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Title: Acontecimientos del continente y de Inglaterra (1853)
Description: Crónica de Marx para el New-York Daily Tribune: los Principados del Danubio y Serbia ante las presiones rusa y austriaca, el balance de la legislatura de 1853 y de la coalición de «todos los talentos», la falsa paz con Birmania y las huelgas que anuncian una coalición general contra el capital.
Author: Karl Marx
Date: 1853-08-23
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1853%20Acontecimientos%20del%20continente%20y%20de%20Inglaterra
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 23 de agosto de 1853 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 3864, del 5 de septiembre de 1853. El original inglés completo no tiene hoy fuente libre (*The Eastern Question*, Londres, 1897, lo trae abreviado, y el Marx-Engels Internet Archive solo el último párrafo): se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 286-293), sin su aparato editorial, cotejada con esos textos ingleses, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1853%20Kontinentale%20und%20englische%20Begebenheiten).*

Londres, martes 23 de agosto de 1853

Los periódicos alemanes y belgas afirman, sobre la base de despachos telegráficos de Constantinopla del 13 del corriente, que la Puerta ha aceptado las propuestas de la Conferencia de Viena. Los periódicos franceses, sin embargo, que han recibido despachos de Constantinopla de la misma fecha, se limitan a hacer constar que el Diván ha mostrado disposición a recibir esas propuestas. La respuesta definitiva difícilmente podía llegar a Viena antes del 20 de agosto. La cuestión todavía pendiente, y muy seria por añadidura, es si la Puerta enviará a su embajador a San Petersburgo antes o después de que las tropas rusas evacuen los Principados del Danubio.

Los últimos informes del mar Negro dicen que los vientos del nordeste han empezado a estorbar la navegación normal. Varios barcos que estaban anclados en Heraclea Póntica[^1] y en otros lugares de la costa se vieron obligados a abandonar el fondeadero para no ser arrojados a tierra.

Como se sabe, después de los sucesos de Moldavia y Valaquia el sultán había ordenado a los hospodares que abandonaran los Principados del Danubio y fueran a Constantinopla, pero los hospodares se habían negado a cumplir las órdenes de su soberano. El sultán ha destituido ahora al hospodar de Valaquia[^2] por el amistoso recibimiento y el apoyo que dio a las tropas rusas. El 9 de agosto se leyó este firmán a la asamblea de los boyardos, que decidió rogar al hospodar que no abandonara el gobierno en las críticas circunstancias presentes. El príncipe obró en consecuencia. Mano, el ministro de Asuntos Exteriores, y Ioanidis, jefe de un departamento del Ministerio del Interior, han sido llamados también a Constantinopla; pero también ellos se negaron a acudir a la llamada, con el pretexto de que con ello podía perturbarse el orden público. Los cónsules francés y británico rompieron enseguida todas sus relaciones con el gobierno rebelde.

Los asuntos de Serbia toman un giro complicado. El *Constitutionnel* de París del viernes pasado traía la siguiente noticia de Constantinopla: Austria, aprovechándose de los apuros del sultán, le ha impuesto diversas exigencias.

Un cónsul general austriaco que ha hecho hace poco un viaje de inspección por Bosnia y Serbia declaró a Alejandro, príncipe de Serbia,[^3] que Austria estaba dispuesta a ocupar Serbia con sus tropas para reprimir cualquier movimiento peligroso entre la población. El príncipe, que rechazó el ofrecimiento del cónsul general, envió inmediatamente un mensajero especial a Constantinopla con un informe sobre esta propuesta austriaca, y Reshid Bajá pidió explicaciones al barón de Bruck.[^4] Este le dijo que el cónsul general se había puesto antes en comunicación con el príncipe para expresarle que Austria temía que sus súbditos de la frontera serbia se vieran envueltos en eventuales disturbios que pudieran surgir en aquellos territorios. La respuesta de Reshid Bajá vino a decir que la Puerta, que es ella misma responsable de la tranquilidad de aquella provincia, consideraría toda ocupación de Serbia por tropas austriacas un acto de hostilidad; Reshid Bajá prometió además enviar enseguida un comisario extraordinario que se informara del estado de cosas en Serbia y diera cuenta de él.

