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Title: El desarrollo industrial de Polonia (1898)
Description: La tesis doctoral de Rosa Luxemburg (Zúrich, 1897): historia de la industria polaca desde la manufactura hasta la gran industria y estudio de la política económica rusa en Polonia; sostiene que el capitalismo había fundido la economía polaca con la rusa y que de esa fusión saldría la unión del proletariado polaco y el ruso.
Author: Rosa Luxemburg
Date: 1898
URL: https://marxismo.school/archivo/luxemburg/1898%20El%20desarrollo%20industrial%20de%20Polonia
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*Rosa Luxemburg, Die industrielle Entwicklung Polens, Leipzig, Duncker & Humblot, 1898 (tesis doctoral, Universidad de Zúrich, 1897). Se traduce de la primera edición alemana. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas marcadas «(N. de la T.)» son nuestras; las demás, de la autora. Las remisiones de la autora a páginas de su libro se refieren a la paginación de la edición original. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/luxemburg/originales/1898%20Die%20industrielle%20Entwicklung%20Polens).*

## Prólogo

Aunque el tema del presente estudio es muy especial, creemos, sin embargo, que por diversas razones puede ofrecer un interés nada pequeño también al lector de Europa occidental. Las cuestiones económicas ocupan hoy el primer plano de la vida intelectual de todos los países civilizados; en ellas se ha reconocido ya el resorte de todo el ser y el devenir sociales; la fisonomía política y los destinos históricos de un país son para nosotros un libro con siete sellos si no conocemos su vida económica con todas las consecuencias sociales que de ella se derivan.

No hace mucho que el nombre de Polonia resonaba en todo el mundo civilizado, que sus destinos conmovían todos los ánimos y agitaban todos los corazones. En los últimos tiempos apenas se oye hablar ya de Polonia, y ello precisamente desde que Polonia es un país capitalista. Si se quiere saber qué ha sido del viejo rebelde, adónde lo encaminan los destinos históricos, la respuesta solo puede darla el estudio de su historia económica de las últimas décadas. La llamada «cuestión polaca» puede considerarse y discutirse desde distintos puntos de vista; pero para quien ve en el desarrollo material de la sociedad la clave de su desarrollo político, la cuestión polaca solo puede resolverse sobre la base de la vida económica de Polonia y de sus tendencias. En el estudio que sigue nos hemos esforzado por reunir el material existente para la solución de la cuestión y ordenarlo del modo más claro posible, permitiéndonos aquí y allá también algunas indicaciones directas de carácter político. El tema, a primera vista árido y especial, podrá tener así cierto interés también para el político.

Pero también por otras razones. Vivimos en una época en que el poderoso imperio del Norte desempeña un papel cada vez más importante en la política europea. Todas las miradas se dirigen con insistencia hacia Rusia, y se observan con inquietud los alarmantes progresos de la política rusa en Asia. Pronto no será un secreto para nadie que los principales países capitalistas tendrán también que prepararse, tarde o temprano, para una seria competencia *económica* de Rusia en Asia. La política económica del imperio zarista no puede, por tanto, ser del todo indiferente al europeo occidental. Ahora bien, Polonia constituye una de las regiones industriales[^t1] más importantes y avanzadas del Imperio ruso, y precisamente una en cuya historia la política económica de Rusia se expresa quizá con mayor claridad.

El material para nuestro trabajo se hallaba disperso en numerosas obras estadísticas, a menudo contradictorias entre sí, en folletos polémicos, noticias de prensa, informes oficiales y no oficiales; ni en la literatura polaca ni en la rusa o la alemana existe una obra exhaustiva sobre la historia de la industria polaca en su conjunto, y en particular sobre su situación actual. Por eso creímos que debíamos elaborar ese material bruto y fragmentario y presentarlo en la forma más acabada posible, para que el lector llegue con la mayor facilidad a las conclusiones generales.

## Primera parte. Historia y situación actual de la industria polaca

### 1. El periodo manufacturero (1820-1850)

Los acontecimientos políticos colocaron a Polonia, hacia comienzos del siglo XIX, en condiciones completamente nuevas. De la peculiar situación de economía natural y de anarquía feudal de la república nobiliaria que encontramos en la Polonia del siglo XVIII, pasó, con los repartos[^t2], a un régimen de absolutismo ilustrado y a la administración centralista y burocrática de Prusia, Austria y Rusia. La parte principal, la rusa, de Polonia, que es la que aquí nos interesa, obtuvo, es cierto, muy pronto —todavía como Ducado de Varsovia[^t3] y después, tras el Congreso de Viena— una constitución estamental propia; pero esta difería enormemente de la de la antigua Polonia, y todo el aparato administrativo, financiero, militar y judicial del Estado estaba cortado a la medida de un Estado moderno centralizado. Con las condiciones económicas sobre las que se había injertado se hallaba en la más flagrante contradicción. La vida económica de Polonia seguía concentrada en la propiedad territorial. El desarrollo del artesanado urbano, iniciado en el siglo XIII, se había ido a pique en el siglo XVII, y los intentos de los magnates de crear una manufactura a fines del siglo XVIII fracasaron igualmente. Pero la propiedad territorial era del todo inadecuada para servir de base a una organización estatal moderna. Empujada ya por la dependencia del mercado mundial, en la que había caído en la antigua Polonia desde el siglo XV, hacia una economía latifundista sumamente extensiva y hacia la explotación extrema del trabajo servil, se explotaba de modo cada vez más irracional y por eso rendía cada vez menos. Las guerras de la última época de Polonia, luego la administración napoleónica en el Ducado de Varsovia, el bloqueo continental y, con él, el retroceso de la exportación de cereales, la caída de los precios del grano, la abolición de la servidumbre en 1807: todos estos golpes de muy diversa índole llovieron uno tras otro sobre la propiedad territorial en el curso de unos diez años y la habían llevado al borde de la ruina. Pero como era la principal fuente de ingresos del país, también los gastos, relativamente grandes, de la nueva administración tenían que recaer con todo su peso sobre ella. El impuesto del diez por ciento sobre la renta de la propiedad territorial, ya establecido en la antigua Polonia pero que solo ahora se recaudaba de verdad, debía elevarse al 24 por ciento. Además pesaban sobre la nobleza los alojamientos de tropas y las entregas en especie para el ejército.

La consecuencia fue que la propiedad territorial cayó en poco tiempo en las garras de la usura. Si la antigua Polonia, a causa de la decadencia de la producción urbana y del comercio, no poseía una clase capitalista urbana, esta aparece inmediatamente después del reparto de Polonia. Se componía en parte de funcionarios y usureros inmigrados, en parte de advenedizos polacos que debían su existencia material a la gran crisis política y económica del país. Esta nueva capa de la población proveía ahora de capitales a la nobleza necesitada de dinero. Por lo demás, en gran medida ya había iniciado su endeudamiento la década de dominio prusiano (1796-1806), durante la cual se abrió por primera vez de par en par a la nobleza polaca un crédito territorial organizado.

Para la propiedad territorial polaca esto significó una verdadera revolución. Lo que en los países de Europa occidental se había llevado a cabo en la Edad Media por la acción lenta y constante de siglos —la disolución de la propiedad territorial patrimonial por la usura—, en Polonia, donde la propiedad territorial se había mantenido libre de la usura hasta el final de la república, se consumó ahora en menos de veinte años. Ya en 1821 el gobierno del Reino tuvo que salvarla de la ruina con una medida de excepción: la moratoria.

En tales circunstancias, el déficit se convirtió desde el principio en un fenómeno permanente del presupuesto del Reino. La creación de nuevas fuentes de ingresos para el fisco y de nuevos campos de actividad económica en el país se convirtió por eso, desde el primer momento, en una condición de existencia para el Reino. Siguiendo el ejemplo de otros Estados y empujado por necesidades inmediatas, el gobierno emprendió entonces la creación de una industria urbana en Polonia.

La década de 1820-1830 es el periodo de nacimiento de la industria polaca o, más exactamente, de la manufactura polaca.

Es significativo que esta surgiera de modo muy semejante a como había surgido antaño el artesanado polaco: atrayendo artesanos extranjeros, sobre todo alemanes. Así como en el siglo XIII los príncipes polacos trataron de atraer a Polonia a trabajadores extranjeros mediante toda clase de privilegios, así lo hizo también el gobierno de la Polonia del Congreso[^t4]. En los años 1816-1824 se promulgó toda una serie de ucases[^t5] imperiales al respecto. El gobierno puso gratuitamente a disposición casas y materiales de construcción, condonó los arrendamientos, fundó el llamado fondo de hierro para la construcción de edificios industriales y viviendas para industriales. En 1816 se garantizó a los artesanos inmigrantes la exención de todos los impuestos y cargas públicas durante seis años, se eximió a sus hijos del servicio militar y se permitió la importación libre de derechos de sus bienes muebles. En 1820 el gobierno concedió a los inmigrantes, por diez años, el suministro gratuito de materiales de construcción procedentes de los bosques del Estado y levantó tejares propios para proporcionarles ladrillos lo más baratos posible.

Una ley de 1822 eximió a todas las empresas industriales, por tres a seis años, del alojamiento de tropas. En 1820 y 1823 se dispuso que las ciudades debían ceder a estas empresas solares libres de censo durante seis años. El fondo industrial creado en 1822 para fines de colonización industrial ascendía al principio a 45 000 rublos[^t6], en 1823 ya al doble, y a partir de entonces a 127 500 rublos anuales[^1].

Unos alicientes tan variados no dejaron de surtir efecto. Pronto llegaron a Polonia artesanos alemanes en grupos y se establecieron allí. En pocos años inmigraron por entonces unas diez mil familias alemanas. Así surgieron pronto las que hoy son las ciudades industriales más importantes: Lodz[^t7], Zgierz, Rawa, Pabianice[^t8], etc. Además de artesanos, el gobierno de la Polonia del Congreso hizo venir del extranjero a industriales destacados para dirigir sus empresas: Coqueril, de Bélgica, Fraget, Girard, etc. Pero el gobierno de la Polonia del Congreso no se contentó con conceder privilegios a los inmigrantes y con levantar ciudades manufactureras alemanas. A diferencia del artesanado medieval, la manufactura no podía conformarse con el estrecho círculo de consumo y circulación de una sola ciudad; exigía desde el principio un mercado de masas y, por tanto, un tráfico de mercancías que abarcase al menos todo el país. Por eso el gobierno, al mismo tiempo que fundaba colonias manufactureras, tuvo que emprender una serie de reformas administrativas y legislativas destinadas a unir económicamente el país en un conjunto y a crear las formas jurídicas necesarias para el tráfico interior de mercancías. La mayor brecha en las relaciones de propiedad de la antigua Polonia, y en especial en las de la propiedad de la tierra, la había abierto ya el Código Napoleón, introducido en el Ducado de Varsovia en 1808. Este había injertado formas jurídicas de una economía burguesa moderna, ya del todo acabadas, sobre las condiciones económicas de una economía natural puramente feudal. Sin poder transformar lo más mínimo el modo de producción en sí, había agujereado, sin embargo, profundamente las viejas relaciones de propiedad y acelerado así su descomposición. Con la abolición de las rentas perpetuas, de los fideicomisos, etc., la propiedad territorial fue arrancada de su inmovilidad y lanzada a la circulación. Al mismo tiempo, el Código Napoleón había proporcionado normas jurídicas para el comercio y la jurisdicción mercantil. En 1817 se crearon además cámaras de comercio y manufacturas y se terminó el reglamento de comercio; al año siguiente se introdujeron los registros hipotecarios, y en 1825 se fundó la Sociedad de Crédito Territorial[^2]. Desde 1819 se emprendió por cuenta del Estado la construcción de carreteras y la regulación de las vías fluviales, y en 1825 la construcción del canal entre el Niemen y el Vístula[^3]. Por último, el gobierno, exactamente igual que en otros países en los comienzos de la manufactura, dio el ejemplo con fundaciones industriales propias, estableció explotaciones modelo, granjas ovinas modelo, etc. Pero el apoyo más poderoso lo dio a la naciente manufactura con la fundación del Banco de Polonia, creado por el ucase imperial de 1828 y organizado según el modelo de la «Seehandlung» alemana y de la «Société générale» belga[^t9]. Era a la vez banco de emisión, de valores, de depósitos, hipotecario, de comisión e industrial. Dotado inicialmente con un fondo de 3 millones de rublos, recibió además en depósito capitales de depósitos, de fianzas, eclesiásticos, de seguros contra incendios, de pensiones y otros, que hasta 1877 sumaron en total 282 millones de rublos. El banco abrió crédito a la industria lo mismo que a la agricultura. En los 50 años transcurridos desde su fundación concedió solo a las empresas comerciales e industriales créditos por valor de 91 millones de rublos. La actividad del banco fue sumamente variada. No solo fundó él mismo fábricas, explotó minas y tierras, sino que se ocupó también de los medios de transporte. La primera línea ferroviaria polaca, la «Varsovia-Viena», de 1845, fue principalmente obra del Banco de Polonia.

La actividad del gobierno que acabamos de esbozar fue el primer factor importante del desarrollo de la industria en la Polonia rusa. Sean cuales fueren las circunstancias que hayan influido en su historia ulterior, su nacimiento se lo debió sin duda a la iniciativa y a los esfuerzos del gobierno.

Es verdad que —como ya hemos dicho— también en otros países, en Francia y Alemania, por ejemplo, vemos a los gobiernos junto a la cuna de la manufactura, interviniendo activamente en sus destinos. Pero allí los gobiernos no hacían más que prestar su apoyo a un desarrollo natural de la producción urbana, que por sí misma y en virtud de factores objetivos, como la acumulación del capital comercial, la ampliación del mercado, el desarrollo técnico del artesanado, avanzaba hacia su transformación en el modo de producción manufacturero. En Polonia la manufactura, exactamente igual que antaño el artesanado urbano, era un producto extranjero importado ya hecho, que ni en el aspecto técnico ni en el social podía enlazar con un desarrollo económico propio de Polonia. La actividad del gobierno fue, pues, aquí el único factor positivo del nacimiento de la manufactura, y esto nos explica la predilección con que los economistas y publicistas polacos vuelven sobre ella, sobrestimando con demasiada frecuencia su importancia en la historia de la industria polaca en su conjunto. Pero sobre todo olvidan que el gobierno polaco autónomo, en la actividad que hemos descrito, obraba en el más estrecho acuerdo con el zarismo ruso, que se guiaba en ello por propósitos que, desde el punto de vista nacional, eran cualquier cosa menos amistosos hacia Polonia.

Por lo demás, los esfuerzos del gobierno de la Polonia del Congreso encontraron desde el primer momento el terreno más favorable en la situación aduanera de Polonia. El Acta del Congreso de Viena trajo para Polonia dos medidas importantes en este aspecto: primero, quedó unida a Rusia; segundo, se le garantizó el libre comercio con las demás partes de la antigua Polonia o, lo que en el fondo venía a ser lo mismo, con Alemania y Austria. En cuanto a la unión con Rusia, las relaciones comerciales entre ambos países se regularon por los aranceles de 1822 y 1824 de modo que intercambiaban sus propios productos casi libres de derechos[^4]. La importancia de esta nueva regulación para Polonia solo se comprende si se tiene en cuenta que Rusia, desde 1810, y sobre todo más tarde bajo la dirección de Kankrin[^t10], seguía frente a Europa una política prohibicionista extrema, que a menudo rayaba en el absurdo, y estaba protegida por todas partes contra las manufacturas extranjeras por una muralla aduanera infranqueable. Por la unión con Polonia sobre la base de los aranceles mencionados, Rusia quedó ahora accesible por este lado a las mercancías alemanas. Para Polonia este hecho tuvo como consecuencia que se convirtió en el taller donde se elaboraban productos semielaborados alemanes, que en su mayoría entraban libres de derechos en la Polonia del Congreso, se aprestaban aquí y, como manufacturas polacas, pasaban de nuevo casi libres de derechos a Rusia. Por este camino floreció en pocos años, sobre todo, la gran fabricación de paños de Polonia[^5]. Fundada apenas en los años 1817 a 1826, alcanza ya en 1829 la cifra, considerable para aquel tiempo, de 5 752 000 rublos de valor de la producción[^6]. Que este crecimiento sorprendentemente rápido se debió casi exclusivamente al consumo ruso lo muestra el siguiente cuadro de la exportación de manufacturas de lana a Rusia, en miles de rublos:

1823: 1 865, 1825: 5 058, 1827: 7 218, 1829: 8 418[^7].

Si según este cuadro el valor de las manufacturas exportadas supera el valor de las producidas en el país, ello se debe a que, además de las mercancías fabricadas en Polonia, se exportaban masivamente a Rusia, con marca polaca, manufacturas alemanas acabadas introducidas de contrabando en Polonia.

Pero la situación aduanera mencionada tenía para la Polonia del Congreso otro aspecto importante. Le abría una vía comercial libre hacia China, adonde también se exportaba paño polaco en gran escala. Esta exportación ascendía, en miles de rublos, a:

1824: 331, 1826: 332, 1828: 1 024, 1830: 1 070[^8].

Aunque toda la exportación de Polonia en la primera década de su desarrollo industrial se limitaba en realidad a una sola rama, la producción lanera, su importancia para el país fue grande, porque repercutió de modo estimulante sobre otras ramas de la producción y fomentó poderosamente la inmigración de artesanos alemanes. Un historiador del centro de la industria textil polaca, la ciudad de Lodz, llama al comercio de paños de Polonia con Rusia y China en aquella época «el principal resorte del desarrollo de la industria»[^9].

Pero en 1831 este comercio llegó a su fin. La insurrección polaca[^t11], que paralizó por algún tiempo el desarrollo de la manufactura en el país, tuvo además como consecuencia duradera que en el año mencionado se elevara considerablemente el arancel entre Polonia y Rusia[^10]. Hacía tiempo que la competencia del paño polaco en Rusia y China era una espina clavada para los fabricantes rusos. Sus reiteradas peticiones de que se elevaran los derechos en la frontera polaca no tuvieron resultado hasta que la insurrección de 1831, y con ella la paralización de la exportación de paño polaco a Rusia, dio a los industriales de allí la posibilidad de ocupar rápidamente el terreno abandonado ampliando su propia producción y de demostrar así al gobierno con cifras cuánto había sufrido hasta entonces la industria «patria» por la competencia polaca. Con la elevación del arancel y, al mismo tiempo, la supresión del tránsito libre hacia China, la exportación polaca cae rápidamente:

| Año | Exportación total (miles de rublos) | de ella, manufacturas (miles de rublos) |
|---|---|---|
| 1834 | 2 887 | 2 385 |
| 1850 | 1 274 | 755[^11] |

Para la producción lanera polaca fue un duro golpe. Después de que su valor hubiera alcanzado en 1829 —como hemos visto— la cifra de 5 752 000 rublos, bajó en 1832 a 1 917 000 rublos y solo poco a poco volvió a subir a 2 564 000 rublos en 1850, es decir, a la mitad de la cifra anterior[^12].

Para los destinos inmediatos de la manufactura polaca en su conjunto, sin embargo, el cierre de la frontera rusa no podía tener gran importancia. Ni existían entonces en la propia Rusia las condiciones para una demanda creciente de manufacturas, ni los medios de transporte eran adecuados para el transporte en masa. La gran exportación de paños solo puede explicarse principalmente por las necesidades del ejército ruso. Por lo demás, la manufactura polaca ni siquiera había tenido tiempo de crearse un mercado interior. Tras el cierre de la frontera aduanera rusa sigue, pues, echando raíces lentamente en el país, apoyada por medidas gubernamentales favorables y sobre todo por el Banco de Polonia. En las dos décadas siguientes se desarrollan bastantes ramas de la producción: en los años treinta, la curtiduría y la fabricación de jabón; en los cuarenta, la producción de azúcar; también en los treinta, la minería, y asimismo la fabricación de papel[^13]. Pero al crecimiento de la industria en Polonia le ponían límites bastante estrechos las condiciones sociales del país. La población de la Polonia del Congreso, que en total no pasaba de la exigua cifra de 4 a 5 millones de personas, vivía además en su mayor parte en economía natural. Pese a la abolición de la servidumbre en 1807, el trabajo servil seguía siendo la forma de trabajo dominante en la agricultura, y por eso tanto los terratenientes como los campesinos estaban en gran medida apartados del tráfico de mercancías y de dinero. Las ciudades solo surgían lentamente y, poco pobladas y pobres como eran, tampoco podían crear una fuerte demanda de productos manufacturados. El desarrollo es, pues, muy lento. 30 años después de su nacimiento, periodo en que la manufactura polaca dependió principalmente del mercado interior, la vemos todavía presa de dimensiones del todo enanas. La más avanzada de todas las ramas industriales, la industria textil, se ejerce todavía en los años cincuenta sobre todo a mano, sin fuerza de vapor, y por eso solo por maestros artesanos y oficiales cualificados, sin rastro de trabajo femenino. En general, ya la dispersión de la producción indica su carácter predominantemente artesanal, pues todavía en 1857 vemos en Polonia 12 542 «fábricas» con 56 364 obreros y 21 278 592 rublos de valor de la producción: por término medio, 4-5 obreros y 1 700 rublos de producción por «fábrica»[^14].

En consonancia con estas condiciones, también la industria urbana desempeña en la vida social de Polonia, hasta los años cincuenta e incluso hasta los sesenta, un papel tan solo subordinado. La que daba el tono en la economía como en la política del país seguía siendo la propiedad territorial. Más aún: la gran masa de los terratenientes medios, la que por entonces representaba la opinión pública, consideraba incluso la naciente industria urbana, y con ella la economía capitalista, como una planta venenosa extranjera, como una «estafa alemana», culpable de la desesperada situación de la propiedad territorial y de todo el país.

### 2. El paso a la gran industria (1850-1870)

Hemos conocido los primeros comienzos y el desarrollo de la industria en Polonia sobre la base del mercado interior. Hemos visto que debió su nacimiento a los esfuerzos del gobierno y que, a causa de la estrechez del mercado interior, no fue capaz de despojarse de las formas de la manufactura hasta los años cincuenta. Pero aquí termina la primera época de su historia y se abre una nueva página. A partir de los años cincuenta aparece, en efecto, una serie de factores nuevos que, aunque muy distintos en sí, en última instancia hacen todos que se abran a la producción polaca los mercados rusos y que se le asegure con ello un mercado de masas. Esto provoca poco a poco una completa transformación de la industria polaca y la convierte de manufactura en auténtica gran industria fabril. Podemos llamar por eso al segundo periodo de su historia el periodo de la gran industria. Las décadas de 1850-1870 forman el tiempo de transición de la primera a la segunda fase.

Fueron cuatro los factores importantes que revolucionaron la industria polaca en dicho periodo de transición.

*Primero, la supresión de la frontera aduanera entre Rusia y Polonia.* En 1851 la situación aduanera de Polonia se transformó en dos direcciones. Por una parte se suprimió la frontera aduanera que hasta entonces la separaba de Rusia; por otra, se puso fin a la política comercial exterior independiente de Polonia, y Polonia quedó incorporada al territorio aduanero ruso general[^15]. De este modo, Polonia forma desde entonces, en materia de política comercial, un solo todo con Rusia[^16]. Para Polonia la gran importancia de la reforma aduanera de 1851 consistió ante todo en que se le hizo posible una exportación de mercancías completamente libre a Rusia. La manufactura polaca obtuvo así la perspectiva de producir para un mercado de masas mayor, de rebasar los estrechos límites del mercado interior y de convertirse en verdadera industria fabril. Pero estos fenómenos solo podían producirse al cabo de un plazo bastante largo. En el momento en que se suprimió la barrera aduanera entre Polonia y Rusia, todavía se interponían tres obstáculos importantes a una verdadera exportación en masa de las manufacturas polacas a Rusia: primero, la manufactura en Polonia, adaptada hasta entonces sobre todo a las exigencias del mercado interior, no poseía aún aquella capacidad de ampliación rápida y a saltos que tanto caracteriza a una gran industria fabril. Segundo, no había medios de transporte modernos entre Polonia y Rusia; tercero, también en Rusia el mercado interior de manufacturas tenía dimensiones limitadas, lo que se debía a la existencia de la servidumbre y de la economía natural. Pero en todas estas condiciones se produce pronto una transformación completa.

Ya la *guerra de Crimea* tuvo un efecto revolucionario sobre la manufactura polaca, lo mismo que sobre la rusa. El bloqueo de las fronteras marítimas de Rusia interrumpió en gran parte la llegada de mercancías extranjeras, y en otra parte la desvió hacia la frontera terrestre occidental, hacia Polonia, que se convirtió en la vía de un activo comercio de tránsito. Pero más importante fue la demanda en masa creada por las necesidades del ejército ruso, sobre todo de productos de la industria textil. El crecimiento de esta ascendió también en Rusia, en los años 1856-1860, al 11,6 % anual en la hilatura de algodón, al 5,5 % en la tejeduría de algodón y al 9,4 % en el tinte y el apresto[^17]. En Polonia se aprecia un salto todavía mayor. El valor de la producción era, en miles de rublos:

| | 1854 | 1860 | + % |
|---|---|---|---|
| en la industria del lienzo | 723 | 1 247 | + 72 % |
| en la industria lanera | 2 044 | 4 354 | + 113 % |
| en la industria algodonera | 2 853 | 8 091 | + 183 %[^18] |

Pero la época de la guerra de Crimea trajo también una profunda transformación en la técnica de la industria textil: trajo la introducción del telar mecánico y del huso mecánico en Rusia y en Polonia. En 1854 se fundó en Lodz, al principio con 100 telares y 18 000 husos, la que hoy es la gigantesca fábrica de Scheibler[^t12][^19]. Al año siguiente se estableció en Rusia la primera hilatura mecánica de lino, tras lo cual, en 1857, también en Polonia la mayor fábrica de lienzo, y aún hoy la única digna de consideración, la de «Żyrardów»[^t13], pasó de tejeduría a mano a tejeduría mecánica[^20].

El *segundo* acontecimiento importante fue la construcción de toda una *serie de líneas ferroviarias* entre Polonia y las regiones más alejadas de Rusia. En 1862 Polonia quedó unida con San Petersburgo, en 1866 con Volinia, Bielorrusia y Podolia, en 1870 con Moscú, en 1871 con Kiev, en 1877 con el sur de Rusia. Por otra parte, la febril construcción de ferrocarriles en el interior de Rusia abrió al tráfico comercial regiones cada vez más amplias del país[^21]. A la construcción de cada línea ferroviaria que llevaba a Rusia seguía una demanda acrecentada de productos polacos y una ampliación de la producción. Pese al efecto deprimente de la insurrección de 1864[^t14] y de la paralización temporal del tráfico con Rusia que provocó, la década de 1860-1870, el periodo de la revolución técnica de los medios de transporte, tuvo como resultado que, mientras el valor total de la producción industrial de Polonia en 1857 era solo de 31 millones de rublos (21 según otra fuente), en 1872, es decir, 15 años después, representaba ya 73 millones de rublos (según ambas fuentes): un aumento del 135 % o del 248 %, respectivamente[^22].

El *tercer factor* que contribuyó a la transformación industrial fue la *abolición de la servidumbre* en Rusia en 1861 y en Polonia en 1864[^t15], y la transformación de la agricultura que provocó. Privados en adelante de la fuerza de trabajo gratuita de los campesinos sujetos a prestaciones serviles, también los terratenientes se vieron obligados a contratar obreros asalariados y a comprar productos de la industria que antes, en muchos casos, habían hecho fabricar en sus propias haciendas señoriales. Por otro lado, la gran masa campesina tuvo así dinero en la mano y se convirtió también en compradora de productos fabriles. En relación con ello está una reforma del sistema tributario y el comienzo de aquella política de expolio del gobierno respecto del campesinado ruso que empuja por la fuerza también al pequeño campesino, con el producto de su trabajo, al mercado y que, al descomponer cada vez más la economía natural rural, prepara en la misma medida el terreno para la economía monetaria y para la venta en masa de manufacturas. La otra consecuencia de la reforma fue la proletarización de amplias capas campesinas, es decir, la «liberación» de una masa de brazos que se pusieron a disposición de la industria.

Así vemos producirse en Rusia, a raíz de la guerra de Crimea, una transformación de todas las relaciones sociales. El hundimiento de la vieja propiedad territorial patrimonial y de la economía natural, la reforma del sistema tributario y financiero, la construcción de toda una red de ferrocarriles: todo esto significaba para la industria de Rusia la creación de mercados, de canales de venta y de brazos. Pero como Polonia, desde la supresión de la frontera aduanera en 1851, formaba en materia de política comercial un todo con Rusia, también la manufactura polaca fue arrastrada al gran torbellino de la transformación económica de Rusia y convertida, por el mercado de masas en rápido crecimiento, en una verdadera industria fabril.

Pero a fines de los años setenta se suma todavía un *cuarto factor importante*, que en pocos años hace de la producción fabril polaca una gran industria como la que hoy vemos en Polonia, y este es la *política aduanera de Rusia*.

### 3. El periodo de la gran industria en Polonia

Ya desde comienzos de siglo Rusia seguía, como hemos dicho, una política sumamente proteccionista. Pero la guerra de Crimea trajo también en esto, como en todos los demás terrenos de la vida social, un cambio. En el «periodo liberal» de los años sesenta se rebajaron considerablemente los aranceles. Pero la tendencia librecambista no duró mucho. Por las propias reformas, sobre todo por la costosa construcción de ferrocarriles, el gobierno contrajo enormes deudas con el extranjero, y para obtener oro se introdujo en 1877 el arancel en oro[^t16]. Desde ese momento Rusia entró en la senda de una política de aranceles protectores cada vez más rigurosa.

Ya el arancel en oro supuso, con la caída del curso del rublo papel, una elevación de los derechos del 30 % en los primeros años y del 40 % al 50 % en los siguientes. En 1880 surgió de nuevo un déficit en el Tesoro a causa de la supresión del impuesto sobre la sal. Para compensarlo se produjo en 1881 una elevación general de los derechos del 10 %. En 1882 se elevaron varios derechos particulares, como los del lienzo, el hilado de lana, los productos químicos, las materias colorantes, etc.; en 1884 hubo una nueva elevación de diversos derechos particulares, como por ejemplo el de la seda hilada; en 1885, una elevación casi general del arancel del 20 %; en 1887, de nuevo un aumento parcial de algunas partidas, y lo mismo en 1891[^23].

Naturalmente, el proteccionismo perseguía en su caso, además de los ingresos fiscales, *ante todo* la protección de la industria nacional frente a la competencia extranjera.

Las consecuencias de una subida tan persistente del arancel fueron dobles. En primer lugar, la importación de manufacturas y productos semielaborados extranjeros retrocedió rápidamente. La importación total por la frontera europea de Rusia ascendía anualmente, en millones de rublos oro, a:

| Años | Millones de rublos oro |
|---|---|
| 1851-1856 | 74 |
| 1856-1861 | 120 |
| 1861-1866 | 121 |
| 1866-1871 | 212 |
| 1871-1876 | 364 |
| 1876-1881 | 326 |
| 1881-1886 | 304 |
| 1886-1891 | 224 |
| 1891 | 220 |
| 1892 | 219[^24] |

La importación de manufacturas y productos semielaborados, gravados con derechos mucho más altos que las materias primas, se redujo todavía mucho más de lo que se desprende del cuadro anterior. Así se hizo sitio en los mercados rusos a la industria nacional —rusa y polaca— y se la liberó en gran medida de la competencia extranjera.

La otra consecuencia natural fue la subida general de los precios de las mercancías. Se ha calculado recientemente que el consumidor ruso tiene que pagar la mayoría de las mercancías mucho más caras que, por ejemplo, el alemán; así:

| Mercancía | más cara en |
|---|---|
| el té | 304 % |
| el tabaco | 687 % |
| el carbón | 200 % |
| el papel | 690 % |
| el lienzo | 225 % |
| los productos de algodón | 357 % |
| las máquinas agrícolas | 159 %[^25] |

Por lo que respecta a la industria metalúrgica, al norteamericano, por ejemplo, un pud[^t17] de clavos de alambre de tamaño medio le cuesta 1-1,50 rublos, mientras que el ruso paga solo de derechos por este artículo 3,20 rublos y por el producto en total de 4 a 8 rublos. En proporción al valor de los metales más importantes, el derecho de aduana representaba en 1896: en el mineral de hierro, el 70 %; en el hierro, el 45 %, y en el acero, el 35 %[^26].

En tales condiciones de monopolio, la industria rusa y la polaca empezaron a embolsarse ganancias enormes en el mercado interior. Una idea aproximada de estas ganancias se puede obtener ya de los datos oficiales de los propios fabricantes. En 1887, por ejemplo, se declaró el siguiente beneficio neto:

| de la | beneficio |
|---|---|
| «Hilatura Rusa de Algodón», en San Petersburgo | 15 % |
| «Sociedad Manufacturera Morosoff» | 16 % |
| Sociedad Manufacturera «Balin» | 16 % |
| Hilatura de lino «Narva» | 18 % |
| Hilatura de algodón «Sampson» | 21,3 % |
| Hilatura de algodón «Ekaterinhof» | 23 % |
| Tintorería de algodón «Rabeneck» | 25,4 % |
| Hilatura de algodón «Ismajloff» | 26 % |
| Manufactura «S. Morosoff» | 28 % |
| Tejeduría de algodón «Neva» | 38 % |
| Manufactura «Krenholm» | 44,9 % |
| Fábrica de lanas «Thornton» | 45 %[^27] |

Para fechas más recientes tenemos datos no menos sorprendentes sobre las ganancias de la industria metalúrgica rusa. Las empresas metalúrgicas de la región del sur[^t18] rinden *por término medio* una ganancia del 50 %, y las colosales explotaciones del inglés Hughes[^t19], hasta del 100 %. «No carece de interés —escribe el órgano oficial del Ministerio de Hacienda— el empleo de las ganancias obtenidas, que produce la impresión de que las sociedades, de puro exceso de ganancias, no saben, por así decir, qué hacer con ellas[^28]», es decir, en qué rúbricas de los balances oficiales anotar las ganancias para disimular un poco su llamativa cuantía. Lo que muestra de modo más contundente la influencia de los precios de monopolio sobre la cuantía de las ganancias empresariales y, a la vez, la proporción entre estas y los gastos en fuerza de trabajo es sin duda la pequeña comparación siguiente. El precio de mercado del hierro bruto era en Kiev, en julio de 1897, de 85 kopeks[^t20] el pud; los costes de producción en Rusia ascendían a 45 kopeks, de los que el salario suponía 4 kopeks por pud, con un beneficio neto de 40 kopeks[^29]. La proporción de la ganancia respecto de los costes de producción y del salario era, pues, en números redondos, de 10 : 11 y de 10 : 1, respectivamente.

