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Title: Los rusos en Transilvania (1849)
Description: Artículo de la Neue Rheinische Zeitung ante la entrada de diez mil rusos en Transilvania: balance de la guerra de Hungría, elogio de la estrategia magiar, denuncia de la nueva Santa Alianza y llamamiento a una revolución que salve a Hungría y a Polonia.
Author: Friedrich Engels
Date: 1849-02-27
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1849%20Los%20rusos%20en%20Transilvania
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*Artículo publicado sin firma en la* Neue Rheinische Zeitung, *n.º 232, 27 de febrero de 1849 (Colonia), pp. 2-3; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/8). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1849%20Die%20Russen%20in%20Siebenb%C3%BCrgen).*

\* *Colonia*, 26 de febrero. *Diez mil rusos están en Transilvania.*

Ya no vale negarlo; todo silencio y todo encubrimiento se han vuelto imposibles; el hecho está ahí, la propia *Wiener Offizielle Zeitung* lo reconoce.

Así que estas eran las formidables victorias de los mercenarios imperiales, este es el resultado de todos los pomposos boletines de Welden, de Windischgrätz, de Schlick y de Puchner: ¡que toda la poderosísima Austria, para acabar con cuatro millones y medio de magiares, *tiene que llamar en su ayuda a los rusos!*

Ante este nuevo giro de los asuntos húngaros, echemos una vez más una ojeada al estado de la guerra tal como lo describen las últimas noticias.

El territorio ocupado en este momento por los magiares a las órdenes de Kossuth forma un gran cuadrilátero de 70 a 90 millas de largo y de 30 a 40 millas de ancho, limitado al norte y al oeste por el Tisza, al este por los Cárpatos y al sur por el Maros. Abarca, en una superficie de 2500 millas cuadradas, las llanuras de la Hungría central y las tierras montañosas de Transilvania. Además, Komorn, en el alto Danubio, sigue en manos de los húngaros.

*En el sur*, donde los magiares han sido siempre más débiles, los austriacos, los eslavonios y los serbios austriacos han conseguido, con ayuda de serbios turcos y de rusos disfrazados, empujar a los magiares hasta detrás del Maros. Aquí, en Arad, se ha librado un combate en el que los austriacos avanzaron hasta la orilla norte (derecha) del Maros, obtuvieron según su propia declaración una victoria, capturaron 15 piezas de artillería de sitio emplazadas contra Arad, pero, también según su propia declaración, volvieron a retirarse al otro lado del Maros. Por lo que sabemos hasta ahora, todavía no han conseguido romper la línea del Maros, y mientras esto no ocurra no se puede hablar de la gran expedición que Rukawina ha de emprender contra Großwardein y Transilvania.

*En el oeste y el noroeste*, el Tisza, con sus aguas desbordadas y sus pantanos inabarcables, forma para los magiares una línea de cobertura casi inatacable. Aquí estaba hasta ahora, mientras los rusos no tomaban parte en la lucha, el centro decisivo del teatro de la guerra. Una vez Windischgrätz en Debreczin, la guerra quedaba reducida a una mera guerra de guerrillas. Los magiares lo sabían, y por eso su ejército principal no opuso en ninguna parte, hasta el Tisza, una resistencia seria. Para ellos se trataba solo de aguantar hasta que pasaran las heladas, que permitían a los imperiales cruzar todos los ríos y pantanos como si fueran tierra firme y que les entregaron Pest y Ofen casi sin posibilidad de resistencia. Mientras el ejército principal se retiraba así lentamente, las dos alas, al norte en los condados eslovacos y al sur entre el Drava y el Danubio, se mantuvieron adelantadas, resistieron cuanto pudieron, obligaron al ejército enemigo a dividirse y finalmente se replegaron, una a través de los Cárpatos hacia el Tisza, la otra al otro lado del Danubio sobre el ejército del Banato.

Solo la estúpida ignorancia de plumíferos alemanes vendidos a Austria, que nunca han tenido un mapa en la mano ni han seguido una operación estratégica, podía no ver en este plan magistral, basado en un conocimiento exacto y una visión de conjunto del terreno, nada más que cobardía, pura cobardía de los magiares. Gente con algo de entendimiento y de conocimientos habría mentido y fanfarroneado al menos de forma algo menos absurda que la masa de los embusteros diarios alemanes, encanecida bajo la censura, la corrupción y la ignorancia grosera.