Al día siguiente varios periódicos de Londres anunciaron la entrada de tropas austriacas en Serbia, noticia que resultó infundada. Ayer los mismos periódicos informaron del estallido de una insurrección contrarrevolucionaria en Serbia. Pero tampoco esta noticia era fiable, pues nacía de una mala traducción de la palabra alemana *Auflauf*; en realidad no ha habido más que un tumulto sin importancia. Hoy los periódicos alemanes publican noticias de Constantinopla del 9 de agosto según las cuales el Diván se ha reunido varias veces para deliberar sobre los asuntos de Serbia. Se elogió mucho la conducta del príncipe Alejandro y se decidió que, si las tropas austriacas intentaban ocupar aquella provincia, se las expulsaría, si era preciso, por la fuerza. De hecho, ya se ha puesto en marcha una división hacia las fronteras de Bosnia. Cartas privadas llegadas a Constantinopla el 8 de agosto traían la noticia de que el príncipe Alejandro, a raíz de su conflicto con el cónsul austriaco, había pedido su parecer a los cónsules de Francia e Inglaterra y que se mantenía por el momento alejado de Belgrado. Se dice que ha ido a Nis[^5] a esperar allí las disposiciones de la Puerta.

El señor D. Urquhart observa sobre las complicaciones serbias en una carta publicada en el *Morning Advertiser* de hoy:

> «Rusia no tiene por el momento intención de hacer la guerra a Turquía, pues, si actuara conjuntamente con Austria, perdería a sus aliados griegos ortodoxos; pero arrastra a Austria a un conflicto en ciernes que pondrá a Serbia en una situación parecida a la de los Principados del Danubio. Sería el preludio de una contienda religiosa entre católicos y griegos ortodoxos... Rusia, con un súbito cambio de decorado, puede hacer aceptable a Turquía su propia ocupación de los Principados como protección frente a la ocupación austriaca de Serbia, y arrastrar así a Austria y a Turquía, la una y la otra, a sus planes de desmembramiento, prestándoles de paso su apoyo.»

El hospodar de Moldavia piensa tomar un empréstito de banqueros rusos para hacer frente a los gastos extraordinariamente altos de la ocupación.

En las fortalezas búlgaras la escasez de víveres es tan grande que hay que practicar la más estricta economía; las guarniciones pasan considerables penurias.

El *Journal de Constantinople* informa desde Alepo:

> «Hace poco se ha descubierto una banda de turcos malintencionados que se disponía a atacar, como en 1850, a la población cristiana de aquella ciudad.[^6] Pero gracias a la extrema vigilancia del gobernador, Suleimán Bajá, y de Alí Asmi Bajá, comandante en jefe de las tropas de Alepo, la intentona fue sofocada y se mantuvo el orden público. Con este motivo Demetrio, patriarca de la fe greco-católica, y Basilio, patriarca armenio, han dirigido conjuntamente, en nombre de sus respectivas comunidades, una carta a Reshid Bajá en la que le agradecen la protección que el gobierno del sultán ha concedido a los cristianos.»

La *St. Petersburger Zeitung*, en lengua alemana, trae el siguiente artículo de fondo sobre los asuntos de Oriente:

> «Lo que a comienzos del mes que acaba de terminar (julio) los amigos de la paz del mundo solo esperaban y deseaban, se ha convertido en estos últimos días en una gozosa certeza: la obra de mediación entre Rusia y Turquía está ahora definitivamente en manos de Austria; en Viena ha de hallarse por fin la palabra que resuelva la cuestión de Oriente, que también el mes pasado ha tenido en vilo a todo el mundo entre el mar Negro y el océano Atlántico y que ha sido, por así decir, la única causa de que la política europea no se tomara unas semanas de vacaciones de verano.»

