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Title: El informe de la comisión de Fráncfort sobre los asuntos austriacos (1848)
Description: El viaje de los comisarios del Imperio Welcker y Mosle para «mediar» en Viena en octubre de 1848, contado con sus propios despachos: banquetes en Olmütz mientras Windischgrätz bombardeaba la ciudad.
Author: Karl Marx, Friedrich Engels
Date: 1848-11-27
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1848%20El%20informe%20de%20la%20comisi%C3%B3n%20de%20Fr%C3%A1ncfort%20sobre%20los%20asuntos%20austriacos
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*Escrito en Colonia el 27 de noviembre de 1848. Publicado sin firma en la* Neue Rheinische Zeitung*, núm. 154, del 28 de noviembre de 1848; la MEW lo recoge sin indicar cuál de los dos autores lo escribió. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 69-74), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1848%20Der%20Bericht%20des%20Frankfurter%20Ausschusses%20%C3%BCber%20die%20%C3%B6streichischen%20Angelegenheiten).*

\**Colonia*, 27 de noviembre. Hace unos 40 años había gente que describía «Alemania en su más profunda humillación».[^1] Menos mal que ya han ido ad patres.[^2] Ahora no podrían escribir un libro así; no sabrían qué título ponerle, y si eligieran el antiguo, se contradirían a sí mismos.

Pues para Alemania hay siempre, por decirlo con el poeta inglés, «beneath the lowest deep a lower still».[^3]

Creíamos que con la conclusión del armisticio danés se había agotado la mayor ignominia. Después de la actuación del embajador del Imperio Raumer en París, de Heckscher en Italia, del comisario Stedtmann en Schleswig-Holstein y de las dos notas a Suiza, nos parecía que nada podía superar la humillación de Alemania.[^4] La actuación de los dos comisarios del Imperio en los asuntos *austriacos* demuestra nuestro error. Hasta qué punto increíble llevan los comisarios del Imperio alemanes el honor de Alemania, qué estúpida incapacidad, cobardía o traición pueden albergar los señores del viejo liberalismo, se desprende sobradamente del «Informe de la comisión para los asuntos austriacos, etc.» que acaba de publicarse, y en particular de los 20 documentos que contiene.

El 13 de octubre los señores Welcker y Mosle[^5] parten de Fráncfort por encargo del poder central «para mediar en los asuntos de *Viena*». Gentes poco versadas en la nueva diplomacia central esperaban recibir en pocos días la noticia de la llegada de estos señores a Viena. Todavía no se sabía entonces que los comisarios del Imperio tienen sus propios itinerarios. Los Eisele y Beisele[^6] del regente del Imperio tomaron el camino más directo a *Viena* pasando por... *Múnich*. Con el conocido mapa de viaje de la *Jobsiade*[^7] en la mano, llegaron allí la tarde del 15 de octubre. Hasta el mediodía del 17 de octubre estudiaron entonces los acontecimientos de Viena en íntima compañía de los ministros bávaros y del encargado de negocios austriaco. En su primera carta al señor Schmerling dan cuenta de sus estudios preliminares. En Múnich tienen ambos un momento de lucidez. Desean ardientemente la llegada de un «tercer colega», a ser posible un prusiano, «porque así estaremos más a la altura del gran encargo». El señor «colega» no aparece. La esperanza de la trinidad fracasa; el pobre dual tiene que salir solo al mundo. ¿Qué será ahora del «gran encargo»? El gran encargo viaja en los bolsillos de los señores Welcker y Mosle hasta Passau. Antes todavía de cruzar el Rubicón austriaco, el «gran encargo» hace marchar por delante una proclama. ¡Pero allá al otro lado era espantoso!

> «Además», escribe Welcker a Schmerling, «la población aquí, en la frontera austriaca, no está en modo alguno libre de manifestaciones revolucionarias y terroristas», y aún «la propia guardia nacional de Krems solo se vio imposibilitada, por haberse adelantado una ocupación militar del puente, de destruirlo ante su emperador y de hacerlo, por así decir, prisionero».