Pues bien, las ganancias de los empresarios polacos, como veremos más adelante, no van en nada a la zaga de las enormes ganancias de los rusos que acabamos de citar. A comienzos de los años noventa, por ejemplo, los dividendos de las fábricas de azúcar en Polonia llegaban hasta el 29 %[^30]. En la industria textil, las ganancias del 40 % se consideran algo normal[^31]. Y estos datos oficiales de los fabricantes son notoriamente un 30 a un 50 % inferiores a las ganancias obtenidas en realidad. De este modo, después de que en los años 1860-1877 se hubieran creado todas las condiciones principales del desarrollo industrial —un mercado interior, medios de transporte, un ejército industrial de reserva—, la política aduanera, que vino a sumarse a ellas, creó una atmósfera de invernadero de precios de monopolio que puso a la industria rusa y a la polaca en un verdadero El Dorado de la acumulación capitalista primitiva. Con el año 1877 comenzó una era de fundaciones febriles y de grandiosa acumulación del capital, unida a un crecimiento a saltos de la producción. El cuadro de conjunto del desarrollo industrial de Polonia bajo el efecto de las condiciones descritas es el siguiente:

| *Millones de rublos* | Producto total | Industria algodonera | Industria lanera | Industria del lienzo |
|---|---|---|---|---|
| 1860 | 50 (1864) | 8,1 | 4,3 | 1,2 |
| 1870 | 63,9 | 10,2 | 4,0 | 1,2 |
| 1880 | 171,8 | 33,0 | 22,0 | 5,0 |
| 1890 | 240,0 | 47,6 (1891) | 35,5 | 6,5[^32] |

El mayor auge, el de 1870 a 1880, que para el conjunto de la industria supone + 169 %, para la industria algodonera + 223 %, para la lanera + 450 % y para la del lienzo + 317 %, es principalmente resultado de los tres primeros años (1877-80) de la nueva era de la política aduanera. Como veremos más abajo, la introducción del arancel en oro no solo trajo consigo la fundación repentina de muchas empresas nuevas, sino también el traslado de toda una serie de fábricas alemanas de Sajonia y Silesia a la parte occidental de Polonia.

De las mayores fábricas que encontró en Polonia la encuesta oficial realizada en 1886 se habían levantado:

| hasta 1850 | 1850-60 | 1860-70 | 1870-80 | 1880-86 |
|---|---|---|---|---|
| 18,1 % | 6,8 % | 13,6 % | 29 % | 32,5 % |

es decir, desde 1870, el 61 % de todas las grandes fábricas. En cuanto al volumen de la producción, en el periodo 1870-1890 casi se sextuplicó en el conjunto de la industria textil. La influencia de la política aduanera la muestra muy en particular la siguiente comparación. De las fábricas más importantes se fundaron:

| hasta 1850 | 1850-1877 | 1877-1886 |
|---|---|---|
| 18,1 % | 37,2 % | 44,7 %[^33] |

Así pues, casi la mitad (hoy todavía más) de todas las grandes fábricas que hay en Polonia han surgido desde 1877 como consecuencia directa de la política aduanera proteccionista.

La ampliación de la producción que hemos descrito fue de la mano de una transformación del propio modo de producción. Por todas partes surgen de repente, en lugar de las pequeñas fábricas dispersas, grandes explotaciones industriales modernas con amplio empleo de la fuerza de vapor y de las instalaciones técnicas más modernas en la construcción y en la explotación. La concentración en el conjunto de la industria de Polonia es la siguiente:

| | 1871 | 1880 | 1890 |
|---|---|---|---|
| Número de obreros | 76 616 | 120 763 | c. 150 000 |
| Valor de la producción | 66,7 mill. r. | 171,8 mill. r. | 240 mill. r. |
| Por establecimiento | 3 239 rublos | 8 063 rublos | 71 248 rublos |
| Por obrero | 882 rublos[^34] | 1 422 rublos[^34] | 1 600 rublos[^35] |

Las cifras medias, sin embargo, aquí como en otras partes, no sirven para dar una idea verdadera de la transformación ocurrida, porque esta, como es natural, no se ha producido por igual en todas las ramas industriales. Las cifras más características son las de la *industria textil*. Aquí encontramos:

| | 1871 | 1880 | 1890 |
|---|---|---|---|
| Número de fábricas | 11 227 | 10 871 | 635 |
| Número de obreros | 28 046 | 45 753 | 60 288 |
| Producción | 18,1 mill. rb. | 57,6 mill. rb. | 88,4 mill. rb. |
| Obreros por fábrica | 2,5 | 4,2 | 95 |
| Producción por fábrica | 1 612 rb.[^36] | 5 303 rb.[^36] | 139 298 rb.[^37] |

Pero dentro de la industria textil es la *industria algodonera* la que muestra el cambio de la manera más llamativa:

| | 1871 | 1880 | 1891 |
|---|---|---|---|
| Número de fábricas | 10 499 | 3 881 | 163 |
| Número de obreros | 19 894 | 19 576 | 26 307 |
| Producción | 10,4 mill. rb. | 30,8 mill. rb. | 47,6 mill. rb. |
| Obreros por fábrica | 1,9 | 5 | 162 |
| Producción por fábrica | 994 rb.[^38] | 7 950 rb.[^38] | 291 736 rb.[^39] |

El sorprendente crecimiento de la industria algodonera puede medirse también por el número de husos. Este ascendía a:

| Año | Husos (miles) |
|---|---|
| 1836 | 7,3 |
| 1840 | 27,3 |
| 1850 | 61,3 |
| 1863 | 116,2 |
| 1870 | 289,5 |
| 1875 | 385,5 |
| 1879 | 449,6 |
| 1882 | 467,6 |
| 1888 | c. 600,0[^40] |

Según otras fuentes, el número de husos, en el periodo de 10 años 1877-1886, pasó de 216 640 a 505 622, es decir, aumentó un 134 %. En el mismo periodo, el número de husos de la industria algodonera rusa muestra un aumento del 32 % (en particular, en la región de Moscú, del 45 %; en la región de Petersburgo, del 10 %), el de la norteamericana (1881-1891), del 30 %, y el de la inglesa, del 8 %. El número de telares creció de 1877 a 1886: en la industria algodonera rusa, un 46 % (en particular, en la región de Moscú, un 50 %; en la región de Petersburgo, un 25 %), pero en Polonia, un 139 %[^41].

El empleo de la fuerza de vapor en mayor escala solo comienza en los años 70, pero desde entonces crece con rapidez.

| Número de caballos de vapor | 1875 | 1890 |
|---|---|---|
| en el conjunto de la industria | 14 657 | 51 800[^42] |
| de ellos: en la industria textil | 4 220 | 26 772[^42] |
| en las minas | 1 803[^43] | 10 497[^44] |

En las ramas no sujetas a impuesto especial[^t21], el número de caballos de vapor volvió casi a duplicarse en el plazo de dos años, de 1890 a 1892; en concreto, pasó de 41 303 a 81 346.

Todo el aspecto exterior del país ha cambiado de arriba abajo en 25 años. En el centro, la pequeña población de *Lodz* creció rápidamente hasta convertirse en un gran centro de la industria textil, el «Manchester polaco», con el aspecto típico de una ciudad fabril moderna: un sinnúmero de chimeneas de fábrica humeantes, muy juntas unas de otras, una población compuesta casi exclusivamente por el personal de las fábricas y una vida urbana que gira exclusivamente en torno a la industria y el comercio, regulada por las sirenas de las fábricas. Se encuentran aquí una serie de establecimientos gigantescos, entre los que la «Manufactura Scheibler», con sus 15 mill. de producción anual y 7000 obreros, ocupa el primer lugar. En el rincón suroccidental del país, junto a la frontera prusiana, brotó, como surgida de la tierra por arte de magia, toda una nueva región industrial: aparecían fábricas en medio de bosques y campos, adelantándose a la formación de ciudades y agrupándolo todo desde el principio a su alrededor. En la antigua capital, Varsovia, punto de reunión de todos los oficios, el artesanado experimentó un poderoso auge[^45]. Pero a la vez cae en muchos casos bajo el dominio del capital comercial. Pequeñas y medianas explotaciones independientes se disuelven en industria a domicilio, y pasan a primer plano, como recipientes colectores de la pequeña producción, grandes almacenes de artículos artesanales acabados. El comercio de todo el país se concentra aquí en la Bolsa y en numerosas casas de banca y de comisión. El arrabal de Varsovia, Praga[^t22], se convirtió en el centro de una gran industria metalúrgica, y la gigantesca fábrica de lienzo «Żyrardów», cerca de Varsovia, con sus 8 000 obreros, se transformó en una pequeña ciudad propia.

### 4. Las principales regiones de la industria polaca

Una vez trazado un esbozo general del desarrollo de la industria polaca, nos queda ilustrar con detalle lo dicho mediante la historia de cada una de las ramas más importantes de la industria, así como describir la agrupación exterior, local, de la producción fabril.

La industria del Reino de Polonia, si se prescinde de las fábricas insignificantes dispersas a la derecha del Vístula y a lo largo de la frontera prusiana, está concentrada en tres regiones de fisonomía muy marcada, de distinto carácter y de distinta historia.

La más importante de ellas es *la región de Lodz*. Abarca la ciudad de Lodz con su distrito, además de las ciudades de Pabianice, Zgierz y Tomaszów[^t23] y algunos distritos de la gobernación[^t24] de Kalisz[^t25]. La producción de la región ascendía ya en 1885 a 49 millones de rublos[^46], y hoy por lo menos a 120 millones[^47]. Esta es la región de la *industria textil* propiamente dicha. Su centro principal, *Lodz*, es por su historia sumamente típico de toda la industria polaca. Difícilmente puede imaginarse un lugar más desfavorable para la fundación de una ciudad fabril que Lodz. Está asentada en una llanura sin bosques ni agua, en medio de pantanos que todavía hace unos diez años se extendían en algunos puntos a ambos lados de la calle principal, de modo que la ciudad apenas tenía allí 200 pasos de ancho. El minúsculo río Lodka[^t26] está completamente contaminado por los desechos de las fábricas, y toda el agua que necesitan las fábricas la suministran pozos artesianos y estanques. Todavía en 1821 Lodz no tenía más que 112 casas con 800 habitantes. Pero en 1823 comienza la colonización, se establecen pañeros silesios y sajones, y en 1827 Lodz cuenta ya con 2840 habitantes, de ellos 322 obreros de manufactura. En 1837 tiene más de 10 000, en 1840 18 600 habitantes y más de 1,1 mill. de rublos de producción anual. Pero a causa de la elevación del arancel ruso en 1831 y de la crisis que provocó en la fabricación de paños, la ciudad se ve frenada en su crecimiento; en 1850 la población incluso retrocede a 15 600 habitantes[^48]. Sin embargo, a partir de los años sesenta comienza para Lodz, a consecuencia de las causas antes descritas, que se reducen todas a la apertura de los mercados rusos, una época de rápido desarrollo que desde los años setenta se vuelve vertiginosa. En efecto, vemos en Lodz:

| Año | Habitantes | Rublos de producción |
|---|---|---|
| 1860 | 32 000 | 2 600 000[^48] |
| 1878 | 100 000 | 26 000 000[^48] |
| 1885 | 150 000 | 36 500 000[^49] |
| 1895 | 315 000[^50] | 90 000 000[^51] |

En los últimos 25 años también la producción de Lodz experimentó una transformación. Hasta los años setenta se fabricaban aquí artículos de algodón para un mercado limitado, principalmente para las clases más acomodadas. Pero cuando se abrieron a la industria polaca los mercados rusos y una nueva clase de compradores, el pueblo trabajador, empezó poco a poco a desempeñar el papel dominante en la demanda, también la industria textil de Lodz tuvo que adaptarse al nuevo consumidor. Los fabricantes de Lodz pasaron, en efecto, a producir artículos de algodón baratos y sencillos, como el tricot y otros tejidos estampados bastos, pero sobre todo fustán[^t27]. La fabricación de estos tejidos fue trasplantada por primera vez de Sajonia a la ciudad de Pabianice en 1873[^52]. Hoy predomina en toda la producción de la región, como muestran las cifras siguientes. En Lodz se fabricaba:

| | 1881 | 1886 |
|---|---|---|
| Lancort | 29 % | 27 % |
| Bjas’[^53] | 44 % | 29 % |
| *Fustán* | 10 % | 35 % |
| Mitkal[^t28] | 5½ % | 5 % |
| Varios | 11½ % | 4 %[^54] |
| | 100 % | 100 % |

También el giro de la política aduanera de 1877 había dado vida a una nueva rama de la industria algodonera en la región de Lodz, a saber, la fabricación del llamado hilado mixto, de algodón y lana (vigoña). Este producto, que hasta entonces se importaba masivamente a Rusia desde Werdau y Crimmitschau[^t29], vio cerrada su entrada en Rusia poco después de la introducción del arancel en oro. Para sortear esta muralla aduanera, algunas fábricas de empresarios alemanes fueron trasladadas directamente de Sajonia a Lodz, y ya en 1886 más de 39 000 husos producían aquí hilado mixto[^55].

Así, la configuración actual de la gran industria algodonera de la región de Lodz aparece como resultado de la apertura de los mercados rusos y de la política aduanera rusa de los años setenta.

No menos dominada por los mismos factores está la industria lanera de la región. Ya el enorme salto de la producción, de 4 millones en 1870 a 22 millones en 1880, muestra la influencia que ha ejercido el mercado ruso en esta rama de la industria polaca. En lo que se refiere en particular a la hilatura de lana, esta debe su desarrollo actual muy especialmente a la política aduanera de Rusia. La introducción del arancel en oro en 1877 tuvo como consecuencia inmediata el traslado de muchas hilaturas extranjeras a Lodz; la mayor, con 22 000 husos, la fundó en 1879 Allart Rousseau Fils y todavía hoy es una filial de esta casa de Roubaix, de donde recibe también sus productos semielaborados[^56]. Desde los años ochenta Polonia se convirtió en la fuente de abastecimiento de hilados para Rusia, y su producción en esta rama supera a la rusa en más del 217 %: en Polonia ascendía en 1890 a 18 749 000 rublos; en Rusia, a 5 909 000 rublos. En los últimos tiempos la política aduanera ha hecho florecer otras dos ramas de la industria textil de Lodz: los talleres de medias y de tricot[^57].

Pruebas todavía más interesantes del efecto de la política aduanera rusa sobre la industria polaca las ofrece la historia de la *segunda región, la de Sosnowiec*[^t30].

Esta abarca la parte suroccidental de la gobernación de Piotrków[^t31], pegada a la frontera prusiana, con las ciudades de Częstochowa, Będzin, Zawiercie, Sielce y Sosnowiec[^t32]. Mientras que la región de Lodz inició su desarrollo industrial ya en los años veinte, la industria de la región de Sosnowiec es, como hemos señalado, un fenómeno de fecha completamente reciente.

Todavía hasta los años sesenta no se veía aquí, en leguas a la redonda, más que un espeso bosque de abetos; pero en 15 años la comarca boscosa se transformó en un activo distrito industrial, cuya industria textil hace ya una seria competencia a la vieja Lodz.

Dos circunstancias importantes favorecieron en alto grado el rápido desarrollo de la industria en la región de Sosnowiec. En primer lugar, la baratura del combustible. La parte meridional de la gobernación de Piotrków constituye la cuenca hullera de Polonia, y su proximidad colocó a la joven industria de Sosnowiec en una situación excepcionalmente ventajosa, no solo en comparación con Rusia, sino también con las demás partes de Polonia. El precio medio de 1 pud de carbón es, según la localidad, en las respectivas regiones:

| en la región de Sosnowiec | región de Varsovia | región de Lodz |
|---|---|---|
| 2,4-9,7 kop. | 11,22-13 kop. | 11,5-14,9 kop.[^58] |

En segundo lugar, la baratura de la fuerza de trabajo. La industria del carbón puso desde el principio a disposición de las fábricas de la región un contingente de fuerza de trabajo «libre», femenina y juvenil, en las personas de los familiares de los mineros. También en esto la región de Sosnowiec se encuentra en una situación considerablemente más favorable que la de Lodz. Los salarios son, en efecto:

| por mes, en rublos | Región de Sosnowiec: hombres | Región de Sosnowiec: mujeres | Región de Sosnowiec: menores | Región de Lodz: hombres | Región de Lodz: mujeres | Región de Lodz: menores |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Apresto | 13,50 | 10,75 | 8,50 | 26,— | 18,— | 9,75 |
| Hilatura de lana | 29,25 | 9,— | 6,— | 28,25 | 18,25 | 6,— |
| Hilatura mixta | 21,25 | 10,25 | — | 22,— | 13,— | — |
| Hilatura de algodón | 15,75 | 11,— | 4,75 | 21,— | 17,25 | 4,50 |
| Media | 20,— | 10,25 | 6,25 | 24,30 | 16,6 | 6,7[^59] |

La diferencia es por término medio, para la industria textil de Lodz en comparación con Sosnowiec, para los *hombres* + 21,5 %, para las *mujeres* + 61,9 %, para los *menores* + 4,7 %.

Pero la verdadera causa del nacimiento de la industria en la región de Sosnowiec fue la nueva era de la política aduanera rusa. Toda una serie de fábricas prusianas y sajonas fueron sencillamente trasladadas de Alemania a Polonia inmediatamente después de 1877. En una zona de 3 millas rusas[^t33] en torno a la frontera se concentró pronto una industria considerable. De las 27 fábricas más importantes que se contaban aquí en 1886 cerca de la frontera, se habían fundado hasta 1877, 5, y en 1877-1886, 22 (81,5 %)[^60]. La producción de las fábricas de Sosnowiec ascendía en 1879 a ½ mill. de rublos y en 1886 a 13 mill. de rublos[^61], lo que supone un aumento del 2500 % en 7 años.

El desarrollo de la producción fabril en la región de Sosnowiec fue de la mano de un sorprendente crecimiento de la *industria del carbón*. Apoyada por el Banco de Polonia, y en los años treinta (1833-1842) incluso explotada directamente por él, esta se desarrolla muy lentamente hasta los años sesenta y en 1860 registra una extracción de 3,6 mill. de puds de carbón. Desde entonces se suceden tres factores importantes que impulsaron poderosamente el desarrollo de la minería: primero, la construcción de ferrocarriles en los años sesenta y setenta; segundo, el desarrollo de la industria fabril, y tercero, el sistema aduanero prohibicionista. El auge se expresa, en efecto, en las cifras siguientes:

| Año | Extracción de carbón, en millones de puds |
|---|---|
| 1860 | 3,6 |
| 1870 | 13,8 |
| 1880 | 78,4[^62] |
| 1890 | 150,8[^63] |

En los 20 años de 1870-90, la extracción aumentó, pues, en un 993 %.

Los ferrocarriles son uno de los compradores más importantes de carbón. Junto a la cuenca hullera del sur de Rusia, también la polaca abastece de combustible a los ferrocarriles de Rusia. El consumo de estos ascendía a:

| | 1880 | 1885 | 1890 |
|---|---|---|---|
| de carbón del sur de Rusia | 22,2 mill. de puds | 34,3 mill. | 39,8 mill. |
| de carbón polaco | 10,8 mill. de puds | 13,8 mill. | 17,5 mill.[^64] |

Pero un comprador todavía más importante de carbón es la industria fabril. En 1890 la región de Lodz consumió por sí sola 30,6 millones de puds de carbón, la de Varsovia 26 millones y la de Sosnowiec 40 millones, y en ello las siderurgias desempeñaban un gran papel[^65]. En 1893 el consumo de carbón ascendía en Varsovia a 35,5 millones de puds, en Lodz el mismo año a 36,2 millones[^66] y en 1896 a 41 millones de puds[^67].

Una nueva época se abre en la industria hullera polaca con la extensión de la política de aranceles protectores también a esta rama de la producción en 1884, cuando la importación de carbón extranjero, libre hasta entonces, quedó gravada con un derecho de ½ a 2 kopeks oro por pud. La consecuencia inmediata fue una gran «crisis del carbón» en Rusia, es decir, una gran escasez de carbón debida a los métodos atrasados de explotación de las minas rusas y a su incapacidad para sustituir con el propio el carbón inglés, cuya llegada había disminuido en proporción a la creciente demanda[^68].

Quienes más provecho sacaron de ello fueron las minas polacas, que ampliaron rápidamente su actividad y en pocos años conquistaron todos los mercados más importantes de Rusia: Odesa, Moscú, San Petersburgo e incluso el sur de Rusia. Aunque la crisis hace tiempo que se superó, desde entonces el carbón polaco va desalojando paso a paso en Rusia al del sur del país, así en las líneas ferroviarias Moscú-Kursk, Moscú-Brest, Kiev-Vorónezh, Fástov[^t34], San Petersburgo-Varsovia, y en parte en las líneas del suroeste. A Odesa llegaron en 1894 desde Polonia 5 824 000 puds de carbón frente a 5 300 000 de la cuenca del sur de Rusia[^69].

Queda por echar un vistazo a la industria siderúrgica de la región. Esta tiene ya tras de sí una historia bastante larga, pues ya en el Ducado de Varsovia, hacia 1814, se contaban 46 altos hornos para mineral de hierro[^70]. Pero el desarrollo fue tan lento que hasta los años ochenta Polonia no había pasado de una producción de 2,5 millones de puds de hierro bruto, 1,4 millones de puds de hierro y 3,9 millones de puds de acero[^71].

Una página nueva en la historia de la industria siderúrgica polaca comienza con el giro de la política aduanera rusa. El breve periodo librecambista que siguió a la guerra de Crimea duró para el hierro algo más que para otras mercancías, porque las siderurgias rusas, ni siquiera con la política proteccionista más rigurosa, habrían podido satisfacer las enormes exigencias de la construcción ferroviaria. Pero a partir de 1881 también aquí el arancel protector ocupa el lugar del librecambio, y tras una subida gradual se fijaron en 1887 los derechos en 25 y 30 kopeks oro por pud de hierro bruto, de 50 kopeks a 1,10 rublos para el hierro y 70 kopeks para el acero; el arancel de 1891 trajo una nueva elevación de los derechos[^72]. Como efecto inmediato de la revisión aduanera vemos retroceder la importación de metales extranjeros en Rusia del modo siguiente:

| | Hierro bruto | Hierro | Acero |
|---|---|---|---|
| 1881 | 14,3 mill. de puds | 6,5 mill. de puds | 1,4 mill. de puds |
| 1890 | 7,1 mill. de puds | 5,0 mill. de puds | 1,0 mill. de puds[^73] |

En consecuencia, aumenta la producción de metales en Rusia y en Polonia; en esta última, del modo siguiente:

| en millones de puds | Hierro bruto | Hierro y acero |
|---|---|---|
| 1860 | 0,7 | 0,3 |
| 1870 | 1,3 (100 %) | 0,6 (100 %) |
| 1880 | 2,4 | 5,5 |
| 1890 | 7,4 (+ 488 %) | 7,5[^74] (+ 1054 %) |

La *tercera región industrial, la de Varsovia*, no tiene una fisonomía industrial tan marcada como las dos anteriores. Aquí encontramos una gran variedad de ramas industriales, pero las más importantes son la *construcción de maquinaria* y la *industria azucarera*. La historia de la primera queda contada por entero en la siguiente comparación sencilla. Mientras que hasta 1860 solo existían en Polonia 9 fábricas de maquinaria agrícola, en 1860-1885 se fundaron 42 nuevas[^75]. Aquí, como en todos los casos anteriores, vemos el mismo auge a consecuencia de la transformación del mercado en los años sesenta y setenta.

Echemos por último un vistazo a la historia de la industria azucarera. Esta comenzó ya en los años veinte, pero hasta los años cincuenta se ejerció solo como rama accesoria de la agricultura, en pequeñas dimensiones, a menudo por los propios terratenientes. La producción de las 31 explotaciones en actividad en 1848 no pasa de 177 500 puds, lo que no da más de 5 a 6 mil puds por fábrica. El mayor número de fábricas de azúcar lo registra el año 1854, en que había 55 explotaciones[^76]. Desde la abolición de las prestaciones serviles y la transformación de la agricultura, la producción de azúcar se separó de la agricultura y se convirtió en una rama industrial independiente. El número de establecimientos fue disminuyendo poco a poco, a la vez que se concentraba la producción. En 1870 encontramos ya solo 41 fábricas de azúcar con 1,2 millones de puds de producción anual. Pero una verdadera revolución en la industria azucarera no la provocó hasta los años setenta la política fiscal y aduanera del gobierno ruso. En efecto, en 1867 se suprimió el sistema especial de imposición del azúcar vigente hasta entonces en Polonia y se sustituyó por el del Imperio ruso. Este se basaba en gravar, no el producto acabado efectivamente fabricado, sino la cantidad de él que, según la productividad fijada como norma para los aparatos de prensado, debía previsiblemente fabricarse en cada fábrica. El impuesto sobre el azúcar en esta forma se convirtió, como es natural, en un poderoso aguijón para el perfeccionamiento de la producción; llevó pronto a todas las fábricas de azúcar a introducir el método de difusión, que elevó la productividad tan por encima de la norma tomada como base del impuesto que el impuesto nominal de 80 kopeks suponía en realidad 35 y hasta solo 20 kopeks por pud[^77]. En 1876 se dispuso además, para estimular la exportación de azúcar, la devolución del impuesto especial sobre el azúcar exportado, lo que, dadas las condiciones mencionadas, equivalía de nuevo a una colosal prima a la exportación. Esto fue a su vez un aguijón para un perfeccionamiento febril de los métodos de explotación y para la ampliación de la producción. En pocos años también la industria azucarera se convirtió en Rusia y en Polonia en una gran industria. Mientras que Rusia en 1874 solo había exportado 4 puds de azúcar, la exportación de azúcar ascendía ya en 1877 a 3 896 902 puds, por los que el gobierno tuvo, eso sí, que «devolver» 3 millones de rublos, la mitad de todo el impuesto sobre el azúcar recaudado en el Imperio[^78]. Por eso procedió ya en 1881 a una reforma a fondo de la imposición de la industria azucarera, pero entretanto esta había alcanzado un grado muy alto de desarrollo técnico.

En Polonia registraba:

| | Fábricas | Mill. de puds de producción |
|---|---|---|
| 1869/70 | 41 | 1,2 |
| 1890/1 | 40 | 4,8[^79] |

A esta febril ampliación de la producción siguió en 1885 una crisis que, por su parte, trajo consigo la fundación de un cártel del azúcar que abarcaba toda Rusia y Polonia, imprimiendo así a esta rama de la producción el sello más claro de una gran industria. Un fruto de este cártel es que el azúcar ruso, cuyos costes de producción son de 1 5/6 d.[^t35] la libra, se vende en el extranjero a 1 2/8 d. y en Kiev, en cambio, a 4 d. la libra[^80]. No es de extrañar que con tales precios de monopolio las fábricas de azúcar puedan arrojar enormes dividendos.

El cuadro de la industria de Polonia que precede quedaría incompleto si no se completara, al menos, con algunos datos sobre el papel de esta industria en la economía nacional del Imperio ruso en general y, en particular, en comparación con otras regiones industriales importantes. La importancia de Polonia y de los dos centros principales de la producción fabril rusa —San Petersburgo y Moscú— en lo que se refiere a la actividad industrial puede representarse, de modo muy general, así:

| 1890 | Producto total, en millones de rublos | Por habitante |
|---|---|---|
| En el Imperio ruso | 1597 | 13,5 rublos |
| En la región de Moscú | 460 | 38 rublos |
| En la región de Petersburgo | 242 | 40 rublos |
| En Polonia | 210 | 23 rublos[^81] |

Como se ve, la industria polaca ocupa, tanto en términos absolutos como relativos, *el tercer lugar* en el Imperio, mientras que la de Moscú ocupa el primero en términos absolutos y la de Petersburgo en términos relativos. Si tomamos las dos ramas más importantes de la producción, la industria textil y la minería, obtenemos la siguiente comparación:

De la producción total del Imperio (sin Finlandia), que en 1895 ascendía para el hierro bruto a 82,0, para el hierro a 25,7, para el acero a 34,5 y para el carbón a 550 millones de puds, correspondían a

| | Hierro bruto | Hierro | Acero | Carbón |
|---|---|---|---|---|
| Región del Ural | 36 % | 56 % | 7,7 % | 2,9 % |
| Región del Donets | 40 % | 6 % | 42,0 % | 54,0 % |
| Polonia | 14 % | 14 % | 23,0 % | 40,0 %[^82] |

En la producción de metales y de carbón, en efecto, la cuenca del Donets (sur de Rusia) y el Ural son las regiones rusas más importantes, y Polonia compite en los mercados rusos sobre todo con la primera y en parte también con la segunda. Como vemos, Polonia ocupa en la minería del Imperio el *segundo lugar*, inmediatamente detrás de la región del Donets, salvo en la producción de hierro bruto, en la que ocupa el tercero. Aunque Polonia solo tiene el 7,3 % de la población total del Imperio, registra una cuarta parte de la producción de acero y dos quintas partes de la de carbón de todo el Imperio ruso.

Del mismo modo, Polonia desempeña en la industria textil del Imperio un papel muy importante, del todo desproporcionado con el tamaño de su población. Del número total de husos y de telares de la industria algodonera del Imperio, que en 1886 ascendía a 3 913 000 y 84 500, respectivamente, correspondían a

| | Husos | Telares |
|---|---|---|
| Región de Moscú | 55 % | 71,6 % |
| Región de Petersburgo | 29 % | 12,8 % |
| Polonia | 13 % | 12,5 %[^83] |

En esto Polonia ocupa, pues, de nuevo el *tercer lugar*. En las otras ramas, en cambio, le corresponde una importancia mucho mayor, como se desprende del cuadro siguiente. De toda la industria textil del Imperio, cuyo valor de producción ascendía en 1892 a 580,9 millones de rublos, correspondía a Polonia el 19,5 %; pero su participación en las distintas ramas era

| en la hilatura de algodón | tejeduría de algodón | fabricación de lienzo | tejeduría de lana y fabricación de paños | hilatura de lana | géneros de punto |
|---|---|---|---|---|---|
| del 15,6 % | 16 | 42 % | 29,6 % | 77 % | 78 %[^84] |

Así pues, si Polonia, en conjunto, se ve superada por la industria de la región central y de la de Petersburgo, en algunas ramas importantes de la economía nacional va, sin embargo, por delante de todas las demás partes del Imperio. En particular, la gran importancia de Polonia en estas ramas indica una amplia división del trabajo entre la industria polaca y la rusa.

### 5. El mercado de la industria polaca

De lo que precede se desprende con claridad que los mercados rusos constituyen el verdadero resorte del actual desarrollo de la gran industria en Polonia. Por eso sería interesante disponer de datos más precisos sobre el volumen de las ventas de mercancías polacas en Rusia; pero son difíciles de averiguar. Como en la estadística de todos los Estados, también en la de Rusia hay una gran escasez de datos sobre el tráfico interior de mercancías. Solo de manera indirecta y aproximada puede obtenerse aquí una visión de conjunto. La encuesta oficial realizada en 1886 dio por resultado que, de las 141 mayores fábricas, que representan en conjunto un tercio de toda la producción,

| Fábricas | con … rublos | producen |
|---|---|---|
| 37 | 7 061 984 | exclusivamente para Polonia |
| 27 | 7 480 645 | exclusivamente para Rusia |
| 11 | 13 224 589 | predominantemente para Polonia |
| 34 | 22 824 013 | predominantemente para Rusia |
| 32 | 19 311 695 | a partes iguales para Polonia y Rusia[^85] |

Si tomamos la expresión «predominantemente» como equivalente a ²/₃, el mercado de la industria polaca se presenta del modo siguiente.

Las 141 fábricas producen mercancías

| | por valor de … rublos | igual a |
|---|---|---|
| para Polonia | 33 142 228 | 47 % |
| para Rusia | 36 760 698 | 52 % |

La conclusión general a la que llegó la comisión de encuesta fue que las fábricas polacas venden en Rusia del 50 al 55 % de sus productos.

