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Title: Observaciones al decreto de los tres ministros de censura contra la Rheinische Zeitung (1843)
Description: La defensa que Marx redactó de la Rheinische Zeitung, prohibida por el Gobierno prusiano, refutando punto por punto las acusaciones del rescripto ministerial: la constitución, el principio monárquico, el descontento con las leyes y la «oposición sistemática».
Author: Karl Marx
Date: 1843-02-12
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1843%20Observaciones%20al%20decreto%20de%20los%20tres%20ministros%20de%20censura%20contra%20la%20Rheinische%20Zeitung
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*Escrito por Karl Marx en Colonia hacia el 12 de febrero de 1843, como redactor jefe de la* Rheinische Zeitung*, contra el rescripto de los ministros de censura (Asuntos Exteriores, Interior y Culto) que había decretado en enero la prohibición del periódico a partir del 1 de abril de 1843; probablemente servía de base a las alegaciones de la sociedad editora ante el Gobierno. El manuscrito se conservaba en el Archivo Histórico de Colonia. Publicado por primera vez por Joseph Hansen en* Rheinische Briefe und Akten zur Geschichte der politischen Bewegung*, tomo I (Essen, 1919), pp. 431-436. Traducido de la* Marx-Engels-Gesamtausgabe*, sección I, tomo 1, segundo semivolumen (Berlín, 1929), pp. 297-302, sin el aparato de los editores, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1843%20Bemerkungen%20zu%20dem%20Erla%C3%9F%20der%20drei%20Zensurminister%20gegen%20die%20Rheinische%20Zeitung).*

## I

### Glosas marginales a las acusaciones del rescripto ministerial

«Dicho periódico (el renano) siguió desde su nacimiento una tendencia tan *reprobable*», etc. «Inconfundiblemente», se dice, «predominó de continuo en el periódico la intención de atacar la constitución del Estado en su base, de desarrollar teorías dirigidas a quebrantar el principio monárquico, de hacer sospechosa con malevolencia ante la opinión pública la actuación del Gobierno, de azuzar a unos estamentos de la nación contra otros, de despertar descontento con las situaciones legales existentes y de favorecer tendencias muy hostiles contra potencias amigas. Las opiniones sobre supuestas deficiencias de la administración, aparte de que en su mayoría estaban sacadas de la nada y carecían en gran parte de solidez y conocimiento de causa, no se desarrollaron en tono serio, sereno y digno, sino con odiosa hostilidad contra el Estado y sus formas y órganos administrativos.»

Una tendencia no se vuelve *reprobable* evidentemente por el solo hecho de que el Gobierno la declare reprobable. También el *sistema copernicano del mundo* fue, no solo hallado reprobable, sino realmente reprobado por la autoridad suprema de su tiempo. Además, en todas partes es de derecho que sea el *acusador* quien aporte la prueba. Por último, a la *Rheinische Zeitung* se le imputa la «*inconfundible* intención» de las fechorías que se le cargan. Pero una intención solo se hace *reconocible*, y menos aún *inconfundible*, cuando se ha realizado en *hechos*.

Pero aun admitiendo por un momento (cosa que, por lo demás, negamos formalmente) que todas las inculpaciones del rescripto ministerial fueran fundadas, resultaría no obstante que, en su forma actual, indeterminada y equívoca, motivarían la prohibición de *cualquier otro* periódico tanto y tan poco como la prohibición de la *Rheinische Zeitung*.

En primer lugar, en la *Rheinische Zeitung* habría predominado la «inconfundible intención» de «atacar la constitución del Estado en su base». Pero, como es sabido, predomina inconfundiblemente una gran diversidad de opiniones sobre la constitución prusiana y su base. Unos niegan que la base sea una constitución; otros, que la constitución tenga una base[^1].

Una opinión tienen Stein, Hardenberg y Schön; otra, Rochow, Arnim y Eichhorn[^2]. Hegel creyó en vida haber expuesto en su *Filosofía del derecho* la base de la constitución prusiana, y el Gobierno y el público alemán lo creyeron con él. El Gobierno lo demostró, entre otras cosas, con la difusión oficial de sus escritos; el público, reprochándole que era el filósofo del Estado prusiano, como puede leerse en el viejo *Konversationslexikon* de Leipzig. Lo que entonces creía Hegel lo cree hoy Stahl[^3]. Hegel dio en 1831, por orden expresa del Gobierno, lecciones de filosofía del derecho.

En 1830, la *Staatszeitung*[^4] declaró que Prusia era una monarquía rodeada de instituciones republicanas. Hoy declara que es una monarquía rodeada de instituciones cristianas.

Ante tan gran diversidad de opiniones sobre la constitución prusiana y su base, parece natural que también la *Rheinische Zeitung* tuviera *la suya*, que podrá apartarse de la opinión del Gobierno del momento, pero que no por ello deja de poder invocar a su favor tanto la historia prusiana como muchos elementos de la vida actual del Estado y, por último, altas autoridades.

