza a pasar de la agitación y la propaganda comunistas a las *manifestaciones de masas* contra el saqueo imperialista. En *Checoslovaquia* asistimos a la *huelga política de diciembre*,[^d3a-9] en la que, pese a la falta absoluta de una dirección unificada, participa un millón de obreros, y a la posterior formación del Partido Comunista checo como partido de masas. En *Polonia* hemos visto en febrero, bajo la dirección del Partido Comunista, la huelga ferroviaria y la huelga general que la siguió,[^d3a-10] y asistimos al proceso progresivo de descomposición del socialpatriótico Partido Socialista Polaco. *No el reflujo de la revolución mundial, no el descenso de sus oleadas, sino al contrario: lo más probable en las circunstancias dadas es la agudización inmediata de las contradicciones sociales y de las luchas sociales.*

### 3. La tarea más importante del momento

La conquista de una influencia decisiva sobre la mayoría de la clase obrera, la incorporación de sus partes decisivas a la lucha, es actualmente la cuestión más importante de la Internacional Comunista. Pues, pese a la situación económica y política objetivamente revolucionaria, en la que la crisis revolucionaria puede estallar con toda su agudeza de manera completamente súbita (ya sea en una gran huelga, en una sublevación colonial, en una nueva guerra o incluso en una gran crisis parlamentaria, etc.), la mayoría de la clase obrera no está todavía bajo la influencia del comunismo, sobre todo en aquellos países donde, sobre la base del gran poder del capital financiero, existen amplias capas de obreros corrompidos por el imperialismo (por ejemplo, en Inglaterra y América) y donde la verdadera propaganda revolucionaria de masas apenas ha empezado. Desde el primer día de su formación la Internacional Comunista se fijó con claridad y sin ambigüedad como objetivo no la formación de pequeñas sectas comunistas que solo buscan establecer su influencia sobre las masas obreras mediante la propaganda y la agitación, sino *la participación en la lucha de las masas obreras, la dirección de esa lucha en sentido comunista y la formación de grandes partidos comunistas revolucionarios de masas, probados en la lucha.* Ya en el primer año de su existencia la Internacional Comunista rechazó las tendencias sectarias, al instar a los partidos adheridos —por pequeños que fuesen— a participar en los sindicatos, para vencer desde dentro a su burocracia reaccionaria y hacer de los sindicatos organizaciones revolucionarias de masas del proletariado, órganos de su lucha. Ya en el primer año de su existencia la Internacional Comunista instó a los partidos comunistas a no encerrarse en círculos de propaganda, sino a aprovechar todas las posibilidades que el orden estatal burgués se ve obligado a dejarles abiertas para la agitación y la organización del proletariado: la libertad de prensa, la libertad de asociación y las instituciones parlamentarias burguesas —por atrofiadas que estén—, para convertirlas en arma, en tribuna, en punto de reunión del comunismo. En su II Congreso la Internacional Comunista rechazó abiertamente las tendencias sectarias en sus resoluciones sobre la cuestión sindical y sobre la utilización del parlamentarismo. *Las experiencias de dos años de lucha de los partidos comunistas han confirmado plenamente la justeza del punto de vista de la Internacional Comunista.* Con su política la Internacional Comunista ha conseguido *en una serie de países la separación de los obreros revolucionarios no solo de los reformistas declarados, sino también de los centristas.* Al formar los centristas una *Internacional* II½[^d3a-11] que se une abiertamente con los Scheidemann, Jouhaux y Henderson en el terreno de la Internacional sindical de Ámsterdam,[^d3a-12] el terreno de lucha se ha vuelto mucho más claro para las masas proletarias, lo que no hará sino facilitar las luchas venideras. El comunismo *alemán*, gracias a la táctica de la Internacional Comunista (trabajo revolucionario en los sindicatos, Carta Abierta,[^d3a-13] etc.), ha pasado de ser una corriente política, que es lo que era cuando entró en las luchas de enero y marzo de 1919, a ser un gran partido revolucionario de masas. Ha conquistado en los sindicatos una influencia que ha llevado a la burocracia sindical, por miedo al efecto revolucionario del trabajo sindical comunista, a expulsar del sindicato a numerosos comunistas, y la ha obligado a cargar con el oprobio de la escisión de los sindicatos. En *Checoslovaquia* los comunistas han logrado ganar para su causa a la mayoría de los obreros políticamente organizados. En *Polonia* el Partido Comunista, gracias sobre todo a su labor de zapa en los sindicatos, ha sabido, a despecho de las enormes persecuciones que obligan a su organización a una completa ilegalidad, no solo mantenerse en contacto con las masas, sino actuar como su dirigente en las luchas de masas. En *Francia* los comunistas han conquistado la mayoría en el Partido Socialista. En *Inglaterra* el proceso de consolidación de los grupos comunistas se realiza sobre la base de las directrices tácticas de la Internacional Comunista, y la creciente influencia de los comunistas obliga a los socialtraidores a intentar impedirles la entrada en el Partido Laborista. *Los grupos comunistas sectarios (como el KAPD,[^d3a-14] etc.), en cambio, no han podido obtener en su camino el menor éxito.* La teoría del fortalecimiento del comunismo mediante la pura propaganda y agitación, mediante la creación de sindicatos comunistas propios, ha naufragado por completo. Por ese camino no ha podido formarse en ninguna parte un partido comunista influyente.

### 4. La situación en la Internacional Comunista

En este camino hacia la formación de partidos comunistas de masas la Internacional Comunista no ha avanzado en todas partes lo suficiente. Es más, en dos de los países más importantes del capitalismo victorioso todavía lo tiene todo por hacer en este terreno.

En los *Estados Unidos de América del Norte*, donde por razones históricas faltaba ya antes de la guerra un movimiento revolucionario de cierta amplitud, los comunistas se encuentran todavía ante las primeras y más elementales tareas: formar un núcleo comunista y ligarlo con las masas obreras. La crisis económica, que ha dejado sin trabajo a cinco millones de obreros, prepara ahora un terreno muy favorable para esta labor. Consciente del peligro que lo amenaza de radicalización del movimiento obrero y de su influencia por los comunistas, el capital norteamericano intenta quebrar y aniquilar con persecuciones bárbaras al joven movimiento comunista y empujarlo a la ilegalidad, donde, según sus cálculos, sin ninguna relación con las masas, degeneraría en una secta propagandística y se secaría. La Internacional Comunista llama la atención del Partido Comunista Unificado de América sobre el hecho de que la organización ilegal solo debe ser el terreno para reunir y clarificar las fuerzas comunistas más activas, pero que sus miembros tienen el deber de probar todos los medios y caminos para llegar, desde sus organizaciones ilegales, a las amplias masas de la clase obrera que están en efervescencia, de que tienen el deber de encontrar los caminos y las formas para agrupar políticamente a esas masas en la vida pública en la lucha contra el capital norteamericano.

Tampoco el movimiento comunista *inglés* ha conseguido todavía, pese a la concentración de sus fuerzas en un partido comunista unificado, convertirse en partido de masas.

La persistente desorganización de la economía inglesa, la inaudita agudización del movimiento huelguístico, el creciente descontento de las más amplias masas del pueblo con el régimen de Lloyd George, la posibilidad de una victoria del Partido Laborista y del Partido Liberal en las próximas elecciones parlamentarias: todo ello abre nuevas perspectivas revolucionarias en el desarrollo de Inglaterra y plantea a los comunistas ingleses cuestiones de la máxima importancia.

La primera tarea principal del Partido Comunista de Inglaterra es convertirse en un partido de masas. Los comunistas ingleses deben situarse cada vez con más firmeza en el terreno del movimiento de masas que existe y se desarrolla de hecho, penetrando en todas sus particularidades concretas, y hacer de las reivindicaciones particulares y parciales de los obreros el punto de partida de su propia agitación y propaganda, incansable y enérgica.

El potente movimiento huelguístico somete a prueba, a los ojos de cientos de miles y de millones de obreros, la capacidad, la fiabilidad, la firmeza y la escrupulosidad de los aparatos y de los dirigentes tradeunionistas. En estas condiciones el trabajo de los comunistas en los sindicatos adquiere una importancia decisiva. Ninguna crítica de partido que venga de fuera puede ejercer sobre las masas ni de lejos la influencia que puede ejercer el trabajo cotidiano y tenaz de las células sindicales comunistas, ese trabajo orientado a desenmascarar y desacreditar a los traidores y filisteos del tradeunionismo, que en Inglaterra, todavía más que en cualquier otro país, son juguete político del capital.

Si en otros países la tarea de los partidos comunistas que se han convertido en partidos de masas consiste en tomar en gran medida la iniciativa de las acciones de masas, en Inglaterra la tarea del Partido Comunista consiste ante todo en mostrar y demostrar a las masas, sobre la base de las acciones de masas que se desarrollan de hecho y con su propia experiencia, que los comunistas saben expresar con justeza y valentía los intereses, las necesidades y los sentimientos de esas masas.

Los partidos comunistas de masas de Europa central y occidental se encuentran en el proceso de elaborar los métodos adecuados de agitación y propaganda revolucionarias, en el proceso de elaborar métodos de organización que correspondan a su carácter de combate, y en el proceso de transición de la propaganda y la agitación comunistas a la acción. Este proceso se ve obstaculizado por el hecho de que en una serie de países la revolucionarización de los obreros que los ha llevado a pasarse al campo del comunismo se ha producido bajo la dirección de jefes que no han superado las tendencias centristas y no son capaces de llevar a cabo una agitación y propaganda verdaderamente comunistas entre el pueblo, o directamente las temen, porque saben que esa propaganda y esa agitación llevarían a los partidos a luchas revolucionarias.

Estas tendencias centristas han conducido en *Italia* a la escisión del partido. Los dirigentes del partido y de los sindicatos agrupados en torno a Serrati, en lugar de transformar los movimientos espontáneos de la clase obrera, su actividad creciente, en lucha consciente por el poder, para la que en Italia estaban maduras las condiciones, dejaron que esos movimientos se perdieran en la arena. El comunismo no era para ellos un medio para sacudir a las masas obreras y unirlas en la lucha. Y como temían la lucha, tuvieron que aguar la propaganda y la agitación comunistas y llevarlas a las aguas del centrismo. Reforzaron así la influencia de reformistas como Turati y Treves en el partido, y como D'Aragona en los sindicatos.[^d3a-15] Como no se distinguían de los reformistas ni de palabra ni de obra, no quisieron separarse de los reformistas. Prefirieron separarse de los comunistas. La política de la corriente de Serrati, que por un lado reforzó la influencia de los reformistas, creó por otro el peligro de la influencia de los anarquistas y sindicalistas y del surgimiento en el propio partido de tendencias antiparlamentarias y de radicalismo verbal. La escisión de Livorno, la formación del Partido Comunista en Italia, la reunión de todos los elementos verdaderamente comunistas en un partido comunista sobre la base de las resoluciones del II Congreso de la Internacional Comunista, harán del comunismo una fuerza de masas en Italia si el Partido Comunista de Italia, combatiendo sin interrupción y sin doblegarse la política oportunista del serratismo, es capaz al mismo tiempo de ligarse con las masas del proletariado en los sindicatos, en las huelgas, en las luchas contra las organizaciones contrarrevolucionarias de los fascistas, de fundir sus movimientos, de transformar sus acciones espontáneas en luchas cuidadosamente preparadas.

En *Francia*, donde el veneno chovinista de la «defensa nacional» y después la embriaguez de la victoria fueron más fuertes que en cualquier otro país, la reacción contra la guerra se desarrolló más lentamente que en los demás países. Gracias a la influencia moral de la Revolución rusa, de las luchas revolucionarias en los países capitalistas y gracias a la experiencia de las primeras luchas del *proletariado* francés traicionado por sus dirigentes, el Partido Socialista francés evolucionó en su mayoría en dirección al comunismo antes aún de que el desarrollo de los acontecimientos lo pusiera ante las cuestiones decisivas de la acción revolucionaria. El Partido Comunista francés podrá aprovechar esta situación tanto mejor y en tanto mayor medida cuanto más resueltamente elimine en su propio seno —sobre todo en los círculos dirigentes— los restos, todavía demasiado fuertes, de la ideología nacional-pacifista y parlamentario-reformista. El partido debe acercarse en mayor medida, no solo en comparación con el pasado sino también con el presente, a las masas y a sus capas más oprimidas de la ciudad y del campo, y expresar con claridad y plenamente los sufrimientos y las necesidades de esas masas. En su lucha parlamentaria el partido debe romper resueltamente con las hipócritas formalidades del parlamentarismo francés y sus mentirosas fórmulas de cortesía, fomentadas conscientemente por la burguesía para intimidar e hipnotizar a los representantes de la clase obrera. Los representantes del Partido Comunista en el Parlamento deben esforzarse, en una actuación rigurosamente controlada, por desenmascarar el engaño del democratismo nacionalista y del revolucionarismo tradicional y por plantear cada cuestión como una cuestión de los intereses de clase y de la implacable lucha de clases.

La agitación debe adquirir en la práctica un carácter mucho más concentrado y enérgico. No debe diluirse en las situaciones y combinaciones cambiantes y variables de la política corriente. Debe sacar de todos los acontecimientos, pequeños y grandes, las conclusiones revolucionarias fundamentales e inculcarlas incluso a las masas obreras más atrasadas. Solo con una actitud verdaderamente revolucionaria de este tipo el Partido Comunista no aparecerá simplemente como el ala izquierda de aquel bloque radical y longuetista[^d3a-16] que, con energía cada vez mayor y éxito cada vez mayor, ofrece sus servicios a la sociedad burguesa para protegerla de las sacudidas que se aproximan en Francia con una consecuencia ineluctable. Independientemente de que esos acontecimientos revolucionarios decisivos lleguen antes o después, un Partido Comunista disciplinado y lleno por completo de voluntad revolucionaria encontrará también ahora, en la época de preparación, la posibilidad de movilizar a las masas obreras en el terreno económico y político, de dar a su lucha un carácter más amplio y más claro.

Los intentos de elementos revolucionarios impacientes y políticamente inexpertos que quieren aplicar a cuestiones y tareas aisladas los métodos extremos, que por su naturaleza son métodos de la insurrección revolucionaria decisiva del proletariado (la propuesta de llamar a la quinta de 1919 a oponerse a la movilización[^d3a-17]), pueden, si se aplican, frustrar por mucho tiempo la preparación verdaderamente revolucionaria del proletariado para la conquista del poder.

El Partido Comunista de Francia, como los partidos de todos los demás países, tiene la tarea de rechazar esos métodos extremadamente peligrosos. Ese deber no debe llevar en ningún caso al partido a la inactividad; muy al contrario.

El fortalecimiento de los lazos del partido con las masas significa ante todo una vinculación más estrecha con los sindicatos. La tarea del partido no consiste en que los sindicatos se subordinen mecánica y exteriormente al partido y renuncien a la autonomía que exige el carácter de su trabajo, sino en que los elementos verdaderamente revolucionarios, unidos y dirigidos por el Partido Comunista, den al trabajo de los propios sindicatos, dentro de su marco, una orientación que corresponda a los intereses generales del proletariado que lucha por la conquista del poder. En consecuencia, el Partido Comunista de Francia está obligado a criticar de forma amistosa, pero resuelta y clara, las tendencias anarcosindicalistas que rechazan la dictadura del proletariado y niegan la necesidad de unir a su vanguardia en una organización centralizada y dirigente, es decir, en el Partido Comunista. También debe el partido criticar del mismo modo aquellas tendencias sindicalistas de transición que, atrincheradas tras la Carta de Amiens[^d3a-18] —elaborada ocho años antes de la guerra—, no quieren dar ahora una respuesta clara y franca a las cuestiones fundamentales de la nueva época que ha seguido a la guerra.

El odio a la politiquería que se manifiesta en el sindicalismo francés es en primer lugar el odio justificado al parlamentario «socialista» tradicional. El carácter puramente revolucionario del Partido Comunista hará posible demostrar claramente a todos los elementos revolucionarios la necesidad de agruparse políticamente para la conquista del poder por la clase obrera.

La fusión de la organización sindicalista revolucionaria con la comunista en un todo es una condición necesaria de toda lucha seria del proletariado francés.

Tanto la superación y eliminación de las tendencias a la acción prematura como la superación de la falta de forma en los principios y del separatismo organizativo de los sindicalistas revolucionarios solo podrán lograrse, y se lograrán, en la medida en que el propio partido —como se ha dicho más arriba—, mediante un tratamiento verdaderamente revolucionario de cada cuestión de la vida y la lucha cotidianas, se convierta en un poderoso centro de atracción para las masas obreras de Francia.

En *Checoslovaquia* las masas trabajadoras se han liberado en dos años y medio en gran parte de las ilusiones reformistas y nacionalistas. En septiembre del año pasado la mayoría de los obreros socialdemócratas se separó de sus dirigentes reformistas. En diciembre había ya cerca de un millón de obreros, de los tres millones y medio de obreros industriales de Checoslovaquia, en medio de una acción revolucionaria de masas contra el gobierno capitalista checoslovaco. En mayo de este año se forma el Partido Comunista checoslovaco, con 350 000 afiliados, junto al Partido Comunista germano-bohemio,[^d3a-19] formado ya antes, que cuenta con 60 000. Los comunistas constituyen así una parte considerable no solo del proletariado de Checoslovaquia, sino también de su población total. El partido checoslovaco tiene ahora la tarea de atraer a masas obreras todavía más amplias mediante una agitación verdaderamente comunista, de formar a los afiliados antiguos y a los recién ganados mediante una propaganda comunista clara e intransigente, de formar, uniendo a los obreros de todas las naciones de Checoslovaquia, un frente cerrado de los proletarios contra el nacionalismo, ese instrumento principal de la burguesía en Checoslovaquia, y de reforzar la fuerza del proletariado así creada en todas las luchas venideras contra las tendencias opresivas del capitalismo, contra el gobierno, y convertirla en un poder invencible. El Partido Comunista de Checoslovaquia estará a la altura de estas tareas tanto más rápidamente cuanto más clara y resueltamente supere todas las tradiciones y reservas centristas y lleve una política que ilustre en sentido revolucionario a las más amplias masas del proletariado, las agrupe de manera unitaria y sea así capaz de preparar sus acciones y llevarlas victoriosamente a término. El Congreso resuelve que el Partido Comunista checoslovaco y el germano-bohemio fusionen sus organizaciones y las conviertan en un partido único en un plazo que fijará el Ejecutivo.

*El Partido Comunista Unificado de Alemania*,[^d3a-20] surgido de la unión de la Liga Espartaco y de las masas obreras independientes de izquierda, aun siendo ya un partido de masas, tiene ante sí la gran tarea de aumentar y reforzar su influencia sobre las amplias masas, de conquistar las organizaciones proletarias de masas, los sindicatos, de quebrar la influencia de la burocracia socialdemócrata del partido y de los sindicatos y de convertirse en las luchas venideras del proletariado en dirigente del movimiento de masas. Esta, su tarea principal, exige orientar todo el trabajo de agitación y de organización a la conquista de las simpatías de la mayoría de la clase obrera, sin la cual, dado el poder del capital alemán, no es posible ninguna victoria del comunismo en Alemania. El partido no ha estado hasta ahora a la altura de esta tarea, ni en cuanto a la amplitud de la agitación ni en cuanto a su contenido. Tampoco supo seguir con consecuencia el camino que había emprendido con la «Carta Abierta», el de oponer los intereses prácticos del proletariado a la política traidora de los partidos socialdemócratas y de la burocracia sindical. Su prensa y su organización llevan todavía demasiado el sello de órganos y organización de asociación y no de órganos y organización de combate. Las tendencias centristas que en ello se expresan, todavía no superadas del todo, llevaron por un lado a que el partido, puesto ante las necesidades de la lucha, pasara a ella de golpe, sin preparación suficiente, y a que no tuviera suficientemente presente la necesidad de la vinculación espiritual con las masas no comunistas. Las tareas de acción ante las que el VKPD se verá pronto colocado por el proceso de desorganización de la economía alemana y por la ofensiva del capital contra el nivel de vida de las masas obreras solo podrán resolverse si el partido no opone las tareas de agitación y organización a las de la acción, de los hechos, sino que mantiene constantemente vivo en sus organizaciones el espíritu de disposición al combate, si hace de su agitación una agitación verdaderamente popular, si construye su organización de modo que, por su vinculación con las masas, desarrolle en sí la capacidad de sopesar con el máximo cuidado las situaciones de lucha y de preparar cuidadosamente las luchas.

Los partidos de la Internacional Comunista se convertirán en partidos revolucionarios de masas si superan en sus filas el oportunismo, sus restos y sus tradiciones, procurando vincularse estrechamente con las masas obreras en lucha, sacando sus tareas de las luchas prácticas del proletariado, rechazando en esas luchas tanto la política oportunista de encubrir y enmascarar las contradicciones insalvables como, al mismo tiempo, toda frase revolucionaria que oculte la visión de la relación real de fuerzas y haga pasar por alto las dificultades de la lucha. Los partidos comunistas nacieron de la escisión de los viejos partidos socialdemócratas. Esta escisión fue el resultado del hecho de que esos partidos traicionaron los intereses del proletariado en la guerra y siguen traicionándolos después de la guerra mediante alianzas con la burguesía o mediante una política timorata que elude toda lucha. Las consignas y los principios de los partidos comunistas son el único terreno sobre el que la masa obrera puede volver a unirse, pues expresan las necesidades de la lucha proletaria. Por eso mismo son ahora los partidos y corrientes socialdemócratas y centristas los que representan la atomización y la división del proletariado, mientras que los partidos comunistas son el elemento de su reagrupamiento. En Alemania fueron los centristas los que se separaron de la mayoría de su partido cuando esta se adhirió a la bandera del comunismo. Por miedo a la influencia unificadora del comunismo, los socialdemócratas y los socialdemócratas independientes de Alemania, así como la burocracia sindical socialdemócrata, se negaron a ir junto con los comunistas en acciones comunes para defender los intereses más elementales del proletariado. En Checoslovaquia fueron los socialdemócratas los que hicieron saltar el viejo partido cuando vieron acercarse la victoria del comunismo; en Francia los longuetistas se separaron de la mayoría de los obreros socialistas franceses, mientras que el Partido Comunista trabaja por la unión de los obreros socialistas y sindicalistas. En Inglaterra son los reformistas y los centristas quienes, por miedo a su influencia, echan a los comunistas del Partido Laborista y sabotean una y otra vez la unión de los obreros en su lucha contra los capitalistas. Los partidos comunistas se convierten así en portadores del proceso de unificación del proletariado sobre el terreno de la lucha por sus intereses, y de esta consciencia de su papel sacarán nuevas fuerzas.

### 5. Luchas parciales y reivindicaciones parciales

Los partidos comunistas solo pueden desarrollarse en la lucha. Ni siquiera los partidos comunistas más pequeños deben limitarse a la mera propaganda y agitación. Tienen que formar en todas las organizaciones de masas del proletariado la vanguardia que, formulando propuestas prácticas de lucha, impulsando la lucha por todas las necesidades vitales del proletariado, muestre a las masas atrasadas y vacilantes cómo hay que luchar y desenmascare de este modo ante las masas el carácter traidor de todos los partidos no comunistas. Solo si los comunistas saben ponerse a la cabeza de las luchas prácticas del proletariado, solo si impulsan esa lucha, podrán ganar realmente a grandes masas del proletariado para la lucha por la dictadura.

Toda la agitación y la propaganda, todo el trabajo de los partidos comunistas debe estar impregnado de la consciencia de que sobre la base del capitalismo no es posible ninguna mejora duradera de la situación de la masa del proletariado, de que solo el derrocamiento de la burguesía, la destrucción del Estado capitalista, da la posibilidad de emprender la mejora de la situación de la clase obrera, de acometer la reconstrucción de la economía nacional destrozada por el capitalismo. *Pero esta comprensión no debe traducirse en la renuncia a la lucha por las necesidades vitales actuales e inaplazables del proletariado hasta que este sea capaz de defenderlas mediante su dictadura.* La socialdemocracia, que ahora, en el periodo del hundimiento y la descomposición del capitalismo, en un momento en que el capitalismo ya no es capaz de asegurar a los obreros ni siquiera la vida de esclavos bien alimentados, presenta el viejo programa socialdemócrata de las *reformas pacíficas*, de reformas que habrían de realizarse con medios pacíficos sobre la base y en el marco del capitalismo en bancarrota, engaña conscientemente a las masas trabajadoras. No solo es el capitalismo en el periodo de su decadencia incapaz de asegurar a los obreros unas condiciones de vida mínimamente humanas, sino que los socialdemócratas, los reformistas de todos los países, demuestran cada día que no están dispuestos a librar ninguna lucha ni siquiera por las reivindicaciones más modestas que figuran en su programa. Un engaño semejante a las masas populares es la *reivindicación de la socialización o nacionalización* de las ramas más importantes de la industria tal como la plantean los *partidos centristas*. Los centristas no solo extravían a las masas tratando de convencerlas de que la colectividad puede arrancar de manos del capital las principales ramas de la industria sin que la burguesía sea vencida, sino que tratan de apartar a los obreros de la lucha real y viva por sus necesidades más inmediatas con la esperanza de una toma de posesión gradual de una rama industrial tras otra, después de lo cual empezaría la construcción económica «planificada». Vuelven así al *programa mínimo socialdemócrata* de reforma del capitalismo, que se ha convertido en un engaño contrarrevolucionario manifiesto. En la medida en que, al plantear el programa de nacionalización, por ejemplo de la industria del carbón, desempeña un papel en una parte de los centristas la idea lassalleana de concentrar todas las energías del proletariado en una sola reivindicación para hacer de ella la palanca de una acción revolucionaria que, en su desarrollo, llevaría a la lucha por el poder, estamos ante un proyectismo sin vida: la clase obrera sufre ahora en todos los Estados capitalistas tantos y tan terribles azotes que es imposible concentrar la lucha contra todas esas cargas aplastantes, contra los golpes que caen sobre ella, en un objetivo doctrinariamente urdido. Al contrario, se trata de tomar *cada* necesidad de las masas como punto de partida de luchas revolucionarias, que solo *unidas* forman la poderosa corriente de la revolución social. Los partidos comunistas no presentan para estas luchas ningún *programa mínimo* destinado a reforzar y mejorar sobre la base del capitalismo su vacilante edificio. La destrucción de ese edificio sigue siendo su objetivo rector, sigue siendo su tarea actual. Pero para cumplir esta tarea los partidos comunistas tienen que plantear reivindicaciones cuya satisfacción constituya una necesidad inmediata e inaplazable de la clase obrera, y tienen que defender esas reivindicaciones en la lucha de las masas, independientemente de que sean o no compatibles con la economía de beneficio de la clase capitalista.

No es la existencia y la competitividad de la industria capitalista, ni la capacidad de resistencia de la hacienda capitalista lo que deben tener en cuenta los partidos comunistas, sino los límites de la miseria que el proletariado no puede ni debe soportar. Si las reivindicaciones responden a una necesidad viva de amplias masas proletarias, si esas masas están imbuidas del sentimiento de que no pueden existir sin la realización de esas reivindicaciones, entonces las luchas por ellas se convierten en puntos de partida de la lucha por el poder. En lugar del programa mínimo de los reformistas y centristas, la Internacional Comunista pone la lucha por las necesidades concretas del proletariado, por un sistema de reivindicaciones que en su conjunto descomponen el poder de la burguesía, organizan al proletariado, constituyen etapas en la lucha por la dictadura proletaria y cada una de las cuales expresa por sí misma la necesidad de las más amplias masas, aunque esas masas no se sitúen todavía conscientemente en el terreno de la dictadura proletaria.

A medida que la lucha por estas reivindicaciones abarca y moviliza a masas cada vez mayores, a medida que esta lucha opone las necesidades vitales de las masas a las necesidades vitales de la sociedad capitalista, la clase obrera tomará consciencia de que, si ella ha de vivir, el capitalismo tiene que morir; esta consciencia es la base de la voluntad de luchar por la dictadura. Es tarea de los partidos comunistas extender, profundizar y enlazar estas luchas que se desarrollan bajo la consigna de reivindicaciones concretas. Cada acción parcial emprendida por las masas trabajadoras para conseguir una reivindicación parcial, cada huelga económica de cierta seriedad, moviliza al mismo tiempo a toda la burguesía, que como clase se pone al lado de la parte amenazada de los patronos para impedir cualquier victoria, aunque sea parcial, del proletariado (Ayuda Técnica de Urgencia,[^d3a-21] esquiroles burgueses en la huelga ferroviaria inglesa,[^d3a-22] fascistas). La burguesía moviliza también toda su máquina estatal para la lucha contra los obreros (militarización de los obreros en Francia y en Polonia, estado de excepción durante la huelga minera en Inglaterra). Los obreros que luchan por sus reivindicaciones parciales se ven obligados automáticamente a luchar contra toda la burguesía y su aparato estatal. A medida que las luchas por reivindicaciones parciales, que las luchas parciales de grupos aislados de obreros se transforman en lucha general de la clase obrera contra el capitalismo, el Partido Comunista tiene que *elevar* también *sus consignas*, generalizarlas, hasta la consigna del derrocamiento directo del adversario. Al plantear sus reivindicaciones parciales, los partidos comunistas deben cuidar de que estas reivindicaciones, ancladas en la necesidad de las más amplias masas, no solo lleven a esas masas a la lucha, sino que sean por su propia naturaleza *reivindicaciones que organicen* a las masas. Todas las consignas concretas que nacen de las penurias económicas de las masas obreras deben encauzarse hacia la lucha por el *control de la producción*, no como un plan de organización burocrática de la economía nacional bajo el régimen del capitalismo, sino como lucha contra el capitalismo por medio de los consejos de fábrica y de los sindicatos revolucionarios. Solo desarrollando esas organizaciones, solo enlazándolas por ramas de industria y por centros industriales, puede unificarse organizativamente la lucha de las masas obreras y oponerse resistencia a la división de la masa por la socialdemocracia y los dirigentes sindicales. Los consejos de fábrica solo cumplirán esta tarea si nacen en la lucha por objetivos económicos comunes a las más amplias masas obreras, si establecen el enlace entre todas las partes revolucionarias del proletariado: entre el partido comunista, los obreros revolucionarios y los sindicatos que se encuentran en proceso de desarrollo revolucionario.

Toda objeción contra el planteamiento de tales reivindicaciones parciales, toda acusación de reformismo por estas luchas parciales es fruto de la misma incapacidad para comprender las condiciones vivas de la acción revolucionaria que se expresó en la oposición de algunos grupos comunistas a la participación en los sindicatos y a la utilización del parlamentarismo. No se trata de limitarse a proclamar ante el proletariado los fines últimos, sino de intensificar la lucha práctica, que es la única capaz de llevar al proletariado a la lucha por los fines últimos. Hasta qué punto las objeciones contra las reivindicaciones parciales carecen de fundamento y son ajenas a las necesidades de la vida revolucionaria lo demuestra mejor que nada el hecho de que incluso las pequeñas organizaciones formadas por los llamados comunistas de izquierda como refugio de la doctrina pura se hayan visto obligadas a plantear reivindicaciones parciales si quieren siquiera intentar arrastrar a la lucha a masas obreras más amplias que las que se agrupan a su alrededor, o si están dispuestas a participar en la lucha de amplias masas populares para poder influir en ellas. La esencia revolucionaria de la época actual consiste precisamente en que las condiciones de vida más modestas de las masas obreras son incompatibles con la existencia de la sociedad capitalista, y en que por eso la lucha, incluso por las reivindicaciones más modestas, se transforma en lucha por el comunismo.

Mientras los capitalistas utilizan el ejército cada vez mayor de los parados para presionar sobre el trabajo organizado con el fin de rebajar los salarios, los socialdemócratas, los independientes y los dirigentes oficiales de los sindicatos se mantienen cobardemente alejados de los parados, a los que consideran solo objeto de la beneficencia estatal y sindical, y políticamente los tienen por lumpenproletariado. Los comunistas deben tener claro que en las circunstancias actuales el ejército de los parados es un factor revolucionario de enorme importancia. Los comunistas deben asumir la dirección de este ejército. Mediante la presión de los parados sobre los sindicatos, los comunistas deben acelerar la renovación de estos y, en primer lugar, su liberación de los dirigentes traidores. El Partido Comunista, al unir a los parados con la vanguardia del proletariado en la lucha por la revolución socialista, apartará a los elementos más revolucionarios e impacientes de los parados de actos aislados de desesperación y hará a toda la masa capaz, en condiciones favorables, de apoyar activamente la ofensiva de un grupo de la clase obrera, de llevar el conflicto dado más allá de su marco, de hacer de él el punto de partida de una ofensiva decisiva; en una palabra, de modo que toda esa masa pase de ser un ejército de reserva de la industria a ser un ejército activo de la revolución.

Al ocuparse con la máxima energía de esta capa obrera, al descender a las profundidades de la clase obrera, los partidos comunistas no representan los intereses de una capa obrera frente a otra, sino que representan con ello el interés general de la clase obrera, que los jefes contrarrevolucionarios traicionan en aras de los intereses momentáneos de la aristocracia obrera: cuanto más amplia se hace la capa de los parados, de los trabajadores en jornada reducida, etc., tanto más se convierte su interés en el interés general de la clase obrera, tanto más deben subordinarse a estos intereses generales los intereses pasajeros de la aristocracia obrera. La actitud que se apoya en los intereses de la aristocracia obrera para volverla hostil contra los parados o para abandonar a los parados a su suerte desgarra a la clase obrera y es contrarrevolucionaria por sus efectos. El Partido Comunista, como representante del interés general de la clase obrera, no puede limitarse a reconocer ese interés general y a hacerlo valer en su propaganda. Solo puede representarlo eficazmente si, llegado el caso, conduce a la lucha incluso al grueso de los obreros más oprimidos y depauperados contra la resistencia de la aristocracia obrera.

### 6. La preparación de la lucha

El carácter de la época de transición obliga a todos los partidos comunistas a elevar al máximo su disposición para la lucha. Cada lucha particular puede desembocar en la lucha por el poder. La disposición del partido para la lucha solo puede formarse si el partido da a toda su agitación el carácter de un ataque apasionado contra la sociedad capitalista, si sabe unirse en esa agitación con las masas más amplias del pueblo, hablarles de modo que puedan convencerse de que están bajo la dirección de una vanguardia que lucha de verdad por el poder. Los órganos de prensa y los llamamientos del partido comunista no han de ser boletines de asociación que demuestren teóricamente que el comunismo tiene razón, sino toques de rebato de la revolución proletaria. La actividad de los comunistas en los parlamentos no ha de servir para discutir con el enemigo ni para convencerlo, sino para desenmascarar sin miramientos ni piedad a los agentes de la burguesía, para despertar la voluntad de lucha de las masas obreras y para atraer al proletariado a las capas populares semiproletarias y pequeñoburguesas. Nuestro trabajo de organización, tanto en los sindicatos como en las organizaciones del partido, no debe servir solo a la construcción mecánica, al aumento puramente numérico de nuestras filas; debe estar impregnado de la consciencia de las luchas venideras. Solo si el partido es, en todas sus manifestaciones de vida y en todas sus formas de organización, la voluntad de lucha encarnada, estará en condiciones de cumplir su tarea en los momentos en que se den las condiciones para acciones de lucha de mayor envergadura.

Allí donde el partido comunista representa una fuerza de masas, donde su influencia se extiende más allá del marco de su organización a masas obreras más amplias, tiene el deber de despertar con hechos a las masas obreras para la lucha. Los grandes partidos de masas no pueden contentarse con criticar los fallos de otros partidos y oponer a sus reivindicaciones las reivindicaciones comunistas. Sobre ellos, en cuanto partido de masas, recae por sí misma la responsabilidad del desarrollo de la revolución. Allí donde la situación de la masa obrera se hace cada vez más insoportable, los partidos comunistas tienen que intentarlo todo para llevar a las masas obreras a la lucha por sus intereses. Habida cuenta de que en Europa occidental y en América, donde las masas obreras están organizadas en sindicatos y en partidos políticos y donde, por tanto, hasta nueva orden solo en casos muy raros cabe contar con movimientos espontáneos, los partidos comunistas tienen el deber de intentar, poniendo en juego su influencia en los sindicatos y aumentando la presión sobre los demás partidos que se apoyan en las masas obreras, desencadenar en común la lucha por los intereses más inmediatos del proletariado; y si los partidos no comunistas se ven forzados a entrar en esa lucha, la tarea de los comunistas consiste en preparar de antemano a las masas obreras para la posibilidad de una traición de los partidos no comunistas en una fase posterior de la lucha, en agudizar e impulsar la situación todo lo posible para estar en condiciones de continuar la lucha, si llega el caso, por su cuenta (véase la Carta Abierta del VKPD,[^d3b-1] que puede servir de modelo como punto de partida para acciones). Si la presión del partido comunista en los sindicatos y en la prensa no basta para llevar al proletariado a la lucha en un frente unido, es deber del partido comunista intentar llevar a la lucha por su cuenta a grandes sectores de las masas obreras.

Esta política independiente de defensa de los intereses vitales del proletariado por su parte más activa y con mayor consciencia de clase tendrá éxito, llevará a despertar a las masas rezagadas, si los objetivos de la lucha nacen de las situaciones concretas, si son comprensibles para las grandes masas, si las grandes masas ven en esos objetivos también los suyos, aunque todavía no sean capaces de luchar por ellos.

Pero el partido comunista no debe limitarse a la *defensa* frente a los peligros que amenazan al proletariado, a la defensa frente a los golpes que caen sobre las masas obreras. El partido comunista es, en el periodo de la revolución mundial, por su esencia, el partido del ataque, del asalto a la sociedad capitalista; está obligado a ampliar toda lucha defensiva, en cuanto crezca en profundidad y en extensión, hasta convertirla en un *ataque contra la sociedad capitalista.* Tiene también el deber de hacerlo todo para conducir directamente a las masas obreras a ese ataque allí donde se den las condiciones para ello. Quien se opone por principio a la política de ofensiva contra la sociedad capitalista infringe los principios del comunismo.

Estas *condiciones* consisten, en primer lugar, en la *agudización de las luchas en el propio campo de la burguesía, en el marco nacional e internacional.* Cuando las luchas en el campo de la burguesía han alcanzado una amplitud que abre la perspectiva de que la clase obrera tendrá que habérselas con fuerzas del adversario divididas y separadas, el partido debe *tomar la iniciativa* para conducir a las masas a la lucha tras una preparación cuidadosa, política y, a ser posible, organizativa. La segunda condición para los avances ofensivos, para los ataques en un frente amplio, la constituye una *gran efervescencia en las categorías decisivas de la clase obrera,* que abra la perspectiva de que la clase obrera estará dispuesta a luchar en un frente general contra el gobierno capitalista. Así como es necesario elevar las consignas de lucha cuando el movimiento crece en extensión, es igualmente deber de la dirección comunista de la lucha, si el movimiento toma un curso regresivo, sacar de la lucha a las masas combatientes de la manera más ordenada y compacta posible.

