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Title: Discurso de Manteuffel — El conflicto eclesiástico en Prusia — Llamamiento de Mazzini — La corporación de Londres — La reforma de Russell — El Parlamento Obrero (1853)
Description: Crónica de Marx para el New-York Daily Tribune: el discurso del trono prusiano, el conflicto entre la Iglesia y el Estado en Baden como forma mística de los movimientos populares, la defensa del llamamiento de Mazzini contra la prensa de Londres, los sueldos de la City, la reforma electoral de Russell y el Parlamento Obrero propuesto por los cartistas, con extractos del discurso de Ernest Jones.
Author: Karl Marx
Date: 1853-11-29
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1853%20Discurso%20de%20Manteuffel%20-%20El%20conflicto%20eclesi%C3%A1stico%20en%20Prusia%20-%20Llamamiento%20de%20Mazzini%20-%20La%20corporaci%C3%B3n%20de%20Londres%20-%20La%20reforma%20de%20Russell%20-%20El%20Parlamento%20Obrero
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 29 de noviembre de 1853 para el* New-York Daily Tribune*, que lo publicó en su número 3948, del 12 de diciembre de 1853. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 519-526), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es de los editores de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1853%20Rede%20Manteuffels%20-%20Der%20Kirchenkonflikt%20in%20Preu%C3%9Fen%20-%20Aufruf%20Mazzinis%20-%20Der%20Londoner%20Magistrat%20-%20Reform%20Russells%20-%20Arbeiterparlament).*

Londres, martes 29 de noviembre de 1853

Ayer por la mañana, el presidente del Consejo de Ministros, el señor von Manteuffel,[^1] abrió las Cámaras prusianas con un discurso. El pasaje sobre los disturbios de Oriente, tal como nos lo transmite el telégrafo, está redactado a propósito en términos destinados a disipar la sospecha generalizada de que existe una conspiración entre las cortes de San Petersburgo, Berlín y Viena. Esto es tanto más notable cuanto que, como es bien sabido, Federico Guillermo IV se dignó en diversas ocasiones anteriores comunicar solemnemente a su fiel pueblo, por boca del mismo Manteuffel, que no correspondía a las Cámaras inmiscuirse en las cuestiones de política exterior, porque las relaciones exteriores del Estado caían en la esfera exclusiva del poder de la Corona, igual que las tierras del dominio propio del rey. El pasaje mencionado, que encierra algo así como un llamamiento al pueblo, delata en qué situación tan difícil se encuentra el gobierno prusiano, que se ve amenazado por un lado por Rusia y Francia, por otro por sus propios súbditos, y al mismo tiempo acuciado por los altos precios de los alimentos, por el hundimiento del comercio y por el recuerdo de un abominable abuso de confianza que todavía espera su expiación. El gobierno prusiano ha desdeñado el recurso de influir en la opinión pública a través de las Cámaras, que el rey instituyó deliberadamente como puro espejismo, que los ministros tratan a propósito como puro espejismo y que el pueblo acepta, de manera inequívoca, como puro espejismo. No tiene mucho sentido decirle ahora que esas instituciones aparentes deben considerarse de pronto como baluartes de la «patria».

> «Los prusianos», dice el *Times* de hoy, «apenas merecen ya su antigua fama de sabiduría y sensatez, puesto que han permitido que se tratara con un desprecio tan inmerecido a las Cámaras elegidas bajo la Constitución vigente».

Al contrario, los prusianos han dado precisamente prueba de sensatez al negar a los hombres que traicionaron la revolución con la esperanza de cosechar sus frutos incluso la *apariencia* de una influencia, y al demostrar al gobierno que no se dejaban engañar por su juego de prestidigitación y que las Cámaras, en la medida en que se les preste alguna atención, no son para ellos más que una nueva institución burocrática añadida a las instituciones burocráticas que ya existían antes en el país.

