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Title: Montesquieu LVI (1849)
Description: Marx contra los anuncios electorales anónimos de un «Montesquieu LVI» en la Kölnische Zeitung, que pretendía resolver la cuestión social aceptando la Constitución otorgada: la división del trabajo y las clases, y los intereses de la burguesía bajo la monarquía por la gracia de Dios.
Author: Karl Marx
Date: 1849-01-20
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1849%20Montesquieu%20LVI
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*Dos artículos escritos en Colonia el 20 y el 21 de enero de 1849, en vísperas de las elecciones primarias prusianas, y publicados en la* Neue Rheinische Zeitung*, núm. 201 y 202, del 21 y el 22 de enero de 1849; la MEW los atribuye a Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 182-196), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1849%20Montesquieu%20LVI).*

## I

*Neue Rheinische Zeitung, núm. 201, 21 de enero de 1849.*

\**Colonia*, 20 de enero. El «honorable» *Joseph Dumont*[^1] hace que un anónimo, al que él no paga, sino que le paga a él, y que trabaja a los *electores primarios*[^2] desde el folletín,[^3] dirija a la *Neue Rheinische Zeitung* el siguiente apóstrofe:

> «A la *Neue Rheinische Zeitung*, *órgano de la democracia*, le ha placido tomar nota de los artículos publicados en este periódico con el título *“A los electores primarios”* y calificarlos de tomados de la *Neue Preußische Zeitung*.

> Frente a esta *mentira*, simplemente la declaración de que estos artículos se pagan *como anuncios*, de que, con excepción del primero, tomado de la *Parlaments-Korrespondenz*, están escritos en Colonia, y de que su autor todavía no ha visto siquiera la *Neue Preußische Zeitung*, y mucho menos la ha leído.»

Comprendemos la importancia que tiene para Montesquieu LVI dejar constancia de su *propiedad*. Comprendemos igualmente lo importante que es para el señor Dumont la declaración de que *«se le paga»*, incluso por las octavillas y los anuncios que hace componer, imprimir y difundir en interés de su propia clase, la *burguesía*.

En cuanto al anónimo, conoce el proverbio francés: *Les beaux esprits se rencontrent*.[^4] No es culpa suya si los productos más propios de su espíritu se parecen a los de la *Neue Preußische Zeitung* y de las «asociaciones prusianas»[^5] como un huevo a otro, hasta confundirse.

Sus anuncios en la *Kölnische Zeitung* *no los hemos leído nunca*; solo nos hemos dignado echar una mirada fugaz a las octavillas salidas de la imprenta de Dumont que nos enviaban de izquierda y de derecha; pero ahora, comparando, descubrimos que los mismos papelotes desempeñan a la vez su papel como anuncio y como octavilla.

Para expiar nuestra falta contra el anónimo Montesquieu LVI, nos hemos impuesto la dura penitencia de leer todos sus anuncios en la *Kölnische Zeitung* y de entregar su propiedad privada espiritual al público alemán como «propiedad común».

*¡Aquí hay sabiduría!*[^6]

Montesquieu LVI se ocupa preferentemente de la cuestión *social*. Ha encontrado el «camino más fácil y más sencillo» para resolverla, y pondera su píldora de Morison[^7] con el más untuoso y el más ingenuamente desvergonzado patetismo de charlatán:

> «Pero el camino más fácil y más sencillo para ello» (a saber, para la solución de la cuestión social) «es aceptar la Constitución otorgada el 5 de diciembre del año pasado,[^8] revisarla, hacerla jurar luego por todas las partes y establecerla así. *Ese es el único camino que nos lleva a la salvación.* Así pues, quien lleve en el pecho un corazón para la miseria de sus pobres hermanos, quien quiera dar de comer a los hambrientos y vestir a los desnudos…, quien, en una palabra, quiera *resolver la cuestión social*…, *que no vote a nadie que se pronuncie contra la Constitución*». (Montesquieu LVI.)

¡Votad por Brandenburg-Manteuffel-Ladenberg,[^9] y la *cuestión social* quedará resuelta por el «camino más sencillo» y «más fácil»! ¡Votad por Dumont, Camphausen, Wittgenstein o también por *dii minorum gentium*[^10] como Compes, Mevissen y gente así, y *la cuestión social* quedará resuelta! ¡La «cuestión social» por *un voto*! ¡Quien quiera «dar de comer a los hambrientos y vestir a los desnudos», que vote por los Hansemann y los Stupp![^11] ¡Por cada voto, una cuestión social menos! La aceptación de la Constitución otorgada: *voilà la solution du problème social!*[^12]

No dudamos ni un momento de que no solo Montesquieu LVI, sino también sus patronos de la Asociación Ciudadana,[^13] no esperarán a la aceptación, revisión, jura y establecimiento de la Constitución otorgada para «dar de comer a los hambrientos y vestir a los desnudos». También se han tomado ya disposiciones para ello.

Desde hace unas semanas circulan por aquí circulares en las que los capitalistas comunican a los maestros artesanos, tenderos, etc., que, en consideración a las circunstancias actuales y al crédito que despierta de nuevo, por motivos filantrópicos, los intereses se elevan del 4 al 5 por ciento. ¡Primera solución de la cuestión social!

