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Title: Hungría. 21 de abril de 1849
Description: Sección «Hungría» de la Neue Rheinische Zeitung del 21 de abril de 1849: el proyecto de reino trino croata-eslavonio-dálmata, paneslavista y antialemán, y el lamento de un corresponsal serbio que reclama la ayuda rusa.
Author: Friedrich Engels
Date: 1849-04-21
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1849%20Hungr%C3%ADa.%2021%20de%20abril%20de%201849
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*Artículo publicado sin firma en la* Neue Rheinische Zeitung, *n.º 278, 21 de abril de 1849 (Colonia), p. 3; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/9); se excluye, según el criterio aplicado a las secciones de noticias, la noticia de Kronstadt que el periódico da como tomada de otra fuente, señalada «(Buk. Z.)». Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1849%20Ungarn.%2021.%20April%201849).*

*Hungría.*

\* Los periódicos de Viena y de Breslau que debían llegar no han venido en absoluto, según nos dicen, con el último tren de Berlín de anoche. Así que, si la *Kölnische Zeitung* afirma que pese a todo ha recibido esos periódicos de Viena, eso es precisamente una «fanfarronada magiar».

\* *Agram.* Mientras en la Hungría propiamente dicha la monarquía unitaria imperial y real se ve sacudida en sus cimientos por las armas victoriosas de los magiares, en los países eslavos del sur el movimiento nacional particularista no deja de crear nuevas dificultades al gobierno austriaco. Los croatas han inventado ahora la idea de un reino trino croata-eslavonio-dálmata que ha de servir de centro de gravedad a las aspiraciones paneslavistas en el sur. Esta trinidad de panduros, serezanos y haiduques, este reino de los mantos rojos, la ha «puesto en marcha» enseguida —por servirnos del alemán croata de Austria— la comisión de la dieta croata-eslavonia, y el correspondiente proyecto de ley elaborado por la comisión está ya impreso. El documento es notable. No hay en él rastro de odio a los magiares ni de precauciones contra las intromisiones *magiares*, pero sí lleva el sello del *odio a los alemanes*, de la defensa frente a las intromisiones *alemanas* y de la *alianza* paneslavista *contra los alemanes*. Eso sacan nuestros vociferantes constitucional-patrióticos del Sacro Imperio Romano de entusiasmarse por los croatas. Que en la Voivodina serbia reinan el mismo odio y la misma desconfianza hacia los alemanes ya lo hemos comunicado antes.

La trinidad de los cortacabezas de manto rojo empieza su existencia enseguida con conquistas. Aparte de arrancar a Hungría toda Croacia y Eslavonia, reclama la isla del Mur, es decir, el rincón del condado de Zala situado entre el Drave y el Mur, y las islas del Quarnero del círculo de Istria y Trieste, es decir, además de un pedacito de Hungría, también un pedacito de *Alemania*.

Reclama luego el *derecho*: 1) a regular las relaciones internas de Croacia-Eslavonia con Dalmacia por medio de las dietas respectivas; 2) a regular sus relaciones con la Voivodina serbia mediante acuerdo común; 3) «a entrar, sobre la base de un acuerdo recíproco, *en una unión política más estrecha* también con las demás *provincias eslavas* vecinas del Imperio austriaco», es decir, a formar dentro de la monarquía unitaria imperial y real una *liga separada paneslavista contra alemanes y magiares*. Y este derecho a la liga separada es, según la manera de ver de panduros y serezanos, el *primer derecho humano*: «este derecho *natural* (!) de unión no podrá negarse ni impedirse *bajo ningún pretexto* ni al reino trino ni a aquellos países eslavos de Austria que deseen unirse a él con ocasión (¡alemán croata!) de la misma nacionalidad o de una nacionalidad afín». Es decir: nuestro primer derecho humano «natural» es la resurrección del Congreso Eslavo de Praga como *autoridad legislativa*. ¡Exigencia ingenua frente a un ministerio Schwarzenberg-Stadion!