Quien no conozca a fondo la historia de Alemania no entenderá las disputas religiosas que una y otra vez enturbian la superficie, por lo demás tranquila, de la vida pública alemana. Ahí están los restos de la llamada Iglesia Alemana,[^2] a la que los gobiernos existentes persiguen ahora con el mismo celo que en el año 1847. Ahí está la cuestión de los matrimonios entre católicos y protestantes, por la que el clero católico sigue riñendo con el gobierno prusiano exactamente igual que en el año 1847. Sobre todo, se libra una lucha encarnizada entre el arzobispo de Friburgo, que excomulga al gobierno de Baden y hace leer públicamente su carta pastoral desde los púlpitos, y el gran duque de Baden, que ordena cerrar las iglesias rebeldes y detener a los párrocos;[^3] y ahí se juntan y se arman los campesinos para proteger a sus sacerdotes y expulsar a los gendarmes, como ha ocurrido en Bischofsheim, Königshofen, Grünsfeld, Gerlachsheim, de donde tuvo que huir el alcalde, y en muchas otras aldeas. Sería un error considerar el conflicto religioso de Baden un asunto meramente local. Baden es solo el campo de batalla que la Iglesia católica ha elegido deliberadamente para atacar a los príncipes protestantes. En esta disputa, el arzobispo de Friburgo representa a todo el clero católico de Alemania, igual que el gran duque de Baden representa a todos los potentados, grandes y pequeños, de confesión protestante. ¿Qué pensar ahora de un país que, por un lado, es famoso por su crítica profunda, intrépida y sin igual de todas las tradiciones religiosas y, por otro, asombra a toda Europa a intervalos periódicos con el resurgir de las disputas religiosas del siglo XVII? El secreto consiste sencillamente en que los gobiernos obligan a todos los movimientos populares que fermentan bajo la superficie a adoptar primero la forma mística y casi incontrolable de movimientos religiosos. El clero, por su parte, se deja engañar por la apariencia y, mientras cree dirigir las pasiones populares contra el gobierno exclusivamente en su propio beneficio, es en verdad él mismo el instrumento inconsciente e involuntario de la revolución.

La prensa diaria de Londres hace gala de un gran espanto y una gran indignación moral ante un llamamiento redactado por Mazzini y encontrado en poder de Felice Orsini,[^4] jefe del cuerpo nacional n.º 2, destinado al levantamiento en la región de Lunigiana, que comprende partes de Módena, de Parma y del reino de Piamonte. En ese llamamiento se anima al pueblo a «*sorprender* al enemigo, como lo intentó y volverá a intentarlo el pueblo de Milán».[^5] Luego el llamamiento sigue diciendo: «El *puñal* que hiere de improviso presta buenos servicios y sustituye al mosquete». La prensa de Londres califica esto de llamamiento abierto *«al asesinato alevoso y cobarde»*. Ahora bien, me gustaría saber cómo en Italia, un país en el que no hay en ninguna parte posibilidades de resistencia abierta y sí espías de la policía en todas partes, un movimiento insurreccional podría contar con el menor éxito si no recurriera a la *sorpresa*. Me gustaría saber con qué otras armas ha de luchar el pueblo italiano contra las tropas austriacas, si es que llega a haber lucha, más que con el *puñal*, cuando de todas las armas no le ha quedado más que el puñal, que Austria no ha podido quitarle. Mazzini está muy lejos de decir a los italianos que deben usar el puñal para el asesinato cobarde del enemigo *desarmado*; les exhorta, sí, a «sorprender» con él al enemigo, pero a plena luz del día, como en *Milán*, donde algunos patriotas, armados solo de cuchillos, irrumpieron en los cuerpos de guardia de la guarnición austriaca armada.

> «Pero», dice el *Times*, «¡el Piamonte constitucional ha de sufrir la misma suerte que Roma, Nápoles y Lombardía!».

¿Por qué no? ¿No fue el rey de Cerdeña el que traicionó la revolución italiana en 1848 y 1849,[^6] y puede Italia convertirse en república con un rey de Piamonte más fácilmente que Alemania con un rey de Prusia? Hasta aquí el aspecto moral del llamamiento de Mazzini. Su valor político es una cuestión muy distinta. Por mi parte, creo que Mazzini se equivoca, tanto en sus opiniones sobre el pueblo del Piamonte como en sus sueños de una revolución italiana que, según supone, no se producirá gracias a la ocasión favorable de unos disturbios europeos, sino por la acción aislada de conspiradores italianos que sorprendan al enemigo.