Que el partido comunista luche a la defensiva o a la ofensiva depende de las *circunstancias concretas.* Lo más importante es que esté animado por el espíritu de disposición para la lucha y que supere mediante la lucha la pasividad centrista, que lleva necesariamente incluso la propaganda del partido a las aguas semirreformistas. Este espíritu de constante disposición para la lucha debe ser el distintivo de los partidos comunistas de masas, no solo porque sobre ellos, en cuanto *partidos de masas, recae el deber de la lucha,* sino también en vista de *toda la situación actual,* que representa una descomposición del capitalismo y una creciente depauperación de las masas. Se trata de *acortar el periodo de descomposición,* si no se quiere que en él queden destruidas todas las bases materiales del comunismo y se desgaste la energía de las masas obreras.

### 7. Las lecciones de la Acción de Marzo

La Acción de Marzo fue una lucha impuesta al VKPD por el ataque del gobierno contra el proletariado de Alemania central.[^d3b-2]

En esta primera gran lucha que tuvo que librar después de su fundación, el VKPD cometió una serie de errores, el más importante de los cuales consistió en no subrayar con claridad el carácter defensivo de la lucha, sino que, con el llamamiento a la ofensiva, dio pie a los enemigos sin escrúpulos del proletariado —la burguesía, el SPD y el USPD— para denunciar ante el proletariado al VKPD como instigador de golpes de mano. Este error fue agravado por varios camaradas del partido al presentar la ofensiva como el método principal de lucha del VKPD en la situación actual. Contra este error se pronunciaron órganos oficiales del partido, como su presidente, el camarada Brandler.[^d3b-3] El III Congreso de la Internacional Comunista considera la Acción de Marzo del VKPD un paso adelante. La Acción de Marzo fue una lucha heroica de cientos de miles de proletarios contra la burguesía. Y al ponerse valientemente a la cabeza para defender a los obreros de Alemania central, el VKPD ha demostrado que es el partido del proletariado revolucionario de Alemania. El Congreso opina que el VKPD estará en condiciones de llevar a cabo sus acciones de masas con tanto mayor éxito cuanto mejor adapte en el futuro sus consignas de lucha a las situaciones reales, cuanto más cuidadosamente estudie esas situaciones y cuanto más unitariamente lleve a cabo las acciones.

En interés de una cuidadosa ponderación de las posibilidades de lucha, el VKPD debe tener en cuenta atentamente los hechos y las consideraciones que señalan dificultades de las acciones, y examinar con cuidado si están justificados. Pero en cuanto las instancias del partido deciden una acción, todos los camaradas tienen que someterse a las decisiones del partido y llevar a cabo esas acciones. La crítica de las acciones solo puede empezar una vez terminadas, solo puede ejercerse en las organizaciones y en los órganos del partido y debe tener en cuenta la situación en que se encuentra el partido frente al adversario de clase. Como Levi ha despreciado estas exigencias evidentes de la disciplina de partido y las condiciones de la crítica en el partido, el Congreso aprueba su expulsión del partido y considera inadmisible toda colaboración política de los miembros de la Internacional Comunista con él.[^d3b-4]

### 8. Formas y medios de la lucha directa

Las formas y los medios de la lucha, su amplitud, están ligados, igual que la cuestión de la ofensiva o la defensiva, a condiciones determinadas que no pueden crearse a voluntad. Las experiencias de la revolución hasta ahora muestran diversas formas de acciones parciales.

1. Acciones parciales de capas aisladas de la clase obrera (la acción de los mineros, de los ferroviarios, etc., en Alemania e Inglaterra, la de los obreros agrícolas, etc.).

2. Acciones parciales del conjunto de la clase obrera por objetivos limitados (la acción de los días de Kapp,[^d3b-5] la acción de los mineros ingleses contra la intervención militar del gobierno inglés en la guerra ruso-polaca).

La extensión territorial de estas luchas parciales abarca distritos aislados, países enteros o varios países a la vez.

Todas estas formas de lucha se sucederán muchas veces unas a otras en el curso de la revolución en cada país. Naturalmente, el partido comunista no puede renunciar tampoco a *acciones parciales territorialmente limitadas,* pero su empeño debe dirigirse a convertir toda lucha local de cierta importancia del proletariado en una lucha general. Así como está obligado a movilizar, si es posible, a toda la clase obrera para defender a los obreros en lucha de una rama industrial, está obligado a poner en pie, si es posible, a los obreros de los demás centros industriales para defender a los obreros que luchan en una localidad. La experiencia de la revolución muestra que cuanto mayor es el terreno de la lucha, mayores son las perspectivas de victoria. En su lucha contra la revolución mundial en desarrollo, la burguesía se apoya, de un lado, en las organizaciones de guardias blancos y, de otro, en el hecho de la atomización de la clase obrera, en el hecho de que el frente proletario se forma muy lentamente. Cuanto mayores son las masas del proletariado que entran en la lucha, cuanto mayor es el terreno de la lucha, tanto más tiene que repartir y dispersar el enemigo sus fuerzas. Aun cuando las demás partes de la clase obrera que acuden en auxilio de una parte acosada del proletariado no sean capaces de momento de apoyarla empeñando todas sus fuerzas, su mera movilización obliga a los capitalistas a dividir sus fuerzas militares, porque no pueden saber hasta dónde se extenderá y se agudizará la participación de la otra parte del proletariado en la lucha.

En el curso del año pasado, en el que vemos la ofensiva cada vez más desvergonzada del capital contra el trabajo, observamos en todos los países que la burguesía, no contentándose con el funcionamiento normal de sus órganos estatales, crea organizaciones de guardias blancos, legales y semilegales pero amparadas por el Estado, que desempeñan un papel decisivo en todo gran choque económico.

En Alemania es la Orgesch,[^d3b-6] apoyada por el gobierno, que agrupa a partidos de todos los matices, desde Stinnes hasta Scheidemann.[^d3b-7]

En Italia son los fascistas, cuyas hazañas de bandoleros provocaron un brusco cambio en el estado de ánimo de la burguesía y crearon la apariencia de un cambio completo en la correlación de fuerzas políticas.

En Inglaterra, el gobierno de Lloyd George —ante la amenaza de huelga— recurrió a los voluntarios,[^d3b-8] cuya tarea es proteger la propiedad, la «libertad de trabajo», unas veces sustituyendo a los huelguistas y otras destruyendo sus organizaciones.

En Francia, el periódico oficioso que marca la pauta, *Le Temps,* inspirado al parecer por la camarilla de Millerand,[^d3b-9] hace una enérgica propaganda en favor del desarrollo de las «ligas cívicas» ya existentes y de la implantación de los métodos del fascismo en suelo francés.

Las organizaciones de esquiroles y asesinos que han completado desde siempre el régimen de la libertad americana han recibido ahora un órgano dirigente en la Legión Americana,[^d3b-10] reclutada entre la escoria de la guerra.

La burguesía, que presume de su fuerza y se jacta de su firmeza, sabe perfectamente, en la persona de sus gobiernos dirigentes, que solo ha conseguido un respiro y que, en las circunstancias actuales, toda huelga gigantesca tiende a convertirse en una guerra civil y en una lucha directa por el poder.

En la lucha del proletariado contra la ofensiva del capital, el deber de los comunistas no es solo ocupar los primeros puestos y elevar a los combatientes hasta la comprensión de las tareas revolucionarias fundamentales, sino que están obligados también a crear, apoyándose en los elementos mejores y más activos de las empresas y de los sindicatos, sus propios destacamentos obreros y organizaciones de defensa que hagan frente a los fascistas y quiten a la *jeunesse dorée* de la burguesía las ganas de acosar a los huelguistas.

Dada la importancia extraordinaria de las tropas de choque contrarrevolucionarias, el Partido Comunista debe dedicar, sobre todo a través de sus células en los sindicatos, una atención extraordinaria a esta cuestión, organizar un servicio a fondo de información y de enlace, mantener bajo observación constante los órganos de combate y las fuerzas de los guardias blancos, sus estados mayores, sus depósitos de armas, las conexiones de esos estados mayores con la policía, con la prensa y con los partidos políticos, y elaborar de antemano todos los detalles necesarios de la defensa y del contraataque.

El Partido Comunista debe inculcar a las capas más amplias del proletariado, de palabra y de obra, la comprensión de que todo conflicto económico o político puede, si se combinan las circunstancias adecuadas, desarrollarse en una guerra civil en cuyo curso pasa a ser tarea del proletariado conquistar el poder del Estado.

Frente a los actos del terror blanco y a los furores de la ignominiosa justicia blanca, el Partido Comunista tiene que mantener vivo en el proletariado el pensamiento de que, en el momento de la insurrección, no debe dejarse engañar por los llamamientos del adversario a su clemencia, sino que ha de dar expresión a la justicia proletaria mediante actos de justicia popular organizada y ajustar cuentas con los verdugos del proletariado. Pero en los momentos en que el proletariado está todavía movilizándose, en que se trata todavía de movilizarlo mediante la agitación, las campañas políticas y las huelgas, el uso de las armas y los actos de sabotaje solo tienen sentido si sirven para impedir los transportes de tropas contra masas proletarias en lucha o para arrebatar al adversario posiciones importantes en la lucha directa. Los actos terroristas individuales, por mucho que deban considerarse síntomas reveladores de la indignación revolucionaria y por mucho que deban defenderse contra la justicia de linchamiento de la burguesía y de sus lacayos socialdemócratas, no sirven en modo alguno para elevar la organización y la disposición para la lucha del proletariado, porque despiertan en las masas la ilusión de que las hazañas de individuos aislados podrían sustituir la lucha revolucionaria del proletariado.

### 9. La relación con las capas medias proletarias

En Europa occidental no hay ninguna otra gran clase que, junto al proletariado, pueda convertirse en factor decisivo de la revolución mundial, como ocurrió en Rusia, donde el campesinado, por la guerra y el hambre de tierra, se convirtió desde el principio en factor de lucha revolucionario decisivo junto a la clase obrera. Pero también en Europa occidental *partes del campesinado, grandes partes de la pequeña burguesía urbana,* la amplia *capa de la llamada nueva clase media,* los empleados, etc., se ven sometidos a condiciones de vida cada vez más insoportables. Bajo la presión de la carestía, de la escasez de vivienda y de la inseguridad de su situación, estas masas son presa de una efervescencia que las saca de su inactividad política y las arrastra a la lucha entre la revolución y la contrarrevolución. La bancarrota del imperialismo en los países vencidos y la bancarrota del pacifismo y de las aspiraciones socialreformistas en los países vencedores empujan a una parte de estas capas medias en parte al campo de la contrarrevolución abierta y en parte al campo de la revolución. El partido comunista está obligado a dedicar a estas capas una atención ininterrumpida. Ganar al pequeño campesinado para las ideas del comunismo es, junto con ganar y organizar a los obreros agrícolas, una de las condiciones previas más importantes de la victoria de la dictadura proletaria, porque permite llevar la revolución de los centros industriales al campo y le crea los puntos de apoyo más importantes para resolver la cuestión de los víveres, que es una cuestión vital de la revolución. La conquista de cualesquiera círculos amplios de los empleados de comercio y técnicos, de los funcionarios inferiores y medios y de los intelectuales facilitaría a la dictadura proletaria, en el periodo de transición del capitalismo al comunismo, el dominio de las cuestiones técnicas y organizativas de la administración económica y estatal. Llevaría la descomposición a las filas del enemigo y rompería el aislamiento del proletariado ante la opinión pública. Los partidos comunistas han de prestar la máxima atención a la efervescencia de las capas pequeñoburguesas y aprovecharla de manera adecuada, aunque no estén libres de ilusiones pequeñoburguesas. Han de incorporar al frente proletario a los sectores de los intelectuales y de los empleados que se hayan liberado de esas ilusiones y aprovecharlos para atraer a las masas pequeñoburguesas en efervescencia.

La descomposición económica y la consiguiente ruina de las finanzas del Estado obligan a la propia burguesía a abandonar a una depauperación creciente la base de su propio aparato estatal, el funcionariado inferior y medio. Los movimientos económicos de estas capas afectan directamente a la estructura del Estado burgués, y aunque se los apacigüe una y otra vez temporalmente, al Estado burgués le resultará a la larga tan imposible conservar esta base organizativa suya como al capital asegurarse la existencia física del trabajo asalariado manteniendo a la vez su sistema de explotación. Al hacerse cargo con toda energía, y sin tener en cuenta el estado de las finanzas públicas, de las necesidades económicas del funcionariado inferior y medio, los partidos comunistas hacen un trabajo preparatorio eficaz para la destrucción de las instituciones del Estado burgués y preparan elementos de la construcción del Estado proletario.

### 10. La coordinación internacional de la acción

Para hacer servir todas las fuerzas de la Internacional Comunista a la ruptura del frente de la contrarrevolución internacional y acelerar la victoria de la revolución, hay que aspirar con todas las fuerzas a una dirección internacional unitaria de la lucha revolucionaria.

La Internacional Comunista impone a todos los partidos comunistas el deber de prestarse mutuamente en la lucha el apoyo más enérgico. Las luchas económicas que se desarrollan exigen, siempre que sea posible, la intervención inmediata del proletariado de otros países. Los comunistas tienen que actuar en los sindicatos para que estos impidan por todos los medios no solo el envío de esquiroles, sino también las exportaciones a los países en los que una parte importante del proletariado está en lucha. En los casos en que el gobierno capitalista de un país recurra a medidas de fuerza contra otro país con el fin de saquearlo o sojuzgarlo, el deber de los partidos comunistas es no contentarse con protestas, sino hacerlo todo para impedir la campaña de rapiña de su gobierno. El III Congreso de la Internacional Comunista saluda las manifestaciones de los *comunistas franceses* como el comienzo de la intensificación de su acción contra el papel contrarrevolucionario de explotador del capital francés.[^d3b-11] Les recuerda el deber de trabajar con todas sus fuerzas para que los soldados franceses de los territorios ocupados aprendan a comprender su papel de esbirros del capital francés y se rebelen contra las tareas ignominiosas que se les asignan. Es tarea del Partido Comunista francés hacer tomar consciencia al pueblo francés de que, al tolerar la formación de un ejército francés de ocupación y que se le imbuya de espíritu nacionalista, está criando escorpiones contra sí mismo: en los territorios ocupados se adiestran tropas que estarán luego dispuestas a ahogar en sangre el movimiento revolucionario de la clase obrera francesa. La existencia de tropas negras en suelo francés y en los territorios ocupados plantea tareas particulares al Partido Comunista francés. Le da la posibilidad de acercarse a estos esclavos coloniales, hacerles ver que sirven a sus verdugos y explotadores, llamarlos a la lucha contra el régimen de los colonizadores y ponerse, a través de ellos, en contacto con los pueblos coloniales franceses.

El *Partido Comunista alemán* tiene que hacer comprender en su acción al proletariado alemán que una lucha contra la explotación por el capital[^d3b-12] de la Entente es imposible sin el derrocamiento del gobierno capitalista, que, pese a todos sus gritos contra la Entente, se convierte en capataz y contratista del capital de la Entente. Solo si el Partido Comunista de Alemania demuestra, con una lucha impetuosa y sin miramientos contra el gobierno alemán, que no busca una salida para el imperialismo alemán en bancarrota, sino que busca desembarazar el terreno de las ruinas del imperialismo alemán, será posible acrecentar en las masas proletarias de Francia la voluntad de lucha contra el imperialismo francés.

La Internacional Comunista, que denuncia ante el proletariado internacional la exigencia de indemnizaciones del capital de la Entente como una expedición de rapiña contra las masas trabajadoras de los países vencidos, y que fustiga como capitulación cobarde ante los tiburones de la Bolsa de la Entente la búsqueda, por los longuetistas[^d3b-13] y los independientes alemanes, de la forma de este saqueo que resultaría menos dolorosa para las masas obreras, muestra al proletariado francés y al alemán el único camino para la reconstrucción de las regiones devastadas y para la indemnización de las viudas y los huérfanos, llamando a los proletarios de ambos países a la lucha común contra sus explotadores.

La clase obrera alemana solo podrá ayudar a la rusa en su dura lucha si con su lucha victoriosa acelera la unión de la Rusia agrícola con la Alemania industrial. Es deber de los partidos comunistas de todos los países cuyas tropas participan en el sojuzgamiento y el despedazamiento de *Turquía* trabajar por todos los medios en la revolucionarización de esas tropas. Sobre los partidos comunistas de los *países balcánicos* recae el deber de poner en tensión todas las fuerzas de sus partidos de masas desarrollando la Federación Comunista Balcánica[^d3b-14] y, plantando cara al nacionalismo, no omitir nada para acelerar el momento de su victoria. La victoria de los partidos comunistas en Bulgaria y Yugoslavia, que traería consigo el hundimiento del ignominioso régimen de Horthy[^d3b-15] y facilitaría la liquidación de la casta de los boyardos rumanos, ensancharía la base agraria de la revolución en los países vecinos más desarrollados. *El apoyo sin reservas a la Rusia soviética* sigue siendo, como hasta ahora, el deber más destacado de los comunistas de todos los países. No solo tienen que volverse de la manera más enérgica contra todo ataque a la Rusia soviética, sino que tienen que luchar con toda energía por la eliminación de todos los obstáculos que los Estados capitalistas ponen al tráfico de la Rusia soviética con el mercado mundial y con todos los pueblos. Solo si la Rusia soviética logra restaurar su economía, aliviar la inmensa miseria causada por tres años de guerra imperialista y tres de guerra civil, solo si la Rusia soviética logra aumentar la capacidad de trabajo de sus masas populares, estará en condiciones de ayudar en el futuro con víveres y materias primas a los Estados proletarios victoriosos de Occidente y de protegerlos del estrangulamiento por el capital americano.

La tarea de política mundial de la Internacional Comunista no consiste solo en manifestaciones con motivo de acontecimientos particulares, sino en la *intensificación permanente de la unión internacional de los comunistas,* en su lucha común ininterrumpida en un frente cerrado. En qué parte de este frente logrará el proletariado abrir brecha —si en la Alemania capitalista, con su proletariado sometido a la presión más fuerte de la burguesía alemana y de la de la Entente y puesto ante la alternativa de morir o vencer, o en el sudeste agrario, o en Italia, donde la descomposición de la burguesía está tan avanzada— no puede decirse de antemano. Por eso es deber de la Internacional Comunista llevar al extremo los esfuerzos en todos los sectores del frente mundial del proletariado, y es deber de los partidos comunistas hacerlo todo para apoyar con todos los medios a su alcance las luchas decisivas de cada sección de la Internacional Comunista. Esto tiene que hacerse en primer lugar de modo que, al comenzar grandes enfrentamientos en un país, los partidos comunistas de los demás agudicen todos los conflictos internos y traten de llevarlos a su desenlace.

### 11. La decadencia de la II y de la II½ Internacional

El tercer año de existencia de la Internacional Comunista ha sido testigo de la *decadencia* política ulterior *de los partidos socialdemócratas y de la dirección sindical reformista,* de su desenmascaramiento y su descrédito. Pero ha sido al mismo tiempo un año de intentos de agruparse organizativamente y de pasar al ataque contra la Internacional Comunista. En *Inglaterra,* los jefes del Partido Laborista y de los sindicatos han demostrado durante la huelga de los mineros que su tarea no consiste en otra cosa que en destruir conscientemente el frente proletario en formación, en defender conscientemente a los capitalistas contra los obreros. El hundimiento de la Triple Alianza[^d3b-16] demuestra que los jefes sindicales reformistas no están dispuestos a luchar ni siquiera por mejorar la situación de los obreros dentro del capitalismo. En *Alemania,* el Partido Socialdemócrata, tras salir del gobierno, ha demostrado que es incapaz incluso de una oposición agitativa como la que hacía la vieja socialdemocracia antes de la guerra. En cada gesto de oposición su preocupación era no desencadenar ninguna lucha de la clase obrera. Aunque en el Reich se hallaba en una supuesta oposición, la socialdemocracia organizó en Prusia la expedición de las guardias blancas contra los mineros de Alemania central para provocarlos, según propia confesión, a la lucha armada antes de que las filas combatientes comunistas estuvieran en pie. Ante la capitulación de la burguesía alemana frente a la Entente, ante el hecho manifiesto de que la burguesía alemana solo puede cumplir las condiciones que le dicta la Entente haciendo completamente insoportables las condiciones de vida del proletariado alemán, la socialdemocracia alemana volvió a entrar en el gobierno para facilitar a la burguesía la transformación de los proletarios alemanes en ilotas. En *Checoslovaquia,* la socialdemocracia moviliza al ejército y a la policía para arrebatar a los obreros comunistas la posesión de sus casas e instituciones.[^d3b-17] El Partido Socialista *polaco* ayuda con su táctica embustera a Piłsudski a organizar su expedición de rapiña contra la Rusia soviética. Ayuda a su gobierno a meter en la cárcel a miles de comunistas, intentando expulsarlos de los sindicatos, donde, pese a todas las persecuciones, reúnen en torno a sí masas cada vez mayores. Los socialdemócratas *belgas* permanecen en el gobierno, que participa en la completa esclavización del pueblo alemán. No menos crudamente se muestran como partidos de la contrarrevolución los *partidos y grupos centristas de la Internacional II½.* Los independientes alemanes rechazan con brusquedad la invitación del Partido Comunista alemán a librar en común, pese a las discrepancias de principio, la lucha contra el empeoramiento de la situación de la clase obrera. Durante las luchas de marzo se pusieron resueltamente del lado del gobierno de guardias blancos contra los obreros de Alemania central para luego, después de haber ayudado a dar la victoria al terror blanco, después de haber denunciado ante la opinión pública burguesa a las primeras filas del proletariado como bandidos, saqueadores y lumpenproletarios, lamentarse hipócritamente del terror blanco. Aunque todavía en el congreso de Halle[^d3b-18] se comprometieron a apoyar a la Rusia soviética, llevan a cabo en su prensa una campaña calumniosa contra la república soviética rusa. Se ponen en una misma fila con toda la contrarrevolución rusa, con Wrangel, Miliukov y Burtsev,[^d3b-19] al apoyar la sublevación de Kronstadt contra la república soviética, una sublevación que representa el comienzo de una nueva táctica de la contrarrevolución internacional frente a la Rusia soviética: destruir, mediante el derrocamiento del Partido Comunista de Rusia, el alma, el corazón, el esqueleto y el sistema nervioso de la república soviética, para poder luego retirar fácilmente su cadáver. A esta campaña se suman, junto con los independientes alemanes, los *longuetistas franceses,* que con ello se unen abiertamente a la contrarrevolución francesa, la cual, como está probado, ha inaugurado esta nueva táctica frente a Rusia. En *Italia,* la política de los grupos del centro de Serrati y D'Aragona,[^d3b-20] la política de retroceder ante cualquier lucha, ha llenado de nuevo valor a la burguesía y le ha dado la posibilidad de dominar toda la vida de Italia por medio de las bandas blancas de los fascistas.

Aunque los partidos del centro y la socialdemocracia solo se distinguen por las frases, la unión de los dos grupos en *una* Internacional no se ha producido todavía. Más aún, en febrero los partidos centristas se unieron en una comunidad internacional particular, con una plataforma política y unos estatutos particulares.[^d3b-21] Esta *Internacional II½* intenta oscilar sobre el papel entre la consigna de la democracia y la de la dictadura proletaria. En la práctica no solo ayuda especialmente a la clase capitalista de cada país cultivando el espíritu de indecisión en la clase obrera, sino que, ante el aplastamiento por la burguesía mundial, ante el sojuzgamiento de una parte del mundo por los Estados capitalistas vencedores de la Entente, llega a someter a la burguesía planes sobre cómo debe llevar a cabo su plan de explotación sin desencadenar las fuerzas revolucionarias de las masas populares.[^d3b-22] La Internacional II½ solo se distingue de la II Internacional en que al miedo común al poder del capital, que une a los reformistas con los centristas, se suma el miedo a perder, si formula con claridad su punto de vista, el resto de su influencia sobre las masas, todavía confusas, sí, pero de sentimientos revolucionarios. La identidad política de fondo entre reformistas y centristas se expresa en su común *defensa de la Internacional sindical de Ámsterdam,*[^d3b-23] ese último baluarte de la burguesía mundial. Al unirse los centristas, allí donde tienen influencia sobre los sindicatos, con los reformistas y la burocracia sindical para luchar contra los comunistas, al responder a los intentos de revolucionar los sindicatos con la expulsión de los comunistas y con la escisión de los sindicatos, demuestran que son, igual que los socialdemócratas, enemigos decididos de la lucha proletaria y precursores de la contrarrevolución.

La *Internacional Comunista* tiene que librar, como hasta ahora, la lucha más decidida no solo contra la II Internacional y contra la Internacional sindical de Ámsterdam, *sino también contra la Internacional II½.* Solo mediante esta lucha implacable, que muestra día tras día a las masas que los socialdemócratas y los centristas no solo no están dispuestos a luchar por la superación del capitalismo, sino ni siquiera por las necesidades más sencillas y apremiantes de la clase obrera, podrá la Internacional Comunista arrancar a estos agentes de la burguesía su influencia sobre la clase obrera. Solo podrá llevar esta lucha victoriosamente a término *ahogando en germen toda tendencia y toda veleidad centrista en sus propias filas,* demostrando en su *práctica cotidiana* que es la Internacional de la *acción comunista* y no la de la frase y la teoría comunistas. La Internacional Comunista es la única organización del proletariado internacional capacitada por sus principios para dirigir su lucha contra el capitalismo. Se trata de elevar su cohesión interna, su dirección internacional y su acción hasta el punto de que cumpla en la realidad los fines que se fija en sus Estatutos: «organizar *acciones comunes* de los proletarios de los distintos países que persiguen *un único* fin: el derrocamiento del capitalismo, la instauración de la dictadura del proletariado y de una república internacional de los soviets».

## Resolución sobre la Acción de Marzo y sobre la situación en el VKPD

*Aprobada en la 21.ª sesión del III Congreso Mundial, el 9 de julio de 1921.*

El III Congreso Mundial constata con satisfacción que todas las resoluciones más importantes, y en particular la parte de la resolución táctica relativa a la tan discutida Acción de Marzo,[^d4-1] han sido aprobadas por unanimidad, y que los representantes de la oposición alemana se han situado en lo esencial, en su propia propuesta sobre la Acción de Marzo, en el terreno de la posición del Congreso.[^d4-2] El Congreso ve en ello una prueba de que un trabajo unitario y cohesionado dentro del VKPD sobre la base de las decisiones del III Congreso no solo es deseable, sino también realizable. El Congreso considera que toda nueva disgregación de las fuerzas dentro del VKPD, todo fraccionalismo —por no hablar de escisión— es el mayor peligro para el conjunto del movimiento.

El Congreso espera de la Central y de la mayoría del VKPD un trato tolerante hacia la antigua oposición, siempre que esta aplique lealmente las decisiones adoptadas por el III Congreso, y está convencido de que la Central hará todo lo posible por reunir todas las fuerzas del partido. El Congreso exige de la antigua oposición la disolución inmediata de toda organización fraccional, la subordinación plena y absoluta del grupo parlamentario a la Central del partido, la subordinación plena de la prensa a los organismos correspondientes del partido y el cese inmediato de toda colaboración política con los expulsados del partido y de la I. C. (en sus revistas, etc.).[^d4-3]

El Congreso encarga al Ejecutivo que siga atentamente el desarrollo ulterior del movimiento alemán y que, a la menor infracción de la disciplina, tome de inmediato las medidas más enérgicas.

## Declaración en favor de Max Hölz

### ¡Al proletariado alemán!

A los dos mil años de presidio y de cárcel que la burguesía alemana ha impuesto a los combatientes de marzo añade la condena a presidio perpetuo contra

*Max Hölz.*[^d5-1]

La Internacional Comunista es contraria al terror individual y a los actos de sabotaje que no sirven a fines de lucha directos en la guerra civil. Es contraria a una guerra de guerrillas llevada con independencia de la dirección política del proletariado revolucionario. Pero la Internacional Comunista ve en Max Hölz a un rebelde valeroso contra la sociedad capitalista, cuya disciplina se expresa en los presidios y cuyo orden se expresa en los furores de la bestia del orden. Sus actos no eran adecuados al fin. El terror blanco solo puede romperlo el levantamiento de la masa obrera, la única capaz de realizar la victoria del proletariado. Pero sus actos brotaban del amor al proletariado y del odio a la burguesía. Por eso el Congreso envía a Max Hölz un saludo fraternal, lo encomienda a la protección del proletariado alemán y expresa la esperanza de que el día en que los proletarios alemanes hagan saltar las puertas de su prisión luche en las filas del Partido Comunista de Alemania por la causa de la emancipación de los obreros alemanes.

25 de junio de 1921.

## Tesis sobre la Internacional Comunista y la Internacional Sindical Roja (Lucha contra la Internacional sindical amarilla de Ámsterdam)

*Aprobadas en la 24.ª sesión del III Congreso Mundial, el 12 de julio de 1921.*

### I.

La burguesía mantiene a la clase obrera en la esclavitud no solo con ayuda de la violencia desnuda, sino también mediante un engaño de lo más ingenioso. La escuela, la iglesia, el parlamento, el arte, la literatura, la prensa diaria: todo ello se convierte en manos de la burguesía en un poderoso medio para embaucar a las masas obreras y trasvasar las ideas de la burguesía al proletariado.

Entre las ideas burguesas que las clases dominantes han logrado inocular en las masas obreras figura también la idea de la neutralidad de los sindicatos, la idea del apoliticismo (de la ausencia de política), la idea del apartidismo.

En los últimos decenios de la historia moderna, y en particular tras el final de la guerra imperialista, los sindicatos se han convertido en toda Europa y América en las organizaciones más extensas del proletariado, que en algunos países abarcan prácticamente a toda la clase obrera. La burguesía tiene perfectamente claro que el futuro inmediato del sistema capitalista depende de la medida en que los sindicatos sean capaces de liberarse de las influencias burguesas. De ahí los esfuerzos convulsivos de toda la burguesía mundial y de sus auxiliares, los socialdemócratas, por mantener a toda costa a los sindicatos bajo el hechizo de las ideas burguesas y socialdemócratas.

La burguesía no puede exhortar abiertamente a los sindicatos obreros a que apoyen a los partidos burgueses. Por eso los exhorta a no apoyar a ningún partido, pero lo que en realidad quiere decir es que los sindicatos no deben apoyar al partido del comunismo.

La proclamación de la neutralidad o del apoliticismo de los sindicatos tiene ya un largo pasado. Durante decenios se inculcó esta idea burguesa a los sindicatos de Inglaterra, Alemania, América y otros países, tanto por boca de los representantes de los sindicatos clericales cristianos como de los dirigentes de los sindicatos burgueses Hirsch-Duncker,[^d6-1] de los dirigentes de las viejas y pacíficas *trade unions* inglesas, de los representantes de los llamados sindicatos libres alemanes y también de muchos representantes del sindicalismo. Legien, Gompers, Jouhaux y Sidney Webb[^d6-2] predicaron durante decenios a los sindicatos la «neutralidad». En realidad, sin embargo, los sindicatos nunca fueron neutrales ni podían serlo ni con la mejor voluntad. La neutralidad de los sindicatos no solo es perjudicial para la clase obrera, sino que además es irrealizable. En la lucha entre el trabajo y el capital ninguna organización de masas de los obreros puede permanecer neutral. Por consiguiente, tampoco los sindicatos pueden permanecer neutrales en su relación con los partidos burgueses y con el partido del proletariado. Los dirigentes de la burguesía lo tienen perfectamente claro. Pero, así como a la burguesía le es indispensable que las masas crean en la vida del más allá, le es necesario que crean también que los sindicatos pueden ser apolíticos y mantenerse neutrales frente al partido obrero de los comunistas. Para dominar y para exprimir la plusvalía de los obreros, la burguesía no solo necesita al cura, al policía, al general y al soplón, sino también a los burócratas sindicales, a los «dirigentes obreros» que predican a los sindicatos la neutralidad y la abstención de la lucha política.

La falsedad de la idea de la neutralidad se hizo cada vez más clara para los proletarios más avanzados de Europa y América ya antes de la guerra imperialista. A medida que se agudizaban los antagonismos de clase, esa falsedad se hacía aún más evidente. Cuando empezó la matanza imperialista, los viejos dirigentes sindicales se vieron obligados a dejar caer la máscara de la neutralidad y a ponerse abiertamente del lado de «su» burguesía.

Durante la guerra imperialista, aquellos socialdemócratas y sindicalistas que durante años habían predicado a los sindicatos la abstención de la política pusieron en realidad a los sindicatos al servicio de la más infame política sanguinaria de los partidos burgueses; los predicadores de ayer de la «neutralidad» sindical aparecieron de pronto en el papel de agentes declarados de determinados partidos políticos, pero no de partidos de la clase obrera, sino de la burguesía.

Terminada la guerra imperialista, esos mismos dirigentes socialdemócratas y sindicalistas de los sindicatos intentan colocarse de nuevo la máscara del apoliticismo y de la neutralidad de los sindicatos. Ahora que ha pasado la coacción de la guerra, estos agentes de la burguesía quieren adaptarse a las nuevas circunstancias y desviar de nuevo a los obreros del camino de la revolución hacia el único camino que conviene a la burguesía.

La economía y la política están siempre unidas por hilos indestructibles. Esa conexión es especialmente fuerte en épocas como la actual. No hay una sola cuestión importante de la vida política que no deba interesar no solo al partido obrero, sino también a los sindicatos proletarios; y a la inversa, no hay una sola cuestión económica importante que no deba interesar no solo a los sindicatos, sino también al partido obrero. Cuando en Francia el gobierno imperialista decreta la movilización de ciertas quintas para ocupar la cuenca del Ruhr y, en general, para estrangular a Alemania,[^d6-3] ¿puede un sindicato francés verdaderamente proletario declarar que esa cuestión puramente política no tiene por qué interesar a los sindicatos? ¿Puede un sindicato francés verdaderamente revolucionario declararse neutral o apolítico en esta cuestión? O, a la inversa, cuando en Inglaterra está en marcha un movimiento tan puramente económico como la actual huelga de los mineros del carbón,[^d6-4] ¿puede el Partido Comunista decir que esa cuestión no le atañe y que corresponde exclusivamente al ámbito de acción de los sindicatos? En un momento en que está a la orden del día la lucha contra la miseria y la mendicidad de muchos millones de parados, en que hay que plantear en la práctica la requisa de las viviendas de la burguesía para aliviar la penuria de vivienda del proletariado, en que masas cada vez más amplias de obreros se ven obligadas por la propia vida práctica a ocuparse de la cuestión del armamento del proletariado, en que los obreros, ya en un país, ya en otro, organizan la ocupación de fábricas e instalaciones industriales, en un momento así, afirmar que los sindicatos no deben inmiscuirse en la lucha política y que deben ser neutrales frente a todos los partidos significa en la práctica pasarse al servicio de la burguesía.

Pese a toda la riqueza de la nomenclatura de los partidos políticos en Europa y América, estos partidos se dividen en lo esencial en tres grupos: 1. partidos de la burguesía; 2. partidos de la pequeña burguesía (principalmente los socialdemócratas), y 3. el partido del proletariado. Los sindicatos que se declaran apolíticos y neutrales frente a los tres grupos de partidos mencionados apoyan en realidad a los partidos de la pequeña burguesía y de la burguesía.

### II.

La Federación Sindical Internacional de Ámsterdam es la organización en la que se encontraron y se dieron la mano la II Internacional y la Internacional II½.[^d6-5] Toda la burguesía internacional mira con confianza y seguridad a esta organización. La idea central de la Federación Sindical Internacional de Ámsterdam es la idea de la neutralidad de los sindicatos. No es casual que la burguesía y sus servidores, los socialdemócratas y los sindicalistas de derecha, quieran emprender con esta consigna la agrupación de amplias masas de obreros de Europa occidental y de América. Mientras que la II Internacional política, que se pasó abiertamente a la burguesía, se hundió por completo, la Federación Sindical Internacional de Ámsterdam, que pretende cubrirse de nuevo con la idea de la neutralidad, conserva todavía cierto éxito. Bajo la bandera de la neutralidad, la Federación Sindical Internacional de Ámsterdam asume los encargos más pesados y sucios de la burguesía: el estrangulamiento de la huelga de los mineros del carbón en Inglaterra (tarea que cumplió el conocido J. H. Thomas,[^d6-6] que es a la vez presidente de la II Internacional y uno de los dirigentes más conocidos de la Federación amarilla de Ámsterdam), la rebaja de los salarios y el saqueo organizado de los obreros alemanes por los pecados de la burguesía imperialista alemana.

Leipart y Graßmann, Wissell y Bauer, Robert Schmidt y J. H. Thomas, Albert Thomas y Jouhaux, Daszyński y Żuławski[^d6-7] se han repartido todos ellos los papeles: unos, que antes eran dirigentes sindicales, están ahora al servicio de los gobiernos burgueses como ministros, comisarios u otros cómplices; los otros, que son con ellos uña y carne, están al frente de la Internacional sindical de Ámsterdam y predican a los obreros sindicados la neutralidad en la lucha política.

La Federación Sindical Internacional de Ámsterdam es hoy el principal puntal del capital internacional. Quien no haya comprendido plenamente la necesidad de luchar contra la falsa idea del apoliticismo y de la neutralidad de los sindicatos no podrá combatir con éxito este bastión capitalista. Para elaborar métodos de lucha adecuados contra la Internacional amarilla de Ámsterdam es necesario ante todo fijar de forma nítida y clara las relaciones mutuas entre el partido y los sindicatos de cada país.

### III.

El Partido Comunista es la vanguardia del proletariado, aquella avanzada que ha reconocido plenamente los caminos y medios para liberar al proletariado del yugo capitalista y que, por eso, ha adoptado conscientemente el programa comunista.

Los sindicatos son más bien una organización de masas del proletariado, que se desarrolla en el sentido de una organización que abarque a todos los obreros de la rama de producción correspondiente, y que comprende no solo a los comunistas conscientes, sino también a las capas intermedias e incluso a las más atrasadas del proletariado, que solo gradualmente, por las lecciones de la vida, van haciendo suyo el comunismo. El papel de los sindicatos en el periodo que precede a las luchas del proletariado por la conquista del poder, en el periodo de las luchas por el poder y en el periodo posterior a la toma del poder es diferente en muchos aspectos; pero tanto antes de la conquista del poder como durante ella y después de ella, los sindicatos son una organización más amplia, que se extiende a masas mayores, más general que el partido, y deben desempeñar en cierta medida, respecto al partido, el papel de la periferia respecto al centro. Antes de la conquista del poder, los sindicatos verdaderamente proletarios y revolucionarios organizan a los obreros sobre una base principalmente económica para conquistar las mejoras que son posibles antes del derrocamiento completo del capitalismo; pero su atención principal la dirigen a la organización de la lucha proletaria de masas contra el capitalismo y por la revolución proletaria. Durante la insurrección proletaria, los sindicatos verdaderamente revolucionarios organizan, junto con el partido, a las masas para el asalto inmediato a las fortalezas del capital y asumen el trabajo fundamental en la organización de la revolución socialista. Tras la conquista y consolidación del poder proletario, el trabajo de los sindicatos se traslada principalmente al terreno de la organización económica, y los sindicatos dedican sus fuerzas casi por entero a organizar la economía sobre bases socialistas, con lo que se convierten verdaderamente en la escuela práctica del comunismo. A lo largo de estas tres fases de la lucha, los sindicatos deben apoyar a la vanguardia proletaria, al Partido Comunista, que dirige la lucha del proletariado en todas sus etapas. Para alcanzar este objetivo, los comunistas y los elementos que simpatizan con los comunistas deben organizar en el seno de los sindicatos sus células comunistas, completamente subordinadas al partido comunista en su conjunto.

