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Title: El escudo de la dinastía (1848)
Description: Artículo satírico de la Neue Rheinische Zeitung sobre el discurso con que Camphausen celebró ante la Asamblea Nacional prusiana, el 6 de junio de 1848, el regreso del príncipe de Prusia y se presentó a sí mismo y a su gabinete como escudo de la dinastía.
Author: Karl Marx, Friedrich Engels
Date: 1848-06-10
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1848%20El%20escudo%20de%20la%20dinast%C3%ADa
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*Publicado sin firma en la* Neue Rheinische Zeitung*, núm. 10, del 10 de junio de 1848; la MEW lo recoge entre los escritos de Marx y Engels sin precisar el autor. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 57-58), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1848%20Das%20Schild%20der%20Dynastie).*

\*\**Colonia*, 9 de junio. Según informan periódicos alemanes, el señor Camphausen[^1] desahogó el día 6 del corriente su rebosante corazón ante sus pactistas.[^2] Pronunció

> «un discurso no tanto brillante como *brotado del más íntimo manantial del corazón*, que recordaba a Pablo cuando dice: "¡Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como bronce que suena!".[^3] Su discurso era rico en aquella santa emoción que llamamos amor... hablaba con entusiasmo a entusiasmados, los aplausos no querían terminar... y fue necesaria una pausa bastante larga para entregarse a toda su impresión y absorberla».

¿Y quién era el héroe de este discurso amoroso, brotado del manantial del corazón? ¿Quién era el tema que entusiasmaba tanto al señor Camphausen que hablaba con entusiasmo a entusiasmados? ¿Quién el Eneas de esta Eneida del 6 de junio?

¡Quién iba a ser sino el *príncipe de Prusia*![^4]

Léase en el acta taquigráfica cómo el poético presidente del Consejo describe los viajes del moderno hijo de Anquises; cómo, cuando llegó el día

> en que la sagrada Ilión sucumbió,  
> y Príamo y el pueblo del rey de la buena lanza,[^5]

cómo, tras la caída de la Troya de los junkers y tras largas andanzas por tierra y por mar, fue a parar por fin a la playa de la moderna Cartago y fue recibido con la mayor amabilidad por la reina Dido;[^6] cómo le fue mejor que a Eneas I, porque se encontró un Camphausen que restauró Troya en lo posible y redescubrió el sagrado «terreno del derecho»;[^7] cómo Camphausen dejó por fin volver a su Eneas a sus penates y cómo ahora vuelve a reinar la alegría en las salas de Troya.[^8] Todo eso, y un sinnúmero de adornos poéticos, hay que leerlo para sentir lo que significa que alguien que entusiasma hable a entusiasmados.

Por lo demás, toda esta epopeya solo le sirve al señor Camphausen de pretexto para un ditirambo a sí mismo y a su propio ministerio.

> «Sí», exclama, «hemos creído que correspondía al espíritu de la constitución que *nosotros* ocupáramos el lugar de una alta personalidad, que *nosotros* nos presentáramos como las personalidades contra las que debían dirigirse todos los ataques... Así ha ocurrido. ¡Nos hemos puesto como escudo delante de la dinastía y hemos atraído sobre nosotros todos los peligros y todos los ataques!».

¡Qué cumplido para la «alta personalidad», qué cumplido para la «dinastía»! Sin el señor Camphausen y sus seis paladines, la dinastía estaba perdida. ¡Por qué dinastía tan vigorosa, tan «profundamente arraigada en el pueblo» debe de tener el señor Camphausen a la casa de Hohenzollern para hablar así! En verdad, si el señor Camphausen hubiera hablado con menos «entusiasmo a entusiasmados», si hubiera sido menos «rico en aquella santa emoción que llamamos amor», o si hubiera dejado hablar solo a su Hansemann,[^9] que se contenta con el «bronce que suena», ¡mejor habría sido para la dinastía!

> «Pero, señores, no digo esto con orgullo provocador, sino con la humildad que nace de la conciencia de que la alta tarea que se nos ha encomendado a ustedes y a nosotros solo puede cumplirse si el espíritu de la *benevolencia* y de la *reconciliación* desciende también sobre esta Asamblea, si junto a su justicia encontramos también su indulgencia».

¡Tiene razón el señor Camphausen en pedir benevolencia e indulgencia para sí a una Asamblea que tanto necesita ella misma de la benevolencia y la indulgencia del público!

[^1]: Ludolf Camphausen, banquero de Colonia, presidente del gobierno prusiano desde el 29 de marzo de 1848.

[^2]: La Asamblea Nacional prusiana, reunida en Berlín desde el 22 de mayo de 1848, había sido convocada para pactar (*vereinbaren*) la constitución con la Corona. La *Neue Rheinische Zeitung* la llama por eso, con sorna, «Asamblea pactista», y a sus diputados, «pactistas» (*Vereinbarer*).

[^3]: Primera epístola a los Corintios, 13, 1.

[^4]: Guillermo, hermano de Federico Guillermo IV y heredero del trono (el futuro emperador Guillermo I), considerado responsable de la matanza del 18 de marzo de 1848 en Berlín; huyó a Inglaterra y volvió a Prusia a comienzos de junio, tras ser elegido diputado de la Asamblea Nacional prusiana.

[^5]: Homero, *Ilíada*, IV, 164-165, y VI, 448-449, versos que en el original están en futuro («llegará un día en que...»).

[^6]: Es decir, Inglaterra y la reina Victoria.

[^7]: El «terreno del derecho» (*Rechtsboden*) era la consigna con la que el gabinete Camphausen sostenía la continuidad jurídica entre la monarquía anterior a marzo y el nuevo orden constitucional, negando el carácter revolucionario de los sucesos de marzo.

[^8]: Eco del primer verso del poema de Schiller *Casandra*: «Había alegría en las salas de Troya».

[^9]: David Hansemann, banquero y comerciante de Aquisgrán, ministro de Hacienda en el gabinete de Camphausen.
