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Title: Ilustraciones al último ejercicio de estilo de gabinete de Federico Guillermo IV (1844)
Description: Marx desmonta en el Vorwärts! de París, frase por frase, la orden de gabinete con que el rey de Prusia dio las gracias a su pueblo tras el atentado del 26 de julio de 1844: una crítica de estilo que es, a la vez, una sátira política de la monarquía prusiana.
Author: Karl Marx
Date: 1844-08-17
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1844%20Ilustraciones%20al%20%C3%BAltimo%20ejercicio%20de%20estilo%20de%20gabinete%20de%20Federico%20Guillermo%20IV
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*Escrito por Karl Marx en París en agosto de 1844 y publicado sin firma en el* Vorwärts! *de París, número 66, del 17 de agosto de 1844. Traducido de la* Marx-Engels-Gesamtausgabe*, sección I, tomo 3 (Berlín, 1932), pp. 25-27, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1844%20Illustrationen%20zu%20der%20neuesten%20Cabinetsstil%C3%BCbung%20Friedrich%20Wilhelm%20IV).*

## Ilustraciones al último ejercicio de estilo de gabinete de Federico Guillermo IV

«No puedo abandonar el suelo patrio, aunque solo sea por poco tiempo, sin expresar públicamente, en Mi nombre y en el de la Reina, el profundo agradecimiento del que Nuestro corazón está conmovido. Lo han engendrado las innumerables pruebas, orales y escritas, del amor hacia Nos que ha suscitado el atentado del 26 de julio[^1], del amor que Nos aclamó con júbilo en el instante mismo del crimen, cuando la mano del Todopoderoso había arrojado al suelo el proyectil mortal desde Mi pecho. Con la mirada alzada hacia el divino Salvador, me encamino con ánimo renovado a Mi tarea diaria: a concluir lo comenzado, a ejecutar lo preparado, a combatir el mal con renovada certeza de victoria y a ser para Mi pueblo lo que mi alta vocación me impone, y merece el amor de Mi pueblo».

Erdmannsdorf, 5 de agosto de 1844[^2].

(Firmado) Federico Guillermo».

El afecto inmediato es un mal escritor. La carta que el enamorado, presa de una gran agitación, escribe a la amada no es un modelo de estilo, pero precisamente esta *confusión* de la expresión es la expresión más *clara*, más palpable, más conmovedora del poder del amor sobre el que escribe la carta. El poder del amor sobre el que escribe la carta es el poder de la amada sobre él. Aquella oscuridad apasionada y aquel desconcierto sin sostén del estilo halagan, por eso, el corazón de la amada, porque la naturaleza reflexiva, general y, por tanto, poco fiable del lenguaje ha adoptado un carácter inmediatamente individual, sensiblemente violento y, por eso mismo, absolutamente fiable. Pero la fe sin sospecha en la verdad del amor que el amado le manifiesta es el supremo goce de sí misma de la amada, su fe en sí misma.

De estas premisas se sigue: prestamos al pueblo *prusiano* un servicio inconmensurable si ponemos fuera de toda duda la *verdad* interior del agradecimiento regio. Y ponemos esta verdad fuera de toda duda demostrando el poder del sentimiento de gratitud sobre el regio escritor, y demostramos el poder de este sentimiento sobre el regio escritor demostrando la *confusión estilística de la orden de gabinete de gracias*[^3]. No se malinterpretará, pues, el propósito de nuestro análisis patriótico.

«No puedo abandonar el suelo patrio, aunque solo sea por poco tiempo sin expresar públicamente, en Mi nombre y en el de la Reina, el profundo agradecimiento del que Nuestro corazón está conmovido»[^4].

Por el orden de las palabras, se cree en un primer momento que los regios pechos están conmovidos por su propio *nombre*. Si el asombro ante esta extraña conmoción aguza la reflexión, se descubre que la oración de relativo «*del que* Nuestro corazón está conmovido» no se refiere al *nombre*, sino al *agradecimiento*, más alejado. El singular «*Nuestro corazón*» por el corazón del rey y el corazón de la reina puede justificarse como audacia poética, como expresión cordial de la cordial unidad de la cordial alta pareja. La lacónica brevedad de «en Mi y de la Reina nombre», en lugar de «en mi nombre y en el nombre de la Reina», induce fácilmente a una interpretación errónea[^5]. Por «mi y de la Reina nombre» puede entenderse el nombre *único* del rey, ya que el nombre del marido es el nombre del marido y de la mujer. Ahora bien, es cierto que es privilegio de los grandes hombres y de los niños hacer sujeto, en lugar de su «yo», su *nombre*. Así, César puede decir, en lugar de «yo vencí», «César venció». Así, los niños no dicen: «Yo quiero ir a la escuela en Viena», sino: «Federico, Carlos, Guillermo, etc., quiere ir a la escuela en Viena». Pero sería una innovación peligrosa hacer sujeto al propio «yo» y asegurar al mismo tiempo que este «yo» habla en su «propio» nombre. Tal aseveración podría parecer que encierra la confesión de que uno no habla de ordinario por inspiración propia. «No puedo abandonar el suelo patrio, aunque solo sea por poco tiempo» es una perífrasis no del todo hábil, y que no facilita precisamente la comprensión, de: «No puedo abandonar el suelo patrio ni siquiera por poco tiempo sin, etc.». Esta dificultad nació de la combinación de tres pensamientos: 1) que el rey abandona su suelo, 2) que lo abandona solo por poco tiempo, 3) que siente la necesidad de dar las gracias al pueblo. La publicación demasiado apretada de estos tres pensamientos produce la apariencia de que el rey expresa su *agradecimiento* solo porque abandona su suelo. Pero si el agradecimiento iba en serio, si brotaba del corazón, su manifestación no podía estar ligada a semejante azar. Un corazón lleno se desahoga en cualquier circunstancia.

