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Title: Drigalski, legislador, ciudadano y comunista (1848)
Description: Marx enumera las ilegalidades del general Drigalski al declarar el estado de sitio en Düsseldorf para castigar su apoyo a la negativa a pagar los impuestos.
Author: Karl Marx
Date: 1848-11-24
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1848%20Drigalski%2C%20legislador%2C%20ciudadano%20y%20comunista
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*Escrito en Colonia el 24 de noviembre de 1848. Publicado sin firma en la* Neue Rheinische Zeitung*, núm. 153, del 26 de noviembre de 1848; la MEW lo atribuye a Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 56-61), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1848%20Drigalski%20der%20Gesetzgeber%2C%20B%C3%BCrger%20und%20Kommunist).*

\**Colonia*, 24 de noviembre. Düsseldorf ha sido declarada en estado de sitio; el ministerio Brandenburg-Wrangel ha encontrado en los señores *Spiegel-Drigalski*[^1] dignos representantes. El primero de estos señores es un simple presidente del gobierno de distrito; el otro, en cambio, reúne cualidades múltiples: no solo es teniente general y comandante de división (como tal figura en el escalafón y lista de destinos, y como «supremo» legislador de la ciudad y municipio de Düsseldorf), sino que es también escritor y dice de sí mismo que es a la vez «ciudadano» y... *comunista*, todo con Dios por el rey y la patria. Estos dos señores, el simple y el multicolor, han encontrado que en Düsseldorf el estado legal solo puede mantenerse con medios *extraordinarios*; por eso se han visto «obligados», «para proteger el orden legal», a declarar en estado de sitio todo el municipio de Düsseldorf.

Sabemos desde hace tiempo que el gobierno Brandenburg solo puede sostenerse con medios *extraordinarios*; sabemos que su estado habría dejado de existir hace mucho si el país no se encontrara en estado de sitio. El estado de sitio es el *estado legal* del gobierno Brandenburg.

«Estado de sitio, señores, significa *estado de guerra*», declaró el presidente del Consejo de Ministros *von Pfuel* en la sesión pactista del 29 de septiembre. Entonces se trataba de la ciudad y fortaleza de Colonia;[^2] entonces se hablaba de una insurrección, las resoluciones de los tribunales no podían ejecutarse, el poder legal, la milicia ciudadana, no podía mantener la tranquilidad, se habían levantado barricadas; a la fuerza no se le podía oponer otra cosa que la fuerza. Así lo afirmaban al menos los defensores del estado de sitio; al menos todavía se tomaban la molestia de salvar la apariencia exterior con hechos supuestamente comprobados. Ahora se lo ponen mucho más fácil; Düsseldorf no está sublevada, la acción de los tribunales no se ha perturbado ni un instante, la milicia ciudadana ha estado siempre dispuesta a atender el requerimiento legal; ni siquiera se puede invocar las anticuadas *instrucciones* del año 1809, a las que entonces se dio un peso principal, porque Düsseldorf no es una fortaleza. Pero Düsseldorf se ha pronunciado con una energía poco común *a favor de la negativa a pagar los impuestos*, y eso bastó a los dos brandeburgueses para restablecer el estado legal, es decir, para declarar la ciudad *fuera de la* ley.

No entramos en las acusaciones que deben servir de pretexto a la proclamación del estado de sitio; las recomendamos, como acusaciones falsas, a la atención de la autoridad judicial, pues en ninguna parte se ha aportado la prueba legal que las sostenga: son calumnias que caen bajo los artículos 367 y siguientes del Código Penal. Aquí solo queremos reunir las ilegalidades que los señores *Spiegel* y *Drigalski* cometen para proteger el orden legal.

Después de que los dos señores han proclamado el estado de sitio y de que «*con ello* el poder supremo ha pasado a la autoridad militar», el «comunista y ciudadano» Drigalski dispone lo siguiente:

> 1. Las autoridades legalmente existentes permanecen en sus funciones y serán apoyadas con la mayor energía en las medidas que tomen.

Es decir, las autoridades legalmente existentes quedan anuladas en cuanto existen *legalmente*, pero permanecen en sus funciones para apoyar al señor von Drigalski.

> «Espero», dice Drigalski a sus «conciudadanos», «que todos los habitantes bienpensantes me faciliten la *aplicación de las leyes* y que *las autoridades me apoyen en ello con toda resolución*».

