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Title: Elecciones — Sombrío panorama financiero — La duquesa de Sutherland y la esclavitud (1853)
Description: Crónica de Marx para el New-York Daily Tribune que, tras unas notas sobre elecciones parciales y la subida del descuento, responde a la campaña antiesclavista de las damas de Stafford House con la historia de los desahucios de las Highlands: el clan convertido por la condesa de Sutherland en propiedad privada y sus quince mil gaélicos sustituidos por ovejas.
Author: Karl Marx
Date: 1853-01-21
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1853%20Elecciones%20-%20Sombr%C3%ADo%20panorama%20financiero%20-%20La%20duquesa%20de%20Sutherland%20y%20la%20esclavitud
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 21 de enero de 1853 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 3687, del 9 de febrero de 1853; la parte sobre la duquesa de Sutherland la reprodujo* The People's Paper*, núm. 45, del 12 de marzo de 1853. El texto inglés completo del* Tribune *no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 8, Berlín, 1960, pp. 499-505), sin su aparato editorial, cotejando la parte sobre la duquesa de Sutherland con el texto inglés que publica marxists.org, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1853%20Wahlen%20-%20Tr%C3%BCbe%20Finanzlage%20-%20Die%20Herzogin%20von%20Sutherland%20und%20die%20Sklaverei).*

Londres, viernes 21 de enero de 1853

Las elecciones parciales que hizo necesarias la remodelación del ministerio han terminado. Los ministros sufrieron una derrota, porque el señor Sadleir, uno de los lores del Tesoro, que hasta ahora pasaba por jefe de la «brigada irlandesa», fue batido por el señor Alexander. Este obtuvo una mayoría de seis votos, que debe a una coalición de católicos y orangistas.[^1] En cambio, los ministros vencieron en la Universidad de Oxford, donde la campaña fue extraordinariamente animada y la votación duró quince días. Gladstone se impuso por una mayoría de 124 votos a Dudley Perceval, el candidato del partido de la Alta Iglesia.[^2] A los aficionados a la lógica al estilo de *Hudibras*[^3] les recomendamos los editoriales de los dos periódicos adversarios en esta contienda, el *Morning Chronicle* y el *Morning Herald*.

Tras un largo debate, los directores del Banco de Inglaterra elevaron ayer de nuevo el tipo mínimo de descuento, del 2 1/2 al 3 por ciento. Esta circunstancia repercutió de inmediato en la Bolsa de París, donde los valores más diversos volvieron a bajar. Pero aunque el Banco de Inglaterra consiguiera frenar la especulación en París, todavía quedará otra salida para el oro en barras: la importación de grano. Según la estimación general, la última cosecha en Inglaterra y en el continente está un tercio por debajo de la media. Se expresan también dudas sobre la cantidad de víveres disponible para el consumo hasta la próxima cosecha, porque la siembra se ha retrasado por la humedad del suelo. Por eso se toman disposiciones para importar grandes cantidades de grano, y en consecuencia el tipo de cambio seguirá siendo desfavorable para Inglaterra. Los envíos de oro de Australia no pueden seguir el ritmo del súbito aumento de las importaciones de grano.

En una de mis últimas cartas mencioné la especulación con el hierro que estaba en marcha. La primera subida del tipo de descuento por el Banco, del 2 al 2 1/2 por ciento, ha repercutido ya en este ramo del comercio. El hierro en lingotes escocés, que en los últimos quince días se pagaba a 78 chelines, bajó el 19 del corriente a 61 chelines. A consecuencia de la subida del tipo de interés, también el mercado de acciones ferroviarias estará deprimido, previsiblemente por ventas forzosas de las acciones depositadas hasta ahora en garantía, y esas operaciones ya han empezado. Sin embargo, en mi opinión la salida del oro en barras no se debe solo a la exportación de oro, sino que también el vivo auge de los negocios interiores, sobre todo en los distritos industriales, tiene en ella su buena parte.