La táctica de formar células comunistas en cada sindicato, formulada por el II Congreso Mundial de la Internacional Comunista, ha dado decididamente buena prueba de sí a lo largo del año pasado y ha dado resultados importantes en Alemania, en Inglaterra, en Francia, en Italia y en otros países. El hecho de que, por ejemplo en Alemania, amplios sectores de obreros poco curtidos y políticamente sin experiencia suficiente, que ya no esperan ninguna ventaja inmediata de su participación en los sindicatos libres, hayan abandonado últimamente los sindicatos libres socialdemócratas no debe modificar en modo alguno la posición de principio de la Internacional Comunista respecto a la participación de los comunistas en el movimiento sindical. La tarea de los comunistas es explicar a los proletarios que la salvación no está en abandonar los viejos sindicatos y quedarse sin organización, sino en revolucionar los sindicatos, expulsar de ellos el espíritu del reformismo y a los dirigentes reformistas traidores, y convertir así los sindicatos en un verdadero apoyo del proletariado revolucionario.

### IV.

La tarea principal de todos los comunistas en la próxima época consiste en trabajar con constancia, energía y tenacidad para ganar a la mayoría de los obreros en todos los sindicatos, en no dejarse desanimar en modo alguno por los actuales estados de ánimo reaccionarios en los sindicatos y en tratar, por el contrario, mediante la más activa participación en todas las luchas cotidianas, de ganar pese a toda resistencia los sindicatos para el comunismo.

La mejor medida de la fuerza de todo partido comunista es la influencia real que ejerce sobre las masas obreras en los sindicatos. *El partido debe saber ejercer su influencia decisiva sobre los sindicatos sin querer tutelarlos mezquinamente.* Al partido solo le está subordinada la célula comunista correspondiente en el sindicato, no el sindicato como tal. Solo mediante el trabajo constante, abnegado e inteligente de las células comunistas en los sindicatos puede y debe el partido alcanzar una situación en la que los sindicatos en su conjunto sigan con gusto y de buena gana los consejos del partido.

En Francia se está produciendo actualmente en los sindicatos un saludable proceso de fermentación. La clase obrera se recupera por fin de la crisis del movimiento obrero y aprende ahora a fustigar la traición de que se han hecho culpables los socialistas y sindicalistas reformistas.

Los sindicalistas revolucionarios de Francia están todavía en parte llenos de prejuicios contra la lucha política, contra la idea del partido político proletario. Rinden culto a la idea del neutralismo tal como se expresó en la conocida Carta de Amiens de 1906.[^d6-8] La actitud desamparada y equivocada de esta parte de los sindicalistas revolucionarios encierra los mayores peligros para el movimiento. Si esa corriente llegara a ganar la mayoría, no sabría qué hacer con ella y quedaría así desamparada frente a los agentes del capital, los Jouhaux y Dumoulin.[^d6-9]

Los sindicalistas revolucionarios de Francia carecerán de una línea firme mientras el propio Partido Comunista no tenga tampoco esa línea. El Partido Comunista de Francia debe trabajar por una cooperación amistosa con los mejores elementos del sindicalismo revolucionario. Pero el partido debe apoyarse ante todo y solamente en sus propios miembros, y debe formar una célula allí donde haya aunque solo sean tres comunistas. El partido debe abrir inmediatamente una campaña de esclarecimiento contra el neutralismo. Debe señalar del modo más amistoso, pero también del más resuelto, lo que hay de erróneo en la posición del sindicalismo revolucionario. Solo por este camino se podrá revolucionar el movimiento sindical en Francia y establecer la estrecha cooperación entre el partido y el movimiento sindical.

En Italia la situación es peculiar: aquí la masa de los afiliados a los sindicatos tiene un ánimo revolucionario, pero la dirección de la Confederazione del Lavoro[^d6-10] está en manos de reformistas y centristas declarados, que tienen el corazón en Ámsterdam. La primera tarea de los comunistas italianos consiste en organizar en los sindicatos una lucha cotidiana tenaz y perseverante, de abajo arriba, y en trabajar sistemáticamente y con paciencia para desenmascarar el carácter traidor e indeciso de esa dirección y arrebatarle todos los sindicatos.

Frente a los elementos sindicalistas revolucionarios de Italia, los comunistas italianos tienen en general las mismas tareas que los comunistas de Francia.

En España tenemos un movimiento sindical fuerte y revolucionario, pero todavía no del todo consciente de sus fines, y a la vez un Partido Comunista todavía joven y relativamente débil. En esta situación, el partido debe intentar todo lo posible para afianzarse en los sindicatos, debe ayudar a los sindicatos con su consejo y con hechos, debe ejercer una labor de esclarecimiento en el movimiento sindical, entablar con él relaciones amistosas y organizar en común toda la lucha.

En Inglaterra se están produciendo en el movimiento sindical procesos de desarrollo de la mayor importancia.

El movimiento sindical se revoluciona rápidamente. El movimiento de masas se desarrolla. La bancarrota de los viejos dirigentes sindicales avanza deprisa. El partido debe poner en tensión todas sus fuerzas para afianzarse en esos grandes sindicatos (mineros del carbón, etc.). Cada miembro del partido debe militar en un sindicato y ganar influencia para el comunismo mediante un trabajo activo, perseverante y orgánico. No debe omitirse nada para vincularse más estrechamente con las masas.

En América se está produciendo, algo más despacio, la misma evolución. Los comunistas no deben en modo alguno abandonar sin más las filas de la reaccionaria Federation of Labour.[^d6-11] Al contrario, deben penetrar por todos los medios en los viejos sindicatos para revolucionarlos. Es necesaria una cooperación con la mejor parte de los I. W. W.,[^d6-12] que no debe excluir, sin embargo, una lucha de esclarecimiento contra los prejuicios de los I. W. W.

En el Japón se está desarrollando espontáneamente un gran movimiento sindical, que todavía carece de una dirección clara. La tarea principal de los elementos comunistas en el Japón consiste en apoyar este movimiento e influir en él en sentido marxista.

En Checoslovaquia nuestro partido tiene detrás a la mayoría de la clase obrera, pero el movimiento sindical sigue en gran parte en manos de los socialpatriotas y centristas y, además, está dividido por nacionalidades. Es el resultado de la deficiente organización y de la falta de claridad de los afiliados sindicales de ánimo revolucionario. El partido debe hacer todo lo posible para poner fin a este estado de cosas y ganar todo el movimiento sindical para la dirección comunista. Para ello es indispensable formar células y una central sindical comunista común a todas las nacionalidades. Hay que trabajar enérgicamente por la unificación de las distintas federaciones divididas por nacionalidades.

En Austria y en Bélgica los socialpatriotas han sabido hacerse con el movimiento sindical de forma firme y astuta. El terreno principal de la lucha en estos países es el movimiento sindical. Por eso los comunistas deben dedicar a esta tarea su atención principal.

En Noruega, el partido, que tiene detrás a la mayoría de los obreros, debe hacerse con más firmeza con el movimiento sindical y apartar de la dirección a los elementos centristas.

En Suecia el partido tiene que luchar no solo contra el reformismo, sino también contra la corriente pequeñoburguesa dentro del socialismo, y para ello debe emplear toda su energía.

En Alemania el partido va por el mejor camino para ganar poco a poco los sindicatos. En ningún caso deben hacerse concesiones a los partidarios de la consigna «¡Fuera de los sindicatos!». Eso significaría apoyar a los socialpatriotas. Contra los intentos de expulsar a los comunistas: lucha tenaz y perseverante y empeño de todas las fuerzas para conquistar la mayoría en los sindicatos.

### V.

Estas consideraciones determinan las relaciones mutuas que deben establecerse entre la Internacional Comunista, por una parte, y la Internacional Sindical Roja, por otra.

La Internacional Comunista tiene la tarea de dirigir no solo la lucha política del proletariado en el sentido estricto de la palabra, sino toda su lucha de emancipación, sean cuales sean las formas que adopte. La Internacional Comunista no puede ser la mera suma aritmética de las centrales de los partidos comunistas de los distintos países. La Internacional Comunista debe inspirar y coordinar el trabajo en la lucha de todas las organizaciones proletarias, tanto las puramente políticas como las sindicales, las cooperativas, las soviéticas y las culturales.

El Consejo Sindical Internacional,[^d6-13] a diferencia de la Internacional amarilla, no puede situarse en modo alguno en el terreno del apoliticismo o de la neutralidad. Una organización que pretendiera mantenerse neutral frente a la II, la II½ y la III Internacional se convertiría inevitablemente en un peón en manos de la burguesía. El programa de acción de la Internacional Sindical Roja, que se expone más adelante y que la Internacional Comunista presentará al I Congreso de los sindicatos rojos, solo será defendido en realidad por los partidos comunistas, solo por la Internacional Comunista. Ya solo por esta razón, para revolucionar eficazmente los movimientos sindicales de cada país y para llevar a cabo leal y resueltamente las nuevas tareas revolucionarias de los sindicatos, los sindicatos rojos se verán obligados a trabajar mano a mano y en estrecho contacto con el Partido Comunista del país correspondiente, y a poner a la Internacional Sindical Roja, en cada uno de sus pasos, en concordancia con el trabajo de la Internacional Comunista.

Los prejuicios de la neutralidad, de la «independencia», del apoliticismo y del apartidismo, que aquejan también a ciertos sindicalistas revolucionarios honrados de Francia, España, Italia y otros países, no son objetivamente otra cosa que un tributo pagado a las ideas burguesas. Los sindicatos rojos no pueden vencer al Ámsterdam amarillo, ni por tanto al capitalismo, sin renunciar de una vez por todas a la idea burguesa de la independencia y de la neutralidad. Desde el punto de vista del ahorro de fuerzas y de la mejor concentración de los golpes, la situación ideal sería la creación de una Internacional única que agrupara en sus filas tanto a los partidos políticos como a las demás formas de organización obrera. Sin duda alguna, el futuro pertenece a este tipo de organización. Pero en el actual periodo de transición, con la actual diversidad y abigarramiento de los sindicatos en los distintos países, es indispensable crear una agrupación internacional independiente de los sindicatos rojos, que se sitúe en lo esencial en el terreno de la plataforma de la Internacional Comunista, pero que admita a sus miembros con mayor libertad de lo que ocurre en la Internacional Comunista.

A la Internacional Sindical Roja que ha de organizarse sobre esta base le promete el III Congreso de la Internacional Comunista su apoyo; para una vinculación más estrecha entre la Internacional Comunista y la Internacional Sindical Roja, el III Congreso de la Internacional Comunista propone que la Internacional Comunista esté representada por tres miembros en el Ejecutivo de la Internacional Sindical Roja, y viceversa.

El programa de acción de los sindicatos rojos es, en opinión de la Internacional Comunista, aproximadamente el siguiente:

### Programa de acción

1. La aguda crisis económica que se extiende por todo el mundo, la caída catastrófica de los precios al por mayor, la sobreproducción en medio de una escasez real de mercancías, la política agresiva de la burguesía contra la clase obrera, los tenaces intentos de rebajar los salarios y los intentos de hacer retroceder a los obreros decenios en su desarrollo, la amargura creciente de las masas que de todo ello resulta, por un lado, y la impotencia de los sindicatos con sus viejos métodos, por otro, ponen a los sindicatos revolucionarios de todos los países ante tareas nuevas. Son necesarios nuevos métodos de lucha económica, nacidos de la descomposición del capitalismo; es necesaria una política económica agresiva por parte de los sindicatos para rechazar el ataque del capital y, tras consolidar las viejas posiciones, pasar ellos mismos al ataque.

2. La base de la táctica sindical la constituye la acción directa de las masas revolucionarias y de sus organizaciones contra el capital. Todas las conquistas de los obreros están en relación directa con la acción directa y con la presión revolucionaria de las masas. Por acción directa hay que entender todas las formas de presión inmediata de los obreros sobre los patronos y sobre el Estado, a saber: boicot, huelgas, acciones en la calle, manifestaciones, toma de posesión de las empresas, oposición violenta a la salida de artículos de las empresas, insurrección armada y otras acciones revolucionarias apropiadas para unir a la clase obrera en la lucha por el socialismo. La tarea de los sindicatos revolucionarios consiste, por tanto, en hacer de la acción directa un instrumento de educación y de preparación de las masas obreras para la lucha por la revolución social y la dictadura del proletariado.

3. Los últimos años de lucha han mostrado con especial claridad toda la debilidad de las organizaciones sindicales. La pertenencia de los obreros de una misma empresa a varios sindicatos los debilita en la lucha. El punto de partida de una lucha sin merma de fuerzas debe ser el paso de la estructura puramente sindical por oficios a la organización de los sindicatos por ramas de producción. «En una empresa, una federación» debe ser la consigna en el terreno de la estructura organizativa. La fusión de los sindicatos afines en una federación debe hacerse por la vía revolucionaria, sometiendo esta cuestión directamente a los afiliados de la federación en las fábricas y empresas, y luego a las conferencias de distrito y regionales y a los congresos nacionales.

4. Cada fábrica y cada empresa deben convertirse en un baluarte, en una fortaleza de la revolución.

La vieja forma de las relaciones entre los simples afiliados de la federación (tesorero, presidente, hombres de confianza y otros) debe sustituirse por los comités de fábrica. Los comités de fábrica deben ser elegidos por todos los obreros de la empresa correspondiente, independientemente de la convicción política a la que pertenezcan. La tarea de los partidarios de la Internacional Sindical Roja consiste en atraer a todos los obreros de la empresa a las elecciones del órgano que los representa. Todos los intentos de limitar las elecciones de los comités de fábrica y de empresa exclusivamente a asambleas de correligionarios, de imponer una sola tendencia de partido y de excluir de las elecciones a la amplia masa de los sin partido deben condenarse de la forma más categórica. Eso sería una célula, pero no un comité de fábrica y de empresa. La parte revolucionaria de los obreros debe ejercer su influencia sobre la asamblea general y sobre el comité de fábrica y de empresa elegido por ella por medio de sus células, de sus comités de acción y, en último término, de cada uno de sus miembros.

5. La primera reivindicación que debe plantearse a los comités de fábrica y de empresa es el sostenimiento de los obreros despedidos por falta de trabajo a costa de la empresa. No debe admitirse en ninguna circunstancia que los obreros sean puestos en la calle sin que la empresa tenga que soportar consecuencia alguna. El patrono debe ser obligado a pagar el salario íntegro del parado. Sobre esta plataforma hay que organizar no a los parados, sino principalmente a los obreros de las distintas empresas, explicándoles que el problema del paro no puede resolverse en el marco del orden capitalista y que el mejor remedio contra el paro es la revolución social y la dictadura del proletariado.

6. El cierre de las empresas y la reducción del número de días de trabajo constituyen actualmente uno de los instrumentos más importantes en manos de la burguesía, con cuya ayuda obliga a los obreros a aceptar la rebaja de los salarios, la prolongación de la jornada de trabajo y la supresión del contrato colectivo. El cierre patronal adopta formas cada vez más claras de «acción directa» de los patronos unidos contra las masas obreras organizadas. Por eso hay que librar la lucha contra el cierre de las empresas y los obreros deben exigir la investigación de las causas que conducen al cierre de una fábrica. Para ello deben formarse comisiones de control especiales, a las que corresponda el control de las materias primas, del combustible y de los pedidos, que además hagan una revisión de las existencias reales de materias primas necesarias para la producción y controlen las reservas monetarias depositadas en los bancos. Las comisiones de control elegidas a tal efecto deben examinar con el mayor cuidado las relaciones financieras entre la empresa en cuestión y otras empresas, planteando a los obreros, como una de las tareas prácticas más inmediatas, la abolición del secreto comercial.

7. Uno de los medios de lucha contra un cierre masivo de las empresas que persiga la rebaja de los salarios y el empeoramiento de las condiciones de trabajo es la toma de posesión de la fábrica o de la empresa por los obreros y la continuación de la producción contra la voluntad del patrono. Dada la escasez de mercancías reinante, la continuación de la producción es necesaria, y por eso los obreros no deben permitir un cierre deliberado de las fábricas y talleres. Según las condiciones locales, las condiciones de producción, la situación política y la tensión de la lucha social, la toma de posesión puede y debe apoyarse también con otros métodos de presión sobre el capital. Al tomar posesión de la empresa, la administración debe quedar en manos del comité de fábrica o de empresa, así como de un representante de la federación elegido especialmente para ello.

8. La lucha económica se libra bajo la consigna del aumento de los salarios y de la mejora de las condiciones de trabajo respecto a las de antes de la guerra. Todos los intentos de devolver las condiciones de trabajo al nivel de antes de la guerra deben encontrar un rechazo resuelto y revolucionario. La guerra tuvo como consecuencia el agotamiento de la clase obrera; para contrarrestarlo, son condición indispensable unas condiciones de trabajo mejores. Las alusiones de los capitalistas a la competencia extranjera no deben tenerse en cuenta en ningún caso; los sindicatos revolucionarios deben considerar las cuestiones del salario y de la mejora de las condiciones de trabajo no desde el punto de vista de la competencia entre los elementos rapaces de las distintas naciones, sino desde el punto de vista de la conservación y protección de la fuerza de trabajo.

9. En caso de una táctica de presión sobre los salarios por parte de los capitalistas y de una crisis económica en el país, la tarea de los sindicatos revolucionarios consiste en impedir que los salarios se rebajen sucesivamente en las distintas ramas de producción, es decir, en no dejarse dividir en varios grupos. Desde el principio hay que atraer a la lucha a los obreros de las empresas de utilidad pública (mineros del carbón, ferroviarios, electricistas, obreros del gas, etc.), para que la lucha contra el ataque del capital abarque los centros nerviosos más importantes del organismo económico. Será necesario y conveniente emplear aquí todas las formas de resistencia, desde las huelgas parciales aisladas hasta la huelga general de cualquier rama de producción importante a escala nacional.

10. Los sindicatos deben proponerse como tarea práctica la preparación y organización de huelgas internacionales que abarquen una determinada rama de producción. La paralización de la extracción de carbón o la interrupción de los transportes a escala internacional son medios de lucha importantes contra las maquinaciones reaccionarias de la burguesía de todos los países.

Los sindicatos deben seguir atentamente la coyuntura mundial para elegir el momento adecuado para su ataque, sin perder de vista ni un instante que un ataque internacional, del tipo que sea, solo será posible si se forman auténticos sindicatos internacionales revolucionarios que no tengan nada en común con la Internacional amarilla de Ámsterdam.

11. La fe, difundida por los oportunistas de todos los países, en un valor absoluto de los contratos colectivos debe encontrar un rechazo tajante y resuelto por parte del movimiento revolucionario. El contrato colectivo no es más que un armisticio. Los patronos violan siempre el contrato colectivo en cuanto se les presenta la menor posibilidad. La actitud religiosa ante los contratos colectivos demuestra que los dirigentes de la clase obrera están profundamente imbuidos de la ideología de la burguesía. Los sindicatos revolucionarios no deben rechazar el contrato colectivo, pero sí reconocer su valor relativo y tener siempre presentes las cuestiones de los métodos para romper esos contratos cuando ello redunde en beneficio de la clase obrera.

12. La lucha de las organizaciones obreras contra el patrono individual y colectivo debe aprovecharse, teniendo en cuenta las condiciones nacionales y locales, para toda la experiencia de la lucha de emancipación de la clase obrera. Por eso toda huelga importante no solo debe estar bien preparada por los obreros, sino que, al mismo tiempo que estalla la huelga, deben formarse también cuadros especiales para la lucha contra los esquiroles y para la resistencia frente a las diversas provocaciones de las organizaciones de guardias blancos apoyadas por los gobiernos burgueses. Los fascistas de Italia, la Technische Nothilfe de Alemania,[^d6-14] las organizaciones de guardias blancos de Francia e Inglaterra formadas por antiguos oficiales y suboficiales: todas estas organizaciones se han propuesto desorganizar y aniquilar toda acción obrera, no solo sustituyendo a los huelguistas, sino también mediante la ruina material y el asesinato de los dirigentes del movimiento obrero. En estas condiciones, la organización de destacamentos especiales de huelga y de autodefensa se convierte en una cuestión vital.

13. Estas organizaciones de combate de nueva formación no solo deben defenderse de los ataques de los patronos y de las organizaciones de esquiroles, sino que deben tomar también la iniciativa de retener todos los bienes y mercancías destinados a la fábrica en cuestión e impedir la salida de los productos hacia otras fábricas y empresas. A este respecto debe corresponder un papel especialmente destacado a los obreros del transporte, que deben paralizar la entrada y salida de las mercancías, lo cual es realizable con el apoyo unánime de todos los obreros de la localidad.

14. Toda la lucha económica de la clase obrera en el futuro inmediato debe concentrarse en torno a la consigna del partido «Control obrero de la producción», y ese control debe hacerse realidad antes de que el gobierno y las clases dominantes hayan creado sucedáneos de control. Hay que emprender una lucha encarnizada contra todos los intentos de fundar comunidades de trabajo paritarias y comisiones de control paritarias por parte de las clases dominantes y de los reformistas, llevando a cabo con rigor el control de las empresas a fin de obtener resultados determinados. Los sindicatos revolucionarios deben alzarse con toda decisión contra el espejismo socialista y la granujería a que se han dedicado los dirigentes de los viejos sindicatos con ayuda de las clases dominantes. Toda la palabrería de estos señores sobre una socialización pacífica no persigue más objetivo que apartar a los obreros de la acción revolucionaria y de la revolución social.

15. Para desviar la atención de los obreros de sus tareas inmediatas y despertar en ellos tendencias pequeñoburguesas, se propaga la idea de la participación de los obreros en los beneficios, es decir, de la devolución de una parte insignificante de la plusvalía creada por ellos. Esta consigna de desmoralización de los obreros debe ser sometida a una crítica tajante e implacable. (No participación en los beneficios, sino «abolición del beneficio capitalista»: esa es la consigna de los sindicatos revolucionarios de clase).

16. Para paralizar o quebrar la fuerza combativa de la clase obrera, los Estados burgueses, con el pretexto de proteger industrias de importancia vital, han recurrido a la militarización temporal de algunas empresas o de ramas industriales enteras. Para evitar en lo posible supuestas conmociones económicas, han introducido en defensa del capital tribunales de arbitraje obligatorio o comisiones de conciliación. También en interés del capital, para descargar por completo sobre las espaldas de los trabajadores el peso de la guerra, se ha introducido la retención directa del impuesto sobre el salario, en la que el patrono hace de recaudador de impuestos. Contra estas medidas estatales, que solo sirven a la clase capitalista, los sindicatos deben emprender la lucha más encarnizada.

17. Al librar la lucha por la mejora de las condiciones de trabajo, por la elevación del nivel de vida y por la implantación del control obrero, hay que tener siempre presente que estos problemas no pueden resolverse en el terreno de las relaciones capitalistas; por eso los sindicatos revolucionarios deben arrancar paso a paso concesiones a las clases dominantes obligándolas a aplicar una legislación socialista, y dejar completamente claro a las masas obreras que la cuestión social solo puede resolverse mediante la destrucción del capitalismo y la implantación de la dictadura del proletariado. Desde este punto de vista, ninguna acción parcial de los obreros, ninguna huelga parcial, ningún conflicto por insignificante que sea debe pasar sin dejar huella. Los sindicatos revolucionarios deben generalizar estos conflictos y llevar a sus masas obreras hasta el reconocimiento de la necesidad y la inevitabilidad de la revolución social y de la dictadura del proletariado.

18. La lucha económica es al mismo tiempo una lucha política, es decir, una lucha de clases general. La lucha misma, por muy amplias que sean las capas obreras del país que abarque, solo podrá llevarse a cabo de forma verdaderamente revolucionaria y con el mayor provecho posible para la clase obrera en su conjunto si las federaciones sindicales revolucionarias marchan mano a mano, en la más estrecha comunidad de trabajo y en la más estrecha alianza con el Partido Comunista del país. La teoría y la práctica de dividir la lucha de clases de los obreros en dos partes independientes es extremadamente perjudicial en el momento revolucionario actual. Esta actuación exige una concentración máxima de fuerzas, que solo es concebible con el mayor esfuerzo de la energía revolucionaria de la clase obrera, es decir, de todos sus elementos comunistas y revolucionarios. Las acciones aisladas del Partido Comunista y de las federaciones rojas revolucionarias de clase están condenadas de antemano al fracaso y al aniquilamiento. Por eso la unidad de acción y la alianza orgánica del Partido Comunista con los sindicatos son las condiciones previas del éxito en la lucha contra el capitalismo.

## Resolución sobre el trabajo en el terreno de las cooperativas

*Aprobada en la 22.ª sesión del III Congreso Mundial, el 10 de julio de 1921.*

El III Congreso de la Internacional encarga al Ejecutivo crear una sección cooperativa, que, según las necesidades, prepare la convocatoria de reuniones, conferencias y congresos cooperativos internacionales con el fin de realizar a escala internacional las tareas expuestas en las tesis.

La sección debe proponerse además las siguientes tareas prácticas: a) procurar el refuerzo de la actividad de la cooperación de los trabajadores en la agricultura y en la industria, mediante la cooperativización de las pequeñas explotaciones semiproletarias y mediante la incorporación de los trabajadores a la dirección colectiva y a la mejora de su economía; b) librar la lucha por que se entregue a la cooperación, a escala nacional, toda la distribución de alimentos y artículos de consumo; c) hacer propaganda de los principios y métodos de la cooperación revolucionaria, así como orientar la actividad de la cooperación proletaria al apoyo material de la clase obrera en lucha, y d) fomentar el establecimiento de relaciones comerciales y financieras internacionales entre las cooperativas obreras y organizar su producción en común.

## Tesis sobre el trabajo de los comunistas en las cooperativas

*Aprobadas en la 22.ª sesión del III Congreso Mundial, el 10 de julio de 1921.*

I. En la época de la revolución proletaria se plantean dos problemas a las cooperativas proletarias: a) ayudar a las masas trabajadoras en su lucha por el poder político; b) allí donde el poder ya se ha conquistado, ayudarlas en la construcción de la sociedad socialista.

II. Las viejas cooperativas tomaron el camino del reformismo y procuraron esquivar la lucha revolucionaria. Encarnaban la idea de la «integración» lenta en el socialismo, sin la ayuda de la dictadura del proletariado.

Predican la neutralidad política de las cooperativas; pero bajo este escudo ocultan la subordinación de las cooperativas a los fines políticos de la burguesía imperialista.

Su internacionalismo se queda en palabras. En realidad convierten la solidaridad internacional de los obreros en el trabajo en común de las masas trabajadoras con la burguesía de su país.

Con toda esta política, las viejas cooperativas no fomentan la revolución, sino que la frenan; no la aceleran, sino que la estorban.

III. Las distintas formas y tipos de cooperativas tampoco pueden servir por igual a los fines revolucionarios del proletariado. Las cooperativas de consumo son las que mejor pueden adaptarse a esos fines. Pero también entre ellas hay muchas asociaciones compuestas de elementos burgueses. Tales cooperativas nunca se pondrán del lado del proletariado en las luchas revolucionarias. De ello solo es capaz la cooperativa obrera en la ciudad y en el campo.

IV. Las tareas de los comunistas en el movimiento cooperativo son las siguientes: 1. la propaganda de las ideas comunistas; 2. la transformación de las cooperativas en órganos de la lucha revolucionaria de clases, sin separar a las distintas cooperativas de su órgano central.

En todas las cooperativas es deber de los comunistas formar células, cuya tarea consiste en organizar en cada país una central de las cooperativas comunistas.

Estas células, así como la central, deben mantenerse en constante relación con el Partido Comunista y con sus representantes en las cooperativas. La central debe elaborar los fundamentos de la táctica de los comunistas en el movimiento cooperativo, y dirigir y organizar este movimiento.

V. Las tareas prácticas que se plantean en el momento actual a las cooperativas revolucionarias de Occidente se irán mostrando con más claridad en el curso del trabajo. Pero ya ahora pueden reconocerse claramente algunas de ellas:

a) la propaganda y agitación oral y escrita en favor de las ideas comunistas, la lucha por liberar a las cooperativas de la dirección y de la influencia de los conciliadores burgueses;

b) la vinculación de las cooperativas con el partido comunista y con las asociaciones sindicales revolucionarias. La participación directa e indirecta de las cooperativas en la lucha política, en las manifestaciones y en las campañas políticas del proletariado. El apoyo material al Partido Comunista y a sus órganos de prensa; el apoyo material a los huelguistas y a los obreros que sufren los cierres patronales, etc.;

c) la lucha contra la política imperialista de la burguesía y, en consecuencia, también contra la injerencia de la Entente en los asuntos de la Rusia soviética y de otros países;

d) el establecimiento de relaciones no solo ideológicas y organizativas, sino también comerciales, entre los obreros de las cooperativas de los distintos países;

e) la lucha por la pronta conclusión de diversos tratados comerciales y por el establecimiento de relaciones comerciales con la Rusia soviética y con las demás repúblicas soviéticas;

f) la participación más activa posible en el intercambio de mercancías con estas repúblicas;

g) la participación en la explotación de las riquezas naturales de los Estados soviéticos mediante las concesiones otorgadas a las cooperativas.[^d8-1]

Las tareas de las cooperativas solo alcanzarán su pleno desarrollo después de la revolución proletaria. Pero, apoyándose en las experiencias de la Rusia soviética, ya pueden reconocerse algunos rasgos característicos de este trabajo:

a) Las cooperativas de consumo tendrán que hacerse cargo de la distribución de los productos según el plan del gobierno proletario. Esto conducirá a un florecimiento nunca visto de las cooperativas;

b) las cooperativas deben convertirse en una organización que establezca la conexión entre las pequeñas explotaciones aisladas (de campesinos y artesanos) y los órganos económicos centrales del Estado proletario. Estos últimos dirigirán, con ayuda de las cooperativas, el trabajo de las pequeñas explotaciones aisladas según un plan único. Las cooperativas de consumo serán el órgano que reúna los alimentos y las materias primas de las pequeñas explotaciones y los transmita a los miembros de las asociaciones y al Estado;

c) además, las cooperativas de producción pueden reunir las pequeñas explotaciones en talleres y en empresas mayores, en las que sea posible emplear el trabajo con máquinas y los métodos de trabajo científico-técnicos. Esto dará a la pequeña economía una base técnica que haga posible la construcción de la organización socialista de la producción y conduzca a la destrucción de la psicología individualista del pequeño fabricante y al desarrollo de la psicología colectivista.

VII.[^d8-2] En vista del importante papel de las cooperativas revolucionarias en la época de la revolución proletaria, el III Congreso de la Internacional Comunista prescribe a los partidos, grupos y organizaciones comunistas que prosigan la enérgica propaganda de la idea de la cooperativa revolucionaria y la organización de células comunistas en las cooperativas, que conviertan las cooperativas en un órgano de la lucha de clases y que creen un frente único de las cooperativas con las asociaciones sindicales revolucionarias.

El Congreso confía al Ejecutivo de la Internacional Comunista la organización de una sección cooperativa que lleve a cabo todas las tareas enumeradas; además, esta sección debe convocar reuniones, conferencias y congresos para realizar a escala internacional las tareas cooperativas.

## Tesis sobre el informe acerca de la política del Partido Comunista de Rusia

*Aprobadas en la 17.ª sesión del III Congreso Mundial, el 5 de julio de 1921.*[^d9-1]

### I. La situación internacional de la RSFSR

La situación internacional de la RSFSR se caracteriza en el momento presente por un cierto equilibrio. Pese a toda su inestabilidad, de él ha resultado una coyuntura peculiar de la política mundial. Lo peculiar de esta política consiste en lo siguiente:

Por una parte, la burguesía internacional está llena de odio rabioso y de hostilidad contra la Rusia soviética y dispuesta en cualquier momento a caer sobre ella para estrangularla; por otra, todos los intentos de intervención militar, que le han costado a la burguesía cientos de millones de francos, han terminado en un fracaso completo, a pesar de que el poder soviético era entonces más débil que ahora, mientras que los grandes terratenientes y los capitalistas rusos disponían de ejércitos enteros en el territorio de la RSFSR. La oposición a las guerras contra la Rusia soviética ha crecido extraordinariamente en todos los países capitalistas; ha fortalecido el movimiento revolucionario del proletariado y ha ganado incluso a masas muy amplias de la democracia pequeñoburguesa. La contradicción entre los intereses de los distintos países imperialistas se ha agudizado y se agudiza cada día más. El movimiento revolucionario de los cientos de millones de los pueblos oprimidos de Oriente crece con una fuerza notable. A consecuencia de todas estas circunstancias, el imperialismo internacional no ha sido capaz de estrangular a la Rusia soviética, aunque en sí mismo es mucho más fuerte; e incluso se ha visto obligado a reconocerla por un tiempo total o parcialmente y a entablar relaciones comerciales con ella. Se ha llegado así a un equilibrio, sumamente precario e inestable, pero existente al fin y al cabo, en el que la república socialista puede existir —aunque no por mucho tiempo— en medio del cerco capitalista.

### II. La relación recíproca de las fuerzas de clase a escala internacional

En este estado de cosas, la relación de las fuerzas de clase a escala internacional se ha configurado del modo siguiente: la burguesía internacional, que no tiene la posibilidad de hacer la guerra abierta a la Rusia soviética, aguarda al acecho el momento en que las circunstancias le permitan reanudar esa guerra.

El proletariado de los países capitalistas desarrollados ha destacado ya en todas partes su vanguardia, los partidos comunistas, que se proponen conscientemente conquistar a la mayoría del proletariado en cada país y destruyen con ello la influencia de los viejos burócratas tradeunionistas y de la aristocracia de la clase obrera de Europa y América, corrompida por los privilegios imperialistas.

La democracia pequeñoburguesa de los países capitalistas, cuya parte más desarrollada la representan la II Internacional y la Internacional II½,[^d9-2] es hoy el principal sostén del capitalismo, por cuanto bajo su influencia se encuentra la mayoría o una parte considerable de los obreros y empleados de la industria y el comercio, que temen perder, en caso de revolución, su nivel de vida relativamente filisteo, fruto de los privilegios del imperialismo. Pero la creciente crisis económica empeora en todas partes la situación de las grandes masas, y esta circunstancia, al igual que la inevitabilidad, cada vez más clara, de nuevas guerras imperialistas si se mantiene el capitalismo, socava cada vez más ese sostén.

Las masas trabajadoras de los países coloniales y semicoloniales, que constituyen la inmensa mayoría de la población de la Tierra, han sido arrastradas a la vida política ya desde comienzos del siglo XX, y muy en especial por la revolución en Rusia, Turquía, Persia y China.[^d9-3] La guerra imperialista de 1914 a 1918 y el poder soviético en Rusia convierten definitivamente a esas masas en un factor activo de la política mundial y de la destrucción revolucionaria del imperialismo, aunque los muy cultos pequeñoburgueses de Europa y América, entre ellos también los jefes de las Internacionales II y II½, todavía no lo reconozcan. La India británica está a la cabeza de estos países, y la revolución madura allí con tanta mayor rapidez cuanto más importante es, por un lado, el proletariado industrial y ferroviario, y cuanto más brutal se vuelve, por otro, el terror de los ingleses, que recurren una y otra vez a las matanzas en masa (Amritsar)[^d9-4] y a los azotes en público.

### III. La relación recíproca de las fuerzas de clase a escala internacional[^d9-5]

La situación política interior de la Rusia soviética está determinada por el hecho de que aquí, por primera vez en la historia universal, durante toda una serie de años solo tenemos ante nosotros dos clases: el proletariado, educado durante decenios por una gran industria maquinizada muy joven, pero a pesar de todo muy moderna, y el pequeño campesinado, que constituye la inmensa mayoría de la población.

Los grandes terratenientes y los capitalistas no han desaparecido aún en Rusia, pero han sido sometidos a una expropiación completa, aplastados políticamente por completo como clase, y sus restos se reparten entre los empleados estatales del poder soviético. Han mantenido su organización de clase en el extranjero como emigración, probablemente con una fuerza numérica de un millón y medio a dos millones de personas. Disponen de más de medio centenar de diarios de todos los partidos burgueses y «socialistas», es decir, pequeñoburgueses, además de los restos del ejército e innumerables vínculos con la burguesía internacional. Esta emigración trabaja con todas sus fuerzas y medios por la destrucción del poder soviético y la restauración del capitalismo en Rusia.

### IV. El proletariado y el campesinado en Rusia

Dada esta situación interior de Rusia, la tarea principal del momento para el proletariado como clase dominante es determinar con exactitud y llevar a cabo aquellas medidas que son absolutamente necesarias para dirigir al campesinado, para establecer con él una alianza duradera y para realizar una larga serie de medidas graduales de transición hacia la gran explotación agrícola social y maquinizada. Esta tarea es especialmente difícil en Rusia, dado el atraso de nuestro país y también a consecuencia del extraordinario saqueo causado por siete años de guerra imperialista y guerra civil. Pero, aun prescindiendo de esta particularidad, se trata de una de las tareas más difíciles de la construcción socialista que aguardan a todos los países capitalistas —quizá con la excepción de Inglaterra—, y aun en el caso de Inglaterra no hay que olvidar que, si bien el número de pequeños arrendatarios agrícolas es muy reducido, en cambio el porcentaje de obreros agrícolas y empleados pequeñoburgueses es extraordinariamente alto, a consecuencia de la servidumbre efectiva de cientos de millones de personas en las colonias que «pertenecen» a Inglaterra. Por consiguiente, desde el punto de vista del desarrollo de la revolución proletaria mundial como proceso único, la importancia de la época que Rusia atraviesa ahora consiste en que ha de poner a prueba y verificar en la práctica la política del proletariado que tiene en sus manos el poder del Estado frente a la masa pequeñoburguesa.

### V. La alianza militar entre el proletariado y el campesinado en la RSFSR

Las bases de unas relaciones recíprocas acertadas entre el proletariado y el campesinado en Rusia se crearon en la época de 1917 a 1921, en la que la ofensiva de los capitalistas y grandes terratenientes, con el apoyo de toda la burguesía mundial y de todos los partidos demócratas pequeñoburgueses (eseristas, mencheviques),[^d9-6] creó, consolidó y dio forma firme a la alianza militar del proletariado y del campesinado en defensa del poder soviético. La guerra civil es la forma más aguda de la lucha de clases, y cuanto más aguda es la lucha de clases, tanto más rápida y evidentemente demuestra la experiencia misma, aun a las capas más atrasadas del campesinado, que solo la dictadura del proletariado puede salvar al campesinado, que los eseristas y los mencheviques no son en realidad más que los lacayos de los capitalistas y de los grandes terratenientes.