El resultado ha mostrado con qué habilidad han operado los magiares. Seis semanas tardó el primer imperial del ejército principal en llegar a ver el Tisza, y si entonces el río estaba todavía helado, las batallas de Szolnok, de Czegled, de Tarczal y de Tokai mostraron a los austriacos cómo se baten los húngaros cuando ofrecen resistencia en serio. Ottinger rechazado hasta detrás de Czegled, Schlick hasta Boldogkö-Varalya, y una lamentación general de todos los periódicos del estado de sitio, hasta entonces tan ebrios de victoria, sobre la repentina e inesperada resistencia de los magiares: estos fueron los primeros resultados del «victorioso» avance de los austriacos hasta el Tisza. Luego llegó el deshielo, los magiares volvieron a cruzar el Tisza y la corriente de hielo impidió a los imperiales seguirlos. La corriente de hielo cesó, pero no la inundación y el encharcamiento de ambas orillas a lo largo de varias millas. Los imperiales se quedaron sin saber qué hacer ante los pantanos y la corriente impetuosa, y ninguno se atrevió a cruzar, aunque Windischgrätz enviaba desde Pest refuerzos y más refuerzos. Pero *los magiares sí se atrevieron a cruzar*, pues hace poco nos enteramos de repente de que Miskolcz, a cuatro millas de este lado del Tisza, vuelve a estar en sus manos, y, como veremos más adelante, los informes oficiales imperiales y reales han hecho más que confirmarlo.

Mientras Windischgrätz, Jelačić y Schlick se daban así por contentos con poder mantener sus posiciones, Nugent se batía en el sur con Damjanich y Götz, y Simunich y Csorich en el norte con Görgei. En el sur, donde el ejército húngaro del Banato ya había sido rechazado, los austriacos consiguieron disolver en guerrillas el cuerpo aislado de Damjanich, que todavía mantiene en jaque a un importante cuerpo de tropas entre el Drava, el Danubio y el bosque de Bakony. En el norte, en cambio, Görgei, uno de los jefes de partida más audaces y rápidos, sostuvo durante dos meses enteros los condados eslovacos frente a 3 cuerpos de ejército completos, mediante una audaz guerra de guerrillas en gran escala y una serie de acciones brillantes. Mientras los boletines imperiales y reales lo aniquilaban innumerables veces, él reaparecía una y otra vez en el campo, derrotaba a un general austriaco tras otro, impedía su reunión con marchas rápidas y ataques siempre repetidos, y solo la caída de Leopoldstadt decidió su retirada ante una superioridad de tres o cuatro a uno. Se retiró a los Altos Cárpatos, asustando de tal modo a los imperiales que se armó toda Galitzia, se lanzó sobre Zips y de allí sobre Eperies y Kaschau. Aquí estaba en la retaguardia de Schlick. Este, al que el cuerpo magiar adelantado hasta Miskolcz cortaba de Windischgrätz, y que corría ahora el peligro de verse completamente rodeado por tres lados, se retiró a toda prisa en dirección noroeste con la intención de reunirse en Leutschau con Götz y consortes. De pronto, «fuertes unidades enemigas» cruzan el Tisza por Polgar y Tißa-Füred, se unen con la columna de Miskolcz y avanzan sobre Rima-Szombath, es decir, entre Windischgrätz y Schlick. Con ello, este se ve obligado a cambiar todo su plan, a abandonar a Götz a su suerte en los Cárpatos y a adelantarse, con una marcha forzada en dirección suroeste, a la columna principal de los magiares en Rima-Szombath.

Con esta maniobra magistralmente combinada de los magiares, Schlick queda rechazado hacia Eslovaquia, Götz aislado en los Altos Cárpatos, asegurada la reunión de Görgei con el ejército principal magiar y liberada de imperiales toda la parte nororiental de Hungría.

Todos estos acontecimientos, ocurridos entre el 10 y el 14 de febrero, los reconoce la propia *Wiener Zeitung* oficial. También en los demás órganos plañideros de la prensa austriaca y alemana se nota desde hace poco una notable bajada de tono. Por no hablar del luto de nuestras vecinas más próximas, la *A. A. Z.* tiene que confesar hoy: «La lucha puede prolongarse todavía algo; el país es demasiado grande y los insurgentes tienen buenos jefes en los polacos».