El mensaje de la Asamblea de Damas de Stafford House a sus hermanas de América sobre la esclavitud de los negros y el «afectuoso y cristiano mensaje de muchos miles de mujeres de los Estados Unidos de América a sus hermanas, las mujeres de Inglaterra», sobre la esclavitud blanca han sido, ante la actual calma política, un regalo caído del cielo para la prensa.[^4] Pero a ninguno de los periódicos ingleses le llamó la atención que la Asamblea de Stafford House se reuniera en el palacio y bajo la presidencia de la duquesa de Sutherland. Y, sin embargo, los nombres de Stafford y Sutherland deberían haber bastado para caracterizar la filantropía de la aristocracia británica, una filantropía que busca sus objetos lo más lejos posible de casa, y antes al otro lado que a este lado del océano.

La historia de la riqueza de la familia Sutherland es la historia de la ruina del pueblo gaélico de Escocia y de su expulsión de su suelo natal. Ya en el siglo X los daneses habían desembarcado en Escocia, conquistado las llanuras de Caithness y empujado a los aborígenes a las montañas. Mhoir-Fhear-Chattaibh, como se llamaba en gaélico al «Gran Hombre de Sutherland», había encontrado siempre a sus compañeros de armas dispuestos a defenderlo con riesgo de su vida contra todos sus enemigos, daneses o escoceses, extranjeros o naturales del país. Después de la revolución que expulsó a los Estuardo de Gran Bretaña,[^5] las guerras privadas entre los pequeños jefes de clan escoceses se hicieron cada vez más raras, y los reyes británicos, que querían mantener al menos la apariencia de su dominio en estos distritos remotos, fomentaron el reclutamiento de regimientos familiares entre los jefes de clan, un sistema mediante el cual estos *lairds*[^6] lograron combinar las instituciones militares modernas con el antiguo sistema de clanes de tal modo que se sostenían mutuamente.

Para apreciar en su justo valor la usurpación que se llevó a cabo después, tenemos que aclarar primero lo que significaba el clan. El clan pertenecía a una formación social que en la escala del desarrollo histórico está un escalón entero por debajo del feudalismo, es decir, al estado patriarcal de la sociedad. *Klaen* significa en gaélico «hijos». Todos los usos y tradiciones de los gaélicos de Escocia descansan en el supuesto de que los miembros del clan pertenecen a una misma familia. El poder del «Gran Hombre», el jefe del clan, es por un lado tan arbitrario y por otro lado tan limitado por la consanguinidad, etc., como el de cualquier padre de familia. Al clan, a la familia, pertenecía el territorio que habitaba, exactamente como en Rusia, donde la tierra que habita una comunidad de campesinos no pertenece a cada campesino, sino a toda la comunidad. De este modo, el territorio era propiedad común de la familia. Bajo este sistema no podía hablarse, pues, de propiedad privada en el sentido moderno de la palabra, como tampoco podía compararse el modo de vida social de los miembros del clan con el de los individuos que viven en medio de nuestra sociedad moderna. La división y subdivisión de la tierra correspondía a las funciones militares de cada uno de los miembros del clan. Según sus capacidades militares, el jefe del clan les confiaba lotes, y ampliaba o recortaba a su antojo las tenencias de cada uno de los oficiales. Estos oficiales, a su vez, repartían a sus vasallos y subvasallos cada parcela de tierra. Pero el territorio en su conjunto seguía siendo siempre propiedad del clan, y por mucho que cambiaran las pretensiones de los individuos, la tenencia no cambiaba; tampoco se aumentaban nunca las contribuciones para la defensa común ni el tributo al *laird*, que era a la vez jefe en la guerra y primer magistrado en la paz. Por lo común, cada parcela era cultivada de generación en generación por la misma familia, que pagaba siempre los mismos tributos. Estos tributos eran muy bajos; eran más bien una contribución con la que se reconocía la supremacía del «Gran Hombre» y de sus oficiales que una renta de la tierra en el sentido moderno o una fuente de ingresos. Los oficiales directamente subordinados al «Gran Hombre» se llamaban *taksmen*, y el territorio confiado a su cuidado, *tak*. Por debajo de ellos estaban a su vez oficiales inferiores, al frente de cada aldea, y por debajo de estos, los campesinos.