Confirman esta conclusión también datos parciales, como los relativos a las ventas de la industria textil de la ciudad de Lodz. Fueron estas:

| En puds | 1884 (crisis) en Polonia | 1884 (crisis) en Rusia | 1885 en Polonia | 1885 en Rusia | 1886 en Polonia | 1886 en Rusia |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Tejidos de algodón y de lana | 372 390 | 1 004 286 | 321 344 | 1 115 460 | 443 565 | 1 507 259 |
| Hilado | 45 290 | 4 524 | 63 051 | 99 951 | 56 583 | 90 136 |
| | 417 680 | 1 008 810 | 384 395 | 1 215 411 | 500 148 | 1 597 395[^86] |

Así pues, el centro de la industria textil vendía ya a mediados de los años ochenta tres cuartas partes de sus productos en Rusia. Pero en los diez años transcurridos desde que se hicieron los cálculos anteriores, la proporción debe de haberse desplazado aún mucho más a favor de las ventas en Rusia, puesto que desde entonces la producción ha crecido aproximadamente en la mitad, mientras que el mercado interior, como es natural, solo podía ampliarse en pequeña proporción; por otra parte, tenemos pruebas directas de que durante estos diez años las ventas polacas se han abierto nuevos territorios en Rusia, de lo que hablaremos más detenidamente. Puede admitirse, pues, como proporción mínima para hoy, que Rusia absorbe ²/₃ de los productos de la industria polaca. Y estas ventas abarcan precisamente las ramas industriales que forman el tronco principal de la producción gran capitalista en todo país: la industria textil, la metalúrgica y la del carbón. Junto a ellas, como es natural, toda una serie de ramas industriales menores, como la producción de azúcar y de artículos de bisutería y quincalla, la curtiduría, etc., venden también sus productos en Rusia en medida siempre creciente.

El avance de las ventas polacas en Rusia ofrece desde el punto de vista geográfico un cuadro interesante. Como se ha dicho, estas ventas no empiezan a hacerse en mayor escala hasta los años setenta. Durante bastante tiempo, sin embargo, se limitan a las gobernaciones occidentales y suroccidentales del imperio: a Lituania y a la Pequeña Rusia[^t36], es decir, propiamente a las viejas provincias de la antigua Polonia. Pero a comienzos de los años ochenta Polonia conquista un nuevo mercado en el sur de Rusia, en la llamada «Nueva Rusia»[^87][^t37]. A mediados de los años ochenta, las ventas polacas dan otro paso adelante. En 1883, en efecto, se suprimió el libre tránsito por Batum hacia la Transcaucasia acordado en el Congreso de Berlín[^t38] y se estableció allí una frontera aduanera. Con ello los países de Europa occidental, ante todo Inglaterra, perdieron un considerable mercado para sus productos, que pasó entonces a los industriales rusos y polacos. Hacia 1885 aparecen por primera vez manufacturas polacas en el Cáucaso, y desde entonces sus envíos a los 3 puntos principales del comercio caucásico crecen como sigue:

| | *Batum* | *Tiflis* | *Bakú* |
|---|---|---|---|
| 1885/6 | 39 000 puds | 55 000 puds | 68 000 puds |
| 1887/8 | 95 100 » | 200 000 » | 258 000 »[^88] |

A finales de los años ochenta, las ventas polacas avanzan hacia el nordeste, hacia la región del Volga. Los envíos polacos al principal centro del comercio del Volga, *Tsaritsyn*[^t39], fueron: 1887, 55 640 puds; 1888, 73 729 puds; 1889, 106 403 puds[^89].

Al mismo tiempo, Polonia empieza a participar en el comercio euroasiático: sus manufacturas aparecen, en efecto, en las dos colosales ferias de *Nizhni Nóvgorod*, donde desde 1889 se establecen grandes depósitos polacos[^90], y de *Irbit*[^t40]. Finalmente, a fines de los años ochenta y comienzos de los noventa, las ventas polacas pisan suelo asiático. Primero se entablaron relaciones comerciales con Siberia: en 1888 con *Tomsk*, en Siberia occidental[^91]; en 1892 con *Nerchinsk*, en el sudeste de Siberia[^92]; en 1894 aparecen ya mercancías polacas en *Omsk*[^93]. Por las mismas fechas, las ventas polacas en Asia se desarrollan también en otras dos direcciones: hacia China, por una parte, y hacia Persia y Asia Menor, por otra.

En el curso de 20 años, de 1870 a 1890, el comercio polaco ha penetrado, pues, paso a paso en todos los rincones de la Rusia europea. Esta rápida ampliación del mercado es justamente lo que, como hemos visto, ha transformado en 20 años la producción fabril polaca en una gran industria. Pero desde entonces esta se prepara para una nueva e importante acción: *la conquista de los mercados asiáticos*. El comercio polaco ya ha dado algunos pasos importantes en esa dirección. Pero esto no es, sin duda, más que el comienzo de un comienzo, y las grandiosas perspectivas que se abren a la industria gracias al ferrocarril transiberiano y a los enormes éxitos de la política rusa en Asia significan, entre otras cosas, una nueva revolución para la industria polaca, quizá aún más profunda que la que vivió en los años setenta. Los empresarios polacos se preparan con toda seriedad para ese futuro y fijan con tenacidad la mirada en Asia. En Varsovia se está creando un «Museo de Mercancías de Oriente», que tiene la misión especial de familiarizar a los productores con el mundo de las mercancías, el gusto y las exigencias de Asia. El prospecto de la nueva institución comercial dice al respecto lo siguiente:

«El azúcar y el aguardiente, las máquinas y los tubos de fundición, el vidrio, la loza y la porcelana, el calzado, las corbatas y los guantes, los pañuelos, el percal y el lienzo que se fabrican entre nosotros no iban hasta hace poco más allá de algunas gobernaciones vecinas; hoy viajan más allá del Don y del Ural, al Cáucaso, a través del mar Caspio, a China, Persia y Asia Menor. Pero para llegar lo más lejos posible en esa dirección no se puede imponer nuestro gusto a aquellos a quienes va destinada la mercancía, sino que hay que adaptarse al suyo, hay que producir lo que encuentra salida en aquellos mercados; y el gusto de allí difiere infinitamente del nuestro. . . . . La clase de tejido, la forma, el dibujo, los colores preferidos son allí distintos de los nuestros. . . . . Lo que hemos producido hasta ahora estaba destinado preferentemente a la capa civilizada e inmigrada de la población de aquellos países. Las *masas* quedaban fuera del alcance de nuestra industria. Pero si queremos asentar nuestra industria sobre un fundamento firme, e incluso ampliarla, tenemos que producir mercancías que respondan al gusto y a las costumbres de las masas, y por eso tenemos que conocer las necesidades de esa masa»[^94].

Tal es, a grandes rasgos, la historia de la industria en la Polonia rusa. Nacida de los esfuerzos del gobierno del Reino de Polonia, intenta desde el primer momento adueñarse de los mercados rusos. Cuando se le dificulta el acceso a ellos y queda más reducida al círculo del consumo interior, se desarrolla lenta y gradualmente. La crisis social que atravesó Rusia en los años sesenta arranca también a Polonia de su inmovilidad económica y la arrastra al torbellino del desarrollo capitalista. Con la nueva apertura, esta vez definitiva, de los mercados rusos, la industria polaca encuentra un terreno fértil y exuberante y experimenta con rapidez el proceso de transformación en gran industria. La política aduanera de Rusia monopoliza las ventajas del enorme mercado en favor de los capitalistas rusos y polacos y provoca una febril acumulación de capital. La industria fabril se convierte en Polonia en el factor dominante de toda la vida social, en la que desde hace 25 años se produce también un vuelco total.

Como hemos mencionado más arriba, Polonia conservó hasta los años sesenta el carácter de un país agrícola, con el dominio del estamento de los terratenientes en todos los terrenos de la vida pública. La reforma campesina quebrantó ya en gran parte esta preponderancia de la gran propiedad nobiliaria[^95]. La necesidad de disponer del capital monetario, ahora indispensable para la explotación, aumentó fuertemente su endeudamiento. La crisis general de la agricultura europea, sobrevenida en los años ochenta, y la caída de los precios del cereal acabaron de rematarla.

Toda la amplia capa de la mediana propiedad nobiliaria marchaba y marcha así, día tras día, hacia su ruina. El 15 por ciento de las fincas nobiliarias han pasado ya de manos de sus propietarios a manos alemanas y judías; otro 15 por ciento se han parcelado y vendido a campesinos. El resto de la propiedad territorial está gravado con una deuda hipotecaria que por término medio asciende al 80 por ciento de su valor, y en dos quintas partes de los casos, del 100 al 250 por ciento[^96]. Al mismo tiempo, sin embargo, la industria crecía con fuerza cada vez mayor y pronto superó a la agricultura en todos los aspectos. Ya en 1880 el valor de la producción industrial igualaba al de la producción de cereales[^97]. Hoy lo supera en más del doble: el primero asciende como mínimo a 23 rublos y el segundo a solo 11 rublos por habitante[^98]. Pero también esta agricultura, cuantitativamente subordinada, ha caído por completo en dependencia de la industria. Mientras que Polonia era antes «un granero de Europa», un país que producía cereal principalmente para el mercado mundial, hoy apenas cubre sus propias necesidades. La industria ha creado un mercado interior que devora, en cuanto a masa, todo el producto de la agricultura. Si Polonia exporta todavía hoy cantidades considerables de trigo, es solo porque importa de Rusia, para sustituirlo, cantidades aún mayores de cereales de clase inferior. En segundo lugar, ante el continuo descenso de los precios del cereal, la agricultura se ve hoy obligada a emanciparse cada vez más del puro cultivo de cereales y a dedicarse al cultivo de las llamadas plantas industriales, así como a la ganadería[^99]. Huelga subrayar que también el artesanado, allí donde la competencia de las fábricas no lo ha socavado aún directamente, vive, por el contrario, de la industria fabril, en parte trabajando directamente para ella, en parte aprovechándose de los capitales acumulados por ella y del aumento del consumo interior. La industria se ha convertido ahora en el tronco del que todas las demás ramas de la vida material del país sacan su savia. O, dicho con más exactitud, es el resorte que revoluciona y se subordina todos los terrenos de la vida material: la agricultura, el artesanado, el comercio y los medios de transporte. Polonia, país antes tan peculiar en el aspecto social, se ha convertido en un típico país capitalista. El telar mecánico y la máquina de vapor la han despojado de su fisonomía original y le han impreso el sello nivelador internacional. Ya en 1884 Polonia había pasado por la enfermedad específicamente capitalista: la primera gran crisis. Hoy, en el despertar del movimiento obrero, asoman ya aquí y allá también los rasgos hipocráticos[^t41] del capitalismo polaco.

## Segunda parte. La política económica de Rusia en Polonia

El cuadro del desarrollo y de la situación actual de la industria en Polonia trazado en lo que precede es muy distinto del que nos ofrece la historia de los oficios urbanos en la Polonia de la Edad Media. Pese a un modo de surgir enteramente idéntico —el trasplante artificial desde Alemania por obra de la autoridad—, la manufactura en Polonia no solo no se hunde, como el antiguo artesanado urbano, sino que se convierte en una gran industria, y, pese a su origen extranjero, alemán, no solo echa hondas raíces en la vida nacional de Polonia, sino que llega a ser francamente el factor dominante, el que marca la pauta en ella.

Sin embargo, en los últimos tiempos han aparecido algunos fenómenos que han despertado en distintos sectores temores respecto al porvenir de la industria polaca. Es evidente que las ventas en Rusia y, en relación con ellas, las ventas que ahora se abren en Asia constituyen el nervio vital de la industria de Polonia. Pero en todos estos terrenos los productos polacos entran, como es natural, en competencia con los rusos. A primera vista, parece desprenderse de ello una natural oposición de intereses entre la burguesía polaca y la rusa en lo relativo a los mercados, una oposición que tiene que agudizarse tanto más cuanto más crezca la industria polaca. Por otra parte, parece igualmente natural que la clase capitalista rusa tenga de su lado al gobierno ruso frente a la competidora polaca, que el gobierno haya de emplear su poder en perjuicio de la industria polaca y que, como el medio más sencillo y radical para ello, quizá vuelva a levantar una barrera aduanera entre Polonia y Rusia. En los últimos tiempos se han hecho oír muchas voces en ese sentido, y aquí y allá se ha expresado la opinión de que, tras el periodo de prosperidad vivido hasta ahora, ha comenzado para la industria polaca un periodo de persecuciones y medidas de represalia por parte del gobierno ruso, por las que tarde o temprano habría de perecer[^100].

Antes de cerrar, pues, la descripción de la industria polaca, tenemos que abordar todavía la cuestión de qué hay en realidad de la oposición de intereses entre la producción fabril polaca y la rusa, cuál es el armamento de la polaca en su lucha competitiva con la rusa y cuál es la posición del gobierno ante estas luchas. De este modo estaremos en condiciones de completar la historia de la industria en Polonia hasta hoy con una perspectiva de su porvenir.

### 1. Historia de la lucha entre Lodz y Moscú

Ante todo, es completamente falso que la competencia y la disputa entre la región industrial central y la polaca —la disputa que tanto revuelo levantó hace algunos años— sea un fenómeno nuevo, que date solo de los años ochenta, como se suele creer. Muy al contrario: esta lucha es exactamente tan vieja como la propia industria polaca. Ya en los años veinte se presentaron al gobierno peticiones en las que se le solicitaba, por parte rusa, el aumento de los aranceles ruso-polacos y, por parte polaca, en cambio, la supresión completa de la frontera aduanera entre Polonia y Rusia. Desde entonces la rivalidad no ha cesado en realidad nunca. Los empresarios rusos enviaron peticiones a San Petersburgo no solo en 1826, sino también en 1831[^101], siempre con quejas contra la industria polaca y con instancias para que se apoyara a la industria «patria» en su lucha contra la polaca. Como se ve por la historia de la industria polaca, el gobierno no solo no atendió finalmente las solicitudes de los empresarios rusos, sino que, al contrario, en 1851 suprimió la frontera aduanera entre Polonia y Rusia, dejando así vía completamente libre a la competencia entre ambas industrias enemigas. La lucha volvió a encenderse con violencia a partir de mediados de los años ochenta, en primer lugar porque la industria polaca se adueñó por esas fechas —como se ha mencionado— de toda una serie de nuevos mercados en Rusia, tanto en el sur como en el este, y en segundo lugar porque precisamente entonces surgió como por ensalmo, junto a la frontera prusiana, toda la industria textil de la región de Sosnowiec. Por otra parte, los precios de las mercancías, que a finales de los años setenta habían subido de golpe y con fuerza a consecuencia del giro de la política aduanera, bajaron bastante hacia mediados de los años ochenta. Los empresarios de Moscú, inquietos por ello, se pusieron a «buscar al culpable»[^102] y lo encontraron: en la competencia polaca. Además, a la vista de las conquistas que los productos de algodón polacos hacían en los mercados rusos, la lucha la llevaron principalmente los fabricantes algodoneros de Moscú.

El primer ataque por parte del empresariado moscovita lo dirigió un tal *Sharápov*[^t42] en un discurso público que pronunció en Moscú y en Ivánovo-Voznesensk en 1885 y que más tarde se publicó. Sharápov dio desde el principio la nota más alta e infló toda la campaña del percal de Moscú contra el fustán de Lodz hasta convertirla en un duelo histórico de la raza eslava contra la germánica. Señala que la industria polaca se encuentra en todos los aspectos en condiciones más favorables que la rusa; según Sh., dispone en primer lugar del crédito alemán, más barato —paga del 3½ al 4 %, mientras que el empresario de la Rusia central tiene que pagar del 7 al 8 %—; en segundo lugar, dispone de materias primas más baratas, porque soporta por ellas costes de transporte mucho más bajos que la región de Moscú, situada muy al este; en tercer lugar, goza de tarifas ferroviarias más favorables, que ha obtenido gracias a acuerdos privados entre las compañías de ferrocarriles; y, en cuarto lugar, por último, tiene que pagar impuestos considerablemente más bajos, pues estos ascienden en la región central a 3 600 rublos por cada millón de rublos de valor de la producción, en Lodz, en cambio, a 1 400 rublos, y en las pequeñas ciudades polacas a solo 109 rublos[^103].

Sharápov llama al gobierno a luchar contra la industria «alemana» de Polonia y a salvar el elemento ruso y *polaco* oprimido por ella (!).

Al año siguiente, 1886, los empresarios de Moscú enviaron ya una delegación a San Petersburgo con la «muy sumisa» petición de que se volviera a establecer una línea aduanera entre Polonia y Rusia[^104].

El gobierno, así solicitado, nombró ese mismo año de 1886 una comisión, compuesta por el profesor Yanzhul[^t43], Ilín y Langovói, encargada de investigar las condiciones de producción de la región industrial polaca y de comprobar la exactitud de las afirmaciones de los fabricantes de Moscú[^105]. El resultado de esta investigación, llevada con más seriedad y a fondo que todas las demás, fue el siguiente.

Del lado de la industria polaca vemos combustible más barato, menor capital fijo, impuestos más bajos, mejor contingente obrero y una concentración espacial más favorable de las empresas en unos pocos puntos. Del lado de la industria rusa, en cambio, fuerza de trabajo más barata, menores costes de transporte hasta los principales mercados (Cáucaso, región del Volga, Asia), menores gastos en favor de los obreros (hospitales, escuelas, etc.), ganancias de las tiendas de fábrica y, por último, abundancia de agua para el funcionamiento de las tejedurías y las hilaturas de algodón[^106]. Para terminar, la comisión se pronuncia contra el establecimiento de una línea aduanera entre Polonia y Rusia, e igualmente contra un arancel diferencial para el algodón en rama dirigido contra Polonia, en primer lugar porque el gobierno «difícilmente consideraría posible tratar a Polonia, en el aspecto comercial e industrial, como un Estado extranjero», y en segundo lugar porque un arancel diferencial elevado «aparecería a los ojos de los habitantes de Polonia, súbditos rusos, como una injusticia contra ellos y provocaría sin duda gran descontento». Como única medida justa, la comisión considera un aumento de la tributación de la industria polaca vigente hasta entonces hasta igualarla con la rusa[^107].

En 1887 los empresarios de Moscú volvieron a presentar al ministro de Hacienda, en la feria de Nizhni Nóvgorod, una petición en la que solicitaban el aumento de los aranceles sobre el algodón y la implantación de un arancel diferencial más alto en la frontera polaca[^108]. Pero ahora entraron también en la lucha los fabricantes de Lodz. Respondieron al escrito mencionado con una contrapetición en la que trataban de demostrar que se encontraban en condiciones de producción considerablemente más desfavorables que sus competidores de Moscú; que las hilaturas de algodón de la región central habían rendido en 1886 dividendos de hasta el 8²/₅ %, mientras que las polacas solo del 7½ %[^109]; que el transporte del algodón en rama de Liverpool a Moscú costaba 35,77 kopeks por pud, pero de Liverpool a Lodz 37,10 kopeks, y que, por consiguiente, un nuevo empeoramiento de su situación mediante la implantación de un arancel diferencial sobre el algodón les dificultaría en adelante muchísimo la producción[^110].

En 1888 se nombró de nuevo una comisión, presidida por Beher, para investigar la cuestión en litigio. Sus conclusiones resultaron esta vez muy desfavorables para Polonia, y la comisión reclamó una serie de medidas para proteger la región industrial de Moscú frente a la industria polaca, mejor situada[^111]. Por otra parte, en 1888 los fabricantes de Moscú volvieron a presentar al ministro de Hacienda una petición en la que se quejaban de su apurada situación y exigían del gobierno medidas contra la industria «parasitaria» de Polonia[^112].

En 1889 los fabricantes de Lodz publicaron un escrito de agitación titulado «La lucha de Moscú contra Lodz», en el que, por boca de «un observador ajeno e imparcial», trataban de demostrar que Lodz tenía que pagar más caro que Moscú el algodón en rama; que la ventaja del combustible más barato que Lodz tenía sobre Moscú suponía solo la quantité négligeable[^t44] de 0,2 kopeks por archin[^t45] de tejido; que la causa del crédito caro de Moscú estaba en el propio Moscú y procedía de su deficiente organización; que Lodz, en cambio, sufría escasez de agua, pagaba más cara la fuerza de trabajo y obtenía, por último, ganancias menores que la industria de la Rusia central[^113].

En 1890, la organización y estatalización del régimen de tarifas ferroviarias emprendida por el gobierno dio de nuevo ocasión a nombrar una nueva comisión, que debía investigar por enésima vez cómo estaban las condiciones de competencia de las regiones industriales polaca y centrorrusa y cómo debían configurarse, en consecuencia, las tarifas ferroviarias en las líneas que interesaban a los competidores. Esta comisión, que trabajó bajo la presidencia del representante del Departamento de Ferrocarriles, Lázarev, tampoco llegó a ningún resultado. Los representantes de los empresarios de Lodz y de Moscú sacaron a relucir sus conocidos argumentos y contraargumentos. Nuevos fueron solo dos argumentos por parte polaca: la alusión al empleo de los baratos residuos de nafta como combustible en la región de Moscú y la afirmación de que las cargas fiscales eran mayores en Polonia que en la Rusia central, a saber, aquí 5,82 rublos y allí 6,64 rublos por habitante[^114].

Al año siguiente, 1891, se encargó de nuevo a un conocido economista, Bélov, la investigación de las condiciones de producción en Polonia y en la Rusia central. Este volvió a llegar a la conclusión de que del lado de Lodz se hallaban casi todos los inconvenientes y del lado de Moscú, en cambio, todas las ventajas, a saber: fuerza de trabajo más barata, jornada más larga (aquí 3429 horas, allí 3212 horas al año), combustible más barato —los residuos de nafta cuestan 6 d. por cwt.[^t46], mientras que el carbón, a igual producción de calor, cuesta considerablemente más, a saber, 10¼ d. por cwt.—, algodón en rama más barato y, por último, tarifas ferroviarias más favorables. El mismo Sharápov que en 1885 había dado la primera alarma contra Lodz afirmaba ahora, con ocasión de la investigación de Bélov, que desde 1885 la situación había cambiado por completo y que Lodz no merecía ya en absoluto que se tomaran medidas contra ella[^115].

Era necesario tratar con tanto detenimiento las distintas fases de la disputa entre Lodz y Moscú para mostrar lo difícil que es formarse una opinión imparcial sobre la cuestión y con cuánta cautela deben tomarse por lo general las afirmaciones hechas sobre este punto, puesto que no hay un solo argumento que no haya sido empleado por ambas partes con cifras probatorias directamente opuestas, y puesto que es demasiado fácil convertirse en portavoz inconsciente de uno de los dos coros de empresarios.

Después de haber conocido brevemente la historia de la disputa entre Moscú y Lodz y los puntos principales en torno a los cuales gira, queremos ahora, por nuestra parte, comparar las condiciones de competencia de ambas industrias en todos sus puntos principales, para obtener de ellas, sobre la base de pruebas numéricas, una idea objetiva.

### 2. Condiciones industriales de producción en Polonia y en Rusia

*Combustible.* Una de las condiciones de producción más importantes, con mucho, para toda industria fabril es el combustible. Para la polaca, varios investigadores consideran precisamente este factor como decisivo en su desarrollo y como el más importante en su lucha competitiva con la industria rusa. Así, dice el informe de la mencionada comisión de 1886: «El combustible es sin duda el factor de la producción que constituye la diferencia más importante entre las condiciones de producción de las gobernaciones centrales y las del Reino de Polonia»[^116]. La industria polaca posee grandes y ricas minas de carbón, mientras que el centro de la industria rusa, la región de Moscú, está muy lejos de las minas de carbón de la cuenca del Donets[^t47] y depende principalmente de la cara calefacción con leña o turba. «El precio de la leña en la gobernación de Moscú sube cada día, y según los cálculos del ingeniero Bélikov un pud de leña cuesta por término medio de 11,6 a 13,1 kopeks. La turba, cuyo empleo en las fábricas crece rápidamente y de la que ya se consumen alrededor de Moscú 100 000 brazas[^t48] al año, sale, principalmente a causa de los grandes costes de transporte, a 12 e incluso a 16 kopeks por pud, y su empleo solo resulta ventajoso para una fábrica cuando esta se encuentra en las inmediaciones de los turbales». El carbón ruso cuesta en Moscú 13,3 kopeks (el de Tula), 17,5 (el de Riazán) y 25 kopeks (el de la cuenca del Donets). También el carbón inglés cuesta 25 kopeks por pud. «Cuánto más caros son relativamente los combustibles más empleados —la leña y la turba—, dada a la vez la imposibilidad de sustituirlos por el carbón, aún más caro, y lo esencial que es esta cuestión para la industria rusa, puede juzgarse por lo siguiente: según los cálculos del mismo ingeniero Bélikov, el poder calorífico medio es en la leña de 2430° (F. C.) a 2700°, en la turba de Moscú de 1920 a 2800°; el mismo poder calorífico es en el carbón, incluso en el de Tula, de 3280°, y en el carbón del Donets y en el inglés supera con mucho los 5000°»[^117].

En una situación completamente distinta se encuentra a este respecto la industria polaca. Los precios medios del carbón en los principales centros de la industria —Sosnowiec, Lodz y Varsovia— son: de 2,4 a 4,95 kop., 11,5 kop. y 13 kop. por pud, es decir, más bajos que los de la leña en Moscú, siendo naturalmente el poder calorífico considerablemente mayor[^118].

Calculados por unidad de producto, los gastos de calefacción ascienden a:

| | en Polonia | en Moscú | en San Petersburgo |
|---|---|---|---|
| por pud de hilado de algodón | 38 kop. | 90 kop. | 53 kop.[^119] |

Estos datos bastan para mostrar la gran ventaja que la industria polaca tiene sobre su competidora rusa en lo que respecta a la calefacción.

El profesor Schulze-Gävernitz[^t49] cree, a pesar de todo, poder decir que «la industria polaca no disfruta de ventajas naturales. Se señala, es cierto, el combustible más barato, pero, según los datos de Mendeléyev[^t50], comparados con los de los informes antes mencionados, esta ventaja desaparece en la medida en que Moscú pasa a la calefacción con nafta (1 pud de hulla en Lodz, 12-13 kop.; el mismo poder calorífico en nafta, 12,75 kopeks)»[^120].

A esto hay que observar lo siguiente. Ante todo, un pud de hulla cuesta en Lodz no 12-13 kop., como cree el profesor Schulze-Gävernitz, sino 8¾-13½ (o bien 8,3-14,7), y un pud de «carbón de nafta», es decir, una cantidad de nafta equivalente en poder calorífico a un pud de carbón, no 12,75 kopeks, sino 13-20 kopeks[^121], o sea, de todos modos considerablemente más que el carbón en Polonia. En segundo lugar, la nafta constituye por ahora solo el 20,5 % de todo el combustible de la región de Moscú —en particular, en la industria algodonera de las gobernaciones de Moscú y Vladímir, el 29,4 %[^122]—, de modo que no puede influir en las condiciones de producción de la inmensa mayoría de las fábricas de esa región.

Pero, en tercer lugar, en lo que respecta al porvenir de este método de calefacción, el profesor Mendeléyev dice en su artículo dedicado especialmente a la industria de la nafta: «Su empleo (el de los residuos de nafta) como combustible es hoy, cuando (a causa de la falta de un sistema de tuberías para conducir la nafta de Bakú a Batum) no hay posibilidad de utilizar la masa de nafta extraída, el fenómeno más natural, aunque exclusivo y temporal»[^123]. «Para los fines ordinarios de calefacción, sobre todo para la de las máquinas de vapor, en los que sirve cualquier clase de combustible, *el uso de un combustible tan precioso como los residuos de nafta solo puede alcanzar una amplia difusión temporalmente, en momentos de transición de la actividad industrial del país en los que la industria no ha tenido aún tiempo de encauzarse en un lecho regular*; y esto presupone hoy en todos los países, como condición, el uso de la hulla»[^124]. Y aún más: «El consumo actual de 130 millones de puds de residuos de nafta en Rusia *debe considerarse un fenómeno temporal*, que depende, por una parte, de la falta de salida de la nafta en el mercado mundial y, por otra, de la falta de intensidad en la extracción de la hulla y en su difusión por toda Rusia, sobre todo en el centro y en el sudeste». «La construcción de líneas ferroviarias desde la cuenca hullera del Donets hasta el Volga y diversas medidas para utilizar las reservas de nafta de Bakú y para la exportación barata de la hulla del Donets constituyen las tareas actuales del desarrollo industrial de Rusia y *tienen que poner fin al empleo irracionalmente extenso que hoy se hace de los residuos de nafta de Bakú en las calderas de vapor*»[^125].

Las citas aducidas, que expresan la opinión del mejor conocedor de la cuestión, bastan a nuestro juicio para demostrar que, al comparar los combustibles en Polonia y en Moscú, hay que prescindir de la calefacción con nafta en este último como de un fenómeno temporal. Lo que hoy se llama «residuos de nafta» no son en modo alguno verdaderos desechos de la producción, sino el producto de la propia extracción de nafta, que, solo por falta de salida, se aprovecha de manera muy insuficiente y se emplea en grandes masas para fines de calefacción en lugar de alumbrado, de modo que, en la exportación desde Bakú, por cada pud de nafta correspondieron, por ejemplo, en 1891, 1,40 y en 1894 incluso 2,73 puds de residuos de nafta. Por consiguiente, los llamados «residuos» constituyen en realidad el producto principal, y la nafta, en cambio, el subproducto. Lo anómalo de este fenómeno se manifiesta también en la calidad del propio producto. Los «residuos» obtenidos de este modo explotan ya a 50°, 40° e incluso 30° C., mientras que la temperatura normal de explosión de los verdaderos residuos de nafta no debe ser inferior a 140-120° C. De ahí también las costosas consecuencias de la calefacción barata: en el curso de los años 1893 y 94, 20 embarcaciones de la Compañía de Vapores de Astracán, que se calentaba con «residuos», fueron destruidas por incendios[^126]. Otro inconveniente de la calefacción con nafta es que estos residuos, a causa de su composición química, se consumen de hecho, para producir un efecto calorífico determinado, en cantidades mucho mayores de lo que habría debido ser el caso con verdaderos residuos de nafta. El consumo adicional de «residuos» asciende a veces al 40 %[^127], y la administración de la línea ferroviaria San Petersburgo-Moscú lo ha comprobado como fenómeno constante. Esto convierte en gran parte en ilusoria la ventaja más importante de la calefacción con nafta: su baratura. Aquí y allá se empieza ya a renunciar al uso de los residuos de nafta; así, los ferrocarriles rusos del Sudeste, que hace poco han vuelto a la hulla. Ciertamente, el consumo de residuos de nafta en la región industrial central, sobre todo a causa de la sobreproducción y de sus bajos precios, más bien aumentará que disminuirá en los próximos años. Pero, con la actual diligencia del gobierno ruso en fomentar el capitalismo y en apartar de su camino todos los obstáculos, también el uso de la nafta quedará pronto reducido a sus fines racionales, y las fábricas, a la calefacción con leña y con carbón. En este último caso, sin embargo, las ventajas de Polonia se mantienen con toda su fuerza, pues «en general, el combustible en Polonia cuesta la mitad que en Moscú»[^128].

2. *Fuerza de trabajo.* Este factor de la actividad industrial suele aducirse como prueba de que Polonia se encuentra en condiciones más desfavorables que Rusia, porque tiene un obrero más caro que esta[^129]. Los salarios son, en efecto, considerablemente más altos en Polonia que en Rusia, en concreto en la:

| | hilatura de algodón | tejeduría de algodón | apresto | hilatura de lana |
|---|---|---|---|---|
| para hombres, en | 18,75 % | 36 % | 19 % | 59 % |
| » mujeres, » | 42 % | 37 % | 107 % | 91 % |
| » niños, » | 14 % | 79 % | 85 % | 27 % |

| | tejeduría de lana | fabricación de paños | tejeduría de medio lana | término medio |
|---|---|---|---|---|
| para hombres, en | 31 % | 13 % | 60 % | 32,2 % |
| » mujeres, » | 105 % | 33 % | 122 % | 73,9 % |
| » niños, » | 112 % | 4 % | 150 % | 60 %[^130] |

La jornada de trabajo, en cambio, es considerablemente más larga en Rusia que en Polonia. «Mientras que en las fábricas de Moscú el trabajo de trece a catorce horas está muy extendido, en Polonia solo se encontró en 9 fábricas, y en 3 casos solo en algunas secciones de la fábrica. Mientras que en las fábricas de Moscú una jornada de más de catorce horas no es en absoluto una rareza y su límite extremo son 16 horas, en Polonia la jornada de catorce horas debe considerarse el límite extremo, y aun esta solo se encontró en dos fábricas de paños»[^131]. En general, en el 75 % de las fábricas se trabajan de 10 a 12 horas, por lo que puede tomarse 11 horas como la jornada media en Polonia. En Moscú la jornada media es de más de 12 horas. En Polonia el trabajo nocturno es una rara excepción; en Moscú está muy extendido. Y aunque en Polonia el número de días de trabajo al año es de 292, mientras que en Moscú es solo de 286, resultan para Polonia por término medio solo 3 212 horas de trabajo al año, mientras que su número en Moscú (contando solo 12 horas diarias) asciende a 3 430, es decir, nada menos que 218 horas más[^132].

Estos dos factores, el salario bajo y la jornada larga, suelen considerarse ventajas importantes de la industria de Moscú en su lucha competitiva con la polaca. Creemos, sin embargo, poder calificar esta opinión de precipitada y superficial.

