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Title: Réquiem por la Adelszeitung alemana (1840)
Description: Oración fúnebre burlesca del joven Engels por el «Periódico de la Nobleza Alemana» de Fouqué y Alvensleben, que murió casi al nacer: la nobleza de dieciséis cuarteles ante el mundo moderno y, al final, el juicio del espíritu sobre los hijos del pasado.
Author: Friedrich Engels
Date: 1840-04
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1840%20R%C3%A9quiem%20por%20la%20Adelszeitung%20alemana
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*Escrito por Friedrich Engels en Bremen y publicado, con la firma «Friedrich Oswald», el seudónimo que usaba entonces junto con «F. O.», en el* Telegraph für Deutschland *(Hamburgo), núms. 59 y 60, de abril de 1840, pp. 235-236 y 238-239. Traducido de Marx/Engels,* Gesamtausgabe *(MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 72-75, por la Escuela de marxismo, 2026. Las cursivas reproducen el espaciado de la MEGA. Las citas latinas, de la misa de difuntos, se dejan en latín, como en el original, con su traducción en nota. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1840%20Requiem%20f%C3%BCr%20die%20deutsche%20Adelszeitung).*

> Dies irae, dies illa  
> Saecla solvet in favilla. —[^1]

Aquel día en que Lutero sacó a la luz el texto original del Nuevo Testamento y con ese fuego griego redujo a polvo y ceniza los siglos de la Edad Media, con su esplendor y su servidumbre, con su poesía y su falta de pensamiento, aquel día y los tres siglos que le siguieron han despertado por fin una época «que pertenece tan por entero a la publicidad, una época de la que Napoleón, al que, pese a muchas cualidades que son reprobables sobre todo a los ojos de los alemanes, no puede negarse una rara agudeza, dijo: “*Le journalisme est une puissance*”».[^2] Cito estas palabras solo para mostrar lo poco medieval, es decir, lo poco carente de pensamiento, que es el prospecto de la *Adelszeitung*, del que están tomadas. Y a esta publicidad había que ponerle la corona, había que darle la conciencia con la *Deutsche Adelszeitung*.[^3] Porque está claro que Gutenberg no inventó la imprenta para ayudar a un Börne —que al fin y al cabo era un demagogo— o a un Hegel —que es servil por delante, como Heine, y revolucionario por detrás, como ha demostrado Schubarth—[^4] o a cualquier otro burgués a difundir por el mundo sus ideas confusas, sino única y exclusivamente para hacer posible la fundación de la *Adelszeitung*. — *¡Dichosa ella, ya está en el otro mundo!* Echó solo una mirada furtiva y tímida a este mundo malo y nada medieval, y su puro corazón de doncella, o más bien de señorita de alcurnia, retrocedió ante el horror de la desolación, ante la suciedad de la canalla democrática, ante la espantosa arrogancia de quienes no tienen acceso a la corte, ante todas aquellas lamentables situaciones, relaciones y confusiones de esta época que, cuando se presentan a las puertas de los castillos de los barones, son recibidas con el látigo de la jauría. Dichosa ella, ya está en el otro mundo, ya no ve la vaciedad de la democracia, la sacudida a lo existente, las lágrimas de los bien nacidos y de los altamente nacidos; ya se ha dormido. —

Requiem aeternam dona ei, Domine![^5]

¡Y sin embargo hemos perdido mucho con ella! ¡Qué alegría no hubo en todos los salones en que solo tienen entrada señores con dieciséis cuarteles de nobleza, qué júbilo en todas las avanzadillas medio perdidas de la aristocracia de recta fe! Allí estaba sentado el anciano y gracioso papá en su sillón de familia, rodeado de sus perros favoritos, en la derecha la pipa de familia, en la izquierda el látigo de familia, estudiando con devoción el antediluviano árbol genealógico del primer libro de Moisés, cuando se abrió la puerta y le trajeron el prospecto de la *Adelszeitung*. El bien nacido, al encontrarse con la palabra *nobleza* impresa en letras grandes, se ajusta deprisa los anteojos y lee la hoja de cabo a rabo, bienaventurado; ve que también las noticias de familia encontrarán sitio en el nuevo periódico y se alegra ya pensando en su necrología —¡cuánto le gustaría poder leerla él mismo!— para cuando se reúna un día con sus antepasados. — En esto entran galopando en el patio del castillo los señoritos; el viejo los hace subir deprisa; el señor Theoderich «von der Neige»[^6] mete los caballos en la cuadra de un latigazo, el señor Siegwart atropella a varios lacayos, pisa la cola al gato y aparta del modo más caballeresco a un viejo campesino que había venido a suplicar y al que se ha despedido; el señor Giselher ordena a los criados, bajo pena de castigo corporal, que dispongan sin falta la cacería, y así entran los jóvenes barones en la sala con gran estrépito. Los perros, que les saltan al encuentro aullando, son echados a latigazos debajo de la mesa, y el señor Siegwart von der Neige, que ha mandado callar al perro favorito con un graciosísimo puntapié, ni siquiera recibe por ello del papá, encantado, la acostumbrada mirada de enfado. El señor Theoderich, que aparte de la Biblia y del árbol genealógico ha leído también algunas cosas en el diccionario enciclopédico y sabe por tanto pronunciar mejor que nadie las palabras extranjeras, tiene que leer en voz alta el prospecto, y el viejo, con sus lágrimas de alegría, se olvida de la ley de redención de cargas y de las quejas de la nobleza.[^7]