El concejo municipal de aquí ha redactado en el mismo sentido la *«tarjeta de obrero»* para los desgraciados que tienen que morirse de hambre o vender sus brazos a la ciudad (véase el núm. 187 de la *Neue Rheinische Zeitung*).[^14] Se recordará que en esta carta otorgada a los obreros el obrero que se ha quedado sin pan se obliga por contrato a ponerse bajo *vigilancia policial*. ¡Segunda solución de la cuestión social!

En Colonia, poco después de los dolores de marzo, el concejo municipal fundó un comedor a precio de coste, bien instalado, con hermosas salas con calefacción, etc. *Después* de la concesión de la Constitución otorgada, este local ha sido sustituido por otro, subordinado a la administración de beneficencia, donde no se calienta, faltan los platos, no se permite consumir la comida en el sitio, sino que se vende el cuartillo de un caldo indescriptible a 8 pfennigs. ¡Tercera solución de la cuestión social!

En Viena, los obreros, durante su dominio, guardaron el banco, las casas y las riquezas de los burgueses huidos. A su regreso, esos mismos burgueses denunciaron a estos «bandidos» ante Windischgrätz para que los *ahorcara*. Los parados que acudieron al concejo municipal fueron metidos en el ejército contra Hungría. ¡Cuarta solución de la cuestión social!

En Breslau, el concejo municipal y el gobierno arrojaron tranquilamente en brazos del cólera a los miserables que tienen que buscar refugio en el asilo de pobres, quitándoles los bienes físicamente más indispensables para la vida, y solo tomaron nota de las víctimas de su cruel beneficencia cuando la epidemia se les echó encima a ellos mismos. ¡Quinta solución de la cuestión social!

En la asociación berlinesa «Con Dios por el rey y por la patria», un amigo de la Constitución otorgada declaró que era penoso tener que seguir haciendo cumplidos al *«proletariado»* para imponer los propios intereses y propósitos.

Esa es la solución de la «solución de la cuestión social».

«Los espías prusianos son tan peligrosos precisamente porque nunca se les paga, sino que siempre esperan que se les pague», dice nuestro amigo Heine.[^15] Y los burgueses prusianos son tan peligrosos precisamente porque nunca pagan, sino que siempre prometen pagar.

Los burgueses ingleses y franceses se gastan en un día de elecciones mucho dinero. Sus maniobras de soborno son mundialmente conocidas. Los burgueses prusianos, ¡«esa sí que es la gente más lista»! Demasiado morales y formales para echar mano a la bolsa, pagan con la *«solución de la cuestión social»*. ¡Eso no cuesta nada! Pero Montesquieu LVI, al menos, según asegura oficialmente Dumont, paga los derechos de inserción a la *Kölnische Zeitung* y añade la solución de las *«cuestiones sociales»* gratis.

La parte práctica de las *petites œuvres*[^16] de nuestro Montesquieu consiste, pues, en esto: ¡Votad por Brandenburg-Manteuffel-Ladenberg! ¡Elegid a Camphausen-Hansemann! ¡Enviadnos a Berlín, dejad que los nuestros se asienten allí primero! ¡Esa es la *solución de la cuestión social*!

El inmortal *Hansemann* ha resuelto estas cuestiones. Primero, restablecimiento del orden, para restablecer el crédito. Luego, como en el año 1844, cuando «se debía y se tenía que ayudar a mis queridos tejedores de Silesia», pólvora y plomo para resolver la «cuestión social».[^17]

¡Votad, pues, por amigos de la Constitución otorgada!

Pero Montesquieu LVI solo acepta la Constitución otorgada para poder «revisarla» y «jurarla» después.

¡Queridísimo Montesquieu! Una vez que hayas aceptado la Constitución, solo la revisarás sobre su propia base, es decir, la revisarás en la medida en que convenga al capricho del rey y de la segunda Cámara, compuesta de hidalgüelos rurales, barones de las finanzas, altos funcionarios y curas. Esta única revisión posible ya está apuntada, previsoramente, en la propia Constitución otorgada. Consiste en el abandono del sistema constitucional y en el restablecimiento del viejo *régimen estamental* cristiano-germánico.

Esa es la revisión, la única posible y la única permitida *después* de la aceptación de la Constitución otorgada, cosa que no puede haber escapado a la perspicacia de un Montesquieu.

La parte práctica de las *petites œuvres* de Montesquieu LVI se reduce, pues, a esto: ¡Votad por Hansemann-Camphausen! ¡Votad por Dumont-Stupp! ¡Votad por Brandenburg-Manteuffel! ¡Aceptad la Constitución otorgada! ¡Elegid compromisarios que acepten la Constitución otorgada!, y todo ello con el pretexto de resolver «la cuestión social».

Qué demonios nos importa el pretexto, si de lo que se trata es de la Constitución otorgada.

Pero nuestro Montesquieu, naturalmente, ha antepuesto a su instrucción práctica para resolver «la cuestión social», que es la verdadera gracia de su obra gigantesca, una parte teórica. Veamos esta parte teórica.

El profundo pensador explica primero *qué son las «cuestiones sociales»*.

> «¿Qué pasa, pues, en realidad con la cuestión social?

> El hombre debe y quiere vivir.