Como se ve, el clan no es otra cosa que una familia organizada militarmente, tan poco definida con precisión por leyes y tan cercada por tradiciones como cualquier familia. Pero la tierra es propiedad de la familia, y dentro de la familia, a pesar de la consanguinidad, hay diferencias de rango, exactamente igual que en todas las antiguas comunidades familiares asiáticas.

La primera usurpación se produjo, tras la expulsión de los Estuardo, con la creación de los regimientos familiares. Desde ese momento la *soldada* se convirtió en la principal fuente de ingresos del «Gran Hombre», el Mhoir-Fhear-Chattaibh. Enredado en la disipación de la corte de Londres, ya solo se preocupaba de sacar todo el dinero posible a sus oficiales, y estos aplicaron a su vez el mismo sistema a sus subordinados. El antiguo tributo se transformó en un contrato fijo en dinero. Por un lado, estos contratos significaban un progreso, puesto que fijaban los tributos tradicionales. Pero por otro lado equivalían a una usurpación, porque el «Gran Hombre» adoptaba ahora la posición de terrateniente frente a los *taksmen*, que a su vez aparecían frente a los campesinos como arrendatarios. Y como ahora el «Gran Hombre», igual que el *taksman*, necesitaba dinero, se hizo necesaria una producción no solo para el consumo directo, sino también para la exportación y el intercambio. Había que cambiar, por tanto, el sistema de producción nacional; había que librarse de los brazos que con ello sobraban. Por eso disminuyó la población. Pero vemos por un pasaje de Steuart, un economista escocés cuya obra apareció diez años antes que la de Adam Smith,[^7] que la población aún se mantenía en cierta medida y que en el siglo XVIII todavía no se inmolaba abiertamente al hombre en aras del producto neto. Dice en el tomo primero, capítulo 16:

> «La renta de estas tierras es del todo insignificante en proporción a su extensión; pero en lo que toca al número de personas que mantiene una granja, quizá se encuentre que un trozo de tierra en las Highlands de Escocia alimenta a diez veces más gente que una tierra de la misma extensión en las provincias más ricas.»

Que incluso a comienzos del siglo XIX los tributos de arrendamiento eran todavía muy bajos nos lo muestra el señor Loch, administrador de la condesa de Sutherland, que dirigió las mejoras en sus fincas, en su obra publicada en 1820.[^8] Da, por ejemplo, una relación de las rentas de 1811 de la finca de Kintradawell, de la que se desprende que hasta entonces cada familia tenía que pagar como tributo anual, a lo sumo, unos chelines en dinero, algunas aves y algunos días de trabajo.

Solo después de 1811 se consumó la usurpación definitiva y real, la transformación forzosa de la *propiedad del clan en propiedad privada* en el sentido moderno, y precisamente en *propiedad privada del jefe del clan*. La persona que estuvo al frente de esta revolución económica fue un Mehmet Alí[^9] femenino que había digerido bien a su Malthus: la *condesa de Sutherland*, alias *marquesa de Stafford*.[^10]

Digamos de entrada que los antepasados de la marquesa de Stafford habían sido los «Grandes Hombres» de la parte más septentrional de Escocia, de casi tres cuartas partes de Sutherlandshire. Este condado es más extenso que muchos departamentos franceses o que muchos pequeños principados alemanes. Cuando la condesa de Sutherland heredó estas tierras, que más tarde aportó a su marido, el marqués de Stafford, luego duque de Sutherland, la población ya se había reducido a solo 15.000 almas. La señora condesa resolvió aplicar una cura económica radical y convertir todo el condado en pastos de ovejas. De 1814 a 1820, estos 15.000 habitantes, repartidos en unas 3.000 familias, fueron sistemáticamente expulsados y exterminados. Todas sus aldeas fueron destruidas e incendiadas, todos sus campos convertidos en pastos. Se destacaron soldados británicos para la ejecución, y llegaron a las manos con los naturales. Una anciana murió quemada entre las llamas de la cabaña que se negaba a abandonar. Así se apropió esta señora de *setecientos noventa y cuatro mil acres de tierra*, que desde tiempo inmemorial pertenecían al clan. En un exceso de generosidad, asignó a los naturales expulsados 6.000 acres, es decir, dos acres por familia. Estos 6.000 acres habían estado hasta entonces baldíos y no habían dado ningún ingreso a los propietarios. La duquesa llevó su nobleza de sentimientos hasta arrendar el acre, por término medio, a 2 chelines y 6 peniques de renta a los hombres del clan que desde hacía siglos habían derramado su sangre por la familia ducal. Toda la tierra robada al clan la dividió en 29 grandes granjas de ovejas, habitadas cada una por una sola familia, en su mayoría braceros ingleses. En 1821, los 15.000 gaélicos habían sido sustituidos ya por 131.000 ovejas.

