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Title: Crónica parlamentaria - La votación del 26 de noviembre - El presupuesto de Disraeli (1852)
Description: Artículo de Marx para el New-York Daily Tribune: la votación librecambista del 26 de noviembre de 1852 retrata la descomposición de los viejos partidos, y el presupuesto de Disraeli indemniza a los terratenientes a costa de la población urbana; el librecambio empuja hacia los impuestos directos y estos, hacia medidas revolucionarias.
Author: Karl Marx
Date: 1852-12-10
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1852%20Cr%C3%B3nica%20parlamentaria%20-%20La%20votaci%C3%B3n%20del%2026%20de%20noviembre%20-%20El%20presupuesto%20de%20Disraeli
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 10 de diciembre de 1852 para el* New-York Daily Tribune*, que lo publicó en su número 3650, del 28 de diciembre de 1852. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 8 (Berlín, 1960, pp. 471-477), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1852%20Parlamentsbericht%20-%20Die%20Abstimmung%20vom%2026.%20November%20-%20Disraelis%20Budget).*

Londres, viernes 10 de diciembre de 1852

Mi pronóstico de que la reanudación de las luchas de partido en el Parlamento conduciría a resultados importantes se ha cumplido.[^1] Al abrirse el periodo de sesiones, la oposición disponía frente a los ministros de una mayoría negativa; pero desde entonces las distintas fracciones en choque de que se componía esa mayoría se han paralizado mutuamente. Cuando el 26 de noviembre la Cámara de los Comunes aprobó, en lugar de la resolución librecambista «radical» de Villiers, la equívoca enmienda de Palmerston, ofreció el cuadro de una disolución general de todos los viejos partidos parlamentarios, que se habían salido de quicio y se engañaban todos unos a otros.[^2]

La resolución de Villiers, que calificaba de «sabia y justa» la ley de 1846,[^3] se había redactado sin que lo supieran Cobden y Bright, los librecambistas por excelencia. Los whigs habían decidido apoyar los intereses de los librecambistas, pero no querían concederles tras la esperada victoria ni la iniciativa ni una parte en el gobierno. Russell, que había acuñado originalmente las palabras «sabia y justa», que tan ofensivas le parecían al ministerio, votó a favor de la enmienda de Graham;[^4] los peelistas, a quienes se unieron los ministeriales, presentaron una moción que reconocía la conveniencia del librecambio para el futuro, pero lo rechazaba para el pasado y daba a los tories las manos libres para conceder indemnizaciones por las pérdidas causadas por la ley de sir Robert Peel. Estos mismos peelistas rechazaron la enmienda de Disraeli y se dispusieron a apoyar la resolución librecambista original volviendo sobre su propia moción. Cuando ya estaban a punto de vencer, los whigs fueron derrotados por la intervención de Palmerston, que hizo suya la enmienda de Graham y dio así la victoria a los ministeriales con ayuda de los peelistas. Esta victoria, obtenida por un ministerio proteccionista, consistía en el fondo en el reconocimiento del librecambio, y solo la combatieron los 53 partidarios más decididos del partido ministerial. Un batiburrillo de posiciones falsas, intrigas de partido, maniobras parlamentarias, traiciones mutuas, etc.: ese es el resumen del debate del 26 de noviembre, en el que se reconoció oficialmente la política del librecambio, pero en el que la explicaron proteccionistas, la defendieron proteccionistas y a proteccionistas se encargó su aplicación.

En una carta anterior, escrita antes de empezar el periodo de sesiones, ya indiqué que Disraeli, después de haber abandonado él mismo en sus discursos electorales el restablecimiento de las leyes de cereales, pensaba indemnizar a los terratenientes con una reforma fiscal que permitiera a los arrendatarios seguir pagando sus viejos arriendos de la época proteccionista.[^5] Quitando de los hombros de los arrendatarios una parte de la carga fiscal actual y echándola sobre la masa del pueblo, Disraeli se jacta de haber encontrado para los terratenientes en apuros una panacea mucho más útil que el viejo e incierto sistema proteccionista, que apuntaba directamente al *estómago* de la masa. Especular ahora con sus *bolsillos*: ese es el plan genial de Disraeli, que reveló en su presupuesto, presentado a la Cámara de los Comunes el 3 del corriente, y sobre cuya suerte decidirá probablemente el debate de esta noche.

Entre las costumbres de los gobiernos alemanes y de los filántropos alemanes está la de hablar de «medidas para la elevación de las clases trabajadoras».[^6] Pues bien, el presupuesto del señor Disraeli podría llamarse con toda razón una serie de «medidas para la elevación de las clases ociosas». Pero igual que tales medidas de los gobiernos y filántropos alemanes resultaban siempre puro fraude, también el plan que el canciller del Exchequer de Inglaterra tiene ahora en mente en favor de las clases ociosas es la más pura patraña, destinada solo a que los arrendatarios paguen con tanta mejor disposición sus altos arriendos actuales, cuanto que se les pone delante el cebo de un aparente alivio de sus cargas; un engaño que solo puede hacerles creíble cometiendo con la población urbana una estafa real y manifiesta.