En primer lugar, al hacer la comparación, se suele poner el salario de los obreros varones de Rusia junto al de los obreros varones de Polonia, e igualmente el de las obreras de Rusia junto al de las obreras de Polonia. Así procedió también, entre otros, la comisión de investigación de la industria polaca de 1886. Pero esto es falso, como ya observó el inspector de fábricas Sviatlovski[^t51], en la medida en que en Polonia el trabajo de las mujeres y de los niños está mucho más extendido que en Rusia, por lo que en Polonia a menudo una obrera ocupa el lugar que en Rusia ocupa un obrero, y los salarios de los obreros varones rusos deberían compararse por ello muchas veces no con los de los obreros *varones* polacos, sino con los de las obreras[^133]. El número de mujeres ocupadas asciende, en efecto, en la industria textil (que es la que principalmente entra en consideración en la cuestión de la competencia) en Polonia a más del 50 % de todo el personal fabril, mientras que en la región de Moscú es solo del 37 % en la industria algodonera y aun solo del 28 % en la lanera[^134].

Pero si se comparan los salarios de los obreros varones de Rusia con los de las obreras de Polonia, el cuadro se desplaza muchas veces en perjuicio de la región de Moscú; en todo caso, resulta una igualación de las condiciones. Los salarios medios en la industria textil son, mensualmente, en rublos:

| | *en Polonia* | *en Rusia* |
|---|---|---|
| para hombres | 20,1 | 15,2 |
| » mujeres | 15,3 | 8,8 |
| » niños | 8,8 | 5,5[^135] |

Así pues, si se quiere obtener datos reales y exactos sobre la cuantía relativa de los salarios en Rusia y en Polonia, hay que tener en cuenta, además de los salarios nominales, la composición del contingente obrero por sexo y edad en ambos países, y el resultado así obtenido será muchas veces considerablemente distinto del anterior. Esta es, ante todo, la corrección que habría que hacer a la conclusión que suele sacarse de la comparación de los salarios.

En segundo lugar, a menudo se pasa por alto que el obrero ruso recibe con mucha frecuencia de la fábrica alojamiento y aquí y allá incluso manutención. Y esto vale no solo para los obreros solteros, sino también para los casados, cuyas familias viven habitualmente en el mismo cuartel de la fábrica. El combustible se lo suministra también la fábrica[^136]. Todo esto debería sumarse al salario del obrero ruso si se quiere hacer una comparación exacta. Por tanto, la diferencia en perjuicio de Polonia, incluso en el salario nominal, no es tan grande como podría parecer en una comparación superficial.

Pero mucho más importantes son otros factores, que demuestran que el trabajo fabril en Polonia es considerablemente más *intensivo* que en Rusia.

El obrero polaco es, ante todo, por término medio más inteligente y más instruido. En la medida en que el profesor Yanzhul ha hecho investigaciones al respecto, ha resultado que en la región central el número de obreros que saben leer y escribir asciende al 22-36 % del total, y en Polonia, en cambio, al 45-65 %[^137].

El obrero polaco se alimenta, además, mejor que el ruso, y esto vale especialmente para las mujeres[^138]. En tercer lugar, la clase obrera en Polonia es una capa estable de la población, que depende exclusivamente del trabajo fabril. En Rusia, una parte considerable del contingente obrero, aunque en disminución paulatina, sigue componiéndose de campesinos que en verano vuelven al campo y cambian el delicado trabajo de fábrica por las toscas faenas agrícolas[^139].

En cuarto lugar, el obrero polaco está mucho más individualizado en su modo de vida que el ruso. Este, como se ha dicho, vive a menudo en cuarteles de fábrica y depende de la comida de la fábrica. Pero semejante modo de vida conduce, según las circunstancias, a la completa atrofia de la individualidad. El obrero ruso permanece además siempre sometido al control de sus superiores y está atado al reglamento de la fábrica incluso en su vida privada. El inspector de fábricas de Moscú da noticia de fábricas donde cantar —sea en los talleres o en los dormitorios— se castiga con una multa de 5 rublos; igualmente, los obreros incurren en una fuerte sanción si se visitan unos a otros, etc.[^140]. No pocas veces se asigna a los obreros alojamiento en sótanos húmedos de la fábrica o en locales tan bajos que casi solo se puede entrar en ellos a gatas[^141]. En Polonia las cosas son de otro modo: el obrero lleva siempre casa propia, y su vivienda es en general considerablemente mejor.

Ahora bien, según la opinión unánime de todos los investigadores que han hecho del trabajo asalariado objeto de sus estudios, todos los factores aducidos —instrucción, mejor vivienda y alimentación, hogar individual, en una palabra, todo lo que eleva el nivel de vida del obrero— tienen también la importancia más decisiva para la intensidad de su actividad[^142].

Por último, en Polonia predomina el salario a destajo, que, como es sabido, eleva al máximo la intensidad del trabajo, y en Rusia, en cambio, el salario por tiempo.

Todos los factores mencionados nos hacen ver el trabajo del obrero fabril polaco como mucho más intensivo en comparación con el del obrero ruso. Y esta cualidad del obrero polaco compensa tan sobradamente su salario nominal más alto y su jornada más corta que *a fin de cuentas le sale al fabricante polaco más barato que el obrero ruso al suyo*[^143].

Calculado por pud, el salario asciende, en efecto, a:

| | por tejido de algodón | por hilado de algodón |
|---|---|---|
| en Polonia | 0,77-1,50 rublos | 0,66-1,20 rublos |
| en Rusia | 2 rublos y más | 0,80-1,50 rublos[^144] |

La diferencia en la duración del trabajo en Polonia y en Rusia pertenece ya al pasado, después de que la jornada de trabajo se haya reducido recientemente por ley en ambos países a 11½ horas[^t52]. Sin embargo, la nueva medida, aunque con el tiempo se convierta sin duda para la región de Moscú en un acicate del desarrollo técnico, favorece ante todo, y quizá durante años, a los industriales polacos en su lucha competitiva, pues el rendimiento del obrero ruso, cuyo escaso grado está ligado a tantos otros factores, evidentemente no puede elevarse de hoy para mañana. Lo justificada que está esta conclusión lo muestra el hecho de que los fabricantes polacos, ya en 1892 —en parte para poner buena cara a los obreros, que en mayo de ese mismo año habían organizado en Lodz una imponente huelga[^t53], pero principalmente para asestar un golpe a sus competidores de Moscú—, se dirigieron al gobierno con la solicitud de reducir la jornada de trabajo en todo el imperio a 11 horas, proyecto que entonces fracasó sobre todo por la resistencia del empresariado ruso.

3. *Composición del capital.* También este importante factor se configura en Polonia de modo distinto que en Rusia. En Polonia, la suma del capital fijo de un establecimiento es superada casi siempre por el valor de su producción anual, a veces incluso dos o tres veces, y por término medio la relación entre el capital fijo y el valor de la producción es de 2 : 3,2[^145]. En Rusia, sobre todo en la región central, la relación es la inversa. Aquí el valor de la producción (en las mismas ramas de producción) es a menudo menor que el capital fijo, a lo sumo igual a él, y solo rara vez considerablemente mayor. Este fenómeno se debe a dos circunstancias. En primer lugar, en Rusia se gasta mucho más que en Polonia en los edificios de las empresas, porque los materiales de construcción son en general considerablemente más caros[^146]. Y en segundo lugar, porque en Rusia la gran mayoría de las fábricas poseen cuarteles obreros propios, cosa que en Polonia no se da nunca[^147].

Por tanto, si lo que Marx llama la «composición orgánica del capital» (la relación entre la parte constante y la parte variable del capital) es también «más alta» en Rusia que en Polonia, esto no tiene nada que ver con un grado de desarrollo más alto de la producción rusa, sino, al contrario, en gran parte con su modo de explotación más primitivo, que hace necesarios una serie de gastos que no tienen nada que ver con el proceso de producción propiamente dicho. De ello se desprende ya que —suponiendo iguales todas las demás condiciones de la producción y de la venta— los empresarios polacos están en condiciones de obtener, al vender sus mercancías en los mercados rusos, una ganancia extraordinaria en comparación con los empresarios rusos. Pero a ello se añade además que el trabajo polaco, como se ha mostrado, es mucho más intensivo.

4. *El periodo de rotación* del capital es mucho más corto en Polonia que en Rusia. En primer lugar, en Rusia se hacen reservas de combustible y de materias primas para plazos largos. Los altos precios y la escasez general de combustible en el interior de Rusia traen consigo para los fabricantes la necesidad de invertir grandes sumas de dinero en la compra de bosques o de turberas. De este modo, casi toda fábrica de Moscú de cierto tamaño tiene un capital muerto más o menos considerable inmovilizado en bosques y pantanos. Además, la leña y sobre todo la turba solo se suministran baratas y con comodidad en invierno, por lo que toda fábrica de Moscú hace reservas de estos combustibles para todo un año, e incluso para dos[^148]. En Polonia, con la calefacción por hulla y dadas las pequeñas distancias, solo se almacenan reservas para 1-4 semanas, a lo sumo para 3 meses[^149]. Del mismo modo, en Rusia se hacen reservas de materias primas, sobre todo de algodón, para largo tiempo, y en Polonia, en cambio, solo para 2-6 meses[^150].

En segundo lugar, el fabricante polaco realiza sus productos mucho más deprisa que el ruso. El polaco concede a sus compradores por lo general solo de 3 a 6 meses de crédito; el ruso, de 12 a 18 meses. El polaco produce —según el modelo inglés y alemán— por encargo, por medio de sus viajantes de comercio; el ruso, en cambio, a su propio criterio, a veces para dos o tres años de existencias[^151]. También este factor indica que el capital industrial polaco —caeteris paribus[^t54]— está mejor pertrechado para la lucha competitiva.

5. *La concentración de la producción* es considerablemente mayor en Polonia que en Rusia. El valor de la producción de una fábrica era por término medio, en rublos, en las ramas no gravadas con impuestos especiales:

| | 1885 | 1886 | 1887 | 1888 | 1889 | 1890 |
|---|---|---|---|---|---|---|
| en Rusia: | 50 824 | 52 248 | 54 601 | 58 237 | 58 972 | 57 578 |
| en Polonia: | 57 875 | 63 860 | 71 894 | 74 051 | 71 305 | 71 248[^152] |

La diferencia es aún mayor si se comparan ramas de producción concretas. En la industria del carbón, por ejemplo, la relación se presenta del modo siguiente. Si se toma como 100 el número de minas y de pozos, así como la masa de producción, en Rusia, en Polonia se encuentra:

| 1890 | *Minas* | *Pozos* | *Producción* |
|---|---|---|---|
| Polonia | 6,8 % | 6,2 % | 70,6 %[^153] |

Con un número de pozos dieciséis veces menor, la extracción de carbón en Polonia equivale, pues, a más de ¹¹/₁₆ de la extracción rusa. El 85 % de toda la masa anual de producto de la región de Dąbrowa[^t55] (1893) la suministran 5 explotaciones[^154].

En otras ramas, como en la industria algodonera, el producto bruto por fábrica es mayor en Rusia. Pero la menor concentración de esta producción en Polonia depende de circunstancias especiales, cuyo examen nos llevaría aquí demasiado al detalle y que, en todo caso, nada tienen que ver con el grado de su desarrollo técnico. Al contrario, como veremos enseguida, en Polonia el valor anual de la producción que corresponde a un obrero es, también en esta como en la mayoría de las demás ramas, considerablemente mayor que en Rusia.

6. *La técnica* de la producción constituye, por último, la diferencia más importante entre la industria polaca y la rusa. Vamos a comparar entre sí, en lo que respecta a la técnica, las principales ramas de producción de ambos países.

Para empezar por la rama textil, la industria algodonera presenta, en primer lugar:

| 1890 | Fábricas | Husos | Telares | Caballos de vapor |
|---|---|---|---|---|
| *Rusia* | 351 | 2 819 326 | 91 545 | 38 750 |
| *Polonia* | 94 | 472 809 | 11 084 | 13 714 |

| 1890 | Producción en miles de rublos | Obreros: hombres | Obreros: mujeres |
|---|---|---|---|
| *Rusia* | 208 581 | 103 916 | 83 941 |
| *Polonia* | 31 495 | 10 474 | 9 535[^155] |

Del cuadro anterior se desprende con claridad la superioridad técnica de la industria algodonera polaca. En relación con la rusa, tiene:

*Obreros*, 10 %; *producción*, 15 %; *caballos de vapor*, 35 %.

Por cada obrero corresponden, pues, en Rusia 1 110 rb. de producción anual, y en Polonia 1 574 rb., es decir, un 42 % más. De caballos de vapor corresponden

| | por cada 1000 obreros | por cada millón de rublos de prod. |
|---|---|---|
| en Rusia: | 204 | 186 |
| en Polonia: | 685 | 439 |

es decir, en Polonia un 236 % o un 136 % más, respectivamente.

Por último, en Polonia el empleo del trabajo femenino es mayor que en Rusia. En Rusia las obreras constituyen el 44,7 % del personal; en Polonia, el 47,6 %. Según otros datos que dimos antes y que nos inspiran más confianza, porque no proceden de una estadística burocrática sumaria, sino que los obtuvo una comisión especial, el empleo del trabajo femenino es en Polonia mucho más alto, y en Rusia, en cambio, menor.

Aproximadamente el mismo resultado da la comparación de la *industria lanera* en Polonia y en Rusia. Esta presenta:

| 1890 | Fábricas | Husos | Telares | Caballos de vapor |
|---|---|---|---|---|
| *Rusia* | 164 | 77 474 | 11 784 | 2 230 |
| *Polonia* | 168 | 245 892 | 4 016 | 6 667 |

| 1890 | Producción en miles de rublos | Obreros: hombres | Obreros: mujeres |
|---|---|---|---|
| *Rusia* | 21 585 | 14 471 | 7 050 |
| *Polonia* | 26 199 | 8 486 | 6 670[^156] |

Corresponden, pues, a Polonia en relación con Rusia: *obreros*, 70,4 %; *producción*, 121 %; *caballos de vapor*, 299 %; de ahí que por cada obrero correspondan en Rusia 1 003 rublos y en Polonia 1 729 rublos de producción anual, es decir, un 72 % más. De caballos de vapor corresponden

| | por cada 1000 obreros | por cada millón de rublos de prod. |
|---|---|---|
| en Rusia: | 104 | 103 |
| en Polonia: | 440 | 254 |

Así pues, si tomamos como 100 el número de caballos de vapor que en Rusia corresponde a 1000 obreros o a 1 millón de rublos de producción, en Polonia encontramos un 323 % o un 146 % más, respectivamente. En el empleo del trabajo femenino vemos aquí entre Polonia y Rusia una diferencia aún mayor que en la industria algodonera: en Rusia, un 32,7 % de mano de obra femenina; en Polonia, un 44 %. La superioridad técnica de la industria textil polaca se manifiesta además en que en Polonia, en muchas ramas, se fabrican números más altos de hilado y clases más finas de tejido que en Rusia.

Pasemos a la segunda rama de producción capitalista más importante, la *industria del carbón*. De su fuerte concentración en Polonia ya hemos hecho mención. Del producto extraído anualmente corresponden

| *por mina:* | puds de carbón | |
|---|---|---|
| en la región del sur de Rusia | 678 000 | |
| en Polonia | 7 500 000 | + 1006 % |

| *por pozo:* | puds de carbón | |
|---|---|---|
| en la región del sur de Rusia | 240 000 | |
| en Polonia | 2 985 000 | + 1144 %[^157] |

(Comparamos aquí y más adelante la cuenca carbonífera polaca especialmente con la del sur de Rusia porque esta es la mayor de Rusia y también la más importante para el futuro.)

Se encuentra una relación correspondiente si se comparan la masa de producción, el número de obreros ocupados y el de caballos de vapor empleados.

| 1890 | Caballos de vapor | Obreros | Prod. en millones de puds |
|---|---|---|---|
| Rusia | 6 701 | 30 077 | 213,4 |
| Región del sur de Rusia | 5 856 | 25 167 | 183,2 |
| Polonia | 10 497 | 8 692 | 150,8[^158] |

Así pues, mientras que en Polonia (1890) un obrero extrae al año 17 348 puds de carbón, en Rusia corresponden a cada obrero solo 7 096 puds, y en particular en la región del sur de Rusia 7 281 puds, unas 2½ veces menos que en Polonia. De los caballos de vapor corresponden

| por pozo: | |
|---|---|
| en Rusia | 8 |
| en Polonia | 202 |

| por cada 1000 obreros: | | |
|---|---|---|
| en Rusia | 223 | |
| en la región del sur de Rusia | 233 | (100 %) |
| en Polonia | 1208 | (+ 419 %). |

De 1890 a 1894, el número de caballos de vapor en la minería del carbón polaca ha crecido en más de un 50 %: de 10 497 a 15 934[^159].

De las demás ramas industriales importantes, vamos a destacar todavía la *industria azucarera*.

Ya el cultivo de la remolacha se practica en Polonia de manera considerablemente más racional que en las dos regiones rusas productoras de azúcar. La cosecha media de remolacha por desiatina[^t56] fue, por ejemplo, en los años 1882-1890:

| en la Rusia central | Rusia del Sudoeste | Polonia |
|---|---|---|
| 73,2-125,3 berkovets[^t57]; | 80,1-114,4 b. | 88-127,6 b.[^160] |

En 1895:

| en la Rusia central | Rusia del Sudoeste | Polonia |
|---|---|---|
| 51,1-117,4 berkovets; | 90,0-121,2 b. | 94,3-144,5 b.[^161] |

Igualmente, la calidad de la remolacha polaca es mucho más alta que la de la rusa. El contenido de azúcar en el jugo y su pureza son

| 1890-1891 | Contenido de azúcar en el jugo | Pureza |
|---|---|---|
| Región del Sudoeste | 13,49 % | 80,85 % |
| Región central | 13,63 % | 78,94 % |
| Polonia | 14,81 % | 85,20 %[^162] |

La misma superioridad de la técnica polaca la muestran el mayor rendimiento en azúcar blanco a partir del jugo de remolacha y el menor en melaza.

De 1881/2 a 1890/1 fue este por término medio

| | en azúcar blanco | en melaza |
|---|---|---|
| Región central | 7,0-9,47 % | 3,29-4,24 % |
| Región del Sudoeste | 7,7-10,48 % | 3,60-4,31 % |
| Polonia | 8,2-11,39 % | 1,53-2,28 %[^163] |

Por último, también el aprovechamiento de los desechos de la fabricación se practica en la industria azucarera polaca de manera mucho más intensiva y en mayor escala que en la rusa. A la obtención de azúcar de la melaza por medio de la ósmosis se dedicaban en 1890/1

| | de … fábricas | | con … aparatos de ósmosis |
|---|---|---|---|
| en las regiones central y del sudoeste | 182 | 10 | 125 |
| en Polonia | 40 | 24 | 206[^164] |

Del anterior análisis comparativo de todas las condiciones de producción más importantes se desprende que la industria polaca está considerablemente mejor pertrechada para la lucha competitiva que la rusa, en particular que la de la Rusia central. Es, desde luego, un hecho establecido que la región de Moscú tiene por su parte ventajas importantes en la industria algodonera, como la abundancia de agua, mientras que la región de Lodz, como se ha dicho, sufre a este respecto una gran carencia. Por otra parte, en una de las ramas más importantes de la economía nacional —la industria siderúrgica— Polonia va a la zaga de Rusia en cuanto a riqueza natural, de modo que para sus fábricas siderúrgicas tiene que traer en parte mineral, e igualmente coque, de la cuenca del sur de Rusia, y además la producción metalúrgica de la cuenca del Donets está también mucho más concentrada que en Polonia. Es igualmente cierto que Moscú está mucho más cerca que Polonia de importantes mercados para la industria textil: la parte oriental de Rusia y Asia. Sin embargo, las ventajas que encontramos del lado polaco en todas las ramas —fuerza de trabajo más capaz, combustible más barato, técnica superior del proceso de producción y del comercio— deberían, a nuestro juicio, compensar con creces las ventajas de las industrias rusas. Pues todos los factores enumerados tienen una importancia constante; más aún, cada día resultan más decisivos en la lucha competitiva. Hasta qué punto la importancia de las distancias a los mercados pasa ya hoy a segundo plano frente a la superioridad técnica de la industria lo ha demostrado hace poco la sorprendente expansión de las ventas *alemanas* en Inglaterra, e incluso en las colonias inglesas. Dentro de un mismo territorio aduanero, el desenlace de la competencia en el mercado de mercancías depende naturalmente en medida todavía mucho mayor del grado de desarrollo de la producción, es decir, del factor que la industria *polaca* tiene de su lado. Lo confirma también, entre otras cosas, el hecho de que, por ejemplo, la industria siderúrgica polaca, pese a la mencionada relativa escasez de ventajas naturales, hace una dura competencia a la del sur de Rusia en el propio sur de Rusia, y de que se desarrolla, junto a la del sur de Rusia, a costa de todas las demás regiones del imperio[^165]. Además de la polaca, también la región industrial de San Petersburgo constituye una zona de producción más avanzada, técnicamente bastante desarrollada, de Rusia, y para Polonia hay una circunstancia especialmente favorable precisamente en que en los mercados más importantes entra en competencia justamente con la región de Moscú, que constituye la región industrial más atrasada de Rusia y que, con su larga jornada, sus bajos salarios, el sistema de pago en especie[^t58], el acuartelamiento de los obreros, sus enormes reservas de materias primas, en una palabra, con su atraso económico, está sola en todo el imperio.

La coexistencia de grados de producción tan diferentes como los que representan, por una parte, la industria polaca y la de San Petersburgo y, por otra, la de Moscú solo es posible, además, en virtud de dos circunstancias: en primer lugar, la magnitud del mercado ruso, en el que todavía encuentran sitio suficiente todos los competidores; y en segundo lugar, la atmósfera de invernadero creada por la política aduanera, que ha convertido este enorme mercado en monopolio exclusivo de los empresarios del país, rusos y polacos.

### 3. Las relaciones económicas entre Polonia y Rusia

De lo expuesto se desprende con claridad que —si en la lucha entre la industria polaca y la rusa decidiera solo la libre competencia— el futuro de la primera estaría asegurado, al menos en la medida en que la evolución general de la economía mundial conceda al desarrollo capitalista del imperio ruso un plazo más o menos largo.

Pero ya hemos mencionado el otro factor importante que tiene la mayor trascendencia para el futuro del capitalismo polaco: nos referimos a *la política económica del gobierno ruso*. Es tanto más necesario examinar aquí de cerca precisamente este factor cuanto que la cuestión, como es sabido, levantó tanta polvareda hace algunos años, y hasta pudo oírse la opinión de que desde mediados de los años ochenta se había abierto para la industria polaca una verdadera «era de persecución».

En rigor, habría motivos suficientes para considerar infundadas de antemano todas las afirmaciones en este sentido. La mejor y definitiva piedra de toque de todas las medidas económicas del gobierno en la materia —el crecimiento de la industria en Polonia hasta el último momento, y además a un ritmo tan vertiginoso como siempre— demuestra sobradamente, según parece, que todo el alboroto sobre su fin inminente era falso. En efecto, el crecimiento se presenta en el siguiente cuadro, harto elocuente:

| | En millones de rublos: producto de la industria total (ramas no sujetas a impuesto especial) | En millones de rublos: producto total de la industria textil | En millones de puds: hierro bruto | En millones de puds: hierro | En millones de puds: acero | En millones de puds: hulla |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1871 | ca. 44,4 | 18,1 | 1,4 | 0,9 (hierro y acero juntos) | | 12,6 |
| 1885 | 134,8 | 66,7 | 2,5 | 4,2 | 2,4 | 109,3 |
| 1886 | 137,8 | 81,4 | 2,8 | 4,6 | 3,1 | 120,0 |
| 1887 | 164,5 | 88,9 | 3,7 | 3,8 | 3,0 | 121,1 |
| 1888 | 162,3 | 89,9 | 4,8 | 3,2 | 3,1 | 147,3 |
| 1889 | 168,3 | 96,6 | 5,4 | 4,0 | 2,4 | 151,1 |
| 1890 | 174,2 | 88,4 | 7,4 | 4,1 | 3,4 | 150,8 |
| 1891 | 188,3 | 100,8 | 7,5 | 4,4 | 3,0 | 158,8 |
| 1892 | 228,3 | 113,4 | 9,0 | 3,7 | 4,0 | 176,0 |
| 1893 | — | — | 9,9 | 3,5 | 5,4 | 192,1 |
| 1894 | — | — | 10,7 | 3,8 | 6,2 | 202,4 |
| 1895 | — | — | 11,3 | 3,6 | 7,9 | 221,8[^166] |

Como se ve en el cuadro anterior, en el periodo de siete años 1885-1892 el aumento fue: en la industria total, del 69 %; en la industria textil, del 70 % (en particular, en la hilatura y tejeduría del algodón, del 40 %; en la industria de la lana y los paños, del 77 %; en todas las demás ramas, del 101 %); en la minería, en el periodo de diez años 1885-1895: en el hierro bruto, del 352 %; en el acero, del 229 %; en la hulla, del 103 %; solo en la producción de hierro observamos un retroceso, en concreto del 14 %, del mismo modo que, en general, en Polonia y en la región industrial del sur de Rusia se aprecia en los últimos tiempos un fuerte desarrollo de la producción de acero a costa de la de hierro.

Más interesante aún que el crecimiento dentro del último periodo (1885-1895) es la comparación de este decenio con el periodo anterior (1871-1885), que pasa por ser la época de mayor prosperidad económica de Polonia. El aumento fue, en cifras absolutas:

| | En millones de rublos: ramas no sujetas a impuesto especial | En millones de rublos: industria textil | En millones de puds: hierro bruto | En millones de puds: hierro y acero | En millones de puds: hulla |
|---|---|---|---|---|---|
| En el periodo de 14 años 1871-1885 | 90,4 | 48,6 | 1,1 | 5,7 | 96,7 |
| En el periodo de 7 años 1885-1892 | 93,5 | 46,7 | — | — | — |
| En el periodo de 10 años 1885-1895 | — | — | 8,8 | 4,9 | 112,5 |

Así pues, a la vista de las cifras anteriores, no solo la suposición de que ha comenzado un retroceso de la industria polaca descansa en un desconocimiento completo de los hechos, sino que, al contrario, resulta que la industria ha crecido en el último periodo de siete o de diez años más que en el periodo anterior de catorce años. Lo dicho se ve con la mayor claridad si calculamos el aumento en ambos periodos *por año*. El aumento medio anual fue, en efecto, *mayor* en el último periodo que en el anterior, a saber: en la industria total, un 107 %; en la industria textil, un 90 %[^167]; en la producción de hierro y acero, un 20 %; en la de hulla, un 63 %; y, por último, en la de hierro bruto, un 1020 %.

Por otra parte, al final de la primera parte de nuestro trabajo hemos expuesto igualmente las conquistas más recientes de la industria polaca en los mercados rusos y asiáticos hasta los años noventa. Ningún síntoma en el cuerpo del capitalismo polaco parece justificar, pues, la suposición de que languidece consumido por un mal interno; al contrario, el tan llorado crece y florece «tan magnífico como el primer día»[^t59]. Sin embargo, puesto que la cuestión se ha planteado y ha agitado durante años a la opinión pública en Polonia, y puesto que, por otro lado, es en sí misma lo bastante importante e interesante, parece oportuno ocuparse de ella más de cerca y aclarar de una vez, mediante un examen a fondo, cuál es y cuál puede ser, dada la situación, la política económica del gobierno ruso en general y respecto a Polonia en particular.

Es característico de todas las manifestaciones mencionadas y citadas sobre el rumbo antipolaco que se apoyen exclusivamente en medidas y disposiciones aisladas, ora del terreno de la política aduanera, ora del de las tarifas ferroviarias. Pero salta a la vista que por ese camino no se puede llegar a una verdadera comprensión de la política del gobierno. Porque, ante todo, aquello en lo que se apoya uno en cada caso es una magnitud sumamente variable: un arancel establecido hoy, una tarifa ferroviaria implantada hoy, mañana quedan derogados. Así ocurrió, por ejemplo, con el arancel diferencial sobre el algodón en rama, que en la frontera polaca era 15 kopeks oro más alto que en las demás fronteras de Rusia. Cuando se implantó en 1887, se alzó un clamor de lamentos entre los fabricantes algodoneros polacos, y se dijo que con ello se asestaba a la industria polaca un golpe mortal. El arancel diferencial desempeñó además el papel principal como prueba de la «era de persecución» que había comenzado, y se lo invocaba en cada ocasión. Pues bien, esa diferencia arancelaria fue suprimida de nuevo en 1894, en virtud del tratado de comercio ruso-alemán[^t60], y dejó paso a un arancel sobre el algodón uniforme en todas las fronteras rusas. Lo mismo sucedió con el arancel diferencial sobre la hulla y el coque en la frontera occidental, que muchas veces se presentó como una medida dirigida directamente contra la industria siderúrgica polaca (véase Schulze-Gävernitz, ob. cit., p. 347, y, siguiéndole, el Libro Azul inglés, p. 9). Pero también ese arancel se redujo a la mitad en 1894. Del mismo modo, las tarifas ferroviarias se modifican parcialmente todos los años, y a veces incluso con más frecuencia. Así pues, la práctica aduanera y tarifaria *por sí sola* no ofrece todavía ningún punto de apoyo firme para penetrar en la política económica de Rusia.

Si se quiere llegar a una comprensión a fondo de esta política, hay que prescindir por el momento de las medidas aisladas, mirar más hondo en las relaciones económicas de Polonia y Rusia, por un lado, y en sus intereses políticos, por otro, y tratar de deducir a partir de ellos la política económica de la segunda. Solo entonces, con la pauta así obtenida, será posible reducir también las distintas medidas de esta política a su significado real.

¿Cómo son, pues, ante todo, las relaciones económicas entre Polonia y Rusia? Si se juzgara bajo la impresión inmediata de la disputa entre los empresarios de Lodz y de Moscú, uno se inclinaría a suponer que la burguesía polaca y la rusa forman dos campos completamente separados, cuyos intereses son diametralmente opuestos en todos los puntos y que se combaten mutuamente con todos los medios. Semejante opinión sería, sin embargo, de todo punto errónea.

Lo que excluye de antemano una separación tan tajante de los intereses es la amplia *división del trabajo* que existe entre las industrias de ambos países. Como hemos visto, Polonia es para Rusia una fuente de suministro de hilado de lana, máquinas, hulla, etc., etc.; Rusia, en cambio, abastece a Polonia de lana en bruto, de hierro bruto, de coque y de algodón.

Una relación así presupone ya que los intereses de algunos fabricantes *polacos* están ligados a los de productores *rusos* de materias primas, y los de algunos fabricantes rusos a los de los productores polacos de semimanufacturas. Así lo confirman, en efecto, numerosos hechos. Los productores de la lana del sur de Rusia y los plantadores del algodón de Asia central presionan en su propio interés sobre las tarifas ferroviarias para que el transporte de sus productos brutos le salga lo más barato posible al fabricante polaco. Los tejedores rusos de lana procuran asimismo favorecer en lo posible el transporte de los hilados polacos a Rusia, etc., etc.

Además, del hecho de que la lucha entre los fabricantes y los productores de materias primas y semimanufacturas se libra tanto en Rusia como en Polonia principalmente en el terreno de la *política aduanera común* a ambos países, se sigue que los bandos en lucha de Polonia se unen a menudo con los de Rusia para actuar mano a mano con el enemigo nacional y contra sus propios hermanos de sangre. La historia de la industria ruso-polaca ofrece ejemplos de ello en abundancia. En 1850, por ejemplo, el gobierno ruso, bajo la presión de las peticiones conjuntas de los tejedores de lana polacos y rusos, rebaja los derechos sobre el hilado de lana. Pero apenas se había hecho esto cuando ya hilanderos polacos y rusos, en conmovedora concordia, asediaban al gobierno para que volviera a subir los derechos sobre el hilado, lo que efectivamente ocurrió en 1867[^168]. La misma historia se repite, con otro motivo, en los años ochenta. Desde 1882 los constructores de maquinaria solicitan al gobierno que eleve los aranceles sobre las máquinas extranjeras. «La iniciativa en este sentido correspondió a los fabricantes de Riga, a quienes siguieron los demás de *Varsovia*, Kiev, Járkov[^t61] y Odesa en el más perfecto acuerdo»[^169]. Pero cuando en 1885 el gobierno hubo atendido estos deseos y elevado los aranceles sobre las máquinas, se desató en 1886 una tormenta de peticiones de los terratenientes, de nuevo sin distinción de todas las regiones del imperio, contra el encarecimiento de la maquinaria agrícola.

