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Title: El curso ulterior de la guerra turca (1853)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune: la retirada turca de Oltenița, la fuerza real del ejército ruso en Valaquia, mucho menor de lo que se decía, los errores de ambos bandos y la buena actuación de los soldados turcos.
Author: Friedrich Engels
Date: 1853-11-18
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1853%20El%20curso%20ulterior%20de%20la%20guerra%20turca
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels hacia el 18 de noviembre de 1853 y publicado sin firma, como editorial, en el* New-York Daily Tribune*, núm. 3944, del 7 de diciembre de 1853. La MEW lo atribuye a Engels. El original inglés no tiene hoy fuente libre completa: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 483-488), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1853%20Der%20weitere%20Verlauf%20des%20t%C3%BCrkischen%20Krieges).*

Las noticias del teatro de la guerra llegadas con el vapor *Humboldt* confirman la información recibida hace poco por el *Europa*: que los turcos, después de mantener una y otra vez su posición de Oltenița[^1] contra fuerzas muy superiores y tras duros combates, se retiraron por fin, hacia el 14 del mes pasado, al otro lado del río y se instalaron en sus antiguos atrincheramientos de Tutrakan. Suponemos que las cartas y los periódicos que esperamos contendrán una explicación, pero por el momento no alcanzamos en modo alguno a entender la razón de este movimiento. El despacho dice que se llevó a cabo sin estorbo, lo que excluye la suposición de que fuera el resultado de una clara superioridad conseguida por el príncipe Gorchakov, a menos que tengamos que suponer, en efecto, que el comandante ruso logró reunir para su segundo ataque contra Oltenița una fuerza el doble de numerosa que la que pudo emplear en el primer ataque contra esa localidad. Pero lo cierto es que, al parecer, no tenía a su disposición un cuerpo de 45.000 hombres para semejante fin, como se verá examinando con cuidado todos los hechos que conocemos. Se dice también que los turcos se retiran a Tutrakan para no exponerse al peligro de verse sorprendidos en Oltenița durante el invierno, cuando la retirada a través del río sería difícil; pero esta noticia está en contradicción con el hecho de que se encuentran en la ofensiva, sin que hasta ahora se les haya detenido y con una indiscutible superioridad de fuerzas. Además, su ala izquierda en Vidin, del lado valaco del Danubio, no solo ha podido mantenerse, sino incluso reforzarse: un hecho que indica cualquier cosa menos un movimiento general de retroceso por parte de los turcos. Y si suponemos que tienen la intención de cruzar el Danubio en Brăila o en Galați —suposición que probablemente responde a los hechos—, no podemos entender por qué Omer Bajá iba a retirar sus tropas de la fuerte posición de Oltenița precisamente cuando estaba a punto de lanzar con otras tropas un ataque decisivo contra el flanco izquierdo ruso. Pero lo complicado de la situación se entenderá mejor si se consideran los acontecimientos desde el comienzo de la campaña.

Ante todo, está fuera de duda que a los turcos se les permitió cruzar el río tanto en Vidin como en Tutrakan sin oponerles una resistencia seria. No había en ello nada sorprendente, pues la experiencia militar ha confirmado que es imposible impedir a un ejército enemigo activo cruzar un río, por ancho que sea. La experiencia enseña asimismo que siempre es muy ventajoso no atacar al enemigo hasta que ha pasado una parte de sus tropas, para caer sobre ella con fuerzas superiores en un momento en que solo tiene una línea de retirada, y además estorbada. Pero que los turcos se establecieran en la orilla izquierda del Danubio, que salieran victoriosos de cada batalla, que conservaran durante diez días Oltenița, a no más de cuarenta millas de Bucarest, sin que los rusos fueran capaces de desalojarlos de esa importante posición, y que finalmente se retiraran de ella sin estorbo y por propia voluntad, todo esto muestra que se ha apreciado de forma completamente errónea la relación de fuerzas entre las tropas turcas y rusas enfrentadas en aquel punto.

Sabemos con bastante exactitud de qué fuerzas disponían los turcos, pero respecto de las de los rusos siempre nos hemos visto obligados a andar a tientas. Se declaró que dos cuerpos de ejército habían cruzado el Prut y que parte de un tercero los había seguido poco después. Si lo damos por cierto, los rusos tendrían no menos de 150.000 hombres en los Principados del Danubio. Pero ahora que los acontecimientos han mostrado que en Valaquia no hay semejante fuerza rusa, recibimos por fin, por la vía de Viena, una información auténtica de lo que tienen realmente allí. Sus fuerzas se componen de la siguiente manera:

| 1. | El 4.º cuerpo de ejército, a las órdenes del general Dannenberg, compuesto por las 3 divisiones de infantería siguientes: |  |
|---|---|---|
|  | a) la 10.ª división (general Soimónov) | 16.000 hombres |
|  | b) la 11.ª división (general Pávlov) | 16.000 hombres |
|  | c) la 12.ª división (general Liprandi) | 16.000 hombres |
|  | d) un batallón de tiradores | 1.000 hombres |
| 2. | Una brigada de la 14.ª división, perteneciente al 5.º cuerpo de ejército y a las órdenes del general Engelhardt | 8.000 hombres |
|  | Infantería en total | 57.000 hombres |
| 3. | Dos divisiones de caballería ligera, a las órdenes de los generales Nirod y Fischbach, juntas | 8.000 hombres |
|  | y 10 regimientos de cosacos con | 6.000 hombres |
|  | lo que da en total | 14.000 hombres |
| 4. | Una división de artillería, con una batería aproximadamente (12 piezas) por cada regimiento de infantería, o en total | de 170 a 180 piezas. |

Resulta también que el 5.º cuerpo de ejército, a las órdenes del general Lüders, ni siquiera está concentrado en Odesa, sino que una parte de sus tropas se encuentra en Sebastopol y otra en el Cáucaso; que el 3.er cuerpo de ejército, a las órdenes del general Osten-Sacken, está todavía en Volinia o, a lo sumo, acaba de cruzar el Prut, y no puede llegar al teatro de la guerra antes de tres o cuatro semanas, y que la caballería de reserva rusa, sobre todo caballería pesada, está detrás del Dniéper y necesitará cinco o seis semanas para llegar adonde se la necesita. Sin duda esta información es fidedigna, y si la hubiéramos tenido hace seis semanas habríamos dicho que Omer Bajá debía cruzar el Danubio, no importaba dónde ni cómo, pero cuanto antes mejor.

No hay en realidad nada que pueda explicar razonablemente la temeridad de los rusos. Entrar con unos 80.000 hombres en un callejón sin salida como Valaquia, quedarse allí varios meses, tener en el hospital unos 15.000 enfermos, como reconocen los propios rusos, y fiarse de la suerte sin recibir más refuerzos: es algo que nunca se había visto y que nadie tenía motivo para esperar de un pueblo como el ruso, por lo general tan sumamente precavido y que siempre procura ir sobre seguro. En efecto, todo este ejército disponible en Valaquia, descontados los destacamentos, ¡apenas llegaría a unos 46.000 hombres, que además podrían ser necesarios en diversos puntos!

Pero es un hecho, y solo podemos explicarlo por la confianza absoluta de los rusos en las intrigas diplomáticas de sus amigos del gobierno británico, por un desprecio injustificado de sus adversarios y por las dificultades que necesariamente encuentran los rusos para concentrar grandes cuerpos de tropas y grandes cantidades de provisiones.

Por otra parte, los turcos tienen en Kalafat, en la Pequeña Valaquia, 25.000 hombres, y siguen reforzando esas fuerzas. De los demás movimientos de este cuerpo sabemos poco. No parece que haya avanzado siquiera hasta Craiova, y en realidad no ha hecho más que ocupar las aldeas vecinas. La razón de ello está igualmente oscura, y solo podemos suponer que el consejo de Constantinopla, que estacionó en un principio esos 25.000 hombres en Sofía, controla en ciertos aspectos los movimientos de Omer Bajá. En todo caso, este cuerpo, por lo que puede juzgarse desde esta distancia, es completamente inútil en su emplazamiento actual, y su presencia allí es un error, porque, como hemos mostrado en una ocasión anterior, aun para un empleo supuesto e improbable contra los serbios es o demasiado grande o demasiado pequeño. Evidentemente habría sido mucho mejor trasladarlo Danubio abajo; pues cruzó el río el 28 de octubre y hasta el 15 de noviembre no había avanzado mucho ni intervenido activamente de ningún modo. Esos quince días se habrían empleado mejor en enviarlo 150 millas Danubio abajo, hasta Svishtov, donde habría estado en contacto directo con el ala izquierda del ejército principal turco, y unas cuantas marchas más lo habrían acercado a Ruse, el centro de la izquierda turca. Nadie puede dudar de que esos 24.000 hombres, unidos al grueso, habrían valido el doble que en Kalafat, y los acontecimientos confirman esta opinión, pues, como ya hemos dicho, todavía no hemos oído que durante los diecinueve días transcurridos desde que cruzaron el Danubio hayan prestado a Omer Bajá ningún apoyo activo.