Así pues, lejos de haber pretendido la *Rheinische Zeitung* atacar la constitución prusiana en su base, lo que atacaba, a su juicio, eran, al contrario, solo las desviaciones de esa base.

A propósito de la prohibición de la *Rheinische Zeitung*, un artículo oficial de la *Allgemeine Königsberger Zeitung* llama a Prusia el Estado de la soberanía liberal. Es una definición que no se encuentra en el Código General prusiano y que admite todas las interpretaciones posibles.

Por «soberanía liberal» puede entenderse dos cosas: o que la libertad es solo una disposición *personal* del rey, esto es, una cualidad personal suya, o que la libertad es el espíritu de la soberanía y, por tanto, está realizada, o al menos debe realizarse, también en instituciones y leyes libres. En el primer caso se tiene el *despotisme éclairé* y se contrapone la *persona* del príncipe al conjunto del Estado como a una materia sin espíritu y sin libertad. En el segundo caso —y esta era la opinión de la *Rheinische Zeitung*— no se limita al príncipe a las fronteras de su persona, sino que se considera el Estado entero como su cuerpo, de modo que las instituciones son los órganos en los que vive y actúa, y las leyes los ojos con los que ve.

Además, la intención de la *Rheinische Zeitung* habría sido «desarrollar teorías dirigidas a quebrantar el principio monárquico».

De nuevo se plantea la pregunta: ¿qué se entiende por «principio monárquico»? La *Rheinische Zeitung*, por ejemplo, afirmaba que el predominio de las diferencias estamentales, la burocracia unilateral, la censura, etc., contradecían el principio monárquico, y siempre trató de *probar* sus afirmaciones; no las presentó como meras ocurrencias. Pero, en general, la *Rheinische Zeitung* nunca trató con especial predilección una *forma particular de Estado*. Le importaba una *comunidad moral y racional*; consideraba las exigencias de semejante comunidad como exigencias que deberían y podrían realizarse bajo *cualquier* forma de Estado. No trató, pues, el *principio monárquico* como un principio *aparte*; trató más bien la monarquía como realización del principio estatal en general. Si esto fue un error, no fue un error por menosprecio, sino por sobrestimación.

Por otra parte, la *Rheinische Zeitung* nunca trató de hacer sospechosa con malevolencia ante la opinión pública la actuación del Gobierno. Más bien trató, con buena voluntad, de hacer sospechosas ante el propio Gobierno las medidas contrarias al espíritu del pueblo. Tampoco contrapuso nunca de manera abstracta el Gobierno al pueblo, sino que consideró los males del Estado tanto males del pueblo como del Gobierno.

En cuanto a la solidez y el conocimiento de causa, así como al tono de la *Rheinische Zeitung*, ningún periódico de Alemania, al menos, ha desarrollado más solidez y conocimiento de causa. Y el tono es verdaderamente serio, sereno y digno si se lo compara con el tono vocinglero de los periódicos serviles (conservadores). En este aspecto, no sin razón se le ha hecho a la *Rheinische Zeitung* el reproche de *impopularidad*, de una forma demasiado *científica*, lo que contradice directamente el reproche del Ministerio.

La *Rheinische Zeitung* tampoco ha azuzado a unos estamentos de la nación contra otros; antes bien, ha tratado de azuzar a cada estamento contra su propio egoísmo y su propia estrechez; ha hecho valer en todas partes la razón ciudadana contra la sinrazón estamental, y el amor humano contra el odio estamental. Y aun si en esto pecó, solo cometió un pecado sancionado por la ley y la costumbre de la provincia del Rin.

El reproche de haber querido «despertar descontento con las situaciones legales existentes» no puede, en esta forma indeterminada, considerarse siquiera un reproche.

También el Gobierno ha tratado de despertar descontento con las situaciones legales existentes, por ejemplo con el régimen matrimonial de la vieja Prusia[^5]. Toda reforma y revisión de las leyes, todo progreso, descansa en semejante descontento.

Puesto que no es posible un desarrollo legal sin desarrollo de las leyes, puesto que un desarrollo de las leyes es imposible sin una crítica de las leyes, puesto que toda crítica de las leyes desune la cabeza, y por tanto también el corazón, de los ciudadanos con las leyes existentes, y puesto que esta desunión se siente como descontento, una participación leal de la prensa en el desarrollo del Estado es imposible si no se le permite despertar descontento con las situaciones legales existentes.

El reproche de que la *Rheinische Zeitung* persiguió con burlas indignas a órganos leales, que debe de referirse a la polémica periodística, no puede ser motivo de prohibición. La *Rheinische Zeitung* fue denunciada, cubierta de lodo y atacada por todas partes. Era su deber defenderse. Además, no hay prensa *oficial*.

