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Title: [Tres nuevos proyectos de ley] (1849)
Description: Marx sobre los tres proyectos de ley del ministerio Manteuffel sobre clubes y reuniones, carteles y prensa: una combinación del Código de Napoleón, las leyes de septiembre francesas y el Código prusiano para volver a someter a la provincia del Rin al viejo derecho prusiano.
Author: Karl Marx
Date: 1849-03-13
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1849%20Tres%20nuevos%20proyectos%20de%20ley
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*Publicado sin firma en la* Neue Rheinische Zeitung*, núm. 244, del 13 de marzo de 1849; la MEW lo atribuye a Karl Marx. El título es de los editores de la MEW. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 339-343), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1849%20Drei%20neue%20Gesetzentw%C3%BCrfe).*

*Colonia*, 12 de marzo. La monarquía prusiana cree que por fin ha llegado el momento de desplegar toda su gloria. La corona «no debilitada» por la gracia de Dios nos otorga hoy tres nuevos proyectos de ley sobre los *clubes* y las *reuniones*, sobre los *carteles* y sobre la *prensa*, en los que se invita a las Cámaras a cargarnos con una falange cerrada de las más amables leyes de septiembre.[^1]

Mañana daremos el texto de los proyectos con su exposición de motivos, en la medida en que nos hayan llegado. Volveremos, más de una vez, sobre estos espléndidos productos prusianos. ¡Por hoy, solo un breve resumen!

I. *Ley de clubes*. «Todas las reuniones deben anunciarse con 24 horas de antelación». Con ello quedan suprimidas las reuniones convocadas a toda prisa ante acontecimientos importantes repentinos, y esas reuniones son precisamente las más importantes de todas. Debe permitirse la entrada a todo el mundo; por tanto, queda prohibido cobrar una entrada para los gastos de la reunión. En las reuniones de asociaciones debe dejarse la cuarta parte del local a quienes no pertenecen a la asociación, para obligar a las asociaciones a procurarse locales mayores y más caros, y para que agentes de policía pagados puedan perturbar toda deliberación con ruido, alboroto y estrépito y hacer imposible toda reunión. Y si todo esto no bastara, los «delegados de la autoridad de policía» tienen la libertad de «disolver inmediatamente» cualquier reunión con el primer pretexto que encuentren, de la misma manera en que la cúspide suprema de la «autoridad de policía», Su Majestad nuestro clementísimo rey, «disolvió inmediatamente» la Asamblea pactista.

Y en cuanto la policía declara disuelta la reunión, todo el mundo tiene que marcharse, si no quiere que le ocurra como a los caballeros pactistas de Berlín, es decir, si no quiere ser sacado de la sala a bayonetazos.[^2]

Los clubes no necesitan, es verdad, «autorización previa», pero a cambio tienen que cumplir ante la autoridad local tal cantidad de comunicaciones previas y formalidades que ya solo por eso quedan medio imposibilitados. Las reuniones públicas al aire libre, los desfiles, etc., etc., en cambio, sí *necesitan* la autorización previa de la policía. Y para que se acabe con las cintas, escarapelas y gorros rojos, se otorga además, por último, una renovación de las viejas ordenanzas de persecución contra los distintivos negro, rojo y oro.[^3]

¡Este es el «derecho de asociación y de reunión» que el Hohenzollern amante de la verdad y fiel a su palabra nos garantizó hace un año con labios temblorosos!

II. *Ley de carteles*. Todos los carteles de contenido político, salvo las convocatorias a reuniones legales, *permitidas* (¡así que todas las reuniones vuelven a ser solo clementísimamente *«permitidas»*!), quedan *prohibidos*. En tiempos agitados, pues, los comités de los clubes no podrán siquiera llamar al pueblo a la *calma* mediante carteles, ¡para que a la heroica soldadesca no se le escape ni una sola víctima! Además, la *venta* o el *reparto* de impresos en la vía pública queda igualmente prohibido, salvo que se posea una *licencia revocable en cualquier momento*. Dicho de otro modo: la monarquía prusiana intenta obsequiarnos con una *edición corregida* de la ley sobre los *crieurs publics*[^4] que en Francia, en el peor momento del despotismo burgués luisfelipista, se arrancó al miedo de las Cámaras.