Y no digamos el *C. Bl. a. Böhmen*: «Las noticias de Hungría llegadas hasta hoy son del carácter más diverso. Las del sur son decididamente favorables para nuestras armas, las del norte *decididamente desfavorables*».

Y en otro artículo: «Si repasamos los hechos más recientes de Hungría en los distintos periódicos de tendencia decididamente conservadora, nos parece que se ha producido un *ligero vaivén* en los éxitos del ejército imperial».

«La toma de Kaschau por Görgey tampoco es apropiada para hacernos creer en la disolución del ejército magiar, en su aniquilación y dispersión, ni en el fin de la guerra, que a principios de este año se daba por muy próximo».

Sigue siendo «siempre difícil de explicar que, con combinaciones bien ordenadas y maniobras geográficamente correctas como las que tenemos derecho a esperar de un ejército tan excelentemente organizado y dirigido, a los cuerpos de tropas magiares aislados les resulte posible moverse con fuerzas nada desdeñables en la línea de operaciones, e incluso detrás de ella, y volver a concentrarse en puntos de los que creíamos haberlos expulsado para toda la duración de la campaña».

Así están las cosas en el *noroeste*. Ya no se trata de defender la línea del Tisza contra los austriacos; se trata, para los austriacos, de no dejarse rechazar a Eslovaquia y al otro lado del Danubio. No los austriacos, sino *los húngaros*, han sido desde hace una semana *los atacantes*.

¿Y por último en el *sureste*, en Transilvania? Aquí los boletines hacían derrotar a Bem por Puchner una vez tras otra; aquí los «rebeldes» parecían completamente arruinados. Y de pronto la *Wiener Zeitung* trae el siguiente lamento oficial:

«Desde la sangrienta victoria que el general comandante, barón von Puchner, obtuvo el 21 de enero en Hermannstadt sobre un enemigo tres veces más fuerte, las tropas retenidas allí para proteger esta ciudad *no pudieron, lamentablemente*, impedir que *el enemigo cortara* su comunicación *con el Banato y con Carlsburg*; el enemigo actuaba como los vándalos en toda la comarca, se apoderaba de todas las provisiones de víveres y de ganado de matadero y, junto con los demás objetos robados, las hacía llevar a su punto de reunión, Klausenburg.

»Con la escasez que así se produjo en nuestro lado, las quejas y los ruegos de las florecientes capitales del fiel país sajón, Kronstadt y Hermannstadt, se hicieron cada vez más fuertes y apremiantes. Ya antes, estas ciudades, *amenazadas por las hordas rapaces y traidoras de los szeklers*, habían dirigido en su apuro al general ruso von Lüders, que manda en Valaquia, la petición de una eventual ayuda. Cuando, por la *interrupción de todas las comunicaciones con el ejército principal imperial que opera en Hungría, desapareció toda perspectiva de una pronta llegada de refuerzos*, cuando el enemigo *atraía cada día nuevas bandas rebeldes* y cuando sus engañosos espejismos lograron *soliviantar de nuevo a todo el pueblo szekler a la traición y al levantamiento armado*, el teniente mariscal de campo von Puchner se vio asediado por todas partes con ruegos de que llamara al apoyo ruso, para que tampoco la parte más próspera del fiel país sajón quedara entregada a la ruina y a la ciega furia destructora de hordas de bandidos sanguinarios.

»Convencido de la necesidad de atacar al cabecilla rebelde Bem *antes de que se volviera demasiado poderoso con las bandas rebeldes que acudían a él desde varios lados*, y puesto por otra parte en la *imposibilidad*, *con sus débiles fuerzas*, de hacer frente al enemigo y al mismo tiempo de proteger el país sajón de las devastaciones de los szeklers, el teniente mariscal de campo von Puchner creyó deber escuchar la voz de la humanidad y someter a deliberación los ruegos unánimes de la nación rumana y la sajona de que se llamara a la ayuda rusa, aunque no estaba autorizado para ello por el gobierno imperial. Con este fin reunió el 1 de febrero en Hermannstadt un consejo de guerra. Justo al terminar esta reunión, un correo de Kronstadt trajo la noticia oficial de que *las hordas armadas de los szeklers, 15.000 en número*, habían cruzado las fronteras de su país, y de que, por consiguiente, el rico emporio comercial de *Kronstadt*, *amenazado* en primer lugar por estas bandas *con una ruina segura*, se hallaba en el mayor peligro si se demoraba».

