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Title: Dos sermones de F. W. Krummacher (1840)
Description: Nota del Telegraph, atribuida a Engels, sobre los dos sermones con que el pietista de Elberfeld escandalizó a los bremenses: un celote ingenioso que convierte el púlpito en tribunal de la Inquisición y la sencillez cristiana en soberbia.
Author: Friedrich Engels
Date: 1840-09
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1840%20Dos%20sermones%20de%20F.%20W.%20Krummacher
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*Escrito por Friedrich Engels en Bremen y publicado sin firma en el* Telegraph für Deutschland *(Hamburgo), núm. 149, de septiembre de 1840, p. 596; los editores de la MEGA lo atribuyen a Engels, que firmaba entonces sus colaboraciones en el* Telegraph *con el seudónimo «Friedrich Oswald» o «F. O.». El título lo ponen los editores de la MEGA. Traducido de Marx/Engels,* Gesamtausgabe *(MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 88-89, por la Escuela de marxismo, 2026. Las cursivas reproducen el espaciado de la MEGA. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1840%20Zwei%20Predigten%20von%20F.%20W.%20Krummacher).*

Tenemos delante los dos sermones que movieron a los bremenses, por lo demás tan piadosos, a prohibir al fanático de Elberfeld, F. W. *Krummacher*, que siguiera predicando como huésped en la iglesia de San Ansgario.[^1] Si de los sermones corrientes, en que a Dios solo se le llama el *Padre del mundo* o el *Ser supremo*, se saca por lo general una impresión muy aguada, el texto de estos discursos de Krummacher es lejía, mordiente, más aún, agua fuerte. Aunque solo sea por la originalidad de tratar con las comunidades desde el púlpito como aquí se hace, se leerán estos discursos con interés; muestran que Krummacher es un celote de ingenio, bendecido con gracia y fantasía. Que este lenguaje acorazado brote de una verdadera fe de roca en el cristianismo, puede dudarse. Nosotros creemos que Krummacher no es un hipócrita, pero que se ha encasquillado en esta manera de predicar solo por gusto, y que tanto menos puede dejarla cuanto que el tono habitual de los arrulladores evangélicos del amor y de los predicadores para señoras es, a decir verdad, de lo más insulso. Lo que sí es seguro es que Krummacher desconoce por completo el sentido del púlpito cuando lo eleva a sitial de la Inquisición. ¿Qué puede llevarse a casa una comunidad de un sermón así? Nada más que aquella *soberbia espiritual* que tan repugnante es en el pietismo. Quien a su comunidad solo le pide *fe*, solo parafrasea con sinónimos este mandato rígido y emplea el resto de la predicación en la polémica del día, difundirá muchísima presunción, soberbia y obstinación ortodoxa, pero muy poco cristianismo. Krummacher parece dedicarse metódicamente a la tarea de emancipar la sencillez cristiana hacia la soberbia. El giro de que el espíritu, el ingenio, la fantasía, el talento poético, el arte, la ciencia, todo, no es nada ante Dios, es en él estereotipado. Dice: «En el cielo hay fiesta no cuando nace un poeta, sino cuando se despierta a uno que yerra». Pinta al más pobre de su comunidad una *importancia* que podría tener, de modo que este por fuerza ha de creerse más alto y más sabio que Kant, Hegel, Strauss, etc., a los que Krummacher anatematiza sin cesar en sus sermones. ¿No nacerá también el ser más propio de Krummacher de una ambición… reprimida, del afán de distinguirse? Hay muchas cabezas que aspiraron a lo más alto, no pudieron alcanzarlo con su esfuerzo, su talento y su solidez y esperan entonces llegar hasta la corona eterna gracias a un *virtuosismo de la fe* sin igual. Por lo menos uno se sentiría muy inclinado a explicarse así, y no de otro modo, la polémica constante de Krummacher contra todo *lo que es famoso en el mundo*. — Muy doloroso es encontrar en dichos sermones pocos *elementos que ablanden*, emoción, sentimiento, dolor auténtico. A un ser tan rígido, tan fanático, no puede serle familiar el tono del amor. Con todo, hay pasajes que reconcilian de nuevo con el extraño modo de ser de este hombre. ¡En qué pocos sermones se encontrará un pasaje tan hermoso como el siguiente!: «Sí, amigos, el mundo no se acaba allí donde, en la lejana costa, aúlla la tempestad, o donde allá arriba pasa la luna afligida y las estrellas silenciosas miran melancólicas a la tierra. Más allá hay otra región, más ancha, más luminosa. Oh, allí se está mejor que aquí. Allí ya no se llevan rosas a la tumba; allí ya no amenaza al amor ninguna separación; allí ya no queda ninguna gota de hiel en la copa de la alegría. Ese mundo existe, tan cierto como que el Señor Jesús se lanzó *visiblemente* (?) a él».

[^1]: Friedrich Wilhelm Krummacher (1796-1868), el predicador pietista de Elberfeld, predicó como invitado en la iglesia de San Ansgario de Bremen en 1840; sus ataques contra los racionalistas desataron una viva polémica en la ciudad, en la que intervino sobre todo Paniel, el pastor racionalista de San Ansgario.