¿Qué lector sería tan duro de corazón que no apreciara plenamente estos sentimientos de un alma bella de *Staatslexikon*?[^8] Después de haberse repuesto en Passau desde el mediodía del 18 hasta la mañana del 20, los dos señores se dirigen a Linz.

El 13 de octubre habían partido de Fráncfort; la tarde del 20 ya están en Linz. ¿No hay en esta enorme rapidez prueba suficiente de la importancia de su «gran encargo»? ¿Los habrían empujado instrucciones especiales a esta prisa enorme? Basta: tras siete días enteros los señores llegan a Linz. Esta ciudad, que con su «gran población fabril, trabajada ya por emisarios vieneses», había despertado en el señor Welcker, durante su estancia en Passau, angustiosos presentimientos, no muestra en absoluto las horcas que probablemente veían en espíritu él y su segundo señor colega. Al contrario:

> «Toda la guardia nacional, con su cuerpo de oficiales y su música..., nos recibió en formación solemne, con la bandera alemana desplegada, y, junto con el pueblo que la rodeaba, con repetidos vivas.»

Linz, la Sodoma revolucionaria, se disuelve así en una ciudad bienpensante que tiene la suficiente bonhomía como para recibir solemnemente a nuestros excelentes comisarios del Imperio. Tanto más horrible aparece en cambio Viena en los informes de Welcker y Mosle al señor Schmerling, como la más impía Gomorra, como un antro de pecado de la anarquía, etc.

El 21 los señores suben al vapor y van a Krems. Por el camino informan a Fráncfort de que en Linz tuvieron guardias de honor, de que la guardia principal formó y presentó armas ante ellos, y de otras cosas igualmente importantes. Al mismo tiempo despachan tres cartas: a Windischgrätz, al ministro Kraus[^9] y a la presidencia del Reichstag.

Si alguien no estuviera todavía plenamente satisfecho con la actividad de más de ocho días de nuestros comisarios del Imperio, que los acompañe ahora, en la noche del 21 al 22 de octubre, a Stammersdorf, al cuartel general de Windischgrätz. Aquí nos sale al encuentro el poder central comisarial en toda su gloria. «Windischgrätz», dicen Welcker y Mosle, «rechazó toda intervención por nuestra parte con *cierta brusquedad*.» Dicho de otro modo: reciben patadas y tienen que largarse. «Es más, ni siquiera quiso ver nuestros plenos poderes», se queja Welcker a su ministro Schmerling. Y para colmar la medida de la aflicción: Windischgrätz no ofrece al poder central personificado que tiene delante ni una gota de vino, ni siquiera un aguardiente.

Así que nuestros comisarios vuelven a subir al coche, canturrean tristemente «Oh tú, Alemania, etc.» y van a... ¿Viena? ¡Dios nos libre! A Olmütz, «a la corte imperial». E hicieron bien. A toda la gracia imperial le habría faltado la gracia final, a la comedia de la mediación el último acto. Si Windischgrätz los había tratado como a colegiales tontos, en Olmütz encontraron «por parte del emperador y de la familia imperial *una acogida mucho más amable*» (véase la p. 11 del informe, escrito núm. 6). Fueron invitados a la mesa, y «hemos tenido el placer», escriben luego al señor Schmerling, «de una *graciosísima* acogida». No es en absoluto la naturaleza lacayuna alemana la que se expresa aquí, sino la más íntima gratitud, que encuentra su expresión adecuada en la canción: «Tras tantos sufrimientos, etc.».

Después de tanto comer y beber, todavía queda por despachar el conocido «gran encargo». Nuestros dos comisarios se dirigen por escrito al ministro barón de *Wessenberg*.[^10]

> «A Vuestra Excelencia» (comienza la carta del 25 de octubre) «rogamos muy respetuosamente que tenga a bien *benevolentísimamente* señalarnos una hora en la que le plazca recibir nuestro agradecimiento por la benévola acogida que ha recibido nuestra misión y nosotros mismos por parte de Su Majestad imperial y real y de Vuestra Excelencia, y comunicarnos sus opiniones y resoluciones respecto a los siguientes puntos, que forman todavía parte del cumplimiento de nuestra misión.»