A estas conquistas y alianzas paneslavistas sigue una declaración solemne:

«El reino trino no ha sido nunca un país *alemán* (Dieu merci!), ni quiere ser un país así, ni siquiera una parte o un *miembro del Imperio alemán*; y por eso tampoco en el futuro podrá el reino trino, sin su consentimiento expreso, ser arrastrado *a ninguna unión* que Austria contraiga ahora o en el futuro con *Alemania*.»

Tales declaraciones solemnes se consideran urgentemente necesarias frente a los *alemanes*, aunque, que nosotros sepamos, nadie ha tenido nunca a Croacia y a los demás territorios de cortacabezas por un «país alemán», y aunque Alemania no siente de momento el menor deseo de incorporar al Imperio alemán a los señores otochanos y serezanos.

¡Y en todo el documento ni una palabra de los *magiares*, ni un solo párrafo que haya de proteger al deseado Estado bandolero trino de la tan lamentada opresión magiar! Pero se ve adónde va a parar todo el asunto: la Austria unitaria y centralizada a la que aspira el ministerio, en la que a la larga los alemanes, como la nación más civilizada, predominarían ciertamente en lo moral, le da a esta trinidad paneslavista mil veces más miedo que los magiares, a los que se tiene por vencidos. Se ve además que en estas naciocillas bandoleras el odio a los alemanes supera con mucho al odio a los magiares. ¡Y sin embargo estas naciocillas bandoleras son las aliadas de la patriota alemana, la *Kölnische Zeitung*!

Siguen ahora, tras estos principios generales, una larga serie de cláusulas con las que los Estados bandoleros eslavos del sur quieren ponerse a salvo de la centralización austriaca, es decir, de la opresión alemana.

Así, se dice en él que todos los asuntos no atribuidos expresamente por esta ley al gobierno central quedan reservados al gobierno del país. Ahora bien, la autoridad del gobierno central solo se reconoce: 1) en los asuntos exteriores, con excepción de la relación con Alemania, reservada más arriba, que solo puede modificarse por acuerdo de una mayoría de ⅔ de la dieta; 2) en la administración de Hacienda, en la medida en que sea indispensable; 3) en los asuntos militares, pero solo en la medida en que afecten al ejército permanente; 4) en los asuntos de comercio; 5) en las vías terrestres y fluviales.

Además, los Estados bandoleros trinos exigen, aparte de su representación en el Reichstag, «consideraciones a los hijos del reino trino en la provisión de los correspondientes cargos centrales, con atención a las proporciones de población y a las cualidades necesarias» (¡otra vez un bonito alemán croata!), trato con el gobierno central en la lengua oficial, un ministro aparte para los Estados bandoleros en el gobierno central y, en cada ministerio correspondiente, una sección administrativa aparte para los Estados bandoleros.

Por lo demás, los Estados bandoleros serán gobernados por un «Consejo de Estado del reino trino», y la fuerza armada, tanto el ejército como los banderiales, la insurrección en masa y la guardia nacional, estará a las órdenes del ban. Pero solo el ejército puede mandarlo según las órdenes del poder central; de la dirección de la restante fuerza armada es responsable «ante la nación».

En el interior se exigen los cambios siguientes: 1. el Estado bandolero trino no aportará un contingente de tropas mayor, en proporción a su población, que cualquier otra provincia austriaca; y 2. la frontera militar queda sometida en los asuntos civiles a la administración civil y a la jurisdicción ordinarias; la administración militar y la jurisdicción militar solo rigen para aquellos fronterizos que estén realmente en armas. Pero con eso desaparece por sí sola toda la frontera militar imperial y real. Volveremos sobre ello.

Este es el proyecto del nuevo Estado bandolero trino otochano-panduro-croata que se nos quiere poner en la frontera sudoriental de Alemania, si la revolución y los magiares lo permiten.

