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Title: Cartas desde Alemania. I (1850)
Description: Primera carta desde Alemania para la Democratic Review de Harney: la confusión de «gobiernos centrales» tras 1849 bajo el reinado del «orden», y la república alemana una e indivisible como única salida.
Author: Friedrich Engels
Date: 1850-01
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1850%20Cartas%20desde%20Alemania.%20I
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*Carta publicada sin firma («From our own Correspondent») en* The Democratic Review *(Londres), enero de 1850, pp. 317-318; fechada en Colonia el 18 de diciembre de 1849; atribuida a Friedrich Engels por la MEGA² (I/10). Traducida del original de la revista (reimpresión facsímil de Merlin Press, Londres, 1968, en Internet Archive) por la Escuela de marxismo, 2026. La nota al pie es de la redacción de la revista. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1850%20Letters%20from%20Germany.%20I).*

*(De nuestro corresponsal.)*

Colonia, 18 de diciembre de 1849.

«El orden reina en Alemania.» Tal es hoy el gran lema de nuestros gobernantes, sean príncipes, aristócratas, *burgueses* o cualquier otra fracción de ese partido de reciente formación al que en inglés podría llamarse el partido de los *traficantes del orden*. «El orden reina en Alemania»; y, sin embargo, nunca hubo, ni siquiera bajo el «Sacro Imperio Romano» de antaño, una confusión en Alemania como la que hay hoy bajo el reinado del «orden».

Bajo el antiguo sistema, antes de la revolución de 1848, sabíamos por lo menos quién nos gobernaba. La vieja Dieta federal de Fráncfort se hacía sentir con leyes contra la libertad de prensa, con tribunales de excepción, con trabas impuestas incluso a las constituciones de pega con que se permitía engañarse a ciertas poblaciones alemanas. ¡Pero ahora! Ni nosotros mismos sabemos cuántos gobiernos centrales tenemos en este país. Está, en primer lugar, el vicario del Imperio, instituido por la dispersada Asamblea Nacional, que, aunque sin poder alguno, se aferra a su puesto con la mayor obstinación. Está, en segundo lugar, el «*Interim*», una especie de cosa —nadie sabe exactamente qué—, pero algo así como una resurrección de la vieja Dieta, montada bajo la vieja influencia predominante de Prusia, y ese «Interim» está acosando al viejo vicario (que representa más o menos el interés austriaco) para que le entregue su puesto.[^1] Entretanto, ninguno de los dos tiene el menor poder. En tercer lugar, está la «Regencia del Imperio», elegida en Stuttgart por la Asamblea Nacional en los últimos días de su existencia, y los restos de esa Asamblea, la «Izquierda decidida» y la «Extrema izquierda», izquierdas ambas que, junto con la «Regencia», representan a los demócratas y tenderócratas «moderados y filosóficos» de Alemania. Este gobierno «imperial» celebra sus sesiones en una taberna de Berna, en Suiza, y tiene más o menos tanto poder como los dos anteriores. En cuarto lugar, está la llamada Liga de los Tres Reyes, o el «Estado federal restringido (o refinado, no sé cuál)», montado con el fin de hacer al rey de Prusia emperador *sobre* todos los Estados menores de Alemania. Se llama la «Liga de los Tres Reyes» *porque* todos los reyes, excepto el rey de Prusia, están en contra; ¡y se llama a sí mismo el «Estado federal restringido» porque, aunque lleva de parto desde el 28 de mayo pasado, no hay esperanza de que llegue a dar a luz nada que pueda vivir! Están, en quinto lugar, los cuatro reyes, de Hannover, Sajonia, Baviera y Wurtemberg, que están decididos a hacer lo que les plazca y a no someterse a ninguna de las «impotencias centrales» mencionadas; y, por último, está Austria, que intenta por todos los medios mantener su supremacía en Alemania y apoya, por ello, a los cuatro reyes en su afán de independencia frente a la preponderancia prusiana. Los gobiernos *reales*, entretanto, los que tienen el poder, son Austria y Prusia. Gobiernan Alemania mediante el despotismo militar y hacen y deshacen leyes a su antojo. Entre sus dominios y dependencias se extienden, como terreno *cuasi* neutral, los cuatro reinos, y será en ese terreno, y en particular en Sajonia, donde chocarán las pretensiones de las dos grandes potencias. No hay, sin embargo, ninguna probabilidad de un conflicto serio entre ellas. Austria y Prusia saben de sobra, ambas, que sus fuerzas tienen que permanecer unidas si quieren mantener sometido el espíritu revolucionario extendido por toda Alemania, Hungría y las partes de Polonia que pertenecen a esas potencias. En caso de necesidad, además, «nuestro amado cuñado», el ortodoxo zar de todas las Rusias, intervendría y prohibiría a sus lugartenientes de Austria y Prusia seguir peleándose entre sí.

Esta confusión nunca vista de gobiernos, de pretensiones, de reclamaciones, de derecho federal alemán tiene, sin embargo, una enorme ventaja. Los republicanos alemanes estaban hasta ahora divididos en federalistas y unitarios; los primeros tenían su fuerza principal en el sur. La confusión que sigue a cada intento de reorganizar Alemania como Estado federativo tiene que poner en evidencia que cualquier plan semejante resultará fallido, impracticable y necio, y que Alemania está demasiado avanzada en civilización para ser gobernable bajo otra forma que no sea la república alemana, una e indivisible, democrática y social.

Me habría gustado decir unas palabras sobre la absolución de Waldeck y Jacoby, pero la falta de espacio me lo impide. Baste decir que, al menos durante algunos meses, al gobierno de Prusia le será completamente imposible obtener en los procesos políticos un veredicto de culpabilidad, salvo quizá en algunos rincones apartados donde la clase de los jurados esté tan fanatizada como los orangistas del Úlster.

[^1]: (Nota de la redacción de *The Democratic Review*.) Después de recibida la carta anterior ha llegado a este país la noticia de la abdicación del «vicario» y de la entrega de su autoridad (?) en manos de comisarios austriacos y prusianos. Así ha terminado la farsa de Fráncfort.