> Para vivir, el hombre necesita vivienda, vestido, alimento.

> La naturaleza no produce en absoluto vivienda ni vestido, y el alimento solo crece silvestre escasamente y ni de lejos en cantidad suficiente.

> El hombre tiene, por tanto, que procurarse él mismo estas necesidades.

> Eso se hace mediante el trabajo.

> *El trabajo es, por consiguiente, la primera condición de nuestra vida; sin trabajo no podemos vivir.*

> Entre los primeros pueblos, cada uno se construía su cabaña, se hacía su ropa con pieles de animales, se cogía sus frutos para comer. Ese era el estado primitivo.

> Pero si el hombre no necesita más que vivienda, vestido y alimento, si solo satisface, pues, sus necesidades *corporales*, está en el mismo nivel que el animal, porque eso también lo hace el animal.

> Pero el hombre es un ser superior al animal, necesita más para vivir: necesita alegría, debe elevarse a un valor moral. Pero eso solo puede hacerlo si vive en sociedad.

> Pero en cuanto los hombres vivieron en sociedad, se produjo una relación completamente distinta. Pronto advirtieron que el trabajo era mucho más fácil si cada uno hacía solo un trabajo determinado. Y así uno hacía la ropa, el segundo construía casas, el tercero se ocupaba de los alimentos, y el primero daba al segundo lo que a este le faltaba. Así se formaron por sí solos los diferentes estamentos de los hombres, haciéndose uno cazador, otro artesano, el tercero labrador. Pero los hombres no se quedaron ahí, porque la humanidad tiene que avanzar. Se hicieron inventos. Se inventó el hilado y el tejido, la forja del hierro, el curtido de las pieles de animales. Cuantos más inventos se hacían, más variado se volvía el oficio, más fácil la agricultura, a la que el oficio suministraba el arado y la pala. Todo se ayudaba, todo encajaba. Luego se entró en contacto con pueblos vecinos; un pueblo tenía lo que al otro le faltaba, y este poseía lo que aquel no tenía. Se intercambiaba. Así nació el *comercio* y con él una nueva rama de la actividad humana. Así avanzó la cultura de escalón en escalón; desde los primeros inventos torpes se llegó por fin, a lo largo de los siglos, a los inventos de nuestro tiempo.

> Así se formaron entre los hombres las ciencias y las artes, y la vida se volvió cada vez más rica, cada vez más variada. El médico curaba al enfermo, el párroco predicaba, el comerciante comerciaba, el labrador cultivaba el campo, el jardinero criaba flores, el albañil construía las casas, que el carpintero proveía de muebles, el molinero molía la harina que el panadero cocía en pan; una cosa encajaba en la otra; nadie podía sostenerse solo, nadie podía procurarse solo sus necesidades.

> Esas son las relaciones sociales.

> Han surgido por sí solas, de un modo enteramente natural. Y si hoy hacéis una revolución que destruya de raíz todas estas relaciones, si mañana empezáis a vivir de nuevo, *las relaciones volverán a formarse exactamente como son ahora*. Así ha sido desde hace milenios en todos los pueblos de la tierra. Si alguien hace ahora una diferencia entre obreros y burguesía, eso es *una gran mentira*. *Todos trabajamos*, cada uno a su manera, cada uno según sus fuerzas y capacidades. El médico trabaja cuando visita al enfermo, el músico que toca para el baile, el comerciante que escribe sus cartas; todos trabajan, cada uno en su puesto.»

*¡Aquí hay sabiduría! ¡El que tenga oídos para oír, que oiga!*[^18]

*¿Qué pasa, pues, en realidad con la cuestión fisiológica?*

Todo ser corpóreo supone cierto peso, cierta densidad y cosas así. Todo cuerpo orgánico se compone de toda clase de partes, cada una de las cuales ejerce su propia función, y en el que los órganos recíprocos encajan unos en otros.

*«Esas son las relaciones fisiológicas.»*

Montesquieu LVI, no se puede negar, posee un talento original para simplificar la ciencia. ¡Una patente (sin garantía del gobierno) para Montesquieu LVI!

Los productos del trabajo solo se producen mediante el trabajo. Sin siembra no hay cosecha, sin hilar no hay hilado, etc.

Europa se inclinará admirada ante el genio gigantesco que ha sacado a la luz estas verdades en la misma Colonia, sin ninguna ayuda de la *Neue Pr. Z.*

En el trabajo los hombres entran en determinadas relaciones entre sí.

Se produce una *división del trabajo* más o menos variada.

Uno cuece pan, el otro forja, uno escarba, el otro aúlla,[^19] Montesquieu LVI escribe y Dumont imprime. ¡Adam *Smith*, reconoce a tu maestro!

Estos descubrimientos, pues, de que el *trabajo* y la *división del trabajo* son condiciones de vida de toda sociedad humana, capacitan a Montesquieu LVI para concluir que *los «diferentes estamentos»* son naturales, que la diferencia entre «burguesía y proletariado» es una *«gran mentira»*, que las «relaciones sociales» existentes, aunque una *«revolución»* las destruya hoy de raíz, «*volverán a formarse* exactamente *como son ahora*», y que, por último, es absolutamente indispensable elegir compromisarios en el sentido de Manteuffel y de la Constitución otorgada, si es que uno «lleva en el pecho un corazón para la miseria de sus pobres hermanos» y piensa hacerse digno del aprecio de Montesquieu LVI.