Obsérvese la estudiada hipocresía con que se presenta a Austria, en lugar de las cuatro potencias, como única mediadora, y con que, en estilo genuinamente ruso, se ponen los temores de los pueblos al mismo nivel que unas vacaciones diplomáticas interrumpidas.

La *National-Zeitung* de Berlín publica una carta de Georgia, del 15 de julio, según la cual Rusia piensa emprender a fines de este mes una nueva campaña contra los caucasianos, y en el mar de Azov se ha armado una flota para apoyar las operaciones del ejército.

La legislatura de 1853 se clausuró el sábado pasado; el Parlamento se ha prorrogado hasta el 27 de octubre. Se leyó por encargo de la reina un discurso muy insignificante y pobre, que pasaba por ser su mensaje. En respuesta al señor Milnes, lord Palmerston aseguró al Parlamento que podía separarse tranquilo en lo tocante a la evacuación de los Principados del Danubio, aunque no pudo ofrecer más garantía que «su confianza en el honor y el carácter del emperador de Rusia», que le moverían a retirar *voluntariamente* sus tropas de los Principados. El gabinete de coalición se vengó del discurso de Palmerston contra el señor Cobden obligándole a dejar constancia solemne de su «confianza en el carácter y el honor» del zar. Ese mismo día el mismo Palmerston recibió a una delegación de la fracción aristocrática de la emigración polaca de París y de su filial de Londres, que entregó a su señoría una alocución y unos medallones del príncipe Adam Czartoryski[^7] en oro, plata y bronce en prueba de gratitud porque su señoría había consentido en 1846 el secuestro de Cracovia,[^8] así como por la simpatía que por lo demás había mostrado a la causa de Polonia. El inevitable lord Dudley Stuart, patrono de la filial londinense de la sociedad de París, hizo por supuesto de maestro de ceremonias. Lord Palmerston aseguró a aquellos hombres cándidos «su profundo interés por la historia de Polonia, que ha sido muy dolorosa». El noble lord no dejó de recordarles que no hablaba como miembro del gabinete, sino que los recibía solo a título particular.

