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Title: El Times sobre el comunismo alemán (1844)
Description: Carta de Engels a The New Moral World que desmonta un artículo mal informado del Times sobre los comunistas alemanes y destaca, frente a Cabet, las propuestas de Weitling de sustituir el gobierno por una mera administración del trabajo.
Author: Friedrich Engels
Date: 1844-01-20
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1844%20El%20Times%20sobre%20el%20comunismo%20alem%C3%A1n
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*Escrito por Friedrich Engels en inglés en Manchester en enero de 1844. Publicado como carta al director en* The New Moral World*, 3.ª serie, n.º 30, del 20 de enero de 1844, con la firma F. Engels. Traducido del original inglés según Karl Marx/Friedrich Engels,* Historisch-kritische Gesamtausgabe*, sección I, tomo 2 (Berlín, 1930, pp. 450-453), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1844%20The%20Times%20on%20German%20Communism).*

*Al director de The New Moral World*[^1]

Señor: Al ver el artículo del *Times* sobre los comunistas de Alemania reproducido en *The New Moral World*, he creído mejor no dejarlo pasar sin algunos comentarios, que quizá considere usted dignos de publicarse.

El *Times* gozaba hasta ahora en el continente de la reputación de un periódico bien informado, pero unos cuantos artículos más como ese sobre el comunismo alemán acabarán muy pronto con esa opinión. Cualquiera que tenga el más mínimo conocimiento de los movimientos sociales de Francia y Alemania tiene que darse cuenta enseguida de que el autor del artículo en cuestión habla de un asunto que ignora por completo. No sabe de él ni siquiera lo bastante para poder exponer los puntos más débiles del partido al que ataca. Si quería desacreditar a Weitling,[^2] habría podido encontrar en sus escritos pasajes mucho más adecuados a su propósito que los que traduce. Si tan solo se hubiera tomado la molestia de leer el informe de la comisión de Zúrich,[^3] que afirma haber leído pero que evidentemente no ha leído, habría encontrado material de sobra para la calumnia, montones de pasajes tergiversados y reunidos expresamente para ese fin. Es muy curioso, después de todo, que sean los propios comunistas los que tengan que proporcionar a sus adversarios las armas para el combate; pero, apoyados en la amplia base de la argumentación filosófica, pueden permitírselo.

El corresponsal del *Times* empieza describiendo el partido comunista como muy débil en Francia, y duda de si la insurrección de 1839 en París[^4] la organizaron ellos o, cosa que le parece muy probable, el «poderoso» partido republicano. Mi bien informado informador del público inglés, ¿considera usted muy débil un partido que cuenta con cerca de medio millón de varones adultos? ¿Sabe usted que el «poderoso» partido republicano de Francia está, y lleva estando estos últimos nueve años, en un estado de completa disolución y de decadencia creciente? ¿Sabe usted que el periódico *National*,[^5] el órgano de ese «poderoso» partido, tiene una tirada más reducida que cualquier otro periódico de París? ¿Tengo que recordarle yo, un extranjero, la suscripción republicana para el fondo de la derogación irlandesa,[^6] promovida por el *National* el verano pasado, que no llegó a cien libras, pese a que los republicanos aparentaban una considerable simpatía por los partidarios irlandeses de la derogación? ¿No sabe usted que la masa del partido republicano, las clases trabajadoras, se separó hace mucho de sus partidarios más ricos y no es que se uniera al partido comunista, no, sino que lo *fundó*, mucho antes de que Cabet[^7] empezara a defender el comunismo? ¿No sabe usted que todo el «poder» de los republicanos franceses consiste en la confianza que tienen en los comunistas, que desean ver establecida una república antes de empezar a poner en práctica el comunismo? Parece que usted ignora todas estas cosas, y sin embargo debería conocerlas para formarse una opinión correcta del socialismo continental.

En cuanto a la insurrección de 1839, no considero que tales cosas honren a ningún partido; pero sé por personas que tomaron parte activa en aquella *émeute* que la tramaron y la ejecutaron los comunistas.