*¡¡¡«Así ha sido desde hace milenios en todos los pueblos de la tierra»!!!* En Egipto había trabajo y división del trabajo, y *castas*; en Grecia y en Roma, trabajo y división del trabajo, y *libres y esclavos*; en la Edad Media, trabajo y división del trabajo, y *señores feudales* y *siervos*, *gremios*, *estamentos* y cosas así. En nuestro tiempo hay trabajo y división del trabajo, y *clases*, una de las cuales está en posesión de todos los instrumentos de producción y medios de vida, mientras la otra solo vive mientras vende su trabajo, y solo vende su trabajo mientras la clase que da trabajo se enriquece con la compra de ese trabajo.

¿No está, pues, clarísimo que *«así ha sido desde hace milenios en todos los pueblos de la tierra»*, como es hoy en *Prusia*, porque el *trabajo* y la *división del trabajo* existieron siempre de una forma o de otra? ¿O no se ve, al contrario, que las relaciones sociales, las relaciones de propiedad, se han trastocado constantemente justamente por el modo de trabajo y la división del trabajo siempre cambiantes?

En el año 1789 los burgueses no le gritaron a la sociedad feudal: ¡noble, sigue siendo noble; siervo, sigue siendo siervo; agremiado, sigue siendo agremiado, porque sin trabajo y división del trabajo no hay sociedad! ¡Sin respirar aire no hay vida! Respirad, pues, el aire viciado y no abráis las ventanas: así razona Montesquieu LVI.

Hace falta toda la ingenua y zafia desfachatez de un pequeñoburgués de ciudad del Imperio encanecido en la ignorancia más brutal para, después de haberse metido a martillazos en la perezosa materia cerebral, de manera superficial y torcida, las primeras letras de la economía política, trabajo y división del trabajo, ponerse a dar oráculos sobre cuestiones en las que nuestro siglo se rompe los dientes.

> «¡Sin trabajo y división del trabajo no hay sociedad!

> *Por tanto*,

> elegid compromisarios amigos de la Constitución prusiana otorgada, y solo amigos de la Constitución otorgada.»

Este epitafio resplandecerá un día en grandes letras en los muros del espléndido mausoleo de mármol que la posteridad agradecida se sentirá obligada a levantar al solucionador de la cuestión social, Montesquieu LVI (no confundir con Enrique CCLXXXIV de Reuss-Schleiz-Greiz-Lobenstein-Eberswalde).[^20]

Montesquieu LVI no nos oculta «dónde *está el nudo*» ni lo que piensa hacer en cuanto sea proclamado legislador.

*«Para eso»*, nos enseña, *«el Estado tiene que procurar que cada uno reciba la educación suficiente para poder aprender algo como es debido en el mundo.»*

Montesquieu LVI nunca ha oído decir que, en las relaciones existentes, la división del trabajo pone el trabajo simple en lugar del complejo, los niños en lugar de los adultos, las mujeres en lugar de los hombres, los autómatas en lugar del obrero independiente; que, en la misma proporción en que se desarrolla la industria moderna, la educación del obrero se vuelve superflua e imposible. No remitimos al Montesquieu de Colonia ni a *Saint-Simon* ni a *Fourier*, sino a *Malthus* y a *Ricardo*. Que el buen hombre aprenda primero los rudimentos de las relaciones actuales antes de enmendarlas y de repartir oráculos.

> *«De la gente empobrecida por la enfermedad o por la vejez tiene que ocuparse el municipio.»*

¿Y si el propio municipio se empobrece, cosa que no puede dejar de ocurrir con los 100 millones de impuestos y los estados de sitio epidémicos otorgados al mismo tiempo que la nueva Constitución, qué, Montesquieu?

> *«Donde los nuevos inventos o las crisis comerciales destruyan ramas enteras de actividad, el Estado tiene que acudir en ayuda y poner remedio.»*

Por poco familiarizado que esté el Montesquieu de Colonia con las cosas de este mundo, apenas puede habérsele escapado que los «nuevos inventos» y las crisis comerciales son tan permanentes como los decretos ministeriales y los terrenos jurídicos prusianos.[^21] Los nuevos inventos se introducen en Alemania, en particular, solo cuando la competencia con los pueblos extranjeros hace de su introducción una cuestión de vida o muerte; ¡y las nuevas ramas de actividad que surgen han de arruinarse para acudir en ayuda de las que se hunden! Las ramas de actividad que surgen con los inventos surgen precisamente porque producen más barato que las que se hunden. ¿Dónde demonios estaría la ventaja si tuvieran que mantener a las que se hunden? Pero el Estado, el gobierno, como es sabido, solo da en apariencia. Primero hay que darle a él para que dé. Pero ¿quién tiene que darle, Montesquieu LVI? ¿La rama que se hunde, para que se hunda todavía más deprisa? ¿O la que surge, para que se marchite ya al surgir? ¿O las ramas no tocadas por los nuevos inventos, para que quiebren con la invención de un nuevo impuesto? ¡Piénsalo bien, Montesquieu LVI!