La primera mitad de la legislatura de 1853, muy prolongada, la llenaron la agonía del ministerio Derby, la formación y el triunfo final del gabinete de coalición y las vacaciones de Pascua del Parlamento. En cuanto al contenido real de la legislatura, sus rasgos más notables han sido la disolución de todos los viejos partidos políticos, la corrupción de los miembros del Parlamento y el completo anquilosamiento de todos los que tienen el privilegio de votar, rasgos que han puesto al descubierto el curioso modo de trabajar del gobierno; un gobierno que abarcaba todos los matices de opinión y todos los talentos del gran mundo, que proclamó el aplazamiento como solución de todas las cuestiones, que intentó quitar de en medio todas las dificultades solo con medias medidas, que no escatimó promesas, cuyo cumplimiento declaró «una especie de última voluntad o testamento», «lo que revela una gran debilidad del juicio de quienes lo hacen», que retiró, modificó y echó abajo sus propias leyes tan deprisa como las había presentado, que vivió de la herencia de sus predecesores, a los que había denunciado con furia, que dejó la ejecución de sus propias medidas a la Cámara que pretendía dirigir y que naufragó inevitablemente con las pocas leyes de las que es autor indiscutible. Así se han aplazado la reforma parlamentaria, la reforma de la instrucción pública y la reforma de las leyes (salvo algunas menudencias). La ley de deportación, las leyes de navegación, etc., se habían heredado del gabinete Derby. El *Canada Clergy Reserves Bill*[^9] lo mutiló terriblemente el gobierno pocos días después de haberlo presentado. En cuanto al presupuesto, el impuesto sobre las sucesiones no lo propuso el ministro de Hacienda sino después de haber votado en contra de él. La ley sobre el impuesto de los anuncios no la toleró hasta que su oposición a ella fue derrotada dos veces en votación. La nueva regulación del sistema de licencias se abandonó al fin, tras pasar por diversos cambios. Lo que el señor Gladstone[^10] presentó con arrogancia como un gran plan que valía por todo el presupuesto salió de la Cámara como un miserable remiendo, como una mera mezcolanza de pequeñas partidas fortuitas, inconexas y contradictorias. El único elemento importante del proyecto de ley sobre la India, la no renovación de la carta de la Compañía de las Indias Orientales, lo presentó el ministerio después de haber anunciado su renovación por otros veinte años. Las dos leyes que pertenecen real y exclusivamente al «ministerio de todos los talentos», a saber, la de los coches de alquiler y la conversión de la deuda pública,[^11] apenas habían cruzado el umbral de la Cámara cuando ya eran silbadas públicamente como un fracaso. La política exterior del «gobierno más fuerte que haya tenido nunca Inglaterra» la reconocen sus propios partidarios como el *non plus ultra* de la impotencia y la debilidad irresoluta. Sin embargo, el pacto de Chesham Place,[^12] concluido entre los burócratas peelistas, los oligarcas whigs y los falsos radicales, se ha afianzado aún más por la amenazadora situación exterior y por los síntomas, todavía más amenazadores, de descontento general en el propio país, que se expresan en la intensidad y la extensión sin precedentes de las huelgas y en el resurgir de la agitación cartista. Al juzgar la política exterior de las clases dominantes y del gabinete no debemos perder de vista que una guerra con Rusia traería consigo un estallido revolucionario general en el continente y probablemente encontraría hoy un eco fatal en las masas populares de Gran Bretaña.

En cuanto a la Cámara de los Lores, su actividad admite un resumen muy breve. Ha mostrado su beatería rechazando el proyecto de emancipación de los judíos;[^13] su hostilidad a la clase obrera, estrangulando el *Workingmen's Combination Bill*; su odio interesado al pueblo irlandés, dando largas a las leyes irlandesas sobre la tierra, y su estúpida parcialidad ante los abusos en la India, restableciendo el monopolio de la sal. Ha obrado en todo momento de secreto acuerdo con el gobierno para que toda medida progresista que pudiera llegar a aprobar la Cámara de los Comunes la anularan los ilustrados lores.

Entre los documentos que se presentaron al Parlamento antes de su prórroga figura una voluminosa correspondencia mantenida entre los gobiernos británico y ruso acerca de los obstáculos a la navegación en la desembocadura de Sulina del Danubio.[^14] La correspondencia empieza el 9 de febrero de 1849 y termina en julio de 1853 sin haber conseguido absolutamente nada. Las cosas han llegado a tal punto que hasta el gobierno austriaco se ve obligado a anunciar que la desembocadura del Danubio ha dejado de ser navegable y que en adelante su correo para Constantinopla irá por Trieste. Toda esta dificultad es fruto de la indulgencia británica con las usurpaciones moscovitas. En 1836 el gobierno inglés consintió tácitamente en la apropiación ilegítima de la desembocadura del Danubio por Rusia, pese a haber indicado antes a una casa comercial que se resistiera a la injerencia de los funcionarios del gobierno ruso.