Los «siguientes puntos» dicen con muchas palabras que los comisarios desean permiso para ir a Viena a mediar.

Toda la carta, como también la segunda a Wessenberg, está redactada en un estilo de cancillería tan enrevesado del siglo pasado, tan lleno de cortesía y sumisión desmedidas, que da verdadero alivio poder leer a continuación las respuestas de Wessenberg. Los dos comisarios aparecen en esta correspondencia frente al ministro austriaco como dos campesinos patosos frente al noble refinado, cuando hacen sus graciosas reverencias sobre el suelo resbaladizo y procuran soltar expresiones bien escogidas.

Wessenberg responde a la carta anterior:

> «¡Muy nobles señores! Tengo que pedir disculpas por responder tan tarde a su escrito de hoy... En cuanto a su bienintencionado propósito de hacer todavía un intento en Viena para resolver las disensiones de allí, me parece necesario informarles primero de la situación actual de allí. En efecto, no se trata de negociar con un partido, sino solo de reprimir una insurrección, etc.» (véase la p. 16 del informe).

Con esta respuesta les devuelve a la vez sus plenos poderes.

Repiten su petición el 27 de octubre.

> «Debemos», dicen, «considerar un deber urgente rogar una vez más *encarecidamente* a Vuestra Excelencia, y en vos al Gobierno imperial, que se nos envíe cuanto antes a Viena con encargos y condiciones benignos y conciliadores y bajo salvoconducto seguro, para aprovechar así, en esta crisis terrible, la fuerza apaciguadora y personal que reside en nosotros y en nuestra misión.»

Hemos visto cómo ha actuado esta «fuerza apaciguadora y personal» en los 14 días transcurridos desde que salió por las puertas de Fráncfort.

Sobre Wessenberg ejerce la poderosa influencia de que en su respuesta a la petición no dé ninguna respuesta. Les comunica algunas noticias de Viena, para colmo medio falsas, y observa irónicamente:

> «¡Que, por lo demás, las sublevaciones del tipo de la de los proletarios de Viena difícilmente pueden reprimirse sin emplear medios coercitivos, lo han demostrado todavía recientemente los sucesos de Fráncfort!»[^11]

A tales argumentos los señores Welcker y Mosle no podían resistirse de ningún modo: por eso desisten de nuevos intentos y aguardan con su «fuerza apaciguadora y personal» las cosas que hayan de venir.

El 28 de octubre vuelven a informar a Schmerling sobre su «gran encargo». A ofrecimiento de Wessenberg, entregan su despacho a un correo que este envía a Fráncfort. El correo parte, pero no el despacho. Este no llega a Fráncfort hasta el 6 de noviembre. Si no hubieran estado en la mesa imperial, si la familia imperial y en particular el archiduque Carlos no hubieran hablado con ellos tan amablemente, los comisarios habrían tenido que perder su alta inteligencia ante tanta mala suerte.

Ahora siguen dos días de silencio. La «fuerza apaciguadora» guarda el descanso sabático después de tanto trabajo.

Entonces, el 30 de octubre, Wessenberg les comunica la noticia oficial de la rendición de Viena. Su decisión está tomada. Es cierto que el 28 de octubre (p. 14 del informe) todavía opinaban que «parece que en él (Windischgrätz), lo mismo que aquí (en Olmütz) entre las personas influyentes, predomina *demasiado* la idea no solo de someter Viena, sino de imponerle además un castigo vengador por el agravio cometido hasta ahora». Pero desde entonces Wessenberg les ha asegurado (¿y cómo iba a atreverse un comisario del Imperio a seguir dudando?), les ha asegurado que «el gobierno austriaco, al aprovechar esta victoria, se guiará por los principios adecuados para asegurarle el afecto de sus súbditos».