¿Y qué decir de las crisis comerciales, queridísimo? Cuando estalla una crisis comercial europea, el Estado prusiano no puede tener en cuenta nada con más ansiedad que el modo de exprimir las últimas gotas de agua a las fuentes de impuestos acostumbradas, por vía de apremio y cosas así. ¡Pobre Estado prusiano! Para que el Estado prusiano hiciera inofensivas las crisis comerciales, tendría que poseer, además del trabajo nacional, una tercera fuente de ingresos en las nubes. Ciertamente, si con felicitaciones de Año Nuevo de Su Majestad,[^22] órdenes del ejército de Wrangel o decretos ministeriales de Manteuffel se pudiera sacar dinero de debajo de la tierra, la *«negativa a pagar los impuestos»*[^23] no habría sembrado un terror tan pánico entre los «leales súbditos» prusianos, y la cuestión social se habría resuelto incluso sin Constitución otorgada.

Se sabe que la *Neue Preußische Zeitung* declaró *comunista* a nuestro *Hansemann* porque pensaba suprimir las exenciones de impuestos.[^24] ¡Nuestro Montesquieu, que nunca ha leído la *N. Pr. Z.*, da *por sí mismo*, en Colonia, con la ocurrencia de declarar «comunista» y «republicano rojo» a todo el que amenace la Constitución otorgada! Votad, pues, por Manteuffel, o no solo seréis enemigos personales del trabajo y de la división del trabajo, sino también comunistas y republicanos rojos. ¡Reconoced el último «terreno jurídico» de Brüggemann,[^25] o renunciad al *Code civil*!

> ¡Fígaro, a ti no se te habría ocurrido![^26]

¡Mañana más sobre Montesquieu LVI!

## II

*Neue Rheinische Zeitung, núm. 202, 22 de enero de 1849.*

\**Colonia*, 21 de enero. *Montesquieu LVI* intenta colocar a los electores primarios el «caballo regalado», la Constitución otorgada, con toda la astucia mezquina de un *chalán* muy experimentado. Es el Montesquieu de la feria de caballos.

¡Quien no quiere la Constitución otorgada quiere la república, y no solo la república a secas, sino la república roja! Por desgracia, en nuestras elecciones no se trata en absoluto de república ni de república roja. Se trata simplemente de esto:

¿Queréis el viejo *absolutismo* junto con un *régimen estamental* recién remozado, o queréis un *sistema representativo* burgués? ¿Queréis una constitución política que corresponda a las «relaciones sociales existentes» de siglos pasados, o queréis una constitución política que convenga a las «relaciones sociales existentes» de vuestro siglo?

En este asunto, pues, no se trata en absoluto de una lucha contra las relaciones burguesas de propiedad, como la que tiene lugar en Francia y se prepara en Inglaterra. Se trata más bien de la lucha contra una constitución política que pone en peligro las «relaciones *burguesas* de propiedad» al confiar el timón del Estado a los representantes de las «relaciones *feudales* de propiedad», al rey por la gracia de Dios, al ejército, a la burocracia, a los hidalgüelos rurales y a unos cuantos barones de las finanzas y filisteos aliados con ellos.

Con la Constitución otorgada, la cuestión social está resuelta en el sentido de estos señores. No hay duda.

¿Qué es la *«cuestión social»* en el sentido del *funcionario*? Es la conservación de su sueldo y de la posición que ha ocupado hasta ahora, por encima del pueblo.

¿Y qué es la *«cuestión social»* en el sentido de la nobleza y de sus grandes terratenientes? Es la conservación de los derechos señoriales feudales que ha tenido hasta ahora, el acaparamiento de los puestos más lucrativos del ejército y de la administración civil por sus familias y, por último, la recepción directa de limosnas de la caja del Estado. Además de estos intereses *materiales* tangibles, y por eso *«sacratísimos»*, de los señores «con Dios por el rey y por la patria», se trata para ellos, naturalmente, de conservar también las distinciones sociales que separan a su raza de la mala raza burguesa, campesina y plebeya. La antigua Asamblea Nacional fue disuelta a la fuerza justamente porque se atrevió a poner la mano en estos «intereses sacratísimos». Lo que los señores entienden por «revisión» de la Constitución otorgada no es otra cosa, como ya se ha indicado antes, que la implantación del *sistema estamental*, es decir, de una forma de constitución política que representa los intereses «sociales» de la nobleza feudal, de la burocracia y de la monarquía por la gracia de Dios.

¡Una vez más! No hay duda de que la «cuestión social» está resuelta en el sentido de la nobleza y de la burocracia con la Constitución otorgada, es decir, de que esta regala a estos señores una forma de gobierno que les asegura a estos semidioses la explotación del pueblo.

Pero ¿está resuelta la «cuestión social» en el sentido de la *burguesía* con la Constitución otorgada? En otras palabras: ¿obtiene la burguesía una forma de Estado en la que pueda administrar libremente los asuntos comunes de su clase, los intereses del comercio, de la industria, de la agricultura, emplear el dinero del Estado de la manera más productiva, organizar la hacienda del Estado de la manera más barata, proteger eficazmente el trabajo nacional hacia fuera y abrir hacia dentro todas las fuentes de la riqueza nacional cegadas por el fango feudal?