La parte de los aborígenes arrojada a la orilla del mar intentó vivir de la pesca. Se volvieron anfibios y vivían, como dice un escritor inglés, mitad en tierra y mitad en el agua, y con todo eso no vivían más que a medias de ambas.

Sismondi escribe en sus *Études sociales*[^11] sobre esta expropiación de los gaélicos de Sutherlandshire, un ejemplo que, dicho sea de paso, imitaron los demás «Grandes Hombres» de Escocia:

> «La gran extensión de los dominios señoriales no es una particularidad de Inglaterra. En todo el imperio de Carlomagno, en todo Occidente, provincias enteras fueron usurpadas por los jefes guerreros, que las hacían cultivar en su provecho por los vencidos y, a veces, por sus propios compañeros de armas. En los siglos IX y X, el Maine, Anjou y Poitou eran para los condes de estas provincias más bien tres grandes fincas que tres principados. Suiza, que en tantos aspectos se parece a Escocia, estaba igualmente repartida en aquel tiempo entre un pequeño número de señores. Si los condes de Kyburg, de Lenzburg, de Habsburgo y de Gruyères hubieran estado bajo la protección de las leyes inglesas, estarían hoy exactamente en la misma situación que los condes de Sutherland hace veinte años. Algunos de ellos habrían tenido quizá la misma afición a las mejoras que la marquesa de Stafford, y más de una república habría tenido que desaparecer de los Alpes para dejar sitio a los rebaños de ovejas. Ni siquiera el monarca más despótico de Alemania podría permitirse algo semejante.»

A lo cual responde el señor Loch en su defensa de la condesa de Sutherland (1820):

> «¿Por qué habría de hacerse precisamente en este caso particular una excepción a la regla que se sigue en todos los demás? ¿Por qué habría de sacrificarse la autoridad absoluta del terrateniente sobre su tierra a intereses generales y a motivos que solo atañen a la colectividad?»

¿Y por qué, entonces, habrían de sacrificar los esclavistas de los estados del Sur de Norteamérica sus intereses privados a las muecas filantrópicas de Su Gracia, la señora duquesa de Sutherland?

La aristocracia británica, que en todas partes ha sustituido al hombre por ovejas y bueyes, será a su vez sustituida, en un futuro no muy lejano, por esos útiles animales.

El proceso del *despeje de las fincas* (*clearing of estates*), tal como acabamos de describirlo para Escocia, se desarrolló exactamente igual en Inglaterra en los siglos XVI, XVII y XVIII. Tomás Moro ya se queja de él a comienzos del siglo XVI.[^12] En Escocia se consumó a comienzos del siglo XIX, y en Irlanda está ahora en pleno curso. También el noble vizconde Palmerston limpió de campesinos hace algunos años sus tierras de Irlanda, exactamente de la manera descrita.

Si de alguna propiedad se ha podido afirmar alguna vez que es un *robo*,[^13] eso es literalmente cierto de la propiedad de la aristocracia británica. El robo de los bienes de la Iglesia, la enajenación fraudulenta de los dominios del Estado, el robo de la propiedad comunal, la transformación fraudulenta, acompañada de asesinatos, de la propiedad feudal y patriarcal en propiedad privada moderna: esos son los títulos de la aristocracia británica a sus posesiones. Y qué servicios prestó en este último proceso un servil estamento de abogados nos lo revela un jurista inglés del siglo pasado, Dalrymple, que en su *Historia de la propiedad feudal*[^14] expone con toda ingenuidad que los abogados interpretaron toda ley y todo documento sobre la propiedad, en Inglaterra, cuando la burguesía se enriquecía, en favor de la *burguesía*; en Escocia, cuando se enriquecía la nobleza, en favor de la *nobleza*; pero en todo caso en un sentido hostil al *pueblo*.

