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Title: La «Kölnische Zeitung» sobre la lucha magiar (1849)
Description: Engels responde a la Kölnische Zeitung, que reprochaba a la prensa democrática apoyar a una «casta aristocrática» magiar: defiende la causa húngara frente a la contrarrevolución austríaca y desmonta, con los propios partes del ejército imperial, sus noticias sobre la guerra.
Author: Friedrich Engels
Date: 1849-02-18
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1849%20La%20K%C3%B6lnische%20Zeitung%20sobre%20la%20lucha%20magiar
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*Publicado sin firma en la* Neue Rheinische Zeitung*, núm. 225, del 18 de febrero de 1849; la MEW lo atribuye a Friedrich Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 303-307), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1849%20Die%20K%C3%B6lnische%20Zeitung%20%C3%BCber%20den%20magyarischen%20Kampf).*

*Colonia*, 17 de febrero.

> «Ahora he encontrado el fondo  
> en que mi ancla se sujeta eternamente»…[^1]

canta el valiente Schwanbeck[^2] con el himnario protestante. El indignado héroe de la virtud, pese a la «nota austríaca» y al «sentimiento de la más honda indignación»,[^3] sale por fin también en la *primera página* de la *Kölnische Zeitung* en favor de Windischgrätz.[^4]

Escuchen:

> «La llamada prensa democrática de Alemania ha tomado partido por los magiares en la lucha austro-húngara… ¡Cosa bastante extraña, desde luego! Los demócratas alemanes del lado de esa casta de alta nobleza para la cual su propia nación, pese al siglo XIX, nunca ha dejado de ser la *misera contribuens plebs*;[^5] ¡los demócratas alemanes del lado de los más arrogantes opresores del pueblo!».

No recordamos bien si ya hemos llamado la atención del público sobre una peculiaridad del valiente Schwanbeck, a saber, que tiene la costumbre de construir solo consecuentes sin antecedentes.[^6] La frase de arriba es uno de esos consecuentes cuyo antecedente no ha visto la luz del mundo.

Y aunque los magiares fueran una «casta de alta nobleza» de «los más arrogantes opresores del pueblo», ¿qué probaría eso? ¿Es Windischgrätz, el asesino de Robert Blum,[^7] un pelo mejor por ello? ¿Acaso quieren los caballeros de la «monarquía unitaria», los enemigos particulares de Alemania y amigos de Schwanbeck, los Windischgrätz, Jellachich, Schlick,[^8] etc., *oprimir* a la «casta de alta nobleza», implantar la libertad de la propiedad campesina de la tierra? ¿Luchan acaso los croatas y los checos por la parcelación renana y el Código de Napoleón?

Cuando en 1830 los polacos se levantaron contra Rusia,[^9] ¿se discutió entonces si a la cabeza estaba solo una «casta de alta nobleza»? Se trataba entonces, ante todo, de expulsar a los extranjeros. Toda Europa simpatizó con la «casta de alta nobleza», que en efecto abrió el movimiento; pues la república nobiliaria polaca fue siempre un progreso gigantesco frente al despotismo ruso. ¿Y no era el censo francés, el monopolio de los 250.000 electores de 1830, en el fondo un sometimiento político de la *misera contribuens plebs* tan grande como el dominio de la nobleza polaca?

Supongamos que la revolución húngara de marzo hubiera sido una revolución puramente nobiliaria. ¿Tiene por ello la monarquía «unitaria» austríaca derecho a oprimir a la nobleza húngara, y a través de ella a los campesinos húngaros, como ha oprimido a la nobleza de Galitzia y, *a través de ella* (véanse los debates de la Dieta de Lemberg de 1818), a los campesinos de Galitzia? Pero, claro, el gran Schwanbeck no está obligado a saber que la mayor parte de la nobleza húngara, exactamente igual que la mayor parte de la nobleza polaca, se compone de simples proletarios cuyo privilegio aristocrático se reduce a que no se les pueden aplicar palos.

