---
Title: El armisticio danés-prusiano (1848)
Description: Engels sostiene que la guerra de Schleswig-Holstein es la primera guerra revolucionaria de Alemania y que una guerra contra Prusia, Inglaterra y Rusia salvaría el movimiento alemán; la Asamblea de Fráncfort se juega su propia caída.
Author: Friedrich Engels
Date: 1848-09-09
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1848%20El%20armisticio%20dan%C3%A9s-prusiano
---


*Escrito por Friedrich Engels en Colonia el 9 de septiembre de 1848 y publicado sin firma en la* Neue Rheinische Zeitung*, n.º 99, del 10 de septiembre de 1848. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 5 (Berlín, 1959, pp. 393-397), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1848%20Der%20d%C3%A4nisch-preu%C3%9Fische%20Waffenstillstand).*

*Colonia*, 9 de septiembre. Volvemos una vez más sobre el armisticio danés: la minuciosidad de la Asamblea Nacional, que, en lugar de decidir con rapidez y energía y de *imponer* nuevos ministros, deja deliberar a las comisiones con toda comodidad y confía al buen Dios el final de la crisis ministerial, esa minuciosidad, que solo encubre mal «la falta de valor de nuestros queridos conocidos», nos da tiempo para ello.

La guerra de Italia fue siempre impopular en el partido democrático y desde hace bastante tiempo se ha vuelto impopular incluso entre los demócratas de Viena. El gobierno prusiano solo pudo contener durante unas pocas semanas, con falsificaciones y mentiras, la tormenta de indignación pública por la guerra de exterminio en Posnania. Los combates callejeros de Praga despertaron en el pueblo, pese a todos los esfuerzos de la prensa nacional, simpatías solo por los vencidos, no por los vencedores. Pero la guerra de Schleswig-Holstein ha sido popular desde el principio, también en el *pueblo*. ¿A qué se debe?

Mientras en Italia, en Posnania y en Praga los alemanes *combatían la revolución*, en Schleswig-Holstein *han apoyado la revolución*. La guerra danesa es la primera *guerra revolucionaria* que hace Alemania. Y por eso, sin mostrar el menor parentesco de estirpe con el entusiasmo burgués de taberna por la tierra «rodeada por el mar»,[^1] nos declaramos desde el principio a favor de una conducción enérgica de la guerra danesa.

¡Bastante desgracia es para Alemania que su primera guerra revolucionaria sea la guerra más cómica que se haya hecho nunca!

Vamos al asunto. Los daneses son un pueblo que se encuentra en la dependencia comercial, industrial, política y literaria más ilimitada respecto de Alemania. Es sabido que la capital efectiva de Dinamarca no es Copenhague, sino Hamburgo; que el gobierno danés imitó durante todo un año todos los experimentos de Dieta Unida[^2] del gobierno prusiano, que se durmió en las barricadas; que Dinamarca obtiene a través de Alemania todos sus víveres literarios, igual que los materiales, y que la literatura danesa, con excepción de Holberg,[^3] es un pálido remedo de la alemana.

Por impotente que haya sido Alemania desde siempre, tiene la satisfacción de que las naciones escandinavas, y en especial Dinamarca, hayan caído bajo su dominio, de que frente a *ellas* sea incluso revolucionaria y progresista.

¿Queréis pruebas? Leed las polémicas de las naciones escandinavas entre sí desde que surgió la idea del escandinavismo. El escandinavismo consiste en el entusiasmo por la nacionalidad nórdica antigua, brutal, sucia y pirata; por esa profunda interioridad que no puede expresar con palabras sus desbordantes pensamientos y sentimientos, pero sí con hechos, a saber: con la grosería con las mujeres, la borrachera permanente y la furia de berserker alternando con un sentimentalismo lacrimoso.

El escandinavismo y el parentesco de estirpe schleswig-holsteinés «rodeado por el mar» surgieron al mismo tiempo en los países del rey de Dinamarca. Van juntos; se han provocado, se han combatido y con ello se han mantenido con vida mutuamente.

El escandinavismo fue la forma en que los daneses apelaron al apoyo de suecos y noruegos. Pero, como le pasa siempre a la nación cristiano-germánica, enseguida surgió la disputa sobre quién era el auténtico cristiano-germano, el verdadero escandinavo. El sueco declaró al danés «germanizado» y degenerado; el noruego, al sueco y al danés; el islandés, a los tres. Naturalmente, cuanto más tosca era una nación, cuanto más se acercaban sus costumbres y su modo de vida a los de los antiguos nórdicos, tanto más «escandinava» era.