Ya estos dos ejemplos nos ofrecen una imagen completamente distinta de las relaciones en el seno de la burguesía polaca y de la rusa, tanto en sus aspiraciones comunes como en las opuestas. Ninguna de las dos clases capitalistas nacionales aparece internamente como una falange cerrada, sino, al contrario, resquebrajada, desgarrada por luchas de intereses, dividida por rivalidades. Pero, por otro lado, sus distintos grupos, olvidando la discordia nacional, se dan la mano para, en la noble competición por la ganancia, asestar de vez en cuando un golpe al bolsillo de sus propios compatriotas. Lo que se enfrenta en el tablero industrial no son, por tanto, partidos nacionales, sino capitalistas; no polacos y rusos, sino hilanderos y tejedores, constructores de máquinas y terratenientes, y en las banderas que ondean sobre los combatientes no se ve el águila de una cabeza ni la de dos cabezas[^t62], sino solo el emblema internacional del capitalismo. Por último, también el gobierno se nos aparece, inesperadamente, en el singular papel de una madre bondadosa que estrecha sin distinción contra su ancho pecho a todos los hijos del país que hacen ganancias, aunque estos anden siempre a la greña, y procura apaciguar ora a unos, ora a otros, a cuenta de los consumidores. Los fenómenos señalados se repiten innumerables veces en la historia de la industria polaca y de la rusa, y tienen una importancia tan decisiva para la cuestión que aquí tratamos que bien vale la pena ilustrarlos con algunos casos típicos más. Es sumamente instructivo observar, por ejemplo, cómo los dos principales adversarios —los empresarios de la región industrial de Lodz y los de la de Moscú—, a quienes uno se inclinaría a tomar por representantes de los intereses de toda la burguesía polaca o rusa respectivamente, procuran en cada ocasión poner la zancadilla a las demás regiones de su propio país. Así, en su ya mencionado escrito polémico, los fabricantes algodoneros de Lodz intentan desviar de sí los celos de los fabricantes moscovitas y dirigirlos hacia la vieja región polaca de la industria lanera, Białystok. «Si puede hablarse de una competencia, mucho más peligrosa para Moscú es Białystok y su región», le hacen creer a su adversario[^170]. Al mismo tiempo, esos mismos empresarios de Lodz denuncian con la mayor sumisión ante el gobierno ruso a sus propios hermanos de la región de Sosnowiec, señalando que en esta un tercio entero de los obreros son súbditos *alemanes*, mientras que en la región de Lodz —gracias a Dios— solo el 8 %. No menos fraternales sentimientos exhiben los capitalistas moscovitas cuando hablan de los negocios de sus colegas de las demás regiones industriales rusas. Así, les oímos lamentarse con ocasión de un plan de regulación de las vías navegables de Rusia elaborado por el Ministerio de Vías de Comunicación: «Tanto los gastos pequeños como los de muchos millones se destinan exclusivamente a la zona occidental y meridional de Rusia. Toda la región central de Rusia ha sido casi enteramente olvidada. Esta región, este centro abandonado de Rusia, gobernaciones esencialmente rusas, son relativamente pobres en vías navegables», etc., en el mismo tono lastimero[^171]. Aquí los celos de los capitalistas moscovitas se vierten con imparcialidad y verdadero internacionalismo sobre todas las demás regiones industriales del imperio sin distinción: sobre Polonia como sobre la región del Volga, sobre las provincias bálticas como sobre el distrito del Dniéper.

Lo elástico que puede llegar a ser, por otra parte, para el capitalista polaco el concepto de la pertenencia nacional y de la «patria» lo muestra el caso siguiente. En 1887 la gran «Fábrica de Acero de Varsovia», para acercarse a las fuentes de suministro del hierro bruto y del coque, se trasladó a la gobernación de Yekaterinoslav[^t63], en el sur de Rusia. Dos años después sus propietarios —capitalistas polacos—, junto con los ingleses, belgas, rusos, etc., que tienen bajo su dominio la cuenca siderúrgica del sur de Rusia, dirigen ya al gobierno una petición de lo más sumisa, en la que se quejan de las ventajas de la industria siderúrgica *polaca* y de su competencia y solicitan tarifas ferroviarias más altas para el hierro polaco en defensa de la industria «patria», es decir, esta vez la del sur de Rusia.

Un ejemplo clásico de estas relaciones lo ha proporcionado, por último, en los años recientes la cuestión de las tarifas ferroviarias para el cereal. En 1889, con ocasión de la regulación general de las tarifas en el imperio, se implantaron también para el cereal nuevas tarifas fuertemente diferenciales, a fin de facilitar la exportación al extranjero desde gobernaciones situadas muy al interior de Rusia. Pero ello tuvo como consecuencia que masas de cereal y de harina de las regiones interiores, sobre todo de la región del Volga, se dirigieran hacia las situadas en la frontera y provocaran una rápida caída de los precios del cereal tanto en las meridionales, a orillas del mar Negro, como en las provincias bálticas y, por último, en Polonia. Los terratenientes de todas las partes del imperio mencionadas, heridos en sus mejores sentimientos, pusieron el grito en el cielo, y sobre todo los polacos, que al principio intentaron aprovechar la ocasión para presentarse también en nombre de toda Polonia, oprimida por el pan barato. Pero apenas su defensa nacional iba a verse coronada por el éxito y las malditas tarifas iban a suprimirse parcialmente a comienzos de 1894, cuando un grupo de empresarios y comerciantes polacos ya conjuraba *por telégrafo* al departamento de ferrocarriles de San Petersburgo a mantener las tarifas anteriores para, según decían, no encarecer el pan al pueblo[^172]. El cuadro cambió, pues, al instante, y de una lucha entre dos partidos nacionales la cuestión de las tarifas del cereal se convirtió en Polonia en una disputa entre los agrarios y los industriales. Y en ella los segundos actuaron junto con los terratenientes rusos de las gobernaciones centrales, mientras que los terratenientes polacos salieron a campaña junto con los agrarios rusos de todas las regiones fronterizas[^173].

La abigarrada agrupación de los intereses se puso de manifiesto en particular en las deliberaciones sobre las tarifas del cereal celebradas en San Petersburgo en octubre de 1896. De un lado estaban los representantes de la región del Volga, cuya causa, como hemos visto, era a la vez la de los industriales polacos; del otro, los agrarios de Livonia, Vitebsk y Odesa, los terratenientes polacos y, lo que es más interesante, también los terratenientes de la región de Moscú. Polacos y moscovitas se presentaron aquí en el más perfecto acuerdo, y los terratenientes y molineros polacos se declararon plenamente conformes con el programa del príncipe Scherbátov, presidente de la Sociedad Agrícola de Moscú[^174]. Por otra parte, como para subrayar la oposición de intereses entre la industria y la agricultura en la propia Polonia, el presidente Máximov replicó, entre otras cosas, a los representantes polacos que si Polonia podía colocar sin trabas sus productos fabriles en el interior de Rusia, era muy inconsecuente querer cerrar a los productos agrícolas del interior de Rusia el acceso a Polonia.[^175]

Después de los ejemplos anteriores, que no queremos multiplicar, puede darse por demostrado que los intereses de los grupos empresariales polacos y rusos no se contradicen en absoluto en todos los puntos, sino que, más bien, se entrelazan constantemente. Pero también como conjunto la industria polaca está unida por una solidaridad de intereses con algunos grupos importantes de la burguesía rusa, ante todo con dos factores sumamente importantes de la vida económica: las empresas de transporte y las instituciones de crédito y de comercio. Salta a la vista que el desarrollo de la industria polaca y, lo que va unido a ello, de las ventas polacas en Rusia redunda en interés directo de las sociedades rusas de crédito, de comisión y de ferrocarriles. Para entresacar de nuevo solo dos de la multitud de ejemplos pertinentes: en otoño de 1894 la administración de la línea férrea rusa Riazán-Ural se dirige al empresariado de Varsovia con la oferta de ceder gratuitamente espacio en todas sus estaciones para que los fabricantes polacos instalen allí exposiciones permanentes de mercancías destinadas a fomentar las ventas polacas en las regiones del Volga[^176]. Así pues, mientras los fabricantes moscovitas quieren disputar a sus competidores polacos todo mercado en Rusia, las compañías ferroviarias rusas invitan a la propia competencia polaca a penetrar con sus mercancías lo más adentro posible en el interior de Rusia.

Otro caso característico se produjo recientemente con motivo del nuevo arancel sobre el algodón. Mientras se mantuvo la mencionada diferencia arancelaria en la frontera occidental, los fabricantes de Lodz, para eludir el incómodo arancel, traían su algodón por Libau[^t64] y Odesa, es decir, por ferrocarriles rusos. Cuando en 1894 se suprimió la diferencia arancelaria, los transportes de algodón volvieron a las antiguas rutas terrestres: Bremen-Aleksandrowo y Trieste-Granica[^t65], es decir, a los ferrocarriles alemanes y austriacos. Estos aprovecharon entonces la ocasión para fijar tarifas muy bajas para el algodón y monopolizar así los transportes a costa de la línea Odesa-Lodz. Pero la pérdida de los transportes afectó considerablemente a los ferrocarriles rusos, y así, hace poco, el departamento de ferrocarriles de San Petersburgo se ha dirigido a los fabricantes de Lodz preguntándoles cuánto habría que rebajar las tarifas en las líneas rusas para que los transportes de algodón volvieran a pasar por Odesa. Los consultados dictaron una rebaja de tarifas del 30 %[^177]. Del mismo modo, los bancos rusos favorecen en lo posible, en su propio interés, las ventas polacas en Rusia[^178]. Una vez más, las fronteras nacionales se cruzan con las orientaciones de los intereses capitalistas, y lo que la bandera nacional debería dividir lo une estrechísimamente el interés capitalista.

Existe, por último, un terreno en el que entre toda la burguesía polaca y toda la rusa reina la más conmovedora armonía de intereses y en el que son uña y carne: la celosa custodia, frente a la competencia extranjera, de las ganancias que se pueden obtener en el mercado interior. En una parte de la prensa de Europa occidental puede encontrarse la opinión de que el empresariado polaco sería más librecambista que el ruso. Nada más erróneo que esta opinión. En la profunda convicción de que el obrero ruso y el polaco han sido creados expresamente para producirles la plusvalía, el consumidor polaco y el ruso para servir a la realización de la plusvalía, y el gobierno ruso para rechazar toda intromisión de competidores extranjeros en esos sagrados derechos, en esta convicción los empresarios polacos son tan firmes e inquebrantables como los rusos. Si se trata de plantar cara al gobierno en defensa de estos «derechos fundamentales» de la constitución capitalista, entonces los fabricantes de Lodz y los de Moscú, todavía con los chichones que acaban de hacerse mutuamente, salen a campaña hombro con hombro. En 1888, un año después de que los dos adversarios —como ya se ha dicho— hubieran presentado al gobierno sendas peticiones en las que se combatían con la mayor dureza en las cuestiones de la competencia interior, los empresarios moscovitas presentaron una serie de solicitudes «muy sumisas» relativas a la política aduanera: que se elevaran los derechos de entrada sobre los productos de la industria textil, que se devolvieran los derechos pagados por las materias primas al exportar manufacturas al extranjero, etc., todas ellas reivindicaciones que también los fabricantes de Lodz habían planteado ya varias veces, tanto entonces como antes[^179]. Con razón escribió, pues, el órgano de los grandes industriales polacos, al comentar esta acción de los empresarios moscovitas, que se solía hablar mucho de la oposición de intereses entre las dos regiones industriales, pero que la petición mencionada mostraba que entre ellas existía también una comunidad de intereses, y precisamente en las cuestiones más importantes[^180].

La misma armonía se pone de manifiesto cuando se trata de defender el monopolio de las ganancias frente al «alemán». Los fabricantes moscovitas veían —como se ha mostrado— en la fuerte presencia del elemento alemán en la burguesía polaca un pretexto muy oportuno para dar a sus intereses del percal y del fustán, en la lucha contra Lodz, una presentable fisonomía patriótica, y al llamar al gobierno a una cruzada contra el germanismo a orillas del Vístula creían herir con ello en pleno corazón a la burguesía polaca. Pero cuando el gobierno promulgó en 1887 su conocido ucase[^181] y desde distintos lados se hablaba ya, también con este motivo, de una era de persecución contra la industria polaca, resultó que la burguesía polaca así herida expresaba su descontento por motivos del todo inesperados: las medidas antialemanas del gobierno ruso le parecían, en efecto, demasiado poco enérgicas y radicales. Pues así se manifestaba: «Los decretos del gobierno de hace dos años sobre los exámenes de lengua para extranjeros han traído un cambio ventajoso al abrir un campo de trabajo a las fuerzas del país . . . . . . Los corresponsales de Lodz y sus habitantes informan ya de cierta mejora en estas condiciones, *aunque todavía se está lejos de como podría y debería ser*»[^182].

Hemos pasado revista brevemente a los múltiples vínculos de intereses entre la burguesía polaca y la rusa. El cuadro que de ahí resulta es del todo distinto del que podía formarse uno bajo la impresión inmediata del tambor de guerra de Lodz y de Moscú. La burguesía polaca y la rusa están unidas entre sí por una solidaridad de intereses en numerosas cuestiones, y en las más importantes, tanto por grupos parciales como en su conjunto. Lo que ha creado esta comunidad de intereses es, en primer lugar, la división del trabajo en la producción, que en muchos aspectos une las dos industrias en un único mecanismo productivo; en segundo lugar, y esto es aún más importante, las fronteras aduaneras comunes, que generan la solidaridad hacia fuera y funden todo el empresariado polaco-ruso en una clase capitalista «nacional», desde el punto de vista del mercado. Por último, el mercado común, que genera la importante dependencia mutua entre la producción polaca, por un lado, y el transporte y el comercio rusos, por otro. Y, nótese bien, la imbricación descrita de los intereses económicos rusos y polacos avanza día a día. También esto es en parte consecuencia directa de la orientación general de la actual política aduanera rusa, que tiende a cerrar el paso hacia Rusia no solo a la importación de manufacturas extranjeras, sino también a la de productos brutos extranjeros, y a crear una producción propia de materias primas, objetivo para el cual no retrocede ante los mayores sacrificios a costa del bolsillo de los consumidores y contribuyentes rusos y polacos.

Obligada por aranceles prohibitivos, la industria polaca pasa gradualmente del uso del coque y el mineral de hierro alemanes al del Donets, del algodón americano e indio al de Asia central, de la lana sajona y silesia a la del sur de Rusia[^183]. En la misma medida crece la dependencia mutua de la producción polaca y la rusa en su conjunto, y los intereses de círculos cada vez más amplios de la burguesía rusa quedan ligados a la suerte de la industria polaca.

Ciertamente, de esas mismas relaciones entre la burguesía polaca y la rusa nace otro tanto de hostilidad, competencia y rivalidad. Precisamente la división industrial del trabajo, la frontera aduanera común y el mercado común convierten, por otro lado, en adversarios a los más diversos grupos de la burguesía, y a cada solidaridad parcial de intereses le corresponde una oposición de intereses. Como nos han mostrado los ejemplos, la propiedad de la tierra se enfrenta a la industria, la fabricación a la semifabricación, esta a la producción de materias primas, la producción al transporte y, dentro de cada uno de estos grupos, una región a otra, y cada capitalista individual a todos los demás. Pero lo que aquí vemos es una imagen típica de la economía capitalista, tal como florece en todos los países. Es la ley fundamental de esta forma de producción, el *bellum omnium contra omnes*[^t66], la que aquí se expresa, y que nada tiene que ver con las oposiciones y fronteras nacionales; al contrario, borra incesantemente esas oposiciones y fronteras dentro de la clase capitalista. Es cierto que, si la oposición económica de intereses coincide, en el marco de un mismo Estado, con fronteras nacionales, crea a su vez, en determinadas circunstancias, una amplia base para las aspiraciones nacionales. Pero esto solo puede darse en la medida en que las nacionalidades enemigas representen a la vez *formas de producción* distintas y antagónicas por naturaleza; es decir, si, por ejemplo, un país representa la pequeña explotación y el otro la gran industria, uno la economía natural y el otro la economía monetaria. En el caso presente, sin embargo, las cosas son muy distintas, pues Polonia y Rusia han recorrido una evolución *común* de la economía natural a la monetaria y de la pequeña a la gran explotación. Su antagonismo, donde y cuando se manifiesta, no nace de la diversidad, sino precisamente de la homogeneidad de la estructura económica, y presenta los rasgos de todas las *luchas de competencia* capitalistas dentro de un mismo mecanismo económico.

La disputa competitiva entre Lodz y Moscú no es más que un fragmento de esta guerra general. Hinchada en apariencia hasta convertirse en un duelo nacional de Polonia con Rusia en el terreno económico, esta disputa se reduce en el fondo a un ajuste de cuentas entre los barones del fustán de Lodz y los reyes del percal de Moscú. Según la costumbre internacional, los dos bandos capitalistas procuraron, en primer lugar, envolver su trivial objeto de disputa algodonero en un velo nacional ideológico y, en segundo lugar, batir el tambor tan fuerte como si ya les fuera en ello el cuello.

Con todo, en realidad ninguno de los dos bandos representa los intereses de toda la burguesía polaca o rusa —al contrario, ambos tienen numerosos adversarios entre sus propios compatriotas—, ni la lucha de competencia desatada por los mercados interiores es determinante y característica de las relaciones entre los contendientes. A su rivalidad en el mercado interior se contrapone la solidaridad de intereses en toda una serie de otras cuestiones vitales capitalistas.

En el conjunto del desarrollo capitalista de Polonia y de Rusia, que tiende a una vinculación cada vez más estrecha de la producción y el intercambio de ambos países, la disputa algodonera entre Lodz y Moscú desempeña —si uno no se deja engañar por los aspavientos de los empresarios en liza y no pierde de vista la perspectiva más amplia de todo el tablero capitalista— un papel completamente insignificante[^184].

Solo ahora, a partir de esta base material de intereses, puede juzgarse y explicarse la política económica del gobierno ruso. La preocupación principal de Rusia desde los años sesenta es, como es de sobra sabido, la cría del capitalismo. Con este fin se sigue la política de aranceles prohibitivos, se crea en el imperio la atmósfera de invernadero de los precios y ganancias de monopolio, se construyen los medios de transporte más costosos, se conceden subvenciones y primas a capitalistas «necesitados», etc., etc. Desde este punto de vista, el desarrollo del capitalismo en Polonia, igual que en las demás partes del imperio, aparece como realización parcial del propio programa del gobierno, y su retroceso, en cambio, como un obstáculo a este programa. Pero más importantes aún que los propósitos económicos propios del gobierno ruso son aquí las tendencias objetivas de la economía rusa. La burguesía criada por el gobierno desempeña ya en Rusia un papel importante. El gobierno tiene que contar ahora seriamente con sus intereses si quiere imponer también los suyos. Ahora bien, los intereses de la burguesía rusa están —como se ha mostrado— entretejidos de la manera más variada con los de la polaca. No se podría atacar seria y duraderamente a la industria polaca en ningún punto sin lesionar sensiblemente, al mismo tiempo, intereses vitales de tal o cual grupo de la burguesía rusa.

La suposición de que Rusia pretende o podría pretender aniquilar el capitalismo polaco presupone que la política económica rusa podría convertirse exclusivamente en instrumento de los intereses de un puñado de fabricantes de percal moscovitas, lo que descansa en un desconocimiento tanto de la naturaleza de la burguesía como de la de un gobierno capitalista. Dada la fragmentación y el antagonismo de los intereses dentro de la clase capitalista, el gobierno solo puede representar los intereses de esta *en su conjunto*; no puede situarse duraderamente en el punto de vista de uno cualquiera de sus grupos sin verse desalojado de nuevo de ese punto de vista por la oposición de los demás grupos. Tampoco el gobierno ruso —aunque absoluto— es una excepción a esta regla. Porque también en Rusia la burguesía solo es instrumento político del gobierno en la medida en que este es instrumento de los intereses económicos de la burguesía. Si el gobierno absoluto ruso quisiera convertirse en abogado exclusivo de los intereses algodoneros de Moscú y, con ese fin, pisotear los intereses capitalistas polacos y, con ellos, los rusos en su conjunto, no podría evitar provocar contra sí una violenta oposición burguesa en la propia Rusia. El resultado final de semejante política sería, a lo sumo, la aspiración de la burguesía rusa y de la polaca a una forma de gobierno que supiera defender mejor que la actual sus intereses en conjunto. Con ello queda decidida, por este lado, la cuestión del futuro del capitalismo polaco: *aunque el gobierno ruso quisiera perjudicarlo, sus esfuerzos se estrellarían contra la oposición acorazada de la burguesía de Rusia y de Polonia.*

Desde este punto de vista podemos reducir también a su verdadero valor toda la cuestión de las pretendidas persecuciones de la industria polaca. Todas las medidas que suelen aducirse como pruebas de una política económica antipolaca de Rusia tienen *un* rasgo común: todas ellas están dirigidas, en efecto, a apartar a la industria polaca del uso de materias primas extranjeras y a inducirla a abastecerse de las rusas. Así fue con el arancel diferencial sobre el algodón, sobre la hulla y sobre el hierro bruto. Todas las medidas mencionadas se dictaron no en favor de las industrias rusas que compiten con Polonia ni para aniquilar la polaca, sino en favor de la producción rusa de materias primas ligada a esta y para conseguir *una determinada configuración* de la industria polaca. Precisamente los mismos intereses rusos que provocaron las medidas mencionadas serían el mayor obstáculo para una política del gobierno encaminada a socavar la industria polaca.

Pero de esa misma necesidad de satisfacer todos los intereses, tan contradictorios, de los distintos grupos de la burguesía se deriva para el gobierno la necesidad ulterior de moverse en su política económica en un incesante rumbo en zigzag. Todas las leyes del modo de producción capitalista son meras «leyes de gravitación», es decir, leyes que no se imponen en línea recta por el camino más corto, sino, al contrario, mediante continuas desviaciones en direcciones opuestas. En consecuencia, también la política económica general del gobierno, favorable al capitalismo, solo puede realizarse de modo que favorezca más ora a este, ora a aquel grupo capitalista, y por eso mismo relegue temporalmente ora a este, ora a aquel. Los ejemplos de la política rusa de aranceles y de tarifas ferroviarias citados más arriba mostraban crudamente ese rumbo en zigzag del gobierno ruso, que una vez protege la fabricación a costa de la semifabricación, otra, al revés, esta a cuenta de aquella; una vez ampara las minas de carbón frente a las siderurgias, otra las siderurgias a costa de los «intereses carboneros»; ora favorece más a los terratenientes, ora a los industriales. Este carácter de la política económica del gobierno trae consigo que pueda golpear sensiblemente, de forma temporal y en distintas cuestiones parciales, también a tal o cual grupo capitalista *polaco*; esto no solo no está excluido, sino que se sigue precisamente por necesidad del estado de cosas. De este tipo fue, por ejemplo, la tarifa ferroviaria diferencial para el cereal, entre otras. Pero si todos estos fenómenos parciales y temporales se arrancan de su complicado contexto económico y se hinchan hasta convertirlos en un sistema de conspiración económica antipolaca de Rusia, en ello hay una falta total de perspectiva y de visión de conjunto de esta política, del mismo modo que en hinchar las escaramuzas entre el fustán de Lodz y el percal de Moscú hasta convertirlas en un profundo abismo de intereses entre el capitalismo polaco y el ruso hay una falta de visión de conjunto de la comunidad capitalista de intereses. No cabe duda, ciertamente, de que la región de Moscú ha gozado hasta ahora, por delante de todas las demás, de un trato especialmente cariñoso por parte del gobierno, que se ha traducido en dádivas de toda clase. Pero esta política no es más que la expresión concreta del fomento del capitalismo ruso en general, ya que la región central, en la que se concentra casi un tercio de toda la industria del imperio y cerca de dos tercios de la industria textil (en valor), constituye su tronco principal. Ahora bien, los costes de la mencionada preferencia por los moscovitas no los soportan tanto las demás regiones industriales del imperio, a las que, al contrario, en la mayoría de los casos, como por ejemplo en la política aduanera, también beneficia, sino más bien las otras ramas de la economía nacional, sobre todo la agricultura, como lo prueba que la enemistad entre los agrarios rusos y los industriales moscovitas sea mucho más duradera y encarnizada que la existente entre Moscú y Lodz. Por otra parte, arroja una luz interesante sobre la pretendida política «nacional» del gobierno ruso el hecho conocido de que la más mimada y literalmente colmada de favores a costa de la industria metalúrgica esencialmente rusa de los Urales, así como de los intereses industriales de Moscú, sea precisamente la cuenca hullera y siderúrgica del sur, cuya explotación se halla en su mayor parte en manos de extranjeros: capitalistas belgas e ingleses.

Es tan superficial como erróneo atribuir al gobierno ruso una política económica nacional en sentido etnográfico, «gran rusa». Semejante política solo existe en la imaginación de los informadores engañados por las apariencias. En realidad, el gobierno zarista, igual que cualquier otro hoy en día, no hace una política nacional, sino una política de clase; no distingue entre súbditos *polacos* y *rusos*, sino solo entre quienes «fundan» o «poseen» y quienes trabajan[^185].

### 4. Los intereses políticos de Rusia en Polonia

Aunque las relaciones económicas entre Rusia y Polonia tratadas hasta aquí constituyen sin duda el factor principal en la configuración de la política económica de Rusia respecto a Polonia, sería sin embargo unilateral pretender que esta se determina única y exclusivamente por los intereses de la burguesía rusa. El gobierno absoluto de Rusia está, por ahora, en mejor situación que el de cualquier otro país para hacer valer también intereses políticos propios, sus intereses de dominación. Ahora bien, en este aspecto, en virtud de circunstancias históricas, se ha formado entre el gobierno ruso y la burguesía industrial polaca una relación muy peculiar. Es fácil comprender que el interés del absolutismo respecto a Polonia apuntaba ante todo a mantener y consolidar la anexión. Por eso, desde el Congreso de Viena, la atención principal de Rusia se dirigió con tenacidad a sofocar todo vestigio de oposición nacional en Polonia, y en particular a la clase social que actuaba como portadora de la oposición: la nobleza. En este empeño, el absolutismo ruso vio en la burguesía industrial polaca un aliado muy oportuno. Atar Polonia a Rusia mediante intereses materiales y crear el contrapeso a la efervescencia nacional de la nobleza en una clase capitalista nacida ya bajo las alas del águila rusa, que por ninguna tradición del pasado tuviera sentimientos nacionales, pero sí, por los intereses de su futuro, sentimientos serviles: tal era el objetivo de la política rusa, que esta persiguió con su habitual consecuencia de hierro. Hay que reconocerle que no se equivocó en la elección de los medios y que intuyó correctamente la naturaleza de la burguesía polaca. Apenas había brotado la manufactura en Polonia, y apenas había probado la miel de los mercados rusos, cuando ya el empresariado polaco se sintió maduro para la misión histórica de servir de puntal de la anexión rusa en Polonia. Ya en 1826 el ministro de Hacienda polaco Drucki-Lubecki[^t67] fue enviado a San Petersburgo con el muy sumiso ruego de suprimir por completo la frontera aduanera entre Polonia y Rusia, «puesto que ambos países forman un único todo y Polonia pertenece a Rusia»[^186]. En esta declaración se enunciaba ya concisamente todo el programa político de la burguesía polaca: la renuncia completa a la libertad nacional por el plato de lentejas[^t68] de los mercados rusos. Desde entonces el gobierno ruso no dejó nunca de apoyar a la burguesía polaca. Hemos enumerado la larga serie de leyes que se promulgaron desde los años veinte para favorecer la colonización industrial y el desarrollo de la manufactura en Polonia, el «fondo de hierro» para el apoyo a la industria, la fundación del Banco de Polonia, dotado de todos los privilegios imaginables, etc., etc.

Esta política se mantuvo con la mayor energía en la época posterior; todavía en tiempos de Nicolás I[^t69] vemos al gobierno ruso dictar nuevas disposiciones en la misma dirección. No se omitió nada que pudiera transformar la Polonia noble y rebelde en una Polonia capitalista y mansa. Y la burguesía polaca mostró que tenía un corazón agradecido, pues nunca dejó de contrarrestar y traicionar con todas sus fuerzas los impulsos nacionales en Polonia, de lo que da testimonio suficiente, en particular, su vergonzosa actitud en las insurrecciones polacas. El hito más importante en esta dirección de la política rusa fue la supresión de la frontera aduanera ruso-polaca en 1851. Un historiador perfectamente familiarizado con los archivos pertinentes del gobierno ruso y el mejor conocedor de la historia del arancel aduanero ruso, el ruso Lodyzhenski, escribe a este respecto:

«La supresión de la línea aduanera entre el Imperio y el Reino fue provocada principalmente por *motivos de carácter político*. Como es sabido, en los años cuarenta de este siglo comenzó en Europa una efervescencia espiritual de carácter en parte *nacional*, en parte socialista. Esta efervescencia, que se había comunicado también a la población de la Polonia rusa, inquietó hasta cierto punto al gobierno ruso y lo movió a buscar medios para unir *Polonia con Rusia lo más firmemente posible*. Una de las causas principales que impedían el acercamiento de los dos países era su aislamiento económico»[^187]. Así pues, para eliminar ese «aislamiento», para encadenar Polonia a Rusia mediante los intereses materiales de su burguesía, se suprimió la frontera aduanera. El gobierno ruso sigue hoy en el mismo punto de vista y continúa saludando las crecientes ventas polacas en Rusia como la cadena que con más firmeza forja el país anexionado al imperio. Así escribe Mendeléyev en su prefacio al informe oficial sobre la industria rusa para la Exposición Universal de Chicago de 1893: «Los productos de esta y de muchas otras fábricas polacas encuentran un mercado cada vez mayor en toda Rusia. Por la vía de la competición de esta región industrial con la de Moscú se alcanza, por un lado, el objetivo fundamental de la política proteccionista de Rusia y, por otro, aquella asimilación de Polonia con Rusia que corresponde a los propósitos pacíficos del pueblo ruso (léase: del gobierno ruso)»[^188]. El papel especial señalado que desempeña la burguesía polaca frente al gobierno ruso como baluarte de la anexión arroja también luz importante sobre la cuestión principal que nos ocupa, es decir, el futuro del capitalismo polaco. En efecto, hace falta una dosis enorme de ingenuidad para atribuir al gobierno ruso, que se ha impuesto precisamente la tarea de cultivar el capitalismo en Polonia y que para ello ha movido todos los resortes durante más de medio siglo, la intención de querer ahora, de repente, aniquilar ese mismo capitalismo, empujar a la burguesía polaca a la oposición y destruir así deliberadamente la obra de sus propias manos. ¡Y todo ello única y exclusivamente por complacer al empresariado moscovita, a cuyos lamentos y chillidos hizo oídos sordos durante medio siglo! Por desgracia, el gobierno ruso sabe defender mejor sus intereses de dominación. Cuáles son estos intereses respecto a Polonia lo sabemos de boca de su representante: es «la asimilación pacífica» de Polonia con Rusia, es decir, la consolidación de su dominación en Polonia a cualquier precio. Esta declaración se hizo en 1893, es decir, mucho después de que supuestamente hubiera comenzado el pretendido nuevo rumbo de la política rusa.

La mejor confirmación de nuestro punto de vista la ofrece la historia reciente de las relaciones de Rusia con *Finlandia*. Encontramos aquí, a pequeña escala, una repetición exacta de la antigua política rusa en Polonia. Finlandia sigue hasta ahora separada del imperio zarista por una frontera aduanera y practica frente al extranjero una política aduanera propia, y mucho más liberal que la de Rusia. La industria finlandesa disfruta de casi todas las ventajas que ya hicieron florecer a la polaca. Además, los productos finlandeses, sobre todo los de la industria metalúrgica, gracias, entre otras cosas, al arancel más bajo en la frontera ruso-finlandesa que en las demás fronteras rusas, se han introducido en Rusia, donde hacen una dura competencia a la industria nacional. Los empresarios rusos, a quienes esto se les clava como una espina, no dejaron, naturalmente, de montar una acción «muy sumisa» en defensa de la industria «patria» contra los rivales «extranjeros», exactamente igual que en su día contra Polonia. Y el gobierno, bajo su presión, elevó dos veces —en 1885 y en 1897— los aranceles frente a Finlandia, como territorio económicamente extranjero por ser autónomo en materia aduanera.

Ahora bien, si el gobierno ruso hiciera duraderamente de los intereses de tal o cual grupo empresarial la pauta de su política económica respecto a las partes del imperio de otra lengua, tendría que proseguir consecuentemente por este camino hasta separar a Finlandia de Rusia con una muralla china. Pero lo que ocurre en realidad es justo lo contrario. El gobierno ha dispuesto ya para el año 1903 *la supresión total de la frontera aduanera ruso-finlandesa* y la incorporación de Finlandia al territorio aduanero del imperio ruso. La industria «patria» quedará así expuesta a la competencia ilimitada de la «extranjera». Y si esto no ha sucedido ya antes, la culpa no es tampoco de consideraciones hacia los chillidos de algunos propietarios rusos de altos hornos, sino del tratado de comercio con Alemania, por el que el imperio zarista se ha comprometido durante una serie de años. Está claro que la reforma inminente significa el principio del fin de la autonomía finlandesa en el aspecto *político*, aunque se dirija ante todo a destruir su autonomía económica. Tenemos aquí de nuevo ante nosotros una muestra de la política general del zarismo, que pasa por encima de todos los intereses parciales para, por un lado, nivelar espiritualmente las distintas partes del imperio mediante el sistema de rusificación y, por otro, dar a la unidad del imperio, soldándolas económicamente, una sólida estructura material y comprimir el conjunto en las tenazas de hierro de la autocracia: una política que ya hemos conocido en Polonia.

Ciertamente, no todo en el mundo sucede según los deseos de los gobernantes. Al incorporar económicamente Polonia al imperio y cultivar el capitalismo como «antídoto» de la oposición nacional, el gobierno ruso cría precisamente con ello en Polonia una nueva clase social —el proletariado industrial—, una clase a la que toda su situación empuja a convertirse en seria adversaria del régimen absoluto. Y aunque la oposición del proletariado no pueda tener un carácter nacional, en determinadas circunstancias puede resultar tanto más eficaz, ya que responderá lógicamente a la solidaridad, tan deseada por el gobierno, de la burguesía polaca y la rusa con una solidaridad política del proletariado polaco y el ruso[^189]. Pero estas consecuencias ulteriores de su política no pueden apartar al gobierno ruso de su camino actual; por ahora, en el desarrollo capitalista de Polonia solo ve la clase de la burguesía. Por eso, mientras Rusia procure mantener su dominación sobre Polonia, el florecimiento industrial de Polonia figurará también en el programa del gobierno. Quienes esperan, pues, una política del gobierno encaminada al aislamiento económico de Polonia toman por fenómenos del futuro lo que pertenece al pasado, y su conocimiento insuficiente de la historia pasada por una visión más profunda de la futura.