La reforma a la turca de la condesa de Sutherland que hemos descrito era justificable al menos desde el punto de vista del malthusianismo. Otros nobles escoceses fueron más lejos. Después de sustituir a los hombres por ovejas, sustituyeron las ovejas por caza y los pastos por cotos de bosque. A la cabeza de todos ellos iba el duque de Atholl. En las *Letters from the Highlands* (1848) de R. Somers[^15] se encuentra el siguiente pasaje:

> «Después de la conquista, los reyes normandos convirtieron grandes extensiones del suelo inglés en bosques, de un modo muy parecido a como hacen hoy los terratenientes aquí, en las Highlands.»

¿Y adónde huyeron muchas de las criaturas humanas que habían tenido que dejar sitio a las ovejas de la condesa de Sutherland y a la caza del duque de Atholl? ¿Dónde encontraron refugio?

En los Estados Unidos de Norteamérica.

Los enemigos de la esclavitud asalariada inglesa tienen derecho a condenar la esclavitud de los negros; pero una duquesa de Sutherland, un duque de Atholl, un lord del algodón de Manchester, ¡jamás!

*Karl Marx*

[^1]: Los orangistas, miembros de la Orden de Orange, organización protestante del Ulster hostil a los católicos. La elección era la de Carlow, en Irlanda.

[^2]: Gladstone representaba a la Universidad de Oxford en los Comunes; tuvo que someterse a reelección al ser nombrado ministro de Hacienda. Dudley Montagu Perceval (1800-1856), hijo del primer ministro Spencer Perceval, se presentó como candidato de los tories de la Alta Iglesia.

[^3]: *Hudibras* (1663-1678), poema satírico de Samuel Butler contra los puritanos, cuyo héroe es un maestro de la argumentación escolástica más retorcida.

[^4]: En noviembre de 1852, una asamblea de damas de la aristocracia reunida en Stafford House, la residencia londinense de los duques de Sutherland, aprobó, bajo la influencia de *La cabaña del tío Tom*, un mensaje a las mujeres de los Estados Unidos contra la esclavitud. Le respondió un mensaje de mujeres norteamericanas que les recordaba la miseria de los trabajadores ingleses.

[^5]: La «Revolución Gloriosa» de 1688, que derrocó a Jacobo II.

[^6]: Terratenientes; el escocés *laird* corresponde al inglés *lord*.

[^7]: James Steuart (1712-1780), *An Inquiry into the Principles of Political Oeconomy* (1767); la *Riqueza de las naciones* de Adam Smith es de 1776.

[^8]: James Loch (1780-1855), administrador de los dominios de los Sutherland, *An Account of the Improvements on the Estates of the Marquess of Stafford* (1820).

[^9]: Mehmet Alí (1769-1849), bajá de Egipto, que se apropió de la mayor parte de la tierra del país.

[^10]: Elizabeth Gordon, condesa de Sutherland (1765-1839), casada en 1785 con George Granville Leveson-Gower, marqués de Stafford y desde 1833 duque de Sutherland. La duquesa que presidía la asamblea de Stafford House era su nuera, Harriet Sutherland-Leveson-Gower.

[^11]: Jean-Charles-Léonard Simonde de Sismondi (1773-1842), economista e historiador suizo.

[^12]: En la *Utopía* (1516), donde dice que en Inglaterra las ovejas se comen a los hombres.

[^13]: Alusión a la tesis de Proudhon en *¿Qué es la propiedad?* (1840): «La propiedad es el robo».

[^14]: John Dalrymple (1726-1810), jurista escocés, *An Essay towards a General History of Feudal Property in Great Britain* (1757).

[^15]: Robert Somers, periodista escocés, *Letters from the Highlands; or, the Famine of 1847* (1848).