Tenemos delante el *Morgenbladet* de Christiania[^4] del 18 de noviembre de 1846. Esta graciosa hojita contiene, en un artículo sobre el escandinavismo, los siguientes pasajes divertidos:

Después de haber descrito todo el escandinavismo como un intento de movimiento suscitado solo por los daneses en su propio interés, dice de los daneses:

«¿Qué tiene que ver este pueblo alegre y vital con el viejo, sombrío y melancólico mundo de los paladines (med den gamle, alvorlige og vemodsfulde Kjämpeverden)? ¿Cómo puede esta nación, con su disposición de ánimo —como reconoce incluso un escritor danés— dócil y mansa, creerse en parentesco espiritual con los hombres rudos, vigorosos y enérgicos de la remota antigüedad? ¿Y cómo pueden esos hombres de pronunciación blanda y meridional imaginarse que hablan una lengua nórdica? Y aunque es un rasgo principal de nuestra nación y de la sueca, como también de los antiguos habitantes del Norte, que los sentimientos se retiren más a lo *más íntimo* del alma sin mostrarse en lo *exterior*, esas personas sentimentales y cordiales, tan fáciles de asombrar, de conmover, de decidir, cuyos movimientos del ánimo se imprimen tan rápida y claramente en su exterior, creen sin embargo que están fundidas en un molde nórdico, ¡que son de naturaleza emparentada con las otras dos naciones escandinavas!»

El *Morgenbladet* explica luego esta degeneración por la unión con Alemania y la difusión del carácter alemán en Dinamarca. Los alemanes, dice, habrían

«perdido su propiedad más sagrada, su carácter nacional; pero por débil y apagada que sea la nacionalidad alemana, hay en el mundo una todavía más débil y apagada: la danesa. Mientras la lengua alemana retrocede en Alsacia, en Vaud y en la frontera eslava» (¡¡entonces los méritos de los hermanos del Netze[^5] permanecían todavía en la sombra!!), «ha hecho progresos arrolladores hacia la frontera danesa».

Los daneses, sigue, habrían tenido que oponer una nacionalidad a los alemanes y habrían inventado para ello el escandinavismo; la nacionalidad danesa no había opuesto resistencia,

«pues la nación danesa, como se ha dicho, aunque no ha adoptado la lengua alemana, estaba *esencialmente germanizada*. El autor ha visto reconocido en un periódico danés que la nacionalidad *danesa* no es *esencialmente distinta de la alemana*».

Hasta aquí el *Morgenbladet*.

Desde luego, no puede negarse que los daneses son una nación medio civilizada. ¡Desdichados daneses!

Con el mismo derecho con que los franceses tomaron Flandes, Lorena y Alsacia y tomarán tarde o temprano Bélgica, con ese mismo derecho toma Alemania Schleswig: con el derecho de la civilización contra la barbarie, del progreso contra la inmovilidad. Y aunque los tratados estuvieran a favor de Dinamarca, cosa todavía muy dudosa, ese derecho vale más que todos los tratados, porque es el derecho del desarrollo histórico.

Mientras el movimiento schleswig-holsteinés siguió siendo una agitación de filisteos puramente burguesa, pacífica y legal, solo despertó el entusiasmo de pequeñoburgueses bienintencionados. Por eso, cuando antes de la revolución de febrero el actual rey danés,[^6] al subir al trono, prometió para el conjunto de sus Estados una constitución liberal con igual número de diputados para los Ducados que para Dinamarca, y los Ducados se opusieron, salió desagradablemente a la luz el carácter local y pequeñoburgués del movimiento schleswig-holsteinés. No se trataba entonces tanto de unirse a Alemania (¿dónde había entonces una Alemania?) como de separarse de Dinamarca y constituir un pequeño Estado local independiente.

Pero estalló la revolución y dio otro carácter al movimiento. El partido schleswig-holsteinés tenía que hundirse o atreverse él mismo a hacer una revolución. Se atrevió a hacerla, y tenía razón: las promesas danesas, muy favorables antes de la revolución, eran insuficientes después de ella; la unión con Alemania, antes una frase, podía cobrar ahora un significado; Alemania había tenido una revolución y Dinamarca la imitaba, como siempre, a la escala de una pequeña ciudad.