### 5. Los intereses económicos de Rusia en Oriente

De enorme importancia para la cuestión que tratamos es, por último, la nueva orientación que se ha manifestado en los últimos diez años en la política económica rusa respecto al extranjero. Hasta entonces, en efecto, la aspiración de Rusia era satisfacer con producción propia sus necesidades de manufacturas y materias primas y emanciparse de la importación exterior. Hoy sus aspiraciones van más allá: hoy quiere ya aventurarse en el mercado mundial e incluso plantar cara a las demás naciones capitalistas en suelo ajeno. Ciertamente, esta tendencia no procede de la propia burguesía rusa; el peculiar desarrollo económico-político de Rusia ha traído consigo que aquí la política tome a menudo, en su propio interés, la iniciativa del progreso económico. Mientras que en la mayoría de los Estados capitalistas es la industria la que, a medida que se le quedan estrechos los límites del mercado interior, empuja al gobierno a adquirir nuevos mercados mediante conquistas o tratados, en Rusia, a la inversa, la política zarista ve en la exportación industrial un medio para someter primero a dependencia económica de Rusia a los países de Asia elegidos como botín político. Por eso, mientras los industriales rusos, en su mayor parte, no mueven un dedo por conquistar un lugar en el mercado mundial, el gobierno los espolea sin cesar en esa dirección. Se pone todo en marcha para inculcar a los fabricantes actividad y ganas de exportar: exhortaciones, llamamientos, expediciones para explorar nuevos mercados, la construcción de ferrocarriles colosales como el siberiano y el de China oriental, la devolución de aranceles e impuestos al exportar mercancías[^190] y, por último, primas directas con este fin. Los países que entran aquí en consideración en primer lugar son: China, Persia, Asia central y los Estados balcánicos. En 1892 se envió a *Mongolia*, bajo la dirección del profesor Pozdnéyev[^t70], una expedición que debía servir tanto a fines científicos como comerciales. Ya antes los rusos habían introducido allí la posta de caballos, que también explotan ellos. Al año siguiente se envió a *Persia*, para estudiar las condiciones comerciales del país, al funcionario del Ministerio de Hacienda Tomara y, lo que es especialmente importante, se emprendió, para apoyar el comercio ruso, la reconstrucción del puerto persa de Enzelí[^t71]. Ese mismo año el Ministerio de Hacienda elaboró un proyecto para mejorar las vías de comunicación desde la frontera rusa hasta Teherán, Tabriz y Mashhad y fundar una institución rusa de crédito en Persia. Para monopolizar en favor de sus propios comerciantes el mercado de Siberia oriental y desalojar a los ingleses, Rusia decidió en 1896 suprimir el puerto franco en el río Amur y en el puerto de Vladivostok, que se extendía a todos los productos salvo los gravados en Rusia con impuesto especial. Pero la medida más importante con la que el gobierno esperaba echar una mano al comercio ruso en Asia central fue la costosa construcción del ferrocarril Transcaspiano[^t72]. No menos atención, o, mejor dicho, mucha más aún, dedica Rusia a China. Hasta hace poco, los negocios comerciales de China con el extranjero los llevaban los bancos alemanes, franceses y algunos ingleses[^191]. Por eso el gobierno ruso se apresuró en 1896 a fundar un banco ruso en Shanghái[^t73]. «…Una tarea del banco —escribía entonces el órgano del Ministerio de Hacienda ruso— es consolidar la influencia económica de Rusia en China y crear con ello un contrapeso a la influencia de otras naciones europeas. Desde este punto de vista parece especialmente importante que el banco procure acercarse lo más posible al gobierno chino, que recaude los impuestos en China, emprenda operaciones que lo pongan en contacto con el fisco chino, pague los intereses de la deuda pública china, etc.»[^192]. Las demás medidas de Rusia, como la construcción del ferrocarril de China oriental, etc., son de sobra conocidas.

El resultado de estos esfuerzos hasta la fecha ha sido estudiado oficialmente hace poco y ha resultado equivaler casi a un fiasco total. En todos los países a los que el gobierno quería dirigirlas, las ventas rusas tenían que hacer frente a la seria competencia de la industria alemana, de la francesa y, sobre todo, de la inglesa, y el empresariado ruso no se ha mostrado ni de lejos a la altura de ese papel. Incluso en su propio territorio, en Siberia oriental, Rusia no fue capaz de sostener el equilibrio frente a las demás naciones mientras tuvo que afrontar la libre competencia con ellas. La importación en el principal puerto siberiano, Vladivostok, fue

| | de Rusia (en miles de rublos) | del extranjero (en miles de rublos) |
|---|---|---|
| 1887 | 2 016 | 3 725 |
| 1888 | 2 121 | 3 763 |
| 1889 | 2 385 | 3 325[^193] |

Un resultado de esta situación fue también la mencionada decisión de Rusia de incorporar Siberia oriental al territorio aduanero del imperio.

La exportación rusa a *China* es igualmente poco digna de mención en comparación con la de otras naciones. En una importación total de casi 330 millones de rublos, Rusia participa aquí con solo unos 4,5 millones:

| | 1891 | 1892 | 1893 | 1894 |
|---|---|---|---|---|
| en miles de rublos | 4 896 | 4 782 | 4 087 | 4 488[^194] |

Un cuadro semejante han ofrecido también las investigaciones sobre el comercio con *Asia central*. El ferrocarril Transcaspiano construido por Rusia, en el que se habían puesto tan grandes esperanzas, resultó ser realmente una excelente vía comercial . . . para los ingleses, que ahora han obtenido la posibilidad de eludir el elevado arancel de tránsito de Afganistán. La exportación rusa a Transcaspia, Jiva, Bujará y el Turquestán, tras un breve auge, ha empezado de nuevo a disminuir en los últimos años. De los artículos registrados más importantes se transportaron:

| en miles de puds | 1888 | 1889 | 1890 | 1891 | 1892 | 1893 |
|---|---|---|---|---|---|---|
| En total | 1 141 | 1 296 | 1 685 | 2 922 | 2 102 | 1 854 |
| de ellos, productos de la ind. textil | 201 | 245 | 541 | 671 | 397 | 538 |
| Azúcar | 422 | 457 | 531 | 1 048 | 516 | 150[^195] |

En cambio, la importación inglesa desde la India ha crecido rápidamente en el mismo periodo gracias al ferrocarril ruso, como han hecho constar fuentes oficiales rusas. Bujará, por ejemplo, recibió de las 4 estaciones principales de esta línea:

| en puds | 1888 | 1889 | 1890 | 1891 | 1892[^196] | 1893 | total |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| de productos rusos | 572 | 1 176 | 1 863 | 923 | 267 | 244 | 5 045 |
| de productos ingleses | 1 160 | 4 209 | 8 516 | 12 761 | 4 443 | 16 154 | 47 243[^197] |

La exportación de Rusia a *Afganistán* no está en mejor situación. La importación de productos de la industria textil rusa fue aquí de

| | | |
|---|---|---|
| 1888-1890 | (25 meses) | 163 245 puds |
| 1893 | (12 meses) | 10 000 puds[^198] |

es decir, aproximadamente ocho veces menos por año.

Donde relativamente mejor le va al comercio ruso es *en Persia*. Los productos rusos de algodón representan ya cerca del 30 % del consumo persa, y su importación asciende

| | | |
|---|---|---|
| 1887-1890 | anualmente a | 48 000 puds |
| 1891-1894 | anualmente a | 73 000 puds[^199] |

En las provincias septentrionales de Gilán y Mazandarán, la industria textil rusa casi ha desplazado a la inglesa; pero en el conjunto de la importación persa Rusia desempeña por ahora —según testimonio oficial— un papel muy reducido. Y ello aunque la industria rusa se encuentra aquí en la situación más favorable, ya que los persas y armenios residentes en el Cáucaso, que comercian por cuenta propia, le sirven de intermediarios idóneos, mientras que los comerciantes de otras naciones tienen que recurrir a negocios a comisión, y eso solo en las ciudades mayores de Persia.

El cuadro de conjunto de la exportación de Rusia a sus principales mercados asiáticos es el siguiente:

| 1894 | Total | Alimentos | Manufacturas | Materias primas y semimanufacturas |
|---|---|---|---|---|
| a Persia | 12 mill. de r. | 7,5 mill. de r. | 3,5 mill. de r. | — |
| a China | 4,5 mill. de r. | 0,1 mill. de r. | 3,4 mill. de r. | 0,7 mill. de r. |
| a Asia central | 3,8 mill. de r. | 1,7 mill. de r. | 0,4 mill. de r. | 0,9 mill. de r.[^200] |

Como se ve, el programa del gobierno ruso en Asia está en conjunto todavía muy lejos de realizarse, y el resultado obtenido no corresponde en modo alguno al esfuerzo realizado en esta dirección. Sería, sin embargo, un error atribuirlo solo al atraso técnico de la industria rusa. Ciertamente, en este aspecto Rusia va a la zaga de otros Estados industriales en toda una serie de ramas importantes —como la industria metalúrgica, la lanera, etc.—, y para poder emprender con éxito la lucha de competencia en el mercado mundial tendría que perfeccionar sin falta sus métodos de producción. Pero a ello se suma otro factor no menos importante, que es el que principalmente ha frustrado hasta ahora los planes del gobierno en Asia. Pues también allí donde la industria rusa —como en la fabricación de las clases inferiores de tejidos de algodón—, según los testimonios competentes de algunos investigadores[^201] e incluso de los cónsules británicos en Persia, bien podría imponerse a la inglesa, los industriales rusos no han llegado hasta ahora muy lejos, y la causa de ello es todo el hábito del empresariado ruso, y en especial del moscovita, tal como se ha formado como consecuencia de la prolongada política aduanera prohibicionista de Rusia. Mimado por el gobierno con dádivas y favores de toda clase, malacostumbrado por enormes ganancias de monopolio, malacostumbrado además por un mercado interior colosal y por la inmunidad frente a la competencia exterior, el empresariado moscovita no siente en absoluto ni ganas ni necesidad de exponerse a la intemperie del mercado mundial y de contentarse con ganancias corrientes. Es, por así decirlo, la hipertrofia de la ganancia lo que hace a los moscovitas tan torpes y apáticos en la búsqueda de nuevas salidas, hasta el punto de que en el comercio exterior no ven, a lo sumo, más que el medio de embolsarse elevadas primas a la exportación o de obtener ganancias especulativas de una sola vez mediante suministros fraudulentos de mercancías y los más burdos engaños en el peso, la medida y la clase de la mercancía. Si no se vislumbra ni lo uno ni lo otro, el fabricante moscovita responde a los pedidos que puedan llegarle de fuera con un silencio obstinado.

Este modo de comerciar se pone claramente de manifiesto en las relaciones con Asia. Así, por ejemplo, el percal ruso importado en masa a Bujará y Jiva en 1890 y 1891 estaba fabricado de tal manera que los musulmanes pudieron emplearlo mucho menos para vestirse que para teñir los huevos de Año Nuevo. En los años siguientes la población se volvió, naturalmente, de nuevo hacia los productos ingleses, y esta es la causa que, más aún que la epidemia de cólera y la mala cosecha, provocó la brusca caída de la importación rusa en Asia central en los años 1892 y 1893[^202]. No menos significativa es la historia del comercio del azúcar con Asia. Mientras al exportar el azúcar se devolvió el impuesto especial, su exportación a Persia y Bujará aumentó rápidamente; cuando se suspendió la devolución, el negocio les pareció ya inútil a los rusos y la exportación cayó de golpe de 1 047 996 puds en 1891 a 516 021 puds en 1892 y a 150 128 en 1893[^203]. Otra faceta interesante del espíritu comercial de los moscovitas se revela en su comercio con Siberia, donde son capaces de enviar primero viajantes con muestrarios para conseguir pedidos y negarse después a servir esos pedidos conforme a sus propias muestras[^204]. Por último, la diligencia de los moscovitas se pone de manifiesto de la forma más estridente en su trato con China, pues, solicitados desde allí con ruegos para entablar relaciones comerciales, rechazan esa pretensión con su silencio[^205].

Tras un examen detenido de los resultados del comercio asiático de Rusia, el órgano del Ministerio de Hacienda llega también a la conclusión siguiente: «Los rasgos característicos de la raza eslava (aquí quiere decir: rusa), poco comercial, y la absoluta apatía e indolencia del empresariado moscovita se expresan tan crudamente como por completo en nuestro comercio con Asia central»[^206]. Casi con las mismas palabras formulan también otros periódicos de diversas tendencias —*Nóvosti*, *Nóvoie Vremia*, *St. Petersburger Nachrichten*[^t74], etc.— las causas del fracaso de las ventas rusas en Oriente[^207]. Y recientemente vuelve el órgano del Ministerio de Hacienda sobre el mismo tema: «Solo Persia —escribe en enero de 1897— puede considerarse mercado para los productos de nuestra industria algodonera; los intentos de conquistar para nosotros los mercados chino y centroasiático no pueden considerarse logrados hasta ahora, y de ello tiene en parte la culpa la incapacidad de adaptarnos a las exigencias y costumbres de los compradores, pero sobre todo la circunstancia de que nuestros empresarios están todavía demasiado a gusto en casa para querer preocuparse por mercados exteriores»[^208].

Así, toda la naturaleza del empresariado moscovita, y en especial su empeño por mantenerse en una posición privilegiada tras toda clase de murallas chinas artificiales, aparece como incompatible con la tendencia actual de la política exterior rusa y directamente contraria a ella. Está claro que el remedio más eficaz contra toda la indolencia de Moscú y sus prácticas comerciales, así como contra su atraso técnico, sería el paso de Rusia a una política aduanera más liberal, que arrancara a la región de Moscú de la atmósfera de invernadero del monopolio y la expusiera en su propio país a la competencia extranjera. Tampoco nos parece que quepa duda de que, por un lado, los intereses del absolutismo en Asia y, por otro, la expansión de la agricultura capitalista y los intereses de la propiedad de la tierra empujarán a Rusia, tarde o temprano, por el camino de una política aduanera más moderada. Pero, sobre todo, solo se puede poner remedio por una vía: agudizando la competencia *dentro* de las fronteras aduaneras rusas, es decir, entregando sin contemplaciones a Moscú a la competencia ilimitada de las regiones industriales avanzadas: Polonia y San Petersburgo. También la parte más influyente de la prensa rusa, como *Nóvoie Vremia*, ha subrayado expresamente estos puntos de vista a propósito de los debates sobre los intereses del imperio zarista en Asia[^209]. Que el gobierno, por su parte, se dispone ahora efectivamente a acabar con la rutina económica de Moscú y a empujar a los moscovitas por el camino de una técnica moderna de producción y de comercio lo demuestra mejor que nada la reciente ley sobre la jornada máxima de trabajo, que supone la ruptura más brusca con el modo de producción seguido hasta ahora en Moscú, a la vez que aparece como realización del proyecto *polaco* de 1892.

En la misma medida en que el conservadurismo económico de Moscú es un freno para la política actual de Rusia, y lo es cada día más, la industria polaca aparece una vez más como aliada del zarismo. Al comparar las condiciones de competencia de la producción polaca con las de la Rusia central hemos mostrado cuán por encima de Moscú está Polonia en el aspecto técnico. Ya solo por esta razón, como la región industrial más avanzada de Rusia, como la que con su competencia espolea sin cesar a las demás, y en particular a la de Moscú, a introducir mejoras técnicas, la Polonia capitalista realiza el programa más reciente del gobierno ruso. Pero también directamente, en la apertura de los mercados asiáticos, los industriales polacos van por delante de los rusos. Hemos visto con qué seriedad y a fondo se preparan para esta tarea. Sin esperar el llamamiento del gobierno, toman ellos mismos la iniciativa y entablan por su cuenta relaciones comerciales con el extranjero.

En el único país donde el comercio ruso prospera relativamente —en Persia—, los productos de la industria textil polaca constituyen casi la mitad de toda la importación correspondiente procedente de Rusia: cerca del 40 % de la importación por la estación de enlace más importante, Bakú[^210]. A los polacos les corresponde también en algunos aspectos la iniciativa de las relaciones comerciales con Persia: ya en 1887, es decir, antes incluso de que el gobierno hubiera dirigido su atención a este país, se disponían a abrir en Teherán una agencia comercial y un depósito de mercancías propios[^211]. Lodz utilizó además enseguida el ferrocarril Transcaspiano para penetrar con sus mercancías en Asia central junto a San Petersburgo y Moscú[^212]. La región de Varsovia es la que abastece de artículos de vidrio, loza y porcelana a las capas superiores de la población inmigrada en Bujará y el Turquestán, mientras que los productos moscovitas de menor calidad solo los compran los indígenas más pobres[^213]. Lodz es hasta ahora la única región industrial del imperio cuyos productos textiles han entrado en Constantinopla y en los países balcánicos[^214]. Ya en 1887 Polonia entabló relaciones comerciales con Rumanía y Bulgaria[^215]. Recientemente Lodz ha empezado a enviar sus productos de algodón directamente a Sofía[^216]. Más aún: la burguesía polaca querría, aprovechando la línea del ferrocarril siberiano, convertir Varsovia en el centro de la nueva gran ruta comercial euroasiática[^217]. «El fabricante británico —escribe el cónsul inglés en Varsovia— puede prepararse para encontrar en ellos (los empresarios polacos) rivales formidables en los mercados de Oriente»[^218].

De este modo, el capitalismo polaco hace directamente el juego en Asia a la política zarista.

Del comportamiento tan diametralmente opuesto de Moscú y de Polonia ante los objetivos fijados por la política rusa se sigue también una corriente fundamentalmente distinta de la opinión pública respecto a ambas regiones. Se fortalece cada vez más el partido del librecambio interior, del progreso técnico, el partido que se opone a la tutela y protección estatal de la industria atrasada, por lo que mira también con simpatía a la región polaca, y cada vez más aislado queda el empresariado moscovita con su fe ancestral en la santísima trinidad: garantías, primas, subvenciones. El estado de ánimo hostil a Moscú se expresó con claridad con motivo de una solicitud presentada por ella en la feria de Nizhni Nóvgorod de 1893 para que se gravara con un impuesto a los viajantes de comercio polacos. Así leemos en *Nóvosti*: «Durante esa misma feria . . . los mismos representantes del proteccionismo práctico redactaron y presentaron al ministro de Hacienda una petición sobre un impuesto especial a los viajantes de comercio de las fábricas de Lodz, con la intención no disimulada de librar a la región industrial de Moscú de la competencia de Lodz. Según el sentido común, los fabricantes moscovitas, en interés de la industria rusa y de los consumidores rusos, no tendrían más que seguir el excelente ejemplo de los fabricantes de Lodz y emplear viajantes, acercar el productor al consumidor y abaratar y facilitar así la venta de sus propios productos. Pero ni siquiera tanto espíritu de empresa cabe en los usos y costumbres de estos prácticos mimados por el proteccionismo; prefieren jugar diversas malas pasadas a sus competidores . . .»[^219]. Y, para terminar, todavía una cita característica del órgano oficial del gobierno, el *Diario de Varsovia*[^t75], sobre las tareas generales de la política industrial exterior de Rusia: «Precisamente con la apertura de estos nuevos mercados en Asia central y en Persia contamos para la prosperidad de nuestra industria, y repetimos que es muy lamentable que la parte del león de las ganancias vaya al extranjero, mientras que para nuestros pobres obreros (!) solo quedan las migajas. Nuestro comercio con Asia central y con Persia no ha echado aún raíces profundas, y los representantes del comercio ruso tendrán que conseguir todavía más de una victoria sobre la competencia inglesa para conquistar esos mercados para Rusia. *Ante el enemigo común, los empresarios moscovitas y polacos deberían unir sus fuerzas para perseguir juntos el mismo objetivo* . . . . . . *El objetivo principal de Rusia en los mercados asiáticos es en este momento la exclusión de las mercancías inglesas. Sería una cuestión secundaria cuál de las regiones industriales del imperio contribuye más a alcanzar este objetivo*, con tal de que las ganancias de la industria a orillas del Vístula beneficiaran exclusivamente a la población nativa y no sirvieran, como ocurre, para aumentar los capitales de empresarios, empleados y obreros alemanes. Si esa industria se hallara en manos de *rusos o polacos*, seríamos mucho más fuertes en nuestra lucha con Inglaterra y nuestra supremacía en Asia central estaría asegurada»[^220].

Naturalmente, el órgano del gobierno no deja de asestar de paso un golpe a los industriales alemanes, que tienen una fuerte presencia en la industria polaca; los acusa de no tener en cuenta los intereses del Estado ruso, de ocuparse exclusiva y egoístamente de sus propios intereses de bolsillo «alemanes», etc. Pero en lo principal encontramos aquí expresada con acierto la situación real del momento tal como la entiende el gobierno ruso: ante las tareas que se avecinan en el mercado mundial, las rivalidades internas entre el empresariado polaco y el ruso pasan por completo a segundo plano. En la medida en que existe desunión entre ellos, se carga la culpa sobre el elemento *alemán*, igualmente odioso, como hemos visto, para la burguesía polaca. La industria *polaca* en sí, su desarrollo, su prosperidad, aparecen aquí, desde un nuevo punto de vista, como algo que redunda directamente en interés del gobierno zarista: después de haber servido en Polonia para consolidar a posteriori la conquista rusa, el zarismo le asigna ahora el halagüeño papel de servir en Asia de precursora de sus futuros apetitos de conquista. Más aún: Polonia desempeña ahora, como hemos visto, el primer papel en la realización de estas sublimes tareas, mientras que la estrella de Moscú, es decir, de la política económica específicamente moscovita, declina lentamente hacia su ocaso. La nueva ley rusa sobre la jornada máxima de trabajo significa que los hermosos días de Aranjuez[^t76] —los días de la acumulación capitalista primitiva— pronto habrán pasado también en el imperio ruso.

## Conclusión

Nuestra tarea ha terminado. Creemos poder sacar de lo expuesto la conclusión de que todos los temores por el futuro de la industria polaca —al menos en la medida en que se refieren al peligro que amenaza por parte del gobierno ruso— carecen de todo fundamento y no son otra cosa que un calco acrítico y superficial de la riña doméstica entre el empresariado de Lodz y el de Moscú. Si se mira más hondo en las relaciones, hay que llegar a la conclusión de que a Polonia no solo no le espera en el aspecto económico ningún aislamiento respecto de Rusia, sino que, por el contrario, las tendencias que se derivan de la propia naturaleza interna general de la gran producción capitalista la encadenan económicamente a Rusia con más fuerza cada año. Es una ley inmanente del modo de producción capitalista que tiende a vincular materialmente poco a poco entre sí los lugares más alejados, a hacerlos económicamente dependientes unos de otros y, finalmente, a transformar el mundo entero en un único mecanismo de producción sólidamente ensamblado. Esta tendencia actúa con más fuerza, naturalmente, dentro de un mismo Estado, dentro de las mismas fronteras políticas y aduaneras. El desarrollo capitalista de Polonia y de Rusia dio idénticos resultados. Mientras ambos países fueron países predominantemente agrícolas, y además de economía natural, es decir, hasta los años sesenta, permanecieron económicamente ajenos el uno al otro y constituyeron cada uno de por sí un todo cerrado con intereses económicos particulares. Pero desde que la producción fabril comenzó aquí y allá en mayor escala, desde que la economía natural dejó paso a la economía monetaria, desde que la industria se convirtió en un factor decisivo de la vida social de ambos países, va desapareciendo también cada vez más el aislamiento de su existencia material. El intercambio y la división del trabajo tendieron mil hilos entre Rusia y Polonia, y los múltiples intereses económicos se engranaron de tal modo que la economía polaca y la rusa ya no forman hoy más que *un* complicado mecanismo.

El proceso descrito se refleja de muy distinta manera en la consciencia de los distintos factores de la vida pública polaca. El gobierno ruso ve en él un instrumento de sus planes de dominación y cree haber entregado con ello Polonia para siempre a merced de su poder y haber fundado un reino milenario del despotismo. La burguesía polaca ve en él un fundamento de su propia dominación de clase en el país y una fuente inagotable de enriquecimiento; se mece en los más dulces sueños de futuro al pensar en Asia y cree poder construir sobre ello un reino milenario del capital. Los distintos elementos nacionalistas de la sociedad polaca, por último, conciben todo el proceso social como una única gran desgracia nacional, que destroza sin piedad sus esperanzas de reconstruir un Estado polaco independiente. Intuyen instintivamente el poder de los lazos económicos que el capitalismo ha creado entre Polonia y Rusia y, sin poder detener en la realidad el fatal proceso, al menos lo hacen retroceder en su propia imaginación, aferrándose desesperadamente a cualquier apariencia y esperando del propio gobierno ruso que aniquile con sus propias manos el odiado desarrollo capitalista de Polonia y vuelva a preparar así el terreno al nacionalismo.

Creemos que el gobierno ruso, la burguesía polaca y los nacionalistas polacos están ciegos en igual medida, y que el proceso capitalista de fusión entre Polonia y Rusia tiene además un importante aspecto dialéctico que todos ellos pasan por alto por completo. Este proceso engendra, en efecto, de su propio seno el momento en que los intereses del desarrollo del capitalismo en Rusia entrarán en contradicción con la forma absoluta de gobierno y en que la dominación zarista perecerá por su propia obra. Tarde o temprano tiene que sonar la hora en que esa misma burguesía polaca y rusa, hoy tan mimada por el gobierno zarista, se harte de su abogado político —el absolutismo— y dé jaque mate al rey. Pero, además, el proceso capitalista avanza con prisa incontenible hacia el momento en que el desarrollo de las fuerzas productivas resultará también en el imperio ruso incompatible con la dominación del capital y en que en lugar de la economía mercantil privada aparecerá un nuevo orden social sobre la base de una producción cooperativa planificada. La burguesía polaca y la rusa aceleran ese momento con fuerzas unidas, pues no pueden dar un paso adelante sin aumentar también las filas de la clase obrera polaca y rusa y empujarlas hacia delante. La fusión capitalista de Polonia y Rusia produce como resultado final lo que el gobierno ruso, la burguesía polaca y los nacionalistas polacos pasan por alto en igual medida: la unión del proletariado polaco y el ruso como futuro síndico en la quiebra, primero, de la dominación zarista rusa y, después, de la dominación polaco-rusa del capital.

El presente trabajo, junto con el prólogo y la conclusión, sirvió a la autora como tesis doctoral con la misma extensión y con idéntico texto. Ello puede explicar también el tono académico que mantiene en algunos pasajes y el predominio del aspecto estadístico-económico sobre el político de la cuestión.

## Bibliografía utilizada

En lengua polaca:

- *F. Rodecki*, Geographisch-statistisches Bild des Königreichs Polen, Varsovia 1830.
- *O. Flatt*, Geographisch-statistische Beschreibung der Stadt Lodz, Varsovia 1853.
- Dr. *T. Rutowski*, Zur Frage der Landesindustrie, Cracovia 1883.
- *W. Zalenski*, Vergleichende Statistik des Königreichs Polen, Varsovia 1876.
- *J. Bloch*, Die Fabrikindustrie des Königreichs Polen 1871—1880, Varsovia 1884.
- *Landwirtschaftliche Encyklopädie*, Varsovia, t. I 1890, t. II 1891, t. III 1894.
- *J. Bloch*, Der Grundbesitz und dessen Verschuldung, Varsovia 1890.
- *J. Bloch*, Der Ameliorationskredit und die Lage der Landwirtschaft, Varsovia 1892.
- *J. Bloch*, Die bäuerliche Bank und die Parzellation, Varsovia, 1895.
- *L. Gorski*, Unsere Fehler in der Landwirtschaft, Varsovia 1874.
- Dr. *J. Banzemer*, Ein Bild der Industrie in unserem Lande, Varsovia 1886.

Publicaciones periódicas:

- Revista mensual «Ateneum», Varsovia.
- Semanario «Przeglad Tygodniowy» (Revista semanal), Varsovia.
- Semanario «Kraj» (El País), San Petersburgo.
- Semanario «Prawda» (La Verdad), Varsovia.
- Periódico «Gazeta Handlowa» (Gaceta Comercial), Varsovia.
- Periódico «Gazeta Polska» (Gaceta Polaca), Varsovia.
- Periódico «Kurjer Warszawski» (El Correo de Varsovia), Varsovia.

En lengua rusa:

- *M. Zawielejsky*, Statistik des Königreichs Polen, San Petersburgo 1842.
- *J. Posnansky*, Produktivkräfte des Königreichs Polen, San Petersburgo 1880.
- *K. Lodyschensky*, Geschichte des russischen Zolltarifs, San Petersburgo 1886.
- Geschichtlich-statistische Rundschau der Industrie Rufslands. (Dirigida por D. A. Timirazew.) 2 tomos. San Petersburgo 1883.
- *J. J. Janschul*, Umrifs der historischen Entwicklung der Industrie im Königreich Polen, Moscú 1887.
- *Die Fabrikindustrie und der Handel Rufslands.* (Informe para la Exposición Universal de Chicago.) Publicado por el Departamento de Comercio del Ministerio de Hacienda. San Petersburgo 1893.
- *Die Land- und Forstwirtschaft Rufslands* (Informe para la Exposición Universal de Chicago). Publicado por el Departamento de Agricultura del Ministerio de Dominios del Estado. San Petersburgo 1893.
- *Der Bergbau Rufslands* (Informe para la Exposición Universal de Chicago). Publicado por el Departamento de Minas del Ministerio de Dominios del Estado. San Petersburgo 1893.
- *G. Simonenko*, Vergleichende Statistik des Königreichs Polen, Varsovia 1879.
- *Gesuche der Kaiserlichen Freien Ökonomischen Gesellschaft* betr. Revision des russischen Zolltarifs, San Petersburgo 1890.
- *P. A. Orlow*, Register der Fabriken des europäischen Rufslands, inbegriffen das Königreich Polen und das Grofsherzogtum Finnland, San Petersburgo 1881.
- *Materialien zur Handels- und Industrie-Statistik Rufslands*, Data über die Fabrikindustrie in Rufsland für die Jahre 1885—1887. Publicado por el Departamento de Comercio del Ministerio de Hacienda, San Petersburgo 1889.
- *Materialien* etc., para el año 1888. San Petersburgo 1891.
- *Materialien* etc., para el año 1889. San Petersburgo 1891.
- *Materialien* etc., para el año 1890. San Petersburgo 1893.
- *Materialien* etc., para el año 1891. San Petersburgo 1894.
- *Materialien* etc., para el año 1892. San Petersburgo 1895.
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- A. S., Der Kampf zwischen Moskau und Lodz, San Petersburgo 1889.
- *Materialien zur Statistik der Dampfmotore im russischen Reiche.* Publicado por el Comité Central de Estadística, San Petersburgo 1888.
- *W. Swiatlowsky*, Der Fabrikarbeiter, Varsovia 1889.
- *Die Produktivkräfte Rufslands.* Publicado por el Ministerio de Hacienda (para la Exposición Industrial Nacional de Nizhni Nóvgorod), San Petersburgo 1896.
- *S. Scharapow*, Gesammelte Schriften, San Petersburgo 1892.
- *Bericht des Fabrikinspektors* für den Moskauer Rayon J. J. Janschul, San Petersburgo 1884.
- *J. J. Janschul*, Der Fabrikarbeiter in Mittelrufsland und im Königreich Polen. Revista mensual «Europäischer Bote», t. I, cuaderno de febrero de 1888, San Petersburgo.
- *Bericht des Fabrikinspektors* für den Petersburger Rayon K. W. Dawydow, San Petersburgo 1886.
- *Bericht des Fabrikinspektors* für den Rayon Wladimir, Dr. Peskow, San Petersburgo 1886.
- *Memorandum des Warschauer Börsenkomitees* über die Eisenbahntarife für Getreide. — No se halla en el comercio.
- *N. P. Jasnopolsky*, Die geographische Verteilung der Staatseinnahmen in Rufsland, Kiev 1890.
- *Sibirien und die grofse sibirische Eisenbahn* (Informe para la Exposición Universal de Chicago). Publicado por el Departamento de Comercio del Ministerio de Hacienda, San Petersburgo 1893.
- *R. Michajlow*, Die Untersuchung der Naphthareste. «Mitteilungen der Technologischen Gesellschaft», San Petersburgo, n.º 1, enero de 1898.
- *E. M. Dementjew*, Die Fabrik, was sie der Bevölkerung giebt und was sie ihr kostet, Moscú 1893.

Publicaciones periódicas:

- Revista bimestral «Arbeiten der Kaiserlichen Freien Ökonomischen Gesellschaft», San Petersburgo.
- Semanario «Der Bote der Finanz, der Industrie und des Handels» (órgano del Ministerio de Hacienda), San Petersburgo.
- Periódico «Novosti» (Noticias), San Petersburgo.
- Periódico «Nowoje Wremja» (Tiempo Nuevo), San Petersburgo.
- Periódico «Sibir’» (Siberia), San Petersburgo.
- Periódico «St. Petersburger Nachrichten», San Petersburgo.
- Periódico «Handels- und Industriezeitung», San Petersburgo.