Hacía tiempo que Disraeli venía anunciando su presupuesto con mucho misterio y prometiendo al mundo nada menos que una octava maravilla. Su presupuesto había de «poner fin a la pugna de intereses, acabar con la lucha mortal de las clases», «contentar a todos sin perjudicar a ninguno», «fundir los intereses más diversos en una comunidad floreciente», «crear por primera vez una armonía entre nuestros sistemas de comercio y de hacienda estableciendo principios nuevos» *que surgen de la niebla del futuro*.

Examinemos ahora las revelaciones que ya no pertenecen al nebuloso futuro, sino que desde hace una semana conocen el Parlamento inglés y el mundo entero. Como corresponde a la revelación de tales misterios, Disraeli las expuso con el debido ceremonial y aires de importancia. Peel necesitó en 1842 dos horas para su proyecto financiero.[^7] Disraeli habló cinco horas enteras. Necesitó una hora para exponer por extenso que los «necesitados» no padecían necesidad alguna; otra, para decir lo que *no pensaba* hacer por ellos, con lo que se puso en contradicción con las declaraciones anteriores de Walpole, de Pakington, de Malmesbury y con las suyas propias;[^8] y el resto de las cinco horas lo llenó con la exposición del presupuesto y con toda clase de episodios sobre la situación de Irlanda, la defensa del país, futuras reformas administrativas y otras cosas entretenidas.

Los puntos más importantes del presupuesto son los siguientes:[^9]

1. *Los intereses navieros*. Se rebaja una parte de los derechos de faros, lo que supone unas 100.000 libras esterlinas al año; esto significa algo menos de seis peniques al año por tonelada y no beneficiará a los intereses navieros hasta mediados del año próximo como pronto. Las cargas de los derechos de tránsito han de desaparecer por completo. Se suprimirán algunas atribuciones del Almirantazgo que habían causado irritación en la marina mercante: así, por ejemplo, los oficiales de la Armada que recluten marineros en puertos extranjeros no podrán exigir el pago inmediato de la soldada; prestarán ayuda gratuita a los barcos en peligro, y en los puertos no desalojarán a los barcos civiles de los mejores fondeaderos. Por último, la Cámara de los Comunes nombrará una comisión sobre el practicaje y los asuntos de lastre. Hasta aquí los intereses navieros. Pero para que los librecambistas no vayan a jactarse de alguna concesión positiva que se les haga con estas medidas, los aranceles sobre la madera de construcción no sufren ninguna nueva rebaja.

2. *Los intereses coloniales*. Se permite refinar el azúcar que aún está en depósito aduanero, de modo que en adelante el arancel se cobrará solo sobre el azúcar refinado vendible, y no ya sobre el producto en bruto. Además se fomentará la inmigración china a las Indias Occidentales para proveer a los plantadores de mano de obra suficiente y barata. Los aranceles diferenciales sobre el azúcar no se suprimirán.

3. *Impuesto sobre la malta y el lúpulo*. El impuesto sobre la malta se reduce a la mitad, lo que según afirma Disraeli supondría una merma de ingresos de 2.500.000 libras. También los derechos sobre el lúpulo se reducirán a la mitad, lo que causaría asimismo una pérdida de unas 300.000 libras. Estas rebajas entrarían en vigor el 10 de octubre de 1853. Se levantará la prohibición de importar malta, y sobre el lúpulo y la malta extranjeros solo se cobrarán derechos de importación por el importe del impuesto de consumo.

4. *El té*. El arancel actual se rebajará de 2 chelines y 2 1/4 peniques a 1 chelín por libra para todas las calidades, pero esta rebaja se hará gradualmente, en el curso de los seis años próximos, de modo que en 1853 se cobren 4 1/4 peniques menos, y en cada uno de los años siguientes, hasta 1858, 2 peniques menos. Para 1853 esto supondría una merma de ingresos de 400.000 libras.