¿Nos muestra la historia un solo ejemplo de que la burguesía, con un rey por la gracia de Dios que otorga constituciones, haya conseguido imponer alguna vez una forma de Estado política que correspondiera a sus intereses materiales?

Para fundar la monarquía constitucional tuvo que expulsar en Inglaterra dos veces a los Estuardo, en Francia a los Borbones hereditarios, en Bélgica al de Nassau.[^27]

¿De dónde viene este fenómeno?

Un rey hereditario por la gracia de Dios no es un individuo aislado: es el representante en carne y hueso de la vieja sociedad dentro de la nueva sociedad. El poder del Estado en manos del rey por la gracia de Dios es el poder del Estado en manos de la vieja sociedad, que ya solo existe en ruinas; es el poder del Estado en manos de los estamentos feudales, cuyo interés se opone del modo más hostil al interés de la burguesía.

Pero la base de la Constitución otorgada es precisamente el *«rey por la gracia de Dios»*.

Así como los elementos feudales de la sociedad ven en la monarquía por la gracia de Dios su *cúspide política*, la monarquía por la gracia de Dios ve en los estamentos feudales su *base social*, la conocida *«muralla del rey»*.[^28]

Por eso, cada vez que los intereses de los señores feudales y del ejército y la burocracia que ellos dominan se crucen con los intereses de la burguesía, la monarquía por la gracia de Dios se verá empujada a un golpe de Estado, y se preparará una crisis revolucionaria o contrarrevolucionaria.

¿Por qué fue disuelta a la fuerza la Asamblea Nacional? Solo porque representaba el interés de la burguesía contra el interés del feudalismo; porque quería suprimir las relaciones feudales que traban la agricultura, subordinar el ejército y la burocracia al comercio y a la industria, poner coto al despilfarro del tesoro del Estado, abolir los títulos nobiliarios y burocráticos.

En todas estas cuestiones se trataba *preferentemente* y *directamente* del *interés de la burguesía*.

Así pues, *golpes de Estado* y *crisis contrarrevolucionarias*: esas son las condiciones de vida de la monarquía por la gracia de Dios que se ha visto obligada, por los sucesos de marzo o por otros, a humillarse y a adoptar a regañadientes la forma aparente de una monarquía burguesa.

En una forma de Estado cuyo remate necesario son los golpes de Estado, las crisis contrarrevolucionarias y los estados de sitio, ¿puede volver a levantarse alguna vez el *crédito*?

¡Qué desvarío!

La industria burguesa *tiene que* romper las cadenas del absolutismo y del feudalismo. Una revolución contra ambos solo prueba que la industria burguesa ha alcanzado un punto culminante en el que tiene que conquistar una forma de Estado adecuada a ella o perecer.

El sistema burocrático de tutela asegurado con la Constitución otorgada es la *muerte* de la industria. ¡Mirad la administración prusiana de minas, los reglamentos de fábrica y cosas así! Cuando el fabricante inglés compara sus costes de producción con los del fabricante prusiano, pondrá siempre en primer lugar la pérdida de tiempo que sufre el fabricante prusiano por la necesaria observancia de las prescripciones burocráticas.

¿Qué refinador de azúcar no recuerda el tratado de comercio prusiano con Holanda del año 1839?[^29] ¿Qué industrial prusiano no se sonroja al recordar el año 1846, cuando el gobierno prusiano, por complacer al gobierno austriaco, cortó a toda una provincia la exportación a Galitzia, y el ministerio prusiano, cuando en Breslau estallaba una quiebra tras otra, declaró sorprendido que no sabía que hubiera una exportación tan importante a Galitzia, etc.?[^30]

Hombres de la misma raza son puestos al timón del Estado por la Constitución otorgada, del mismo modo que este regalo viene de las manos de esos mismos hombres. Así que miradlo dos veces.

La aventura de Galitzia llama nuestra atención sobre otro punto.

Entonces el gobierno prusiano sacrificó la industria y el comercio silesios a la contrarrevolución, en alianza con Austria y Rusia. Esta maniobra se repetirá a diario. El banquero de la contrarrevolución prusiano-austriaco-rusa, en la que la monarquía por la gracia de Dios, con sus murallas del rey, buscará siempre y tiene que buscar su apoyo *exterior*, es *Inglaterra*. El adversario más peligroso de la industria alemana es esa misma *Inglaterra*. Creemos que estos dos datos hablan por sí solos.

En el interior, la industria trabada por cadenas burocráticas y la agricultura por privilegios feudales; hacia fuera, el comercio vendido a Inglaterra por la contrarrevolución: esos son los destinos de la riqueza nacional prusiana bajo la égida de la Constitución otorgada.

El informe de la «comisión de Hacienda» de la Asamblea Nacional disuelta a la fuerza ha arrojado suficiente luz sobre la administración por la gracia de Dios del patrimonio del Estado.

