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Title: Los mil millones (1849)
Description: La agitación en Francia para recuperar los mil millones concedidos en 1825 como indemnización a los emigrados de la Revolución: cómo los banqueros arruinaron a la pequeña burguesía en 1848, cómo el impuesto de los 45 céntimos alejó a los campesinos de la República y cómo esta reivindicación vuelve a ganarlos para la revolución.
Author: Karl Marx, Friedrich Engels
Date: 1849-03-16
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1849%20Los%20mil%20millones
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*Publicado sin firma en la* Neue Rheinische Zeitung*, núm. 247, del 16 de marzo de 1849; la MEW lo recoge entre los escritos de Marx y Engels sin precisar el autor. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 353-356), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1849%20Die%20Milliarde).*

*Colonia*, 15 de marzo. Poco después de la revolución de febrero se produjo en París la escasez de dinero. Se había proclamado por todas partes el *respect de la propriété*,[^1] y los pobres pequeñoburgueses lo entendieron referido a ellos. El gobierno provisional se mostró tanto más dispuesto con su *respect de la propriété* cuanto que el Banco le adelantó en el acto 50 millones sin intereses. El gobierno provisional estaba compuesto en su mayor parte por pequeñoburgueses del *National*[^2] y se dejó engañar por la *generosidad* del Banco. Los 50 millones se acabaron pronto. Entretanto, los accionistas y los poseedores de billetes de banco habían tenido tiempo de aprovechar de la mejor manera el *respect de la propriété* y de retirar su metálico del Banco. Los pequeñoburgueses, que por su parte querían igualmente sacar provecho del *respect de la propriété*, fueron a su banquero para que les descontara sus letras, giradas sobre su *propriété*, es decir, sobre su industria, su tienda o su fábrica: los banqueros pretextaron la falta de dinero y se negaron a descontar. Fueron a otros banqueros para que sus banqueros les endosaran las letras y se las descontaran en el Banco: los banqueros niegan su endoso. ¡*Respect de la propriété*! Así pues, fueron precisamente los banqueros los primeros en violar el *respect de la propriété*, mientras ellos mismos sabían explotar muy bien ese respeto. Entonces empezó el lamento general de que el crédito, la *confiance*,[^3] habían desaparecido. Los pequeñoburgueses, en cambio, todavía no renunciaban a su *respect de la propriété*; creían que, una vez restablecidos «la tranquilidad y el orden», volvería también la *confiance*, y entonces les descontarían sus letras sobre la base de su *propriété*. Ya se sabe cómo, después de la batalla de junio, una vez restablecidos la tranquilidad y el orden, toda la *propriété* fue a parar al bolsillo de los banqueros a consecuencia de los convenios judiciales,[^4] y cómo los pequeñoburgueses no comprendieron el significado del *respect* hasta que la *propriété* se les había ido de las manos. Los que más sufrieron entonces la crisis monetaria provocada por la gran burguesía fueron evidentemente los obreros. Al mismo tiempo que el gobierno provisional inventaba el famoso impuesto de los 45 céntimos[^5] para remediar su propia penuria, apareció en las paredes un cartel firmado por obreros que empezaba con las palabras: *avez-vous besoin d'argent?* («¿Necesitáis dinero?»). En ese cartel se pedía sin rodeos reclamar la devolución de los mil millones concedidos en 1825 a los emigrados como indemnización.[^6] ¿Quiénes eran los emigrados de entonces? Precisamente los que en el extranjero habían promovido y sostenido la guerra contra Francia y luego habían vuelto a Francia en el séquito del extranjero. ¿Quién se encontraba entre los emigrados que se beneficiaron de la indemnización? El duque de Orleans, es decir, el rey que acababa de ser expulsado, y los legitimistas, es decir, los amigos del rey expulsado hacía tiempo. La Constituyente y la Convención habían decretado la confiscación de los bienes de los emigrados traidores; los reyes y emigrados vueltos con las dos Restauraciones se habían otorgado a sí mismos y a sus amigos la indemnización. Los reyes habían sido expulsados de nuevo, las resoluciones de la Constituyente y de la Convención recobraban toda su validez, ¿y qué más natural sino que la indemnización tuviera que volver a beneficiar al pueblo? El cartel en el que se exponía de este modo la reclamación de los mil millones fue leído por los obreros con júbilo general; se apiñaban a miles ante el cartel y lo discutían a su manera. Esto duró un día entero; al día siguiente el cartel había desaparecido de las paredes como por arte de magia. Los legitimistas y los orleanistas, que se dieron cuenta de todo el peligro que los amenazaba, habían contratado a buen precio a gente encargada expresamente de destruir de noche ese cartel hasta el último rastro. Se estaba entonces en el torbellino de los nuevos planes de organización. Todo el mundo solo pensaba en inventar un sistema nuevo para introducirlo enseguida en el «Estado», a pesar de todas las condiciones existentes. El gobierno provisional tuvo la desdichada ocurrencia de inventar el impuesto de los 45 céntimos sobre los campesinos: los obreros creyeron que los 45 céntimos producirían el mismo efecto que los mil millones, un gravamen sobre la propiedad territorial, y dejaron correr los mil millones. El *Journal des Débats*, lo mismo que el estúpido *National*, los reafirmaron en esa opinión y expusieron en sus artículos de fondo que el verdadero capital era la «tierra», la propiedad territorial originaria, y que el gobierno provisional tenía perfecto derecho a cobrar este impuesto en favor de los obreros. Cuando se pasó a cobrarlo de verdad, se alzó por parte de los campesinos un clamor terrible contra los obreros de las ciudades. «¿Cómo?», decían los campesinos, «estamos peor que los obreros; tenemos que tomar capitales a intereses gravosos precisamente para poder cultivar nuestra tierra y alimentar a nuestras familias, ¿y además de los impuestos y de los intereses para el capitalista vamos a pagar todavía un subsidio para los obreros?».