Pero si bien la alianza militar entre el proletariado y el campesinado fue —y así tenía que ser— la primera forma de una alianza duradera, no habría podido mantenerse sin una determinada alianza económica de ambas clases. El campesino recibió del Estado obrero toda la tierra y apoyo contra el gran terrateniente y el campesino rico; los obreros recibieron del campesino víveres, a modo de ayuda, hasta la restauración de la gran industria.

### VI. La transición a unas relaciones económicas recíprocas acertadas entre el proletariado y el campesinado

Desde el punto de vista socialista, la alianza de los pequeños campesinos y del proletariado solo puede ser acertada y duradera cuando el transporte y la gran industria, plenamente restablecidos, den al proletariado la posibilidad de entregar al campesino, a cambio de sus víveres, todos los productos que necesita para sí y para mejorar su explotación. Con la colosal devastación del país era del todo imposible conseguirlo de golpe. El sistema de requisas[^d9-7] fue para un Estado insuficientemente organizado la medida relativamente más soportable para sostenerse en la guerra, inauditamente dura, contra los grandes terratenientes. La mala cosecha y el hambre del año 1920 agravaron todavía más la ya penosa miseria de los campesinos e hicieron absolutamente necesario el paso inmediato al impuesto en especie. Un impuesto en especie moderado traerá de una vez una mejora considerable de la situación de los campesinos y al mismo tiempo los interesará en ampliar la siembra y en mejorar la explotación agrícola.

El impuesto en especie significa el paso de la requisa de todos los excedentes de grano del campesinado a un intercambio socialista regulado de mercancías entre la industria y la agricultura.

### VII. Significado y condiciones de la admisibilidad del capitalismo y de las concesiones por el poder soviético

El impuesto en especie significa, naturalmente, la libertad del campesino para disponer de los excedentes que le quedan después de pagar el impuesto. En la medida en que el Estado no esté en condiciones de dar al campesinado los productos de la fábrica socialista a cambio de todos esos excedentes, en esa medida la libertad de comercio con ellos significa necesariamente libertad de desarrollo del capitalismo.

Dentro de estos límites, esto no es en absoluto peligroso para el socialismo, siempre que el transporte y la gran industria permanezcan en manos del proletariado; al contrario, el desarrollo del capitalismo bajo el control y la regulación del Estado proletario (es decir, el «capitalismo de Estado» en *este* sentido de la palabra) es favorable y absolutamente necesario en un país de pequeños campesinos extraordinariamente saqueado y atrasado (claro está que solo hasta cierto grado), en la medida en que ese desarrollo sea capaz de acelerar un auge *inmediato* de la agricultura campesina. Esto vale todavía más para las concesiones. Sin la menor desnacionalización, el Estado obrero entrega determinadas minas, zonas forestales y yacimientos de petróleo a capitalistas extranjeros para obtener de ellos nuevo equipo y maquinaria que le permitan acelerar la restauración de la gran industria soviética. El pago a los concesionarios con productos de alto valor es sin duda un tributo del Estado obrero a la burguesía mundial; sin disimularlo en lo más mínimo, debemos comprender claramente que tenemos que pagar ese tributo para acelerar la restauración de nuestra gran industria y una mejora seria de la situación de nuestros campesinos y obreros.

### VIII. Los resultados de nuestra política de abastecimiento

La política de abastecimiento de la Rusia soviética de 1917 a 1921 fue sin duda muy primitiva e imperfecta y trajo consigo muchos abusos. Se cometieron toda una serie de errores. Pero, en conjunto, fue la única posible en las condiciones dadas y cumplió además su tarea histórica: salvó la dictadura proletaria en un país saqueado y atrasado. Es un hecho indiscutible que se ha ido perfeccionando poco a poco. En el primer año de nuestro pleno poder de gobierno, del 1 de agosto de 1918 al 1 de agosto de 1919, el Estado obtuvo 110 millones de puds,[^d9-8] en el segundo 220 y en el tercero 285. Ahora tenemos ya experiencia práctica. Estaremos en condiciones de reunir 400 millones de puds; el impuesto en especie asciende a 240 millones. Solo si posee efectivamente un fondo de víveres suficiente, el Estado obrero está en condiciones de sostenerse duraderamente sobre sus propios pies en el terreno económico, de asegurar una restauración, aunque lenta, consciente de la gran industria y de crear un sistema financiero ordenado.

### IX. Las bases materiales del socialismo y el plan de electrificación de Rusia

La única base material del socialismo solo puede ser la gran industria maquinizada, capaz de organizar también la agricultura. Pero no cabe limitarse a esta fórmula general; hay que determinarla de modo más preciso y concreto. La gran industria que corresponde a la técnica más moderna y es capaz de organizar la agricultura es la electrificación de todo el país. Teníamos que realizar el trabajo científico de elaboración del plan de esa electrificación de la RSFSR, y lo hemos realizado. Con la participación de más de 200 de los mejores sabios, ingenieros y especialistas agrícolas de Rusia, este trabajo se ha terminado, se ha impreso en un volumen colectivo y ha sido aprobado en sus grandes líneas por el VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia en diciembre de 1920.[^d9-9] Ya está organizada la convocatoria de un Congreso de electrotécnicos de toda Rusia, que se reunirá en agosto de 1921 para examinar de nuevo estos trabajos. Después recibirán la aprobación definitiva del Estado. Los trabajos de electrificación están calculados en principio para diez años y exigen unos 370 millones de jornadas de trabajo. Mientras que en 1918 teníamos ocho centrales eléctricas de nueva construcción, en 1919 teníamos ya 36 y en 1920 cien centrales. Por modesto que sea este comienzo para nuestro inmenso país, el comienzo está hecho, el trabajo ha avanzado y marcha cada vez mejor. El campesino ruso, después de la guerra imperialista, después de que millones de prisioneros conocieran en Alemania la técnica moderna de primer orden, después de la dura pero instructiva experiencia de tres años de guerra civil, ya no es el campesino que fue antes. Cada mes que pasa ve con más claridad y evidencia que solo la dirección del proletariado es capaz de liberar a la masa de los pequeños propietarios de tierra de la servidumbre y de acercarla al socialismo.

### X. El papel de la «democracia pura» de la II Internacional y de la Internacional II½, de los eseristas y de los mencheviques como aliados del capital

La dictadura del proletariado no significa el cese de la lucha de clases, sino su continuación en una forma nueva y con armas nuevas. Mientras subsistan las clases, mientras la burguesía derrocada en un país prosiga sus ataques contra el Estado soviético a escala internacional, la dictadura es necesaria. La clase de los pequeños propietarios de tierra tiene que pasar en la época de transición por una serie de vacilaciones. Las dificultades de la transición y la influencia de la burguesía producen de tiempo en tiempo vacilaciones inevitables en el estado de ánimo de estas masas. Sobre el proletariado, debilitado y hasta cierto punto desclasado por la destrucción de su base vital, la gran industria maquinizada, recae la tarea dificilísima e inmensa de mantenerse firme pese a esas vacilaciones y llevar a término la liberación del trabajo del yugo del capital. La expresión política de la descomposición de la pequeña burguesía es la política de los partidos pequeñoburgueses, es decir, de los partidos de la II Internacional y de la Internacional II½, y en Rusia de los socialistas revolucionarios y los mencheviques. Estos partidos, que tienen ahora sus estados mayores y sus periódicos en el extranjero, forman de hecho un bloque con toda la contrarrevolución burguesa y le prestan de hecho sus servicios. Los jefes inteligentes de la gran burguesía rusa, con Miliukov, jefe del Partido Kadete (demócratas constitucionalistas),[^d9-10] a la cabeza, han apreciado con total claridad, exactitud y franqueza este papel de la democracia pequeñoburguesa de los eseristas y los mencheviques. Con ocasión de la sublevación de Kronstadt,[^d9-11] en la que los mencheviques, los eseristas y los guardias blancos unieron sus fuerzas, Miliukov se declaró a favor de la consigna «Soviets sin bolcheviques». Desarrollando esta idea, escribió: «Honor y reconocimiento a los eseristas y a los mencheviques (*Pravda*, n.º 64 y 110 de 1921, que cita las *Últimas Noticias* de París);[^d9-12] pues a ellos les corresponde la tarea de arrebatar los primeros el poder a los bolcheviques». Miliukov, el jefe de la gran burguesía, extrae con toda razón la lección de todas las revoluciones, que han demostrado que la democracia pequeñoburguesa es incapaz de conservar el poder y que siempre es solo un escudo para la dictadura de la burguesía, solo un peldaño hacia el dominio completo de la burguesía. La revolución proletaria en Rusia confirma una vez más las experiencias de los años 1789 a 1794 y 1848 a 1849, confirma las palabras de Friedrich Engels, que en su carta a Bebel del 11 de diciembre de 1884 escribía:

«… La democracia pura puede adquirir momentáneamente importancia en el momento de la revolución… como última tabla de salvación de toda la economía burguesa, e incluso feudal… Así, toda la masa feudal-burocrática reforzó (de marzo a septiembre de 1848) a los liberales para contener a la masa revolucionaria… En cualquier caso, nuestro único adversario el día de la crisis y el día siguiente será *toda la reacción agrupada en torno a la democracia pura*, y esto, creo yo, no debe perderse de vista». (*Friedrich Engels Politisches Vermächtnis* [El testamento político de Friedrich Engels], n.º 12 de la Internationale Jugendbibliothek, Berlín, 1920, pág. 13.)

## Resolución sobre la táctica del Partido Comunista de Rusia

*Aprobada en la sesión del 5 de julio de 1921.*

Tras haber oído el informe del camarada Lenin sobre la táctica del PCR y haber tomado conocimiento de las tesis presentadas al respecto, el III Congreso Mundial de la IC declara:

El III Congreso Mundial de la IC contempla con admiración la lucha de casi cuatro años del proletariado ruso por la conquista y la conservación de su poder político. El congreso aprueba unánimemente la política del PCR, que desde el comienzo ha sabido reconocer en cada situación los peligros que amenazaban y, fiel a los principios del marxismo revolucionario, ha encontrado siempre los medios y los caminos para dominarlos; que también ahora, tras el fin provisional de la guerra civil abierta, mediante su política hacia el campesinado, en la cuestión de las concesiones y de la reconstrucción de la industria, concentra todas las fuerzas del proletariado dirigido por el PCR en mantener la dictadura del proletariado en Rusia hasta que el proletariado de Europa occidental acuda en ayuda de sus hermanos.

Al expresar su convicción de que solo gracias a esta política consecuente y consciente del PCR se mantiene la Rusia soviética como la primera y más importante ciudadela de la revolución mundial, el Congreso Mundial estigmatiza la conducta traidora de los partidos mencheviques, que en todos los países, con su campaña contra la Rusia soviética y la política del PCR, refuerzan la lucha de la reacción capitalista contra Rusia y tratan de retrasar la revolución social en el mundo entero.

El Congreso Mundial exhorta al proletariado de todos los países a ponerse unánimemente al lado de los obreros y campesinos rusos y a hacer realidad la jornada de Octubre en el mundo entero.

¡Viva la lucha por la dictadura del proletariado!

¡Viva la revolución social mundial!

## Directrices sobre la estructura organizativa de los partidos comunistas, los métodos y el contenido de su trabajo

*Aprobadas en la 24.ª sesión del III Congreso Mundial, el 12 de julio de 1921.*

### I. Generalidades.

1. La organización del partido debe adaptarse a las condiciones y a la finalidad de su actividad. El partido comunista debe ser la vanguardia, el destacamento dirigente del proletariado en todas las fases de su lucha de clases revolucionaria y del posterior periodo de transición hacia la realización del socialismo, esa primera fase de la sociedad comunista.

2. No puede haber una forma de organización absolutamente correcta e inmutable para los partidos comunistas. Las condiciones de la lucha de clases proletaria están sometidas a cambios en un proceso incesante de transformación, y en correspondencia con esos cambios también la organización de la vanguardia del proletariado debe buscar constantemente las formas adecuadas. Del mismo modo, la peculiaridad históricamente determinada de cada país condiciona formas particulares de adaptación en la organización de cada partido.

Pero esta diferenciación tiene límites determinados. La *igualdad* que, pese a todas las peculiaridades, existe en las condiciones de la lucha de clases proletaria en los distintos países y en las distintas fases de la revolución proletaria tiene una importancia fundamental para el movimiento comunista internacional. Ella da la base común para la organización de los partidos comunistas de todos los países.

Sobre esta base se trata de seguir desarrollando de manera adecuada la organización de los partidos comunistas, y no de aspirar a fundar nuevos partidos modelo en lugar de los ya existentes ni de buscar una forma de organización absolutamente correcta o unos estatutos ideales.

3. La mayoría de los partidos comunistas, y con ello la Internacional Comunista como partido de conjunto del proletariado revolucionario del mundo, tienen en común en sus condiciones de lucha que todavía han de combatir contra la burguesía dominante. La victoria sobre ella, la conquista del poder de manos de la burguesía, es para todos ellos, hasta nueva orden, el objetivo principal, decisivo, que marca la dirección.

En consecuencia, para todo el trabajo de organización de los partidos comunistas en los países capitalistas es absolutamente decisivo el punto de vista de construir una organización que haga posible y asegure la *victoria* de la revolución proletaria sobre las clases poseedoras.

4. La eficacia exige en toda acción común una *dirección*. Ante todo es necesaria para la mayor lucha de la historia universal. La organización del partido comunista es la organización de la dirección comunista en la revolución proletaria.

Para poder dirigir bien, el partido mismo necesita también una buena dirección. Nuestra tarea organizativa fundamental es, por tanto: la formación, organización y educación de un partido comunista que actúe bajo órganos dirigentes capaces, para que sea el dirigente capaz del movimiento revolucionario proletario.

5. La dirección de la lucha de clases revolucionaria presupone, en el partido comunista y en sus órganos dirigentes, la unión orgánica de la mayor fuerza de choque posible y de la mayor capacidad de adaptación a las condiciones cambiantes de la lucha.

La dirección eficaz presupone además, de manera absoluta, la más estrecha *ligazón con las masas proletarias.* Sin esa ligazón, la jefatura no *dirigirá* a las masas, sino que, en el mejor de los casos, irá a la zaga de ellas.

Estas ligazones orgánicas se buscan en la organización del partido comunista por medio del centralismo democrático.

### II. Sobre el centralismo democrático.

6. El centralismo democrático en la organización del partido comunista debe ser una verdadera *síntesis, una fusión* del centralismo y de la democracia proletaria. Esta fusión solo puede alcanzarse sobre la base de la *actividad* común constante, de la *lucha* común constante de toda la organización del partido.

La centralización en la organización del partido comunista no significa una centralización formal y mecánica, sino una *centralización de la actividad comunista,* es decir, la formación de una *dirección* fuerte, presta para el combate y, al mismo tiempo, capaz de adaptarse.

Una centralización formal o mecánica sería la centralización del «poder» en manos de una burocracia del partido para *dominar* a los demás miembros o a las masas del proletariado revolucionario que están fuera de él. Pero solo los enemigos del comunismo pueden afirmar que el partido comunista, por la función de dirigir las luchas de clases proletarias y por la centralización de esta dirección comunista, quiere dominar al proletariado revolucionario. Eso es una mentira. Tampoco es compatible con los principios del centralismo democrático, aceptados por la Internacional Comunista, que dentro del partido haya un antagonismo de poder o una lucha por el dominio.

En las organizaciones del viejo movimiento obrero, no revolucionario, se desarrolló un dualismo general de la misma índole que el que se había formado en la organización del Estado burgués: el dualismo entre burocracia y «pueblo». Bajo la influencia anquilosante del medio burgués se desarrollaron en ellas la alienación de los funcionarios, la sustitución de la comunidad viva de trabajo por una democracia meramente formal y la escisión de la organización en funcionarios activos y masas pasivas. También el movimiento obrero revolucionario hereda inevitablemente del medio burgués, hasta cierto grado, esta tendencia al formalismo y al dualismo.

El partido comunista debe superar a fondo estas oposiciones mediante un trabajo político y organizativo sistemático y perseverante y mediante *repetidas* mejoras y revisiones.

7. Al transformar un partido socialista de masas en un partido comunista, el partido no puede limitarse a concentrar atribuciones de poder en manos de su dirección central dejando por lo demás intacto su viejo orden. Si la centralización no ha de quedarse en el papel, sino llevarse realmente a cabo, debe aplicarse de tal manera que los miembros la sientan como un *refuerzo y un despliegue objetivamente fundados de su actividad y de su fuerza de combate comunes*. De lo contrario, aparece ante las masas como una burocratización del partido, que suscita entonces una oposición contra toda centralización, contra toda dirección, contra toda disciplina estricta. El anarquismo es el polo opuesto del burocratismo.

La democracia meramente formal en la organización no puede eliminar ni las tendencias del burocratismo ni las del anarquismo, pues precisamente sobre su base han encontrado estas su caldo de cultivo en el movimiento obrero. Por eso la centralización de la organización, es decir, la aspiración a una dirección fuerte, no puede tener éxito si se intenta alcanzarla únicamente sobre el terreno de la democracia formal. Para ello es necesario ante todo desarrollar y mantener ligazones y relaciones recíprocas vivas, tanto dentro del partido, entre los órganos dirigentes y los demás miembros, como entre el partido y las masas del proletariado que están fuera de él.

### III. Sobre el deber de trabajo de los comunistas.

8. El partido comunista debe ser una *escuela de trabajo del marxismo revolucionario.* Por medio del trabajo diario y común en las organizaciones del partido se traban las ligazones orgánicas entre sus distintas partes y entre los miembros individuales.

En los partidos comunistas legales falta todavía hoy la participación regular de la mayoría de los miembros en el trabajo diario del partido. Esa es la principal deficiencia de estos partidos, el terreno de una inseguridad permanente para su desarrollo.

9. Para un partido obrero existe siempre, en los primeros pasos de su reorganización comunista, el peligro de contentarse con adoptar un programa comunista, con que en su propaganda la doctrina comunista ocupe el lugar de la anterior y con sustituir únicamente a los funcionarios adversarios por otros de ideas comunistas. Pero la adopción de un programa comunista no es más que la manifestación de la voluntad de hacerse comunista. Si la actividad comunista no aparece y si en la organización del trabajo del partido se mantiene todavía la *pasividad* de la masa de los miembros, el partido no cumple ni siquiera lo mínimo de lo que prometió al proletariado al adoptar el programa comunista. Porque para la aplicación seria de ese programa *la primera condición es atraer a todos los miembros a una colaboración constante y cotidiana.*

El arte de la organización comunista consiste en aprovecharlo todo y a todos en la lucha de clases proletaria, en repartir de manera adecuada el trabajo del partido entre *todos* sus miembros y en arrastrar constantemente, por medio de los miembros, a masas todavía más amplias del proletariado al movimiento revolucionario, manteniendo a la vez firmemente en sus manos la dirección de todo el movimiento, no en virtud del poder, sino en virtud de la autoridad, es decir, en virtud de la energía, de la mayor experiencia, de la mayor versatilidad, de la mayor capacidad.

10. Así pues, un partido comunista, en su empeño por tener solo miembros realmente activos, debe exigir de *cada uno* de los que forman en sus filas que ponga a disposición de su partido su fuerza y su tiempo, en la medida en que pueda disponer de ellos en las circunstancias dadas, y que dé siempre lo mejor de sí en este servicio.

Para ser miembro del partido comunista se requiere naturalmente, por regla general —y presuponiendo la convicción comunista—, también una inscripción formal, eventualmente primero como candidato y luego como miembro, el pago regular de las cuotas fijadas, la suscripción al periódico del partido, etc. Pero lo más importante es la participación de *cada miembro* en el trabajo diario del partido.

11. Para el trabajo diario del partido, todo miembro debe estar encuadrado, por regla general, en un *grupo de trabajo más pequeño*: en un grupo, un comité, una comisión, una junta o un colegio, en una fracción o en una célula. Solo así puede repartirse, dirigirse y llevarse a cabo ordenadamente el trabajo del partido.

Ni que decir tiene que también es obligada la participación en las asambleas generales de miembros de las organizaciones locales; no es bueno querer sustituir estas asambleas periódicas, en condiciones de legalidad, por representaciones locales; antes bien, *todos* los miembros deberían estar *obligados* a asistir *regularmente* a ellas. Pero eso no basta en absoluto. Ya la preparación ordenada de estas asambleas presupone un trabajo en grupos más pequeños o el trabajo de camaradas encargados de ello, lo mismo que los preparativos para aprovechar eficazmente las asambleas obreras generales, las manifestaciones y las acciones de masas de los obreros. Las múltiples tareas de esta actividad solo pueden examinarse con cuidado y ejecutarse intensamente por grupos más pequeños. Sin este constante trabajo menudo de todos los miembros, repartidos entre la gran cantidad de pequeños grupos de trabajo, hasta los más celosos esfuerzos por participar en las luchas de clases del proletariado solo nos llevan a intentos vanos e impotentes de influir en ellas, y no a la necesaria reunión de todas las fuerzas vivas y revolucionarias del proletariado en un partido comunista unitario y capaz de acción.

12. Hay que formar *núcleos* comunistas para el trabajo diario en los distintos terrenos de la actividad del partido: para la agitación casa por casa, para los estudios del partido, para el servicio de prensa, para la distribución de literatura, para el servicio de información, para el servicio de enlace, etc.

Las *células* comunistas son núcleos para el trabajo comunista diario en las empresas y talleres, en los sindicatos, en las cooperativas proletarias, en las unidades militares, etc., en todas partes donde haya al menos algunos miembros o candidatos del partido comunista. Si hay varios miembros del partido en la misma empresa o en el mismo sindicato, etc., la célula se amplía hasta formar una fracción, cuyo trabajo dirige el núcleo.

Si conviene formar primero una fracción más amplia, de oposición general, o sumarse a una ya existente, los comunistas deben aspirar a dirigirla por medio de su propia célula.

Que una célula comunista deba darse a conocer como comunista ante su entorno, o incluso ante el público, depende en cada caso de la situación concreta, tras sopesar concienzudamente los peligros y las ventajas.

13. La implantación del deber general de trabajo en el partido y la organización de estos pequeños grupos de trabajo es una tarea difícil, sobre todo para los *partidos comunistas de masas*. No puede llevarse a cabo de la noche a la mañana, sino que exige *una perseverancia infatigable, una reflexión madura y mucha energía.*

Es especialmente importante que esta reorganización se realice desde el principio con cuidado y tras una consideración desde todos los ángulos. Sería cosa fácil repartir en cada organización a todos los miembros, según cualquier esquema formal, en pequeñas células y grupos, y exhortarlos luego sin más al trabajo general y diario del partido. Pero semejante comienzo sería peor que no empezar en absoluto: provocaría muy pronto descontento y aversión entre los miembros del partido hacia esta importante innovación.

Es recomendable que la dirección del partido, mediante deliberaciones a fondo con varios organizadores capaces que sean al mismo tiempo comunistas firmemente convencidos y entusiastas y que estén bien informados del estado del movimiento en los distintos centros de lucha del país, elabore primero un documento detallado que sirva de primera pauta para implantar esta innovación. Después, organizadores instruidos o comités de organización deben preparar sobre el terreno, de manera adecuada, el trabajo inmediato, elegir a los primeros responsables de los grupos y dar directamente los primeros pasos. A las organizaciones, a los grupos de trabajo, a las células y a cada uno de los miembros hay que plantearles entonces tareas enteramente concretas y bien determinadas, de modo que les parezcan sin más útiles, deseables y realizables. Donde sea necesario, hay que mostrarles también con ejemplos prácticos cómo deben llevarse a cabo las tareas. Al mismo tiempo hay que inculcarles de qué errores deben guardarse especialmente.

14. Esta reorganización ha de llevarse a cabo en la práctica paso a paso. Por eso, al principio no deben fundarse demasiadas células o grupos de trabajo nuevos en las organizaciones locales. Primero tiene que demostrarse, tras un breve periodo de práctica, que las células fundadas en las distintas empresas y sindicatos importantes funcionan como es debido y que también en los demás terrenos principales de la actividad del partido se han fundado los grupos de trabajo más necesarios y se han consolidado en cierta medida (por ejemplo, en el terreno del servicio de información, del servicio de enlace, de la agitación casa por casa, del movimiento de mujeres, de la distribución de publicaciones, del servicio de prensa, en el movimiento de parados, etc.). Mientras el nuevo aparato organizativo no haya empezado a funcionar con cierta soltura, no se debe destrozar a ciegas el viejo marco de la organización.

Pero esta tarea fundamental del trabajo organizativo comunista debe llevarse a cabo en todas partes con toda energía. Eso plantea grandes exigencias no solo a un partido legal, sino igualmente a todo partido ilegal. Hasta que no funcione una red ampliamente extendida de células, fracciones y grupos de trabajo comunistas en todos los puntos neurálgicos de la lucha de clases proletaria, hasta que cada miembro del partido fuerte y consciente de sus fines no participe en el trabajo revolucionario diario y esta participación no se haya convertido incluso en una costumbre natural, el partido no debe concederse descanso en sus esfuerzos por cumplir esta tarea.

15. Esta tarea organizativa fundamental obliga a los órganos dirigentes del partido a una dirección directa, continua e inagotable, y a una influencia sistemática sobre el trabajo del partido. Ello exige los más variados esfuerzos de aquellos camaradas que actúan en la dirección de las organizaciones del partido. La dirección comunista del trabajo no solo ha de vigilar que los camaradas, hombres y mujeres, estén ocupados; tiene que ayudarles, tiene que dirigir su trabajo con método y con conocimiento de causa, informándose con exactitud de las condiciones particulares de trabajo y procurando descubrir también los errores cometidos en la propia actividad, mejorar siempre los métodos de trabajo a partir de la experiencia adquirida y no perder nunca de vista el objetivo de la lucha.

16. Todo nuestro trabajo de partido es lucha práctica o teórica, o preparación de esa lucha. La *especialización de este trabajo* ha sido hasta ahora, por lo general, muy deficiente. Hay terrenos de trabajo enteros e importantes en los que el partido solo ha hecho algo por casualidad; así, por ejemplo, los partidos legales en la lucha específica contra la policía política. La *instrucción* de los camaradas del partido se hace por regla general solo de manera casual y de pasada, y además de forma tan superficial que la mayor parte de las decisiones de principio más importantes del propio partido, e incluso el programa del partido y las resoluciones de la Internacional Comunista, siguen siendo desconocidos para amplias capas de sus miembros. El trabajo de instrucción tiene que ordenarse sistemáticamente y realizarse sin descanso a través de todo el sistema de organizaciones del partido, en todos sus grupos de trabajo, para alcanzar también así un grado cada vez mayor de especialización.

17. Al deber de trabajo en la organización comunista pertenece necesariamente también el deber de *rendir informes.* Este deber incumbe tanto a todas las organizaciones y órganos del partido como a cada uno de sus miembros. El informe general debe rendirse regularmente, por periodos cortos. Hay que informar en particular del cumplimiento de los encargos especiales del partido. Es importante aplicar el deber de informar de manera tan sistemática que arraigue como la mejor tradición del movimiento comunista.

18. El partido rinde sus informes trimestrales regulares a la dirección de la Internacional Comunista. Cada organización parcial del partido tiene que rendir sus informes al comité dirigente inmediatamente superior (por ejemplo, informes mensuales de las organizaciones locales al comité del partido correspondiente).

Cada célula, fracción y grupo de trabajo debe informar al órgano del partido bajo cuya dirección efectiva se encuentre. El miembro individual debe informar (por ejemplo, semanalmente) a la célula o al grupo de trabajo (o a su responsable) al que pertenezca, y, sobre el cumplimiento de encargos especiales, al órgano del partido del que haya recibido el encargo.

El informe debe darse siempre a la *primera* ocasión. Se da de palabra, salvo que el partido o quien haya hecho el encargo haya pedido un informe por escrito. Los informes deben ser breves y objetivos. Quien recibe el informe es responsable de que las comunicaciones que no puedan hacerse públicas sin perjuicio se guarden bien, así como de que los informes importantes se transmitan *sin demora* al órgano dirigente del partido que corresponda.

19. Naturalmente, todos estos informes del partido no deben limitarse a lo que ha hecho quien informa. Tienen que contener también noticias sobre aquellas circunstancias observadas durante la actividad que tengan importancia para nuestra lucha, y en especial sobre las comprobaciones que puedan dar motivo a cambiar o mejorar nuestra actividad futura. También deben presentarse en ellos las propuestas de mejora cuya necesidad se haya sentido durante la actividad.

En todas las células, fracciones y grupos de trabajo comunistas deben *discutirse*, por regla general, los *informes* que se les rinden y los que ellos han de rendir. Estas discusiones deben convertirse en costumbre.

En las células y grupos de trabajo hay que procurar también que determinados miembros del partido o grupos de miembros tengan regularmente el encargo especial de observar las organizaciones enemigas e informar sobre ellas, en particular sobre las organizaciones obreras pequeñoburguesas y, sobre todo, sobre las organizaciones de los partidos «socialistas».

### IV. Sobre la propaganda y la agitación.

20. Nuestra tarea más general en el periodo anterior al levantamiento revolucionario abierto es la propaganda y la agitación revolucionarias. Esta actividad y su organización se llevan todavía a menudo, en gran parte, a la vieja manera formal: con intervenciones ocasionales de fuera, en mítines de masas, y sin preocuparse especialmente del contenido revolucionario concreto de los discursos y escritos.

La propaganda y la agitación comunistas deben arraigar ante todo en el seno más íntimo de los proletarios. Tienen que brotar de la vida concreta de los obreros, de sus intereses y aspiraciones comunes y, sobre todo, de sus luchas comunes.

*El contenido revolucionador es lo más importante* en la propaganda de los comunistas. Desde este punto de vista, las consignas y las tomas de posición ante las cuestiones concretas en las distintas situaciones requieren siempre una consideración atenta. Para tomar posición correctamente, no solo los propagandistas y agitadores profesionales, sino también todos los demás miembros del partido, deben recibir instrucción continua y detallada.

21. Las formas principales de la propaganda y la agitación comunistas son: la persuasión oral y personal; la participación en las luchas del movimiento obrero sindical y político; la acción por medio de la prensa y de la literatura del partido. En toda esta actividad debe participar regularmente, de una u otra manera, cada miembro, tanto de un partido ilegal como de uno legal.

La propaganda oral y personal debe llevarse a cabo en primer lugar como una *agitación casa por casa* sistemáticamente organizada, a cargo de los grupos de trabajo creados para ello. Ninguna casa del radio de influencia de la organización local del partido debe quedar fuera de esta agitación. En las ciudades grandes puede dar también buenos resultados una *agitación callejera* especialmente organizada, apoyada con carteles y octavillas. Además, en los lugares de trabajo las células o fracciones deben organizar una agitación personal regular, unida a la distribución de publicaciones.

En los países cuya población comprende minorías nacionales, el partido tiene el deber de prestar la atención necesaria a la agitación y la propaganda entre las capas proletarias de esas minorías. Esta agitación y propaganda debe hacerse, naturalmente, en la lengua de las minorías nacionales de que se trate; para ello hay que crear los órganos de partido adecuados.

22. En la propaganda comunista en aquellos países capitalistas donde la gran mayoría del proletariado no tiene todavía ninguna inclinación revolucionaria consciente, hay que buscar sin descanso métodos de trabajo mejores para salir constantemente al encuentro de la comprensión del obrero aún no revolucionario en su incipiente revolucionarización y abrirle la entrada en el movimiento revolucionario. La propaganda comunista, con sus consignas, debe apoyar en las distintas situaciones las tendencias revolucionarias germinales, inconscientes, incompletas, vacilantes y semiburguesas que hay en su cabeza, en la lucha interior contra las tradiciones y los reclamos burgueses.

Pero la propaganda comunista no puede conformarse con las reivindicaciones o esperanzas actuales, limitadas y confusas, de las masas proletarias. Los gérmenes revolucionarios de estas reivindicaciones y esperanzas no constituyen más que el punto de partida necesario de nuestra influencia, porque solo por medio de estos puntos de enlace se puede acercar a los proletarios, con comprensión, al comunismo.

23. La agitación comunista entre las masas proletarias debe llevarse de tal manera que los proletarios en lucha reconozcan en nuestra organización comunista al dirigente valiente, lúcido, enérgico y fiel hasta el final de su propio movimiento común.

Para conseguirlo, los comunistas deben *participar en todas las luchas y movimientos elementales de la clase obrera* y *dirigir* la causa de los obreros en todos los conflictos entre ellos y los capitalistas por la jornada, el salario, las condiciones de trabajo, etc. Para ello los comunistas tienen que ocuparse intensamente de las cuestiones concretas de la vida obrera, ayudar a los obreros a desenredar estas cuestiones, llamar su atención sobre los abusos más importantes, ayudarles a formular con exactitud y de manera práctica sus reivindicaciones ante los capitalistas, procurar desarrollar en los obreros la consciencia de la solidaridad, despertar la consciencia de sus intereses comunes y de la causa común de todos los obreros del país como una clase obrera unitaria que forma parte del ejército mundial del proletariado.

Solo mediante este trabajo menudo diario, absolutamente necesario, mediante la participación abnegada y constante en todas las luchas del proletariado, puede el «Partido Comunista» convertirse en un partido *comunista*. Solo así se distinguirá de los caducos partidos socialistas de pura propaganda y reclutamiento, cuya actividad se agota en reunir afiliados, en hablar de reformas y en aprovechar las imposibilidades parlamentarias[^d11a-1]. La participación consciente y abnegada de toda la masa de miembros del partido en la escuela de las luchas y enfrentamientos diarios de los explotados con los explotadores es la condición indispensable no solo para la conquista de la dictadura del proletariado, sino, en mayor medida todavía, para su ejercicio. Solo la *dirección de las masas obreras en la guerra menuda permanente* contra los atropellos del capital capacita a los partidos comunistas para convertirse en vanguardias de la clase obrera que aprendan realmente, de manera sistemática, a dirigir al proletariado y adquieran la capacidad de eliminar a la burguesía de forma conscientemente preparada.

24. Especialmente en las huelgas, en los cierres patronales y en otros despidos en masa de obreros, los comunistas deben movilizarse en gran número para participar en el movimiento de los obreros.

Es el *mayor error* que los comunistas, invocando el programa comunista y la lucha final armada revolucionaria, se comporten de manera *pasiva*, desdeñosa o incluso hostil ante las luchas actuales de los obreros por pequeñas mejoras de sus condiciones de trabajo. Por pequeñas y modestas que sean las reivindicaciones por las que los obreros están ya hoy dispuestos a luchar contra los capitalistas, eso nunca debe ser para los comunistas un motivo para mantenerse alejados de la lucha. Ciertamente, nuestra actividad de agitación no debe dar testimonio de que los comunistas seamos instigadores ciegos de huelgas estúpidas y de otras acciones irreflexivas; pero, entre los obreros en lucha, los comunistas deben ganarse en todas partes la fama de ser los compañeros de lucha más capaces.

25. En la práctica del movimiento *sindical*, las células y fracciones comunistas se encuentran a menudo bastante desorientadas ante las cuestiones más sencillas del orden del día. Es fácil, pero estéril, predicar *siempre y solo* los principios generales del comunismo para caer luego, ante las cuestiones concretas, en la actitud negativa del sindicalismo vulgar. Con ello no se hace más que facilitar el juego de la dirección amarilla de Ámsterdam[^d11a-2].

En lugar de eso, los comunistas deben sopesar su toma de posición revolucionaria según el contenido objetivo de cada cuestión que se presente. Por ejemplo, en vez de contentarse con la oposición teórica y de principio a todos los convenios colectivos, deben luchar ante todo directamente por el contenido objetivo de los convenios que recomiendan los dirigentes de Ámsterdam. Toda traba a la disposición de lucha del proletariado debe ciertamente condenarse y combatirse con decisión, y, como es sabido, el objetivo de los capitalistas y de sus cómplices de Ámsterdam es atar las manos a los obreros en lucha con cada convenio colectivo; por eso es evidente que los comunistas tienen el deber de desenmascarar ese objetivo ante los obreros. Pero, por regla general, el mejor modo que tienen los comunistas de llevar a cabo este desenmascaramiento es proponer una redacción del convenio que no constituya ninguna traba para los obreros.

La misma toma de posición es adecuada, por ejemplo, ante las cajas de socorro y las *instituciones de asistencia* de los sindicatos. Reunir fondos de lucha y conceder subsidios de huelga de las cajas comunes es en sí bueno. Una oposición de principio a esta actividad está fuera de lugar. Solo la recaudación y el uso de estos fondos tal como los quieren los dirigentes de Ámsterdam están en contradicción con los intereses revolucionarios de clase de los obreros. Ante las cajas sindicales de enfermedad y similares, procede que los comunistas exijan, por ejemplo, la supresión de la cotización obligatoria especial, y también la supresión de todas las condiciones que atan en las cajas voluntarias. Pero si una parte de los miembros todavía quiere asegurarse con sus cuotas el subsidio de enfermedad, no comprenderán que pretendamos prohibírselo sin más. Es necesario liberar primero a estos miembros de sus aspiraciones pequeñoburguesas por medio de una intensa propaganda personal.

26. En la lucha contra los dirigentes socialdemócratas y demás dirigentes pequeñoburgueses de los sindicatos, así como de los distintos partidos obreros, no se puede esperar nada de ellos por medio de la persuasión. Contra ellos hay que organizar la lucha con toda energía. Pero solo se les combate con seguridad y con éxito separando de ellos a sus seguidores, convenciendo a los obreros de los servicios de peón que sus jefes socialtraidores prestan al capitalismo. Así pues, a estos dirigentes hay que ponerlos primero, si es posible, en situaciones en las que se vean obligados a *desenmascararse*, para atacarlos después, tras esa preparación, de la manera más dura.

No basta en absoluto con insultar a los dirigentes de Ámsterdam llamándolos simplemente «amarillos». Su carácter de «amarillos» debe demostrarse más bien de manera continua con ejemplos prácticos. Su actividad en las comunidades de trabajo[^d11a-3], en la Oficina Internacional del Trabajo de la Sociedad de Naciones, en los ministerios y administraciones burguesas, las palabras traidoras de sus discursos en conferencias y en los parlamentos, las frases decisivas de sus muchos escritos tranquilizadores en cientos de periódicos y, sobre todo, su conducta vacilante y titubeante en la preparación y realización hasta de los más pequeños movimientos salariales y luchas laborales, ofrecen cada día ocasión de desenmascarar y señalar como «amarilla», mediante propuestas y resoluciones formuladas con sencillez y discursos claros, la actuación poco fiable y traidora de los dirigentes de Ámsterdam.