La *Rheinische Zeitung* no ha ofendido a potencias *extranjeras*; solo ha censurado las ofensas de estas contra Alemania. Con ello no ha seguido sino una política *nacional*. En lo que respecta a los Estados de la Confederación Germánica, solo ha expresado en este punto la opinión de la mayoría de los representantes del pueblo en esos Estados.

Por último, en lo que respecta a la religión, ha actuado conforme al artículo II del edicto de censura de 1819[^6], es decir, se ha opuesto a que se arrastren fanáticamente verdades religiosas a la política y a la confusión de conceptos que de ello resulta.

## II

Si la *Rheinische Zeitung* hubiera querido formar una oposición sistemática contra el Gobierno, habría tenido que observar una *táctica completamente opuesta*.

Habría halagado los prejuicios de la provincia del Rin en lugar de oponerse a ellos. Habría rendido homenaje sobre todo a los *prejuicios religiosos* y habría explotado, a la manera de los ultramontanos, la oposición entre la cultura del norte y la del sur de Alemania, en lugar de introducir en la provincia del Rin la cultura del norte de Alemania.

Se habría apoyado en las teorías francesas y no en las alemanas.

Habría opuesto a la idea del Estado en su unidad el espíritu provincial en sus límites particulares; habría tomado, pues, bajo su protección sobre todo a las Dietas provinciales, como hace Görres[^7].

Habría visto todo lo bueno del lado de los estamentos y todo lo malo del lado del Gobierno, como hace el liberalismo corriente. No habría destacado, cosa que la puso en oposición con muchos liberales renanos, en su crítica de los estamentos renanos, la sabiduría general del Gobierno frente al egoísmo privado de los estamentos. Por último, habría hecho coro con otros periódicos y reclamado mayores derechos para las comisiones, en lugar de presentar semejante reclamación como contraria al Estado[^8].

## III

Por último, es una extraña exageración hablar de la *malevolencia de toda la tendencia*, pues entonces

1\. la lucha por la Unión Aduanera,  
2\. por Prusia en el asunto del cártel ruso[^9],  
3\. por la hegemonía prusiana,  
4\. la constante referencia a Prusia como el Estado del progreso,  
5\. el elogio de las instituciones populares prusianas, como el ejército, la administración, etc.,  
serían igualmente malévolos.

Tampoco ha combatido la *Rheinische Zeitung* la burocracia de manera unilateral. Al contrario, la ha hecho valer:  
1\. contra Bülow-Cummerow[^10],  
2\. contra la tendencia romántica.

Fue, más bien, el único periódico *liberal* que reconoció también su lado bueno, así como el lado bueno de la vieja legislación prusiana.

Así, la *Rheinische Zeitung* fue la única que defendió el principio fundamental de la nueva ley del divorcio, en contra de casi todos los demás periódicos.

Así, por último, fue la primera y casi la única en saludar como un progreso la orden del gabinete sobre las *rectificaciones*[^11].

Solo citamos estos ejemplos para probar que la *Rheinische Zeitung* no hizo una oposición *sistemática*, abstracta, sino que siempre hizo valer únicamente lo que, a su juicio, era racional, viniera de un lado o de otro.

[^1]: Prusia no tenía constitución escrita: Federico Guillermo III había prometido en 1815 una representación nacional que nunca se convocó.
[^2]: Los reformadores Karl vom und zum Stein, Karl August von Hardenberg y Theodor von Schön, frente a los ministros conservadores de Federico Guillermo IV: Gustav von Rochow y Adolf Heinrich von Arnim-Boitzenburg, sucesivos ministros del Interior, y Johann Albrecht Friedrich Eichhorn, ministro de Culto.
[^3]: Friedrich Julius Stahl (1802-1861), teórico de la monarquía cristiana, llamado en 1840 a la cátedra de Berlín que había sido de Hegel.
[^4]: La *Allgemeine Preußische Staats-Zeitung*, periódico oficial del Gobierno prusiano.
[^5]: El proyecto de ley sobre el divorcio de 1842, que debía endurecer la legislación matrimonial del Código General prusiano.
[^6]: El edicto de censura prusiano de 18 de octubre de 1819, cuyo artículo II ordenaba a la censura impedir todo lo que mezclara la religión con la política (véanse las *Observaciones sobre la reciente instrucción prusiana de censura* de Marx).
[^7]: Joseph Görres (1776-1848), publicista católico; desde Múnich atacó al Gobierno prusiano a propósito del conflicto eclesiástico de Colonia.
[^8]: Las comisiones estamentales convocadas en Berlín en octubre de 1842.
[^9]: La renovación del convenio («cártel») entre Prusia y Rusia sobre la entrega recíproca de desertores y fugitivos, discutida en 1842.
[^10]: Ernst von Bülow-Cummerow (1775-1851), publicista conservador, portavoz de los terratenientes pomeranos.
[^11]: La orden del gabinete de octubre de 1842 sobre la prensa diaria y las rectificaciones de las autoridades, que Marx comentó en la *Rheinische Zeitung* en noviembre de 1842.