Los campesinos se apartaron de la revolución porque esta, en lugar de favorecer sus intereses, los perjudicó todavía más. Los obreros reconocieron la perfidia del impuesto sugerido por el partido reaccionario; el *respect de la propriété* se les aclaró también a ellos solo entonces: salió a la luz la diferencia entre la propiedad formal y la real; resultó que el capital burgués había arrancado, por así decirlo, el suelo a la tierra, que el propietario formal del suelo se había convertido en un vasallo del capitalista y que el impuesto solo alcanzaba al vasallo endeudado. Y cuando encima el propietario territorial real hizo sentir de verdad su influencia al pobre campesino retirándole el crédito, embargándolo, etc., la revolución se le hizo de verdad odiosa. Los legitimistas, que por su gran propiedad territorial tenían mucha influencia en el campo, explotaron esta situación, y de ahí surgieron las maniobras de los realistas en favor de Enrique V.[^7] En esta situación, tan triste para la revolución, se acercó el 15 de mayo.[^8] Los mil millones de Barbès, aunque presentados en otra forma, cayeron de nuevo como un rayo en el pueblo y prendieron fuego. Ni siquiera la batalla de junio pudo sofocar esta idea de los mil millones, y ahora, cuando se ve en Bourges el proceso de Barbès,[^9] ha cobrado carne y hueso entre los campesinos. Reclamar los mil millones que ellos, los campesinos, aportaron, a los legitimistas, sus señores territoriales y chupasangres: ese es un cebo distinto de Napoleón.[^10] La agitación por su devolución se ha extendido ya por toda Francia, y si se decidiera sobre ello por sufragio universal, obtendría todavía más votos que Napoleón. Los mil millones son la primera medida revolucionaria que lanza a los campesinos a la revolución. Las peticiones que llegan de todas partes y el tono en que están redactadas prueban que esta idea ya ha echado raíces. En Cluny no solo se reclaman los mil millones, sino también los intereses al 3 por ciento que han rendido desde 1825. Desde el proceso de Bourges las peticiones se acumulan de un modo que empieza a resultar inquietante tanto para los jueces de Bourges como para todo el partido reaccionario. Agey, Ancey, Malain, St. Wibaldt, Vittaux y un montón de otros municipios han vuelto a hacer llegar hoy peticiones a la Cámara por medio de sus representantes del pueblo. Con el título *Rappel du milliard*[^11] los periódicos inscriben a diario los nombres de nuevos municipios que se suman a esta grandiosa medida. Pronto se leerá en todas las paredes, en todos los municipios: *Rappel du milliard*, y cuando las próximas elecciones se hagan con este grito, entonces veremos qué tienen que oponer los capitalistas, se llamen legitimistas, orleanistas o burgueses, a estos mil millones para desplazar a los candidatos demócratas que quieren entrar en la nueva Cámara con la dote de esos mil millones para hacerlos revertir, como dinero de apanage, en beneficio de los campesinos y de los obreros. Pero eso no es todo: Luis Napoleón había prometido a los campesinos por todas partes no solo la devolución del impuesto de los 45 céntimos, sino un alivio de los impuestos en general. En las peticiones se pide en general que los mil millones se empleen en gran parte para ello. En cuanto a la fundamentación jurídica de la devolución misma, quedó establecida ya inmediatamente después de la revolución de julio de 1830. Se suspendió entonces de pronto el pago de los fondos que quedaban de los mil millones. Si entonces no se hizo devolver lo ya pagado, no fue por otra razón sino porque precisamente Luis Felipe y su familia habían recibido una parte muy grande de esos fondos.