Las células y fracciones deben llevar a cabo *sistemáticamente* las ofensivas prácticas. Tampoco los pretextos de la burocracia sindical inferior, que en su debilidad —a menudo incluso pese a su buena voluntad— se parapeta tras estatutos, acuerdos de congresos y órdenes de sus comités ejecutivos, deben impedir a los comunistas proceder con tenacidad y exigir una y otra vez a esa burocracia inferior respuestas claras sobre qué ha hecho para eliminar esos supuestos obstáculos y si está dispuesta a luchar abiertamente, junto con los afiliados, contra esos obstáculos y por superarlos.

27. Las fracciones y grupos de trabajo deben preparar de antemano y con cuidado la participación de los comunistas en las asambleas y conferencias de las organizaciones sindicales; por ejemplo, redactar propuestas propias, elegir ponentes y defensores, presentar como candidatos a camaradas capaces, experimentados y enérgicos, etc.

Del mismo modo, las organizaciones comunistas, por medio de sus grupos de trabajo, deben prepararse cuidadosamente para todas las asambleas obreras generales, mítines electorales, manifestaciones, fiestas obreras políticas y actos similares organizados por los partidos enemigos. Donde los comunistas convoquen ellos mismos asambleas obreras generales, el mayor número posible de grupos de trabajo comunistas debe colaborar, tanto antes como durante las asambleas, con arreglo a un plan unitario, para asegurar su aprovechamiento organizativo.

28. Los comunistas tienen que aprender también cada vez mejor a atraer de manera duradera al radio de influencia del partido a los obreros *no organizados* e inconscientes. Por medio de nuestras células y fracciones debemos mover a estos obreros a afiliarse a los sindicatos y a leer nuestro periódico del partido. Como intermediarias de nuestra influencia pueden utilizarse también otras asociaciones obreras (cooperativas de consumo, organizaciones de víctimas de la guerra, asociaciones de cultura y círculos de estudio, clubes deportivos, grupos de teatro, etc.). Donde el partido comunista tenga que trabajar en la ilegalidad, tales asociaciones obreras pueden fundarse también fuera del partido por iniciativa de sus miembros, con la aprobación y bajo el control de los órganos dirigentes del partido (asociaciones de simpatizantes). También las *organizaciones comunistas de jóvenes y de mujeres* pueden, con sus cursos, veladas de lectura, excursiones, fiestas, salidas de domingo, etc., despertar en muchos proletarios que han permanecido políticamente indiferentes el primer interés por una vida organizativa común, para atraerlos luego de manera duradera a las organizaciones y moverlos así también a un trabajo auxiliar útil para nuestro partido (reparto de octavillas, difusión de periódicos del partido, folletos, etc.). Por la participación activa en el movimiento común es como más fácilmente se liberan de sus inclinaciones pequeñoburguesas.

29. Para ganar a las *capas semiproletarias* del pueblo trabajador como simpatizantes del proletariado revolucionario, los comunistas deben aprovechar las oposiciones de intereses particulares de estas capas con los grandes terratenientes, los capitalistas y el Estado capitalista, y liberar a las capas intermedias, mediante una persuasión continua, de su desconfianza hacia la revolución proletaria. Eso puede exigir a menudo un trato prolongado con ellas. Un interés comprensivo por sus necesidades vitales, informaciones y ayuda gratuitas ante pequeñas dificultades que tienen que superar y en las que ellas mismas no saben cómo desenvolverse, invitarlas a actos especiales y gratuitos dedicados a su esclarecimiento, etc., fomentarán su confianza en el movimiento comunista. Al mismo tiempo es necesario contrarrestar con prudencia e infatigablemente a aquellas organizaciones y personas enemigas que tienen autoridad en la localidad o influencia sobre los pequeños campesinos trabajadores, los trabajadores a domicilio y demás existencias semiproletarias. Los enemigos más inmediatos, a los que los explotados conocen por propia experiencia como opresores, deben ser desenmascarados como representantes y personificaciones de toda la criminalidad capitalista. Todos los sucesos diarios en los que la burocracia del Estado entra en conflicto con los ideales de la democracia pequeñoburguesa y del «Estado de derecho» deben aprovecharse en la propaganda y la agitación comunistas de manera intensa y comprensible para todos.

Cada organización local en el campo debe repartir con exactitud entre sus miembros la tarea de la agitación casa por casa y extender esta agitación a todas las aldeas, todas las fincas y cada una de las casas de su zona de actividad.

30. Hay que estudiar especialmente en cada país los métodos más adecuados para la propaganda en el *ejército y la marina* del Estado capitalista. La agitación antimilitarista en sentido pacifista es muy perniciosa; no hace más que favorecer los afanes de la burguesía por desarmar al proletariado. El proletariado rechaza por principio y combate de la manera más enérgica todas las instituciones militaristas del Estado burgués y de la clase burguesa en general. Pero, por otro lado, aprovecha estas instituciones (ejército, sociedades de tiro, milicias ciudadanas[^d11a-4], etc.) para que los obreros adquieran instrucción militar para las luchas revolucionarias. Así pues, la agitación intensa no debe dirigirse contra la instrucción militar de la juventud y de los obreros, sino contra el orden militarista y contra la autocracia de los oficiales. Toda posibilidad que tenga el proletariado de hacerse con armas debe aprovecharse con la mayor energía.

Hay que hacer consciente a la tropa del antagonismo de clase que se manifiesta en los privilegios materiales de los oficiales y en el mal trato a la tropa. Además, la agitación debe hacer ver claramente a la tropa hasta qué punto todo su futuro está estrechamente ligado a la suerte de la clase explotada. En el periodo más avanzado de la incipiente efervescencia revolucionaria, la agitación por la elección democrática de todos los mandos por los soldados y marineros y por la creación de consejos de soldados puede resultar muy eficaz para socavar los pilares de la dominación de clase capitalista.

La agitación contra las tropas especiales de guerra de clase de la burguesía, sobre todo contra sus bandas armadas de voluntarios, exige siempre la mayor atención y la mayor dureza. Allí donde su composición social y su engranaje corrupto lo permitan, hay que llevar sistemáticamente a sus filas, en el momento oportuno, la descomposición social. Allí donde tengan un carácter de clase burgués homogéneo, como por ejemplo en las tropas formadas solo por oficiales, hay que desenmascararlas ante toda la población y hacerlas despreciables y odiosas, de modo que el aislamiento que así se les provoque las desmoralice desde dentro.

### V. Sobre la organización de las luchas políticas

31. Para un partido comunista no hay ningún momento en que la organización del partido no pueda tener actividad política. El aprovechamiento organizativo de cada situación política y económica y de cada uno de sus cambios debe desarrollarse hasta convertirse en una estrategia y una táctica organizativas.

Aunque el partido sea todavía débil, siempre puede aprovechar los acontecimientos políticos que agitan los ánimos o las grandes huelgas que sacuden toda la vida económica, llevando a cabo una acción de propaganda radical, organizada de forma sistemática y metódica. Cuando un partido, en una situación así, se ha decidido a ello, debe orientar con toda energía hacia esa campaña a todos los miembros y partes del movimiento del partido.

Ante todo hay que aprovechar todas las relaciones que el partido se ha procurado mediante el trabajo de sus células y grupos de trabajo para organizar reuniones en los centros principales de la organización política o del movimiento huelguístico, en las que los oradores del partido deben explicar claramente a los asistentes las consignas comunistas como salida de su difícil situación de lucha. Grupos de trabajo especiales deben preparar bien esas reuniones hasta el último detalle. Si no es posible convocar reuniones propias, camaradas idóneos deben intervenir como principales oradores en el debate de las asambleas generales de los proletarios en huelga o en lucha de cualquier otra forma.

Si hay perspectivas de ganar para nuestras consignas a la mayoría o a una gran parte de la asamblea, hay que tratar de expresar esas consignas en mociones y resoluciones bien formuladas y hábilmente fundamentadas. Una vez logradas tales decisiones, hay que trabajar en todas las asambleas que se ocupen del mismo movimiento en curso, en la misma localidad o en otras regiones, para que se aprueben cada vez en mayor número decisiones y resoluciones iguales o semejantes, o para que al menos encuentren fuertes minorías. Así agruparemos a las capas proletarias en movimiento, sobre las que de momento solo influimos en las ideas, y les haremos reconocer la nueva dirección.

Después de cada una de esas asambleas, los grupos de trabajo que hayan participado en su preparación y aprovechamiento organizativos deben reunirse para, en una breve discusión, no solo redactar el informe para el comité dirigente del partido, sino también sacar en seguida de la experiencia adquirida o de los errores cometidos las lecciones necesarias para la actividad ulterior.

Según la situación, hay que poner también las consignas prácticas al alcance de las capas obreras interesadas mediante carteles y pequeñas octavillas, o bien hay que poner en manos de los combatientes hojas volantes extensas que, en relación con la situación y con ayuda de las consignas del día, les hagan comprensible el comunismo. La difusión hábil de carteles exige grupos especialmente organizados, que han de averiguar los lugares adecuados para pegarlos y elegir también los momentos en que su colocación resulte más eficaz. El reparto de octavillas en las fábricas y a sus puertas, en los locales que frecuentan las capas obreras en movimiento, en los nudos de comunicaciones, en las oficinas de colocación y en las estaciones debe ir acompañado, en la medida de lo posible, de una discusión a base de consignas breves y certeras, capaz de propagarse entre las masas obreras en movimiento. Las hojas volantes extensas solo deben repartirse, en lo posible, en locales cerrados, fábricas, salas, viviendas o allí donde quepa esperar una acogida atenta.

Esta propaganda intensificada debe apoyarse en una actividad paralela en todas las reuniones sindicales y de fábrica alcanzadas por el movimiento, que nuestros camaradas, si es necesario, deben reclamar u organizar ellos mismos y proveer luego de ponentes u oradores adecuados para el debate. Los periódicos de nuestro partido deben poner constantemente a disposición de ese movimiento concreto la mayor parte de su espacio y sus mejores argumentos, del mismo modo que todo el aparato de organización debe ponerse por entero, durante los periodos de que se trate, al servicio de la idea general de ese movimiento, sin que pueda haber ningún desfallecimiento.

32. Las acciones de manifestación exigen una dirección muy flexible y abnegada, que debe tener firmemente a la vista el objetivo de la acción y estar en todo momento en condiciones de apreciar si la manifestación ha alcanzado el límite máximo de su eficacia o si, en la situación dada, es posible intensificarla aún más extendiendo el movimiento hasta convertirlo en acción de masas en forma de huelgas de manifestación y, finalmente, de huelgas de masas. Las manifestaciones por la paz durante la guerra[^d11b-1] nos han enseñado que, incluso después del aplastamiento de tales manifestaciones, cuando se trata de un objetivo grande y actual que necesariamente ha de despertar un interés cada vez mayor en las masas, para un partido de lucha verdaderamente proletario, aunque sea ilegal y pequeño, no puede haber desvío ni frenazo.

Las manifestaciones callejeras se apoyan mejor en las grandes fábricas. Una vez que, mediante el trabajo preparatorio metódico de nuestras células y fracciones por medio de la propaganda de palabra y con octavillas, el estado de ánimo ha alcanzado cierta homogeneidad en una situación adecuada, el comité dirigente debe reunir en una reunión previa a los hombres de confianza de nuestro partido en las fábricas y a los responsables de las células y fracciones, para discutir las medidas para la marcha bien organizada y la concentración puntual del día siguiente y fijar el carácter de las consignas del día, las perspectivas de intensificación y el momento de la interrupción y disolución de las manifestaciones. Un núcleo de funcionarios celosos, bien instruido y con experiencia organizativa, debe constituir la columna vertebral de la manifestación desde la salida de las fábricas hasta la disolución del movimiento de masas. Para que esos funcionarios mantengan entre sí un contacto vivo y puedan recibir en todo momento las directivas políticas necesarias, es preciso que militantes responsables del partido participen en la manifestación sistemáticamente repartidos entre la multitud. Esta dirección política y organizativa flexible de la manifestación crea las mejores condiciones para renovarla y, eventualmente, intensificarla en acciones de masas mayores.

33. Los partidos comunistas que hayan alcanzado ya cierta solidez interna, un cuerpo de funcionarios probado y un número apreciable de seguidores entre las masas deben hacer todo lo posible para, mediante campañas de mayor envergadura, vencer por completo la influencia de los jefes socialtraidores sobre los obreros y poner a la mayoría de las masas obreras bajo la dirección comunista. Las campañas deben organizarse de manera distinta según la situación: según que las luchas en curso le permitan moverse como dirección proletaria y ponerse a la cabeza, o que reine un estancamiento pasajero. También la composición del partido será decisiva para los métodos organizativos de las acciones. Así, para ganar para el VKPD[^d11b-2], como joven partido de masas, a las capas socialmente decisivas del proletariado en mayor medida de lo que ya había sido posible en los distintos distritos, se recurrió al medio de la llamada «Carta abierta»[^d11b-3]. Para desenmascarar a los jefes socialtraidores, el Partido Comunista, en un momento de miseria creciente y de agudización de los antagonismos de clase, se dirigió a las demás organizaciones de masas del proletariado para exigirles que respondieran abiertamente, ante el proletariado, si estaban dispuestas a emprender con sus organizaciones, supuestamente poderosas, la lucha junto con el Partido Comunista contra la evidente depauperación del proletariado, por las reivindicaciones más mínimas, por un mísero pedazo de pan.

Cuando el Partido Comunista emprenda una campaña semejante, debe tomar todas las medidas organizativas para poder despertar un eco a su intervención en las más amplias masas obreras. Todas las fracciones de fábrica y todos los funcionarios sindicales del partido deben plantear de manera eficaz, en sus próximas asambleas de fábrica y sindicales, así como en todas las reuniones públicas y tras una preparación a fondo de esas reuniones, las reivindicaciones del partido como conjunto de las reivindicaciones más vitales del proletariado. Allí donde nuestras células o fracciones quieran lanzar una ofensiva para obtener la adhesión de las masas a nuestras reivindicaciones, deben repartirse hojas volantes, octavillas y carteles, de forma hábil, para aprovechar el estado de ánimo. La prensa de nuestro partido debe iluminar diariamente, durante las semanas de esa campaña, los problemas de ese movimiento, de forma breve o extensa según los días, desde puntos de vista siempre nuevos. Las organizaciones deben proporcionar continuamente a la prensa material para ello y velar enérgicamente por que los redactores no desfallezcan nunca en la continuación periodística de la campaña del partido. También las fracciones del partido en los parlamentos y en los organismos municipales deben ponerse metódicamente al servicio de esas luchas. Siguiendo las directivas de la dirección del partido, deben plantear en los parlamentos el movimiento emprendido mediante las mociones correspondientes. Los diputados deben sentirse miembros conscientes de las masas en lucha, sus portavoces en el campo del enemigo de clase, funcionarios y militantes responsables del partido.

Cuando la actividad unida y organizativamente concentrada de todos los miembros del partido haya conducido en unas semanas a un número mayor y en constante aumento de resoluciones de adhesión, se le plantea al partido la seria cuestión organizativa de encuadrar organizativamente a las masas que aprueban las consignas. Si el movimiento ha tomado un carácter predominantemente sindical, hay que ocuparse ante todo de aumentar la influencia organizativa sobre los sindicatos, haciendo que nuestras fracciones lancen ataques directos y bien preparados contra las direcciones sindicales locales, para vencerlas o para obligarlas a llevar a cabo una lucha organizada sobre la base de las reivindicaciones de nuestro partido. Allí donde existan consejos de fábrica, comités de fábrica u organismos semejantes, hay que conseguir, mediante una actuación ordenada de nuestra fracción, que las asambleas plenarias de esos consejos o comités de fábrica se pronuncien también por esa lucha. Cuando se haya ganado a algunas organizaciones locales para un movimiento de lucha así por los intereses vitales más elementales del proletariado bajo dirección comunista, hay que convocarlas a conferencias a las que también deben enviar sus delegados especiales las asambleas de fábrica que se hayan pronunciado en el mismo sentido. La nueva dirección que así se consolida bajo influencia comunista adquiere, gracias a esa concentración de los grupos activos de los obreros organizados, una nueva fuerza de choque, que a su vez debe aprovecharse para empujar adelante a la dirección de los partidos socialistas y de los sindicatos o bien para desenmascararla ahora también en el terreno organizativo.

En las regiones económicas donde nuestro partido disponga de sus mejores organizaciones y donde haya encontrado el mayor número de adhesiones a sus reivindicaciones, hay que lograr, mediante la presión organizada que entretanto haya surgido sobre los sindicatos y consejos de fábrica locales, que todas las luchas económicas aisladas que hayan estallado en esa región, así como los movimientos de otros grupos que estén gestándose, se unan en un movimiento de lucha único que, rebasando el marco de los intereses de cada oficio, plantee algunas reivindicaciones elementales comunes para imponerlas con las fuerzas conjuntas de todas las organizaciones del distrito. En un movimiento así el Partido Comunista se acreditará como el verdadero dirigente del proletariado dispuesto a la lucha, mientras que la burocracia sindical y los partidos socialistas que se opusieran a un movimiento de lucha organizado en común de ese modo quedarían liquidados no solo ideológica y políticamente, sino también organizativa y prácticamente.

34. Si el Partido Comunista intenta tomar en sus manos la dirección de las masas en un momento de agudización política y económica que empuja al estallido de nuevos movimientos y luchas, puede prescindir de plantear reivindicaciones especiales y dirigirse, mediante llamamientos populares, directamente a los miembros de los partidos socialistas y de los sindicatos, exhortándolos a no rehuir, aun en contra de la voluntad de sus jefes burocráticos, las luchas que la necesidad y la creciente opresión patronal hacen necesarias, para no verse arrastrados a la ruina completa. Los órganos del partido, en particular los diarios, deben subrayar y demostrar día tras día en un movimiento así que los comunistas están dispuestos a intervenir como dirigentes en las luchas inminentes o ya estalladas de los proletarios que se hunden en la miseria, y que su disposición para la lucha acudirá en ayuda de todos los oprimidos, siempre que sea posible, en la tensa situación actual. Hay que demostrar diariamente que sin esas luchas ya no pueden crearse para los obreros posibilidades de subsistencia, y que a pesar de ello las viejas organizaciones las rehúyen y tratan de impedirlas.

Las fracciones de fábrica y sindicales, invocando constantemente la disposición abnegada de los comunistas para la lucha, deben hacer comprender a sus compañeros en las asambleas que ya no cabe esquivar la lucha. Pero lo principal en una campaña así es la agrupación y unificación organizativa de las luchas y movimientos nacidos de la situación. No solo deben las células y fracciones de los oficios y fábricas arrastrados a las luchas mantenerse constantemente en estrecho contacto orgánico entre sí, sino que también las direcciones, tanto a través de los comités de distrito como de la central, deben poner inmediatamente a disposición de todos los movimientos que estallen funcionarios y militantes responsables del partido, que han de dirigir, ampliar, intensificar, generalizar y enlazar los movimientos directamente junto con los combatientes. La tarea principal de la organización consiste en destacar con nitidez en todas partes lo que estas distintas luchas tienen en común y ponerlo en primer plano, para empujar así hacia una solución general de la lucha, si es necesario por medios políticos.

A medida que las luchas se intensifiquen y se generalicen será necesario crear órganos unificados de dirección de la lucha. Cuando fallen prematuramente las direcciones burocráticas de huelga de algunos sindicatos, hay que presionar a tiempo para que se renueven con comunistas, que deben asegurar una dirección firme y resuelta de la lucha. Si ya se ha logrado combinar varias luchas, hay que presionar para que se constituyan direcciones comunes de la acción, en las que los comunistas deben procurarse en lo posible la dirección. Tanto a través de la fracción sindical como de las fracciones de fábrica, los consejos de fábrica y las asambleas plenarias de consejos de fábrica, y en particular mediante las asambleas generales de huelguistas, la dirección común de la acción puede lograrse a menudo con facilidad si hay una hábil preparación organizativa.

Si el movimiento, a causa de su generalización y de la intervención de las organizaciones patronales y de los órganos de la autoridad, toma un carácter político, deben empezar la propaganda y la preparación organizativa de la elección de consejos obreros, que quizá se haga posible y necesaria; y todos los órganos del partido deben entonces defender con la mayor intensidad la idea de que solo mediante esos órganos propios de la clase obrera, surgidos directamente de las luchas de los obreros, puede esta imponer su verdadera liberación con la necesaria falta de contemplaciones, incluso sin la burocracia sindical y sus satélites de los partidos socialistas.

35. Los partidos comunistas ya fortalecidos, y en particular los grandes partidos de masas, deben estar también constantemente preparados, mediante medidas organizativas, para las acciones políticas de masas. En las acciones de manifestación y en los movimientos económicos de masas, en todas las acciones parciales, hay que pensar constantemente en desarrollar con insistencia y tenacidad las experiencias organizativas de esos movimientos para lograr una ligazón cada vez más firme con las masas más amplias. En amplias conferencias de los funcionarios dirigentes y de los militantes responsables del partido con los hombres de confianza de las fábricas grandes y medianas hay que discutir siempre de nuevo y examinar con celo las experiencias de todos los grandes movimientos nuevos, para hacer cada vez más firme y organizar cada vez con más seguridad la red de relaciones a través de los hombres de confianza de las fábricas. Una relación estrecha de confianza de los funcionarios dirigentes y de los militantes responsables con los hombres de confianza de las fábricas es, en el terreno organizativo, la mejor garantía para no emprender acciones políticas de masas prematuramente y siempre solo en la medida en que lo permitan las circunstancias y la influencia que el partido tenga en cada momento.

Sin la más estrecha ligazón de la organización del partido con las masas proletarias que trabajan en las fábricas grandes y medianas, el Partido Comunista no podrá llevar a cabo grandes acciones de masas ni movimientos verdaderamente revolucionarios. Si en Italia, el año pasado, el levantamiento indudablemente revolucionario que tuvo su expresión más fuerte en la ocupación de las fábricas[^d11b-4] se hundió prematuramente, fue en parte, sin duda, por la traición de la burocracia sindical y la insuficiencia de la dirección política del partido, pero en parte también porque no existía en absoluto una ligazón íntima y organizada entre el partido y las fábricas a través de hombres de confianza de fábrica informados políticamente e interesados en la vida del partido. También el gran movimiento de los mineros ingleses de este año[^d11b-5] ha sufrido, sin ninguna duda, de manera extraordinaria por esa carencia en cuanto a su intenso aprovechamiento político.

### VI. Sobre la prensa del partido

36. El partido debe desarrollar y mejorar la prensa comunista con energía incansable.

Ningún periódico puede ser reconocido como órgano comunista si no se somete a las *directivas del partido*. Este principio debe aplicarse, con el sentido que corresponda, a todos los productos literarios, como revistas, libros, folletos, etc., teniendo en cuenta su destino científico, propagandístico o de otra clase.

El partido debe poner más atención en tener *buenos* periódicos que en tener muchos. Todo partido comunista debe tener ante todo un buen *órgano central*, a ser posible diario.

37. Un periódico comunista no debe convertirse nunca en una empresa capitalista, como lo son los periódicos burgueses y a menudo también los llamados periódicos «socialistas». Nuestro periódico debe mantenerse *independiente* de las instituciones de crédito capitalistas. La hábil organización de la captación de anuncios, que favorece considerablemente la posibilidad de existencia de nuestro periódico en los partidos legales de masas, no debe llevar nunca, sin embargo, a caer en dependencia alguna respecto de los grandes anunciantes. Al contrario, lo que más rápidamente dará un prestigio indiscutido a los periódicos de nuestros partidos de masas será su actitud inflexible en todas las cuestiones proletarias y sociales. Nuestro periódico no debe servir para satisfacer el ansia de sensacionalismo ni para entretener a un público variopinto. No debe ceder ante la crítica de los literatos pequeñoburgueses ni de los virtuosos del periodismo para hacerse presentable en los salones.

38. El periódico comunista debe ocuparse ante todo de los intereses de los obreros oprimidos y en lucha. Debe ser nuestro mejor propagandista y agitador, el propagandista dirigente de la revolución proletaria.

Nuestro periódico tiene la tarea de recoger de toda la actividad de los miembros del partido las experiencias valiosas y mostrarlas de nuevo a los camaradas del partido como norma para la revisión y mejora continuas de los métodos de trabajo comunistas. Esas experiencias deben intercambiarse en reuniones comunes de redactores de todo el país, donde a la vez, mediante la discusión mutua, se logrará la mayor unidad posible en el tono y la orientación de toda la prensa del partido. Así la prensa del partido, como cada periódico en particular, será el mejor organizador de nuestro trabajo revolucionario.

Sin este trabajo de organización, unificador y consciente de sus fines, de los periódicos comunistas, y en especial del periódico principal, apenas será posible poner en práctica el centralismo democrático y la división adecuada del trabajo en el Partido Comunista, ni, por consiguiente, que el partido cumpla su tarea histórica.

39. El periódico comunista debe aspirar a convertirse en una empresa comunista, es decir, en una *organización proletaria de lucha*, una comunidad de trabajo de los obreros revolucionarios, de todos los que escriben regularmente para el periódico, los que lo componen, lo imprimen, lo administran, lo reparten y lo venden, los que reúnen material local para su contenido y lo discuten y elaboran en las células, los que trabajan cada día por su difusión, etc.

Para hacer del periódico una verdadera organización de lucha de ese tipo y una comunidad de trabajo de los comunistas llena de vida son necesarias, por tanto, una serie de medidas prácticas.

Cada comunista adquiere la más estrecha ligazón con su periódico cuando hace sacrificios por él y trabaja para él. El periódico es su arma diaria, que hay que templar y afilar de nuevo cada día para que sirva. Solo con continuos y grandes sacrificios materiales y económicos podrá sostenerse el periódico comunista. Hay que aportarle constantemente, de las filas de los afiliados, medios para su desarrollo y sus mejoras internas, hasta que finalmente, en los partidos legales de masas, alcance tal difusión y tal solidez organizativa que empiece a ser él mismo un apoyo material del movimiento comunista.

No basta con ser, entretanto, un celoso captador de lectores y agitador del periódico; hay que convertirse también en un colaborador igual de útil. Desde la fracción de fábrica o la célula hay que informar al periódico sin demora, por la vía más rápida, de todo lo que sea digno de mención en lo social y en lo económico, desde el accidente de trabajo hasta la asamblea de fábrica, desde los malos tratos a los aprendices hasta el informe de gestión de la empresa. Las fracciones sindicales deben comunicar todas las decisiones y medidas importantes de las asambleas y de las secretarías de sus federaciones, e informar breve y certeramente de las actuaciones características de nuestros adversarios. La vida pública de las reuniones y de la calle ofrece muy a menudo al militante atento ocasión de observar con sentido crítico social detalles cuyo uso en el periódico hará patente incluso a los indiferentes nuestra estrecha ligazón con las penalidades de la vida.

El comité de redacción debe tratar con gran calor y cariño precisamente esas comunicaciones que llegan de la vida obrera y de las organizaciones obreras, bien para utilizarlas como noticias breves que den a nuestro periódico el carácter de una comunidad de trabajo fiel a la vida y llena de vigor, bien para hacer comprensibles, a partir de esos ejemplos prácticos de la existencia cotidiana de los obreros, las enseñanzas del comunismo, que es el camino más rápido para acercar de forma viva a las grandes masas obreras las grandes ideas del comunismo. Siempre que sea posible, el comité de redacción debe estar a disposición, en horas de consulta fijadas en los momentos más convenientes del día, de todo obrero que acuda a nuestro periódico, para recoger sus deseos y quejas sobre las penalidades de la existencia, anotarlas con diligencia y utilizarlas para dar vida al periódico.

Es cierto que en las condiciones capitalistas ninguno de nuestros periódicos puede convertirse en una comunidad de trabajo comunista perfecta. Pero aun en condiciones muy difíciles se puede llegar a organizar con éxito un periódico obrero revolucionario según ese criterio. Lo demuestra el ejemplo de la *Pravda*[^d11b-6] de nuestros camaradas rusos en los años 1912-1913. Fue de hecho una organización permanente y activa de los obreros conscientes y revolucionarios en los centros más importantes del imperio ruso. Estos camaradas redactaban, editaban y difundían el periódico en común, la mayoría, naturalmente, además de su trabajo asalariado y ahorrando de su salario el dinero necesario para los gastos. El periódico, por su parte, podía darles lo mejor de lo que deseaban, lo que entonces necesitaban en el movimiento y lo que todavía hoy les es útil en el trabajo y en la lucha. Un periódico así pudo llegar a ser de verdad «nuestro periódico» para los miembros del partido y también para muchos otros obreros revolucionarios.

40. El elemento propio de la prensa comunista de combate es la participación directa en las campañas dirigidas por el partido. Si en un periodo la actividad del partido se concentra en una campaña determinada, el periódico del partido debe ponerse al servicio de esa campaña en todas sus secciones, no solo en los editoriales políticos. La redacción debe reunir material de todos los terrenos para alimentar la campaña e impregnar con él todo el periódico en la elaboración y la forma adecuadas.

41. La *captación de lectores* para nuestro periódico debe convertirse en un sistema regular. Ante todo se trata de aprovechar toda situación en que los obreros entren en un movimiento más vivo y en que la vida política o social se avive por cualesquiera acontecimientos políticos y económicos. Así, después de cada huelga o cierre patronal importante en que el periódico haya defendido abierta y enérgicamente los intereses de los obreros en lucha, hay que organizar, inmediatamente después de terminada la huelga, una captación de persona a persona entre los que hasta entonces estaban en huelga. No solo las fracciones comunistas de fábrica y sindicales de los oficios que participaron en la huelga deben hacer propaganda del periódico en su radio de acción con listas y boletines de suscripción, sino que, siempre que sea posible, hay que procurarse a través de ellas las listas de domicilios de los obreros que han estado en lucha, para que los grupos de trabajo especiales para la prensa puedan llevar a cabo una enérgica agitación casa por casa.

Del mismo modo, después de cada campaña electoral política que haya despertado el interés de las masas obreras, los grupos de trabajo designados para ello deben llevar a cabo en los barrios proletarios una agitación metódica puerta a puerta.

En los tiempos de crisis políticas o económicas latentes, cuyos efectos se dejan sentir en amplias masas obreras a través de la carestía, el paro y otras manifestaciones de miseria, después de aprovechar hábilmente esos fenómenos para la propaganda, hay que intentar por todos los medios conseguir, a ser posible a través de las fracciones sindicales, listas amplias de los obreros sindicados de los distintos oficios, para que el grupo de trabajo para la prensa pueda continuar provechosamente la agitación casa por casa metódica y permanente. Para este trabajo de captación constante, la experiencia muestra que lo más adecuado es la última semana antes de fin de mes. Toda organización local que deje pasar sin aprovecharla para la agitación en favor del periódico esta última semana, aunque sea en un solo mes del año, comete una grave falta en la extensión del movimiento comunista. El grupo de trabajo para la prensa tampoco debería dejar pasar ninguna reunión obrera pública ni ninguna manifestación importante sin actuar allí con sus boletines de suscripción a nuestro periódico, tanto al principio como en las pausas y al final. A las fracciones sindicales les incumbe el mismo deber en cada una de las asambleas de su sindicato, como a las células y fracciones de fábrica en las asambleas de fábrica.

42. Los miembros del partido deben también defender constantemente nuestro periódico contra todos los enemigos.

Todos los miembros del partido deben librar una lucha encarnizada contra la prensa capitalista; su venalidad, sus mentiras, su vil silencio y todas sus maquinaciones deben ser claramente desvelados y duramente estigmatizados.

La prensa socialdemócrata y socialista independiente[^d11b-7] debe ser vencida desenmascarando, en un ataque constante y sin perderse en mezquinas polémicas de fracción, su actitud traidora, que encubre los antagonismos de clase, con varios ejemplos de la vida diaria. Las fracciones sindicales y demás fracciones deben esforzarse por sustraer, mediante medidas organizativas, a los miembros de los sindicatos y de otras asociaciones obreras de la influencia confusionista y paralizante de esos periódicos socialdemócratas. También la captación de lectores para nuestro periódico, tanto en la agitación casa por casa como sobre todo en las fábricas, debe dirigirse con inteligente premeditación directamente contra la prensa de los socialtraidores.

### VII. Sobre la estructura general del organismo del partido

43. En la extensión y consolidación del partido no se debe proceder según un esquema formal de división geográfica, sino según la estructura económica, política y de comunicaciones real de las regiones de que se trate. El centro de gravedad debe ponerse en las *capitales* y en los *centros de la clase obrera de la gran industria*.

En la construcción de un partido nuevo se manifiesta a menudo al principio la tendencia a extender en seguida la red de organizaciones del partido por todo el país. Aunque las fuerzas disponibles son muy limitadas, se dispersan así en todas direcciones. Con ello se debilitan la capacidad de atracción y el crecimiento del partido. Al cabo de algunos años se ha formado por lo general, es cierto, un amplio sistema de oficinas, pero el partido quizá no ha logrado afianzarse ni siquiera en las ciudades industriales más importantes del país.

44. Para lograr la mayor centralización posible de la actividad del partido no es conveniente descomponer la dirección del partido en una jerarquía esquemática con muchos escalones completamente subordinados unos a otros. Hay que procurar que, a ser posible, desde cada ciudad grande que constituya un centro económico, político o de comunicaciones se extienda una red de hilos organizativos sobre los alrededores de esa ciudad y sobre el distrito económico o político que le corresponde. El comité del partido que, desde la ciudad grande como cabeza de ese cuerpo del partido, dirige todo el trabajo organizativo del distrito y constituye su dirección política, debe ser puesto en la más estrecha ligazón con la masa de afiliados activos de la localidad principal.

Los organizadores asalariados de un distrito así, que han de ser elegidos por la conferencia de distrito o el congreso de distrito del partido y confirmados por la central del partido, deben estar obligados a participar regularmente en la vida del partido de la localidad principal del distrito. El comité del partido del distrito debería reforzarse siempre con militantes procedentes de los afiliados de la localidad principal, de modo que exista un contacto vivo muy estrecho entre el comité político del partido que dirige el distrito y la gran masa de afiliados de la localidad principal del distrito. En el desarrollo ulterior de las formas de organización hay que tender a que el comité dirigente del distrito constituya al mismo tiempo la dirección política de la localidad principal del distrito. De este modo, los comités dirigentes de los organismos de distrito, junto con el comité central, desempeñarán el papel de órganos verdaderamente dirigentes en la organización general del partido.

Naturalmente, el territorio de un distrito del partido no está limitado solo por su gran extensión. El criterio decisivo es que el comité de distrito del partido debe poder dirigir de manera unificada todas las organizaciones locales del distrito. Allí donde esto ya no sea posible, debe procederse a dividir el distrito y a fundar un nuevo comité de distrito del partido.

Desde luego, en los países grandes el partido necesita también ciertos órganos intermedios de enlace, tanto entre la dirección central y las distintas direcciones de distrito (direcciones provinciales, superdistritos, etc.) como entre una dirección de distrito y los distintos organismos locales (direcciones de subdistrito o comarcales). En ciertas circunstancias puede ser conveniente conceder a uno u otro de esos órganos intermedios, por ejemplo a una ciudad grande con una afiliación numerosa, un papel dirigente. Pero por regla general esto debe evitarse como descentralización.

45. Las grandes unidades de las organizaciones del partido (distritos) se componen de los organismos locales del partido: de los «grupos locales» rurales y de las pequeñas ciudades y de los «distritos» o «rayones» de los distintos barrios de las ciudades grandes.

Un organismo local del partido que haya crecido tanto que, en condiciones legales, ya no pueda celebrar de manera adecuada asambleas generales de sus afiliados debe dividirse.

En el organismo local del partido, los afiliados deben repartirse entre los distintos grupos de trabajo para el trabajo diario del partido. En las organizaciones mayores puede ser conveniente reunir los grupos de trabajo en distintos grupos colectivos. A un mismo grupo colectivo deben adscribirse por regla general aquellos afiliados que más se encuentran entre sí en los lugares de trabajo o en otros ámbitos de la vida cotidiana. El grupo colectivo tiene la tarea de repartir el trabajo general del partido entre los distintos grupos de trabajo, recibir los informes de los responsables, formar en su seno a los candidatos a afiliados, etc.

46. El partido en su conjunto está *bajo la dirección de la Internacional Comunista*. Las directivas y resoluciones de la dirección internacional en los asuntos de un partido adherido se dirigen: 1) a la dirección central general del partido, o 2) por medio de esta, a la dirección central de una actividad especial, o 3) a todas las organizaciones del partido.

Las directivas y decisiones de la Internacional son obligatorias para el partido y, naturalmente, para cada uno de sus miembros.

47. La *dirección central del partido* (comité central y consejo o comisión) responde ante el congreso del partido y ante la dirección de la Internacional Comunista. Tanto la dirección restringida como el comité amplio, consejo o comisión son elegidos por regla general por el congreso del partido. Si el congreso lo considera conveniente, puede encargar a la dirección central que elija de su seno la dirección restringida, compuesta por el buró político y el buró de organización. La política y los trabajos corrientes del partido los lleva, bajo su responsabilidad, la dirección restringida por medio de sus dos burós. La dirección restringida convoca regularmente las sesiones plenarias de la dirección central del partido para tomar decisiones de mayor importancia y de alcance más largo. Para poder conocer a fondo la situación política general y tener ante los ojos la imagen viva del partido, de su claridad y su capacidad de acción, es necesario, en las elecciones a la dirección central del partido, tener en cuenta las distintas regiones del país, siempre que haya propuestas adecuadas. Por la misma razón, en la elección de la dirección central no deberían suprimirse las opiniones tácticas discrepantes de carácter serio. Al contrario, debería permitírseles una representación en la dirección plenaria por medio de sus mejores exponentes. La dirección restringida, en cambio, debe ser, siempre que sea posible, homogénea en sus concepciones, y para poder dirigir con firmeza y seguridad debe poder apoyarse no solo en su autoridad, sino también en una mayoría clara, e incluso numéricamente sólida, de la dirección plenaria.

Gracias a esa composición más amplia de su dirección central, los partidos legales de masas, en particular, obtendrán con la mayor rapidez para su comité central la mejor base de una disciplina firme, la confianza incondicional de las masas de afiliados, y además harán que las vacilaciones y enfermedades que pudieran mostrarse en las capas de funcionarios del partido se reconozcan antes y se curen y superen después. Así podrá prevenirse adecuadamente, hasta un grado soportable, la acumulación de tales enfermedades en el partido y su eliminación quirúrgica, quizá catastrófica, en congresos posteriores.

48. Cada uno de los comités dirigentes del partido debe establecer en su seno una *división adecuada del trabajo*, para poder dirigir eficazmente el trabajo del partido en los distintos terrenos. Para ello pueden resultar necesarias en varios terrenos de trabajo direcciones especiales (por ejemplo, para la propaganda, para el servicio de prensa, para la lucha sindical, para la agitación en el campo, la agitación entre las mujeres, para el servicio de enlace, el Socorro Rojo[^d11b-8], etc.). Toda dirección especial está subordinada a la dirección central del partido o al comité del partido de un distrito.