«Lo [el agradecimiento] han engendrado las innumerables pruebas, orales y escritas, del amor hacia Nos *que* ha suscitado el atentado del 20 de julio[^6] —*del* amor que Nos aclamó con júbilo en el instante del crimen, cuando la mano del Todopoderoso había arrojado al suelo el proyectil mortal desde Mi pecho».

No se sabe si el atentado suscitó el amor o las pruebas del amor, tanto menos cuanto que el genitivo «del amor», después del paréntesis, vuelve a aparecer como la parte dominante y acentuada de la oración. La audacia estilística en la repetición de este genitivo salta a la vista. La dificultad crece si consideramos el contenido de la frase. ¿Podía designarse sin más el amor que habló y escribió como el sujeto que alborotaba en la calle? ¿No exigía la verdad cronológica empezar por el amor que se manifestó en el acto, en presencia del suceso, y pasar solo después a las manifestaciones posteriores del amor de palabra y por escrito?

¿No había que evitar la sospecha de que el rey quisiera halagar a un tiempo a la aristocracia y al pueblo? A la *aristocracia*, porque sus manifestaciones escritas y orales de amor, aunque posteriores en el tiempo a las manifestaciones populares de amor, supieron engendrar antes, por su efecto, el agradecimiento en el corazón regio; al *pueblo*, porque su amor jubiloso se declara uno y el mismo ser que aquel amor que escribe y habla, de modo que queda abolida la nobleza de nacimiento del amor. Por último, no parece del todo oportuno hacer que la mano de Dios pare directamente el «*proyectil*», pues un pensamiento mínimamente consecuente llegará por este camino a la falsa conclusión de que Dios dirigió a la vez la mano del criminal contra el rey y desvió a la vez el proyectil del rey; porque ¿cómo puede suponerse una acción unilateral de Dios?

«Con la mirada alzada hacia el divino Salvador, me encamino con ánimo renovado a mi tarea diaria: a concluir lo comenzado, a ejecutar lo preparado, a combatir el mal con certeza de victoria y a ser para mi pueblo lo que mi alta vocación me impuso, y merece el amor de mi pueblo»[^7].

No puede decirse bien «voy» «a ser algo»[^8]. A lo sumo puede irse «a llegar a ser algo». El movimiento del devenir aparece al menos como resultado del movimiento del ir, aunque tampoco esta última expresión querríamos recomendarla como correcta. Que Su Majestad «*vaya con la mirada alzada hacia Dios*» a «concluir lo comenzado, a ejecutar lo preparado» no parece prometer buenas perspectivas ni a la conclusión ni a la ejecución. Para concluir lo comenzado y ejecutar lo preparado hay que tener la mirada fija en lo comenzado y lo preparado, y no apartarla de estos objetos para mirar al aire azul. Quien de verdad «va con la mirada alzada hacia Dios», ¿no acabará «*absorto* en la contemplación de Dios»? ¿No se le *desvanecerán* todos los planes y ocurrencias *mundanos*? La frase final, aislada y remitida a sí misma por una coma, «y merece el amor de Mi pueblo», parece apuntar a una apódosis no expresada, oculta, como por ejemplo: «merece el knut del cuñado Nicolás y la política del compadre Metternich»[^9]; o también: «merece la constitucioncita del caballero Bunsen»[^10].

[^1]: El 26 de julio de 1844 Heinrich Ludwig Tschech, antiguo alcalde de Storkow, disparó dos veces en Berlín contra Federico Guillermo IV y la reina Isabel cuando subían a su carruaje, sin herirlos. Fue ejecutado en diciembre de ese año.

[^2]: Erdmannsdorf, en Silesia, al pie de los montes de los Gigantes, era residencia de verano del rey.

[^3]: *Kabinettsordre*: decreto firmado por el rey por su propia autoridad, sin pasar por los ministerios; Marx juega con la palabra en el título.

[^4]: Marx cita aquí la frase sin la coma después de «tiempo» que trae el texto completo de la orden, más arriba.

[^5]: En alemán, «in Meinem und der Königin Namen», giro que hace depender los dos posesivos de un solo «nombre». La traducción imita la construcción para que se entienda el comentario.

[^6]: Así en el texto de la MEGA; más arriba, en el texto completo de la orden, «26 de julio», que es la fecha del atentado.

[^7]: Marx cita con alguna variante («Mut» por «Mute», «auflegte» por «auflegt», sin «neuer» ante «Sieges-Gewißheit», y «mein» con minúscula)).

[^8]: En alemán, «ich gehe … das zu sein»: el verbo *gehen*, «ir», construido con un infinitivo de estado.

[^9]: El zar Nicolás I estaba casado con Carlota, hermana de Federico Guillermo IV. El príncipe Klemens von Metternich (1773-1859) era canciller de Austria y la cabeza de la política de la Santa Alianza. El *knut* es el látigo de tiras de cuero que se usaba en Rusia para los castigos corporales.

[^10]: Christian Karl Josias von Bunsen (1791-1860), diplomático prusiano, enviado en Londres y hombre de confianza del rey, al que aconsejaba en los planes de una constitución por estamentos para Prusia.