La revolución schleswig-holsteinesa y el gobierno provisional salido de ella tenían al principio un carácter todavía muy pequeñoburgués. Pero la guerra los empujó pronto por la senda democrática. Gracias a ese gobierno, en el que se sientan solo honrados viejos liberales, antiguos correligionarios de Welcker, Gagern y Camphausen, Schleswig-Holstein ha recibido leyes más democráticas que cualquier otro Estado alemán. De todas las asambleas alemanas, la asamblea territorial de Kiel es la única que se basa no solo en el sufragio universal, sino también en la elección directa. El proyecto de constitución que le presentó el gobierno es el más democrático que se haya redactado nunca en lengua alemana. Schleswig-Holstein, hasta ahora remolcado políticamente por Alemania, ha llegado de golpe, gracias a la guerra revolucionaria, a instituciones más avanzadas que todo el resto de Alemania.

La guerra que hacemos en Schleswig-Holstein es, pues, una verdadera guerra revolucionaria.

¿Y quién ha estado desde el principio del lado de Dinamarca? Las tres potencias más contrarrevolucionarias de Europa: *Rusia*, *Inglaterra* y el *gobierno prusiano*. El gobierno prusiano, mientras pudo, hizo una mera *guerra aparente*: piénsese en la nota de Wildenbruch,[^7] en la prontitud con que, ante las representaciones anglo-rusas, ordenó la retirada de Jutlandia, ¡y finalmente en el doble armisticio! Prusia, Inglaterra y Rusia son las tres potencias que más tienen que temer de la revolución alemana y de su primera consecuencia, la unidad alemana: Prusia, porque con ella deja de existir; Inglaterra, porque con ella el mercado alemán se sustrae a su explotación; Rusia, porque con ella la democracia tiene que avanzar no solo hasta el Vístula, sino incluso hasta el Daugava y el Dniéper. Prusia, Inglaterra y Rusia han conspirado contra Schleswig-Holstein, contra Alemania y contra la revolución.

La guerra que quizá pueda surgir ahora de las resoluciones de Fráncfort sería una guerra de Alemania contra Prusia, Inglaterra y Rusia. Y justamente una guerra así es lo que necesita el adormecido movimiento alemán: una guerra contra las tres grandes potencias de la contrarrevolución, una guerra que haga que Prusia se disuelva *de verdad* en Alemania, que convierta la alianza con Polonia en la más ineludible de las necesidades, que traiga inmediatamente la liberación de Italia, que se dirija precisamente contra los viejos aliados contrarrevolucionarios de Alemania de 1792 a 1815; una guerra que ponga «la patria en peligro» y la salve precisamente por eso, al hacer depender la victoria de *Alemania* de la victoria de la democracia.

Que los burgueses y los junkers de Fráncfort no se hagan ilusiones: si deciden rechazar el armisticio, deciden su propia caída, exactamente igual que los girondinos de la primera revolución, que participaron en el 10 de agosto y votaron la muerte del exrey, prepararon con ello su propia caída del 31 de mayo.[^8] Si, por el contrario, aceptan el armisticio, deciden igualmente su propia caída, se someten al dominio de Prusia y ya no tienen nada que decir. Que elijan.

Probablemente la noticia de la caída de Hansemann llegó a Fráncfort antes de la primera votación. Quizá influya notablemente en la votación, sobre todo porque el esperado ministerio Waldeck y Rodbertus reconoce, como es sabido, la soberanía de la Asamblea Nacional.

Ya veremos. Pero lo repetimos: ¡el honor de Alemania está en malas manos!

[^1]: Alusión a la canción «Schleswig-Holstein meerumschlungen» («Schleswig-Holstein rodeado por el mar», 1844), himno del movimiento alemán en los Ducados.

[^2]: La Dieta Unida (Vereinigter Landtag), reunión de las dietas provinciales prusianas convocada por Federico Guillermo IV en 1847 y de nuevo en abril de 1848.

[^3]: Ludvig Holberg (1684-1754), comediógrafo e historiador danés.

[^4]: Diario de Christiania, la actual Oslo.

[^5]: Los alemanes del distrito del Netze, en Posnania, que en 1848 pedían separar su territorio del gran ducado de Posen e incorporarlo a la Confederación Germánica.

[^6]: Federico VII (1808-1863), rey de Dinamarca desde enero de 1848.

[^7]: Nota entregada en abril de 1848 al gobierno danés por el enviado prusiano, el mayor Wildenbruch, en la que Prusia presentaba su intervención en los Ducados como una medida para frenar a los elementos radicales y republicanos de Alemania.

[^8]: El 10 de agosto de 1792 la insurrección de París derribó la monarquía; el 31 de mayo de 1793 se inició el levantamiento que expulsó a los girondinos de la Convención.