El señor Drigalski no solo hace las leyes, sino que también las aplica; las autoridades legalmente existentes son sus satélites. ¡Y los jueces «independientes» del tribunal de Düsseldorf, y el señor fiscal superior y su fiscalía, lo toleran todo con la mayor tranquilidad! No ven ninguna violación de la ley en que se les despoje de su cargo; rinden homenaje al legislador Drigalski y se alegran de poder seguir cobrando su sueldo a ese precio. ¡Qué vergüenza, señores! ¿No os da ninguna vergüenza dictar órdenes de detención y abrir instrucciones bajo el régimen del sable? ¿O es que la detención del señor Lassalle,[^3] que, confiando con demasiada audacia en su buen derecho y en la protección de la autoridad judicial, no quiso sustraerse al estado de sitio, es solo un acto de venganza privada del señor *Drigalski*? ¿Se ha pedido y abierto ya, en silencio, una instrucción contra este hombre y sus cómplices con arreglo a los artículos 114, 123 y 124?

La *segunda* ley del señor Drigalski dice:

> «Quedan disueltas todas las asociaciones con fines políticos y sociales.»

¿Qué le importa al señor Drigalski la ley del 6 de abril, artículo 4? Si según ella «todos los prusianos tienen derecho a asociarse sin permiso previo de la policía para fines que no sean contrarios a las leyes vigentes», es evidentemente una de esas «conquistas» que hay que volver a arrebatar cuanto antes y que, por tanto, es incompatible con la legislación de Drigalski.

*Tercera* y *cuarta* ley. El señor von *Drigalski* regula la circulación por las calles y en las tabernas. Como si Düsseldorf se hubiera convertido en París, dicta una ley contra los attroupements.[^4] Pero no solo es grande como policía; muestra también un decidido talento de sereno: manda cerrar.

*Quinta* ley.

> «La milicia ciudadana queda disuelta, a reserva de su reorganización, y debe entregar las armas hoy mismo.»

Esta ley es complicada en ilegalidades; distinguimos:

a) La milicia ciudadana queda *disuelta*. Según las leyes ordinarias, en particular la ley de la milicia ciudadana del 17 de octubre, la milicia ciudadana solo puede disolverse por órdenes reales del gabinete. ¿Tiene acaso el señor von Drigalski una orden secreta del gabinete in petto? Pues ¿por qué no la publica, como publica la declaración del director superior de Correos Maurenbrecher? Es verdad que esta fue desmentida inmediatamente por la milicia ciudadana de Düsseldorf. El señor von Drigalski no tiene orden del gabinete; actúa por su propia autoridad y se arroga atribuciones reales, aunque es un *«ciudadano* y *comunista»* de sentimientos realistas.

b) La milicia ciudadana no queda simplemente *suspendida de servicio*. El señor von Drigalski no se contenta con usurpar solo la autoridad del presidente del gobierno de distrito. En cuanto a ilegalidad, con la mera suspensión de servicio ya habría hecho bastante. El artículo 4 de la ley del 17 de octubre dice:

> «Si la milicia ciudadana de un municipio o de un distrito se niega a atender el requerimiento de la autoridad o se inmiscuye en las funciones de las autoridades municipales, administrativas o judiciales, el *jefe de la administración del distrito gubernativo* puede, indicando los motivos, suspenderla provisionalmente del servicio.»

La suspensión de servicio solo podía pronunciarla, por tanto, el presidente del gobierno de distrito, pero ni un teniente general ni un comandante de división, ni un ciudadano, ni, por último, un comunista, aunque sea un «comunista real-prusiano».

Pero el señor Drigalski tiene sus buenas razones para comportarse en el acto como una majestad, sin respetar la vía jerárquica. Si hubiera tratado a la milicia ciudadana solo como presidente del gobierno de distrito, no habría podido *desarmarla*. Pero

c) «la milicia ciudadana debe entregar las armas hoy mismo». Una simple suspensión de servicio no autoriza en modo alguno a retirar las armas. Si no, también los oficiales suspendidos tendrían que entregar su espada. Pero el señor Drigalski tiene razón: si la milicia ciudadana hubiera podido conservar las armas, probablemente no se habría dejado suspender de servicio por *él*; habría cumplido su misión tal como la prescribe el artículo 1 de la ley.

d) El señor von Drigalski hace que las armas se le entreguen *a él*. Puesto que se siente llamado a actuar como majestad, tampoco le estorba la ordenanza real sobre la ejecución de la ley de creación de la milicia ciudadana. En ella se dice, en el artículo 3:

> «Las armas suministradas por el Estado a los municipios permanecen *en todo caso* en *posesión de los municipios* hasta el momento antes indicado.»