¡Con qué recato, qué modestia y qué condescendencia no entró la graciosa señora en el mundo moderno a lomos de su blanco palafrén de papel, con qué audacia no miraban al mundo sus dos caballeros, cada pulgada un barón, cada gota de sangre fruto de sesenta y cuatro coyundas de igual rango, cada mirada un desafío! Primero el señor *von Alvensleben*, que ha hecho caracolear a su caballeresco corcel de batalla por el árido brezal de las novelas y memorias francesas para poder ahora arriesgar también una justa contra los mocosos burgueses. En el escudo lleva la divisa: «Un derecho bien adquirido nunca puede convertirse en injusticia», y grita con voz fuerte al mundo: «La nobleza tuvo en otros tiempos la gracia de hacer méritos; ahora descansa en sus laureles, o, en alemán, está tumbada a la bartola, y la nobleza protegió con vigor a los príncipes *y con ello también a los pueblos*, y yo me ocuparé de que no se olviden estas gestas, y mi amada, la *Adelszeitung* —*requiescat in pace*—[^8] es la dama más hermosa del mundo, y el que lo niegue, ese…».

Aquí cae del caballo el noble héroe, y en su lugar entra en la liza al trotecillo el señor Friedrich barón de la *Motte-Fouqué*.[^9] El viejo «castaño claro» Rocinante, al que por la larga estancia en la cuadra se le habían caído las herraduras, el hipogrifo que nunca estuvo gordo ni en sus mejores días y al que hacía mucho que se le habían pasado los saltos románticos entre los héroes del Norte, se puso de pronto a piafar; el señor von Fouqué se olvidó del comentario poético anual al *Berliner politisches Wochenblatt*, mandó bruñir la coraza y sacar el viejo caballo ciego y partió, en solitaria grandeza heroica, a la cruzada contra las ideas de la época; pero para que el honrado estamento burgués no crea que la lanza rota del viejo paladín va dirigida contra él, le arroja un prólogo. Tan condescendiente bondad merece comentario.

El prólogo nos enseña que la historia universal no existe, como cree erróneamente Hegel, para realizar el concepto de la libertad, sino solo para demostrar que tiene que haber tres estamentos, de los cuales la nobleza ha de combatir, el burgués pensar y el campesino arar. Pero estas no han de ser diferencias de casta, sino que los estamentos han de remendarse y refrescarse mutuamente, no por medio de matrimonios desiguales, sino de ennoblecimientos. Es difícil de entender, desde luego, que el «lago claro como una fuente» de la nobleza, formado por las aguas puras que brotaban de las alturas de los castillos de bandidos, que este lago necesite todavía un refresco. Pero el noble barón permite que gentes que no solo han sido burgueses, sino también «mozos de caballería» *y quizá hasta oficiales de sastre*, refresquen a la nobleza. Cómo han de ser refrescados por la nobleza los demás estamentos, eso no lo dice el señor Fouqué. Probablemente por medio de los sujetos degradados de la nobleza; o bien, puesto que el señor Fouqué tiene la bondad de reconocer que la nobleza en su interior no es en realidad mejor que la canalla, ¿será para el noble el ascenso al estamento burgués, o incluso al de los campesinos, el mismo honor que para el burgués el diploma de nobleza? En el Estado del señor Fouqué se ha cuidado además de que la filosofía no se extienda demasiado; Kant, con sus ideas sobre la paz perpetua, habría ido allí a la hoguera, porque con la paz perpetua los nobles no podrían combatir en absoluto, sino a lo sumo los oficiales artesanos.