A un comité dirigente de distrito del partido y, en última instancia, a la dirección central del partido les corresponde en general el *control* tanto *sobre* la *actividad adecuada* como sobre la *buena composición* de todos los comités que les están subordinados. Todos los afiliados empleados de manera fija en el trabajo del partido están, lo mismo que los parlamentarios, directamente subordinados al comité dirigente del partido. Puede resultar conveniente cambiar de vez en cuando las ocupaciones y los lugares de trabajo de los camaradas empleados de manera fija (por ejemplo, de los redactores, propagandistas, organizadores, etc.), en la medida en que ello no perturbe demasiado la actividad del partido. Los redactores y propagandistas deben participar de manera permanente en el trabajo regular del partido en alguno de los grupos de trabajo.

49. La dirección central del partido, lo mismo que la de la Internacional Comunista, tiene derecho en todo momento a exigir *informaciones* exhaustivas de todas las organizaciones comunistas, de sus órganos y de cada uno de los afiliados. Los representantes y apoderados de la dirección central deben ser admitidos en todas las asambleas y sesiones con voz consultiva y derecho de veto. La dirección central del partido debe tener constantemente a su disposición tales apoderados (comisarios), para poder instruir e informar a las direcciones de distrito y comarcales no solo mediante sus circulares o correspondencias políticas y organizativas, sino también de forma directa, de palabra y bajo su responsabilidad. Junto a la dirección central, como junto a cada dirección de distrito, debe funcionar una comisión de revisión compuesta por camaradas probados y competentes, para ejercer el control sobre la caja y la contabilidad. Esta debe informar regularmente al comité ampliado (consejo o comisión).

Toda organización y todo órgano del partido, así como cada afiliado, tiene derecho a comunicar en cualquier momento sus deseos e iniciativas, observaciones o acusaciones directamente a la dirección central del partido o a la de la Internacional.

50. *Las directivas y decisiones* de los órganos dirigentes del partido son *obligatorias* para las organizaciones subordinadas y para cada uno de los afiliados.

La *responsabilidad* de los órganos dirigentes y su deber de guardarse tanto de las negligencias como del abuso de su posición dirigente solo pueden determinarse formalmente en parte. Cuanto menor sea su responsabilidad formal, por ejemplo en los partidos ilegales, tanto más obligados están a recabar la opinión de los demás afiliados, a procurarse regularmente informaciones sólidas y a no tomar sus propias decisiones sino tras una reflexión madura y desde todos los ángulos.

51. Los afiliados al partido están obligados a actuar siempre, en su intervención pública, *como miembros disciplinados* de una organización de combate. Cuando surjan diferencias de opinión sobre el modo correcto de actuar, deben resolverse, en lo posible, en el seno de la organización del partido antes de la intervención pública, y después hay que actuar conforme a esa decisión. Pero para que toda decisión del partido sea llevada a cabo con la mayor energía por todas las organizaciones y afiliados del partido, hay que hacer participar, siempre que sea posible, a la más amplia masa del partido en el examen y la decisión de cada cuestión. A las organizaciones e instancias del partido les incumbe también el deber de decidir si, y en qué forma y medida, deben discutirse en público (prensa, conferencias, folletos) cuestiones planteadas por camaradas individuales. Pero aunque la decisión de la organización o de la dirección del partido sea errónea en opinión de otros afiliados, estos camaradas no deben olvidar nunca en su intervención pública que la *falta de disciplina más grave* y el error más grave *en la lucha* es, con todo, *perturbar la unidad del frente común*, o incluso romperla.

Es deber supremo de todo afiliado defender al Partido Comunista, y sobre todo a la Internacional Comunista, contra todos los enemigos del comunismo. Quien lo olvide y, por el contrario, ataque públicamente al partido o a la Internacional Comunista debe ser tratado como un adversario del partido.

52. *Los estatutos* del partido deben redactarse de modo que no sean un obstáculo para los órganos dirigentes del partido en el desarrollo constante de la organización general del partido y en la mejora incesante del trabajo de organización, sino que les sirvan de ayuda.

Las decisiones de la Internacional Comunista deben ser *ejecutadas sin demora* por los partidos adheridos, aun en el caso de que las modificaciones correspondientes de los estatutos y decisiones del partido vigentes solo puedan hacerse estatutariamente después.

### VIII. Sobre la combinación del trabajo legal y el ilegal

53. Según las distintas fases del proceso revolucionario, pueden *producirse* en la vida cotidiana de todo partido comunista los correspondientes *cambios de función*. Pero en el fondo no hay ninguna diferencia esencial entre la estructura de partido a la que debe aspirar un partido legal y la que debe buscar un partido ilegal.

El partido debe estar organizado de tal modo que esté siempre en condiciones de adaptarse rápidamente a los cambios de las condiciones de la lucha.

El Partido Comunista debe convertirse en una *organización de combate* capaz, por una parte, de esquivar en campo abierto a un enemigo provisto de fuerzas abrumadoras que ha concentrado toda su fuerza en un punto y, por otra, de aprovechar también la pesadez de ese enemigo para atacarlo allí y entonces donde menos espere el ataque. Sería el mayor error de la organización del partido prepararse deliberadamente solo para la insurrección y la lucha callejera o solo para la situación de la más dura represión. Los comunistas deben realizar su trabajo revolucionario preparatorio *en cualquier situación y estar siempre dispuestos para la lucha*, porque a menudo es casi imposible prever el paso del periodo de insurrección al periodo de calma; e incluso en los casos en que fuera posible, esa previsión casi nunca puede aprovecharse ya para reorganizar el partido, porque el cambio se produce por lo general en muy poco tiempo, e incluso a menudo de forma *totalmente inesperada*.

54. Los partidos comunistas legales de los países capitalistas no han comprendido todavía, por lo general, suficientemente como tarea suya el modo en que el partido debe armarse como es debido para las insurrecciones revolucionarias, para la lucha armada o, en general, para la lucha ilegal. Se construye toda la organización del partido de manera demasiado unilateral sobre una legalidad duradera y se la configura según las necesidades de las tareas legales del día.

En los partidos ilegales, en cambio, a menudo no se sabe aprovechar lo bastante las posibilidades de la actividad legal ni construir una organización del partido que esté en contacto vivo con las masas revolucionarias. En este caso el trabajo del partido muestra la tendencia a quedarse en estéril trabajo de Sísifo o en impotente conspiración.

Ambas cosas son erróneas. Todo Partido Comunista legal debe saber asegurarse la mayor preparación posible para la lucha también en caso de existencia clandestina y, sobre todo, debe estar armado para el estallido de insurrecciones revolucionarias. Todo Partido Comunista ilegal, a su vez, debe aprovechar enérgicamente también las posibilidades del movimiento obrero legal, para convertirse, mediante un intenso trabajo de partido, en organizador y verdadero dirigente de las grandes masas revolucionarias.

La dirección del trabajo legal y del ilegal debe estar siempre en manos de una misma central única del partido.

55. Tanto en los partidos legales como en los ilegales se concibe a menudo el trabajo organizativo comunista ilegal como la fundación y el mantenimiento de una organización cerrada, exclusivamente *militar*, aislada del resto del trabajo y de la organización del partido. Esto es completamente erróneo. Al contrario, en el periodo prerrevolucionario la formación de nuestra organización de combate debe hacerse principalmente mediante el trabajo comunista general del partido. *Todo* el partido debe formarse como una *organización de combate* para la revolución.

Las organizaciones revolucionarias militares aisladas, surgidas demasiado pronto antes de la revolución, muestran con mucha facilidad tendencias a la disolución y a la desmoralización, porque les falta un trabajo de partido de utilidad inmediata.

56. Para un partido ilegal es, naturalmente, de importancia decisiva en toda su actividad proteger a sus afiliados y órganos de ser descubiertos y no delatarlos, por ejemplo, con el registro de afiliados, con una recaudación de cuotas imprudente o con el reparto de material. Por eso no puede utilizar formas de organización abiertas con fines conspirativos en el mismo grado que un partido legal. Pero puede aprenderlo cada vez más.

Para impedir la entrada en el partido de elementos dudosos o poco fiables habrá que aplicar todas las medidas de precaución. Los medios útiles para ello dependerán mucho de si el partido es legal o ilegal, perseguido o tolerado, de si está en rápido crecimiento o estancado. Un medio que en algunos lugares y en determinadas circunstancias ha dado resultado es el sistema de la candidatura. Según él, quienes solicitan el ingreso en el partido son admitidos primero como candidatos a propuesta de uno o dos camaradas del partido, y de cómo se acrediten en el trabajo para el partido que se les encomiende depende que puedan ser admitidos como miembros.

Es inevitable que la burguesía intente introducir espías y provocadores en las organizaciones ilegales. Contra ello hay que luchar con el mayor cuidado y perseverancia. Un método de esa lucha es la hábil combinación de la actividad legal con la ilegal. Un trabajo revolucionario legal prolongado es en general la mejor prueba de quién es lo bastante fiable, valiente, concienzudo, enérgico, hábil y puntual para que se le confíen tareas importantes del trabajo ilegal, adecuadas a su capacidad.

Un partido legal debe armarse y prepararse cada vez mejor para las sorpresas (por ejemplo, guardar a buen recaudo las direcciones de cobertura, destruir por regla general las cartas, poner a seguro los documentos necesarios, instruir a los enlaces en las reglas de la conspiración, etc.).

57. Nuestro trabajo general de partido debe distribuirse, pues, de tal modo que ya antes de la insurrección revolucionaria abierta se desarrollen y afiancen las *raíces* de una organización de combate que responda a las necesidades de esa fase. Es particularmente importante que la dirección comunista del partido, en su actividad dirigente, *piense constantemente en esas necesidades* y que intente, en la medida de lo posible, *hacerse de antemano una idea clara* de ellas. Es cierto que esa idea nunca podrá ser de antemano exacta o lo bastante clara. Pero eso no debe ser motivo para descuidar este punto de vista, el más importante, de la dirección organizativa comunista.

Pues cuando en la insurrección revolucionaria abierta llega el mayor cambio de función en la vida del Partido Comunista, este puede poner incluso al partido mejor organizado ante tareas muy difíciles y complicadas. Puede que haya que movilizar en pocos días a nuestro partido político para la lucha armada. Y no solo al partido, sino también a sus reservas, a las organizaciones de simpatizantes, e incluso a toda la milicia general[^d11b-9], es decir, a las masas revolucionarias no organizadas. En ese momento no se puede hablar todavía de formar un Ejército Rojo regular. Tenemos que vencer —sin un ejército construido de antemano— por medio de las masas, bajo la dirección del partido. Por eso de nada servirá quizá ni la lucha más heroica si nuestro partido no ha sido preparado organizativamente para ese caso ya *de antemano*.

58. En situaciones revolucionarias se ha observado muchas veces que las *direcciones centrales* revolucionarias *no se mostraban capaces* de cumplir sus tareas. En la revolución, el proletariado puede lograr grandes conquistas en las tareas organizativas de grado inferior. Pero en su cuartel general reinan por lo general el desorden, la perplejidad y el caos. Puede faltar hasta la división del trabajo más elemental. Sobre todo el servicio de información suele ser tan malo que causa más daño que provecho. No se puede confiar en los enlaces. Cuando se necesitan correo secreto, transporte secreto, alojamientos secretos e imprentas secretas, estos dependen por lo general por completo de casualidades afortunadas o desafortunadas. Toda provocación de los enemigos organizados tiene las mejores perspectivas.

Y no puede ser de otro modo si el partido revolucionario dirigente no ha organizado *de antemano* en su seno una actividad especial con esos fines. Por ejemplo, la vigilancia y el desenmascaramiento de la policía política exigen una práctica especial; un aparato para las comunicaciones secretas solo puede funcionar con seguridad y rapidez tras un funcionamiento regular prolongado, etc. En todos estos terrenos de la actividad revolucionaria especial, todo Partido Comunista legal necesita algunos preparativos secretos, por pequeños que sean.

En su mayor parte, también en estos terrenos el aparato necesario puede desarrollarse mediante una actividad completamente legal, con tal de que al organizar esa actividad se tenga presente qué clase de aparato debe surgir de ella. Por ejemplo, ya mediante una distribución minuciosamente regulada de los folletos legales y demás publicaciones y de las cartas puede elaborarse en lo esencial un aparato para las comunicaciones secretas (para el servicio de mensajeros, el correo secreto, los alojamientos secretos, los transportes conspirativos, etc.).

59. El organizador comunista ve de antemano a cada miembro del partido y a *cada* obrero revolucionario en su *futuro papel histórico de soldado* de nuestra organización de combate del periodo revolucionario. En consecuencia, lo conduce ya de antemano *al* núcleo y *al* trabajo que mejor corresponden a su futuro puesto y al arma en que ha de servir. Su actividad de hoy debe ser también, en sí misma, un servicio útil, necesario para la lucha de hoy, no una mera instrucción que el obrero práctico de hoy ya no entiende; pero al mismo tiempo esa actividad es también, en parte, preparación para las importantes necesidades de la lucha final de mañana.

## Resolución sobre la organización de la Internacional Comunista

*Aprobada en la 24.ª sesión del III Congreso Mundial, el 12 de julio de 1921.*

El Ejecutivo de la IC debe desarrollarse de manera que le sea posible tomar posición sobre todas las cuestiones de acción del proletariado. Más allá de los llamamientos generales que ha hecho hasta ahora sobre tales cuestiones críticas, el Ejecutivo debe pasar cada vez más a buscar los medios y caminos para tomar la iniciativa práctica de una actuación organizativa y propagandística unitaria de las diferentes secciones en las cuestiones internacionales en litigio. La IC tiene que madurar hasta convertirse en una Internacional de la acción, en la dirección internacional de la lucha diaria común del proletariado revolucionario de todos los países. Para ello es condición previa:

1. Los partidos afiliados a la IC deben hacer todo lo posible por mantener con el Ejecutivo la relación más estrecha y asidua; no solo deben enviar al Ejecutivo a los mejores representantes de su país, sino que deben procurar, con circunspección y tenacidad, que el Ejecutivo esté constantemente bien informado, para que pueda tomar posición sobre los problemas políticos que surjan basándose en documentos reales y en materiales a fondo. Para elaborar con provecho este material, el Ejecutivo debe organizar secciones para todos los campos especiales. Además, debe crearse junto al Ejecutivo un instituto internacional económico-estadístico del movimiento obrero y del comunismo.

2. Los partidos afiliados deben mantener entre sí la más estrecha relación informativa y organizativa, en especial cuando son vecinos y, por ello, están igualmente interesados en los conflictos políticos que nacen de los antagonismos capitalistas. El envío recíproco de delegados a sus conferencias más importantes y el intercambio de militantes adecuados son actualmente el modo más conveniente de iniciar esta relación de acción común. Este intercambio de militantes adecuados debe convertirse sin demora en una institución permanente de todas las secciones que tengan cierta capacidad.

3. El Ejecutivo debe favorecer la necesaria fusión de todas las secciones nacionales en un partido internacional único de la propaganda y la acción proletarias comunes editando en Europa occidental una correspondencia política que aparezca en todas las lenguas importantes, por medio de la cual la aplicación de la idea comunista debe hacerse cada vez más unitaria y clara, y que, mediante una información fiable y regular, debe crear las bases para una actuación activa y simultánea de las diferentes secciones.[^d12-1]

4. Enviando representantes plenipotenciarios del Ejecutivo a las secciones, el Ejecutivo puede apoyar de forma organizativamente eficaz la aspiración a una verdadera Internacional de la lucha diaria común del proletariado de todos los países. Estos representantes tienen la tarea de dar a conocer al Ejecutivo las condiciones particulares en que tienen que luchar los partidos comunistas de los países capitalistas y de los coloniales. Deben además procurar que estos partidos permanezcan en la relación más íntima tanto con el Ejecutivo como entre sí, para aumentar la capacidad de combate de ambos. El Ejecutivo, al igual que los partidos, debe procurar que el contacto entre él y cada uno de los partidos afiliados, tanto personalmente, por medio de hombres de confianza, como por correspondencia escrita, sea más frecuente y más rápido de lo que ha sido hasta ahora, de modo que se llegue a una toma de posición concordante sobre todas las grandes cuestiones políticas.

5. Para poder desplegar esta actividad extraordinariamente acrecentada, el Ejecutivo debe ampliarse considerablemente. Las secciones a las que el congreso atribuyó 40 votos, así como el Ejecutivo de la Internacional Juvenil Comunista, tienen en el Ejecutivo dos votos cada uno; las secciones que tenían en el congreso 30 y 20 votos tienen un voto cada una. El Partido Comunista de Rusia dispone, como hasta ahora, de cinco votos. Los representantes de las demás secciones tienen voto consultivo. El presidente del Ejecutivo lo elige el congreso. Se encarga al Ejecutivo que nombre a tres secretarios, que deberán tomarse, en lo posible, de secciones diferentes. Junto a ellos, los miembros del Ejecutivo enviados por las secciones están obligados a participar en la tramitación de los trabajos corrientes por medio de sus secciones nacionales particulares o asumiendo como ponentes el tratamiento de campos enteros de materias. Los miembros de la oficina directiva más restringida[^d12-2] son elegidos especialmente por el Ejecutivo, por regla general de entre los miembros del Ejecutivo; en casos particulares se admiten excepciones.

6. La sede del Ejecutivo es Rusia, el primer Estado proletario. El Ejecutivo debe, sin embargo, tratar de ampliar su radio de acción también mediante conferencias que organice fuera de Rusia, a fin de centralizar con más firmeza la dirección organizativa y política de toda la Internacional.

## Tesis sobre los métodos y formas del trabajo de los partidos comunistas entre las mujeres

*Aprobadas en la 20.ª sesión del III Congreso Mundial, el 8 de julio de 1921.*[^d13-1]

### Principios fundamentales.

1. El III Congreso de la Internacional Comunista, junto con la Conferencia Internacional de las Comunistas[^d13-2], ratifica una vez más las decisiones del I y del II Congreso, según las cuales es necesario reforzar el trabajo de los partidos comunistas de Occidente y de Oriente entre el proletariado femenino, educar a las amplias masas de obreras en el espíritu del comunismo y atraerlas a la lucha por el poder soviético o a la construcción de la república soviética.

En todo el mundo se alza ante la clase obrera, y por tanto también ante las obreras, la cuestión esencial de la dictadura del proletariado.

El sistema económico capitalista ha entrado en un callejón sin salida; en el marco del capitalismo ya no hay lugar para un desarrollo ulterior de las fuerzas productivas. La depauperación de los trabajadores, la impotencia de la burguesía para restablecer la producción, el alto grado de especulación, la descomposición de la producción, el paro, las oscilaciones de los precios, la desproporción entre el salario y los precios: todos estos fenómenos conducen inevitablemente a la agudización de la lucha de clases en todos los países. En esta lucha se decide la cuestión de la dirección, la conducción, la organización y el sistema de la producción, y de si esa dirección la ha de asumir un puñado de burgueses y explotadores sobre la base del capitalismo y de la propiedad privada o la clase de los productores sobre una base comunista. La clase nueva y ascendente, la clase de los productores, ha de tomar en sus manos, conforme a las leyes del desarrollo económico, el aparato de producción para crear nuevas formas económicas. Solo así será posible alcanzar el máximo desarrollo de las fuerzas productivas, que hasta ahora ha frenado la anarquía del modo de producción capitalista.

Mientras el poder esté en manos de la clase burguesa, el proletariado no está en condiciones de elevar el proceso de producción. Mientras el poder esté en manos del capital, ninguna reforma, ninguna medida de un gobierno democrático o llamado socialista en un país burgués puede salvar la situación y aliviar los graves e insoportables sufrimientos de las obreras y los obreros causados por la descomposición del sistema económico capitalista. Solo la toma del poder por el proletariado da a la clase de los productores la posibilidad de apoderarse de los medios de producción y de impulsar el desarrollo económico en interés de los trabajadores. Para acelerar la hora de la inevitable lucha decisiva del proletariado contra el mundo capitalista podrido, la clase obrera debe atenerse firme e inexorablemente a la táctica fijada por la III Internacional. La dictadura obrera del proletariado es lo inmediato, lo que determina los métodos de trabajo y la línea de combate del proletariado de ambos sexos.

El III Congreso de la Internacional Comunista parte del principio de que la lucha por la dictadura del proletariado está a la orden del día para los proletarios de todos los Estados capitalistas, del mismo modo que la construcción del comunismo es la tarea inmediata de los países en los que la dictadura ya está en manos de los obreros. El III Congreso de la Internacional Comunista hace constar que ni la conquista del poder ni la realización del comunismo en un país en el que el capital ya ha sido derribado son posibles sin el apoyo activo de las amplias masas femeninas del proletariado y del semiproletariado.

Por otra parte, el Congreso llama una vez más la atención de todas las mujeres sobre el hecho de que todos los intentos que se proponen la liberación de la mujer de la servidumbre y su igualdad son imposibles sin su apoyo[^d13-3].

II. El interés de la clase obrera exige, precisamente ahora y con particular urgencia, la incorporación de las mujeres a las filas organizadas del proletariado que luchan por el comunismo, y tanto más cuanto que la ruina económica se vuelve cada vez más decisiva e insoportable para los pobres de la ciudad y del campo, y la realización de la revolución social se hace cada vez más indispensable para la clase obrera de los países capitalistas, mientras que los obreros de la Rusia soviética tienen que llevar a cabo la reconstrucción de la economía nacional sobre nuevas bases comunistas. Ambas tareas serán tanto más fáciles de resolver cuanto más activa, consciente y voluntariamente participen las mujeres en su solución.

III. Los partidos comunistas, allí donde se plantee la cuestión de la conquista del poder, deben valorar correctamente el gran peligro que representan para la revolución las masas de obreras, amas de casa, empleadas y campesinas que no han sido incorporadas al movimiento, ni sustraídas a la influencia de la concepción capitalista del mundo, de la Iglesia y de los prejuicios burgueses, ni puestas de uno u otro modo en relación con el gran movimiento emancipador del comunismo. Las masas femeninas de Occidente y de Oriente que no han sido incorporadas al movimiento constituyen sin duda un apoyo del capital, un objeto de la propaganda contrarrevolucionaria. La experiencia de la revolución húngara, en cuyo curso las masas femeninas sin consciencia de clase desempeñaron un papel tan triste[^d13-4], debe servir de advertencia a los proletarios de todos los países que han emprendido el camino de la revolución social.

Por otra parte, la práctica de la república soviética ha mostrado cuán importante es la participación de las obreras y campesinas tanto en la defensa de la república como en todos los terrenos de la construcción soviética. La importancia del papel que las obreras y campesinas desempeñaron en la república soviética en la organización de la defensa de la retaguardia, en la lucha contra la deserción y en la lucha contra toda clase de contrarrevolución, sabotaje, etc., está probada por los hechos. El proletariado de los demás países debe aprovechar la experiencia de la república proletaria.

De ello se desprenden para los partidos comunistas las tareas siguientes: deben extender la influencia del partido y del comunismo a las amplias masas femeninas de su país mediante métodos intensificados y especiales dentro del partido, unos métodos que les permitan liberar a las mujeres de la influencia de la concepción capitalista del mundo o de los partidos de compromiso, educarlas como verdaderas combatientes y alcanzar así su verdadera liberación.

IV. El III Congreso de la Internacional Comunista encarece en particular a los partidos comunistas de Occidente y de Oriente que refuercen el trabajo entre el proletariado femenino y, al mismo tiempo, recuerda a las obreras del mundo entero que solo la *victoria del comunismo* hace posible su liberación de la servidumbre y la opresión. Lo que el comunismo puede dar a la mujer no puede dárselo *en ningún caso el movimiento femenino capitalista.* Mientras subsista en los países capitalistas el poder del capital y de la propiedad privada, la liberación de la mujer de la dependencia respecto del hombre no puede ir más allá del derecho a disponer de sus propios bienes y de su salario y a decidir en pie de igualdad con el hombre el destino de los hijos. El afán de las feministas, bajo el dominio del parlamentarismo, por extender el derecho de voto a las mujeres no resuelve la cuestión de la igualdad efectiva de las mujeres, y menos aún de las mujeres de las clases no poseedoras, como han comprobado los obreros de todos aquellos países capitalistas en los que la burguesía ha introducido en los últimos años la igualdad política formal de los sexos. El derecho de voto no puede destruir las causas originarias del encadenamiento de la mujer a la familia y a la sociedad. La sustitución del matrimonio indisoluble por el matrimonio civil no iguala en los países capitalistas la situación de la mujer en el matrimonio, dada la dependencia económica de la proletaria respecto del capitalista y del marido sostén de la familia, y dada la falta de protección de la madre y de la juventud y de educación social, ni puede resolver el problema de las relaciones mutuas entre los sexos.

La igualdad no solo formal, sino efectiva, de la mujer solo es posible en el comunismo, es decir, solo cuando la mujer de la masa trabajadora esté en condiciones de participar en la propiedad de los medios de producción, en la distribución y en la dirección, y de cumplir la obligación de trabajar del mismo modo que todos los demás miembros de la sociedad trabajadora; dicho de otro modo, solo es posible cuando el sistema de producción capitalista sea derribado y sustituido por el modo de economía comunista. Solo el comunismo crea las condiciones en las que la función natural de la mujer, la maternidad, no entre en conflicto con sus deberes sociales ni estorbe su trabajo creador en beneficio de la colectividad, sino que, al contrario, favorezca en todos los aspectos el desarrollo armónico de la personalidad, que está estrecha e indisolublemente ligado a las tareas y a la vida del colectivo trabajador. El comunismo debe ser la meta de todas las mujeres que luchan por la liberación de la mujer y el reconocimiento de sus derechos.

Pero el comunismo es al mismo tiempo la meta de todo el proletariado; por consiguiente, la lucha de las obreras y los obreros debe librarse *en común y unida* en interés de ambas partes.

V. El III Congreso de la Internacional Comunista subraya el principio fundamental del marxismo revolucionario según el cual no existe una «cuestión femenina especial» y toda alianza de las obreras con el feminismo capitalista conduce a debilitar las fuerzas del proletariado; pero subraya también, por otra parte, que todo apoyo que las obreras presten a la táctica traidora de los socialconciliadores y oportunistas debilita igualmente las fuerzas del proletariado, aplaza la revolución social y retrasa la victoria del comunismo y, por tanto, también la hora de la liberación de la mujer.

El comunismo no es posible por los esfuerzos unidos de las mujeres de distintas clases, sino únicamente por la lucha unida de todos los explotados.

Las masas femeninas proletarias están obligadas, en su propio interés, a apoyar la táctica revolucionaria de los partidos comunistas y a participar activa y directamente en las acciones de masas y en la guerra civil, tal como esta se manifiesta en todas sus formas[^d13-5] a escala nacional e internacional.

VI. La lucha de la mujer contra su doble opresión (el capitalismo y la dependencia de la vida familiar) debe adquirir en la próxima etapa de su desarrollo carácter internacional y convertirse, bajo la bandera de la III Internacional, en una lucha del proletariado de ambos sexos por la dictadura y por la construcción soviética.

VII. El III Congreso de la Internacional Comunista pone en guardia a las obreras contra toda colaboración y todo compromiso con las feministas capitalistas y les advierte al mismo tiempo de que cualquier ilusión de que la mujer proletaria podría apoyar sin daño propio a la II Internacional o a elementos de tendencia oportunista próximos a ella causa un daño enorme al movimiento. Las mujeres deben tener siempre presente lo siguiente: la servidumbre de la mujer arraiga en la estructura capitalista; para poner fin a esa servidumbre hay que pasar a una nueva forma de sociedad.

El apoyo a la II Internacional y a la Internacional II½[^d13-6] y a grupos semejantes impide el desarrollo de la revolución social y, por tanto, también el advenimiento de nuevas formas de sociedad. Cuanto más resueltamente se aparten las amplias masas femeninas de la II Internacional y de la II½, más asegurada estará la victoria de la revolución social. Es deber de las comunistas condenar a todos aquellos que retroceden ante la táctica revolucionaria de la Internacional Comunista y exigir inexorablemente su expulsión de sus filas cerradas.

Las mujeres deben recordar que la II Internacional ni siquiera intentó crear un órgano cuya tarea hubiera sido dirigir la lucha por la liberación completa de la mujer. La Unión Internacional de las Socialistas, en la medida en que llegó a realizarse, surgió fuera del marco de la II Internacional por iniciativa propia de las obreras[^d13-7].

La III Internacional formuló ya en su I Congreso, en 1919, de manera concreta su posición ante la cuestión de la incorporación de las mujeres a la lucha por la dictadura. A raíz del I Congreso se convocó la primera Conferencia de las Comunistas y en 1920 se fundó el Secretariado Internacional para el Trabajo entre las Mujeres, con una representación permanente en el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista[^d13-8]. Es deber de las obreras con consciencia de clase de todos los países romper sin vacilar con la *II Internacional y la II½* y apoyar con fuerza la actitud revolucionaria de la Internacional Comunista.

VIII. Las obreras, las campesinas y las empleadas deben demostrar su apoyo a la Internacional Comunista ingresando en el partido comunista de su país.

En los países y partidos en los que la lucha entre la II y la III Internacional aún no ha terminado, es deber de las obreras apoyar con todas sus fuerzas al partido o grupo que defiende la Internacional Comunista y librar una lucha implacable contra todos los elementos vacilantes o abiertamente traidores, sin consideración a ninguna autoridad. Las proletarias con consciencia de clase que aspiran a su liberación efectiva no deben permanecer en partidos que están fuera de la Internacional Comunista. Quien es enemigo de la III Internacional es enemigo de la liberación de la mujer.

Las mujeres trabajadoras conscientes de Occidente y de Oriente solo tienen un lugar: bajo la bandera de la Internacional Comunista, es decir, en las filas del partido comunista de su país. Toda vacilación por parte de las mujeres trabajadoras, toda evasiva ante la lucha contra los partidos de compromiso que se llaman socialistas y contra sus jefes, repercute de forma funesta en la lucha del proletariado y pone en peligro su éxito. Pues esta lucha ha adquirido el carácter de una guerra civil abierta e implacable, nacional e internacional.

### Los métodos y formas del trabajo entre las mujeres.

Partiendo de todos los principios expuestos más arriba, el III Congreso de la Internacional Comunista dispone que los partidos comunistas de todos los países deben llevar su trabajo entre el proletariado femenino sobre la base siguiente:

I. Las mujeres han de ser consideradas miembros con igualdad de derechos del partido y de todas las organizaciones de clase (sindicatos, cooperativas, consejos de delegados de fábrica, etc.).

II. Hay que reconocer la necesidad de incorporar activamente a las mujeres a todos los terrenos de la lucha proletaria (sin excluir la autodefensa militar del proletariado), de la construcción de las nuevas bases sociales y de la organización de la producción y de la vida sobre una base comunista.

III. Hay que reconocer la función de la maternidad como función social y defender la adopción y la aplicación de medidas que protejan a la mujer en su condición de madre.

El III Congreso de la Internacional Comunista se pronuncia de la manera más resuelta contra la formación de asociaciones femeninas especiales y separadas dentro del partido, de los sindicatos o de otras organizaciones femeninas particulares; reconoce, no obstante, la necesidad de que los partidos comunistas apliquen métodos de trabajo especiales entre las mujeres y hace constar, por ello, la *conveniencia de crear órganos especiales* para llevar a cabo este trabajo dentro de todos los partidos comunistas. El Congreso se guía en esto por las consideraciones siguientes:

a) que se hacen sentir, por una parte, el sojuzgamiento de la mujer en los países capitalistas y, por otra, su difícil situación en los países soviéticos, que atraviesan la transición del capitalismo al comunismo;

b) que hay que constatar una cierta pasividad y un atraso político de las masas femeninas, que se explica porque desde antiguo la mujer ha sido mantenida al margen de la vida social y encadenada a la familia;

c) que las funciones especiales (la maternidad) que la naturaleza impone a la mujer, y las particularidades de la mujer que de ellas se derivan, exigen una mayor protección de la salud y de las fuerzas de la mujer en interés de la colectividad. Precisamente por estas consideraciones el Congreso hace constar la conveniencia de crear órganos especiales para llevar a cabo el trabajo entre las mujeres. Tales órganos son las secciones y comisiones que deben organizarse junto a todos los comités del partido, desde el comité central hasta el comité de distrito urbano o de comarca. Esta decisión es obligatoria para todos los partidos que pertenecen a la Internacional Comunista.

El III Congreso de la Internacional Comunista indica que las *tareas* de estas secciones y comisiones consisten en lo siguiente:

1. Educar a las amplias masas femeninas en el espíritu del comunismo e incorporarlas a las filas del partido.

2. Combatir los prejuicios ligados a la posición social de la mujer y afianzar en los obreros y las obreras la consciencia de la comunidad de intereses de los proletarios de ambos sexos.

3. Fortalecer la voluntad de las obreras, incorporarlas a todas las formas y clases de la guerra civil en los países capitalistas y despertar la actividad de las mujeres atrayéndolas a las acciones de masas y a la lucha contra la explotación capitalista (escasez de vivienda, carestía, paro, miseria infantil), y en las repúblicas soviéticas alcanzar el mismo objetivo atrayendo a las mujeres a la construcción de la economía y del modo de vida comunistas.

4. Plantear las cuestiones que se refieren directamente a la igualdad de derechos y a la protección de la mujer como madre y dirigir hacia ellas la atención del partido y de los órganos legislativos (en los países soviéticos).

5. Librar una lucha sistemática contra el poder de la tradición, de las costumbres burguesas y de la religión, y establecer así entre los sexos unas relaciones más sanas y armoniosas, capaces de asegurar el saneamiento físico y moral de la humanidad trabajadora.

Los comités del partido deben dirigir directamente el trabajo de las comisiones y son responsables de él. Al frente de cada comisión debe estar un miembro del comité. En la medida de lo posible, varios comunistas deben ser miembros de estas comisiones.

Las comisiones deben llevar a cabo por sí mismas todas las medidas que se les planteen; deben tratar de conseguirlas en los países soviéticos a través de los correspondientes órganos económicos o políticos (soviets, comisariados, comisiones, sindicatos, etc.), y en los países capitalistas con ayuda de los correspondientes órganos del proletariado (sindicatos, consejos, etc.). Dondequiera que los partidos comunistas existan en la ilegalidad o en la semilegalidad, crearán un aparato ilegal para el trabajo entre las mujeres. Este aparato debe estar subordinado y adaptado al aparato ilegal del conjunto del partido. Lo mismo que en la organización legal, también en la ilegal debe estar representada en cada comité local, de distrito o central una camarada que tenga a su cargo la dirección responsable del trabajo ilegal de propaganda entre las mujeres.

En el periodo actual, los sindicatos y las asociaciones de producción, así como las cooperativas, constituyen la base principal del trabajo de los partidos comunistas entre las mujeres; esto vale tanto para los países en los que todavía se libra la lucha por el derrocamiento del capital como para las repúblicas soviéticas de los trabajadores. El trabajo entre las mujeres debe llevarse en el espíritu de la unidad del movimiento y de la organización del partido, del reconocimiento de la iniciativa autónoma frente a las comisiones, etc., en todas aquellas iniciativas que se refieren a la liberación completa y a la igualdad de la mujer, que el partido ha de realizar en toda su extensión.

No paralelismo en el trabajo, sino complemento del trabajo del partido mediante la actividad propia creadora y la iniciativa de la mujer.

### El trabajo del partido entre las mujeres en los países soviéticos.

La tarea de las secciones femeninas en una república soviética de los trabajadores consiste en educar a las amplias masas femeninas en el espíritu del comunismo y ganarlas para el partido comunista. Deben despertar y elevar su actividad y su iniciativa propia atrayendo a las mujeres al trabajo de construcción del comunismo, para formarlas como firmes defensoras de la Internacional Comunista. Las secciones femeninas deben esforzarse por todos los medios en atraer a las mujeres a todos los terrenos de la construcción soviética, desde la defensa hasta su incorporación a los múltiples planes económicos de la república.

Las secciones femeninas deben velar en la república soviética por que se cumplan las disposiciones del VIII Congreso de los Soviets[^d13-9], que hablan de la incorporación de las obreras y campesinas a la construcción y la organización de la economía nacional y quieren ver asegurada la participación de las mujeres en todos los órganos que se ocupan de la organización, el control y la dirección de la producción.

Las secciones femeninas deben participar, mediante sus representantes y a través de los órganos del partido, en la elaboración de nuevas propuestas de ley y procurar la modificación de aquellas que necesiten un cambio en aras de la liberación económica de la mujer. Las secciones deben mostrar especial iniciativa en la elaboración de las leyes destinadas a proteger el trabajo de las mujeres y de los niños.

Las secciones femeninas están obligadas a atraer al mayor número posible de obreras y campesinas a la campaña de las elecciones a los soviets y a cuidar de que también obreras y campesinas lleguen a ser miembros de los soviets y de los comités ejecutivos.

Las secciones femeninas deben velar por la rápida ejecución de todas las campañas políticas y económicas emprendidas por el partido.

Es tarea de las secciones femeninas elevar la calidad del trabajo femenino mediante una mejor formación profesional y cuidar de que las obreras y campesinas tengan acceso a los centros de enseñanza correspondientes.

Las secciones femeninas deben procurar el ingreso de mujeres en las comisiones de protección del trabajo de cada empresa y atender al fomento de la actividad de las comisiones auxiliares de protección de la mujer y de la juventud.

Las secciones femeninas deben tratar de desarrollar toda la red de instituciones sociales (orfanatos públicos, lavanderías, talleres de reparación, casas comunales, instituciones de educación social, etc.) que asientan el modo de vida sobre nuevas bases comunistas, alivian a las mujeres las penalidades del periodo de transición, favorecen su independencia material y hacen de la esclava del hogar y de la familia la compañera libre del creador de las nuevas formas de vida.

Las secciones femeninas deben ocuparse de la educación de las afiliadas a los sindicatos en el espíritu del comunismo, para lo cual se servirán de la ayuda de los organizadores del trabajo entre las mujeres designados por la fracción comunista en los sindicatos.

Las secciones femeninas deben cuidar de que las obreras de fábrica asistan a las asambleas de delegados de fábrica. Están obligadas a llevar a cabo una distribución sistemática de las delegadas —en prácticas[^d13-10]— para los más diversos trabajos (en los soviets, en el terreno de la economía nacional, en los sindicatos).

### En los países capitalistas.

Las tareas inmediatas de las comisiones para el trabajo entre las mujeres las determina la situación objetiva. Por una parte, la descomposición de la economía mundial, el enorme aumento del paro (que se expresa sobre todo en la caída de la demanda de trabajo femenino), el aumento de la prostitución y de la carestía, la escasez de vivienda, la amenaza de nuevas guerras imperialistas; por otra parte, las incesantes huelgas económicas de los obreros, los repetidos intentos de insurrección armada del proletariado y la atmósfera cada vez más densa de guerra civil a escala mundial: todo ello es el prólogo de la inevitable revolución social mundial.