5. *Impuesto sobre la propiedad y la renta*. Este impuesto, que solo estaba aprobado hasta el 5 de agosto de 1853, se renovará por tres años; la cuantía seguirá siendo la misma, pero se cambiará su reparto. Se distinguirá entre la carga sobre la propiedad territorial y la carga sobre las rentas de empresas industriales. La propiedad territorial y los títulos de la deuda pública seguirán gravados con 7 peniques por libra, mientras que para las rentas de la actividad industrial (arrendatarios, comercio e industria, profesiones liberales y sueldos) se prevé una rebaja del 3 al 2 por ciento, de modo que estas últimas solo tendrán que pagar 4 3/5 peniques por libra. Por otra parte, el límite de la exención se rebajará de 150 a 100 libras al año, y para la propiedad territorial y los títulos de la deuda, a 50 libras al año. Para prevenir cualquier pérdida de los arrendatarios por estos cambios, en adelante tributarán solo por un tercio de su arriendo, en lugar de por la mitad como hasta ahora, de modo que todos los arrendatarios que paguen menos de 300 libras anuales de arriendo quedarán exentos. La Iglesia recibe un regalo: los párrocos con una renta de 100 libras anuales no pagarán impuestos. Por último, el impuesto sobre la renta se extenderá por primera vez a Irlanda, pero en modo alguno a los terratenientes, sino solo a las rentas de títulos de la deuda o de sueldos.

6. *Impuesto sobre las casas*. Se extenderá a todos los inquilinos de casas que paguen 10 libras al año, y no solo, como hasta ahora, a los inquilinos de casas tasadas en 20 libras de alquiler anual. Además, el tipo del impuesto se duplicará, de 6 peniques por libra a 1 chelín para las tiendas, y de 9 peniques por libra a 1 chelín y 6 peniques para las viviendas.

Con este presupuesto resultaría, pues:

*Por un lado*: la extensión del impuesto sobre la renta en Inglaterra a aquellas clases de la población urbana que hasta ahora estaban exentas de él, y la introducción del impuesto sobre la renta en Irlanda para los poseedores de títulos de la deuda y para los funcionarios del Estado; la extensión del impuesto sobre las casas a aquellas clases de la población urbana que hasta ahora estaban exentas de él, y la duplicación del tipo actual.

*Por otro lado*: la reducción del impuesto agrario sobre la malta y el lúpulo en 2.800.000 libras, la rebaja de los derechos de la navegación en 100.000 libras y la disminución de los aranceles del té en 400.000 libras.

A la población urbana se le destina un aumento de impuestos por medio de un nuevo impuesto sobre la renta, de la extensión del impuesto sobre las casas a nuevos contribuyentes y de la duplicación del tipo del impuesto sobre las casas, para que la población rural obtenga una exención fiscal de 2.800.000 libras. El pequeño tendero, el obrero cualificado mejor pagado y el dependiente de comercio tendrían que contribuir así con su parte al nuevo impuesto sobre las casas y se verían sometidos por primera vez a un impuesto sobre la renta. El impuesto sobre la tierra ascendería en consecuencia a 7 peniques por libra, mientras que sobre las viviendas pesarían 2 chelines y 1 penique. La rebaja de los aranceles del té no cambia nada en la proporción de las cifras, porque es muy pequeña en comparación con el aumento de los impuestos directos, y el campo y la ciudad pueden beneficiarse de ella por igual.

La exención completa de los terratenientes irlandeses del impuesto sobre la renta y la limitación del impuesto sobre la renta de los arrendatarios y del clero inglés son un favor manifiesto al campo a costa de la ciudad. Pero ¿quién gana con la rebaja del impuesto sobre la malta: el terrateniente, el arrendatario o el consumidor? Una rebaja de los impuestos significa una reducción del riesgo de producción.[^10] Según las leyes de la economía política, una reducción de los costes de producción traería consigo una reducción de los precios y no beneficiaría ni al terrateniente ni al arrendatario, sino solo al consumidor.

Pero hay que tener en cuenta dos circunstancias. En primer lugar, la tierra en la que crece en Inglaterra la cebada de primera calidad es tierra monopolizada, y solo la hay en Nottinghamshire, Norfolk, etc.; y la importación de malta extranjera tiene un límite natural en el hecho de que ni la cebada ni la malta soportan largas travesías por mar. En segundo lugar, los grandes cerveceros ingleses poseen prácticamente un monopolio, que descansa sobre todo en el actual sistema de licencias de las tabernas, de modo que ni siquiera la abolición de los aranceles del grano provocó una bajada de los precios de la cerveza porter y ale.

Así pues, la ganancia de la rebaja del impuesto sobre la malta no beneficiaría ni a los arrendatarios ni a los consumidores, sino que se repartiría solo entre los terratenientes y los grandes cerveceros. Y como han de mantenerse las odiosas trabas fiscales para la agricultura, la recaudación de la mitad de la suma causaría los mismos gastos administrativos que la de la suma entera hasta ahora. Actualmente los gastos de recaudación de los impuestos de consumo, por un importe de 14.400.000 libras, son de 5 libras y 6 chelines por cada 100 libras. Tras la rebaja de 3 millones serían de 6 libras a 6 libras y 4 chelines. En resumen, el producto sería menor y los gastos inútiles tanto mayores.

Así pues, el presupuesto de Disraeli puede resumirse como una indemnización a los terratenientes, «una indemnización por encima de toda medida».