Y mucho menos aún está obligado el gran Schwanbeck a saber que Hungría es el único país en el que, desde la revolución de marzo, las cargas feudales del campesino han dejado por completo de existir, legalmente y de hecho.[^10] El gran Schwanbeck declara a los magiares una «casta de alta nobleza», «los más arrogantes opresores del pueblo», «aristócratas», ¡y el mismo gran Schwanbeck no sabe o no quiere saber que los *magnates* magiares, los Esterházy, etc., desertaron nada más empezar la guerra y fueron a rendir homenaje a Olmütz,[^11] y que precisamente los oficiales «de alta nobleza» del ejército magiar han cometido día tras día, desde el comienzo de la lucha hasta hoy, nuevas traiciones contra la causa de su nación! ¿O por qué la mayoría de la Cámara de Representantes sigue todavía hoy con Kossuth[^12] en Debreczin, mientras que allí solo se encuentran once magnates?

Hasta aquí el Schwanbeck de la *primera* página, el Schwanbeck ditirambista de artículos de fondo. Pero el hombre de la tercera página, el hombre que ha tomado al asalto Leopoldstadt seis veces, ha conquistado Eszek cuatro veces y ha cruzado el Tisza varias veces,[^13] el estratega Schwanbeck, tenía que tomarse también su revancha.

> «Pero entonces la guerra siguió un curso lamentable, verdaderamente penoso. Sin detenerse, casi sin combatir, los magiares retrocedieron de todas sus posiciones; sin resistencia evacuaron incluso su plaza fuerte real y retrocedieron ante los croatas de Jellachich hasta detrás del Tisza».

«Casi sin combatir»: es decir, después de haber *detenido a los austríacos dos meses enteros* del Leitha al Tisza, retrocedieron «casi sin combatir». ¡El buen Schwanbeck, que no juzga la grandeza de un general por sus resultados *materiales*, sino por cuántos hombres se ha dejado matar!

«¡Sin resistencia evacuaron su plaza fuerte real!». Ahora bien, hay que saber que Buda está fortificada por el lado oeste, pero no por el lado este. El Danubio estaba helado, de modo que los austríacos pudieron cruzarlo con caballos y carros, ocupar Pest y desde allí bombardear la indefensa Buda.

Si Deutz no estuviera fortificado y el Rin estuviera helado, si por tanto un ejército francés cruzara el Rin por Wesseling y Worringen y emplazara 100 cañones en Deutz contra Colonia,[^14] el audaz Schwanbeck aconsejaría entonces al coronel Engels[^15] defender Colonia hasta el último hombre. ¡Valiente Schwanbeck!

Los magiares «retrocedieron ante los croatas de Jellachich hasta detrás del Tisza». ¿Y nos negará el gran Schwanbeck que esos «croatas» suman de 250.000 a 300.000 hombres, los cuerpos de Windischgrätz, Jellachich, Götz, Csorich, Simunich, Nugent, Todorovich, Puchner, etc., etc., contando las tropas irregulares del Drava y del Banato? ¿Y todo eso son «los croatas de Jellachich»? Por lo demás, se comprende fácilmente que un Schwanbeck, que es él mismo pariente de estirpe de los croatas[^16] y anda poco versado en historia y geografía, se entusiasme por los croatas.

Pero, claro: «… también nosotros estamos lejos de ver *precisamente un evangelio* en los partes oficiales del cuartel general austríaco». Al contrario, Schwanbeck encuentra de vez en cuando en los partes, por ejemplo, de Schlick

> «una *laguna* que el lector tiene que llenar con *toda clase de conjeturas*, y *al fin y al cabo no es extraño* (!!) que esas conjeturas *resulten más inquietantes de lo que deberían* (!!!). También de Puchner sospechamos que suele dar a sus boletines un tono *algo demasiado rosado*. Según ellos, estaría en plena carrera triunfal contra el “general rebelde”. De pronto leemos, *para nuestra mayor sorpresa* (!), un llamamiento suyo en el que conjura a sajones y valacos[^17] por lo que más quieran a que no pierdan el ánimo; de pronto encontramos al derrotado Bem[^18] ante Hermannstadt, en pleno país sajón, y los pobres alemanes (!!) no saben finalmente cómo salir del paso sino buscando protección en los rusos. *Aquí hay* un *pequeño conflicto entre los partes oficiales* y *los acontecimientos*, que solo puede imputarse a la *inexactitud* (!!) de los primeros».