Habría mucho que decir sobre este miserere imperial y real. Pero no hace falta:[^1] en cada línea asoma la conciencia del derrotado, asoma la vergüenza de no poder seguir mintiendo y de tener que desmentir todas las fanfarronadas anteriores.

¡Así que este era el meollo de los boletines oficiales y de las «fanfarronadas» magiares! En el Tisza, los magiares atacando y avanzando; en el Maros, los austriacos detenidos; Transilvania perdida sin remedio para la causa imperial, ¡a menos que intervengan los *rusos*!

¡Y hay un lumpenproletariado literario, almas cobardes de rincón de estufa que mienten a diario en Alemania, que se atreven a calumniar como cobardes a estos magiares, a este pueblo de héroes de un par de millones que pone en tal aprieto a toda la gran Austria, a toda la orgullosa «monarquía unitaria», que Austria está perdida sin los rusos!

«Esta circunstancia», confiesa el avergonzado informe oficial, «esta circunstancia influyó de manera decisiva en la resolución del consejo de guerra, que acordó *llamar a la ayuda rusa para proteger Hermannstadt y Kronstadt*. A consecuencia de la petición formulada en consecuencia por el teniente mariscal de campo von Puchner, *el 1 de febrero entraron en Kronstadt 6000 hombres de tropas imperiales rusas, y el 4 de febrero 4000 hombres en Hermannstadt, por el tiempo que dure el peligro inminente*».

Y cuántos rusos toman parte en la lucha contra los magiares, eso esperaremos a saberlo por las próximas «fanfarronadas magiares». Los éxitos de Puchner que se comunican a continuación, por insignificantes que sean, a juzgar por todo lo anterior no se habrían logrado nunca sin las tropas auxiliares rusas.

Escúchese, ¡y no se olvide que el 24.º boletín, publicado la tarde anterior, presenta estas ventajas obtenidas del 4 al 7 como conquistadas únicamente por los imperiales, y calla por completo la entrada de los rusos!

Bem estaba, como es sabido, en Stolzenburg. De allí lo desalojó Puchner el 4 hacia Mühlenbach (donde dice haber capturado 16 cañones), el 6 hacia Szaszvaros y el 7 hacia Deva. Allí sigue Bem.

Suponiendo que esto sea cierto, Puchner nunca habría logrado hacer retroceder 12 millas en 4 días a un general como Bem, que ha atravesado Transilvania varias veces de punta a punta con la mayor rapidez y que era muy superior a él, el austriaco siempre derrotado, si no es por la superioridad numérica más aplastante, por tropas auxiliares rusas y por oficiales de Estado Mayor rusos, que en todo caso valen más que los anticuados austriacos.

Si Bem está de verdad en Deva, su plan está claro. Ha bajado desde Mühlenbach hasta el Maros, quiere dejar provisionalmente Transilvania a los austriacos, que tienen trabajo de sobra con las partidas de guerrilleros szeklers, y piensa bajar por el Maros contra Arad, rechazar a los serbios hasta el Banato y avanzar por el ala izquierda de Kossuth. Que Puchner lo persiga, ni pensarlo por ahora. En cambio, Gläser en Arad y Rukovina en Temesvar van a tener muy pronto noticias de Bem, y antes de que pasen ocho días probablemente sabremos que el incansable polaco opera contra Szegedin y contra el ala derecha de Windischgrätz. Al menos, de la dirección que ha tomado no se pueden sacar otras conclusiones.

Sin los rusos, Puchner estaba aniquilado y Transilvania sometida en pocos días. Los szeklers y los magiares del propio país bastaban para tener a raya a los sajones y a los valacos. Bem habría podido seguir como vencedor la dirección que toma ahora en su retirada, unirse con Kossuth y Dembiński y decidir así la campaña. La victoria era segura para sus fuerzas unidas, Pest habría sido tomada en pocos días y —*el quince de marzo Dembiński estaba desde luego en Viena*.