Las comisiones de obreras deben subrayar las tareas de lucha del proletariado, defender el conjunto de las consignas del Partido Comunista y atraer a las mujeres a participar en las acciones revolucionarias de los comunistas contra la burguesía y los socialtraidores.

Las comisiones deben cuidar no solo de que las mujeres sean admitidas como miembros con igualdad de derechos y de deberes en el partido, los sindicatos, las cooperativas y demás organizaciones de clase, oponiéndose a toda separación o posición especial de la obrera, sino que deben procurar también que las obreras sean admitidas como colaboradoras con igualdad de derechos en los órganos dirigentes del partido, de los sindicatos y de las cooperativas.

Las comisiones están obligadas a procurar que las amplias masas del proletariado femenino y del campesinado hagan valer su derecho en las elecciones al parlamento y a todas las instituciones públicas en favor del partido comunista, mostrando al mismo tiempo los límites de esos derechos tanto en lo que respecta a la supresión o la atenuación de la explotación capitalista como en lo que respecta a la liberación de la mujer, y oponiendo el parlamentarismo al sistema soviético.

Las comisiones deben cuidar también de que las obreras, las empleadas y las campesinas participen del modo más vivo y con consciencia de clase en las elecciones de los consejos revolucionarios, económicos y políticos, de diputados obreros, esforzándose por conseguir despertar la actividad política del ama de casa y propagar la idea de los consejos muy especialmente entre las campesinas. Un trabajo especial de las comisiones consiste en conseguir que se aplique el principio de igual salario por igual trabajo. Es tarea de las comisiones ganar a las obreras y los obreros para esta campaña mediante cursos gratuitos y accesibles a todos; en una palabra, proponerse como tarea una valoración más alta de la mujer.

Las comisiones deben procurar que las comunistas participen en los órganos legislativos, municipales y en todos los demás órganos sociales en los que las mujeres tengan voz y voto en virtud del derecho de sufragio, para hacer en ellos la política revolucionaria de su partido.

En su actuación en los órganos legislativos, municipales y demás corporaciones del Estado burgués, las comunistas deben atenerse estrictamente a los principios y a la táctica de su partido. Su tarea principal no debe ni puede ser conseguir reformas dentro del orden burgués, sino aprovechar la situación y las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras para encaminarlas, en pro de la realización de sus reivindicaciones y de la defensa de sus intereses, por la vía de la lucha revolucionaria, por la vía de la lucha por la instauración de la dictadura proletaria.

Las comisiones deben estar en el más estrecho contacto con las fracciones parlamentarias y municipales y deliberar en común sobre todas las propuestas, etc., que afecten a las mujeres.

Las comisiones deben hacer comprender a las mujeres el atraso y la inconveniencia de la economía doméstica separada y la imperfección del método capitalista de educación, y dirigir la atención de las obreras hacia las cuestiones prácticas de la mejora de la economía doméstica obrera que el partido plantee y apoye. Las comisiones deben hacer todo lo posible por ganar para el partido comunista a las afiliadas a los sindicatos, con cuyo fin la fracción sindical debe designar organizadores propios para el trabajo entre las mujeres, que han de trabajar bajo la dirección del partido y de las secciones locales.

Las comisiones de agitación femenina deben orientar también su propaganda a que las mujeres proletarias traten de difundir en las cooperativas la idea del comunismo y de ganar influencia sobre la dirección de las cooperativas penetrando en sus órganos directivos, ya que estas organizaciones, como órganos de distribución, tienen la mayor importancia durante la revolución y después de ella.

Todo el trabajo de las comisiones debe tener por objetivo el desarrollo de la actividad revolucionaria de las masas, que acelera la revolución social.

### En los países económicamente atrasados (Oriente).

En los países de escaso desarrollo industrial, los partidos comunistas, junto con las secciones femeninas, deben tratar de conseguir que el partido, los sindicatos y las demás organizaciones de la clase trabajadora reconozcan la igualdad de la mujer tanto en los derechos como en los deberes.

Las secciones de la comisión deben librar una lucha enérgica contra todos los prejuicios, costumbres y usos religiosos que pesan sobre la mujer, y su agitación debe extenderse también a los hombres.

El partido comunista y sus secciones de las comisiones deben establecer el principio de la igualdad de derechos de la mujer en lo que respecta a la educación de los hijos, a las relaciones familiares y a la vida pública.

Las secciones deben buscar apoyo entre las obreras explotadas por el capital en la pequeña industria y en las plantaciones de arroz, de algodón y de otro tipo y, dondequiera que sea posible (en primer lugar entre los pueblos de Oriente que viven en el territorio de la Rusia soviética), fomentar la creación de talleres obreros y de industrias cooperativas, y tratar asimismo de conseguir la incorporación de las trabajadoras de las plantaciones a los sindicatos.

La elevación del nivel cultural general de la población es el mejor medio de lucha contra el atraso del país y contra los prejuicios religiosos. Las comisiones deben tratar de impulsar el desarrollo de las escuelas para adultos y para niños; las mujeres deben procurarse acceso a esas escuelas. En los países capitalistas, las comisiones deben hacer agitación directa contra la influencia burguesa de la escuela.

Siempre que sea posible, las secciones o comisiones femeninas deben aprovechar la agitación a domicilio; deben crearse clubes para las obreras destinados a influir precisamente sobre los elementos más atrasados de las mujeres. Los clubes deben ser centros de ilustración cultural y mostrar de manera práctica lo que la mujer puede alcanzar para su liberación mediante su actividad propia (creación de hogares infantiles, jardines de infancia, escuelas, etc.).

Para los pueblos nómadas deben crearse clubes ambulantes.

En los países soviéticos, las secciones deben contribuir, junto con el partido, a la transición de la forma económica precapitalista al modo de producción en común, y convencer a las obreras por la experiencia práctica de que la economía doméstica y las antiguas relaciones familiares las esclavizan, mientras que el trabajo en común las libera.

En la Rusia soviética, las secciones femeninas que trabajan entre los pueblos de Oriente deben cuidar de que la legislación soviética, que equipara jurídicamente a la mujer con el hombre y protege los intereses de la mujer, se cumpla también efectivamente. Por eso las secciones deben apoyar la designación de mujeres como jueces y jurados en los tribunales populares.

Las secciones deben atraer a las mujeres a las elecciones a los soviets y esforzarse por conseguir que haya mujeres entre los miembros de los soviets y de los comités ejecutivos. El trabajo entre las proletarias de Oriente debe llevarse a cabo sobre la base del principio de clase.

Es tarea de las secciones ilustrar a las mujeres sobre la inutilidad de los esfuerzos de las feministas por resolver la cuestión femenina.

En los países soviéticos de Oriente hay que atraer a las fuerzas intelectuales femeninas (por ejemplo, las maestras) a los trabajos de ilustración.

Las secciones o comisiones deben evitar con la mayor energía todo ataque tácticamente incorrecto y grosero contra las creencias religiosas o la tradición nacional, pero deben combatir de la manera más decidida la influencia del nacionalismo y de la religión.

Tanto en Occidente como en Oriente, la organización de las obreras no debe agruparse en torno a la defensa de los intereses nacionales, sino en torno al órgano de unión del proletariado internacional de ambos sexos y en torno a las tareas de clase comunes. Como el trabajo entre las mujeres de Oriente tiene una importancia particular, a estas tesis seguirá una instrucción especial que fije las directrices del trabajo de los partidos comunistas entre las mujeres de Oriente, teniendo en cuenta las condiciones particulares de la vida de los pueblos orientales.

### Métodos de agitación y propaganda.

Para poder cumplir la tarea principal de las secciones —la educación comunista de las amplias masas de proletarias— y reforzar así las filas de los combatientes comunistas, es necesario que todos los partidos comunistas de Occidente y de Oriente hagan suyo el principio fundamental del trabajo entre las mujeres: «agitación y propaganda por la acción».

Por agitación por la acción hay que entender ante todo la capacidad de despertar la actividad propia de la obrera, de reforzar su confianza en sus propias fuerzas y de llevarla, atrayéndola al trabajo práctico en el terreno de la construcción o de la lucha, a convencerse de que cada éxito del partido comunista, cada acción dirigida contra la explotación capitalista, significa un paso hacia el alivio de la situación de la mujer. De la práctica y la acción al conocimiento de los ideales del comunismo y de sus principios teóricos. Este es el método con el que los partidos comunistas y sus secciones deben dirigirse a las amplias masas de obreras.

Puesto que las secciones no han de ser solo órganos de propaganda de la palabra, sino también de la acción, deben apoyarse en las células comunistas de las empresas y talleres y cuidar de que cada célula comunista designe un organizador para el trabajo entre las mujeres de las empresas.

Las secciones deben ponerse en contacto con los sindicatos por medio de sus representantes u organizadores, que designa la fracción sindical y que realizan su trabajo bajo la dirección de las secciones.

La propaganda de la idea del comunismo por la acción significa en la Rusia soviética tanto como atraer a las obreras, campesinas, amas de casa y empleadas a todos los terrenos de la construcción soviética, desde el ejército y la milicia hasta los terrenos de la liberación de la mujer (organizaciones de alimentación colectiva, instituciones de educación social, protección de la maternidad, etc.). Particularmente importante es en el momento actual atraer a las obreras a todos los trabajos en el terreno del restablecimiento de la economía nacional.

En los países capitalistas, la propaganda por la acción significa tanto como atraer a las obreras a participar en huelgas, manifestaciones e insurrecciones, que afianzan y fortalecen la voluntad revolucionaria y la consciencia revolucionaria; pero también tanto como atraer a las obreras a toda clase de trabajos del partido, al trabajo ilegal (sobre todo en el terreno del servicio de enlace), la organización de *subbótniki* o *voskrésniki* (trabajo comunista de los sábados y domingos)[^d13-11], con los que las obreras y empleadas simpatizantes aprenden a ser útiles al partido mediante el trabajo voluntario.

También el principio de atraer a las mujeres a todas las campañas políticas, económicas o de ilustración cultural emprendidas por el partido comunista sirve al objetivo de la propaganda por la acción. Los órganos femeninos de trabajo de los partidos comunistas deben extender su actividad a círculos cada vez más amplios de mujeres explotadas y socialmente sojuzgadas de los países capitalistas, y al espíritu de las mujeres no libres o encadenadas por los restos del viejo orden en los Estados soviéticos. Deben enlazar con todas las necesidades y todos los males, con todos los intereses y reivindicaciones que muestren a las mujeres que el capitalismo, su enemigo mortal, debe ser abatido, y que hay que abrir de par en par la puerta al comunismo, su libertador.

Para llevar a cabo su trabajo sistemático de agitación y propaganda mediante la palabra hablada, las comisiones femeninas organizan asambleas de empresa[^d13-12] y asambleas populares, así como asambleas públicas para las obreras, las empleadas y las funcionarias, sea de determinados oficios o distritos, sea en general, asambleas públicas de mujeres y de amas de casa, etc. Hacen elegir representantes que agiten y organicen en las fracciones comunistas de los sindicatos, las cooperativas y los consejos de fábrica, en todos los órganos de trabajo, administración, control y dirección del orden soviético; en una palabra, en todas las organizaciones que en los países capitalistas deben aprovecharse para la revolucionarización de las masas explotadas y oprimidas y para su lucha por la conquista del poder político, y que en los Estados soviéticos sirven a la defensa de la dictadura proletaria y a la realización del comunismo. Envían a comunistas experimentadas como obreras o empleadas a empresas y establecimientos en los que trabajan muchas mujeres; asientan a esas camaradas en grandes distritos y centros proletarios, tal como se hace con éxito en la Rusia soviética. Así como los órganos femeninos de trabajo del Partido Comunista de la Rusia soviética organizan las valiosísimas asambleas y conferencias de delegadas sin partido, las comisiones femeninas comunistas de los países capitalistas deben convocar asambleas públicas de obreras, de trabajadoras de toda clase, de campesinas y de amas de casa que tomen posición sobre determinadas necesidades y reivindicaciones de las reunidas y elijan comisiones *ad hoc* que, en contacto constante con sus mandantes y con los órganos femeninos comunistas, sigan tratando la cuestión planteada. Envían oradoras a los actos de los adversarios para intervenir en el debate. La propaganda y la agitación mediante asambleas y actos semejantes debe completarse con una agitación a domicilio permanente y regular. Cada comunista encargada de ella no debería visitar a más de diez mujeres en su casa, pero debería hacerlo regularmente al menos una vez por semana y con ocasión de cada actuación importante de los partidos comunistas y de las masas proletarias.

Los órganos femeninos de trabajo de los partidos comunistas tienen el encargo, para llevar a cabo su labor de agitación, organización y educación por medio de la palabra escrita, de procurar en cada país la aparición de un periódico central comunista para las mujeres, de asegurar la aparición de páginas o tribunas femeninas en la prensa comunista, así como de artículos y colaboraciones en los periódicos políticos y sindicales, de proporcionar las redactoras de estas publicaciones y de ganar y formar colaboradoras para ellas de entre las filas de las mujeres trabajadoras y combatientes. Deben crear y difundir una literatura de octavillas y folletos adecuada, sencilla, que despierte y agrupe.

Las comisiones deben procurar que las afiliadas aprovechen con el mayor celo todas las instituciones y medios de formación de los partidos comunistas. Para aclarar y profundizar el conocimiento y fortalecer la voluntad de las comunistas organizadas aún atrasadas y apocadas y de las mujeres trabajadoras que despiertan, deben atraerlas a los cursos y debates generales del partido, y solo allí donde sea más conveniente crear instituciones de formación propias en forma de veladas de lectura y debate, cursos y ciclos de conferencias.

Para fortalecer el espíritu de solidaridad entre las obreras y los obreros es deseable no organizar cursos ni escuelas separados, sino establecer en cada escuela del partido un curso obligatorio sobre los métodos del trabajo entre las mujeres.

La comisión debe tener derecho a delegar a varios de sus miembros en la escuela del partido.

### Estructura de las secciones.

Se constituyen comisiones de agitación femenina junto a cada comité local del partido, junto a los comités de distrito (de región) del partido y junto al comité central del partido. El número de miembros de las comisiones se regula según las necesidades de cada país. También el número de colaboradores remunerados lo fija el partido. La directora de la comisión de agitación femenina en el ámbito nacional, en los grupos de distrito y en los grupos locales tiene voz y voto en la Central y en las direcciones de distrito y locales del partido. La directora de la C.A.F.[^d13-13] es al mismo tiempo miembro de la dirección local del partido. En los casos en que no sea así, la directora de la C.A.F. asiste a todas las sesiones del comité, y lo hace con voto decisivo en todas las cuestiones que conciernen a la sección femenina y con voto consultivo en todas las demás.

Entre las obligaciones de las comisiones de distrito o de las comisiones de gobernación[^d13-14] figuran, además de las tareas generales de las secciones indicadas más arriba, las funciones siguientes: el mantenimiento del enlace entre las comisiones de agitación femenina del distrito de que se trate y la dirección del distrito; la recogida de material sobre la actividad de la sección o de las comisiones del distrito (región) de que se trate; el cuidado de que las comisiones locales intercambien el material; el abastecimiento de literatura al distrito (gobernación); la distribución de las fuerzas de agitación en los distritos (regiones); la movilización de las fuerzas del partido para el trabajo entre las mujeres; la convocatoria (al menos dos veces al año) de conferencias de distrito (de gobernación) de las comunistas que representen a las comisiones (proporción de representación: una o dos por cada sección, campesinas y amas de casa del distrito o gobernación de que se trate).

Las C.A.F. de distrito (de gobernación) constan de 5 a 7 miembros. Los miembros de las comisiones son confirmados por la gobernación o por el presidente de la junta comarcal a propuesta de la directora de la comisión. La directora y todos los demás miembros de la comisión de comarca y de gobernación son elegidos en la conferencia del partido de la comarca o de la gobernación.

Los miembros de las comisiones de distrito (de gobernación) y de las comisiones locales son elegidos en la conferencia de la ciudad, de la comarca o del distrito (gobernación), o nombrados por la comisión correspondiente de acuerdo con el comité del partido. La comisión central para el trabajo entre las mujeres consta de 2 a 5 miembros, de los cuales al menos una es remunerada por el partido.

Además de las funciones indicadas más arriba para las comisiones de distrito (de gobernación), la comisión central (comité nacional femenino) debe llevar a cabo lo siguiente: la supervisión del trabajo de las comisiones, la dirección y distribución de las fuerzas que trabajan entre las mujeres; la supervisión de las condiciones y del desarrollo del trabajo femenino, tomando en consideración las reivindicaciones relativas a la situación jurídica y económica de la mujer; la participación de representantes y apoderados de la comisión central en las comisiones especiales que elaboren las cuestiones de la mejora o transformación del modo de vida de la clase obrera, de la protección del trabajo, de la protección de la infancia, etc.; la publicación del periódico central femenino y la redacción de las revistas y páginas femeninas de las obreras; la convocatoria (al menos una vez al año) de las representantes de todos los distritos (secciones de gobernación); la organización de círculos de agitación de los instructores para el trabajo entre las mujeres en todo el país; la supervisión de la incorporación de las obreras y de la participación de todas las comisiones en las diversas campañas y acciones políticas y económicas del partido; el mantenimiento del enlace permanente con el Secretariado Internacional de las Comunistas; la celebración anual del Día Internacional de la Mujer.

Si el director de la sección femenina del comité central no es miembro del comité central, tiene derecho a asistir a todas las sesiones del comité central, con voto decisivo en todas las cuestiones que conciernen a la sección y con voto consultivo en todas las demás. La presidenta de la comisión es nombrada por el comité central del partido o elegida por el congreso general del partido. Los acuerdos y disposiciones de todas las comisiones deben ser confirmados por el comité del partido competente.

### Sobre el trabajo a escala internacional.

La dirección del trabajo de los partidos comunistas de todos los países, la unión de las obreras, la solución de las tareas planteadas por la Internacional Comunista y la incorporación de las obreras de todos los países y pueblos a la lucha revolucionaria por el poder de los consejos y la dictadura de la clase obrera a escala mundial: estas son las tareas que incumben al Secretariado Internacional Femenino de la Internacional Comunista. El número de miembros de la comisión central y el número de miembros con voto decisivo los fija el C.C. del partido.

## Resolución sobre el enlace internacional de las comunistas y el Secretariado Internacional Femenino Comunista

*Aprobada en la sesión del 11 de junio de 1921, según el informe de la camarada Kollontai y el complemento de la camarada Zetkin.*[^d14-1]

«La II Conferencia Internacional Femenina Comunista invita a los partidos comunistas de todos los países de Occidente y de Oriente a hacer elegir, conforme a las “Directrices” de la III Internacional[^d14-2], *corresponsales internacionales* por medio de sus comisiones femeninas centrales.

Es deber de la corresponsal de cada partido comunista, tal como prevén las “Directrices”, mantener relaciones regulares con las corresponsales internacionales de los demás países, así como con el Secretariado Internacional Femenino Comunista de Moscú, que es un órgano de trabajo del Ejecutivo de la III Internacional. Los partidos comunistas están obligados a ayudar a sus corresponsales internacionales a procurarse los medios técnicos y las posibilidades para comunicarse internacionalmente entre sí y con el Secretariado de Moscú. Las corresponsales internacionales se reúnen una vez cada seis meses para deliberar e intercambiar opiniones con la representación del Secretariado Internacional Femenino, que, no obstante, puede convocarlas en cualquier momento a una reunión cuando haya motivos importantes.

El Secretariado Internacional Femenino de Moscú cumple, en conexión orgánica con el Ejecutivo y en el más estrecho contacto con las corresponsales internacionales de cada país, las tareas fijadas en las “Directrices”. Se ocupa en particular de impulsar con el consejo y la acción el desarrollo del movimiento femenino comunista, todavía débil, en algunos países; además, de dar al movimiento femenino comunista de todos los países de Occidente y de Oriente una orientación unitaria para el trabajo y la lucha, de estimular y dirigir acciones nacionales e internacionales de las mujeres bajo la dirección y con el apoyo más enérgico de los comunistas, acciones nacionales e internacionales capaces de ampliar y agudizar la lucha de clases revolucionaria del proletariado mediante el avance de las mujeres. Al Secretariado Internacional Femenino de Moscú se adscribe, para un enlace más firme y regular con el movimiento femenino comunista de todos los países, un órgano auxiliar en Europa occidental[^d14-3]. Este ha de llevar los trabajos preparatorios y de ejecución para el Secretariado Internacional Femenino, es un órgano meramente ejecutivo y no decisorio, y está sujeto en su actividad a los acuerdos e instrucciones del Secretariado principal de Moscú y del Ejecutivo de la III Internacional. En el órgano auxiliar de Europa occidental debe colaborar permanentemente al menos una representante del Secretariado principal. En la medida en que la composición y el ámbito de tareas del Secretariado principal no estén ya fijados por las “Directrices”, el Ejecutivo de la III Internacional, de acuerdo con el Secretariado Internacional Femenino, regulará estas cuestiones, así como la estructura, la configuración y la actividad del “órgano auxiliar”.

## Resolución sobre las formas y métodos del trabajo comunista entre las mujeres

*Aprobada en la 20.ª sesión del III Congreso Mundial, el 8 de julio de 1921, según el informe de la camarada Kollontai.*

«La II Conferencia Internacional Femenina Comunista de Moscú declara:

La descomposición de la economía capitalista y del orden burgués que descansa en ella, así como el avance de la revolución mundial, hacen de la lucha revolucionaria por la conquista del poder político y la instauración de su dictadura una necesidad vital y un deber cada vez más imperiosos para el proletariado de todos los países en los que ese orden aún domina; deber que solo puede cumplirse si también las más amplias masas de mujeres trabajadoras participan en esta lucha de manera consciente, resuelta y abnegada.

En los países en los que el proletariado ya ha conquistado el poder del Estado e instaurado su dictadura en el orden de los consejos —como en la Rusia soviética y en Ucrania—, no está en condiciones de sostener su poder frente a la contrarrevolución nacional e internacional ni de emprender la construcción del orden comunista, liberador de la humanidad, si las más amplias masas de mujeres trabajadoras no están penetradas de la convicción clara e inquebrantable de que la defensa y la construcción también tienen que ser obra suya.

Por eso la II Conferencia Internacional Femenina Comunista de Moscú invita a los partidos de todos los países, fieles a los principios y acuerdos de la III Internacional, *a esforzarse con la máxima energía por que las más amplias masas de mujeres trabajadoras sean despertadas, reunidas, formadas e incorporadas a los partidos comunistas bajo el signo del comunismo para la lucha revolucionaria y el trabajo revolucionario de construcción,* y por que su voluntad y su capacidad de acción y de lucha se fortalezcan y acrecienten de manera constante y consciente.

Para alcanzar este objetivo, todos los partidos adheridos a la III Internacional están obligados a crear junto a todos sus órganos e instituciones —desde los más bajos hasta los más altos— *comisiones femeninas*, presididas por un miembro de la dirección del partido, cuya tarea sea el trabajo de agitación, organización y educación entre las más amplias masas de mujeres trabajadoras, y que tengan sus representantes en todas las corporaciones dirigentes y administrativas de los partidos. Estas comisiones femeninas no constituyen organizaciones especiales, sino que no son más que órganos de trabajo de los partidos para la tarea particular de que se trata: movilizar y educar a las más amplias masas de mujeres trabajadoras para la lucha por la conquista del poder político, así como para el trabajo comunista de construcción. Actúan, por tanto, en todos los terrenos y en todo momento bajo la dirección del partido, pero poseen la libertad de movimiento necesaria para aplicar los métodos y formas de trabajo y crear las instituciones que, con vistas al éxito de su trabajo, aconsejen la peculiaridad de la mujer y su posición particular, aún no superada, en la sociedad y en la familia. Para el detalle del trabajo de estas comisiones femeninas, la Conferencia remite a las tesis aprobadas por ella.

Los órganos femeninos de trabajo del partido comunista deben tener siempre presente en su actuación el objetivo de su doble tarea:

1. Arrastrar a la lucha de clases revolucionaria de los explotados y oprimidos contra el capitalismo y por el comunismo a masas de mujeres cada vez más amplias, de conocimiento claro y voluntad firme, y

2. tras la victoria de la revolución proletaria, hacer de ellas colaboradoras comprensivas y abnegadas en la construcción comunista. Los órganos femeninos del partido comunista deben ser conscientes en su actuación de que no solo la palabra hablada y la escrita son medios de agitación y de educación para las masas femeninas, sino que, como medios más importantes, hay que valorar y aprovechar plenamente la colaboración de las comunistas organizadas en todos los terrenos de la actividad —de la lucha y de la construcción— de los partidos comunistas y la participación activa de las mujeres trabajadoras en todas las acciones y luchas del proletariado revolucionario: en las huelgas, los levantamientos generales, las manifestaciones callejeras y la insurrección armada.

## Resolución sobre la Internacional Comunista y el movimiento juvenil comunista

*Aprobada en la 24.ª sesión del III Congreso Mundial, el 12 de julio de 1921.*

1. El movimiento juvenil socialista nació bajo la presión de la explotación capitalista intensificada de la juventud obrera y de su utilización por el militarismo burgués, como reacción contra los intentos de envenenar a la juventud obrera con la ideología burguesa y nacionalista, y como reacción contra el abandono de las reivindicaciones económicas, políticas y culturales de la juventud obrera por los partidos y sindicatos socialdemócratas en la mayoría de los países.

La creación de organizaciones juveniles socialistas se produjo en la mayoría de los países sin la ayuda de los partidos y sindicatos socialdemócratas, cada vez más oportunistas y reformistas, y en algunos países incluso directamente contra su voluntad. Los partidos y sindicatos socialdemócratas reformistas veían en el surgimiento de organizaciones juveniles socialistas revolucionarias independientes un serio peligro para su política oportunista. Mediante una tutela burocrática y la supresión de toda independencia trataron de contener el movimiento juvenil, de cambiar su carácter y adaptarlo a su política.

2. La guerra imperialista y la posición que ante ella adoptaron los partidos socialdemócratas en la mayoría de los países tenían que ahondar los antagonismos entre los partidos socialdemócratas y las organizaciones juveniles revolucionarias internacionales y llevarlos al conflicto abierto. Durante la guerra, la situación de la juventud obrera empeoró de forma insoportable por la movilización y los servicios de guerra, por una explotación intensificada en la industria de guerra y por la militarización en la retaguardia. La mejor parte de la juventud socialista tomó posición contra la guerra y el nacionalismo, se separó por ello de los partidos socialdemócratas y pasó a acciones políticas propias. (Conferencia Internacional de la Juventud, Berna 1915, Jena 1916.)[^d16-1]

En su lucha contra la guerra, las organizaciones juveniles socialistas fueron apoyadas por los mejores grupos revolucionarios de los adultos y se convirtieron así en el punto de reunión de las fuerzas revolucionarias. Con ello las organizaciones juveniles habían asumido las funciones de los partidos revolucionarios que faltaban, se convirtieron en la vanguardia de la lucha revolucionaria y en organizaciones políticamente independientes.

3. Con el nacimiento de la IC y de los PC en los distintos países cambia el papel de las organizaciones juveniles revolucionarias en el conjunto del movimiento proletario. Por su situación económica y su peculiaridad psicológica, la juventud obrera es más receptiva a las ideas comunistas y muestra en la lucha revolucionaria un entusiasmo revolucionario mayor que los obreros adultos; pero el papel de vanguardia, en el sentido de la actuación política independiente y de la dirección política, lo asumen los partidos comunistas. La continuidad de las OJC[^d16-2] como organizaciones políticamente independientes y dirigentes conduciría a la aparición de dos partidos comunistas en competencia entre sí, que solo se distinguirían por la edad de sus miembros.

4. El papel actual de las OJC consiste en reunir a las masas de los obreros jóvenes, educarlas en el comunismo e incorporarlas al frente de lucha comunista. Ha pasado el tiempo en que las organizaciones juveniles comunistas podían limitarse al trabajo de pequeñas asociaciones de propaganda numéricamente reducidas. Como medio para ganar a las grandes masas de los obreros jóvenes entra en consideración, junto a una agitación tenaz llevada con métodos nuevos, la iniciación y dirección de luchas económicas por las OJC.

De acuerdo con sus nuevas tareas, las OJC deben ampliar y reforzar su trabajo de formación. La base de la educación comunista en el movimiento juvenil comunista es la participación activa en todas las luchas revolucionarias, que debe ir estrechamente unida a la formación marxista.

Otra tarea importante de las OJC en el próximo periodo es destruir la ideología centrista y socialpatriota en la juventud obrera y desprenderla de los tutores y dirigentes socialdemócratas de la juventud. Al mismo tiempo, las OJC deben hacer todo lo posible por favorecer el proceso de rejuvenecimiento que comienza con su desarrollo hacia un movimiento de masas, mediante el rápido paso de sus miembros de más edad a los PC.

En la ocupación activa en todos los problemas políticos, en la colaboración en la construcción de partidos comunistas y en la participación activa en las luchas y acciones revolucionarias se muestra la gran diferencia de principio entre las organizaciones juveniles comunistas y las asociaciones juveniles centristas y socialpatriotas.

5. La relación de las OJC con los PC es radicalmente distinta de la de las organizaciones juveniles revolucionarias con los partidos socialdemócratas. En la lucha común por la rápida realización de la revolución proletaria es necesaria la mayor unidad y la más estricta centralización. La dirección y la conducción políticas solo pueden estar, en el plano internacional, en manos de la IC, y en cada país en manos de sus secciones nacionales. Es deber de las OJC someterse a esta dirección política (programa, táctica y directivas políticas) e integrarse en el frente revolucionario común. Dada la diversidad del grado de desarrollo revolucionario de los distintos PC, es necesario que la aplicación de este principio la determine en casos excepcionales el CE de la IJC,[^d16-3] teniendo en cuenta las condiciones particulares de cada país. Las OJC, que han empezado a organizar sus propias filas conforme a las leyes de la más estricta centralización, observarán una disciplina de hierro hacia la IC, portadora y dirigente de la revolución proletaria. Las OJC han de ocuparse, dentro de sus organizaciones, de todas las cuestiones políticas y tácticas, tomar posición sobre ellas y actuar en el sentido de las decisiones adoptadas dentro del PC de su país, pero nunca contra él. En caso de divergencias serias entre el PC y la OJC, debe utilizarse el derecho de apelación al CE de la IC. La renuncia a su independencia política no significa en ningún caso la renuncia a la independencia organizativa, que es indispensable por razones educativas. Como para dirigir con éxito la lucha revolucionaria son necesarias la más fuerte centralización y la mayor unidad, en aquellos países donde, a consecuencia del desarrollo histórico, existe una gran dependencia de la juventud respecto del partido, esta relación debe mantenerse por regla general; en caso de diferencias entre ambos órganos decide el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista conjuntamente con el Comité Ejecutivo de la Internacional Juvenil Comunista.

6. Una de las tareas más inmediatas e importantes de las OJC es acabar por completo con todos los restos de la ideología del papel político dirigente que han quedado en sus filas del periodo de la autonomía absoluta. La prensa juvenil y todo el aparato organizativo de las OJC deben utilizarse a fondo para impregnar por completo a los jóvenes del sentimiento de ser soldados y miembros responsables del partido comunista unido.

Las OJC deben dedicar a esta tarea tanta más atención, tiempo y trabajo cuanto que empiezan a convertirse en movimiento de masas al ganar a contingentes mayores de obreros jóvenes.

7. La estrecha colaboración política de las OJC con los PC debe expresarse también en una firme vinculación organizativa de ambas organizaciones. Es absolutamente necesaria una representación recíproca permanente de las direcciones de la organización y del partido, de los grupos de circunscripción, de distrito y locales, hasta las células de los grupos comunistas en la empresa y en los sindicatos, así como un amplio envío recíproco de delegados a todas las conferencias y congresos. De este modo será posible al PC influir constantemente en la línea política y en la actividad de la juventud y apoyar a la juventud, y a la juventud, por otra parte, ejercer una influencia eficaz sobre el partido.

De manera todavía más estrecha que la relación de la IC con los PC se ordena la relación entre la IJC y la IC. La tarea de la IJC consiste en la dirección centralizada del movimiento juvenil comunista, en el apoyo y fomento de las distintas federaciones con medios morales y materiales, en la creación de nuevas OJC donde no existan y en la propaganda internacional del movimiento juvenil comunista y de su programa. La IJC es una parte de la IC y se somete como tal a las resoluciones del congreso de la IC y de su CE. En ese marco realiza su trabajo y actúa como mediadora de la voluntad política de la IC en todas sus secciones. Una amplia delegación recíproca y una estrecha colaboración permanente garantizan el control constante de la IC y el trabajo más fructífero de la IJC en todos los campos de su actividad (dirección, agitación, organización, consolidación y apoyo de las OJC).

## Llamamiento del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista a los proletarios de todos los países

### A un nuevo trabajo, a nuevas luchas

*¡A los proletarios y proletarias de todos los países!*

El III Congreso de la Internacional Comunista ha concluido. La gran revista del proletariado comunista de todos los países ha terminado. Ha mostrado que en el curso del año pasado el comunismo, en una serie de países donde hasta entonces solo estaba en sus comienzos, se ha convertido en una gran potencia que mueve a las masas y amenaza al capital. La Internacional Comunista, que en su congreso de fundación, fuera de Rusia, solo representaba a pequeños grupos de camaradas, y que en el II Congreso, el del año pasado, buscaba aún el camino por el que nacen los partidos de masas, dispone ahora no solo en Rusia, sino también en Alemania, Polonia, Checoslovaquia, Italia, Francia, Noruega, Yugoslavia y Bulgaria de partidos en torno a cuya bandera se reúnen grandes masas. El III Congreso se dirige a los comunistas de todos los países exhortándolos a seguir por el camino emprendido y a hacer todo lo posible por reunir en las filas de la Internacional Comunista a nuevos millones y millones de obreros y obreras. Pues el poder del capital solo puede quebrarse si la idea del comunismo se encarna en el empuje impetuoso de la gran mayoría del proletariado, dirigida por partidos comunistas de masas que han de constituir la abrazadera de hierro que mantenga unida a la clase proletaria en lucha. *«A las masas»*: esta es la primera consigna de combate que el III Congreso lanza a los comunistas de todos los países.

### Hacia nuevas grandes luchas

Esas masas vienen a nosotros, afluyen a nosotros; pues el capitalismo mundial les demuestra cada vez con más claridad, cada vez con más evidencia, que solo puede prolongar su vida desquiciando cada vez más el mundo entero, agravando cada vez más el caos, la miseria y la esclavización de las masas. Ante la crisis económica mundial, que arroja a la calle a millones de obreros, enmudece el grito de los lacayos socialdemócratas del capital, enmudece la llamada que la clase burguesa venía dirigiendo desde hacía años a los obreros: «¡Trabajad! ¡Trabajad!». Pues el *clamor por el trabajo se convierte en grito de combate de la clase obrera*, y solo se hará realidad sobre las ruinas del capitalismo, cuando el proletariado se apodere de los medios de producción que él mismo ha creado. El mundo capitalista se ve al borde de nuevos *peligros de guerra*. Los antagonismos entre Estados Unidos y Japón, entre Inglaterra y Estados Unidos, entre Inglaterra y Francia, entre Francia y Alemania, entre Polonia y Alemania, los antagonismos en el Próximo y el Extremo Oriente empujan a los capitalistas a *armamentos crecientes*. Despiertan en ellos la angustiosa pregunta: «¿Ha de tomar Europa de nuevo el camino de la guerra mundial?». No es la matanza de millones lo que temen los capitalistas. Pues ya después de la guerra, con su política de bloqueo de Rusia, entregaron fríamente a millones de personas a la muerte por hambre. Lo que temen es que una nueva guerra empuje definitivamente a las masas a los brazos de la revolución mundial, que una nueva guerra signifique la insurrección definitiva del proletariado mundial. Intentan, pues, como hicieron antes de la guerra mundial, lograr una *distensión* mediante cambalaches diplomáticos. Pero la distensión en un punto significa el agravamiento en otro. Las negociaciones entre Inglaterra y Estados Unidos sobre la limitación de los armamentos navales de ambos Estados crean necesariamente un frente contra Japón.[^d17-1] El acercamiento franco-inglés entrega Alemania a Francia, y Turquía a Inglaterra. *No la paz, sino una inquietud creciente, una esclavización creciente de los pueblos vencidos* por el capital de los vencedores: tal es el resultado de los esfuerzos del capital mundial por introducir algún orden en el caos mundial que crece. La prensa del capital mundial habla ahora de distensión y apaciguamiento de la política mundial, porque la burguesía de Alemania se ha sometido al dictado de los Aliados y porque, para salvar su poder, ha entregado al pueblo alemán a las hienas de las Bolsas de París y Londres.[^d17-2]

Pero al mismo tiempo esa misma prensa bursátil está ya llena de noticias sobre el agravamiento de la descomposición económica en Alemania, sobre los enormes impuestos que en otoño caerán como granizo sobre las masas condenadas al paro, encareciendo enormemente cada bocado de comida, cada prenda de vestir. La Internacional Comunista, que en su política parte del examen tranquilo y objetivo de la situación mundial —pues solo observando con claridad el campo de batalla, solo reconociéndolo con claridad, puede el proletariado conquistar la victoria—, dice al proletariado de todos los países: el capitalismo se ha mostrado hasta ahora incapaz de asegurar al mundo siquiera la medida de orden que existía antes de la última guerra. Pues lo que emprende ahora *no puede traer ninguna consolidación, ningún nuevo orden*, sino solo la prolongación de vuestros sufrimientos, la prolongación del proceso de agonía del capitalismo. *La revolución mundial avanza.* En todas partes tiemblan los cimientos del capital mundial. La segunda llamada que el Congreso Mundial de la Internacional Comunista dirige a los proletarios de todos los países es: *«¡Vamos hacia nuevas grandes luchas! ¡Armaos para nuevas batallas!»*.

### Levantad el frente general de lucha del proletariado

La burguesía mundial es incapaz de asegurar a los obreros trabajo y pan, vivienda y vestido; pero demuestra su gran capacidad para organizar la guerra contra el proletariado mundial. Desde el momento de su primera gran desorientación, desde que superó su gran miedo a los obreros que volvían de la guerra, desde que supo volver a meter a los obreros en las fábricas y aplastar sus primeras insurrecciones, desde que supo prolongar más allá de la guerra la alianza con los traidores socialdemócratas y sindicales del proletariado y dividir así al proletariado, ha empleado todas sus fuerzas en organizar *guardias blancas de combate* contra el proletariado, en *desarmar al proletariado*. La burguesía mundial, armada hasta los dientes, no solo está dispuesta a hacer frente con las armas en la mano a cualquier insurrección del proletariado, sino que sabe, cuando es necesario, *provocar* insurrecciones prematuras del proletariado que se prepara para la lucha y aplastarlo antes de que se haya levantado el frente general e invencible del proletariado. *A esta estrategia de la burguesía mundial la Internacional Comunista ha de oponer su propia estrategia.* Contra las arcas del capital mundial, que enfrenta bandidos armados al proletariado organizado, la Internacional Comunista tiene un arma infalible: las masas del proletariado, el frente unido y cerrado del proletariado.