«Así que podemos suponer», exclaman Welcker y Mosle llenos de patetismo imperial, «que nuestras propuestas han tenido *a pesar de todo* alguna influencia.» ¿A pesar de todo? ¡Oh, seguro! Habéis divertido magníficamente durante ocho días a Wessenberg, al archiduque Carlos, a Sofía[^12] y consortes. ¡Fuisteis los polvos digestivos imperiales y reales, *Welcker y Mosle*!

> «Tras aquella seguridad del ministro, consideramos ahora cumplida nuestra tarea y mañana (31 de octubre) emprenderemos nuestro viaje de regreso por Praga.»

Así termina el último despacho de los señores Welcker y Mosle.

Y, en efecto, tenéis razón: vuestro «gran encargo» de reconciliación y mediación estaba cumplido. ¿Para qué ibais a ir ahora a Viena? ¿No eran los apóstoles de la humanidad, Windischgrätz y Jellachich, dueños de la ciudad? ¿No predicaban las capas rojas y las tropas imperiales y reales, mediante el saqueo, el incendio, el asesinato y la violación, el evangelio de la paz y de la libertad constitucional, comprensible para todo el mundo?

Hasta qué punto vuestra «fuerza apaciguadora» se ha abierto paso, qué espléndidamente habéis cumplido vuestra tarea: eso lo muestran los estertores de los asesinados, el grito de desesperación de las violadas, eso lo muestran los miles en las cárceles, eso nos lo enseña la sombra ensangrentada de *Robert Blum*.

Vuestra tarea era ayudar a representar en Olmütz el drama satírico de la trilogía que pusieron en escena Windischgrätz, Jellachich y Wessenberg. La habéis cumplido dignamente: si no algo peor, al menos habéis interpretado hasta el final con virtuosismo el papel de los *«tíos burlados»*.

[^1]: *Deutschland in seiner tiefen Erniedrigung* (1806), folleto anónimo contra la ocupación napoleónica por cuya difusión fue fusilado el librero de Núremberg Johann Philipp Palm.

[^2]: «Con sus padres», es decir, al otro mundo.

[^3]: «Bajo el abismo más hondo, otro más hondo todavía» (Milton, *El paraíso perdido*, libro IV).

[^4]: Friedrich von Raumer, historiador berlinés, enviado del poder central en París; Johann Gustav Heckscher, enviado del poder central a Italia en el otoño de 1848; Stedtmann, comisario del Imperio en Schleswig-Holstein tras el armisticio de Malmö.

[^5]: Karl Theodor Welcker (1790-1869), jurista y liberal de Baden, coeditor con Rotteck del *Staats-Lexikon*, diputado en Fráncfort; Johann Ludwig Mosle, diputado de Oldemburgo en la Asamblea de Fráncfort.

[^6]: Personajes de una serie cómica de las *Fliegende Blätter* de Múnich: dos alemanes ingenuos de viaje.

[^7]: *Die Jobsiade* (1784), poema cómico de Carl Arnold Kortum sobre las andanzas del estudiante Hieronimus Jobs.

[^8]: El *Staats-Lexikon* de Rotteck y Welcker, la gran enciclopedia del liberalismo alemán anterior a 1848.

[^9]: Philipp von Krauss, ministro austriaco de Hacienda, que se había quedado en Viena durante la insurrección de octubre.

[^10]: Johann Philipp von Wessenberg (1773-1858), presidente del gobierno y ministro de Asuntos Exteriores de Austria de julio a noviembre de 1848.

[^11]: La insurrección de Fráncfort del 18 de septiembre de 1848 contra la ratificación del armisticio de Malmö, reprimida con tropas prusianas y austriacas.

[^12]: La archiduquesa Sofía (1805-1872), madre del futuro emperador Francisco José y cabeza del partido de la corte.