La «administración municipal y el concejo municipal de Düsseldorf no tienen nada que objetar a esta disposición. En vez de protestar contra esta ilegalidad y defender los derechos del municipio, exhortan a los ciudadanos a una «conducta tranquila y legal» frente a su nuevo dictador.

*Sexta ley.*

> «Quien sea sorprendido en resistencia abierta y armada contra medidas de la autoridad legal o cause peligro o perjuicio a las tropas mediante un acto de traición *será llevado ante un consejo de guerra*.»

Según la ley para la protección de la libertad personal,[^5] *nadie puede ser llevado ante otro juez que el designado por la ley*. *Los tribunales de excepción y las comisiones extraordinarias son inadmisibles.* *No puede amenazarse con pena alguna ni imponerse sino conforme a la ley.* Según la misma ley, esta disposición no puede suspenderse *nunca*, ni por un tiempo ni en un distrito, *ni siquiera en caso de guerra o de sublevación*. Pues, según el artículo 8, en ese caso solo pueden suspenderse provisionalmente los artículos 1 y 6, y aun así solo *por acuerdo y bajo la responsabilidad del ministerio de Estado*. Sin embargo, el señor von Drigalski dispone un consejo de guerra para civiles. Que mande hacer detenciones, que con este fin viole la inviolabilidad del domicilio, ya no debe extrañar; estas disposiciones al menos pueden suspenderse, aunque no por el señor von Drigalski. Por lo demás, da igual que se dé crédito a la afirmación de la *Düsseldorfer Zeitung*, según la cual la detención de Lassalle se llevó a cabo sin forma alguna, o a la aseveración de la *Kölnische Zeitung*, según la cual se hizo por orden del juez de instrucción. La *Kölnische Zeitung*, naturalmente, toma partido por el comandante militar para dejar en evidencia al juez de instrucción. En cualquier caso, la detención es ilegal; pues en un estado ilegal no pueden realizarse actos legales. En el estado de guerra cesa la acción de la jurisdicción civil. Si el juez de instrucción sigue en sus funciones, pasa a ocupar el puesto de un *auditor militar*, y su código pasan a ser los *artículos de guerra*. La fiscalía de Düsseldorf ha comprendido bien esta nueva posición suya; pues si todavía se considerara dentro de la competencia que prescribe el código renano de procedimiento penal, hace tiempo que habría intervenido, aunque solo fuera en virtud del artículo 9 de la ley de habeas corpus, que dice:

> *«No se necesita autorización previa de las autoridades para perseguir judicialmente a funcionarios públicos civiles y militares por las violaciones de las disposiciones anteriores cometidas al extralimitarse en sus atribuciones.»*

Queda todavía por saber, para conocer a fondo la fuerza de nuestras instituciones renanas, si el fiscal general, el señor *Nicolovius*, bajo cuya vigilancia están todos los funcionarios de la policía judicial, incluidos los jueces de instrucción, aprobará la conducta de la fiscalía de Düsseldorf.

A una diputación que acudió ayer a él para pedirle que hiciera valer su autoridad frente a los sucesos de Düsseldorf, el señor *Nicolovius* habría respondido que no tenía ningún artículo de ley en virtud del cual pudiera intervenir. Decimos que el señor Nicolovius *habría* respondido, aunque esta manifestación nos ha sido comunicada de la manera más fidedigna. Pero no podemos creerla a pesar de ello, porque de lo contrario tendríamos que suponer que el señor Nicolovius ha perdido por completo de la memoria el Code pénal junto con todas las leyes promulgadas desde marzo de este año.

[^1]: Spiegel, presidente del gobierno de distrito de Düsseldorf; el general Drigalski, comandante de división en Düsseldorf, que a finales de noviembre de 1848 declaró la ciudad en estado de sitio.

[^2]: El estado de sitio que el comandante de Colonia declaró el 26 de septiembre de 1848, tras las barricadas del día anterior; suspendió la *Neue Rheinische Zeitung* hasta el 12 de octubre.

[^3]: Ferdinand Lassalle (1825-1864), entonces dirigente demócrata de Düsseldorf, detenido en noviembre de 1848 por incitar a la resistencia armada contra el gobierno.

[^4]: «Aglomeraciones», «tumultos».

[^5]: La ley del 24 de septiembre de 1848, llamada ley de habeas corpus.