El bien informado corresponsal continúa afirmando que «las doctrinas de Fourier y de Cabet parecían ocupar más la mente de algunos personajes literarios y científicos que ganar el favor general del pueblo». De Fourier es cierto, como tuve ocasión de mostrar en un número anterior de este periódico;[^8] ¡pero Cabet! Cabet, autor de casi nada más que pequeños folletos; Cabet, al que siempre se llama Padre Cabet, nombre que no es probable que le den los «personajes literarios y científicos»; Cabet, cuyo mayor defecto es la superficialidad y la falta de consideración por las justas exigencias de la investigación científica; Cabet, director de un periódico pensado para informar a quienes solo saben *leer*: ¿que las doctrinas de este hombre ocupen la mente de un profesor de la universidad de París como Michelet, o de Quinet,[^9] que se jacta de una profundidad más profunda que el misticismo? Es demasiado ridículo.

Luego el corresponsal habla del célebre mitin nocturno alemán de Hambach y Steinhölzli, y expresa su opinión de «que tenía un carácter más político que socialmente revolucionario». Apenas sé por dónde empezar a exponer los disparates de esta frase. En primer lugar, los «mítines nocturnos» son completamente desconocidos en el continente: no tenemos mítines cartistas con antorchas ni reuniones nocturnas al estilo de las de Rebeca.[^10] El mitin de Hambach se celebró a plena luz del día, ante los ojos de las autoridades. En segundo lugar, Hambach es un lugar de Baviera, y Steinhölzli está en Suiza, a unos cientos de millas de Hambach; y sin embargo nuestro corresponsal habla del «mitin de Hambach *y* Steinhölzli». En tercer lugar, estos dos mítines estuvieron separados por una distancia considerable, no solo de espacio, sino también de tiempo. El mitin de Steinhölzli tuvo lugar varios años después del otro.[^11] En cuarto lugar, estos mítines no solo *parecían* tener un carácter meramente político, sino que lo tenían en realidad; se celebraron antes de que los comunistas aparecieran en escena.

Las fuentes de las que nuestro corresponsal sacó su valiosísima información fueron «el informe de la Comisión (de Zúrich), los escritos comunistas publicados e inéditos descubiertos al detener a Weitling, e investigaciones personales». Ahora bien, es evidente, por la ignorancia de nuestro corresponsal, que nunca leyó el informe; es evidente que los «escritos comunistas *publicados*» no pudieron ser «*descubiertos*» al detener a nadie, pues el hecho mismo de su «publicación» excluye toda posibilidad de un «descubrimiento». ¡Seguro que el fiscal general de Zúrich no presumiría de haber «descubierto» libros que cualquier librero habría podido proporcionarle! En cuanto a los escritos «inéditos», cuya supresión fue el motivo del proceso, ¡los senadores de Zúrich habrían sido en verdad inconsecuentes si, como parece creer nuestro corresponsal, los hubieran publicado después ellos mismos! No hicieron tal cosa. De hecho, en todo el informe de nuestro corresponsal no se aporta nada que pudiera haber obtenido de esta fuente y de la de sus investigaciones personales, como no sean los dos hechos novedosos de que los comunistas alemanes sacaron su doctrina principalmente de Cabet y de Fourier, a los que atacan, como nuestro corresponsal habría podido leer en el mismo libro del que cita tan abundantemente (las *Garantías* de Weitling, p. 228);[^12] y de que «consideran como sus cuatro evangelistas a Cabet, Proudhon, Weitling y... y... Constant». Benjamin Constant, el amigo de Madame de Staël, murió hace mucho y nunca pensó en nada que tuviera que ver con la reforma social.[^13] Evidentemente, nuestro corresponsal se refiere a Considerant, el fourierista, director de la *Phalange*, ahora la *Démocratie Pacifique*,[^14] que no tiene relación alguna con los comunistas.