Los ataques de los turcos en Nicópolis y Ruse eran puras fintas. Parecen haberse ejecutado bien, con no más tropas de las necesarias y, sin embargo, con la energía adecuada para engañar a un enemigo sobre las intenciones ulteriores de la parte atacante. El ataque principal fue en Oltenița. Qué fuerzas emplearon allí sigue siendo incierto aun ahora. Algunos informes dicen que el día 11 los turcos tenían ya 24.000 hombres en Oltenița, mientras que los rusos podían oponerles 35.000. Pero esto es evidentemente falso. Si los rusos hubieran sido más fuertes que los turcos en la proporción de tres a dos, muy pronto los habrían devuelto al otro lado del Danubio, cuando el hecho es que el día 11 vio una derrota rusa.

Más que nunca parece que solo una dirección militar extraordinariamente mala puede impedir a los turcos expulsar a Gorchakov de Valaquia. Lo cierto, sin embargo, es que por ambas partes ha habido algunas muestras curiosas de arte del mando. El 2 de noviembre los turcos cruzaron el Danubio en Oltenița, que es al parecer su principal punto de paso. Los días 3, 4 y 5 rechazaron con éxito los ataques de los rusos y conquistaron así su superioridad en la orilla izquierda del Danubio. Durante esos tres días deberían haber llegado sus refuerzos, y deberían haber estado en condiciones de marchar en seguida sobre Bucarest. Así obraba Napoleón, y desde entonces todo general sabe que la sola rapidez del movimiento puede compensar la falta de fuerza, porque sorprende al adversario antes de que tenga tiempo de concentrar sus fuerzas. Así como en el comercio se dice: ¡el tiempo es dinero!, en la guerra podemos decir: ¡el tiempo es tropas! Pero aquí, en Valaquia, se descuida esta máxima. Los turcos ocupan Oltenița con toda tranquilidad durante nueve días, del 6 al 15, y, salvo pequeñas escaramuzas, no ocurre nada, de modo que los rusos tienen tiempo de concentrar sus fuerzas, de disponerlas con todo el cuidado posible y, si su línea de retirada está amenazada, de restablecerla y asegurarla. ¿O hemos de suponer que Omer Bajá solo se proponía retener a los rusos en las cercanías de Oltenița hasta que su ejército principal hubiera cruzado más abajo y les hubiera cortado por completo la retirada? Es posible, aunque se trata de una operación que, con 24.000 hombres en Kalafat y 24.000 en Oltenița, permite inferir otros 50.000 más abajo, en dirección a Hârșova. Pues bien, si tenía allí una fuerza así, como es muy probable, habría podido emplear mejor su tiempo en lugar de perderse en todas estas maniobras artificiosas y sutiles. ¿Por qué no lanzar en ese caso 70.000 u 80.000 hombres en una sola masa a través del Danubio en Brăila y cortar de un golpe a los rusos de Valaquia sus líneas de comunicación? Como ya hemos dicho, es probable que ahora se proyecte ese movimiento; pero no se ve por qué ha habido esta larga demora y estos complicados preparativos. Con tan gran superioridad de fuerzas dispuesta en la línea de operaciones, no podía ganarse ninguna ventaja especial engañando al príncipe Gorchakov. Lo que había que hacer era cortarlo y aniquilarlo de un golpe.

En cuanto a los soldados turcos, puede decirse que de los pocos encuentros en que han intervenido hasta ahora han salido en excelente forma. La artillería ha demostrado en todas partes que el zar Nicolás no exageraba cuando la declaró una de las mejores de Europa. Un batallón de tiradores, formado solo diez semanas antes de que empezaran las hostilidades y armado con fusiles Minié recién llegados de Francia, ha alcanzado en ese breve tiempo una gran maestría en el combate en orden disperso y ha dado tiradores de primera que saben manejar muy bien esa arma temible. En Oltenița tuvieron ocasión de demostrarlo abatiendo a casi todos los oficiales superiores de los rusos. En general, la infantería tiene que ser perfectamente capaz de ejecutar los movimientos tradicionales en línea y en columna, y además tiene que haber atacado en Oltenița con gran valor y firmeza, pues al menos en dos de los tres días el ataque de la infantería turca decidió la batalla, y eso en el cuerpo a cuerpo; y, como es sabido, la infantería rusa no es un adversario desdeñable a la bayoneta.

Las noticias de Asia son aún más claramente favorables a los turcos que las de Europa. Parece cierto que se ha producido una sublevación general y por todas partes de las tribus circasianas contra los rusos, que estas tienen en su poder los accesos al Cáucaso y que el príncipe Vorontsov ha quedado cortado de sus comunicaciones mientras las fuerzas turcas lo acosan de frente. Así empieza la guerra en todas partes con reveses para el zar. Esperemos que siga así hasta el final y que el gobierno ruso y el pueblo ruso aprendan de ella a refrenar su ambición y su arrogancia y a ocuparse en adelante de sus propios asuntos.

[^1]: En Oltenița, frente a Tutrakan, los turcos rechazaron el 4 de noviembre de 1853 el ataque de las tropas rusas del general Dannenberg contra su cabeza de puente.