El ciudadano Schwanbeck confiesa que los boletines austríacos, y siguiéndolos la *Kölnische Zeitung*, han mentido con la mayor desvergüenza sobre los supuestos avances de los austríacos; cuando después la mentira ya no se puede negar, el amigo de la verdad Schwanbeck lo llama: «¡un pequeño conflicto entre los partes oficiales y los acontecimientos!».

> «Pero si no consideramos en absoluto oráculos los partes del ejército austríaco, no por ello han ganado lo más mínimo a nuestros» (ocupados en los «pequeños conflictos» de arriba) «ojos los boletines de victoria magiares. Los dicta la *fantasía*, y se leerían con bastante agrado si no fueran tan *espantosamente ridículos*».

Esos «boletines» son tan «espantosamente ridículos» que hasta ahora no han afirmado nada que el gran Schwanbeck no tenga que admitir él mismo en lo sustancial. ¿O está Tokaj en manos de Schlick? ¿Ha cruzado un solo austríaco el Tisza por Szolnok? ¿Han avanzado los imperiales siquiera un paso desde hace 14 días?

El 22.º boletín austríaco, que acaba de llegarnos (véase más abajo), ahorrará al ciudadano Schwanbeck la molestia de responder. Nos aclara que los austríacos todavía no han llegado ni siquiera hasta donde afirmaban los boletines 20.º y 21.º

«No hay otra: la guerra en Hungría se acerca a su fin a pasos agigantados». Eso está claro. Schwanbeck ya lo dijo una vez hace 14 días: «La guerra en Hungría toca a su fin. *Parturiunt montes, nascetur ridiculus mus*».[^19] Fue el mismo día en que hizo entrar por primera vez victoriosos a los austríacos en Debreczin. Desde entonces han pasado 14 días, y aunque los magiares «se han jactado terriblemente», los austríacos todavía no han cruzado el Tisza, y menos aún han llegado a Debreczin.

> «A nadie puede extrañar que las bandas de Bem se hayan engrosado, con las huestes fugitivas de los húngaros que acuden de todas partes, hasta formar un ejército al que no pueden hacer frente las escasas fuerzas imperiales de Transilvania».

En absoluto. Pero lo que sí puede extrañarnos es que se hable de «huestes fugitivas de los húngaros que acuden de todas partes» mientras los húngaros ocupan la línea del Tisza y del Maros y el ciudadano Schwanbeck, pese a sus más fervientes oraciones, no puede pasar de contrabando al otro lado a un solo imperial; y además, que «huestes fugitivas» formen de pronto un ejército sin que los ejércitos que las persiguen estén a mano para expulsarlas de cada nueva posición. Pero, claro, el gran Schwanbeck cree que los húngaros, una vez derrotados en su brumosa fantasía, echarían a correr enseguida del Danubio al Aluta[^20] sin volverse a ver si los persiguen o no.

El ciudadano Schwanbeck se ha convertido en el Carnot[^21] del siglo XIX al descubrir la nueva maniobra por la cual unas *huestes fugitivas* que acuden de todas partes pueden formar de pronto un *ejército victorioso*.

Es verdad que este nuevo ejército victorioso podría provocar complicaciones serias. Sin embargo, dice Schwanbeck:

> «Veremos *de qué manera pronuncia aquí Rusia su veto*».