En otras lenguas:

- *Blue Book*: Royal Commission on Labour, Foreign Reports, Vol. X, Russia, Londres 1894.
- *Th. Brassey*, Work and Wages, Londres 1872.
- *Foreign Office. Annual Series.* Diplomatic und Consular Reports: On the Trade of the Kingdom of Poland No. 128, Londres 1887.
- *Foreign Office. Annual Series.* Diplomatic und Consular Reports: On the Trade of Warsaw No. 321, 1888.
- *Foreign Office. Annual Series.* Diplomatic und Consular Reports: On the Trade of Poland No. 1286, 1893.
- *Foreign Office. Annual Series.* Diplomatic und Consular Reports: On the Trade of the District of the Consulate-General at Warsaw, No. 863, 1891.
- *Foreign Office. Annual Series.* Diplomatic und Consular Reports: On the Trade of the District of the Consulate-General at Warsaw, No. 1183, 1893.
- *Foreign Office. Annual Series.* Diplomatic und Consular Reports: On the Trade of the District of the Consulate-General at Warsaw, No. 1449, 1894.
- *Foreign Office. Annual Series.* Diplomatic und Consular Reports: On the Trade of the District of the Consulate-General at Warsaw, No. 1535, 1895.
- *Foreign Office. Miscellaneous Series Reports*: On the Peasantry and Peasant Holdings in Poland No. 355, 1895.
- *Foreign Office. Miscellaneous Series Reports*: On the Position of Landed Proprietors in Poland No. 347, 1895.
- *Schulze-Gävernitz*, Der Nationalismus in Rufsland und seine wirtschaftlichen Träger. «Preufsische Jahrbücher», t. 75, enero-marzo de 1894.
- S. G., Die industrielle Politik Rufslands in dessen polnischen Provinzen. «Neue Zeit», Stuttgart, 1893/94, t. II, n.º 51.
- *Karl Marx*, Das Kapital, Kritik der politischen Oekonomie, Hamburgo 1894. t. III.
- *L. Brentano*, Über das Verhältnis von Arbeitslohn und Arbeitszeit zur Arbeitsleistung, Leipzig 1893.

#### Medidas y pesos rusos utilizados en el texto

| | | |
|---|---|---|
| 1 berkovets | = 163,8 | kilogramos, |
| 1 pud | = 16,38 | kilogramos, |
| 1 libra rusa | = 409,51 | gramos, |
| 1 versta | = 1066,78 | metros, |
| 1 archin | = 0,71118 | metros, |
| 1 desiatina | = 1,0925 | hectáreas. |

[^1]: O. Flatt, Beschreibung der Stadt Lodz, pp. 133-142. — M. Zawielejsky, Statistik des Königreichs Polen, pp. 170-171. — Diplomatic and Consular Reports on Trade and Finance, n.º 321, p. 5. — Dr. T. Rutowski, Zur Frage der Landesindustrie, pp. 34 y ss.
[^2]: J. Posnansky, Produktivkräfte des Königreichs Polen, pp. 67 y 106. — M. Zawielejsky, ob. cit., p. 71.
[^3]: J. Posnansky, ob. cit., p. 140.
[^4]: Las materias primas de Rusia y de Polonia se declararon totalmente libres de derechos; las manufacturas hechas con materias primas propias se gravaron con un 1 %, y las hechas con materias primas extranjeras, con un 3 % de derechos ad valorem. Constituían una excepción el azúcar y los tejidos de algodón, que pagaban un 25 % y un 15 % ad valorem, respectivamente. Para Polonia, que compraba a Rusia tejidos de algodón en gran escala, este arancel, completamente absurdo desde el punto de vista de Rusia, era sumamente favorable, porque protegía la industria algodonera polaca de la competencia rusa y al mismo tiempo fomentaba la exportación de tejidos de lana polacos a Rusia.
[^5]: O. Flatt, ob. cit., p. 62. — K. Lodyschensky, Geschichte des russischen Zolltarifs, pp. 217 y 218.
[^6]: W. Zalensky, Vergleichende Statistik des Königreichs Polen, p. 147.
[^7]: Lodyschensky, ob. cit., p. 218. Según Rodecki, la exportación de productos de la industria lanera polaca a Rusia ascendió en 1827 a 13,2 millones de florines polacos (a 15 kopeks). (Geographisch-Statistisches Bild des Königreichs Polen, cuadro III.)
[^8]: Lodyschensky, ob. cit., p. 219.
[^9]: O. Flatt, ob. cit., p. 61.
[^10]: K. Lodyschensky, ob. cit., p. 223. Las materias primas siguieron importándose, como antes, libres de derechos; muchas manufacturas pasaron a pagar de tres a cinco veces más, y los derechos sobre el artículo de exportación más importante, las manufacturas de lana, se elevaron hasta el mismo nivel que pagaban los productos de algodón rusos al entrar en Polonia, es decir, al 15 % ad valorem.
[^11]: J. J. Janschul, Umrifs der historischen Entwicklung der Industrie im Königreich Polen, p. 32.
[^12]: Dr. T. Rutowski, ob. cit., p. 241.
[^13]: Ob. cit., pp. 250 y 251; J. G. Bloch, Fabrikindustrie des Königreichs Polen, pp. 29-31, 111-112, 12-13 y 58.
[^14]: T. Zalenski, ob. cit., p. 172.
[^15]: K. Lodyschensky, ob. cit., p. 252.
[^16]: La unión aduanera con Polonia trajo consigo una novedad en el sistema aduanero ruso, la llamada tarifa aduanera diferencial. Como Polonia había seguido hasta entonces frente a Europa occidental una política bastante más librecambista que Rusia, al extenderse la frontera aduanera rusa a Polonia se hizo también una distinción entre la frontera marítima y la terrestre, fijándose para esta última aranceles más bajos.
[^17]: Geschichtlich-statistische Rundschau der Industrie Rufslands, II, p. 95.
[^18]: Dr. T. Rudowski, ob. cit., p. 241.
[^19]: J. J. Janschul, ob. cit., p. 36.
[^20]: Geschichtlich-statistische Rundschau, II, p. 23.
[^21]: Toda la red ferroviaria de Rusia era de: 1838: 25 verstas; 1850: 468 verstas; 1860: 1 490 verstas; 1865: 3 577 verstas; 1870: 10 090 verstas. Añadamos aquí mismo los datos de la época posterior: 1875: 17 718 verstas; 1880: 21 226 verstas; 1885: 24 258 verstas; 1890: 28 581 verstas; 1892: 29 156 verstas (Der Bergbau Rufslands, — Bericht zur Chic. Ausstellung 1893, p. 61). De 1891 a 96 se abrieron al tráfico 10 625 verstas de nuevas líneas ferroviarias, y ahora hay de nuevo más de 10 000 verstas en construcción. («Arbeiten der Freien Ökonomischen Gesellschaft», n.º 6, noviembre-diciembre de 1897, p. 132.)
[^22]: G. Simonenko, Vergleichende Statistik des Königreichs Polen, p. 127. — T. Zalenski, ob. cit., pp. 172 y 223.
[^23]: Die Fabrikindustrie Rufslands (Bericht zur Chic. Ausstellung 1893), XIX, pp. 156-183.
[^24]: Ob. cit., XX, p. 185.
[^25]: Gesuche der Kais. Freien Ökonomischen Gesellschaft betr. Revision des russischen Zolltarifs, p. 116.
[^26]: «Arbeiten der Freien Ökonomischen Gesellschaft», n.º 6, noviembre-diciembre de 1897, pp. 129 y 127.
[^27]: Gesuche etc., p. 150.
[^28]: «Der Finanzbote», n.º 17, del 9 de mayo de 1897.
[^29]: «Arbeiten der Freien Ökonomischen Gesellschaft», n.º 6, noviembre-diciembre de 1897, p. 134.
[^30]: Diplom. and Cons. Reports, n.º 1449, p. 14.
[^31]: Ob. cit., n.º 461, p. 3.
[^32]: Sobre el desarrollo de la industria metalúrgica y del carbón, véanse más adelante las pp. 23, 25 y 58. — El cuadro anterior se ha elaborado según T. Zalenski, ob. cit., pp. 172 y 246; J. G. Bloch, ob. cit., p. 151; Die Fabrikindustrie Rufslands, p. 33; Dr. T. Rutowski, ob. cit., p. 241; Materialien zur Handels- und Industriestatistik für das Jahr 1890, pp. 158-182, y für das Jahr 1891, pp. 124-144. Los datos citados sobre el producto total de la producción solo son aproximadamente exactos, pues quedan considerablemente por debajo del volumen real de la producción. Se elaboran casi siempre a partir de los informes de los empresarios, quienes, para eludir una tributación más alta, valoran notoriamente por lo bajo las ventas de sus fábricas. Así, J. G. Bloch considera necesario, para llegar a una idea exacta de las dimensiones de la industria, elevar siempre los datos oficiales en un 25 %. Otro estadístico polaco, J. Banzemer (Ein Bild der Industrie in unserem Lande), demuestra con cifras que el producto bruto de toda la industria de Polonia en 1884 no fue de 182 mill. de rublos, como dicen los informes oficiales, sino de 199 mill. de rublos. Basándonos en consideraciones semejantes, hemos llegado a la conclusión de que la producción de Polonia ya hacia 1890 no representaba un valor de 240, sino de al menos 300 mill. de rublos. — El producto total de la producción en 1890 —240 mill. de rublos— lo hemos obtenido aumentando, por razones de homogeneidad, los 210 mill. de rublos indicados en el informe para la Exposición de Chicago, volumen sobre la industria fabril, p. 33, en el importe del impuesto especial recaudado sobre el alcohol, etc., ya que ese impuesto está incluido en los datos de las décadas anteriores y no puede separarse. La cifra que se refiere al valor de la producción de toda la industria algodonera en 1891 solo es aproximadamente exacta; por razones de homogeneidad hemos añadido aquí el tinte y el apresto, que, aunque en pequeña parte, trabajan también para otras ramas textiles. — La tejeduría y la hilatura de algodón por sí solas registran en 1891 86 fábricas con 21 229 obreros y 36,8 mill. de rublos de valor de la producción. En el cuadro hemos tomado este año porque el anterior fue excepcionalmente desfavorable para la industria algodonera polaca.
[^33]: Berichte der Kommission zur Untersuchung der Fabrikindustrie des Königreichs Polen, I, p. 84.
[^34]: J. G. Bloch, ob. cit., pp. 142 y 143. Bloch incluye muchas pequeñas explotaciones, lo que desfigura en cierta medida el cuadro de la concentración.
[^35]: Die Fabrikindustrie, p. 33; Materialien etc. für das Jahr 1890, p. 134. El valor de la producción por establecimiento en 1890 solo hemos podido calcularlo para las ramas no sujetas a impuesto especial (es decir, para toda la industria excepto la minería, las destilerías de alcohol y las fábricas de tabaco y de azúcar), que, eso sí, representan ese año por su producto el 74 % del conjunto de la industria. Para otras ramas de la producción faltan datos precisos sobre el número de explotaciones.
[^36]: J. G. Bloch, ob. cit., pp. 14-15.
[^37]: Materialien zur Handels- und Industriestatistik Rufslands für das Jahr 1890, pp. 158-195.
[^38]: J. G. Bloch, ob. cit., pp. 14-15. Según Rutowski, el valor de la producción algodonera en 1880 era de 33 mill. de rublos.
[^39]: Materialien etc. für das Jahr 1891, pp. 124-145.
[^40]: A. S., Moskau und Lodz, p. 17.
[^41]: Die Fabrikindustrie Rufslands, I, pp. 11 y 13. Las cifras de la industria algodonera rusa se refieren al Imperio sin Finlandia ni Polonia.
[^42]: Materialien zur Handels- und Industriestatistik Rufslands für das Jahr 1890, pp. 134 y 158-194. La primera cifra se refiere solo a las ramas no sujetas a impuesto especial y a las minas de carbón.
[^43]: Mater. z. Statistik der Dampfmotore im Russ. Reiche, pp. 158, 163.
[^44]: Der Bergbau Rufslands, p. 74; se refiere solo a las minas de carbón.
[^45]: En la producción artesanal de Varsovia se contaban: 1876: maestros 3 122, aprendices 6 664, obreros 5 020, producción en libras esterlinas 9 888 33; 1893: maestros 9 642, aprendices 19 072, obreros 24 167, producción en libras esterlinas 51 631 15. (Reports, n.º 1535, p. 4.)
[^46]: Berichte der Kommission zur Untersuchung etc., II, pp. 1-2.
[^47]: Para esta estimación nos basamos en el crecimiento de la ciudad de Lodz; véase la página siguiente. Pero como Janschul (Umrifs etc., p. 48) y, siguiéndolo, Swiatlowsky (Der Fabrikarbeiter, p. 23) consideran demasiado bajo el dato oficial que citamos para 1885 y estiman la producción de la región ya en 1886 y 1883, respectivamente, en 70 mill. de rublos, la producción actual debe de estar también muy por encima de nuestro cálculo.
[^48]: Janschul, Umrifs etc., pp. 44-46; O. Flatt, ob. cit., pp. 47, 71 y 110.
[^49]: Berichte der Kommission zur Untersuchung etc., II, p. 1. Según otras fuentes, el producto de la producción de Lodz ascendía ya en 1886 a 40-46 mill. de rublos. (Diplom. and Cons. Rep., n.º 128, p. 4.)
[^50]: «Der Finanzbote», n.º 21, del 6 de junio de 1897. La cifra de habitantes se refiere a enero de 1897.
[^51]: «Gazeta Handlowa», del 1 de diciembre de 1896.
[^52]: Berichte der Kommission etc., II, p. 23.
[^53]: El «bjas’» es un tejido fabricado con algodón de Bujará.
[^54]: A. S., Moskau und Lodz, p. 51.
[^55]: Ber. d. Komm. z. Unters. etc., II, p. 25.
[^56]: Ob. cit., p. 46.
[^57]: «Die Geschichte und der heutige Stand der Stadt Lodz», en la «Gazeta Handlowa» del 3 de diciembre de 1896.
[^58]: Berichte der Kommission etc., I, p. 33.
[^59]: Ob. cit., p. 38.
[^60]: Ob. cit., p. 87.
[^61]: W. W. Swiatlowsky, ob. cit., p. 24.
[^62]: Geschichtlich.-stat. Rundschau, t. I, cuadros XIV-XV.
[^63]: Der Bergbau Rufslands, p. 91. Las cifras anteriores se refieren solo a las explotaciones privadas. El producto de las minas de carbón del Estado fue en 1860 de 7,2 y en 1870 de 6,3 mill. de puds. Desde 1878 cesa por completo la extracción de carbón en estas minas.
[^64]: Ob. cit., p. 72.
[^65]: Ob. cit., p. 92.
[^66]: Die Produktivkräfte Rufslands, VII, p. 39.
[^67]: «Gazeta Handlowa», del 14 de diciembre de 1896.
[^68]: Se importaron en Rusia, por término medio: 1866-1870, al año, 49,1 mill. de puds de carbón extranjero; 1871-1875, al año, 60,5 mill. de puds; 1876-1880, al año, 97,1 mill. de puds; 1881-1885, al año, 112,2 mill. de puds; 1886-1890, al año, 109,7 mill. de puds (Der Bergbau, p. 75).
[^69]: «Prawda», n.º 52, del 26 de diciembre de 1896.
[^70]: Der Bergbau Rufslands, p. 57.
[^71]: Ob. cit., pp. 58 y ss.
[^72]: Ob. cit., p. 65; Die Fabrikindustrie Rufslands, XIX, p. 181.
[^73]: Der Bergbau, pp. 65 y 66. — La proporción porcentual entre el producto extranjero y el nacional consumidos anualmente en Rusia era la siguiente: hierro bruto (total; de él, extranjero): 1866-1870, 106 mill. de puds, 8 %; 1871-1875, 133 mill. de puds, 11 %; 1876-1880, 171 mill. de puds, 26 %; 1881-1885, 220 mill. de puds, 32 %; 1886-1890, 256 mill. de puds, 21 %; 1891-1895, 402 mill. de puds, 9 %. Hierro (total; de él, extranjero): 1866-1870, 97 mill. de puds, 12 %; 1871-1875, 122 mill. de puds, 31 %; 1876-1880, 132 mill. de puds, 35 %; 1881-1885, 135 mill. de puds, 26 %; 1886-1890, 146 mill. de puds, 19 %; 1891-1895, 159 mill. de puds, 23 % («Der Finanzbote», n.º 21, del 6 de junio de 1897).
[^74]: Geschichtlich-statistische Rundschau, I, cuadros VIII-IX y X-XI; Der Bergbau Rufslands, pp. 58-60. Las cifras anteriores se refieren solo a las explotaciones privadas. La producción de las explotaciones del Estado fue en 1860, 1870 y 1880: de hierro bruto, 0,65, 0,47 y 0,29; de hierro y acero, 0,33, 0,1 y 0,1 millones de puds.
[^75]: Landwirtschaftliche Encyclopädie, t. III, p. 15. Según Orlow, Register etc., p. 620, ya en 1879 había 66 fábricas de maquinaria con una producción por valor de 6,7 mill. de rublos.
[^76]: Landwirtschaftl. Encyclopädie, t. II, pp. 530 y ss.
[^77]: Die Fabrikindustrie Rufslands, XIII, pp. 6-7.
[^78]: Ob. cit., p. 7.
[^79]: Landwirtschaftl. Encycl., t. II, pp. 523 y 534.
[^80]: Diplom. and Cons. Reports, n.º 1449, p. 7.
[^81]: Die Fabrikindustrie Rufslands, Einleitung, pp. 32-33. La región de Moscú o región central comprende las gobernaciones de Moscú, Vladímir, Kaluga, Kostromá, Nizhni Nóvgorod, Smolensk, Tver y Yaroslavl; la región de Petersburgo, las gobernaciones de San Petersburgo, Pskov, Nóvgorod, Curlandia, Livonia y Estonia.
[^82]: «Der Finanzbote», n.º 8, del 7 de marzo de 1897. — Solo explotaciones privadas.
[^83]: Die Fabrikindustrie Rufslands, I, p. 11.
[^84]: Materialien zur Handels- und Industriestatistik Rufslands für das Jahr 1892, pp. 194-204.
[^85]: Berichte der Kommission etc., I, p. 18.
[^86]: Ob. cit., I, apéndice, pp. 41-43. Según fuentes inglesas, la exportación de productos de la industria textil de Lodz fue en 1886: a Polonia, 229 900 puds; a Rusia, 970 791 puds; en 1887: a Polonia, 264 665 puds; a Rusia, 721 115 puds. (Diplomatic and Consular Reports on Trade and Finance, n.º 321, p. 7.)
[^87]: Janschul, ob. cit., p. 63.
[^88]: «Ateneum», 1890, t. I, cuad. II, pp. 294-6. En particular, las ventas de hierro polaco al Cáucaso fueron las siguientes: 1887, 310 500 puds; 1888, 299 044 puds; 1889, 340 905 puds; 1890, 398 210 puds. (Ob. cit., 1891, t. III, cuad. III, p. 612).
[^89]: Ob. cit., 1891, t. III, cuad. III, p. 611.
[^90]: «Kraj», 1889, n.º 43.
[^91]: Ob. cit., 1888, n.º 21.
[^92]: «Prawda», 1893, n.º 3.
[^93]: Ob. cit., 1894, n.º 51.
[^94]: «Prawda», 1896, n.º 5.
[^95]: Una breve historia de esta reforma y de las relaciones entre los terratenientes y los campesinos en Polonia puede verse en los Reports ingleses, n.º 355.
[^96]: J. Bloch, Der Grundbesitz und dessen Verschuldung. — «No hay duda de que una gran mayoría de los terratenientes de Polonia viven en las condiciones más difíciles». (Reports, n.º 347, p. 11.) Algo también en J. Bloch, Die bäuerliche Bank und die Parzellation, pp. 1 y 16.
[^97]: J. G. Bloch, Die Industrie des Königreichs Polen, p. 181.
[^98]: Die Fabrikindustrie, pp. 32 y 33.
[^99]: Véase J. Bloch, Der Ameliorationskredit und die Lage der Landwirtschaft, y también L. Gorski, Unsere Fehler in der Landwirtschaft.
[^100]: «El estímulo dado así a los inmigrantes extranjeros y a la industria y el comercio locales en general ha producido un desarrollo industrial muy notable, especialmente en la parte de Polonia más próxima a Alemania, de donde vino el elemento vivificador; pero la política que se había seguido ininterrumpidamente durante 73 años, y gracias a la cual se habían creado las industrias de este país, cambió de repente de signo el 14 de marzo de 1887 con el conocido ucase imperial que prohíbe a los extranjeros adquirir bienes raíces en el Reino de Polonia y en las provincias bálticas» . . . . «Otra medida que afectará seriamente a las industrias de este país es el nuevo reglamento que prohíbe levantar edificios a menos de un cuarto de milla de la frontera» . . . . «Esta y las demás medidas en proyecto se atribuyen a los celos de los fabricantes de Moscú, que en la última feria de Nizhni Nóvgorod dirigieron al gobierno un memorial pidiendo protección contra las industrias polacas». (Diplomatic and Consular Reports on Trade and Finance, n.º 321, pp. 6 y 7.) Además: Schulze-Gävernitz, Der Nationalismus in Rufsland und seine wirtschaftlichen Träger, «Preufsische Jahrbücher», t. 75, enero-marzo de 1894; e igualmente el Libro Azul: Royal Commission on labour, Foreign Reports, vol. X, Russia, p. 9. Sus exposiciones se basan aquí en los datos de los informes consulares ingleses desde Polonia, que precisamente en este punto no siempre se mantienen libres de la influencia unilateral de la prensa capitalista local.
[^101]: K. Lodyschensky, ob. cit., pp. 220, 218 y 222.
[^102]: A. S., Moskau und Lodz, p. 22.
[^103]: Scharapoff, Gesammelte Schriften, libro I, pp. 70-94.
[^104]: A. S., Moskau und Lodz, p. 22.
[^105]: Berichte der Kommission zur Untersuchung etc., introducción, pp. 1 y 2.
[^106]: Ob. cit., I, p. 101, y II, pp. 101-107.
[^107]: Ob. cit., I, pp. 102, 103 y 104.
[^108]: Diplom. and Cons. Reports, n.º 321, p. 7; A. S., ob. cit., p. 23.
[^109]: Por lo dicho antes es fácil juzgar cuánto quedan ambas cifras por debajo de las ganancias reales.
[^110]: Diplom. and Cons. Reports, n.º 321, p. 7.
[^111]: Ob. cit., p. 6.
[^112]: A. S., Moskau und Lodz, p. 23.
[^113]: Ob. cit., pp. 29, 32-35, 37, 40-42 y 60.
[^114]: «Ateneum», 1891, t. III, p. 609.
[^115]: Diplom. and Cons. Reports, n.º 1183, pp. 5 y 6.
[^116]: Berichte der Kommission etc., I, p. 30.
[^117]: Ob. cit., I, pp. 30-31.
[^118]: Berichte der Kommission etc., I, pp. 32-33.
[^119]: Die Fabrikindustrie, I, pp. 16-17.
[^120]: G. von Schulze-Gävernitz, ob. cit., p. 359.
[^121]: Véase el precio de la hulla en los Berichte der Kommission zur Untersuchung etc., II, p. 104, y I, p. 33. El precio de 1 pud de «carbón de nafta» puede calcularse del modo siguiente: «Para sustituir 100 unidades de peso de hulla —escribe Mendeléyev— solo se necesitan 67 unidades de peso de residuos de nafta». Y el precio de los residuos de nafta «oscila —según la misma fuente— en los últimos años . . . en Moscú entre 20 y 30 kopeks por pud». (Die Fabrikindustrie, XII, pp. 311-312.)
[^122]: Ob. cit., I, p. 17, y XXII, p. 264, introducción, p. 21.
[^123]: Ob. cit., XII, p. 310.
[^124]: Ob. cit., p. 312.
[^125]: Ob. cit., pp. 312 y 313.
[^126]: «Der Finanzbote», n.º 21, de 2 de junio de 1895.
[^127]: R. Michajlow, Die Untersuchung der Naphthareste, «Mitteilungen der Technologischen Gesellschaft», n.º 1, enero de 1898.
[^128]: Berichte der Kommission etc., I, p. 35.
[^129]: . . . «Además, los salarios semanales son más altos en Polonia que en Rusia. . . . La jornada de trabajo es en Moscú mucho más larga», etc. (Schulze-Gävernitz, ob. cit., p. 359.) Igualmente: Die industrielle Politik Rufslands in dessen polnischen Provinzen, «Neue Zeit», 1893/94, t. II, p. 791.
[^130]: Berichte der Kommission etc., I, p. 39.
[^131]: Ob. cit., I, p. 41.
[^132]: Ob. cit., I, pp. 42 y 43. Cf. W. W. Swiatlowsky, ob. cit., p. 39.
[^133]: W. W. Swiatlowsky, ob. cit., pp. 59-60.
[^134]: Berichte d. Kommission etc., I, p. 71.
[^135]: Ob. cit., I, p. 39.
[^136]: W. W. Swiatlowsky, ob. cit., p. 47. — Bericht des Fabrikinspektors für den Petersburger Rayon, p. 11. — En tres distritos industriales de la gobernación de Moscú donde se han hecho encuestas al respecto, viven en los cuarteles de fábrica el 56,8 % del total de obreros varones; en el grupo de los hilanderos y tejedores, esta cifra sube al 66,8 %. (Dementjew, Die Fabrik etc., p. 42.) Según las mismas encuestas, del número total de habitantes de los cuarteles el 22,2 % son familiares de los obreros que no trabajan ellos mismos en la fábrica. (Ob. cit., p. 44.)
[^137]: J. J. Janschul, Der Fabrikarbeiter in Mittelrufsland und im Königreich Polen, «Europäischer Bote», febrero de 1888, p. 794.
[^138]: Ob. cit., p. 792.
[^139]: En los tres mencionados distritos industriales de la gob. de Moscú, el número de obreros varones adultos que dejan la fábrica en verano asciende por término medio al 14,1 %, y en el ramo textil al 19,7 % del total de la clase obrera. (Dementjew, ob. cit., p. 4.)
[^140]: Bericht des Fabrikinspektors für den Moskauer Rayon, p. 81.
[^141]: Bericht des Fabrikinspektors für den Rayon Wladimir, p. 68.
[^142]: Cf. Th. Brassey, Work and Wages, y también L. Brentano, Über das Verhältnis von Arbeitslohn und Arbeitszeit zur Arbeitsleistung.
[^143]: «En países de distinto grado de desarrollo de la producción capitalista, y por tanto de distinta composición orgánica del capital, la tasa de plusvalía (uno de los factores que determinan la tasa de ganancia) puede ser más alta en el país donde la jornada normal de trabajo es más corta que en aquel donde es más larga. *En primer lugar*: si la jornada inglesa de 10 horas, a causa de su mayor intensidad, equivale a una jornada austriaca de 14 horas, con igual división de la jornada 5 horas de plustrabajo pueden representar allí un valor más alto en el mercado mundial que 7 horas aquí. *En segundo lugar*, sin embargo, allí puede constituir plustrabajo una parte mayor de la jornada que aquí». (Karl Marx, Das Kapital, t. III, parte 1, pp. 195-196.) [Karl Marx, *El capital*, libro III, sección III, cap. 13 (ed. de Engels, Hamburgo, 1894). Traducimos del alemán (MEW, t. 25, p. 225). (N. de la T.)]
[^144]: J. J. Janschul, Der Fabrikarbeiter in Mittelrufsland etc., p. 791. — Según Sviatlovski (ob. cit., p. 61), en Polonia solo el trabajo de los tejedores es más barato; el de los hilanderos, en cambio, es más caro que en Rusia. — Según «Die Fabrikindustrie Rufslands», I, p. 17, los costes de fabricación de 1 pud de hilado de algodón son en conjunto aproximadamente iguales en Polonia y en Moscú, de modo que el fabricante polaco, si bien gasta 52 kopeks menos en combustible, gasta en cambio en fuerza de trabajo *más* que el de Moscú, a saber, 33 kopeks. Consideramos más fiables los datos sobre el salario que damos en el texto, obtenidos por Yanzhul a partir de encuestas personales. Como antiguo inspector de fábricas de la región de Moscú y director de la comisión de investigación de la industria en Polonia, tuvo ocasión de conocer por observación propia la industria polaca y la rusa. — «. . . Pese a los salarios más bajos, el trabajo es muy caro en Rusia. En Inglaterra, 1000 husos de algodón requieren 3 obreros; en Rusia, según Mendeléyev, 16,6. Así pues, aunque el inglés recibiera un salario cuatro veces mayor que el ruso, seguiría trabajando mucho más barato. Y a los salarios se añaden todavía los altos costes de vigilancia, pasaportes, viviendas obreras, hospitales, etc., que en Inglaterra desaparecen por completo y en Polonia en gran parte». (Schulze-Gävernitz, ob. cit., p. 361.) Todo esto, curiosamente, no impide al profesor Schulze-Gävernitz aducir —como hemos visto— los salarios semanales más altos como un inconveniente de la industria polaca que contrarresta las ventajas de la calefacción más barata. — Así dice aquí también el Libro Azul inglés: «Aunque el fabricante ruso parece tener ventaja en estos aspectos» (el salario extraordinariamente bajo), «el coste de producción es para él mayor que para el fabricante polaco» . . . . (Royal commission etc., vol. X, p. 9.) Y más adelante: «Hay una diferencia todavía más llamativa entre los obreros polacos y los rusos. Estos últimos, aunque ahora nominalmente libres, están poco alejados de su condición anterior y tienen escasa ambición de mejorar su situación. Los polacos tienen un nivel de vida mucho más alto y, como dependen por entero de su salario para su sustento, no se contentan con ganancias bajas; y, sin embargo, su trabajo resulta menos costoso que el de los rusos». (Ob. cit.) La caracterización del obrero ruso está, por lo demás, muy anticuada; las grandes huelgas que no han cesado en Rusia desde 1896 demuestran que también los obreros de allí tienen ambición de mejorar su situación [En inglés en el original («have ambition to improve their position»): la autora devuelve con ironía la expresión del Libro Azul. (N. de la T.)].

    En el artículo «Industrielle Politik Rufslands etc.», «Neue Zeit», ob. cit., p. 791, se dice: «También la fuerza de trabajo es en Rusia más barata que en Polonia. . . . . Además, la jornada de trabajo es en Rusia mucho más larga que en Polonia. . . . . *Pero en lo que respecta a la intensidad del trabajo, es igual en ambos países, según nos asegura el mencionado inspector de fábricas Sviatlovski*». En los escritos de Sviatlovski no se encuentra ni rastro de semejante «aseveración». A Sviatlovski le resultaría, por lo demás, difícil hacer la aseveración que se le pone en la boca, en primer lugar porque en ninguna parte deja ver la inclinación, tan fuertemente arraigada en el autor del artículo «Industrielle Politik», a asegurar al lector algo que no existe, y en segundo lugar porque en la cuestión de la intensidad del trabajo en Polonia «asegura» más bien exactamente lo contrario. Véase W. W. Swiatlowsky, ob. cit., pp. 59-61.
[^145]: Berichte der Kommission etc., I, p. 10.
[^146]: Los ladrillos costaban, por ejemplo, por cada 1000 piezas: 1876, en Lodz, 14-15 rublos; 1874, en Moscú, unos 32 rublos; 1886, en Lodz, 8-9 rublos; 1887, en Moscú, unos 22 rublos (ob. cit., I, p. 13).
[^147]: La construcción de cuarteles y similares costó, por ejemplo, a dos grandes fábricas rusas 400 000 rublos a cada una, alrededor de ¹/₆ de todo el capital fijo (ob. cit., I, p. 12).
[^148]: Ob. cit., I, p. 36.
[^149]: Ob. cit., I, p. 36, y II, p. 105.
[^150]: Ob. cit., II, p. 26.
[^151]: Ob. cit., I, p. 20; A. S., Moskau und Lodz, pp. 52-54.
[^152]: Materialien zur Handels- und Industriestatistik für die Jahre 1885-1887, pp. VI y XI; für das Jahr 1888, pp. 106 y 126; 1889, pp. 134 y 158; 1890, pp. 110 y 131. — Las cifras referentes a Rusia se refieren aquí, como más adelante en las pp. 52-56, salvo indicación más precisa, solo a la Rusia europea sin Finlandia ni Polonia. La Rusia asiática no entra en absoluto en consideración en la cuestión de la competencia, y tenerla en cuenta en la comparación solo desplazaría el cuadro todavía más en perjuicio de Rusia.

