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Title: Experiencias de las elecciones primarias (1849)
Description: Artículo de la Neue Rheinische Zeitung contra las «Experiencias de las elecciones primarias» de Brüggemann en la Kölnische Zeitung: tras la victoria demócrata de enero de 1849, la burguesía constitucional acaba pidiendo el voto por estamentos.
Author: Karl Marx
Date: 1849-01-27
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1849%20Experiencias%20de%20las%20elecciones%20primarias
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*Artículo publicado sin firma en la* Neue Rheinische Zeitung, *n.º 206, 27 de enero de 1849 (Colonia), p. 1; atribuido a Karl Marx por la MEGA² (I/8). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1849%20Urwahl-Erfahrungen).*

\* *Colonia*, 26 de enero. Con el corazón apesadumbrado, pero siempre dispuesto a abrir a sus conciudadanos el cofrecillo de su ingenio, Brüggemann el Honrado responde a nuestro artículo de anteayer con unas «*Experiencias de las elecciones primarias*».

El señor Brüggemann se mantiene en lo dicho: la actual ley electoral, mientras no etc., etc. ..., hace *imposibles unas elecciones razonables y decisivas*.

¡Bonito cumplido para la ley electoral otorgada! Tanto más bonito cuanto que su autor no es otro que el más agradecido adorador de la «acción salvadora de la Corona» consumada en la nueva ley electoral.

¡Así que la «acción salvadora de la Corona» se reduce a que ha hecho «imposibles unas elecciones razonables y decisivas» y ha convencido a Brüggemann el Honrado de que todavía estamos muy lejos de poder «lisonjearnos de haber dado por definitivamente cerrada la revolución»!

¡Pobre Brüggemann! ¡Desdichada Corona!

El señor Brüggemann se esfuerza ahora en encontrar medios que, unidos a la actual ley electoral, hagan posibles unas elecciones «razonables y decisivas», es decir, no demócratas, no de oposición, elecciones en el sentido de la acción salvadora del 5 de diciembre.

¡Muy sencillo! Un censo alto, junto con una representación especial de la gran propiedad territorial, satisfaría sin duda todas las exigencias del profundo pensador Brüggemann.

¡Pero no! La Corona ha conservado una apariencia de sufragio universal, y Brüggemann tiene orden de no ser nunca más reaccionario que la Corona. También tiene que haber bichos raros así, dice Manteuffel cuando le hablan de Brüggemann.

Por eso «Nosotros tenemos la conquista del sufragio universal por muy valiosa», pues «Nos tomamos en serio la verdadera democracia», mientras, claro está, no «se hagan necesarios *nuevos otorgamientos*»!!

Pero ¿a qué se debe entonces que la «conquista del sufragio universal» haya conducido a elecciones demócratas y haya ofendido tan profundamente a su adorador Brüggemann?

Las elecciones han sido esta vez *decididas elecciones de partido*. Lo prueba el hecho de que casi en todas partes la *primera* votación fue al mismo tiempo la votación restringida y decisiva. Los electores primarios votaron con pleno conocimiento de causa; se trataba para ellos de derribar o mantener el ministerio y sus actos contrarrevolucionarios. La inmensa mayoría del país —eso es ya seguro— se pronuncia por la caída del ministerio, por la anulación de sus actos. El señor Brüggemann quiere lo contrario, y sin embargo representa la «*verdadera* democracia», la «*verdadera*» mayoría. ¿Cómo casa esto?

La cosa tiene, según Brüggemann el Honrado, dos pegas. Primera: «Faltó en todas partes una *participación suficientemente general*».

La «espantosa indiferencia de la clase media» se ha encogido ya hasta reducirse a una mera falta «de una participación suficientemente general». Primera «experiencia de las elecciones primarias» y, para decirlo con el señor Brüggemann, «de esta experiencia vamos a levantar acta enseguida».

A este punto ya hemos respondido. Afirmamos que esta falta de participación, allí donde existió, procedía de la *seguridad* del resultado y no tuvo ninguna influencia sobre el resultado mismo. Afirmamos además que en algunos lugares procedía de la vergüenza de ciertos conservadores que en noviembre, por honradez o por miedo a una nueva revolución, enviaron mensajes de agradecimiento a la Asamblea Nacional y ahora no quieren votar por la política opuesta. No todo aullador es un *lazzarone* que hoy grita *eviva la constituzione* y mañana, por un plato de macarrones, brama a los cuatro vientos *eviva il Rè e la santa fede*. No todo burgués sabe cambiar de chaqueta según sopla el viento con tanta presteza como ciertos Catones inconmovibles del terreno jurídico.