*Cuando millones y millones entran en la lucha en filas cerradas, fallan las artimañas de la burguesía, falla su violencia:* entonces se paran los ferrocarriles por los que la burguesía mueve sus tropas de guardias blancos contra el proletariado. Entonces el pánico se apodera de una parte de los guardias blancos. El proletariado les arrebata las armas para luchar con ellas en la mano contra las demás formaciones de guardias blancos. Si se logra llevar unido al proletariado a la lucha, el capital, la burguesía mundial, pierde la condición más importante de la victoria: la fe en la victoria, que solo le ha devuelto la traición de la socialdemocracia, solo la división de las masas obreras. La victoria sobre el capital mundial, el camino de la victoria contra el capital mundial, pasa por la conquista de los corazones de la mayoría de la clase obrera. El III Congreso Mundial de la Internacional Comunista exhorta a los partidos comunistas de todos los países, exhorta a los comunistas de los sindicatos, a dirigir su fuerza, todos sus esfuerzos, a *arrancar a las más amplias masas obreras de la influencia de los partidos socialdemócratas y de la burocracia sindical traidora*. Esto solo puede lograrse si los comunistas de todos los países, en este tiempo difícil en que cada día trae a las masas obreras nuevas privaciones, se muestran como *los combatientes de vanguardia de la clase obrera en todas las necesidades del día*, si las conducen a la lucha por aligerar las cargas que el capital echa de forma cada vez más insoportable sobre las masas obreras. Hay que mostrar a las más amplias masas obreras que solo los comunistas luchan por la mejora de su situación, y que la socialdemocracia y la burocracia sindical reaccionaria están dispuestas a dejar que los proletarios revienten de hambre con tal de no luchar. No es en el terreno de las discusiones teóricas sobre democracia y dictadura donde hay que batir a los traidores del proletariado, a los agentes de la burguesía, *sino que hay que batirlos en la cuestión del pan, del salario, de la blusa de trabajo y de la vivienda obrera*. Y el primer *campo de batalla*, el campo de batalla más importante en que hay que vencerlos, es el *terreno del movimiento sindical*, la lucha contra la *Internacional Sindical amarilla de Ámsterdam*,[^d17-3] la lucha *por la Internacional Sindical Roja*. Esa es la lucha por la toma de las fortalezas enemigas en nuestro propio campo; es la cuestión de la formación de un frente de lucha ante el cual el capital mundial *tendrá que fracasar*. *¡Mantened limpias vuestras organizaciones de corrientes centristas, cultivad el espíritu de combate!*

Solo en la lucha por los intereses vitales más elementales de las masas obreras podemos levantar el frente único del proletariado contra la burguesía, podemos acabar con la división del proletariado, que constituye la base de la supervivencia de la burguesía. Pero este frente del proletariado solo será fuerte y combativo si lo mantienen unido partidos comunistas cuyo espíritu sea unitario y fuerte, cuya disciplina sea de hierro. Por eso el III Congreso Mundial de la Internacional Comunista, en el mismo momento en que lanza a los comunistas de todos los países la consigna «¡A las masas!», «¡Levantad el frente único del proletariado!», tenía que gritarles al mismo tiempo: *«¡Mantened vuestras filas limpias de elementos capaces de descomponer la moral y la disciplina de combate de las tropas de choque del proletariado mundial, los partidos comunistas!»*. El congreso de la Internacional Comunista confirma la *expulsión* del *Partido Socialista Italiano* hasta el momento en que rompa con los reformistas y los expulse de sus filas.[^d17-4] En esta decisión se expresa la convicción del congreso de que, si la Internacional Comunista quiere llevar a la lucha a millones y millones de obreros, no puede tener en sus filas reformistas cuyo objetivo no es la revolución victoriosa del proletariado, sino la reconciliación con el capitalismo y su reforma. Los ejércitos que toleran a su cabeza jefes que buscan la reconciliación con el enemigo son traicionados y vendidos al enemigo por esos jefes. La Internacional Comunista ha dirigido también su atención al hecho de que en *una serie de partidos, aunque se haya expulsado de ellos a los reformistas, existen todavía corrientes que no han superado definitivamente el espíritu del reformismo*, que, aun sin trabajar por la reconciliación con el enemigo, no preparan con suficiente energía en su agitación y su propaganda la lucha contra el capitalismo; que no llevan a cabo con suficiente energía y decisión el trabajo de revolucionar a las masas. Los partidos que no son capaces de ser en su trabajo diario el aliento revolucionario de las masas, que no son capaces de fortalecer día tras día con pasión la voluntad de lucha de las masas impetuosas, esos partidos tienen que *dejar sin aprovechar situaciones favorables para la lucha*, tienen que dejar que se pierdan en la arena grandes luchas espontáneas del proletariado, como ocurrió con la *ocupación de las fábricas en Italia y con la huelga de diciembre en Checoslovaquia*.[^d17-5] Los partidos comunistas deben desarrollar en sí mismos el *espíritu de combate*. Deben formarse como estado mayor capaz de captar rápidamente las situaciones de combate favorables y de sacar, en los movimientos espontáneos del proletariado, mediante una dirección prudente y valerosa de la lucha, todo lo que se pueda sacar. *¡Sed la vanguardia de las masas obreras que se ponen en movimiento; sed su corazón y su cerebro!*, grita el III Congreso Mundial de la Internacional Comunista a los partidos comunistas. Y ser vanguardia significa *marchar a la cabeza de las masas como su parte más valiente, más lúcida y más prudente*. Solo si los partidos comunistas forman tal vanguardia serán capaces no solo de levantar el frente único del proletariado, sino de vencer al enemigo dirigiéndolo.

### ¡Oponed a la estrategia del capital la estrategia del proletariado, preparad vuestras luchas!

El enemigo es fuerte porque tiene tras de sí siglos de ejercicio del poder, que han engendrado en él la consciencia del poder y la voluntad de conservarlo. El enemigo es fuerte porque durante siglos ha aprendido cómo se divide, se somete y se vence a las masas proletarias. El enemigo sabe cómo se hace victoriosamente la guerra civil, y por eso el III Congreso Mundial de la Internacional Comunista hace tomar a los partidos comunistas de todos los países *consciencia del peligro que encierran la estrategia desarrollada de la clase dominante y poseedora y la estrategia deficiente, apenas en formación, de la clase obrera que lucha por el poder*.

Los acontecimientos de marzo en Alemania[^d17-6] han mostrado el gran peligro de que las primeras filas de la clase obrera, la vanguardia comunista del proletariado, puedan ser obligadas por el enemigo a combatir antes de que se haya producido el despliegue de las grandes masas proletarias. La Internacional Comunista ha saludado con alegría que cientos de miles de obreros de toda Alemania acudieran en ayuda de los obreros amenazados de Alemania central. En este espíritu de solidaridad, en el levantamiento de los proletarios de todo el país, e incluso del mundo entero, en defensa de una parte amenazada del proletariado, ve la Internacional Comunista el camino de la victoria. Ha saludado que el Partido Comunista Unificado de Alemania se pusiera a la cabeza de las masas obreras que acudían en defensa de sus hermanos amenazados. Pero al mismo tiempo la Internacional Comunista considera su deber decir clara y abiertamente a los obreros de todos los países: *aunque la vanguardia no pueda esquivar las luchas, aunque esas luchas puedan acelerar la movilización de toda la clase obrera, la vanguardia no debe olvidar que no debe entrar sola, aislada, en ninguna lucha decisiva; que, obligada a combatir aislada, la vanguardia del ejército proletario debe esquivar el enfrentamiento armado con el enemigo, pues la fuente de la victoria del proletariado sobre las guardias blancas armadas es su masa.* Si el proletariado no se despliega como masa preponderante, la vanguardia no debe enfrentarse al enemigo armado como minoría desarmada. Y las luchas de marzo han dejado otra lección, sobre la cual la Internacional Comunista llama la atención de los proletarios de todos los países. Hay que preparar a las más amplias masas obreras para las luchas venideras mediante una agitación revolucionaria ininterrumpida, cotidiana, cada vez más aguda y extensa, y hay que entrar en las luchas con consignas que sean claras y comprensibles para las más amplias masas del proletariado. A la estrategia del enemigo hay que oponer una estrategia superior e inteligente del proletariado. No basta la voluntad de lucha de las primeras filas, su valor y su resolución. La lucha tiene que prepararse, organizarse de tal manera que arrastre a las más amplias masas, que se les presente a las más amplias masas como la lucha por sus intereses vitales y las movilice. Cuanto más amenazada esté la situación del capital mundial, tanto más tratará de frustrar la futura victoria de la Internacional Comunista batiendo a sus primeras filas aisladas de la gran masa. A este plan, a este peligro, hay que oponer una agitación de masas de los partidos comunistas que lo abarque todo y sacuda a todos, un trabajo de organización enérgico al máximo que les asegure su influencia sobre las amplias masas y permita juzgar con frialdad las situaciones de combate, una táctica superior que sepa esquivar las fuerzas superiores del enemigo y atacar en la situación en que el enemigo está dividido y la masa unida.

El III Congreso Mundial de la Internacional Comunista sabe que solo *mediante la experiencia en la lucha* formará la clase obrera partidos comunistas capaces de atacar al enemigo con la rapidez del rayo allí donde se encuentra en apuros, y de esquivarlo allí donde es superior. Por eso es deber de los proletarios de todos los países aprender a comprender y a utilizar internacionalmente todas las lecciones que la clase obrera de un país reúne a costa de grandes sacrificios.

### ¡Mantened la disciplina de combate!

*No para un periodo de agitación y organización tranquilas* han de prepararse *la clase obrera* y *los partidos comunistas de todos los países, sino para grandes luchas que el capital va a imponer ahora al proletariado para derrotarlo* y echarle encima todas las cargas de su política. En esta lucha los partidos comunistas deben desarrollar la *más alta disciplina de combate*. Sus direcciones deben tener en cuenta, con frialdad y serenidad, todas las lecciones de la lucha, abarcar con prudencia el campo de batalla y conjugar el gran plan con la mayor sensatez. Deben forjar su línea táctica, sus planes de lucha, en el trabajo intelectual del partido entero, teniendo en cuenta la crítica de los militantes. Pero todas las organizaciones del partido deben *aplicar sin vacilar la línea del partido*. A ese fin deben subordinarse cada palabra y cada paso de cada organización del partido. Las fracciones parlamentarias, la prensa del partido y las organizaciones del partido deben obedecer sin titubeos las órdenes de la dirección del partido.

La revista mundial de las primeras filas comunistas ha terminado. Ha mostrado que el comunismo es una potencia mundial. Ha mostrado que la Internacional Comunista tiene todavía que formar y adiestrar grandes ejércitos del proletariado. Ha mostrado que a esos ejércitos les aguardan grandes luchas victoriosas. Ha manifestado que queremos salir victoriosos de esas luchas. Ha mostrado al proletariado mundial cómo tiene que preparar y conquistar la victoria. Ahora es tarea de los partidos comunistas de todos los países hacer de las decisiones del congreso, nacidas de las experiencias del proletariado mundial, la consciencia general de los comunistas de todos los países, para que todos los proletarios y proletarias comunistas puedan actuar en las luchas venideras como dirigentes de centenares de proletarios no comunistas.

¡Viva la Internacional Comunista!

¡Viva la revolución mundial!

¡Manos a la obra para preparar y organizar nuestra victoria!

El Ejecutivo de la Internacional Comunista:

*Alemania:* Heckert, Frölich. *Francia:* Souvarine. *Checoslovaquia:* Burian, Kreibich. *Italia:* Terracini, Gennari. *Rusia:* Zinóviev, Bujarin, Rádek, Lenin, Trotski. *Ucrania:* Shumski. *Polonia:* Warski. *Bulgaria:* Popov. *Yugoslavia:* Marković. *Noruega:* Scheflo. *Inglaterra:* Bell. *Estados Unidos:* Baldwin. *España:* Merino Gracia. *Finlandia:* Sirola. *Holanda:* Jansen. *Bélgica:* Van Overstraeten. *Suecia:* Kilbom. *Letonia:* Stučka. *Suiza:* Arnold. *Austria:* Koritschoner. *Hungría:* Béla Kun.[^d17-7]

Ejecutivo de la Internacional Juvenil: Münzenberg, Lekai.

Moscú, 17 de julio de 1921.

[^d1-1]: Las 21 condiciones de admisión en la Internacional Comunista, aprobadas por el II Congreso (Moscú, julio-agosto de 1920).

[^d1-2]: Giacinto Menotti Serrati (1872-1926), dirigente del Partido Socialista Italiano y director del *Avanti!*; encabezó la corriente «maximalista» que en Livorno se negó a romper con los reformistas.

[^d1-3]: La ocupación de las fábricas por los obreros metalúrgicos del norte de Italia en septiembre de 1920.

[^d1-4]: XVII Congreso del Partido Socialista Italiano (Livorno, 15-21 de enero de 1921), en el que la fracción comunista se separó y fundó el Partido Comunista de Italia.

[^d1-5]: Conferencia de la fracción reformista del Partido Socialista Italiano (Turati, Treves, D'Aragona), celebrada en Reggio Emilia en octubre de 1920.

[^d1-6]: Congreso del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD) en Halle, en octubre de 1920, en el que la mayoría votó la adhesión a la Internacional Comunista; en diciembre se fusionó con el KPD.

[^d1-7]: Partido Comunista Unificado de Alemania, nombre que tomó el partido comunista alemán tras la fusión de diciembre de 1920. Los «acontecimientos posteriores» son la crisis de la dirección de febrero de 1921 (dimisión de Paul Levi y otros) y la Acción de Marzo de 1921.

[^d1-8]: Partido Comunista Obrero de Alemania, escisión de izquierda del KPD fundada en abril de 1920 y admitida a fines de ese año como partido simpatizante de la Internacional.

[^d1-9]: Partidarios de Jean Longuet (1876-1938), dirigente centrista del Partido Socialista francés que en el congreso de Tours (diciembre de 1920) rechazó la adhesión a la Internacional Comunista.

[^d1-10]: El Partido Comunista de Checoslovaquia se constituyó en mayo de 1921 a partir de la izquierda de la socialdemocracia checa.

[^d1-11]: Las reparaciones de guerra impuestas a Alemania por el tratado de Versalles, cuyo importe y calendario fijaron los Aliados en el ultimátum de Londres de mayo de 1921.

[^d2-1]: En enero de 1919, levantamiento de Berlín («semana espartaquista»), aplastado por los Freikorps a las órdenes del socialdemócrata Noske; en marzo de 1919, huelga general y combates en Berlín y en otras regiones. El golpe de Kapp (13-17 de marzo de 1920), intento de golpe militar de Wolfgang Kapp y del general von Lüttwitz, fracasó ante una huelga general y la sublevación armada de los obreros del Ruhr.

[^d2-2]: La huelga general de diciembre de 1920 en Checoslovaquia, provocada por la ocupación policial de la Casa del Pueblo de Praga, en manos de la izquierda socialdemócrata.

[^d2-3]: La «Acción de Marzo» de 1921 en Alemania central (Mansfeld, Halle, Leuna), y la gran huelga de los mineros británicos contra la rebaja de salarios, que duró de abril a junio de 1921.

[^d2-4]: Hugo Stinnes (1870-1924), magnate de la industria pesada alemana, que en la posguerra reunió un enorme consorcio de minas, siderurgia, navieras, prensa y otras empresas; de ahí «stinnesización».

[^d2-5]: Warren G. Harding, presidente de los Estados Unidos desde marzo de 1921; Woodrow Wilson, su predecesor, había hecho aprobar en 1916 un gran programa de construcción naval.

[^d2-6]: En el ultimátum de Londres (5 de mayo de 1921), los Aliados fijaron las reparaciones alemanas en 132.000 millones de marcos oro bajo amenaza de ocupar el Ruhr; el gobierno alemán lo aceptó el 11 de mayo.

[^d2-7]: Isla de las Carolinas, en el Pacífico, punto de amarre de cables submarinos, cuyo mandato, concedido al Japón en 1919, disputaban los Estados Unidos.

[^d2-8]: El golpe de mayo de 1921 en Vladivostok, con apoyo japonés, que instaló un gobierno blanco (de los hermanos Merkúlov) frente a la República del Extremo Oriente.

[^d2-9]: La Federación Sindical Internacional, reconstituida en Ámsterdam en 1919 bajo dirección reformista.

[^d2-10]: La II Internacional y la llamada Internacional II½ (Unión Internacional de Partidos Socialistas, fundada en Viena en febrero de 1921).

[^d2-11]: Así en el texto alemán («hat»). Por el sentido cabría esperar «necesita».

[^d2-12]: Es decir, la de la II Internacional y la de la Internacional II½.

[^d2-13]: La alianza de los sindicatos británicos de mineros, ferroviarios y transportistas. El 15 de abril de 1921 («viernes negro»), los dirigentes ferroviarios y del transporte se negaron a ir a la huelga en apoyo de los mineros.

[^d3a-1]: Artículo 1 de los Estatutos de la Internacional Comunista, aprobados en el II Congreso (Moscú, julio-agosto de 1920).
[^d3a-2]: En marzo de 1919, durante las huelgas generales y los combates de Berlín y Alemania central, la Asamblea Nacional aprobó una ley de socialización y otra sobre la industria del carbón que no tuvieron efectos prácticos. Philipp Scheidemann presidía el gobierno; Gustav Noske era ministro del Ejército.
[^d3a-3]: Por Hugo Stinnes (1870-1924), magnate de la industria pesada alemana, que tras la guerra reunió un enorme consorcio de minas, siderurgia, navieras y prensa.
[^d3a-4]: Carl Severing (1875-1952), ministro socialdemócrata del Interior de Prusia, respaldó la ocupación policial de la cuenca minera de Mansfeld, en Alemania central, ordenada en marzo de 1921 por el socialdemócrata Otto Hörsing, presidente superior de la provincia de Sajonia, que desencadenó la Acción de Marzo.
[^d3a-5]: La Comisión Real sobre la industria del carbón, presidida por el juez John Sankey, recomendó en 1919 la nacionalización de las minas; el gobierno Lloyd George no la llevó a cabo. El cierre patronal de abril de 1921 dio lugar a una huelga minera de tres meses.
[^d3a-6]: Guardia Regia: cuerpo de policía militarizado creado en Italia en 1919 por el gobierno Nitti.
[^d3a-7]: Agentes de la agencia de detectives Pinkerton, empleados por los patronos estadounidenses contra los huelguistas.
[^d3a-8]: Tras el Congreso de Tours (diciembre de 1920), la mayoría del Partido Socialista francés se adhirió a la Internacional Comunista y conservó por un tiempo el nombre de Partido Socialista (Sección Francesa de la Internacional Comunista); la minoría de Longuet y Blum se separó.
[^d3a-9]: Huelga general de diciembre de 1920 en Checoslovaquia, tras el desalojo por la policía de la Casa del Pueblo de Praga, que la derecha socialdemócrata había recuperado por vía judicial.
[^d3a-10]: Huelga de los ferroviarios polacos de febrero de 1921, a la que siguió una huelga general.
[^d3a-11]: Unión Internacional de Partidos Socialistas (llamada «Unión de Viena» o «Internacional II½»), fundada en Viena en febrero de 1921 por el USPD, los socialistas franceses de Longuet, los austriacos y otros partidos centristas.
[^d3a-12]: La Federación Sindical Internacional, reconstituida en Ámsterdam en 1919. Léon Jouhaux era secretario de la CGT francesa; Arthur Henderson, dirigente del Partido Laborista británico.
[^d3a-13]: Carta Abierta del VKPD (enero de 1921) al SPD, al USPD, al KAPD y a los sindicatos, proponiendo una acción común por reivindicaciones inmediatas.
[^d3a-14]: Partido Comunista Obrero de Alemania, escindido del KPD en 1920 y admitido como partido simpatizante de la Internacional Comunista.
[^d3a-15]: Filippo Turati y Claudio Treves, dirigentes reformistas del Partido Socialista Italiano; Ludovico D'Aragona, secretario de la Confederación General del Trabajo.
[^d3a-16]: Por Jean Longuet, dirigente de la minoría centrista del socialismo francés que rechazó la adhesión a la Internacional Comunista.
[^d3a-17]: En mayo de 1921 el gobierno francés llamó a filas a la quinta de 1919 ante la amenaza de ocupar el Ruhr.
[^d3a-18]: Resolución aprobada en 1906 por el congreso de la CGT en Amiens, que proclamaba la independencia del sindicato respecto de los partidos políticos.
[^d3a-19]: El partido comunista de los obreros de lengua alemana de Bohemia, encabezado por Karl Kreibich.
[^d3a-20]: Nombre (VKPD) que tomó el KPD tras su fusión con la izquierda del USPD en diciembre de 1920.
[^d3a-21]: Technische Nothilfe, organización alemana creada en 1919 para mantener los servicios esenciales durante las huelgas.
[^d3a-22]: Huelga de los ferroviarios británicos de septiembre-octubre de 1919, durante la cual el gobierno movilizó voluntarios para sostener el transporte.

[^d3b-1]: Carta Abierta de la Central del VKPD (Partido Comunista Unificado de Alemania) a los demás partidos y sindicatos obreros, publicada en *Die Rote Fahne* el 8 de enero de 1921, con una propuesta de acción común por reivindicaciones inmediatas.
[^d3b-2]: La Acción de Marzo de 1921: insurrección y huelga general convocadas por el VKPD tras la entrada en la cuenca minera de Mansfeld de la policía prusiana, enviada por el socialdemócrata Otto Hörsing, presidente superior de la provincia prusiana de Sajonia; terminó en derrota a comienzos de abril.
[^d3b-3]: Heinrich Brandler (1881-1967), presidente del VKPD desde febrero de 1921.
[^d3b-4]: Paul Levi (1883-1930), presidente del VKPD hasta febrero de 1921, criticó públicamente la Acción de Marzo en el folleto *Unser Weg. Wider den Putschismus* (abril de 1921) y fue expulsado del partido ese mismo mes.
[^d3b-5]: El golpe de Kapp-Lüttwitz (13-17 de marzo de 1920), derrotado por una huelga general.
[^d3b-6]: Organisation Escherich, organización armada de derechas fundada en 1920 por Georg Escherich a partir de las milicias cívicas bávaras.
[^d3b-7]: Hugo Stinnes (1870-1924), gran industrial; Philipp Scheidemann (1865-1939), dirigente del SPD.
[^d3b-8]: Durante la huelga minera británica de abril-junio de 1921, el gobierno de Lloyd George decretó el estado de excepción y reclutó una «Defence Force» de voluntarios.
[^d3b-9]: *Le Temps,* diario de París, oficioso de la Tercera República; Alexandre Millerand (1859-1943), presidente de la República francesa desde 1920.
[^d3b-10]: American Legion, asociación de excombatientes fundada en 1919, utilizada contra huelgas y organizaciones obreras.
[^d3b-11]: En marzo de 1921, por la cuestión de las reparaciones, tropas francesas ocuparon Düsseldorf, Duisburgo y Ruhrort, y en mayo Francia llamó a filas a una quinta para ocupar el Ruhr.
[^d3b-12]: El original dice «Kapitel» (capítulo), errata evidente por «Kapital».
[^d3b-13]: Partidarios de Jean Longuet (1876-1938), dirigente de la minoría centrista que permaneció en el Partido Socialista francés tras el congreso de Tours (diciembre de 1920).
[^d3b-14]: Federación Comunista Balcánica, formada en 1920 por los partidos comunistas de los países balcánicos.
[^d3b-15]: Miklós Horthy (1868-1957), regente de Hungría desde 1920 tras el aplastamiento de la República de los Consejos.
[^d3b-16]: Alianza de los sindicatos mineros, ferroviarios y del transporte de Gran Bretaña; el 15 de abril de 1921 («viernes negro») ferroviarios y transportistas dejaron solos a los mineros en huelga.
[^d3b-17]: En diciembre de 1920 la dirección socialdemócrata checoslovaca recuperó con ayuda de la policía la Casa del Pueblo de Praga, en manos de la izquierda del partido, lo que desencadenó la huelga general de diciembre.
[^d3b-18]: Congreso del USPD en Halle (octubre de 1920), en el que la mayoría votó por la adhesión a la Internacional Comunista y se escindió el partido.
[^d3b-19]: Piotr Wrangel (1878-1928), general blanco; Pável Miliukov (1859-1943), dirigente del Partido Demócrata Constitucional (kadete); Vladímir Burtsev (1862-1942), publicista antibolchevique en la emigración.
[^d3b-20]: Giacinto Menotti Serrati (1872-1926), director de *Avanti!* y dirigente de la mayoría «maximalista» del Partido Socialista Italiano; Ludovico D'Aragona (1876-1961), secretario de la Confederación General del Trabajo italiana.
[^d3b-21]: La Unión Internacional de Partidos Socialistas, fundada en Viena en febrero de 1921 (la «Internacional II½» o «de Viena»).
[^d3b-22]: El original construye esta frase concesiva sin oración principal («Obwohl sie … unterbreiten, …»); la traducimos por el sentido.
[^d3b-23]: La Federación Sindical Internacional, reconstituida en Ámsterdam en 1919.

[^d4-1]: Véase el apartado 7 de las «Tesis sobre la táctica».
[^d4-2]: La minoría del VKPD crítica con la Acción de Marzo y próxima a Paul Levi, representada en el Congreso, entre otros, por Clara Zetkin.
[^d4-3]: Alude sobre todo a Paul Levi, expulsado en abril de 1921, y a la revista que siguió publicando.

[^d5-1]: Max Hölz (1889-1933), obrero comunista que dirigió en 1920 en el Vogtland y en marzo de 1921 en Alemania central grupos armados que actuaron por su cuenta; fue condenado el 22 de junio de 1921 a cadena perpetua. Amnistiado en 1928, emigró a la URSS, donde murió ahogado en el Oka en 1933.

[^d6-1]: Gewerkvereine fundados en 1868 por los liberales Max Hirsch y Franz Duncker, de orientación armonicista; el original escribe «Hirsch-Dunker».
[^d6-2]: Carl Legien (1861-1920), presidente de la Comisión General de los sindicatos libres alemanes; Samuel Gompers (1850-1924), presidente de la American Federation of Labor; Léon Jouhaux (1879-1954), secretario general de la CGT francesa; Sidney Webb (1859-1947), fabiano e historiador del sindicalismo británico.
[^d6-3]: Alusión a la ocupación de Duisburgo, Ruhrort y Düsseldorf en marzo de 1921 y a la movilización de la quinta de 1919 decretada por Francia en mayo de 1921 con la amenaza de ocupar el Ruhr.
[^d6-4]: La huelga (cierre patronal) de los mineros británicos, de abril a junio de 1921; el 15 de abril («viernes negro») los sindicatos de ferroviarios y transportistas retiraron la huelga de solidaridad.
[^d6-5]: Internacional II½: la Unión Internacional de Partidos Socialistas (Unión de Viena), fundada en febrero de 1921 por partidos centristas (USPD, SFIO, socialdemócratas austríacos…).
[^d6-6]: James Henry Thomas (1874-1949), dirigente del sindicato ferroviario británico (National Union of Railwaymen) y diputado laborista.
[^d6-7]: Theodor Leipart y Peter Graßmann, dirigentes de la ADGB alemana; Rudolf Wissell (el original escribe «Wissel») y Gustav Bauer, sindicalistas y ministros socialdemócratas; Robert Schmidt, ministro de Economía socialdemócrata; Albert Thomas, socialista francés, director de la Oficina Internacional del Trabajo; Ignacy Daszyński y Zygmunt Żuławski, dirigentes socialistas y sindicales polacos.
[^d6-8]: Carta de Amiens: resolución del congreso de la CGT francesa de 1906 que proclamaba la independencia del sindicato respecto de los partidos políticos.
[^d6-9]: Georges Dumoulin (1877-1963), dirigente de la CGT francesa, colaborador de Jouhaux.
[^d6-10]: Confederazione Generale del Lavoro, la central sindical italiana, dirigida entonces por Ludovico D'Aragona.
[^d6-11]: American Federation of Labor (AFL), presidida por Gompers.
[^d6-12]: Industrial Workers of the World, organización sindicalista revolucionaria fundada en Chicago en 1905.
[^d6-13]: El Consejo Sindical Internacional (Mezhsovprof) fue creado en Moscú en julio de 1920; de él salió la Internacional Sindical Roja, cuyo congreso constituyente se reunió en Moscú en julio de 1921, a la vez que el III Congreso de la IC.
[^d6-14]: Technische Nothilfe («Socorro técnico de urgencia»): organización creada en 1919 en Alemania para mantener en marcha los servicios esenciales durante las huelgas.

[^d8-1]: Alude a la política de concesiones de la Rusia soviética, abierta por el decreto sobre concesiones del 23 de noviembre de 1920.
[^d8-2]: La edición alemana no numera el apartado anterior (que sería el VI) y pasa del V al VII.

[^d9-1]: Tesis redactadas por Lenin para su informe sobre la táctica del PC de Rusia, presentado al congreso el 5 de julio de 1921.
[^d9-2]: Nombre irónico de la Unión Internacional de Partidos Socialistas (Unión de Viena), fundada en febrero de 1921 por partidos centristas como el USPD alemán, el Partido Socialista austriaco y el ILP británico, a medio camino entre la II y la III Internacional.
[^d9-3]: La revolución rusa de 1905, la revolución constitucional persa de 1905-1911, la de los Jóvenes Turcos de 1908 y la revolución china de 1911.
[^d9-4]: El 13 de abril de 1919, en Amritsar (Punjab), las tropas británicas del general Dyer dispararon sobre una multitud desarmada; murieron varios centenares de personas.
[^d9-5]: Así en la edición alemana, que repite el título del apartado II; el contenido trata de la relación de fuerzas de clase *dentro* de Rusia.
[^d9-6]: Eseristas: miembros del Partido Socialista Revolucionario (S.-R.), partido populista ruso.
[^d9-7]: Kontributionssystem: la requisa forzosa de los excedentes de grano (razviorstka) del «comunismo de guerra», sustituida por el impuesto en especie en el X Congreso del PC de Rusia (marzo de 1921), comienzo de la Nueva Política Económica (NEP).
[^d9-8]: Pud: antigua medida rusa de peso, equivalente a unos 16,4 kg.
[^d9-9]: El plan de la Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia (GOELRO), aprobado por el VIII Congreso de los Soviets (22-29 de diciembre de 1920).
[^d9-10]: Pável Miliukov (1859-1943), historiador y jefe del Partido Constitucional Demócrata («kadete»), ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno provisional en 1917; en 1921 dirigía en París el diario *Poslednie Novosti*.
[^d9-11]: Sublevación de la guarnición y los marinos de Kronstadt contra el poder soviético, en marzo de 1921, aplastada por el Ejército Rojo.
[^d9-12]: *Poslednie Novosti* («Últimas Noticias»), diario de la emigración rusa publicado en París desde 1920.

[^d11a-1]: Así («Unmöglichkeiten») en el original; quizá errata por «Möglichkeiten» («posibilidades»). Traducimos la letra.
[^d11a-2]: La Federación Sindical Internacional, reconstituida en Ámsterdam en 1919 bajo dirección socialdemócrata; la Internacional Comunista la llamaba «Internacional amarilla de Ámsterdam».
[^d11a-3]: Las «Arbeitsgemeinschaften», órganos paritarios de colaboración entre patronal y sindicatos creados en Alemania en noviembre de 1918 (acuerdo Stinnes-Legien).
[^d11a-4]: «Einwohnerwehren»: milicias armadas de vecinos, de carácter contrarrevolucionario, formadas en Alemania en 1919-1920 y disueltas en 1921 por exigencia aliada.

[^d11b-1]: Alusión sobre todo a las manifestaciones y huelgas contra la guerra en Alemania, desde la del 1 de mayo de 1916 en Berlín, convocada por el grupo Spartakus, por la que fue detenido Karl Liebknecht, hasta las huelgas de masas de abril de 1917 y enero de 1918.

[^d11b-2]: Vereinigte Kommunistische Partei Deutschlands (Partido Comunista Unificado de Alemania), nombre que adoptó el KPD tras su fusión en diciembre de 1920 con la mayoría de izquierda del USPD.

[^d11b-3]: Carta abierta de la central del VKPD del 7 de enero de 1921 al SPD, al USPD, al KAPD y a los sindicatos, proponiendo una acción común por una serie de reivindicaciones inmediatas de los obreros.

[^d11b-4]: Ocupación de las fábricas metalúrgicas del norte de Italia en septiembre de 1920, que terminó con un acuerdo negociado por la CGL y el gobierno Giolitti.

[^d11b-5]: Cierre patronal y huelga de los mineros británicos de abril a junio de 1921; el 15 de abril («viernes negro») los sindicatos ferroviario y del transporte, aliados de los mineros en la Triple Alianza, se negaron a ir a la huelga en su apoyo.

[^d11b-6]: Diario bolchevique legal publicado en San Petersburgo desde mayo de 1912 hasta julio de 1914, sostenido en gran parte por colectas obreras.

[^d11b-7]: La del USPD (Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania).

[^d11b-8]: Organizaciones de ayuda a los presos políticos y a sus familias; la Internacional (MOPR) se fundó en 1922, pero existían ya organizaciones nacionales de este tipo.

[^d11b-9]: En el original, *Landsturm*: la última reserva de las fuerzas armadas alemanas, que comprendía a todos los hombres en edad militar no encuadrados en otras unidades.

[^d12-1]: De esta resolución nació la *Internationale Presse-Korrespondenz* (Inprekorr), boletín de la IC que empezó a publicarse en el otoño de 1921, en varias lenguas.
[^d12-2]: El llamado «Pequeño Buró» (*Kleines Büro*) del Comité Ejecutivo, que despachaba los asuntos corrientes; más tarde recibió el nombre de Presidium.

[^d13-1]: Las tesis fueron preparadas por la II Conferencia Internacional de las Comunistas, reunida en Moscú en junio de 1921, y presentadas al Congreso por Alexandra Kollontai (1872-1952), dirigente de la sección femenina del Partido Comunista ruso.
[^d13-2]: La II Conferencia Internacional de las Comunistas (Moscú, junio de 1921), celebrada inmediatamente antes del Congreso.
[^d13-3]: «Su apoyo»: el alemán *ihre Unterstützung* es ambiguo y puede referirse tanto al apoyo de las propias mujeres como al del comunismo.
[^d13-4]: La República Soviética de Hungría (marzo-agosto de 1919).
[^d13-5]: La edición dice *Normen* («normas»), probable errata por *Formen* («formas»).
[^d13-6]: La «Internacional II½» o Internacional de Viena: la Unión Internacional de Partidos Socialistas fundada en Viena en febrero de 1921 por partidos centristas que habían abandonado la II Internacional sin adherirse a la III; se reunificó con la II en 1923.
[^d13-7]: Alusión a las conferencias internacionales de mujeres socialistas (Stuttgart, 1907; Copenhague, 1910; Berna, 1915), impulsadas por Clara Zetkin.
[^d13-8]: La I Conferencia Internacional de las Comunistas se reunió en Moscú en el verano de 1920, coincidiendo con el II Congreso de la Internacional Comunista.
[^d13-9]: El VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia (diciembre de 1920).
[^d13-10]: *Praktikantinnen*: delegadas obreras y campesinas que, por turnos, hacían prácticas en los soviets, los sindicatos y los órganos económicos, según el sistema de delegadas de las secciones femeninas del partido ruso.
[^d13-11]: *Subbótniki* y *voskrésniki*: jornadas de trabajo voluntario y gratuito en sábado y domingo, iniciadas en Rusia en 1919.
[^d13-12]: La edición dice *Betriebswerkstätten* («talleres de empresa»), probablemente por *Betriebsversammlungen* («asambleas de empresa»).
[^d13-13]: C.A.F.: comisión de agitación femenina (en alemán, F.A.K., *Frauenagitationskommission*).
[^d13-14]: La gobernación (*guberniya*) era la mayor división administrativa de Rusia; la comarca (*uyezd*) era su subdivisión.

[^d14-1]: La fecha (11 de junio) es anterior a la apertura del Congreso (22 de junio): corresponde a la II Conferencia Internacional de las Comunistas, que adoptó esta resolución y cuyo texto se dirige en nombre propio. Clara Zetkin (1857-1933), dirigente del Partido Comunista de Alemania, presidía el Secretariado Internacional Femenino.
[^d14-2]: Las «Directrices para el movimiento comunista de mujeres» (*Richtlinien für die kommunistische Frauenbewegung*), redactadas por Clara Zetkin en 1920.
[^d14-3]: Se trata del Secretariado Femenino de Europa occidental, establecido en Berlín.

[^d16-1]: Conferencia internacional de las organizaciones juveniles socialistas opuestas a la guerra, celebrada en Berna en abril de 1915, que constituyó un nuevo secretariado internacional con sede en Zúrich, antecedente de la Internacional Juvenil Comunista (fundada en Berlín en noviembre de 1919); en Jena se reunió en la Pascua de 1916 una conferencia de la juventud socialista alemana de oposición.
[^d16-2]: OJC: organizaciones juveniles comunistas (en el original, K.J.O., Kommunistische Jugendorganisationen).
[^d16-3]: CE de la IJC: Comité Ejecutivo de la Internacional Juvenil Comunista (en el original, E.K. der K.J.I.).

[^d17-1]: Alusión a las negociaciones que desembocaron en la Conferencia de Washington sobre el desarme naval y el Pacífico (noviembre de 1921-febrero de 1922), convocada por el presidente estadounidense Harding en julio de 1921.
[^d17-2]: El 11 de mayo de 1921 el Gobierno alemán aceptó el ultimátum de Londres de los Aliados, que fijaba las reparaciones de guerra en 132.000 millones de marcos oro.
[^d17-3]: La Federación Sindical Internacional, reconstituida en Ámsterdam en 1919, vinculada a la II Internacional. La Internacional Sindical Roja (Profintern) celebró su congreso de fundación en Moscú en julio de 1921, al mismo tiempo que el III Congreso de la IC.
[^d17-4]: El Partido Socialista Italiano de Serrati, que se negó a expulsar a los reformistas de Turati, quedó fuera de la IC tras la escisión del congreso de Livorno (enero de 1921), donde nació el Partido Comunista de Italia.
[^d17-5]: La ocupación de las fábricas por los metalúrgicos italianos en septiembre de 1920, y la huelga general checoslovaca de diciembre de 1920.
[^d17-6]: La «Acción de Marzo» de 1921: insurrección obrera en Alemania central (región minera e industrial de Mansfeld y Merseburgo) desencadenada tras la ocupación policial de la zona ordenada por las autoridades prusianas y apoyada por el VKPD con un llamamiento a la huelga general; terminó con una derrota.
[^d17-7]: Damos los nombres en su grafía habitual; el original alemán los transcribe a su manera (Sinowjew, Kreibisch, Markovicz, Kilbum, Stutschka, etc.).
