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Title: La división del trabajo en la Kölnische Zeitung (1849)
Description: Marx se burla de los editorialistas de la Kölnische Zeitung, Brüggemann y Schwanbeck, y le reprocha que solo ahora barrunte lo que la Neue Rheinische Zeitung venía explicando desde noviembre: que la lucha se libra entre la monarquía y la república y que la burguesía se retira del campo de batalla.
Author: Karl Marx
Date: 1849-02-10
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1849%20La%20divisi%C3%B3n%20del%20trabajo%20en%20la%20K%C3%B6lnische%20Zeitung
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*Escrito en Colonia el 10 de febrero de 1849. Publicado sin firma en la* Neue Rheinische Zeitung*, núm. 219, segunda edición, del 11 de febrero de 1849; la MEW lo atribuye a Karl Marx. El título es de la MEW. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 261-266), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1849%20Die%20Teilung%20der%20Arbeit%20bei%20der%20K%C3%B6lnischen%20Zeitung).*

\**Colonia*, 10 de febrero. Con la mejor voluntad, la semana pasada no hemos podido atender ni siquiera a nuestros mejores amigos, a nuestros vecinos más próximos. Otros asuntos, ya se sabe cuáles,[^1] nos han tenido sin aliento. Apresurémonos ahora a recuperar lo perdido y volvamos la mirada en primer lugar a los publicistas de al lado.

La división del trabajo se lleva a cabo en la *Kölnische Zeitung*[^2] con un conjunto poco común. Prescindamos de las partes más alejadas del periódico, de la tercera y la cuarta página, donde el noble Wolfers alaba a Bélgica y hace todo lo posible para que Enrique V[^3] vuelva a subir al trono de sus antepasados y otorgue una Constitución «según el modelo de la belga»; atengámonos solo a la portada, a la primera página. Aquí ocupa nuestro amigo Schücking[^4] el cuartito de la planta baja y expone allí para los aficionados los últimos productos de su fantasía doctrinaria y de su doctrinarismo fantástico, en prosa y en verso. ¿Quién no conoce las interesantes «conversaciones políticas» en las que el talentoso autor se esforzó por desollar de la piel de cerdo de un profesor alemán a un —lo dice él mismo— a un Mefistófeles, y solo sacó a la luz a un Wagner?[^5] Pero encima del cuartito de la planta baja, en el primer piso, el señor Dumont[^6] abre sus espaciosos salones políticos, y aquí son los grandes hombres Brüggemann y Schwanbeck[^7] (no confundir con Weißbrodt) quienes hacen los honores de la casa. Brüggemann, para la parte *pensante*, para salvar el principio en todos los naufragios, para conservar el terreno del derecho a pesar de todos los terremotos, para el género elegíaco, para los cantos del cisne y los réquiems. Schwanbeck, para la parte *declamatoria*, para lo sublime lírico, para la indignación moral, para el ditirambo y la tempestad. Ebria de entusiasmo, su frase se eleva a las más altas cumbres del Olimpo, y si su paso no siempre es seguro, siempre es rítmico; y en efecto, a su cuenta corren casi todos los hexámetros involuntarios en que tan rica es la *Kölnische Zeitung*.

El primero que nos sale hoy al paso es ese mismo Schwanbeck de altos vuelos. Nos ilustra, *de dato* Colonia, 7 de febrero, sobre las secuelas del absolutismo y las secuelas de la revolución.

El gran Schwanbeck derrama toda la copa de su ira sobre el pueblo prusiano porque o no ha votado en absoluto o ha votado mal.

> «Esta Asamblea Nacional *debe* dar los últimos toques a la construcción de un Estado monárquico-constitucional, y sin embargo, ¿quién duda ya de que en ella unos minarán esta construcción porque ya no son monárquicos, y otros porque son todavía absolutistas pero aún no se han vuelto constitucionales, y ambos porque precisamente no son monárquico-constitucionales? Desde los polos opuestos soplarán entonces las tempestades, un pasado liquidado luchará con un futuro lejano, quizá nunca alcanzable, y ¡quién sabe si con ello no se perderá el presente!»