Por los periódicos de Londres habrá visto usted que el gobierno ha nombrado una comisión para investigar las prácticas corruptas y toda la organización de esa venerabilísima corporación conocida como Corporación de la City.[^7] He aquí algunos hechos del informe de la comisión, cuyo trabajo dista mucho de estar terminado:

Los ingresos de la Corporación de Londres se calculan, sin contar todas las partidas, en 400.000 libras esterlinas, y el importe total de lo pagado en sueldos alcanza la considerable suma de 107.000 libras esterlinas, más del 25 % de los ingresos totales. Los sueldos de los funcionarios judiciales están fijados en 14.700 libras esterlinas, de las cuales corresponden al juez principal de la ciudad 3.000, a su sustituto 1.500 y al juez del tribunal del sheriff 1.200. El escribano de la ciudad cobra 1.892 libras, el secretario 1.249 y el secretario del tesoro 1.765. Los altos funcionarios de Mansion House y de Guildhall perciben en conjunto 1.250 libras al año. El portador del cetro cobra 550 libras y el portador de la espada 550; el maestro de ceremonias mayor, 450 o 500, y el maestro de ceremonias segundo, 200 o 300. Estos personajillos perciben además 70 libras para uniformes, 14 para botas y 20 para tricornios. El señor Bennoch declaró en su testimonio que

> «el gasto total de los establecimientos pertenecientes a la Corporación de Londres es mucho mayor que el gasto total del gobierno federal de los Estados Unidos, o, lo que quizá sea una afirmación todavía más asombrosa, que lo que gastan en sí mismos al administrar los fondos de la Corporación es mayor que la suma total de los ingresos que esta obtiene de alquileres, derechos y tasas de prestamistas».

Por fin se ha conocido el gran secreto de las píldoras de reforma que lord John Russell se propone administrar al público británico. Propone: 1) la supresión del censo de fortuna para los miembros del Parlamento, un censo que hace tiempo se ha vuelto nominal; 2) una rectificación de los distritos electorales, suprimiendo algunos burgos pequeños y formando algunos mayores; 3) en los distritos rurales, una reducción del censo de veinte libras al censo de diez libras de los distritos urbanos. Una cuarta propuesta, la de rebajar el censo electoral a 5 libras, se abandonó porque de ese modo, como dice el *Times*,

> «se privaría de hecho del derecho de voto a los electores actuales, porque la clase recién admitida superaría con mucho en número a todas las demás juntas y no tendría más que actuar unánimemente para tener la supremacía».

Dicho de otro modo: conceder el derecho de voto a la mayoría, aunque solo fuera a la clase de los pequeños burgueses, quitaría el derecho de voto a la minoría. ¡Un argumento verdaderamente bien pensado! Pero el rasgo más importante del proyecto de reforma, el que tiene gran trascendencia para el futuro, no es este punto, ni tampoco todos sus puntos juntos. Ese rasgo importante es la indiferencia general y absoluta con que se ha acogido el anuncio del proyecto de reforma. Cualquier parte de policía suscita en el público bastante más atención que la *«gran medida»*, el nuevo proyecto de reforma, la obra común del «ministerio de todos los talentos».[^8]

Ernest Jones[^9] tenía toda la razón cuando predijo que la primera nota que diera el movimiento de masas del pueblo, con una organización nacional dirigida por un Parlamento Obrero, llenaría de miedo y espanto a las clases adineradas y obligaría a la prensa burguesa de Londres a darse por enterada. El *Times* comprendió enseguida la importancia de este nuevo movimiento y por primera vez publicó una crónica del mitin cartista celebrado en el People's Institute de Manchester. Todos los periódicos próximos a él están llenos de editoriales sobre el movimiento obrero y sobre el Parlamento Obrero propuesto por los cartistas, de quienes se suponía desde hacía tiempo que habían muerto de agotamiento. El *Economist* trae nada menos que cuatro artículos sobre la cuestión. Sin embargo, no puede decirse que las crónicas del importantísimo mitin de Manchester hayan dado una idea del carácter del mitin ni de las cuestiones que se trataron. Por eso considero oportuno dar una crónica propia. Se propusieron y aprobaron las siguientes resoluciones:

> «1. Este mitin, considerando la inutilidad de las luchas aisladas de grupos sueltos de obreros por un salario justo y por la emancipación del trabajo, opina que ha llegado el momento en que solo un movimiento de masas común de la clase obrera, apoyado en una organización nacional y dirigido por un órgano directivo, es capaz de dar un apoyo suficiente a los obreros en huelga privados de todo empleo y de capacitar a los obreros para liberarse en el futuro de la servidumbre del capital. Opina además que el movimiento de masas del pueblo y la organización nacional no están destinados, ni debe permitírseles, a inmiscuirse en el trabajo de los actuales sindicatos y asociaciones de obreros, sino que su acción ha de consistir en centralizar, concentrar y unir la fuerza de todos y de toda la masa de los obreros.