«La doctrina comunista es en la actualidad más negativa que positiva»: e inmediatamente después de hacer esta afirmación, nuestro corresponsal le corta el cuello exponiendo, en doce párrafos, un esbozo de las disposiciones que propone Weitling para un nuevo estado social, disposiciones que son enteramente positivas y que ni siquiera mencionan la destrucción del sistema social actual.

Sin embargo, estos extractos se ofrecen de un modo muy confuso, que muestra que nuestro corresponsal no acertó en varios casos a dar con el punto vital de la cuestión y ofreció en su lugar algunos detalles más bien insignificantes. Así, omite señalar el punto principal en el que Weitling es superior a Cabet, a saber, la abolición de todo gobierno por la fuerza y por mayoría, y el establecimiento en su lugar de una mera administración que organice las diferentes ramas del trabajo y distribuya su producto; omite la propuesta de nombrar a todos los funcionarios de esa administración, y en cada rama particular, no por mayoría de la comunidad en su conjunto, sino solo por quienes conocen el tipo particular de trabajo que el futuro funcionario ha de desempeñar; y, uno de los rasgos más importantes del plan, que los electores han de elegir a la persona más apta por medio de una especie de concurso de memorias, sin conocer al autor de ninguna de ellas: los nombres irán sellados y solo se abrirá el sobre que contenga el nombre del ganador, con lo que se evitan todos los motivos personales que pudieran influir en el ánimo de los electores.

En cuanto al resto de los extractos de Weitling, dejo que los lectores de este periódico juzguen si contienen cosas tan despreciables como cree nuestro corresponsal, o si no defienden en la mayoría de los casos, si no en todos, los mismos principios y propuestas para cuya propagación se fundó este periódico. En todo caso, si el *Times* quisiera volver a comentar el comunismo alemán, haría bien en buscarse otro corresponsal.

Suyo afectísimo,

F. Engels

[^1]: *The New Moral World*, semanario de los socialistas owenistas ingleses, en el que Engels colaboró en 1843-1845. El artículo del *Times* sobre los comunistas alemanes había sido reproducido en el semanario poco antes.

[^2]: Wilhelm Weitling (1808-1871), oficial de sastre, teórico del comunismo obrero alemán y dirigente de la Liga de los Justos, autor de *Garantías de la armonía y de la libertad* (1842). Fue detenido en Zúrich en junio de 1843 y condenado a prisión.

[^3]: El informe sobre los comunistas en Suiza redactado por Johann Caspar Bluntschli a partir de los papeles incautados a Weitling (Zúrich, 1843).

[^4]: La insurrección del 12 de mayo de 1839, organizada por la Sociedad de las Estaciones de Blanqui y Barbès.

[^5]: *Le National*, diario de los republicanos moderados franceses.

[^6]: La campaña de Daniel O'Connell por la derogación (*repeal*) de la unión de Irlanda con Gran Bretaña.

[^7]: Étienne Cabet (1788-1856), comunista utópico francés, autor del *Viaje a Icaria* (1840) y director del periódico *Le Populaire*.

[^8]: En *Progresos de la reforma social en el continente*, publicado en *The New Moral World* en noviembre de 1843.

[^9]: Jules Michelet (1798-1874) y Edgar Quinet (1803-1875), historiadores, profesores del Collège de France.

[^10]: Los disturbios de Rebeca (1839-1843), en Gales, en los que campesinos disfrazados de mujer destruían de noche las barreras de portazgo. Los cartistas habían celebrado en 1838 mítines nocturnos con antorchas.

[^11]: La fiesta de Hambach, en el Palatinado bávaro, gran manifestación liberal y nacional del 27 de mayo de 1832; la reunión de emigrados alemanes en el Steinhölzli, cerca de Berna, tuvo lugar en 1834.

[^12]: Wilhelm Weitling, *Garantien der Harmonie und Freiheit* (Vevey, 1842).

[^13]: Benjamin Constant (1767-1830), escritor y político liberal francés, compañero de Madame de Staël.

[^14]: Victor Considerant (1808-1893), jefe de la escuela de Fourier tras la muerte de este; *La Phalange* se transformó en el diario *La Démocratie pacifique* en agosto de 1843.