Entonces entran los rusos y echan en la balanza el peso del imperio de los zares en favor de Austria, y eso, naturalmente, decide.

¡Así que estas son las hazañas de esos valientes caballeros del estado de sitio, de esos Windischgrätz, Jelačić, Nugent y Schlick! ¡Lanzarse con todo el poder de Austria por ocho lados sobre un pequeño pueblo de cuatro millones y medio, llamar en su ayuda a croatas turcos, bosnios y serbios, y al final, en cuanto el pequeño pueblo ha reunido sus fuerzas y ha expulsado de su propio campo a los traidores, ser derrotados a pesar de todo en todos los puntos!

¡Gloriosos laureles, en verdad, los que el invencible Windischgrätz conquista con ayuda de refuerzos rusos! ¡Magníficas victorias las que la alianza de toda la barbarie europea obtiene sobre el puesto más avanzado de la civilización europea!

Desde luego, nadie podía adivinar que la agudeza más fina del grandioso plan de campaña de Windischgrätz, que la última baza estratégica del gran general, ¡era el llamamiento a los rusos! Y sin embargo, se podía saber: ¿han vencido alguna vez los austriacos de otra manera?

Pero los magiares, los últimos combatientes inquebrantables de la revolución de 1848, quizá caigan como los héroes de junio de París, como los combatientes de octubre de Viena, caigan aplastados por la superioridad numérica que ahora vuelve a cercarlos por todos lados. De la mayor o menor participación de los rusos dependerá que la guerra contra ellos termine deprisa o despacio. Y si entretanto nosotros, los europeos occidentales, persistimos en nuestra apática calma, si a la vergonzosa traición con que los rusos asaltan a nuestros hermanos magiares no oponemos más que resistencia pasiva y suspiros impotentes, los magiares están perdidos y —*¡pronto nos tocará a nosotros!*

Y en verdad, la invasión de Transilvania por los rusos es la traición más infame, la violación más vil del derecho de gentes que se haya visto nunca en la historia. ¿Qué es la coalición abierta de los déspotas de 1792, qué es la callada connivencia de las potencias alemanas con Rusia en la guerra de Polonia, qué es el propio reparto de Polonia frente a este estrangulamiento cobarde y alevoso de un pequeño pueblo de héroes, consumado a traición con auténtica perfidia rusa; qué son todas las infamias de la política inglesa, rusa y austriaca hasta hoy frente a esta vileza sin nombre!

Austria hace una guerra de opresión contra los magiares, *Rusia* cae sobre ellos por la espalda y *Prusia* está en la frontera, con las requisitorias en la mano, para detener a los fugitivos y entregarlos a sus verdugos. Un año después de la revolución europea, el 21 de febrero de 1849, la *Santa Alianza* vuelve a estar ante nosotros, lista y acabada, con toda la vileza de los bandidos del estado de sitio y de la policía.

Desde luego, a esto hemos llegado. Cosas así se osan ante toda Europa, y toda Europa no se atreve a mover un dedo. La República francesa oficial se alegra en silencio y desea también, para exterminar mejor a los anarquistas, tener frontera con Rusia. ¿Por qué hemos dado pruebas, en Francia como en Alemania, después de la revolución, de tanta magnanimidad, nobleza, indulgencia y bondad, si no queríamos que la burguesía levantara de nuevo la cabeza y nos traicionara, que la contrarrevolución calculada nos pusiera el pie en la nuca?

¡Pero paciencia! Todavía no está ahogada la «hidra de la revolución» —mirad a Italia—; ¡todavía no es la violencia de las bayonetas a sueldo el último poder decisivo de la historia! ¡Paciencia! También llega el día, llega pronto, en que una nueva revolución haga su recorrido sangriento por Europa, una revolución que, en vez de postrarse en adoración ante la mera frase de la república o de regatear por miserables «conquistas de marzo», no deponga la espada hasta que se haya tomado venganza de toda la traición y toda la infamia de los últimos nueve meses. ¡Entonces pediremos cuentas a todos los que han consentido y apoyado esta traición vergonzosa a nuestros compañeros de lucha magiares, y entonces sacaremos de apuros a Hungría y a Polonia a pesar de los rusos!

[^1]: El periódico dice «es ist ist nöthig», errata evidente; traducimos según el sentido, «no hace falta» (es ist nicht nöthig).