Ya se ve que el señor Fouqué merecería, por sus profundos estudios de historia y de ciencia política, ser elevado al estamento que piensa, es decir, al burgués: está magníficamente entrenado para rastrear, entre los hunos y los ávaros, entre los baskires y los mohicanos, y aun entre los antediluvianos, no solo un respetable público, sino también una alta nobleza. Ha hecho además el novísimo descubrimiento de que en la Edad Media, cuando el campesino era siervo, el estamento campesino daba y recibía amor y bien de los otros dos. Su lenguaje es incomparable: arroja a su alrededor «dimensiones que hunden sus raíces en lo hondo» y «sabe sacar oro de los fenómenos más oscuros *en sí* (Hegel: ¡Saúl entre los profetas!)».[^10] —

> Et lux perpetua luceat eis —[^11]

que bien lo necesitan.

Todavía tuvo más de una idea hermosa la difunta *Adelszeitung*, por ejemplo la de la propiedad territorial de la nobleza y otras cien que sería imposible alabar como se merecen, pero su idea más hermosa fue anunciar, en su primer número, entre los anuncios, nada menos que un *matrimonio desigual*. Si con igual humanidad quería contar al señor de Rothschild entre la nobleza alemana, no lo ha dicho. Dios consuele a los desconsolados padres y eleve a la difunta al condado celestial,

> y déjala dormir en paz  
> hasta más allá del Juicio Final. —

Nosotros, en cambio, queremos cantarle un réquiem y pronunciar una oración fúnebre, como es deber de un buen burgués.

> Tuba mirum spargens sonum  
> Per sepulcra regionum  
> Coget omnes ante thronum.[^12]

¿No la oís, la trompeta que derriba las lápidas y hace ondular de alegría la tierra hasta que se abren las tumbas? Ha amanecido el último día, el día al que no seguirá ninguna noche; el espíritu, el rey eterno, ha subido a su trono, y a sus pies se reúnen los pueblos de la tierra para dar cuenta de sus pensamientos y de sus afanes; una vida nueva recorre el mundo, de modo que los viejos troncos de los pueblos mecen gozosos sus ramas frondosas al soplo de la mañana y sacuden todas las hojas viejas para que juegue con ellas el viento, que las reúne en una gran hoguera que el propio Dios enciende con sus rayos. El juicio ha salido sobre las generaciones de la tierra, el juicio que los hijos del pasado querrían sobreseer como un pleito de herencia; pero el juez eterno amenaza inexorable con su mirada penetrante; el talento con el que no han negociado se les quita, y serán arrojados a las tinieblas, donde no los reconforta ningún rayo del espíritu.

*Friedrich Oswald*

[^1]: «Día de ira, aquel día / en que el mundo se reducirá a cenizas», comienzo de la secuencia *Dies irae* de la misa de difuntos.

[^2]: «El periodismo es un poder».

[^3]: La *Deutsche Adelszeitung*, periódico de la nobleza que dirigían el barón de la Motte-Fouqué y Alvensleben y que, según da a entender Engels, dejó de publicarse poco después de aparecer.

[^4]: Karl Ernst Schubarth (1796-1861) había acusado en 1839 a la filosofía de Hegel de ser incompatible con el Estado prusiano.

[^5]: «Dale, Señor, el descanso eterno».

[^6]: Apellido de burla: *Neige* es el poso que queda en el fondo del vaso, y *auf die Neige gehen*, ir a menos, acabarse.

[^7]: La legislación prusiana sobre la redención de las cargas campesinas, que la nobleza terrateniente sentía como un agravio.

[^8]: «Descanse en paz».

[^9]: Friedrich de la Motte-Fouqué (1777-1843), autor romántico de *Ondina* y de novelas de caballería y de héroes nórdicos, por entonces símbolo del romanticismo feudal y cristiano.

[^10]: «¿También está Saúl entre los profetas?» (1 Samuel 10, 11-12): dicho bíblico para quien aparece donde menos se lo espera.

[^11]: «Y que la luz perpetua los ilumine».

[^12]: «La trompeta, esparciendo su sonido asombroso / por los sepulcros de todas las regiones, / reunirá a todos ante el trono», del *Dies irae*.