> 2. Para llevar a efecto la resolución anterior es indispensable que se reúna lo antes posible un Parlamento Obrero. Este Parlamento estará formado por delegados elegidos por los obreros de cada ciudad reunidos en mítines públicos. La tarea de este Parlamento consistirá en emprender medidas para poder prestar ayuda a quienes están ahora en huelga o han sido dejados fuera por los fabricantes, y ello mediante una colecta nacional de dinero de la mayor amplitud. Además, deberá trazar un plan preciso de cómo han de proceder las clases trabajadoras en su lucha contra los patronos, y proponer los medios para que el trabajo se libere de su indebida dependencia del capital y se vuelva independiente, autónomo y remunerador, sin necesidad de huelgas.

> 3. El mitin de hoy elige con ese fin un comité que se ponga en correspondencia con las distintas ciudades y distritos para todos los preparativos necesarios para convocar el Parlamento Obrero, y que fije y publique los detalles necesarios para las sesiones de los delegados, así como un orden del día».

El discurso más notable, con mucho, fue el del señor Jones, del que doy algunos extractos:

> «El patrono dice en el *Times* de Londres que sus beneficios no os importan, que vosotros no tenéis que contar más que vuestras propias cabezas, y no sus beneficios. Si hay muchas cabezas, recibiréis menos, aunque queráis más. Y a eso lo llama la ley de la oferta y la demanda. Solo eso debería regular vuestros salarios, dice. Pero ¿es así? ¡No! Si vosotros no debéis pedir un aumento de salario cuando sus beneficios son altos, tampoco él debe rebajar vuestros salarios cuando sus beneficios bajan. Pero entonces os dirá, aunque no haya ni un hombre menos empleado: el negocio va mal, los tiempos son duros, mis beneficios han disminuido, ya no puedo permitirme pagaros los mismos salarios. Así pues, no es la ley de la oferta y la demanda la que regula vuestro trabajo, sino la ley del percal caro y los beneficios pequeños. La ley de la oferta podrá ser verdad, pero la ley de la vida es más verdadera. La ley de la demanda podrá ser fuerte, ¡pero la ley del hambre es todavía más fuerte! Nosotros decimos que si una forma del capital, a saber, el dinero, tiene derecho a beneficios, también la otra forma del capital, a saber, el trabajo, tiene ese derecho. El trabajo tiene incluso un derecho mayor, porque el trabajo crea el dinero y no el dinero el trabajo. ¿Qué es el beneficio? El capital que queda una vez deducidos todos los costes de producción. El salario que habéis recibido hasta ahora no es más que una parte de los costes de producción. Lo que apenas basta para mantener unidos el cuerpo y el alma no es remuneración alguna por la fatiga. Es justo el coste necesario para mantener la máquina humana en condiciones de trabajar. Tenéis que tener un excedente por encima de los costes de producción, es decir, de la alimentación y el alojamiento de la máquina de carne y hueso. Necesitáis alimento para el corazón y el cerebro igual que para la boca y el estómago. El patrono teme que recibáis más salario; no porque no pueda permitirse pagarlo, pues su capital ha crecido más de un 100 % en los últimos siete años, y vosotros solo pedís para vuestro trabajo un 10 % de su 100 %. Teme que, si obtenéis salarios más altos, os haríais independientes; teme que salarios más altos permitan una mejor instrucción; teme que un pueblo ilustrado no siga siendo esclavo; teme que obtengáis salarios más altos porque sabe que entonces ya no os resignaríais a trabajar tantas horas; teme que entonces ya no toleraríais que vuestras mujeres se mataran a trabajar en el infierno de la fábrica; teme que entonces mandaríais a vuestros hijos a la escuela en lugar de a la fábrica; teme que obtengáis salarios más altos porque sabe que, si la mujer estuviera en casa, el niño en la escuela y la jornada de fábrica fuera más corta, los brazos sobrantes que ahora hunden los salarios escaparían a su control, y el trabajo se convertiría en una perla impagable que adornaría la diadema de la libertad humana. Pero la cuestión ha vuelto a cambiar de aspecto; ya no se trata de obtener una parte del beneficio del patrono o un aumento de salario del 10 %; se trata de impedir que el salario se rebaje un 20 %. Que el negocio vaya bien o mal tiene poca importancia para los capitalistas; en un caso saquean al pueblo en el extranjero, en el otro lo saquean en su propio país. La cuestión cambia rápidamente para vosotros: ya no se trata de salarios más bajos o más altos, se trata de vivir o morir de hambre, de una vida en el infierno de la fábrica o de la muerte ante las puertas de la fábrica. Los capitalistas, los cosacos de Occidente, han sido los primeros en cruzar el Danubio de los derechos obreros; han proclamado la ley marcial dictada por el oro y lanzan la muerte por hambre contra nuestras filas desde las baterías del monopolio. Una ciudad tras otra es declarada en estado de sitio. El paro abre las trincheras, el hambre asalta la ciudadela del trabajo, la artillería de la miseria dispara contra las filas de los obreros. Cada día se extiende más la gran unión de los capitalistas; cada día su movimiento abarca más el país entero. ¿Estáis en condiciones de haceros frente? En vuestro movimiento reinan el caos y la confusión. Como el cierre patronal se extiende y vuestra acción aislada continúa, cazaréis furtivamente los unos en el coto de los otros; los colectores de dinero de un lugar se encontrarán con los de otro lugar en un mismo sitio. Os enfrentaréis como enemigos donde deberíais daros la mano como aliados. Debilitaréis vuestra ayuda mutua cuando deberíais ayudaros unos a otros a superar vuestra debilidad. Los mineros del carbón de Wigan no estaban nada lejos de Preston, de Stockport, de Manchester, de Oldham, y sin embargo sufrieron una derrota porque se les dejó sin ayuda. Los obreros fabriles de Wigan están también en huelga. ¿Qué dirán de la derrota de sus hermanos los mineros? Creen que aquellos han salido bien librados. No pueden hacer otra cosa, porque se estorban unos a otros. Pero ¿por qué es así? Porque encerráis vuestro movimiento en el estrecho marco de un oficio, de un distrito y de un interés. El movimiento de vuestros patronos adquiere dimensiones nacionales; también vuestra resistencia tiene que adquirir dimensiones nacionales. Si seguís así, os esperan la anarquía y la ruina. No creáis que pongo en duda la prudencia, la dirección y la integridad de los sindicatos.