    Cuando el autor del artículo «Industrielle Politik etc.», «Neue Zeit», ob. cit., p. 791, dice: «Por último, el capital está más concentrado en Rusia. El producto bruto medio de una fábrica es en Rusia de 45 898 rublos, y en Polonia de 35 289 rublos», esta afirmación suya, al igual que las cifras que aduce, está sencillamente sacada de la nada.
[^153]: Der Bergbau Rufslands, pp. 71 y 73.
[^154]: Die Produktivkräfte Rufslands, VII, p. 39.
[^155]: Compilado según los Materialien zur Handels- und Industriestatistik für das Jahr 1890, pp. 172-179; se refiere solo a las hilaturas y tejedurías de algodón. En lo anterior, y más adelante en la p. 53, comparamos solo la fuerza de vapor en ambos países; los motores hidráulicos desempeñan en la industria algodonera y lanera rusa un papel muy pequeño, y en la polaca, un papel insignificante.
[^156]: Ob. cit., pp. 160-163. — En lo anterior comparamos especialmente las *hilaturas y tejedurías de lana*, que en Polonia representan el 72 % del producto total de la industria lanera de ese año; véase p. 24.
[^157]: Der Bergbau Rufslands, p. 75.
[^158]: Ob. cit., pp. 71, 73 y 74.
[^159]: «Der Finanzbote», n.º 29, de 28 de julio de 1895.
[^160]: Die Fabrikindustrie, XIII, p. 13.
[^161]: «Der Finanzbote», n.º 1, de 17 de enero de 1897.
[^162]: Die Fabrikindustrie, XIII, p. 11.
[^163]: Ob. cit., p. 16.
[^164]: Ob. cit., p. 19.
[^165]: «Así pues, todas las condiciones de producción son más favorables para Rusia que para Polonia». Esta conclusión equivocada la saca el autor de la «Industrielle Politik etc.», «Neue Zeit», ob. cit., p. 791, de sus datos, equivocados en todos los puntos, sobre las condiciones de producción de Polonia y de Rusia, en los cuales ha olvidado por completo dos pequeñeces: el combustible y la técnica de producción. Pero como es un hecho innegable que las mercancías polacas desalojan en la realidad a las rusas, y con ello la afirmación de «todas las condiciones de producción más desfavorables» se viene abajo de un golpe, el autor sale del apuro aludiendo a las cualidades personales del personal fabril polaco. «La única (!) causa de esta situación es una mayor habilidad comercial de los fabricantes polacos y, en especial, un personal fabril superior mejor formado, que se compone principalmente de *alemanes y austriacos*» (ob. cit.). El autor no sabe, por lo visto, que vivimos en una época en la que en el campo de batalla capitalista decide la *fuerza del vapor*, y que ante el rostro del dios Mercurio no hay pueblos elegidos.
[^166]: J. G. Bloch, Die Fabrikindustrie etc., pp. 14-15, 86-87, 102, 126-127 y 150-151. Materialien zur Handels- und Industriestatistik para los años 1885-1887, p. X; para el año 1888, p. 126; 1889, p. 158; 1890, p. 134; 1891, p. 146; 1892, p. 164 (los tomos de los años siguientes no han aparecido aún en el comercio); Geschichtlich-statist. Rundschau, t. I, cuadros VIII-IX, X-XI y XIV-XV; Der Bergbau Rufslands, pp. 58-60; «Der Finanzbote», n.º 52, del 5 de enero de 1896, y n.º 8, del 7 de marzo de 1897.
[^167]: O bien un 26 %, si para esta rama, dado que el año 1885 fue desfavorable en particular para la industria textil a consecuencia de la crisis de 1884, comparamos el periodo 1871-1886 (15 años) con el de 1866 [sic, por 1886]-1892 (6 años).
[^168]: K. Lodyschensky, ob. cit., p. 294.
[^169]: Gesuche der Freien Ökonomischen Gesellschaft etc., p. 21.
[^170]: A. S., Moskau und Lodz, p. 32.
[^171]: «Nowoje Wremja», traducido en «Kraj», n.º 51, 1894. El artículo citado lleva el título característico: «¡Cómo se descuida la Rusia central!».
[^172]: «Kurjer Warszawski» del 5 de noviembre de 1894.
[^173]: «La supresión de la fuerte diferenciación de las tarifas no debería tropezar con dificultades desde el punto de vista de los supuestos (!) intereses de las clases populares inferiores de Polonia» ... «El empobrecimiento de la población rural de Polonia (a consecuencia de las tarifas diferenciales del cereal), que trae consigo también un empeoramiento de la situación material de la industria fabril, solo beneficia a las empresas de la gran industria, que, gracias a los precios relativamente bajos del cereal y a los salarios correspondientemente bajos, son las únicas que sacan provecho de la desgracia general». «Sobre la base de todo lo expuesto, no cabe duda de que *en interés de los terratenientes de las dos* regiones próximas a los mercados interiores: *la polaca y la del norte de la región de tierras negras*, así como *de los terratenientes de todas las regiones situadas junto a los puertos*, parece deseable que las tarifas del cereal se reorganicen del modo siguiente, etc.» (Memorandum des Warschauer Börsenkomitees über die Eisenbahntarife für Getreide, pp. 31, 32 y 37.
[^174]: «St. Petersburger Nachrichten», 1896, n.os 242 y 243; «Gazeta Handlowa» del 21 de septiembre de 1896.
[^175]: «Gazeta Handlowa» del 8 de octubre de 1896.
[^176]: «Kurjer Warszawski» del 7 de noviembre de 1894.
[^177]: «Gazeta Handlowa» del 30 de noviembre de 1896.
[^178]: «La misma autoridad (el órgano del gobierno «Warszawsky Dniewnik») atribuye este desarrollo de las fuerzas económicas y comerciales de Polonia al establecimiento de sucursales de los principales bancos rusos, entre otros el «Azov-Don», que dispone de un capital considerable y tiene representantes en todos los puertos del mar Negro, además de estar en relaciones comerciales directas con Bujará y Teherán. Es a través de este y de otros bancos rusos que han establecido sucursales en Varsovia y Lodz, dice el «Diario de Varsovia», como los fabricantes de Polonia han abierto nuevos canales comerciales y fortalecido los ya existentes». (Diplom. and Cons. Reports, n.º 1183, p. 4.)
[^179]: «Kraj», agosto de 1888.
[^180]: Ob. cit.
[^181]: El ucase del 14 de marzo de 1887 prohibió a los extranjeros adquirir propiedad territorial en toda la zona occidental de Rusia (véase la nota de la p. 36). En 1892 el conocimiento de la lengua polaca o rusa se convirtió en condición para la contratación de todos los empleados de fábrica.
[^182]: «Ateneum», cuaderno de noviembre de 1894, p. 378. La orientación antialemana no es, nótese bien, privativa de una capa determinada de la burguesía polaca. Véanse el semanario «Rola», órgano de la «propiedad territorial cristiana», con su sección fija «Los judíos, los alemanes y nosotros», la pequeñoburguesa «Gazeta Polska», la «Niwa», etc.
[^183]: La demanda siempre creciente en Polonia de mineral de hierro del sur de Rusia la registra, entre otros, «Der Finanzbote», n.º 52, del 5 de enero de 1896. En relación con el total de algodón en rama elaborado, el consumo del centroasiático ascendía ya en 1893, en los principales centros de la industria textil polaca, al 30 % en Pabianice y Zgierz, al 40 % en Lodz y al 45 % en Będzin. («Die Wochenrevue», n.º 49, 1894.) El gobierno, por su parte, favorece este paso de la industria polaca al uso de materias primas rusas mediante una política ferroviaria adecuada. En 1895, para abaratar a las siderurgias polacas el suministro de coque del sur de Rusia, fijó una tarifa especial reducida desde la cuenca del Donets hasta Polonia. («Der Finanzbote», n.º 27, del 14 de julio de 1895.) Asimismo, en 1897 se prometió a los propietarios polacos de altos hornos una nueva rebaja de los costes de transporte del mineral de hierro del sur de Rusia. («Gazeta Handlowa» del 11 de diciembre de 1896.) En 1893 se concedió a los hilanderos polacos de lana una reducción del 20 % de los portes de la lana del sur de Rusia. (Cons. Reports, n.º 1183, p. 4.) Sobre la cría de ovejas en el sur de Rusia expresamente para las hilaturas polacas, véase Cons. Reports, n.º 863, p. 2. Por otra parte, el gobierno fomenta también la difusión de la hulla polaca en Rusia. Así, por ejemplo, en 1895, con ocasión de la revisión general de las tarifas ferroviarias para la hulla, se mantuvieron para el transporte de la hulla polaca en Rusia tarifas más bajas que para la del sur de Rusia, con la justificación de que con ello «se pretende igualar las posibilidades de venta de la hulla polaca, que en promedio es inferior en poder calorífico a la del Donets». («Der Finanzbote», n.º 27, del 14 de julio de 1895.)
[^184]: Hasta qué punto, por lo demás, se complementan y están unidas entre sí precisamente a consecuencia del mercado común y de la división del trabajo lo demuestra el hecho de que ya en 1897 surgiera el proyecto de un cártel entre Lodz y Moscú, según el cual se fijarían las clases de mercancías que debía fabricar cada una de las partes y se regularía así conjuntamente la venta. («Handels- und Industriezeitung» del 31 de julio de 1897.) Aunque el plan haya fracasado por el momento, la idea misma sigue siendo muy significativa de esas relaciones.
[^185]: Puesto que nos hemos propuesto examinar a fondo la cuestión, queremos aclarar aún las pocas manifestaciones pertinentes que no hemos tenido ocasión de tratar en el texto.

    1. Pertenecen a ellas, ante todo, las declaraciones del profesor Schulze-Gävernitz sobre la *política aduanera* rusa: «También los aranceles sobre la hulla, que encarecen el combustible a las provincias fronterizas occidentales, redundan en interés de Moscú». («Preufs. Jahrb.», ob. cit., p. 344.) El profesor Schulze-Gävernitz desconfía tanto de todas las medidas de política comercial de Rusia que ha llegado aquí a una conclusión justamente opuesta a la que, con toda evidencia, habría debido llegar. Si los aranceles sobre la hulla encarecen el combustible a las *fábricas* polacas, en la misma medida benefician a las *minas de carbón* polacas. El arancel no está dirigido, pues, en ningún caso contra Polonia sin más, sino contra un grupo capitalista y en favor de otro. Pero cómo pueden los aranceles sobre la hulla redundar en interés de *Moscú* es, en todo caso, un misterio. Como región industrial que tiene que traer su hulla de otras regiones —pues por ahora la nafta, como se ha mostrado, solo cubre una parte relativamente pequeña de sus necesidades—, Moscú difícilmente puede sacar provecho, evidentemente, del encarecimiento de la hulla. La consecuencia de la llamada «crisis del carbón» fue además, como hemos visto, que la región central se vio obligada a traer combustible también de Polonia, naturalmente a precios correspondientemente más altos, y que las minas de carbón polacas empezaron a colocar masivamente su producto en el interior de Rusia.

    2. El señor S. G., en su «Industrielle Politik etc.», «Neue Zeit», ob. cit., p. 790, cuenta entre otras cosas: «El gobierno (ruso) no se hizo esperar (con medidas contra la industria polaca). Primero elevó el *impuesto industrial* en las provincias polacas, etc.». Esta afirmación es de nuevo, por decirlo suavemente, infundada. La distribución de todas las cargas del Estado entre las distintas regiones del imperio ruso era en 1887:

    | Regiones | Parte de la suma total de las cargas del Estado | Proporción de las cargas respecto al volumen de negocio económico | Cargas públicas por habitante |
    |---|---|---|---|
    | Gobernaciones de San Petersburgo y Moscú | 13,16 % | 4,26 % | 26,75 r. |
    | Sudoccidental | 8,10 % | 8,47 % | 6,56 r. |
    | Pequeña Rusia | 6,49 % | 6,25 % | 5,78 r. |
    | Región de tierras negras | 17,80 % | 7,73 % | 6,66 r. |
    | Región industrial central | 9,12 % | 5,95 % | 5,38 r. |
    | Báltica | 2,26 % | 3,50 % | 6,28 r. |
    | Noroccidental | 6,08 % | 7,84 % | 4,59 r. |
    | Meridional | 8,43 % | 4,39 % | |
    | Oriental | 11,30 % | 5,22 % | 5,05 r. |
    | Septentrional | 3,20 % | 6,51 % | 5,51 r. |
    | Cáucaso | 1,20 % | | |
    | Rusia asiática | 6,60 % | | |
    | Polonia | 6,05 % | 6,01 % | 5,64 r. |

    (N. P. Jasnopolsky, Die geographische Verteilung der Staatseinnahmen, I, pp. 131 y 236.) Como se ve en el cuadro, en Rusia la distribución de las cargas públicas entre las distintas regiones es sumamente desigual, en algunas bastante más baja y en otras mucho más alta que en Polonia, de modo que difícilmente puede hablarse de una política fiscal especial respecto a Polonia. Es cierto que la propiedad territorial polaca está bastante más gravada que la rusa, pero esto obedece a causas muy distintas, entre otras a las luchas de liberación de la nobleza polaca contra el gobierno ruso en el pasado, y en todo caso no guarda relación alguna con la cuestión de la actual política industrial de Rusia respecto a Polonia. Y en cuanto a la imposición de la industria en particular, que es lo que importa en este caso, en 1887 era, como muestra el informe de la Comisión de Investigación etc., I, p. 47, bastante más baja que en las dos principales regiones rusas.

    La proporción de los impuestos respecto al valor de la producción era en 1887:

    | en la | en Polonia | en la gobernación de Moscú | en la gobernación de San Petersburgo |
    |---|---|---|---|
    | industria algodonera | 0,33 % | 0,64 % | 0,78 % |
    | hilatura de lino | 0,27 % | | 0,59 % |
    | industria lanera | 0,28 % | 0,50 % | 1,00 % |
    | industria metalúrgica | 0,34 % | | 0,61 % |

    El porcentaje impositivo más alto en Rusia se explica, ciertamente, por diversas circunstancias especiales, entre otras la posesión por las empresas rusas de bosques, turberas, cuarteles obreros, tabernas de fábrica, etc. Con el crecimiento constante del presupuesto ruso se elevó en 1893 también el impuesto industrial, pero en todo el imperio sin excepción y de manera uniforme. De impuestos especiales que tuvieran por objeto colocar a la industria polaca en condiciones más desfavorables que la rusa no hemos encontrado rastro alguno en todos los materiales de que hemos dispuesto.

    3. Por último, el mismo autor de la «Industrielle Politik etc.» cuenta aún, ob. cit., p. 790: el gobierno «introdujo las llamadas ‹*tarifas diferenciales*›, que consisten en que las mercancías que llegan de Rusia a Polonia pagan una tarifa ferroviaria más baja que las que se transportan de Polonia a Rusia. Con esta última medida se estableció de nuevo una frontera aduanera entre Polonia y Rusia». También esta historia no es más que otro fruto de la fantasía del autor. Este ha oído evidentemente algo sobre la introducción de las tarifas diferenciales en Rusia, pero no ha tenido ocasión de enterarse de en qué consisten realmente. La terrible cosa no significa, sin embargo, otra cosa que tarifas que se calculan diferencialmente más bajas para los trayectos más largos que para los más cortos, y no tiene lo más mínimo que ver con Polonia en particular.

    El verdadero estado de cosas, cuyo desconocimiento está evidentemente en la base de la afirmación anterior del señor S. G., es el siguiente. Mientras la política tarifaria en Rusia la practicaron por su cuenta las compañías ferroviarias, en las líneas que iban de la frontera europea al interior del país existían tarifas especiales bajas para las mercancías extranjeras. Al regularse de manera unitaria el sistema de transportes en 1890, el gobierno vio en estas tarifas fronterizas bajas ante todo una brecha directa en las murallas arancelarias proteccionistas en favor del extranjero, y además un «injustificado trato tarifario de favor a la industria de las regiones fronterizas (Polonia y provincias bálticas) en relación con la de la región central» (en la adquisición de mercancías extranjeras). (Die Land- und Forstwirtschaft, p. 478.) Los portes en el tráfico con el extranjero se armonizaron también con los del tráfico interior. (Ob. cit.) La reforma mencionada no se refería, como se ve, especialmente a Polonia, sino a todas las regiones fronterizas de Rusia, tanto a la del mar Negro como a la del Báltico, y perseguía ante todo fines proteccionistas generales. El tráfico interior recíproco de mercancías de Polonia con Rusia, de cuya reforma habla el señor S. G., no estaba aquí en cuestión ni de lejos, pues de lo que se trataba era solo del tráfico directo de las partes del imperio con el extranjero.

    Por lo demás, para presentar como pura invención las «tarifas diferenciales» de las que el señor S. G. sabe informar en tono tan seguro, no hacía falta siquiera exponer todo el proceso real, que solo hemos expuesto para mejor información del lector. Bastan para refutar la afirmación del señor S. G. las cifras siguientes: la tarifa para los productos de la industria textil (que es lo que ante todo importa) «de Lodz a Moscú *o de Moscú a Lodz* era de 60 kopeks (según la nueva tarifa de 1893, 91 kopeks) por pud; de Lodz a Odesa *o a la inversa*, 67 (1893: 84) kopeks; de *Moscú a Odesa*» (es decir, dentro de la propia *Rusia*) «86 (1893: 105) kopeks; de Lodz a San Petersburgo *o a la inversa*, 62 (1893: 79) kopeks, etc.» («Nowosti», agosto de 1893.) Las tarifas son, pues, hoy como antes, exactamente las mismas en el transporte de mercancías de Polonia a Rusia que las que se cobran por las mismas mercancías de Rusia a Polonia. Lo expuesto echa por tierra el razonamiento del señor S. G., junto con su pomposa conclusión sobre el «restablecimiento de la frontera aduanera entre Polonia y Rusia». Al despedirnos del autor que tantas veces hemos citado, una observación. Además de las aquí criticadas, también la mayoría de las demás afirmaciones y datos de su artículo están o bien sacados directamente de la nada, o bien tergiversados. Así, por ejemplo, es capaz de explicar la supresión de la frontera aduanera ruso-polaca, que, como sabe cualquier colegial en Polonia, tuvo lugar en 1851, como consecuencia directa… de la insurrección polaca de 1863 (ob. cit., p. 789), etc. Estos y todos los demás despropósitos debían demostrar, evidentemente, que el capitalismo polaco se hundía bajo las persecuciones rusas, de lo que resultaría una base material para las aspiraciones nacionales polacas. Aunque el método de fundamentar un programa político con inexactitudes estadísticas sea en sí mismo, sin duda, equivocado, no puede negarse, sin embargo, que en este caso a estas tergiversaciones subyacía un motivo muy simpático, a saber, el sincero deseo del autor de contribuir también él, en la medida de sus fuerzas, a la liberación de la patria.
[^186]: K. Lodyschensky, ob. cit., p. 220.
[^187]: Ob. cit., p. 245.
[^188]: Die Fabrikindustrie, introducción, p. 29.
[^189]: Este aspecto de la cuestión, del que no podemos ocuparnos aquí más de cerca, lo hemos tratado con más detenimiento, en relación con el desarrollo político de la sociedad polaca, en los artículos: Der Socialpatriotismus in Polen, «Neue Zeit», 1895/96, n.º 41, Stuttgart; Von Stufe zu Stufe, zur Geschichte der bürgerlichen Klassen in Polen, ob. cit., 1897/98, n.º 6, y La questione polacca al Congresso internazionale di Londra, «Critica Sociale», Rivista quindicinale del Socialismo Scientifico, n.º 14, 1896, Milán.
[^190]: Véanse los decretos de diciembre de 1892 sobre la devolución de los aranceles en la exportación de productos de la industria textil, y además en la exportación de azúcar.
[^191]: Deutsch-Asiatische Bank, Comptoir National d’Escompte de Paris, Hong-Kong and Shanghai Banking Corporation, Chartered Bank of India, Australia und China, Chartered Mercantil Bank of India, London and China, Bank of China, Japan and the Straits.
[^192]: «Der Finanzbote», n.º 52, del 5 de enero de 1896.
[^193]: Sibirien und die Sibirische Eisenbahn, p. 246.
[^194]: Die Produktivkräfte Rufslands, Auswärtiger Handel, p. 26.
[^195]: «Der Finanzbote», n.º 44, del 11 de noviembre de 1894.
[^196]: Epidemia de cólera.
[^197]: Ob. cit. Las ventas rusas totales de productos de la industria textil en Bujará fueron, en 1890-1893, de 140 000 puds anuales por término medio.
[^198]: Ob. cit.
[^199]: Die Produktivkräfte etc. VIII, p. 5. Según el «Finanzb.» (ob. cit.), 120 000 puds anuales.
[^200]: «Der Finanzbote», n.º 52, del 10 de enero de 1897; asimismo, Die Produktivkräfte etc., Auswärtiger Handel Rufslands, pp. 25-26.
[^201]: Así dice, por ejemplo, H. Kuhn en su libro *Die Baumwolle, ihre Cultur, Structur und Verbreitung*, 1892: «Los productos rusos se distinguen ventajosamente por su solidez . . . Por lo general solo se fabrican los números bajos, pero en estos Rusia puede competir con éxito incluso con Inglaterra». (Die Fabrikind. I, p. 23.)
[^202]: «Der Finanzbote», n.º 44, del 11 de noviembre de 1894.
[^203]: Como hizo constar el gobierno, muchas partidas de azúcar hacían el camino a Asia central solo en apariencia, para obtener la devolución del impuesto especial y regresar, aprovechando la deficiente vigilancia de la frontera, inadvertidamente «a la patria». Algunos envíos pudieron hacer el lucrativo viaje varias veces antes de llegar realmente a venderse en Persia. Esto movió también al gobierno a suspender temporalmente la devolución del impuesto especial y a reorganizar la vigilancia de la frontera. («Der Finanzbote», n.º 15, del 25 de abril de 1897.)
[^204]: «Algunas fábricas moscovitas se han decidido por fin a aplicar en sus relaciones con Siberia el sistema de los viajantes de comercio, pero gracias a nuestra torpeza de ello resulta por ahora más confusión y malentendidos que provecho. En verano, la firma Konshin envió a sus viajantes con muestrarios a Siberia y hace poco recibió también dos pedidos de Vladivostok, pero la firma se niega ya a servirlos con exactitud, porque no estaría ya en condiciones de suministrar la mercancía conforme a la muestra». («Sibir» del 8/20 de enero de 1897.)
[^205]: «La firma Peter Vereschaguin & Co., de Hankou, que se proponía dedicarse exclusivamente a la venta de mercancías rusas en China, se dirigió todavía el 6 de septiembre (1896) a 14 fabricantes moscovitas pidiéndoles muestras y, en general, el establecimiento de relaciones, pero hasta la fecha (enero de 1897) solo uno le ha respondido». (Ob. cit.)
[^206]: «Der Finanzbote», n.º 44, del 11 de noviembre de 1894.
[^207]: Así escribe el periódico «Sibir» del 20 de enero de 1897: «Protegidos por aranceles casi prohibitivos y por medidas estatales de toda clase, los apáticos empresarios moscovitas no sienten ninguna necesidad de nuevos mercados».
[^208]: «Der Finanzbote», n.º 52, del 10 de enero de 1897.
[^209]: Citado en la «Gazeta Polska» del 3 y el 5 de diciembre de 1894.
[^210]: «Der Finanzbote», n.º 44, del 11 de noviembre de 1894.
[^211]: «. . . A consecuencia de algunos pedidos importantes de carruajes y de tejidos de lino que el sha de Persia había hecho a los fabricantes de esos artículos en Polonia, la atención de los medios mercantiles de este país se dirigió a la posibilidad de establecer relaciones comerciales directas con Persia; . . . con este fin, un importante agente comisionista se trasladó a aquel país hacia finales del año pasado con el propósito de familiarizarse a fondo con sus mercados, llevando consigo una cantidad considerable de muestras de diferentes clases de mercancías, y se dice que, si su viaje tiene resultados favorables, se abrirá en Teherán un almacén mayorista y una agencia de comisiones» (Dipl. and Cons. Reports, n.º 321, p. 5).
[^212]: «Der Finanzbote», n.º 44, del 11 de noviembre de 1894.
[^213]: Ob. cit.
[^214]: Ob. cit.
[^215]: Diplom. and Cons. Reports, n.º 321, p. 4.
[^216]: «Gazeta Handlowa» del 25 de noviembre de 1896.
[^217]: «Ateneum», 1894, t. IV, cuaderno II, pp. 241, 242.
[^218]: Diplom. and Cons. Rep., n.º 321, p. 5.
[^219]: «Novosti» del 4 de noviembre de 1893.
[^220]: Tomamos la cita de los Diplom. and Consular Reports, n.º 1183, p. 4.
[^t1]: En el original, «Rayon» (del francés *rayon*; en ruso, *raión*): distrito, región; aquí, región industrial. (N. de la T.)
[^t2]: Los repartos de Polonia de 1772, 1793 y 1795 entre Rusia, Prusia y Austria. (N. de la T.)
[^t3]: Estado creado por Napoleón en 1807 con territorios polacos arrebatados a Prusia, ampliado en 1809 a costa de Austria; existió hasta 1815. (N. de la T.)
[^t4]: En alemán, Kongrefs-Polen: el Reino de Polonia creado por el Congreso de Viena (1815) y unido al Imperio ruso, cuyo zar era a la vez rey de Polonia. (N. de la T.)
[^t5]: Ucase: decreto del zar. (N. de la T.)
[^t6]: Rublo: unidad monetaria rusa, dividida en 100 kopeks. (N. de la T.)
[^t7]: En polaco, Łódź. (N. de la T.)
[^t8]: El original escribe «Pabjaniz» (más adelante, «Pabianiz» y «Pabianitz»). (N. de la T.)
[^t9]: La Seehandlung (Sociedad de Comercio Marítimo) prusiana, fundada en 1772, que actuó como banco del Estado y promotora de empresas industriales; la Société générale de Belgique, fundada en Bruselas en 1822. (N. de la T.)
[^t10]: Georg (Yegor Frántsevich) Kankrin (1774-1845), ministro de Hacienda de Rusia de 1823 a 1844. (N. de la T.)
[^t11]: La insurrección de noviembre de 1830-1831 contra el dominio ruso. (N. de la T.)
[^t12]: Karl Scheibler (1820-1881), industrial textil de origen renano establecido en Lodz. (N. de la T.)
[^t13]: Żyrardów, ciudad fabril al suroeste de Varsovia; el original escribe «Zyrardow». (N. de la T.)
[^t14]: La insurrección de enero de 1863-1864 contra el dominio ruso. (N. de la T.)
[^t15]: En Rusia, por el manifiesto del 19 de febrero (3 de marzo) de 1861; en el Reino de Polonia, por los ucases de marzo de 1864, que dieron a los campesinos la propiedad de las tierras que cultivaban. (N. de la T.)
[^t16]: Desde el 1 de enero de 1877 los derechos de aduana debían pagarse en oro, y no en rublos papel (en alemán, Goldzoll). (N. de la T.)
[^t17]: Pud: medida rusa de peso, equivalente a 16,38 kg. (N. de la T.)
[^t18]: La región metalúrgica del sur de Rusia, en torno a la cuenca del Donets. (N. de la T.)
[^t19]: John Hughes (1814-1889), industrial galés, fundador de la Sociedad Metalúrgica de Nueva Rusia y de sus fábricas de Yúzovka (hoy Donetsk). (N. de la T.)
[^t20]: Kopek: centésima parte del rublo. (N. de la T.)
[^t21]: En el original, «Accise»: impuestos especiales sobre el consumo de determinados productos (alcohol, tabaco, azúcar), cobrados en la fábrica; véase la nota 35. (N. de la T.)
[^t22]: Praga: arrabal de Varsovia en la orilla derecha del Vístula. (N. de la T.)
[^t23]: Tomaszów Mazowiecki; el original escribe «Tomaszow». (N. de la T.)
[^t24]: Gobernación (en ruso, *gubérniya*; en alemán, Gouvernement): la principal división administrativa del Imperio ruso. (N. de la T.)
[^t25]: El original escribe «Kalisch». (N. de la T.)
[^t26]: En polaco, Łódka. (N. de la T.)
[^t27]: En el original, «Barchent»: tejido de algodón, o de lino y algodón, con el revés afelpado. (N. de la T.)
[^t28]: Mitkal: tela de algodón lisa y cruda (en ruso, *mitkal*). (N. de la T.)
[^t29]: Ciudades textiles de Sajonia; el original escribe «Krimmitschau». (N. de la T.)
[^t30]: El original escribe «Sosnoviz». (N. de la T.)
[^t31]: Piotrków Trybunalski; el original escribe «Piotrkow». (N. de la T.)
[^t32]: El original escribe «Czenstochow, Bendin, Zawierz, Sielz und Sosnoviz». Sielce es hoy un barrio de Sosnowiec. (N. de la T.)
[^t33]: Milla rusa: 7 verstas, unos 7,5 km. (N. de la T.)
[^t34]: En polaco, Chwastów (así en el original, «Chwastow»); hoy Fástiv, en Ucrania. (N. de la T.)
[^t35]: d.: penique inglés (*penny*); la libra (*Pfund*) es aquí la libra inglesa, de unos 454 g. (N. de la T.)
[^t36]: Pequeña Rusia: nombre que se daba en el Imperio ruso a Ucrania. (N. de la T.)
[^t37]: Nueva Rusia: nombre de las tierras del litoral septentrional del mar Negro anexionadas por Rusia a finales del siglo XVIII (gobernaciones de Jersón, Ekaterinoslav y Táurida). (N. de la T.)
[^t38]: El Congreso de Berlín (1878) revisó el tratado de paz que puso fin a la guerra ruso-turca de 1877-1878; Batum pasó a Rusia como puerto franco. (N. de la T.)
[^t39]: Tsaritsyn: hoy Volgogrado. (N. de la T.)
[^t40]: Nizhni Nóvgorod, a orillas del Volga, e Irbit, en los Urales, celebraban las mayores ferias anuales del Imperio ruso. (N. de la T.)
[^t41]: Alusión a la *facies hippocratica*, el semblante que, según Hipócrates, anuncia la muerte próxima. (N. de la T.)
[^t42]: Serguéi Fiódorovich Sharápov (1855-1911), publicista ruso eslavófilo y proteccionista. (N. de la T.)
[^t43]: Iván Ivánovich Yanzhul (1846-1914), economista ruso, primer inspector de fábricas del distrito de Moscú. (N. de la T.)
[^t44]: En francés en el original: «cantidad desdeñable». (N. de la T.)
[^t45]: Archin: medida rusa de longitud, 0,71 m. (N. de la T.)
[^t46]: d.: peniques; cwt.: quintal inglés (*hundredweight*, 50,8 kg). Los datos proceden de los informes consulares británicos. (N. de la T.)
[^t47]: La cuenca hullera del Donets (Donbass), en el sur de Rusia, hoy en Ucrania. (N. de la T.)
[^t48]: «Klafter» en el original: medida de volumen para leña y turba (en Rusia, la sázhen cúbica). (N. de la T.)
[^t49]: Gerhart von Schulze-Gaevernitz (1864-1943), economista alemán, autor de estudios sobre la economía rusa. (N. de la T.)
[^t50]: Dmitri Ivánovich Mendeléyev (1834-1907), químico ruso, que escribió también sobre la industria rusa y el arancel protector. (N. de la T.)
[^t51]: Vladímir Vladímirovich Sviatlovski (1869-1927), economista ruso, autor de estudios sobre los obreros fabriles. (N. de la T.)
[^t52]: Ley rusa del 2 (14) de junio de 1897, que limitó a 11½ horas la jornada de trabajo en la industria fabril. (N. de la T.)
[^t53]: La huelga general de Lodz de mayo de 1892, reprimida por el ejército. (N. de la T.)
[^t54]: En latín en el original: «en igualdad de las demás condiciones». (N. de la T.)
[^t55]: Dąbrowa Górnicza, centro de la cuenca carbonífera polaca, junto a Sosnowiec. (N. de la T.)
[^t56]: Desiatina: medida rusa de superficie, 1,09 ha. (N. de la T.)
[^t57]: Berkovets: medida rusa de peso, 10 puds (163,8 kg). (N. de la T.)
[^t58]: «Trucksystem» en el original: pago del salario en especie o en vales canjeables en la tienda de la fábrica. (N. de la T.)
[^t59]: Goethe, *Fausto*, «Prólogo en el cielo»: «Y todas tus altas obras / son magníficas como el primer día». (N. de la T.)
[^t60]: Tratado de comercio entre Rusia y Alemania de 1894, que puso fin a la guerra arancelaria entre ambos países de 1893. (N. de la T.)
[^t61]: Járkov (al. *Charkoff*), hoy Járkiv (Ucrania). (N. de la T.)
[^t62]: El águila blanca de una cabeza es el emblema de Polonia; la bicéfala, el del imperio ruso. (N. de la T.)
[^t63]: Yekaterinoslav, hoy Dnipró (Ucrania). (N. de la T.)
[^t64]: Libau, hoy Liepāja (Letonia), puerto del Báltico. (N. de la T.)
[^t65]: Aleksandrowo (Aleksandrów Kujawski) y Granica (hoy Maczki, en Sosnowiec), estaciones fronterizas del Reino de Polonia con Prusia y con Austria, respectivamente. (N. de la T.)
[^t66]: «La guerra de todos contra todos», fórmula de Thomas Hobbes. (N. de la T.)
[^t67]: Ksawery Drucki-Lubecki (1778-1846), ministro de Hacienda del Reino de Polonia de 1821 a 1830. (N. de la T.)
[^t68]: Alusión a Esaú, que vendió su primogenitura por un plato de lentejas (Génesis 25, 29-34). (N. de la T.)
[^t69]: Nicolás I, zar de 1825 a 1855. (N. de la T.)
[^t70]: Alekséi Pozdnéyev (1851-1920), orientalista ruso, especialista en Mongolia. (N. de la T.)
[^t71]: Enzelí (al. *Enseli*), hoy Bandar-e Anzalí, puerto persa del Caspio; Tabriz (al. *Tauris*) y Mashhad (al. *Meschhed*), ciudades de Persia. (N. de la T.)
[^t72]: Ferrocarril construido entre 1880 y 1888 desde la costa oriental del Caspio hasta Samarcanda. (N. de la T.)
[^t73]: El Banco Ruso-Chino, fundado en 1895 con capital ruso y francés. (N. de la T.)
[^t74]: *Nóvosti* (Las Noticias) y *Nóvoie Vremia* (Tiempo Nuevo), diarios de San Petersburgo. (N. de la T.)
[^t75]: *Varshavski Dnevnik*, órgano oficial en lengua rusa del gobierno de Varsovia (el «Warszawsky Dniewnik» citado en una nota anterior). (N. de la T.)
[^t76]: Alusión al primer verso del *Don Carlos* de Schiller: «Los hermosos días de Aranjuez han pasado ya». (N. de la T.)
