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Title: Joel Jacoby (1840)
Description: Burla del joven Engels contra Joel Jacoby, antiguo revolucionario convertido al catolicismo y a la causa del gobierno prusiano, cuyo libro de versos «Lucha y victoria» presenta como el extremo grotesco al que lleva toda enemistad contra el pensamiento libre.
Author: Friedrich Engels
Date: 1840-04
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1840%20Joel%20Jacoby
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*Escrito por Friedrich Engels en Bremen y publicado, con la firma «Friedrich Oswald», el seudónimo que usaba entonces junto con «F. O.», en el* Telegraph für Deutschland *(Hamburgo), núm. 55, de abril de 1840, pp. 219-220. Traducido de Marx/Engels,* Gesamtausgabe *(MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 69-71, por la Escuela de marxismo, 2026. Las cursivas reproducen el espaciado de la MEGA. Salvo la que se indica, las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1840%20Joel%20Jacoby).*

La compañía de volatineros de Görres[^1] ha hecho con *Joel Jacoby*[^2] una adquisición preciosa. El papel de payaso lo representaba antes el señor Guido Görres, cuyas gracias no acababan de gustar al público; pero el nuevo miembro ha vuelto a demostrar hace poco de manera sorprendente, en su *Lucha y victoria*,[^3] su vocación para ese papel. Un hombre de tanta versatilidad, al que le sientan igual de bien el gorro rojo y la púrpura de David, el frac de un candidato hambriento de empleo y el sayal de penitente del catecúmeno, que con gusto asume el oficio de anuncio ambulante y lleva por delante un número del *Berliner politisches Wochenblatt* y por detrás el catálogo de la editorial Manz de Ratisbona,[^4] un hombre así se acomoda con facilidad a todos los papeles. Ahí sale ahora por primera vez a escena, sin ningún embarazo, y mientras «os anuncian salud y paz, lucha y victoria sus acentos», mira de reojo con un ojo a la Orden del Águila Roja y con el otro a la mitra.

«¿Con qué he de recrearos?», pregunta al público. «¿Queréis de la cosecha de 1832 o de 1834, de 1836 o de 1839? ¿Qué he de declamar, Marat o Jarcke, David o Görres o Hegel?» Pero es magnánimo y nos da un ragú de todas las reminiscencias que pueden espantarse en el desierto de su cabeza, y es verdad que nos da algo recreativo.

Uno no sabe por dónde agarrar este disparate. Se me dispensará con gusto de desmenuzar la perfidia de la intención y la confusión caótica de los conceptos que distinguen también a este escrito del autor; ¿no tenemos ante nosotros a un medio loco en cuya cabeza los embriones deformes de sus propias ideas organizan una orgía desenfrenada con los conceptos ajenos que le han injertado? ¡Qué sabrá, por ejemplo, nuestro poeta de su propio pasado cuando se llama a sí mismo «un hombre callado»! Él, que desde hace ocho años no para de gritar, de rabiar, de bramar por la revolución, contra la revolución, por Prusia, por el papa. ¿Ese es un hombre callado? Él, cuyas quejas fueron siempre *que*rellas, el delator nato, que siempre sembraba sospechas al por mayor, ¿ese es de los callados en el país?[^5]

La confusión de lenguaje de Franz Karl Joel Jacoby está a la altura de su confusión de ideas. Nunca habría creído a la lengua alemana capaz de ajustarse tan estrechamente a las representaciones más embrolladas. Aquí se echan juntas palabras que nunca se han visto; conceptos que se repelen se acoplan con un verbo todopoderoso; las expresiones más honradas e inocentes se encuentran de pronto entre reminiscencias de los años revolucionarios de Joel, entre frases de mirada sospechosa de Menzel, de Leo y de Görres, entre ideas mal entendidas de Hegel, y sobre todas ellas blande el poeta su látigo de jauría, de modo que toda la cacería salvaje se precipita rugiendo, dando volteretas y tambaleándose, y encuentra por fin descanso en el seno de la Iglesia, la única que salva.

El verdadero contenido de esta obra maestra, compuesta en un seudoparalelismo, en la vieja «manera grandiosa de decirlo todo dos veces (y también tres o seis)», consiste en las quejas líricas de un judío y de un catecúmeno, y luego en las quejas de un católico, en las que el autor sale de la subjetividad lírica unilateral y desarrolla un drama genuinamente moderno, en cuyo centro hace de trágico la enérgica personalidad del autor (por lo menos da bastante pena mirarlo), y sobre cuyos desoladores enredos se levanta la aurora medieval de la Iglesia católica; gigantesco se alza el nuevo profeta Joel sobre el caos moderno y profetiza la ruina de todas las aspiraciones revolucionarias, liberales, hegelianas y protestantes, que dejarán su sitio a una nueva era de la falta de pensamiento. La maldición se pronuncia sobre todo lo que no se inclina ante el báculo; solo la «patria prusiana» recibe *pia desideria*;[^6] en cambio, los vascos carlistas y el «ruiseñor belga» entran en el gozo de su señor Loyola. Ya se ve que el terrorismo de la época jacobina se le ha quedado bien grabado en la memoria al señor Jacoby. Un juicio sangriento cae sobre todos los enemigos del jesuitismo y del principio monárquico, y ante todo sobre los nuevos filósofos, que llevan un puñal en una funda de conceptos que trastornan el juicio y, bajo sus harapos de colores, el bien conocido sudario (por lo menos el señor Jacoby lo conoce muy bien de antes) en el que los sacerdotes y los príncipes encuentran juntos su sueño de muerte. Pero el nuevo profeta los conoce: «siempre os he entendido», dice él mismo. Al maestro, en cambio, lo absuelve, porque algunas de las ideas del maestro han caído como nieve en la cabeza caliente del señor Jacoby y allí, claro está, se han hecho agua. Ante el coro de buitres y lechuzas que sigue ahora, así como ante el júbilo infernal, la crítica enmudece, como es justo.

En Joel Jacoby vemos el extremo espantoso al que acaban por ser empujados todos los señores caballeros del sinsentido. Ahí lleva al final toda enemistad contra el pensamiento libre, toda oposición contra el poder absoluto del espíritu, ya se presente como sansculotismo salvaje y sin regla o como espíritu servil y sin ideas; ya se muestre con la raya en el pelo del pietista o con la tonsura del cura. Joel Jacoby es un trofeo viviente, un signo de la victoria que ha conquistado el espíritu que piensa. Quien haya salido alguna vez a la palestra por el siglo diecinueve puede mirar con ojos triunfantes a este malogrado poeta de actualidad, pues tarde o temprano todos sus adversarios se le parecerán.

*Friedrich Oswald*

[^1]: Joseph Görres (1776-1848), antiguo jacobino renano convertido en cabeza del catolicismo político en Múnich, y su círculo; su hijo Guido Görres (1805-1852) era escritor y publicista católico.

[^2]: Franz Karl Joel Jacoby, escritor de origen judío que tras 1830 había pasado del radicalismo al servicio del gobierno prusiano y al catolicismo.

[^3]: (Nota de Engels.) Ratisbona, 1840.

[^4]: El *Berliner politisches Wochenblatt* (1831-1841) era el semanario de la extrema derecha feudal y legitimista prusiana, con Karl Ernst Jarcke entre sus fundadores; la editorial de Georg Joseph Manz, en Ratisbona, publicaba literatura católica.

[^5]: «Los callados en el país» (*die Stillen im Lande*, Salmo 35, 20), nombre que se daban a sí mismos los pietistas.

[^6]: «Deseos piadosos».