¿Y los motivos de esta ley? ¡Que los carteles y los vendedores ambulantes obstruyen el paso por las calles y que los carteles afean más de un edificio público!

III. *Ley de prensa*. Pero todo esto no es nada al lado de las encantadoras propuestas con las que se piensa poner una mordaza a la prensa. Como se sabe, la felicidad que los Hohenzollern dispensaban al pueblo consistía desde 1830 sencillamente en ennoblecer el paternal patriarcalismo prusiano emparejándolo con la servidumbre moderna y refinada luisfelipista. Se conservaron los palos y se añadió el presidio; se dejó en pie la censura y a la vez se nos obsequió con la flor de la legislación de septiembre; en una palabra, se nos hizo disfrutar a la vez de las ventajas de la servidumbre feudal, de la economía policial burocrática y de la brutalidad *legal* burguesa moderna. Eso se llamaba «el liberalismo de Federico Guillermo IV, conocido en todo el mundo».

El nuevo proyecto hohenzollerniano de ley de prensa, tras una larga serie de disposiciones formales agravantes, nos obsequia con una fusión insuperable 1) del Código de Napoleón, 2) de las leyes de septiembre francesas, 3) y principalmente del loable *Código prusiano*.

El § 9 representa al Código: en las provincias donde rige el Código prusiano, hasta ahora la tentativa, la incitación a un crimen, se castigaba con menos rigor que el crimen mismo, aun cuando hubiera tenido éxito. Para estas partes del país se introduce ahora la disposición del Código según la cual la incitación al crimen seguida de éxito se equipara al crimen mismo.

El § 10, la legislación de septiembre francesa: quien ataque los fundamentos de la sociedad burguesa basados en la *propiedad* o en *la familia* o incite a los ciudadanos al *odio o al desprecio mutuos* incurre en prisión de hasta dos años.

Cf. la ley del 9 de septiembre de 1835, art. 8: «Todo ataque contra la propiedad… Toda provocación al odio entre las diversas clases de la sociedad será castigada», etc.[^5] Solo que la traducción prusiana —incitar a los *ciudadanos* en general al odio, etc., unos contra otros— es todavía diez veces más impagable.

Todos los artículos siguientes del proyecto están fabricados únicamente para volver a obsequiar a la provincia del Rin con las mismas maravillas del Código prusiano que se nos quitaron poco después del 18 de marzo, tras haberlas disfrutado plenamente durante 33 años.[^6] Se nos quiere otorgar, entre otros, los siguientes nuevos delitos, del todo desconocidos en nuestra propia legislación renana:

1. Provocar *odio y desprecio contra las instituciones del Estado o contra el gobierno del Estado* por medio de falsedades sobre hechos o de hechos jurídicamente indemostrables.

2. «Manifestarse» sobre una sociedad religiosa *legalmente existente* (¡según la Constitución otorgada, hasta los turcos y los paganos son sociedades religiosas legalmente existentes!) de un modo que sea apropiado (!) para difundir odio y desprecio contra ella.

Estos dos nuevos delitos introducen entre nosotros a) el *«suscitar descontento»* de la vieja Prusia y b) el concepto prusiano de *ofensa a la religión*, y se castigan con *prisión* de hasta 2 años.

3. La *lesa majestad*, y en concreto como *falta de reverencia* (!!) hacia

a) el rey (!)  
b) la reina (!!)  
c) el heredero del trono (!!!)  
d) otro miembro de la casa real (!!!!)  
e) el jefe de un Estado alemán (!!!!!),

¡lo cual se castiga con prisión de 1 mes a *cinco años*!

4. ¡La edificante disposición de que la afirmación de hechos, incluso demostrablemente verdaderos, ha de castigarse como injuria si de ella se desprende la *intención de injuriar*!

5. La injuria

1) *a una de las dos Cámaras*,  
2) a uno de sus miembros,  
3) *a una autoridad* (el Código no conoce la injuria a corporaciones como tales);  
4) a un funcionario o miembro de la fuerza armada.  
Todo ello «*en relación* con su función». Prisión de hasta 9 meses.