Ese informe, sin embargo, solo muestra a título de ejemplo las sumas sustraídas a la caja del Estado para apuntalar las vacilantes murallas del rey y para dorar a los pretendientes extranjeros de la monarquía absoluta (don Carlos). Pero estos dineros, que se sustraen de los bolsillos de los demás ciudadanos para que la aristocracia lleve una vida acorde con su rango y los «puntales» de la monarquía feudal se mantengan en buen estado, son solo un asunto accesorio cuando se considera el presupuesto del Estado otorgado al mismo tiempo que la Constitución de Manteuffel. Ante todo, un *ejército fuerte*, para que la minoría domine a la mayoría; un ejército de funcionarios lo mayor posible, para que el mayor número posible quede apartado del interés general por su interés privado; empleo del dinero del Estado de la manera más improductiva, para que la riqueza, como dice la *N. Pr. Z.*, no vuelva insolentes a los *súbditos*; atesorar en lo posible el dinero del Estado en lugar de emplearlo en la industria, para que el gobierno por la gracia de Dios pueda enfrentarse por su cuenta al pueblo en momentos de crisis fáciles de prever: estos son los rasgos fundamentales de la hacienda otorgada. Emplear los impuestos para afirmar el poder del Estado como fuerza opresora, independiente y sagrada frente a la industria, el comercio y la agricultura, en lugar de *rebajarlo* a *instrumento* profano de la sociedad burguesa: ¡ese es el principio vital de la Constitución prusiana otorgada!

Tal el donante, tal el regalo. Tal el actual gobierno prusiano, tal la Constitución regalada por él. Para caracterizar la *hostilidad de este gobierno contra la burguesía* basta con llamar la atención sobre su proyecto de *ley de oficios*.[^31] El gobierno pretende *volver al gremio* con el pretexto de *avanzar hacia la asociación*. La competencia obliga a producir cada vez más barato, y por tanto en una escala cada vez mayor, es decir, con un *capital mayor*, con una *división del trabajo* cada vez *más amplia* y un *empleo* cada vez *mayor de maquinaria*. Cada nueva división del trabajo desvaloriza la vieja destreza del artesano, cada nueva máquina desplaza a cientos de obreros, cada trabajo en una escala mayor, es decir, con un capital mayor, arruina el pequeño comercio y la pequeña empresa pequeñoburguesa. El gobierno promete al oficio asegurarlo frente a la empresa fabril, a la destreza adquirida frente a la división del trabajo, al pequeño capital frente al grande, por medio de *instituciones gremiales feudales*. ¡Así pues, la nación alemana, y en particular la prusiana, que a duras penas resiste con un esfuerzo extremo a sucumbir por completo ante la competencia inglesa, ha de ser arrojada sin resistencia en sus brazos imponiéndole una organización industrial que contradice los medios de producción modernos y que la industria moderna ya ha hecho saltar por los aires!

Nosotros somos sin duda los últimos que quieren la dominación de la burguesía. Fuimos los primeros en Alemania en alzar nuestra voz contra ella, cuando los actuales «hombres de acción» andaban pavoneándose en riñas subalternas.

Pero a los obreros y a los pequeñoburgueses les gritamos: ¡Preferid sufrir en la sociedad burguesa moderna, que con su industria crea los medios materiales para fundar una sociedad nueva que os libere a todos, antes que volver a una forma de sociedad pasada que, con el pretexto de salvar a vuestras clases, precipita a toda la nación de nuevo en la barbarie medieval!

Pero el gobierno por la gracia de Dios tiene, como hemos visto, por *base social* estamentos y situaciones medievales. No encaja en la sociedad burguesa moderna. Tiene que intentar producir una sociedad a su imagen. Es *pura consecuencia* que intente desplazar la libre competencia por el gremio, la hilatura mecánica por la rueca, el arado de vapor por la azada.

¿Cómo es, pues, que en estas circunstancias la burguesía prusiana, en completa contradicción con sus predecesoras francesa, inglesa y belga, pregona a bombo y platillo como su *shibbólet*[^32] la Constitución otorgada (y con ella la monarquía por la gracia de Dios, la burocracia y los hidalgos)?

La parte comercial e industrial de la burguesía se arroja en brazos de la contrarrevolución por miedo a la revolución. Como si la contrarrevolución fuera otra cosa que la obertura de la revolución.

Además, hay una parte de la *burguesía* que, indiferente a los intereses generales de su clase, persigue un interés particular propio, incluso hostil a ellos.

Son los barones de las finanzas, los grandes acreedores del Estado, los banqueros, los rentistas, cuya riqueza crece en la misma medida que la miseria del pueblo, y por último gente cuyo negocio está montado sobre el viejo estado de cosas, por ejemplo Dumont y su lumpenproletariado literario. Son profesores ambiciosos, abogados y gente así, que solo en un Estado donde traicionar al pueblo en favor del gobierno es un negocio lucrativo pueden esperar pescar puestos importantes.

Son algunos fabricantes que hacen buenos negocios con el gobierno, proveedores que sacan sus importantes porcentajes de la explotación general del pueblo, filisteos cuya importancia se perdería en una gran vida política, concejales que bajo la protección de las instituciones existentes hasta ahora han promovido sus sucios intereses privados a costa de los públicos, comerciantes de aceite que por traicionar la revolución se han convertido en excelencias y caballeros de la orden del Águila,[^33] comerciantes de paños en quiebra y especuladores de ferrocarriles que se han convertido en directores del Banco real, etc., etc.[^34]

«Esos son los amigos de la Constitución otorgada.» Si la burguesía *lleva en el pecho un corazón para estos pobres hermanos suyos* y si quiere hacerse digna del aprecio de Montesquieu LVI, que elija

*compromisarios en el sentido de la Constitución otorgada.*

[^1]: Joseph DuMont, editor de la *Kölnische Zeitung*, el gran diario liberal de Colonia, rival de la *Neue Rheinische Zeitung*.