Obsérvese el poderoso estilo vigoroso que lucha por abrirse paso a la existencia desde estas líneas clásicas. Cada frase, un todo nudoso y compacto; cada palabra, marcada con el sello de la indignación moral. Represéntese uno del modo más palpable posible la lucha entre el «pasado liquidado» y el «futuro lejano, quizá nunca alcanzable». ¿A quién no le parece estar viendo cómo el «futuro quizá nunca alcanzable» es alcanzado sin embargo por el «pasado liquidado», cómo ambos, igual que dos furias, se tiran de los pelos y cómo, mientras desde los polos opuestos soplan las tempestades, precisamente a causa de lo inalcanzable del uno y de lo liquidado del otro, el presente se va perdiendo cada vez más?

No se tenga esto en poco. Porque, si se nos permite un juicio sobre hombres tan grandes, tenemos que decir: en Brüggemann el pensamiento suele desbocarse con el estilo; en Schwanbeck, en cambio, es el estilo el que se desboca con el pensamiento.

Y en efecto, ¿a quién no se le desbocaría el estilo en virtuoso enojo al ver cómo una Asamblea a la que no solo el rey de Prusia, sino hasta la *Kölnische Zeitung*, ha dado la misión de dar los últimos toques a la construcción de un Estado monárquico-constitucional, cómo una Asamblea así se compone de gente que, para el bienintencionado fin mencionado, se sienta demasiado a la izquierda o incluso demasiado a la derecha? ¡Sobre todo cuando desde los «polos opuestos soplan las tempestades» y a la *Kölnische Zeitung* «se le pierde el presente»!

Malo para la *Kölnische Zeitung* si el pueblo elige diputados que no quieren *aquello* que, según la *Kölnische Zeitung*, *«deben»*; pero peor todavía para el pueblo si se burla de la voz de Casandra de un Schwanbeck y, en lugar de un hombre modelo monárquico-constitucional salido del «gran centro de la nación», elige a gente que o ya no es monárquica o todavía no es constitucional. «¡Tú lo has querido, George Dandin!»,[^8] exclamará Schwanbeck melancólico cuando el formidable conflicto entre el futuro liquidado y el pasado quizá nunca alcanzable devore el presente.

> «Con otras palabras, no han faltado los síntomas de la *reacción* ni los síntomas de una revolución *nueva*, o más bien *permanente*.»

Tras esta notable conquista, Schwanbeck-Casandra echa una mirada a Austria. Esta mirada a Austria es clarividente en Schwanbeck. Austria es su segunda patria; aquí se indignaba antes contra la tiranía de la demagogia vienesa, aquí devora ahora magiares, aquí le asoma por fin al sublime ditirambista también un sentimiento más delicado, un leve remordimiento por los indultos de ley marcial a pólvora y plomo.[^9] De ahí la tierna mirada que el profeta lleno de presentimientos echa hacia Austria en cada uno de sus editoriales.

> «¿Qué ha cambiado, pues?» (en Austria, se entiende). «La falta de límites de la burocracia, de la democracia, del poder militar se han relevado unas a otras, ¡y al final todo ha seguido igual!»

¡Triste resultado de las revoluciones, melancólica consecuencia de que los pueblos nunca quieran escuchar las voces de Casandras incomprendidas! «¡Al final todo ha seguido igual!» Es cierto que el gobierno tradicional y heredado de Metternich es distinto en muchos aspectos de la actual dominación militar contrarrevolucionaria, y en particular el bonachón pueblo austriaco de los tiempos de Metternich es un pueblo muy distinto del actual pueblo revolucionario, que rechina los dientes; y en la historia conocida la contrarrevolución solo ha conducido siempre a una revolución mucho más profunda y sangrienta. Pero ¿qué importa eso? «Al final todo ha seguido igual», y el despotismo sigue siendo despotismo.