El valiente Schwanbeck, que llama aquí a Rusia en ayuda contra los magiares, es el mismo Schwanbeck que el 22 de marzo del año pasado publicó un artículo moralmente indignado contra el emperador de Rusia y declaró entonces que, si Rusia se inmiscuía en nuestros asuntos (y el asunto magiar es sin duda nuestro), él, Schwanbeck, alzaría un grito *ante el que había de temblar el trono del zar*. Es el mismo Schwanbeck que desde siempre ha tenido en la *Kölnische Zeitung* el oficio de salvar la reputación liberal del periódico con un odio a los rusos oportunamente aplicado y un liberalismo obligado y bien medido sobre países de Europa oriental que no ofrecen peligro. Pero las complicaciones de Europa oriental parecen aburrirle, y para poder entregarse por entero a su «sentimiento de la más honda indignación» por la nota austríaca, llama a los rusos a Transilvania para acabar con la lucha.

La mejor respuesta a todo este artículo moralizante, windischgrätziano y vocinglero es… el 22.º boletín del ejército, que los lectores encontrarán más abajo. Para que Schwanbeck, que en geografía y estrategia es hasta la última frase de su artículo en parte de una ignorancia ilimitada y en parte dependiente de la *Neue Rheinische Zeitung*, sepa a qué atenerse con este boletín, damos al mismo tiempo el comentario.

[^1]: Comienzo de un himno religioso de Johann Andreas Rothe, muy difundido en los himnarios protestantes alemanes.
[^2]: Eugen Alexis Schwanbeck (1821-1850), redactor de la *Kölnische Zeitung* y corresponsal suyo desde Viena.
[^3]: Alusión a la indignación de la *Kölnische Zeitung* ante la nota austríaca de febrero de 1849 contra los planes de un Estado alemán bajo la hegemonía de Prusia.
[^4]: Alfred zu Windischgrätz (1787-1862), mariscal austríaco; aplastó la insurrección de Praga en junio y la de Viena en octubre de 1848, y en el invierno de 1848-1849 mandaba el ejército que invadió Hungría.
[^5]: «La mísera plebe tributaria» (latín), fórmula del derecho húngaro para designar a los que no pertenecían a la nobleza exenta de impuestos.
[^6]: En alemán, *Nachsätze ohne Vordersätze*: oraciones consecuentes sin la condicional que las introduce.
[^7]: Robert Blum (1807-1848), diputado de la izquierda de Fráncfort, fusilado en Viena el 9 de noviembre de 1848 por orden de Windischgrätz.
[^8]: Josip Jelačić (Jellachich) (1801-1859), ban de Croacia, y Franz Schlick (1789-1862), generales del ejército imperial en la guerra contra Hungría.
[^9]: La insurrección polaca de noviembre de 1830 contra el dominio ruso, aplastada en 1831.
[^10]: Las leyes de abril de 1848 de la Dieta húngara abolieron las prestaciones y los diezmos feudales.
[^11]: Olmütz (Olomouc, en Moravia), sede de la corte austríaca desde octubre de 1848 y de la Dieta del Imperio en Kremsier, en sus cercanías.
[^12]: Lajos Kossuth (1802-1894), dirigente de la revolución húngara. El gobierno y la Dieta húngaros se habían retirado de Pest a Debreczin (Debrecen) en enero de 1849.
[^13]: Leopoldstadt, fortaleza en el norte de Hungría (hoy Leopoldov, en Eslovaquia); Eszek, fortaleza de Eslavonia (hoy Osijek, en Croacia).
[^14]: Deutz, en la orilla derecha del Rin frente a Colonia; Wesseling y Worringen, localidades a orillas del río al sur y al norte de la ciudad.
[^15]: El coronel Engels, comandante de la plaza de Colonia, que había decretado el estado de sitio en septiembre de 1848.
[^16]: Burla sobre el supuesto origen eslavo del apellido Schwanbeck.
[^17]: Así se llamaba entonces a los rumanos de Transilvania. Los sajones eran los colonos alemanes asentados allí desde la Edad Media.
[^18]: Józef Bem (1794-1850), general polaco que mandaba el ejército húngaro de Transilvania.
[^19]: «Paren los montes, nacerá un ridículo ratón» (Horacio, *Arte poética*, 139).
[^20]: El Olt, afluente del Danubio en el sur de Transilvania.
[^21]: Lazare Carnot (1753-1823), miembro del Comité de Salvación Pública, organizador de los ejércitos de la Revolución francesa.