[^2]: Las elecciones a la segunda Cámara prusiana prevista por la Constitución otorgada eran indirectas: el 22 de enero de 1849 los electores primarios (*Urwähler*) elegían a los compromisarios (*Wahlmänner*), que a su vez elegían el 5 de febrero a los diputados.

[^3]: Literalmente, «debajo de la raya»: en la parte inferior de la página, separada por una raya, donde los periódicos publicaban el folletín.

[^4]: «Los buenos ingenios se encuentran.»

[^5]: Asociaciones monárquicas fundadas en Prusia en 1848, como la berlinesa «Con Dios por el rey y por la patria», citada más abajo.

[^6]: Apocalipsis 13, 18.

[^7]: Píldoras purgantes de un tal James Morison, anunciadas en la época como remedio universal.

[^8]: El 5 de diciembre de 1848 Federico Guillermo IV disolvió la Asamblea Nacional prusiana y otorgó una constitución.

[^9]: El ministerio contrarrevolucionario formado en noviembre de 1848 por el conde Friedrich Wilhelm von Brandenburg, con Otto von Manteuffel en Interior y Adalbert von Ladenberg en Cultos.

[^10]: «Dioses de rango menor.» Ludolf Camphausen, banquero de Colonia, presidente del gobierno prusiano de marzo a junio de 1848; Gustav von Mevissen, industrial y banquero de Colonia; Compes y Wittgenstein, notables liberales de la ciudad.

[^11]: David Hansemann, banquero de Aquisgrán, ministro de Hacienda prusiano de marzo a septiembre de 1848. Stupp, notable conservador de Colonia.

[^12]: «¡He aquí la solución del problema social!»

[^13]: Asociación de la burguesía constitucional de Colonia.

[^14]: Véase [*Un documento burgués*](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1849%20Un%20documento%20burgu%C3%A9s).

[^15]: Heinrich Heine, el poeta, amigo personal de Marx.

[^16]: «Obritas».

[^17]: La insurrección de los tejedores de Silesia de junio de 1844 fue aplastada por el ejército prusiano.

[^18]: Mateo 11, 15.

[^19]: Juego con los apodos políticos de 1848: los demócratas eran los *Wühler* («los que escarban», agitadores) y los conservadores, los *Heuler* («los que aúllan», plañideros).

[^20]: Los príncipes de las diversas ramas de la casa de Reuss, pequeños Estados de Turingia, se llamaban todos Enrique y se numeraban correlativamente. La cadena de nombres es burlesca; Eberswalde es una ciudad de Brandeburgo.

[^21]: Burla del «terreno jurídico» (*Rechtsboden*), la legalidad existente, invocada por los liberales en 1848 contra la revolución.

[^22]: Véase [*Una felicitación de Año Nuevo*](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1849%20Una%20felicitaci%C3%B3n%20de%20A%C3%B1o%20Nuevo).

[^23]: El 15 de noviembre de 1848 la Asamblea Nacional prusiana, expulsada por las tropas, votó que el gobierno no tenía derecho a recaudar impuestos.

[^24]: Hansemann había proyectado suprimir las exenciones fiscales de los grandes propietarios nobles.

[^25]: Karl Heinrich Brüggemann, redactor jefe de la *Kölnische Zeitung*.

[^26]: En francés en el original: *Figaro, tu n'aurais pas trouvé ça!* Tomado de *Las bodas de Fígaro*, de Beaumarchais.

[^27]: Los Estuardo fueron derribados en Inglaterra en la revolución de 1640-1649 y en la de 1688; los Borbones, en Francia, en la revolución de julio de 1830; la casa de Orange-Nassau perdió Bélgica con la revolución belga de 1830.

[^28]: Imagen corriente entre los conservadores prusianos: la nobleza como muralla que rodea el trono.

[^29]: Tratado comercial entre Prusia y los Países Bajos de 1839, que rebajaba los aranceles del azúcar procedente de Holanda, en perjuicio de las refinerías alemanas.

[^30]: Tras la anexión de la ciudad libre de Cracovia por Austria, en noviembre de 1846, los aranceles austriacos cerraron un mercado importante para la industria y el comercio de Silesia.

[^31]: Proyecto de ley sobre los oficios que restablecía en parte el régimen gremial; el gobierno lo promulgó por decreto en febrero de 1849.

[^32]: Contraseña, santo y seña (Jueces 12, 6).

[^33]: Alusión probable a Camphausen, de una casa comercial de aceite y cereales, nombrado después de su dimisión plenipotenciario prusiano ante el Poder central de Fráncfort. La orden del Águila Roja era una condecoración prusiana.

[^34]: Alusión a Hansemann, comerciante en paños y promotor de ferrocarriles, puesto al frente del Banco de Prusia tras dejar el ministerio.