Los politicastros[^10] pequeñoburgueses que forman «el gran centro de la nación alemana», por servirnos de una expresión de Schwanbeck, esos hombres de bien que ante cada contragolpe momentáneo exclaman: ¿de qué ha servido ahora la rebelión?, estamos otra vez tan lejos como antes; esos profundos conocedores de la historia, que nunca ven más allá de dos pasos por delante, estarán encantados al descubrir que el gran Schwanbeck está exactamente en su mismo punto de vista.

Tras esta inevitable mirada a Austria, Casandra vuelve a pasar a Prusia y se prepara para una mirada al futuro. Se sopesan debidamente unos contra otros los elementos de la reacción y los elementos de la revolución. La Corona y sus servidores, Wrangel, los estados de sitio (junto con piadosos deseos sobre su levantamiento), las Asociaciones Prusianas,[^11] se someten uno tras otro a un examen a fondo. Luego se dice:

> «Con todo, debemos reconocer que el número de nuestros reaccionarios no pesa precisamente mucho en la balanza. Peor es que el *gran centro del pueblo* se haya acostumbrado hasta tal punto al absolutismo que todavía no sabe manejarse en el autogobierno, y eso por pura *pereza*. Vosotros, que tan en masa faltasteis a aquellas elecciones..., ¡vosotros sois los verdaderos absolutistas!... No hay en el mundo entero fenómeno más repugnante que un pueblo *demasiado perezoso para una vida pública libre*.»

«¡Gran centro del pueblo alemán», no eres digno de tu Schwanbeck!

Este «centro del pueblo», que es «demasiado perezoso para una vida pública libre», no es otro, como resulta después, que la *burguesía*. Dolorosa confesión, apenas endulzada por el simultáneo deleite de la indignación moral ante esta vergonzosa «indolencia» del gran centro de la nación.

> «Pero mucho peor todavía están las secuelas de la *revolución*. Nuestro pueblo es más rico de lo que podíamos sospechar en naturalezas exaltadas y fantasiosas, en hábiles demagogos» (¡ingenua confesión!) «y en masas irreflexivas en las que no hay rastro de formación política. Solo el año 1848 había de mostrarnos qué *masas de elementos de la anarquía* estaban dispersas en este pueblo tranquilo, amante de la justicia y reflexivo, cómo se extendía un oscuro afán de revoluciones y cómo el *cómodo* medio» (¡ciertamente mucho más «cómodo» que escribir profundos ditirambos editoriales en la *Kölnische*!) «de la revolución había de... pasar por una panacea.»

Mientras el «centro» es demasiado *perezoso*, la periferia, la «chusma», las «masas irreflexivas», es demasiado diligente. ¡Los «hábiles demagogos», unidos a las «masas de elementos de la anarquía», tienen que despertar, desde luego, frente a la «pereza» y a la «indolencia» de la burguesía, sombríos presentimientos en el alma de un Schwanbeck!

> «Tal es, en efecto, el curso natural: el golpe provoca el contragolpe.»

Con esta otra gran conquista del pensamiento, que todavía ha de servir de tema a algunas variaciones de altos vuelos, Casandra pasa a la conclusión y saca el siguiente balance:

> «Solo allí está el camino recto hacia la verdadera vida pública libre donde *el gran centro de la nación*, *la burguesía vigorosa e inteligente*, se ha vuelto lo bastante unida y poderosa para hacer imposibles esos extravíos a izquierda y derecha. Tenemos delante un periódico del norte de Alemania en el que... está escrito: “... la burguesía ya ha obtenido la supremacía sobre los dos extremos de la izquierda y de la derecha, ¡y solo a este partido pertenece el futuro!”. Tememos que este júbilo sea todavía prematuro; si se quiere una prueba de ello, pues bien, “las elecciones en Prusia la aportarán”.»