O díganos usted, señor Brüggemann, ¿por qué podían los demócratas a veces «traerse refuerzos a mediodía», mientras usted confiesa suspirando: «En las últimas semanas hemos *exhortado repetidamente* a una participación general y hemos *rogado repetidamente* a cada lector que actuase en su círculo por una implicación lo más general posible ... Estas exhortaciones han sido ... *probablemente en su mayor parte en vano*»?

Ahora la segunda pega: «*El mutuo desconocimiento entre los electores*».

¡Desde luego, si todos los «electores» de la santa ciudad de Colonia hubieran conocido las sublimes cualidades de Brüggemann el Honrado, habría sido elegido compromisario en los 64 distritos, mientras que ahora el «mutuo desconocimiento entre los electores» lo ha dejado caer en su propio distrito!

Si nuestras actuales elecciones han salido en cierta medida decididas, se debe precisamente a que ese desconocimiento *existía* o a que, donde no existía, se actuó como si unos fueran extraños para otros. No se votó al «carácter honorable», al «hombre respetado», al «capitalista influyente»; se votó al demócrata o al contrarrevolucionario, al hombre de la oposición o al conservador. Se tenía a la vista lo principal y no se dejó uno guiar por consideraciones personales. Y por eso nuestras elecciones nos traerán, de un modo u otro, una decisión.

Pero eso es justamente lo que tanto ofende a nuestro Brüggemann. Y por eso hace proyectos para remediar este desconocimiento, para que los electores primarios del distrito se conozcan personalmente, para introducir en la elección relaciones personales y patriarcales; por eso propone convertir a los compromisarios en representantes permanentes del distrito, para que en su elección no valga la simple consideración de si son lo bastante buenos para nombrar un diputado en el sentido del distrito, sino para que entren en juego cien consideraciones distintas que nada tienen que ver con la elección, por ejemplo si son buenos hombres de negocios y valen para concejales, etc., si poseen toda clase de capacidades y conocimientos indiferentes para la elección, etc.

La elección indirecta es ya una operación sumamente embrollada e inútil. Pero para Brüggemann el Honrado, el caballero de la verdadera democracia, de la otorgada, es todavía demasiado sencilla. Querría hacerla tan oscura que nadie sacara nada en claro de ella. ¡Solo entonces, cuando el embrollo, el *tohuwabohu*, haya llegado al grado máximo, solo entonces espera nuestro otorgado sabihondo «elecciones razonables y decisivas»!

Pero todo eso no basta todavía. Todo eso solo ha de valer «para la transición y para el ínterin». El objetivo de todo ello está en otra parte. Óigase:

«*Un abismo* separa los distintos círculos profesionales y vitales de nuestra actual sociedad burguesa, y no queda en verdad colmado por el hecho de que *la ley electoral* los ignore. Si *por el momento* no pudiera superarse todavía el temor político —a nuestro juicio muy equivocado y supersticioso— al *reconocimiento y la consideración legales de estas diferencias*, habría que tomar al menos las medidas de transición indicadas».

A lo que el señor Brüggemann declara: «No habría que buscar la salida salvadora en el viejo y trillado carril del *censo desnudo*».

Es decir, dicho sin rodeos, lo mismo que predica a diario el periódico de la horca: con una representación popular moderna no se puede gobernar. ¡Suprímase el sufragio universal y vótese por *estamentos*, mándense al diablo las Cámaras constitucionales y convóquese la vieja Dieta Unificada estamental, que es la única todavía capaz de marchar con Dios por el Rey y la Patria!

¡Estas cosas predica el señor Brüggemann en la *Kölnische Zeitung* 11 meses después de la revolución de febrero, 10 meses después de los «acontecimientos» de marzo, y a este estiércol feudal sin disimulo lo llama «verdadera democracia» y «consolidación del principio democrático» mediante «nuevas organizaciones democráticas complementarias en el terreno industrial y social»!!!

¡En verdad, hacemos progresos!