El partido contrarrevolucionario, en la imposibilidad de negar la justicia de esta medida, se contenta por ahora con llamar la atención sobre la dificultad de su ejecución. La dificultad consistiría, en efecto, en averiguar quiénes cobraron sumas mayores o menores de esa indemnización concedida. Nada más fácil. Empecemos por las grandes sumas. A la cabeza de la lista están el duque de Orleans (el posterior Luis Felipe) y su hermana madame Adélaïde con 50 millones, y bastaría con tomar esos millones sobre los inmensos bienes que la Asamblea Nacional acaba de devolver a la familia real.

El príncipe de Condé recibió 30 millones, ¿y quién ha heredado esos 30 millones? El duque de Aumale y madame de Feuchères.[^12] Aquí habría ya un buen comienzo. La familia real tiene inmensos bosques y fincas en Francia, y los campesinos empiezan ya a calcular lo que han perdido por no haberles devuelto ya en 1830 esos millones.

[^1]: «Respeto de la propiedad» (francés).
[^2]: *Le National*, diario de los republicanos burgueses moderados de París, cuyos hombres (Marrast, Garnier-Pagès, Marie, etc.) formaban la mayoría del gobierno provisional.
[^3]: «Confianza» (francés).
[^4]: Los *concordats amiables*: tras las jornadas de junio, la Asamblea Constituyente rechazó la ley que había de facilitar a los deudores arreglos con sus acreedores, y muchos pequeños comerciantes fueron a la quiebra.
[^5]: Recargo de 45 céntimos por franco sobre las contribuciones directas, decretado por el gobierno provisional el 16 de marzo de 1848; recayó sobre todo en los campesinos.
[^6]: Ley de 27 de abril de 1825, bajo Carlos X, que concedió cerca de mil millones de francos a los emigrados de la Revolución en indemnización por sus bienes confiscados y vendidos como bienes nacionales.
[^7]: Enrique, conde de Chambord (1820-1883), nieto de Carlos X, pretendiente legitimista al trono de Francia con el nombre de Enrique V.
[^8]: El 15 de mayo de 1848 una manifestación invadió la Asamblea Nacional; Armand Barbès (1809-1870) propuso allí un impuesto de mil millones sobre los ricos. Barbès fue detenido.
[^9]: El Tribunal Supremo de Bourges juzgó de marzo a abril de 1849 a los acusados del 15 de mayo, entre ellos Barbès, Blanqui, Raspail y Albert.
[^10]: Luis Napoleón Bonaparte (1808-1873), elegido presidente de la República el 10 de diciembre de 1848 con el voto masivo de los campesinos.
[^11]: «Devolución de los mil millones» (francés).
[^12]: Luis Enrique de Borbón, príncipe de Condé (1756-1830), dejó por testamento sus bienes a su ahijado el duque de Aumale, hijo de Luis Felipe, y a su amante, la baronesa de Feuchères.