> Pero los andadores que sostienen al niño se convierten en grilletes para el hombre. El aislamiento, que dio buenos resultados en la infancia del movimiento obrero, le trae la ruina en su edad adulta. Haced que estén representados todos los oficios cuya ayuda necesitáis. No pongáis la causa del trabajo en manos de una fábrica, ni de una ciudad, ni siquiera de un distrito, sino en manos de un Parlamento Obrero».

*Karl Marx*

[^1]: Otto von Manteuffel (1805-1882), presidente del Consejo de Ministros de Prusia de 1850 a 1858.

[^2]: El catolicismo alemán (*Deutschkatholizismus*), movimiento religioso surgido en 1844-1845 en torno a Johannes Ronge, que se separó de Roma.

[^3]: El conflicto de 1853 entre el arzobispo de Friburgo, Hermann von Vicari, y el gobierno de Baden por la administración de los asuntos de la Iglesia.

[^4]: Giuseppe Mazzini (1805-1872), dirigente de la revolución democrática italiana. Felice Orsini (1819-1858), revolucionario italiano, entonces partidario de Mazzini.

[^5]: Alusión a la insurrección de Milán del 6 de febrero de 1853, preparada por los partidarios de Mazzini y aplastada por los austriacos.

[^6]: Carlos Alberto, rey de Cerdeña, que en 1848-1849 hizo la guerra a Austria y fue derrotado en Custoza y en Novara.

[^7]: La corporación municipal de la City de Londres.

[^8]: El ministerio de coalición de lord Aberdeen (1852-1855), formado por whigs, peelitas y radicales.

[^9]: Ernest Jones (1819-1869), dirigente del ala revolucionaria del cartismo y editor del *People's Paper*. El Parlamento Obrero se reunió en Manchester en marzo de 1854.