La llamada paz con Birmania, que proclamó el gobernador general de la India[^15] el 30 de junio de 1853 y por la que la reina ha de felicitar al Parlamento, no es más que un mero armisticio. El rey de Ava,[^16] al que se ha obligado por hambre a someterse, ha manifestado su deseo de poner fin a la guerra, ha puesto en libertad a los prisioneros británicos, ha pedido que se levante el bloqueo del río y ha prohibido a sus tropas atacar los territorios de Meaday y Tong-ho, donde el gobierno británico tiene guarniciones, del mismo modo que el gobierno turco ha prohibido a sus tropas atacar a los rusos que están en los Principados del Danubio. Pero el rey de Ava no reconoce las pretensiones de Inglaterra sobre Pegu ni sobre ninguna otra parte del Imperio birmano. Lo único que Inglaterra ha conseguido con la guerra contra Birmania es una frontera peligrosa y discutida en lugar de una frontera segura y reconocida. Se ha visto empujada fuera de los límites etnográficos, geográficos y políticos de sus dominios indios, y el propio Celeste Imperio ya no es para su poder en avance ninguna barrera natural. Ha perdido su centro de gravedad en Asia y se ha adentrado en lo incierto. Ya no es dueña de sus propios pasos; no hay parada posible sino donde la tierra llega al mar. Inglaterra parece destinada así a abrir el Oriente más remoto al tráfico con Occidente, pero no a gozar de su posesión ni a conservarla.

Las grandes huelgas de los mineros del carbón de Gales del Sur no solo continúan, sino que de ellas han surgido nuevas huelgas de los obreros de las minas de hierro. Se espera una huelga general de los marineros británicos para el momento en que entre en vigor la ley de la marina mercante, pues los extranjeros, según dicen los marineros, solo se admiten con el fin de bajar los salarios. La importancia de las huelgas actuales, sobre las que he llamado repetidas veces la atención de sus lectores, empieza ahora a comprenderla incluso la prensa burguesa de Londres. Así, el *Weekly Times* del domingo pasado observa:

> «Las relaciones entre patronos y obreros se han trastornado violentamente. En todo el país el trabajo ha desafiado al capital, y puede afirmarse con seguridad que la pugna así desencadenada no ha hecho más que empezar. La clase obrera ha estado tanteando con fuerza su posición. La agitación se limita por ahora a una serie de escaramuzas independientes, pero hay indicios de que no está muy lejano el momento en que esta guerra dispersa se convertirá en una coalición sistemática y universal contra el capital.»

*Karl Marx*

[^1]: Hoy Karadeniz Ereğli, puerto de la costa anatolia del mar Negro.
[^2]: Barbu Știrbei (1799-1869), hospodar de Valaquia; el de Moldavia era Grigore Ghica.
[^3]: Alejandro Karađorđević (1806-1885), príncipe de Serbia de 1842 a 1858.
[^4]: Karl Ludwig von Bruck (1798-1860), internuncio de Austria en Constantinopla.
[^5]: En el texto, Nissa.
[^6]: Alusión al motín de octubre de 1850 contra los cristianos de Alepo.
[^7]: Adam Jerzy Czartoryski (1770-1861), jefe de la emigración polaca conservadora y aristocrática en París.
[^8]: Austria se anexionó la república libre de Cracovia en noviembre de 1846, con el acuerdo de Rusia y Prusia; el gobierno británico, con Palmerston en el Foreign Office, se limitó a protestar.
[^9]: Proyecto de ley sobre las tierras reservadas en Canadá al clero protestante; la ley de 1853 permitió a la legislatura canadiense disponer de ellas.
[^10]: William Ewart Gladstone (1809-1898), ministro de Hacienda del gabinete Aberdeen.
[^11]: El plan de Gladstone de 1853 para convertir parte de la deuda pública a un interés menor.
[^12]: Chesham Place: residencia de lord John Russell en Londres.
[^13]: El proyecto que abría el Parlamento a los judíos sin exigirles el juramento cristiano.
[^14]: El principal brazo navegable del delta del Danubio, en poder de Rusia desde el tratado de Adrianópolis (1829).
[^15]: Lord Dalhousie (1812-1860), gobernador general de la India de 1848 a 1856. La guerra era la segunda guerra anglo-birmana (1852-1853), que terminó con la anexión de Pegu.
[^16]: Mindon Min (1808-1878), rey de Birmania desde 1853.