Pero este presupuesto tiene además otro rasgo de lo más interesante.

Si se quiere imponer el sistema del librecambio, hay que cambiar ante todo el sistema financiero. Por eso dice Disraeli: «Tenemos que volver de la imposición indirecta a la directa». Y Disraeli tiene razón.

La imposición directa, como forma más simple de imposición, es al mismo tiempo el modo de imposición más antiguo y el primero, y se desarrolla con la forma de sociedad basada en la propiedad de la tierra. Las ciudades introdujeron más tarde el sistema de los impuestos indirectos; pero con el tiempo, con la moderna división del trabajo, con el sistema de la gran industria y con la dependencia directa de la industria nacional respecto del comercio exterior y del mercado mundial, este sistema de imposición indirecta entra en un doble conflicto con las necesidades sociales. En las fronteras del país adopta la forma de arancel proteccionista y perturba o impide el libre intercambio con otros países. En el interior equivale a la intervención del fisco en la producción, embrolla la relación de valor de las mercancías y perturba la libre competencia y el intercambio. Por ambas razones, su abolición se convierte en una necesidad, y hay que volver a introducir el sistema de la imposición directa. Pero solo esta no admite engaño, de modo que cada clase advierte exactamente qué parte le toca de las contribuciones para los gastos públicos. Por eso no hay en Inglaterra nada más impopular que la imposición directa: impuesto sobre la renta, impuesto sobre el patrimonio, impuesto sobre las casas, etc. La pregunta es ahora: ¿cómo pueden las clases industriales de Inglaterra, a las que el librecambio obliga a introducir la imposición directa, introducir este sistema sin provocar el descontento del pueblo y sin aumentar sus propias cargas?

Solo hay tres posibilidades:

*atacando la deuda pública*; pero eso sería una violación del crédito público, una confiscación, una medida revolucionaria;

*gravando sobre todo la renta de la tierra*; pero también eso sería un ataque a la propiedad, una confiscación, una medida revolucionaria;

*reclamando los bienes de la Iglesia*; pero también eso sería de nuevo un ataque a la propiedad, una confiscación, una medida revolucionaria.

> «De ningún modo», dice Cobden, «basta con que reduzcamos los gastos públicos, y entonces podremos rebajar también la carga fiscal actual.»

Eso es una utopía. En primer lugar, las relaciones nacionales de Inglaterra con el continente exigen gastos nacionales cada vez mayores; en segundo lugar, una victoria de la clase industrial que representa Cobden tendría las mismas consecuencias, porque la guerra entre el capital y el trabajo no haría sino intensificarse con ello, y habría que aumentar los medios para reprimirla; dicho de otro modo, el presupuesto no admite reducción. Resumo, pues:

El librecambio empuja hacia el sistema de la imposición directa; la imposición directa implica medidas revolucionarias contra la Iglesia, los terratenientes y los poseedores de títulos de la deuda; estas medidas revolucionarias exigen una alianza con la clase obrera, y esta alianza priva a la burguesía inglesa de las principales ventajas que esperaba del librecambio, a saber, del dominio ilimitado del capital sobre el trabajo.

*Karl Marx*

[^1]: Véase [«Los partidos políticos y las perspectivas»](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1852%20Los%20partidos%20pol%C3%ADticos%20y%20las%20perspectivas).

[^2]: Charles Pelham Villiers (1802-1898), diputado librecambista, propuso una resolución que aprobaba sin reservas la derogación de las leyes de cereales. Palmerston (1784-1865), whig, presentó la enmienda más vaga que aprobó la Cámara. El ministerio era el gobierno tory de lord Derby (febrero-diciembre de 1852).

[^3]: La ley de 1846 que derogó las leyes de cereales.

[^4]: Sir James Graham (1792-1861), peelista, antiguo ministro del Interior de Peel.

[^5]: Véase [«Las consecuencias políticas del paroxismo comercial»](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1852%20Las%20consecuencias%20pol%C3%ADticas%20del%20paroxismo%20comercial). Benjamin Disraeli (1804-1881) era canciller del Exchequer (ministro de Hacienda) del gobierno de Derby.

[^6]: Según la MEW, la expresión aparece en el *Tribune* en inglés y en alemán.

[^7]: El presupuesto de 1842, con el que Peel restableció el impuesto sobre la renta.

[^8]: Spencer Horatio Walpole (1806-1898), ministro del Interior; sir John Pakington (1799-1880), ministro de las Colonias; James Howard Harris, conde de Malmesbury (1807-1889), ministro de Asuntos Exteriores; todos ellos del gobierno de Derby.

[^9]: Una libra esterlina se dividía en 20 chelines, y un chelín en 12 peniques.

[^10]: Así en la edición alemana; la frase siguiente habla de los costes de producción.