\* *De Sirmia.* Tenemos ante nosotros una correspondencia en lengua germano-croata, fechada en Sirmia el 8 de abril, en la que se entona un divertido lamento sobre la situación en la Bácska. Contiene también detalles sobre la proyectada llamada de rusos al Banato. Damos a continuación algunos extractos:

«Hasta ahora hemos derramado nuestros mejores jugos vitales, la preciosa sangre de toda una generación, por el hermoso sueño de una Austria unitaria con igualdad de derechos, hemos luchado y combatido por ella con tenaz perseverancia, y ahora nos encontramos abandonados y reducidos a nosotros mismos. ¿No es este un hecho triste que, tal como es, no necesita más comentario?»

Viene ahora una larga lamentación sobre las represalias que toman los honvéds por las barbaridades y las cortaduras de cabezas de los serbios en la Bácska. El corresponsal admite que los informes serán probablemente exagerados y continúa luego:

«Pero sea como fuere, una cosa es cierta e innegable: que en la Bácska se han hecho actualmente estragos. Es una ruina sistemática del país a lo largo y a lo ancho, practicada con un celo furioso. *Pero, por desgracia, hay método en esta locura* (!), pues los insurgentes han establecido la comunicación entre la Bácska y Peterwardein; al mando de Perczel avanzan cada vez con más audacia; el distrito de Kikinda, el batallón de los chaikistas y el Banato están seriamente amenazados por ellos, y con salidas desde Peterwardein pueden inquietar también a Sirmia. ¿Y cómo estamos nosotros ante estas calamidades? Faltan tropas imperiales por muchos lados; el cuerpo de tropas del general de artillería conde Nugent, que sumaba más de 30.000 hombres y estaba destinado a operar junto a Peterwardein, en la Bácska y en el Banato, ha sido apartado (!) de su objetivo original por los fuertes destacamentos enviados a la Hungría propiamente dicha, y como también el general de brigada Teodorović se retira cada vez más hacia Temesvár con sus fuerzas mermadas, si es que no está ya allí, la defensa del país recae sobre todo en los hombros del pueblo.» A consecuencia de estos «hechos palpablemente enojosos (!)», el corresponsal enumera las distintas medidas, ya conocidas, que han tomado los serbios y los imperiales. Luego continúa:

«Esto es lo que se ha hecho por nuestra parte, y todo nuestro afán se dirige de momento a mantenernos firmes con valor hasta que baje ayuda militar, y esta tiene que llegar pronto, pues (!) el peligro es grande y en cualquier momento puede producirse un desenlace que tal vez se habría podido evitar con una intervención más rápida y una actitud medio (!) más prudente de aquellos señores que hacen escuela diplomática con los destinos de nuestro pueblo. ¿Qué se quiere decir con esto? Pues bien, noticias fidedignas nos comunican que *los rusos entran en Transilvania con más de 35.000 hombres, y que otros 10.000 —rusos, se entiende— bajarán próximamente al Banato y a Sirmia* y traerán protección al pueblo, cuya vida desnuda está tan amenazada. Para tener exactitud (!) y separar debidamente el cómo, el dónde y el qué del asunto (!), el 8 del corriente partieron de Semlin derechos a Bucarest dos hombres de confianza, que harán la consulta al cónsul general ruso, el señor Dühamel, y traerán enseguida la respuesta que es de prever. Así pues —¿estos son los frutos de nuestras conquistas de marzo, que desde cierto lado se nos empuje a buscar ayuda rusa? Si lo dicho llega a hacerse realidad de verdad en los próximos días, que la historia cumpla su oficio y dé su verdadero nombre a quienes han urdido todo esto con tanta finura. Entretanto esperamos los acontecimientos.»

Cierran el conjunto los siguientes lamentos, que nos ilustran a la vez de manera notable sobre lo que en Croacia se llama democracia (el corresponsal es un demócrata entusiasta):

«La libertad, a este horrible precio de sangre que pagan por ella los pueblos de Austria, no es un don del cielo, no, es una maldición del infierno. Dios se apiade de los pueblos e ilumine el corazón y el entendimiento de aquellos que todavía no entienden de gobernar con amor y de cumplir honradamente lo que han prometido.»