Este es el gran canto de lamento, moralmente indignado, de la última Casandra sobre lo torcido de este mundo malvado, que no quiere marchar a gusto de la *Kölnische Zeitung*. Este es el resultado de las investigaciones de Schwanbeck en el «pasado liquidado», en el «futuro lejano, quizá nunca alcanzable» y en el «presente» puesto en duda: la lucha real, decisiva, no se libra entre la monarquía feudal-burocrática y la burguesía, ni tampoco entre la burguesía y el pueblo; se libra entre la monarquía y el pueblo, entre los *absolutistas* y los *republicanos*; y la *burguesía*, los *constitucionales*, se retiran del campo de batalla.

Si la burguesía se ha retirado realmente de la lucha, si lo ha hecho por pereza o por debilidad, y qué demuestran las elecciones en Prusia, no vamos a entrar aquí en más glosas. Basta con que la *Kölnische Zeitung* admita que en la lucha actual la burguesía ya no está en primera línea, que ya no se trata de sus intereses, que la lucha se libra por la monarquía absoluta o la república.

¡Y ahora compárese la *Neue Rheinische Zeitung* desde noviembre del año pasado y dígase si no hemos explicado en cada número y en cada ocasión, con la contrarrevolución de Viena, con la contrarrevolución de Berlín, con el otorgamiento de la Constitución, si no hemos expuesto por extenso, en el largo artículo «La burguesía y la contrarrevolución»[^12] y en varios artículos antes de las elecciones primarias, cómo fue la debilidad y la cobardía de la burguesía alemana lo que hizo posible la contrarrevolución, y cómo la contrarrevolución, a su vez, apartó a un lado a la burguesía e hizo inevitable la lucha directa entre los restos de la sociedad feudal y las puntas más extremas de la sociedad moderna, entre la monarquía y la república! Aquello que hace tres meses expusimos como históricamente necesario a partir de la marcha de la revolución alemana se le desarrolla a la *Kölnische Zeitung* como un barrunto débil y confuso, resultado de husmeos adivinatorios de arúspice en las entrañas de la urna electoral del 5 de marzo.[^13] Y este barrunto débil y confuso pasa por un descubrimiento tal que enseguida se sirve calentito al benévolo público para su disfrute, en toda la forma hinchada y abotargada de un editorial. ¡Ingenua coloniense!

[^1]: Los procesos del 7 y el 8 de febrero de 1849 contra la *Neue Rheinische Zeitung* y contra el Comité Renano de los Demócratas.
[^2]: El gran diario liberal de Colonia, rival de la *Neue Rheinische Zeitung*.
[^3]: Enrique, conde de Chambord (1820-1883), nieto de Carlos X, pretendiente legitimista al trono de Francia con el nombre de Enrique V.
[^4]: Levin Schücking (1814-1883), novelista, redactor del folletín de la *Kölnische Zeitung*.
[^5]: Mefistófeles y Wagner, el demonio y el pedante famulus del *Fausto* de Goethe.
[^6]: Joseph DuMont (1811-1861), editor y propietario de la *Kölnische Zeitung*.
[^7]: Karl Heinrich Brüggemann (1810-1887), redactor jefe de la *Kölnische Zeitung*, y Schwanbeck, redactor del mismo periódico y su corresponsal en Viena.
[^8]: «Tu l'as voulu, George Dandin!»: variación de la frase de la comedia de Molière *George Dandin* (1668), acto I, escena 9.
[^9]: Alusión a las ejecuciones de demócratas tras la toma de Viena en noviembre de 1848, como la de Robert Blum, a los que la ley marcial «indultaba» de la horca para fusilarlos.
[^10]: *Kannegießer*: el que charla de política sin entender nada, por el protagonista de la comedia de Holberg *El calderero político*.
[^11]: Asociaciones monárquicas fundadas en 1848 para defender la Corona y el «prusianismo».
[^12]: Serie de artículos de Marx publicada en la *Neue Rheinische Zeitung* en diciembre de 1848.
[^13]: Así en el texto; las elecciones de diputados a la segunda Cámara prusiana se celebraron el 5 de febrero de 1849, tras las elecciones primarias del 22 de enero.