6. *Injuria o calumnia por vía privada*. El Código de Napoleón solo conoce las injurias o calumnias *proferidas* o difundidas *públicamente*. El nuevo proyecto de ley quiere, en cambio, *someter al control de la policía y del ministerio público, o declarar punibles, todas las manifestaciones hechas en una conversación privada*, *en la propia casa*, *en el seno de la familia*, *en cartas privadas; es decir, organizar el espionaje más vil*, *más general*. El despotismo militar del omnipotente Imperio francés respetaba al menos la libertad de la conversación privada; se detenía, al menos en la legislación, en el umbral de la vivienda. La vigilancia y el castigo paternal-constitucionales prusianos se extienden hasta lo más íntimo de la casa privada, hasta el asilo más secreto de la vida familiar, tenido por intocable incluso por los bárbaros. ¡Y la misma ley castiga tres artículos antes todos los ataques a la familia con dos años de prisión!

Estas son las nuevas «conquistas» que se nos quieren garantizar. Completar las tres legislaciones más brutales, una con otra, para alcanzar una cumbre de brutalidad y de perfidia inaudita hasta ahora: ¡ese es el precio por el que la corona no debilitada quiere vender a las Cámaras el levantamiento del estado de sitio de Berlín!

Lo que se pretende salta a la vista. El proyecto de ley de prensa, al menos, no otorga gran cosa nueva a las viejas provincias. El Código prusiano ya era bastante malo. La cólera principal de la gracia de Dios encarnada se dirige contra *nosotros, los renanos*. *Se nos quiere volver a cargar con el mismo infame Código prusiano* del que apenas acabamos de librarnos y desde cuya eliminación, por fin, mientras estemos encadenados a Prusia, hemos vuelto a respirar algo más libremente.

Lo que quiere la corona por la gracia de Dios lo dice claramente en la exposición de motivos de ese encantador documento, por boca de su criado Manteuffel: quiere el *«establecimiento de una situación jurídica lo más uniforme posible»*, es decir, el desplazamiento de la odiada ley francesa y la implantación general del ignominioso Código prusiano. Quiere además «llenar la laguna» que se ha producido «en la mayor parte de la *provincia del Rin*» (¡oídlo bien!) por la derogación «de las leyes penales referentes a la lesa majestad como consecuencia de la ordenanza del *15 de abril de 1848*».

Es decir, la nueva ley penal ha de quitarnos a los renanos lo único que todavía poseemos de las consecuencias de la llamada revolución de 1848: *la vigencia íntegra de nuestro propio derecho*.

Tenemos que convertirnos a toda costa en *prusianos*, prusianos según el corazón del clementísimo, con Código prusiano, soberbia nobiliaria, tiranía de los funcionarios, régimen del sable, palos, censura y obediencia ciega a las órdenes. Estas propuestas de ley no son más que el primer comienzo. El plan de la contrarrevolución está ante nosotros, y nuestros lectores se asombrarán de los planes que se tienen en mente. No dudamos de que los señores de Berlín volverán a equivocarse de manera notable con los renanos.

Volveremos una y otra vez sobre estos proyectos de ley ignominiosos, solo por los cuales *habría que procesar a los ministros*. Pero una cosa tenemos que decir ya hoy: si en la Cámara sale adelante algo que se parezca aunque sea de lejos a este proyecto, *es deber de los diputados renanos retirarse inmediatamente de la Cámara*, *que con tales resoluciones quiere devolver a sus mandantes a la barbarie patriarcal de la legislación de la vieja Prusia*.

[^1]: Las leyes de septiembre de 1835 restringieron en Francia la libertad de prensa y endurecieron las penas por delitos políticos.
[^2]: El 15 de noviembre de 1848 las tropas desalojaron a la Asamblea Nacional prusiana, trasladada por el gobierno a Brandeburgo, de los locales en que seguía reuniéndose en Berlín.
[^3]: Los colores del movimiento por la unidad alemana, perseguidos por las autoridades prusianas antes de 1848.
[^4]: La ley francesa de 16 de febrero de 1834 sometía a autorización revocable a los pregoneros y vendedores ambulantes de impresos.
[^5]: En francés en el original: «Toute attaque contre la propriété… Toute provocation à la haine entre les diverses classes de la société, sera punie».
[^6]: La provincia del Rin era prusiana desde 1815. Por la ordenanza del 15 de abril de 1848 se derogaron en ella las disposiciones penales prusianas sobre la lesa majestad y otros delitos políticos que regían allí junto al derecho francés.
